En Busca del tiempo perdido…

Marcel Proust 1871-1922 

“En una obra como “A la busca del tiempo perdido” cabe absolutamente todo, no sólo, evidentemente, por su extensión, sino por su peculiar composición, que permite tocar todos los temas imaginables desde un punto de vista único -el del autor-, pero, al mismo tiempo, universal. 

Al introducir su propia conciencia en la novela (anticipándose a Joyce, Woolf o Faulkner), Proust multiplica las posibilidades artísticas de la escritura, puesto que su obra adquiere múltiples interpretaciones, todas válidas y aunadas: novela psicológica, autobiográfica, reflexión sobre el arte y la literatura…  

Voy a hablar de un libro que casi nadie va a leer y que, hasta ahora, pocos han leído.  

Incluso muchos de los que hablan de él, sea bien o mal, no han completado su lectura.  

Algo que, por otra parte, no es del todo extraño, dado que la novela en cuestión consta de más de 3000  páginas.  

Desde luego, todo un reto para cualquier lector, por avezado que se considere, aunque sólo sea por el tiempo que demanda su lectura. 

“A la busca del tiempo perdido” es algo más que una novela; es una experiencia vita”l.  

Marcel Proust: Auteuil, 10 de julio de 1871 – París, 18 de noviembre de 1922  

Escritor francés, autor de la serie de siete novelas “En busca del tiempo perdido”, una de las obras más destacadas e influyentes de la literatura del siglo XX. 

En el liceo Condorcet, donde cursó la enseñanza secundaria, afianzó su vocación por las letras y obtuvo brillantes calificaciones. 

Asistió a clases en la Universidad de La Sorbona y en la École Livre de Sciences Politiques.  

Durante los años de su primera juventud llevó una vida mundana y aparentemente despreocupada, que ocultaba las terribles dudas que albergaba sobre su vocación literaria.  

Tras descartar la posibilidad de emprender la carrera diplomática, trabajó un tiempo en la Biblioteca Mazarino de París, decidiéndose finalmente por dedicarse a la literatura. 

Proust es el hijo mayor de Adrien Proust, un famoso epidemiólogo francés, y Jeanne Weil, la nieta de un antiguo ministro de Justicia.  

En 1894 se autopublica “Los placeres y los días”, una recopilación de poemas en prosa, retratos y relatos largos, en un estilo decadente.  

En 1896 publicó Los placeres y los días, colección de relatos y ensayos que prologó Anatole France.  

Entre 1896 y 1904 trabajó en la obra autobiográfica Jean Santeuil, en la que se proponía relatar su itinerario espiritual, y en las traducciones al francés de La biblia de Amiens y Sésamo y los lirios, de John Ruskin.  

Después de la muerte de su madre (1905), el escritor se sintió solo, enfermo y deprimido, estado de ánimo propicio para la tarea que en esos años decidió emprender, la redacción de su ciclo novelesco En busca del tiempo perdido, que concibió como la historia de su vocación, tanto tiempo postergada y que ahora se le imponía con la fuerza de una obligación personal.  

Anteriormente, había escrito para Le Fígaro diversas parodias de escritores famosos (Saint-Simon, Balzac, Flaubert), y comenzó a redactar Contre Sainte-Beuve, obra híbrida entre novela y ensayo con varios pasajes que luego pasarían a En busca del tiempo perdido.   

Autor de la obra en 16 volúmenes “En busca del tiempo perdido” 1913-1927, considerada como una de las cumbres de la literatura universal.  

Aquejado de asma desde su infancia, a los 35 años se convirtió en un enfermo crónico.  

Pasó el resto de su vida recluido, sin abandonar prácticamente nunca la habitación revestida de corcho donde escribió su obra maestra En busca del tiempo perdido.  

“En busca del tiempo perdido” de Proust describe con minuciosidad la vida física y, sobre todo, la vida mental de un hombre ocioso que se mueve entre la alta sociedad.  

Toda la obra es un largo monólogo interior en primera persona, y en muchos aspectos es autobiográfica.  

La primera parte, Por el camino de Swann (1913), cuya primera edición fue sufragada por el propio Proust, pasó desapercibida.  

Cinco años más tarde apareció A la sombra de”las muchachas en flor” 1919,  resultó un gran éxito; obtuvo el prestigioso premio Goncourt.  

Las partes tercera y cuarta, El mundo de los Guermantes (2 volúmenes, 1920-1921) y Sodoma y Gomorra (2 volúmenes, 1921-1922), también recibieron una excelente acogida.  

Las tres últimas partes, que Proust dejó manuscritas, se publicaron después de su muerte:  

La prisionera (1923)

La desaparición de Albertina (2 volúmenes, 1925)

El tiempo recobrado (2 volúmenes, 1927)  

La importancia de las novelas de Proust reside no tanto en sus descripciones de la cambiante sociedad francesa como en el desarrollo psicológico de los personajes y en su preocupación filosófica por el tiempo.  

Cuando Proust trazó la trayectoria de su héroe desde la feliz infancia hasta el compromiso romántico de su propia conciencia como escritor, buscaba además verdades eternas, capaces de revelar la relación de los sentidos y la experiencia, la memoria enterrada que de pronto se libera ante un acontecimiento cotidiano, y la belleza de la vida, oscurecida por el hábito y la rutina, pero accesible a través del arte.  

Trató el tiempo como un elemento al mismo tiempo destructor y positivo, sólo aprehendible gracias a la memoria intuitiva.  

Proust percibe la secuencia temporal a la luz de las teorías de su admirado filósofo francés Henri Bergson: es decir, el tiempo como un fluir constante en el que los momentos del pasado y el presente poseen una realidad igual.  

Proust exploró con valentía los abismos de la psique humana, las motivaciones inconscientes y la conducta irracional, sobre todo en relación con el amor.  

Esta obra, traducida a numerosos idiomas, hizo famoso a su autor en el mundo entero, y su método de escritura, basado en un minucioso análisis del carácter de sus personajes, tuvo una importante repercusión en toda la literatura del siglo XX.  

Un universo completo recreado en sus páginas, con unos mecanismos internos que la convierten en un libro difícil, arduo, incluso en ocasiones (por qué no decirlo) aburrido.  

Muchos lectores, allá por el momento de su publicación en 1913 no entendieron la propuesta que ofrecía Marcel Proust; hoy por hoy, las diferencias no son muchas.  

Y, sin embargo, es toda una obra maestra; una auténtica obra de arte maravillosa de principio a fin.  

¿Por qué?  

Proust fue un escritor exigente.  

En las últimas páginas de “El tiempo recobrado”, el último de los volúmenes que conforman el libro, él mismo admite fijarse como meta algo realmente difícil:  

Reflejar la realidad humana a través de una observación minuciosa, que no detallista, del comportamiento de las personas.  

Precisamente eso es lo que se achaca como dificultad o lacra a “A la busca del tiempo perdido”: su puntillismo, su atención sobre el detalle, su minuciosidad.  

André Gide, lector para la editorial Gallimard, devolvió el libro al editor con un comentario (del que se arrepintió más tarde) en el que decía: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”. 

Sin embargo, a mi modo de ver es ahí donde radica su genialidad, lo cual no lo convierte, automáticamente, en un libro fácil y su diferencia.  

Proust empleó métodos y técnicas que se descubrían en la narrativa a principios del siglo XX.  

Escritores como James Joyce o Virginia Woolf emplearían el monólogo interior de maneras refinadas, pero Proust inauguró esta toma de posición de la escritura con su larguísima obra.  

Inspirado por el estilo de autores muy dispares, que abarcan desde Flaubert o Stendhal, hasta Dostoivesky , pasando por Thomas Hardy, el francés hizo uso de recursos que, de un modo u otro, ya se habían utilizado con cierto éxito antes, pero que él reelaboró de forma magistral hasta escribir “A la busca del tiempo perdido”. 

El propio Proust estableció una comparación entra la elaboración de su libro y la construcción de una catedral: una obra cuyos planos iniciales no son definitivos, sino que cambia y muta sujeta a múltiples designios.  

La madeja que el autor va desenrollando a lo largo de las miles de páginas es una prolongación de su memoria, una memoria que es activa, que no se limita a traer recuerdos al consciente para plasmarlos sobre el papel, sino que analiza, examina, compara, siempre de manera constante, con digresiones (inevitables), con olvidos y con inconstancias.  

 “lo que se trata de hacer salir, mediante la memoria, es nuestros sentimientos, nuestras pasiones, es decir las pasiones, los sentimientos de todos”. 

En cierto modo, lo que Freud investigaba casi al mismo tiempo en Viena es lo que, en forma narrativa e imaginaria, recrea Proust en su libro.  

Temas tabúes, como la homosexualidad, y habilidades del subconsciente son examinados bajo el atento microscopio de la escritura del francés, que parece abarcar todos los temas humanos posibles.  

Quizá esta pasión por tratarlo todo, por querer comprender entre sus páginas todo lo imaginable, fue el mayor reto al que Proust se enfrentó.  

Como él mismo comunicaba a su editor, el manuscrito crecía y crecía, teniendo como topes la primera y la última parte; el resto era elaborado constantemente por el escritor, que ampliaba sus recuerdos (y, por ende, su obra) de manera desaforada. 

Proust se aleja de la razón y la lógica para tratar de encontrar esas ‘verdades universales’ que busca mediante la memoria de la que hablaba arriba.  

Considerando que la razón y la voluntad no han conseguido el objetivo de plasmar la realidad, Proust se concentra en dibujar el ‘exterior’ de los personajes, aunque los falsee y no los describa fielmente (inventando todo tipo de detalles, aunque se base en personas reales para imaginar sus caracteres).  

En este sentido, su cambio respecto a la tradición decimonónica de la que es heredero (recordemos que Zola , naturalista acérrimo, es contemporáneo suyo) es brutal: pasamos de una novela sujeta a lo real, empecinada en retratar comportamientos sin dejar nada a la imaginación, a un prodigio de inventiva memorística que, pese a hablar de personajes y situaciones mundanas, nos revela conductas que pueden pasar por universales. 

Al introducir su propia conciencia en la novela (anticipándose a Joyce, Woolf o Faulkner), Proust multiplica las posibilidades artísticas de la escritura, puesto que su obra adquiere múltiples interpretaciones, todas válidas y aunadas: novela psicológica, autobiográfica, reflexión sobre el arte y la literatura…  

En una obra como “A la busca del tiempo perdido” cabe absolutamente todo, no sólo, evidentemente, por su extensión, sino por su peculiar composición, que permite tocar todos los temas imaginables desde un punto de vista único -el del autor-, pero, al mismo tiempo, universal. 

En realidad, a lo largo de las tres mil páginas de “A la busca del tiempo perdido” no parece que se cuenten demasiadas cosas.  

En “Por la parte de Swann”:  

El narrador recuerda su infancia y nos cuenta su descubrimiento del mundo de la aristocracia de los Guermantes.  

“A la sombra de las muchachas en flor”  

Nos muestra a un narrador adolescente que, en sus vacaciones en un balneario, conoce a unas muchachas que le inician en su despertar sexual y, de alguna manera, ‘artístico’  

“La parte de Guermantes”,  

Tercera parte de la obra, introduce al narrador en el mundo aristocrático y exclusivo de los Guermantes, mitificado por sus recuerdos y que resulta ser desolador visto y vivido de cerca; toda la clase alta y burguesa de la Francia de fines del XIX es despedazada por la visión del autor, expuesta como una clase decadente y cargada de vicios y defectos.  

Es en “Sodoma y Gomorra”  

Donde el narrador se ensaña con más ahínco con esa clase aristocrática y rica; esos personajes son sinónimo del vicio más abyecto, de la corrupción más profunda: por un lado, dedicados a sus fiestas, recepciones y soirées; por otro, consagrados a la lujuria y la depravación.  

“La prisionera”  

Nos muestra el envés del sentimiento amoroso, plasmado en Albertine, la mujer de la que cree enamorarse el narrador y a través de la cual se reflexiona sobre las diversas facetas del amor, con especial hincapié en los celos. 

“La fugitiva”  

Desarrolla el tema del libro anterior, sumiendo al narrador en el convencimiento de que nada es perdurable, de que todo mutable, frágil, como la memoria de la que hace uso y en la que se refugia debido a su enfermedad.  

Es en “El tiempo recobrado”  

Donde culmina la peripecia del autor: después de un largo reposo debido a la enfermedad que le consume, regresa a un París devastado por la Guerra Mundial, donde los personajes que conoció y trató se han confundido con una burguesía adinerada que ha borrado a los esplendorosos aristócratas que tanto admiraba; entiende que sólo la creación artística le puede ayudar a ’salvarse’ de la inevitable consunción vital que observa a su alrededor: de este modo, comienza, en un viaje circular, la escritura de su obra maestra. 

Y en esas miles de páginas asistimos a cientos de descripciones, de minuciosos recuerdos, que, aunque pueden engañarnos y hacernos creer que estamos ante un volumen autobiográfico infinito: 

Nos muestran, en realidad, la decadencia de una clase que es trasunto de toda una civilización, de toda una realidad.  

Es esto, quizá, lo más significativo de la obra de Proust:  

La posibilidad de hallar en cada una de sus escenas la representación metafórica de alguna otra cosa.  

Obviamente, su lectura es muy ardua y dificultosa: cualquiera que lo enfrente, incluso el más leído, encontrará momentos tediosos y complicados.  

Sin embargo, creo que el proceso acaba por merecer la pena, aunque sólo sea por la magnitud inigualable de lo que tenemos entre manos.  

Comprendo que haya quien diga que es imposible leer algo que apenas cuenta, directamente, nada importante; es admisible el celo, pero también es cierto que no se ha vuelto a escribir nada semejante, por lo que su abordaje es complicado.  

A aquel que se atreva, mis felicitaciones: verá como acaba mereciendo la pena.    En busca del tiempo perdido (1913)  

Por el camino de Swann (1913)  A la sombra de las muchachas en flor (1919)  El mundo de Guermantes I y II (1921–1922)  Sodoma y Gomorra I y II (1922–1923)  La prisionera (póstuma, 1925)  La fugitiva (póstuma, 1927)  El tiempo recobrado (póstuma 1927)

El Templo de La Compañía en Querétaro

 

Descripción del templo de La Compañía de Jesús en Querétaro 

Según la Parroquia de Santiago

La obra, tal como se conoce actualmente, se desplanta sobre una cruz latina con su portada principal hacia el sur. En el transepto se yergue una cúpula sin tambor con lucarnas mixtilíneas, rematadas por una linternilla y en el sotocoro una bóveda plana.  Al lado izquierda de la entrada se ve la única torre de tres cuerpos caso poco frecuente en los templos de la Compañía que solían llevar dos. En 1806 se adiciono a la nave una capilla cuya advocación fue la Santa Escala, en su interior se puede ver un lienzo de San Antonio firmado por Peralta en 1780.  El interior de templo ha sido muy modificado, en lugar de los altares barrocos ahora encontramos decoración art nouveau combinada con otros estilos poco ortodoxos.  Parece deberse al sacerdote Grall, quien también decoro los templos de Santo Domingo y el Seminario del Pueblito. Conserva solo las esculturas de santos de la Compañía sobre paenas. Poseyó, antes de la expulsión jesuítica ocurrida en 1767, varios retablos de madera dorada…  Actualmente permanecen algunos retablos neoclásicos, en el presbiterio con las esculturas de Santiago, La Inmaculada, San José y un Cristo, y en el transepto cuatro más del mismo estilo dedicados la Inmaculada, a la Virgen de Guadalupe, a Nuestra Señora de la Luz, y al Sagrado Corazón de Jesús La portada principal del templo esta enmarcada por sillares de cantería. Se compone de dos niveles y se termina en un frontón trunco en cuyo centro hay una cartela, donde debió haber estado el escudo de la casa de Loyola, y sobre esta, la cruz de Caravaca, la ventana coral es de marco abocelado, con acodos en la parte superior. Flanquean el vano dos medias muestras estiradas de capiteles jónicos y dos esculturas de muy buena talla albergadas en nichos.  Las imágenes corresponden al fundador de la orden San Ignacio de Loyola, con el libro de las constituciones en su mano izquierda, y San Francisco Xavier, uno de los primeros discípulos de Ignacio. En los extremos, sendas cariátides con faldellín fitomorfo que ayuda a cargar el entablamento y los pináculos.  El arco de entrada es un medio punto, cuya clave es una cartela muy elaborada con la inscripción ADE MAIOREM GLORIAM DEI, las enjutas se ornamentan con hojas de acanto y flores. Las impostas, donde descansa el arco son a su vez capiteles de las jambas. A los lados pilastras estriadas de capiteles compuestos; sobres estas el entablamento, cuyo friso destaca por su abundante decoración vegetal. Con vista al occidente hay otro acceso al templo, una portada muy bien elaborada que acusa dos tiempos constructivos… En el atrio hay una puerta que comunicaba en tiempote los jesuitas, con su propia vivienda, el Colegio de San Ignacio. La sacristía, muy espaciosa, se ubica al lado oriente del presbiterio, tres tramos la constituyen y varias claraboyas permiten su iluminación. Esta decorada actualmente por lienzos de pintura del S. XVIII destaca sobre la cajonera uno de grandes dimensiones donde se ve a San Ignacio celebrando misa, sobre su cabeza una esfera de fuego.  A su lado izquierdo miembros de la Compañía de Jesús (San Luis Gonzaga, San Estanislao de Kotsca, San Francisco Xavier y San Francisco de Borja) y al lado derecho varios clérigos ancianos y uno joven frente a San Ignacio. Hay una escena celestial en el nivel superior, donde se ve a la Virgen y a Cristo en un extremo y en otro a Dios Padre, San José y Angeles que tocan diferentes instrumentos musicales… Arriba de la anterior dos cuartos de punto unidos, obra del pincel de Noriega, procedente de un retablo franciscano. Se trata de dos muertes, la una de un fraile y la otra de un lego. En el lado poniente hay un lienzo que tampoco estuvo originalmente en ese lugar como lo demuestran los resaques en las orillas que se amoldaban a un capitel o a una cornisa.  En una de las pinturas mas interesantes de Tomas Xavier de Peralta, firmada en 1756. Se trata de la alegoría de la Inmaculada donde la imagen mariana brota de las ramas que salen de los corazones de Santa Ana y San Joaquín pero hay un personaje novedoso es el alma Niña la Concebida sin Mancha, que se desprende de las manos de Dios Padre y Dios Hijo, como si estuvieran liberando para que encarnara mediante la intervención de Joaquín en el seno de Ana.  A su lado se encuentran personajes como Juan evangelista escribiendo el Apocalipsis, un jesuita un franciscano y el busto de San Juan Damasceno, libros, carteleras y filacterias alusivas a la Purísima Concepción de Maria. En el costado sur esta un calvario firmado por Miguel Vallejo en 1770, Queretano, al igual que Peralta. Existen además los siguientes: Adoración de los Reyes, Virgen de Guadalupe, San Francisco de Asís, una Piedad, La Virgen de Aranzazu, una Inmaculada, La Virgen de la Luz, Santa Catarina de Alejandría, San José con el Niño y Santa Teresa de Jesús. La sacristía tiene dos vanos, uno que comunica con el presbiterio y otro que conducía a un espacio entre lo público y lo privado, hoy es un recinto para guardar objetos de culto, en su exterior se enmarca por una portada de cantería labrada con muy buen gusto y de aquí parten dos escalinatas que conducen al segundo piso del claustro, hoy clausurado. En un cuarto contiguo a la antesacristía se encuentra además de la pintura de los fundadores un cristo en escultura y un fragmento de un retablo de hacia 1770, con las imágenes pintadas de San Martín de Tours, San Juan de Dios, San Roque y en medio angeles pasionarios.  La vivienda de los religiosos, el claustro contiguo al templo fue concluido en 1755.

Antecedentes de La peregrinación…

 

Antecedentes de la Peregrinación

a de Querétaro al Tepeyac  Datos Historicos  

El Excmo. Mons. Rafael Sabás Camacho, tercer obispo de la Diócesis de Querétaro, era reconocido por su entusiasmo y devoción a la Virgen de Guadalupe, así como por su colaboración para la restauración de la entonces Colegiata y las festividades de la Coronación de la Santísima Virgen.  

A fines del siglo XIX, comenzaron las peregrinaciones diocesanas anuales a la Basílica, y Mons. Sabás extendió la invitación a los feligreses de su diócesis. De esta forma, la marcha queretana realizó su primera edición el ocho de septiembre de 1886.  

“Luego que llegó la noticia a los fieles sobre la invitación del prelado, la Diócesis de Querétaro, cuya eminente piedad ha sido proverbial, se puso en movimiento”, señaló en la reseña correspondiente, el Señor Canónigo de la Basílica, Juan González, quien destacó el fervor espiritual de los peregrinos, mismo que permanece hasta ahora.  

Todas las clases sociales escucharon la voz de su pastor en una movilización que ha ido en aumento con el paso de los años. En el inicio de la peregrinación eran 500 personas, en su mayoría varones, y ahora son alrededor de 16 mil mujeres y 25 mil varones, a pie, así como mil quinientos peregrinos en bicicleta. A ellos se suman los fieles que arriban en camión u otro medio. 

Esta peregrinación solamente ha tenido cinco interrupciones, en los años 1914, 1915, 1916, 1928 y 1929, debido a la delicada situación política y social del país por la persecución religiosa. Incluso, en algunas ocasiones en que parecía que no se realizaría la peregrinación por la inquietud social que imperaba, prelados y fieles se decían que sería muy grato emprender el camino, y así lo hicieron, arrostrando peligros, en los años 1920 al 1922 y en 1932. Pero hoy cuentan con los apoyos de las comunidades por donde pasan a lo largo de 500 kilómetros.  

Cabe señalar que el clero ha participado activamente en la promoción de la peregrinación desde sus inicios. En conjunto con las asociaciones de peregrinos de las ramas femenil y varonil y sus comisiones integradas, fomentan la catequesis y organización durante todo el año.  

La peregrinación se ha convertido en una tradición con abundantes frutos de conversión, testimonios del amor de Dios, aumento de la devoción a Santa María de Guadalupe y cambios en formas y estilos de vida más cristianos así como una mayor participación en el plan Diocesano de Pastoral.  

Peregrinación para Querétaro es igual a retiro espiritual de ocho días, con reflexión, meditación, sacramentos (Eucaristía y Reconciliación) y el acompañamiento de más de 50 sacerdotes, todo en un ambiente de oración y vida comunitarias. 

Tradición y testimonio definen a esta magna peregrinación, la más numerosa que recibe la Basílica a lo largo del año.    

AÑO 1998  

Datos de la Peregrinación Esta peregrinación tiene tres contingentes: el de varones, mujeres y ciclistas. El más numeroso es el de varones, le sigue el de mujeres y por último el de ciclistas. A ellos se suman los que llegan en transporte público o propio.   

RECORRIDO 

1.- Alrededor de 550 Kilómetros desde la Sierra Gorda de Querétaro

2.- Alrededor de 220 Kilómetros desde la capital, Querétaro 

XXVII PEREGRINACIÓN CICLISTA 

1500 varones  

L PEREGRINACIÓN DE MUJERES 

18,300 mil peregrinas

156 grupos

18 sacerdotes les acompañan

60 mil hostias distribuidas

100 letrinas

4 pipas de agua de 10 mil litros cada una

Sra. Sandra Siliceo Valdespino. Presidenta de la Asociación de Peregrinas a Pie de Querétaro al Tepeyac.    

CXVIII PEREGRINACIÓN DE VARONES  

30 mil peregrinos

213 Grupos

1,420 personas de apoyo en seguridad

60 sacerdotes acompañan la peregrinación

90 mil hostias distribuidas

70 paramédicos

6 ambulancias

2 pipas de 10 mil litros de agua

3 camionetas con tres mil litros de agua

169 letrinas       Apoyos de los gobiernos de Querétaro, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México y Distrito Federal, en vialidad, seguridad (patrullas) y personal de caminos.     Sr. Ernesto González, Presidente de la Asociación de Peregrinos a Pie de Querétaro al Tepeyac 

La Iglesia y el Narco…

 

De la pastoral del narco

a la teología del centurión 

Bernardo Barranco V.  

 

La Jornada 

Mientras el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, monseñor Carlos Aguiar Retes, recomienda con insistencia evangelizar el mundo del narco e  incorporar a los narcotraficantes  arrepentidos, el obispo Rodríguez Gómez urge que la Iglesia a evangelizar a las fuerzas armadas.  

No somos testigos de simples ocurrencias pastorales, aparentemente contradictorias, de altos prelados del clero mexicano, sino de posturas político teológicas que intentan dar respuesta al virtual estado de guerra y polarización que vive el país en torno a la lucha contra el crimen organizado. 

No dudo de las buenas intenciones de Carlos Aguiar sobre la apertura que deba guardar la Iglesia a todos los feligreses sin importar su condición, incluyendo la de pertenecer a bandas delictuosas y de narcotraficantes; cuestiono, sí, su falta de sensibilidad política.  

Sus declaraciones han sido tan inoportunas que más bien despiertan nuevamente las fundadas sospechas en torno a las narcolimosnas y, las diversas formas de relación e infiltración del narco en las estructuras religiosas del país.  

Nos obliga a evocar el turbio magnicidio del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en mayo 1993; los misteriosos encuentros de los hermanos Arellano Félix con el nuncio Girolamo Prigione en la sede apostólica de México, en diciembre de 1993, y recurrentes declaraciones de clérigos sobre la legitimidad de que la Iglesia acepte recursos generosos provenientes del narco. 

El padre Gerardo Montaño, enlace del cártel de Tijuana; el padre José Raúl Soto, Ernesto Álvarez y el fallecido obispo Ramón Godínez son algunos de una lista de presbíteros que reconocen las bondades de los recursos ilícitos que, llevados hacia los fines apostólicos, adquieren, por decirlo de una manera, su redención.  

La postura del obispo de Aguascalientes generó tal polémica, que obligó al entonces secretario de Gobernación Carlos Abascal a salir en su auxilio sentenciando: “Son intereses jacobinos los que intentan deslegitimar la misión eclesiástica. ¿Acaso es un crimen que los narcotraficantes arrepentidos de sus pecados se acerquen a la Iglesia? Ella, la Iglesia, no está obligada a rendir información sobre los recursos que le entran”.   

La relación actual entre narco e Iglesias es un hoyo negro que se presta a las conjeturas más delirantes y merece en un futuro cercano estudios técnicos e investigaciones sociológicas precisas. 

La otra recomendación enarbolada por monseñor Víctor René Rodríguez Gómez, auxiliar de Texcoco,  sobre la evangelización de las fuerzas armadas, de no sólo hacer proselitismo sino responder a los militares que profesan la religión (La Jornada, 5/10/2009), debe tomarse con mucho cuidado y atención. Es cierto que el papa Juan Pablo II impulsó con vigor a escala internacional la pastoral castrense; no hay que olvidar de Karol Wojtyla fue hijo de un militar. Recordemos la misa “militar” que se celebró en Roma con motivo del año jubilar en noviembre de 2000, a la cual acudieron milicias de todo el mundo, entre ellas la FBI, la Legión Extranjera y la propia guardia suiza bajo el lema “Con Cristo, en defensa de la justicia y de la paz”. El tema tiene tal relevancia que Le Monde Diplomatique (junio 2007) tituló un artículo “El poder militar del Estado Vaticano”, resaltando la creciente influencia de éste entre policías y militares de más de 50 países. 

A mediados de agosto del año pasado el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en un curso para capellanes militares exaltó la pastoral castrense, porque  “el militar cristiano está llamado no sólo a prevenir, afrontar y poner punto final los conflictos, sino a contribuir a la reconciliación y la edificación de un orden basado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”.

En América Latina los movimientos conservadores católicos han estado ligados históricamente a las fuerzas armadas desde el siglo XIX. A partir de 1920, la reacción antiliberal, antipositivista fue al mismo tiempo anticomunista militante; hay una fascinación franquista y hasta fascista en muchas ocasiones.

Dicha intransigencia ultraconservadora lleva después de la década de los 50 a movimientos como Fiducia o Tradición, Familia y Propiedad (en Chile, Brasil, Argentina, etcétera) y se configuran grupos de jóvenes con ideales fascistas. Todos primos hermanos del Yunque mexicano. 

Frente al progresismo católico de los años 60, las posturas se radicalizan y muchos grupos conservadores se imbricarán con grupos militares y paramilitares para enfrentar el avance comunista. Aquí están las semillas de la trágica “doctrina de seguridad nacional” que en el cono sur cobró magnitudes represivas insospechadas al instaurar regímenes militares autoritarios, en 1964-1985, que defendían a la sociedad “occidental y cristiana” de la amenaza externa.

Dichas dictaduras fueron apoyadas por importantes núcleos de las jerarquías católicas y en los casos de Argentina y Chile existen aún hondos resentimientos y heridas abiertas hacia ciertos obispos y capellanes castrenses que están lejos de cicatrizar.

Hubo una corriente en el episcopado latinoamericano que pugnaba por un mayor acercamiento “pastoral” hacia las elites militares represoras que encabezó el extinto cardenal Alfonso López Trujillo, justo cuando se apoderó del aparato del Celam en 1972, y que tuvo el apoyo del cardenal Javier Lozano Barragán, hoy en Roma, quien llegó a formular síntesis teológicas en torno a la pastoral de los centuriones militares en el poder.

En dicho proceso tortuoso, la represión también alcanzó a las iglesias latinoamericanas y con un importante viraje muchos obispos, fieles e instituciones católicos se centraron en la defensa, promoción y evangelización de los derechos humanos. Más que una pastoral de narcos y otra de militares, la Iglesia católica en México debe solidarizarse proféticamente con la defensa de los derechos humanos integrales, con la justicia y con la legalidad. Atención: la historia tiene lecciones y hay que aprenderlas.

La zoología, Toledo y Atenas…

 

 

La Zoología fantástica de Toledo

se exhibe en Atenas 

Merry MacMasters  

 

La Jornada 

Los seres sorprendentes de Francisco Toledo, surgidos de la “zoología fantástica” de Jorge Luis Borges, ahora dialogan con la mitología griega. 

Zoología fantástica, Homenaje a Jorge Luis Borges, exposición del artista juchiteco Francisco Toledo, se exhibe en el Museo Benaki de Atenas como parte de una serie de actividades conmemorativas del 70 aniversario del establecimiento de relaciones entre México y Grecia. 

Desde hace más de 20 años la muestra ha visitado casi 50 ciudades. La presente gira inició en el Centro Cultural Mahmoud Mokhtar, en El Cairo, Egipto. El 23 de febrero de 2009 la exhibición se presentará en la galería de arte de la Universidad de Essex, Inglaterra, y el 21 de marzo en el palacio Pichi Sforza, ubicado en Sansepolero, Italia. 

Con motivo de su estancia en El Cairo, la crítica de arte Mariam Hamdy escribió en el Daily News Egypt que Zoología fantástica, provocadora y entretenida, es la obra del mexicano de “reconocimiento mundial”, Francisco Toledo, identificado en su país como “su más grande artista vivo”. 

Toledo, continúa, “posee una gama de talentos sin igual: es un grabador, dibujante, pintor, escultor, ceramista magistral, y en la presente exposición demuestra ser un acuarelista excelente”. 

Si Borges en el prefacio de su libro recomienda al lector “hojearlo al azar, como si jugara con los patrones cambiantes de un caleidoscopio”, los visitantes al Centro Cultural Mahmoud Mokhtar son aconsejados mirar los aguafuertes de Toledo desde la misma perspectiva. 

Hamdy acota: “Las obras son estéticamente exquisitas. La atención delicada que Toledo da a la línea es merecedora de una lupa, al igual que una litografía intricada. Su selección de medio muestra la mano firme de un artista experimentado ya que la acuarela se conoce por ser el tipo de pintura más difícil de controlar”. 

El arte de Toledo, continúa la crítica, refleja una “profunda apreciación de la naturaleza, en particular de los animales que no se acostumbran asociar con la belleza como los murciélagos, iguanas, sapos e insectos”. 

A fin de celebrar su 50 aniversario en 1983, la editorial Fondo de Cultura Económica le encomendó a Toledo la ilustración del Manual de zoología fantástica, del escritor Jorge Luis Borges. El artista creó un total de 46 tintas y acuarelas. Esta suite de animales mitológicos fue adquirida por la Galería Arvil en 1984, cuyos responsables Armando Colina y Víctor Acuña, se han encargado de difundirlo.