500 artistas en la feria de las Artes en Sinaloa

Reúne 500 artistas Feria de las Artes Sinaloa 2008

 

Notimex
El Universal

  • Con compañías artísticas de varias partes del mundo, el evento, que durara 24 días, reúne una extraordinaria calidad y excelencia artística

 

Con 90 eventos, presentación de 33 grupos y compañías artísticas de varias partes del mundo, así como la presencia de más de 500 artistas, Sinaloa inició el 2 de octubre pasado la edición 21 del festival anual de la cultura.

 

Denominada Feria de las Artes Sinaloa 2008, la programación del evento, que durara 24 días, reúne una extraordinaria calidad y excelencia artística, señaló en entrevista el director general del Instituto Sinaloense de la Cultura, Sergio Jacobo Gutiérrez.

 

El funcionario explicó que durante las 20 ediciones anteriores, el concepto del festival cultural ha cambiado en su enfoque y concepción, y a partir de este año, se implementó una estrategia de relanzamiento de la política cultural.

 

Puntualizó que a raíz de ello, el concepto de la Feria de las Artes ha tenido una modificación muy importante, y para este año se incorporó la modalidad, por primera vez, de un estado y de un país invitado.

 

La entidad mexicana invitada es Sonora, “un estado vecino con vínculos de vecindad, históricos y culturales muy importantes”, dijo, y agregó que en alguna ocasión Sonora y Sinaloa fueron un mismo estado denominado de Occidente y su capital El Fuerte.

 

Refirió que el país invitado es Canadá, con el que en los últimos años se han profundizado los vínculos comerciales, económicos y turísticos.

 

“Cada vez son más canadienses que visitan Sinaloa, y en la feria de este año, todos tendrán la posibilidad de tener un acercamiento a una muestra muy representativa de lo que es la cultura sonorense y canadiense, contemporánea”, señaló.

 

Añadió que con la invitación a Sonora y Canadá, se articuló una programación artística de excelente calidad.

 

De Canadá, por ejemplo, se presentará el grupo de música barroca Tafel Music, una compañía circense, el quinteto de metales Canadian Brass, así como el grupo de jazz, Jensen Five.

 

De Sonora estarán el coro y el grupo de teatro de la Universidad de Sonora,el grupo de danza contemporánea La Lágrima, entre otros.

 

Aparte, se presentarán reconocidos artistas como Lila Downs, Joan Manuel Serrat, Sarruga, Ana Belém y Víctor Manuel, entre muchos más.

 

Jacobo Gutiérrez resaltó que junto con estas compañías internacionales y nacionales, la mitad de la programación de la feria está conformada por grupos locales, en un esquema de coproducciones interinstitucionales.

Produce biocombustibles la UNAM

Producen biocombustibles en la UNAM

 

Grupo Reforma

  •  Científicos de la UNAM han logrado producir combustibles biológicos, utilizando aceite vegetal, hecho a base de soya, algodón, girasol y maíz.

  • Experimenta Centro de Investigación en energía con materias primas idóneas

 

Ante el agotamiento del petróleo en México y en el mundo, investigadores del Centro de Investigación en Energía IE de la UNAM, campus Morelos, proyectan optimizar el proceso de producción de biocombustibles amigables con el medio ambiente.

 

Así, el equipo de científicos, dirigido por Sebastian Pathiyamattom Joseph, ha logrado producir biodiesel utilizando como materia prima aceite vegetal, hecho a base de soya, algodón, girasol y maíz.

 

También podría obtenerse de las grasas de cocina que desechan restaurantes, o de plantas como el piñón de tempate –Jatropha curcas, no comestible, no requiere de gran cantidad de agua y abunda al sur de México–, la higuerilla, y la palma africana.

 

De igual manera, se produce bioetanol a partir del bagazo (subproducto o desecho del azúcar), y biogás (metano e hidrógeno) con los desechos de la fabricación del primero.

“La idea es usar productos que no estén destinados al consumo humano”, señaló Pathiyamattom en un comunicado de la UNAM.

 

Materias primas

 

Para optimizar la elaboración de biocombustibles, se estudian las materias primas idóneas.

 

“Deben ser productos o subproductos orgánicos no comestibles, que pueden obtenerse en la misma región donde se va a fabricar el biodiesel, bioetanol, metano e hidrógeno; además, los desechos deben ser reciclables”, puntualizó el investigador.

 

A la par, se estudian los procesos sustentables. A nivel bioquímico se analizan las enzimas necesarias, los catalizadores efectivos, y se ve la manera de optimizar el proceso de lavado, como parte de la síntesis de los combustibles biológicos.

 

“Los biocombustibles son caracterizados físico-químicamente, para determinar si cumplen con los estándares internacionales; se ha observado que su rendimiento es semejante al de los combustibles convencionales, y su ignición es más limpia”, sostuvo.

Esas pruebas se han realizado sólo en laboratorio; la siguiente fase, que comenzaría en un año, consiste en elaborar entre 400 y 500 litros a nivel de planta piloto y, después, con el apoyo de alguna empresa, producirlo a gran escala para su comercialización.

 

El proceso para la obtención de biogás a partir de los desechos del bioetanol es más sencillo; se desarrolló un biodigestor que aprovecha la parte energéticamente útil de los residuos. “Ahora se optimiza el proceso para escalar el sistema y producir metano e hidrógeno”, acotó.

 

Campesinas mexicanas exitosas

Mujeres PROMUSAG presumen en el mundo su exitoso proyecto

Domingo, 5 de Octubre de 2008 | Comunicado

Comunicado 118/08
Secretaría de la Reforma Agraria
Guasave, Sinaloa

  • Habitan en el ejido Corerepe, en Sinaloa, y recibieron apoyo de la SRA en 2006
    para establecer una fábrica de escobas y trapeadores.

  • Han sido invitadas a Japón, Chile y Filipinas para exponer su historia de éxito.

Hace casi dos años, en diciembre del 2006, un grupo de 10 mujeres que habitan en un ejido de Guasave, Sinaloa, recibieron apoyo de la Secretaría de la Reforma Agraria, a través del Programa de la Mujer en el Sector Agrario (PROMUSAG) para establecer una empresa social, y por su éxito han sido invitadas a Filipinas, Japón y Chile para exponer su experiencia y que su negocio sea modelo de proyectos piloto para campesinas de aquellos países.

Zulema López Urías encabeza al grupo que estableció la fábrica de “Escobas y Trapeadores Corerepe”, con el apoyo de 180 mil pesos que otorgó la SRA. Tras recibir capacitación, asesoría y acompañamiento técnico del Promusag, la empresa empezó a destacar y ha obtenido reconocimientos dentro y fuera del país, por lo que el pasado mes de junio viajaron a Japón para representar a México en la Expo Zaragoza, en Tokio, en la que participaron 17 países que apoyan proyectos rurales para la mujer.

Originarias del Ejido Corerepe El Gallo, en Guasave, el grupo es ahora ejemplo a seguir y ha sido invitado por la Organización Mundial de Las Mujeres para viajar a Filipinas, donde quieren conocer cómo funcionan los programas en México enfocados a apoyar a la mujer en el sector rural. Tienen programado participar en la Expo Filipinas 2008, del 17 al 21 de diciembre próximo.

También irán a Chile del 19 al 23 noviembre, y están convocadas a ferias y exposiciones sobre proyectos productivos que se celebrarán próximamente en Veracruz y Tlaxcala. El año pasado recibieron el Premio Nacional de Proyectos Productivos que otorga la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

El proyecto surgió en el 2006, explica Zulema López Urias, presidenta del grupo, cuando funcionarios de la SRA llegaron al ejido a dar pláticas sobre los programas de apoyo social de la dependencia, como el Promusag y Fappa. “Nos dijeron que si nos organizábamos podríamos tener acceso a ellos”, recuerda.

“En principio pensamos poner un negocio de gelatinas y postres finos, o algo fresco porque como aquí en Guasave hace mucho calor, creímos que era buena idea hacer gelatinas y postres. Pero mi mamá no quiso porque dijo que para eso se utilizaba mucha luz y cosas que se echaban a perder rápido, así que nos desanimó y lo dejamos por la paz.

“Cada quien volvió a sus labores sin pensar más en eso, hasta que un día mi cuñada y yo fuimos a comprar una escoba y un trapeador que necesitábamos… El trapeador sí nos duró, pero la escoba se nos deshizo a la semana y tuvimos que arreglarla nosotras, ahí como Dios nos dio a entender. Entonces, nos dimos cuenta que la escoba es un artículo de primera necesidad, porque ¿quién no utiliza una escoba todos los días?…De ahí nació la idea”, cuenta Zulema López.

Con esa idea en la cabeza, las mujeres se dieron a la tarea de organizarse y buscar la capacitación y el apoyo de Promusag para abrir su empresa. Aunque el principio no fue fácil, la fábrica de escobas Corerepe abrió en pocos meses un mercado de ventas a través de empresas abarroteras y de proveedores locales, por lo que es considerada un caso más de éxito entre miles de proyectos que han recibido apoyo de la Secretaría de la Reforma Agraria.

El grupo habilitó un local para su negocio y siembra 22 hectáreas con sorgo escobero de donde obtienen la espiga, materia prima para las escobas. Tienen ya activos por más de un millón 500 mil pesos y han  reinvertido parte de las utilidades.

Actualmente tienen una capacidad de elaboración de 12 mil escobas y 12 mil trapeadores al mes. Su propósito es expandir el negocio y ya recibieron nuevos apoyos financieros de la SRA por más de 330 mil pesos para la adquisición de maquinaria y la construcción de una bodega y una nave, para ampliar su producción e incrementar su comercialización.

“Firmamos contratos con “WalMart” y los almacenes “Ley” y empezamos a surtir, a partir de septiembre, 380 docenas de escobas y trapeadores al mes, a cada centro comercial y con el nuevo apoyo que nos acaba de dar la Secretaría de la Reforma Agraria seguro que vamos a poder hacer frente a este compromiso”, dice Zulema López

La empresa actualmente sirve como fuente de ingreso para las 10 socias y ocho empleadas, pero  esperan dar empleo a nueve personas más que también asistieron a los cursos de capacitación que ellas mismas tomaron.

¿Cómo les ha cambiado la vida el apoyo que recibieron a través del PROMUSAG?
“Uff… En una escala del 1 al 10, estamos en 8. Nos faltan 2 para lograr nuestro objetivo. Vamos bien, vamos muy bien y ya nos falta muy poquito”, señala optimista Zulema López.

¿Y cuál es su objetivo?
“Nuestro objetivo es seguir trabajando, hacer más grande nuestra empresa y abrir nuevas fuentes de empleo para más personas y que nosotros administremos el negocio, y lo vamos a lograr, estoy segura”, concluye Zulema.

Tomás Segovia y La Marcha de La Humanidad

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Tomás Segovia

El 10 de octubre de 2008 fue galardonado con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca Ciudad de Granada, el de mayor dotación económica (50.000 euros) del ámbito hispanoamericano concedido a toda una trayectoria.

Poeta, dramaturgo, novelista y traductor nacido en Valencia, España, en 1927.
A los nueve años de edad emigró con su familia a Francia, luego a Marruecos y posteriormente a México, su país de adopción, donde residió la mayor parte de su vida.

Estudió filosofía y literatura en la Universidad Autónoma de México y en el año de 1957 ingresó como profesor de la UNAM, donde dirigió la Revista Mexicana de Literatura.

Publicó sus primeros poemas en 1950 obteniendo una beca Guggenheim.

Fue profesor de la Universidad de Princeton y director de importantes revistas americanas y europeas.

Ha escrito una veintena de libros de poesía entre los que se cuentan:

 La luz provisional en 1950, Apariciones en 1957, Cuaderno del nómada en 1978, Cantata a solas en1985, Lapso en 1986, Noticia natural en 1992 finalmente en 1996 «Fiel imagen».

Obtuvo los premios

Xavier Villaurrutia en 1972, Magda Donato en 1974, Alfonso X de Traducción en 1982, 1983 y 1984 Octavio Paz en el año 2000.No volverá

 

No volverá
como el calor que el pan exhala,
esta mitad ya de tu vida,
no volverá a entibiarte aquella sangre
que ya corrió.
              

Inhábil como un niño,
tu jaula mal cerrada sus pájaros dispersa;
al viento van tus días,
despedazados aleteos.
              

Lo que ha sido tu vida,
sobre la tierra ahora tiene menos peso
que la huella de un beso
posada en una frente.
              

O como una palabra
(menos aún que un beso);
¿y a quién se la dirás?
¿a quién le confiarás que amaste, odiaste,
tuviste un día el tiempo entre tus brazos?
El nombre del pasado no quiere decir nada
si no es para los labios que lo dicen.
              

Buscarás en el peso del silencio
lo que el presente duramente trenza,
y para tener algo entre las manos,
no dirás «he vivido»,
no hablarás esas sílabas
que conmueven tan fugitivamente al aire..
.   

Tus ojos que no vi nunca en la vida

Tus ojos que no vi nunca en la vida
turbarse de deseo, ni saciados
dormirse tras la entrega, ni extraviados
mientras gimes loca y sacudida;
              

tu oreja, dulce concha adormecida
que no alojó a mi lengua de obstinados
embates de molusco; tus negados
cerrados labios de piedad prohibida.
              

que hurtan tu lengua, rica pesca extrema,
ni fueron nunca abiertos la diadema
de coral húmeda y abrasadora
              

que por tu rey mi miembro coronase:
yo mismo en todo esto, hora tras hora,
mi muerte fundo y a mi mal doy base.

Hu Jai sin el Nobel de La Paz

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Hu Jai sin el Nobel de La Paz 

Un destacado activista que denunció abusos de derechos humanos en China fue condenado en Pekín por incitar a la subversión. De acuerdo a la sentencia, pasará tres años y medio en la cárcel.

Hu Jia, de 34 años, fue sentenciado por “incitar a la subversión contra el poder del
Estado y el sistema socialista”

El corresponsal de la BBC James Reynolds, quien estuvo en las afueras de la corte junto a otros periodistas, occidentales y activistas, dijo que la audiencia se demoró apenas 20 minutos.

Hu Jia realizó durante años campañas en favor del medio ambiente, la libertad de credo y los derechos de las personas con VIH y SIDA.

A partir de 2006 pasó largos períodos de arresto domiciliario, que enfrentó junto a su esposa en su apartamento de Pekín, recuerda Reynolds.

La sentencia llega un día después de que grupos defensores de los derechos humanos acusaran a China de llevar a cabo una campaña para silenciar la disidencia de cara a los Juegos Olímpicos.

El caso de Hu Jia atrajo gran atención internacional de parte de grupos de derechos humanos y diplomáticos.

 

Una portavoz de la embajada de Estados Unidos en Pekín dijo que su país está “sorprendido”, mientras que la Unión Europea hizo un llamado para la inmediata liberación de Hu.

Antes de ser detenido el año pasado, Hu criticaba abiertamente las políticas de China en una variedad de temas.

Los corresponsales dicen que se había convertido en una fuente unipersonal de información, pasando datos a periodistas, organizaciones y embajadas.

La evidencia presentada en contra de Hu en el tribunal incluyó entrevistas dadas a medios extranjeros y artículos políticos que escribió para la Internet.

Luego que el juez dictó la sentencia, Hu permaneció dentro del tribunal unos minutos más, que aprovechó para despedirse de su familia antes de ser trasladado a la cárcel, dice Reynolds.

Sólo su abogado salió a enfrentar a quienes aguardaban fuera.

“Como abogados proponemos que Hu Jia apele esta sentencia, pero es él quien debe decidir qué hacer y esperaremos a que tome la decisión

“Aún no hemos tenido la oportunidad de intercambiar ideas con él”,

Hace dos semanas, otro activista, Yang Chunlin, fue encarcelado por acusaciones similares.

La organización internacional de derechos, Amnistía Internacional, acusó al gobierno de Pekín de soltar una “ola de represión” antes de los Juegos Olímpicos.

Según la organización, las autoridades están reprimiendo a aquellos críticos del gobierno en un intento por presentar una imagen estable y armoniosa cuando los Juegos se inauguren en agosto.   “Acusaciones infundadas”  

Por su parte, la Sociedad China para los Estudios de los Derechos Humanos acusó a Amnistía Internacional de parcialidad y de ignorar los avances positivos del país en favor de los derechos humanos.  

El mes pasado el premier chino, Wen Jiabao, fue cuestionado sobre el caso de Hu Jia.  

El gobernante manifestó que el caso sería manejado de acuerdo con la ley.  

Regresan los migrantes a México en busca de trabajo

Querétaro

Regresan migrantes por crisis

Los migrantes ya no encuentran trabajo y deciden regresar a su país. Rafael Camacho Sandoval Secretario del Trabajo. Foto Diario de Querétaro.

Diario de Querétaro

11 de octubre de 2008

Laura Banda

Querétaro, Querétaro. Ante la crisis económica que sacude al país vecino cada vez son más los paisanos queretanos que deciden regresar a sus lugares de origen, tendencia que según previsiones se intensificará en el periodo vacacional de diciembre cuando muchos connacionales preferirán ya no regresar a Estados Unidos.

Luego de advertir que el empleo se encuentra en seria contracción, el secretario del Trabajo, Rafael Camacho Sandoval, dio a conocer que en los últimos meses un promedio de 100 queretanos han sido repatriados del país vecino, apoyados por la dependencia a través del Programa Emergente a Repatriados, que consiste en la aportación económica de 1,500 pesos en el momento de pisar territorio nacional, y una cantidad similar cuando lleguen a sus lugares de origen.

Esta población repatriada ha aprovechado el programa de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, programa emergente diseñado desde principios de año por los estados y el gobierno federal para encarar esta contingencia”.

Con ese esquema la gente que cruza la frontera inmediatamente puede acudir a cualquier oficina del Sistema Nacional del Empleo, y por el sólo hecho de tratarse de un repatriado puede disponer de una ayuda inicial de 1,500 pesos para que llegue a su lugar de origen, y cuando llega tiene la posibilidad de que se le apoye con otra cantidad igual para empezar a buscar empleo.

Esta estrategia emergente constituye una respuesta anticipada al problema económico “que ya se veía venir”, y que hoy, en opinión del Secretario del Trabajo, opera con resultados importantes. Hasta hace unos días el apoyo económico en Querétaro llegaba a alrededor de 100 personas sobre todo de lugares apartados como de Cadereyta “hacia arriba”, y en menor proporción de Querétaro y San Juan del Río.

La Secretaría del Trabajo informó que éstos apoyos se intensificaron a partir de mayo, pero se advierte que para lo que resta del año podría ser mayor.

Camacho Sandoval informó que para sostener el programa emergente la dependencia cuenta con recursos financieros suficientes para atender las necesidades de esa población, pero aclaró que no es un programa que dará solución total al problema, pero sí será un paliativo.

Inventé un país…

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Inventé un país 

Jan Marie Gustav Le Clézio

Era la guerra.

Aparte de mi abuelo Julien, no había ningún hombre en casa.

Mi madre era una mujer de cabellos muy negros, la piel del color del ámbar, unos ojos grandes bordeados de pestañas que parecían un dibujo al carbón.

Ella pasaba mucho tiempo al sol, me acuerdo de la piel de sus piernas, brillante sobre las tibias, por las que me gustaba deslizar los dedos. No teníamos gran cosa que comer. Las noticias que nos llegaban eran muy alarmantes.

Sin embargo, conservo de mi madre en aquella época el recuerdo de una mujer alegre y despreocupada, que tocaba melodías en la guitarra y cantaba. Le gustaba leer también, y es de ella de quien he heredado la convicción de que la realidad es un secreto, de que es soñando cómo se está cerca del mundo.

Mi abuela paterna era muy distinta. Era una mujer del norte, de los alrededores de Compiègne o de Amiens, de un largo linaje de campesinos cerrados y autoritarios. Se llamaba Germaine Bailet, y ese nombre contenía todo lo que ella era, avara, terca, voluntariosa.

Era muy joven cuando se casó con mi abuelo, un hombre de otra época, un ex profesor de geografía que había dimitido para consagrarse al estudio del espiritismo.

Se aislaba en su escritorio a fumar cigarrillo tras cigarrillo de tabaco negro, leyendo a Swedenborg. Jamás hablaba de eso. Salvo una vez, cuando al verme leer una novela de Stevenson había dicho en un todo definitivo: Harías mejor en leer tu Biblia. Su contribución a mi crianza se detuvo allí.

Mi madre tenía un nombre único. Un nombre dulce y ligero, que evocaba su isla, y que se llevaba bien con su risa, sus canciones y su guitarra. Se llamaba Rosalba.

La guerra, es cuando se tiene hambre y frío. ¿Siempre hace más frío mientras duran las guerras? Mi abuela Germaine sostenía que las dos guerras que ella había conocido, la primera, la ?Grande?, y la otra, la ?cochina guerra?, habían estado marcadas las dos por veranos tórridos, seguidos de inviernos de espanto. Ella contaba que en el verano de 1914, en su pueblo, las alondras cantaban: ?¡Este estío, este estío!? Y no fue hasta el día en que fijaron los carteles con la orden de movilización, a mediados de agosto, que los campesinos comprendieron.

Mi abuela no había hablado de pájaros que cantaran en el verano de 1939. Pero contaba que mi padre había partido en medio de una tormenta. Había besado a su mujer y a su hijo, se había alzado el cuello bajo la lluvia, y no había regresado jamás.

En la montaña hacía frío a partir de octubre. Llovía todas las noches. Los arroyos corrían por el centro de las calles, haciendo una música triste. Había cuervos en los campos de papas, mantenían una suerte de reuniones, sus graznidos colmaban el cielo vacío.

Vivíamos en el primer piso de una vieja casa de piedra, a la salida del pueblo. La planta baja estaba compuesta por una gran pieza vacía que antaño había servido de depósito, y cuyas ventanas fueron tapiadas por orden de la Kommandantur.

Es el olor de aquel tiempo lo que yo no puedo olvidar. Una mezcla de humo, de moho, un olor a castañas y a repollos, un algo de frío, de inquietante. La vida pasa, uno corre aventuras, se olvida. Pero el olor permanece, a veces resurge, en el momento en que uno menos lo espera, y con él regresan los recuerdos, la longitud del tiempo de la infancia, del tiempo de la guerra.

La falta de dinero. ¿Cómo la adivina un niño de cuatro, cinco años? Mi abuela Germaine hablaba de eso algunas tardes, mientras yo me dormía a medias sobre mi plato vacío. ¿Cómo vamos a hacer?

Hace falta leche, legumbres, todo cuesta caro. No es dinero lo que falta, sino tiempo. Los medios para no pensar más en el tiempo, para no tener miedo del día que se acaba, del día que recomienza.

La sala de estar era la cocina. Las habitaciones eran sombrías y húmedas. Sus ventanas miraban a una pared rocosa, cubierta de musgo, en la que el agua parecía caer en continua cascada. La cocina estaba del lado de la calle, iluminada por dos ventanas sobre las cuales mi abuela, al caer la noche, fijaba papel azul para el toque de queda. Es allí donde pasábamos la mayor parte de la jornada. Incluso en invierno, siempre había sol. No teníamos necesidad de cortinas, porque no había nadie enfrente. La calle, en ese lugar, era la carretera que iba hacia las montañas. Por allí no pasaba casi nadie. Una vez por día, en la mañana, el esforzado autobús subía la cuesta con un ruido ahogado de gasógeno.

Cuando lo oía venir, yo me precipitaba a la ventana, para ver ese insecto de metal, sin nariz, cuyo techo estaba cargado de trastos atados con hilos debajo de las lonas. La parada del coche estaba un poco más abajo, sobre la plaza, delante del puente. Inclinándome yo alcanzaba a ver, por encima de los campos de hierbajos, los techos del pueblo y la torre cuadrada de la iglesia, con su esfera de reloj con números romanos. Nunca llegué a leer la hora, pero me parece que debía marcar siempre el mediodía.

La cocina, en primavera, se llenaba de moscas. Mi abuela Germaine sostenía que eran los alemanes quienes las habían traído.

Antes de la guerra no había tantas. Mi abuelo se burlaba de ella. ¿Cómo puedes estar segura? ¿Las has contado? Pero ella no daba el brazo a torcer. Ya en el 14 las vimos llegar. Los boches las traían en canastos, eran ellos quienes las soltaban, para desmoralizarnos.

Para luchar contra los insectos, mi abuela desplegaba papeles adhesivos colgados de la ampolla eléctrica. Por falta de medios, ella utilizaba todas las mañanas el mismo rollo, que limpiaba cada noche. Pero al mismo tiempo sacaba el poco de cola que quedaba y muy pronto, tratándose de una trampa, el rollo les servía a los insectos más bien de pértiga. Mi abuelo, por su parte, tenía un método más radical. Armado de una palmeta veinte veces remendada, salía de caza todas las mañanas, y no aceptaba desayunar hasta que había derribado un buen centenar de moscas. El hule no era el escenario de esos combates. Mi abuela Germaine había prohibido terminantemente que se aplastase ninguna mosca sobre él, por razones de higiene.

En cuanto a mí, ese hule era el principal decorado de mi vida. Era una tela de las más ordinarias, bastante gruesa, de un brillo un poco aceitoso y que despedía un olor a azufre y a caucho, mezclado a los perfumes de la cocina.

Allí comía, dibujaba, soñaba y, en ocasiones, dormía. Estaba decorado con motivos que no sé si representaban flores, nubes u hojas, quizá todo eso a la vez. Allí mi abuela preparaba la comida con mi madre, picando las legumbres y los trozos de carne, pelando zanahorias y papas, nabos, topinambures. Mi abuelo Julien elaboraba allí la mixtura que fumaba, mezcla de trocitos de tabaco, matas de zanahorias secas y hojas de eucalipto. Al mediodía,cuando sus suegros hacían la siesta, mi madre Rosalba me daba la lección. Con el libro abierto, me leía las historias.

Después me llevaba a pasear hasta el puente, para mirar el río. La noche llegaba muy rápido en el invierno. Pese a los gorros de lana y a las pieles de cordero, estábamos siempre tiritando. Mi madre se quedaba un momento vuelta hacia el sur, como si esperase a alguien. Yo la arrastraba de la mano, para volver a la casa. A veces nos cruzábamos con niños del pueblo, con mujeres vestidas de negro. Podía ser que mi madre intercambiara algunas palabras. Para ganar un poco de dinero, por la noche cosía sobre el famoso hule. Yo creo que fue apoyado en ese mantel que por primera vez pensé en un país imaginario.

Estaba ese grueso libro rojo que leía mi madre, y que hablaba de Grecia, de sus islas. Yo no sabía lo que era Grecia. Tan sólo palabras. Afuera, en el frío corredor del valle, por la plaza de la iglesia, en las tiendas adonde yo acompañaba a mi madre y a mi abuela cuando iban a comprar leche o papas, allí no había palabras. Sólo el sonido de las campanas, el ruido de las galochas sobre el empedrado, gritos.

Pero del libro rojo salían palabras, nombres. Caos, Eros, Gaia y sus hijos, Pontos, Océanos y Uranos, el cielo estrellado. Yo los escuchaba sin comprender. Se trataba del mar, del cielo, de las estrellas. ¿Yo sabía lo que era eso? No los había visto nunca. No conocía otra cosa que los dibujos del hule, el olor a azufre, y la voz canora de mi madre que leía. En el libro fue donde encontré el nombre del país de Urania. Tal vez haya sido mi madre quien inventó ese nombre, para compartir mi sueño. Vi al enemigo. Digo el enemigo porque no sabía quiénes eran, ni de dónde venían.

Mi abuela Germaine los odiaba tanto que no pronunciaba jamás su nombre. Los llamaba los boches, los fritz, los teutones, los hunos. Decía solamente ?ellos. Ellos? han llegado.

Ellos han ocupado un pueblo. Ellos cortan las carreteras. Ellos destruyen casas.

Era una amenaza, algo apenas real. La guerra no tiene sentido para los niños. Primero tienen miedo, después se acostumbran. Cuando se acostumbran es cuando todo se vuelve inhumano.

Yo pensaba en la guerra sin creer en ella. Cuando iba al pueblo con mi madre, recogía guijarros por la ruta. ¿Qué vas a hacer con eso??, me preguntó ella una vez. Yo metí las piedras en mis bolsillos. Son para arrojarlas, dije. Mi madre debió preguntar: ¿Arrojarlas contra quién?. Pero había comprendido. No me hizo más preguntas.

Ella nunca hablaba de todo aquello, de la guerra, de los enemigos. Ese era su juego: hablar de otra cosa, pensar en otra cosa. La angustia debía resultarle insoportable. Algunas veces, por la noche, en lugar de cenar, ella iba a acostarse en la oscuridad.

El libro rojo, Urania, las leyendas de Grecia, todo eso contaba más para ella que lo que pasaba en las montañas. Al mismo tiempo, todas las mañanas salía, iba hasta el final de la ruta en busca de noticias, a escuchar lo que se decía, en la panadería, en las tiendas. Como si mi padre fuese a aparecer en la entrada del pueblo, bruscamente, tal como desapareció.

Era el otoño. Los enemigos estaban en el pueblo. Había un ruido de motores. No el autobús a gasógeno con su jadeo sibilante.

Motores que hacían una música en dos tonos, uno agudo, otro más grave. Esa mañana me despertó el ruido. Estaba solo en la habitación, tuve miedo. Los muros y el suelo temblaban. En la cocina vi a mi madre y a mi abuela paradas en el ángulo de la ventana. Habían descolgado el papel azul, el sol entraba a raudales hasta el fondo de la cocina. Eso le daba a todo un aire de fiesta. Mi abuelo Julien se había quedado sentado en su sofá, miraba delante de sí, noté que sus manos temblaban un poco.

Daniel. Mi madre murmuró mi nombre, y su voz estaba diferente. Cuando me acerqué a la ventana, ella me apretó contra sí, como para hacerme un escudo. Yo sentía el hueso de su cadera contra mi mejilla, y hacía esfuerzos por ver, poniéndome en puntas de pie.

Afuera, a lo largo de la calle, una columna de camiones avanzaba lentamente, el ruido de sus motores hacía temblar los vidrios. Ascendían por la carretera, tan cerca unos de otros que se los habría tomado por un tren.

Desde donde estaba yo, arrinconado entre el muro y la cadera de mi madre, sólo veía los toldos y los cristales de los camiones, como si nadie fuese a bordo de ellos.

Miraba el largo desfile de camiones, oía el estrépito de sus motores, los vidrios que temblaban, quizá los latidos del corazón de mi madre, mi cabeza apoyada en su costado, el miedo que colmaba la estancia, el valle. Aparte del ruido de los motores, todo estaba vacío. Ninguna voz. ¿Ladraban los perros en los patios? Aquello duró mucho tiempo. El rugido de los camiones parecía que no iba a terminar nunca. El enemigo remontaba el valle, se hundía en la garganta de la alta montaña, rumbo a la frontera. El sol brillaba en la pared de la cocina. Por encima de nosotros, el cielo era azul, todavía un cielo de verano. Sin duda las nubes se amontonaban en el Norte, sobre las cumbres de las montañas. Las moscas, trastornadas un momento por la vibración de los motores, habían recomenzado su danza encima del hule. Sin embargo a mi abuelo Julien ni se le ocurría cazarlas. Permanecía sentado delante de la mesa, la luz le daba de lleno, estaba pálido y muy viejo, muy alto y delgado, sus ojos atravesados por la luz, dos canicas transparentes, grisazules.

No sé por qué, es esa imagen de mi abuelo la que conservo, se ha superpuesto a todas sus fotos. Tal vez sea el vacío de su mirada, la palidez de su rostro lo que me permite comprender la importancia del acontecimiento que estábamos viviendo, el enemigo que pasaba bajo nuestras ventanas parecido a un largo animal de metal sombrío.

Mario murió esa mañana. Mario era como mi hermano mayor, a veces jugaba conmigo en el patio detrás de la casa.

Era joven, un poco loco. Más tarde imaginé que estaba enamorado de mi madre, pero es una simple suposición, pues ella nunca ha dicho nada de eso. Yo estaba en la cama de mi abuela, ensoñaba mientras miraba los rayos de sol que pasaban por debajo de la puerta.

Todos se habían ido muy lejos. Yo oía una voz que lla?maba a mi madre, con un acento quejumbroso: ?¡Rosalba!?. El rostro de mi padre era oscuro, pero no como si estuviese en sombras. Ennegrecido por el humo, más bien. ?¡Rosalba!? repetía la voz, pero no era una voz de hombre, en realidad era la voz de mi abuela. Una voz lenta, que se arrastra sobre las sílabas. A menudo tengo ese sueño. Mi padre se fue cuando yo era un bebe, y sin embargo estoy seguro de que es él el que aparece, en el marco de una puerta, y yo tengo un miedo muy grande de oír la voz que llama a mi madre. No le he hablado de esto a nadie.

Esa mañana, durante el sueño, oí una cercana. Eso fue lo que me despertó.

Después, ya no sé lo que pasó. Mi abuela ha regresado de darles de comer a sus conejos, en el patio. Ha escondido los conejos detrás de los haces de leña para que no se los roben. De cuando en cuando mata alguno, y luego lo desuella. Sabe hacerlo muy limpiamente.

Un día la he visto, en el patio. El conejo estaba colgado de un clavo en la pared, en el suelo había un charco de sangre, las manos de mi abuela estaban rojas.

Más tarde, mi madre volvió de las compras. Había comprado una hogaza de pan, leche en un tarro de hierro, algunos nabos con sus hojas para hacer un caldo. Apoyó las compras sobre la mesa. Mi abuelo Julien bebía su achicoria a grandes sorbos, aspirando ruidosamente.

Por lo general, mi abuela lo regañaba: ?¡No hagas ese ruido, es muy molesto!?. Pero ella no decía nada. Mi madre parecía triste. La oí cuchichear con mi abuela, hablaban de Mario. Yo no comprendí inmediatamente. Fue más tarde, mucho más tarde, después de la guerra. Mario transportaba una bomba que debía colocar en el puente. Es la ruta que toman los enemigos para ir hacia los collados.

Cuando comprendí que Mario había muerto, me vinieron otra vez todos los detalles. La gente se lo contaba a mi abuela de todas las maneras posibles. Mario iba por el campo, un poco más arriba, a la salida del pueblo.

Escondía la bomba en una bolsa, iba corriendo. Tal vez se haya enredado los pies en un montículo de tierra, lo cierto es que se cayó. La bomba hizo explosión. No se encontró nada de él. Era algo maravilloso.

Era como si Mario se hubiese escabullido hacia otro mundo, hacia Urania. Después pasaron los años, un poco lo he olvidado. Hasta ese día, mucho tiempo después, cuando el azar me reunió con

El Ferrocarril en Querétaro sus inicios

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El Ferrocarril Urbano, Central y Nacional

en la ciudad de Querétaro 

El  2 de abril de 1883 se inauguró el servicio del Ferrocarril Urbano en la ciudad de Querétaro, que recorría del costado oriente de La Alameda al Jardín Zenea. 

Para el 25 de abril de ese smo año ya había ampliado su ruta por la ribera del  Tompeate hasta el Portal de Valderrama, siguiendo por El Plan de Aguacate, San Isidro, hasta los baños de Pathé, La Fábrica de La Purísima y la de Hércules. 

Al año siguiente el 2 de abril de 1884 se extendió su ruta hasta La Cañada, recorrido que se hacía bajo un toldo que formaban los árboles como un magnífico bosque. 

Fue el primero de noviembre de 1906 cuando se inauguró el servicio de tranvías conocido como “El Circuito” tirado por un par de mulas, partiendo de un costado del Jardín Zenea, subiendo por la calle del Biombo a la Plaza de Armas, siguiendo por la calle de La verónica, La Amargura y Monte Sacro doblando al sur por la calle de Indio Triste, encaminándose por las calles de Andrade y de La Baja Cruz hasta el Calvarito y bajando por la cuesta de Costilla dando la vuelta por la del Rescate y luego por el Sol Divino, pasando frente al Colegio Civil y La Parroquia, La Congregación y la Bajada de Guadalupe, dando vuelta por la primera y segunda calle de San Antonio, por la del Marqués, la de La estampa de capuchinas hasta llegar a la calzada de Belem retornando por la calle de San Felipe, Santa Clara y la del Hospital Real hasta llegar nuevamente al Jardín Zenea. 

Pocos años después la Compañía de Tranvías de Querétaro sustituyó la tracción animal, dotando a sus dos vehículos de motores de gasolina, poco tiempo después desapareció y se levantaron los rieles por donde pasaba el Circuito.  

Para el 23 de marzo de 1878 el ministro de Fomento de La nación Vicente Riva Palacio se comenzaron los trabajos del ferrocarril Querétaro-San Juan Del Río y fue el 14 de abril de º1882 cuando llegó a la ciudad de Querétaro el primer ferrocarril en el costado poniente de la Alameda. 

El 8 de noviembre de 1803 quedó establecida la corrida del ferrocarril de México, San Luis Potosí, Laredo. 

El 3 de octubre de 1904 quedó inaugurada la Estación de pasajeros del Ferrocarril Central en “La Otra Banda  José Félix Zavala