Las Misiones de La Sierra Gorda

Templos y conventos Pames, en la Huasteca Queretana,  llamados “Las Misiones de La Sierra Gorda  

Para llegar a estos bellísimos paisajes de la tierra caliente queretana, donde sin alarifes europeos, los pames construyeron cinco templos y sus anexos, sobre ruinas de sus antiguas ciudades; Desde Querétaro o desde México, se cruzan: El Valle, El Semidesierto, La Sierra Gorda y se llega a La Huasteca, donde se encuentran estas obras maestras.

  La Conquista espiritual de la Sierra Gorda

El Arte y la capacidad arquitectónica de los Pames

 

 

Introducción:

En una de las reservas de la biosfera más hermosas que existen, con una abundante riqueza cultural y ecológica, entre cañones, ríos, selvas, bosques, montañas y desiertos, entre una flora y fauna majestuosa surgen los tres mil años de cultura mesoamericana rematando con las cinco misiones pames:

  La de Nuestro Señor Santiago de JalpanLa de Nuestra Señora de La Luz de Tancoyol.La de Nuestra Señora de Las Aguas de LandaLa del Señor San Miguel de Concá.

La de San Francisco de Tilaco

  

El mundo concebido por los pames e interpretado al modo occidental al construir las misiones de la Sierra Gorda, solo las podemos interpretar en las fachadas, el reducto que nos dejaron para concebir la fantasía de los artistas serranos de Querétaro

  

La conquista espiritual de La Sierra Gorda, fue una de las más difíciles y prolongadas en el contexto histórico de la invasión española u occidental, en el continente y se dio en una región en estado de guerra, entre la civilización nómada del semidesierto y la civilización serrana, contra la milicia española, colonizadores y misioneros. 

  

Es importante tener en cuenta que “Las misiones” eran decisivas para la penetración y ocupación de los territorios, así como para la integración socio cultural de los pueblos conquistados.

  

Los objetivos de evangelización y educación de los “indígenas” eran compartidos por las diversas órdenes religiosas y por el clero secular, las variantes se daban en las estrategias y metodologías, para la congregación y reducción de los pueblos de este continente.

  

Entre los exponentes de estos principios normativos se pueden citar al jesuita Joseph de Acosta y al franciscano Fray Isidoro de Puertollano, entre otros.

  

Es sabido que a la llegada de los llamados “Los Doce” misioneros franciscanos a Mesoamérica, se establecieron en Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo y México, de este último lugar dependían Cuatitlán, Tula y Jilotepec,  a su vez de esta última población giraban, Huichapan, Actopan, El Mezquital, San Juan Del Río y Querétaro.

  

Para entrar al territorio norte que hoy forma parte del estado de Querétaro, habitado principalmente por Jonaces y Pames, los franciscanos fundaron en las cercanías las misiones de Huichapan, Cadereyta, Tolimán, Xichú y Río Verde.

  

Los agustinos en sus intentos  de penetrar la zona de los Chichimecas, fundaron las misiones de Xilitla y Yuriria a partir de 1570, además de Ixmiquilpan, Metztitlan y Huejutla.

  

Se tiene como la primera incursión franciscana en territorio queretano allá por  1532, por Fray Andrés de Olmos en las poblaciones de Jalpan y Tancoyol, pueblos tributarios de Oxtipa, asiento de huastaecos y mexicas, pero rodeados de Jonaces y Pames.

  El método agustino, según Solís de la Torre, se caracterizó por el respeto a la idiosincrasia de los pueblos jonaces y pames y tratándolos de llevar a la civilización cristiana lentamente, cosa contraria a los proyectos de los invasores españoles en general y a las otras órdenes que incursionaron en la región.

 

 

Según Lino Gómez Canedo el primer misionero agustino que penetró en la región de la Sierra Gorda queretana, fue Fray Lucas de los Ángeles en 1601, visitando Concá, Ahuacatlán, Jalpan y Tancoyol, abandonando la región en 1609, debido a la agresividad de los jonaces.

  

Los dominicos incursionaron en el semidesierto queretano a partir de 1688 encabezados por el fraile Felipe Galindo, después obispo de Guadalajara.

  

La Sierra Gorda es un territorio con abundancia de minerales, que fue aprovechada suficientemente por los habitantes inmemoriales de esas tierras, principalmente el cinabrio y el almagre. Para su obtención se explotaron numerosas minas y se establecieron numerosas comunidades, se calcula alrededor de 500 y algunas de gran tamaño como las que conocemos como Ranas, Toluquilla y Quirimbal.

  

En 1945,  Eduardo Noriega, daba a conocer la construcción de templos, juegos de pelota y muros de contención, existentes en la zona, con nexos culturales con Tula, Teotihuacan y Tajín.

  

Estas ciudades mesoamericanas, según Margarita Velasco, fueron construidas en la parte alta de las montañas, con ubicación estratégica que les permitiera controlar la circulación de personas y recursos naturales.

  Se calcula que estos asentamientos tuvieron su mayor esplendor entre los siglos lV y XlV, de la era cristiana y que comerciaron con las regiones de Tula, Río Verde, La Huasteca, Los Purépechas y los Otomíes en los ahora estados de Michoacán e Hidalgo y las dos costas, tanto la del Pacífico como la del Golfo de México.

 

 

Jaime Nieto habla de los jonaces como especialistas del semidesierto queretano, ya que la sobrevivencia en esas tierras, requiere de un alto conocimiento del lugar y sus formas de subsistencia, aclarando el gran uso que hicieron del maguey, la tuna y el mezquite.

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En la planicie del ahora San Juan Del Río, antigua tierra Blanca de Chichimecas, se habla por medio de las exploraciones arqueológicas de una ocupación desde el preclásico hasta el post clásico, ejemplificando al inicio con las localidades de La estancia, El Rosario, pero sobre todo el Barrio de La Cruz, con población urbana, viviendas, diversidad del trabajo y centros ceremoniales y una marcada influencia de la cultura de Chupícuaro, pasando posteriormente por la de Teotihuacan y Tula.

  

Según un estudio de José Luis De La Vega, nos dice que las entradas de las minas sirvieron a los jonaces de cementerios y que los cráneos eran pintados con cinabrio, resaltando con ello la importancia de la obtención del cinabrio, para ellos y el resto de mesoamérica, resaltando la existencia de más de 2000 bocaminas, la intensidad del trabajo y la calidad del mineral, mostrándonos la demanda generada por los pueblos con quienes comerciaban.

  

Según Marta Eugenia García Ugarte la región del semidesierto y la Sierra Gorda, con excepción de Tolimán, se mantuvo fuera del control español, hasta la guerra a sangre y fuego, encabezada por José de Escandón, en 1744.

  

Los misioneros salidos del Colegio de Propaganda Fide de San Fernando en la ciudad de México fueron quienes finalmente lograron por un tiempo fundar las cinco famosas misiones de la Sierra Gorda.

 

  

Se atribuye al fraile Pérez de Mezquia las primeras experiencias misionales con Fray Junípero Serra, venido también del Colegio de San Fernando a esta sierra en junio de 1750.

  

La Villa de Cadereyta solo pudo ser ocupada hasta el siglo XVll, debido a una campaña militar que propició  el establecimiento de colonias militares para el resguardo de las empresas mineras, agrícolas y ganaderas de los españoles.

  “Los indios se excusan y se resisten…”.

Dice Fray Lucas Cabeza de Vaca en 1743

  

La edificación de templos era y debería ser el símbolo del establecimiento definitivo del cristianismo y la colonización y en palabra de los conquistadores tanto materiales como espirituales señalan “Las iglesias dan forma a los pueblos”.

  

Los Pames no tuvieron papel secundario o de peones, sino que participaron activamente. ”He oído decir a un albañil, excelente artífice que le fabricó la iglesia de la misión porque instruyendo a alguno de los mecos, por su grande aplicación a los oficios de albañil, carpinteros, herreros, pintores, doradores, pintores…”. Los indios aprendieron rápidamente los oficios necesarios.

  

Los templos quedaron edificados al estilo del siglo XVl, con su arco de entrada, atrio – cementerio, capillas pozas, capilla abierta, templo y dentro de él, capillas devocionales, torres, escultura, pintura, se labraron retablos dorados, altares colaterales, coro y cajas de órgano. Púlpitos, confesionarios y muebles litúrgicos.

  También se elaboraron frescos  con motivos de conchas y encortinados, de tal suerte que los indios entraban a un verdadero palacio lleno de luces y colores, perfumado por el incienso, alegrado por los cantos y colmado de flores.

 

 

Los frailes supieron incorporar los casi tres mil años de civilización Mesoamericana, en un tiempo récord a la civilización europea, logrando un barroco mexicano o pame, orgullo hasta la fecha de nuestro estado. Son obras que se ajustan al paisaje y al ambiente espiritual de la zona, no imitaciones de otros trabajos.

  

Estas obras realizadas de 1750 a 1770, fueron abandonadas por los indios pames mientras eran ocupadas por los españoles,  criollos y soldados, quienes vinieron a ocupar las antiguas misiones pames.

            

Jalpan quiere decir “Sobre la arena del cerro”

 Un reloj ocupa actualmente el lugar de honor en la fachada, sustituye a la escultura del patrón, el Señor Santiago El Mayor, ya que el cacique Rafael Olvera en 1898 lo sustituyó por un reloj público.

 

 

Los Pames construyeron un templo que había de ser la sede principal de la nueva fe. El Convento, el templo con su fachada, la capilla del Santo Sepulcro, el bautisterio, los retablos, debían conservar viva la fe, defenderla, protegerla y robustecerla.

  

Su basamento tiene una águila hispano mexicana en ambos lados de la entrada, inmediatamente un friso con flores y guirnaldas, cuatro granadas en las bases de arranque de las columnas estípites, entre las que hay dos nichos, es el primer cuerpo, donde se admiran a Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís y a los lados de la magnífica concha que enmarca el portón de entrada se encuentran a los apóstoles Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia y está rematada por el escudo franciscano.

  

Una cornisa divide el segundo cuerpo, donde en el centro la ventana que ilumina el coro en forma octagonal y una cortina descubierta da paso a ambos lados a cuatro columnas estípites y a dos nichos, donde  están las imágenes tanto de la Virgen del Pilar como la Virgen de Guadalupe, al centro el nicho encortinado con el reloj en el medio y remata con dos águilas.

  

La torre es de dos cuerpos con arcos de medio punto con columnas salomónicas y almenas barrocas con un remate en forma de poliedro prismático. Se estima fue erigida en 1750, siendo la primera y la que le tocó a Fray Junípero Serra. Ángeles, pámpanos, follajes y flores acompañan a esta fachada.

  

“…El mayor milagro que Dios hiciera durante la conquista fue que los pames amaran desde entonces a una religión que los bárbaros españoles les trajeron en la punta de la espada y la boca del cañón…”

       

 

 

Landa quiere decir lugar cenegoso

 

El detalle arquitectónico más sugestivo de esta fachada, son los nichos en los estípites, que pertenecen  a la última modalidad del barroco mexicano, donde abriga de manera simbólica a los cuatro santos franciscanos llamados columnas de la observancia.

  

Landa señala el final de la conquista de la Sierra Gorda. Representan a Cristo, La Virgen, Los arcángeles en San Miguel, los apóstoles en Pedro y Pablo, los mártires, los monjes y los escritores. Dejaron un testimonio imperecedero de la evangelización franciscana.

  

La fachada tiene tres cuerpos y un remate, en el basamento no hay ningún motivo ornamental. En el primer cuerpo la puerta de entrada tiene un arco de medio punto y en los lados cuatro columnas estípites barrocas y en las entrecalles dos nichos donde aparecen Santo Domingo y San Francisco, ambos con banderines y sus respectivos escudos de las órdenes por ellos fundadas.

  

En las cuatro columnas estípites se abren a la mitad para dar cabida a sendos nichos donde resaltan los santos franciscanos, llamados columnas de la observancia: Jacobo de la Marca, Bernardino de Siena, Juan Capistrano y Alberto de Sarzana.

  

Sobre la columna que enmarca la puerta de entrada y rematándola aparece una hermosa inmaculada concepción con florones en la parte inferior y en la superior cortinajes abiertos por dos ángeles y otros dos con turiferarios en forma de adoración.

  

En el segundo cuerpo separadas del primero por una cornisa aparecen cuatro columnas que en sus entrecalles dan paso a los nichos que guardan las esculturas de San Pedro y San Pablo, en el centro una ventana octagonal rica en simbolismos, donde en sobre relieve y en forma sedente, frente a mesas con paño aparecen el teólogo Juan Duns Scoto y la vidente Sor María de Jesús de Agreda, también a ambos lados se ven los escudos de la orden y ángeles escuchando las voces del coro.

  

En el tercer cuerpo aparecen otras cuatro columnas que en el medio dan cabida a cuatro sirenas, en las entrecalles aparecen los nichos que guardan a  San Esteban de Zaragoza y a San Vicente de Jerusalén, también encontraremos dos medallones de la vida de Jesús, uno con la entrada triunfal al Jerusalén y otro de la flagelación, en el centro el mártir San Lorenzo de Huesca.

  

Remata la fachada una escultura de San Miguel Arcángel, la torre es de dos cuerpos, con columnas estriadas y un remate cónico.

  

Concá quiere decir lugar de ranas

  

La trinidad, tema principal de la fachada, tan fundamental en la teología católica, era uno de los dogmas más difíciles de exponer a los naturales, que confunden a la Trinidad con la divina providencia.

  Aparece dentro de la fachada un conejo, símbolo inequívoco de la mitología prehispánica y que Jacques Soustille, nos dice que aparece en los códices como la alternancia de las estaciones y la vegetación.

 

 

Concá es el más pequeño de los cinco templos, el más macizo y el menos espiritualizado y el menos lírico, en su fachada. La originalidad de Concá es saber sabido subordinar el patrón de la iglesia, San Miguel y una noción teológica fundamental, materia del credo católico: La Trinidad.

 

  

Tiene un marco de entrada elíptico rebajado y compuesto, a su lado cuatro columnas dóricas mixturadas y en sus entrecalles a San Francisco y a otro santo, por su mutilación no identificado.

  

En el segundo cuerpo aparecen cuatro columnas salomónicas adornadas con racimos de uvas en sus entrecalles dos nichos uno para el rey San Fernando y otro para San Roque, ambos de la orden tercera de San Francisco.

  

Sobre la puerta se ve una cornisa mixtilínea que remata en el centro con armoniosos róleos, que dan nacimiento a una ménsula decorada con hojas de acanto que sostienen el escudo franciscano en el que parece se clavan un cetro y una espada, enmarcado todo con el cordón franciscano aunado rematan dos ángeles sosteniendo una corona, apareciendo la ventana del coro  donde dos ángeles descorren una cortina.

  

Remata esta portada una trinidad “herética”, donde las tres divinas personas en edad joven, están en actitud de diálogo, sentadas sobre el mundo.

  

En los márgenes de la portada hay dos contrafuertes que coronados por columnas, donde aparecen dos changos de origen mitológico prehispánico.

  

La torre es de un solo cuerpo con columnas pareadas, con arcos de medio punto y almena en la parte superior, rematando con un cupulín.

       Tancoyol quiere decir lugar de coyoles. 

El nicho que ocupa el sitio de honor en la fachada de Tancoyol, esta vacío y descabezadas las imágenes de San Pedro y San Pablo, se trata indudablemente de un acto premeditado, de cuyo dato no tengo referencia probada.

  

Una hermosa cruz debió de existir en el remate de la fachada en donde dos ángeles la inciensan, por ahora existe una de madera, es posible que se trate de la exaltación de la Santa Cruz, cuya liturgia es el 14 de septiembre.

  

Vamos a encontrar una capilla abierta, y cruces como, la Cruz de Calatrava, emblema dominico y la Cruz de Jerusalén, emblema franciscano y otra de madera que sustituye a la que estaba en el nicho principal. Esta fachada deja en claro que para el catolicismo la cruz es señal de la redención del género humano.

  

La fachada de Tancoyol ya no pugna por nada, se desentiende de esta vida y se plantea el problema angustioso de la salvación. Se accede al templo por una escalinata de cinco peldaños, en el basamento y como decoración en relieve dos floreros entre las bases de las columnas y en la entre calle hay dos nichos de arcos conopiales adornados por el cordón franciscano, sin nudos, columnas dóricas estilizadas y preciosas repisas, donde están colocados Pedro y Pablo.

  

La entrada tiene un arco de medio punto y a los lados los escudos franciscanos. Entre el primer y segundo cuerpo hay  dos cornisas que limitan un hermoso friso decorado con flores que se interrumpe en el centro para dejar espacio al nicho que una vez albergara a la Virgen de La Luz En el segundo cuerpo en las entrecalles que dejan las columnas, existen dos nichos de arcos lobulados, con conchas, columnas salomónicas y repisones decorados uno para San Joaquín y otro para la señora Santa Ana, en el nicho vacío dos ángeles recorren una hermosa cortina.

  

Entre el segundo y tercer cuerpo hay cornisa y friso, lo mismo que cuatro columnas, dos nichos con arcos de medio punto, repisas que sostienen a San Antonio de Padua y a San Roque.

  

En el arco que limita la ventana del coro se encuentra un relieve, que recuerda el momento en que San Francisco sufrió la estigmatización de las llagas de Jesús aparece Fray León, testigo del suceso, del lado izquierdo y del derecho se encuentra un árbol.

  En el remate un nicho en forma de cruz y de cada lado la Cruz de Calatrava y la Cruz de Jerusalén, la torre tiene dos cuerpos y un remate. En los márgenes de cada lado de la fachada aparecen follajes, ángeles y símbolos de la pasión.  Tilaco quiere decir  “en el agua negra”.  

Es la única que conserva su atrio de tres entradas, cruz atrial, capillas pozas, capilla abierta.

 

El barroco de Tilaco es toda vitalidad, su fachada es pequeña y más de alguno la ha llamado risueña y encantadora.

  En su fachada en la medida en que uno asciende la vista, se multiplican los ángeles, las flores, el follaje, los pámpanos, el decorado hasta volverse un jardín. Del escudo franciscano formado por la mano llagada de Cristo y la de San Francisco desciende el Espíritu Santo en forma de paloma.

 

 

Consta la fachada de tres cuerpos, del basamento sobresalen los pedestales que soportan las cuatro columnas salomónicas con remates corintios, con bellas hornacinas y arcos lobulados y ménsulas alargadas donde descansan San Pedro y San Pablo.

  

La puerta de acceso tiene un arco de medio punto formado por una concha delicada, los ángeles limitan el encuadramiento de esta entrada y aparecen dos querubines.

  

Del primero al segundo cuerpo hay un friso y cuatro sirenas con oficio de cariátides, sostienen las columnas estípites del segundo cuerpo, que enmarcan otros dos nichos  con arcos de medio punto decorados con conchas, columnas dóricas y repisas, uno para la Inmaculada Concepción y otro para San José con el Niño.

  

Al centro del segundo cuerpo aparece la ventana del coro en forma de concha y con una hermosísima cortina que la abren dos robustos ángeles y dos ángeles ofrecen racimos de pámpanos.

  

En el tercer cuerpo hay dos plintos en los extremos con águilas que sirven de zócalo a los ángeles y al centro surgen dos columnas estípites formando el balcón donde aparece San Francisco contemplando el hermoso Valle de Tilaco, donde cuatro ángeles musicantes completan el ambiente. Remata un jarrón.

  Tiene una torre de tres cuerpos y remate.      

Templo y colegios de La Compañía de Jesús en Querétaro

El Templo y Colegios de la Compañía de Jesús en Querétaro

  

Los Colegios Reales y Pontificios de

San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier375 años en la educación de la juventud queretana  

Parroquia Mayor de Santiago

Colegio Civil

Universidad Autónoma de Querétaro

  

C

onstruidos en tres diferentes etapas, el templo y los colegios de la Compañía de Jesús, fueron la base de la educación superior en Querétaro y llegan hasta nuestros días, como un legado en ciencia, arte, cultura e historia, de valor incalculable.

  

Después del excelente beneficio con que nuestros fundadores erigieron para tanta gloria de Dios, aqueste colegio, tiene el primer lugar como insigne benefactor de él, a nuestro hermano Tomás Ramírez, coadjutor temporal de nuestra Compañía de Jesús, a cuya solicitud y amor se debe el hermosísimo templo que hoy gozamos.

  

Actualmente el templo de La Compañía, es sede de la primera Parroquia fundada en la ciudad, llamada de Santiago y los colegios son los claustros universitarios, en el área de humanidades.

  

Los inicios de la gran construcción dejada por los jesuitas en Querétaro, comenzó de manera muy sencilla, dice Luis Medina, de los manuscritos del archivo de su orden “El primer colegio o Iglesia que se fabricó era demasiado corto e incómodo” “La Iglesia se improvisó uniendo tres piezas de las casas recién adquiridas y para salón de clases tuvieron que adaptar otros de los cuartos”.

  

“La iglesia y colegio de San Ignacio de Loyola, que fue de los regulares de la extinguida Compañía de Jesús, que se fundó el año de mil seiscientos veinticinco, cuyos insignes patronos y fundadores, fueron el Dr. D. Diego Barrientos, Alcalde mayor que fue de esta ciudad y de Doña María de Lomelí, su esposa.”

  

Existe en el anexo del templo, un lienzo grande de los señores Barrientos Lomelín, firmada por Vallejo en 1752 y la capilla de La Santa Escala, terminada en 1806, es obra de Tomás Javier de Peralta.

  

La sacristía contiene obras de gran interés, como la alegoría de las Virgen y otro lienzo de grandes dimensiones,            que representa a San Ignacio de Loyola, santos y miembros de la Compañía de Jesús. Obra de Noriega.

  

En el año de 1733 los señores Pérez asignaron al colegio las haciendas de La Presa, Huimilpan  y Monte de Espejo.

  

La iglesia, en su construcción tiende del barroco al ultrabarroco, la torre es de tres cuerpos, la bóveda es de cañón con un crucero muy capaz decían.

  

El Padre Javier Lucerna fue  rector de estos colegios y lo fue hasta el 25 de junio de 1767, en que fueron expatriados y el 20 de agosto de 1771 el Colegio de San Ignacio fue dedicado a los seminaristas del colegio de San Francisco Javier,  éste a sede de la milicia y el templo a sede de la parroquia de Santiago.

  

El 25 de julio de 1814, el Ayuntamiento de la ciudad entregó una escultura del apóstol Santiago, obra de Mariano Arce a esta sede parroquial o templo de la Compañía de Jesús.

  

El conjunto artístico que forman en el templo de la Compañía de Jesús,  su atrio enrejado, el torreoncillo sosteniendo la Cruz Atrial, su botarel, la puerta de acceso al portal de peregrinos, con un copete caprichoso, la espadaña y la portada, es de un claro y típico estilo queretano.

  

El  Colegio de San Ignacio de Loyola y su insuperable patio barroco, sede del convento jesuita, más  el colegio de San Francisco Javier, con sus dos patios, el de Los Naranjos y el principal, son muestra del arte y la cultura local, de los siglos XVll y XVlll.

  

Este conjunto urbanístico, esta ubicado entre las calles, una la llamada,  Calle Nueva o del Maestro Próspero C. Vega y la otra, la del Sol Divino, ahora, 16 de septiembre.

  

Llegar al encuentro de este lugar, viniendo del poniente, en su parámetro lateral, se admira un curioso botarel en forma de róleo y en el atrio, una puerta de acceso al claustro, por el Portal de Peregrinos, con una portada por demás interesante, en cantera almohadillada y enroscado copete.

  

En el interior del templo, en forma de cruz latina, desde la entrada hasta el altar mayor, la vista se topa con una interesantísima galería de esculturas, de los grandes santeros queretanos, principalmente de santos jesuitas.

  

Los santos jesuitas, tallados por los santeros queretanos, recrean la vista y dejan ver las manos maravillosas de los indios otomíes, interpretando la cultura impuesta.

  

Desfilan: San Felipe Neri, San Cayetano de Tahine, San Juan Nepomuceno, San Juan Bergman, San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola.

  

A mitad de la nave, frente a la capilla, se contempla un conjunto escultórico llamado “El Calvario”.  En la capilla anexa, se encuentra otro conjunto, este sobre el tema de “La Trinidad“, acompañada de cuatro ángeles y dos santos mercedarios abandonados.

  

En el crucero se encuentran las dos grandes devociones auspiciadas por los jesuitas, La Virgen de La Luz y la Virgen de Guadalupe.

  

 Se entra a la sacristía por una hermosa puerta enmarcada en columnas corintias rematadas y un hermoso copete y a sus espaldas, una escalerilla curiosa y doble, que sube al claustro.

  

Un mueble de época, de pared a pared, sirve de base a dos lienzos enmarcados en oro, el uno San Ignacio de Loyola celebrando la misa ante sus religiosos y el otro los santos de su orden ante La Trinidad, son  los pinceles del oaxaqueño, Miguel Cabrera, en una armonía   de muebles y arquitectura.

  

Los  jóvenes de esta ciudad debían ir a la ciudad de México para recibir educación formal y quienes no podían, sus hijos permanecían en la ociosidad, es por ello que fue bien recibida por toda la población la llegada de los padres jesuitas, quienes de inmediato comenzaron sus clases de latinidad con los más pequeños, hasta llegar a formar los grandes colegios.

  

Un 12 de marzo de 1618 se otorgaron las debidas licencias para la fundación del templo y los reales y pontificios colegios. Por más de 150 años impartieron los jesuitas educación a los jóvenes queretanos, hasta el 25 de junio de 1767, cuando por decreto del rey Carlos lll, fueron expulsados.

  

Las etapas de construcción de estos edificios se dieron, primero la de Diego Barrientos, al inicio en 1625, posteriormente y ante la pobreza que enfrentaban los colegios, Juan Caballero y Osio, emprendió la segunda época de construcción y apoyo, a finales del siglo XVll y por último, los propios padres jesuitas, los terminaron tal como se encuentran, por el año de 1755.

  

“Los claustros de abajo están adornados con unos muy pulidos lienzos de la vida del gran patriarca San Ignacio, iguales a los de la casa de la Profesa, en México, pintados todos por el insigne maestro Miguel Cabrera”

  

El patio central es de cinco arcos de medio punto de cada lado y de cantería, al centro hay una fuente octagonal, con distribuidor central y dos gradas hacia abajo. La escalera tiene barandilla de hierro forjado, comienza con una sola escalera y en el descanso se divide en dos, al lado poniente de las escaleras en el piso de abajo esta la capilla o cripario de los jesuitas.

  

El 20 de marzo de 1770, acordó el Ayuntamiento de la ciudad, poner en servicio los colegios de San Ignacio y San Francisco Javier, desocupados, debido a la expulsión de los jesuitas, como cuartel del escuadrón de caballería de las milicias provinciales de la ciudad.

  

Extinguida la Orden religiosa de los padres jesuitas, por Bula del Papa Clemente XlV, el 21 de julio de 1773, se ordenó al primer cura clérigo de la ciudad, Dr. D. Joseph Antonio de la Vía, para que trasladase la sede de la parroquia de Santiago, provisionalmente en el templo de La Congregación, al templo de la Compañía de Jesús, donde permanece hasta la fecha.

  

El último rector jesuita de los reales y pontificios colegios, fue el P. Diego José Abad, de la gran generación de Francisco Clavijero, Francisco Javier Alegre, Antonio Alzate, Ignacio Bartolache, entre otros muy destacados jesuitas.

  

Solo once años dejó su misión este conjunto de edificios escolares, después fueron llamados Nacionales Colegios, enseguida Colegio Civil y por último Universidad de Querétaro.

  

En el colegio de San Ignacio de Loyola, existe un hermoso patio barroco, de dos pisos, en cantera labrada, una arquería en los cuatro costados, con tímpanos ornamentados y puertas con dintel y en el centro una fuente de forma caprichosa, en cantera, asentada sobre gradas del mismo material, desde donde se aprecia una escalera de formas caprichosas y bóveda en el descanso, donde se abre en dos. 

  

Asciende a las celdas, tiene en la azotea tanto en el oriente como en el poniente dos relojes de sol.

  

El patio principal del colegio de San Francisco Javier, es al mismo tiempo elegante y austero, sus corredores se limitan por arcos sostenidos por bellas columnas de cantera y una sobria escalera conduce a los aposentos de la planta alta.

  

Es sabido según escritura de contrato, que a dos indios otomíes, artistas, les fue pedido por Juan Caballero y Osio, realizar un retablo colateral, en el tiempo en que este benefactor reconstruyó el templo de la Compañía, en esta ciudad. Fue el del crucero de la epístola.

  

Los indios artistas fueron Tomás Xuárez, maestro ensamblador  y tallador y el otro llamado Ignacio Juárez de Córdoba, maestro dorador y estofador, residentes en la ciudad.

  

Otro contrato del que se tiene memoria, durante la etapa de embellecimiento del templo de la Compañía, a costas del benefactor, Juan Caballero y Osio, fue el del maestro dorador y estofador, Juan Nadal y del pintor José Rodríguez.

  

Fueron contratados para terminar los retablos colaterales, uno el de Nuestra Señora de los Dolores y el otro el de San Francisco Javier, las tallas de estas imágenes, se pueden contemplar en toda su belleza, en nuestros días, en el templo de La Compañía, sede de La Parroquia de Santiago.

  

Cuenta el maestro Eduardo Loarca Castillo, que el himno Guadalupano, compuesto por Tiburcio Saucedo y dedicado al obispo queretano, Sabás Camacho, fue pre estrenado, antes de las fiestas de coronación de la Virgen de Guadalupe de México en el año de 1887, en el templo de La Compañía de Jesús de esta ciudad, teniendo como solista a Edmundo de la Isla.

 

  Después de la expulsión de los jesuitas y la desocupación de los reales y pontificios colegios de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, fue reabierto, este centro de estudios superiores, por el cura de Santiago, siendo el mismo su primer rector, el Dr.Antonio de la Vía y Santaelices.

 

 

Estos colegios después sufrieron varias buenas intenciones, hasta llegar a ser el famoso Colegio Civil y posteriormente, sede de la Universidad Autónoma de Querétaro. Podemos mencionar como sus rectores más ilustres, a los  maestros, Próspero C. Vega,  Nicolás Campa y  Fernando Díaz.

  

La torre del templo tiene tres cuerpos, el primero de forma cuadrada, el segundo octagonal y el tercero redondo, junto a ella y con vista a la calle Nueva, una espadaña.

  

La portada principal del templo está formada por dos cuerpos, el primero a base de dos columnas corintias, arco de medio punto, sobre su arquivolta, dos enjuntas y una cartela.

  

En el segundo cuerpo, el tema central es la ventana, a base de un boquetón fuertemente moldurado, dos columnas jónicas y dos atlantes femeninos, relata un frontón con róleos y una cruz de dos brazos.

  

Entre las columnas se encuentran enmarcados en conchas, las esculturas en cantera de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier,

  

Se dieron los cursos literarios, para después abrir los de filosofía y teología y por fin, las clases de geografía, matemáticas, química y otras ciencias, no relacionadas con la religión, que llevaron a los jesuitas a la expulsión.

  

Su biblioteca recibió una gran importancia, al grado que el rey Carlos lll, ordenó al Virrey Antonio Ma. De Bucareli Urzúa, que la biblioteca común de San Ignacio y los libros particulares encontrados en las celdas y los que se considerarán útiles, permanecieran en el colegio y los de laxa doctrina y los manuscritos, quedase bien custodiados, donde el virrey creyere conveniente.

  

Como en todas las fundaciones jesuitas, se fundó aquí también la cofradía de “La Anunciata”, para la edificación de los estudiantes. El número promedio de jesuitas establecidos en el colegio era de 15, algunos de ellos se dedicaban con más tiempo a la atención del templo de la Compañía, una capellanía que reunía un gran número de fieles, a la atención de la cárcel y los obrajes, además de predicar misiones, en los lugares de la ciudad donde más se necesitaba.

  

Las fiestas jesuitas mas otras devociones, como las de los fieles difuntos y la de la Virgen de los Dolores eran muy sonadas entre la población, lo mismo que los sermones periódicos del Prefecto del Colegio, siempre muy doctos y de resultados entre los escuchas.

  

Se señala el año de 1755 que los colegios y templo, quedaron con el terminado suntuoso que ahora conocemos, a pesar de muchas vicisitudes económicas por las que atravesaron  en muy diferentes épocas,

  

La tormenta contra los jesuitas fue gestada en Europa a raíz de las teorías del Iluminismo, el Janseísmo y el ateísmo. Fueron expulsados primeramente de Portugal en 1759, luego en Francia en 1764 y en España, por decreto de Carlos lll, de fecha 27 de febrero de 1767 y ejecutada el 25 de junio de 1767, dejando las misiones del norte, las de las sierras y los colegios, para desgracia de México.

  

Con las letras pontificias del Papa Clemente XlV, se extinguió la Compañía de Jesús en la Iglesia Católica, salvo los jesuitas establecidos en Prusia protestante y en la Rusia Cismática, por no haberse publicado allá el documento papal.

  

En 1804 el Papa Pío Vll se restableció la orden en la Sicilias y el 7 de agosto de 1814 por breve del mismo Papa “Sollicitudo Omnium Ecclesiarum” se restableció en todo el mundo, mientras había pasada la pesadilla napoleónica.

  

El 29 de mayo de 1815 el rey español Fernando Vll, reestablecía a la Compañía de Jesús en sus reinos y el 19 de mayo de 1816, se les entregó el Colegio de San Ildefonso, en la ciudad de México.

  Las actitudes contradictorias de las autoridades en Querétaro, nunca permitieron el regreso de los jesuitas a esta ciudad. 

J.Rubén Romero y Pito Pérez, “La Vida Inútil”

J. Rubén Romero y Pito Pérez, La Vida Inútil.  !Cómo me da lástima el Diablo!  
José Rubén Romero nació en Cotija, Michoacán en 1890. En Ario de Rosales, Luis Murguía Guillén, al darse cuenta de las tendencias literarias de José Rubén Romero, lo invitó a fundar un periódico, el que se llamó Iris y en el que se publicaron los primeros poemas de Romero, sin embargo, éstos no fueron reconocidos por el autor, después de que Murguía hizo las “correcciones convenientes.

- ¿Y de quién se escondía usted, señor Pérez?

 

- De usted, señor Prefecto, a quien no tenía el gusto de conocer, porque no me place la amistad con las autoridades, ni del ramo civil, ni del eclesiástico. Todos ofrecen castigarme en esta y en la otra vida y ninguna me brinda un pedazo de pan.

 

Su rica y fresca prosa quedó plasmada en su obra literaria: Desbandada, El pueblo inocente; Mi caballo, mi perro y mi rifle, La vida inútil de Pito Pérez, la más conocida y Rosenda.

 

La vida inútil de Pito Pérez ya ha sido llevada al cine en dos ocasiones, siendo los protagonistas Manuel Medel e Ignacio López Tarso, respectivamente. Rosenda, fue protagonizada en el cine por Rita Macedo.

 

Los poemas de José Rubén siguieron apareciendo, lo que fue motivo de admiración y presunción de sus amigos, así como también, ser distinguido con el nombramiento de socio de un grupo literario de Morelia.

 

Para José Rubén Romero la distinción de que había sido objeto le llenó de gran satisfacción y lo menos que podía hacer era ir a Morelia, para conocer al presidente y demás socios del círculo literario.

 

El escritor en ciernes, tropezó con algunos obstáculos para ir a Morelia; el permiso de su papá y el dinero para el viaje.

 

No le fue fácil obtener el permiso y dinero paternos, pero finalmente emprendió el tan ansiado viaje: largas jornadas a caballo,  para después abordar el tren rumbo a Morelia.

 

En el equipaje, Rubén Romero llevaba un traje color uva porque, según él, debía presentarse con toda propiedad a la recepción que le tendrían preparada; además, llevaba varios discursos muy pulidos para leer en el momento cumbre del evento.

 

Cuando José Rubén llegó al lugar de la cita, en el Ateneo, ¡oh sorpresa!, la sede del círculo literario era un tendejón y su presidente un joven desaliñado, común y corriente.

 

Encaramado sobre el cajón de maíz, Rubén Romero dijo varios de sus poemas, los que fueron acogidos con aplausos de entusiasmo por los poetas michoacanos, Alfredo Iturbide, Fidel Silva y Donato Arenas López.

 

Agua de las verdes matasTú me tumbas,Tú me matas

Y me haces andar a gatas

  

Siendo prefecto su padre, José Rubén lo acompañaba en sus giras de trabajo y, particularmente en una de ellas, se entusiasmó mucho porque conocería el mar, sin embargo su imaginación superó a la realidad y retornó totalmente desilusionado.

 

La cesantía del padre, por meter en prisión a ladrones influyentes, condujo a la familia Romero a Sahuayo, lugar donde el joven poeta publicaría su libro Fantasía, libro del que no existe ejemplar alguno.

 

Al sobrevenir la revolución, sigue los pasos de su padre, persona prudente, incorruptible y honrada a carta cabal, y se une al maderismo.

 

El joven Romero sueña con ser un héroe, un caudillo, un general invencible pero la realidad es otra: pocos enfrentamientos por la simple razón de que el movimiento revolucionario es tan auténtico y legítimo que las tropas enemigas, con frecuencia se convierten en revolucionarias.

 

A Romero se le encomendó una misión en la que sí tenía que enfrentar riesgos: investigar si en Pátzcuaro el subprefecto de distrito, Salvador Escalante, contaba con partidarios o enemigos.

 

Para cumplir con dicha encomienda, José Rubén, se disfraza, espía, usa nombres falsos, esquiva a los posibles delatores, etc., y descubre que la gente es partidaria de Escalante.

 

Con el triunfo del movimiento maderista, José Rubén Romero fue nombrado receptor de rentas de Santa Clara del Cobre, sin embargo, con la usurpación de Huerta, los maderistas, entre ellos Romero, sufrieron una severa persecución en todos los rincones de la república.

 

Dicha persecución obligó al receptor de rentas a huir hacia la ciudad de México, donde, si bien fue cierto que pasaba inadvertido, también hubo de sufrir la soledad, el hambre y la miseria que lo decidió regresar a Michoacán.

 

“…el prestigiado poeta” y entonces responde: “Sí, soy yo, a sus órdenes.”, sintiendo que es reconocido y apreciado.

 

El acompañante casual, le ayuda con el equipaje hasta la puerta de su casa demostrando gran satisfacción por haberle podido ser útil.

 

Ese mismo acompañante, regresó aproximadamente dos horas después, pero con una escolta de soldados para llevarlo al paredón de fusilamiento.

 

Con el indulto en la mano, llegó el padre de José Rubén, cuando éste estaba a punto de ser fusilado.

 

De su participación en la revolución José Rubén Romero escribió: “Yo soy feliz. Tres cosas me ha dejado la Revolución. Tres cosas grandes, nobles, buenas: el zaino que relincha en la cuadra; el rifle, que vela mi sueño junto a la cabecera de mi cama, y un sobretodo nuevo, café, que sustituye a mi vieja tilma roja.”.

 

José Rubén Romero ocupó varios puestos oficiales, entre ellos: Srio. particular del gobernador de Michoacán, Pascual Ortiz Rubio; Inspector General de Comunicaciones, Encargado del Depto. de Publicidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Rector interino de la Universidad de Michoacán, Cónsul General de Barcelona, Director del Registro Civil del D. F. Etc.

 

“Una vez, al calor de las copas, que era el clima más propicio para Pito Pérez, se organizó una timba, y Pito, por no dejar de beber de gorra, quedóse en ella como un simple mirón de la partida. Pero algún chivato dio el soplo a la policía, que se presentó de improviso y cargó con todos y con todo, como suele suceder, inclusive con Pito Pérez, a quien importábale un remoquete igual al suyo el ir a la cárcel.

 

Pito Pérez ha sido llevado a la pantalla grande. En el cine mexicano ha sido interpretado por Manuel Medel (La vida inútil de Pito Pérez y Pito Pérez se va de bracero), Ignacio López Tarso (La vida inútil de Pito Pérez) y por el polifacético Germán Valdez, Tin-Tan (Las aventuras de Pito Pérez).

   

Pito Pérez, el personaje en un último lance de su filosofía, al despedirse de este mundo, lega en su testamento:

  …Para los ricos, sedientos de oro, la mierda que fue mi vida.Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia

¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada a cambio!

  

… pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto y entonces, no quedará piedra sobre piedra

  

En La vida inútil de Pito Pérez,  el autor nos presenta un individuo singular en extremo, que vive pegado a la botella, que le entra al infle con singular alegría y pasión.

  

Pito Pérez, al igual que su creador, nace en el estado de Michoacán; el primero en el poblado de Santa Clara del Cobre y el segundo en Cotija.

  

Es Pito Pérez un filósofo popular, que tras el aturdimiento del alcohol, tiene una lucidez extraordinaria. Individuo de lengua precisa y oportuna, Pito Pérez se burla de la vida, del amor, del diablo.

  

Viviendo con “La Caneca” (un esqueleto de mujer con quien comparte su humilde morada), Pito Pérez encuentra en ella al amor perfecto, amor exento de burlas y desprecios, amor evocador de las dulzuras extraviadas, amor de absoluta fidelidad, amor del bueno que escucha sus penas, amor sereno en su inmovilidad, amor permanente, sin reproches.

  

Pito Pérez va y viene, sin el Pérez- por los pueblos circunvecinos, regresa, emprende una actividad y otra, para finalmente volver a la pasión, que lo consume y satisface: la gran ingesta de alcohol.

  

Detenido en la cárcel del pueblo, Pito Pérez hace una escandalera, provocando una llamada de atención de la autoridad en turno, que grita:

  

-Asilencien ese Pito

  

Palabras más, palabras menos, surge el albur, cuando alguien desde dentro protesta y afirma:

  

-La autoridad lleva ya muchos días con el Pito adentro.

  

Pito Pérez sube y baja de la torre de una Iglesia, desde donde se devisa todo el poblado.

  

Es su lugar predilecto, alejado de las tonterías y la banalidad del mundo. Ahí se reúne con un individuo que lo escucha y valora, un catrín que paga su valiosa plática con la mejor moneda que el Pito puede recibir: chupe, alcohol, chínguere, guarapo, pegue.

  

El Pito bebe y deja que el cuerpo sienta lo que recibe.

  

No se queden con las ganas de tener al Pito… Pérez. Es la Literatura que divierte e ilustra, que nos acerca a lo nuestro, que indudablemente tiene su encanto.

  

Échenle una filosofada a estos tiempos y… ¡Salucita de la buena!:

  

“Cuesta trabajo perder el pudor, pero cuando uno lo pierde, qué descansado se queda, como dicen que dijo uno de los sinverguenzas más famosos de México.”

  

El amigo lector tendrá la curiosidad de averiguar el nombre del autor de la frase.

  

“¿Qué favor le debo al sol por haberme calentado, si de niño fui a la escuela, si de grande fui soldado, si de casado cabrón y de muerto condenado, qué favor le debo al sol por haberme calentado?”

  

La locura es la vida cuando la vida es dolor
Shakespeare

 

Una de las lecturas que más deja huella en la conciencia de José Rubén Romero es el Quijote, del que no sólo aprende sus primeras letras sino que también es para él lo que la Biblia para el cristiano.

 

El conocimiento del ser humano conceptualizado así, es el modelo que se apropia Romero, para expresarlo en su narrativa. Con razón dice McKegney que “hay una mezcla de humor y tristeza que llenan los libros de J. Rubén  Romero”.

 

El desencanto, la amargura y la tristeza, en conjunción con la picardía, propician los extremos de emotividad en la obra romeriana; y La vida inútil de Pito Pérez es la novela más representativa de la polaridad emocional, por las diversas condiciones en que se ve involucrado el personaje y por su origen marginal.

 

Sin embargo, el intento de Romero por definir al ser humano sin basarse en explicaciones filosóficas, sino en el conocimiento que del hombre adquiere en su relación y trato con éste, es semejante a la idea de la locura trágica del siglo XV, “no tiene tanto que ver con la verdad y con el mundo, como con el hombre y la verdad de sí mismo que él sabe percibir”.

 

Esta concepción se aleja de la razón y se une a la apreciación sensorial propia de la “estulticia. Dejarse llevar por el arbitrio de las pasiones”, es decir, por el conocimiento no del “angosto rincón de la cabeza”, sino “del resto del cuerpo al imperio de los desórdenes”.

 

Hay concordancia entre algunos de los aspectos tratados por J. Rubén Romero, en La vida inútil de Pito Pérez y ciertas observaciones erasmianas; por ejemplo, la locura vista como la liberación del alma de “sus penosos cuidados” es semejante a la presentación que hace de la familia de Pito Pérez, la cual fabrica su propia existencia en un mundo imaginario donde encuentra la felicidad en comportamientos no concebidos en el mundo de los cuerdos.

 

Tales coincidencias no son casuales, dada la inspiración de Romero en el Quijote y la influencia decisiva de Erasmo en la Península Ibérica.

 

Menéndez Pelayo, por su parte, afirma que los críticos pierden el tiempo cuando intentan encontrar en Cervantes “ideas y preocupaciones de libre pensador moderno”, puesto que la verdadera filiación de éste se encuentra en la influencia erasmiana.

 

Antonio Villanova afirma que “la verdadera inspiración del Quijote de Cervantes procede del Elogio de la locura”.

 

Quizá por ello pudo crear a Pito Pérez, el estulto que divierte con la locura de sus actos, con las mentiras de sus relatos, con su comportamiento antiinstitucional; pero que también deprime con su despecho, burla, escepticismo, amargura y tristeza.

 

La vida inútil de Pito Pérez es la obra de J. Rubén Romero que, por el conjunto de emociones contrarias que vive el personaje y que transmite al lector, lleva a quien la lee, por el cauce de la locura representada por la “emoción que corre de la risa al llanto”.

 

Pito Pérez no se queda loco en la meditación de un planteamiento filosófico que desea resolver, ni en la lectura intensa que le impide comer y dormir, como don Quijote.

 

El aventurero que va por los pueblos de Michoacán haciendo alarde de la picardía del mestizo mexicano posee una locura que le ha sido heredada socialmente a través de su parentela; de ahí que su orientación nihilista emerja de la locura y la falta de respeto de que son objeto sus parientes, puestos por la mofa social en los límites de la racionalidad.

 

Es este marco de demencia el que encuadra a Jesús Pérez Gaona en el mundo de vesania. Aquí se pierde su inteligencia y naufraga su talento para dar vida al estulto, que es escuchado por los demás, sólo para divertirse y pasar el rato aplaudiendo sus hechos de locura en una fiesta, en una cantina o “sentado a la mesa de un ranchero pesudo”.

 

Las hermanas del personaje no se encuentran tampoco en el mundo de las normas, el qué dirán se pierde entre las voces mismas que la emiten, no llega a sus oídos ni es tenido como precepto de conducta.

 

En su mundo de felicidad se desvanecen los valores materiales y las falsas aspiraciones; ellas viven expresando en sus actos la concordancia de éstos con su mundo.

 

“tal y como el caballo imperito en gramática no es desgraciado, así no es infeliz tampoco el estulto, porque al serlo es coherente con su naturaleza”; ser coherente con su naturaleza es ser uno mismo, y ser uno mismo es la felicidad, la satisfacción de ser y hacer lo que se desea sin tener en cuenta normas ni costumbres.

 

En la lógica de Pito Pérez lo normal es ser consecuente con la locura, porque para él, lo mismo que para Erasmo de Rotterdam, es lo único que hace ser y vivir al individuo real que no necesita de poses ni simulacros

 

En mí no hay lugar para el engaño, ni simulo con el rostro una cosa cuando abrigo otra con el pecho.

 

Pito Pérez elogia la locura en cuanto la identifica con la conducta real y, por tanto, con lo que debería ser lo normal; de tal modo que, para él, los locos son los que se conducen congruentemente con las normas establecidas por las instituciones sociales y no los que las violan. Así dice el personaje:

 

Y más locos que yo los que no ríen, ni lloran, ni beben, porque son esclavos de inútiles respetos sociales. Prefiero a mi familia de chiflados y no a ese rebaño de hipócritas que me ven como animal raro porque no duermo en su majada, ni balo al unísono de los otros.

 

 

Pito Pérez es un opositor a las instituciones y sus reglas, y a los que se dejan conducir por ellas; esta oposición lo hace ganarse el desprecio de todos los que ostentan algún rango de autoridad o de poder.

 

Realmente se necesita valor para comportarse fuera de las normas sociales y tomar conciencia de ser un escupitajo sobre el cual recae todo el peso de la sociedad que lo mira con asco y desprecio.

 

El propósito de no balar al compás del rebaño, es hacer rabiar a quienes sí lo hacen, rebelarse a las normas sociales, es rebelarse contra la conducta asumida por milenios, contra la propia existencia humana, que ha llegado a creer natural,  todo el conjunto de leyes y normas de conducta que la rigen.

 

Pito Pérez está consciente de su situación social y de que no es visto dentro de la normalidad, pero aún más, de que su comportamiento es el correcto; por eso le dice a su interlocutor: “Nuestra conversación podría titularse: diálogo entre un poeta y un loco. De ahí que Pito Pérez centre su crítica sobre todo en el clero y el gobierno.

 

En este último, critica el robo y el despotismo, que exponiendo las actitudes ineptas y las prácticas oportunistas que lo caracterizan: “Cuesta trabajo perder el pudor pero cuando uno lo pierde, qué descansado se queda, como dicen que dijo uno de los sinvergüenzas más famosos de México.”

 

La primera “cualidad” de los gobernantes de la sociedad de Pito Pérez es el extremo del cinismo, la ignorancia y la degradación humana, que la perspicacia del personaje detecta en todos los ángulos de la deshonestidad del gobierno, y que es propia de todas las autoridades, desde el humilde alcalde de pueblo, hasta el alto funcionario:

 

Para hacer un estudio de los necios, en general, me bastó conocer al juez y al secretario, y ahora ya sé que lo que cambia en los hombres es la dimensión de sus empleos, pero que el tonto y el sinvergüenza, lo mismo son los alcaldes de un pueblo, que ministros en la capital de la República.

 

 

La ruptura con la autoridad terrenal, lleva consigo el rompimiento con la autoridad clerical, puesto que el ardid de que toda autoridad viene de Dios, es utilizado de común acuerdo por representantes estatales y religiosos para manipular la conciencia de las mayorías y apropiarse el derecho de mando y superioridad.

 

Pito Pérez lo comprende y con su conducta anárquica, defiende la libertad individual, coartada por Estado e Iglesia, manifestando en sus actitudes su repudio pero, sobre todo, descubriendo los actos sutiles de los curas que esconden su ser de lobo con piel de oveja:

 

Metí la cabeza por entre las cortinas del firmamento, y vi un cura gordo.

 -Padre -le pregunté-, ¿aquí no hay ovejas negras? -No, candoroso hermano, las ovejas negras son los pobres de la Tierra, pero como hay tantos y aquí no cabrían, los acomodamos en el purgatorio o en el limbo. -¿Y si no lo merecen?

-Los pobres lo merecen todo. Además. ¿Qué ganarían con rebelarse? El infierno, como Luzbel.

 El juicio fascista de minimización hacia los marginados, es un producto de la deshumanización de la burocracia política, que enmarca la vida del hombre desde antes de nacer hasta la muerte. Los menesterosos, son ejemplo de lo que hace el Estado, con quienes nacen pobres y crecen con todas las limitaciones sociales; por eso la lucha de Pito Pérez, es la del individuo contra la sociedad y el reto es vencer o ser vencido; y lo aplastan las formas y las instituciones sociales hasta hacerle perder la identidad, Hilo lacre es el producto. Jesús Pérez Gaona deja de existir desde que se diluye en el ser que engendran las notas tristes de una flauta, cuya musicalidad da vida a Pito Pérez el estulto, el rebelde, el borracho, el presidiario irónico, el anticlerical cínico, el marginado…

CONFIDENCIAS DESDE LA CAMA*

CONFIDENCIAS DESDE  LA  CAMA*Lucía Martínez de Félix Zavala 

Mi Héroe, llegó desde Querétaro,  eran como las dos de la mañana  y le permitieron subir un ratito a platicar conmigo, a hacerme compañía, a pesar de la hora. Nunca antes  había necesitado tanto verlo, me dolía su vida, sus esfuerzos y sacrificios, sus trabajos. Tenía ganas de hablar con él, demostrarle todo mi cariño. No quería morirme sin volver a ver su cara, tocar sus manos, escuchar su voz, acariciar su pelo, sentirlo cerca, saberlo  mío, decirle que a pesar de todos los sufrimientos que hemos pasado juntos, seguimos siendo las alas de un mismo pájaro.

 

Mi  Héroe venido del cielo, montado en su caballito de madera, con sus pistolas de mentiras, corriendo por la Alameda, feliz, creciendo. Cada año en Semana Santa recibía regalos de su papá, siempre generoso y hombre ejemplar, sobre todo en sus últimos días.

 

Mi Héroe, nunca ha recibido honores, medallas o premios por sus esfuerzos tan grandes en su trabajo, ni reconocimientos por sus hazañas gigantescas,  las conozco de sobra y son muchas.

 

Lo único que se, es que tiene tantos lectores, admiradores y gente a la que le gusta mucho lo que escribe, dice y opina, además es criticado crudamente como debe ser.

 Golpea fuerte con la palabra, dicen.

Ofende con sus verdades tan secas y directas.

 

Con lo escribe en diferentes medios, hay quienes se sienten desnudos de su conciencia, gritan, chillan, golpean desde lejos, cobardemente escondidos bajo las sombras,  postrados en sus palacetes construidos sobre la arena, no dan la cara, son muy poquitos, el costal que cargan pesa mucho mas que el nuestro.

 Utilizan otra voz, otra conciencia, otra lengua para hablar lo que ellos no pueden. Tienen miedo de ser descubiertos por ellos mismos, por sus conciencias.

Somos las Alas de un mismo pájaro, rotas, averiadas, adoloridas, lastimadas…

 

Volamos con dificultad, los años pesan, la pobreza cansa, las calumnias indignan, las enfermedades se vencen…La fortaleza crece, la unidad  aumenta, la vida sigue…

 

Un agradecimiento y un reconocimiento grande para mi Héroe, por su generosidad,  su valentía y gran solidaridad. Por montar guardia en su caballito de madera, siempre atento, cuidándome para que la muerte no se hiciera presente en ese quirófano.

 Muchas veces me ha tocado vigilar, en noches oscuras e interminables, a la muerte,  espantándola y entreteniéndola, para que no se lo lleve,  porque lo quiero mucho. En  sus múltiples batallas,  la ha tenido muy cerca.* De un hospital

Juan Pérez Jolote y Ricardo Pozas

Juan Pérez Jolote y Ricardo Pozas Arciniegas

 ¡Quiero vivir ¡Soy indio Chamula, no se en que año nací. ¿Por qué nos han abandonado?¿Por qué nos han abandonado entre lo más pobre y sucio de la patria?

¿Por qué hemos que morir para que nos escuchen?

  

El Queretano de Amealco, Ricardo Pozas Arciniegas, no tiene un lugar en Querétaro, ni en la U A Q, ni en el Panteón de los Hombres Ilustres, ni en el recuerdo de sus habitantes. Por amor de Dios, UAQ, una Cátedra “Ricardo Pozas” y otra “Francisco Cervantes” ¿Se podrá?…

  

En 1988 la UNAM, a través del Consejo Universitario y por aclamación lo designó Maestro Emérito. Su currículum, iba desde maestro rural a profesor invitado de la Universidad de Oxford, pasando por director de tesis, talleres, seminarios, ensayos, libros etc. Además pasaba por la honestidad, el compromiso social, la dedicación entre muchas otras virtudes.

  

Me llamo Juan Pérez Jolote. Lo de Juan, porque mi madre me parió el día de la fiesta de San Juan, patrón del pueblo. Soy Pérez Jolote porque así se nombraba a mi padre. Yo no sé cómo hicieron los antiguos, nuestros “tatas”, para ponerle a la gente nombres de animales. A mi me tocó el del guajolote.

   

Nacido en 1912, a los 16 años, dentro de grandes limitaciones, ya era maestro rural en Vizarrón, donde ya se veía su compromiso social, su vocación existencial, que se apoyaron siempre en sus conocimientos de  sociología y  antropología, para la transformación social, la congruencia ética, la humildad, la sencillez, la inteligencia, la interacción con los indígenas, a quienes conoció siempre, desde su nacimiento.

  -¡Cabrón, hasta cuándo te vas a enseñar a trabajar!  Algunas veces mi madre me defendía, pero a ella también la golpeaba.  

Presea Andrés Molina Enríquez en 1984, premio UNAM en Ciencias Sociales en 1985. Se mezclaron con su bondad, su generosidad y el motor de la ideología,  el encuentro retrospectivo de nuestros padres indígenas, con su lucha por la libertad. Lo mismo escribía un libro, que hacía un papalote, un valero, ladrillos o labraba la tierra.

  No sé en que año nací. Mis padres no lo sabían, nunca me lo dijeron. Soy indio chamula, conocí el Sol allá en el lugar de mis antepasados que está cerca del Gran Pueblo, en el paraje de Cuchulumtic.  

Sus contágios: Narciso Bassols, Jesús Silva Herzog, Gilberto Loyo. Sabemos que desde 1953 en que acudió a la E N C P y S de la UNAM, pasaron por sus manos más de 43 generaciones. Ricardo Pozas fue el complemento ideal que sirvió para pasar los valores de una cultura milenaria que sustentara a la cultura Occidental.

  

Su compañera Isabel Horcasitas, con quien suma convicciones, lo será siempre. Mientras compartirán el nombre de un aula de la F C P y S a partir de 1986.

 Un día domingo, a la hora en que pasa por el camino la gente que vuelve de San Andrés, después de la plaza, me acerqué a una mujer zinacanteca y le dije llorando:  -Mira, señora, llévame para tu casa, porque mi papá me pega mucho.  Aquí tengo mi seña todavía, y acá, en la cabeza, estoy sangrando. Me pegó con el cañón de la escopeta.  -Bueno -me dijo la mujer-. Vámonos.  

Y me llevó para su casa donde tenía sus hijos, en Nachij.

    

La Cátedra fue el puente creativo, dialéctico, entre la realidad y la justicia. Fue combativo a favor de los obreros, por la igualdad de género, por los niños de la calle. Vinculaba la clase, los talleres, con la práctica. Formó cooperativas entre los indígenas, de consumo y comercialización.

  Estuvo siempre entre los pueblos, tzeltales, tzotziles, mames, zapotecos, otomíes y los del norte de nuestra patria. 

 

 -¿Por qué no me das ese muchacho que tienes aquí? No tiene papá, no tiene mamá. Yo tengo mis carneros y no tengo quién me los cuide. Luego me preguntó la mujer que me trajo:  -¿Quieres ir más lejos de aquí, donde tu papá no te va a encontrar?

-Sí -le dije. Y me fui con la mujer de los carneros, sin saber adónde me llevaba… pero más lejos.

  

Escribió decenas de libros, artículos, ensayos. En 1948 da a luz “Juan Pérez Jolote” que del español pasa al inglés, al francés, a alemán, al japonés, al polaco, etc.

  

El drama de la vida se inmortaliza. Vivencia y literatura juntos. Una raza distinta en el mundo de la plenitud, que busca en el cielo todavía una respuesta.

  

Un día me llevaron a tierra caliente a buscar maíz. Allá trabajaban los zinacantecos haciendo milpa. Llegaron con un señor que tenía montones de mazorcas. Todos ayudamos al señor del maíz en su trabajo; unos desgranaban metiendo las mazorcas en una red y golpeando duro con unos palos, otros lo juntaban y lo encostalaban. A mí me puso a trabajar el dueño, como si fuera mi patrón, y todo el día estuve recogiendo fríjol del que se queda entre la tierra. Cuando terminé, me puso a romper calabazas con un machete, para sacarles las pepitas.

 

Cumplimos tres días de trabajo. Luego los viejos se fueron con sus hijos y yo me quedé para desquitar el maíz que se habían llevado. Con el dueño del maíz estuve partiendo calabazas, hasta que se juntaron otros quince días. Y aunque los viejos tenían que desquitar más cargas de maíz, ya no me dejaron allá. Me dio gusto irme con ellos a su casa porque las plagas y los mosquitos de tierra caliente no dejan dormir. Me dieron para mí una carguita de caracoles de río y eso me puso más contento.

  

Ricardo Pozas buscó a Juan Pérez Jolote y lo encontró alcoholizado ya de semanas y le leyó su obra y al término de ello, le dijo Jolote: “YO QUIERO VIVIR”

     

Irapuato

Irapuato

 

Eraitzicuitzio – Guayangareo

Tierra donde abunda el agua

  

Eraitzicuitzio se puede ver con mirada hacia adelante o en  retrospectiva, el resultado es el mismo, el tiempo se detiene en los lugareños, para ser pintado por Antonio González Juárez y apuntar lo sucedido el cronista, J. Jesús Félix Magaña.

  

Este lugar, donde abunda el agua, lo escogió el Dios Curicahueri para el encuentro de sus hijos, el príncipe purèpecha Uacux y la diosa luna Cuitzi. De este encuentro nace un pueblo, que desde que se empezaron a contar los días de diferente manera y fue esto cuando llegaron los extraños, ya han pasado cuatrocientos cincuenta años o un poco más.

  

Eraitzicuitzio, Guayangareo, – Irapuato – se abre camino entre sus bosques de mezquites, como los bosques de Las Animas, de San Miguelito y de San Juan.

  Este pueblo levanta su vista hacia “el país de las siete luminarias” en los cerros del Huilote, Buena Vista y Arandas, mientras se baña en las riberas del río Silao que baja por las faldas del cerro de Arandas.

 

 

Esta tierra bendecida por los dioses purèpechas y chichimecas, bendecida para la abundancia, esta tierra de frontera entre el pueblo tarasco y la Gran Chichimeca, fue conquistada bien a bien no se sabe sí por Juan De  Villaseñor y Cervantes o Nuño De Guzamàn.

  

Concedida primeramente como merced de tierras o estancia para ganado mayor, a quienes tenemos por fundadores españoles: Francisco Hernández, Francisco Sixtos, Esteban Gamiño, Andrés y Antonio López, por cédula real del rey Carlos V, y dice la tradición que fue con fecha del 15 de febrero de 1547, estando de visita el obispo Vasco de Quiroga.

  

El historiador Pedro Martínez de la Rosa, según me mostró carta y documento, el cronista Jesús Félix Magaña, le informó que encontró un documento en el A.G.N., donde que el   30 de abril de 1557,  a un tal Francisco Hernàndez, el virrey Luis de Velasco le concede merced de estancia en este lugar llamado Irapuato.

  

Posteriormente se encontró otro documento en el A.H.G. donde en el mismo tenor,  Francisco Hernàndez concede una parte de las tierras de su estancia de Irapuato o  Guayangareo a Pedro Gómez y Gerònimo Giralde. 

  

A pesar de la fecha, 15 de febrero de 1547, que se tiene como la de la fundación de Irapuato,  la fiesta patronal de la ciudad es la del 24 de abril o la del 30 del mismo mes, y es con este tipo de festividad con la que se acostumbraba  dar por iniciada cualquier fundación española o congregación de indios en la época de la invasión europea.

  

Para Irapuato la del 24 de abril es el día de San Marcos, patrono titular o pudiera ser también la del 30 del mismo mes, día dedicado a Nuestra Señora de la Soledad, fecha coincidente con documentos referentes a mercedes concedidas por Luis de Velasco.

  

Cabe hacer mención que la parroquia de Irapuato tiene cura beneficiado según documento encontrado en los archivos de la Parroquia de la Soledad desde 1564 y que para 1574 Irapuato pertenece a la Alcaldía mayor de Guanajuato y es considerado un pueblo de indios, fechas cercanas a la de la fundación, según la tradición.

  

Los verdaderos fundadores son pues,  los pueblos purèpechas y  chichimecas, dueños inmemoriales de estas tierras, recuérdese que junto a la antigua laguna, como era el lugar donde se encuentra ubicada la ciudad, se han encontrado cuesillos y osamentas, que indican poblamiento de la zona anterior a la fundación española.

  

Se dan los primeros asentamientos indígenas, después de la concesión de mercedes de tierras y estancias para ganado, en el lugar que ocupa actualmente Irapuato. 

  

Primero el de los purèpechas o Tarascos, ubicado junto a donde se encuentra el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, o el llamado templo del Hospitalito y el otro el de los otomìes, venidos como apoyo a los españoles invasores, que se encontraba junto al templo de San José y formaban un barrio aparte.

  

Los otomìes fueron pueblos civilizadores mesoamericanos traídos por los invasores a estas tierras para “pacificar” y poblar la zona de la Gran Chichimeca, en las incursiones al norte del continente, del camino de la plata y de la región del pacifico.

  

Las calles de Irapuato se fueron formando según los cauces de los ríos, tomando sus nombres según la ubicación, por algún suceso notable o por el oficio de sus moradores, siendo la primera la que conocemos hoy día como la calle de Cortazar y así siguieron la del Oidor, la del Zapatero, la del Cerezo, la del Socorro, la del Refugio, la de los Palos, la de La Tanda y otras más.

  

Fueron naciendo poco a poco otros barrios como el de San Miguel, San Francisco, San Cayetano, Santa Ana, el pueblo de Jaripitío, las haciendas y los ranchos que ahora son parte de la ciudad o del municipio.

  

A  finales del siglo XlX, quién llegaba a Irapuato por tren, debía salir de la estación pasando por donde estaban los hoteles y el nuevo molino, tomando después por La Calzada y subiendo el puente de 5 de mayo, hasta la Calle Real que da a la Plaza Chica y luego a la Plaza de Armas, siguiendo por el hospital y Guadalupe,  rumbo al panteón y la salida a Pènjamo.

  

Volviendo a los inicios de Irapuato se cree, como todo este tipo de eventos dados durante la invasión occidental a este continente, que la primera misa en el actual Irapuato se dijo en el lugar que hoy conocemos como La Plaza de la Fundación, origen también del Hospital de Indios y dejado bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Misericordia.

 

  

Este templo y hospital, mas su patrocinio femenino, son símbolo de unidad de los pueblos originarios de América, debido a su gran religiosidad, sobre todo a la madre de los dioses, coincidente con la veneración católica a la Virgen María, creándose un sincretismo que perdura hasta la fecha y mantiene la identidad social.

  

Poco después y con la llegada de los otomìes se construyó el barrio y el templo de San José, para que estos se congregaran, posteriormente vino la edificación de La Parroquia, que tuvo como primer cura a Diego Antonio Hurtado de Mendoza.

  

Después vinieron: La construcción del Convento Franciscano y sus quince capillas mas el templo de La Tercera Orden, con un gran atrio, panteón y huerta, todo esto o casi, destruido con el paso de la vida en esta ciudad, luego siguió  la construcción de la iglesia grande de Guadalupe, continuando con el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad. Son las construcciones religiosas más valiosas con que cuenta la ciudad actualmente.

  

Los primeros benefactores de Irapuato fueron el padre Ramón Barreto de Tàbora, que donó bienes para la construcción de los conventos de San Francisco y de las Monjas de la Enseñanza junto con la viuda Juana Josefa de Arroyo, que además donó dinero para el templo grande de Nuestra Señora de Guadalupe, de allí vinieron más benefactores de la ciudad, según la costumbre piadosa del siglo XVlll.

 

 

En este lugar pues,  donde confluye  la fertilidad del suelo, la abundancia de agua y la benignidad del clima,  se va formando  Irapuato, forjado por sus habitantes a fuerza de trabajo, para el año de 1826 ya se le reconoce oficialmente, es un pueblo próspero, es la Villa de San Marcos Irapuato.

  

Abundan para ese entonces  en sus campos el maíz, el trigo, la cebada. Ya existe por esa época como pueblo dependiente de la Villa, Jaripitìo, 28 haciendas y 69 ranchos, muchos telares que se traducen en frazadas, rebozos, y jorongos. Aparecen los artesanos por todos los rumbos, comenzando por los talabarteros, alfareros y albañiles, después llega la fresa, los arboles de mora y el ferrocarril.

  

Irapuato, Iritzicuitzio o Guayangareo es el lugar donde convergen los caminos, es el centro de la patria.

  

Ningún lugareño debe olvidar el barrio tarasco del Surumbe, donde Nuestra Señora de la Misericordia posa sobre una peana de madera sobredorada y una media luna árabe plateada, mientras viste un manto de Damasco y porta una corona.

  

Es el lugar donde se dijo la primera misa en la región, es el símbolo del mestizaje, allí se levantó la Cofradía de los indios, organización que dio origen al justo levantamiento indígena contra la imposición del nombre a la población que dejaba de llamarse solamente Irapuato para ser llamada San Marcos Irapuato .

   

El poder y la organización de los  tarascos, los hizo propietarios, por medio de la Cofradía, no existía otra forma legal para hacerlo,  de las haciendas del Corral, Corralejo, La Virgen del Hospital, del Hospicio de la Santísima Virgen y del rancho del Señor de la Misericordia.

 

  

En el lugar conocido como el Hospitalito, da inicio con la llegada de los invasores, el culto al nuevo Dios, los indios construyen como lo hicieron sus antepasados en Tula, ahora un templo con moldes nuevos, en forma de cruz latina, bóveda de cañón corrido, cúpula con tambor y base hexagonal, torre y fachada barrocas.

  

Se tiene como fecha de inicio de la construcción del Hospital de indios de Nuestra Señora de la Misericordia el año de 1617 y como término de esta el año de 1681 y ya para 1705 los tarascos se rebelan y se quejan contra el procurador de indios en la ciudad de México y señalan a Irapuato como pueblo de indios.

  

Para 1733 se construye el hermoso frontispicio del templo que conocemos como el Hospitalito y para 1748 llega a la ciudad y a este mismo templo un Cristo llamado de la Humildad y que se venera hasta la fecha con el nombre del Santo Cristo de la Misericordia.

 

  

En estas circunstancias los indios constructores le dieron lugar a su ideología y creencia culturalmente milenarias, esculpiendo en lugar privilegiado al Sol y a la Luna, en la fachada lateral una figura antropomorfa, signo inequívoco de su pensar milenario sobre el mundo, el cosmos y la divinidad.

  

Donde se encuentra la Plaza de la Fundación y el templo del Hospitalito es sin duda el lugar más representativo de la ciudad, por ser el lugar del dominio tarasco y de inicio de la ciudad en Irapuato. Ya no existe el Hospital de indios.

  

Existe en esta Plaza de la Fundación un mural realizado en piedras de colores por Salvador Almaráz representando la historia de Irapuato desde sus orígenes, pasando por la invasión española.

  

También existe un mural de Luis Aragón donde se expresa por medio de símbolos y figuras el origen inmemorial de los primeros habitantes de este lugar y la invasión española con su mestizaje en Irapuato.

  

Las monjas de la Enseñanza de México fundan en esta población un convento y templo, orgullo local y se dedica a la preparación y educación de la niñez femenina, mientras que para 1761, en un 17 de julio se funda el convento de San Francisco siendo su primer Prior, Fray Domingo de Villaseñor.

  Se levantan los primeros portales, conocidos actualmente como Portal Libertad, por el año de 1736. 

La llegada del ferrocarril, la orientación que se da a la exportación  de los productos agrícolas, los productos  agroindustriales y la pequeña industria del vestido, han hecho de Irapuato una ciudad de gran importancia en el estado y en el país.

  

Para principios del siglo XlX eran quince mil los habitantes y con el desarrollo mencionado pasó rápidamente a cincuenta mil habitantes, teniendo en cuenta que con ello los comerciantes y la banca, entraron a darle un nuevo impulso a la población.

  

El palacio municipal ya ubicado en el antiguo colegio de la Enseñanza, el hospital civil, los puentes sobre el río, el jardín de San Francisco, y las huertas con frutales y hortalizas, le daban un aire de prosperidad, lo mismo que sus ranchos y haciendas.

  

Cuando se le reconoce oficialmente como ciudad en el año de 1893, ya tiene un hermoso paseo que es la Calzada de Guadalupe, dos curas contando el de Jaripitìo, doce templos, cerca de setenta profesionistas y doscientos burócratas.

  

La actividad industrial crecía rápidamente entre telares y tenerías, zapaterías, talabarterías y productos como el jabón, velas, pastas y muchìsimos otros más. Junto a esto un gran comercio y servicios como imprenta, molinos, peluquerías, fotógrafos, baños, hoteles y ranchos que se poblaban rápidamente como La Calera, Tomelopitos, Carrizalitos, Lo de Juárez.

  

Sus tradiciones aumentaban: La garbanza, las gorditas de trigo, el pan de horno, el alfeñique, las gardenias, las tardes de serenata, las mujeres obreras, la cigarrera, la cerillera, los tranvías tirados por mulas, las fiestas de diciembre, la feria de la fresa, el duelo a la Virgen de la Soledad, el culto al señor de la Misericordia,  las fiestas de los barrios, la fiesta de san Cayetano.

  

Brotan los nombres de sus ciudadanos distinguidos durante su transcurrir del tiempo como el del P. Juan Nepomuceno García, iniciador de la tradición de la fiesta de los barrios, la señora Guadalupe de Vargas fundadora del actual hospital civil, el torero Arcadio Ramírez, el primer impresor Vicente Cervantes,  la religiosa Magdalena Vargas Galeana, el historiador Luis Chàvez Orozco, los obispos Ròmulo Betancurt, J. Jesús Rico y Samuel Ruiz García, Pedro Martínez, iniciador de las escuelas municipales, el pintor Salvador Almaraz, el periodista y cronista Eduardo M. Vargas.

  

Es verdaderamente grato, detenerse en el templo otomì llamado San José, obra escultórica interpretada por los grandes escultores de los templos toltecas, está hecho en forma de cruz latina, simula tres naves, bóveda de cañón corrida, cúpula de tambor con base octagonal, torre de cuatro cuerpos y un remate, parece esculpida en cera.

  

Los nichos de la fachada están acortinados con cantera labrada bellamente, una escultura de San José preside desde lo alto, el Cristo de la portada no deja lugar a distracción de la vista, lo contemplan María y Juan, formando un Calvario en cantera rosa antigua, es la doctrina cristiana que facinarìa al indio, por la semejanza con la suya, los ángeles con caras de indios vigilan, en un sincretismo puro. Hay dos pasillos entre columnas de orden corintio.

  

Irapuato: estancia y merced de tierras en 1547, Congregación de indios en 1589, Villa de Irapuato para 1825, ciudad en 1893, esa es la casa de todos nosotros.

  

Sus fresas importadas de Francia en 1849 por Nicolás Tesada, plantadas en su almácigo a orillas del río Guanajuato y comercializadas por Carlos Drogge y Joaquín Chico, son nuestro emblema.

  Salvador Almaraz y Luis Aragón sus pintores, Eduardo M. Vargas y J Jesús Félix Magaña sus cronistas.

 

 El Colegio de la Enseñanza, nuestro orgullo, la Plaza de la Tanda el lugar de reunión.  

San Juan Del Río – Iztachichimecapam

San Juan Del Río

 

 

 

 

 

A veces ni advierto siquiera que lloro

¿Sabrán por que lloran las aguas del río?

 

                                                                  Pablo Cabrera

   

En el cerro de la Cruz,  es el principio.      

 

Este lugar está de irregular construcción, hay una calle muy larga con otras pocas que la atraviesan. En la primera vuelta tienen una buena parroquia servida de clérigo del arzobispado de México, cuya iglesia mantiene un sacerdote que colecta los diezmos, hay convento de dominicos, con tres o cuatro religiosos, hospital de San Juan de Dios, con dos o tres frailes y un beaterio de voluntarias sin clausura.

  

La ciudad está asentada sobre una loma que presenta un marcado declive que va de oriente a poniente en descenso, hasta llegar a los márgenes del río, que pasa por las orillas.

  

Este río ciñe a San Juan del Río como una faja de esmeraldas y flores, es un lugar de recreo, de poesía, nido de recuerdos y de amores.

  

San Juan Del Río tiene una república de indios, compuesta por un gobernador, dos alcaldes, tres alguaciles mayores, tres jueces de sementeras y un escribano, cuyos oficiales componen lo mejor de esta república.

  

Pues tiene además de estos, varios topiles o ministros de vara y otros que se llaman mandones o tableros de los barrios, porque en cada barrio hay uno, para anotar a los indios, con el objeto que no falten a misa los días de precepto, ni a la doctrina cristiana los domingos, porque hay en esta cabecera ocho mandones, ya que el pueblo se compone de ocho barrios.

  

Esto se dijo de Tierra blanca, Ystachichimecapan, San Juan Del Río,  puerta de tierra adentro.

  

Mientras el Cristo del Sacro Monte y El Señor de la Portada,  Jesusito, el Cristo del Camerín o la escultura de San Juan Bautista, realizada por Mariano Arce, se instalan en los nuevos templos.

  

Tierra Blanca, Yxtachichimecapan, San Juan Del Río, está acomodada, entre los cerros del Maestranzo, La Trinidad, Cerro Gordo y el de La Laja, se va olvidando su milenario pasado.

  

Son en esta ciudad, cada vez menos visibles en los huertos, los capulines y las acacias, los chirimollos y los guayabos, los membrillos y los naranjos, los perales y los tejocotes.

  

Los habitantes milenarios de esta tierra, ya están olvidados, como permanente amenaza de los teotihuacanos, y de los invasores europeos, ya no encuentran en sus campos, el cascalote, el muicle o el palo dulce, para sus tintes.

  

En sus praderas ya no corren las comadrejas, no vuelan más los quebrantahuesos, ni los tordos, ni los clarines. Los campos ya no florecen con la campanela, la flor de pasión y la madreselva.

  

El cerro de La Cruz, guarda los secretos más sagrados de este pueblo, sus antepasados y los dioses antiguos, que se fueron “muriendo” cuando llegaron los otros dioses.

  

San Juan del Río sigue siendo lugar de nostalgia, era lugar de congregación antes de que llegaran de Jilotepec los invasores y se dejara escuchar, un día 24 de junio de 1531, fiesta de San Juan Bautista, un grito extraño, que al paso del tiempo se volvería familiar.

  

Pueblo de San Juan Del Río, en nombre de Dios Nuestro Señor del cielo y de la tierra, quedas fundado. Y así,  en tan solo quinientas varas se  congregó, lo incongregable,  un pueblo milenario y una cultura única.

  

De ahora en adelante los pontífices residirán en México y las autoridades superiores en Querétaro, es el nuevo destino de este pueblo milenario. Los más de 1500 años anteriores de la vida, parecen no haber sido tomados en cuenta.

  Los pobladores de Chupícuaro, Tula y Teotihuacan, venidos a estas tierras, en diferentes épocas y que dejarán parte de la maravillosa civilización mesoamericana, ahora ya  no importan, pero  en las entrañas de este lugar, se guardan los vestigios de esa presencia imborrable.

 

 

El pueblo chichimeca, ante lo inevitable se retrae a los montes, mientras Yztachichimecapan, como fundación española, se llamará San Juan Del Río,  “visita” de Jilotepec, en cuanto a los doctrineros se refiere y “frontera” de la tierra “bárbara”, para la milicia invasora, se empiezan a poblar las nuevas calles y adquirir la traza de pueblo castellano y a unírsele las poblaciones de El Alamo, Dehedó, Ahuacatlán y Tequisquiapan.

  

El fraile Sebastián de Aparicio, en su afán de hacer los “caminos” de la Plata, divide a San Juan Del Río, se abre la calle real, los nuevos habitantes levantan a sus lados mesones y comercios, existentes  hasta hoy en día.

  

La población de San Juan Del Río estaba encerrada, dentro de una cerca que servía de fortaleza contra los indios chichimecas, ésta cerca comenzaba atrás del templo de La Cruz, hasta el cerro de la Venta, seguía hasta cerca del barrio de San Isidro y de allí hasta llegar a la Loma del Toro.

  

San Juan Del Río cuenta con un aliado natural único, su río, el camino real queda cortado durante buena parte del año por las crecientes, obligando a las caravanas a acampar en una u otra margen, a colaborar en el progreso del pueblo pagando su hospitalidad.

  

San Juan Del Río es conocido como garganta de toda  tierra adentro, además está fortificado, quizá para dar mayor seguridad a los viajeros de un supuesto ataque de los chichimecas jonaces, que ya en ocasiones han bajado de sus montañas y causado estragos en los presidios de Vizarrón y Peñamiller.

  

En el trazo pre hispánico de esta población, cuando era solamente  Yztachichimecapan, se erigió un centro ceremonial, conocido ahora como El Cerro de La Cruz.

  

En el Calvario,  existe un Cristo crucificado, La Dolorosa y San Juan evangelista,  tallas de la escuela queretana de santeros, muy famosa durante el siglo XVlll principalmente, con motivo de las fiestas de este templo, se dan procesiones, que van desde la Parroquia  al templo de la Veracruz y de allí al Panteón, lugar de los antepasados, como queriendo disfrazar un poco, la religiosidad ancestral, ahora reprimida.

  

Los llamados indios levantarán, durante la invasión europea, en la “nueva” población,  templos a los nuevos dioses y una capilla abierta,  para el culto que ellos le rendirán.

  

Cada uno de nosotros, otorgamos a trabajar personalmente con nuestras personas, en la obra. Con la condición y calidad de que nos han de dar de comer, carne y maíz, para todos los días de la semana que trabajemos: sin faltar día alguno, salvo si no fuere, por enfermedad que lo impida.

  

Unos cuantos hombres de nación otomí asentados junto a las márgenes del caudaloso río que va a desembocar hasta el mar océano, fueron los primeros pobladores de la floreciente ciudad sanjuanense, antes de que algunos otros lo hicieran en definitiva.

   

El Sol, dios principal de estas tierras, se eclipsa en Yztachichimecapan, el culto a los antepasados y sus “enterramientos” desaparece, para dar paso a “el camposanto”, mientras los fenómenos naturales tienen que ser explicados de otra manera y la conformación de su pueblo, tiene una nueva traza.

  

El pueblo tiene un importante grupo indígena y el otomí sigue siendo una lengua franca. Como la república de indios, es numerosa, cuentan con su propia iglesia y tienen su gobernador.

  Se compondrá la población de cuatrocientas casas bajas y la mayor parte mal construidas, pero todas ellas con huerta, en las que se recoge fruta y uvas excelentes, aunque no se fabrica vino.    Sus barrios 

Es en el barrio de San Miguel donde se encuentran las mejores casas y el convento de Santo Domingo, comienza en El Puente, frente al barrio de La Concepción, del que dicen tus cronistas que era el lugar de los mesones.

  Mientras por un lado lo baña el río, por el otro, la calle real le permite ver a los viandantes. Le sigue el barrio del Calvario que llega hasta la salida a México, también lo llaman, Pueblo Nuevo.

 

. 

De la iglesia parroquial parte el barrio de San Marcos, también da con la calle real y el barrio del Calvario, en él se encuentran la Plaza Mayor y la Parroquia.

  

Junto a los barrios de San Miguel y San Marcos, está el barrio de San Juan, allí el templo de los indios y una plaza los forman, son calles sinuosas.

  

Sobre la orilla del río aparece el barrio de San Isidro, en este barrio los indios tienen sus solares y sus calles están trazadas con magueyes, existe una capilla y casas bien acabadas, son las de los caciques.

  

Del otro lado del Río está el barrio del Espíritu Santo o de Ahidó o del Tepetate, son los vecinos que circundan la puebla de los españoles, pero no se rinden del todo.

  

Porque al otro lado del río esta el barrio de La Santa Cruz, junto a una peña redonda, desgajada en la parte superior, construido un cerrito, en cuyo pináculo está una cruz.

  Es Peña Blanca o Peña Techimacitl, ultimo bastión, reliquia, cosmogonía agonizante. Cuando yo era joven deseaba viajar

Posarme en la plaza de algún pueblo quieto

Arrancarle todos sus íntimos secretos  Las campanas danzanLos cohetes se convierten en floresEstallando en las manos del vientoFlota un sordo rumor de aguacero

                                                                 Dice el poeta
 

 Los callejones del Ave María, del Espíritu Santo, del Panteón, del Paso Ancho, del Coyote, de San Marcos, de Santa Matilde, de San Pedro y el de La Zorra, son todos ellos leyendas, unas de amor, otras de ánimas y otras de crímenes.

 

 

Recordar los nombres de las calles, en tiempo de la invasión europea, nos habla mucho de lo que en el suelo Sanjuanense sucedía.

  

La de la Salitrera, la de las Animas, del Canal, de los Caleros, de la Santa Veracruz, Tareta, Providencia y Unión.

  

La de Diversiones, la del Sol, del Clavel, de la Duda y del Chirimoyo, del Dulce Nombre de María, de los Cristos, de San Antonio, de la Estancia, de Manzanares, del Obraje, de la Amargura, del Olvido, de Cóporo, Portillo, del Pino, la del Panteón, la del Palacio, la de Eusebio, la de Leñadores, la de las Tamboras o la de la Bola.

 

  Todo lo abrazas de armoniosa suerteEres tú la paleta de todos los colores

El alba es la princesa de los ropajes de oro

Arca de memoriaEspejo perfectoEres para México, como el corazónAquí en esta tierra se prendió la aurora 

                                                                     Dice el poeta
 

  

En ocho barrios y en una nueva traza, donde los habitantes inmemoriales de esta región, ya no bautizan las calles, se guardan los hijos de este pueblo, que en perenne memoria recordarán el día en que fueron invadidos, mientras pasa el tiempo se vive en el rito de la permanencia.

  

No fácil desaparecerán los nombres de quienes fueron tus hijos que te defendieron, tampoco los nombres de quienes viniendo de lejos, no te respetaron, son los verdugos de una forma de vivir y relacionarse con la naturaleza, que desaparecen para siempre, sin que aparentemente a nadie le importe.

  

En esta tierra de frontera chichimeca, todo cambia, es una nueva ciudad  que se va formando a través de  469 años, contados desde “su fundación”.

  

Es un nuevo concepto de vivir y de crear, es otro mundo que irrumpe de madrugada, es una larga noche que no ve el alba, Son los indios de Yztachichimecapam que no podrán más vivir en libertad.

  

Las nuevas leyendas, los nuevos mitos, empiezan a salir de entre tus calles, como una magia en las manos del prestidigitador; Aparecen en la calle del Palacio Encantado o la del Perro Negro, en la de las Diversiones, lugar donde llegaban los titiriteros y se hacían las carreras de caballos, la de los Leñadores y la de los Aguadores. Nacen los nuevos oficios que propician la nueva ciudad.

  

Por entre todas las calles  San Juan Del Río aparece convertido en templo. San Isidro, El Sacro Monte, El Calvario, San Pedro, San Sebastián, Santo Domingo, San Juan de Dios, La Ermita, La Soledad, La Parroquia.

  

Entre los oratorios, los nuevos hijos de esta tierra, aprenden los nuevos rezos, mientras las campanas a vuelo, saludan cada día a un sol, que ha dejado de ser adorado,

  El Beaterio 

La calle real guarda un espacio para las mujeres, son las beatas, las nuevas doncellas, que en contemplación, penitencia y oración, más trabajo, reservan para sí, un desposorio más duradero. Hablo de La Casa de Recogimiento de Nuestra Señora de los Dolores, que el pueblo llama comúnmente El Beaterio.

  

Cuatro mujeres llamadas, Beatriz, Josefina, Isabel y Ana María, se reúnen, son como las madonas de Perrusquía, las flores son las novicias. Sor Azucena, Sor Amapola, Sor Pasionaria, mujeres del fervoroso siglo XVll, quienes se congregan bajo el báculo del fraile Margil de Jesús. Todas custodian desde entonces esta ciudad. Por ellas se salvan los pecadores, que en las calles de la ciudad aparecen. “No las interrumpas viajero, están en oración”.

  

De las monjas fundadoras, la que más vivió, fue Sor Beatriz de Jesús, setenta de esos años estuvo al amparo de la Virgen de los Dolores en el Beaterio y el patrocinio de María Luisa de Borbón, reina de España y patrona del beaterio.

  

Las monjas de este beaterio han sido exclaustradas cuatro veces, pero ellas atribuyen que siempre han regresado a la bendición dada por el Fraile franciscano Margil de Jesús,

  

Las exclaustraciones se dieron,  la primera un 21 de marzo de 1863, le sigue la del 23 de abril de 1867, estas dos motivadas por las Leyes de Reforma, después se dio la del 31 de julio de 1914, a causa de la Revolución y la última el 19 de febrero de 1929, con motivo de la persecución religiosa.

  Silencio…Ya murió la algarabíaLos pájaros abandonaron el nido

Oh que grande es el silencio

  

Las monjas de este beaterio mantienen, lo que otros muchos le buscan quitar a San Juan Del Río, su tradición, su apego a la costumbre. Es por ellas que el Señor de la Misericordia, Jesusito, El Señor de la Portada y tantos otros cultos locales, son mantenidos por este grupo de vestales. Allí las niñas aprenden la doctrina y las madonas tienen su refugio.

  

Estas monjas guardan con gran celo la Bula Papal de 1973, en que se declara al Beaterio como “Monasterio de la tercera orden regular de San Francisco de Asís”.

  

Las flores que fueron regando a través de los siglos las hicieron acreedoras a este rango. Son fundadoras del convento de Temazcalcingo, en 1963, del de Apaseo El Grande, en 1971, el de Xochiaca, en 1980, el de Acolman, en 1981, el de Amecameca, en 1982, y el de Toluca, en 1983.

  Este es el pueblo de San Juan Del Río repartido alrededor de los jardines sagrados. 

Es importante tener el recuerdo de estas beatas que le han dado nombre a la ciudad, como Beatriz Ma. De Jesús, Josefa Ma. De la Concepción, Antonia Gertrudis de Santa Ana, a Josefa Petra, A María Francisca de las Llagas, a Vicenta del Santísimo Sacramento, A María Teresa del Sagrado Corazón, a Margarita María, a María de los Angeles del Consuelo, a María de la Divina Eucaristía y así a cientos de doncellas sanjuanenses.

  

Después de recorrer algunos aspectos de la vida de la ciudad de San Juan Del Río, Tierra Blanca, Yztachichimecapam, solo queda escuchar el grito de los hombres habitantes inmemoriales de estos contornos, que junto con el poeta exclaman.

  El sol por fin se hundió en el cieloEl sol en ocaso muereUn reguero de la luz encantadaVa cayendo en los campos 

¡Queretarooo! ¡Vamonooos!

¡Querétarooo!                                 ¡Váaamonooos….!  “Yo soy rielera y tengo a mi Juan…Y cuando me dicen Que ya se va el trenAdiós mi rieleraYa se va tu Juan” 

El tren llega a Querétaro en 1882 y se estaciona junto a la vieja Alameda pasada la una de la tarde, esa Alameda incompleta, mutilada, encerrada, sueño inconcluso del último  Corregidor, planes no realizados, como el sueño de esta ciudad de tener una Catedral ex profeso.

  

20 años más tarde, el 8 de noviembre de 1901 a las 13:35 horas llegará a La estación el tren venido de México y a las 14:45 el venido de San Luis Potosí. ¡Querétarooo!. Estación a 1813.2 metros de altura sobre el nivel del mar, pero desde luego, contando la altura de los rieles, a 268 kilómetros de la ciudad de México y a 1023.6 de la ciudad de Laredo.

  “Y en la estación… sonó la locomotoraYa llegó Francisco Villa” 

Construida La Estación en La Otra Banda, en un edificio al estilo “americano”, donde los cherifes, aparecen junto a la Llorona, espantando a los habitantes del Cerrito, de San Sebastián y anexas. Silbidos del ferrocarril, que junto con los campanarios y las fábricas interrumpen la meditación de los numerosos conventos, templos y capillas que existen en esta ciudad y aumentan la algarabía de los asiduos clientes de la “La Atómica” y “El Cachete”.

  

Frente a “Chava Invita” se encuentra este viejo edificio, no se bien a bien si se parece a los de oeste americano o a los edificios ingleses de fines del siglo XlX, lo cierto es que en mi Querétaro se le conoce como “La Estación”.

  En tu provincia de reloj en velaLas campanadas caen como centavos 

Vigas, duelas, herrería de punto, vueltos obra de arte, lugar de espera y de llegada,   que se acompaña con maquinistas, garroteros, boleteros, máquinas de carbón, de diesel y  numerosos trabajadores.

  “Y si Adelita se fuera con otro……la seguiría si por tierraEn un tren militar” 

Llegadas de trenes de pasajeros, de carga, de carrancistas, de villistas, de obregonistas, de catrines que miran su reloj de mano. Imagen ordinaria de este lugar. El tren llamado El Queretano, otro La Burrita, el más moderno El Águila Azteca. Serán nombres de trenes reconocidos entre los queretanos, hasta por su horario de pasada, relojes vueltos trenes.

  

Nos dejarán una máquina como monumento a un rato de progreso, de invasiones y saqueos a nuestra ciudad, de llegada de catrines con sombrero de bombín, de sueño en un Querétaro en desgracia.

  El tren va por la víaComo aguinaldo de juguetería 

La Estación significará para Querétaro el principio del progreso, desde que en 1982 llegara el primer tren a un costado de lo que ahora conocemos por La Alameda, aunque allí los árboles paguen la condena de estar cercados.

  

La Estación significa caminar junto al Jardín de Los Platitos, donde los hoteles abundaron para dar hospedaje a los viajeros de la modernidad.

  En el barullo de las estacionesCon tu mirada mestiza, ponesLa inmensidad sobre los corazones 

La Estación significa el paseo dominguero para que los niños vean pasar, llegar y partir, al tren. Quedarán los olores y los ruidos marcando  los oídos de las generaciones venideras.

  

La Estación significa vendedores de aretes y piedras semipreciosas sacadas de las minas del semidesierto queretano, junto a los tacos, los huevos cocidos y las gaseosas, repartidas entre la gente de Segunda Clase, los del Pullman irán al comedor del tren.

  La Estación es el lugar cercano de las pulquerías y refugio del “escuadrón de la muerte”. 

La Estación significa un silbato que entra en todas las conciencias de esta ciudad, acostumbrada a principios del siglo XlX y mitad primera del siglo XX, al silencio.

  Tu barro suena a plataLas madrugadasA santo olor de panadería 

La Estación son los alcanfores, parque arbolado, donde a su lado y en vagones abandonados vivirán las familias de los trabajadores del riel y abundarán entre la pobreza las macetas multicolores.

  

La Estación es la llegada de quién esto escribe y en el estribo Miguel de la Madrid, Presidente en esos momentos de México y Mariano Palacios Alcocer, quién junto con la prensa e invitados esperara en la estación de San Juan del Río a su invitado para recorrer la vía electrificada en el sueño de un “súper tren” que nunca llegó.

  

La Estación, fue y es, como  todo  ha sido Querétaro “la garganta de tierra adentro”, desgracia y  gloria para este pueblo. Donde las vías daban paso al ferrocarril hacia Tampico o el Golfo de México, hacia Nuevo Laredo, hacia  el Paso del Norte, mejor conocido como Ciudad Juárez, hacia Mexicali, pasando por Guadalajara, el Pacífico, el Mar de Cortés y por fin el Norte.

 

  • México — Querétaro — San Luis Potosí — Tampico
  • México — Querétaro — Guadalajara — Manzanillo — Mexicali
  • México — Querétaro — Ciudad Juárez
  • México — Querétaro — Nuevo Laredo

 El servicio de carga,  transporta contenedores y cajas de trailer, se encuentra una terminal anexa del mismo estilo con  Aduana Interior  y  la estación central  de pasajeros es del siglo pasado, al estilo de los Ingleses o del viejo Oeste Norteamericano, en cantera rosa de la región y madera, contrastada con una elegante herrería de punto. Por algún tiempo corrió el tren rápido.

Periódicos y periodistas

Periódicos y Periodistas en Querétaro La Sombra de ArteagaEl Heraldo de Navidad Únicos periódicos centenarios y aún vigentes en Querétaro   

Dicen los que saben, que se encuentran en las hemerotecas de Querétaro cerca de 300 colecciones de periódicos locales distintos, lo que supone desde luego un numeroso grupo de periodistas, que a partir más o menos de 1822 a la fecha han existido y existen en nuestra ciudad.

  

Es muy claro establecer que en siglo XX la lucha por el periodismo y de los periodistas se da en la clase estudiantil, y de ella surgirán un sinnúmero de periódicos y revistas que darán cuenta de los acontecimientos sobresalientes en nuestra ciudad, y serán los poetas quienes tendrán a través de los años un papel preponderante.

  

Fernando Díaz Ramírez, fundador y primer rector de la UAQ, nos dice en su “Historia del Periodismo en Querétaro” que por el año de 1822 se establece en la ciudad el impresor Rafael Escandón, subvencionado por el gobierno local y es quien por primera vez edita un periódico sin detrimento de impresores establecidos en esta ciudad en algunos momentos de la historia.

  

Esta edición periódica tuvo el nombre “Dialoguito entre Tío Luis y Doña Lola”, y posteriormente otro llamado “Diálogo entre el Barbero y su Marchante”, esto suma 185 años de la existencia del periodismo local.

  

Para 1837 se establece en Querétaro que el impresor Agustín Escandón, quien edita semanalmente la revista “Diálogo entre Severo y Clemente”, para el año siguiente aparece el llamado “La Otra Banda” y “El Pasatiempo”, con este último veremos la formalización de la editorialización en cuyo artículo se critica lo absurdo de las pretensiones francesas que terminarán con la intervención de sus tropas en México para 1861.

  

Entre Septiembre de 1847 y Marzo de 1848, siendo Capital de la República la Ciudad de Querétaro y el lugar de las “conversaciones” entre los E.E.U.U. y México durante la intervención norteamericana, se edita “El federalista” que hace de sus páginas toda una delicia con las plumas de nada más y nada menos que de Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Ponciano Arriaga y Manuel Payno.

  

Este periódico, editado temporalmente en Querétaro, fue la voz del Gobierno Federal, quien había firmado los Tratados de Guadalupe-Hidalgo, en contra del sentir nacional, signándose éstos en nuestra ciudad y donde México pierde más de la mitad de su territorio, siendo Presidente del País, el queretano Manuel de la Peña.

  

Ante estos hechos vergonzantes aparecen los periodistas queretanos Próspero C. Vega y Agapito Pozo en franca oposición al gobierno.

  

Para 1849, se da el pleito entre el Congreso Local y el Gobernador de Estado Francisco Meza, este último a favor del restablecimiento en nuestra ciudad de la Compañía de Jesús, dándose la controversia en el “Federalista”, donde escribían los que estaban en contra y en el naciente “Observador Social” los que estaban a favor.

  

Otro de los periódicos opuestos a los Tratados de Guadalupe-Hidalgo, fue el llamado “El Progreso”, que circulaba además de Querétaro, en Guanajuato, Toluca, Zacatecas y San Luis Potosí y donde se podían leer las plumas de Ponciano Arriaga y Santos Degollado. La imprenta se ubicaba en la Calle del Chirimoyo.

  

Después de que sufrimos la intervención norteamericana, se asienta en Querétaro en 1864 El Imperio, último reducto de la intervención francesa y como en la Guerra de Independencia, Querétaro es resguardado celosamente y es la última ciudad en caer.

  

Se establece Maximiliano en nuestra ciudad en Febrero de 1867 y es sitiado por el Ejército Republicano durante 63 días. Al terminar este sitio y la derrota de los conservadores, el Gobernador del Estado Julio M. Cervantes, funda el Periódico Oficial, un 14 de Junio de 1867, con el nombre de “La Sombra de Arteaga” que prácticamente tiene en sus interiores la historia de Querétaro. Entre sus directores podemos contar el nombre de Luciano Frías y Soto.

  

Benito Reynoso es un periodista al que le podemos atribuir la creación del  grupo literario llamado “El Parnasillo” que se instalara en la botica de los hermanos Altamirano, dándose entre sus beneficios otro periódico, que junto con el anteriormente mencionado, es centenario y vive hasta nuestros días y que desde entonces se llamará “El Heraldo de Navidad”. Su fecha de nacimiento la tendrá al inicio de 1900, siendo su primer director, por 14 años, Alejo Altamirano.

  

No podemos pasar desapercibido para la historia del periodismo en Querétaro la vida y obra de Carlos Septién García, quien fundó primeramente en el Colegio Civil “El Escolapio”, forjándose posteriormente en la Ciudad de México en el diario “El Universal” e imprimiendo un nuevo estilo al Heraldo de Navidad y quien fuera director de la Escuela de Periodismo que post mortem llevará su nombre hasta nuestros días. Encontró la muerte en el cumplimiento de su deber, cubriendo una gira presidencial en 1953.

  

Otro hombre de letras cuya memoria es necesaria recordar, es Pablo Cabrera, fundador del “Ateneo Literario”, de la Editorial Cimatario y del Periódico “El Diario”, sin cuya presencia no se puede entender la historia de Querétaro. Murió también en el ejercicio de su profesión, en el Auditorio de las Antiguas Casas Reales, en ese momento ya el Palacio de Gobierno del Estado, hablando a los jóvenes sobre Querétaro. Contó entre sus múltiples ediciones con la obra de Hilarión Frías y Soto, “Costumbres Queretanas de Antaño”

  

Nos faltaría decir que con el inicio del Diario “El Amanecer”  en 1951,  de la Cadena García Valseca, da comienzo la historia del periodismo institucional en Querétaro que permanece hasta nuestros días y es respaldada con la Escuela de Periodismo de la UAQ y la Escuela de Escritores de la SOGEM, dejando de lado a los periodistas no sistematizados.