Una serie de escritos de Jaime Sabines…

Una serie de escritos de Jaime Sabines*

 

Fueron traducidos al idioma inglés

 Jaime Sabines, “el admirable, el solitario Tigre Sabines, es un hombre aparte”

 “Una poesía hecha de los días de la semana y de las semanas en el día, es decir, de las materias terrestres y del corazón del hombre”.

He mirado a estas horas muchas cosas sobre la tierra

Y solo me ha dolido el corazón del hombre.

 

Sueña y no descansa

No tiene casa sobre el mundo

Es solo

Se apoya en Dios o cae sobre la muerte

Pero no descansa

 

El corazón del hombre sueña

Y anda solo en la tierra

A lo largo de los días.   Permanentemente.

 En la ciudad  es difícil sentirse perdido”. Sabines lo ha reiterado en entrevistas.

Después de los años arduos en Tuxtla Gutiérrez (1952-1959), donde pasaba los días –recuerda José Casahonda Castillo– “frente al mostrador del cajón de ropa El Modelo”, y donde a la vez que vendía “las piezas de piqué español, de tira bordada francesa y de manta india”, escribía Tarumba.

¿Qué puedo hacerEn este remolino de imbécilesDe buena voluntad? ¿Qué putas pudo hacer Tarumba,Si no soy santo, ni héroe, ni bandido,Ni adorador del arteNi boticarioNi rebelde? 

Un libro, hecho de sol y de agua, de alegría y de vuelo, un libro para que conversen los pájaros y las hojas pero también para que se reconozca, en el espejo, el hombre angustiado y trágico.

Después de las tensiones y angustias de Tarumba e incluso de Rescoldos de Tarumba –repuso en una entrevista hacia 1983–, la escritura de Diario semanario fue un desahogo, un juego De viva voz.

Adán y Eva es quizá su libro más reposado, y casi diría, agradecido.  

“Ayer estuve observando a los animalesY me puse a pensar en ti.Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas”.¿Es que tu sangre y la míaSe encienden a diferentes horas?

De las contadísimas veces que menciona un sitio, en el libro, con nombre propio, es en el último fragmento, al hablar de la alameda de Santa María la Ribera, el barrio donde vivió muchos años, y al que López Velarde le hallaba un enorme parecido con Jerez, al grado de llegar éste a creer que repentinamente iban a sonar en el kiosco “Alejandra”, “Fingida”, “Blanca”, “Poeta y campesino” y “Tú bien lo sabes”.

Igual que en Horal (1950) y en La señal (1951), Sabines menciona en este libro calles y plazas, cines y casas de placer, pero no sabemos exactamente cuáles.

Y sin embargo, todo el tiempo creemos estar inmersos en los barrios céntricos, en el corazón de la ciudad, que para él se convertía en la ciudad del corazón.  

Yo no lo se de cierto pero lo supongo

Como en Adán y Eva (1952), o posteriormente en secciones de Yuria (1967) y Maltiempo (1972), la forma que Sabines utiliza es el poema en prosa, cuyo ritmo, ha dicho:

“es el que más se acerca al de la sangre”.

Como pocos, Sabines posee esa rara facilidad para expresar con sencillez perfecta lo mismo elementos simples o incluso antipoéticos de nuestra vida cotidiana que situaciones complejas o antagónicas.

En el breve libro el poeta nos relata los hechos diarios semanarios que le ocurren, donde aun los asuntos metafísicos como Dios, la muerte, la eternidad, el paso del tiempo, el alma, se vuelven tópicos terrestres en la música verbal.

Para Sabines, Dios puede tener “la cara blanca y vacía” y de Él podría hablarse interminablemente “con ternura y con odio, como de un hijo perdido”, y a la muerte se le puede pensar al manejar el automóvil.

La eternidad, después de todo, diría respondiéndole a Rubén Salazar Mallén:

 “no es más que una prolongación, menguada y pobre, de nuestra propia existencia”.

En algún instante, para afirmar la belleza y la hondura de la vida, Sabines dice en líneas que parecen el sonido de una lápida cayendo sobre la tumba:

“Creer en la supervivencia del alma, es lo mismo que cargar su tabla mucho antes del naufragio.”

Se trata de vivir lo mejor posible, pegado a la tierra, fiel a la tierra, oyendo las enseñanzas de la noche, cerca de las cosas que a diario descubre nuestra vista y lejos de los sueños que sólo sueños son.

Las estrellas, lo sabe, están en otra parte.

Poeta del cuerpo y del lenguaje del cuerpo, como López Velarde o Neruda, su obra, ha dicho Ramón Xirau, contrasta con las de Mallarmé, Valéry y Jorge Guillén, donde se está:

 “Frente a un mundo pulido, perfecto como una piedra recién lavada”.

Pero el hombre Sabines, en la trama, a veces impredecible, de las experiencias diarias semanarias de sí mismo y de los otros, nos cuenta lo que pasa en torno de él para saber lo que pasa en él.

Así nos habla sobre la gente que se amontona de manera promiscua en el cine, en la plaza de toros y en el cortejo fúnebre que avanza por las calles; sobre las niñas leves que van al colegio y las viejecitas que regresan de misa; sobre los borrachos en el estadio y los vendedores ambulantes; sobre la estación de ferrocarriles de Buenavista, donde va a despedir a la muchacha, Rosa, que vuelve a Tuxtla, porque tiene cáncer y quiere morir allá, y las sirvientitas que pasean engalanadas por la alameda del barrio de Santa María y quienes sueñan y esperan:

 mientras llegan a la prostitución o regresan al seno de la familia miserable”.

No es el mundo que se perdió y que cantaron poetas como Rabindranath Tagore o los japoneses antiguos, sino el orbe nuestro de cada día, el “de las bombillas eléctricas, los automóviles, el grifo de agua, los aviones a propulsión a chorro”.

En vez de la muchacha del cántaro de Tagore, encontramos a la pobre mecanógrafa en la oficina soñando con enamorados de filme hollywoodense.

Todo ese orbe diario, desde luego, enlazándose con versos escritos a la amada.

Con ese raro don que posee, Sabines, en los poemas amorosos, hace que dos cuerpos se vuelvan los cuerpos de todos los enamorados.

Las parejas se complementan y se descubren centímetro a centímetro en el lecho, en el cuarto, en la casa, en la ciudad, en el mundo.

Un hombre y una mujer sorprendiéndose con inocencia asombrada y luz desprendida en el jardín original, desnudos y solos, sabiendo ya en ese momento que lo saben todo, o al menos, lo suponen.

Una serie de poemas seleccionados y reunidos por el bardo británico W. S. Merwin fueron traducidos al inglés bajo el título de “Pieces of Shadow”, “pedazos de sombra” cuyo autor en español es el fallecido vate Jaime Sabines.

 

La Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica  también tradujo al inglés el libro Nuevo catecismo para indios remisos, de Carlos Monsiváis, con el título de “A new catechism for recalcitrant indians”.

Sabines y Monsiváis son los primeros autores traducidos, aunque también se contempla la traducción de una antología de Alfonso Reyes; Maten al león, de Jorge Ibarguengoitia; y Hernán Cortés, de José Luís Martínez.

El FCE en su publicación Lecturas 21 señaló que en el volumen “Pieces of Shadow”, se integran algunos de los mayores poemas que Sabines reunió en títulos como Horal, La señal, Adán y Eva, Tarumba, Yuria, Maltiempo, Algo sobre la muerte del Mayor Sabines y Uno es el hombre. 

* Tomado de un texto hechos pedazos por quien esto escribe del gran Marco Antonio Campos

 

El Museo del Escritor…

Museo del Escritor   El Museo del Escritor, único en su género en México y probablemente en el resto del mundo,  reinició su ciclo de actividades.

El escritor mexicano René Avilés, director de la fundación, aseguró que a pesar de ser un espacio tan pequeño, “era necesario tener un museo dedicado a los escritores, tanto mexicanos como extranjeros”.

La fundación fue creada por un grupo de escritores, pintores, músicos y actores.  Entre los atractivos principales del museo figura el que el público encontrará cerca de 400 primeras ediciones de obras de José Saramago, Gabriel García Márquez, ambos premios Nobel de Literatura, Carlos Monsiváis, Edgar Alan Poe, Carlos Fuentes, Rafael Solana y José Agustín, entre muchos otros.

Muchos de estos libros fueron firmados por sus autores. “Cerca del 95% de la colección está compuesta de autores de origen mexicano, algunos estadounidenses y pocos europeos”.

Este espacio, se dijo, debería de encontrarse en el corazón de la capital. “Por ahora estamos en busca de este sitio. Lo más adecuado sería encontrarle una casa o edificio en el Centro, pero eso no ha sido fácil y resulta costoso para nuestras posibilidades económicas”.

Además de las obras mencionadas, el Museo del Escritor tiene entre sus paredes alrededor de 200 caricaturas, grabados y fotografías de polígrafos famosos, la mayoría mexicanos. También hay plumas, máquinas de escribir, lentes, cartas y documentos que pertenecieron a dichas personalidades.

Aún se tiene muchos objetos por desempacar en la bodega, todos ellos fueron donados o prestados por familiares, coleccionistas y herederos de los escritores. También se tienen planeadas diversas actividades, entre las que destacan un homenaje por los 40 años de la matanza del 1968 en Tlatelolco, así como homenajes a figuras de la talla de Elena Garro, Raúl Anguiano, Miguel N. Lira y el compositor Manuel M. Ponce. La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla participará de manera conjunta con la fundación, en la organización del homenaje a Elena Garro, las actividades se realizarán en dicha casa de estudios.

Al respecto, Avilés reconoció que uno de los objetivos del museo y de la fundación es acercar la cultura, en este caso, la literatura, a los estados del país, “de forma que la Fundación estará abierta a recibir propuestas para trasladar sus actividades al interior de la República“.

La fundación también apuesta por el estímulo a los escritores jóvenes, es por eso que pondrá en marcha un programa de becas dirigidas a los escritores menores de 30 años. La participación de profesionales en el ámbito de la literatura, es parte importante dentro de los múltiples talleres que se imparten  en el espacio de la fundación.

En el área musical, la Fundación prepara homenajes para Manuel M. Ponce, a través de la remasterización de los discos que grabó con la Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria, al lado del maestro Uberto Zanolli.

Se hará un homenaje dedicado al maestro y cantante de ópera Roberto Bañuelas, las actividades incluyen mesas redondas y conferencias, cuyos resultados serán entregados al final al barítono.  Es un centro de investigaciones literarias que nace hermanada a otras fundaciones culturales como la de Sebastián, el Museo José Luis Cuevas, la Casa Lamm (donde Avilés Fabila preside el Centro de Escritores Juan José Arreola) Entre las instituciones vinculadas a este proyecto no lucrativo se encuentran el INBA y la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal.  Dirección: René Avilés Fabila, A. C.
Yácatas 242
Colonia Narvarte
México, D.F.
Teléfono: 56 39 59 10

Requiem por María…

Requiem por María

  

                                         José Félix Zavala

  

Nota: Texto totalmente histórico, queretano y vigente. Aunque usted no lo crea.

 

 

El Querétaro místico de los años cincuenta.

 

  “…Todos los santos ángeles y arcángeles, todos los santos patriarcas y profetas, todos los santos apóstoles y evangelistas, todos los santos mártires, todos los santos pontífices y confesores, todos los santos doctores, todos los santos sacerdotes y levitas, todas las santas vírgenes y viudas, Rogad por Ella…” 

María Olvera, “Mariquita”, así la llamaron toda la vida, murió hoy, había pasado sobradamente los cien años, parte de ellos los vivió en una de las casonas viejas del Portal Quemado, en La Plaza de Armas, venida a menos rentó una casa al sur de la calle de Cinco Señores, junto con sus hermanas Luz y Natalia, que fueron muriendo en el transcurrir de esta penosa lucha y hace unos días, contra su voluntad, fue llevada al asilo de ancianos, de allí se fue. 

Dedicó su niñez, su juventud, la vida entera a cumplir un voto ofrecido, no lo sé bien a bien, ni cuando, ni como, sobre esa virtud católica, llamada “Castidad”, en su mirar apacible y claro, sé notaba  el triunfo que tuvo siempre sobre ella.  

Para las Cenobitas, de los muchos conventos cercanos, nunca existió María Olvera, pasó desapercibida, quien como ellas, estuvo permanentemente a la  espera del Esposo Divino; Los Levitas de este pueblo, que son muchos, no volvieron a la casa de Mariquita, desde aquellos días del año 1929 en que los escondía en su casa, para que no fueran asesinados. Ella lo contó siempre, pero nunca hubo un reproche.  

Un canto gregoriano, en voz de monjes benedictinos de Solesme, susurra las letanías de Todos los Santos, mientras mi pensamiento vuela al recuerdo, retrocede y el poeta  habla: 

“…y no tenias el gesto agrio de las solteronas      porque tu virginidad     fue como una preñez de muchos hijos…” 

Mariquita, virgen antigua, consagrada, que debieron enterrar de blanco, en sus nupcias definitivas, siempre casta, limpia. Cuanto me duele su ausencia y la falta de esa caja blanca a la hora de depositarla sobre el campo santo, no se pudo conseguir ninguna usada, era demasiado pobre para que alguien advirtiera su deseo, fue su sueño me lo contó innumerables veces, en ese arrullo con el que me cobijó  cuando niño. 

Mi casa  cerca de la suya, cada vez que miraba su ventana, chocaban mis ojos con un letrero pegado tímidamente en el cristal “En esta casa se venera a la Madre de Dios”, ¡ Cuanto hubiera dado por entenderlo entonces !  Por saber de cierto el significado. 

Su modelo en la lucha por conservarse siempre sin tacha, siempre virgen:  La Inmaculada Concepción, claro, la del dogma proclamado por Pío lX en 1849, la defendida por el teólogo franciscano Juan Duns Scoto, el famoso doctor sutil, la  pintada por Murillo hasta el cansancio, la Madona de San Ildefonso, la descrita por Dante en su Divina Comedia. 

“… de tu ira, de las penas del infierno, de todo lo malo, de la potestad del demonio, por tu nacimiento, por tu cruz y pasión, por tu muerte y sepultura, por tu gloriosa resurrección, por tu admirable ascensión, por la gracia del Espíritu Santo Consolador, en el día del juicio. !Líbrala Señor ¡ 

Largo y pesado  su caminar, son ya cien años, el recorrido de Cinco Señores al Convento Grande de San Francisco es fatigoso, nadie le hablaba, todos la mirábamos a lo lejos, a nadie confiaba su secreto, ese de vivir largamente casta, su cuerpo entregado al Divino Esposo, como las vírgenes prudentes. Muy arrinconada pasaba los jubileos de “ las cuarenta horas ”, mirando sin parpadear por largos momentos la Hostia, las madrugadas eran suyas, todos habían huido, era la hora de la intimidad.  

“…exijo que los ángeles te tomen     y te conduzcan a la morada de los limpios     debiste llevar azahares el ultimo día…” 

¡ Tesorera del cielo, Llave del paraíso, Esperanza de los desesperados, patrona de las Galias, Reina de la Iberia, Madona de Italia, Emperatriz de Oriente y Occidente, estas jaculatorias en boca de Mariquita derramaban frescura, la frescura de quien pronuncia el nombre amado, de quien busca aliento en la esperanza, compañía ligera en la soledad. 

“…virgen desposada en un cementerio      que la muerte recoja tu cabeza blandamente…” 

Mons. Florencio Rosas, Cura, Rector, Arcediano, Maestro, Benefactor, Asceta  el hombre de su tiempo, El Padre Rositas,  su maestro. Lo nombraba frecuentemente en sus conversaciones. 

 “juntar un dinerito” para “mandar” decir una misa de esas que ya no se usan, “doble, semi doble, simple, de feria, de vigilia, votiva,” esas misas que comienzan retebonito, era su delicia, la motivación, el aliento  

“ …  subiré al altar de Diosdel Dios que es la alegría de mi corazón¿ Por que te abates alma mía?¿ Por que té llenas de turbación?Te suplico Señor borres nuestras iniquidadesPara que merezcamos entrar con alma puraEn el Santo de los Santos …” 

Que lejos estaban de su  pensamiento, Lutero, Calvino, Zuinglio, Enrique Vlll, el famoso sermón contra las indulgencias. ¡ Tantas había ganado! Que nadie puede quitárselas ahora, en el momento de la muerte, son el pase a la eternidad. 

En su agonía,  lo sé, lo supe siempre,  estaba Thomas de Kempis con su “Imitación de Cristo y menosprecio del mundo”, todo buen asceta como era Ella tenia por necesidad que recurrir a esa lectura.  

Suyos también y muy cerca los “Ejercicios espirituales” de San Ignacio,  escritos en Manresa ¡ no faltaba mas ! Publicados en 1534, aprobados, claro,  por el Sumo Pontífice. Yo también durante mi juventud caí en ese garlito, muchas veces medité sobre las postrimerías, muerte, infierno y gloria. 

“… extínganse en ti todas las malas obras, por la imposición de estas manos nuestras y por la invocación de todos los ángeles, arcángeles, mártires, confesores vírgenes y todo lo que es santo y que por esta santa unción y su gran misericordia, tenga el Señor Piedad de los pecados, que cometiste con los ojos, los oídos, el olfato, el gusto, el tacto…” 

El sacerdote que la ungía estaba lejos de conocer la santidad, el triunfo secreto de quien había ganado la batalla, de quien había corrido la carrera, ella no necesitaba de esos intercesores terrenales, había cumplido. 

Miró el mundo desde un rincón de su casa en las calles de Pasteur sur 60, y desde allí fue una gran misionera, como lo fueron Pedro y Pablo, Andrés y Bernabé,  en Italia y Grecia, Indalecio en España, Dionisio en Francia, Patricio en Inglaterra, Bonifacio en Alemania, Cirilo en Rusia, Simón y Judas en Africa, Francisco Javier en la India y Japón, ella fue tan grande como el que más, pero desde su ventana. 

“ …Líbrame Señor de la muerte eterna       en aquel terrible día        cuando se conmoverá toda la tierra y el cielo       día aquel de calamidades y miserias       día en que todo ruego será inútil       aun el del coro de los justos… “                                                                                                      Dice el poeta:

“ nunca ha sido tan real eso en lo que creíste   te pasaste dando tu vida a todos   pedías para dar, desvalida …” 

Me acuerdo de aquel Manifestador, de su custodia y sus candeleros de siete brazos, parecía de a deveras, nunca lo he olvidado, me lo prometió un día, juntó “dinerito” y fue por él a la Plaza de Armas, una tarde de “Todos santos”,  esa noche improvisé un altar y jugué a sus sueños. 

“ … diríjase Señor mi oración       como el incienso, hacia tu presencia       la elevación de mis manos      sea como el sacrifico vespertino…” 

! te siento tan desamparada, tan sola       sin que nadie te ayude a pasar la esquina…” 

Escucho su conversación, cuando decía que llena de juventud, paseó por la Alameda, decía que entre sauces, álamos y fresnos, y del paseo  por la Calzada de Belén, entre hileras de abetos, o cuando hablaba de la escapada al barrio de la Otra Banda, donde la primavera era mejor según el decir de los cronistas, jamás traicionó ni con el pensamiento a su amante divino. 

Escucho sus palabras aún, cuando me contaba que su madrina de Primera Comunión,  fue pariente cercana del Marques de la Villa del Villar del Aguila, el que tiene monumento en el ojo de agua El Capulín, allá en la Cañada, admiro como  sabia los nombres de los habitantes de las casas grandes, inmensas y viejas, edificadas en el Centro, hace siglos, las describía en sus interiores, mientras yo las imaginaba. 

“ …Santa María Magdalena, Santa Agatha, Santa Lucia, Santa Inés, Santa Cecilia, Santa Catarina, Santa Anastacia, todas las santas vírgenes acudan en su auxilio …” 

En su agonía fue casi tautológico que le llevaran el Viático. 

“… este vino Señor y este pan, son manjares del alma para quien los recibe dignamente, es como fuego que cae del corazón, la llama de la caridad, con las cuales se aplacan los fuegos y ardores de la carne y se enfrentan sus malos efectos …”    

Es por eso que el lienzo que guarda la sacristía del oratorio de Santa Rosa de Viterbo, donde aparecen las beatas Rosas trabajando en los jardines del Real Colegio, argumentando siempre del mismo asunto, los amoríos de su Señor, del Divino esposo. 

El Jesús del juego escultórico, Los doce apóstoles”, exhibido en la misma sacristía del oratorio, que tan presente lo tengo, -las madrugadas, cuando acolitaba la misa de cinco, – de su seno sale una puertita, que alberga un sagrario, donde siempre pensé que seria la morada definitiva de Mariquita, para que su casero ya no la corriera con insultos al cobrarle la renta. 

Frente a mí, esta su retrato, de mediana edad, su rosario de plata, la vida del Padre Rositas en libro, ¡ mi herencia! , hermosa herencia anunciada.  

Estas letras son un recuerdo vago de su vida, también de esas tardes en que me escapaba a verla de lejos, sonreírle y regresar, bien sabia ella que mi fin era interesado, el interés de una gelatina, de las muchas que tenia en su expendio de leche, cuando pudo trabajar, las hacia muy sabrosas, a sabor limón,  limón cortado del árbol de mi casa y salidas de sus manos, las vendía a cinco centavos, el postre, un cuento de “vidas de santos” que se sabia tan bien, pero eran mejor cada día como los contaba, dichosa cuenta cuentos. 

 “ … recibimos prestada la vida, para que cuando nos la pidan, la volvamos de buena gana y si se nos ha llegado el tiempo de pagar esta deuda, alegraos pues salís de los trabajos y miserias de la vida humana. Os conocerán los ángeles, saldrán a recibíros los bienaventurados, la Bienaventurada Virgen María os abrazará y os llevará a su hijo, con cuya señal estáis adornados…”. 

Las capillas de indios de ésta su ciudad, puesto que su padre era apellidado Olvera, de los Olvera,  como muchos de este pueblo, tan lleno también de conventos monumentales, casi 20 existen aquí. 

Comenzando del Sangremal donde está el de los Crucíferos, después los Colegios Jesuitas de San Ignacio y San Francisco Javier, el de los Mercenarios, el de los Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe, El de los Dieguinos, o el Convento Grande de San Francisco, el de los Carmelitas o el de los Agustinos, no falta el Dominico, el Hospital de los Juaninos, el de los Felipenses y muy retirado el de Recolección, donde esta la Virgen del Pueblito, eso sin contar las ayudantías de la Parroquia de Santiago, San Francisquito, San Sebastián y Santa Ana.  

Esas capillitas como la del Espíritu Santo, antiguo lugar del Juego de Pelota, en el barrio de los jauleros o como las de Santa Catarina y San Gregorio, en la Otra Banda o la de El Refugio en el Cerrito o la de San Antoñito o San Roque, son la esperanza. 

Estoy seguro que algún día  recordarán a María Olvera con su virtud llevada al heroísmo y sin soberbia, pero no en Catedral, con sus Canónigos de misa conventual de ocho de la mañana, ni en los cinco grandes conventos de monjas, como el de las Teresas, tan cerca de su casa, o el de Capuchinas, ahijadas del Marques o el de las Clarisas parientes del indio Cacique Conín, ni el de las Beatas Rosas, ni el de las Carmelitas descalzas. 

Las hermanas Alonso fundadoras de las Beatas Rosas, La india casica Marìa Luisa, fundadora de las Clarisas, o María Josefa fundadora de las monjas Teresas o la india otomí, Salvadora de los Santos famosa monja  entre las Carmelitas Descalzas de este pueblo o Marcela de Estrada fundadora de las monjas Capuchinas, esas si serán recordadas por siempre, María Olvera no, porque no era monja ni de coro, ni lega,  porque fue sacada contra su voluntad de su casa y llevada al asilo de ancianos y ninguneada,  pobre y venida a menos. 

La música coral de Solesme, sigue entonando en gregoriano, las letanías de Todos los Santos, continua y en mi cabeza se agolpa el rezo: “ de las puertas del infierno… lìbrala Señor… 

Santa Everasia, Santa Febronia, Santa Anastasia, Santa Eugenia, Santa Cirila, Santa Atanasia, Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Clara, Santa Rita, Santa Teresa de Calcuta, a la hora del juicio final recuérdenle a su Amado Divino las penurias, el silencio y el ninguneo de la  Virgen y mártir María Olvera, siempre casta. Siempre humilde, siempre sonriente, en el día aquel en que ni los justos estarán seguros, día de ira.