La Valenciana, un Organo, un templo: San Cayetano

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          La Valenciana

 

 

Un órgano, un coro, un templo

 

San Cayetano  

José Félix Zavala 

El Organo

 

En la parte norte de la ciudad de Guanajuato, está el poblado minero de Valenciana, recostado a la mitad de la falda de una montaña, tierra de barreteros. Su templo, síntesis de la historia de este lugar, se llama San Cayetano, su silueta se percibe de manera completa solo a lo lejos.

  

Este templo, fruto del arte mexicano, tiene un coro y en èl un órgano, todo en armonioso conjunto. Ocupa la porción comprendida entre el paño interior del muro de la fachada y los laterales, hasta las primeras pilastras, su piso se asienta sobre una bóveda de cañón. 

Lo enmarca un arco de cantera, con intrados tallados con ángeles musicantes que llevan en sus manos: El uno la chirimìa, otros trompetas, alguien el corno, violines, violas, flautas, campanas, salterios, mandola, gaita y algunos partitura, – solo para órgano y orquesta -, acompañamiento que el escultor quiso dar. En el mismo arco alargado, mascarones, querubines, vegetales y conchas. Todos participando, sin simetría como corresponde al chirrigueresco mexicano. 

En la Bóveda de cañón, 16 ángeles en grupos, intercalados con los lunetos, semejan cantores, las portadas de las puertas, tanto la que da acceso al cuarto de fuelles, como la de la entrada del coro y el ventanal que mira hacia Guanajuato, abunda la cantera, acojinamientos donde se esculpen ángeles, conchas – significantes de la  gracia – mascarones, cuernos de la abundancia, dando la oportunidad de que el espíritu llegue a Dios entre la música. 

 

La Caja del órgano – madera de cedro – solo en su parte superior manifiesta ornamentales con cascadas bambalinas y arriscados copetes, dijera Antonio Cortes, rivalizando con el esculpido de la piedra.  

El órgano como todo el templo, es mexicano, costò mil doscientos pesos oro, 55 registros, trompetas, violín, bajoncillos, clarines, tambores, cajas de ecos, flautados y llenos, entre otros; dos teclados, dos mil flautas – aleación de plomo y estaño -, lengüetas de latón, seis flautas grandes de madera. Los secretos se accionan con alambres de cobre. No tiene pedales. 

Este lugar de la Valenciana, – pueblo, mina, templo -, logra su cometido y defiende la elegancia del siglo XVlll, su época. 

A 5 kilómetros de distancia de Guanajuato, junto a la boca de mina de los tiros: Tepeyac, San Antonio, San José, San Ramón, Guadalupe, Cristo de Burgos, podemos añorar la mañana del 26 de julio de l887 cuando sonó el órgano para el cantamisa de José Alvarez, los cambios de organista, sucedidos  un 24 de julio de 1890 y un 9 de agosto de 1899, consta en inscripciones hechas en la caja  junto a los registros.  

Organo de doble teclado, cuatro fuelles, cincuenta misturas, coro de Arco orquestado, bóveda de ángeles cantores, portadas barrocas. Es un templo mexicano, es La Valenciana.   

Guanajuato

   Llegar de pronto a Santa Fe de Guanajuato, Ciudad cañada,  que del Cantador sigue sin plan alguno, deslizàndose entre callejones, Cantaritos, El Resbalón, otros barrios y rumbos, formando un verdadero laberinto, es un sueño. 

Mis primeros pasos por Guanajuato han sido sus orígenes, todos coinciden en esa gran leyenda, arrieros que tropezaron con oro, y que dieran vida a esta ciudad minera, crecida sobre dos pendientes, donde forman ángulo Tamazuca y La Quebradita, en la falda del cerro del Cuarto, Buqueros, Rosarito, Robles, Buena Vista. 

Me he topado con sorpresa con las fachadas barrocas y churriguerescas de los templos de Cata, San Diego y Valenciana, admirando con veneración la imagen de Nuestra Señora de Guanajuato, – regalo real – además de escuchar por las tardes, – jueves y domingos – la banda de música en el Jardín de la Unión,  y en la Plaza del Baratillo y San Fernando, ver pasar el tiempo y su gente. 

De Rayas, Mellado, Cata, Valenciana y Marfil, de 33 Cuarteles, brota Guanajuato. De entre Otomìes, Nahuas, Mexicanos y Tarascos, nace, por el rumbo del templo  de los Hospitales y es adoctrinado, este pueblo,  por Fray Pedro de Bustamante, Fray Ignacio Pàez  y Fray José Rodríguez; Regida por primera vez por Perafàn de Rivera y se extendía la población de Belén a San Diego, por aquellos días  en que Carlos ll la nombra Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato, un 5 de junio de 1682. 

Tierra de Marqueses y Condes, de Dieguinos, Betlemitas, Mercedarios y Jesuitas; De Barreteros y Artesanos de San Luisito; de Plazuelas del Ropero, del Callejón de Loreto y la calle de Matavacas. 

Guanajuato alborozada cuando su Virgen fue llevada por las calles de Pocitos, Cervera y Belén, hasta su templo, después de 139 años de no tenerlo, – templo con cañón de 79 varas, formación en cruz latina, altares de madera, pinturas de Vallejo, elegante y majestuoso; Cuando el 3 de julio de 1741 se comenzó la Presa de la Olla, cuando en la Plaza de Mejìa de Mora en 1788, se inauguro el Coliseo de Comedias – palcos, lunetas, plazuela y patio -; Se alegrara con la llegada del ferrocarril en 1882, la luz pública y los tranvías en 1884. 

Guanajuato permanece, a pesar de los pesares y de las muchas agresiones que a través de 400 años ha sufrido y de la falta de cariño, por eso sus callejones y casas de barro, que se detienen de las faldas del cerro y  caen a la Cañada, donde están las Casas Reales y los templos de piedra. 

En el templo de San Cayetano esplendor de mestizaje, indios y españoles plasmaron sus imágenes en armonioso conjunto: Forma de cruz latina, cuatro bóvedas, arcos y molduras de cantera.  

El Baldaquino

 

El retablo central o del altar mayor, llena todo el muro del fondo del templo, en complicado y prodigioso derroche de formas y tallas.  

Aquí se dan las experiencias escultóricas y arquitectónicas ancestrales, llevadas a una rica expresión. Su origen, los tiempos del rey Salomòn, los relicarios de los mártires de los primeros cristianos; El retablo, su etimología – atrás de la mesa,  - es una estructura de madera dorada, zócalo, donde nace el altar, banco y cuerpo donde arranca, columnas para el entablamiento y copete.  

El retablo es la escenografía, magnífica, es la más certera visión que pudieron dar los religiosos del reino de Dios. El que nos ocupa tiene un cuerpo inferior dividido en tres porciones.  En el medio un monumental baldaquino, flanqueado de pilastras,  encerrando nichos            El Baldaquino y el Sagrario  

– laminado dentro y fuera, en  la `portada dibujada una hostia – forman la parte baja. Su conjunto es una filigrana dando la impresión de estar desprendida del cuerpo del retablo. Arriba de ellos, el nicho a quien esta dedicado el retablo: San Cayetano, – al igual que las otras esculturas de los nichos principales, de los retablos naturales, desafortunada y fuera de época -.  

Este retablo como los de época, son ya una mezcla de vanidad y soberbia en lo ornamental, que dejan lo teológico y se limitan a devociones tradicionales, en este caso a los patronos de las vetas y los mineros – barreteros -. 

En el cuerpo inferior, también son notables las dos puertas de los extremos, donde destacan los capelos y se desprenden las ménsulas de los nichos, donde aparecen San José y San Nicolás Tolentino – efecto agraciado -. Puertas mixtilìneas en sus superficies, balcón, medallones formando ramas de laurel a manera de corona en oro y azul.       

El dorado del retablo se asfixia disolviéndose en hojarasca: Pámpanos, olivos, acantos, zarcillos, helechos, laureles, y conchas o rocallas. Las grandes pilastras – nichos – complicadas en ornatos, le dan anchura, son cuatro en el cuerpo inferior y dos en el superior. Al final un arco de medio punto – es la altura de la bóveda -, en el centro un grupo escultórico que representa a la Virgen de la Luz, policromía total – estofada, túnica blanca, manto azul – San Rafael y San Gabriel  a uno y otro lado, en los extremos San Francisco de Asís y San Juan Nepomuceno, bien proporcionados y de gran calidad.

El maestro escultor y ensamblador, pusieron además de su trabajo, su esmero, todo su arte, su leal saber y entender. Vienen a la memoria los participantes en esta obra, como fueron el teólogo, el escultor, el ensamblador, los  carpinteros, yeseros, doradores, pintores y oficiales – cantidad de hombres de mente y trabajo fino -. 

En este retablo está superado José Benito de Churriguera e imitado Jerónimo de Balbàs, en las 62 cantatas angelicales y Felipe Ureña, introductor en el Bajío de las pilastras, de retablos estìpites y Lorenzo Rodríguez. Estamos frente al declive del barroco, frente al canto del cisne. 

El tiempo ha dado nobleza a este retablo, a sus estofados y a su atrevido colorido en azul y oro. Baste contemplar los ángeles que se desprenden de la parte superior del baldaquino,  semejan sostener las columnas de los extremos.

 

Como todo templo que se precie de grandeza, en su basamento tiene dos inscripciones en el tablero de caprichoso contorno, donde Pío Vl  concede indulgencia plenaria a quienes confesaren y comulgaren el día de San Cayetano en favor  de las almas del purgatorio. Altar privilegiado, por apostólico y perpetuo indulto. 

En 1756 dan inicio los trabajos para levantar el templo. El pueblo de Valenciana busca armonía con su prosperidad, corrieron 23 años hasta su terminación, un 7 de agosto de 1788, bajo el papado de Pío Vl. 

Las capillas de indios; a El Señor del Perdón y Jesús Nazareno, ya no están, los Padres Teatinos nunca llegaron al convento anexo, construido ex profeso para ellos, continuadores de la obra de San Cayetano patrono.  

Altar del Magisterio   

   

“ Por  breve de 28 de noviembre de1778, concede Su Santidad, nuestro Santísimo Padre Sr. Pío Vl, que todas las personas de ambos sexos que rogando aquí por la exaltación de nuestra fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos y felicidad de la Iglesia, visitaren este templo, ganen las mismas indulgencias que ganarían visitando personalmente la iglesia de Roma, en todos los días que señala el misal romano”. Señala parte de la inscripción en el retablo izquierdo del templo, donde 47 querubines, conchas, uvas, granadas y vegetales – dorados -, dan marco a una enseñanza que escultor y artesanos quisieron dejar a la posteridad en este sitio.   

 Cuatro grandes pilastras le sirven de entablamiento y llegan hasta la cornisa del edificio, dando limite al primer cuerpo. Dejan en la parte media del primer cuerpo – retablo de caoba con  blanco de España,  después el oro laminado -, continuando solamente dos en el segundo cuerpo, dejan en la parte media del nicho, adentro de este un San Antonio, desafortunado y fuera de época, el conjunto y la grandiosidad se señalan mejor que en los otros retablos que existen en el templo, por su gran sentido didáctico, al mostrar el magisterio de la Iglesia. 

Sobre el nicho, un Jesús niño, – doce años – predicando a los doctores, enseguida arriba una hornacina, en cuya repisa está una talla completa de San Pedro Papa, con ornamentos papales de época, cobijado por un precioso docelete, rematando en el claro de la ventana con un  Juan Bautista predicante. 

También en la parte baja, en los extremos, dos puertas de tracerìa y elevados copetes, que a mas altura se cambian por ménsulas, donde aparece San Agustín y San León, doctores, siguiendo hacia el segundo cuerpo, entre variados elementos decorativos, remata con otras dos tallas, las de San Jerónimo y San Gregorio, también doctores de la Iglesia, mientras que en las medianías de las dos columnas del segundo cuerpo y casi al final de las dos interiores del primero, cuatro medios cuerpos de sacerdotes predicadores –signos de vida, muerte y resurrecciòn de Cristo o doctrineros, según se vea. 

Este retablo es el más integrado en cuanto a una idea común, es teológico, tiene también a los cuatro evangelistas –Juan, Lucas. Mateo y Marcos -, en las volutas medias de las cuatro columnas, en delicados medallones, cuatro ángeles dan la impresión de sostener el retablo desde su inicio. 

En las alturas, dos amplias enjutas en caprichoso cornisamento, siguiendo los contornos del cañón de la bóveda. Allí aparece entre nubes, en rica policromía el Padre Eterno, cruzado de estola, en apoyo a quienes trasmiten la Palabra, que lo son todas las figuras del retablo. 

Las esculturas, santos, ángeles, serafines, todas estofadas, exquisitas tallas, dan suntuosidad, manifiestan reposo, sus colores claros no rompen el armonioso conjunto. 

Abajo el altar con su sagrario laminado, en la portada el Cordero, arriba dos ventanales laterales que lo iluminan; A la entrada del crucero, hay un arco de medio punto, en cantera rosada, almohadillado y maravillosamente esculpido. 

Una puerta del  lado derecho, da acceso a la Capilla de la Purísima, todo da la oportunidad de recordar aquel 1550, cuando el jefe de arrieros Juan de Rayas se tropezara con la riqueza, con Mo otti, Quanaxhuata, donde Otomitl –hijo legendario del cielo y de la tierra – le diera asiento a los otomíes y un Rodrigo Vázquez a los españoles, para que mas tarde floreciera Valenciana, la productora de plata mas importante del mundo en su época, el siglo XVlll, de donde naciera el Altar Del Magisterio. 

Sigue diciendo la inscripción del retablo descrito: “ Conviene saber: en las cuatro doménicas de adviento, en los tres días miércoles,  viernes y sábado de las témporas de adviento, en la vigilia de la natividad del Señor, en las festividades de San Esteban pro mártir, San Juan Evangelista, Santos Inocentes, Circuncisión del Señor y festividades de los Santos Reyes, en las doménicas septuagésimas, sexagésimas y quincuagésimas, en todos los días de cuaresma desde el miércoles de ceniza hasta el sábado de gloria, en todos los días de la octava de resurrección, en su doménica hasta la doménica in albis, en la vigilia de la ascensión del Señor, en el día de la vigilia de Pentecostés, en todos los días de la pascua del Espíritu Santo hasta el sábado inclusive, en el día de San Marcos evangelista y en todos los días miércoles, viernes y sábados de las témporas de septiembre, cuya concepción es perpetua y se ganen teniendo la bula de la Santa Cruzada “. 

Antonio Obregón Alcocer, después de siete años de insistencia descubre la veta madre de Valenciana, es el año de 1760, de donde saldría la riqueza en oro y plata para levantar el templo de San Cayetano, digna obra de su tiempo y fiel testigo de la bonanza, del arte y del mestizaje. 

Este hombre llegò a ser por su riqueza, conde de Valenciana, alcalde mayor, teniente de capitán general y juez de minas y tandas.  

 
La Virgen de los niños.

 

El barroco,  - artificio, gongorismo plástico – que a todo lo que toca le infunde movimiento, tiene su representatividad en el retablo derecho de este templo. Viéndolo de arriba abajo, el cuerpo superior limita la bóveda con una sinuosa cornisa, donde entre querubines aparece una media talla de la virgen, con dos niños en los brazos, la hacen extrañamente felíz, junto a su policromía. 

Un poco mas abajo, en este mismo cuerpo se encuentran repisas sosteniendo a los siete príncipes de la corte celestial  - son los arcángeles bíblicos -, en medio frente a la ventana: San Miguel, gallardo, triunfante, iluminado con la luz del exterior y como todo el conjunto, en rica `policromía, paños bien pegados, simulando ricos brocados. Este retablo aunque aparenta no tener un orden teológico, busca la manera de ser mariano. 

Es  el ultrabarroco anástilo a la vista. El arte de ensamblar, el agotamiento de las formas es lo que se nos presenta. El primer cuerpo que llega hasta la altura de la ventana, señala un arco de medio punto llegando hasta el piso. En su parte baja un nicho con la escultura de San José, por cierto desafortunada y fuera de época, este arco engalanado y con rico copete, tiene repartidos en los extremos cuatro medallones con pinturas de las apariciones guadalupanas y en el medio superior una Virgen de Guadalupe, pinturas con arte de época y de relativo valor, el retablo esta lleno de grandes masas de encajería. 

A los lados del arco señalado y desde el inicio, nacen cuatro columnas estípites, en los dos interiores aparecen en la parte baja: San Ignacio de Loyola y San Ramón Nonato de uno y otro lado, enseguida arriba San Joaquín y Santa Ana. Las columnas del exterior están llenas de formas, dando la impresión al inicio de estar sostenidas por un ángel cada una y abajo las inscripciones. En su conjunto este retablo da vida a 34 querubines y es asfixiado por la hojarasca, zarcillos, laureles y rocallas. 

Este conjunto arquitectónico consagrado a la vez a la Guadalupana y a San José, tiene “ su gracia “ para los visitantes, cuando una de sus inscripciones dice: “ Por Breve de 28 de noviembre de 1778, concede su Santidad Pío Vl, indulgencia plenaria a favor de todos los fieles de ambos sexos que confesaren y comulgaren en cada uno de los días diecinueve de cada mes en esta Santa Iglesia. 

La labor de los 250 operarios de la mina de Valenciana, hicieron posible la realización de este templo de San Cayetano, donde también se venera a los santos patronos de las vetas. El Conde de Valenciana no vió su obra terminada, murió en 1786, dos años después 7 de agosto de 1788, fue solemnemente inaugurado, teniendo licencia para capilla y estructura de basílica. 

Se dieron misas solemnes, se escucharon salvas, se oyó el órgano, tronaron los cohetes, se comió espléndidamente, el yodo se deleitó con el tintineo de campanas mezcladas de plata, una de ellas con más de 114 quintales, el júbilo duró los cien años de dichas y riquezas que tuvo esta mina durante los siglos XVlll y parte del XlX y que llegara a ganar hasta un millón  trescientos mil pesos oro en un año.  

Su exterior

  

La fachada principal mira al sur, cantera rosada, dos cuerpos y un copete ricamente ornamentado, todo él es un complicado entablamiento. “ El primer cuerpo es más importante, lo inicia en lo alto hasta la repisa”. Cuatro columnas estípites, en los vanos nichos vacíos, la Trinidad herética corona la puerta del arco de medio punto. 

En el segundo cuerpo cuatro pequeñas columnas enmarcan la ventana, lo mismo que dos nichos vacíos, en el copete un nicho solitario rodeado de rica ornamentación y columnas, nos llevan a ver en lo alto a San Cayetano. Todo jambas y arquivoltas, follaje y medallones. Es la cantera vuelta arcilla, es la arcilla vuelta madera, es Churriguera vuelto fachada. Las torres con sus cubos robustos ligan en lo alto a la fachada y entre sí por un cornisamento, perforadas por ventanas y claraboyas que la enriquecen, un campanario de dos cuerpos, solo uno. “ La cúpula aperaltada que encierra la techumbre en la parte que corresponde al crucero. La forman un tambor de planta octagonal y de gran altura cuyos paños están perforados, cada uno por una gran ventana, guarnecidas de pilastras adosadas que sostienen un cornisamento que enrasa dicho tambor y sobre este, a la vez descansan las ocho porciones de la bóveda, en forma de gajos que constituyen  la propia cúpula, la cual se encierra y termina en una linternilla rematada en cupulino. El tambor, decorado al exceso con molduras y formas homogéneas y de estilo, que contribuye muy notablemente al exterior del templo. La portada lateral mira al poniente y se halla empotrada en un nicho colosal dedicada a San José, el patrono de la Nueva España, dos pilastras que rematan en complicados cornisamentos que sustentan estípites. Se recuerda que el 20 de marzo de 1760, por cédula firmada en el pardo y refrendada por Don Antonio Ventura De Tarranco, le concediera el Rey de Castilla  el título, bajo la denominación de Vizconde y Conde de Valenciana al Señor  Antonio de Obregón y Alcocer. Las minas de Serena, Rayas, Mellado y Santa Ana, acompañan a la de Valenciana, donde desde la torre de San Cayetano se miran los cerros del Meco y San Miguel, mientras la ciudad levítica canta en el Oratorio de San Felipe Neri, Nuestra Señora de Bethlem, del Refugio y San José y la historia se pasea por los templos de la Compañía, San Pedro Alcántara, San Roque, San Juan, Los Hospitales, San Diego y  La Tercera Orden. “ Partió Nuño de Guzmán de Puruándiro, que es el postrero pueblo de la provincia de Michoacán, hacia los teúles chichimecas el diez del mes de febrero, año de quinientos treinta… y llegó al río de Nuestra Señora del Buen Paso… allí se detuvo tres días”. “ La veta primera de Guanajuato fue descubierta en 1548 y 1550 las minas de Mellado y de Rayas, en cuyas excavaciones había de ser descubierta en 1558 la famosa veta madre, que unida al descubrimiento posterior de Valenciana, había de extender por todo el mundo el nombre de Guanajuato. Ya para 1555 existía el hospital de los Otomíes, en 1556 el de los Mexicas y en 1555 el de los Purépechas, todos ellos constructores de la riqueza guanajuatense, erigida en el cerro del Cuarto junto a Marfil, Tepetapa y Santa Ana                                                                                         José Félix Zavala 

Santa Prisca en taxco, un templo

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                         Taxco, un templo

 

                                             

                                     Santa Prisca

  José Félix Zavala 

En el siglo XVlll, José De La Borda, el minero millonario, construyo para Taxco una de las iglesias más suntuosas de México. Dice Aldous Huxley: “ La iglesia de Borda es una entrevesada obra de genio…” y Sacheverell Sitwell dice:

 “ Es la más notable de todas (las iglesias) y representa la culminación del barroco en el nuevo mundo”. 

De 1751 a 1759, los indios Tlahuicas, que edificaron el templo de Santa Prisca y San Sebastián en Taxco, dejaron el Sol y la Luna al frente de ella, en la entrada, como cobro a su trabajo y dedicación, al lado izquierdo del suntuoso templo, erigieron su capilla, en el centro de ella, el culto a los muertos, el altar de animas.

 

El cerro de la Berenjena, el cerro de Atachi, la Sierra Alta, San Juan, La Santísima, San Nicolás, Santa Veracruz, San Bernardino, Chavarrieta, y el Señor de Ojeda, rodearon la suntuosidad de los cientos de querubines balbasianos, que entre ròleos, granadas y conchas, le dan forma a la iglesia triunfante que concibiera José De La Borda, entre los minerales de Tehuilotepec. 

“ Ciertamente es raro, es grande, es eximio es admirable, el rico que no espero en sus tesoros y que en medio de la riqueza se mantuvo sin mancha y sin soberbia” dice Ximènez Frías.

 

Hablar del templo de Santa Prisca en Taxco, es dirigirse a la cantera y al oro, trabajado en manos de indios,  ideado por Cayetano de Siguenza e Isidoro Vicente Balbàs, para dar por resultado el exceso, el barroco que las manos indígenas llevaron a su máxima expresión, dejando al mundo sin poder superarlo. 

Elisa Vargas Lugo dice: “ La nave del templo, situada de oriente a poniente, esta compuesta de cuatro tramos, divididos con pilastras con contrapilastras, sobre las que descansan los arcos torales. Estos apoyos presentan tableros resaltados en los fustes a manera de vigorosos almohadillados que cubren también el intrado de los arcos. Los capiteles son de tipo corintio. Un fuerte y moldurado cornisamiento, que es una de las aportaciones más novedosas, que recuerda el interior del Sagrario de la ciudad andaluza. 

El dogma de la Purísima Concepción se hizo escultura, se hizo Virgen y fue colocada en el centro del altar mayor, esta acompañado de las  Vírgenes del Pilar,  la del Rosario,  la  Dolorosa y  la Guadalupana, vueltas arte, como queriendo insistir en la contrareforma, mientras la imagen de Señor San José, el patrono de la Nueva España, aguarda discretamente, elogiando al mecenas, junto a los altares a Santas Lucia y San Isidro, cerca la capilla de los naturales, el altar a San Juan Nepomuceno, guardián del buen nombre de los Borda. 

Arquitectos, retablistas, talladores, tracistas, pintores y decoradores, traducen la plástica barroca, encaminada a actuar de manera simultánea en la totalidad de los sentidos. Es el triunfo de la conquista española, que se erige, es la mano de los vencidos la que se manifiesta. Allí cantan sus estìpites, el oro, los lienzos, la luz. 

José De La Borda no permite intromisiones en su proyecto de dar testimonio publico de su fe católica, es por ello que los arcángeles –siete- los seglares tanto doncellas como confesores, los presbíteros, los obispos, los doctores, los evangelistas, los papas, los apóstoles, recrean los nueve retablos en exuberancia, para que quede constado. El esquema teológico va apareciendo en el decorado de manera gradual y ascendente. 

Cerca de 150 años paso el templo de Santa Prisca y San Sebastián en el silencio, su esplendor fue solo delicada belleza callada, hasta que por 1908 Antonio Peñafiel escucha a Miguel Basurto Moreno, párroco del lugar y se dan los primeros estudios históricos. 

Dice Peñafiel: “La capilla llamada de los indios tiene su historia, el lugar que ocupa la Basílica era propiedad de los indios de Acoyotla, pero la cedieron a Borda a cambio de que les construyera dentro de la misma Parroquia”. Acierta este escritor cuando nos dice que Cayetano De Siguenza  e Isidoro Vicente De Balbàs eran mexicanos. 

En 1921 Francisco Diez Barroso señala: “Muy interesante es la iglesia parroquial de Taxco, que pertenece a este grupo (neo plateresco con base borrominesca)… esta iglesia constituye probablemente el ejemplar más interesante entre las iglesias de este genero que fueron construidas en la Nueva España”. 

Para 1927 el famoso pintor Dr. Atl la califico de ultrabarroca, mientras en 1931 Manuel Tussaint habla de un templo bello, homogéneo, airoso, ligero, con cierta influencia chinesca en los remates de las torres, cuya talla es tan fina que parece de madera de sándalo o marfil. 

Para 1951 Joseph A. Baird se aboca a analizar las formas y concepciones de los retablos. 

“ Los retablos del ábside y cruceros son desde el punto de vista de su composición diferente a los de la nave… lo notable acerca de los retablos de Santa Prisca y San Sebastián de Taxco, es la precoz presentación de direcciones…”. 

Ese mismo año Pàl Kelemen encuentra semejanza del templo de Santa Prisca y San Sebastián con las iglesias mineras de Brasil ( ¿). Mientras en 1958 Justino Fernández opina: 

“ Se destaca como una joya… por su compilación y riqueza, es ultrabarroca sin utilizar estìpites churriguerezcos… es una obra maestra…”. 

También hablan de ella en 1959 Kubler y Martín Soria, Pedro Rojas lo hace en 1963 y Jaime Castrejòn en 1964. 

Santiago Sosa Gallardo señala. “ De gran prestancia barroca y profusamente ornamentada, la iglesia de Santa Prisca…” mientras que Leopoldo Castedo afirma que es una obra mestiza con conceptos indígenas, una obra diferenciada, con lo que no están de acuerdo muchos autores, pero les recuerdo que indios y mestizos fueron sus constructores. 16 estudios se hicieron desde 1908 a 1971 en que sale a la luz la gran obra definitoria de Elisa Vargas Lugo sobre este hermoso tema, Santa Prisca y San Sebastián en Taxco. 

“ El barroco novo hispano, dice Octavio Paz, dejò obras notables y que se cuentan entre las mejores de esa tendencia en todo el mundo. Me refiero a la poesía, la arquitectura y al exquisito arte del retablo, que alía el volumen, el color y la luz a la sombra”. 

Las palabras de Luis Ortìz Macedo dicen: “ El claroscuro que matiza el interior del templo varía de acuerdo a las diferentes horas del día, dependiendo de los diversos acentos con que la luz actúa sobre los espacios, transformando constantemente la pujanza de las vibraciones y ritmos formales que construyen su ornamentación integral. A cada cambio de luz y sus modulaciones, la afección por lo sublime y lo supraterreno se va dando de manera diversa, en cuyo recinto se acentúa la penetración de la luz por los amplios ventanales”. 

Taxco, antiguo Tetalcingo allá por 1529, luego Mineral de Taxco en 1570, Taxco habitado por Tlahuicas, que a la llegada del español fueron llevados a las minas. Formaron sus barrios como el de Tlachcotecapan, en honor a su antiguo pueblo del juego de pelota, cercano a tan solo 12 kilómetros del actual; el barrio de Acayotla, rebautizado por el español como San Miguel y el barrio de Guadalupe, este pueblo antiguo tributario de los Mexicas es ahora de la España europea y levanta aun así el suntuoso templo a Santa Prisca y San Sebastián, en hermoso sincretismo. 

Manuel Tussaint dice por otro lado: “ El atrio se halla limitado por dos monumentos, uno esbelto a San Miguel Arcángel y el otro es una cruz esquinada en un ángulo de 45 grados. La fachada nos muestra un bello ordenamiento barroco. Dos cuerpos y un remate, la encuadran columnas geminadas, lisas las bajas, salomónicas las superiores… medallón ovalado… el bautismo de Cristo. El remate con una columna coronada por una concha y dos escudos a los lados. El reloj con la Virgen y dos evangelistas, los marianos,… sobre la bóveda bellos remates piramidales… las torres… distintas de cuanta torre colonial existe… parecen dos emociones, temblorosas concrecionadas en piedra”. 

Son los criollos adinerados quienes patrocinan las grandes construcciones en la Nueva España. Mientras Octavio Paz opina: “ La obra barroca es un mundo de contrastes, pero es un mundo. Este amor a lo particular y la voluntad de insertarlo a un conjunto más basto no podía sino impresionar y atraer a los  criollos. En cierto modo el barroco era una respuesta a su ansiedad existencial. ¿Cómo no reconocerse en el apetito literalmente católico de este estilo?.” 

Por su lado Elisa Vargas Lugo habla así: “Los retablos del sotocoro y de la nave, son anàstilos, es decir que sustentan su estructura mediante columnas, en este caso sustituidas por pilastras peana, en cambio en los laterales del crucero surgen poderosas las pilastras estìpite en ambos registros con todo y sus componentes, -peana, fuste piramidal invertido, modulaciones, cubo y capitel de linaje corintio- cobijados bajo el enorme remate que avanza sobre la superficie de la bóveda en deslumbrante proyección. En el retablo mayor los estìpites tienen tal cantidad de ornamentos que casi no se reconocen y los remates presentan novedosas soluciones características de los avances de la dinámica barroca en la segunda mitad del siglo XVlll”.  

“ Ròleos follajes abultados, conchas, guirnaldas y querubines, en audaces actitudes aparecen por todos lados”. Es Balbàs quien habla. 

Entrando al templo, del lado izquierdo se topa con San Isidro, San Jorge, San Vital, San Roque, en medallón esta San Antonio Abad. En el lado derecho: Santa Lucia, Santa Barbara, Santa Catarina, Santa Ursula, y en medallón Santa Inés. 

Los dos altares del sotocoro donde encontramos este desfile de santos en sus respectivos retablos, tienen cuatro ángeles cada uno, unos con ròleos, otros con palmas de martirio, seis querubines en cada lado, las puertas laterales en rojo, dando la impresión de iniciar la gloria, son los santos laicos llevados a la gloria, son los nuevos ídolos de estas tierras. Una vestal y un campesino presiden los altares respectivos. 

La belleza de la cantera almohadillada contiene los altares de inicio de la nave, a la izquierda San Juan Nepomuceno, San Lorenzo levita, San Pedro Arbues, San Félix, San Vicente de Paul, San Francisco de Borja, San Francisco Javier, San Pedro Canisio, es el conjunto la exaltación del sacerdocio. Preside el retablo el santo de la buena fama, hay en él cuatro ángeles, doce querubines, dos medallones al óleo, en este altar la concha aparece toda llena de gracia 

A la derecha los siete arcángeles, los enviados del Señor: San Miguel, San Rafael y San Gabriel dan inicio al retablo en lo mas alto, le siguen cuatro mas, en medio doce querubines y cuatro ángeles. La patrona de España y de Zaragoza la Virgen del Pilar al centro. Dos arcángeles del lado de la Virgen sostienen el sol y la Luna, símbolos del bien y del mal, señores de la dualidad, los símbolos mesoamericanos en cobro a su trabajo de artistas plásticos, son los dioses escondidos detrás de los altares, es la resistencia. 

Viene la puerta lateral y la entrada a la capilla de indios o naturales. Donde dos óleos gigantes presiden la entrada, son los martirios tanto del joven guerrero San Sebastián y el de la doncella hermosa santa Lucia, patronos del templo, recuerdo del sacrificio humano mesoamericano, gran analogía con la cosmovisiòn indígena, como si fuera solamente coincidencia o incidencia de trescientos años de convivencia entre mesoamericanos y europeos. 

Manuel Tussaint dice: “ Los retablos deslumbran en una tempestad de oro fino… recreo en los huecos de las entrecalles… volutas… repisones y ménsulas… nichos… fantasía humana llevada al paroxismo… piedad exaltada a lo sublime… la magnitud dando corazón al oro… la obsesión de la concha… bóvedas sostenidas por arcos suntuosos… retablos llenando los huecos de los arcos…”. 

La capilla de la animas o de los naturales, que se encuentra a la mitad de la nave y a su entrada se topa con el retablo principal, tipicamente churrigueresco, con un solo cuerpo coronado con un remate, todo en rojo y oro. 

Sus estìpites se elevean sobre peanas, por los lados chorrean granadas y follaje, donde Cabrera pinta la concepción mesoamericana de la vida y la muerte en un medallón donde la Trinidad y la Animas son sacadas del sufrimiento en un impresionante sincretismo. Solo en esta capilla podía caber el homenaje a los antepasados y el concepto indígena de la muerte. 

A  los lados otros dos retablos el uno al “Padre Jesús” el otro a María la madre de los dioses, el primero de dos cuerpos y remate. Al óleo un hermoso Cristo agonizante, dos pinturas mostrando la flagelación y la coronación de espinas, al centro Jesús con la cruz acuestas, María y el Bautista en talla a los lados y a la izquierda en el remate la Trinidad al óleo, lo mismo que la Inmaculada, dos tallas formando a San Joaquín y Santa Ana, junto al manifestador las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.