El Observador: Semanario Católico.

El Observador: Semanario Católico, dirigido por el eminente comunicólogo, Jaime Septién Crespo,  acompañado por mas de 30 periodistas internacionales de primerísimo nivel y un grupo de colaboradores en planeación, redacción, impresión, distribución, etc. cumplen 13 años de ser una guía ética en nuestra región. Felicidades

Querétaro el día de San Pedro y San Pablo, 29 de junio del 2008 Image

Trece años para dar las gracias: Jaime Septién

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Escrito por Jaime Septièn   
Domingo 29 de Junio 2008
PÓRTICOImageLa ajetreada tarea del periodista católico se ve recompensada con fechas como éstas, con testimonios de tantas lectoras y lectores, que nos dicen que trece años de amor a la Iglesia han sido provechosos para sus vidas…

Por Jaime Septién *
La ajetreada tarea del periodista católico —que lo es, y mucho—se ve recompensada largamente con fechas y celebraciones como éstas, con testimonios de tantas lectoras y lectores, de México y por Internet de muchas partes del mundo, que nos dicen que trece años de amor a la Iglesia han sido provechosos para sus vidas, para su fe, para avanzar en lo único que de verdad importa avanzar: en el encuentro con Jesucristo vivo y, a través de Él, en la solidaridad con todos.
Con medios pobres hemos ido consolidando un público cada día más enterado de la profundidad del misterio de la Iglesia; más fiel a la aventura de la vida que consiste en creer en Jesucristo muerto por nosotros y resucitado para la salvación de nuestra alma; un lector más armado para enfrentar, críticamente, los desastres de quienes pervierten el orden de la comunidad en nombre de la libertad y, eso creemos, deseoso de hacer valer un orden católico, no por buscar el poder sino para hacer entender, de una vez por todas, que la Iglesia y el catolicismo son bienes inestimables para la comunidad y que de ellos depende, en buena medida, el entendimiento y el progreso de los hombres.
Hemos enfrentado —y ganado, gracias a muchísimos sacerdotes, religiosos, religiosas y al pueblo fiel— la más feroz de las batallas que un periódico católico tiene que enfrentar: la batalla contra los costos.  Ya hemos dicho, en múltiples ocasiones, pero no está de más repetirlo, que El Observador vive, sí, de la Providencia divina, pero, también, del profesionalismo de sus trabajadores, de quienes tienen el valor de anunciarse en sus páginas, de quienes lo vocean desde el púlpito, quienes lo distribuyen en templos, plazas, calles, pueblos y villas de nuestra variada geografía y, sobre todo, de quienes —domingo a domingo— ya a través de suscripciones, ya con la compra directa, nos llevan a sus hogares, nos hacen partícipes de su vida, nos dan el honor de ser compañeros en el viaje más emocionante que podamos emprender que es el de la fe cristiana. Nunca tendremos palabras para agradecerles tanta deferencia.
Pero, tampoco, podemos escatimarles la verdad. Estamos inmersos en el mismo proceso turbulento por el que pasa la economía mexicana.  Nuestros márgenes de acción se han ido estrechando en la medida que hemos aumentado nuestra plantilla internacional y nacional de escritores, reporteros, editorialistas, corresponsales (llegan hoy a cuarenta plumas de primer nivel) y personal de operación en todos los ámbitos de un periódico moderno (quienes suman 30 profesionales). Tan sólo nuestra plantilla de escritores abarca los puntos neurálgicos del cristianismo iberoamericano y contamos con dos corresponsales en Roma, dedicadas a informar, de manera exclusiva, lo que sucede en la sede de Pedro con México y lo que dice el papa Benedicto XVI para el mundo.
Cuando todo nos empuja a aumentar el precio de venta al público, hemos decidido cerrarle la puerta al viejo —y terrible— método de cargarle la factura al consumidor final. No, no y no; nos resistimos a aplicar la misma «técnica» de quienes ven clientes y no personas.  Por ello, con el corazón en la mano, les pedimos a todos los que creen en El Observador que, de nueva cuenta, nos ayuden a seguir adelante.  ¿Cómo?  Redoblando el paso en la promoción, distribución, difusión y lectura de este periódico hecho por laicos, con un profundo compromiso y amor a la Iglesia pero que vive de aquello que recoge cada semana de la venta, la publicidad y las suscripciones.  No hay otro venero humano de sostenimiento.  
Sabemos que detrás de esta empresa está la mano de Dios. Si no fuera así, si confiáramos en nuestras miserables fuerzas, apenas si habríamos llegado al número 5, hasta donde nuestra soberbia hubiese sido vencida por la humildad de Aquel que todo lo puede. Nos entregamos a Él, nos doblegamos a Él, nos confirmamos en Él. Con una gente tan maravillosa como la que hace comunidad en El Observador no tenemos miedo. Este periódico nació con la sombra misionera y profética de Juan Pablo II y se ha desplegado con el saludo, la bendición y la misión que el 11 de septiembre de 2005 le dio a un servidor el papa Benedicto XVI. Con tan grandísimas fuentes de luz —y con la guía serena, firme, cultísima y santa de nuestro obispo titular, don Mario de Gasperín y de todos los arzobispos y obispos que nos han acompañado y nos siguen empujando a cumplir el ideal del periodismo católico— sería innoble de nuestra parte reducir el esfuerzo. Gracias, mil gracias a cada uno de ustedes. Y que Dios nuestro Señor los bendiga.

Semanario El Observador  de la actualidad. Periodismo católico

Ranas y Toluquilla, zonas arqueológicas en La Sierra Gorda

El Sur de la Sierra Gorda: Ranas y Toluquilla  

Las investigaciones de los últimos años en los asentamientos prehispánicos de Ranas y Toluquilla, localizados al sur de la Sierra Gorda de Querétaro, han permitido precisar datos sobre la cronología y traza urbana de estos sitios, así como sobre la manera en que subsistieron sus habitantes.  

Las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla, situadas al norte del estado de Querétaro y al sur de la Sierra Gorda, se encuentran en un ambiente boscoso, en un nicho ecológico que va del noroeste al sureste de la sierra. Este nicho cuenta con grandes elevaciones de más de 3 000 msnm que sirven de barrera o parteaguas para los vientos que vienen del Golfo de México, lo cual hace que predomine la neblina y el desarrollo de bosques de coníferas y encinares.  

Este ambiente se encuentra rodeado al oriente, poniente y sur por lomas bajas que experimentan el efecto de sombra de lluvia, ya que el agua cae en las altas montañas, de forma que llueve poco y se genera un sistema de semidesierto, con vegetación de cactáceas y matorrales bajos espinosos. 

La mayor parte de la sierra está compuesta por rocas calizas con fallas geológicas que permiten la acumulación de minerales como mercurio, plomo, zinc, plata, oro y pequeñas cantidades de cobre y arsénico. En la época prehispánica se aprovecharon los óxidos de hierro, que se presentan como tierra roja, conocida como almagre, y el sulfuro rojo de mercurio, conocido localmente como granate o cinabrio. Estos productos, usados como pigmentos en la antigüedad, se localizaron en las minas de explotación subterránea y de cielo abierto. 

Historia 

 

 

La Sierra Gorda se localiza al norte del estado de Querétaro y forma parte de la cordillera de la Sierra Madre Oriental que corre paralela a todo el Golfo de México. Esta gran área abarca parte de los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro, y en este último, los municipios de Arroyo Seco, Pinal de Amoles, Jalpan de Serra, Landa de Matamoros, San Joaquín y Peñamiller.  

Estudios recientes indican una antigüedad de entre 6000 y 4000 años para las ocupaciones humanas más tempranas del sur de la zona. La Sierra Gorda fue una zona de intenso tráfico comercial y cultural hacia las costas del Golfo, la Huasteca y la mesa central de México principalmente, aunque se han encontrado vestigios que dan cuenta del intercambio comercial con las regiones de Río Verde (San Luis Potosí), Teotihuacan, Tula y el Occidente de México, la zona del Bajío, los valles de Querétaro y San Juan del Río. 

Mediante el análisis de los rasgos pictóricos encontrados en la zona, queda claro que grupos nómadas de cazadores-recolectores y grupos sedentarios que dependían total o parcialmente de la agricultura estuvieron en frecuente intercambio cultural. 

Los contactos entre la población serrana y las culturas vecinas fueron heterogéneos, al igual que los rasgos locales, la identidad política y el aprovechamiento de los recursos minerales. Para el periodo comprendido entre 200 y 1000 d.C., la Sierra Gorda se ha clasificado en tres subregiones: Río Verde, cultura serrana y Huasteca, en las que habitaban grupos con identidades culturales propias. 

La región de Río Verde se encuentra al noroeste del estado de Querétaro y sus asentamientos se establecen en la cota de los 1200 msnm. En la región de cultura serrana se localizan los asentamientos de Ranas y Toluquilla, los que, ubicados en las partes altas de las montañas, dominaban los pasos naturales y controlaban los recursos minerales y la circulación de bienes. La región Huasteca abarca la zona noreste del estado y entre sus asentamientos destacan Tancoyol, La Campana, Tancama y Tonatico, que controlaban las tierras fértiles en los fondos de los valles y las laderas medias. 

A la llegada de los españoles, las tierras serranas eran habitadas por grupos de jonaces, huastecos, ximpeces y pames. De éstos, los jonaces destacaban por su ferocidad y fueron quienes participaron en la polémica Guerra de la Media Luna, en 1749, que representa el fin de los intentos de pacificación de la zona chichimeca. Al parecer, esta famosa guerra se mitificó. Era de dominio común que en el cerro llamado La Media Luna, situado por la carretera a Jalpan, en la zona del semidesierto, hubo una “última batalla” entre los grupos chichimecas con los españoles y sus aliados nativos. Se decía que cuando vieron perdida la batalla, familias enteras de chichimecas se aventaban desde lo alto de las paredes de roca que sobresalen, en un intento de suicidio colectivo, destacando así su integridad cultural.  

Los pames (o xi’oi como se autodenominan) formaban el grupo más extendido y eran de carácter pacífico y afectos al trabajo y al comercio con los españoles. Fueron quienes se congregaron en mayor número en torno a las misiones y con ellos trabajaron los franciscanos durante más tiempo. En la actualidad se encuentran grupos pames en el municipio de Jalpan y en la delegación de Tancoyol, principalmente en la comunidad de Las Nuevas Flores.  

CRONOLOGÍA 

Época prehispánica

Primeros pobladores. En Cadereyta, al sur de la sierra, en el paraje Mesa de León, se han encontrado puntas de proyectil de los tipos Tilapa y Coxcatlán, que indican una presencia humana de entre 6000 y 4000 años de antigüedad.Clásico (200-900 d.C.). La zona es habitada por los “serranos”, que extraían cinabrio para comerciarlo con Teotihuacan. 

800 d.C. Hacia esta fecha arriban a la región los otomíes, los cuales conviven pacíficamente con los grupos que ya la habitaban.

Posclásico (900-1521 d.C). La desecación progresiva de la zona impide el desarrollo de la agricultura. Ranas, Toluquilla, Quirambal y El Soyatal son abandonados.

Época colonial 

1527. Nuño de Guzmán conquista el señorío de Oxitipa, al que pertenecían Jalpan, Xilitla, Tancoyol y Tilaco. 

1550. Comienza la actividad misionera en la Sierra Gorda con la fundación de una misión agustina en Xilitla, San Luis Potosí. 

1554. Comienza la guerra con los chichimecas, considerados un peligro para la libre circulación hacia los reales de minas, como el de Zacatecas. 

1676-1677. Los agustinos trabajan en las misiones de Jalpan, Concá y Barranca de acuerdo con los franciscanos. 

1682-1683. Desde la misión de Maconí, cabecera de la Sierra Gorda, el capitán Jerónimo de Labra avanza hacia el paraje de Las Ranas y funda las misiones de San Nicolás de Tolentino, Nuestra Señora de Guadalupe de Deconí, San Juan Tetla, San Francisco Tolimán, La Nopaleda, Santiago del Palmar y San José del Llano. Luego de la muerte de De Labra, las misiones quedan sin protección. 

1700. Hacia esta fecha, dominicos y agustinos abandonan las misiones y éstas quedan en manos de los franciscanos que años atrás predicaban en Tolimán, Cadereyta, Escanela y Maconí. 

1740. Los franciscanos fundan su primera misión en San José de Vizarrón. 

1744. El 20 de abril, fray Pedro Pérez de Mezquía funda la misión franciscana de Santiago de Jalpan.  

1750. Fray Junípero Serra llega a la misión de Jalpan. 

1751-1762. Se construyen las misiones de Santa María del Agua de Landa, San Miguel Concá, San Francisco del Valle de Tilaco y Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol. 

1784. Muere fray Junípero Serra, a los 70 años de edad, después de 34 años de labor misionera, 11 de los cuales los dedicó a la noble y formidable tarea de lograr, en compañía de fray Francisco Palou, la integración espiritual, cultural, social y productiva de los indígenas de la región. Hoy el municipio de Jalpan de Serra lleva este nombre en honor del misionero.

Siglo XIX 

1810. El movimiento revolucionario influye fuertemente en la zona serrana y hay varios levantamientos armados. 

1819. La población de Jalpan queda en ruinas después de haber sido quemada y saqueada por el ejército realista. 

1857. Desde Jalpan, el general Tomás Mejía emprende continuas acciones militares contra el Partido Liberal, que gobernaba el estado de Querétaro y la República, hasta lograr la toma de la plaza de Querétaro.

1880. La construcción de un camino de terracería que comunicaba con la capital del estado representa un fuerte impulso al desarrollo económico de la región. 

Siglo XX 

1904. El gobernador del estado, Francisco González de Cosío, otorga a la Villa de Jalpan la categoría de ciudad, que ya contaba con servicio telefónico (de baterías), energía eléctrica a base de carburo, telégrafo, así como con molienda de caña de azúcar.  

1911. Se crea en Jalpan el Grupo Revolucionario Aquiles Serdán, al mando del señor Policarpo Olvera, que se pone a las órdenes de don Francisco I. Madero. 

1962-1970. Gracias a gestiones de Manuel González de Cosío, gobernador de Querétaro, se construye la carretera Querétaro-Jalpan. También se construyen caminos y puentes, y se introducen servicios de energía eléctrica y agua potable. 

2003. La unesco declara Patrimonio Cultural de la Humanidad a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro.  

La misión de San Francisco Tolimán fue fundada en 1683.  

 

La Presa Jalpan es de importancia mundial por ser hábitat de aves acuáticas.   

Bosque de coníferas, donde abundan los cipreses, ocotes, pinos y sabinas.   

Entre los numerosos ríos destacan los de Jalpan, Ayutla, Santa María y Extoraz.   

INFORMACIÓN PRÁCTICA  

Cómo llegar

A la Sierra Gorda queretana se puede acceder por la autopista federal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla, la cual se toma, si viene por la autopista México-Querétaro, a la altura de San Juan del Río. 

Desde la ciudad de México, en la Terminal del Norte, salen tres corridas de autobuses hacia Xilitla, que pasan por las diversas poblaciones de la sierra. Asimismo, en la Terminal de Autobuses de Querétaro hay varias corridas a lo largo del día a varias localidades serranas y dos corridas en servicio de primera a Jalpan de Serra. 

Jalpan es conocida popularmente como el “corazón de la Sierra Gorda”, metáfora que tiene sus referentes reales; cuenta con todos los servicios de una pequeña ciudad mexicana: dos bancos, variedad de alojamiento, un museo y un centro histórico cuidado y arreglado, que hacen la estancia agradable y segura, además de que todos los fines de semana se realizan presentaciones artísticas en el kiosco del jardín principal. 

Del vecino estado de San Luis Potosí se llega por la carretera interestatal núm. 57, que une el municipio de Arroyo Seco con la población potosina de Río Verde, que cuenta con servicio de autobús a Jalpan en varios horarios. De la capital potosina hay dos corridas a Jalpan de Serra. 

RECORRIDO Ranas 

El sitio arqueológico de Ranas se localiza en el suroeste de la Sierra Gorda. Se llega al sitio por la carretera federal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla; pasando la población de Vizarrón, siete kilómetros adelante se encuentra San Joaquín y posteriormente la zona arqueológica. El sitio se encuentra 154 km al noroeste de la ciudad de Querétaro. 

Habitada entre los siglos VII y XI, Ranas fue una de las ciudades con mayor desarrollo cultural entre los pueblos de la región debido al intenso intercambio comercial que establecía tanto hacia la costa del Golfo de México como hacia el Altiplano. La explotación minera de cinabrio (pigmento de color rojizo de gran demanda entre los pueblos mesoamericanos) era una de las actividades económicas principales, junto con la agricultura de temporal. 

Las características de sus construcciones indican la existencia de una sociedad estratificada. Los habitantes usaban materiales de la región y mezclaban piedra laja y lodo; los pisos los hacían con tierra apisonada o revestimiento de estuco. El ordenamiento urbano refleja un importante aprovechamiento del irregular terreno de la sierra. Ranas fue invadida por los pueblos chichimecas del norte, principalmente jonaces, y cuando los españoles llegaron a la región estaba deshabitada. 

Toluquilla 

El sitio arqueológico se localiza 110 km al noroeste de San Juan del Río. Se llega por la carretera estatal núm. 120 San Juan del Río-Xilitla, hasta llegar a Vizarrón; 7 km adelante se encuentra San Joaquín y a 27 km, rumbo a Maconí, se toma la desviación a la ranchería La Esperanza, hasta encontrar la brecha que conduce a la zona arqueológica. 

Toluquilla (“cerro del Jorobadillo”) se encuentra en la meseta del cerro del cual toma su nombre. Al llegar los españoles se encontraba deshabitada, al igual que su contemporánea Ranas. Toluquilla era menor que ésta y alcanzó su auge alrededor del siglo ix. Desde tiempo atrás, estableció importantes lazos comerciales con Teotihuacan, Tula y la Huasteca, y, junto con Ranas, controlaba el comercio de mercurio y cinabrio. 

Toluquilla comparte muchas características constructivas con otras ciudades de la Sierra Gorda, principalmente con Ranas. Era común el uso de piedra laja, arcilla y estuco, y había un aprovechamiento eficiente de los espacios mediante rellenos y ampliaciones que permitían nivelar el terreno adecuándolo a las necesidades de crecimiento. Con una organización social estratificada, la decadencia de Toluquilla tuvo lugar entre los siglos x y xi, como parte del fenómeno de desajustes sociales de toda la zona. Horario: lunes a domingo, 9:00 a 17:00 hr. Servicios: custodios.

La Misión de Bucareli…

La misión de Bucareli 

Se encuentra a 195 km de la ciudad de Querétaro. Se llega a ella por la carretera federal 120 hacia Jalpan de Serra, internándose en la Sierra Gorda. En la localidad de Puerto del Tejamanil, municipio de Pinal de Amoles, se toma la desviación hacia el pueblo y la misión de Bucareli, en un recorrido de 35 km. Otra ruta es llegar a la comunidad de San Joaquín (en el municipio del mismo nombre) y de ahí tomar la brecha que lleva a la misión; la terracería es accidentada por lo que se recomienda viajar en vehículos que cumplan las condiciones para poder transitar por ese tipo de caminos. 

La misión fue fundada alrededor de 1797 por el fraile Juan Guadalupe Soriano –de la Orden de los Frailes Menores Descalzos de la Provincia de Alcalá de México–, con el propósito de evangelizar a los grupos de chichimecas-jonaces que aún habitaban esta región semidesértica y a algunos fugitivos de Vizarrón y Tolimán. 

La Misión de la Purísima Concepción de Bucarelí no se concluyó y en la actualidad sólo se pueden observar una parte del convento, las minas y la Iglesia. El 4 de febrero, los lugareños realizan actividades litúrgicas en honor de San Francisco de Asís, en una pequeña capilla que hay dentro de la misión. El exconvento carece de techo pero cuenta con dos patios adornados con arquería y fuente al centro, así co-mo con varias celdas, capilla y sacristía. Aquí se conservan algunos tratados de teología y escritos en latín, invaluables vestigios de la presencia franciscana en el lugar. Debido a los estragos causados por la Revolución en la zona, el convento fue abandonado alrededor de 1914 y su construcción se suspendió definitivamente en 1926.

La zona es ideal para el ciclismo de montaña, para acampar y para practicar actividades al aire libre.

Las misiones franciscanas de La Sierra Gorda…

Las misiones franciscanas de la Sierra Gorda 

Religiosos agustinos y franciscanos comenzaron el proceso de evangelización en la Sierra Gorda hacia el siglo XVI. Sin embargo, sus intentos se extinguieron rápidamente debido a la dificultad del terreno y sobre todo a la hostilidad de los habitantes de esta área de la Gran Chichimeca. Durante el siglo xvii, los dominicos también lo intentaron, aunque sin mejores resultados. Esas órdenes religiosas sólo lograron levantar de manera incipiente algunas fundaciones y conventos que fueron destruidos al poco tiempo de establecerse. 

Fue hasta el siglo XVIII, con la llegada del Colegio Apostólico de Propaganda Fide y la decisiva intervención militar para apaciguar y controlar esta zona –que representaba un punto clave para la seguridad de los caminos reales de la plata–, cuando fray Junípero Serra recomienza el trabajo de sus antecesores e inicia la construcción de las cinco misiones franciscanas en lugares estratégicos, que le permitieran contar con abundantes recursos para lograr la congregación libre y pacífica de los nativos de estas tierras. 

Empieza así una nueva etapa de evangelización que culmina con las majestuosas edificaciones que hoy podemos disfrutar sin dejar de maravillarnos por la excelsa combinación de elementos de ambas culturas, que nos muestran el grado de integración que alcanzó en su simbolismo el proceso de evangelización, el cual se refleja en la iconografía y detalles arquitectónicos de cada una de las misiones. 

Desde una perspectiva histórico-cultural, las misiones marcan el encuentro totalmente pacífico y definitivo entre chichimecas-pames y frailes franciscanos. El contexto geográfico en que se construyeron estos conjuntos misionales es de gran belleza y fertilidad. Las misiones franciscanas dieron nueva vida a una amplia región que había permanecido aislada e hicieron posible la comunicación hacia el noreste de la Nueva España. 

Toluquilla, “cerro del Jorobadillo” 

Ranas, Sierra Gorda. 

La inconclusa misión de Bucareli.   

A raíz de una visita realizada en febrero de 2000 por un grupo de intelectuales mexicanos, entre los que se hallaba el Dr. Miguel León Portilla, surgió la iniciativa de inscribir a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda en la lista del Patrimonio Mundial de la unesco. A partir de entonces se formó una comisión especial para realizar la gestión y alcanzar el mencionado reconocimiento; luego de dos años y medio, con la participación de un equipo multidisciplinario que trabajó en la integración del expediente técnico, se obtuvo la inscripción de las misiones franciscanas de la Sierra Gorda en la lista del Patrimonio Mundial el 2 de julio del 2003, durante la 27™ sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO. 

Trabajos de restauración

Entre 1979 y 1985 se comenzaron a restaurar las misiones de Jalpan, Concá, Tancoyol y Landa, y en ese mismo periodo se dio mantenimiento a las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla. Entre 1991 y 1997 se realizaron importantes obras de restauración de monumentos, plazas, fuentes, fachadas, adoquinados y templos, y dentro de estos últimos se restauraron retablos, coros, órganos y pinturas.  

En el periodo que abarca de 1997 a 2002, la Dirección de Sitios y Monumentos del Gobierno del Estado de Querétaro realizó diversos proyectos y obras tanto en las misiones como en las localidades donde se encuentran.

Santiago de Jalpan 

La ciudad de Jalpan, cabecera del municipio de Jalpan de Serra, se localiza a 180 km de San Juan del Río, por la carretera federal 120 San Juan del Río-Xilitla. También se puede llegar desde Río Verde, en San Luis Potosí, por la carretera interestatal núm. 69. 

La de Jalpan fue la primera misión que se construyó, entre 1751 y 1758, y está dedicada al apóstol Santiago. Se encuentra frente al jardín principal y está formada por atrio, claustro, portal de sacramentos y templo, el cual posee una capilla anexa del lado izquierdo. La barda original del atrio se perdió y en su lugar se construyó una similar, también con tres accesos y arcos invertidos. 

San Miguel Concá 

Se localiza a 40 km de la Ciudad de Jalpan, por la carretera interestatal núm. 69 que conduce a Río Verde, en San Luis Potosí. 

La misión de Concá se encuentra en el centro de la localidad, a un costado de la calle Guerrero; tiene al frente la plaza principal y está orientada al sur. Las banquetas son de concreto y los arroyos de las calles están empedrados. La misión está dedicada a San Miguel Arcángel, es la más pequeña de las cinco misiones y probablemente se terminó de construir en 1754, según consta en una inscripción localizada dentro del templo.Santa María del Agua de Landa 

Se localiza a 20 km de Jalpan, por la carretera federal núm. 120 hacia Xilitla, en la cabecera municipal de Landa de Matamoros. Es impresionante por el equilibrio de su composición, la esbeltez de la torre –unida a la fachada–, el portal de sacramentos, el atrio y la calidad escultórica de la fachada. Está dedicada a la Virgen de la Inmaculada Concepción, por lo cual también se le conoce con este nombre. En el atrio, delimitado por una barda con un acceso en cada uno de sus lados, se ve una cruz atrial al centro y un pavimento de piedra señala un corredor perimetral. 

San Francisco del Valle de Tilaco 

Tilaco es una pequeña localidad situada 18 km al noreste de la cabecera municipal de Landa de Matamoros; 5 km adelante se encuentra la población de La Lagunita, donde está la desviación hacia la derecha que lleva al valle de Tilaco y a la misión. 

La misión de Tilaco se construyó entre 1744 y 1762 y tiene características diferentes de las otras misiones. La torre del campanario está separada del cuerpo de la nave por el bautisterio, que estructuralmente funciona como un contrafuerte del templo. 

Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol 

Tancoyol se localiza a 30 km de Jalpan. Para llegar se toma la carretera federal hacia Xilitla y adelante de La Lagunita está una desviación hacia la izquierda, que luego de 23 km lleva directamente al lugar, después de pasar por un impresionante bosque de cactáceas de más de 15 m de altura, que constituye uno de los atractivos naturales más importantes de esa región. 

San Antonio Tancoyol es una de las tres delegaciones municipales de Jalpan de Serra y cerca de ahí se encuentra el poblado Las Nuevas Flores, último núcleo de hablantes de la lengua pame del estado de Querétaro, quienes aún se dedican –entre otras actividades–, a la elaboración de artesanías de palma.  

La misión se encuentra en el centro de Tancoyol y está delimitada a los costados por las calles Palma de Mallorca y Fray Junípero Serra; al frente se encuentra el jardín principal; las banquetas son de concreto y los arroyos de las calles están empedrados. Es posible que quien construyó la misión de Tancoyol haya sido fray Juan Ramos de Lora, quien residió ahí entre 1761 y 1767. La fachada del templo es iconográficamente la más elaborada de las cinco misiones.  

Misión de San Miguel Concá, 1754. 

Misión de Santa María del Agua de Landa.

Misión de San Francisco del Valle de Tilaco. 

Misión de Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol.   

Josué Cornejo. Antropólogo social por la UAM-Iztapalapa. Coordinador del Área de Promoción y Patrimonio Cultural del Instituto Municipal de Cultura de Jalpan, Querétaro.

Reserva de la biósfera en La Sierra Gorda…

RESERVA DE LA BIOSFERA DE LA SIERRA GORDA 

Por su importancia, el 19 de mayo de 1997 el área fue decretada como Reserva de la Biosfera de la Sierra Gorda para proteger su excepcional riqueza de especies y ecosistemas. Desde entonces se encuentra bajo el manejo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de la Semarnat.  

Su principal característica biológica es la ecodiversidad, es decir, que en una superficie relativamente pequeña se localiza un gran número de ecosistemas distintos con una alta diversidad de formas de vida. Por esta característica se trata sin duda del sector más rico y diverso del estado de Querétaro.  

En 2001 ingresó a la Red Internacional de Reservas de la Biosfera del Programa El Hombre y la Biosfera (MAB por sus siglas en inglés) de la UNESCO; aunque es la decimotercer reserva mexicana en ser admitida, ocupa el primer lugar en cuanto a ecodiversidad.  

Esta biodiversidad se debe a su gran complejidad fisiográfica, con una variedad de alturas que van desde los 300 msnm en el Cañón del Río Santa María, municipio de Jalpan de Serra, hasta los 3 100 msnm que alcanza el Cerro de la Pingüica, en el municipio de Pinal de Amoles. Esto, aunado a una heterogénea precipitación pluvial que varía de los 350 mm hasta los 2 000 mm, favorece la presencia de una notable diversidad de tipos de vegetación, asociados a algunas poblaciones frágiles de vida silvestre.  

En un pueblecito perdido en las montañas había un hombre muy viejo, de esos que siempre andan en busca de algún despistado para pescarlo y hacerlo que escuche sus historias, esas que relatan tiempos mejores, de cuando eran jóvenes. Pues bien, aquel hombre me pescó y me contó una historia, la misma que quiero compartir con ustedes. 

Mis tierras se llaman Sierra Gorda, y en ellas existían unos quinientos pueblos, cada uno de diferente tamaño; los había muy grandes, muy pocas verdaderas ciudades y muchos pueblecitos de apenas tres o cuatro casas.  

En ese lugar disponemos de una gran cantidad de recursos, en las partes altas de las montañas, que pasan buena parte del año coronadas por las nubes que vienen del norte y que se detienen a visitarnos con mucha frecuencia; el clima es templado con fuertes heladas, tan fuertes como nevadas, mientras que al norte de la sierra se encuentran valles cálidos, que al estar rodeados de montañas hacen que las nubes no bajen y hacen invernaderos cálidos donde hoy los españoles han sembrado muchas plantas, ya que se dan muy bien. 

Pero cuando todavía los blancos no habían llegado las cosas eran diferentes. Donde hoy se asientan las casas de los curas, que llaman misiones, antes hubo pueblos, unos, los que salen a Río Verde, donde se encuentra la hacienda de Concá, estaban gobernados por una gran ciudad, que hoy llaman San Rafael. Ahí los pueblos vivían abajo, en los valles, cerca de los ríos. 

De donde estamos hoy, llamado Jalpan, y hasta la salida a Xilitla, no hubo grandes ciudades, más bien pueblos medianos de gente huasteca, que fueron famosas por sus cultivos de algodón, que vivieron alrededor de grandes señoríos. Nosotros rendíamos tributo a los señores mexicas a través de uno de esos señoríos. Vivían en las laderas, ahí donde puedes bajar fácilmente, rodeados por sus cultivos, pero también emprender camino a las montañas. 

Es de esas montañas de donde yo vengo, donde yo nací; pero antes de contarte de mi pueblo, déjame decirte, todos los pueblos que hoy ves se fundaron con los que quedamos, los que no pudimos irnos, y a los que no nos quedó más remedio que quedarnos, o sí lo eligieron, ya que la mayoría de los que vivían aquí los mataron cuando no permitieron que los dominaran.  

Se llamaban jonaces. Eran grupos de personas que vivían organizados en bandas, muy diestros en el manejo del arco y la flecha; andaban desnudos, a veces vivían en cuevas porque no tenían pueblos fijos, ya que vagaban por toda la sierra, principalmente cerca del cerro de la Media Luna –donde, por cierto, los mataron a todos–, en Xichu y hasta en Zimapán y Cadereyta; a ellos todos les teníamos miedo, ya que les gustaba asaltar a los que tenían pueblos fijos. 

Pero no todos eran guerreros, también hubo grupos de gente pacífica, como los huastecos, de quienes ya te hablé, y los pames, todos gente que vivía de sus cultivos y que fueron controlados por los misioneros, primero por los agustinos, después por los dominicos, y finalmente por los franciscanos, que construyeron las misiones más grandes y más bonitas. 

Pero déjame contarte del pueblo de mis abuelos, allá al sur de la sierra, arriba, en las montañas. Ese lugar estaba gobernado por dos ciudades al mismo tiempo, esas que los españoles llamaron Ranas y Toluquilla, y de las que no se guardó en la memoria el nombre original, ya que se encontraban abandonadas cuando llegaron los primeros conquistadores. 

Toluquilla era el pueblo de mis abuelos, se trata de un cerro alargado donde hubo habitantes desde hace mucho tiempo, pero que tomó fuerza y lustre después del año 500 de la cuenta española. Para hacer crecer el pueblo primero se niveló el terreno haciendo muros de contención con piedras del mismo lugar. Ya nivelado, construyeron los edificios principales, esto es, cuatro canchas de juego de pelota, y altos templos rematados por cuartos con altares, que estaban dedicados a nuestros dioses, pero que también sirvieron para depositar a nuestros muertos, o a los que tenían enfermedades graves, y para dejar a los sacrificados, a los muertos dedicados a los dioses.  

Todos eran rodeados por ofrendas, esto es, obsidiana, conchas en su ajuar de collares, cuentas, pendientes y orejeras, instrumentos de piedra y pectorales hechos con huesos de animales, vasijas que contenían cinabrio y el alimento necesario para llegar al otro mundo. 

Y hacia el fondo del cerro, ahí donde la ciudad es más cálida, se hicieron nivelaciones para pequeñas milpas y para las habitaciones de gente importante, los gobernantes y los sacerdotes.  

En total, cuando la ciudad se terminó, completaron hasta 120 construcciones para el año de 900 en la cuenta de los españoles. Si tú vas a visitarla, verás cómo el tiempo no la ha derrumbado totalmente y aún se puede observar la avenida principal que pasaba por el centro, con su calle mayor que cruzaba pequeños patios y algunos de los callejones que servían para pasar a las construcciones de los lados, y las dos avenidas laterales, las que van por cada lado. Siempre fue un lugar reservado, no se construyeron grandes plazas para reunir grupos numerosos de personas. Ahí se necesitaba invitación, pues en ese lugar se reunían para hacer ceremonias, ya que era un santuario donde se celebraba el juego de pelota. 

El juego que ahí se practicaba era uno de los conocidos entre el 900 y años posteriores; tenía marcas en el piso que dejaban ver cuál era la cancha, y no contaba con marcadores en los muros de los paramentos, como en otros lugares. 

La otra ciudad, la que llamaron Ranas, es la más grande, con unas 150 construcciones. Ocupaba dos cerros completos y tenía tres secciones, una como en Toluquilla, que además era reservada, donde se construyeron tres canchas de juego de pelota; la otra tenía los edificios que reunían y organizaban la producción de alimentos y de cinabrio, uno de los productos que mi gente sacaba de la tierra, que fue de gran valor en nuestra época y que logró que nuestro pueblo conociera tierras lejanas y por el cual se pagaban grandes riquezas. Además, ahí vivían los encargados, los gobernantes. 

En ese lugar se construyeron plazas donde se reunían todas las personas que vivían cerca, que además eran muchas; por ejemplo, ahí donde hoy es San Joaquín hubo un gran pueblo de productores de alimentos, cerca de las tierras de cultivo y de los manantiales. 

Las dos ciudades fueron muy antiguas, tuvieron su primer esplendor en tiempos teotihuacanos, justo cuando se inició la habilitación de las minas, entre los años 100 y 200 después de nuestra era, es decir cuando surgió el comercio con Teotihuacan.  

Al parecer su relación con ese gran centro era sólo de intercambio, de forma que nunca hubo población teotihuacana en la Sierra Gorda y por ello los objetos que los teotihuacanos enviaron fueron como pago, que al paso del tiempo acabaron en basureros.  

En todo ese tiempo el comercio del cinabrio hizo que estas ciudades también se relacionaran con otros lugares, como la costa del golfo y la zona de San Rafael, todos huastecos, y cuya influencia se nota en la fabricación de vasijas negras pero con barro local. Otra de las grandes ciudades con las que la sierra tenía contacto era Tula, que tomó fuerte impulso en los años 600, y posteriormente fue la época en que Toluquilla vivió un gran crecimiento, alrededor del año 900.  

Entre los dos pueblos, Ranas y Toluquilla, controlaron toda la región sur de la sierra y con ello una de las zonas más ricas de mineralización de mercurio y cinabrio, lo que les permitió comerciar por un lapso muy prolongado, y en ese periodo nunca perdieron su identidad, hasta que alrededor del año 1400 la ciudad de Toluquilla inició su abandono gradual, hasta quedar totalmente desierta; mientras que Ranas fue invadida por grupos de nómadas que reocuparon las zonas habitacionales.  

Pero ello no significó que la región quedara desierta, ya que algunos poblados siguieron funcionando, como el pueblo donde se encuentra San Joaquín, que incluso conocieron a los españoles. 

Al llegar a este punto de la plática, el hombre se tomó un respiro para seguir recordando, y aprovechando la pausa le hice varias preguntas al mismo tiempo: ¿qué tipo de riquezas se obtenían del cinabrio?, ¿para qué se usaba el cinabrio?, ¿cómo era ese juego de pelota?, ¿era realmente un juego? Me miró, yo creo que pensando que de plano era yo o muy joven o muy ignorante, así que sólo suspiró y me dijo: 

El cinabrio o granate es un polvo rojo que se encuentra entre las rocas como venas, el cual, usado como pintura, sirvió para que nuestro pueblo lograra comunicarse, pero también para comerciarlo desde la época de los teotihuacanos; de esta manera, se enviaba este pigmento y a cambio se recibían conchas, obsidiana y varios otros que en nuestras tierras no se obtenían. 

Ah, y ¿qué otra cosa querías saber?, ¿lo del juego, verdad? Bueno, el juego de pelota es un ritual tan viejo como nuestro pueblo, ya que se pierde en la memoria de quienes lo inventaron, pero con los años ha tenido cambios; primero fue un ritual sagrado, ya que nuestro pueblo cree que el mundo tiene varios planos: arriba moran en varios niveles los dioses, en medio estamos nosotros y por debajo, en el inframundo, se encuentran las semillas esperando a ser germinadas, las aguas subterráneas, los muertos, los animales que viven de noche y otros dioses. A este mundo se llega a través de las cuevas, que son las entradas a la madre Tierra. Pero, a veces, el mundo sufre de desajustes, y para lograr el equilibrio es necesario que aquí en la Tierra se hagan ritos para reordenarlo. Uno de los ritos que tienen la finalidad de volver a equilibrar el mundo es el juego de pelota. 

Los jugadores eran entrenados con mucho cuidado, se vestían como dioses, se preparaban con ayunos y con baños rituales; al final del juego se ofrecían sacrificios para que nuestros dioses estuvieran otra vez en paz. A los sacrificados se les sacaba el corazón o se les decapitaba.  

Pero al paso de los años, y cuando se vieron las glorias del mundo mexica, el juego de pelota se transformó en un deporte, e incluso se hacían apuestas. El juego lo realizaban dos equipos; los jugadores se protegían con prendas especiales, ya que la pelota era golpeada con caderas y muslos para hacerla pasar por un aro y así lograr una anotación.  

A veces eran los prisioneros los que jugaban, y toda ciudad que fuera importante tenía por lo menos una cancha y templos para exhibir las cabezas de los decapitados, el tzompantli.  

Cuando el hombre me decía esto, vinieron a buscarme, por lo que, con mucha pena, me despedí de él, no sin antes comprometerme a regresar y seguir escuchando más de las historias de estas tierras. 

Fuente: Pasajes de la Historia No. 9 Los guerreros de las llanuras norteñas / febrero 2003

Investigaciones recientes en La Sierra Gorda de Querétaro

  

INVESTIGACIONES RECIENTES EN LA SIERRA GORDA DE QUERÉTARO

  La Sierra Gorda, que forma parte de la Sierra Madre Oriental y abarca los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro, posee un rico y variado patrimonio arqueológico y natural, el cual en 1977 fue declarado por decreto presidencial Reserva de la Biosfera, y en 2003 reconocido por la UNESCO al inscribir a las misiones franciscanas en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Con el fin de difundir esta riqueza entre los lectores de Arqueología mexicana, el número más reciente de la publicación está dedicado a La Sierra Gorda de Querétaro. 

El lector podrá encontrar en esta edición la historia y arqueología de la zona en el trabajo de Margarita Velasco titulado El mundo de la Sierra Gorda; texto que describe los imponentes paisajes de las montañas que la conforman, donde se encuentran ricos minerales, bosques húmedos de olorosa madera, y se desarrolla una vida dura debido al frío, la lluvia y sus cuestas empinadas.

Velasco explica que un acercamiento a la historia prehispánica de la zona debe incluir las características fisiográficas de la región, determinantes para entender el desarrollo cultural de los pueblos que la habitaron. 

“El poblamiento de la zona se produjo hacia finales del Preclásico por agricultores mesoamericanos procedentes de la Costa del Golfo y del Altiplano, aunque al parecer, la mayor parte provenía de las tierras bajas de la planicie costera, como resultado de una emigración hacia las laderas y montañas de la Sierra Madre Oriental.  

“Por ello, la arquitectura posee características distintivas que se pueden observar en los centros urbanos mayores, donde la disposición de los basamentos piramidales y las estructuras de juego de pelota marcaban la pauta de desarrollo constructivo y alrededor de las cuales se abrían las plazas y se disponían los edificios administrativos y habitacionales. 

Alberto Herrera y Elizabeth Mejía participan en esta edición con el artículo El sur de la Sierra Gorda: Ranas y Toluquilla, en el que abordan las investigaciones de los últimos años llevadas a cabo en ambos sitios prehispánicos.  

“Estas zonas fueron descubiertas en el siglo XIX, cuando la sierra fue visitada por ingenieros que buscando vetas dieron cuenta de la existencia de restos arqueológicos. En todas las menciones se describen estas zonas como fortalezas militares y se les compara con las de sociedades del periodo Clásico”. 

Herrera y Mejía concluyen en su estudio que la Sierra Gorda tuvo un desarrollo propio, lo cual se confirma por la presencia de cerámicas fabricadas con barro de la región durante toda la vida del área, con muy pocas variantes de estilo y tecnología.  

“Sin embargo –dice Herrera-, también encontramos materiales foráneos de la región de Río Verde, San Luis Potosí; de Tajín, Veracruz; y Tula, Hidalgo. Estas evidencias indican que existió una relación con el resto de Mesoamérica; asimismo, destacan las conchas y caracoles procedentes principalmente de las costas del Pacífico.  

“Al analizar objetos de obsidiana sobresalió que algunos proceden de yacimientos de Michoacán e Hidalgo. Al comparar el cinabrio localizado en las minas y los sitios con los de Teotihuacan se encontraron similitudes mineralógicas y químicas, lo que prueba la relación entre estas dos zonas”. 

La presencia de la cultura Huasteca en Querétaro es abordada por Jorge Quiroz y Sarai Romero. Ambos señalan que uno de los objetivos de su investigación, que abarca los municipios de Landa de Matamoros, Pinal de Amoles, Arroyo Seco y Jalpan de Serra, es conocer en qué medida este pueblo tuvo presencia en la región. 

Sus trabajos arqueológicos comenzaron en 1993 y hasta el momento han recorrido la mayor parte de la zona, donde han identificado sitios con vestigios y en algunos de ellos han realizado excavaciones, como Purísima de San Agustín, San Francisco Concá y Tancama, en los que se encontraron características que los relacionan con los grupos de la Huasteca. 

Las misiones de Fray Junípero en la Sierra Gorda queretana, escrito por Diego Prieto, es una investigación realizada en las cinco misiones franciscanas de la región: Jalpan, Tancoyol, Concá, Landa y Tilazo, joyas del barroco novohispano del siglo XVIII, en las que se combinaron el talento y la creatividad de los pueblos indígenas de la región con el empuje y la fuerza espiritual de los misioneros españoles. 

Adolphus Langenscheidt presenta La minería en la Sierra Gorda, texto en el que resalta que toda riqueza mineral suele desarrollar esta vocación, en especial entre miembros de sociedades rudimentarias. Asimismo, algunos minerales y metales pueden ser señuelos poderosos para ser explotados y comercializados. En la época prehispánica destacó la explotación de cinabrio y azogue, con lo cual esta labor pasó a formar parte de la cultura y la historia de la región. 

El tema central de este número se complementa con la sección La guía de viajeros; en el se encuentra la cronología de las Misiones franciscanas, información de cómo llegar y las características más atractivas para los visitantes, tanto de las Misiones como de los sitios arqueológicos de Ranas y Toluquilla. La información se complementa con un mapa de la ruta de las Misiones. 

Dentro de otras secciones, Guadalupe Espinosa presenta en Arqueología, el texto Investigaciones recientes en Chapultepec; Documento está dedicada al Códice Borgia, ampliamente explicado por Xavier Noguez; en Lenguas Patrick Johansson escribe sobre las Ciuateteuh, mujeres nahuas muertas en primer parto; y Eduardo Matos sobre la Arquitectura funeraria en Mesoamérica. Además el lector encontrará cartas, noticias y reseñas de publicaciones especializadas.

Capillas de indios en Querétaro…

Capillas de indios en Querétaro 

En el Valle donde se encuentra la actual ciudad de Querétaro ya no encontramos ninguna Capilla Abierta de Indios, que fueron tan útiles a los doctrineros para ir mezclando poco a poco los rituales mesoamericanos con los cristianos, hasta lograr tenerlos en templos o capillas cerradas.

En Querétaro solo tenemos buenos ejemplos de estas últimas a las que llamaron capillas de indios y de haciendas y de las que enumero las que tengo presentes.

“en amaneciendo se juntan los indios en el patio de la iglesia, adonde los traen repartidos como por escuadras sus tribunos y centuriones que tienen cargo de recogerlos cada uno a los de su barrio, y allí los cuentan […y] en acabando de contarlos pónense asentados por su orden adonde las han de predicar, y antes del sermón dicen allí toda la doctrina dos o tres veces en voz alta, y luego les predica un Religioso en su propia lengua; y acabado el sermón se canta la misa, y dicha la misa, que se acabará a las nueve, poco más o menos, luego se van a sus casas”. Códice Franciscano, s. XVI.  

El Espíritu Santo (Parroquia de indios)

Santa Ana (Posterior Parroquia donde fue cura, Félix Osores)

San Antoñito

El Calvarito

San Francisquito (La Divina Pastoras)

Nuestra Señora de Los Dolores de los Pobres ( Panteón de los Hombres Ilustres)

San Isidro

El Señor del Mezquite

San Sebastián (Segunda parroquia en Querétaro)

San Roque

 

La Cruz del Cerrito

San Gregorio

Santa Catarina

San Juan de los Alamos

Capilla del Antiguo Panteón de San Sebastián

San Agustín del Retablo

Santa María Magdalena

San Miguel Carrillo 

Garitas: 

Garita de México

Garita de La Cañada

Garita del Retablo

Garita de Celaya  

“La misa se cantaba en la capilla abierta y el sermón era predicado desde un púlpito, a veces portátil, en ocasiones parte de la misma capilla de indios. De vez en cuando se levantaba un púlpito especial sobre la multitud en el atrio, para que el predicador pudiera ser visto y escuchado por los fieles, que eran miles. […] A menudo, durante el sermón, el fraile, ante todo si no era experto en la lengua, se ayudaba de dibujos o grandes pinturas para explicar su tema. En otras ocasiones se preparaban medios visuales para el sermón: al llegar el sacerdote a la crucifixión y muerte de Jesucristo, el pecho de la imagen en la cruz era perforado con una lanza y le escurría agua roja que simulaba sangre.”

“Varios fueron los elementos que utilizaron los frailes hasta llegar a formar en México un tipo de conjunto arquitectónico nuevo en el mundo. Frente a la iglesia se formaron: un atrio o “patio” amurallado, una cruz central, cuatro posas o capillas en las esquinas del atrio y una capilla abierta, por lo general adjunta a la iglesia.

El amplio atrio novohispano, forma casi desconocida en España, tuvo funciones religiosas, sociales, políticas y administrativas. Nació de un antecedente prehispánico: el inmenso atrio del templo pagano y de la necesidad de los religiosos de decir misa ante miles de neófitos indígenas que no cabían en la iglesia, la cual, en muchos casos, estaba todavía en proceso de construcción. Tal como servía el atrio de la iglesia al aire libre, también funcionaba como “sala” o espacio para que se acomodara el público que asistía a una representación teatral.”

 “Cuando llegaban al patio hacían oración al Santísimo Sacramento arrodillados ante la puerta de la iglesia. Y aunque no hiciese mucho frío, por ser de mañana, hacían muchas hogueras de fuego donde se calentaban los principales. La gente se iba asentando, los hombres en cuclillas (según su costumbre) por rengleras, y las mujeres por sí, y allí los contaban por unas tablas donde los tenían escritos y los que faltaban íbanlos señalando para darles su penitencia, que era media docena de azotes en las espaldas”.

El tamaño de los atrios era comparable al de los grandes recintos ceremoniales precortesianos y pocos espacios urbanos al aire libre en Europa pueden haber competido con ellos. Iban de 8.000 a 80.000 metros cuadrados.

El más pequeño podía albergar varios miles de espectadores. San José de los Naturales en la ciudad de México podía albergar a 50.000 personas, siendo una de las tres o cuatro iglesias más grandes del mundo.

En las capillas abiertas más complejas, como Teposcolula, Cuernavaca o Tlalmanalco, cabían en el atrio unas 200 o 300 personas, entre ministros, acólitos, músicos y cantores.

La capilla abierta no caía bajo las prohibiciones de papas y reyes que vedaban las representaciones dramáticas en las iglesias. No tenían espacio cerrado, no estaba consagrado, no era depositado allí el Santísimo Sacramento. No se le puede llamar iglesia en el sentido usual de la palabra.  

Literatura y realidad*…

Literatura y realidad

El tremendismo de la realidad,

Su incurable tendencia

Al melodrama y a lo absurdo.  

La realidad es psicópata:

Jamás se compadece de sus víctimas.

Hace trampa al jugar con la esperanza.  

Todo lo escribe mal con letras chuecas

Llenas de errores de sintaxis.

Ignora el ritmo, el tono, la armonía,

Confunde los papeles asignados,

Olvida lo que dijo en la otra página.  

Debería entrar en un taller literario,

Aprender cuando menos rudimentos

De verosimilitud, coherencia y orden.  

Sin embargo posee en alto grado

Una virtud artística suprema:

No se repite nunca,

Siempre es nueva,

Siempre nos deja con la boca abierta. *

*José Emilio Pacheco