El Templo Mayor y sus sorpresas…

Se han encontrado un total de nueve ofrendas con

 múltiples objetos en el proyecto templo mayor de

 marzo de 2007 a la fecha.

Un total de nueve ofrendas con múltiples objetos fueron descubiertas recientemente en torno al monolito de la diosa Tlaltecuhtlil, como parte de las excavaciones arqueológicas que realiza el Proyecto Templo Mayor, en el predio Ajaracas-Campanas, del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Entre los objetos hallados destacan cuchillos de pedernal, cuentas de piedra verde y esqueletos de aves rapaces, entre otros depósitos rituales asociados a la gran escultura de la deidad terrestre.

Estos fueron encontrados en el lapso de marzo de 2007 a la fecha en las porciones central y suroeste del predio y se integran a las ofrendas recuperadas en los últimos 30 años por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), sumando 147 piezas, en el marco del Proyecto Templo Mayor.

El director de este programa de investigación científica, Leonardo López Luján, dio a conocer que hasta el momento sólo se conoce el contenido de seis de las nueve ofrendas, toda vez que las últimas tres se detectaron en fechas muy recientes.

Las mismas serán exploradas en las semanas subsecuentes, conforme avancen las excavaciones, difundió el INAH mediante un comunicado.

“Con estos hallazgos hemos podido definir dos áreas de depósitos rituales. Por un lado, la suroeste, relacionada al piso de la plaza, donde se encontraron las ofrendas designadas con los números 115, 117, 119 y 120″, precisó el arqueólogo.

“Por el otro, la central, asociada directamente al monolito y donde aparecieron las ofrendas 118, 121, 122, 123 y 124″, agregó López Luján, quien destacó que tan sólo de la ofrenda 120 se han recuperado hasta el momento más de 600 objetos.

El próximo 1 de marzo este mismo impartirá la conferencia “Excavaciones arqueológicas recientes en el área del Templo Mayor”, como parte de las actividades académicas organizadas por el 30 aniversario del hallazgo de la Coyolxauhqui.

Refirió que el descubrimiento de las nueve ofrendas ocurrió en el marco de la séptima temporada de campo, que inició en marzo del año pasado y que podría concluir en 2009 o 2010.

“Una de las ofrendas más ricas e interesantes es la 120, donde la arqueóloga Osiris Quezada y su equipo, han registrado hasta ahora una vasija Tláloc, 335 cuentas de piedra verde, 87 cuchillos de sacrificio de pedernal, seis punzones de hueso, una máscara-cráneo y 67 piezas de copal, entre otros objetos”, expresó.

López Luján detalló que por otra parte, las biólogas Norma Valentín y Aurora Montúfar han identificado los esqueletos de 12 águilas reales, dos ibis pico de espátula y un lobo, así como semillas de algodón, chía, amaranto y calabaza. 

Asimismo, continúo, en el espacio donde se localizó en octubre de 2006 el monolito de la diosa Tlaltecuhtli, el equipo de la arqueóloga Ximena Chávez hizo el hallazgo de la ofrenda 121.

Esta contenía barras de copal, punzones de hueso para el autosacrificio, cuentas de piedra verde, plumas carbonizadas y abundantes restos de pencas de maguey.

Sobre el significado de estos hallazgos correspondientes a la sexta etapa constructiva del Templo Mayor, comentó que datarían del reinado de Ahuítzotl (1486-1502 de nuestra era).

En otra información, en lo que respecta a la excavación del hueco que hay en el sitio que ocupaba el monolito de Tlaltecuhtli y que podría esconder una cámara funeraria, López Luján señaló que la tarea comenzó hace una semana luego de la conclusión exitosa de la perforación de varios pozos que permitirán abatir el agua freática
que impera en el subsuelo.

“El máximo obstáculo de las labores arqueológicas en el Centro Histórico, desde 1790 hasta nuestros días, ha sido la presencia de un manto freático muy superficial y que además está contaminado con aguas residuales. Hay que recordar que trabajamos en una antigua cuenca lacustre, exactamente en el corazón de la isla de
Tenochtitlan-Tlatelolco”, acotó.

Refirió que con la perforación de los pozos se intenta solucionar de raíz ese problema en el predio Ajaracas-Campanas, por lo que se contrató a la compañía Colinas de Buen, cuyos expertos han intervenido en varios edificios del Centro Histórico, entre ellos la Librería Porrúa, la antigua Casa del Marqués del Apartado y el Centro Cultural de España en México.

Luego de que el pasado 5 de noviembre se trasladó la escultura de Tlaltecuhtli a la calle de Argentina para iniciar su restauración integral, y haber controlado el problema del nivel freático, el equipo de arqueólogos del Proyecto Templo Mayor retomaron este mes de febrero las excavaciones en este punto.

El Sagrado Corazón; Una librería queretana…

Cien y un año, de La Papelería, Librería e Imprenta, del

 Sagrado Corazón

 José Félix Zavala 

El mejor surtidoPor los mejores preciosCasa establecidaDesde 1906 

Antes de que Querétaro cambiara para siempre, hubo otro distinto al que la nostalgia nos invita a recordar, es por eso que presento en este texto, un escrito de Edmundo De La Isla, publicado en 1956. Donde su pensamiento y pluma retrata al Querétaro donde yo crecí y aún añoro. 

Recuerdo los comercios que alguna vez dieron realce a nuestra ciudad, como fueron: “El Golfo de México”, La Ciudad de México, “Franco Muñoz”, La Perfumería París”, “Almacenes Francia”, “La Infantil”, La Botica de Arnulfo García”. “La Papelería Barrera”, “La Guadalupana”, “La Pluma de Oro”, “La San Juan Bosco”. La Imprenta San José. 

Esta empresa de Edmundo De La Isla la comienza muy discretamente a los 13 años de edad en 1901 y lo concreta en 1906, da inicio en la calle de Pino Suárez 51, luego en la esquina de Madero y La Calzada de Belén, hasta su lugar definitivo en el Corazón de la Ciudad, en la Calle Real, hoy Madero. 

En ese sitio siempre se compraron las estampas italianas para las distintas ocasiones, desde el recuerdo de bautismo hasta los del fallecimiento, los escapularios de La Virgen del Carmen, se daba servicio por correo, se encontraban los libros de época y los clásicos. 

Imprenta, librería y papelería, con censores para sus libros de venta que fueron entre otros el famoso Padre Rositas, Don Florencio Rosas, el Canónigo Daniel Frías, entre otros. 

De allí sale un periódico combativo como lo fue “La Tribuna” dirigido por Jesús De La Isla, el Boletín el “Reproductor”, El “Difusor”, Los lectores y la venta de libros de texto, etc. Con Ustedes el escrito de época: 

Anteriormente nos solicitaban monaguillos, plumas fuentes, tinteros…recibíamos estampas muy bonitas de Italia, rosarios y libros de primera comunión, de matrimonio de Bélgica, Alemania y Francia… velas religiosas de todos tipos y tamaños, veladoras…unas toallitas perfumadas importadas, que llegaban de Francia, que servían para limpiar las manos de la tinta de las plumas fuentes…para eso también había una pomada que llegaba de Europa…el fervor popular ha ido perdiéndose…anteriormente fabricábamos diez gruesas semanarias de escapularios de Nuestra Señora del Carmen, ahora ni en un mes se venden… 

A principio de 1901, un adolescente, que aún no contaba trece años se vio obligado a suspender sus estudios, a causa de una enfermedad que lo dejó temporalmente ciego. Tan pronto como volvió a ver y para que no estuviera ocioso, su padre le enseñó a encuadernar libros. Transcurrió algún tiempo y como no pudiera dedicarse de lleno a los estudios, distribuía sus horas trabajando unas y estudiando otras. 

A fines de 1902 pidió a México libros de texto que necesitaba y al ver que sobre sus precios le era concedido un descuento comenzó a ofrecer a sus compañeros de estudio y a sus conocidos,  conseguirles todas las obras que les hiciesen falta. Con eso inició el funcionamiento de una pequeña agencia de libros. 

En mayo de 1904 hubo de acompañar al Sr. Pbro. Don Hospicio Ordoñez en viaje a la ciudad de Tequisquiapan, dónde en una imprenta, encontró abandonada una prensita  casi de juguete.  La pidió prestada y con ella y dos fuentes de tipo truncas dio comienzo a la imprenta del “Sagrado Corazón”. 

Así pues, no hubo en el principio de la empresa ninguno de los elementos que ordinariamente llevan al éxito: Dinero, conocimientos y salud corporal. 

El 23 de septiembre del año de 1906, en un modesto local, el número 6 de la antigua calle del Aguila, el Sr. Pbro. Don Alberto Gorraez, Cura entonces de la Parroquia de Santa Ana y del Espíritu Santo, bendecía un pequeño taller de imprenta, compuesto por tres prensas de mano y una escasa dotación de tipos y otros accesorios. También se podían ver allí unos cuantos libros que exhibidos en minúsculo estante se ofrecían a la venta.  

Apadrinaban el acto los Señores Presbíteros Don Daniel Frías y Don Hospicio Ordoñez y el Sr. Lic. Francisco Veraza y se hallaba también presente, un reducido grupo de parientes y amigos del joven que, en aquel incipiente negocio, por primera vez ofrecía al público sus servicios.

Sobre la puerta exterior se veía un letrero recién pintado, que decía: “Imprenta del Sagrado Corazón”. 

1906-1931, años de revolución y persecución religiosa. A falta de salud cada día mayor de nuestro joven, se agregó la hostilidad de revolucionarios y perseguidores. 

En junio de 1914, a la toma de la ciudad por las fuerzas carrancistas, fue ordenada la incautación de la casa y si bien se consiguió que fuera devuelta días después, ya habían sido sustraídas las prensas y buena cantidad de tipo.  Dios proporcionó el remedio, con la ocasión de adquirir una imprenta recién clausurada. 

En el año de 1919, el propietario sufrió encarcelamiento y multa por haber impreso una hoja de propaganda de la primitiva A.C.J .M. 

En 1927 cuando por la persecución callista, se hallaba suspendido el culto público, también fue aprehendido en compañía de su padre, por haber impreso unas hojas catequísticas que se repartían dentro de los templos y tuvieron que pasar la noche en un cuartel. 

Por último y como culminación de esos atentados, el 20 de febrero de 1928 fue clausurado el establecimiento, detenido todo el personal y llevados sus directores a México, donde se les tuvo presos en la Inspección General de Policía y de donde no lograron salir sino después de haber tenido que entregar fuerte cantidad de dinero. 

Cuando, tras largos días, se consiguió que la casa se abriera de nuevo, vino a notarse, que a pesar de que sus puertas quedaron selladas, los sellos habían sido violados y vueltos a poner varias veces, para que los responsables de hechos tan vergonzosos, perpetraran un desastroso saqueo. 

Los últimos 25 años no han estado exentos repersecución. 

Un decreto sectario prohibió a principios de 1935 la circulación de propaganda religiosa y esto dio ocasión a que la Jefatura de Operaciones Militares ordenara que se excluyera del establecimiento too lo que tuviera ese carácter. 

Reexigió así, que se retiraran de la venta los libros y material religioso, que se quitaran del exterior y aún  del membrete de cartas y de facturas el nombre que había llevado la casa y se canceló el registro para este boletín, que durante más de trece años se había estando publicando con el titulo de “reproductor” con o que mas tarde y con modificaciones requeridas por tales circunstancias, fue reanudado con el de “Difusor”,en el que por aquellos días tuvo que evitarse todo lo que se refiriera a religión. 

Terminamos, con la conclusión de que la larga existencia de esta obra se debe a una singular protección de su dueño, ya que sea con el nombre de imprenta o de librería siempre ha sido del “Sagrado Corazón”. 

 A El da las más fervientes gracias, el adolescente de1901, el joven en 1906, y ahora en el ocaso de su vida, por haberlo escogido para esta labor y le pide perdón por las faltas que haya tenido n el desempeño de su encargo. También las da a la Virgen Santísima, por medio de quien recibimos todos los bienes,, a los Siervos de Dios Federico Ozanam  y Beato Martín de Porres, por cuya intersección recobró la poca vista que le queda y que recientemente había perdido por completo; a las anta memoria de su padre, que no con dinero que no tenía, pero si con su dirección y trabajo personal, le dio inapreciable ayuda, a su hermano Rafael y al Sr. D. Federico Lozada Cosío, que han llevado la dirección comercial del establecimiento, el primero durante treinta años y el segundo desde 1947; a todos los que con él han colaborado en los cincuenta años cuyo cumplimiento celebramos; a los editoriales y librerías nacionales y extranjeras que tantas facilidades le han proporcionado y a su numerosa y muy estimada clientela, que siempre le ha favorecido. 

Santiago de Querétaro, a 23 de septiembre de 1956 

Edmundo De La Isla.  

Origen de los carros bíblicos en Querétaro…

El Rosario de Navidad

 

El Misterio de Los Leandros

  

El Origen de los Carros Bíblicos en Querétaro

 

José Félix Zavala

 Pastores, pastoresVamos a BelénA ver a la VirgenY al Niño también. 

Los carros bíblicos, junto con el nacimiento monumental se quemaron en un accidente lastimoso, por lo que esperamos que el Gobierno del estado brinde al Patronato todo el apoyo necesario para “reponer” en lo posible y renovar nuestra tradición del llamado “Rosario de navidad” o Fiestas de fin de año. 

Lo que se llamaba “Rosario de Navidad”, la tradición de representar en 24 carros alegóricos, pasajes de la Biblia y que al pasar los años se convertirán en las “Fiestas de Navidad” a cargo de lo que fue primero una Comisión y posteriormente, “El Patronato de Las Fiestas de Navidad”, da comienzo en Querétaro la noche del 24 de diciembre de 1828. 

Sobre estos temas y sus orígenes ha corrido mucha tinta, pero la versión aquí presente sólo tiene la fuente del padre de la historia moderna de Querétaro, Valentín Frías y el trabajo de campo de un servidor por treinta años, más los recuerdos de mi infancia. 

Viene al caso, que una ocasión estando el Maestro Eduardo Loarca Castillo y un servidor, en la bella sacristía del Oratorio de San Felipe Neri (Catedral), me señaló un grupo escultórico y me dijo “Ese es el Misterio de Los Leandros”. La historia de esta obra de arte, además de anecdótica, tiene un interés sociológico, por representar la vida de los artistas y del modo de ser de los habitantes de esta ciudad de Querétaro, en un hecho curioso e importante. 

Señala Valentín Frías que a él se la contó el escultor Diego Almaraz Guillén y son sus protagonistas, los indios del barrio de Santa Rosa o de Los Jauleros, Aniceto e Isidro Martínez, apodados Los Leandros debido a que varios de sus ascendientes llevaron ese nombre. Aniceto e Isidro Martínez, “Los Leandros”, en 1846 mandaron a hacer este conjunto escultórico a Miguel Beltrán y el Niño Dios a José Arce, todo por la cantidad de 500 pesos. 

Al poco tiempo se dividieron los hermanos y lo mismo hicieron con la obra de arte que habían mandado hacer, El Misterio conocido como de Los Leandros. Aniceto retuvo la imagen de la Virgen e Isidro la de Señor San José y el Niño. 

Aniceto mandó hacer un nuevo San José, la cabeza copiada de uno propiedad de la Señora Especia ascendiente del Lic. Mateo Borja Torres las manos y los pies fueron hechos por Isidro Espinosa y el cuerpo por él mismo que era aficionado al arte. Aniceto murió en los últimos días de marzo de 1867. 

Este es el Misterio más conocido de los dos y el que se usará para lo que hoy llamamos las fiestas decembrinas… 

El otro hermano, Isidro mandó hacer la Virgen a Diego Almaraz y al niño, que estaba en estado de “rorro”, le hicieron los pies y las manos, este misterio quedó en poder de las religiosas clarisas exclaustradas que existían en Querétaro. 

Es importante tener presente que lo que ahora llamamos el paso de Los Carros Alegóricos, que recorren las calles del centro de nuestra ciudad cada 24 de diciembre y van precedidos de un mes de festividades, tuvo como principio “El Desfile del Rosario de Navidad”, posteriormente se le llamó a este desfile las “Fiestas Navideñas”, que le dan tanta fama a Querétaro y preocupan tanto a las autoridades que son las que dan un valioso presupuesto para ellas. 

En un principio fue una incipiente Comisión, luego se le denominó, “Patronato de Las Fiestas de Navidad” y después “Patronato de Las Fiestas de Querétaro”, pero en realidad su comisión más importante son Las Fiestas Decembrinas, llamadas en su inicio en 1828 como ya lo dije, “El Desfile del Rosario de Navidad”, realizado como hasta ahora, cada 24 de diciembre por la noche. 

El desfile del Rosario de Navidad, lo cerraba en sus comienzos y antes de que existiera el Misterio de los Leandros, un Misterio propiedad del Lic. Sotelo, factura de Laureano Montañés. 

Los esquilones de la Torre de San Francisco llamaban y reunían a la sociedad queretana en su conjunto, a las ocho de la noche. Habrían la marcha los tamborcillos de mano, enseguida un grupo de enanos y la historia bíblica ejemplificada en 24 carros, siendo el primero el de La Creación, luego el del Paraíso, La Peña de Orbe, La Cena de Baltasar, Judith y Holofernes, Josué manda parar el sol, Esther ante el rey Asuero, El Becerro de Oro, José y Sus Hermanos, etc. 

Cerrando el desfile el carro de La Posada, con su negrito con todo y linterna y atrás iba el carro denominado “La Cabaña”, donde se presentaba el nacimiento del Niño Dios, entre la algarabía de la gente, los pastores y un conjunto de animales domésticos sobre él. Cerraba este desfile del Rosario de Navidad, el Misterio, cargado en andas, bellamente decorado. 

Muchos años al comienzo de esta centenaria tradición queretana, las andas que llevarían El Misterio de Los Leandros al desfile del Rosario de navidad se decoraban en la casa de Francisco P. Meza y después las andas nuevas mucho más grandes y acompañadas del Ángel, los Pastores y los animales, ya no se pudo hacer dentro de una casa, por lo que se decoraban bellamente frente a la casa de Los Leandros. Tras el Misterio seguían Los Reyes Magos, con lujoso trajes y montados a caballo, con una recua llevando los regalos de oro, incienso y botellas de vino, atrás un grupo de arrieros y mujeres vestidas de campesinas con sombrero ancho, entre silbidos, gritos, guajes de agua, haciendo tortillas y los hombres fumando y tomando. 

Esperamos que el Patronato de las Fiestas de Querétaro siga siendo innovador constante, sin dejar el cimiento que dio origen a estas fiestas decembrinas, que tuvieron su origen en las posadas con su tradicional rosario, canto de las letanías, procesión y recreación, actos de devoción de todos los queretanos. 

¿Volver? Luis Cernuda…

Luis Cernuda 

¿Volver?

Regresar no piensas, /

Sino seguir libre adelante, /

Disponible por siempre, mozo o viejo, /

Sin hijo que te busque, como a Ulises, /

Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope    Cuando el hombre muere,             

            al cerrar ya su ciclo,                        

            (uno de tantos anillos)…                        

            vuelve siempre a la misma cámara oscura de donde salió,                

            al mismo agujero de la tierra,                   

            al mismo alvéolo de la carne que le dio a luz.                              

Una sepultura no es más que una matriz,                       

            y la tierra, la más grande de todas,                      

            está hecha con las sepulturas de todas las madres muertas.                         

Las madres muertas viven siempre bajo tierra con el mismo vientre que tuvieron…                       

            Y el de Mi Madre… me aguarda allí ahora…                   

            Allí…                                                    A tus entrañas vuelvo, Madre.                               

            Que ya no quiero más que esto:                           

Volver a las primeras sombras de mi cueva materna,              

            al pozo profundo de mi huerto familiar                

            cuyas aguas antiguas tienen las mismas substancias que mi sangre…                    

            Ya no quiero otra cosa.  

Ni ver siquiera el sol

El Vino triste…Cesare Pavese

Cesare Pavese

De Poemas del desamor

 

El vino triste

     Cada vez que me siento en el rincón de una fonda
a tomar mi grapita, no falta el pederasta
o los niños que gritan, el desempleado

o una bella muchacha que va por la calle

y todos me rompen el hilo del humo. «Así es, jovencito,
se lo digo en serio, trabajo en Lucento».
Y la voz, aquella voz angustiada del viejo
cuarentón –no lo sé– que me apretaba la mano

una noche de frío, y después me acompañó

hasta mi casa; jamás olvidaré mientras viva

ese tono de vieja corneta.
No me hablaba del vino; conversaba conmigo
porque yo había estudiado y fumaba la pipa.

«Y el que fuma la pipa», exclamaba temblando,

«nunca puede ser falso». Asentí con un gesto.Ya de vuelta encontré muchachas más francas, más sanas,
con las piernas desnudas –yo tenía ya meses de ayuno–

y me casé solamente porque estaba embriagado

de su frescura; era un amor senil.
Me casé con la más musculosa, la más impertinente,
para sentir de nuevo la vida, para dejar de morir

detrás de un escritorio, en oficinas llenas de extraños.
Pero Nella fue para mí una extraña, y un cadete aviador
que la viera una vez le puso las manos encima.Ya murió el canalla –aquel pobre muchacho–
al caerse su avión –no fui yo el canalla–.
Mi Nella tiene un niño –no sé si es hijo mío–;
Es mujer de su casa y yo soy ahí un extraño
que no se atreve a hablar ni sabe alegrarla.

Tampoco habla ella, solamente me mira.Lo curioso es que el hombre lloraba al contarlo,
como llora un borracho, con todo su cuerpo,
y, cayéndoseme encima, agregaba: «Entre nosotros
siempre habrá respeto»,Y yo, tiritando de frío,
intentaba alejarme tendiéndole la mano.Da gusto chiquitear la grapita; otra cosa es escuchar desahogos de un viejo impotente que volvió de la guerra y nos pide perdón.
¿Pero qué satisfacciones tengo yo en la vida?En serio se lo digo, trabajo en Lucento.
¿Pero qué satisfacciones tengo yo en la vida?

José Emilio Pacheco: “La conciencia atroz del tiempo”…

JEP modelo 69:

La conciencia atroz del tiempo  Julio Figueroa  

    

Siempre ha tenido la conciencia atroz del fugaz paso del tiempo. Desde los versos de Li Kiu Ling (en versión de Marcela de Juan):

“En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas; / me alejo sin cesar. / No me preguntes cómo pasa el tiempo.”

Fue su tercer libro de poemas (1969) y su poesía cobró de pronto un giro crítico fundamental (voz de la tribu) respecto a su poesía casi pura de los dos primeros libros. Mas ya decía en El reposo del fuego (1966), su segundo libro: “Nada altera el desastre: llena el mundo / la caudal pesadumbre de la sangre”.

Hasta los versos dedicados a Fernando Benítez en 1999 en el epílogo y desenlace del siglo pasado de los vigesímicos:

“Pierdo un poco de sombra cada día / y ya me alumbra el resplandor del hueso. / Ya la mar de los muchos es la mía.”

Y la hermosa Mariana, la de Las batallas, si hoy viviera tendría casi 90 años. ¡Yo la conocí ya de 60! Es el poeta del tiempo y sus desastres. Nada lo engaña, el mundo no lo ha hechizado.

Levanta acta. Mira girar la tierra con melancolía y un extraño presentimiento oscuro. Y lo peor, púmbale, nunca queda atrás, púmbale, sino adelante, púmbale, todavía estamos vivos: púmbale, “otro segundo acaba de pasar y todos nos caemos de viejos y a la siguiente exclamación seremos polvo”.

Púmbale, China y el terrible terremoto de mayo. Miles y miles de muertos y edificios de rodillas hechos polvo. Tan lejos ya esos segundos todavía eternos para quienes los vivieron como los que vivimos el 19 de septiembre de 1985 en México, poco antes de las siete y media de la mañana: jueves 7:19 a.m.

“La tierra es muda: habla por ella el desastre. / La tierra es sorda: nunca escucha los gritos. / La tierra es ciega: nos observa la muerte.”

Los chinos se preparaban para las Olimpiadas y no para el desastre terrestre.

“El día se vuelve noche, / polvo es el sol, / el estruendo lo llena todo.”

Se grita y se protesta por la libertad del Tíbet y se guarda silencio y crece la solidaridad como una flor de fraternidad por el terremoto de Sichuán. Púmbale, China se moderniza: reprime a sus jóvenes como el occidente en 68. Púmbale, los jovencitos que bailoteaban y reían en la disco de México y de pronto yacen inertes sin vida en el suelo, junto a tres policías. Y sus madres inconsolables en un cuadro desgarrador.

Púmbale, las cabezas cortadas mexicanas, ¿ya las olvidaste? Rodeados por la tragedia, la desgracia siempre nos sorprende, como la muerte esperada y siempre inesperada. JEP, con la conciencia atroz del fugaz paso del tiempo encima. Mirada oscura, fina melancolía y lucidez punzante. Nada lo engaña, la prodigiosa vida termina en desastre. Y en todas partes vamos de noticia en noticia y de desastre en desastre. ¿Cuál es el sentido de la vida? Púmbale.   

    

 –La maravilla de la existencia es que pasa. Es valiosa porque es efímera y es efímera porque es valiosa, ése es el sentido de la vida.

     –Cada semana me llega la noticia de la muerte de algún contemporáneo o de alguien que está muy enfermo, entonces digo: el próximo soy yo. Por más que te haces a la idea de que esto va a pasar, cuando llega no deja de ser una sorpresa.

     –Ah, generación de críticos, qué ciega fuiste.  

     De los cuentos más breves que conozco (Monterroso, Zaid y algunos chinos y japoneses), el suyo me parece el más atroz. El de la cola enroscada como una víbora de fuego con las fauces abiertas en la portada del libro La sangre de Medusa y otros cuentos marginales (México, Era, 1990). JEP lo llama la historia sin fin y yo simplemente la cola: 

     –Un hombre se forma tras una larga cola. Desesperado, elimina a quien está antes que él. Sigue con todos los de la fila. Hasta que otro hombre se detiene a su espalda…  

     La imagen y el fondo, la brevedad y la plasticidad de las palabras son insuperables. Lección de cosas. Si la democracia es muy lenta y muy poca cosa, ¿qué no sería la no democracia y la ley de los matones? En la cola de las tortillas o en la cola del cine siempre recuerdo el cuentito de José Emilio. Y en la cola mastico la paciencia.  

     Su oscuro pesimismo no es paralítico sino creador. Porque al decir lo que dice, por más negro que sea, al expresarlo con calidad literaria está creando y recreando el mundo. El mundo real de todos los días es un torrente simultáneo de cosas que a todos nos ahoga; sólo el poeta ordena, clarifica y da sentido. Blanca Varela: “Hasta la desesperación requiere un cierto orden”. Y por pesimista que sea la mirada del autor, la clara expresión literaria es un aliento de vida, así esté llena de desaliento. El único verdadero pesimismo radical sería el silencio total, la no expresión, el balazo suicida o el veneno mortal. Crear un mundo negro y levantar acta de sus desastres naturales y sociales es todavía un humanismo. El Señor de los Desastres es el Poeta del tiempo y del amor a la vida, hasta apurar las heces del prodigio de estar vivos. Si dar señales de vida es la única derrota de la muerte, JEP ha dejado muchas señales vitales en sus 69 años de camino.  

     Camoens        “Cuando empezó la ruina en Portugal     Camoens, que había cantado su gloria,      volvió a Lisboa:      –Quiero compartir      este dolor, esta miseria que somos.”  

     Inscripción griega 

     Se hunde mi patria:     asistiré a su ruina     levantaré acta     aunque sea inútil.  

     Aire oscuro 

     “Ya es tarde para saber.          Soy ignorancia.           Conozco                           lo que no sé.      La luz muere.           Oscuro el libro del mundo.      Texto de sombra.                                   Ilegible.”  

     Si leer literatura es vivir la experiencia de otra vida, ¿cuál ha sido mi experiencia leyendo a José Emilio Pacheco durante más de 30 años? Tal vez apurar el tiempo segundo a segundo, letra a letra, libro a libro, “para mirar la vida hasta la muerte”. En el verso paciano está la poética de JEP.   

     Verdadero escritor es aquel que baja siempre hasta el fondo y algunas veces logra salir con unas cuantas palabras en la mano.

     El alboroto temprano de los pájaros, el aire fresco de la calle, el olor a café… Luego las suaves palabras de adentro caminando por la conciencia y al mediodía el imperio del sol sobre un azul infinito.

     Sacar el agua profunda del pozo oscuro.     Lunes 30 de junio de 2008.     Un día como hoy llegamos a Querétaro.

     Jueves 30 de junio de 1988: llovía nocturnamente, no había taxis, la central camionera estaba entonces frente a la Alameda, en donde hoy es el Centro Cultural Gómez Morín, desde donde escribo; caminamos los cuatro unas cuantas cuadras para llegar a Carlos Septién 28, Colonia Cimatario. Fue una semana antes de las elecciones modernas más oscuras de México y en las que supuestamente ganó Carlos Salinas de Gortari. (Tal vez fue el último gran fraude electoral; aunque plagado de muchas irregularidades, el 2006 fue otra cosa y todavía lo estamos discutiendo; mientras que el 88 no hay nada que discutir: fue su último fraude patriótico).

     ¿Es mi segundo nacimiento un 30 de junio?  

     No amo a Querétaro pero aquí he ganado y he perdido y he empatado. Y lo mejor: aquí tengo verdaderos amigos y verdaderos enemigos. Gracias a todos.

     No me arrepiento de haber venido pero tampoco me quiero quedar aquí.

     Ya no soy defeño y tampoco soy queretano y menos jalisquillo.

     No creo en la queretanidad ni en la mexicanidad y sin embargo hay algo que nos define, pero no es lo que decimos.   

     Toda la tierra es mi tierra y sobre todo este increíble y extraño paisito bendito e inconsistente y aferrado.  

     Soy un forastero en tránsito: fuereño en todas partes y sin embargo ciudadano rodante palabrero democrático con todos mis derechos y obligaciones intactos y en uso.  

     ¿Vale más un nativo apoltronado que un fuereño con sus raíces al aire libre?      Palabrero ambulante.

     Extranjero como los indios en nuestra propia tierra y no obstante bien mexicanotes por todos lados.

     Toda la tierra es nuestra tierra y todavía hay lugar para todos, aunque sea en el panteón.

     Entre Tijuana y Chetumal son enormes las diferencias pero son todavía más sutiles las semejanzas.

     Palabrero rodante.

     ¿Y el paso atroz del tiempo?

     Vuelvo a ese peso, JEP:

     –¿Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años?

     –¿Qué pensaría de mí si entrara en este momento / y me encontrase en donde estoy, como soy, / aquel que fui a los veinte años?

     Elías Canetti:

     –Lo humillante de la vida: que todo lo que uno ha detestado, orgulloso, con todas sus fuerzas, al final acabe aceptándolo. Así se va a parar otra vez al punto del que (se) partió cuando se era joven, (y) se transforma en el mundo que en aquel tiempo lo rodeaba. Pero ¿dónde está uno ahora? En la dureza y acritud con la que lo mira y lo anota todo.

     Obstinarse, aperradamente, pese a todo:

     –El incesante ir y venir del tigre a lo largo de los barrotes de la jaula para no perderse el único, insignificante momento que pueda salvarle.

     Mas nos hay salida, hasta reventar.

     Veo la última foto de José Emilio con melancolía y lucidez. Gregorio Samsa metamorfoseándose en Kafka. Un escritor dignísimo, un hombre de letras bueno, que todavía aspira a registrar el mundo con su mirada y adquirir lectores, no premios, lectores, como él lo ha sido de tantos y tantos autores.

     –Lo leído es tan nuestro como lo vivido y la vida es esta oscura batalla sin testigos.   

    

 –Es cierto lo que dice Piglia, todo se relaciona con todo pero hay que saber leerlo y asociarlo.

     ¿Cuál es su enseñanza capital?

     –No me pregunten cómo pasa y pesa el tiempo.

     Hay que usarlo.

     JEP volvió el tiempo palabras.

     JEP es un tono, una mirada, un tono de voz con una mirada no encantada.

     JEP es una actitud: la conciencia y la credibilidad de las palabras.

     JEP es el amor y la paciencia de las palabras.

     JEP es el paso del tiempo vuelto palabras.

     Como Cavafis, como Jayyam, como Horacio, como los griegos.    

     –Ahora que yo también entro en el crepúsculo, me consuela de mi oscuridad y mi fracaso pensar que atravesé la vida como un espectador cinematográfico: he visto todo resguardado por un muro inviolable.

     Se abre y se cierra, la cortina de las palabras.  

     Si la luz es la piel del mundo, las palabras son la voz de la tribu llamada hombre.   

     Miro la tierra desde Marsella en 1987 con el libro en la mano:

     –Todos somos parte del cuadro que vemos y hacemos.

     –Y todo se relaciona con todo, pero hay que saber verlo y escribirlo.

     Y amén.

     ¡Amar antes del amén!

     Amén.

     ¡Amen!

     Amén.  

     Alabanzas

     José Emilio Pacheco en Miro la tierra  L (1986):  

     “El instante se ha llenado de azul. 

     Caminamos bajo la monarquía absoluta del sol.  

     Hay un total acuerdo

     entre el estar aquí y estar vivos.” 

     Miro la tierra y leo a JEP y palpo la vida y la muerte y el amor y el deseo y los sueños y el mal y la oscura batalla cuerpo adentro… Y me repito de memoria los versos del viejo checo, Jaroslav Seifert (1901-1986; Premio Nobel 1984), conocido y querido gracias a José Emilio:  

     “Me dije:

     Lo peor ha quedado atrás,

     ya soy viejo.

     No, lo peor aún está por venir,

     sigo vivo.

     Pero, si quieren saberlo,

     fui feliz:

     a veces un día entero,

     a veces toda una hora.

     Es bastante.” 

     Escrito en el año 69 de José Emilio Pacheco.      

     “La palabra despierta,

     abre los ojos,

     dice apenas que existe.

    

Cae el silencio.”  

     –JEP, Los elementos de la noche, 1963.  

Chavela Vargas, lleva una Cruz de olvido…

 Chavela Vargas, dice:

Quiero morirme un martes para no estropearle el fin de semana a nadie*

 

Lo que me preocupa es que un niño muera porque no hay dinero para que sus padres lo curen.

Lo que está sosteniendo a México, asegura Chavela Vargas, “son sus indios, su gente fuerte. Y sus dioses están pendientes, van a volver a reinar, fíjate que así va a ser. El gigante dormido va a despertar. Volverán a reinar los grandes, los justos, los hombres de verdad. Lo que empobrece al país, lo que hace a su sociedad conservadora e hipócrita, es la pérdida de identidad”.

Un ejemplo: “El saludo indígena que te pregunta ¿cómo está tu corazón hoy? se está perdiendo. Ahora te dicen, ¿qué pasó güey?”

Ella alberga, lleva sangre india en las venas. “No sé de dónde me viene, pero algo he de tener porque lo siento”.

Por eso en sus conciertos, además del jorongo rojo, porta un medallón de chaquira que los huicholes le entregaron como símbolo de su reconocimiento como chamana. Por eso interpretó el papel de una indígena de la Patagonia en la película Grito de piedra, de Werner Herzog.

Por eso cada vez que se despide de un escenario ante un público que delira por ella, Chavela extiende los brazos, levanta la mirada y declama, histriónica: “¡México, creo en ti!”,  por eso recorre el mundo declarando su profundo amor por este país.

“Sí, me ha correspondido hasta donde puede, por el machismo. Aquí me quieren.

En España y en Argentina me adoran”. De los grandes homenajes que recibió en Madrid, en el Teatro Olympia de París, en el Carnegie Hall de Nueva York, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, antes que en Bellas Artes, un poco de olvido, un poco de desdén.

Es la señora Vargas, leyenda viviente de la canción mexicana, pies en la tierra, dueña de una memoria que además de tener vivo el repertorio de su lírica guarda, intactos, decenas de poemas de Federico García Lorca y Pablo Neruda.

Platicando de indios y de raíces, de la cima de los 88 años desde donde contempla la vida, de sirenas y seres raros y de los tiempos idos, pasa la tarde tibia en un jardín de Guadalajara, al día siguiente de un concierto apoteósico, rodeada de amigas jóvenes, de niños que también son sus amigos y le llaman Chavelonga.

Confiesa que una mañana, después del concierto, al despertar, la depresión acechaba al pie de la cama. “Y le dije ¡mangos! Tú a mí no me vas a llevar, largo de aquí”. Y se repuso.

-¿Qué necesita cada mañana para levantarse?

-Saber que ya amaneció y que tengo cosas que hacer. Pero si no me dan ganas, no las hago. A veces me canso de luchar contra muchas cosas del mundo que no puedo remediar. Pero cuando puedo remediarlas, lo hago. Busco una salida.

-Dicen que fue la primera mujer que le cantó una canción de amor a otra mujer.

¿Qué precio pagó por su forma de llamar al pan, pan? ¿Con la Macorina, por ejemplo?

-El arreglo de la Macorina es mío. Es una canción del siglo XVII; la prohibieron en tiempos de la Colonia, porque consideraban indecente decir ponme la mano aquí. A mí también me lo prohibieron. A los niños les apagaban el tocadiscos cuando llegaban a las casas.

-¿Fue revolucionario en su momento cantar sin eufemismos?

-Pues claro. Además, ¿a quién ofendo? ¿Quién se da por aludido?

Los hipócritas, pero esos están marcados, ya los conocemos.

Si hubiera habido Inquisición me mandan para allá.

Yo tenía un coche convertible que me pude comprar cuando empecé a trabajar, era una belleza, era un MG. Y me paseaba por el Paseo de la Reforma en mi MG negro, con mi cigarro, y me gritaban cosas espantosas: ¡puta, hija de la chingada, maricona! Me moría de la risa. Los saludaba con un gran gesto ¡salud!

-¿Nadie le puso la rienda jamás?

-Nadie, jamás. Y por eso, moriré muy orgullosa. Quiero morirme un martes, para no fregarle el fin de semana a nadie. Nada pasa en martes, son muy aburridos.

-Dios es una presencia muy fuerte en muchas de sus canciones…

-Dios está metido en muchas letras de la canción mexicana. Hay cosas en las que no creo, pero no las digo. Para que me meto en otra bronca más de las que ya estoy metida.

Estoy en paz y respeto mucho las cosas de la religión. Eso es privado.

“A veces me tocan la puerta de la casa y es una musa, o un ser raro. Cuando vivía a la orilla del mar, en Veracruz, amanecían escamas de pescado en el marco de la ventana. Me decía la criada: amaneció lleno de escamas. Yo le decía: son las sirenas que estuvieron aquí anoche. Llegaban y me contaban muchas cosas muy hermosas. Que sí conocían a Alfosina, que por ahí anduvo. Un día me invitaron a irme al fondo del mar a tomar una copa, pero no pude ir porque no bebo.”

-La barca…

-…en que me iré lleva una cruz de olvido. Es una canción de uno de los hermanos Sáizar, un compositor que era muy amigo mío. Esa canción se hizo en una cantina. Lleva una cruz de olvido, lleva una cruz de amor y en esa cruz, sin ti, me moriré de hastío. ¡Qué divina letra!

-¿Le llegó el momento, como al andariego, de sentir la calma y el sosiego?

-Ey, junto a mi cruz tan solo quiero paz. No sé si el momento de la cruz, pero si de las horas de sosiego. Llegará la hora de la cruz. Pero entre tanto, no voy a estar tranquila. Me falta mucho por hacer. Me falta ver filmar la última película de Pedro (Almodóvar). Por ahí hay una sorpresa para mí, con un premio, pero no lo puedo decir todavía.

-¿Cómo se siente tener 88 años…?

-…¡Ah, Chihuahua, de la chingada!

-…Tener 88 años, con tanta fuerza, tanta lucidez, estar en tantos proyectos.

-Sí tú, casi 90, creo que es una enfermedad nueva que no está de moda. Porque a esta edad la gente se mete a los cuartos a rezar. Yo todavía me aviento a hacer cosas locas. Si Herzog me invita a irme otra vez a la Patagonia, voy. Tengo muy bien puestas las hormonas.

-La soledad…

-Nací con ella. Libertad es soledad. Libertad es pobreza. Así que no me quejo. Prefiero estar sola y no tener dinero que estar atada.

-Los jóvenes van a sus conciertos…

-Eso es bellísimo. Yo hablo con jóvenes. Ellos sienten las mismas cosas que sentía yo a su edad. Claro, ellos sí saben porqué les pasan las cosas, yo no sabía nada. Se identifican mucho con La canción de las cosas simples, de César Acella.

Cuando yo digo: demórate aquí, con el sol mayor de este mediodía, lloran, pero con un llanto diferente al amor corriente. Es casi un sueño, una cosa rara.

La música no tiene frontera, sexo, edad. Es o no es, te toca el alma, te despierta cosas muy hermosas.

-¿Lamentas sus años de parranda?

-No, yo era una vieja borracha. Fueron años simpatiquísimos, con José Alfredo Jiménez, que era el enamorado de todas las mujeres del mundo y me llevaba a darles serenata y al final de la noche se le descomponía su coche y yo lo tenía que empujar. Pero me estaba diciendo el doctor la semana antepasada: qué hígado más perfecto tengo. No me lo explico, es un hígado que se tomó 40 mil copas.

-No habla mucho sobre cómo salió del alcohol, de cómo se rehabilitó…

-Con muchos ovarios. Esa fue la batalla más dura de mi vida. El primer día que dejé de beber y empecé a sudar (Chavela se pasa las manos por la cara, como si reviviera las sensaciones terribles de la abstinencia) me estaba muriendo, y sin un quinto para comprar una vitamina. Y yo decía: tengo que salir de esto. Sola. Sola me aventé la eterna cruda. ¡Y salí! Tengo 25 años sin probar copa. Y soy el ser más feliz.

* BLANCHE PETRICH

La Ciudad de Querétaro…

Circunferencia de la Ciudad

  “Se halla tener dicha ciudad de circunferencia: 14 288 varas y una tercia, que componen dos leguas y tres cuartas de otra, con mas de 538 varas y una tercia. Va de la esquina del barrio que llaman de Pathé, mirando al oriente y rumbo al poniente hasta el Barrio de Santa Catarina, hasta ser  frente a la Garita·” 

“Dicha ciudad en su material fábrica, con los suntuosos templos que la componen, tres principales plazas que la adornan y con 138 calles que la dilatan y hermosean” 

El Centro de la Ciudad de Querétaro

José Félix Zavala 

A partir de los últimos 50 años,  La Ciudad de Querétaro dejó un acusado abandono y un deterioro progresivo en que se mantuvo desde 1810 hasta 1950 aproximadamente y a pesar de ese despegue desarrollista, su centro o ciudad antigua es, de todo el territorio municipal, el que mayor número de problemas mantiene en la actualidad. 

En él encontramos lo más representativo de las instituciones de nuestra ciudad, sean de orden político, económico, cultural o arquitectónico; es el espacio donde se conjugan los valores y símbolos de nuestra comunidad urbana, donde se da una gran actividad comercial y artesanal y un marcado abandono de su vocación primaria que fue residencial. 

Es imperante por su trascendencia, rescatar para las generaciones presentes y futuras, el centro de nuestra ciudad, porque es el espejo de su vida y la expresión de su diversidad, contiene las raíces vivas de la comunidad, nos da significado, identidad, nos sitúa en el tiempo y en el espacio, y su valor estético cumple un lugar privilegiado dentro de las múltiples ciudades de nuestro país y del mundo. 

Es urgente que nuestra ciudad perviva a través de la preservación rigurosa de la ciudad antigua, consistente en el centro con sus barrios ancestrales y tradicionales, formados durante 250 años y abandonados a su suerte durante el S. XIX y la primera mitad del S. XX y allanados por el “progreso” desde 1950 hasta nuestros días. 

No olvidemos que la ciudad antigua o el centro de nuestra ciudad, es un conjunto de bienes monumentales, resultado de un trabajo colectivo a través del esfuerzo de muchas generaciones y que pertenece a sus habitantes, por la historia a los del pasado, por nuestras múltiples necesidades a los del presente y por compromiso a las del futuro, por lo tanto es necesario permanentemente, restaurarlo y conservarlo, si no queremos que lo más importante de nosotros mismos sea perentorio.

La antigua ciudad o centro, ocupa un poco más del 2% del territorio municipal, esto es 18 kilómetros cuadrados, dentro de una extensión municipal, un poco superior a los 750 km2. Este pequeño espacio puede desaparecer aunque nos parezca amarillista la noticia, si seguimos provocando el abandono habitacional de sus antiguos barrios, si permitimos un tráfico vehicular indebido y si le damos nuevos usos, sobre todo innecesarios  a los edificios que la componen. 

Con el objeto de salvarle la vida a la ciudad que construimos durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la UNESCO la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad el 5 de Diciembre de 1996, a este entorno que conocemos como el centro o la ciudad antigua, para su protección y restauración de sus expresiones arquitectónicas que son un extraordinario patrimonio del que además de depositarios somos responsables. 

El centro de la ciudad con sus 17 monumentales conventos y 11 barrios, nos da un escenario de arquitectura mexicana del siglo XVIII que aún no perdemos y no valoramos lo suficiente, pero que estamos en grave riesgo de no tener y de no heredar a las nuevas generaciones. 

La ciudad antigua es un bien público, que hemos recibido como herencia que nos permite los vínculos sociales y la quiebra del anonimato de la vida ciudadana. 

Es urgente e indispensable salvar el Río Querétaro, que viene desde el Cerro del Zamorano, pasando por La Cañada, cruzando y dividiendo nuestra ciudad, en dos bandas, ya que fue, después de la caída de la ciudad prehispánica, quien dotara de agua potable a la nueva ciudad a través de acequias, hechos sucedidos en los albores del siglo XVl, por ello es una obligación nuestra su recuperación. 

Los varios kilómetros del ducto que desde los ojos de agua del Capulín, en La Cañada viene y por los maravillosos 74 arcos,  sortea el vado de Carretas,  conduciendo el agua limpia a Querétaro, en la primera mitad del S. XVIII, cuando la enfermedad destrozaba a su población, en medio del júbilo de sus habitantes fue recibida esta obra hidráulica que debe conservarse y restaurarse y es otra de nuestras obligaciones generacionales. 

Son “Los Arcos” también parte del patrimonio que debemos conservar y restaurar. Lo mismo hay que decir de los edificios más notables que los tenemos en gran cantidad y lujo, los varios portales, sus iglesias, conventos, calles, callejones, que nos permiten llevar en nuestros ojos una imagen de lo que hemos sido y podemos seguir siendo. 

Si miramos nuestro valle, desde lo más alto de la pirámide monumental del Cerrito, que nos muestra a la ciudad en sus orígenes, estimados desde el año 300 a.C. nos obliga a la conservación y mantenimiento de nuestro centro o ciudad antigua junto con los monumentos que en sus cercanías le dan esplendor. 

Si recordamos que desde la era prehispánica hasta la actualidad la Ciudad de Querétaro es garganta de tierra adentro y el cruce de los caminos que vienen del Pacífico,  Norte y  Golfo, para volverse a distribuir a partir de nuestros valles, hacia la Costa Chica,  Sur y  Sureste de nuestra nación, nos debe hacernos sentir obligados a cumplir las leyes y decretos que nuestra moralidad nos exige. 

Respetar en beneficio de nosotros mismos y de las futuras generaciones, conservando y restaurando el centro o la ciudad antigua de Querétaro, nuestro hogar común, es una obligación que debe llevarse sin dilación ni distracción. 

Sea que miremos a Querétaro desde la Plaza de Arriba, custodiada por los Portales de Samaniego, de Dolores, o del Portal Quemado, o desde la Plaza de Abajo, donde en sus cercanías encontramos el Portal de Panaderos, el Portal Bueno, el Portal de Peregrinos, o el Portal de  las Tamaleras, nos invitará a recordar que a partir de la esquina de la Av. de 5 Señores y la salida del Camino Real (Esquina de las calles Juárez y Madero) nació el nuevo Querétaro a principios del S. XVI y permitió en sus entrañas ser el escenario de los acontecimientos más importantes de nuestra patria.

Juan José Arreola visto por…

Entrevista con José Luis Martínez

 Javier Galindo Ulloa

Mi amigo Juan José

A mediados de 1999, el historiador, bibliófilo, ensayista, diplomático y funcionario cultural José Luis Martínez, recientemente fallecido el pasado 20 de marzo, nos concedió una entrevista, aún inédita, para hablar acerca de su amigo de infancia, Juan José Arreola, que en ese entonces se hallaba enfermo de hidrocefalia.

El autor de Nezahualcóyotl, Hernán Cortés, La expresión nacional, El ensayo mexicano moderno I y II y Literatura mexicana. Siglo XX, entre innumerables ensayos, revivió diversas anécdotas de su relación con Arreola.

Juan José Arreola y yo nacimos el mismo año, en 1918. Somos viejos los dos, pero pobrecito, a él le ha ido más mal que a mí, porque tiene hidrocefalia, y los doctores tienen que curárselo. Eso le ha impedido hacer buen uso de los sentidos, no puede hablar el pobre, ni moverse. Dicen que nada más puede ver y sentir, pero no moverse. Ha de ser horrible eso. Me da pena su situación. Yo lo vi hace poco, antes de su mal, en Guadalajara. Siempre que voy allá trato de buscarlo.

Yo nací en un pueblo de Jalisco que se llama Atoyac, muy cercano a Ciudad Guzmán (antes Zapotlán el Grande). Pensando que en ese pueblo no había escuelas suficientes, mi padre decidió que nos fuéramos a Ciudad Guzmán, que es uno de los pueblos grandes de Jalisco. Ahí me inscribieron en un colegio de monjas, donde conocí a Juan José.

Era una escuela de párvulos, que luego se convirtió en un kinder. Éramos los únicos varones en un salón de clases de puras niñas. Pero a Juan José y a mí nos sentaban juntos en una banca. Ambos teníamos una nana que nos llevaba a la escuela; la mía se llamaba Lupe y la de él Agustina.

Después coincidimos los dos en la primaria, en una escuela llamada Renacimiento. Tuvimos como maestros a los hermanos Aceves, a quienes apreciábamos mucho, porque nos despertaron el gusto por la lectura y por las letras: nos hacían leer en voz alta. Todavía recuerdo aquellas recitaciones de versos: “El ruiseñor cantaba, la noche era divina…” A esa escuela íbamos, Juan José y uno de sus hermanos, Rafael, que era muy simpático.

Los hermanos Arreola eran muy ingeniosos y listos. Tenían un padre que les enseñaba cosas prácticas: armar y desarmar bicicletas y relojes. Desarmar un reloj era muy difícil, y armarlo era mucho más por los pequeños instrumentos. Los relojes eran más grandes que los de ahora, se usaban de bolsillo. Los de los ferrocarrileros eran muy apreciados.

Arreola era muy bueno para andar en bicicleta y en general para el uso de la imaginación y la palabra. Recuerdo que él inventó una religión, la Babucha, cuyo icono era un pedazo de madera, que figuraba una sandalia. Simulábamos sacrificios humanos como el de los aztecas y hacíamos ritos a esa deidad. Y acabó toda la escuela dominada por esas celebraciones de la religión de los babuchos.

Nos reuníamos a la hora del recreo en un corral de la misma escuela. Era un pesebre abandonado donde simulábamos nuestros sacrificios y encerrábamos a nuestros rehenes que íbamos a sacrificar. Los padres de familia fueron a quejarse porque sus niños estaban perturbados por eso. Y nos prohibieron ese juego complicado.

En su libro de memorias, Memoria y olvido, Juan José me atribuye una frase bonita: “Y la Babucha descenderá a los infiernos con su hoja de vergüenza y bochorno.” Tiempo después dejé de verlo, porque luego vinieron los años de la Revolución cristera. Éramos niños todavía. Mi padre apoyaba a los cristeros. Era doctor y también se ocupaba de las cosas de la iglesia.

Cuando salimos de Zapotlán y nos fuimos a vivir a Guadalajara, dejé de ver a Juan José. El hizo su vida pintoresca desde entonces. Cuando yo estaba viviendo en México por los años cuarenta, empecé a leer en revistillas de Guadalajara (Occidente, Eos, Pan) cuentos suyos. Y escribí un artículo en Letras de México, recordando a aquel amigo de infancia y celebrando la calidad de sus cuentos muy bien escritos. Pero prefiero su novela La feria, me parece su mejor obra.

No entiendo por qué le gustaban tanto los libros de Giovanni Papini, al que leí en mi adolescencia, pero ahora yo no me interesa. Es un autor muy obcecado y atormentado. Orso Arreola rescata en su libro El último juglar los diarios de su padre, muy sentimentales, pero carecen de la imaginación literaria de Juan José.

En la época de Poesía en Voz Alta, mi esposa y yo íbamos a ver las representaciones que organizaba Juan José, sobre poemas del Siglo de Oro español y de piezas cortas. Era el recitador y animador, vestido como los payasos antiguos, con zapatos de punta. Era muy delgado y ágil.

Una vez lo invité a cenar saliendo de la Casa del Lago, donde me encontraba también a Antonio Alatorre. Había entonces actrices muy guapas, como Rosa Carmina. Después de tanta espera de Juan José, que hablaba con una gran agilidad y rapidez, nos fuimos a mi casa. Mi esposa había hecho la comida, pero Juan José no comía entonces, se la pasaba tomando vino y picando alguna cosa de la mesa, pero nunca se sentaba a comer un platillo completo.

Tal vez porque se había puesto mal del estómago que nunca se recuperó. Pero se había arreglado la vida con el vino. Se emborrachaba continuamente.