RENATO LEDUC; EL SEÑOR DEL TIEMPO

EL SEÑOR DEL TIEMPO

 

 

Conocí  a Renato Leduc en una comida que ofrecía el gobernador Camacho Guzmán en el Campestre en 1984. A tiempo llegó a mi vida y fue mi maestro. ¡ ¡ ah las escuelas de periodismo!

 

Muy a tiempo lanzaba sarcasmos y críticas a los que han matado el tiempo con el hambre de los demas, ya que al saber que el tiempo es oro, éste se lo han repartido todo el tiempo las gentes del poder.

 Luchó en las mesas de los políticos que  se han servido con la cuchara grande, mientras, desde siempre dejando levantar las migajas de las promesas oficiales a los de abajo.

Renato Leduc le dio su tiempo, su vida, a la lucha social, y por ello es más señalable desde su partida, un 1 de octubre de 1986.

 

No se le ha hecho un homenaje nacional como le correspondería. Lo único que se le ha ofrecido es que el entonces presidente López Portillo develó un busto el 23 de enero de 1982 en un jardincito que lleva su nombre, en la colonia Toriello Guerra, en la Delegación Tlalpan.

 

Pero al Señor del Tiempo, en esta interpretación no muy favorecedora realizada por Raymundo Cobo, se le ha echado el tiempo encima por el abandono en que se encuentra: pintarrajeos, mugre y olvido.

 

Bien decía Renato: “Los monumentos y los bustos sólo sirven para que los míen los perros y los caguen las palomas.”

 

El tiempo que nos legó Renato Leduc es de mayor trascendencia que el Premio Nacional de Periodismo que le fue otorgado cuatro años antes de su partida.

 

Hablar de Renato Leduc da para rato. ¿Cómo olvidar su trato? Todavía nos suena su crítica amena, que con desenfadado desacato y sin ningún recato, llamaba a las cosas por su nombre.

 

Le importaba muy poco decir de frente las verdades para no perder el tiempo en nimiedades.

 Vivaz y majadero, siempre dejaba algo en el tintero, para que después oportunamente lanzarlo, que con su ingenio demoledor, mezclando con derroche involuntario en su poética.

Este personaje impar de lengua suelta, mente aguda, si viviera tendría 121 años, “no la chingues” diría al momento, ya que nació en Tlalpan en 1897.

 Sus antecedentes franceses le vienen de que era nieto de un soldado francés de las tropas invasoras. “El idioma lo aprendí –decía– haciendo el amor con las francesas.”

Leduc, un hombre fuera de serie, tenía la virtud de dar.

  Daba en qué pensar, ee qué reír, en qué saber, soñar, vibrar, en sí, en qué vivir.

Manejaba el humor con maestría, y de esto tenemos una prueba en el periodiquito que por un tiempo publicó, El Apretado, para ridiculizar la campaña de Casas Alemán que pretendía lanzarse como presidente.

 Lo acompañaron en la tarea Arias Bernal y otros venerables caricaturistas, haciendo alarde de mofa. ¡Cómo hubiéramos gozado su descripción de todos los saineteros políticos

Con su aspecto de piel roja o yaqui semi  civilizado, Renato es el más típico representante de la generación que creció al ritmo de los disparos de la Revolución de 1910.

 Renato Leduc se infiltró en los campos de batalla con Villa, con telegrafistas de campaña.

Rudo fue para aquel muchachito descifrar en el acompasado ritmo del “tic tic” el cambio ideológico que se gestaba en su país, marcando las desigualdades de los futuros gobiernos.

 

Quizá de ahí le nació el rechazo a lo establecido. He ahí el porqué de su creencia en los de abajo y su tenacidad por desenmascarar a los de arriba que hicieron de la democracia una ganancia.

 

¿Qué hace con su casona que se derrumba en la esquina de Rosas Moreno y Antonio Caso?

 

Habitada entre otros por el presidente, Manuel González, posteriormente pasó a ser la Delegación rusa, y luego fue el Liceo Fournier, y más tarde el consultorio de un dentista que era el único que la habitaba.

 

Estacasa si hablara ¡cuántas cosas contaría! Primero, que está inundada por espíritus de toda monta: artistas, literatos, diplomáticos, políticos, periodistas líderes, gente del pueblo que visitaban a nuestro personaje y todos lo consultaban o le pedían algo.

 

Allí había una cama con una cabecera de latón y un águila dorada que le fue regalada por María Félix, aduciendo que había pertenecido a Maximiliano. Completaba el lecho imperial, con cobijas gruesas, artesanales. Así era “el teje y maneje” rústico, de austeridad franciscana, de Renato Leduc.

 

Renato Leduc  “no dejaba títere con cabeza”, se inspiró en el primer Samborn’s el de los Azulejos para catalogar este sitio de “familias bien” como un “antro de la época”.

 Samborn’s Decoración planeada
por algún pasteleo dadaísta.
Rastacuerismo y juventud.
El jazz tiene desfallecimientos
y los muchachos “bien”
también…
Exudación: esencias D’ Houbigant.
Elocuencia pedestre
de la jeunesse dorée,
y del áureo champagne

Corolarios:

 El resto de la noche
en casa de Madame…
Eficacia del Peeper, y mañana
abluciones de soda con coñac…
 “¿Habrá todavía tiempo para llegar a tiempo?”

Templo y Hospicio de La Merced en Querétaro

El Hospicio de Religiosos

 de Nuestra Señora de la Merced

   Su origen en 1249En Barcelona, España

Aprobación canónica por el Obispo Berenguer Palau

Autorización del Rey Jaime lSan Pedro Nolasco, el fundador.Junto a Hernán Cortés, vino como capellán,

el fraile mercedario, Bartolomé Olmedo

  

Sin terminar la cúpula y la torre, del actual templo de La Merced, se busca su terminación y se han rescatado los frescos ocultados durante años, por capas de pintura blanca, que lo decoran, desde el coro hasta el  altar mayor, volviéndole parte de su dignidad.

  

Es necesario recordar la destrucción total, del antiguo templo y hospicio de Nuestra Señora De La Merced, fundados, por los frailes mercedarios, en el año de 1736. Al frente de esta obra, en su inicio, estuvo  Fray Francisco de Niz de Santa María, pertenecientes a la Provincia de La Visitación de México.

  

Los mercedarios radicados en Querétaro, Fray José Lozano y su hermano de sangre, el fraile mercedario también, llamado Fray Florentino, fueron parte activa de la conspiración de la    Independencia de México, en la ciudad y fueron arrestados y expulsados un tiempo.

  

Regresó posteriormente el fraile José Lozano y un 24 de septiembre, día de Nuestra Señora de La Merced, este fraile predicó un panegírico a la Virgen, donde incluyó una brillante defensa de la independencia nacional, que le costó el arresto definitivo, narró los pormenores del arresto de Epigmenio González, entre otros héroes nacionales.

  

Los frailes mercedarios, vuelven a Querétaro y retoman la empresa de construir un nuevo templo a la Virgen de la Merced, obteniendo los permisos necesarios, el Fraile Joaquín Ramírez, hacia 1850.

  

El antiguo templo y Hospicio de La Merced, construido en la actual calle de Altamirano, entre 16 de septiembre y 15 de mayo, era dirigido por estos religiosos, sosteniendo un templo, el hospital y la capilla de La Santa Escuela de Cristo, teniendo un  gran auge en su momento.

  

Los tres grandes santeros locales, los llamados “tres marianos”, los de la llamada “Escuela queretana de escultura”, dejaron su huella, en ese antiguo hospicio y oratorio y algunas de sus esculturas forman parte del nuevo templo.

  

La primorosa imagen de Nuestra Señora de La Merced, presidiendo el retablo del altar mayor, es una de ellas.

  

El conjunto escultórico llamado, La Virgen Clementísima,  donde en una tierna escena, La Virgen, sedente, con el niño Jesús en los brazos, es acompañada por un niño y una niña, en forma por demás tierna.

  

Una Dolorosa de gran valor, por su expresión, llamada “De la buena muerte”, colocada en el primer nicho del lado derecho.

  

Una talla fascinante de un Cristo crucificado agonizante, perteneciente al oratorio de la Santa Escuela y ahora colocado en la capilla anexa, llamada del Santo Niño de la Salud.

 

  

Un Jesús Nazareno, bellamente tallado, colocado en un capello a la entrada derecha del templo, son las obras de arte de estos tres escultores Queretanos.

  

Estamos hablando de los grandes escultores queretanos, nuestros óptimos santeros, Mariano Arce, Mariano Perrusquía y Mariano Montenegro, cuyas obras se pueden contemplar en este templo, construido en la calle de Cornelio, hoy avenida Independencia.

  

Dicen que el antiguo y malogrado  Hospicio de la Merced, fundado por los frailes mercedarios, contaba con magníficos retablos de madera tallada y magníficas esculturas, además de una rica joyería para la imagen de Nuestra Señora de La Merced, que medía vara y cuarto.

  

Se menciona en documentos de la época, que en la antigua calle de La Merced, esquina con El Sol Divino, hoy calle Altamirano y 16 de septiembre, hubo  un  oratorio, llamado de “La Santa Escuela“, construido en 1755, a solicitud de Fray Ignacio Monroy.

  

Estaba integrado este oratorio, al claustro y frente a la portería, dentro del conjunto arquitectónico del Hospicio de Nuestra Señora de La Merced.

 

  De cautivos eresdulce redentoray de las Mercedes

Divina Señora.

  

A principios del siglo XlX, fueron adquiridos los predios de Dámaso Gutiérrez, en la calle de Cornelio y comprados con limosnas, donadas por gente pobre. En 1857 se coloca la primera piedra del nuevo templo de Nuestra Señora de la Merced.

 

  

Fray Trinidad del Castillo y Taboada, fue el mercedario que emprendió, sin ningún apoyo económico, la obra aún inconclusa y en forma por demás “original”, se hizo de los medios necesarios, para dejarla, casi en el estado en que se encuentra a la fecha.

  

Existen en la actualidad, dos esculturas de santos mercedarios, abandonadas y en descuido, en la capilla anexa del templo de la Compañía de Jesús, sede de la Parroquia Mayor de Santiago, que debieran estar en el templo de Nuestra Señora de la Merced, expuestos al culto y a la contemplación de quienes gustan de la escultura.

  

Se bendijo el nuevo templo mercedario, el 23 de mayo de 1879. Su fachada quedó de estilo neo clásico, con  columnas y pilastras de estilo compuesto, adornadas con guirnaldas, en los intercolumnios, tiene carretelas, con resaltes en piedra.

  

En el segundo cuerpo un nicho veneciano le sirve de marco a una escultura en cantera, de la Virgen de La Merced y esculturas de Pedro Nolasco y Ramón Nonato, santos de la Orden Militar de Nuestra Señora de la Merced.

 

  

El interior del templo de  bóveda de cañón corrido y en forma de cruz latina, seis ventanales, capillas en los cruceros, coro alto, seis nichos a lo largo de la nave y una capilla anexa, de tres bóvedas  cada una en el medio, con una linternilla, está decorada toda con frescos, al parecer de la escuela de pintura de San Carlos.

  

Los frescos que decoran la iglesia de La Merced Nueva, tanto en los nichos  de la nave,  como en el altar mayor, figuran retablos, con columnas de estilo compuesto,  simuladas, lo mismo que con hojarasca abundante, ángeles y querubines, además de encortinados con terminaciones en borlas y remates mixtos.

  

Pudieran apreciarse en lo alto del fresco del altar mayor, una Santísima Trinidad, donde el Padre Eterno tiene en sus manos a Jesucristo muerto, en la bóveda del presbiterio, un conjunto agraciado  de querubines.

  

El Coro esta  con la misma decoración, falta el órgano que algún día estuvo en ese lugar y que fuera destruido, existen allí dos cruces con tallas de Dimas y Gestas.

  

Una capella a la entrada del templo, que muestra la escultura de Jesús Nazareno, ya citada, es muy venerada y su nicho está lleno de ex votos y recuerdos de los milagros, de agradecimientos de sus devotos.

  

San Sebastián, un barrio con jardín,templo,casona,historia

El Barrio de San Sebastián; su fiesta el 20 de enero 

El río Querétaro nace en el Zamorano

Atraviesa las haciendas de:Atongo, Chichimequillas, La Griega y Saldarriaga,

Los pueblos de La Cañada y Hércules.

 

Recorrer el río Querétaro, desde su entrada al centro de la ciudad, por el Molino de San Antonio, seguirlo por sus tres puentes antiguos, el de San Sebastián, el Puente Grande y el Puente de hierro, hasta su salida por Santa María Magdalena, dan la oportunidad de mirar a la otra banda, el Jardín de los Platitos,  la antigua estación  del tren y el barrio de San Sebastián, donde se encuentra la rinconada más hermosa de la ciudad.

  

Mientras a lo lejos las casas caen desde los cerros de San Pablo, Menchaca y Peñuelas, hasta llegar a los barrios de la Trinidad, El Cerrito, El Tepetate, San Gregorio, La Candelaria, San Roque y desde luego el de San Sebastián.

  ¡Que. Viva el Señor Santiago   Que es el mensajero   Que es el mensajero

   De los cuatro vientos!

   

A veces pareciera que a los habitantes de esta ciudad se les olvida la existencia de esta  Plaza de San Sebastián, donde su entorno verdaderamente es maravilloso lo forman: la fuente, el jardín, La Casa del Faldón,  la Iglesia y convento, el andador, el asilo de anciano, el de niñas es la esquina de las calles de Otoño y Primavera.

  

Allí existió María Estrada, una cieguita enamorada de un inexistente Faustino, el español que le escribiera desde Sevilla cartas de amor a su decir, María pedía limosna a fuera de la cafetería de La Mariposa, pero también como todo queretano bien nacido tiene su barrio, el de Ella está junto al asilo, es el de San Sebastián, donde se encuentra a diario con la leyenda de la casa del Faldón, la hermosa fuente tintineante rodeada de un jardín arbolado y el templo y convento ex franciscano.

  

Allí donde todavía se recuerda a Coheteros como Abundio, el del Puente Revolución, a los pedreros de ópalos como Adolfo Mendoza, a poetas con casa antigua como Salvador Alcocer, a mujeres de vida consagrada como Sor Magdalena, a curas como Felipe M. Sevilla, que en 1907 construyera el asilo de ancianos. Gente sencilla habita el barrio de la Otra Banda, al otro lado del río.

  

La fiesta se celebra el 20 de enero, día de San Sebastián herido, dos bandas de música, pólvora, entre las calles del tiempo, Otoño, Primavera, Invierno. El tren silva incesantemente día y noche, es el recuerdo del Águila Azteca y la Burrita.

 

  

La ciudad de Querétaro fue grandiosa, hermosa, pero soberbia, dividida en dos partes, separadas por el río y unidas por el Puente de San Sebastián, por donde se llega a La Otra Banda, lugar del verano eterno.

  

En la  otra Banda, en el año de 1718, los religiosos franciscanos edificaron el templo y convento de San Sebastián, que en la actualidad conserva su mismo nombre, al norte del río Querétaro.

  

El templo fue la segunda parroquia en la ciudad de Querétaro después de la de Santiago, ubicada en aquel entonces en lo que conocemos ahora como el templo de San Francisco.

  

Se dice que en 1720 el templo de San Sebastián fue erigido en parroquia y su jurisdicción se extendió desde el pueblo de Carrillo hasta el pueblo de San Pedro de la Cañada y los templos de esos lugares se convirtieron en Vicarías de San Sebastián.

  

A principios del siglo XlX en el templo de San Sebastián se encontraba ya el padre Felipe N. Sevilla, nacido en la Otra Banda, en el año de 1858, formado en el Seminario Conciliar.

  

En 1885 se hizo cargo de la parroquia de San Sebastián ya como Cura Párroco y desde esa fecha se dedicó a hacer en ella todo el bien posible  con su abnegación ejemplar.

  

Él era un hombre bajito, trigueño, que no tenía la apariencia grandiosa y majestuosa de los grandes personajes que trabajaron en Querétaro, pero tenía un  corazón, era muy amoroso,  activo y fue un gran benefactor de la ciudad.

  

El día 4 de octubre de 1891 el cura de la parroquia de San Sebastián Don Felipe N. Sevilla, dándose cuenta que en la inmensidad de su feligresía no había un lugar para atender a los muchísimos enfermos que morían sin auxilios materiales, menos espirituales, tanto mujeres como hombres, niños y ancianos.

  

Ya que para obtener alguna ayuda tenían que recorrer hacia el poniente de la ciudad grandes distancias en busca de la salud,  dio principio a la construcción de un gran edificio como anexo a la parroquia, con planos y dirección del Ingeniero Don Lorenzo Corona.

  

A finales de 1892 el edificio quedó todo terminado y el Sr. Cura Sevilla fundó ahí el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, que también funcionaba como asilo de ancianos.

  

A su iniciativa se formó en el barrio de San Sebastián un campo santo, levantó una casa frente al Hospital para poner en ella una escuela de canto con cuyo fin organizó el orfeón.

  

Con espíritu eminentemente humano, el padre Sevilla asumió la realidad de su parroquia y empezó a trabajar. Comenzó sin nada. Sólo con una extraordinaria fe. Empezó a levantar el Hospital y día con día iba por todos los rumbos solicitando auxilios económicos, objetos para transformarlos en algo útil.

  

Fue en 1908 cuando abre sus puertas y presta los servicios a todos los que necesitaban, que temían acercarse aquí por su elegancia, pues pensaban que se les iba a cobrar mucho, cosa que fue todo lo contrario.

  

Al estar terminando el Hospital “Del Sagrado Corazón” el padre Sevilla pensó en quién atendiese la obra que con grandes sacrificios, humillaciones y desvelos había levantado y sobre todo que se llevara a cabo el fin para el cual se pensó, atender a los enfermos sin que representase ninguna erogación para quien no tenía nada.

  

Estando atendido el Hospital, entonces ya llamado Civil y ubicado ya en el ex beaterio de Santa Rosa de Viterbo, por las Hermanas Josefinas después que lo fuera por los hermanos Hipólitos, y viviendo su calidad de entrega, el padre Felipe Sevilla pensó que nadie podía atender mejor a estos desdichados de la otra banda que las hermanas Josefinas, distinguidas ellas por su caridad y profunda humildad.

  

Y fue así como el 27 de julio de 1908 iniciaron su obra apostólica las religiosas: Josefina Martínez, Josefina Leita, Antonia Toledo y Josefina Rosas.

  

Tras de penosa y molesta enfermedad murió el 27 de diciembre de 1908 el padre Felipe N. Sevilla. Su modestia y habitual humildad hicieron fuese querido por todos los que lo conocieron.

  

En tiempos de la revolución por ser un hospital atendido por religiosas, el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús fue fuertemente atacado, pero el mismísimo Venustiano Carranza defendió el lugar y a las personas que lo atenían por ser dignas de respeto.

  

El 3 de noviembre de 1912 se inició la construcción de la capilla que es hermosa y valiosa en su construcción. Con vitrales de alta calidad ya que ni el sol con el correr de los años ha podido despintar y hace poco restaurada. El 29 de junio de 1920 fue la bendición por el Sr. Obispo Don Francisco Benegas.

  

En 1915, en las batallas de Carranza y Villa los templos San Sebastián, Santa Rosa de Viterbo y San Francisco se convirtieron en hospitales de sangre, ya que allí llegaban los heridos para recibir atención de las hermanas Josefinas.

  

El 5 de febrero cuando se promulgó la Constitución el hospital abre sus puertas totalmente a todos los enfermos afectados a causa de las graves epidemias que azotaban al pueblo y en 1919 el índice de pacientes con enfermedades infecciosas aumentó considerablemente, siendo este un gran motivo para querer cerrarlo, pero estos esfuerzos fueron en vano.

  

En 1926, tiempo de la Revolución Cristera, hubo otro motivo de acabar con él, era porque ocultaba a estos y los ayudaba. Este hospitalito como lo llamaban, atendía casi en su totalidad con la caridad del pueblo.

  

El ataque más violento que tuvo este hospital fue cuando sus enemigos pretendían desterrar a las hermanas y el arma utilizada fue quitarles toda ayuda y comprensión, debido a que eran las bases de su subsistencia. Nuevamente los intentos por acabarlo no dieron frutos.

  

Las personas que auxiliaron de forma cercana y solícita a las hermanas Josefinas fueron el  Obispo Marciano Tinajero y Estrada, que desde que era párroco de Santa Ana manifestaba su confianza por el hospital, ya que consideraba que era el mejor lugar para depositar a nuestro señor en la Sagrada Forma, cuando entraron en la ciudad por el poniente,  los carrancistas, profanando los templos.

  

Así que siendo Obispo de Querétaro el obispo Marciano Tinajero y Estrada continuó la obra del padre Sevilla con dedicación y entusiasmo.

  

Otro de los personajes que también estuvieron al pendiente fueron: el Sr. Cura Alemán, el Sr. Septién y el obispo Alfonso Toriz Cobián, quienes pasaron sus últimos días en este lugar.

  

Es digno de mencionar algunos de los muchos médicos que han dejado huella por aquí como el doctor Antonio Reséndiz, el doctor Fernando Velázquez y el doctor Eliseo Ramírez.

  

No fue sino hasta el 22 de agosto de 1946 para apoyar esta labor altruista, el entonces Presidente de la República Manuel Ávila Camacho mediante un Decreto Presidencial regulariza la personalidad jurídica del nosocomio como “Hospital del Sagrado Corazón de Jesús” ya que una de las preocupaciones del gobierno era garantizar debidamente los servicios y la asistencia pública, preocupación que se agravió con motivo de la post guerra, y que hacía urgente la fundación de los establecimientos indispensables para impartir los servicios médicos como lo menciona dicho decreto.

  

El decreto tenía una vigencia de 50 años que se cumplieron en 1996. En el año de 1998 el Presidente de la República Ernesto Zedillo Ponce de León renovó este contrato el 17 de febrero y ahora es por tiempo indefinido.

  Actualmente el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús por falta de recursos y lo obsoleto del edificio dejó de operar y ya esta siendo reparado a costas del Municipio de Querétaro y únicamente funciona por el momento como asilo de ancianos de San Sebastián, con una capacidad para 32 personas.

 

 

En este año del 2008 se celebran los cien años en que las hermanas Josefinas han dejado parte de su vida, asumiendo las responsabilidades de autoridad y atendiendo solamente a ancianas mujeres.

  Actualmente el Asilo San Sebastián no tiene autoridad jurídica ya que se encuentra registrado solamente como Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, sin embargo, se están llevando a cabo los trámites necesarios para que obtenga autoridad jurídica y para que quede regulado ante la Secretaría de Salud del Estado de Querétaro.  

Una historia en La Sierra Gorda, como otras.

“Reserva de la Biosfera en la Sierra Gorda; un decreto sin pies ni cabeza”.

Eliazar Velázquez Benavides

 Xichú, Guanajuato.

Andaba junto a mi madre en la huerta que le heredó mi abuela Ángela en el ejido Misión de Santa Rosa, repasábamos viejas historias de aparecidos entre la nogalera y leyendas de tesoros que arden en unas paredes derruidas que datan de tiempos de la Cristiada.

Cuando llegó el momento en que nuestras manos arrancaban el monte crecido, le pregunté qué pensaba desde su condición de ejidataria sobre el decreto publicado el 2 de febrero mediante el cual “se declara área natural protegida, con el carácter de reserva de la biosfera, la zona conocida como Sierra Gorda de Guanajuato localizada en los municipios de Atarjea, San Luis de la Paz, Santa Catarina, Victoria y Xichú”.

En el decreto, Xichú tiene sitio primordial pues el 98 % del territorio es considerado reserva y ahí se localiza la “zona núcleo”, el área que supuestamente preservaría algunas de las más relevantes especies y riquezas naturales que el decreto aspira proteger.

 

 

–¡Aquí no sabemos nada…! —me contestó de inmediato esta mujer serrana que a sus 79 años aún trabaja el día entero.
La respuesta de otros amigos ejidatarios de la región fue semejante.

En las comunidades y ejidos nadie sabía nada.

Los promotores de la iniciativa ni siquiera se habían tomado la molestia de preguntar a la gente qué pensaba.

Días más tarde escuché en boca de algunos funcionarios el falaz y ofensivo argumento de que se habían realizado consultas con los ayuntamientos y que el anteproyecto había estado disponible para todos los interesados, vía Internet, como si los habitantes de la sierra, sobre todo quienes viven en comunidades aisladas, acostumbraran dejar a un lado sus preocupaciones cotidianas y sus siembras por bajar a pueblos o ciudades en busca de un cibercafé.

En el jardín de Atarjea, sentado en una banca junto al kiosco y envuelto en humo de cigarrillo, un campesino que se amparó ante el decreto definió lo que se despertó en el corazón de muchos serranos:

“Yo veo esto como una dictadura porque únicamente se nos están imponiendo las cosas, no se ha tomado en cuenta nuestro parecer. El decreto ya está y apenas nos van a decir lo que queremos o no queremos… A nuestros ejidos nadie fue a preguntarnos si queríamos, nomás llegó como quien dice el trancazo, hasta ahorita nunca llegó el aviso, no ha habido nada de preguntar nuestra opinión”.

Otros, con la indignación en sus rostros decían: “Ahora están hablando de reservas federales de la biosfera, pero lo que está en nuestros cerros es porque lo hemos cuidado nosotros,

¿quién nos ha venido a traer un programa para tener lo que tenemos?, en esto hay gente agazapada que quiere seguir comiendo en las oficinas y recibir miles de euros y a nosotros como siempre nomás nos quieren dar migajas.

Desde nuestros antepasados ese cuidado lo hemos tenido, hasta la fecha hemos respetado la naturaleza y ahora por qué otro forastero viene a invadirnos. Es lo que dicemos, y lo peor sin algún acuerdo de nada.

Porque la asamblea tiene poder jurídico, pero nos ignoraron. Nuestra inconformidad es porque deben tomarnos en cuenta para todo lo que pase en nuestra tierra, los tratos así son, cuando hay un acuerdo se hace y si no, no…”.

Los hombres y mujeres de más de setenta años que comenzaron su andar en tiempos de la Revolución o en los bordes de la Cristiada, son los forjadores de las familias actuales, los pilares de la existencia de los ejidos, los que han hecho del amor a la naturaleza un acto de vida cotidiano, los que sin mediar decreto alguno mantienen el patrimonio cultural y natural de la Sierra Gorda que hoy tantos oportunistas quieren convertir en moneda de cambio.

Y resulta paradójico que mientras entre la población serrana se desconocía el tema o de plano había abierta oposición aun antes de que se publicara el decreto, en los municipios del noreste del estado se aseguraba que entre algunos consultores ambientales y personas ligadas a organismos “no gubernamentales”, se tejían redes y se enfrascaban en la disputa anticipada por la administración de la reserva, y por los potenciales y cuantiosos recursos que se pregona podrían atraerse a ésta que se suma a las “540 reservas de la biosfera existentes en 102 países, las cuales comprenden 10% de la superficie mundial” (La Jornada, 30 de julio, 2007).

Con la coartada del ecoturismo, del combate a la pobreza, de la promoción de los derechos de los niños, de la preservación de las cactáceas y otras especies de flora y fauna o de crear opciones de arraigo frente a la emigración, muchos de los que muestran un inusitado “interés”, hace tiempo que exploran caminos para medrar con el patrimonio de las comunidades serranas, y no son pocos los recursos que en los últimos 15 años se han llevado a los bolsillos.

(Muchas cosas revelaría el seguimiento de las propiedades, infraestructura y recursos de los miembros de agencias “no gubernamentales” que tienen más de una década operando en municipios del norte de Guanajuato y que con el discurso del rezago y de la pobreza gestionan miles de pesos con los tres niveles de gobierno y con organismos internacionales.)

El afán de saqueo llega a tal grado, que un vival estadunidense, Philip E. Wolfson, patentó en 2002 en EUA y la Unión Europea los beneficios del chilcuague, planta muy singular con usos medicinales y culinarios, que los campesinos de la Sierra Gorda han preservado por generaciones.

Nadie en su sano juicio podría negar la urgencia de cuidar los recursos naturales de nuestro planeta y la relevancia de las iniciativas que contribuyan a ese fin, en ello está en juego el futuro de la humanidad; pero es una falta de juicio, ética y responsabilidad por parte de funcionarios públicos y supuestos ambientalistas ignorar la dimensión social. Donde ellos sólo ven agua, pájaros y árboles, también hay individuos y col ectividades con historia propia, alma y corazón. Es un atropello y una falta de respeto ignorar impunemente a las personas con el discurso de cuidar a la madre naturaleza como un fin en sí mismo.

El propio estudio que antecedió al decreto carece de rigor, pues hace aseveraciones del patrimonio natural de la sierra basado en “decires”. Sucede igual con la definición y el trazo de los polígonos. Se observan criterios muy endebles y aún hoy los funcionarios no tienen respuestas claras de por qué un 2% del territorio de Xichú no fue incluido si ahí se localiza una importante zona boscosa. En los otros municipios la delimitación tiene un carácter igual de improvisado.

La iniciativa de decreto nació enrarecida por su origen vertical y porque los investigadores y burócratas que encabezaron los trabajos actuaron irresponsablemente frente a la comunidad serrana.

Frente a las expresiones de organización ciudadana (como el surgimiento del Consejo Ciudadano en Xichú, o el amparo que han tramitado ejidatarios de Atarjea), y ante la exigencia generalizada de reencauzar el proceso, las instancias federales y estatales involucradas en el tema han sido titubeantes.

Han recurrido a estilos clientelares y a mercadotecnias que a modo de vendimia mientan toda una lista de supuestos beneficios y acceso a recursos que tendrán los propietarios de las tierras. Y agentes encubiertos de la Secretaria de Seguridad Pública Estatal han recorrido los municipios buscando datos, sobre todo de quienes han manifestado abierta oposición.

Si los funcionarios de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y del Instituto Estatal de Ecología realmente desean recomponer esta iniciativa que hasta ahora no tiene pies ni cabeza, tendrán que mostrar humildad y talento para poner en el centro las opiniones, la palabra y las necesidades de los habitantes de las comunidades, ejidos y poblados de la serranía, que están desde mucho antes que se inventaran las reservas de la biosfera, y que persistirán cuando los funcionarios de hoy ya no estén en la nómina y la ecología haya dejado de ser moda del momento.

El culto guadalupano en Querétaro

La Virgen de Guadalupe en Querétaro.

El inicio del culto guadalupano, comienza en este país, después de un siglo de las apariciones, principia con una ermita levantada en el Tepeyac después en las ciudades de San Luis Potosí, Querétaro y León. Son los Jesuitas sus mayores promotores.

  

El cuatro de diciembre de 1748 y reunidas todas las formalidades, en el Palacio Arzobispal de la ciudad de México, por todos los ayuntamientos de la Nueva España y ante la presencia del arzobispo Juan Antonio de Vizarrón  y ordenado como día festivo, el 12 de diciembre de cada año, se juró el patronato a la Virgen de Guadalupe.

  

Este hecho a favor del patronazgo nacional de la Virgen de Guadalupe, fue confirmado por el Papa Benedicto XlV, por Bula del 25 de mayo de 1754.

  

La primera Ermita levantada en honor y devoción, a la Virgen de Guadalupe, se da en el mismo año de sus apariciones en 1531, junto al cerro del Tepeyac.

  

122 años después de este acontecimiento en San Luis Potosí, Francisco de Castro y Mampaso, tesorero de la Real Caja, en esa ciudad, llevó de  México, un retrato a pincel, de la Guadalupana a esa población.

  

Esta imagen fue recibida por los potosinos, desde el Templo de la Merced, ahora inexistente y que estaba ubicado cerca de la bella Caja de Agua, que esta ciudad tiene y llevada procecionalmente a la parroquia,  Convento y templo de San Francisco, exponiéndola a la veneración del pueblo, con toda dignidad, en marco dorado,  cortinas y con baldaquino.

  

Francisco de Castro agradecido por los múltiples beneficios obtenidos de la Virgen de Guadalupe, se unió a Juan de Torres Villasana, Francisco de Torres, Antonio Uresti, Alonso Rodríguez de Miranda y a Alonso de Pastrana, para obtener licencia del obispo y construir una ermita donde se rindiera culto a la Virgen del Tepeyac, esto fue por el año de 1662, en que fuera trasladada solemnemente la imagen, con la autorización del obispo Fray Marcos Ramírez de Prado.

  

El sitio escogido para este fin, fue a las afueras de la ciudad, en un lugar llamado Tierra Blanca o Tierra Nueva y que ahora se le conoce con el nombre del Barrio de Guadalupe y se llega a él por una hermosa calzada.

  

Junto a la primitiva ermita, muy pronto se levantó un suntuoso santuario, donde año con año se reúnen los potosinos a rendir culto a la Virgen de Guadalupe y durante todo el año y más específicamente, en el mes de diciembre, las distintas organizaciones sociales de la ciudad,  llegan en procesión, por esa calzada, con esa misma intención 

     En Querétaro 

Tres años más tarde y a 125 años de aparecida la morenita del Tepeyac, el Bachiller Lucas Guerrero Gordea, queretano, en agradecimiento al milagro que la Virgen de Guadalupe, le había concedido al lograr una buena cosecha en un terreno agreste y el Padre  le prometió dedicarle la cuarta parte de las ganancias, libres de diezmos,  y  fueron 15 pesos.

  

El retrato de la Virgen de Guadalupe realizado a pincel y adquirido por el Padre Lucas Guerrero Gordea, en la ciudad de México, fue recibido en el templo del antiguo Hospital de los Hermanos Hipólitos, en la Calle Real, llamado ahora  de San José de Gracia. Los primeros en adherirse a esta devoción fueron los sacerdotes del clero secular, primero 16  clérigos y luego los indios, habitantes de la ciudad.

  

La primera ermita levantada en honor de la Virgen de Guadalupe en Querétaro fue construida, en un predio conocido como “El Cerrito de Don Diego” y donde posteriormente fuera erigido un magnífico santuario,  en lo que ahora forman la esquina de las calles de 16 de septiembre y Pasteur Norte.

  

El permiso lo concedió la reina  Mariana de Austria a instancias del arzobispo de México Fray Payo de Rivera Enriques, por cédula del 10 de octubre de 1671, colocándose la primera piedra en febrero de 1674 y bendecida el 3 de mayo de ese mismo año.

  

Al siguiente año se comenzó en ese mismo lugar la construcción del suntuoso santuario, siendo brillantemente terminado en 1680 y atendido por una organización creada especialmente para promover su culto llamada “ Muy Ilustre y Venerable  Congregación de Clérigos Seculares”, además de dos cofradías una de españoles y otra de pobres, “Cofradía del Señor San José” y Hermandad de pobres de Nuestra Señora de Guadalupe”, respectivamente.

  

Existen además de las tradicionales peregrinaciones al santuario  durante todo el año,  por las diferentes organizaciones sociales, una multitudinaria peregrinación anual, a pie, al Tepeyac, con más de cien años ininterrumpidos.

  

En esta ciudad de Quéretaro, después de la ermita del Tepeyac y la de San Luis Potosí,  es la tercera que se erige en el país a la Virgen de Guadalupe.

  En la ciudad de León 

En la loma de Los Dolores, se levanta el santuario a la Virgen de Guadalupe, atendido por los padres de la Compañía de Jesús y propiamente la fiesta a la guadalupana, se celebra el 12 de enero y es conocida como “El Día de los Inditos”, promovida desde el siglo XlX, por el Jesuita Pablo de Anda, aunque la devoción guadalupana según el decir de los leoneses “Es de tiempo inmemorial”.

  La fiesta consiste principalmente en que en forma tumultuaria y durante todo el día,  asiste  la población, en donde todos los niños van vestidos de inditos, las mujeres con blusa de manta y faldas de percal, todos llevando alimentos en bateas y huacales como ofrenda a la Virgen y a las afueras del santuario, por miles lo mismo que por la Av. Miguel Alemán, los “puestos” de alimentos, artesanías, imágenes y fotógrafos, dándole un aspecto muy particular a esta celebración en la que todos los habitantes de esta ciudad participan.  

El temor de los pobres

El Temor de los Pobres

Artículo del queretanísimo, Padre Miguel Concha Malo, Dominico y defensor de los derechos humanos, que nos viene como anillo al dedo en este “dimes y diretes” sobre la seguridad pública y la corrupción. 

Amnistía Internacional presentó su Informe 2007, en el que documenta las cuestiones de derechos humanos que motivaron su preocupación en 2006.

 

En la introducción, significativamente titulada “Libertad frente al terror”, su secretaria general explica las graves violaciones a los derechos humanos que en cadena se dan contra las personas y grupos en el mundo actual, como productos del miedo, el cual, como nosotros sabemos, en los manuales de contrainsurgencia es propuesto por los regímenes autoritarios como medida de desmovilización social y de control político.

 

Con la experiencia que le ha dado la investigación de las violaciones a los derechos económicos, sociales y culturales, y sin pretender desde luego hacer un análisis estructural completo, menos desde la perspectiva de América Latina, en la raíz de esta situación sicológica individual y colectiva, Irene Khan encuentra de manera pertinente al “capitalismo desenfrenado” -con sus secuelas de desigualdad social, pobreza, delincuencia y violencia-, en el contexto de gobiernos débiles y corruptos, empresas y actores económicos refractarios a una regularización internacional obligatoria, una política ineficaz contra el terror, e incluso organismos internacionales de protección a los derechos humanos ineficaces.

 

Todo lo cual ha producido una manera errónea y perversa de enfrentar los masivos problemas sociales como migración, marginación, discriminación, disentimiento, inseguridad y violencia, conculcando derechos humanos y comprometiendo de manera efectiva el bienestar de todos.

 

 Al fin y al cabo los derechos humanos son obstáculos para la expansión actual del capitalismo mundial.

 

En congruencia con la misión de su organización, al final, la secretaria general propone un futuro sostenible sin miedo, basado en el fortalecimiento verdadero del estado de derecho y en la garantía de los derechos humanos, y en un rechazo de una mentalidad propia de la guerra fría.

 

 “Un sistema basado en el estado de derecho -sostiene Irene Khan-, que funcione adecuadamente en el ámbito nacional, es la salvaguardia última de los derechos humanos. Pero tal sistema, si pretende ser verdaderamente justo, ha de incluir a las mujeres y a los sectores desfavorecidos.”

 

“La mayoría de las personas indigentes -dice con razón- no están amparadas por la ley.

 

Para que su inserción en el sistema sea significativo -añade-, es necesario hacer efectivos los derechos económicos y sociales, materializándolos en políticas y programas públicos.”

 

Para ello se requiere, igualmente, revitalizar la reforma de la ONU en materia de derechos humanos, eliminar el exclusivismo político y la manipulación de su nuevo consejo en la materia, y que el nuevo secretario general haga valer su liderazgo como defensor de los derechos humanos.

 

Para lograrlo se cuenta sobre todo con la gran reserva, cada vez más amplia, de la organización de la sociedad civil, a la que también ella considera como el hecho más significativo que permite albergar esperanzas de transformación en el panorama de los derechos humanos.

 

Para la secretaria general de Amnistía Internacional, en efecto, si la migración no regulada es el miedo de las clases ricas, el capitalismo desenfrenado -impulsado por la globalización y cuyos efectos sociales son muy dispares, tanto en el ámbito mundial, como en cada país- es el temor de los pobres.

 

Además, la debilidad, el gran empobrecimiento y, con frecuencia, la profunda corrupción de ciertos Estados, han generado un vacío de poder que están llenando las empresas y otros agentes económicos, los cuales llevan tiempo resistiéndose a normas internacionales vinculantes.

 

Por ello, la respuesta a esa situación no radica, de fondo, en la construcción de muros para impedir la entrada, sino en la promoción de sistemas que protejan los derechos de las personas vulnerables, al mismo tiempo que se quieran respetar las prerrogativas de los Estados para regular la migración.

 

“El aumento de la delincuencia y la violencia armada -dice también- son fuente de miedo constante, lo que ha llevado a muchos gobiernos a adoptar políticas que en teoría combaten enérgicamente la delincuencia, pero que en realidad criminalizan a los sectores más desfavorecidos y los exponen al doble peligro de las bandas y la brutalidad policial.”

 

 Y como si pensara en nuestro propio país, afirma enfáticamente que proporcionar seguridad a un grupo de personas, a costa de los derechos de otros, no soluciona el problema.

 

“La experiencia muestra que la mejor forma de reforzar la seguridad pública es mediante un enfoque integral, que combine una actuación policial mejorada, con la provisión de servicios básicos, como la atención a la salud, la educación y el alojamiento de las comunidades más desfavorecidas, de modo que éstas sientan que defender la seguridad y estabilidad de la sociedad, redunda en beneficio propio”. Pues, como afirma Irene Khan, la sociedad no quiere vivir bajo el síndrome del miedo, sino de la sostenibilidad. 

 

Requiem por María

Requiem por María 

                                        

Nota: Texto totalmente histórico, queretano y vigente. Aunque usted no lo crea.

 

El Querétaro místico de los años cincuenta.

  

“…Todos los santos ángeles y arcángeles, todos los santos patriarcas y profetas, todos los santos apóstoles y evangelistas, todos los santos mártires, todos los santos pontífices y confesores, todos los santos doctores, todos los santos sacerdotes y levitas, todas las santas vírgenes y viudas, Rogad por Ella…”

  

María Olvera, “Mariquita”, así la llamaron toda la vida, murió hoy, había pasado sobradamente los cien años, parte de ellos los vivió en una de las casonas viejas del Portal Quemado, en La Plaza de Armas, venida a menos rentó una casa al sur de la calle de Cinco Señores, junto con sus hermanas Luz y Natalia, que fueron muriendo en el transcurrir de esta penosa lucha y hace unos días, contra su voluntad, fue llevada al asilo de ancianos, de allí se fue.

  Dedicó su niñez, su juventud, la vida entera a cumplir un voto ofrecido, no lo sé bien a bien, ni cuando, ni como, sobre esa virtud católica, llamada “Castidad”, en su mirar apacible y claro, sé notaba  el triunfo que tuvo siempre sobre ella. 

 

 

Para las Cenobitas, de los muchos conventos cercanos, nunca existió María Olvera, pasó desapercibida, quien como ellas, estuvo permanentemente a la  espera del Esposo Divino; Los Levitas de este pueblo, que son muchos, no volvieron a la casa de Mariquita, desde aquellos días del año 1929 en que los escondía en su casa, para que no fueran asesinados. Ella lo contó siempre, pero nunca hubo un reproche.

  

Un canto gregoriano, en voz de monjes benedictinos de Solesme, susurra las letanías de Todos los Santos, mientras mi pensamiento vuela al recuerdo, retrocede y el poeta  habla:

  “…y no tenias el gesto agrio de las solteronas      porque tu virginidad

     fue como una preñez de muchos hijos…”

  

Mariquita, virgen antigua, consagrada, que debieron enterrar de blanco, en sus nupcias definitivas, siempre casta, limpia. Cuanto me duele su ausencia y la falta de esa caja blanca a la hora de depositarla sobre el campo santo, no se pudo conseguir ninguna usada, era demasiado pobre para que alguien advirtiera su deseo, fue su sueño me lo contó innumerables veces, en ese arrullo con el que me cobijó  cuando niño.

  

Mi casa  cerca de la suya, cada vez que miraba su ventana, chocaban mis ojos con un letrero pegado tímidamente en el cristal “En esta casa se venera a la Madre de Dios”, ¡ Cuanto hubiera dado por entenderlo entonces !  Por saber de cierto el significado.

  

Su modelo en la lucha por conservarse siempre sin tacha, siempre virgen:  La Inmaculada Concepción, claro, la del dogma proclamado por Pío lX en 1849, la defendida por el teólogo franciscano Juan Duns Scoto, el famoso doctor sutil, la  pintada por Murillo hasta el cansancio, la Madona de San Ildefonso, la descrita por Dante en su Divina Comedia.

  

“… de tu ira, de las penas del infierno, de todo lo malo, de la potestad del demonio, por tu nacimiento, por tu cruz y pasión, por tu muerte y sepultura, por tu gloriosa resurrección, por tu admirable ascensión, por la gracia del Espíritu Santo Consolador, en el día del juicio. !Líbrala Señor ¡

  Largo y pesado  su caminar, son ya cien años, el recorrido de Cinco Señores al Convento Grande de San Francisco es fatigoso, nadie le hablaba, todos la mirábamos a lo lejos, a nadie confiaba su secreto, ese de vivir largamente casta, su cuerpo entregado al Divino Esposo, como las vírgenes prudentes. Muy arrinconada pasaba los jubileos de “ las cuarenta horas ”, mirando sin parpadear por largos momentos la Hostia, las madrugadas eran suyas, todos habían huido, era la hora de la intimidad.  “…exijo que los ángeles te tomen     y te conduzcan a la morada de los limpios

     debiste llevar azahares el ultimo día…”

  

¡ Tesorera del cielo, Llave del paraíso, Esperanza de los desesperados, patrona de las Galias, Reina de la Iberia, Madona de Italia, Emperatriz de Oriente y Occidente, estas jaculatorias en boca de Mariquita derramaban frescura, la frescura de quien pronuncia el nombre amado, de quien busca aliento en la esperanza, compañía ligera en la soledad.

  “…virgen desposada en un cementerio

      que la muerte recoja tu cabeza blandamente…”

  

Mons. Florencio Rosas, Cura, Rector, Arcediano, Maestro, Benefactor, Asceta  el hombre de su tiempo, El Padre Rositas,  su maestro. Lo nombraba frecuentemente en sus conversaciones.

  

 “juntar un dinerito” para “mandar” decir una misa de esas que ya no se usan, “doble, semi doble, simple, de feria, de vigilia, votiva,” esas misas que comienzan retebonito, era su delicia, la motivación, el aliento

  “ …  subiré al altar de Diosdel Dios que es la alegría de mi corazón¿ Por que te abates alma mía?¿ Por que té llenas de turbación?Te suplico Señor borres nuestras iniquidadesPara que merezcamos entrar con alma pura

En el Santo de los Santos …”

  

Que lejos estaban de su  pensamiento, Lutero, Calvino, Zuinglio, Enrique Vlll, el famoso sermón contra las indulgencias. ¡ Tantas había ganado! Que nadie puede quitárselas ahora, en el momento de la muerte, son el pase a la eternidad.

  

En su agonía,  lo sé, lo supe siempre,  estaba Thomas de Kempis con su “Imitación de Cristo y menosprecio del mundo”, todo buen asceta como era Ella tenia por necesidad que recurrir a esa lectura.

  

Suyos también y muy cerca los “Ejercicios espirituales” de San Ignacio,  escritos en Manresa ¡ no faltaba mas ! Publicados en 1534, aprobados, claro,  por el Sumo Pontífice. Yo también durante mi juventud caí en ese garlito, muchas veces medité sobre las postrimerías, muerte, infierno y gloria.

  

“… extínganse en ti todas las malas obras, por la imposición de estas manos nuestras y por la invocación de todos los ángeles, arcángeles, mártires, confesores vírgenes y todo lo que es santo y que por esta santa unción y su gran misericordia, tenga el Señor Piedad de los pecados, que cometiste con los ojos, los oídos, el olfato, el gusto, el tacto…”

  

El sacerdote que la ungía estaba lejos de conocer la santidad, el triunfo secreto de quien había ganado la batalla, de quien había corrido la carrera, ella no necesitaba de esos intercesores terrenales, había cumplido.

  

Miró el mundo desde un rincón de su casa en las calles de Pasteur sur 60, y desde allí fue una gran misionera, como lo fueron Pedro y Pablo, Andrés y Bernabé,  en Italia y Grecia, Indalecio en España, Dionisio en Francia, Patricio en Inglaterra, Bonifacio en Alemania, Cirilo en Rusia, Simón y Judas en Africa, Francisco Javier en la India y Japón, ella fue tan grande como el que más, pero desde su ventana.

  “ …Líbrame Señor de la muerte eterna       en aquel terrible día        cuando se conmoverá toda la tierra y el cielo       día aquel de calamidades y miserias       día en que todo ruego será inútil

       aun el del coro de los justos… “

                                                                                                       Dice el poeta:“ nunca ha sido tan real eso en lo que creíste   te pasaste dando tu vida a todos

   pedías para dar, desvalida …”

  

Me acuerdo de aquel Manifestador, de su custodia y sus candeleros de siete brazos, parecía de a deveras, nunca lo he olvidado, me lo prometió un día, juntó “dinerito” y fue por él a la Plaza de Armas, una tarde de “Todos santos”,  esa noche improvisé un altar y jugué a sus sueños.

  “ … diríjase Señor mi oración       como el incienso, hacia tu presencia       la elevación de mis manos

      sea como el sacrifico vespertino…”

  ! te siento tan desamparada, tan sola

       sin que nadie te ayude a pasar la esquina…”

  

Escucho su conversación, cuando decía que llena de juventud, paseó por la Alameda, decía que entre sauces, álamos y fresnos, y del paseo  por la Calzada de Belén, entre hileras de abetos, o cuando hablaba de la escapada al barrio de la Otra Banda, donde la primavera era mejor según el decir de los cronistas, jamás traicionó ni con el pensamiento a su amante divino.

  

Escucho sus palabras aún, cuando me contaba que su madrina de Primera Comunión,  fue pariente cercana del Marques de la Villa del Villar del Aguila, el que tiene monumento en el ojo de agua El Capulín, allá en la Cañada, admiro como  sabia los nombres de los habitantes de las casas grandes, inmensas y viejas, edificadas en el Centro, hace siglos, las describía en sus interiores, mientras yo las imaginaba.

  

“ …Santa María Magdalena, Santa Agatha, Santa Lucia, Santa Inés, Santa Cecilia, Santa Catarina, Santa Anastacia, todas las santas vírgenes acudan en su auxilio …”

  

En su agonía fue casi tautológico que le llevaran el Viático.

  

“… este vino Señor y este pan, son manjares del alma para quien los recibe dignamente, es como fuego que cae del corazón, la llama de la caridad, con las cuales se aplacan los fuegos y ardores de la carne y se enfrentan sus malos efectos …”   

  

Es por eso que el lienzo que guarda la sacristía del oratorio de Santa Rosa de Viterbo, donde aparecen las beatas Rosas trabajando en los jardines del Real Colegio, argumentando siempre del mismo asunto, los amoríos de su Señor, del Divino esposo.

  

El Jesús del juego escultórico, Los doce apóstoles”, exhibido en la misma sacristía del oratorio, que tan presente lo tengo, -las madrugadas, cuando acolitaba la misa de cinco, – de su seno sale una puertita, que alberga un sagrario, donde siempre pensé que seria la morada definitiva de Mariquita, para que su casero ya no la corriera con insultos al cobrarle la renta.

  

Frente a mí, esta su retrato, de mediana edad, su rosario de plata, la vida del Padre Rositas en libro, ¡ mi herencia! , hermosa herencia anunciada.

  

Estas letras son un recuerdo vago de su vida, también de esas tardes en que me escapaba a verla de lejos, sonreírle y regresar, bien sabia ella que mi fin era interesado, el interés de una gelatina, de las muchas que tenia en su expendio de leche, cuando pudo trabajar, las hacia muy sabrosas, a sabor limón,  limón cortado del árbol de mi casa y salidas de sus manos, las vendía a cinco centavos, el postre, un cuento de “vidas de santos” que se sabia tan bien, pero eran mejor cada día como los contaba, dichosa cuenta cuentos.

  

 “ … recibimos prestada la vida, para que cuando nos la pidan, la volvamos de buena gana y si se nos ha llegado el tiempo de pagar esta deuda, alegraos pues salís de los trabajos y miserias de la vida humana. Os conocerán los ángeles, saldrán a recibíros los bienaventurados, la Bienaventurada Virgen María os abrazará y os llevará a su hijo, con cuya señal estáis adornados…”.

  

Las capillas de indios de ésta su ciudad, puesto que su padre era apellidado Olvera, de los Olvera,  como muchos de este pueblo, tan lleno también de conventos monumentales, casi 20 existen aquí.

  

Comenzando del Sangremal donde está el de los Crucíferos, después los Colegios Jesuitas de San Ignacio y San Francisco Javier, el de los Mercenarios, el de los Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe, El de los Dieguinos, o el Convento Grande de San Francisco, el de los Carmelitas o el de los Agustinos, no falta el Dominico, el Hospital de los Juaninos, el de los Felipenses y muy retirado el de Recolección, donde esta la Virgen del Pueblito, eso sin contar las ayudantías de la Parroquia de Santiago, San Francisquito, San Sebastián y Santa Ana.

  

Esas capillitas como la del Espíritu Santo, antiguo lugar del Juego de Pelota, en el barrio de los jauleros o como las de Santa Catarina y San Gregorio, en la Otra Banda o la de El Refugio en el Cerrito o la de San Antoñito o San Roque, son la esperanza.

  

Estoy seguro que algún día  recordarán a María Olvera con su virtud llevada al heroísmo y sin soberbia, pero no en Catedral, con sus Canónigos de misa conventual de ocho de la mañana, ni en los cinco grandes conventos de monjas, como el de las Teresas, tan cerca de su casa, o el de Capuchinas, ahijadas del Marques o el de las Clarisas parientes del indio Cacique Conín, ni el de las Beatas Rosas, ni el de las Carmelitas descalzas.

  

Las hermanas Alonso fundadoras de las Beatas Rosas, La india casica Marìa Luisa, fundadora de las Clarisas, o María Josefa fundadora de las monjas Teresas o la india otomí, Salvadora de los Santos famosa monja  entre las Carmelitas Descalzas de este pueblo o Marcela de Estrada fundadora de las monjas Capuchinas, esas si serán recordadas por siempre, María Olvera no, porque no era monja ni de coro, ni lega,  porque fue sacada contra su voluntad de su casa y llevada al asilo de ancianos y ninguneada,  pobre y venida a menos.

  

La música coral de Solesme, sigue entonando en gregoriano, las letanías de Todos los Santos, continua y en mi cabeza se agolpa el rezo: “ de las puertas del infierno… lìbrala Señor…

  Santa Everasia, Santa Febronia, Santa Anastasia, Santa Eugenia, Santa Cirila, Santa Atanasia, Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Clara, Santa Rita, Santa Teresa de Calcuta, a la hora del juicio final recuérdenle a su Amado Divino las penurias, el silencio y el ninguneo de la  Virgen y mártir María Olvera, siempre casta. Siempre humilde, siempre sonriente, en el día aquel en que ni los justos estarán seguros, día de ira.