La Canción del hombre. Para nuestro Poeta Chava Alcocer

León Felipe y la canción del hombre 

11 de abril 1884

18 de septiembre de 1968

124 años de su nacimiento

  40 años de su muerte

Su obra es un expediente a la historia y un recorrido por el llanto

La vida de los pueblos,

aun en los menesteres más humildes,

funciona porque hay unos hombres

allá en la colina

que observan los signos estelares;

sostienen vivo el fuego prometéico

y cantan unas canciones

que hacen crecer las espigas. 

Este  2008 se cumplen 40 años de la muerte y 124 años del nacimiento del Poeta Mayor, León Felipe. Su reclamo sigue en pie. León Felipe aún no recibe el reconocimiento que la dimensión, contenido y proyección de su obra exigen.No hablamos de consideraciones formales, sino de la comprensión de los grandes temas que allí se plantean y que hoy deben ser objeto de debate y discusión.

Toda su obra es la puesta en práctica de una poética, que poco tiene que ver con los límites de la estética. El centro de su creación es el hombre.

La causa de sus versos: la visión de la injusticia y la búsqueda de la luz.

Su propuesta: una palabra-combustible, una acción-vital, dirigida a construir sobre la tierra un mundo de hermanos.

Su contexto: Las guerras fratricidas que cubren el planeta desde tiempos inmemoriales y que aún no cesan.

Su búsqueda: alcanzar el rayo de luz a través de una gota de llanto.

Poeta Mayor porque da a la palabra la fuerza, para ver crecer  la canción que aún no resuena.

Ciento veinte años después en el planeta sólo se han multiplicado las guerras, las miserias y las palabras inútiles que las justifican, avalan y utilizan para sembrar la tierra de sepulturas que no de bosques de centeno.

Su verso, es su roto y viejo violín, denunciando a los mercaderes, convocando a los fabricadores de luz.

Hoy,  León Felipe es un poeta desconocido.

Con una vida que se desbordó por todo el siglo XX, contemporáneo de todos los grandes hitos poéticos que marcaron escuela y descendencia, testigo presencial de los grandes acontecimientos históricos que han conmovido el mundo de hoy.

León Felipe es un poeta solitario.

Su obra, vasta y prolífica, apenas comienza ahora a ser rescatada editorialmente. Evocado más por sus amigos que por los críticos, conmemorado más por la tierra que lo acogió en su largo destierro, que por su propia madre tierra,

León Felipe es un poeta clandestino.

Casi un poeta de segunda.

Un poeta sin discípulos.

Un poeta prometéico, sin audiencia.

Desde niño comenzó su juglaría por entre los pueblos españoles. Vestido de cómico o trajeado de farmaceuta, anduvo legua a legua su tierra.

Asistió al advenimiento de la república y a su estrepitosa caída y estuvo allí, en primera fila, armado de su palabra combatiente y solidaria.

Y una vez que fue aventado de su tierra llevó su oficio de juglar a otros pueblos del mundo. Recorrió toda América en su peregrinaje solitario de maestro que lleva como misión dibujar la palabra justicia en el corazón de los hombres.

Hasta que detuvo su andar en la tierra mexicana que le dio asilo y asiento para que siguiera desgranando las espigas de sus versos que aún aguardan el horno que los vuelva pan dorado y caliente para todos.

De modo que no es poeta desconocido, solitario y clandestino porque no haya dejado plasmada sus señales por doquier.

Al contrario. Caminó junto a su palabra como piedra que rueda por el cauce del río. Orando, blasfemando, tocando su roto y viejo violín. Estampando la palabra justicia, gritando contra los mercaderes, rescatando el salmo, la canción y la luz.

León Felipe es un poeta desconocido, solitario y clandestino.

Lo es porque le ocurre a él lo que a Whitman:

Son ambos gigantes de la vida y la poesía. Y ambos hablan un lenguaje para el

cual el hombre no ha madurado aún.

Su estatura está más allá de lo permitido. Y cuando adviene al mundo un

profeta, un visionario, los hombres de su tiempo sólo saben reírse de él. Los

convierten en bufones, en payasos o los crucifican, los destierran, los

sepultan.

Pero a esos hombres de estirpe revolucionaria les ocurre que no hay pista que los contenga, no hay sepultura donde quepan. Siguen creciendo y extendiéndose como raíces de centeno, hasta abrir la tierra de nuevo.

Regresan siempre convertidos en frutos maduros. 

Supongo que mientras tanto, seguirán siendo desconocidos, solitarios y clandestinos. Y lo serán porque darles su sitio exacto, su nivel preciso, su palabra en tono mayor significa aceptar el reto que han impuesto al hombre y a su acción.

Quien camina una sola legua sin amor, camina hacia su propio funeral,

advirtió Whitman.

¿No era acaso el mismo planteamiento del Quijote?

¿El mismo requerimiento de Jesús, el hijo del carpintero?

¿La misma querella planteada desde la génesis de los tiempos y que adquiere matices fulgurantes en cada sitio de la tierra donde se ha librado el viejo combate?

Tal vez la diferencia esté en que Jesús habló en parábolas, a pesar de ello lo crucificaron.

Cervantes para hacer lo mismo inventó al Quijote y cuando los gendarmes de su tiempo amenazaron con crucificarlo, dijo que estaba loco y que no sabía lo que hacía. Se rieron de él entonces y lo dejaron estar a lo largo de la historia para hacer reír a los niños.

Dijo que la poesía era una canción paralítica y que había que organizar el fuego.

Dijo que no había bandos y que había una sola causa: la del hombre, y por ahora la causa de la miseria del hombre.

Algunos ciertamente se han reído de él. Otros han dicho: es un viejo y pobre poeta, con un roto violín.

Otros simplemente lo han ignorado, lo han silenciado, lo han acallado.Es un viejo poeta que vivió mucho tiempo entre nosotros, con un violín roto y un grito de estopa en la garganta.

Para muchos su poesía está a mitad de camino entre el panfleto y el verso.Poesía menor. Refiriéndose a Ganarás la luz dijo Octavio Paz: es un gran libro pero no es un libro de poemas.

Poeta hierático cuando blasfema.

Poeta místico cuando dialoga con Dios.

Poeta panfletario cuando lanza  sus versos como proclamas para que sean repartidas por el viento.

Todo menos Poeta Mayor.

Ese puesto está reservado para quienes guardan debida compostura.Sus blasfemias entonces, por más violentas que sean, no trastocan ningún orden permitido.

Podría Rimbaud entonces anunciar aquella ciudad en la que entraríamos. Venida del infierno. León Felipe también.

En León Felipe no hay escapatoria posible. Había que dejarlo en el centro del escenario, sin ovaciones ni aplausos, tal vez despidiéndolo con algún gesto misericordioso.

Otros han dicho que es un pobre español que tiene la manía de gritar muy alto.Su voz es muy antigua y está forjada del mismo barro que moldeó el primer hombre.León Felipe aguarda aún su audiencia. Una audiencia vasta y numerosa como la de Walt Whitman.

Mañana, cuando el viento complete su ciclo, León Felipe navegará en todas las lenguas y hará puerto en todos los sitios. Ninguno le será extraño ni ajeno.Ni nadie se sentará junto a él como un desconocido.

A León Felipe se le debe su puesto de Poeta Mayor. Y hoy, a cien años de su nacimiento, a 40 de su última partida, es tiempo de abrirle el cauce debido. Porque hacerlo ha de colocar al poeta en la cima de la colina desde donde sus canciones hacen crecer las espigas.

Su biografía:

Advino al mundo en el mediodía castellano. En Tabarra, Zamora, un 11 de abril de 1884. Y allí comenzó un peregrinaje que aun no ha concluido

Pueblos y ciudades de la meseta castellana le vieron ir y venir en sus días de infancia y juventud. A los dos años salió de su pueblo natal y hasta los nueve estuvo en el pueblo de Sequeros, Salamanca. En 1893 se traslada junto a su familia a Santander. Allí concluye sus estudios de bachiller. Ya había realizado sus primeras incursiones en el teatro que le iban abriendo cauce hacia horizontes distintos. Horizontes que se le hacía cada vez más necesario multiplicar.

Y así un buen día León Felipe Camino Galicia se fue a Madrid a hacerse farmaceuta. Allí concluyó sus estudios combinando el análisis de las pócimas con el descubrimiento de Goya y Murillo, con el encuentro del teatro, con Velásquez, con Shakespeare.

La muerte del padre, sin embargo, lo obliga a regresar a Castilla a encargarse de su familia y a ejercer su profesión. Pero todo esto no es más que una especie de preparación para lo que habría de venir.

León Felipe comparte su trabajo de regente de farmacias en Santander, Balmaceda, Avila y Guadalajara con sus actividades artísticas. En los inviernos se instala en Madrid.

León Felipe intuía ya su designio.Trabaja con la Compañía de Teatro de Tallaví y luego en una Compañía de cómicos dirigida por Juan Espantaleón.

Y en ese carro itinerario, el más humilde de la farándula española, recorrió su tierra. Anduvo descalzo muchas veces también, bajo la lluvia y sin albergue, solitario.Y vivió tres años en la cárcel, no como prisionero político, sino como delincuente vulgar, comiendo el rancho de castigo con ladrones y grandes asesinos.

Su primer libro: Versos y oraciones de caminante (1920). Y en ellos se asienta la primera piedra de su estética. Que no es piedra de audiencia, ni de iglesia, ni de palacio, sino piedra pequeña, piedra ligera, piedra aventurera. Sin rima ni cairel, ni metro ni cadencia.

Aquellos versos y oraciones de caminante. Que Enrique Diez-Canedo dio a conocer por primera vez a través de la revista “España”, no eran más que diminutos guijarros lanzados como dardos certeros al corazón del pueblo, de todos los pueblos, al corazón del universo.

No se detuvo el paso andariego ni el espíritu aventurero. Se fue rumbo a Africa, viajando en la bodega de los barcos, oyendo contar sus aventuras a los marineros y su historia de hambre a los miserables emigrantes. Reside dos años en Fernando Poo como administrador de hospitales del Golfo de Guinea.

Duerme muchas noches en la desembocadura del Muni, acordando el latido de su sangre al golpe seco, monótono y tenso del tambor africano de tribus indomables. Regresa a Madrid pero la intención de conocer a América lo desvía de su ruta inicial.

En Cádiz se embarca en el ‘Cristóbal Colón’ hasta Veracruz.En su bolsillo lleva sólo una carta de presentación de Alfonso Reyes.Un día conoce a Berta Gamboa a quien hace su compañera. Ambos parten hacia Estados Unidos donde ella es profesora universitaria.Desde 1925 al 29 León Felipe desempeña el cargo de Profesor de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Cornell. Hace traducciones. Conoce a Walt Whitman. Un encuentro que habría de ser definitivo.

“Viniste a glorificar las lágrimas… / no a enjugarlas. / Viniste a abrir las heridas… / no a cerrarlas. / Viniste a encender las hogueras… / no a apagarlas. / Viniste a decir: ¡Que corran el llanto, la sangre y el fuego… / como el agua!”5.

No soy nadie: un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina. El ojo del hombre no está hecho aún para ver sino para llorar.

Su voz no está hecha aún para el canto, sino para el grito.

“Mi oficio es éste: escuchar latidos y temblores de hombres, de pueblos y de estrellas”.

“O el mundo se organiza sobre unas bases de justicia y de dignidad humana o el mundo no se organiza de ninguna manera.

¿La justicia es una quimera y la dignidad del hombre un sueño?

¿Dios puso en nosotros estos anhelos de orden y superación para reírse de nuestra agonía y de nuestra impotencia?

La sociedad, el mundo ¿no pueden ser más que un laberinto de errores, un cuento sin sentido dicho por un loco furioso?¿No hay una manera, una prueba, un sacrificio doloroso, angustioso, purificador que organice luminosamente nuestra vida, que levante al hombre a un plano superior de justicia y dignidad?

¿No hay ningún remedio, no hay ninguna solución?

¿Lo hemos ensayado todo?”.

“No lo hemos ensayado todo. Hay unos hombres que dicen que no lo hemos ensayado todo, que aun hay esperanzas y que aún se puede luchar por un mundo mejor. Pues bien señores, estos hombres, aunque sean ilusos, valen más que los otros. Y yo me voy con ellos a dar mi vida.”

Pero yo no he venido / a pedir un asiento en la gloria / ni a poner de rodillas el miedo. /

Estoy aquí otra vez / para subrayar con mi sangre / la tragedia del mundo / el dolor de la tierra.”

“¿Dónde coloco yo mis sueños y mi llanto para que aparezcan con sentido, sean los signos de un lenguaje y formen un poema inteligible y armonioso?

/ Vendrán hombres sin lágrimas… / pero hoy la lágrima es mi espada.

“la poesía es el derecho del hombre / a empujar una puerta / a encender una antorcha / a

derribar un muro, / a despertar al capataz / con un trueno o con una blasfemia.”

“Esto no es literatura. Tengo documentos. Y mis poemas y mi prosa son anotaciones de experiencias inmediatas. He escrito en las sombras. Con una simple musiquilla de retreta alguna vez, pero abriendo bien las puertas y las ventanas para que entre el milagro a caballo por el sol.”

Querétaro, 5 de febrero de 1917

Querétaro,  5 de febrero de 1917

 

Querétaro siempre ha temido a los movimientos sociales desde 1810 y lo traduce el diario oficial con motivo de la entonces cercana revolución de 1910.

 

Enemigos de la prosperidad de Querétaro han sido siempre los movimientos sociales.

  

“En 1855 fueron saqueadas algunas casas de comercios, los archivos públicos quemados, el pueblo perseguido como fiera…diezmada la población por la recluta forzosa”.

  

“Los préstamos las  exacciones de semillas y animales…el famoso sitio de 1867 acabó de herir de muerte el progreso de la ciudad, destruidas sus fincas, extorsionados sus habitantes por hambre…muerto su comercio…Querétaro se rindió a su destino”, Duraría de 1810 a 1950 

Para 1916 se instaló el gobierno federal y el constituyente de Querétaro y el 5 de febrero de 1917 Carranza proclama la nueva Constitución y se retira a la ciudad de México. 

A finales de 1916, los revolucionarios se reunieron en Querétaro para reformar la Constitución de 1857. Finalmente decidieron redactar una nueva, pues las circunstancias de México en ese momento eran muy diferentes a las que había en tiempos de Juárez, cuando se hizo la de 1857.  

La nueva Constitución se promulgó el 5 de febrero de 1917. En ella se incorporaron ideas de todos los grupos revolucionarios. Retomó las libertades y los derechos de los ciudadanos, así como los ideales democráticos y federales de la de 1857. También reconoció los derechos sociales, como el de huelga y el de organización de los trabajadores, el derecho a la educación y el derecho de la nación a regular la propiedad privada de acuerdo con el interés de la comunidad.  

Historia de las Constituciones Mexicanas:

México ha tenido diversas constituciones a lo largo de su historia. Algunas han sido

centralistas,  y otras federalistas, como la actual, que reconocen la soberanía de los estados pero cuentan con mecanismos de coordinación para asuntos de la República como un todo.

Antecedentes fundamentales para la elaboración de la primera constitución mexicana fueron la española de Cádiz de 1812, los “sentimientos de la Nación“, de José María Morelos, y el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, o Constitución de Apatzingán, de 1814.

Las leyes fundamentales emanadas de un Congreso Constituyente en México son:

·                     Acta constitutiva de la Federación y la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, de 1824.

·                     Las Siete Leyes Constitucionales, de 1835-1836.

·                     Bases orgánicas de la República Mexicana de 1843.

·                     Acta constitutiva y de Reformas, de 1847.

·                     Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, de 1857, y

·                     Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de 1917.

La primera constitución propiamente mexicana es la de 1824, ya que en ella se descarta todo tipo de legislación extranjera y se proclama el ejercicio absoluto de la soberanía y la autodeterminación.

Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, 1857

Tras el movimiento revolucionario encabezado por Juan Álvarez y que concluyó con la firma del Plan de Ayutla , en el que se desconocía el gobierno de Santa Anna, se convocó un Congreso Extraordinario, reunido en la ciudad de México en febrero de 1856.

Un año después, el 5 de febrero de 1857, fue aprobada y jurada la nueva constitución por el congreso constituyente y el presidente Ignacio Comonfort.

“Los derechos del hombre son la base y el objeto de las instituciones sociales”, señala la Constitución, y entre sus preceptos resaltan el mantenimiento del federalismo, la abolición de la esclavitud, las libertades de trabajo, de propiedad, de expresión de ideas, de imprenta, de asociación, de petición y de comercio.

La nueva Carta Magna no logró estabilizar al país. El propio Comonfort la desconoció unos meses después de su promulgación, al sumarse a la rebelión de Ignacio Zuloaga, dar un golpe de Estado y encarcelar a varios ciudadanos, entre ellos a Benito Juárez, entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia y a quien legalmente le correspondía la Presidencia en un caso como éste.

La rebelión derivó en la llamada Guerra de Tres años o Guerra de Reforma, entre los conservadores que desconocían la constitución y los liberales que la defendían. 

Los liberales, encabezados por Benito Juárez, triunfaron. En el curso mismo de la guerra, se emitieron una serie de ordenamientos conocidos como Leyes de Reforma, entre las que destacan las que establecen la separación entre la Iglesia y el Estado.

 

La Constitución de 1857 fue, de hecho, elemento fundamental en la defensa nacional ante la invasión francesa y el imperio de Maximiliano de Habsburgo. Tuvo vigencia plenamente tras la expulsión de los extranjeros y permaneció en vigor hasta 1917.

Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, 1917.

En 1910 se inicia el movimiento armado de la Revolución Mexicana, a causa de las condiciones sociales, económicas y políticas generadas. Este movimiento es justamente el contexto en el que se promulga la Constitución que rige en México hasta la fecha.

Venustiano Carranza, en su carácter de primer jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo, convocó en diciembre de 1916 al Congreso para presentar un proyecto de reformas a la Constitución de 1857.

El documento sufrió numerosas modificaciones y adiciones para ajustarse a la nueva realidad social del país. Así, se promulgó el 5 de febrero de 1917 la Carta Magna vigente, en el Teatro de la República de la ciudad de Querétaro.

El Congreso Constituyente contó con diputados de todos los estados y territorios del país, con excepción de Campeche, Quintana Roo, y estuvieron representadas ahí diversas fuerzas políticas: los carrancistas o “renovadores”, como Luís Manuel Rojas, José Natividad Macías, Alfonso Cravioto y Félix F, Palavicini; los protagonistas o “radicales”, como Heriberto Jara, Francisco J. Mújica, Luís G.  Monzón, y también los independientes.

Había en el Constituyente, hombres de lucha, conocedores de los problemas del pueblo mexicano: generales, exministros, obreros, periodistas, mineros, campesinos, ingenieros, abogados, médicos, profesores normalistas.

La nueva Constitución incluía una gran parte de los ordenamientos de la de 1857, especialmente lo referente a los derechos humanos, ya como “garantías individuales”.

La forma de gobierno siguió siendo republicana, representativa, demócrata y federal; se refrendó la división de poderes en Ejecutivo, Judicial y Legislativo, si bien este último dejó de ser unicameral para dividirse en cámaras de Diputados y Senadores.

Se ratificó el sistema de elecciones directas y se decretó la no reelección, suprimiendo la vicepresidencia y dando mayor autonomía al Poder Judicial y más soberanía a los estados. En este marco se creó el municipio libre, y se estableció un ordenamiento agrario en el país, relativo a la propiedad de la tierra.

La constitución vigente determina la libertad de culto, la enseñanza laica y gratuita y la jornada de trabajo máxima de 8 horas, y reconoce como libertades las de expresión y asociación de los trabajadores.

En ese ámbito son significativas las reformas de 1953, en que se otorgó derecho de voto a las mujeres, y de 1969, en que se concedió la ciudadanía a todos los mexicanos mayores de 18 años, así como las sucesivas reformas electorales de 1977, 1986, 1989, 1990, 1993, 1994, y 1996 destinadas a garantizar elecciones plenamente legales, limpias, imparciales y respetuosas de la voluntad popular.