El Ultimo obispo de Las Chiapas…

 

Samuel Ruiz García,  último Obispo de Las Chiapas   

y primer Obispo de San Cristóbal de Las Casas

José Félix Zavala   El Obispo Don Samuel Ruiz García cumplió este 3 de noviembre , 84 años y da comienzo el año jubilar por sus 50 años de ordenación episcopal, en plenitud de trabajo, como obispo de la IGLESIA y mexicano ejemplar.    

La siembra de cuarenta años de titular de la Diócesis es de muchos, señala Samuel Ruiz García, al término de su episcopado en una de las diócesis más antiguas de este país y de América. “Hay tan solo 8 mil catequistas, Ellos son sembradores. Sin ellos no hubiera habido evangelización. Y este proceso catequístico empezó inmediatamente después del concilio. Sin su presencia, que está en todos los lugares de la diócesis es ubicua, sería nula la acción de la diócesis. Aún con mil obispos aquí no se podría hacer nada.   

Aquí no había lugar para protagonismos, si queremos sintetizar diremos que hay una iglesia enfilada para que surja como autóctona, que se encarne en la cultura indígena. Esto pasa en todo el continente y no es privativo de nosotros.   

Durante la conquista se hizo una lamentable identificación entre cultura y contenido del evangelio, de manera que al indígena convertido no se le permitía profesar su fe sino a través del modelo de la cultura occidental; Más que ser cristianizados, los indígenas del continente fueron occidentalizados. La Iglesia olvidó incluso que no nació en Occidente, sino el Oriente.   

Actualmente se reconstruye todo esto. Y el pueblo indígena se levanta como sujeto de su historia y no como objeto de las decisiones de otros. Los convertidos al cristianismo están tratando de vivir la fe dentro de sus moldes culturales.”   

“Dada la configuración de la población, la formación que les proporcionamos a los futuros sacerdotes trata de muchas maneras de que los candidatos lleguen a alcanzar el conocimiento ordinario sobre pueblos, culturas y religiones, no solo referido al pasado, sino también a la época actual. Aprecien debidamente el patrimonio, las lenguas y las costumbres. Hemos querido que la formación espiritual esté estrechamente unida a la doctrina y pastoral, por ello parte de la formación se integra en las mismas parroquias, ya que consideramos muy necesario que esta formación general debe completarse en la región a la que son enviados. Los seminaristas están presentes y tienen responsabilidades en la vida de toda la Iglesia, esto además, porque estamos convencidos que su máximo vigor ha de provenir de su propia actividad pastoral, además participan en los programas de promoción integral y de evangelización con la finalidad de que conozcan ampliamente la historia, las estructuras sociales, las costumbres  de los pueblos, y se enteren bien del orden moral y de los preceptos religiosos, así como de la mentalidad íntima que dichos pueblos han ido formándose, de acuerdo a sus tradiciones sagradas, acerca de Dios, del mundo y del hombre. Esto tiene una mayor urgencia dado que lo seminaristas provienen en su mayoría de esos pueblos.”    

“Una extensa crónica, publicada en el boletín de la Junta Diocesana de Chiapas en 1960 describió con detalle la solemne ceremonia realizada con gran exactitud por los ceremonieros y len la que la Schola Cantorum del Seminario llamado de la Inmaculada entonó la misa “Brevis” y donde se leyó la Bula del Papa Juan XXlll,  nombraba obispo de Las Chiapas a Samuel Ruiz García, se le entregara el báculo de pastor, el anillo como símbolo de fidelidad, se pidió la asistencia del Espíritu Santo, entonando el “Veni Creator”, posteriormente la imposición de la Mitra episcopal y el tomar asiento en el trono reservado para quien ocupa este cargo en la Catedral de la ciudad  episcopal de San Cristóbal.”   

Pero mucho antes de llegar a esa catedral al joven Samuel Ruiz García se le festejó en un largo recorrido que hizo por tierra desde el caluroso Istmo de Tehuantepec hasta Los Altos de Chiapas en San Cristóbal.   

Arcos triunfales cargados de flores, vallas humanas, letreros e bienvenida, grupos que se unían al cortejo, lluvias de pétalos, muchachas ataviadas con trajes regionales, casas adornadas con los colores del Vaticano, marimba y él escoltado por “guardias suizos” enmarcando con sus alabardas, las banderas tanto la pontificia como la mexicana.   

En un segundo plano se mencionaba a los “inditos” que daban “colorido” al acto. Todo cambió al poco tiempo.      

La siembra de cuarenta años de titular de la Diócesis es de muchos, señala Samuel Ruiz García, al término de su episcopado en una de las diócesis más antiguas de este país y de América. “Hay tan solo 8 mil catequistas, Ellos son sembradores. Sin ellos no hubiera habido evangelización. Y este proceso catequístico empezó inmediatamente después del concilio. Sin su presencia, que está en todos los lugares de la diócesis es ubicua, sería nula la acción de la diócesis. Aún con mil obispos aquí no se podría hacer nada.   

Aquí no había lugar para protagonismos, si queremos sintetizar diremos que hay una iglesia enfilada para que surja como autóctona, que se encarne en la cultura indígena. Esto pasa en todo el continente y no es privativo de nosotros.   

Durante la conquista se hizo una lamentable identificación entre cultura y contenido del evangelio, de manera que al indígena convertido no se le permitía profesar su fe sino a través del modelo de la cultura occidental; Más que ser cristianizados, los indígenas del continente fueron occidentalizados. La Iglesia olvidó incluso que no nació en Occidente, sino el Oriente.   

Actualmente se reconstruye todo esto. Y el pueblo indígena se levanta como sujeto de su historia y no como objeto de las decisiones de otros. Los convertidos al cristianismo están tratando de vivir la fe dentro de sus moldes culturales.”     

“Una extensa crónica, publicada en el boletín de la Junta Diocesana de Chiapas en 1960 describió con detalle la solemne ceremonia realizada con gran exactitud por los ceremonieros y len la que la Schola Cantorum del Seminario llamado de la Inmaculada entonó la misa “Brevis” y donde se leyó la Bula del Papa Juan XXlll,  nombraba obispo de Las Chiapas a Samuel Ruiz García, se le entregara el báculo de pastor, el anillo como símbolo de fidelidad, se pidió la asistencia del Espíritu Santo, entonando el “Veni Creator”, posteriormente la imposición de la Mitra episcopal y el tomar asiento en el trono reservado para quien ocupa este cargo en la Catedral de la ciudad  episcopal de San Cristóbal.”    

Pero mucho antes de llegar a esa catedral al joven Samuel Ruiz García se le festejó en un largo recorrido que hizo por tierra desde el caluroso Istmo de Tehuantepec hasta Los Altos de Chiapas en San Cristóbal.   

Arcos triunfales cargados de flores, vallas humanas, letreros e bienvenida, grupos que se unían al cortejo, lluvias de pétalos, muchachas ataviadas con trajes regionales, casas adornadas con los colores del Vaticano, marimba y él escoltado por “guardias suizos” enmarcando con sus alabardas, las banderas tanto la pontificia como la mexicana.   

En un segundo plano se mencionaba a los “inditos” que daban “colorido” al acto. Todo cambió al poco tiempo.   

Levantan excomunión a 4 obispos…

Levantada la excomunión

de cuatro obispos

ordenados por monseñor

Lefebvre

Comunicado de la Oficina de Información de la Santa Sede

CIUDAD DEL VATICANO.

 sábado, 24 de enero de 2009

ZENIT

Publicamos el comunicado emitido este sábado por la Oficina de Información de la Santa Sede con el que se anuncia que Benedicto XVI ha acogido la petición de levantar la excomunión a los cuatro obispos ordenados en 1988 por el arzobispo Marcel Lefebvre.

 

 

 

El Santo Padre, después de un proceso de diálogo entre la Sede Apostólica y la Fraternidad Sacerdotal San Pío XI, representada por su superior general, monseñor Bernard Fellay, ha acogido la petición formulada nuevamente por este obispo, con una carta del 15 de diciembre de 2008, en nombre también de los otros tres obispos de la Fraternidad, monseñor Bernard Tissier de Mallerais, monseñor Richard Williamson y monseñor Alfonso de Galarreta, de levantar la excomunión en la que habían incurrido hace veinte años.

 

A causa de las consagraciones episcopales del 30 de junio de 1988 realizada s por el arzobispo Marcel Lefebvre, sin mandato pontificio, los cuatro obispos mencionados habían incurrido en la excomunión latae sententiae, declarada formalmente por la Congregación para los Obispos el 1 de julio de 1988.

 

Monseñor Bernard Fellay, en la mencionada misiva, manifestaba claramente al Santo Padre que “estamos siempre fervorosamente determinados en la voluntad de ser y permanecer católicos y de poner todas nuestras fuerzas al servicio del Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, que es la Iglesia católica romana. Nosotros aceptamos todas sus enseñanzas con ánimo filial. Creemos firmemente en el primado de Pedro y en sus prerrogativas y por ello nos hace sufrir tanto la actual situación”.

 

Su Santidad Benedicto XVI, que ha seguido desde el inicio este proceso, ha tratado siempre de buscar la manera de recomponer la fractura con la Fraternidad, incluso recibiendo personalmente a monseñor Bernard Fellay, el 29 de agosto de 2005. En aquella ocasión, el Sumo Pontífice manifestó la voluntad de proceder gradualmente y en tiempos razonables en este camino y ahora, benignamente, con solicitud pastoral y misericordia paternal, mediante un decreto de la Congregación para los obispos del 21 de enero de este año levanta la excomunión que pesaba sobre los mencionados prelados.

 

El Santo Padre se ha inspirado en esta decisión por el deseo de que se alcance lo más pronto posible la completa reconciliación y la plena comunión.

 

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina]

Conservar los códices…

La tinta negra y roja 

Miguel León-Portilla  La Jornada   

En librerías comienza a circular el libro más reciente del historiador Miguel León-Portilla, La tinta negra y roja: antología de poesía náhuatl, coeditado por Era-El Colegio Nacional-Círculo de Lectores, que incluye ilustraciones del pintor y escultor Vicente Rojo. Con autorización de los editores, La Jornada ofrece a sus lectores como adelanto de esta novedad bibliográfica, un fragmento de la introducción 

Como en los códices o libros de los antiguos mexicanos, con sus pinturas y escritura jeroglífica, también en éste conviven poemas de aquellos antiguos dueños de la palabra, con las policromías de un moderno pintor, maestro de la tinta negra y roja. 

Los dueños de la palabra fueron hombres y mujeres de lengua náhuatl o mexicana. Entre ellos estuvieron hace muchos siglos quienes edificaron Teotihuacan, la Ciudad de los Dioses, y más tarde Tula, metrópoli de los toltecas. También la hablaron los aztecas o mexicas en la urbe de Tenochtitlan, señora de la región de los lagos en el gran Valle de México. Y la tuvieron asimismo como materna otros muchos en distintos lugares de lo que hoy se conoce como Mesoamérica. Abarca ella el centro y sur de México, así como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y regiones cercanas de Costa Rica. 

El náhuatl no es una lengua muerta. Hoy se escucha en no pocos lugares en tierras mexicanas y aun fuera de ellas. Son cerca de dos millones de personas quienes la mantienen viva y, entre ellas algunas la cultivan para crear la que se conoce como Yancuic tlahtolli, la “Nueva palabra”. 

Consta, además, gracias a la arqueología, los códices indígenas y otros manuscritos sobrevivientes, que en náhuatl se escribieron textos con una rica temática: composiciones poéticas con connotaciones religiosas, líricas, guerreras, y aun eróticas. Se conservan también relatos legendarios acerca de los orígenes divinos, cósmicos y humanos. Y los hay asimismo de contenido histórico o didáctico, no pocos de ellos portadores de lo que fue la arraigada sabiduría de los pueblos nahuas. 

Pero antes de esclarecer cómo dichas expresiones han llegado hasta nosotros, interesa comentar por qué buen número de esas composiciones en náhuatl con su traducción al castellano se presentan bajo el título de La tinta negra y roja. 

Son estas palabras traducción de tlilli, tlapalli, cuyo significado esclarece un antiguo texto. Es éste una exhortación a un joven estudiante (Códice florentino. VI, f. 180 r.-v.): 

Xicmocuitlahui in tlilli, in 

tlapalli,  

in amoxtli, in tlahcuilolli, 

intloc, innahuac ximocalaqui 

in yolizmatqui, in tlamatini. 

Cuida de la tinta negra y roja, 

los libros, las pinturas, 

colócate junto y al lado, 

del que es prudente, del que 

es sabio. 

La tinta negra y roja es expresión del género de los difrasismos o vocablos pareados, muy abundantes en náhuatl, que metafóricamente connotan determinadas ideas y objetos. En este caso el señalamiento se dirige a los libros –los códice indígenas con pinturas y signos glíficos– y también a las pinturas mismas que cubrían muros en los templos, palacios y escuelas. La exhortación aclara en seguida que, para comprender lo que aporta la tinta negra y roja, es menester colocarse al lado de quien es prudente y sabio, para escuchar sus palabras. Éstas, vinculadas o no al contenido de los manuscritos, eran los medios de transmisión. Los libros se hacían con papel de amate, un árbol del género de los ficus, y también en pieles de venado al modo de pergaminos. En ellos se consignaba lo que los tlahcuilos, a la vez pintores y escribanos, habían registrado. Éstos comunicaban así lo declarado por los tlamatinime, “sabios”, los teopixque, “sacerdotes” y los tlahtoque, “gobernantes”. 

¿CÓMO LO TRASMITIDO POR LA PALABRA Y LA TINTA NEGRA Y ROJA HA LLEGADO HASTA NOSOTROS, CONSUMADA LA CONQUISTA ESPAÑOLA? 

En los tiempos prehispánicos, tanto en el hogar como en los templos y las escuelas se comunicaba la antigua palabra portadora de sabiduría. El Códice florentino refiere cómo ocurría su transmisión. En el hogar eran los padres los que expresaban los consejos tocantes al transcurrir de la vida, cuando el niño o la niña llegaban a la edad de discreción e ingresaban a la escuela y, más tarde, cuando iban a contraer matrimonio, y al conocerse que ellos, a su vez, iban a tener un hijo. De forma institucionalizada también se comunicaba el antiguo legado en las telpochcalli, “casas de jóvenes”, en las cuicacalli “casas de canto”, y también en las llamadas calmécac, “hileras de casas”, las de nivel más elevado, centros de enseñanza religiosa, jurídica, literaria, histórica y astrológica. 

Al referirse a los calmécac el Códice florentino (III, f. 39 v.) describe lo que allí se estudiaba: 

Huel nemachtiloya in cuicatl,  

in quilhuia teocuicatl, 

amoxohtoca 

ihuan huel machtiloya in 

tonalpohuilli, 

in temicamatl ihuan in  

xiuhamatl. 

Bien se les enseñaban los 

cantos, 

los que se dicen cantos 

divinos, 

seguían así el camino del 

libro 

y también les enseñaban la 

cuenta de los días, 

el libro de los sueños y el 

libro de los años. 

Al ocurrir la Conquista española muchos sacerdotes y sabios nahuas perecieron y no pocos de los antiguos amoxtli, “códices” o “libros”, fueron reducidos a cenizas. Se dijo que eran portadores de creencias idolátricas. La antigua cultura corrió entonces peligro de desaparecer. Tan sólo algunos frailes y cierto número de indígenas, con motivaciones a veces distintas, se ocuparon en salvar del olvido cuanto les pareció que importaba de conservar. 

Un gran obispo emérito: Samuel Ruiz G

 

El Obispo emérito don Samuel Ruiz García 

¿Qué debe ser un obispo emérito?

José Félix Zavala

“Mi condición de Obispo Emérito me apremia a sentirme como tal y para la Iglesia, me impulsa a estar ante la solicitud de los cristianos de todas las iglesias, me exige compartir mi fe y ser alimentado por las comunidades y por el proceso histórico del que somos parte.” Dice Samuel Ruiz García, cuando habla de “Esta hora de gracia”.

Añade: “Como obispo emérito hablo en otra dimensión, la causa de la paz, que no es solo asunto nacional, sino global y recuerda la urgencia de un cambio en el sistema político y económico dominante”

“Percibo con otros muchos pastores las señales de una nueva etapa de la humanidad y me urge sumarme a su clamor en estos signos de los tiempos y de este paso del Señor sobre el nuevo pueblo de Dios”.

“No puedo dejar de señalar que trae consigo el sistema neoliberal dominante. La globalización se enseñorea de la economía y de la política, que sin ética agudiza la desigualdad y profundiza la injusticia, trayendo para los pueblos frustración, exclusión y muerte para la mayoría de los pueblos”.

Este 26 de octubre al cumplirse 100 años del natalicio de don Sergio Méndez Arceo, séptimo obispo de Cuernavaca, el actual prelado don Florencio Olvera Ochoa, ofrecerá una misa en su recuerdo.

Entre los muchos recuerdos que se tienen de estos dos grandes mexicanos, hombres de su tiempo y obispos de la Iglesia Católica, está; El uso que hicieron de sus respectivas catedrales: Una verdadera Cátedra.

 

La Catedral de Cuernavaca siempre a reventar los domingos por la mañana, de fieles, de seguidores, de fan, la prensa, para escuchar la voz libre de un obispo que marcaba rumbo, era  don Sergio Méndez Arceo.

Por otro lado cientos de indígenas reunidos en la Catedral, después llamada de “La Paz” en San Cristóbal de Las Casas, son los mesoamericanos que humillados por siglos retomaban su lugar para escuchar al Pastor que si los conocía y los congregaba, don Samuel Ruiz García. Ya no eran los ladinos, los propietarios de ese espacio.

“No llegué para ser dueño de la diócesis, tengo un límite de edad, de salud, de vida. Me voy para no estorbar, la mía es una desición personal”, lo dijo en su momento, a la hora del retiro,  J a Tatic Samuel.

Mientras don Samuel Ruiz García, ordenado sacerdote, el 2 de abril de 1949 en la ciudad de Roma,  este próximo 3 de noviembre cumplirá 83 años de edad y 47 de obispo y 57 de presbítero, declaró a su salida como titular del obispado de San Cristóbal de Las Casas: “Yo no implanté nada, fue el proceso el que me generó a mi. Yo soy el resultado de una situación y conmigo y sin mi esta diócesis seguirá su camino”

Palabras que contrastan con el gran ceremonial que en 1960 se llevara acabo en ocasión de la toma de posesión del entonces obispado de Las Chiapas, por Bula pontificia del Papa Juan XXlll, ante obispos y la sociedad cristobalense, “los coletos”, de Don Samuel Ruiz García. “Yo no evangelicé a los indígenas, ellos me evangelizaron a mi”. Dijo al término de 40 años de obispo de esa iglesia local, donde advirtió  “todo lo que aquí suceda, repercutirá a nivel nacional”.

En esa Catedral construida en el siglo XVl convergen todos los caminos de la Diócesis de San Cristóbal. Aquí tomo posesión como obispo Bartolomé de Las Casas, que soñó con liberar a los indígenas, en 1821 se proclamó y se formó la independencia de Chiapas, el 25 de enero de 1960 tomó posesión como obispo de Chiapas Samuel Ruiz García, en 1994 se dio el diálogo entre el gobierno y los Zapatistas y el sínodo diocesano..

Samuel Ruiz crea la diócesis dialogante, ya que es el interlocutor de 13 gobernadores y en 1974, 14 años después de su llegada, ya creada la diócesis de Tuxtla Gutiérrez y la de Tapachula, con el Congreso Indígena empiezan las acciones con los creyentes, ya había creado la infraestructura territorial.

Samuel Ruiz García advierte del deterioro de los derechos humanos, acrecentamiento de las migraciones, alejamiento de la disminución de la pobreza, acrecentamiento de la dependencia de los países pobres respecto de la de los poderosos.

“El neoliberalismo se contradice y se adivina una contaminación ambiental a favor del consumismo, la disminución de empleos, la concentración del poder económico, causando desequilibrio y  una oposición masiva, el adelanto de la tecnología en forma dehumanizada, aumentando el rechazo general”.

El 28 de octubre próximo se cumplen 100 años del nacimiento de don Sergio Méndez Arceo, quien fuera obispo emérito “en activo”. Entre reclamos de “queremos más obispos al lado de los pobres”, que brotaban de miles de gargantas plurales, su cadáver fue sepultado en la catedral de Cuernavaca el 6 de febrero de 1992.

Como hombre visionario y carismático,  ya como obispo emérito después de su renuncia a la diócesis de Cuernavaca –que le fue admitida sin tardanza– continuó su labor pastoral, dedicando su vida a la promoción y a la práctica de la solidaridad a través del Secretariado Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina, que hoy honoríficamente preside monseñor Samuel Ruiz, y de la Red de Comités de Solidaridad Óscar Arnulfo Romero, de los que durante una década fue presidente.

A finales de los años 80 ya había más de 40 comités de solidaridad en 15 países de América, Europa y Asia. En México acompañó además varios procesos solidarios, iniciados por grupos eclesiales y civiles.

“Un mexicano con conciencia histórica de su país; un latinoamericano de mente y corazón; un hombre liberado en su edad madura por su conversión a la fe cristiana, y escrupulosamente respetuoso de la conciencia y la libertad de los demás; un compañero desde el Evangelio con las luchas por la liberación de los pueblos; un eclesiástico fiel a la reforma del Concilio Ecuménico Vaticano II” Dice el domiico Miguel Concha, abanderado de los derechos humanos.

Con ocasión del centenario del natalicio del obispo Sergio Méndez Arceo, es fecha propicia para recuperar oportunamente la memoria de su vida y pensamiento,  para poder aquilatar así con mejor perspectiva la trascendencia de su personalidad. Dijeron en el Club de periodistas, los organizadores de la conmemoración.

Por este motivo, varias organizaciones sociales y eclesiales de defensa y promoción de los derechos humanos y de educación para la paz, convocaron hace un año a la celebración de un jubileo, junto con la Fundación Méndez Arceo y la Red de Grupos y Comités de Solidaridad Internacional Óscar Arnulfo Romero.

“Un obispo corresponsable de toda su Iglesia; un cristiano universal; un padre de la Iglesia latinoamericana; un hombre auténtico que siempre se midió con la altura de su vocación en Cristo el “patriarca de la solidaridad liberadora”, como resumió el día de sus exequias el obispo de Sao Félix de Araguaia, Brasil, don Pedro Casaldáliga.

En otro orden, aludiendo al anillo que el papa Pablo VI entregó a los obispos al final del Concilio Vaticano ll, como símbolo de sus desposorios espirituales con cada una de las iglesias locales, el actual obispo de Saltillo, don Raúl Vera, recordó  que don Sergio Méndez Arceo, para explicar con honestidad su libertad de palabra al interior y al exterior de su Iglesia –donde no faltan los arribistas, que a costa de sus responsabilidades, quieren ser arzobispos, cardenales y hasta papas–, solía repetir que él, como ordena uno de los 10 mandamientos, “no deseaba la mujer de su prójimo”.

De hecho sólo fue durante 30 años, y eso en medio de incomprensiones y conflictos, el séptimo obispo de Cuernavaca. Ello le bastó para dejar un recuerdo imborrable entre creyentes y no creyentes, cristianos de otras iglesias y religiosos de otras confesiones, a quienes siempre convocó para construir otra historia, en beneficio de los excluidos.

En San Cristóbal se dejaba por parte de Samuel Ruiz García, 31 sacerdotes, 24 religiosos, 173 religiosas, 102 diáconos, 8 mil catequistas y el inicio de una iglesia autóctona.

50 Años como Obispo; Gran Jubileo

MONSEÑOR

 

SAMUEL RUIZ GARCIA

50 AÑOS ILUMINANDO EL CAMINO                                                                                                                                         © SICSAL                                                                                 

JUBILEO

EPISCOPAL

1960 - 25 de enero - 2010 Celebra con nosotros el inicio de este

“Año Jubilar 2009 – 2010”  

El 25 de enero de 2009

             

 Bendición del terreno en donde se construirá el Centro

                  Comunitario “El Caminante” – Finca

Esquipulas,  10:00 am 

                  Celebración Eucarística – Catedral de la Paz,    12:00 pm

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 

Para informarte sobre las actividades de este “Año Jubilar 2009-2010” en otras ciudades de México, llama al SICSAL, al  Tel: (55) 55 23 95 82

50 años de Pastor y Maestro…

 

50 años de Pastor y Maestro

Samuel, Tu pasces populorum meum… 

Antes que todas las cosas es necesario saber, que para ser un buen prelado y pastor, conviene tener buenos pastos para apacentar, saber bien el camino para guiar, conocer muy bien a los lobos para  resguardar a las ovejas, tener muy buenas fuerzas para defenderlas y  estar muy atento para  cuando ha  de venir el lobo.

 

Todo esto se ha cumplido a cabalidad en nuestro Obispo Samuel

 

“En San Cristóbal de las Casas, no existe aún una Iglesia autóctona como lo desea El Concilio y como lo deseamos también nosotros. …Desde Fray Bartolomé de Las Casas nuestra Iglesia ha querido ser solidaria con el pueblo humilde, con la gente pobre”

 

Lucía Martínez de Félix

María Natividad Félix Martínez

Lucía Félix Martínez

José Félix Zavala

25 de enero del 2009

www.eloficiodehistoriar.com.mx