Hospital Real de San José de Gracia…

Hospital Real de San José de Gracia

 José Félix Zavala 

La descripción de Querétaro de 1582, nos señala que en ese siglo XVl había en Querétaro un hospital para beneficio de los naturales y españoles pobres, fundado por Conín a instancias de los franciscanos residentes en el incipiente convento-doctrina. 

Este hospital contaba, entre sus propiedades, con una estancia de 900 ovejas, donadas por el propio Conín y con una viña, entregada por otras personas, para el sostenimiento de los enfermos pobres. 

El hijo de Conín,  Diego de Tapia, junto con otros caciques de Querétaro, fundó un nuevo hospital en lo que ahora es la esquina de  la calle Real y la de Locutorios, Madero y Allende, en nuestros días, en un solar que era de su propiedad. 

Este hospital se abrió en 1586 y su edificio era suficiente en ese entonces para las necesidades y se puso en servicio una vez que se tuvo los bienes necesarias para su sostenimiento. 

Por cédula real del 22 de mayo de 1622 el rey de España acepta el patronato de este hospital y dispone se empleen los diezmo de Querétaro, en noveno y medio, suficientes para su sostenimiento. 

El hospital se dedicó a la devoción de San José y al aceptar el rey su patronazgo, se le tituló Hospital Real de San José de Gracia. Estuvo administrado al principio por los propios naturales de Querétaro, debiendo rendir cuentas al Arzobispo de México. La atención espiritual estaba a cargo del cura de Querétaro, entonces parte del convento y templo de San Francisco. 

Los naturales consideraban este hospital, desde su fundación hecha por Conín, como obra suya y junto con ellos los franciscanos, se opusieron a que fuera entregado este servicio a los Hermanos Hipólitos. Fue en 1624 cuando es entregado para su administración y servicio,  con grandes dificultades, por la oposición que había para ello, por el Alcalde Mayor de Querétaro y al Provincial de los Hipólitos, Fray Juan Rossón a quien hizo tomar posesión del ya arruinado hospital. 

Los Hipólitos rehabilitaron el edificio y pidieron al rey les concediera en administración,  los bienes que tenía el hospital y  poder pedir “limosnas” para su reconstrucción y mantenimiento. 

Al reconstruirse el edificio nuevamente, esta vez por los Hipólitos, se construyó una sala para indios, otra para indias, una más, para hombres españoles, un gran refectorio, amplios corredores, habitaciones para los hermanos y lugar para oficinas. 

La iglesia se construyó nueva, con un bello retablo principal dedicado a la Inmaculada Concepción y cinco más colaterales dedicados a la Virgen de Guadalupe, a la Virgen de la Soledad, a Santa Catalina,  a Nuestra Señora del Pueblito y contaba con una imagen de un Ecce Hommo, muy venerada en la ciudad. 

En 1652 Querétaro contaba con un gran Hospital y una bien dotada botica, debido a la generosidad del pueblo de Querétaro y el Hospital cambia de nombre por el de Hospital Real de la Inmaculada Concepción, que ahora ocupa la oficina de telégrafos Nacionales y el templo de San José de Gracia, en el mismo lugar que lo iniciara el hijo de Conín, Diego de Tapia. 

Hacia 1690  los bienes del hospital ascendían a $2,385.00 pesos oro anuales y los servicios hospitalarios fueron inmejorables para su época. Seguía dirigido por un Hipólito, llamado Hermano Mayor y por médicos-quirúrgicos, también de la orden de los Hipólitos. 

Se han encontrado manuscritos de medicina, pero el libro de medicina escrito por los Hipólitos de Querétaro, basado principalmente en los conocimientos de medicina de los naturales de Querétaro y de la práctica médica, del que hay referencia en la crónica de este hospital, se ha perdido. 

El Hospital fue mejorado en su edificio quedando de dos plantas y un patio principal con arquerías en las dos plantas y una fuente al centro, como lo conocemos ahora. 

En 1726 se concluyó la iglesia, debido al celo de Fray Miguel de Valdivieso y Plaza, la enfermería y convento se terminaron  en 1766, estando separados los servicios para los naturales y para los españoles. 

Para fines del siglo XVll los Hipólitos fueron acusados a la Santa Inquisición por malversación de fondos y fueron suplidos durante el juicio por los sacerdotes de la Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe, quienes lo administraron en cuanto al dinero y doctrina, dejando el servicio de los enfermos a los Hermanos Juaninos. 

Los Hipólitos ganaron el juicio y al cabo de dos años, en 1693, les fue devuelto el hospital.Para 1808, después de dos siglos de uso, su capacidad era insuficiente para el crecimiento de la población y su ubicación se volvía nociva debido a que había quedado en el centro de la ciudad. 

Los Hipólitos y las autoridades planearon un hospital nuevo, fuera de la ciudad, con todos los adelantos de la época y calculado su costo en más de 116 mil pesos, pero no se pudo realizar por su alto costo.  

Para 1820 dictaron la supresión de los Hipólitos, y el hospital quedó abandonado, en 1821, en el México independiente, siguió operando con médicos civiles y para 1863 fue trasladado al Beaterio de Santa Rosa de Viterbo, donde habían sido exclaustradas, por las leyes de reforma, las religiosas y en 1962 el gobierno construyó el llamado Hospital Civil, con 150 camas. 

En los años de 1878 a 1882    el Padre Francisco Figueroa rescató el templo y el convento, del cual hizo una casa para ejercicios y el templo fue reedificado. 

La Catedral de México…1/2

Descripción de la Catedral de la ciudad de México La fachada La Fe, Esperanza y Caridad. Son  esculturas de Tolsá, en el remate de la fachadaLa fachada se observan tres relieves en mármol blanco. El central representa la Asunción de la Virgen María. El que se tiene del lado izquierdo muestra la entrega de las llaves del Cielo a San Pedro;

el que se tiene a mano derecha, la Barca de la Iglesia. Sobre el reloj se encuentran tres figuras representativas de las virtudes teologales: la Fe, la Esperanza y la Caridad. La Fe sostiene una cruz, la Esperanza un ancla y la Caridad sujeta a dos niños.

El reloj y las esculturas se deben a Tolsá, así como las balaustradas y florones que coronan todo el conjunto.  El altar del Perdón El retablo es obra de Jerónimo de Balbás (1735).

A principios de 1967 hubo un incendio en la catedral que dañó el altar.

Gracias a la restauración practicada se puede admirar el día de hoy una gran obra de arte colonial.

Se llama así porque ahí piden perdón los fieles.

Esta es una de las obras más grandes del autor tiene un estilo churrigueresco el cual es muy detallado, todo el acabado de esta obra esta cubierto con hoja de oro. El coro

La sillería del coro está fabricada en una excelente talla de tapincerán.

Tiene dos niveles de sitiales: el alto para canónigos y el bajo para seíses y sochantres.

En la parte superior, tiene figuras talladas en medio relieve, de obispos y santos.

La sillería del coro es fruto del arte de Juan de Rojas (1695). También fue dañada en el incendio de 1967.

Al centro del coro, entre la la reja y la sillería, está un fascistol de caoba, adornado con figuras de marfil, una de las cuales, es un crucifijo que corona toda la obra. Se usa para sostener los libros de canto, y está conformado por tres cuerpos.

La portada del coro y la crujía (el corredor cerrado que va desde es coro hasta presbiterio) fueron hechas con el diseño del pintor Nicolás Rodríguez Juárez bajo la supervisión del sangley Quiauló.

La bella reja del coro es de tumbaga y calain, y fueron estrenadas en 1730. Se fabricó en la ciudad de Macao, China, y sustituyó a una anterior esculpida en maderas. 

 

La Cúpula

Se terminó con adaptaciones al proyecto de Ortiz de Castro.

En el interior también se representó la Asunción de la Virgen (Rafael Ximeno y Planes, 1810).

La cúpula que existe hoy en día, es obra de Manuel Tolsá,  de tambor octogonal, levantada al centro del crucero, sobre cuatro columnas torales y remata una linternilla.

Las actuales ventanas son de Matias Goeritz.

En el incendio de 1967, ocasionado por un corto circuito en el Altar del Perdón la pintura de la Asunción se consumió. 

El Altar de los Reyes

El Altar de los Reyes, se encuentra en el ábside del templo, detrás del Altar Mayor.

Es obra del insigne Jerónimo de Balbás, autor del Altar del Perdón, de esta misma catedral, y del Altar Mayor de la Catedral de Sevilla, entre otras.

Este bello altar, que se puede considerar un monumento dentro de otro monumento, es la obra cumbre del estilo churrigueresco mexicano o barroco estípite, y se considera la obra maestra de su destacado autor.

Mide 25 metros de altura, 13 de ancho, y 7 metros de fondo; se eleva al fondo de Catedral ocupando el ábside.

Es una talla formada por tres calles verticales, dos laterales y una al centro, adornada con los cuadros La Asunción de la Vírgen, y La Adoración de los Reyes, del pintor Juan Rodríguez Juárez.

Éste último, es el que da nombre al altar, además de una serie de esculturas de bulto de reyes y reinas canonizados, que posan a lo largo y ancho del altar.

Fue realizado en maderas preciosas policromados, en una exuberante composición de pilastras y columnas, follaje, guirnaldas y querubines.

El conjunto está estofado, revestido con hoja o lámina de oro, lo cual le confiere majestuosidad a la obra.

Está cerrado por una doble bóveda, y en lo más alto del conjunto, se haya una representación de Dios Padre, presidiendo el magno conjunto. 

 

 

La Nave central de la Catedral Metropolitana, esta con vista al Altar de los Reyes al fondo. 

Capilla de Nuestra Señora La Antigua

Está consagrada a la advocación mariana del mismo nombre, y en el retablo principal, neoclásico, obra de Juan de Rojas (1718), hay una copia de la imagen de la Virgen de la Antigua cuyo original se encuentra en la Catedral de Sevilla.

Esta imagen era muy venerada por la población española de la ciudad de México durante el período colonial.

Bajo la imagen de la virgen hay una magnífica escultura del Niño Jesús, de factura sevillana y original de la primera mitad del siglo XVII. Es conocida popularmente como El niño cautivo. Capilla de San Pedro

La capilla de San Pedro custodia otros dos retablos.

El primero y principal está dedicado a honrar la vida del santo apóstol y fue edificado hacia 1670.

En él se observan ya los lineamientos del barroco temprano en los que aún se observan elementos manieristas como los relieves de lacería, las ménsulas y los pinjantes.

El retablo está formado por tres cuerpos, el último de los cuales se integra al espacio arquitectónico dejando al centro el vano de la ventana.

El retablo se merece una mención especial por su decoración general en la que sobresalen los variados motivos vegetales e inanimados propios del barroco.

En cuanto a las pinturas de este retablo, no se ha podido saber a ciencia cierta quiénes fueron los autores, se trata de obras cuyo tema es la vida de San Pedro, y en un pasaje se recuerda el martirio del apóstol que pidió ser crucificado de cabeza “por no ser digno de morir como su maestro”. 

Capilla del Santo Cristo y de las Reliquias

Se construyó entre 1610 y 1615 dedicada al Santo Cristo de los Conquistadores. También recibe el nombre de Capilla de reliquias por las reliquias insignes guardadas en los retablos barrocos.

Según algunos historiadores la imagen de Cristo crucificado conocida como el “Santo Cristo de los Conquistadores”  del S. XVI O XVII, fue un regalo de Carlos V, otros sostienen que se trata de una obra realizada en estas tierras, lo cierto es que ya en la primera catedral recibía gran veneración.

Las pinturas y esculturas escenifican momentos de la pasión de Cristo uniendo a este tema la pasión o tormento de los santos y santas mártires.

La escultura del “Santo Entierro” es utilizado todos los años en la procesión del viernes santo.

El retablo de la derecha tiene al centro una Virgen de Guadalupe, de José de Ibarra, ante la que se juró a Santa María de Guadalupe como la Patrona General y Universal de todos los reinos de la Nueva España el 4 de diciembre de 1746, y que conserva una reliquia del ayate de Juan Diego.

Las reliquias de esta capilla se exponen anualmente el día de todos los santos y el día de los fieles difuntos el 1 y 2 de noviembre.

De acuerdo a la tradición, en esta capilla se custodian reliquias de San Vicente de Zaragoza, Santa Vital de Milán y un pedazo de la Vera Cruz. 

Capilla de San Felipe de Jesús

Aquí se encuentran los restos de Agustín de Iturbide. Asimismo, aquí se conserva el corazón de Anastasio Bustamante. 

Capilla de Nuestra Señora de la Soledad

La capilla dedicada a la Virgen de la Soledad fue abierta al culto en la segunda mitad del siglo XVII.

Ella protege a los albañiles y obreros que participaron en la construcción de la catedral.

El retablo principal está formado por dos cuerpos y un remate, en él se aprecian las columnas salomónicas de capitel corintio que separan las entrecalles.

Es una virgen de la Soledad, copia de una imagen española.

El retablo puede ser ubicado en la década de 1670-1680 gracias a las pinturas con el tema de la Pasión de Cristo hechas por el pintor Pedro Ramírez. Capilla de San José Su retablo principal es barroco, procedente de la antigua Iglesia de Monserrat y tiene en el centro la imagen de San José con el Niño, rodeado de santos, entre los que destaca Santa Brígida de Suecia.

El retablo lateral es una composición de pinturas, que consiste en El triunfo de la Fe, La transfiguración, La circuncisión y La asunción.

Hay una antigua imagen llamada el Señor del cacao, es una escultura de caña de maíz procedente de la primera catedral, muy venerada por los indígenas durante la colonia, quienes depositaban como ofrenda semillas de cacao, que en época prehispánica se consideraban valiosas piezas de cambio. Capilla de San Cosme y San Damián

Entre los retablos que decoran el interior de la Catedral Metropolitana, el principal está dedicado a honrar a los santos tutelares de la capilla, consta de dos cuerpos, el remate y tres entrecalles.

Es uno de los retablos catedralicios del siglo XVII en los que se puede afirmar que tiene un acento manierista y como prueba de ellos están las columnas clasicistas estriadas.

El retablo fue concebido para albergar pinturas, las cuales exaltan la vida de los santos médicos Cosme y Damián y se deben al pintor Sebastián López Dávalos.  Capilla de los Ángeles

Sirve de basamento a lo torre occidental, y fue concluida entre 1653 y 1660. Esta primera capilla fue destruida por un incendio en 1711, por lo que fue inmediatamente sustituida por la actual, finalizada en 1713.

Cuenta con unos fastuosos retablos barrocos con esculturas estofadas y policromadas, obras de Manuel de Nava, que representan a los siete arcángeles.

Capilla restaurada a costas del Pbro. Queretano Juan Caballero y Osio 

La Grandeza de México y Su Catedral…

La grandeza de la Ciudad de México y su Catedral

 

¿Habrá alguna ciudad en el mundo que supere la grandeza histórica de la Ciudad

 

 de México?.

 

Se dice que el Anáhuac era la región más transparente poseedora del cielo más azul…

 Ésta afirmación romántica va todavía más allá, pues responde a una auténtica

característica geográfica que fue descubierta por los primeros pobladores que decidieron establecerse en este valle lacustre.

El Anáhuac se distinguía por una peculiaridad muy especial:

Al sur se apreciaba cercado de grandes montañas boscosas como el Ajusco 

Al norte de imponentes cerros como el Chiquihuite y el de Tres Padres.

Ambas fortalezas estaban cerradas en ambos extremos por largos avistamientos nevados, mientras el  Nevado de Toluca lo hacía por el poniente.

Los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl perpetuaban su grandeza, en el extremo oriente, estos colosales monumentos geológicos son los testigos mudos de la historia de la ciudad de México-Tenochtitlan.

La riqueza y extraordinaria belleza natural de esta tierra, sedujo a primera vista a todos aquellos hombres  que lograron divisarla.

Este inevitable encanto hipnotizó a los hombres de Ténoch, quienes provenientes de un lugar mítico situado en tierras del hemisferio norte, llamado Aztlán, encontraron en un islote el cumplimiento de su profecía: Un águila arriba de un nopal devorando a una serpiente, detenía sus cientos de años de largo peregrinar.

Esta visión tuvo lugar en 1325, año en que los aztecas o mexicas fundaron México – Tenochtitlan, quizás ni el sacerdote Ténoch, ni el primer emperador Acamapichtli hubieran podido imaginar que este símbolo perduraría  675 años después, como el escudo nacional, de una patria con más de 100 millones de habitantes.

México – Tenochtitlan emergió de un puñado de rocas en la inmensidad de sus grandes lagos, a los que el mexica chinampeó metro a metro hasta convertirla en la reina del Anáhuac y posteriormente en la ciudad que albergó el corazón y cerebro del imperio más extenso y poderoso de Mesoamérica.

Esta empresa es incomparable en la historia del hombre y evidencia la vocación constructora de los aztecas.

La elección de este sitio fue excepcional, pues por su aislamiento natural concedía ventajas militares y económicas que revelaron la agudeza de los líderes mexicas para captar su valor estratégico, incluso para el desarrollo de una economía mixta basada en la agricultura, la caza y la pesca; con la posibilidad de comunicarse por el agua.

   

Los mexicas crearon el suelo acumulando lodo sobre balsas de juncos, ahondar canales y construir canales y puentes literalmente sobre el agua; a ésta misma no le declararon la guerra, sino que optó por pactar con ella una tregua en donde finalmente aprendieron a coexistir.

México – Tenochtitlan llegó a ser una verdadera ciudad con una densidad superior a los 2 mil habitantes por kilómetro cuadrado; su traza estaba formada por una red geométrica de canales en un cuadrilátero de 3 kilómetros por lado con superficie de casi mil hectáreas. En esa época Roma ocupaba únicamente 386 hectáreas más.

Su centro ceremonial alcanzó dimensiones sin precedentes: 325 metros de oriente a ponientes y 312 de norte a sur que comprenden una superficie de más de 100 mil metros cuadrados que casi duplica la de nuestra actual Plaza de la Constitución, que es una de las mayores del mundo.

Ahí se edificaban 78 templos y recintos de gobierno y disponía de cuatro accesos cardinales que eran arranques de los ejes viales de la Ciudad, construidos sobre los lagos que comunicaban la isla con tierra firme. Javier E. Pérez Maldonado        La Catedral Metropolitana de la Ciudad de MéxicoSu historia: 

Es el mayor templo de América, con 59 metros de ancho por 110 de largo y una altura de 60 metros hasta la cúpula.

Obra máxima de la arquitectura en el continente americano, se erige como la catedral más grande de Latinoamérica y uno de los templos más emblemáticos de la cristiandad en el mundo.

La historia de la Catedral Metropolitana es también la historia del México  y una narración en piedra de sus diferentes estilos arquitectónicos.

Construida a lo largo de tres centurias, en esta obra podemos reconocer elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos que entrelazándose de manera armoniosa forman en conjunto una obra de gran riqueza.

La primera piedra de la Catedral fue colocada por Hernán Cortes en 1524  en un acto de gran significado simbólico al situarla en el cruce de las calzadas que desde los cuatro puntos cardinales conducían al centro espiritual de la capital azteca, utilizando en su construcción las piedras que habían formado parte del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan hasta antes de su destrucción.

En 1547 se le otorgó a este templo la dignidad de Catedral por parte de la Santa Sede. Tiempo más adelante se realiza la demolición del edificio original y se coloca la piedra fundacional de la actual catedral por parte del Arzobispo Pedro Moya y del Virrey Martín Enríquez.

Tras décadas de trabajos en su interior, en 1623 se concluye la construcción de la Sacristía, espectacular recinto que alberga diversos tesoros religiosos y  pinturas murales de los dos pintores más sobresalientes, Juan Correa y Cristóbal de Villalpando. 44 años después se concluye todo el interior de la Catedral, inaugurándose el 22 de diciembre de 1667.

El exterior de la catedral no se finalizó hasta 1813 cuando tras siglos de trabajos, es designado el arquitecto Manuel Tolsá para diseñar y concluir las fachadas y campanarios. A él se deben las esculturas de la Esperanza, la Fe y la Caridad de la portada principal, la cúpula del transepto, así como el remate de las torres en forma de campanas.

Este  templo posee una planta en forma de cruz latina, con tres puertas principales hacia el  

 

 

La Plaza Principal, siendo la del centro una puerta jubilar que sólo es abierta en ocasiones especiales.

El deambulatorio  rodea el coro y el área de feligreses, entorno  perimetral con 14 capillas con diversas advocaciones, así como los altares principales.

Uno de los elementos más destacados del interior es el coro, ricamente ornamentado en estilo barroco, con dos órganos monumentales y mobiliario proveniente de Asia, destacando la sillería y el facístol, provenientes de Macao y Filipinas respectivamente. Mención especial requiere el retablo de los Reyes y la Capilla Real del arquitecto Guillermo de Balbás, que situados detrás del altar principal. mostrando una fantasía barroca de columnas estípites recubiertas por chapa de oro que sirven de marco a diversas obras pictóricas con temática reyes y reynas santos.

Otro retablo destacado es el de Altar del Perdón, que ubicado en la nave central, frente al acceso de la Puerta Jubilar, está realizado en un rico estilo herreriano y que alberga uno de los más importantes objetos de devoción del templo, el Cristo del Veneno.

En el costado oriente de la Catedral se encuentra el Sagrario Metropolitano, probablemente la fachada churrigueresca mejor ejecutada en Iberoamérica que alberga en contraste un austero interior que sirve como parroquia.

Es también una de las principales obras del arte mexicano.

Construida con cantera gris, cuenta con cinco naves y 14 capillas laterales.

Está dedicada a la Asunción de la Virgen María y es la sede de la Arquidiócesis Primada de México. 

Historia de su construcción

El área en donde se encuentra la actual catedral, estuvo ocupada por un pequeño templo dedicado a Xipe Totec o posiblemente estaba  el templo de Quetzalcóatl.

Tres años después de concluida la conquista, Hernán Cortés mandó construir una iglesia en el lugar aprovechando material de la zona del Templo Mayor de La Gran Tenochtitla-México..

Esta iglesia fue convertida en catedral por Carlos V y el papa Clemente VII según la bula del 9 de septiembre de 1530 y nombrada metropolitana por Paulo III en 1547.

Pronto quedó clara su insuficiencia y por mandato de Felipe II se derribó en 1552.  Los trabajos de construcción de la nueva no comenzaron sino hasta 1571 cuando el virrey Martín Enríquez de Almansa y el arzobispo Pedro Moya de Contreras colocaron la primera piedra de su sucesora, la actual catedral…

La suma del costo de la obra hasta la dedicación de 1657 fue de 1.759.000 pesos. Dicho costo fue cubierto en buena parte por los reyes Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II.

Luego, hubo un concurso para designar al arquitecto que terminaría la fachada.

El proyecto ganador de dicho concurso fue el neoclásico presentado por el veracruzano José Damián Ortiz de Castro, que se antepuso a los de José Joaquín de Torres que era barroco e Isidro Vicente de Balbás.

Ortiz de Castro procedería a terminar las torres, parte de la cúpula y obras al interior.

La muerte de Ortiz de Castro dejaría las obras en suspenso un breve tiempo.

En 1793 el arquitecto valenciano Manuel Tolsá recibe el encargo de finalizar las obras de construcción de la Catedral, que no concluyen sino hasta 1813.     Su contenido

 El altar del Perdón

 El coro

 La Cúpula

 El Altar de los Reyes

 La sacristía

 Las criptas

      

 Los campanarios

    

   El sagrario

 Las capillas: Capilla de Nuestra Señora de las Angustias de GranadaCapilla de San IsidroCapilla de la Purísisma ConcepciónCapilla de Nuestra Señora de GuadalupeCapilla de San PedroCapilla del Santo Cristo y de las reliquiasCapilla de San Felipe de JesúsCapilla de Nuestra Señora de los DoloresCapilla del Señor del Buen DespachoCapilla de Nuestra Señora de la SoledadCapilla de Nuestra Señora La AntiguaCapilla de San JoséCapilla de San Cosme y DamiánCapilla de Loa Angeles 

Congregación de Clérigos de Ntra. Sra. de Guadalupe…Qro.

El Templo de La Congregación de Clérigos de Nuestra

 Señora de Guadalupe. 

El Cerrito de Don Diego.

El Culto Guadalupano en Querétaro.   

José Félix Zavala

 

El primer santuario erigido en honor de la Virgen de Guadalupe, fue  la ermita levantada en el cerro del Tepeyac, el mismo año de las apariciones, en 1531.

 

La segunda, fue otra ermita, edificada por Francisco de Castro y Mampaso en  1925, en Tierra Blanca, a las afueras de la ciudad de San Luis Potosí. 

La tercera fue la primitiva capilla levantada en el país fue en la ciudad de Querétaro en 1674,  en un predio agreste y peñascoso, llamado “el Cerrito de Don Diego”, propiedad del cura de Xichú,  Alonso de Ayora y Guzmán y donde se encuentra ahora el magnífico santuario. 

A 127 años de aparecida la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, en Querétaro, no se veneraba a la Virgen Guadalupana. Después del milagro concedido al Padre Lucas Guerrero en 1659, dio comienzo esta devoción,  que para finales del siglo XlX había en la ciudad más de 30 mil imágenes de la Virgen de Guadalupe. 

Efemérides: 

El P. Lucas Guerrero Rodea en 1659, le consagró el tercio de los frutos de una pequeña siembra de trigo, le fueron 15 pesos 

A petición de Juez eclesiástico y Vicario de Querétaro, Francisco de Lepe, sugiere que con ese dinero se adquiera  se adquiera una copia del original de la Virgen de Guadalupe y traerla para su culto. 

Se Acordó establecer una Congregación a instancias de l Bachiller Lucas Guerrero y Diego Barrios Pimentel. 

Se obtuvo la confirmación de las constituciones y licencia para esta Congregación DE Clérigos DE María Santísima de Guadalupe, por autos del 9 de febrero de 1669, por el Arzobispado de México. 

Los primero 18 integrantes de esta Congregación firmaron ante el notario Diego de Arias Uzeda y eligieron como primer prefecto a el P. Diego de Barrientos y fue confirmado por el Provisto de México el día 18 del mismo mes de 1669.

Juan Caballero de Medina, otorga tres mil pesos a esta Congregación para  sostener una capellanía y pagar la función anual a la Virgen. 

El Cura del Mineral de Xichú Juan de Ayora les vende en 250 pesos el terreno llamado la “Loma de Don Diego”, donde se construye la capilla y posteriormente se construirá el templo y anexos, 

Autorizado de Roma el Arzobispo de México Fray Payo De Rivera Enríquez y por Cédula real de 19 de octubre de 1671, firmada por la reina Mariana de Austria, pude levantarse el templo. 

Para levantar la primera capilla se recibió de Juan Caballero Medina, la cantidad de 500 pesos y otro tanto de su hijo Juan Caballero y Osio. 

En 1674 queda instalada la primera capilla y bendecida el 3 de mayo de ese año. 

Enseguida se procedió a abrir los cimientos del nuevo templo, bajo la dirección del arquitecto José de Rayas Delgado y a instancias de los sacerdotes Cárdenas y Guerrero. 

El primero de junio de 1675 se colocó solemnemente la primera piedra del nuevo y futuro t4 Templo y el hermano de Juan Caballero y Osio, Nicolás, levantó con su dinero, los muros  para sentar las bases del edificio 

Juan Caballero y Osio determina ser sacerdote y pagar la construcción del actual Santuario a La Virgen de Guadalupe, que conocemos familiarmente como La Congregación. 

En Abril de 1680 estuvo terminado y fue y fue dedicado el 12 de mayo de ese año, por el ya sacerdote Juan Caballero y Osio. 

La regla de La Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe fue reformada en 1679, después en 1691 y en 1721. 

En 1691 los Congregante s se hicieron cargo del Hospital Real, mientras que duró el juicio a los Hermanos Hipólitos, a quienes se los devolvieron al ser absueltos de las acusaciones.  

El 7 de diciembre de 1737 se juró patrona de Querétaro a la Virgen de Gudalupe por el Alférez Real José de Urtiaga y recibió el juramento el Vicario y Juez eclesiástico de Querétaro Juan de Izaguirre. 

En 1736 se hizo de nuevo el cimborrio de la cúpula por el indio José Guadalupe. 

En 1742 se renovó el altar mayor. 

En 1747 se fundó La Cofradía de Seglares Congregantes 

En 1753 se estrenó el órgano del templo, realizado por mariano de Las casas.

De un hermoso frontis barroco del esplendor del siglo XVlll.

En 1754 se recibió la confirmación del juramento como patrona de Querétaro, por el Papa Benedicto XlV. 

En 1758 el Ayuntamiento de la ciudad empezó con una cooperación anual de cincuenta pesos para las fiestas de la Virgen. 

De 1759 a 1761fue sede de la Parroquia de santiago, ya secularizada. 

En 1780 se celebró solemnemente el primer centenario de este templo. 

En 1864, con motivo de la erección de la diócesis de Querétaro, volvió a ser temporalmente sede de la parroquia de Santiago, hasta que la Catedral fue trasladada de el templo de La Compañía de Jesús a San Francisco. 

En 1804 fue renovado nuevamente el Altar mayor. 

En 1852 y después en 1888 fue renovado el decorado y piso del templo. 

Debido a las leyes de reforma fue disuelta la Congregación de Clérigos y restaurada, junto con las malas condiciones del templo, por el obispo de Querétaro en 1884, Don Rafael S. Camacho. 

Entre los piadosos sacerdotes que florecieron en la ciudad de Querétaro, a mitad del siglo XVll, contamos con el Padre Lucas Guerrero Rodea, nacido en esta ciudad en 1624 y quien fuera el promotor de la devoción a la Virgen de Guadalupe y el creador de La Congregación de sacerdotes Seculares, dedicados a obras pías y a la difusión de este culto. 

El milagro lo narran así: Cuentan que el Padre Lucas Gurrero Gordea sembró trigo en un terreno muy agreste, donde era casi imposible obtener alguna cosecha y este sacerdote, con fe le encomendó a la virgen de Guadalupe, que sí le concedía el milagro de levantar  cosecha, le entregaría, fuera de diezmos e impuestos, un cuarto de  las ganancias y al serle concedido el milagro, la cantidad alcanzada para la Virgen,  fue de 15 pesos. 

A propuesta del cura de Querétaro, Francisco de Lepe, le sugirió adquiriera una imagen de la Virgen de Guadalupe, que el P. Lucas Guerrero compró en la ciudad de México y la colocó para su veneración en la capilla del hospital de los Hermanos Hipólitos, que hoy conocemos como el templo de San José de Gracia. 

Los primeros en adherise a esta veneración guadalupana fueron 16 sacerdotes del clero secular y un numeroso grupo de indios, residentes de la ciudad de Querétaro, de quienes salió la idea de crearle una ermita expresa para su culto. 

La primera capilla erigida canónicamente a Nuestra Sra. De Guadalupe en Querétaro, fue en el predio llamado “Cerro de don Diego”, se dio a instancias del Padre Lucas y a la recomendación del Provisor  Cárdenas y Salazar ante el Arzobispo de México,  Fray Payo de Rivera Enriques, quien a su vez  solicitó el permiso a la  reina gobernadora de España,  Doña Mariana de Austria. 

La soberana expidió la cédula real, para ser posible la edificación de la capilla, con fecha de  10 de octubre de 1671 y se colocó la primera piedra, en febrero de 1674 y bendecida dicha ermita, el 3 de mayo del mismo año. 

Al año siguiente a instancias del P. Lucas Guerrero, se dio comienzo a la construcción de la iglesia actual, con el brillante proyecto del arquitecto José de Bayas delgado y  el apoyo económico de Juan Caballero de Medina y su hijo el P. Juan Caballero y Osio, colocándose la primera piedra, el primero de junio de 1675, siendo brillantemente terminada en 1680. 

Las imágenes que este templo ha tenido de la Virgen de Guadalupe han sido tres, la primera fue la traída por el P. Lucas Guerrero en su viaje primero, a la ciudad de México, la segunda fue la que pintara  de Baltazar de Echave,  colocada en la inauguración del templo de la Congregación erigido a expensas de Juan Caballero y Osio y la tercera y actual es la del famoso pintor, Miguel Cabrera. 

 

 

La Virgen de Guadalupe, pintada por Miguel Cabrera y que se venera actualmente en el templo de la Congregación, fue primero propiedad del Arzobispo de México,  Manuel Rubio y Linas, quien a su muerte, la obtuvo el queretano, Bernardo Pardo, teniéndola en su poder hasta 1778, en que a instancias del P. Antonio Lamas, Prefecto de los Congregantes, la intercambió por la pintura de Baltazar de Echave, que en ese entonces presidía el retablo principal del templo..

“El viento de la muerte”,  una gran epidemia,  aparecida en el pueblo de Tacuba, por el año de  1736 y que asoló al territorio nacional, fue el motivo para que juntos los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad de México, propusieran a todos los cabildos del país, fuera declarada patrona de la Nueva España, la Virgen de Guadalupe. 

El cuatro de diciembre de 1748, y reunidas todas las formalidades, en el palacio arzobispal de la ciudad de México, fue jurada por todos los Ayuntamiento de la Nueva España y ante la presencia del Arzobispo Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta y ordenado como día festivo, el 12 de diciembre de cada año. 

Fue confirmado este patronazgo nacional guadalupano, por el Papa  Benedicto XlV, por Bula del 25 de mayo de 1754. 

De esta  devoción guadalupana nacieron tres organizaciones dedicadas a promover su culto y a la caridad cristiana, la primera y principal la formaron sacerdotes del clero secular y se llamó ““lustre y Venerable Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe”, Aprobada por el Papa  Inocencio Xll, por Bula, llamada “Pietatis et charitatis opera…” 

Otra organización fue de españoles,  llamada “Cofradía del Señor San José” y la otra de indios, que se nombro “Hermandad de pobres  de Nuestra Señora de Guadalupe”, aprobada por el Papa Benedicto XlV, en el año de 1747. 

El Templo de la Congregación ha recibido diferentes reformas después de que fuera terminado e inaugurado en 1680. 

En 1736 el indio alarife  José de Guadalupe sustituyó la antigua cúpula, por otra nueva, logrando un tambor circular pasando de cuatro ventanas a ocho ventanales y dándole más altura a dicha cúpula. 

Pero para principios del siglo XlX, allá por 1804 se sustituyó el retablo mayor, por un neoclásico, tal como esta ahora y durante los siguientes años se destruyeron los demás retablos barrocos, sustituyéndose por los actuales. 

En 1886 el obispo Rafael S. Camacho, pinto la bóveda de la cúpula con los colores nacionales, agrandó las ventanas del cuerpo de la nave,  sustituyó el piso por madera de mezquite y construyó la escalinata de acceso al templo. 

En 1888  la antigua antesacristía fue convertida en la Capilla de La Purísima Concepción, comunicándola al templo con un arco de entrada. 

El 30 de noviembre de 1888 el Obispo Rafael S. Camacho, a las 3 de la mañana realizó en presencia, solamente del presbiterio, como lo ordenaba el derecho canónico, la consagración ritual del altar y del templo, siendo el primer santuario guadalupano en el país, de ser consagrado ritualmente. 

En 1891 se enrejó el atrio y se construyó de cantera la parte  que va de la escalinata al enrejado. En 1921 se construyó con granito artificial el comulgatorio. 

La primera peregrinación a pie al Tepeyac la realiza el fraile Fray Francisco frutos, quién a ser curado de grave enfermedad por intercesión de la Virgen de Guadalupe, en acto de acción de gracias camina del Santuario de La Congregación a La Villa  a pie. 

En 1942 La imagen de la Virgen de Guadalupe se colocó en un pabellón de mármol, como en la antigua Basílica de Guadalupe en México y desprendido del conjunto del retablo en 1980.

        

El templo

 

 Esta ordenado de oriente a poniente, es de orden dórico, así esta desde las bases de las formas y pilastras, la coronación de la cúpula, el muro, cuya arquitrabe, frisos y cornisas, comienzan el juego de las bívedas que son de arista, lo mismo que los arcos engarzados de la nave hasta los torales.

Las naves, el cuerpo de la iglesia, los brazos del crucero, la capilla mayor y presbiterio, cuyo cerramiento es en cercha. 

La cúpula de media naranja  que cubre la capilla mayor y corona el templo, con ocho pilastras, más el presbiterio. La bóveda inferior del coro compónese de un arco escarzano de tres puntos, guarnecido de dos pechinas ochavadas, nos permite notar lo que fue una loma, donde se levantó este hermoso templo. 

Se levantan los cuatro arcos torales con hermoso vuelo, que balancea con las bóvedas, los arcos son de medio punto y las pechinas están cubiertas con cuatro Papa salidos del clero secular y fueron elevados a los altares, su arquitrabe, frisos y cornisas nos llevan a la cúpula de media naranja, perfectamente esférica,  está adornada por astrías y remata con una linternilla que la ilumina. 

Tiene dos capillas al principio del templo que son las bases de sus dos torres gemelas. Su fachada consta de dos cuerpos de orden corintio y remate. Tiene otras dos puertas una del lado del panteón y otra que da acceso al Colegio. 

El primer retablo mayor de este templo  está narrado por menorisadamente por Carlos de Sigüenza y Góngora, el segundo fue realizado por José de bayas Delgado, estos dos primeros fueron barrocos sobredorados y el tercero fue  neo clásico de acuerdo a las normas de acuerdo a la real academia de San Carlos de México… 

Se habla de tres retablos iniciales dedicados uno Santa Ana, otro a San José y otro a San Pedro. Los neoclásicos que se encuentran ahora son a San pedro, San José, San Juan Bautista, y San Antonio. 

La sacristía conserva el único retablo barroco, conservado en un templo, fuera de los de santa Rosa y santa Clara en Querétaro. De 1765, donde destaca un lienzo de Cristo pintando a la Virgen, también se encuentra otro lienzo del siglo XVll, de valor y belleza que deben verse. 

Las apariciones de la Virgen, están pintadas sobre las pechinas y son de Roldán, sustituyen a los Papas que estuvieron inicialmente en ese lugar. 

 

 

La Herrería del coro y del atrio son de hierro forjado del más alto grado artístico y en el Salón de juntas existe una bella colección de oleos de los mejores pintores de la época.   El Retablo de la Sacristía:  

Esta trabajado a manera de petatillo y adornado con vegetales, con guirnaldas que adornan las pinturas. Son siete pinturas de óleo sobre tela dos dedicadas a la virgen de Guadalupe, una de ellas en la forma tradicional y la otra a Jesucristo pintando a la guadalupana, contemplando la escena esta en la parte superior El Padre Eterno y El Espíritu Santo, sosteniendo el lienzo están un par de angelillos. 

Destacan los lienzos de San Joaquín y San Juan Bautista, entre los lienzos guadalupanos se encuentra un San José con el niño y a los lados Señora Santa Ana y San Juan Evangelista. 

 

 

La Guadalupana del altar mayor es obra de Miguel Cabrera, que en 1778 fuera donada a este templo por el Arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas a instancias del P. Antonio Lamas. 

Existe un Cristo de marfil en la sacristía de este templo, de tres cuartas de largo, sin policromado, donde resaltan las heridas del costado y no tiene policromía.