Soriano elevado a Basílica por Benedicto XVl

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img_0329.jpgQuerétaro

El Santuario de Soriano fue elevado a Basílica Menor

Diario de Querétaro

13 de octubre de 2008


José Luis Rodríguez

Querétaro, Querétaro. El Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano ha sido elevado a Basílica Menor por el Papa Benedicto XVI, informó el Obispo, Mario de Gasperín Gasperín, lo que implica “buscar intensificar los lazos de unión y devoción por la Cátedra de San Pedro y al mismo tiempo hacerla un centro de particular acción litúrgica y pastoral para toda la Diócesis”.

“Lleno de alegría y gratitud a Dios y a su Madre Santísima, lo hago del  conocimiento del presbiterio y de la comunidad diocesana”, dijo el Obispo al anunciar este nombramiento al Santuario ubicado en el municipio de Colón y que alberga a la Virgen de los Dolores, la Patrona de la Diócesis de Querétaro.

En el mundo sólo existen cuatro Basílicas Mayores y todas están en Roma (San Juan de Letrán, San Pedro, San Pablo y Santa María la Mayor), siendo santuarios donde sólo el Papa puede celebrar la eucaristía. El resto de las Basílicas son consideradas Menores.

En México hay 28, ya considerando al Santuario de Soriano, estando entre las más importantes la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe y la de San José; ambas en la Ciudad de México, la de Los Remedios, en Naucalpan, la de La Luz, en León, Guanajuato, y la de Guadalupe, en Monterrey, entre otras.

Considerada por la feligresía como milagrosa, la Virgen de los Dolores de Soriano recibe a lo largo del año a más de un millón de fieles, sobre todo una semana antes de la “Santa” y en el mes de septiembre, que son las fechas cuando se realizan las dos más grandes celebraciones en su honor.

Vea: el santuario… 6A

Apenas en el año 2006 fue construido en un anexo del Santuario el “Museo de los Milagros”, donde se muestran más de 900 ex votos en agradecimiento por igual número de milagros realizados.

Mario de Gasperín, señaló que dicho Santuario es un “lugar de encuentro con Jesucristo por medio de su Madre Santísima tanto para los presbíteros como para los fieles creyentes de esta diócesis de Querétaro y de otros lugares de la República”.

Así lo atestiguan, agregó, “los miles de peregrinos que visitan la piadosa Imagen de María Santísima en el misterio de sus Dolores junto a la Cruz de su Hijo Jesucristo. Esto movió al excelentismo señor obispo Alfonso Toriz Cobián, que de Dios goce, a declararlo Santuario Diocesano (1962), a promover y obtener la Coronación Pontificia para esa venerada Imagen (1964) y, posteriormente, a alcanzar la gracia de que Nuestra Señora de los Dolores fuera proclamada por el Romano Pontífice Patrona Principal de la Diócesis (1969)”.

Dijo que estas iniciativas pastorales, han propiciado que el Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, en el municipio de Colón, se haya convertido en un centro importante de espiritualidad y devoción mariana para nuestra diócesis de Querétaro y para otras regiones de la República.

“Al exponer al Santo Padre el Papa Benedicto XVI el camino recorrido y la respuesta de los fieles católicos devotos de María Santísima, le solicitamos filialmente, por medio de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, que este Santuario Diocesano gozara del título de Basílica Menor, gracia que nos fue concedida generosamente”, refirió.

Los migrantes en Querétaro

Escrito por Gilberto Hernández García
Domingo 12 de Octubre 2008
REPORTAJE

Image La vida en La Media Luna: jornaleros agrícolas migrantes
(Segunda y última parte)

El sol aún no asoma en el horizonte y en La Media Luna el día ya está comenzando. En el estrecho dormitorio de la casa de Ubaldo se hacinan seis moradores.

Doña María, la esposa de Ubaldo, es la primera que abandona el lecho. Al igual que todas las mujeres del campamento empieza su jornada antes que los hombres. Habrá que lavar el nixtamal y llevarlo al molino. La abuela ya está encendiendo el fogón. Emilio, el más pequeño, ya sabe lo que le toca hacer: como todos los días, a eso de las cinco de la mañana tendrá que hacer fila en una de las dos tomas de agua potable con que cuenta La Media Luna.

Poco a poco las callejuelas del albergue se van llenando de vida. Los hombres, ya puestos en pie, alistan sus aperos para la faena, los esmeriles dan filo a los machetes y «mochas». En cuestión de minutos media docena de camionetas está lista para transportar a los jornaleros a los campos. En cada vehículo, donde en teoría cabrían cuarenta, se amontonan más de cincuenta personas.

¿Luna de miel?

En los cañaverales el sol hace que la temperatura llegue a superar los 35 grados centígrados. Ubal-do y sus hijos: Jesús, de 18 años, y Emilio, de 10, iniciaron su labor de corte a eso de las 6 de la mañana, en una jornada que se prolongará hasta las 5 de la tarde, si no es que los cañeros consideran que es preciso quedarse otras horas.

En esta zona los jornaleros trabajan por el sistema de «destajo», consistente en formar pequeñas cuadrillas familiares, si así lo quiere el padre de familia, encabezado por él mismo y con la ayuda de los hijos; el precio que se les paga por tonelada de caña, cortada y amontonada en el lugar, es de no más de $30.00. Ordinariamente un padre de familia, contando el dinero de sus ayudantes, llega a ganar unos mil doscientos pesos semanalmente.

Enganchados a la luna

Igual que Ubaldo, los jornaleros de La Media Luna y otros campamentos cañeros de la región han sido traídos del sur de México por los «enganchadores», que visitan las paupérrimas comunidades para «prestarles» 150 o 200 pesos para que «saquen de apuros» a sus familias; después les dicen que esa deuda la pueden pagar con trabajo, pero para ello se deben trasladar hasta estos campos. Y, como todo genera un costo, el traslado sale en unos 500 pesos.

Los dueños de los cañaverales «no escatiman nada» cuando se trata de «prestarle» algo a sus trabajadores. También les fían para que compren su herramienta de trabajo: machetes (se acaban uno en 20 días y cuesta 60 pesos), lima o afilador, garrafones. Por si fuera poco, les «dan crédito» para que durante las primeras semanas puedan comprar los alimentos. Por ello, las primeras tres semanas de arduo trabajo no reciben nada: están pagando. A la cuarta, según el ritmo de trabajo de cada peón, ya reciben la mitad de su salario y al mes ya pueden cobrar «completo».

En La Media Luna se da una curiosa relación de autoridad, en la que se implica fuertemente la fidelidad. Quienes detentan el poder, por llamarlo de alguna manera, son los «cabos»; en el albergue hay tres. Estos hombres son los mismos encargados de «enganchar» a sus paisanos para la zafra. Según comentaron algunos trabajadores, ser «escogido» para venir acá es un privilegio; de ahí que el cabo adquiera ante los ojos del resto de la población el estatus de «benefactor» o por lo menos de «alguien importante» al cual se le debe respeto, de tal manera que pueda seguirse beneficiando de su «trato». No es raro descubrir que el cabo es muy solicitado para asumir el papel de padrino en diversos actos religiosos o civiles.

Tampoco es raro que, aunque no lo mencionan  abiertamente, se den situaciones de corrupción, dado que el cabo es el intermediario entre los patrones y los trabajadores; muchos de los beneficios, confiesan algunos, nunca llegan a los destinatarios porque el cabo dispone de ellos.

Reflejos de luna

El sol ha declinado y está a punto de ceder su lugar a la luna. Los atestados camiones abaten sus redilas a la puerta del campamento y los jornaleros descienden. María recibe a su marido con un buen plato de frijoles, platican un breve momento, con monosílabos, casi no hay nada qué contar porque todos los días son iguales. El hombre, después de devorar su comida, con hastío, entra en el cuarto y, en breve, sale con un puñado de jabón en polvo y se dirige a los baños comunitarios. Para los hombres ha terminado la jornada, pero las mujeres aún tendrán que continuar con las faenas del hogar.

Los más jóvenes todavía tienen ánimo para organizarse espontáneamente y «echarse una cascarita» en las canchas del albergue, como si la dura jornada en la zafra no les hubiera hecho nada. Instintivamente han ido formando sus alianzas para visitar otras comunidades con el afán de conseguir novia, o para «pasar el rato» en el mismo albergue.

En México la dinámica migratoria de los «golondrinos» implica el movimiento constante entre zona y zona, según se va terminando el trabajo; algunos empiezan trabajando en el Bajío y de ahí van «subiendo» al occidente, después a Sinaloa, Sonora, hasta llegar a Baja California, y así, en un continuo volver a empezar. En La Media Luna es distinto,  ya que los trabajadores llegan con un «contrato» y no ven la necesidad de salir a la «aventura»; además, ésta sería muy pesada llevando consigo a la familia; por eso casi todos optan por regresar a sus comunidades al fin de la zafra, en junio o julio, con el dinero que han podido ahorrar.

Sin embargo, cada vez son más las familias que deciden quedarse a vivir en Autlán; actualmente son 22 las que han decidido no regresar a sus tierras; algunos tienen ya casi treinta años por acá. Algunas familias e han hecho de un terreno en la ciudad y ya radican en ella; sin embargo, conservan el trabajo en la zafra. Los que se quedan en el lugar cuando no es temporada de corte pueden seguir ocupando sus viviendas en el albergue; pero tendrán que pagar los servicios, como la luz o el agua.

En cualquier caso, los habitantes de La Media Luna se perciben distantes entre ellos mismos. Admiten que no hay mucha relación entre familias porque la mayor parte del día la pasan trabajando. Además, hay pocos pretextos para lograr ese acercamiento: el campamento carece de espacios simbólicos o físicos para el encuentro. Probablemente la única oportunidad de acercamiento e inicio de relaciones comprensivas serían los servicios religiosos, mas éstos son escasos allí.

Una nota característica del lugar es el auto-despojo de identidad que de sí mismos vienen haciendo aquellas personas que han optado por quedarse a vivir en Autlán. Por tal razón, no es raro escuchar afirmaciones en tono despectivo al referirse a los recién llegados: «pobrecitos, son indios», «no saben usar los baños, por eso están sucios».

Sin embargo, hay un sentimiento que parece ser común:  se descubren rechazados por los vecinos de Autlán. Hablan de las pocas ganas que les dan de ir al «centro» a hacer sus compras para no ser maltratados o llamados «marranos».

Con la nostalgia de otras lunas

La luna señorea completamente el campamento. Los habitantes de La Media Luna aprovechan el momento sentándose a la puerta de la casa para platicar o simplemente para estar. Sus ojos, invariablemente, se dirigen al cerrito, donde la Morenita que se apareció en un cerro distante a este terruño vela por estos jornaleros. En sus sueños está la idea de juntar un «buen dinero» para poder regresar a la fiesta patronal, para hacer mejoras a su «casita» o para rescatar la tierra que dejaron abandonada, sin producir. Saben que es una tarea difícil. Esta migración no es de las que envían remesas, no genera ahorro. Conlleva pobreza, pero, con todo, es una forma de supervivencia.
En la mayoría de los jornaleros la esperanza sobrevive

Jaime Septién y Los Medios

Escrito por Jaime Septién
Domingo 12 de Octubre 2008
MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Image Cuando se hace el recuento de las formas de usar el ocio, no se recuerda el gran valor del tiempo perdido frente a la pantalla…

Por Jaime Septién

Cuando se hace el recuento de las formas de usar el ocio por parte de los mexicanos, no se recuerda el gran valor del tiempo perdido frente a la pantalla: sea del televisor, sea del cine, de la computadora o de la consola de los videojuegos.  Revisando las estadísticas, un escalofrío recorre al estudioso de la vida social del país: en verdad, los mexicanos estamos «enganchados» a la pantalla.*

De los 26 millones de hogares que hay en México, 23.3 millones tienen televisión, aunque de 105 millones de mexicanos que somos, 104.4 millones se declaran televidentes consuetudinarios. Y tanto así que ocupamos uno de los primeros lugares mundiales (si no es que el primero), en consumo de televisión diario con un promedio de 4 horas con 27 minutos (4 horas 9 minutos los hombres; 4 horas con 33 minutos las mujeres)

En cuanto al cine, éste se está trasladando a la casa, de tal suerte que, si bien cada habitante del país acude a la sala cinematográfica 1.8 veces al año, 29% de los hogares mexicanos cuenta con televisión de paga, y de ésta, la mayor parte del consumo es de películas. El promedio de estreno es de 5 películas a la semana.

En lo que respecta a los videojuegos, México representa cerca del 50% de ventas de hardware y software de videojuegos en toda Iberoamérica. En nuestro país hay cerca de 35 mil jugadores especializados en competencias de videojuegos y 10 millones de jugadores casuales. Lo que es preocupante es que la edad promedio del jugador de videojuegos en el mundo es de 26 años, mientras que la edad promedio del mismo sector en México es de tan solo 20 años.

Para internet, aún no tenemos estadísticas consolidadas, pero una encuesta de los asociados en materia de publicidad dio a conocer, hace poco, que por vez primera en la historia, los anunciantes están dirigiendo su publicidad de futuro (o sus intereses) a la red, lo que hace pensar que son millones los usuarios y muchas horas pasadas navegando.  Donde la publicidad se mueve es que hay negocio de por medio.

Medido en términos de pérdida de tiempo, el que ocupamos los mexicanos frente a las pantallas es monstruoso. Imposible de medir y, más aún, de predecir las consecuencias (sin duda poco agradables) que esto acarrea. Hay varios hechos constatados: el aumento de la obesidad, el sedentarismo, la debilidad perceptiva, el alejamiento de la lectura, la incapacidad de aprender, la poca participación social, la atonía del público y el engrosamiento de la cartera de dos o tres que se anuncian incisamente en la tele. Y eso es un drama social, que nadie quiere ver.

*Los datos están tomados del Tercer Informe de Calidad de los Contenidos de los Medios de la Asociación A Favor de lo Mejor (2008)

Paul Newman y el reencuentro con la vida

Escrito por Juan Carlos Moreno Romo
Domingo 12 de Octubre 2008
AL MARGEN…

Image La actuación de Paul Newman en esa cinta a mí me lo ha vuelto un amigo entrañable, y hasta un ejemplo de vida también.

Por Juan Carlos Moreno Romo

Debo confesarles ante todo que ni soy muy dado a las cosas de la cultura gringa o anglosajona, ni estoy mucho menos a la caza de la última «actualidad». La noticia de la muerte del prolífico actor estadounidense, empero, me llega a bascular uno de los pendientes que tenía con él, y con Robert Benton, el director, y con todos los demás que han hecho posible la película Nobody’s fool o Reencuentro con la vida, de la que lo menos que puedo decir es que me conmovió profundamente, y que de paso me confortó en la idea, difícil a veces de creer, aunque sepamos que es cierta, de la profunda humanidad de la que también son capaces, como cualquier otro hijo de Dios, nuestros vecinos del norte, cuyo mundo cinematográfico nos tiene, empero, de ordinario acostumbrados a poco más que basura.

¡Qué ordinarios somos todos los seres humanos y, sin embargo, a veces, cuán extraordinarios!
La actuación de Paul Newman en esa cinta a mí me lo ha vuelto un amigo entrañable, y hasta un ejemplo de vida también. En general, con el cine estadounidense me suele suceder que ya no me sorprende, al verlo, que las caras me sean harto conocidas; y, sin embargo, ahora que exploro en Internet las otras cosas que ha hecho ese «nombre conocido», y al ver su rostro joven y recordarlo en tantas y tantas otras películas, confundidas ya las unas con las otras en mi memoria, me sorprende mucho el no haberlo visto en Reencuentro con la vida «como actor» —como al actor famoso Paul Newman, como si entre nosotros dijéramos «una de Pedro Infante»—, sino como al personaje al que le dio vida.

Para mí Paul Newman es ante todo Mr. Sullivan, ese entrañable muchacho de sesenta años que vive en un cuarto de alquiler del que desciende presto cuando unos golpes de mango de escoba lo llaman insistentes, desde el piso de abajo, para pedirle ayuda y compañía, o simplemente para contarle que Dios acaba de destruir la fuente de la Sra. Gruber dejando caer pesadamente sobre ella un brazo de árbol viejo; y el que ya afuera, en el blanco invierno del que se protege con una gruesa chamarra de piel que hace las veces de saco, pues lleva corbata y va a los tribunales, cojea ligeramente y bromea y se hace el esquivo con el amigo que lo espera para decirle, niño, que extraña trabajar con él, y trata de sacarle diez dólares, al parecer para comprarse o completarse una chamarra más abrigadora; y el hombre de pueblo, en fin, o de pequeña ciudad que conduce una vieja camioneta pick-up roja, y que, tras el fallo injusto de la justicia, trata varias veces de robarle a su antiguo empleador, para reponer el robo previo que éste le ha hecho a él al negarse a indemnizarlo por un accidente de trabajo, su limpiadora de nieve; y el que protege a su casera, que es también su antigua maestra, de la ambición egoísta de su hijo el banquero; y el que le sigue teniendo miedo a su ex esposa, de cuyos gritos su propio hijo no sabe por qué simplemente huyó, dejándolo en ellos a él, niño; y el que le sigue teniendo sobre todo mucho miedo a la vieja y abandonada casa roja en la que aún resuenan los gritos de sus propios padres; el que, al final de la película, en fin, cuando una noche lo gana todo a las cartas y su racha de suerte lo tienta incluso con su más repetido e inesperado deseo, no se va a Hawai con la linda y joven esposa del amigo ingrato del que se quería desquitar porque, en el instante en el que, tras cerrarle a ella la puerta de la camioneta y dar la vuelta para subirse del lado del chofer, se distancia, en la callada noche nevada, de todo aquello que tan repentinamente le está ocurriendo, cae al fin maduramente en la cuenta de que además del hombre que es, como le dice a ella al disculparse por no acompañarla, es a la vez y sobre todo abuelo de alguien, padre de alguien, y tal vez también amigo de alguien más.

Y ese padre y ese abuelo, entonces, y ese amigo y ese inquilino aparentemente enredado o atrapado en todos sus errores —«esas cadenas que nosotros mismos nos forjamos»—, es hasta el final el caballero andante que aguanta, y que nos dice «¡aguanta!»; y el que sobre todo mira con un corazón limpio hacia delante, por debajo de la visera de su cachucha; y el que, si en su momento no lo hizo con su hijo —al que le lanza ahora una moneda y le insiste, firme, para que le llame a su esposa, que está enojada y no quiere hablar con él—, es capaz de todos modos ahora mismo de enseñarle a su nieto, que se asusta mucho al descubrir la pata de palo, con zapato y calcetín y todo, que tiene junto a él porque en su racha ganadora también se la ganó hace rato a su abogado, que puede tomarla, aunque le tenga mucho miedo, e írsela a devolver él mismo al viejo que aparece triste entonces, apoyado en su muleta, y  que puede vencer ese miedo así sea tan solo, para empezar, por un tiempo cronometrado —por un minuto, por dos…—, y transformarlo incluso en un encuentro humano, y en una hermosa generosidad.

El Día de La Raza 12 de octubre

Escrito por Jaime Septién
Domingo 12 de Octubre 2008
PÓRTICO

Image Gracias a los «progresistas», la raíz indígena (como la raíz cristiana), que constituye parte de nuestra esencia, nos ha sido robada, cambiada por modas del mercado ideológico.

Por Jaime Septién

En su libro más reciente (Batallas por la historia, Planeta, 2008), el estupendo historiador mexicano José Manuel Villalpando dedica el capítulo final al tema del aborto y el pensamiento que de éste tenían los aztecas.

Sería difícil que alguno de los que alegan libertad para asesinar al indefenso no se apresure a defender a los antiguos mexicanos, «víctimas» de la Iglesia católica y de su «alianza» con el poder durante la Conquista.  Pues bien, en el aborto tendrán que encontrar una coartada, pues resulta que los aztecas lo aborrecían; figuraba en la lista de sus faltas más abominables.

Nuestros antepasados le decían a quien tenía la dicha de cobijar en su vientre una vida nueva: «Oye otra cosa, hija mía, que te encomiendo mucho.  Mira que guardes mucho a la criatura de dios que está dentro de ti; mira: no burles con él; mira que no vayas a ser causa de alguna enfermedad por tu culpa, a la merced que nuestro señor te ha hecho, que es haberte dado una criatura, que es como un joyel con que te ha adornado; mira que te guardes de tomar alguna cosa pesada en los brazos, o de levantarla con fuerza, porque no fueras a malograr a tu criatura; hija, no uses el baño demasiadamente, mira que no la fueras a matar con el calor demasiado del baño».

Villalpando cita a fray Bernardino de Sahagún, quien en su revisión exhaustiva de la cultura de los aztecas recuerda y resume lo que éstos pensaban de la mujer embarazada: «Lo que tiene en su vientre es la merced que Dios le ha hecho».

Gracias a los «progresistas», la raíz indígena (como la raíz cristiana), que constituye parte de nuestra esencia, nos ha sido robada, cambiada por modas del mercado ideológico. Hoy mismo, según el estudio «Estimaciones del aborto inducido en México», nuestro país supera el promedio mundial con un índice de 33 abortos inducidos por cada mil mujeres en edad reproductiva, mientras la media mundial es de 29 por cada mil.

¿Qué pasó en el camino?  Olvidamos la herencia de dos culturas que respetaban al no nacido como una joya, como un milagro, como una gracia.  Lo convertimos en una especie de tumorcillo maligno.  Y ahora somos campeones en despedazarlo.  Menudo progreso…

El Observador contenido

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Escrito por El Observador
Domingo 12 de Octubre 2008
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  1. PÓRTICO – ¡Esto es progresar! / Por Jaime Septién
  2. MIRADAS – Iglesia en el mundo
  3. Por las diócesis de México
  4. DESDE MI MESA DE LECTURA – Rebeldía cristera, de Francisco Gallegos Franco / Por Jaime Septién
  5. REPORTAJE – El Papa Benedicto XVI otorga un gran regalo a Querétaro: la basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano / Por Gilberto Hernández García
  6. INTERNACIONAL – Sin origen ni meta: aborto y eutanasia / Por José Ignacio Munilla,  Obispo de Palencia, España
  7. NUESTRO PAÍS – Las mujeres, constructoras de la cultura de la paz / Por Sergio Estrada / Corresponsal de El Observador en México, D.F.
  8. DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA – No seamos fantasiosos…
  9. DESDE EL VATICANO Cuando Dios ha muerto / Por Sandra Ramírez / Roma
  10. DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO – «Vengan a la boda» (Mt 22, 1-14) / Por el padre Umberto Marsich, m.x.
  11. ¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE? – «Yo era un universitario y la ingeniería ya no me satisfacía» / Por María Velázquez Dorantes
  12. TESTIMONIO – Ex «rey del aborto» urge a proteger a los no nacidos en Estados Unidos
  13. REFLEXIONES – Preparación para la vida familiar / Por el padre Nicolás Schwizer
  14. VÍGÍA – El Año Paulino y sus indulgencias / Por  Javier Algara / San Luis Potosí
  15. DEBATE – Un obispo anima a los no creyentes o no practicantes a abstenerse de casarse por la Iglesia
  16. LUCES Y AMORES – ¿Belleza? ¿Qué es la belleza? / Por Alejandro Soriano Vallés
  17. CONTRACULTURA – Alianzas exitosas / Por Ignacio Navarro Valle /  Zapopan, Jal.
  18. TEMAS DE HOY -  ¿Y si por un solo día olvidáramos todo? / Por Andrés Lorán Rodríguez
  19. DILEMAS ÉTICOS – Violencia contra la mujer / Por Sergio Ibarra
  20. MES DEL ROSARIO: CITAS Y SUGERENCIAS – Misterios luminosos / Por el padre Justo López Melús
  21. ENSAYOS CRISTIANOS – El año 2052 / Por el padre Juan Jesús Priego / San Luis Potosí
  22. AL MARGEN… – Un reencuentro con Paul Newman / Por Juan Carlos Moreno Romo
  23. CORRESPONDENCIA – El Cantar de los cantares / Comentario a un artículo de Juan Carlos Moreno Romo
  24. CON PERMISO – Soñad y os quedaréis cortos / Por Miguel Aranguren
  25. CULTURA – Los trabajos de la señora Ev / Por el padre Honorio López Alfonso
  26. OBRAS Y RAZONES – Judíos y católicos: El encuentro de los hermanos / Por Jorge E. Traslosheros
  27. MEDIOS DE COMUNICACIÓN – ¿Cuánto tiempo hay que perder? / Por Jaime Septién
  28. Se da a conocer la logística del  VI Encuentro Mundial de las Familias 2009 / Por Sergio Estrada / Corresponsal en México, D.F.
  29. INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- – Esperando tener novia / Por Yusi Cervantes Leyzaola
  30. PINCELADAS – Los clavos y el martillo – Por el padre Justo López Melús
  31. VOZ DE LOS PASTORES – Cristo Jesús no deja de llamar jóvenes al sacerdocio, pero muchos no se sienten interpelados / Por Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán
  32. REPORTAJE – La vida en La Media Luna: jornaleros agrícolas migrantes  (Segunda y última parte) / Por Gilberto Hernández García