Un Corazón indócil; Amor y Extranjería…3/4

 

En el poema citado anteriormente, puede verse la contraposición y complementariedad que hay en los dos grandes temas que Rius aborda en su poesía.

 

Podría decirse que se trata, más que de temas, de dinámicas complementarias donde el amor -o cuando menos el asunto amoroso- parece suplir y, en ocasiones, subsanar las carencias y angustias que el poeta expresa en sus poemas de extranjería.

 

Sin embargo, esto no siempre es así. Por el contrario, muy pocas veces sus poemas de amor expresan esa plenitud ansiada, ese encuentro que el poeta busca consigo mismo y esa relación armoniosa con el mundo a la que aspira.

 

 

En estos poemas casi siempre hay un «pero»: el tiempo, la muerte, la fugacidad, también la ya mencionada pasividad del yo poético.

 

 

 Aunque se considera al amor como un valor insustituible y trascendente, incluso con respecto a la muerte, el sentimiento que se expresa es casi siempre opacado: es posibilidad, algo momentáneo, fugaz, o bien algo ya muerto o inalcanzable.

 

 

También en estos poemas se crean interlocutores: aunque son diferentes a los que aparecen en los poemas de la primera parte del libro, juegan un papel parecido.

 

 

Si bien el tú, el otro, parece más cercano y asequible, como más dispuesto a servir de contraparte al yo, en muchos poemas sirve también para hacerle más profundo el sentimiento de pérdida y sumirlo aún más en su ensimismamiento:

 

 

            A mi corazón llamas dulcemente.                   

            Tu pasión lo requiere, lo convida;                  

            mas ya mi corazón la suave herida,               

            endurecido, del amor no siente                       

 

 

 

 

                           

 

 

Los interlocutores que aparecen con más frecuencia son la amada, la compañera, la noche, la tarde y el corazón. Todos ellos son, la mayoría de las veces, «alguien» a quien comunicarle la angustia de su aislamiento.

 

 

El yo poético, así, continúa dentro de su ensimismamiento y su introspección, aunque la incomunicación    se reduzca. Se presenta imposibilitado de habitar y de poseer el mundo que ansía.

 

 

Aunque en el poema «Acta de extranjería» se ve al ser amado y, por extensión, al amor, como un camino de lograr el encuentro, también se ve como algo situado en el terreno de la posibilidad y, si ocurriese, como algo fugaz:

 

 

            Si acaso alguna vez logré mi encuentro                  

            -fue camino el amor- me hallé contigo                      

 

 

 

 

Al introducirse el tema de la fugacidad del encuentro entran también a jugar un papel muy importante dos elementos: el tiempo y la muerte.

 

 

Veíamos que una de las características que Rius encuentra en el exilio en su segunda significación es precisamente el sentirse exiliado en el tiempo.

 

 

Esta preocupación se expresa repetidamente en sus poemas de la sección Arte de extranjería. En los que se refiere al amor, va adquiriendo otros matices interesantes:

 

 

El tiempo es uno de los factores que más frecuentemente se oponen a la unión de los amantes; incluso más que la distancia:

 

 

            Si la distancia solamente fuera                        

            el mar extenso en medio de dos cuerpos,               

            un barco haría el amor para surcarla.                        

 

            Pero no es sólo el mar, distancia es tiempo,                       

            que es más grande que el mar, no permanece,                  

            como el espacio, inmóvil, va creciendo,                   

            distancia más distante cada día,                     

            hasta que el mundo se hace gigantesco                  

            para que nunca vuelvan a estar juntos                     

            el hombre y la mujer que se quisieron                      

 

 

 

 

              

 

 

Pero también el tiempo se va convirtiendo, sobre todo en los poemas que provienen de su libro Canciones a Pilar Rioja, en una presencia molesta, aunque inevitable, porque lo va acercando a la muerte y haciendo aún más fugaz la unión con el ser amado:

 

 

            No supo hacerlo el tiempo.                   

            ¿Cómo pude vivir sin que existieras?                       

            Y viví, y tú no estabas,                

            y ya soy casi ausente cuando llegas            

 

              

 

 

Así como el tiempo toma matices diferentes en los poemas amorosos, la muerte, cuya presencia es menos frecuente en los poemas de extranjería, se hace más constante en esta segunda parte.

 

 

Aunque la muerte se ve generalmente como un impedimento para la unión amorosa, también puede ser el elemento que la propicie: el amor, concebido a veces como imposible, sólo en la muerte puede realizarse.

 

 

Si bien la total posesión del ser amado es imposible, la muerte puede ser el punto de unión de los amantes:

 

 

            Mensajera de amor, ¡ay, muerte mía!              

            Limpio céfiro tú, que en soplo amante                      

            dos llamas juntarás, y a lo distante                

            mudarás en tocada cercanía                

 

 

 

 

«El enamorado y la muerte»                     

 

 

Los poemas amorosos de Rius, en su mayoría, son de soledad, de ausencia, de tristeza. Son poemas en los que el amor es a veces ilusión; otras, recuerdo. El amor presente está casi siempre anulado.

 

 

 Pero también se plantea como la única posibilidad de trascendencia: El amor permanece más allá de la muerte en las cosas, las habitaciones, la noche:

 

            Y tú y yo moriremos,                   

            pero esta noche quedará guardando,                       

            eternamente viva              

            el lento golpear de nuestros pasos.               

           

 

                       

            Tú y yo ya no estaremos.                      

            Nuestras almas, vagando                     

            sin sangre y sin camino.                        

            Pero la noche quedará esperando                 

            eternamente viva,             

            para poder a veces recordarnos                     

 

 

 

 

                           

 

 

Incluso el sentimiento amoroso puede perdurar y sobrevivir a la muerte del cuerpo.

 

 

 En un poema en el que glosa un poema de Quevedo, el yo lírico se duele de que ya no será testigo de este amor perdurable:

 

 

            Pasión de mi alma, amor, qué duradero                   

            serás en la nostalgia del sendero.                  

            Yerto mi cuerpo ya, mi voz perdida,               

 

 

            tú quedarás y yo no podré verte:                   

            amor más verdadero que la vida,                    

            amor más poderoso que la muerte                

 

              

 

 

En gran parte de los poemas amorosos de Luis Rius el amor aparece como algo que, si bien es poderoso con respecto a la muerte, también es demasiado frágil.

 

 

Tiene demasiados obstáculos e impedimentos y puede verse opacado por un sinfín de situaciones, incluso por la actitud pasiva del yo lírico, que si bien se muestra ansioso por lograr la unión amorosa, su intento fracasa debido a su indecisión:

 

            con no acercarme, con temer mi suerte,                  

            con no atreverme a tanta entrega y tanta,                

            yo solo fui el que se hirió de muerte              

 

                           

 

 

Para resumir con las propias palabras del poeta su visión del sentimiento amoroso, quizá sea conveniente recordar otro fragmento de un poema ya citado: «El enamorado y la muerte»:

 

            Sólo un instante ha sido                        

            en nada sustentado, leve aliento:                   

            (…)                 

            Un instante intangible, sustentado                

            en su propia crueldad, en su deseo;             

            y el templo del amor, de fuertes torres,                     

            ya es ruinas, ya es tristeza, ya es recuerdo.                        

«El enamorado y la muerte»                     

 

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