Da comienzo el jubileo de Don Samuel R

 

En recuerdo del inicio del jubileo por los cincuenta años del obispo Samuel Ruiz García.

” Nos hemos esforzado siempre

para acompañarlos

con nuestro servicio

episcopal y pastoral diocesano

con fidelidad al evangelio

con fidelidad a la tradición y al magisterio

con fidelidada los datos de la fe”

Obispo Samuel Ruiz García

     Dios está aquí.

Los pantalones de “campana”…

Retrato de Martin Amis

con pantalones de campana 

Una muestra presenta al escritor y a la élite intelectual del Londres de los setenta  

PATRICIA TUBELLA     

El personaje de 30 años que mira a la cámara con la pose del que se sabe interesante estaba considerado en la época una suerte de Mick Jagger de las letras inglesas, tan talentoso como atractivo, seductor y asiduo de la vida social. Martin Amis ya era un autor emergente -tras su estreno con El libro de Raquel- cuando su novia de entonces, Angela Gorgas, tomaba el retrato en el París de 1979. La imagen forma parte de la colección privada de la fotógrafa y pintora, que se exhibe en la National Portrait Gallery londinense bajo el título Martin Amis y amigos y que coincide con la condición de sexagenario que el escritor adquirirá este año.   

Una veintena de fotos íntimas, todas en blanco y negro, de instantáneas familiares y del círculo de amigos que integraban la joven élite intelectual en el Londres de finales de los setenta. Gorgas conoció a Amis en una fiesta, inicio de una relación a caballo entre la capital británica y París. Llegaron a prometerse, pero sus caminos acabaron bifurcándose cuatro años más tarde. Al inicio de la convivencia, él compaginaba su vocación con la crítica literaria en la revista New Statesment, donde compadreó con el autor y comentarista político Christopher Hitchens y con el poeta James Fenton. 

La cámara retrata al trío frente al Sacré-Coeur, un invierno de 1980, cuando Amis ya había abandonado la publicación para volcarse en su cuarta novela, Otra gente, que sucedería a Niños muertos y Éxito. El joven con gafas redondas y flequillo que aparece en un café parisino el mismo día es Ian McEwan, el hoy respetado autor de Ámsterdam y Amor perdurable, con quien compartiera redacción en el New Statesment. 

Un partido de críquet organizado por la plantilla de la revista en un parque londinense permitió capturar una cálida pose de Kingley Amis, padre de Martin, abrazando a Pat Kavanagh, que con el tiempo se convertiría en decana de los agentes literarios hasta su reciente muerte. Años más tarde, el autor de Dinero, Campos de Londres y La información la plantaba en pro de un rival. Desde entonces, el también escritor Julian Barnes, marido de Kavanagh, no ha vuelto a dirigirle la palabra. 

El patriarca Kingsley -novelista, poeta, crítico- no acompaña a su hijo en ninguna instantánea, aunque el joven Martin sí aparece junto a su madre, Hilary Bardwell, en la casa de Ronda donde todavía reside. 

Aristócratas, artistas, académicos, escritores… Este álbum familiar se erige en el retrato de una juventud creativa y privilegiada, ajeno a la imagen del país en aquellos años de tensiones sociales. “Me asombra que cualquiera de nosotros consiguiera escribir una palabra sensata, teniendo en cuenta que éramos tan estúpidos como para llevar pantalones acampanados”, ha bromeado Amis sobre una época que rememorará en The pregnant widow, que se publicará en otoño. El ascenso de su estrella fue meteórico, como ya insinúan las fotografías: “Tenía una firme opinión sobre sí mismo”, sentencia Gorgas. 

Escibir sin hacer conseciones…

Un pensador sirve para clamar en el desierto: Jaime Labastida  

Premios nacionales 2008 

Arturo García Hernández  

 

La Jornada  

El poeta recibirá el galardón en la rama de Ciencias Sociales y Filosofía 

El diálogo con los clásicos debe ser constante, pues de ninguna manera arrojo el niño con el agua sucia, expresa a La Jornada 

“Publicar textos es como lanzar una botella a un mar ignoto” 

Jaime Labastida es poeta, pero ha ganado el Premio Nacional 2008 en la rama de Ciencias Sociales y Filosofía. Lo recibirá con “enorme satisfacción y orgullo”, aunque dice: “Yo hubiera esperado que se me otorgara por mi labor literaria, no por mi trabajo filosófico”. 

Tiempo atrás fue postulado en el área de Lingüística y Literatura: “No me lo concedieron en aquella ocasión porque eran otras condiciones, de las que ahora no quiero hablar”. 

–¿Se asume más como poeta que como filósofo? 

–Empecé mi carrera como poeta, publicando poesía. Sin embargo me tracé una norma: no presionarme para escribir, no depender jamás de la venta ni de poemas sueltos ni de libros ni de cosas por el estilo, que es siempre aleatorio. 

“Quise entonces vivir de otra cosa y me dediqué profesionalmente a la filosofía. Nunca he solicitado una beca de los sistemas nacionales de Creadores ni del de Investigadores, ni alguna otra, porque las becas tienen un plazo relativamente corto y las necesidades son constantes.” 

Escribir sin hacer concesiones 

Originario de Los Mochis, Sinaloa, Jaime Labastida (1939) formó parte del grupo de poetas La Espiga Amotinada; es miembro de la Asociación Filosófica de México, fue subdirector general de Educación e Investigación Artística del Instituto Nacional de Bellas Artes (1973-1990) y director de Siglo XXI Editores. 

Es egresado y doctorado en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, y su bibliografía incluye varios títulos. Como poeta obtuvo en 1996 el Premio Xavier Villaurrutia con Animal de silencios, y el Nacional de Periodismo por artículo de fondo en 1994. 

–¿Cuáles son las líneas conductoras de su pensamiento filosófico? 

–Hubo un tiempo en que pensé, de manera un tanto ilusoria, que el proceso acumulativo, el de la evolución, había logrado formas de pensamiento definitivas; hoy me doy cuenta de que no es así, que los procesos son infinitos, que hay algo que se adquiere, se sedimenta y permanece, pero hay algo que se pierde. En alguna época pensé que en el Marx riguroso, científico, conceptual, estaban las respuestas fundamentales. Después de la caída del Muro de Berlín y la crisis del mundo socialista, advertí que no era suficiente. De ninguna manera arrojo el niño con el agua sucia, y recobro mucho del pensamiento de Marx, pero pienso que sin Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Spinoza, Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, Marx no sería nada. Hay que releer, el diálogo con los clásicos debe ser constante. Estoy dedicado a eso, los leo y releo y en cada ocasión les encuentro aspectos novedosos. 

–¿En estos tiempos con quién dialoga, para quién piensa un filósofo? 

–Igual que a otros autores, a un filósofo le sucede algo muy semejante a lo que le ocurre al mercado capitalista: no se sabe para quién se produce. Uno tiene que imaginarse un lector ideal, pero piensa, por ejemplo, en los jaraneros de Veracruz, que en una fiesta te ven y saben a quién se dirigen y si ven a alguien calvo o rubio o moreno, adaptan sus décimas. Su público es directo. 

“Pero los poetas, los filósofos, incluso los periodistas, publican sus artículos o sus libros como lanzar una botella a un mar ignoto. ¿Quién los leerá? No sabemos. Uno se inventa un lector ideal y dice: ¿qué quiero? ¿quiero que me lean ahora? O dice: quiero escribir para un lector de escaso desarrollo cultural y voy a ser complaciente con él. O, aunque suene muy pedante, dices: quiero escribir para el futuro, para un lector ideal. En mi caso, no hago concesiones.” 

–A lo largo de la historia, uno de los interlocutores del filósofo es el poder político. ¿Cuál es su relación con ese poder? 

–He sido desde siempre, me parece, independiente, aunque algunos crean que no; totalmente independiente, nunca he pertenecido a un partido. 

–¿Ni al PRI? 

–No, jamás, menos al PRI, ni al PAN ni al PRD, a ninguno. Hubo una época en que pude haber ingresado al Partido Comunista, pero fue cuando los amigos con los que yo tenía contacto, que eran José Revueltas y Eduardo Lizalde, salieron del PC, y ya no entré. Con ellos formamos un círculo de estudios, la Liga Espartaco, único grupo al que he pertenecido. Soy bastante solitario y, por consecuencia, independiente. 

“Alguna vez, cuando dirigía la revista Plural, alguien me preguntó por qué ésta no tenía en los círculos de poder, la influencia de las revistas Vuelta o Nexos. Respondí, y sostengo, que eran sus directores, Octavio Paz y Héctor Aguilar Camín, respectivamente, los que tenían un peso específico ahí, y alrededor de ellos, su grupo. Pero yo nunca había ido ni iré a Los Pinos; no me interesaba ese vínculo ni esa influencia.” 

Galardón de la República 

–Sin embargo, ahora tendrá que ir a Los Pinos a recibir su premio. 

–Bueno, he ido a Los Pinos en otras ocasiones. Por ejemplo, cuando se entregó la medalla Alfonso Reyes a Arnaldo Orfila, quien me pidió que lo representara y hablara en su nombre, o cuando les han entregado el Premio Nacional a algunos amigos que me han invitado. Pero eso es otra cosa. 

“Además, considero que es la República la que premia al autor; es el Estado, no el gobierno. Por consecuencia me parece legítimo y no me arrepiento de hacerlo.” 

A propósito de Los Pinos, Labastida aprovecha para recordar que en 2000 la gente, entre la que había de izquierda, “dio su voto útil a Fox cuando vio que Cuauhtémoc Cárdenas perdería la elección. Lo que le importaba era sacar al PRI de Los Pinos, sin darse cuenta de a quien metía. 

“Hoy la gente dice que era un loco, pero lo advertí en aquel momento, durante el primer mes de la administración Fox publiqué un artículo en el que decía algo como esto: la única razón por la que Fox no hacía ni decía más estupideces era porque no se levantaba más temprano, necesitaba ampliación de horario. Me dijeron, eso es muy duro, hay que darle el beneficio de la duda. Dije que para mí no había duda, que si ese comportamiento le había dado resultado, ¿por qué iba a cambiar? Entonces dejé de escribir en los periódicos.” 

–¿Lo censuraron o amenazaron? 

–No, jamás. Simplemente fue que un amigo muy cercano me dijo que no debería hacer eso, que respiraba por la herida porque mi hermano Francisco fue el que perdió la presidencia. No era eso, pero dejé de escribir y me dediqué a hacer ensayos de mayor envergadura. 

–Existen posibilidades de que el escritor Jorge López Páez (ganador en Lingüística y Literatura) o usted sean designados para responder la recepción a nombre de los premiados. ¿Qué diría si fuera usted el designado? 

–Nadie me lo ha propuesto; si me lo propusieran tendría que pensar lo que diría, y primero decir si acepto hablar en nombre de los demás. Segundo, tendría que que pensar con mucha tranquilidad qué decir. Bueno, ni siquiera me han dicho oficial o personalmente que obtuve el premio, me enteré por los periódicos. 

–¿Esto no es sintomático de la indiferencia o falta de interés de los gobiernos panistas por la cultura? 

–Creo que es algo un poquito más sencillo de explicar. Hubo un desfase durante la administración Fox, cuando en vez de entregar el premio en noviembre o diciembre, como se hacía, se entregó en enero o febrero. Como se dice, en México lo único definitivo es lo provisional. Y así se quedó. 

–Por último, con lo que tiene de provocador o de absurdo, acepte esta pregunta: ¿para qué sirve un pensador en estos tiempos? 

–Para lo mismo que ha servido todo el tiempo: para clamar en el desierto, para decir las cosas que nos incomodan. Sócrates decía que era como un tábano que muerde el anca de los animales y provoca, para decir cosas que la gente no espera oír. Muchas veces lo que uno dice no tiene eco suficiente, pero hay que decirlo. 

Túneles de obsidiana…

Túneles de cristal en el Pico de Orizaba

Minas de obsidiana en el volcán.

Foto: OEM

Organización Editorial Mexicana

Emilio González Gómez

El Sol de Orizaba

“Estábamos rodeados de espejos negros, eran prismas de donde la luz de las velas se reflejaban con débiles destellos”, relata el historiador orizabeño Rubén Morante López.

A cada paso se escuchaba en eco de tonos metálicos que se perdían en la profundidad. El frío y la humedad calaban hasta los huesos. Recordé entonces un pasaje del Popol Vuh que habla de la casa de la oscuridad, de la quinta morada, aquella que los quichés llamaban Chayim, la Casa de las Navajas, “donde en todas partes había puntas de obsidiana de muy agudos filos, que estaban haciendo ruido refregándose unas contra otras”. Así era aquel sitio de cortantes y afilados cristales que callaban o rechinaban conforma avanzábamos: “Allí se les acabó el tabaco que fumaban y el ocote con que se alumbraban Hun Hunapú y Vucub Hunapú”, los hermanos que habrían de ser derrotados por los señores del inframundo, según el mito que aparece en el ancestral libro de los maya quiché.

TÚNELES DE OBSIDIANA EN EL VOLCÁN

Los túneles de una mina de obsidiana están fielmente descritos en esta narración indígena, la cual nos cuenta que para alumbrarse en el interior se empleaban antorchas de ocote, de Chab, como llamaban los mayas a esta resina que se obtiene del pino. Pude entonces imaginar las duras condiciones de trabajo de quienes se encargaban de desprender los bloques de obsidiana del interior de las minas, empleando para ello hachuelas de piedra y palancas de madera. Penetrar en un túnel de obsidiana requiere de esfuerzo y precaución considerables.

MINAS GRANDES Y PEQUEÑAS EN EL PICO

He recorrido cerca de una docena de ellos en las minas del Pico de Orizaba. Algunos son bastante cortos, otros, en cambio tienen más de 70 metros de profundidad. En unos se puede avanzar de pie, pero casi todos los demás son bajos, tanto, que en ciertos puntos hay que avanzar a gatas y sólo en tramos cortos se puede uno incorporar. Tales condiciones, cuando las piedras que cubren el piso, las paredes y el techo son afiladas y agudos los cristales, hacen que, a pesar de todo el cuidado que tengamos, muchas veces advirtamos, al salir a la luz del día, que tenemos las manos cortadas, la cabeza sangrando o la ropa rasgada. En ocasiones ni una gruesa indumentaria nos salva de cortadas en la piel.

HOMBRES RECIOS TRABAJAN EN LAS MINAS

En la época prehispánica, cuando la vestimenta apenas tapaba el cuerpo, dejando al descubierto piernas y brazos, cuando no existían los cascos, trabajar en estas minas debió de ser labor de hombres recios, de piel curtida como el cuero, de músculos fuertes como el hierro y de una resistencia poco usual hoy en día. A los peligrosos de cortadas y desprendimientos, debemos agregar el enorme frío y la altitud, de más de 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar que enrarece el aire y hace que la fatiga aparezca rápidamente. A pesar de que sin duda estaban aclimatados y de la posibilidad del uso de protecciones que hoy desconocemos, hablamos de un sitio tan poco habitable que ningún pueblo del México actual se ha fundado a estas alturas.

EXPLOTAN OBSIDIANA CON TÉCNICAS AVANZADAS

Los estudios de la obsidiana mesoamericana son numerosos y hoy se emplean técnicas avanzadas, tales como la activación neutrónica (mediante la cual se hace radiactiva una muestra del material), que permite determinar los elementos presentes, y el análisis por fluorescencia de rayos X, mediante el cual se puede diferencia la procedencia de la obsidiana hallada en un sitio arqueológico y con ellos inferir posibles contactos políticos o comerciales entre dos regiones. Gracias a esto sabemos que la obsidiana del Pico de Orizaba se usó al menos desde hace 5 mil años en la zona de Tehuacan; sabemos que en el periodo Clásico llegó hasta Guatemala y que en el Posclásico surtió algunos talleres mexicas pueblo que tuvo especial interés en conquistar la región (cuya cabecera estaba en Cuauhtochco), una vez que Moctecuhzoma Ilhuicamina la sometió a mediados del siglo XV, y obtuvo el control de las minas.

Durante 4 mil años explotaron los yacimientos

Pero las áreas que aprovecharon la materia prima de estos yacimientos durante más de 4 mil años fueron la costa del Golfo y la zona de Cozcatlán y Thuacán. Se instalaron puntos de control en los sitios de Calcahualco y Coscomatepec, Veracruz, así como en La Mesa y Cantona en Puebla, todos ellos rutas de paso de la preciada piedra. Más allá, en las ricas zonas agrícolas de las llanuras del Jamapa, en el Papaloapan (cuenca alta y baja) y en el río Blanco, las poblaciones montaron estratégicos talleres para fabricar todo tipo de productos de obsidiana, tanto utilitarios como rituales y artesanales. La piedra del rayo, como se le conoce hasta la actualidad en distintas zonas de Mesoamérica también se empleó con fines medicinales. Sahagún rescata uno de estos remedios que dice que las cataratas de los ojos de curaban aplicando polvo de obsidiana. Un método drástico y peligroso, de cuya efectividad para ciertos casos no dudamos, pero que en otros nos hace sospechar que debió provocar ceguera permanente.

MINAS ABANDONADAS EN EL PICO DE ORIZABA

Las minas del Pico de Orizaba tuvieron gran importancia precisamente porque sus materiales son muy adecuados para la elaboración de navajas, ya que la obsidiana extraída de ellas no presenta inclusiones de otros materiales. Sus tonos van del gris muy claro al casi negro y en ocasiones la piedra muestra coloraciones rojizas, dado el alto porcentaje de hierro que contiene. Algunos arqueólogos afirman que por el movimiento de la aguja magnética de una brújula cuando se aproxima a una pieza de obsidiana se puede saber que el material proviene de las minas del Pico de Orizaba. Dentro de las minas este experimento hace que el instrumento pierda toda orientación: la aguja se puede desviar más de 45 grados con respecto al norte verdadero. Sin duda se trata de una obsidiana llena de magnetismo. Sin embargo, ello no es determinante, ya que el fierro también aparece, aunque en menor cantidad, en la obsidiana de otras fuentes.

INDÍGENA CAVÓ EN LA PARED DEL CANTIL PARA EXTRAER LA OBSIDIANA

Para llegar a las vetas más puras, el indígena prehispánico necesitó cavar unos cuatro metros en la pared del cantil. A partir de este punto, los túneles se hacían siguiendo el yacimiento. En ciertos sitios hay bifurcaciones y por lo general siguen una dirección descendente. Para salvar los desniveles se usaron escaleras de madera, de las cuales todavía podemos ver algunas en su sitio original. El sistema de dirigir hacia abajo los tiros me hace pensar que, más que a factores determinados por el yacimiento mismo, se debió a un aspecto práctico que buscaba que el humo de las antorchas se desalojara más rápidamente, usando los tiros a manera de chimeneas. En la boca de cada mina hay un tiradero de lascas que cubren buena parte de la inclinada pendiente.

CUEVAS EN EL VOLCÁN PICO DE ORIZABA

Al salir de un túnel, siempre aparece ante nosotros la imponente imagen del volcán, cuya blancura contrasta con el interior de esas cuevas. Más allá está el majestuoso paisaje de las barrancas y los desfiladeros que conducen las aguas del Jamapa hacia la región de Coscomatepec, bella ciudad del estado de Veracruz donde, en su parque central se ha levantado un monumento a la obsidiana hecho con lascas traídas de estas minas que continuamente son saqueadas por los visitantes. Mucho se ha hablado de la artesanía de obsidiana y aquí sólo cabe agregar que el valor de la piedra en sí es casi nulo. El precio de las piezas se debe al enorme trabajo que representa tallar y pulir este material duro y frágil, factores que persisten a pesar de que hoy se usan diversos tipos de máquinas eléctricas, que van desde los tornos hasta la cámara de samblasteo. En San Juan y en San Martín Teotihuacan se producen para el turismo obras dignas de una galería de arte.

Cerca de la boca de las minas del Pico de Orizaba podemos ver los muros de las habitaciones prehispánicas que ocuparon los mineros.

Algunos recintos son rectangulares, de unos 3 x 5 m hechos con piedras encimadas, careadas y alineadas que ensamblan a la perfección unas con otras, a pesar de que no se emplearon aglutinantes. Quizá estos cuartos eran ocupados por los supervisores.

Otras habitaciones, de menor calidad, probablemente alojaban al minero común; sus paredes son muy rudimentarias, al grado de que algunas, auténticos refugios, se hicieron bajo una roca o en la misma boca de la mina. Es fácil imaginar cómo vivían los hombres que trabajaban en este sitio al observar los restos de sus obras. En esa zona no es posible obtener alimentos, como no sean producto de la escasa cacería, o sea, que debieron proveerse desde los valles aledaños. El agua, en cambio, es abundante en cualquier época del año, pues corren varios arroyos de voces musicales que con sus aguas cristalinas cavan cauces entre las montañas. Hoy todo ello nos parece un tanto poético, pero no creemos que así lo vieran en el remoto pasado los individuos que, cargando pesadas y afiladas piedras, emergían de la tierra con el rostro renegrido y la piel agrietada.

Los Habitantes de Jurica se unen

En el Teatro de la República noche de ópera juriqueña

El concertista Javier García Lascurain y la soprano María José de la Torre.

Foto Alberto Herrera.

Diario de Querétaro.

Cynthia Pérez

Gran asistencia registró el recital de ópera llevado a cabo en el Teatro de la República donde se presentaron la soprano María José de la Torre y el concertista Javier García Lascurain.

A esta grata velada, organizada por la asociación de colonos de Jurica, se le denominó “Noche de ópera juriqueña” y tuvo como finalidad recaudar fondos monetarios que serán destinados para la rehabilitación de un campo de beisbol y reconstrucción de las canchas de básquetbol del pueblo de Jurica y en el fraccionamiento de Jurica la creación de áreas verdes puesto que actualmente no cuenta con un espacio de esta índole. Dicho espacio estará ubicado a un lado de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.

Asimismo Yail Gargari, presidente de la asociación de colonos de Jurica, comentó que este es el primero de diversos eventos que se estarán llevando a cabo en beneficio de la sociedad que habita Jurica, todo ello en un marco de acercar a la gente a la cultura y el arte.

Otro de los proyectos es realizar foros donde se toquen temas de interés para la mujer, atender las necesidades de recreación y unión entre la juventud, todo con la intención de crear una unión entre los juriqueños.

En la velada se escucharon composiciones de Mozart, Haydn, Glinka, Tchaikovsky, Liszt, Schubert, Gluck, Donizetti, Puccini, Chopin, Bizet y Rossini.