Volvimos a nacer…*

Volvimos a nacer*

Miles de mariposas amarillas de papel volaron por el recinto donde se inauguró el cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española, en la ciudad caribeña de Cartagena de Indias, durante el homenaje a Gabriel García Márquez. 

No tenía la menor idea del significado ni el origen de esa frase ni hacia dónde debía

conducirme; lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses hasta que terminé el libro.

Parecerá mentira, pero uno de mis problemas más apremiantes era el papel para la máquina de escribir; tenía la mala educación de creer que los errores de mecanografía, de lenguaje o de gramática eran en rea-lidad errores de creación y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo.

Con el ritmo que había adquirido en un año de práctica, calculé que me costaría unos seis meses de mañana diarias para terminar.

Esperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obra de escritores mexicanos, entre ellos La región más transparente, de Carlos Fuentes; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Buñuel.

Cuando le propuse que me sacara en limpio la versión final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y después en tinta roja para evitar confusiones, pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos.

Pocos años después Pera me confesó que, cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí, resbaló al bajarse del autobús con un aguacero diluvial y las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle; las recogió empapadas y casi ilegibles con ayuda de otros pasajeros y las secó en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa.

Lo que podría ser motivo de otro libro mejor es cómo sobrevivimos Mercedes y yo con nuestros dos hijos durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte, ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa.

Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad.

Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años.

El experto las examinó con un rigor de cirujano, pasó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: ”Todo esto es puro vidrio”.

En los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero sin el mínimo temblor en la voz: ”Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses”.

”Perdone, señora -le contestó el propietario-, ¿se da cuenta de que entonces será una suma enorme?” “Me doy cuenta -dijo Mercedes impasible-, pero entonces lo tendremos todo resuelto. Esté tranquilo”.

El buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres más elegantes y pacientes que habíamos conocido, tampoco le tembló la voz para contestar: ”Muy bien, señora, con su palabra me basta”, y sacó sus cuentas mortales: ”La espero el 7 de septiembre”.

Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien años de soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la Editorial Sudamericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: ”Son 82 pesos”.

Mercedes contó los boletos y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera y se enfrentó a la realidad: Sólo tenemos 53. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto.

Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte, pero antes de que consiguiéramos el dinero para mandarla ya Paco Porrúa, nuestro hombre en la Editorial Sudamericana, ansioso de leer la primera mitad del libro nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarlo.

Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy. Muchas gracias.

*Gabriel García Márquez  

José Luis Sierra…Poeta Queretano

La literatura en Querétaro, pobre y anárquica: J. L. Sierra “La provincia siempre con los ojos en el D. F.” José Félix Zavala 

El destino fatal, para los escritores de provincia, sigue igual; Caminar para atrás, escribir aquí y proyectarse hacia el centro. Esa institucionalidad nos deja sin apoyos y sin recursos, lo mismo que sin proyección. Mi caso no es la excepción, comenta el poeta queretano José Luis Sierra. 

La historia actual de la literatura en Querétaro –dice – parte de los años sesentas, de las circunstancias propias de todo desarrollo de un desenvolvimiento de la Universidad local cuando empezamos a sentirnos afectado por la cercanía al Distrito Federal y se dan contactos con gente del medio, como Alejandro Aura, Andrés González Pagés y Efraín Huerta, entre otros. 

A partir de 1970, brilla un taller de literatura que pone en actividad la producción que se tenía soslayada y empieza a salir; se da una página cultural que lleva ya 14 años en un periódico local y los casos esporádicos, como el de Francisco Cervantes y de Hugo Gutiérrez Vega, que en su rectorado produce prácticamente un sistema cultural en Querétaro. 

Mi generación, dice el autor de “Paisaje con país” y  “Clamor desde lo hondo”, coordinador de los foros literarios universitarios y maestro del taller de poesía, es la de los que comienzan a escribir en 1970 dentro de la proyección de la U A Q y los talleres de La Casa de  Cultura del INBA. 

Tengo que aceptar añade, que la existencia de la literatura en Querétaro es pobre, nada uniforme, totalmente anárquica. En este momento ya no se cree en nada que no sea el trabajo propio, y aunque hay mucha gente que está escribiendo y eso lo se, no se reúne debido a que ya hubo intentos en un principio, pero se viciaron y se volvieron anacrónicos. 

La difusión cultural universitaria es raquítica, afirma, y pide que se recuerden como han sido golpeadas hacia el 68 las universidades; mientras los proyectos del Estado son prácticamente nulos, por tanto quienes escribimos en Querétaro en pequeños grupos; leemos sin métodos; nos comparamos unos con otros; publicamos aquí y allá; tratando de salir, y lamentamos la situación y la achacamos a falta de apoyo institucional, de creencia; y a que la Universidad, como todas, se ha convertido en un aspecto burocrático de la educación en México. 

José Luis Sierra que ha publicado poesía en “Cuadernos Hispanoamericanos” de Madrid, en la Universidad de San Carlos en Guatemala, mención en 1977 en el premio nacional de poesía Joven y colaborador permanente en páginas culturales, locales y nacionales. Dice que el nivel actual de la poesía en Querétaro comparativamente y tomando en cuenta los premios nacionales, tiene un nivel medio; y lo digo porque llevamos ya tres años en la U A Q con un concurso interno y otro nacional de donde han salido poetas jóvenes muy destacados.

La poesía en México la están haciendo los menores de 40 años y la lectura está dependiendo de los espacios creados por las revistas o los periódicos. Ganar lectores es el gran reto que tenemos ahora los poetas. No se quienes se lean más, si marco Antonio Campos, Javier Sicilia, J. L. Rivas o Efraín Bartolomé.  

Entrevista publicada en “La Jornada” el 9 de julio de 1986 por J F Z, en la sección cultural.

G G M Contado por sus amigos…

 Gabriel García Márquez contado por sus amigos.

Al menos 25 de los personajes más cercanos a él dieron un testimonio que habla del Gabo que pocos conocen, el escritor amigo, jefe de una tribu, con un poco de guajiro, que toca el tiple (el instrumento nacional de Colombia), del amor por sus raíces y por su familia.

Esos son los ingredientes del documental Buscando a Gabo, del cineasta Luis Fernando Pacho Bottía, que ya se estrenó en el canal de televisión pública de Colombia y que abrió el homenaje que recibió el premio Nobel de Literatura el lunes anterior.

Al planear el documental como parte de esta serie de homenajes “quisimos que se enfocara en el lado humano del personaje, que la literatura, el cine, el periodismo, en general su oficio de escribir, se viera a través de su lado íntimo y no mediante un análisis literario, cinematográfico o periodístico”, dice Pacho Bottía, en entrevista con La Jornada.

“Hacer este documental significaba que García Márquez iba a ser visto a través de sus amigos, de las personas allegadas a él, no de las personas que lo hubieran estudiado o interpretado, si no las más cercanas y que fueran testigos únicos de los acontecimientos que íbamos a tratar: si íbamos a hablar de la entrega del Premio Nobel significaba hablar con quienes estuvieron ahí.”

El resultado de este ejercicio son 55 horas de entrevistas a personajes como Alvaro Mutis, Plinio Apuleyo Mendoza, Meira Delmar, “que me contó cosas como que Gabo toca tiple y llegaba a tocar tiple a su casa;

Astaba también Lisandro Luque, Jaime Humberto Hermosillo, que ha hecho dos películas con guiones sobre obras suyas y me dijo que cuando Gabo escribió Cien años de soledad daba clases en la escuela, no sé si en el CUEC, y él era su alumno. Carlos Monsiváis. Mauricio Vargas, hijo de su amigo Germán Vargas;

Enrique Santos uno de los codirectores de El tiempo, que trabajó con él cuando Gabo practicaba el periodismo militante”.

El viaje por la vida de García Márquez fue de Aracataca a Barranquilla, Sucre, Zipaquirá, Bogotá, Cartagena, San Antonio de los Baños y la ciudad de México.

El primer reto que vimos, añade Pacho, es que sobre Gabo se ha hablado demasiado y “pensábamos que no diríamos nada nuevo, pero hablando con su familia y algunos de sus hermanos me di cuenta de algo que a lo mejor ni en la misma Colombia hemos percibido, y es su profunda ascendencia guajira, que es ante todo una parte indígena, aunque no tiene ascendentes de esa etnia.

En la zona de la guajira hay toda una cultura de amistad, de la familia, por eso es que su hermano dice ‘nosotros somos una tribu y tenemos un palabrero’, que es Gabo, por eso le dan el bastón de la palabra y del humor.

“De sus amigos, todos ochentones, me sorprendió su vitalidad, todos fuertes, lúcidos. Me di cuenta de que un punto vital es la importancia de la amistad, la amistad incondicional, que es una cosa guajira, y en todo el recorrido con sus amigos vi que la amistad es sagrada, y la complicidad es una virtud muy apreciada; el amor por las raíces como base de la creación y de la familia.”

Su literatura y su obra lo hacen universal, pero también que García Márquez se pone siempre en el lado del otro, “y eso lo hace entender a la persona, a las personas, con quien está. Tiene una sabia sencillez, porque premios Nobel ha habido muchos, pero él es un personaje particular.

“Ahora, este documental tiene un valor extracinematográfico, y es que significa lo mismo que sería si tuviéramos a los amigos de Cervantes o Shakespeare”, señaló.

El documental, que contó con el apoyo del Ministerio de Cultura, Radio y Televisión de Colombia, y la Universidad de Magdalena, ya se transmitió por el canal Señal Colombia, mientras que se trabaja para llevarlo a otros países, entre ellos México. Ericka Montaño

Los Franciscanos en Querétaro…

Los Franciscanos en Querétaro 

El templo y convento grande de San Francisco, es el punto de partida del desarrollo religioso, arquitectónico, social, económico y político del Querétaro occidental 

Con la llegada de los franciscanos a Querétaro, en el siglo XVl, junto con el movimiento de la ocupación española,  determinó el momento definitivo para la formación y conformación de la nueva sociedad queretana y de la nueva traza de la ciudad y el progreso económico de la región. 

Dado el origen mesoamericano de Querétaro, ubicado desde el 400 a. C. La invasión o repliegue  los otomíes al mando de Conín en 1531 hacia Querétaro da por resultado que para mediados del siglo XVl, se diera una transformación y recomposición de la antigua ciudad en su arquitectura y de su sociedad, donde los españoles pasarán a ocupar un lugar preponderante. 

Son los españoles los nuevos habitantes y “fundadores” de Querétaro y “propietarios” de la población, mientras los indios comienzan a ser desplazados hacia otras poblaciones o fundan barrios alrededor de la nueva población. 

Para 1585, ya se habla de un convento “en toda forma”, con actividades que distinguían su vida y sus objetivos, como eran el monasterio, la parroquia, la doctrina, el noviciado, los estudios de gramática, latín, y otros. 

La idea de la evangelización en los frailes y para la corona española, no tenía un carácter puramente religioso, sino más bien un sentido programático, mucho más profundo, que consistía en regular la sociedad naciente en América y esta sociedad, debería ser  creada con un nuevo esquema social. 

Los frailes adquirieron un carácter de autoridad casi absoluta, a su cargo estaba el deterioro, ideológico y cultural de la civilización mesoamericana, con el respaldo de la fuerza militar, que repercutiría en lo económico a favor de los conquistadores y demás españoles venidos a estas tierras. 

Querétaro pasa a ser de un pueblo indígena participante en la génesis arquitectónica, la cual iba  desde la mano de obra hasta la participación directa como inversionista, a una ciudad de convivencia inter étnica en el siglo XVll, donde los criollos fueron ocupando  la toma de decisiones y la conformación social y productiva. 

El Convento Grande de San Francisco, es claro que en sus tres períodos de construcción, va marcando el desarrollo de la población y su auge. Este centro civilizador occidental, se convierte poco a poco en una ciudadela, dentro de la ciudad, abarca el equivalente a seis manzanas y se abastece así mismo. 

El siglo XVll será el siglo de los benefactores, una sociedad criolla que deseaba trascender y consolidando su identidad, aportaban importantes donaciones para el engrandecimiento del culto encabezado por los franciscanos.

El pueblo de indios, como lo fue en un principio Querétaro, se distinguía por tener un gobierno propio, cuyo gobernador Conín lo fue hasta su muerte en 1571. 

Para 1578 ya es regulado Querétaro por los españoles y apoyado en los patrones culturales mesoamericanos, por los otomíes aliados, lo mismo que por los tarascos y mexicas. 

Principalmente  Altepetl identificado como Tlachco, Nda Maxei o Querétaro, regidor de una comunidad formada por calpullis, a partir de un  centro ceremonial, religioso y político, ahora llamado El Cerrito, como era en los tiempos prehispánicos, pasó la estafeta, a El Convento Grande de San Francisco, quién jugó este papel para los indios. 

Por el contrario,  los españoles  partían del concepto de La Plaza Pública y alrededor de ella, las casas reales, los comercios, la parroquia y las habitaciones de los pobladores. 

De esta forma quedó trazada la ciudad occidental de Querétaro a partir del Convento Grande de San Francisco, donde La Plaza de Arriba daba paso hacia el oriente a la conformación de los barrios indios y de La Plaza de Abajo a la traza reticular para los solares de los españoles.  

“Desde cerca de la garita de La Cañada, hasta la de Celaya, desde el puente del cuartel nuevo hasta la capilla de la Cruz del Cerrito. De Tres plzas que tiene salen todas las calles, se compone de de ciento cincuenta y cinco cuadras, de doscientas setenta y dos calles, callejones y plazuelas”. 

Junto con la segunda reedificación del Convento Grande de San Francisco, en el siglo XVll, la población de Querétaro, se convierte en el granero más importante de Nueva España y su población se va incrementando rápidamente. De mil habitantes en 1590, pasa a cinco mil en 1630, a 27 mil en 1746 y a 77 mil en 1793. 

Es importante tener presente que la reconstrucción del Convento de San Francisco en el siglo XVll, ya realizada por los españoles, junto con las actividades de todo tipo que se dieron en su interior, tuvieron una gran repercusión en la vida social y económica de Querétaro en la región. 

Para 1644 se da comienzo a una nueva edificación tanto del templo como del convento y se crean las cinco capillas del atrio. 

Esta  ciudadela franciscana, al igual que los otros grandes conventos de las demás ordenes religiosas, establecidas en Querétaro, se fueron instalando en la ciudad, patrocinadas por los queretanos en ascenso económico y social, estas fundaciones lo mismo influyeron y fueron influidas por este mismo desarrollo urbano. 

En el caso del Convento de San Francisco el Grande, se dejó ver el progreso, en las seis manzanas que lo constituían, o 30 mil metros cuadrados, en las capillas que fueron construidas en el gran atrio-panteón, en la grandiosidad del templo y en los servicios y organización religiosa y social que poseían. 

Era la casa capitular de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán, Doctrina, única parroquia por doscientos años, con tres ayundantías, en San Sebastián, San Francisquito y el Espíritu Santo, parroquia  que les es  secularizada  en 1759. 

Los indios, con la exigencia de las capillas abierta, sus festividades al aire libre y la persistencia de sus rituales y celebraciones, hicieron posible su permanencia en la historia como cultura, como civilización agredida y amenazada de muerte. 

El pueblo otomí en su asentamiento en Querétaro apartir del siglo XVl, es la pauta de la sobrevivencia mesoamericana en la región y del mestizaje racial, en la actualidad quedan enclaves de comunidades y del pueblo otomí, en la ciudad  y otros lugares del estado, como Tolimán y Amealco. 

Los documentos de “Mercedes reales en Querétaro” muestran que las estancias ganaderas podían ser vendidas, enajenadas, trocadas o cambiadas, después de una posesión mínima de cuatro años. Excepto donarlas a instituciones religiosas o solicitar tierras ocupadas por los indios. 

Colegio Apostólico de Propaganda Fide 

A mediados del siglo XVll, fray Antonio Linás, busca en España, la autorización para la fundación de un colegio, donde se capaciten los franciscanos, para enfrentar el reto misional en las zonas de la Sierra Gorda y el norte del país, resistentes aún, a 150 años de distancia de la invasión española, a la inculturación e invasión occidental. 

En agosto de 1683, los frailes Antonio Linás y Juan Luzunaga, al frente, juntos 24 frailes, dan inicio en el convento de recolección, de la Santa Cruz de los Milagros, en cerro del Sangremal, al Colegio de Propaganda Fide, de este proyecto nacerán, otros colegios y los nuevos “misioneros”, encargados de trabajar con los indígenas en las regiones más agrestes de América. 

El 12 de marzo de 1682, el Padre General de los franciscanos Jiménez Samaniego expidió las letras de su erección y el 8 de mayo del mismo año el Papa Inocencio Xl promulgó un Breve “Apostólico Sacrosancti apostolatus officium”, dando así respuesta a la petición del fraile Linás. 

Los frailes que integraron este convento fueron reclutados en España, generalmente los que ingresaban durante el tiempo de este Colegio, también eran procedentes de la península, estaban obligados a permanecer en Nueva España y al servicio del Colegio por lo menos diez años.  

En la loma del Sangremal o actual barrio de la Cruz, existió según la tradición una ermita donde se celebró la primera misa en la población, junto a ella pasaba el camino hacia México. 

Junto a esta ermita en 1650 se edificó un templo y un convento de franciscanos, para 1666 se amplió el mencionado convento y se usó como casa de retiro y para 1683, se utilizó para El Colegio de propaganda Fide. 

Este Colegio dependió del de propaganda de Roma, de un comisario de   misiones residente en América y de un Comisario de Indias. 

Es muy sabida la estricta disciplina que se observaba en el mencionado Colegio, tanto para entrar y salir de él, como para el canto del oficio divino día y noche, como para el estudio de las lenguas y la cultura mesoamericana y tierras de misión. 

De este Colegio salieron los famosos colegios de propaganda Fide como fueron los de Guatemala, San Fernando en México, el de Guadalupe en Zacatecas o el de Pachuca, entre otros. 

El Conde de regla, Pedro Romero de terreros y el Pbro. Juan Caballero y Osio, fueron benefactores de este Colegio, lo mismo construyeron la capilla de la Asunción, el camerín donde se guarda la Santa Cruz de los Milagros, factura de los días de la conquista de Querétaro y motivo de las grandiosas fiestas de septiembre. 

De este Colegio salieron hombres como Fray Antonio de Margil a evangelizar a los Lacandones en al selva de Chiapas o Fray Junípero Serra, hacia la Sierra Gorda y después hacia las Californias. 

En este monumental Colegio, por sus dimensiones, se encuentra el famoso árbol de las cruces, un sistema de recolección y aprovechamiento de las aguas de lluvia, el último arco que trae el agua de La cañada a la población de Querétaro, la primera fuente o caja distribuidora, numerosos patios, una cocina con un sistema de refrigeración para conservar alimentos. 

En la capilla de la Asunción se encuentra la capilla al señor de Esquipulas, una monumental Cruz Atrial, la capilla de la Santa Escala, la cripta cava ex profeso en el cerro del Sangremal. 

Para entonces Querétaro contaba con una población india de  mas de diez mil habitantes y una cantidad casi igual de españoles y en la sierra más de 25 mil indígenas. 

Querétaro comerciaba con las ciudades de Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, San Miguel El Grande, Valladolid, Guadalajara, Huichapan, San Luis de la Paz, entre otras muchas. 

Después de finales del siglo XVll, en el campo queretano se multiplican las casas suntuosas, de los hacendados, la producción agrícola se moderniza y en muchas haciendas se cuenta con obrajes. 

El avance económico y social de Querétaro, se expresaba en la multiplicación de los edificios religiosos que fueron vistiendo muy lujosamente a la ciudad. 

Convento de Religiosos Descalzos de la Provincia de San Diego, de México. 

En España hacia 1510 se dio un movimiento reformista entre los franciscanos, teniendo como fundamento la exigencia del cumplimiento estricto de la regla franciscana 

De las dos corrientes franciscanas durante el renacimiento español, una la de los humanistas y la otra de los observantes, la primera dedicó sus trabajos a la evangelización y la otra a la vida contemplativa. 

Tal era el objetivo de la fundación del convento dieguino de San Antonio en Querétaro, por el año de 1613, a iniciativa de Fray Pedro de San Antonio, siendo su primer guardián, Fray  Gabriel de los Angeles y su gran benefactor Juan Caballero y Osio. 

La construcción del monasterio estuvo a cargo de Fray Pedro de San Antonio y uno de sus patrocinadores lo fue Antón Martín, quién donó las tierras de Pathé, para el mantenimiento de dicha casa de observancia estricta  

El templo se terminó de construir en 1629, tiene una capilla anexa, llamada de la Santa escala, su convento se conserva en parte y los jardines de San Antonio y de La Corregidora formaron parte de él. 

La posibilidad de que los franciscanos observantes o dieguinos pudieran tener una fundación en Querétaro se debe al apogeo y enriquecimiento de la ciudad y a la dirección levítica que se le dio a la población, quien se volcó en la factura de obras piadosas, tanto por españoles, como por indios principales. 

Los indios tributaban a la iglesia y al Estado, los del barrio de Santiago, de San Francisquito, de San Sebastián, del Espíritu Santo, de Santa Ana, de San Pablo, de La Cañada, etc. 

La concentración de tanta riqueza en los conventos y en la ciudad, influyó en la vida interior de éstos, introduciéndose costumbres perniciosas, fuera de la regla y los objetivos de sus principios monásticos. 

Convento de recolección,  casa noviciado y Santuario de Nuestra Señora del Pueblito.  

Para 1736 se terminó de construir el templo de Nuestra señora del Pueblito y la imagen fue llevada a su santuario. Para 1766 se obtuvo la autorización real y de la Santa Sede, para la  construcción de un convento de recolección  y casa noviciado, junto al santuario, en el pueblo indio de San Francisco Galileo. 

Florecían las haciendas de El Batán, Los Cues, Galindo, El Sáuz, La Llave, La Griega, Chichimequillas, Jurica, Atongo, Buenavista, el Jofre, entre otras muchas, que hacían la riqueza de la ciudad, transformada en suntuosos conventos  y obras civiles de gran importancia. 

Eran pueblos indios contribuyentes a la Corregiduría de letras de Querétaro, San Francisco Galileo, San Juan del Río, Ahuacatlán, Amealco, Tequisquiapan, Tolimanejo, Soriano. 

El caso excepcional de la iglesia y convento agustino en la ciudad de Querétaro, muestran la gran diversidad de recursos con las que contaban las congregaciones religiosas, para llevar acabo sus empresas y la pericia de sus arquitectos y todo el personal de trabajo utilizado para esos fines. 

La formación del sistema de haciendas fue la clave del desarrollo económico en Querétaro y su presencia política y social en el virreinato. 

Prácticamente no existía hacienda importante en Querétaro que no contara con el patrocinio de una obra piadosa. 

Pueblo de indios y de españoles…

 Pueblo de indios y de españoles

Del valle de Nda-Maxei, salieron dos pueblos, cuando se había pensado en solo uno, el de los indios. Poco a poco se fueron avencindando los españoles. Los indios quedaron en el barrio de La Loma y en el de La Otra Banda, hoy San Francisquito y San Sebastián.

Mientras los españoles se establecieron alrededor de La Plaza Mayor. Y la Plaza de abajo, hoy Plaza de Armas y jardín Zenea. 

El pueblo más viejo o primero fue el de los indios, pueblo que se interrumpía en su monotonía, por las pequeñas capilla construidas por ellos mismos, sin mayor altura que la espadaña y sin mas adorno que la austeridad. 

Las capillas son la de San Sebastián, del Espíritu Santo, San Francisquito, Santa Ana, San Roque, San Gregorio, Santa Catarina, y San Antoñito. 

Todas, a las orillas del pueblo de españoles o del centro, como se le conoce ahora, su hechura tiene la sencillez del invadido o de quién aprende a levantar altares y templos a nuevos dioses.  

La traza urbana del pueblo de españoles, se realizó en 1550, 19 años después que el pueblo de los indios, toda alrededor del Convento Grande de San Francisco, en una superficie de un kilómetro cuadrado y en 16 manzanas. La calle real y la de Cinco Señores fue el punto central de la mencionada traza. Hoy la esquina de las calles de Madero y Juárez. 

En el pueblo de indios las casas eran chicas y bajas, de paja y adobe, según su costumbre, solo sobresalían las de los caciques españolizados, que aún se notan en los actuales barrios de San Francisquito y La Cruz. Las casas de los españoles por el contrario eran grandes, con huerta y solar. 

La traza del pueblo de Querétaro, consistió en un plano regulador con demarcador de límites, para la ciudad española y reserva para los indios a “prudente distancia de seguridad”, argüían los invasores fines de adoctrinamiento. 

Todo lo que no ocupan las labores, es el sitio de la ciudad que promedia este río, siendo la parte inferior, comunidad de los indios y la superior el lugar de los españoles. Según el decir de Siguenza y Góngora. 

La fundación de Querétaro, es base junto con otras ciudades cercanas en la actualidad, para la colonización del bajío, centro de avanzada hacia la conquista de las tierras del norte o aridoamérica, y centro de comunicación, tanto política como religiosa, para la incursión española, se da la fundación, tan solo en la ciudad, de 14 conventos y se apoya el sostenimiento social y político de Guanajuato, Zacatecas Y San Luis Potosí.  

Querétaro es al principio un asentamiento para los indios y algunos españoles de la región, pero luego por el interés de las minas, se vuelve una ciudad propiamente española. 

Este hermoso país visto desde La Loma, causa tanto agrado a los ojos, que faltan colores a la retórica para pintar con propiedad, lo ameno de su cañada, lo divertido de sus barrios, lo fértil de sus contornos, su cerro a la banda del sur… 

Todo el siglo XVl fue de trabajo, madera, piedra y adobe, mientras en los contornos de la población, había grupos de indios en guerra. Se  hacía Querétaro, uno de indios y otro para españoles. 

Fray Jacobo Daciano y Fray Alonso Rangel, adoctrinaban, mientras se levantaba el suntuoso convento de San Francisco El Grande, a cuya sombra creció el pueblo de Querétaro, su “nueva” educación y cultura  impuestas. 

El templo de San Francisco, con una torre enorme, sus esquilones echados a vuelo, de una sola nave y coro arabesco. El convento se abre en vanos de dos hileras, cuatro galerías de bóvedas de casquete, con florones relevados, sostenidos por enormes pilastras y arcos de medio punto; escalera monumental, gótica, con galerías de bóveda de arista, capiteles ornamentados descansados en arcos, dobelas debidamente historiadas. 

El perfil urbano quebrantó el horizonte, las torres y las fachadas empezaron a competir. Frente al Convento Grande, el cementerio y sus capillas. La Santa Casa de Loreto, La Tercera Orden, la de Los Hermanos de la Cuerda, La Santa Escala, San Benito y El Señor de la Caída. 

Los paños, las bayetas, los sayales, las jerguillas y las frazadas, se hacían en los obrajes, los tres molinos estaban en las orillas del río. Había ya mas de 400 españoles habitando Querétaro, todas las órdenes religiosas se instalaban, mientras los indios iban desapareciendo. 

La figura de la ciudad es cuadrilonga, de oriente a poniente y no permite dividirla en partes iguales, por ello sus tres cuarteles mayores quedan así. 

Para nuestra ventura no tuvo simetría, el que trazó tu plano. Por el indio Carcaj y por la ibera espada, floreció tu hidalguía, que hubiera podido contarla Rodenbacch. Parte de la descripción que se hace en las Ordenanzas de Corregimiento de Querétaro. De los tres cuarteles mayores y sus equivalencias aproximadas en la actualidad. 

El primero de la garita de México, viniendo por San Isidro, hasta la calle de la Espada, tomando hacia el sur por la Merced, El Rescate, el callejón del Marqués, la calle de Rojas hasta la esquina de Cornelio. Corriendo hacia el sur por la calle del Diamante, Sonaja Callejón del Zorrillo, de  La Cuerda hasta el estrecho. Actualmente abarcaría lo que son Los Arcos, San Isidro, La Cruz, hasta Altamirano. 

El segundo de la garita de La Cañada hacia la calle de San Isidro y Molineras, Huerta del santísimo, de La Espada, La Flor Alta, Mal Fajadas, Serafín, hasta Cinco Señores y Portal de Carmelitas. Abarcaba de Independencia al centro, hasta Ezequiel Montes. 

El tercero todo el resto que queda de la ciudad, hasta la garita de Celaya. La Otra banda quedará dentro del segundo cuartel. Santa Rosa de Viterbo, El Carrizal, Santa Ana y parte del Poniente. 

Así que Querétaro tierra de otomíes, a treinta leguas de la ciudad de México, a veinte de una ladera, el Sangremal cae en un valle y se cobija con los cerros del Cimatario y de Pathé. 

En Querétaro se encuentra la cantera, el tezontle y la cal, para sus edificios, lo mismo que el maíz, la cebada y el trigo, para su alimentación. 

Para su delicia hay abundancia de huertas, donde se da la chirimoya, el zapote blanco, guayabas, garambullos, chabacanos, peras y uvas de todo género. 

Hay tenerías, batanes, obrajes, mientras el pueblo ve brillar el dinero en los comerciantes y hacendados, las actividades ganaderas mantienen ocupados a todos los hombres en edad de trabajar.  

Con las citas anteriores, escritas por los cronistas de la época de oro de Querétaro, nos es claro ver que el pueblo  en un principio  fundado para los indios, se incorpora a la vida de los españoles. La estabilidad racional se “equilibra” con la llegada de mujeres peninsulares y facilitando de esta manera la desaparición del pueblo de indios, programado, pensado y construido por ellos. 

Para los otomíes y chichimecas habitantes en la población, era cada vez más difícil mantener el culto a sus dioses, desaparecen sus pocos cuesillos, sus códices, sus caballeros jaguares y águilas, su vestimenta y los símbolos de su ideología, como pueden ser los conceptos de tiempo y  espacio. 

Desheredados los ojos de este hermoso laberinto de flores, lo primero que registra el remate de la amenísima Cañada es el cerro, que los queretanos llaman La Loma, de allí se registra toda la ciudad, su hermosa campiña y la dilatada llanura por el poniente y medio día que la rodea. 

Las órdenes religiosas son el brazo activo del trabajo de la población, captaban la simpatía del pueblo, pero concentraban la mayoría del suelo urbano, por donaciones y legados. Los nuevos ciudadanos, los españoles, canalizaban así su religiosidad y ostentación.  

Por otro lado desde el punto de vista urbano, la fundación del colegio de Propaganda Fide, en el barrio de La Loma o de La Cruz, como se conoce ahora, fortalece el camino real, como un eje oriente poniente, incorporando el pueblo de indios al pueblo de los españoles, propiciando que el convento grande y la Plaza de Arriba, se conviertan en el centro cívico de la población. 

Quedaba cada día más lejos esa etnia otomí que ayudara a los españoles en la conquista de este valle y en la fundación de la ciudad, que propició el crecimiento de la agricultura, base económica del surgimiento de Querétaro, como granero de la llamada Nueva España. 

De los centros ceremoniales y de las comunidades de los hombres, habitantes inmemoriales de estas tierras, salieron las ciudades y su seguridad económica de ellas, basada  en la experiencia indígena del lugar y  la toponimia se fue entre mezclando, entre castellana y mesoamericana, es por eso que Tlachco, Nda-Maxei o Queréndaro, se juntan con el de Santiago.