Santa Prisca en Taxco, Un Templo

Taxco, un templo

 

 

En el siglo XVlll, José De La Borda, el minero millonario, construyo para Taxco una de las iglesias más suntuosas de México. Dice Aldous Huxley: “La iglesia de Borda es una entreverada obra de genio…” y Sacheverell Sitwell

: “Es la más notable de todas (las iglesias) y representa la culminación del barroco en el nuevo mundo”.

  

De 1751 a 1759, los indios Tlahuicas, que edificaron el templo de Santa Prisca y San Sebastián en Taxco, dejaron el Sol y la Luna al frente de ella, en la entrada, como cobro a su trabajo y dedicación, al lado izquierdo del suntuoso templo, erigieron su capilla, en el centro de ella, el culto a los muertos, el altar de animas.

  

El cerro de la Berenjena, el cerro de Atachi, la Sierra Alta, San Juan, La Santísima, San Nicolás, Santa Veracruz, San Bernardino, Chavarrieta, y el Señor de Ojeda, rodearon la suntuosidad de los cientos de querubines balbasianos, que entre ròleos, granadas y conchas, le dan forma a la iglesia triunfante que concibiera José De La Borda, entre los minerales de Tehuilotepec.

  “ Ciertamente es raro, es grande, es eximio es admirable, el rico que no espero en sus tesoros y que en medio de la riqueza se mantuvo sin mancha y sin soberbia” dice Jiménez Frías.

 

 

Hablar del templo de Santa Prisca en Taxco, es dirigirse a la cantera y al oro, trabajado en manos de indios,  ideado por Cayetano de Sigüenza e Isidoro Vicente Balbàs, para dar por resultado el exceso, el barroco que las manos indígenas llevaron a su máxima expresión, dejando al mundo sin poder superarlo.

  

Elisa Vargas Lugo dice: “La nave del templo, situada de oriente a poniente, esta compuesta de cuatro tramos, divididos con pilastras con contrapilastras, sobre las que descansan los arcos torales. Estos apoyos presentan tableros resaltados en los fustes a manera de vigorosos almohadillados que cubren también el intrado de los arcos. Los capiteles son de tipo corintio. Un fuerte y moldurado cornisamiento, que es una de las aportaciones más novedosas, que recuerda el interior del Sagrario de la ciudad andaluza.

  

El dogma de la Purísima Concepción se hizo escultura, se hizo Virgen y fue colocada en el centro del altar mayor, esta acompañado de las  Vírgenes del Pilar,  la del Rosario,  la  Dolorosa y  la Guadalupana, vueltas arte, como queriendo insistir en la contrareforma, mientras la imagen de Señor San José, el patrono de la Nueva España, aguarda discretamente, elogiando al mecenas, junto a los altares a Santas Lucia y San Isidro, cerca la capilla de los naturales, el altar a San Juan Nepomuceno, guardián del buen nombre de los Borda.

  

Arquitectos, retablistas, talladores, tracistas, pintores y decoradores, traducen la plástica barroca, encaminada a actuar de manera simultánea en la totalidad de los sentidos. Es el triunfo de la conquista española, que se erige, es la mano de los vencidos la que se manifiesta. Allí cantan sus estípites, el oro, los lienzos, la luz.

  

José De La Borda no permite intromisiones en su proyecto de dar testimonio publico de su fe católica, es por ello que los arcángeles –siete- los seglares tanto doncellas como confesores, los presbíteros, los obispos, los doctores, los evangelistas, los papas, los apóstoles, recrean los nueve retablos en exuberancia, para que quede constado. El esquema teológico va apareciendo en el decorado de manera gradual y ascendente.

  Cerca de 150 años paso el templo de Santa Prisca y San Sebastián en el silencio, su esplendor fue solo delicada belleza callada, hasta que por 1908 Antonio Peñafiel escucha a Miguel Basurto Moreno, párroco del lugar y se dan los primeros estudios históricos.

 

 

Dice Peñafiel: “La capilla llamada de los indios tiene su historia, el lugar que ocupa la Basílica era propiedad de los indios de Acoyotla, pero la cedieron a Borda a cambio de que les construyera dentro de la misma Parroquia”. Acierta este escritor cuando nos dice que Cayetano De Sigüenza  e Isidoro Vicente De Balbàs eran mexicanos.

  

En 1921 Francisco Diez Barroso señala: “Muy interesante es la iglesia parroquial de Taxco, que pertenece a este grupo (neo plateresco con base borrominesca)… esta iglesia constituye probablemente el ejemplar más interesante entre las iglesias de este genero que fueron construidas en la Nueva España”.

  

Para 1927 el famoso pintor Dr. Atl la califico de ultrabarroca, mientras en 1931 Manuel Tussaint habla de un templo bello, homogéneo, airoso, ligero, con cierta influencia chinesca en los remates de las torres, cuya talla es tan fina que parece de madera de sándalo o marfil.

  

Para 1951 Joseph A. Baird se aboca a analizar las formas y concepciones de los retablos.

  

“Los retablos del ábside y cruceros son desde el punto de vista de su composición diferente a los de la nave… lo notable acerca de los retablos de Santa Prisca y San Sebastián de Taxco, es la precoz presentación de direcciones…”.

  

Ese mismo año Pàl Kelemen encuentra semejanza del templo de Santa Prisca y San Sebastián con las iglesias mineras de Brasil (¿). Mientras en 1958 Justino Fernández opina:

  

“Se destaca como una joya… por su compilación y riqueza, es ultrabarroca sin utilizar estípites churriguerescos… es una obra maestra…”.

  También hablan de ella en 1959 Kubler y Martín Soria, Pedro Rojas lo hace en 1963 y Jaime Castrejòn en 1964.

 

 

Santiago Sosa Gallardo señala. “De gran prestancia barroca y profusamente ornamentada, la iglesia de Santa Prisca…” mientras que Leopoldo Castedo afirma que es una obra mestiza con conceptos indígenas, una obra diferenciada, con lo que no están de acuerdo muchos autores, pero les recuerdo que indios y mestizos fueron sus constructores. 16 estudios se hicieron desde 1908 a 1971 en que sale a la luz la gran obra definitoria de Elisa Vargas Lugo sobre este hermoso tema, Santa Prisca y San Sebastián en Taxco.

  

“El barroco novo hispano, dice Octavio Paz, dejó obras notables y que se cuentan entre las mejores de esa tendencia en todo el mundo. Me refiero a la poesía, la arquitectura y al exquisito arte del retablo, que alía el volumen, el color y la luz a la sombra”.

  

Las palabras de Luís Ortiz Macedo dicen: “El claroscuro que matiza el interior del templo varía de acuerdo a las diferentes horas del día, dependiendo de los diversos acentos con que la luz actúa sobre los espacios, transformando constantemente la pujanza de las vibraciones y ritmos formales que construyen su ornamentación integral. A cada cambio de luz y sus modulaciones, la afección por lo sublime y lo supraterreno se va dando de manera diversa, en cuyo recinto se acentúa la penetración de la luz por los amplios ventanales”.

  

Taxco, antiguo Tetalcingo allá por 1529, luego Mineral de Taxco en 1570, Taxco habitado por Tlahuicas, que a la llegada del español fueron llevados a las minas. Formaron sus barrios como el de Tlachcotecapan, en honor a su antiguo pueblo del juego de pelota, cercano a tan solo 12 kilómetros del actual; el barrio de Acayotla, rebautizado por el español como San Miguel y el barrio de Guadalupe, este pueblo antiguo tributario de los Mexicas es ahora de la España europea y levanta aun así el suntuoso templo a Santa Prisca y San Sebastián, en hermoso sincretismo.

  

Manuel Tussaint dice por otro lado: “El atrio se halla limitado por dos monumentos, uno esbelto a San Miguel Arcángel y el otro es una cruz esquinada en un ángulo de 45 grados. La fachada nos muestra un bello ordenamiento barroco. Dos cuerpos y un remate, la encuadran columnas geminadas, lisas las bajas, salomónicas las superiores… medallón ovalado… el bautismo de Cristo. El remate con una columna coronada por una concha y dos escudos a los lados. El reloj con la Virgen y dos evangelistas, los marianos,… sobre la bóveda bellos remates piramidales… las torres… distintas de cuanta torre colonial existe… parecen dos emociones, temblorosas concrecionadas en piedra”.

  

Son los criollos adinerados quienes patrocinan las grandes construcciones en la Nueva España. Mientras Octavio Paz opina: “La obra barroca es un mundo de contrastes, pero es un mundo. Este amor a lo particular y la voluntad de insertarlo a un conjunto más basto no podían sino impresionar y atraer a los  criollos. En cierto modo el barroco era una respuesta a su ansiedad existencial. ¿Cómo no reconocerse en el apetito literalmente católico de este estilo?”

  Por su lado Elisa Vargas Lugo habla así: “Los retablos del sotocoro y de la nave, son anàstilos, es decir que sustentan su estructura mediante columnas, en este caso sustituidas por pilastras peana, en cambio en los laterales del crucero surgen poderosas las pilastras estípite en ambos registros con todo y sus componentes, -peana, fuste piramidal invertido, modulaciones, cubo y capitel de linaje corintio- cobijados bajo el enorme remate que avanza sobre la superficie de la bóveda en deslumbrante proyección. En el retablo mayor los estípites tienen tal cantidad de ornamentos que casi no se reconocen y los remates presentan novedosas soluciones características de los avances de la dinámica barroca en la segunda mitad del siglo XVlll”. 

 

 

“Róelos follajes abultados, conchas, guirnaldas y querubines, en audaces actitudes aparecen por todos lados”. Es Balbàs quien habla.

  Entrando al templo, del lado izquierdo se topa con San Isidro, San Jorge, San Vital, San Roque, en medallón esta San Antonio Abad. En el lado derecho: Santa Lucia, Santa Bárbara, Santa Catarina, Santa Ursula, y en medallón Santa Inés.

 

 Los dos altares del sotocoro donde encontramos este desfile de santos en sus respectivos retablos, tienen cuatro ángeles cada uno, unos con róelos, otros con palmas de martirio, seis querubines en cada lado, las puertas laterales en rojo, dando la impresión de iniciar la gloria, son los santos laicos llevados a la gloria, son los nuevos ídolos de estas tierras. Una vestal y un campesino presiden los altares respectivos.

 

 

La belleza de la cantera almohadillada contiene los altares de inicio de la nave, a la izquierda San Juan Nepomuceno, San Lorenzo levita, San Pedro Arbués, San Félix, San Vicente de Paul, San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Pedro Canisio, es el conjunto la exaltación del sacerdocio. Preside el retablo el santo de la buena fama, hay en él cuatro ángeles, doce querubines, dos medallones al óleo, en este altar la concha aparece toda llena de gracia.

  

A la derecha los siete arcángeles, los enviados del Señor: San Miguel, San Rafael y San Gabriel dan inicio al retablo en lo mas alto, le siguen cuatro mas, en medio doce querubines y cuatro ángeles. La patrona de España y de Zaragoza la Virgen del Pilar al centro. Dos arcángeles del lado de la Virgen sostienen el sol y la Luna, símbolos del bien y del mal, señores de la dualidad, los símbolos mesoamericanos en cobro a su trabajo de artistas plásticos, son los dioses escondidos detrás de los altares, es la resistencia.

  

Viene la puerta lateral y la entrada a la capilla de indios o naturales. Donde dos óleos gigantes presiden la entrada, son los martirios tanto del joven guerrero San Sebastián y el de la doncella hermosa santa Lucia, patronos del templo, recuerdo del sacrificio humano mesoamericano, gran analogía con la cosmovisión indígena, como si fuera solamente coincidencia o incidencia de trescientos años de convivencia entre mesoamericanos y europeos.

  Manuel Tussaint dice: “ Los retablos deslumbran en una tempestad de oro fino… recreo en los huecos de las entrecalles… volutas… repisones y ménsulas… nichos… fantasía humana llevada al paroxismo… piedad exaltada a lo sublime… la magnitud dando corazón al oro… la obsesión de la concha… bóvedas sostenidas por arcos suntuosos… retablos llenando los huecos de los arcos…”.

 

 

La capilla de las ánimas o de los naturales, que se encuentra a la mitad de la nave y a su entrada se topa con el retablo principal, típicamente churrigueresco, con un solo cuerpo coronado con un remate, todo en rojo y oro.

  

Sus estípites se elevan sobre peanas, por los lados chorrean granadas y follaje, donde Cabrera pinta la concepción mesoamericana de la vida y la muerte en un medallón donde la Trinidad y la Animas son sacadas del sufrimiento en un impresionante sincretismo. Solo en esta capilla podía caber el homenaje a los antepasados y el concepto indígena de la muerte.

  

A  los lados otros dos retablos el uno al “Padre Jesús” el otro a María la madre de los dioses, el primero de dos cuerpos y remate. Al óleo un hermoso Cristo agonizante, dos pinturas mostrando la flagelación y la coronación de espinas, al centro Jesús con la cruz acuestas, María y el Bautista en talla a los lados y a la izquierda en el remate la Trinidad al óleo, lo mismo que la Inmaculada, dos tallas formando a San Joaquín y Santa Ana, junto al manifestador las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.