Setenta Años

Setenta Años     §  Jaime Encontra*

         Tengo setenta años, cuando tenia dieciocho o veinte y trabajando en alguna fábrica me dirigía a alguna persona preguntándole donde podía encontrar determinada cosa, y me decía, mira ves allá al fondo, aquel viejo del cigarro en la boca, ese tiene lo que buscas. 

         

Esto me había ocurrido infinidad de veces y esos viejos que me señalaba al que preguntaba tenían entre cincuenta y máximo sesenta años. Yo tengo setenta y me siento joven, soy joven, tal vez un poco pedante, por creérmelo pero de esa creencia hago realidad.  

Ahora considero viejos, a los que tienen de noventa a cien años, claro conocer ancianos de noventa años es poco frecuente verlos de cien o más es mucho más difícil, aunque he tenido la fortuna de conocer a dos, uno de cien, en el pueblo de Tlayacapan y la otra fue mi bisabuela que murió de ciento seis años, allá en España.  

Los dos estaban bien lúcidos, el de Tlayacapan lo conocí que yo tenia sesenta y siete y tuve la oportunidad de poder conversar con el y la verdad es que, era una enciclopedia viviente, me explicaba infinidad de historias de México principalmente del estado de Morelos, curiosamente tuvo muchos hijos, pero irónicamente el sobrevivió a todos ellos, este señor era un anciano joven.  

         Con esto quiero decir, que cuantas veces, vemos a muchas personas con cuarenta y cincuenta años, totalmente decrépitos y cargados de achaques, realmente la mayoría de ellos no son enfermos reales, más bien son psicosomáticos, pesimistas y en algunos casos bastante frecuentes, el caer en el alcoholismo, el cigarro y vida libertina. 

           No precisamente para llegar a ser longevo, tiene que ser a condición de hacer una vida de asceta y sacrificarse de los placeres que nos ofrece la misma, porqué entonces no valdría la pena vivirla.

Es mejor echar mano de todo lo que está al alcance y alrededor de uno, claro con equilibrio, con  sabiduría, de manera de no abusar en nada, pues ya no sería disfrute ni saludable, es bueno tener la capacidad de asombro y deleite al ver las maravillas que nos ofrece la naturaleza, como una puesta de sol, una luna llena completamente plateada, el canto de los pájaros, el ver deslizar de manera estrepitosa las aguas de un río, ver el fondo de un valle desde lo alto de una cima, el beber agua fresca brotando de un manantial, en fin no habría suficientes páginas, para describir todas las bellezas que nos ofrece la naturaleza y que con tanta frecuencia desperdiciamos la humanidad, inclusive las dañamos y destruimos.  

           Yo en mi juventud tal vez trabajé mas de la cuenta, ya que empecé a los doce años de edad, casi siempre lo hice en trabajos que me gustaban, incluso algunos me apasionaban, yo creo que esto es lo que te mantiene con energía o sea con vida, cuando un trabajo se me hacia tedioso lo dejaba, no vayan a creer que fui inestable, tuve la fortuna de que, por la mayoría de ellos sentí pasión.  

Con sesenta y cinco años me despidieron de una empresa, que si bien el trabajo que desempeñaba de investigación me atraía, no me gustaba la política de la compañía, tan deshumanizada, esto ocurrió un día antes de que falleciera mi esposa, aunque su enfermedad ya se venia arrastrando de años, tal vez por eso yo no estaba de humor para aguantar cabronadas de nadie y menos del jefe que tenia y lo envié a tomar aire.  

Pero en lo tocante al deporte lo disfruté de gran manera, fue mucho ciclismo, caminata y algo de tenis, si bien nunca aconsejaría el deporte de competición, mucho menos el batir record, el cronómetro es contrario a una buena salud, lo se por experiencia. 

            Frecuenté muchas reuniones con amigos, tomando vino en muchas ocasiones, pero supe siempre ser moderado con el alcohol, en toda mi vida solamente me he emborrachado tres veces y me di cuenta de que es horrible, con eso tuve bastante, disfruté también corriendo mundo desde la edad de cinco años, a esa edad subí a un tren y recorrí larga distancia catorce horas, yo solo acompañado de una torta y un refresco, desde entonces no he parado de hacerlo, si no hay dinero, me las ingenio con mochila al hombro, o como las circunstancias del momento me dan a entender, me gusta la buena comida acompañada de un buen vino francés, somontano, rioja o chileno, de licores fuertes tomo poco, pero con preferencia un buen Brandy, Coñac y Tequila del bueno.  

Las mujeres siempre me han fascinado y cuando veo pasar delante de mí alguna émula de Venus caminando con ese contoneo rítmico cadencioso, con dos tetas firmes tersas no exageradamente voluminosas, entonces es cuando el corazón me arde y muchas cosas más me brincan y a mis setenta años me hacen sentir que vale la pena haber nacido. 

 Yo soy de los que pienso que entre el amor, y un falso pudor no debiera haber vacilación. 

          Cuando digo esto no quiero decir que practico o creo en la promiscuidad, en absoluto, para disfrutar plenamente a una mujer, no se logra al primer intento, es todo un proceso en el cual se ha de poner todo el corazón y el alma y mas que nada la mayor ternura y suavidad del mundo, por lo tanto no es recomendable  cambiar de mujer a cada  instante,(supongo que les ocurre lo mismo a ellas) los que cambian, nunca van a saber lo que es una mujer, solamente son contactos genitales que no pasan de ahí y la mayoría de las veces, son eyaculaciones tan precoces que, la mujer se queda en la luna de Valencia, o sea se queda preguntando, esto fue todo?  

          No se si será bueno tener una adolescencia tan prolongada como la mía, pero yo me quedo con ella, a pesar de que me digan, que tengo inestabilidad emocional, o que no he madurado, tanto mejor, ya que la fruta que madura acaba pudriéndose. Me gusta reunirme con amigos y amigas, siempre que se toquen temas que me atraigan, me gusta la filosofía, la historia y leer novelas. 

          No creo en mundos o vidas más allá de la muerte, como no sea transformarse en gusano, lo cual no me produce ninguna intranquilidad ni tristeza, lo que si me da tristeza es el saber que cuando llegue mi fin voy a dejar de ver y disfrutar de los pocos amigos que tengo, eso si muy buenos, (en esto incluyo mujeres y hombres como diría Vicente Fox) y de mis seres queridos estos buenísimos.  

A lo mejor con que estoy convencido que mi genética está programada para vivir hasta los cien años o más, es posible que mis amigos me tomen la delantera, lo cual he pensado muchas veces ya que a través de los años he visto morir a personas que las he querido con todo el alma y se me fueron, se adelantaron en la carrera, carrera que por demás no tengo ningún interés en llegar primero, de todos modos prefiero llorarlos a que lloren por mi, siempre les digo que no empujen.  

Ya dije que soy pata de perro, estoy escribiendo estas reflexiones y ya estoy pensando a donde viajaré mañana y cuando tendré una luna de miel prolongada.  

Soy responsable no me gusta cambiar de pareja y me gusta atenderla, pero no me gusta ceñirme al compromiso de un papel firmado, me gusta hacer historia con mi compañera y viajar con ella, aunque a veces me gusta estar solo por corto tiempo, como por ejemplo para escribir, en este momento estoy en completa soledad, pero ya no creo que aguante muchos días.  

Soy un ser sensible, muy espiritual, me conmueven los dramas de la vida, pero con filosofía se salir y elevarme de las cenizas como el ave FENIX, no es fácil cuesta años lograrlo, pero si amas la vida y tienes la mente abierta seguro que lo consigues.   

             Siempre sin dejar de disfrutar el presente, trato de estar un paso adelante, previendo que en cualquier momento salta la liebre y ZAS ocurre alguna tragedia en tu vida, si así lo haces el dolor si no es menos, por lo menos no te coge de sorpresa y evitas salir por la puerta falsa.  

             Amigos tengo pocos, la razón es que a la mayoría no les puedes hablar con la verdad ni ellos tampoco, tal parece que antes de decirte algo tienen que consultar o bien con San Pablo o con su confesor, entonces los envío a paseo, no me interesan.  

Esto ocurre normalmente cuando son muy religiosos, mas bien fanáticos, y no me refiero a una religión específica, considero que el fanatismo aunque sea del futbol o de cualquier otra cosa, no me atrae lo considero una especie de enajenación.  

Muchas personas quieren seguir al pie de la letra lo que les inculcaron sus padres y sus abuelos, sin pensar por ellos mismos, entonces no evolucionan, normalmente se adivinan estos individuos y entonces les doy un capotazo o Manoletina, según sea el caso, por mi que cada quién crea en lo que le de la gana, no trato de aleccionar a nadie, querer hacerlo seria pretender transformar el mundo a mi manera, nada más lejos de mi realidad.  

Acepto al hombre espiritual, es más si no lo es me retiro, la falta de sensibilidad me asquea. Soy adicto a la libertad no me gusta los dogmas ni las cadenas aunque tengan la antigüedad de dos mil años.  

Tampoco me gustan los que practican en la India la meditación a la orilla de un camino esperando que les arrojen unas monedas y que están totalmente desnutridos mostrando los puros huesos, creo que estos hombres desperdician la vida, vivir sesenta o ochenta años en ese plan a de ser peor que estar en el infierno, (claro quiero que entiendan esto en sentido figurado)  

            El objetivo del hombre es tratar de ser feliz y para eso hemos nacido, que no lo seamos siempre, es otra cosa, vivir bien con cierto grado de felicidad es cosa que se aprende según se avanza por el camino de la vida, claro de ti depende el no tomar la senda equivocada, ciertas desgracias no las podemos evitar, pero hemos de aprender que con que son inevitables hemos de lidiar con ellas, tengamos la sabiduría para no dejarnos destruir por las mismas, lo que sí podemos desechar son los miedos, ellos destruyen más que otra cosa.  

             Siempre se debe llevar la pobreza y la vejez no solo con dignidad también con elegancia. Reírse con frecuencia aunque sea de la sombra de uno mismo es sanísimo, he conocido a gente que han reído mucho y han alcanzado edades de más de noventa años. 

            Hay gente que no les gustan las bromas, ni hacerlas ni que se las hagan, creo que desperdician una gran oportunidad, claro siempre que sean bromas que no lleguen a lastimar.  

Yo he gastado muchas bromas en mi vida y me las han gastado, y nunca a sido motivo de romper una amistad, (salvo en una ocasión) al contrario después de la broma, todos los presentes hemos explotado en una risa que nos a beneficiado a los dos y la hemos recordado durante años.   

            Está demostrado y no precisamente de manera científica, si no con la experiencia que te da la vida, que las personas que ríen con muchas ganas hasta saltarles las lágrimas, viven muchos años y más sanas que las tristes melancólicas y amargadas.  

            Me acuerdo que de pequeño me decían que no me tocara mi pene porqué se me secaría el cerebro, a los doce años empecé a masturbarme y todavía no se me a secado, que bueno que no les hice caso, porqué me hubiera privado del placer que tuve y hasta la fecha, no me a perjudicado en nada. Lo mejor es adaptarse y observar a la naturaleza, ella si es sabia.  

           El primer día que contemplé una mujer desnuda, me convencí que yo jamás sería maricón, vi en ella un perfecto complemento, la primera vez que me acoplé lo corroboré, tengo setenta años y sigo con las mismas convicciones, no creo que ya cambie.  

           También aprendí que la estupidez humana está fuera de todo sentido común, se complican la vida, inventando doctrinas para luego llevar una vida repudiable, donde impera la hipocresía, todo esto en aras de alcanzar glorias y cielos después de la muerte, claro al rebaño le gusta o no sabe pensar, por eso siempre a sido manipulado.  

Si existe alguna gloría o cielo es en este planeta tierra. Aquí he conocido muchos Mefistófeles y también muchos hombres buenos, que no Santos. Mi abuela que tenía mucha sabiduría popular decía: Santo que mea maldito sea.   

          Cualquier hombre es capaz de cometer un acto heroico y el mismo hombre también es capaz de odiar y matar al prójimo con la mayor saña.  

          No me gusta que me hablen quedito, prefiero la voz recia, por ser signo de nobleza, de franqueza y no de hipocresía, siempre me da la impresión que al hablar muy suave me esconden algo, como estar reprimido, como traición.  

         Para el cristianismo la esperanza es una virtud, para mi es una perdida de tiempo, te inmoviliza.

         Los originarios de ciertas religiones de la India se bañan en el río Ganges, no por limpieza o higiene, sino porqué está ordenado por tradición y así limpian su espíritu. Según yo el cuerpo se limpia con agua limpia y jabón y el espíritu limpiando primero la mente.   

         Mucha gente sufre porqué está convencida que el sufrir la transportará a un mundo más elevado. Yo detesto el sufrir y el ver sufrir, considero que no sufrir, es precisamente estar más cerca del paraíso.  

         El temor a los dioses es lo que más ha esclavizado a la humanidad, yo huyo de ello.  

        Es muy posible que el ateísmo sea el modo más acertado de lograr la libertad del espíritu, yo así lo creo y me funciona.  

        Nietzsche dijo que el hombre libre es inmoral, yo estoy de acuerdo, la moral lo mismo que la esperanza no camina, inmoviliza se aferra a costumbres, a códigos establecidos, yo prefiero la ilusión por lograr algo, me estimula, me energetiza y me hace convertir mis sueños en realidad.  

        Que el origen del hombre viene de Adán y Eva o de su primera mujer Lilith, solo me interesa como parámetro para admirar y asombrarme de la gran imaginación del hombre.  

         Es posible que cuando leas estas reflexiones te incomoden o te asalten temores, si así es y consideras que no puedes sacar nada positivo, tíralo al bote de la basura, no te atormentes.   

Una cosa si te digo, a mi me costó mucho ser libre, es una tarea larga, me tuve que desprender de muchas herencias de muchos arraigos pero valió la pena.      *Jaime Encontra:  Un hombre que nacido en Barcelona un 12 de febrero de 1934, a media mañana, en la calle de Ventalló 72, en el Barrio de Gracia y lo registraron en la Parroquia de San Juan Bautista. Radica definitivamente en México desde 1976. Seguiremos publicando sus memorias.

El Pueblo de La Peña: Bernal

El Pueblo de Bernal

 José Félix Zavala 

La Jornada- 2 de mayo de 1986.Sección de cultura.

  

Dicen que en Bernal también saben de fiestas, que en esos días los telares se detienen, los dulceros salen a la calle y en ese pueblo solitario, llega el bullicio, eso cuesta trabajo creerlo. 

Distanciado de la ciudad de Querétaro, a cincuenta kilómetros se encuentra un peñón y un caserío de 4500 habitantes, que hablan de cosas que no se ven y lo dicen muy quedito, cuando salen a pastorear o por las tardes, cuando las mujeres no solo peinan sus sueños, sino la barbería de los tejidos. 

¿Qué de que vivimos aquí? De las artesanías salidas de la lana, no hay de otra, dice  el delegado municipal Octavio Cabrera, también hacemos dulces de leche de cabra, otros van a las caleras y muchos van a Querétaro como albañiles.  

¿Qué que hago yo aquí? Conservo la tradición, que son muchas, dice el cura del pueblo, Eusebio Sánchez, como la de La Santa Cruz,  cuando vamos todos juntos a La Peña, hasta mero arriba donde está la capilla, esa verdecita que se ve desde aquí, las procesiones de Semana Santa y desde luego la fiesta de San Sebastián, el 20 de enero. 

Somos un pueblo lleno de costumbres y tradiciones ¿Qué no se da cuenta?. 

En las muchas veces que he visitado Bernal se me hace un pueblo hermoso, pero olvidado y no es así. Cada casa tiene un telar, o un tejedor, o un dulcero o un pastor, además se juega a los vaqueros y nunca falta un ganadero que atraviese a galope  la calle de Iturbide hasta la plaza. 

¿Qué si bailamos huapango?  Una vez nos vino a enseñar a bailar un maestro de México y así comenzó a morir esta tradición, porque quiso enseñarnos como se baila el veracruzano, el tamaulipeco y ya no hay huapango, nos dice Fidel Cabrera. Las costumbres se arraigan en las personas. Sí se modernizan ya no sirven y se tiran. 

¿Qué que digo de la Peña? Que cuando uno está cerca siente, como un respeto, como si estuviéramos cerca de un monstruo, como si se fuera a entrar a un templo vacío, temor o no se que cosa. Allí se encuentran muchos vestigios chichimecas, como estos que ve aquí y muestra el patio de su casa con estelas precolombinas y unos escritos viejos de la creación de la Villa fechados en 1642  cuando llegó Alonso de Cabrera a evangelizar, vino desde el Convento de La Cruz de Querétaro. 

Al ir saliendo del pueblo pensé que este había sido creado en el taller de un alfarero y que en cada casa donde se tejen sarapes, tapetes o cobijas, los habitantes de Bernal, tejen también sus sueños y cuando cardan la lana, apresan entre sus manos, su propia vida.  

Día de Muertos o Fiesta de Los Antepasados

La Fiesta de nuestros antepasados, los fieles

 difuntos, el todosantos.

José Félix Zavala

El gran pueblo invencible de México y desde luego nuestro Querétaro, rinden culto a sus antepasados, compartiendo con ellos frutos de la cosecha y del trabajo.

Entre la espesa neblina de la montaña de los 20 picos  o el nudo Mixteco, en las frías mañanas de finales de octubre y principios de noviembre, las mujeres caminan  al mercado y adquirir  lo necesario para la ofrenda. 

Amarillos y frescos cempasúchiles, la roja e intensa mano de león, velas, veladoras de cera y cebo, aromático copal, naranjas, dulces manzanas y perfumadas guayabas, cigarros y tabaco de hoja.

Para esto ya debe estar desgranado el maíz, se debe estar preparando la masa para los tamales, se debió encargar el pan eligiendo las imágenes, y se lavaron los manteles para una mesa grande dispuesta en la habitación más importante de la casa.

Los músicos tratan a cada instrumento con respeto, se limpia y pule para ejecutarlo en la fiesta, con cada nota emitida se restauran los lazos del parentesco y se establecen las bases de la relación de los vivos con los muertos.

La ofrenda adorna con las flores, nubes, cempasúchil y cresta de gallo, las velas, el copal, el mole,  el mezcal, el chocolate, las frutas, la calabaza, los garbanzos en dulce y los objetos que fueron del gusto de los difuntos.

El pan decorado con flores de azúcar en varios colores, con caritas de ángeles maquilladas con anilina, boquitas pintadas de rojo intenso y formas geométricas en las que expresan los panaderos.

Esta noche es de recogimiento, sólo el crepitar de los carbones donde se consume el copal rompe la paz.

 

Los mercados  se visten con el amarillo y rojo del cempasúchil y la cresta de gallo. 

Se entremezclan los olores de la fruta, del pan de muerto y el chocolate, del incienso y las flores. La Fiesta de Muertos. Se celebra a la vida y la muerte. Y si bien esta festividad ancestral varía de una región a otra, es en esencia la misma.

El último día de octubre y los primeros de noviembre,  se unen para recordar a los antepasados, que ya no están, a los que se adelantaron en el viaje.

La pasión de la muerte, dos son las grandes fechas que unen a todos los mexicanos, de norte a sur, ricos y pobres, el día de Guadalupe–Tonatizin y la Fiesta de Difuntos.

Esta fecha es muy importante y mueve profundas estructuras culturales, que vienen desde los ancestrales tiempos de nuestros viejos abuelos.

Cada pueblo, dentro de todas las comunidades con que cuenta el país, realiza la fiesta de manera diferente. “Es increíble la diversidad y la creatividad producto de las múltiples culturas.

 

La creencia en una vida después de la muerte subyace como una sólida infraestructura cultural, que nos da aplomo y fortaleza a todos los pueblos de México contemporáneo

La ofrenda de muertos se levanta  tradicionalmente el último día de octubre. En este proceso participa, toda la familia.

Los elementos de la ofrenda varían de una región a otra, e inclusive de un pueblo a otro. Sobre una mesa forrada con un mantel o papel de china se amarran cañas de azúcar o carrizos, a los que se les da la forma de arco.

Se coloca flor de  cempasúchil, frutas, flores, mole, calabaza o tejocotes en dulce, un vaso con agua, una copa de mezcal, pan, cerveza, una  religiosa y fotografías de los difuntos.

Es común que se coloque un camino con pétalos de flores, desde el lugar de la ofrenda hasta la puerta de la casa, para guiar y dar la bienvenida a los difuntos que por una vez al año se vuelven a hacerse presentes.

La fiesta de muertos o de nuestros antepasados es un mosaico de diversidad.  

La forma de recordar a los difuntos va desde la solemnidad extrema hasta el desenfado total.

La celebración inicia con la tradicional “plaza de muertos”, es la vendimia que se realiza en los mercados para adquirir los productos para la ofrenda.

Fruta, flores, pan, mole, velas, veladoras, calaveritas, copal, mezcal, calabaza y manzanitas en dulce, chocolate y lo que gustaba en vida a los familiares hoy ausentes. 

En algunas comunidades los lugareños acostumbran acompañar a sus difuntos en el panteón durante la noche. 

La llamada Vela de Muertos se practica desde hace mucho tiempo en poblaciones de la Cañada, como Mazatlán, Villa de Flores, y en los Valles Centrales, como  Xoxocotlán y  Atzompa, en Oaxaca y otras de Michoacán.

La obligada visita al camposanto se realiza el uno y dos de noviembre. El primer día se recuerda a los “angelitos”, y el segundo a los adultos.

El primero de noviembre, se lleva a los compadres los llamados “muertos”: un obsequio con las viandas que integran la ofrenda de muertos.

Para cerrar la Fiesta de Muertos o de nuestros antepasados, en muchas comunidades se celebran las tradicionales comparsas, donde el derroche de alegría se combina con la música, los bailes, los disfraces y el mezcal.

 “Era un verdadero arte elaborar la comida para los difuntos que en estos días vuelven para disfrutarla”.

“Hacer mole es una tarea que se inicia días antes, tostando chile para luego molerlo, freírlo y refreírlo con todas sus especias, ingredientes y componentes.  

Se matan pollo, gallinas o guajolotes, y se usa el caldo para ablandar el manjar y después hervirlo por bastante tiempo, de manera que todo se amalgame y salga un delicioso platillo, tan nuestro, y que bañando las piezas de carne de algunas aves se disfrute al máximo.

“Algunas personas acostumbraban l hornear su pan de yema o de muerto, o bien adquirirlo en los puestos del mercado. 

En esas montañas impresionantes donde el delicioso aroma despierta el gusto por adquirirlo con sus cabezas, manos y pies moldeados con harina, para formar el cuerpo con su impresionante abdomen, que abultado por la levadura y el amasijo, se convierte en exquisito manjar para sopearlo en chocolate de agua o de leche, siempre a salud del difunto. 

Chocolate que, por supuesto, era molido, moldeado y entablillado en casa.”

Agrega que otra delicia  el  blanco o de maíz morado, molido y hervido hasta dar un punto que, después de endulzado y aderezado con rajas de canela, era colocado en moldes para que cuajara y fuera cortado en trozos, como parte de la comida.

La calabaza en miel era otra delicia al paladar, cocida con panela, tapexco de cañas, anís, canela, pimienta de Choapan y hoja de breva, un postre digno de reyes.   

“Los tejocotes o manzanitas también eran hechos en almíbar. Podían ser de azúcar con sabor a canela, o también con las cáscaras se hacía una jalea moldeada en diferentes formas, especialmente pescaditos.

“Había frutas como jícamas, naranjas, manzanas, tejocotes, cacahuates, nueces y nísperos, todas sobre la mesa del altar, cubierta con un mantel blanco y, en algunos casos, pedazos de papel de china picado, de diferentes colores y puesto sobre el mantel blanco.

“Con las cañas se hacía un arco y ahí también se colgaban racimos de fruta, cadenas de papel, flores de cempasúchil, de muerto o cresta de gallo.

“En el altar de los niños se colocaban pequeños panes, tabletitas de chocolate, un plato de mole y una tacita con chocolate. También frente al altar se colocaba el retrato del deudo, en cuyo honor se ponía la ofrenda.

“Un vaso con agua, mezcal, cigarros, veladoras o una lámpara de aceite de higuerilla con la flama ardiente y eventualmente rosarios hechos con tejocotes colgando de la mesa, y un crucifijo o la imagen de la Dolorosa presidiendo.

“Los entierros se hacían con pequeños frailes de papel lustre, cabeza de garbanzo y cabellos de algodón. Lindas figuras de barro simbolizaban a la muerte. Se colocaban esqueletos, calaveras con cuello de alambre, en forma de espiral para que fueran movibles, así como músicos, fruteras, tortilleras, panaderas, en fin, todos los personajes que pasan por la vida”.

En el Panteón General o de San Miguel, la conmemoración se llevaba a cabo el uno y dos de noviembre; pero en barrios como el Marquesado o Xochimilco, que tienen su propio panteón, se realiza en otras fechas.

Los deudos arreglaban los sepulcros, llevaban flores y, en algunos casos, el retrato del difunto, lámparas de aceite y veladoras, comida y música.

También precisa que a los muertos olvidados se les llevaban flores y veladoras, con mayor razón a las tumbas de los niños o angelitos. “La vida presente en la muerte y la muerte presente en la vida”.

   

Carmen Parra y La Guadalupana

La Guadalupana, única madre que unifica a este país “de huérfanos”

 

Una de las ilustraciones de la artista Carmen Parra, incluida en el libro Arca de Guadalupe,

publicado por Editorial Jus

Habla Carmen Parra, autora de las 21 tintas que ilustran el libro Arca de Guadalupe

 La pintora creó “una reflexión gráfica” alrededor de la Virgen

Difícil, poner límites al auge de la literatura en torno de la “doncella del Tepeyac”, dice el autor del prólogo

 

La Virgen de Guadalupe es la única “madre” que unifica a este país “de huérfanos”, expresa la pintora Carmen Parra, autora de las 21 tintas que ilustran Arca de Guadalupe, libro que recopila cinco siglos de poesías y textos inspirados en la “doncella del Tepeyac”.

Parra concibe sus dibujos como una especie de “rezos” sobre los textos que leyó, que empiezan con Nican mopohua (1556), de Antonio Valeriano, y terminan con Doce rosas (2002), de Jorge F. Hernández. En esta tarea, la artista hizo, como es su costumbre, “una reflexión gráfica sobre la pintura virreinal mexicana, desde la original de la Virgen, que está en la Basílica, hasta todos los cuadros que de ella se han pintado”, contenidos en los libros de su biblioteca.

De acuerdo con Adolfo Castañón, autor del “prólogo y cosecha” del libro, una de lecturas que se puede hacer de Arca de Guadalupe (Jus, 2007), más allá de un volumen devocional o de historiar la literatura, es cómo “nos muestra la historia de las mentalidades, de las actitudes, respecto del fenómeno guadalupano y todo el paisaje en su entorno.

“Hay un progresivo proceso de secularización, de desencanto, pero lo que es curioso es que dentro de ese proceso hay también un hilo conductor que es la reverencia al aliento de la ‘doncella’ o virgen del Tepeyac. Sí hay un cambio de actitudes que son explicables en función de los cambios culturales que ha tenido México. Pero, en cierto modo son declinaciones de un mismo verbo, porque el verbo siempre sigue allí.”

“Devoto” no sólo de las letras mexicanas, sino de todas las escritas en español, Castañón dijo que el libro parte de un texto que empezó a escribir hace seis años, que se retomó para la presente antología. Arca de Guadalupe, apuntó, tiene tres fuentes principales: los libros Cancionero histórico guadalupano, del padre Jesús García Gutiérrez, y Flor y canto de la poesía guadalupana, del padre Joaquín Antonio Peñalosa, ambos publicados por Jus, y el propio Castañón, ya que tiene la costumbre de “trufar” los libros. Es decir, recorta escritos de su interés para un posible uso posterior.

Nican mopohua, texto básico

Para Castañón una antología de la literatura guadalupana tenía que empezar con el escrito “básico” del Nican mopohua, texto náhuatl multitraducido. Aunque el “Fondo de Cultura Económica publicó una en fechas recientes, con un estudio del historiador y humanista Miguel León-Portilla”.

Al reunir el material, “alterné los huecos que sentía que podían tener las antologías de García Gutiérrez y Peñalosa”, a la vez que lo actualizó al introducir textos que ellos “no podían haber considerado, dado que eran sacerdotes católicos, mientras que yo soy simplemente un lector devoto”.

Incluyó un canto chamánico y descubrió que había poemas o letras de canciones contemporáneas, de Botellita de Jerez, el Tri y Los Ángeles Azules. Entonces, “empecé a involucrarme en el coleccionismo de textos guadalupanos. En ese momento, “Juan Diego se canonizaba, hecho que generó gran cantidad de información periodística”.

El entrevistado alude a cuatro maestros: primero, su padre, aunque no fue guadalupano y una tía que “se hizo llamar sor Guadalupe, cuando profesó en la orden de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús”. Octavio Paz es el segundo.

Luego, Alfonso Reyes, por medio de quien Castañón se involucró en “un conocimiento más sistemático de la cultura mexicana contemporánea desde los pasados 20 años”. El último fue Gabriel Zaid, “cuya forma de pensar los libros en cierto modo me ayudó a la configuración de este corpus que de alguna manera emula el Ómnibus de la poesía mexicana”.

Si el florecimiento de la literatura guadalupana no es privativo de ningún siglo, el escritor dice que es “difícil ponerle límites, pues hay una especie de correlación entre las preguntas vinculadas con la identidad de México y la reflexión que lleva al poeta a acercarse a tocar, con la palabra, la imagen de la Virgen de Guadalupe”. 

Himno del Amanecer

Himno del Amanecer

José Félix Zavala 

(Es una traducción libre, pero muy libre de Aurelio Prudencio y no por desconocimiento de la lengua latina, sino con toda la intención de que soy capaz) 

Estos versos de Aurelio Prudencio, escritos originalmente en latín y a los que intento una no muy ortodoxa traducción, para no quedarme atrás en la venta de libros que nos hace en sus “rodantes” nuestro compañero Figueroa. Su título correcto es “Hymnus Matutinus”. 

El sol cuando se levanta resplandeciente Infunde vergüenza, pudor, arrepentimiento Nadie puede pecar con audaciaTeniendo  la luz como testigo 

Es la hora de la austeridad Donde se busca un tinte de gravedadPara las vanas preocupaciones 

Hora útil para todos,Para el militar, el magistrado, el marinoTambién para el obrero, el mecánico y el gañán 

A la milicia le arrastra el triste anuncio de la guerra, Al mercader, el perseguir con avaricia sus ganancias A nosotros en cambio, desconocedores del lucro Y del arte de la guerra, sólo nos queda negociarCon el arte de vivir Oficio que comienza cuando brilla el sol al amanecer 

El sol es el testigo, el árbitro, el escudriñadorDe cuanto el hombre hace o meditaNadie puede engañarlo. Éste es el juez 

Señores seres humanos, que saben leer y escribir sin comillas, sepan que los filósofos de antaño no se sentaban a la mesa sin haber rendido homenaje a los Dioses. 

Siempre recordaron que el aire, la tierra y los mares, son sus obsequios y abastecen nuestra mesa, la mesa que no se llena de cruentas viandas, sino de los frutos de los pomares y de la miel de la abeja virgen que son un alimento fuerte.  

Dr. Pedro Escobedo. Queretano Ilustre

Dr. Pedro Escobedo 

Médico Pedro Escobedo, fundador de la Escuela de Medicina en México, 1798-1844.El 28 de enero de 1844 falleció el hábil y distinguido médico don Pedro Escobedo. En tan estimable humano e ilustrada persona perdió México a un apóstol de la beneficencia y las bellas artes; a un protector decidido y a un hombre honrado. 

           

La noticia de la muerte del Doctor Pedro Escobedo, sucedía en la ciudad de Jalapa el domingo 28 de enero de 1844; hecho publicado por la redacción del periódico “Siglo XIX”, diario que circulaba en México en esa época. A la edad de 46 años moría uno de los hombres más sabios y útiles que tuvo, en el siglo pasado, nuestra República Mexicana. 

Sabio pues se le llamaba, por la voz de la calle, el primer médico de México; útil por su aportación al país de su Escuela de Medicina. 

En la ciudad de Querétaro nació Pedro Alcántara Escobedo y Aguilar, el 19 de octubre de 1798. La dedicación y notable aprovechamiento que demostró en su Educación Primaria, hicieron que sus padres, muy pobres, lo llevaran al colegio de San Francisco Javier como alumno externo; destacando de forma notable en sus estudios.

Ahí demostró su excepcional talento al sustentar con honores dos oposiciones, en gramática y lenguas latinas; honor nunca antes concedido a un alumno externo que no estudiaba para sacerdote. 

Fue a la ciudad de México a la Academia de Cirugía para obtener el Título de Cirujano y al Hospital de San Andrés para lograr el de Médico. Ejerció como cirujano a los 20 años de edad y como Médico en 1822, obteniendo inmediatamente el empleo de Practicante Mayor del propio hospital. 

En 1824 la marejada política provocó el cierre de la Academia de Cirugía; lo cual obligó a proyectar la creación de una Escuela de Medicina; anhelo al cual Pedro Alcántara Escobedo y Aguilar dedicó más de la mitad de su vida. 

Dos acontecimientos lo hicieron posible: su amistad con don Valentín Gómez Farías y el hecho de haber salvado de grave enfermedad a la esposa del General Antonio López de Santa Ana. Poco después su gran proyecto se concretó en 1836, al abrir sus puertas la Escuela de Medicina y Cirugía en el Convento de Betlemitas. 

En 1841, el ilustre médico, asociado con otros nobles profesionistas, compraron el palacio de la Santa Inquisición para ubicar ahí su escuela; lugar donde funcionó más de un siglo para ser trasladada posteriormente a la bella Ciudad Universitaria. 

El doctor Escobedo fue maestro de Cirugía Operatoria y de Patología Externa; luego Vice rector y después Rector de la Escuela. 

A sus discípulos no sólo les comunicaba sus sabias lecciones sino que con el producto de su sueldo compraba libros e instrumentos que repartía entre aquéllos. 

A su costa editó la Farmacopea Mexicana, obra que escribió en su totalidad el Doctor Leopoldo Río de la Loza, primera en su tipo en México.

Como recompensa a su gran mérito fue nombrado socio de las Academias Médicas de Madrid y de París; miembro de la compañía Lancasteriana de Literatura de San Juan Letrán y del Ateneo Mexicano, así como de un sinnúmero de asociaciones. 

Pagó su tributo a la política; ámbito donde se desempeñó como diputado electo y después como senador de la República. 

En 1842 sufrió la pérdida de su hija única y jamás pudo recuperarse de la aflicción que ello le causó. 

Con padecimientos cardíacos se trasladó a Jalapa donde meses después, el domingo 26 de enero de 1844, falleció. Su cadáver fue llevado a México para ser enterrado con los correspondientes honores. Al sepelio asistieron, entre otras personalidades: Don Guillermo Prieto, Manuel Payno y el  General José María del Toral.  

El 13 de mayo de 1904 el Congreso del Estado de Querétaro determinó honrar la memoria del ilustre queretano Pedro Alcántara Escobedo y Aguilar, nombrando al pueblo de Arroyo Seco, perteneciente al Distrito de San Juan del Río, como Pedro Escobedo. Posteriormente, el 14 de mayo de 1941, por acuerdo de ley de la XXXII Legislatura y siendo Gobernador el C. Noradino Rubio, nació el Municipio Libre de Pedro Escobedo .