En La Valenciana; un templo. Guanajuato

  

La Valenciana

 

Un órgano, un coro, un templo

San Cayetano 

El Organo 

En la parte norte de la ciudad de Guanajuato, está el poblado minero de Valenciana, recostado a la mitad de la falda de una montaña, tierra de barreteros. Su templo, síntesis de la historia de este lugar, se llama San Cayetano, su silueta se percibe de manera completa solo a lo lejos.  

Este templo, fruto del arte mexicano, tiene un coro y en èl, un órgano, todo en armonioso conjunto. Ocupa la porción comprendida entre el paño interior del muro de la fachada y los laterales, hasta las primeras pilastras, su piso se asienta sobre una bóveda de cañón. 

Lo enmarca un arco de cantera, con intrados tallados con ángeles musicantes que llevan en sus manos: El uno la chirimía, otros trompetas, alguien el corno, violines, violas, flautas, campanas, salterios, mandola, gaita y algunos partitura, – solo para órgano y orquesta -, acompañamiento que el escultor quiso dar. En el mismo arco alargado, mascarones, querubines, vegetales y conchas. Todos participando, sin simetría como corresponde al churrigueresco mexicano. 

En la Bóveda de cañón, 16 ángeles en grupos, intercalados con los lunetos, semejan cantores, las portadas de las puertas, tanto la que da acceso al cuarto de fuelles, como la de la entrada del coro y el ventanal que mira hacia Guanajuato, abunda la cantera, acojinamientos donde se esculpen ángeles, conchas – significantes de la  gracia – mascarones, cuernos de la abundancia, dando la oportunidad de que el espíritu llegue a Dios entre la música. 

 

 

La Caja del órgano – madera de cedro – solo en su parte superior manifiesta ornamentales con cascadas bambalinas y arriscados copetes, dijera Antonio Cortes, rivalizando con el esculpido de la piedra.  

El órgano como todo el templo, es mexicano, costó mil doscientos pesos oro, 55 registros, trompetas, violín, bajoncillos, clarines, tambores, cajas de ecos, flautados y llenos, entre otros; dos teclados, dos mil flautas – aleación de plomo y estaño -, lengüetas de latón, seis flautas grandes de madera. Los secretos se accionan con alambres de cobre. No tiene pedales. 

Este lugar de la Valenciana, – pueblo, mina, templo -, logra su cometido y defiende la elegancia del siglo XVlll, su época. 

A 5 kilómetros de distancia de Guanajuato, junto a la boca de mina de los tiros: Tepeyac, San Antonio, San José, San Ramón, Guadalupe, Cristo de Burgos, podemos añorar la mañana del 26 de julio de l887 cuando sonó el órgano para el cantamisa de José Alvarez, los cambios de organista, sucedidos  un 24 de julio de 1890 y un 9 de agosto de 1899, consta en inscripciones hechas en la caja  junto a los registros.  

Organo de doble teclado, cuatro fuelles, cincuenta misturas, coro de Arco orquestado, bóveda de ángeles cantores, portadas barrocas. Es un templo mexicano, es La Valenciana.   

Guanajuato

   Llegar de pronto a Santa Fe de Guanajuato, Ciudad cañada,  que del Cantador sigue sin plan alguno, deslizándose entre callejones, Cantaritos, El Resbalón, otros barrios y rumbos, formando un verdadero laberinto, es un sueño. 

Mis primeros pasos por Guanajuato han sido sus orígenes, todos coinciden en esa gran leyenda, arrieros que tropezaron con oro, y que dieran vida a esta ciudad minera, crecida sobre dos pendientes, donde forman ángulo Tamazuca y La Quebradita, en la falda del cerro del Cuarto, Buqueros, Rosarito, Robles, Buena Vista. 

Me he topado con sorpresa con las fachadas barrocas y churriguerescas de los templos de Cata, San Diego y Valenciana, admirando con veneración la imagen de Nuestra Señora de Guanajuato, – regalo real – además de escuchar por las tardes, – jueves y domingos – la banda de música en el Jardín de la Unión,  y en la Plaza del Baratillo y San Fernando, ver pasar el tiempo y su gente. 

De Rayas, Mellado, Cata, Valenciana y Marfil, de 33 Cuarteles, brota Guanajuato. De entre Otomíes, Nahuas, Mexicanos y Tarascos, nace, por el rumbo del templo  de los Hospitales y es adoctrinado, este pueblo,  por Fray Pedro de Bustamante, Fray Ignacio Páez  y Fray José Rodríguez; Regida por primera vez por Perafán de Rivera y se extendía la población de Belén a San Diego, por aquellos días  en que Carlos ll la nombra Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato, un 5 de junio de 1682. 

Tierra de Marqueses y Condes, de Dieguinos, Betlemitas, Mercedarios y Jesuitas; De Barreteros y Artesanos de San Luisito; de Plazuelas del Ropero, del Callejón de Loreto y la calle de Matavacas. 

Guanajuato alborozada cuando su Virgen fue llevada por las calles de Pocitos, Cervera y Belén, hasta su templo, después de 139 años de no tenerlo, – templo con cañón de 79 varas, formación en cruz latina, altares de madera, pinturas de Vallejo, elegante y majestuoso; Cuando el 3 de julio de 1741 se comenzó la Presa de la Olla, cuando en la Plaza de Mejía de Mora en 1788, se inauguro el Coliseo de Comedias – palcos, lunetas, plazuela y patio -; Se alegrara con la llegada del ferrocarril en 1882, la luz pública y los tranvías en 1884. 

Guanajuato permanece, a pesar de los pesares y de las muchas agresiones que a través de 400 años ha sufrido y de la falta de cariño, por eso sus callejones y casas de barro, que se detienen de las faldas del cerro y  caen a la Cañada, donde están las Casas Reales y los templos de piedra. 

En el templo de San Cayetano esplendor de mestizaje, indios y españoles plasmaron sus imágenes en armonioso conjunto: Forma de cruz latina, cuatro bóvedas, arcos y molduras de cantera.  

El Baldaquino

 

El retablo central o del altar mayor, llena todo el muro del fondo del templo, en complicado y prodigioso derroche de formas y tallas.  

Aquí se dan las experiencias escultóricas y arquitectónicas ancestrales, llevadas a una rica expresión. Su origen, los tiempos del rey Salomón, los relicarios de los mártires de los primeros cristianos; El retablo, su etimología – atrás de la mesa,  - es una estructura de madera dorada, zócalo, donde nace el altar, banco y cuerpo donde arranca, columnas para el entablamiento y copete.  

El retablo es la escenografía, magnífica, es la más certera visión que pudieron dar los religiosos del reino de Dios. El que nos ocupa tiene un cuerpo inferior dividido en tres porciones.  En el medio un monumental baldaquino, flanqueado de pilastras,  encerrando nichos            El Baldaquino y el Sagrario   – laminado dentro y fuera, en  la `portada dibujada una hostia – forman la parte baja. Su conjunto es una filigrana dando la impresión de estar desprendida del cuerpo del retablo. Arriba de ellos, el nicho a quien esta dedicado el retablo: San Cayetano, – al igual que las otras esculturas de los nichos principales, de los retablos naturales, desafortunada y fuera de época -.  

Este retablo como los de época, son ya una mezcla de vanidad y soberbia en lo ornamental, que dejan lo teológico y se limitan a devociones tradicionales, en este caso a los patronos de las vetas y los mineros – barreteros -. 

En el cuerpo inferior, también son notables las dos puertas de los extremos, donde destacan los capelos y se desprenden las ménsulas de los nichos, donde aparecen San José y San Nicolás Tolentino – efecto agraciado -. Puertas mixtilíneas en sus superficies, balcón, medallones formando ramas de laurel a manera de corona en oro y azul.       

El dorado del retablo se asfixia disolviéndose en hojarasca: Pámpanos, olivos, acantos, zarcillos, helechos, laureles, y conchas o rocallas. Las grandes pilastras – nichos – complicadas en ornatos, le dan anchura, son cuatro en el cuerpo inferior y dos en el superior. Al final un arco de medio punto – es la altura de la bóveda -, en el centro un grupo escultórico que representa a la Virgen de la Luz, policromía total – estofada, túnica blanca, manto azul – San Rafael y San Gabriel  a uno y otro lado, en los extremos San Francisco de Asís y San Juan Nepomuceno, bien proporcionados y de gran calidad. 

El maestro escultor y ensamblador, pusieron además de su trabajo, su esmero, todo su arte, su leal saber y entender. Vienen a la memoria los participantes en esta obra, como fueron el teólogo, el escultor, el ensamblador, los  carpinteros, yeseros, doradores, pintores y oficiales – cantidad de hombres de mente y trabajo fino -. 

En este retablo está superado José Benito de Churriguera e imitado Jerónimo de Balbás, en las 62 cantatas angelicales y Felipe Ureña, introductor en el Bajío de las pilastras, de retablos estípites y Lorenzo Rodríguez. Estamos frente al declive del barroco, frente al canto del cisne. 

El tiempo ha dado nobleza a este retablo, a sus estofados y a su atrevido colorido en azul y oro. Baste contemplar los ángeles que se desprenden de la parte superior del baldaquino,  semejan sostener las columnas de los extremos. 

Como todo templo que se precie de grandeza, en su basamento tiene dos inscripciones en el tablero de caprichoso contorno, donde Pío Vl  concede indulgencia plenaria a quienes confesaren y comulgaren el día de San Cayetano en favor  de las almas del purgatorio. Altar privilegiado, por apostólico y perpetuo indulto. 

En 1756 dan inicio los trabajos para levantar el templo. El pueblo de Valenciana busca armonía con su prosperidad, corrieron 23 años hasta su terminación, un 7 de agosto de 1788, bajo el papado de Pío Vl. 

Las capillas de indios; a El Señor del Perdón y Jesús Nazareno, ya no están, los Padres Teatinos nunca llegaron al convento anexo, construido ex profeso para ellos, continuadores de la obra de San Cayetano patrono.  Altar del Magisterio       “Por  breve de 28 de noviembre de1778, concede Su Santidad, nuestro Santísimo Padre Sr. Pío Vl, que todas las personas de ambos sexos que rogando aquí por la exaltación de nuestra fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos y felicidad de la Iglesia, visitaren este templo, ganen las mismas indulgencias que ganarían visitando personalmente la iglesia de Roma, en todos los días que señala el misal romano”. Señala parte de la inscripción en el retablo izquierdo del templo, donde 47 querubines, conchas, uvas, granadas y vegetales – dorados -, dan marco a una enseñanza que escultor y artesanos quisieron dejar a la posteridad en este sitio.   

Cuatro grandes pilastras le sirven de entablamiento y llegan hasta la cornisa del edificio, dando límite al primer cuerpo. Dejan en la parte media del primer cuerpo – retablo de caoba con  blanco de España,  después el oro laminado -, continuando solamente dos en el segundo cuerpo, dejan en la parte media del nicho, adentro de este un San Antonio, desafortunado y fuera de época, el conjunto y la grandiosidad se señalan mejor que en los otros retablos que existen en el templo, por su gran sentido didáctico, al mostrar el magisterio de la Iglesia. 

Sobre el nicho, un Jesús niño, – doce años – predicando a los doctores, enseguida arriba una hornacina, en cuya repisa está una talla completa de San Pedro Papa, con ornamentos papales de época, cobijado por un precioso docelete, rematando en el claro de la ventana con un  Juan Bautista predicante. 

También en la parte baja, en los extremos, dos puertas de tracería y elevados copetes, que a mas altura se cambian por ménsulas, donde aparece San Agustín y San León, doctores, siguiendo hacia el segundo cuerpo, entre variados elementos decorativos, remata con otras dos tallas, las de San Jerónimo y San Gregorio, también doctores de la Iglesia, mientras que en las medianías de las dos columnas del segundo cuerpo y casi al final de las dos interiores del primero, cuatro medios cuerpos de sacerdotes predicadores –signos de vida, muerte y resurrección de Cristo o doctrineros, según se vea. 

Este retablo es el más integrado en cuanto a una idea común, es teológico, tiene también a los cuatro evangelistas –Juan, Lucas. Mateo y Marcos -, en las volutas medias de las cuatro columnas, en delicados medallones, cuatro ángeles dan la impresión de sostener el retablo desde su inicio. 

En las alturas, dos amplias enjutas en caprichoso cornisamento, siguiendo los contornos del cañón de la bóveda. Allí aparece entre nubes, en rica policromía el Padre Eterno, cruzado de estola, en apoyo a quienes trasmiten la Palabra, que lo son todas las figuras del retablo. 

Las esculturas, santos, ángeles, serafines, todas estofadas, exquisitas tallas, dan suntuosidad, manifiestan reposo, sus colores claros no rompen el armonioso conjunto. 

Abajo el altar con su sagrario laminado, en la portada el Cordero, arriba dos ventanales laterales que lo iluminan; A la entrada del crucero, hay un arco de medio punto, en cantera rosada, almohadillado y maravillosamente esculpido. 

Una puerta del  lado derecho, da acceso a la Capilla de la Purísima, todo da la oportunidad de recordar aquel 1550, cuando el jefe de arrieros Juan de Rayas se tropezara con la riqueza, con Mo otti, Quanaxhuata, donde Otomitl –hijo legendario del cielo y de la tierra – le diera asiento a los otomíes y un Rodrigo Vázquez a los españoles, para que mas tarde floreciera Valenciana, la productora de plata mas importante del mundo en su época, el siglo XVlll, de donde naciera el Altar Del Magisterio. 

Sigue diciendo la inscripción del retablo descrito: “ Conviene saber: en las cuatro doménicas de adviento, en los tres días miércoles,  viernes y sábado de las témporas de adviento, en la vigilia de la natividad del Señor, en las festividades de San Esteban pro mártir, San Juan Evangelista, Santos Inocentes, Circuncisión del Señor y festividades de los Santos Reyes, en las doménicas septuagésimas, sexagésimas y quincuagésimas, en todos los días de cuaresma desde el miércoles de ceniza hasta el sábado de gloria, en todos los días de la octava de resurrección, en su doménica hasta la doménica in albis, en la vigilia de la ascensión del Señor, en el día de la vigilia de Pentecostés, en todos los días de la pascua del Espíritu Santo hasta el sábado inclusive, en el día de San Marcos evangelista y en todos los días miércoles, viernes y sábados de las témporas de septiembre, cuya concepción es perpetua y se ganen teniendo la bula de la Santa Cruzada “. 

Antonio Obregón Alcocer, después de siete años de insistencia descubre la veta madre de Valenciana, es el año de 1760, de donde saldría la riqueza en oro y plata para levantar el templo de San Cayetano, digna obra de su tiempo y fiel testigo de la bonanza, del arte y del mestizaje. 

Este hombre llegó a ser por su riqueza, conde de Valenciana, alcalde mayor, teniente de capitán general y juez de minas y tandas.  

La Virgen de los niños.

 

El barroco,  - artificio, gongorismo plástico – que a todo lo que toca le infunde movimiento, tiene su representatividad en el retablo derecho de este templo. Viéndolo de arriba abajo, el cuerpo superior limita la bóveda con una sinuosa cornisa, donde entre querubines aparece una media talla de la virgen, con dos niños en los brazos, la hacen extrañamente felíz, junto a su policromía. 

Un poco mas abajo, en este mismo cuerpo se encuentran repisas sosteniendo a los siete príncipes de la corte celestial  - son los arcángeles bíblicos -, en medio frente a la ventana: San Miguel, gallardo, triunfante, iluminado con la luz del exterior y como todo el conjunto, en rica `policromía, paños bien pegados, simulando ricos brocados. Este retablo aunque aparenta no tener un orden teológico, busca la manera de ser mariano. 

Es  el ultrabarroco anástilo a la vista. El arte de ensamblar, el agotamiento de las formas es lo que se nos presenta. El primer cuerpo que llega hasta la altura de la ventana, señala un arco de medio punto llegando hasta el piso. En su parte baja un nicho con la escultura de San José, por cierto desafortunada y fuera de época, este arco engalanado y con rico copete, tiene repartidos en los extremos cuatro medallones con pinturas de las apariciones guadalupanas y en el medio superior una Virgen de Guadalupe, pinturas con arte de época y de relativo valor, el retablo esta lleno de grandes masas de encajería. 

A los lados del arco señalado y desde el inicio, nacen cuatro columnas estípites, en los dos interiores aparecen en la parte baja: San Ignacio de Loyola y San Ramón Nonato de uno y otro lado, enseguida arriba San Joaquín y Santa Ana. Las columnas del exterior están llenas de formas, dando la impresión al inicio de estar sostenidas por un ángel cada una y abajo las inscripciones. En su conjunto este retablo da vida a 34 querubines y es asfixiado por la hojarasca, zarcillos, laureles y rocallas. 

Este conjunto arquitectónico consagrado a la vez a la Guadalupana y a San José, tiene “su gracia “para los visitantes, cuando una de sus inscripciones dice: “Por Breve de 28 de noviembre de 1778, concede su Santidad Pío Vl, indulgencia plenaria a favor de todos los fieles de ambos sexos que confesaren y comulgaren en cada uno de los días diecinueve de cada mes en esta Santa Iglesia. 

La labor de los 250 operarios de la mina de Valenciana, hicieron posible la realización de este templo de San Cayetano, donde también se venera a los santos patronos de las vetas. El Conde de Valenciana no vio su obra terminada, murió en 1786, dos años después 7 de agosto de 1788, fue solemnemente inaugurado, teniendo licencia para capilla y estructura de basílica. 

Se dieron misas solemnes, se escucharon salvas, se oyó el órgano, tronaron los cohetes, se comió espléndidamente, el yodo se deleitó con el tintineo de campanas mezcladas de plata, una de ellas con más de 114 quintales, el júbilo duró los cien años de dichas y riquezas que tuvo esta mina durante los siglos XVlll y parte del XlX y que llegara a ganar hasta un millón  trescientos mil pesos oro en un año.  

Su exterior

  

La fachada principal mira al sur, cantera rosada, dos cuerpos y un copete ricamente ornamentado, todo él es un complicado entablamiento. “El primer cuerpo es más importante, lo inicia en lo alto hasta la repisa”. Cuatro columnas estípites, en los vanos nichos vacíos, la Trinidad herética corona la puerta del arco de medio punto. 

En el segundo cuerpo cuatro pequeñas columnas enmarcan la ventana, lo mismo que dos nichos vacíos, en el copete un nicho solitario rodeado de rica ornamentación y columnas, nos llevan a ver en lo alto a San Cayetano. Todo jambas y arquivoltas, follaje y medallones. Es la cantera vuelta arcilla, es la arcilla vuelta madera, es Churriguera vuelto fachada. 

Las torres con sus cubos robustos ligan en lo alto a la fachada y entre sí por un cornisamento, perforadas por ventanas y claraboyas que la enriquecen, un campanario de dos cuerpos, solo uno. 

“La cúpula aperaltada que encierra la techumbre en la parte que corresponde al crucero. La forman un tambor de planta octagonal y de gran altura cuyos paños están perforados, cada uno por una gran ventana, guarnecidas de pilastras adosadas que sostienen un cornisamento que enrasa dicho tambor y sobre este, a la vez descansan las ocho porciones de la bóveda, en forma de gajos que constituyen  la propia cúpula, la cual se encierra y termina en una linternilla rematada en cupulino. El tambor, decorado al exceso con molduras y formas homogéneas y de estilo, que contribuye muy notablemente al exterior del templo. 

La portada lateral mira al poniente y se halla empotrada en un nicho colosal dedicada a San José, el patrono de la Nueva España, dos pilastras que rematan en complicados cornisamentos que sustentan estípites. 

Se recuerda que el 20 de marzo de 1760, por cédula firmada en el pardo y refrendada por Don Antonio Ventura De Tarranco, le concediera el Rey de Castilla  el título, bajo la denominación de Vizconde y Conde de Valenciana al Señor  Antonio de Obregón y Alcocer. 

Las minas de Serena, Rayas, Mellado y Santa Ana, acompañan a la de Valenciana, donde desde la torre de San Cayetano se miran los cerros del Meco y San Miguel, mientras la ciudad levítica canta en el Oratorio de San Felipe Neri, Nuestra Señora de Bethlem, del Refugio y San José y la historia se pasea por los templos de la Compañía, San Pedro Alcántara, San Roque, San Juan, Los Hospitales, San Diego y  La Tercera Orden. 

“ Partió Nuño de Guzmán de Puruándiro, que es el postrero pueblo de la provincia de Michoacán, hacia los teúles chichimecas el diez del mes de febrero, año de quinientos treinta… y llegó al río de Nuestra Señora del Buen Paso… allí se detuvo tres días”. 

“La veta primera de Guanajuato fue descubierta en 1548 y 1550 las minas de Mellado y de Rayas, en cuyas excavaciones había de ser descubierta en 1558 la famosa veta madre, que unida al descubrimiento posterior de Valenciana, había de extender por todo el mundo el nombre de Guanajuato. 

Ya para 1555 existía el hospital de los Otomíes, en 1556 el de los Mexicas y en 1555 el de los Purépechas, todos ellos constructores de la riqueza guanajuatense, erigida en el cerro del Cuarto junto a Marfil, Tepetapa y Santa Ana                                                                                         José Félix Zavala  

Bibliografía

 

Valenciana y el Churrigueresco

 

Víctor Manuel Villegas

 1989—————————————— 

Valenciana

 Manuel Chowell Zepeda 1972——————————————- Valenciana Antonio Cortes 1933——————————————- Valenciana Varón de Humbold——————————————- La Valenciana Josè Fèlix Zavala 1990.

LA MISIÓN DE BUCARELI EN SIERRA GORDA

La misión de Bucareli 

Se encuentra a 195 km de la ciudad de Querétaro. Se llega a ella por la carretera federal 120 hacia Jalpan de Serra, internándose en la Sierra Gorda. En la localidad de Puerto del Tejamanil, municipio de Pinal de Amoles, se toma la desviación hacia el pueblo y la misión de Bucareli, en un recorrido de 35 km. Otra ruta es llegar a la comunidad de San Joaquín (en el municipio del mismo nombre) y de ahí tomar la brecha que lleva a la misión; la terracería es accidentada por lo que se recomienda viajar en vehículos que cumplan las condiciones para poder transitar por ese tipo de caminos. 

La misión fue fundada alrededor de 1797 por el fraile Juan Guadalupe Soriano –de la Orden de los Frailes Menores Descalzos de la Provincia de Alcalá de México–, con el propósito de evangelizar a los grupos de chichimecas-jonaces que aún habitaban esta región semidesértica y a algunos fugitivos de Vizarrón y Tolimán. 

La Misión de la Purísima Concepción de Bucarelí no se concluyó y en la actualidad sólo se pueden observar una parte del convento, las minas y la Iglesia. El 4 de febrero, los lugareños realizan actividades litúrgicas en honor de San Francisco de Asís, en una pequeña capilla que hay dentro de la misión. El exconvento carece de techo pero cuenta con dos patios adornados con arquería y fuente al centro, así co-mo con varias celdas, capilla y sacristía. Aquí se conservan algunos tratados de teología y escritos en latín, invaluables vestigios de la presencia franciscana en el lugar. Debido a los estragos causados por la Revolución en la zona, el convento fue abandonado alrededor de 1914 y su construcción se suspendió definitivamente en 1926.

La zona es ideal para el ciclismo de montaña, para acampar y para practicar actividades al aire libre. 

El Sur de La Sierra Gorda: Cronología Histórica

El Sur de la Sierra Gorda: Ranas y Toluquilla  Las investigaciones de los últimos años en los asentamientos prehispánicos de Ranas y Toluquilla, localizados al sur de la Sierra Gorda de Querétaro, han permitido precisar datos sobre la cronología y traza urbana de estos sitios, así como sobre la manera en que subsistieron sus habitantes.  

Las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla, situadas al norte del estado de Querétaro y al sur de la Sierra Gorda, se encuentran en un ambiente boscoso, en un nicho ecológico que va del noroeste al sureste de la sierra. Este nicho cuenta con grandes elevaciones de más de 3 000 msnm que sirven de barrera o parteaguas para los vientos que vienen del Golfo de México, lo cual hace que predomine la neblina y el desarrollo de bosques de coníferas y encinares.  

Este ambiente se encuentra rodeado al oriente, poniente y sur por lomas bajas que experimentan el efecto de sombra de lluvia, ya que el agua cae en las altas montañas, de forma que llueve poco y se genera un sistema de semidesierto, con vegetación de cactáceas y matorrales bajos espinosos. 

La mayor parte de la sierra está compuesta por rocas calizas con fallas geológicas que permiten la acumulación de minerales como mercurio, plomo, zinc, plata, oro y pequeñas cantidades de cobre y arsénico. En la época prehispánica se aprovecharon los óxidos de hierro, que se presentan como tierra roja, conocida como almagre, y el sulfuro rojo de mercurio, conocido localmente como granate o cinabrio. Estos productos, usados como pigmentos en la antigüedad, se localizaron en las minas de explotación subterránea y de cielo abierto. 

Historia 

 

 

La Sierra Gorda se localiza al norte del estado de Querétaro y forma parte de la cordillera de la Sierra Madre Oriental que corre paralela a todo el Golfo de México. Esta gran área abarca parte de los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro, y en este último, los municipios de Arroyo Seco, Pinal de Amoles, Jalpan de Serra, Landa de Matamoros, San Joaquín y Peñamiller.  

Estudios recientes indican una antigüedad de entre 6000 y 4000 años para las ocupaciones humanas más tempranas del sur de la zona. La Sierra Gorda fue una zona de intenso tráfico comercial y cultural hacia las costas del Golfo, la Huasteca y la mesa central de México principalmente, aunque se han encontrado vestigios que dan cuenta del intercambio comercial con las regiones de Río Verde (San Luis Potosí), Teotihuacan, Tula y el Occidente de México, la zona del Bajío, los valles de Querétaro y San Juan del Río. 

Mediante el análisis de los rasgos pictóricos encontrados en la zona, queda claro que grupos nómadas de cazadores-recolectores y grupos sedentarios que dependían total o parcialmente de la agricultura estuvieron en frecuente intercambio cultural. 

Los contactos entre la población serrana y las culturas vecinas fueron heterogéneos, al igual que los rasgos locales, la identidad política y el aprovechamiento de los recursos minerales. Para el periodo comprendido entre 200 y 1000 d.C., la Sierra Gorda se ha clasificado en tres subregiones: Río Verde, cultura serrana y Huasteca, en las que habitaban grupos con identidades culturales propias. 

La región de Río Verde se encuentra al noroeste del estado de Querétaro y sus asentamientos se establecen en la cota de los 1200 msnm. En la región de cultura serrana se localizan los asentamientos de Ranas y Toluquilla, los que, ubicados en las partes altas de las montañas, dominaban los pasos naturales y controlaban los recursos minerales y la circulación de bienes. La región Huasteca abarca la zona noreste del estado y entre sus asentamientos destacan Tancoyol, La Campana, Tancama y Tonatico, que controlaban las tierras fértiles en los fondos de los valles y las laderas medias. 

A la llegada de los españoles, las tierras serranas eran habitadas por grupos de jonaces, huastecos, ximpeces y pames. De éstos, los jonaces destacaban por su ferocidad y fueron quienes participaron en la polémica Guerra de la Media Luna, en 1749, que representa el fin de los intentos de pacificación de la zona chichimeca. Al parecer, esta famosa guerra se mitificó. Era de dominio común que en el cerro llamado La Media Luna, situado por la carretera a Jalpan, en la zona del semidesierto, hubo una “última batalla” entre los grupos chichimecas con los españoles y sus aliados nativos. Se decía que cuando vieron perdida la batalla, familias enteras de chichimecas se aventaban desde lo alto de las paredes de roca que sobresalen, en un intento de suicidio colectivo, destacando así su integridad cultural.  

Los pames (o xi’oi como se autodenominan) formaban el grupo más extendido y eran de carácter pacífico y afectos al trabajo y al comercio con los españoles. Fueron quienes se congregaron en mayor número en torno a las misiones y con ellos trabajaron los franciscanos durante más tiempo. En la actualidad se encuentran grupos pames en el municipio de Jalpan y en la delegación de Tancoyol, principalmente en la comunidad de Las Nuevas Flores.  

CRONOLOGÍA 

Época prehispánica

Primeros pobladores. En Cadereyta, al sur de la sierra, en el paraje Mesa de León, se han encontrado puntas de proyectil de los tipos Tilapa y Coxcatlán, que indican una presencia humana de entre 6000 y 4000 años de antigüedad.Clásico (200-900 d.C.). La zona es habitada por los “serranos”, que extraían cinabrio para comerciarlo con Teotihuacan. 

800 d.C. Hacia esta fecha arriban a la región los otomíes, los cuales conviven pacíficamente con los grupos que ya la habitaban.Posclásico (900-1521 d.C). La desecación progresiva de la zona impide el desarrollo de la agricultura. Ranas, Toluquilla, Quirambal y El Soyatal son abandonados.Época colonial 

1527. Nuño de Guzmán conquista el señorío de Oxitipa, al que pertenecían Jalpan, Xilitla, Tancoyol y Tilaco. 

1550. Comienza la actividad misionera en la Sierra Gorda con la fundación de una misión agustina en Xilitla, San Luis Potosí. 

1554. Comienza la guerra con los chichimecas, considerados un peligro para la libre circulación hacia los reales de minas, como el de Zacatecas. 

1676-1677. Los agustinos trabajan en las misiones de Jalpan, Concá y Barranca de acuerdo con los franciscanos. 

1682-1683. Desde la misión de Maconí, cabecera de la Sierra Gorda, el capitán Jerónimo de Labra avanza hacia el paraje de Las Ranas y funda las misiones de San Nicolás de Tolentino, Nuestra Señora de Guadalupe de Deconí, San Juan Tetla, San Francisco Tolimán, La Nopaleda, Santiago del Palmar y San José del Llano. Luego de la muerte de De Labra, las misiones quedan sin protección. 

1700. Hacia esta fecha, dominicos y agustinos abandonan las misiones y éstas quedan en manos de los franciscanos que años atrás predicaban en Tolimán, Cadereyta, Escanela y Maconí. 

1740. Los franciscanos fundan su primera misión en San José de Vizarrón. 

1744. El 20 de abril, fray Pedro Pérez de Mezquía funda la misión franciscana de Santiago de Jalpan.  

1750. Fray Junípero Serra llega a la misión de Jalpan. 

1751-1762. Se construyen las misiones de Santa María del Agua de Landa, San Miguel Concá, San Francisco del Valle de Tilaco y Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol. 

1784. Muere fray Junípero Serra, a los 70 años de edad, después de 34 años de labor misionera, 11 de los cuales los dedicó a la noble y formidable tarea de lograr, en compañía de fray Francisco Palou, la integración espiritual, cultural, social y productiva de los indígenas de la región. Hoy el municipio de Jalpan de Serra lleva este nombre en honor del misionero.Siglo XIX 

1810. El movimiento revolucionario influye fuertemente en la zona serrana y hay varios levantamientos armados. 

1819. La población de Jalpan queda en ruinas después de haber sido quemada y saqueada por el ejército realista. 

1857. Desde Jalpan, el general Tomás Mejía emprende continuas acciones militares contra el Partido Liberal, que gobernaba el estado de Querétaro y la República, hasta lograr la toma de la plaza de Querétaro.1880. La construcción de un camino de terracería que comunicaba con la capital del estado representa un fuerte impulso al desarrollo económico de la región. 

Siglo XX   1904. El gobernador del estado, Francisco González de Cosío, otorga a la Villa de Jalpan la categoría de ciudad, que ya contaba con servicio telefónico (de baterías), energía eléctrica a base de carburo, telégrafo, así como con molienda de caña de azúcar.  

1911. Se crea en Jalpan el Grupo Revolucionario Aquiles Serdán, al mando del señor Policarpo Olvera, que se pone a las órdenes de don Francisco I. Madero. 

1962-1970. Gracias a gestiones de Manuel González de Cosío, gobernador de Querétaro, se construye la carretera Querétaro-Jalpan. También se construyen caminos y puentes, y se introducen servicios de energía eléctrica y agua potable. 

2003. La unesco declara Patrimonio Cultural de la Humanidad a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro.  

La misión de San Francisco Tolimán fue fundada en 1683.  

 

 

La Presa Jalpan es de importancia mundial por ser hábitat de aves acuáticas.   

Bosque de coníferas, donde abundan los cipreses, ocotes, pinos y sabinas.   

Entre los numerosos ríos destacan los de Jalpan, Ayutla, Santa María y Extoraz. 

Turismo en La Sierra Gorda: Ranas y Toluquilla

 INFORMACIÓN PRÁCTICA  

Cómo llegar

 A la Sierra Gorda queretana se puede acceder por la autopista federal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla, la cual se toma, si viene por la autopista México-Querétaro, a la altura de San Juan del Río. 

Desde la ciudad de México, en la Terminal del Norte, salen tres corridas de autobuses hacia Xilitla, que pasan por las diversas poblaciones de la sierra. Asimismo, en la Terminal de Autobuses de Querétaro hay varias corridas a lo largo del día a varias localidades serranas y dos corridas en servicio de primera a Jalpan de Serra. 

Jalpan es conocida popularmente como el “corazón de la Sierra Gorda”, metáfora que tiene sus referentes reales; cuenta con todos los servicios de una pequeña ciudad mexicana: dos bancos, variedad de alojamiento, un museo y un centro histórico cuidado y arreglado, que hacen la estancia agradable y segura, además de que todos los fines de semana se realizan presentaciones artísticas en el kiosco del jardín principal. 

Del vecino estado de San Luis Potosí se llega por la carretera interestatal núm. 57, que une el municipio de Arroyo Seco con la población potosina de Río Verde, que cuenta con servicio de autobús a Jalpan en varios horarios. De la capital potosina hay dos corridas a Jalpan de Serra. 

RECORRIDO 

Ranas 

El sitio arqueológico de Ranas se localiza en el suroeste de la Sierra Gorda. Se llega al sitio por la carretera federal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla; pasando la población de Vizarrón, siete kilómetros adelante se encuentra San Joaquín y posteriormente la zona arqueológica. El sitio se encuentra 154 km al noroeste de la ciudad de Querétaro. 

Habitada entre los siglos VII y XI, Ranas fue una de las ciudades con mayor desarrollo cultural entre los pueblos de la región debido al intenso intercambio comercial que establecía tanto hacia la costa del Golfo de México como hacia el Altiplano. La explotación minera de cinabrio (pigmento de color rojizo de gran demanda entre los pueblos mesoamericanos) era una de las actividades económicas principales, junto con la agricultura de temporal. 

Las características de sus construcciones indican la existencia de una sociedad estratificada. Los habitantes usaban materiales de la región y mezclaban piedra laja y lodo; los pisos los hacían con tierra apisonada o revestimiento de estuco. El ordenamiento urbano refleja un importante aprovechamiento del irregular terreno de la sierra. Ranas fue invadida por los pueblos chichimecas del norte, principalmente jonaces, y cuando los españoles llegaron a la región estaba deshabitada. 

Toluquilla 

El sitio arqueológico se localiza 110 km al noroeste de San Juan del Río. Se llega por la carretera estatal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla, hasta llegar a Vizarrón; 7 km adelante se encuentra San Joaquín y a 27 km, rumbo a Maconí, se toma la desviación a la ranchería La Esperanza, hasta encontrar la brecha que conduce a la zona arqueológica. 

Toluquilla (“cerro del Jorobadillo”) se encuentra en la meseta del cerro del cual toma su nombre. Al llegar los españoles se encontraba deshabitada, al igual que su contemporánea Ranas. Toluquilla era menor que ésta y alcanzó su auge alrededor del siglo ix. Desde tiempo atrás, estableció importantes lazos comerciales con Teotihuacan, Tula y la Huasteca, y, junto con Ranas, controlaba el comercio de mercurio y cinabrio. 

Toluquilla comparte muchas características constructivas con otras ciudades de la Sierra Gorda, principalmente con Ranas. Era común el uso de piedra laja, arcilla y estuco, y había un aprovechamiento eficiente de los espacios mediante rellenos y ampliaciones que permitían nivelar el terreno adecuándolo a las necesidades de crecimiento. Con una organización social estratificada, la decadencia de Toluquilla tuvo lugar entre los siglos x y xi, como parte del fenómeno de desajustes sociales de toda la zona. Horario: lunes a domingo, 9:00 a 17:00 hr. Servicios: custodios.

ARQUEOLOGÍA RECIENTE EN lA SIERRA GORDA

INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS RECIENTES EN LA SIERRA GORDA DE QUERÉTARO.

 

La Sierra Gorda, que forma parte de la Sierra Madre Oriental y abarca los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro, posee un rico y variado patrimonio arqueológico y natural, el cual en 1977 fue declarado por decreto presidencial Reserva de la Biosfera, y en 2003 reconocido por la UNESCO al inscribir a las misiones franciscanas en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Con el fin de difundir esta riqueza entre los lectores de Arqueología mexicana, el número más reciente de la publicación está dedicado a La Sierra Gorda de Querétaro. 

El lector podrá encontrar en esta edición la historia y arqueología de la zona en el trabajo de Margarita Velasco titulado El mundo de la Sierra Gorda; texto que describe los imponentes paisajes de las montañas que la conforman, donde se encuentran ricos minerales, bosques húmedos de olorosa madera, y se desarrolla una vida dura debido al frío, la lluvia y sus cuestas empinadas.

Velasco explica que un acercamiento a la historia prehispánica de la zona debe incluir las características fisiográficas de la región, determinantes para entender el desarrollo cultural de los pueblos que la habitaron. 

“El poblamiento de la zona se produjo hacia finales del Preclásico por agricultores mesoamericanos procedentes de la Costa del Golfo y del Altiplano, aunque al parecer, la mayor parte provenía de las tierras bajas de la planicie costera, como resultado de una emigración hacia las laderas y montañas de la Sierra Madre Oriental.  

“Por ello, la arquitectura posee características distintivas que se pueden observar en los centros urbanos mayores, donde la disposición de los basamentos piramidales y las estructuras de juego de pelota marcaban la pauta de desarrollo constructivo y alrededor de las cuales se abrían las plazas y se disponían los edificios administrativos y habitacionales. 

Alberto Herrera y Elizabeth Mejía participan en esta edición con el artículo El sur de la Sierra Gorda: Ranas y Toluquilla, en el que abordan las investigaciones de los últimos años llevadas a cabo en ambos sitios prehispánicos.  

“Estas zonas fueron descubiertas en el siglo XIX, cuando la sierra fue visitada por ingenieros que buscando vetas dieron cuenta de la existencia de restos arqueológicos. En todas las menciones se describen estas zonas como fortalezas militares y se les compara con las de sociedades del periodo Clásico”. 

Herrera y Mejía concluyen en su estudio que la Sierra Gorda tuvo un desarrollo propio, lo cual se confirma por la presencia de cerámicas fabricadas con barro de la región durante toda la vida del área, con muy pocas variantes de estilo y tecnología.  

“Sin embargo –dice Herrera-, también encontramos materiales foráneos de la región de Río Verde, San Luis Potosí; de Tajín, Veracruz; y Tula, Hidalgo. Estas evidencias indican que existió una relación con el resto de Mesoamérica; asimismo, destacan las conchas y caracoles procedentes principalmente de las costas del Pacífico.  

“Al analizar objetos de obsidiana sobresalió que algunos proceden de yacimientos de Michoacán e Hidalgo. Al comparar el cinabrio localizado en las minas y los sitios con los de Teotihuacan se encontraron similitudes mineralógicas y químicas, lo que prueba la relación entre estas dos zonas”. 

La presencia de la cultura Huasteca en Querétaro es abordada por Jorge Quiroz y Sarai Romero. Ambos señalan que uno de los objetivos de su investigación, que abarca los municipios de Landa de Matamoros, Pinal de Amoles, Arroyo Seco y Jalpan de Serra, es conocer en qué medida este pueblo tuvo presencia en la región. 

Sus trabajos arqueológicos comenzaron en 1993 y hasta el momento han recorrido la mayor parte de la zona, donde han identificado sitios con vestigios y en algunos de ellos han realizado excavaciones, como Purísima de San Agustín, San Francisco Concá y Tancama, en los que se encontraron características que los relacionan con los grupos de la Huasteca. 

Las misiones de Fray Junípero en la Sierra Gorda queretana, escrito por Diego Prieto, es una investigación realizada en las cinco misiones franciscanas de la región: Jalpan, Tancoyol, Concá, Landa y Tilazo, joyas del barroco novohispano del siglo XVIII, en las que se combinaron el talento y la creatividad de los pueblos indígenas de la región con el empuje y la fuerza espiritual de los misioneros españoles. 

Adolphus Langenscheidt presenta La minería en la Sierra Gorda, texto en el que resalta que toda riqueza mineral suele desarrollar esta vocación, en especial entre miembros de sociedades rudimentarias. Asimismo, algunos minerales y metales pueden ser señuelos poderosos para ser explotados y comercializados. En la época prehispánica destacó la explotación de cinabrio y azogue, con lo cual esta labor pasó a formar parte de la cultura y la historia de la región. 

El tema central de este número se complementa con la sección La guía de viajeros; en el se encuentra la cronología de las Misiones franciscanas, información de cómo llegar y las características más atractivas para los visitantes, tanto de las Misiones como de los sitios arqueológicos de Ranas y Toluquilla. La información se complementa con un mapa de la ruta de las Misiones. 

Dentro de otras secciones, Guadalupe Espinosa presenta en Arqueología, el texto Investigaciones recientes en Chapultepec; Documento está dedicada al Códice Borgia, ampliamente explicado por Xavier Noguez; en Lenguas Patrick Johansson escribe sobre las Ciuateteuh, mujeres nahuas muertas en primer parto; y Eduardo Matos sobre la Arquitectura funeraria en Mesoamérica. Además el lector encontrará cartas, noticias y reseñas de publicaciones especializadas.  

Reserva de la biósfera en La Sierra Gorda

RESERVA DE LA BIOSFERA DE LA SIERRA GORDA 

Por su importancia, el 19 de mayo de 1997 el área fue decretada como Reserva de la Biosfera de la Sierra Gorda para proteger su excepcional riqueza de especies y ecosistemas. Desde entonces se encuentra bajo el manejo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de la Semarnat.  

Su principal característica biológica es la ecodiversidad, es decir, que en una superficie relativamente pequeña se localiza un gran número de ecosistemas distintos con una alta diversidad de formas de vida. Por esta característica se trata sin duda del sector más rico y diverso del estado de Querétaro.  En 2001 ingresó a la Red Internacional de Reservas de la Biosfera del Programa El Hombre y la Biosfera (MAB por sus siglas en inglés) de la UNESCO; aunque es la decimotercer reserva mexicana en ser admitida, ocupa el primer lugar en cuanto a ecodiversidad.  Esta biodiversidad se debe a su gran complejidad fisiográfica, con una variedad de alturas que van desde los 300 msnm en el Cañón del Río Santa María, municipio de Jalpan de Serra, hasta los 3 100 msnm que alcanza el Cerro de la Pingüica, en el municipio de Pinal de Amoles. Esto, aunado a una heterogénea precipitación pluvial que varía de los 350 mm hasta los 2 000 mm, favorece la presencia de una notable diversidad de tipos de vegetación, asociados a algunas poblaciones frágiles de vida silvestre.  

En un pueblecito perdido en las montañas había un hombre muy viejo, de esos que siempre andan en busca de algún despistado para pescarlo y hacerlo que escuche sus historias, esas que relatan tiempos mejores, de cuando eran jóvenes. Pues bien, aquel hombre me pescó y me contó una historia, la misma que quiero compartir con ustedes. 

Mis tierras se llaman Sierra Gorda, y en ellas existían unos quinientos pueblos, cada uno de diferente tamaño; los había muy grandes, muy pocas verdaderas ciudades y muchos pueblecitos de apenas tres o cuatro casas.  

En ese lugar disponemos de una gran cantidad de recursos, en las partes altas de las montañas, que pasan buena parte del año coronadas por las nubes que vienen del norte y que se detienen a visitarnos con mucha frecuencia; el clima es templado con fuertes heladas, tan fuertes como nevadas, mientras que al norte de la sierra se encuentran valles cálidos, que al estar rodeados de montañas hacen que las nubes no bajen y hacen invernaderos cálidos donde hoy los españoles han sembrado muchas plantas, ya que se dan muy bien. 

Pero cuando todavía los blancos no habían llegado las cosas eran diferentes. Donde hoy se asientan las casas de los curas, que llaman misiones, antes hubo pueblos, unos, los que salen a Río Verde, donde se encuentra la hacienda de Concá, estaban gobernados por una gran ciudad, que hoy llaman San Rafael. Ahí los pueblos vivían abajo, en los valles, cerca de los ríos. 

De donde estamos hoy, llamado Jalpan, y hasta la salida a Xilitla, no hubo grandes ciudades, más bien pueblos medianos de gente huasteca, que fueron famosas por sus cultivos de algodón, que vivieron alrededor de grandes señoríos. Nosotros rendíamos tributo a los señores mexicas a través de uno de esos señoríos. Vivían en las laderas, ahí donde puedes bajar fácilmente, rodeados por sus cultivos, pero también emprender camino a las montañas. 

Es de esas montañas de donde yo vengo, donde yo nací; pero antes de contarte de mi pueblo, déjame decirte, todos los pueblos que hoy ves se fundaron con los que quedamos, los que no pudimos irnos, y a los que no nos quedó más remedio que quedarnos, o sí lo eligieron, ya que la mayoría de los que vivían aquí los mataron cuando no permitieron que los dominaran.  

Se llamaban jonaces. Eran grupos de personas que vivían organizados en bandas, muy diestros en el manejo del arco y la flecha; andaban desnudos, a veces vivían en cuevas porque no tenían pueblos fijos, ya que vagaban por toda la sierra, principalmente cerca del cerro de la Media Luna –donde, por cierto, los mataron a todos–, en Xichu y hasta en Zimapán y Cadereyta; a ellos todos les teníamos miedo, ya que les gustaba asaltar a los que tenían pueblos fijos. 

Pero no todos eran guerreros, también hubo grupos de gente pacífica, como los huastecos, de quienes ya te hablé, y los pames, todos gente que vivía de sus cultivos y que fueron controlados por los misioneros, primero por los agustinos, después por los dominicos, y finalmente por los franciscanos, que construyeron las misiones más grandes y más bonitas. 

Pero déjame contarte del pueblo de mis abuelos, allá al sur de la sierra, arriba, en las montañas. Ese lugar estaba gobernado por dos ciudades al mismo tiempo, esas que los españoles llamaron Ranas y Toluquilla, y de las que no se guardó en la memoria el nombre original, ya que se encontraban abandonadas cuando llegaron los primeros conquistadores. 

Toluquilla era el pueblo de mis abuelos, se trata de un cerro alargado donde hubo habitantes desde hace mucho tiempo, pero que tomó fuerza y lustre después del año 500 de la cuenta española. Para hacer crecer el pueblo primero se niveló el terreno haciendo muros de contención con piedras del mismo lugar. Ya nivelado, construyeron los edificios principales, esto es, cuatro canchas de juego de pelota, y altos templos rematados por cuartos con altares, que estaban dedicados a nuestros dioses, pero que también sirvieron para depositar a nuestros muertos, o a los que tenían enfermedades graves, y para dejar a los sacrificados, a los muertos dedicados a los dioses.  

Todos eran rodeados por ofrendas, esto es, obsidiana, conchas en su ajuar de collares, cuentas, pendientes y orejeras, instrumentos de piedra y pectorales hechos con huesos de animales, vasijas que contenían cinabrio y el alimento necesario para llegar al otro mundo. 

Y hacia el fondo del cerro, ahí donde la ciudad es más cálida, se hicieron nivelaciones para pequeñas milpas y para las habitaciones de gente importante, los gobernantes y los sacerdotes.  

En total, cuando la ciudad se terminó, completaron hasta 120 construcciones para el año de 900 en la cuenta de los españoles. Si tú vas a visitarla, verás cómo el tiempo no la ha derrumbado totalmente y aún se puede observar la avenida principal que pasaba por el centro, con su calle mayor que cruzaba pequeños patios y algunos de los callejones que servían para pasar a las construcciones de los lados, y las dos avenidas laterales, las que van por cada lado. Siempre fue un lugar reservado, no se construyeron grandes plazas para reunir grupos numerosos de personas. Ahí se necesitaba invitación, pues en ese lugar se reunían para hacer ceremonias, ya que era un santuario donde se celebraba el juego de pelota. 

El juego que ahí se practicaba era uno de los conocidos entre el 900 y años posteriores; tenía marcas en el piso que dejaban ver cuál era la cancha, y no contaba con marcadores en los muros de los paramentos, como en otros lugares. 

La otra ciudad, la que llamaron Ranas, es la más grande, con unas 150 construcciones. Ocupaba dos cerros completos y tenía tres secciones, una como en Toluquilla, que además era reservada, donde se construyeron tres canchas de juego de pelota; la otra tenía los edificios que reunían y organizaban la producción de alimentos y de cinabrio, uno de los productos que mi gente sacaba de la tierra, que fue de gran valor en nuestra época y que logró que nuestro pueblo conociera tierras lejanas y por el cual se pagaban grandes riquezas. Además, ahí vivían los encargados, los gobernantes. 

En ese lugar se construyeron plazas donde se reunían todas las personas que vivían cerca, que además eran muchas; por ejemplo, ahí donde hoy es San Joaquín hubo un gran pueblo de productores de alimentos, cerca de las tierras de cultivo y de los manantiales. 

Las dos ciudades fueron muy antiguas, tuvieron su primer esplendor en tiempos teotihuacanos, justo cuando se inició la habilitación de las minas, entre los años 100 y 200 después de nuestra era, es decir cuando surgió el comercio con Teotihuacan.  

Al parecer su relación con ese gran centro era sólo de intercambio, de forma que nunca hubo población teotihuacana en la Sierra Gorda y por ello los objetos que los teotihuacanos enviaron fueron como pago, que al paso del tiempo acabaron en basureros.  

En todo ese tiempo el comercio del cinabrio hizo que estas ciudades también se relacionaran con otros lugares, como la costa del golfo y la zona de San Rafael, todos huastecos, y cuya influencia se nota en la fabricación de vasijas negras pero con barro local. Otra de las grandes ciudades con las que la sierra tenía contacto era Tula, que tomó fuerte impulso en los años 600, y posteriormente fue la época en que Toluquilla vivió un gran crecimiento, alrededor del año 900.  

Entre los dos pueblos, Ranas y Toluquilla, controlaron toda la región sur de la sierra y con ello una de las zonas más ricas de mineralización de mercurio y cinabrio, lo que les permitió comerciar por un lapso muy prolongado, y en ese periodo nunca perdieron su identidad, hasta que alrededor del año 1400 la ciudad de Toluquilla inició su abandono gradual, hasta quedar totalmente desierta; mientras que Ranas fue invadida por grupos de nómadas que reocuparon las zonas habitacionales.  Pero ello no significó que la región quedara desierta, ya que algunos poblados siguieron funcionando, como el pueblo donde se encuentra San Joaquín, que incluso conocieron a los españoles. 

Al llegar a este punto de la plática, el hombre se tomó un respiro para seguir recordando, y aprovechando la pausa le hice varias preguntas al mismo tiempo: ¿qué tipo de riquezas se obtenían del cinabrio?, ¿para qué se usaba el cinabrio?, ¿cómo era ese juego de pelota?, ¿era realmente un juego? Me miró, yo creo que pensando que de plano era yo o muy joven o muy ignorante, así que sólo suspiró y me dijo: 

El cinabrio o granate es un polvo rojo que se encuentra entre las rocas como venas, el cual, usado como pintura, sirvió para que nuestro pueblo lograra comunicarse, pero también para comerciarlo desde la época de los teotihuacanos; de esta manera, se enviaba este pigmento y a cambio se recibían conchas, obsidiana y varios otros que en nuestras tierras no se obtenían. 

Ah, y ¿qué otra cosa querías saber?, ¿lo del juego, verdad? Bueno, el juego de pelota es un ritual tan viejo como nuestro pueblo, ya que se pierde en la memoria de quienes lo inventaron, pero con los años ha tenido cambios; primero fue un ritual sagrado, ya que nuestro pueblo cree que el mundo tiene varios planos: arriba moran en varios niveles los dioses, en medio estamos nosotros y por debajo, en el inframundo, se encuentran las semillas esperando a ser germinadas, las aguas subterráneas, los muertos, los animales que viven de noche y otros dioses. A este mundo se llega a través de las cuevas, que son las entradas a la madre Tierra. Pero, a veces, el mundo sufre de desajustes, y para lograr el equilibrio es necesario que aquí en la Tierra se hagan ritos para reordenarlo. Uno de los ritos que tienen la finalidad de volver a equilibrar el mundo es el juego de pelota. 

Los jugadores eran entrenados con mucho cuidado, se vestían como dioses, se preparaban con ayunos y con baños rituales; al final del juego se ofrecían sacrificios para que nuestros dioses estuvieran otra vez en paz. A los sacrificados se les sacaba el corazón o se les decapitaba.  

Pero al paso de los años, y cuando se vieron las glorias del mundo mexica, el juego de pelota se transformó en un deporte, e incluso se hacían apuestas. El juego lo realizaban dos equipos; los jugadores se protegían con prendas especiales, ya que la pelota era golpeada con caderas y muslos para hacerla pasar por un aro y así lograr una anotación.  

A veces eran los prisioneros los que jugaban, y toda ciudad que fuera importante tenía por lo menos una cancha y templos para exhibir las cabezas de los decapitados, el tzompantli.  

Cuando el hombre me decía esto, vinieron a buscarme, por lo que, con mucha pena, me despedí de él, no sin antes comprometerme a regresar y seguir escuchando más de las historias de estas tierras. 

Fuente: Pasajes de la Historia No. 9 Los guerreros de las llanuras norteñas / febrero 2003

Las cinco grandes fundaciones femeninas en Querétaro

               Las cinco grandes fundaciones

                   femeninas en Querétaro                                            Tres monasterios

Dos beaterios

Tres fundaciones de extracción franciscana

Dos fundaciones de  carmelitas reformadas

Tres claustros conservados  maravillosamente

Dos oratorios conservados, con sus retablos  barrocos, en todo su esplendor

Un oratorio, “Teresitas”, como ejemplo del neoclasicismo, con Tolsá y Tresguerras

Doscientos sesenta años de esplendor, durante los siglos XVll, XVlll, XlX  Entre 1607 y 1803 se fundaron en la ciudad de Querétaro cinco grandes conventos, tres de ellos monasterios, fueron: Santa Clara, Capuchinas y Teresitas, con monjas provenientes de conventos muy prestigiados de la ciudad de México, dos beaterios, con  origen humilde y local, fueron: Santa Rosa de Viterbo y Carmelitas. 

Estas fundaciones femeninas dieron a Querétaro, gran parte de su identidad actual, en dos de ellos, Santa Clara y Carmelitas  sobresalieron  indias otomíes,  en otro, el de Capuchinas se motivó  la  construcción del acueducto, por falta de agua limpia en la ciudad, y en la última fundación monástica de esta época,  el convento conocido como Teresitas, sobresalió por su arquitectura, donde el neoclasicismo obtuvo su gran esplendor. 

El más importante de ellos, Santa Clara, fue patrocinado por la familia fundadora de la ciudad, Los Tapia, para la india María Luisa y el último por la Marquesa de Selvanevada, 

En estas importantes fundaciones femeninas, se manifestó siempre el gran aporte de la mujer local, al desarrollo social, económico, político y cultural de su tiempo y algunos de esos  impresionantes edificios, sirvieron como prisiones, en forma coincidente,  a personajes ilustres de la historia de México. 

” Prácticamente no había hacienda queretana que no contara con fundaciones piadosas. La mayoría de ellas, fueron realizadas durante los siglos XVll y XVlll, aunque existían las fundadas en el siglo XVl”  

La aportación de la mujer en Querétaro, dentro de estos claustros, fue importante, para la educación de las niñas y jóvenes de la época, lo mismo su participación en la alta costura religiosa y civil, en la elaboración y creación de alimentos, en la relación de familia, dentro de la sociedad local, entre otros aportes más. 

Los claustros de Santa Rosa de Viterbo, Capuchinas y Teresitas, mantienen hasta la fecha, el esplendor de su época y se conservan en magnífico estado. 

Los Oratorios de Santa Clara y Santa Rosa, conservan una gran parte de sus retablos dorados, ultrabarrocos y churriguerescos, pinturas, esculturas y decorados, siendo un orgullo local, hasta nuestros días. 

El templo deTeresitas, diferente en su planteamiento arquitectónico, a los otros conventos, ofrece un recinto muy agradable y hermoso a la vista, con su portada consistente, en un frontispicio sostenido por seis columnas monumentales, mientras el templo de Carmelitas, mantiene su sencillez, dando refinada elegancia al centro de la ciudad. 

El rescate y restauración del claustro de  Capuchinas, está dando la oportunidad, junto con la rehabilitación del Beaterio de Carmelitas, el poder disfrutar y reconocer la contribución de la mujer en  Querétaro, durante doscientos sesenta años, en estas cinco fundaciones. 

La reforma juarista de 1857, se hizo realidad en 1863 en Querétaro, con la exclaustración de las religiosas de estas cinco  fundaciones femeninas queretanas. 

Estas  fueron: 

Real Convento de Santa Clara de Jesús1607-1863 

Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo1697-1863 

Convento de San José de Gracia para Monjas Capuchinas Pobres1721-1863 

Real Colegio del Señor San José de Hermanas Terceras Carmelitas Descalzas1750-1863 

Convento del Dulce Nombre de Jesús para Carmelitas Descalzas Reformadas de Santa Teresa de Jesús1803-1863 

Santa Clara 

A partir de la muerte del indio cacique Diego de Tapia, ningún otro indio volvió a contar con el reconocimiento real de la magnitud del gozado por la familia Tapia, patronos del primer y más grande monasterio femenino en Querétaro. 

” En 1850, como fecha aproximada, los caciques indígenas perdieron la fuerza y la presencia que habían tenido sus antecesores, tanto por el aumento del mestizaje,  y de la población española como porque al restablecerse la paz después de la guerra chichimeca, las autoridades virreinales ya no necesitaban sus servicios militares” 

La india cacique María Luisa y su dote, hija de Diego de Tapia, fue el motivo para levantar tan suntuoso monasterio en 1607, con monjas traídas del convento de Santa Clara y San Juan de la Penitencia de México, encabezadas por Sor Elvira Sánchez Figueroa, en un principio establecidas frente a la huerta del Convento Grande de San Francisco, el tramo actual de la calle Juárez, entre Madero y Pino Suárez, en otro tiempo  calle de Las Rejas. 

Para el 23 de junio de 1633, en solemne procesión, fueron trasladadas las monjas de este monasterio, a su convento definitivo, ubicado en cuatro manzanas,  comprendían las actuales calles de Madero, Hidalgo, Allende y Guerrero o las antiguas calles de Santa Clara, del Marqués, Locutorios y Capuchinas. 

Fue este convento, un verdadero pueblo cerrado, majestuoso e imponente, comenzando por sus 120 viviendas, para ciento veinte monjas de coro, y más de 500 mujeres, entre servidumbre y niñas españolas iniciadas, sus diez capillas interiores, más su impresionante oratorio o templo de Santa Clara.    Las capillas eran: 

La Virgen del Rosario

La Degolladita

De La espada

De San Antonio

De Los desterrados

Del Santo Entierro

De Jesús Nazareno

De Señor San José 

Este monumental convento, fue destruido por etapas, quedando solo en pie el oratorio o templo de Santa Clara, una capilla, una parte pequeña y menor del claustro y está ocupado su lugar por el jardín Guerrero, el Jardín de Santa Clara, con su maravillosa fuente de Neptuno, creación de Tresguerras y el teatro de la Ciudad. 

Santa Clara, fue uno de los conventos femeninos más ricos de La Nueva España, contaba en un principio con seis fincas de trigo, seis de maíz y estancias de ganado mayor, donadas por el cacique Diego de Tapia, más  las regalías de las capellanías otorgadas para su beneficio por el rey de España. 

Tanta riqueza, más la acumulada a travez del siglo XVlll, influyeron en la vida de las monjas, creando en ellas costumbres contrarias a la regla de San Francisco, como la ocupación de servidumbre para realizar las labores propias de las monjas. 

El templo u oratorio de Santa Clara, tiene en el exterior, dos portadas gemelas, una torre de tres cuerpos, cúpula esbelta, adornada con azulejos de Talavera, el escudo de armas de Los Tapia, el escudo de armas de la ciudad, las  esculturas en cantera de Santa Clara y San Francisco, los santos patronos. 

En el interior del oratorio se da un juego de pilastras, capiteles, medallones, repisas, nichos, hojarascas, formando retablos sobredorados de una gran belleza, resaltando el retablo gudalupano y el abacial. 

Se destaca la extraordinaria escultura de Manuel Tolsá, llamada “La Inmaculada”, un púlpito en filigrana, un enrejado del coro bajo y alto donde se forma un abanico con lienzos, impresionantes.     Santa Rosa 

En 1697 las hermanas Alonso, Francisca de los Angeles, Gertrudis de Jesús María y Clara de la Asunción, en un solar donado por su padre, iniciaron vida de clausura, apegándose a la regla de la Tercera Orden Franciscana. 

Tuvieron una gran intervención en el desarrollo y en el gran esplendor a donde llegaría este beaterio, los ilustres frailes Franciscanos, Margil de Jesús y Francisco Frutos, los padres de las beatas iniciales Juan Alonso y Antonia Herrera, además de Juan Caballero y Osio. 

La fundación fue aprobada por el rey de España, por Cédula Real del 28 de julio de 1728 y por el Papa Clemente Xlll, por Breve del 21 de octubre de 1727 y su regla en 1745. 

Con las autorizaciones correspondientes, 56 beatas, bajo la rectoría de Sor Francisca de los Angeles Alonso, se construyó el actual oratorio y claustro, dedicándose el templo, un 22 de enero de 1752 

El claustro de este Real Colegio es de un valor arquitectónico singular, comenzando en el patio principal, con la fuente de tres niveles comunicados entre sí, en la parte alta de este patio, existen unas arcadas con lóbulos, circundando cuatro galerías, los corredores se dividen por arcos dando entrada a las amplias estancias y se llega a la planta alta por una escalera que arranca con un par de columnas majestuosas, apreciándose su decoración inicial  de grecas y flores, en la azotea existe un reloj de sol. 

La grandiosidad de este claustro y oratorio se debe al patrocinio del Capitán José Velázquez de Lorea y a la obra genial del arquitecto Ignacio Mariano de las Casas. 

En el oratorio o templo de Santa Rosa de Viterbo, se encuentran cuatro retablos sobredorados, El llamado Altar del Perdón, el de San Francisco de Paula o Abacial, el Guadalupano y el del Señor San José, obra de Francisco de Rojas. 

Proliferan relicarios, pinturas, esculturas, un enrejado de los coros alto y bajo, un púlpito de ricas incrustaciones de marfil, carey, ébano y plata 

Pinturas de Miguel Cabrera, Tomás Noriega, Javier Peralta, Diego Sanabria y José Páes, entre otros. Resaltan los retratos de la Monja, Sor Ana, el del benefactor Velázquez de Lorea, el “Hortus Conclusus” y los catorce óleos llamados “Fundamentum Apostolorum”. 

Un reloj de repetición, realizado en América, funcionando  e instalado en la torre, un órgano tubular singularísimo, las dos obras de Ignacio Mariano de las Casas. 

“Sus dos portadas consisten en arcos clasicistas, en cuyas claves se localizan unas conchas y sobre estas, los monogramas de Jesucristo y de la Virgen María, en el segundo cuerpo se encuentran unos nichos conchiformes, flanqueados por pilastras y columnillas, en el nicho de la izquierda San Francisco y en el de la derecha Santa Rosa de Viterbo. Los botareles, que más bien parecen gigantes rocallas, presentan incrustados mascarones enigmáticos” 

La torre mudéjar y la cúpula con tambor octagonal, son a la vista un deleite y se dejan ver por toda la ciudad.  

Capuchinas 

En compañía del Virrey, Marqués de Valero, Baltazar de Zúñiga y del Arzobispo de México, Fray José de Lanciego y Eguilaz, con el patronato del Marqués Antonio de Urrutia y Arana, llegaron del convento de San Felipe de Jesús, en la ciudad de México, seis monjas de coro y una lega, a fundar un monasterio en esta ciudad, el 31 de julio de 1721. 

El caballero de la orden de Alcántara, Marqués de la Villa del Villar del Aguila, benefactor y protector de esta nueva fundación monástica, mantiene  la gran leyenda, consistente en su amor por una de las religiosas de ese convento y señalando la motivación que tiene este ilustre varón, para construir el acueducto queretano y llenando de alegría a toda la ciudad.  

Se funda gracias al Doctor José Torres y Vergara, albacea de Juan Caballero y Osio, por Cédula real de Felipe V, del 8 de septiembre de 1718 y Bula papal de Clemente Xl, del 10 de marzo de 1718.   

Las monjas fundadoras son: 

Sor Marcela de Estrada

Sor Catalina

Sor Nicolasa Gertrudis

Sor Jacinta María

Sor Olivia Cayetana

Sor Josefa María

Lega Petra Francisca 

Su hermoso Claustro es pequeño y circundado por arcos de medio punto, con columnas cuadrangulares y capiteles, tiene un segundo patio y el corredor conducía a la huerta. 

“La fábrica del convento es muy buena y cómoda para la habitación de las religiosas. La iglesia aunque es de un regular tamaño estaba decentemente adornada. En el coro bajo se veneraban dos imágenes de Jesucristo muy particulares” 

“De este convento salieron el 11 de julio de 1798 un grupo de religiosas para fundar el de la Purísima Concepción y San Francisco de Asís en Salvatierra” 

La gran leyenda de la construcción del acueducto por Urrutia y Arana, parte del apadrinamiento del Marqués, a  las primeras novicias, Sor María Josefa y Sor María Micaela 

Las monjas de este convento, al igual que los otros conventos, fueron exclaustradas, en 1866, siendo la última abadesa Sor Bernarda Francisca, en ese entonces ya habían profesado 133 monjas de coro, en un período de vida monástica, de 242 años.    

Carmelitas 

Al igual que el beaterio de las madres Rosas, la hermana María Magdalena del Espíritu Santo, alentada por el carmelita fray Simón de la Expectación, reunió a seis mujeres más, para proponerles la fundación de lo que sería “El Real Colegio del Señor San José”.  

Con donación de una casa en el lugar donde ahora se levanta el templo y el convento, por el bachiller Diego Corchado, se celebró la erección de aquel pequeño beaterio un 19 de marzo de 1750. 

Su primer bienhechor fue el Arzobispo de México y Virrey de La Nueva España, Juan Antonio de Vizarrón, se erigió en Colegio Real, para la enseñanza de niñas, por cédula del 7 de junio de 1791 y para el 17 de febrero de 1800, se otorga el permiso para construir templo y convento, estrenados el 20 de julio de 1802. 

“La torre resulta pequeña por ser baja, de muros anchos y gruesos, pero el remate es original y gracioso. El interior es muy florido, en la bóveda de nervadura, así como en los laterales de la nave, en donde ocho grandes ventanales permiten una gran luminosidad para apreciar los seis nichos. La bóveda tiene solo dos ventanas elípticas” 

El altar de estilo neoclásico con cuatro columnas estriadas, basamento alto y capiteles jónicos, coronado por un frontispicio en arco. Hay un conjunto escultórico representando los esponsales de San José y La Virgen, ante un sacerdote levita, en este altar mayor 

Floreció en este convento una india otomí, Sor Salvadora de los Santos, cuya biografía escribiera el Padre Antonio Paredes por 1762, según Manuel Septién. 

Teresitas 

El monumental convento y templo de monjas carmelitas reformadas, fundado en la ciudad, a principios del siglo XlX, con la mano magistral de Eduardo Tresguerras y Manuel Tolsá, tiene un origen aristocrático y de leyenda real. 

Se otorgó el premiso para la fundación por cédula real de 25 de junio de 1802, sus fundadoras vinieron del convento Regina Coelli de la ciudad de México. 

Sor María Josefa de Santa Teresa, primero criada del convento de San Jerónimo, en la ciudad de México y después monja de coro del convento Regina Coelli, antigua Marquesa de Selvanevada, con nombre en el siglo, de  Antonia Rodríguez de Pedroso, donó su mayorazgo y marquesado a su hija mayor y 105 mil pesos para la fundación del Convento del “Dulce Nombre de Jesús”, “Teresitas”, en Querétaro. 

Fueron También benefactores, el coronel Juan Antonio del Castillo y Llata, el capitán José de Escandón, conde de Sierra Gorda, y Loreto María Canal de Samaniego. 

La grandiosa obra quedó terminada el 25 de julio de 1805, siendo su primera prelada, Sor María Bárbara de la Concepción y monjas de coro, Sor María Ignacia de San Elías, Sor  María Eufrosina de San Juan Bautista, Sor María Clara de San Eliseo y Sor María Josefa de Santa Teresa, antigua Marquesa de Selvanevada. 

Un 22 de abril de 1803 llegaron las monjas fundadoras y la antigua Marquesa, acompañadas del Arzobispo de México, Francisco Javier de Lizana y Beaumont, procedentes de la ciudad de México, siendo hospedadas en el convento de Santa Clara, trasladándose posteriormente, en forma temporal,  a una casa,  junto al mesón de San Antonio y posteriormente a su magnífico convento, en julio de 1805. 

“El hermosísimo templo es una de las joyas arquitectónicas del neo clásico. Su majestuoso pórtico clásico está formado por seis columnas estriadas de tipo jónico de esquina, de grandes dimensiones, admirablemente labradas en tersa cantera y con correctos capiteles que sostienen el arquitrabe, friso, cornisa y un bien proporcionado frontón, bien moldurado, estilo jónico”. 

“El templo de no muy amplias dimensiones, pero de hermosas proporciones, con su precioso ábside en el presbiterio y en el altar mayor un hermoso ciprés” 

La nave del oratorio alberga vistosos altares laterales, de cantera  labrada y que se corresponden simétricamente. Existen notables esculturas de Santa Teresa de Jesús, el Cristo de Santa Teresa, obras de Perrusquía y Mariano Arce, entre otras muchas y bellas tallas. 

Es de admirase las pinturas de la sacristía, allí se encuentra un conjunto llamado   “El apostolado”, las pinturas del coro alto versan sobre las vidas de San Elías y Eliseo, profetas, lo mismo la decoración del templo, a lo largo de la nave, con frescos de santos carmelitas. Todas ellas del arquitecto celayense, Eduardo Tres Guerras. 

El claustro de sobria y proporcionada arquitectura, da acceso al patio central, enmarcado éste con arcos de medio punto y fuente central, con un segundo patio, no menos hermoso, con amplios corredores, formados por arcos de medio punto, sostenidos por pilastras.

Capillas de indios y Garitas en Querétaro

Capillas de indios en Querétaro 

El Espíritu Santo (Parroquia de indios)

Santa Ana (Posterior Parroquia donde fue cura, Félix Osores)

San Antoñito

El Calvarito

San Francisquito (La Divina Pastoras)

Nuestra Señora de Los Dolores de los Pobres ( Panteón de los Hombres Ilustres)

San Isidro

El Señor del Mezquite

San Sebastián (Segunda parroquia en Querétaro)

San Roque

La Cruz del Cerrito

San Gregorio

Santa Catarina

San Juan de los Alamos

Capilla del Antiguo Panteón de San Sebastián

San Agustín del Retablo

Santa María Magdalena

San Miguel Carrillo 

Garitas en las salidas o entradas a Querétaro

: Garita de México

Garita de La Cañada

Garita del Retablo

Garita de Celaya