Los colores de la noche

Van Gogh y los colores de la noche

Foto: Cortesía del Museo Van Gogh

Organización Editorial Mexicana

María Esther Estrada

«A menudo me parece que la noche es mucho más viva y rica en colores que el día», escribió Vincent van Gogh a su hermano Theo. Y es que este famoso pintor holandés (1853-1890), desde antes de convertirse en artista estaba fascinado por las distintas fases del día; convencido que la tarde y la noche podían provocar sentimientos de soledad y desasosiego, pero que sobre todo eran momentos para la reflexión, la tranquilidad y la creatividad.

Es por ello que el Museo Van Gogh, en colaboración con el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), presentan en Amsterdam una exposición única que nos permite admirar un grupo de paisajes al atardecer y de noche realizados por Vincent Van Gogh a lo largo de su vida.

Esta exhibición, que se presentó con gran éxito en el MoMA a fines del año pasado, estará abierta al público del 13 de febrero al 7 de junio de 2009 en el Museo Van Gogh, en Amsterdam.

En salas muy amplias, con gran espacio entre los cuadros para poder apreciarlos mejor, la muestra está agrupada por temas muy definidos. Como introducción se pueden ver algunas de las obras que influyeron en el estilo de Van Gogh. La primera sección propiamente dicha está dedicada a Paisajes durante la puesta del sol. La segunda a lienzos sobre la vida campesina, donde destacan «Los Comedores de Patatas» y «La Cabaña». La tercera, titulada «La voz del trigo», a la cosecha de este cereal presentando escenas con ese tema siempre a la luz del atardecer. La cuarta y última se denomina «La poesía de la noche», donde se presentan escenas nocturnas que son las obras que inspiraron a los curadores de ambos museos para organizar esta exposición. Desde 1990 no se podía admirar «La noche estrellada» (1889), una de las obras maestras de Van Gogh, en un museo holandés. Ahora está aquí gracias a la colaboración del MoMA.

El trabajo de logística para poder reunir estas 32 pinturas, 19 obras sobre papel y 5 bocetos en cartas fue muy grande. Estos próximos meses bajo un mismo techo se pueden ver cuadros que proceden de las colecciones de museos extranjeros como el Museo de Arte Moderno, de Nueva York; el de Orsay, de París; el Thyssen-Bornemisza, de Madrid; el Museo de Arte Menard, de Japón; y la fundación E.G. Bührle, de Zurich. Adicionalmente colaboraron los museos holandeses Kröller-Müller, Mesdag, Museo Nacional, Museo Central de Utrecht, Rijksmuseum y obviamente hay piezas de la propia colección del museo Van Gogh.

¿PINTOR DE ATARDECERES Y TEMAS NOCTURNos?

Aunque estamos más acostumbrados a pensar en luminosidad y colores intensos cuando evocamos la obra de Vincent van Gogh, es interesante analizar que además de sus girasoles, sus paisajes llenos de luz, sus autorretratos, o la pintura de su habitación que tan bien conocemos, dos de sus obras maestras tienen que ver con oscuridad: «Los Comedores de patatas» y «Noche estrellada», además de que muchas otras nos muestran escenas vespertinas.

Pero para identificar mejor este aspecto de su obra, acompáñeme en un recorrido a lo largo de su vida.

Empecemos por los años previos a su decisión de dedicarse a la pintura, que se dio en 1880, y conozcamos las obras y pintores que lo impresionaron y que dejarían una clara influencia en su obra.

De su etapa como ayudante en la galería de arte Goupil & Cie. en 1869, conoció de primera mano lienzos de los grandes maestros de la pintura, como «La Sagrada Familia de Noche», de Rembrandt van Rijn, cuya reproducción adquirió y formó parte de su colección, junto con otros grabados. Desde entonces Vincent estaba fascinado por el manejo que tenía Rembrandt del claroscuro, por la manera en que representaba los efectos de la claridad y la oscuridad, iluminando áreas específicas de la composición; en su opinión, éste no partía de colores o tonos, sino que jugaba con los valores cambiantes de la luz… «pintaba luz en la oscuridad».

También en esa época conoció la obra de pintores de la Escuela de Barbizon, como Camille Corot o Jules Dupré quienes, según Van Gogh, hacían una representación honesta y personal de la naturaleza que le gustaba mucho.

Pero cuando Vincent se familiarizó con los lienzos de Jules Breton y de Jean-Francoise Millet sobre la vida del campo, donde mostraban la simplicidad de la existencia de los campesinos, su unidad con la tierra que labraban y su fe profundamente arraigada en un Dios todopoderoso, decidió convertirse en pintor de campesinos y ser capaz de representar, como Breton y Millet, el arado, la siembra y la recogida de la cosecha como símbolos del ciclo de la naturaleza. Inclusive se piensa que debió haber conocido de éste último, su obra «Noche Estrellada» (1851), un paisaje nocturno sin gente, cuyo recuerdo pudo haberlo inspirado mucho tiempo más adelante para algunas de sus obras.

SUS PRIMEROS AÑOS COMO ARTISTA

En 1880 toma la decisión de dedicarse a la pintura. De los primeros años, especialmente cuando vivió en Drente, se le conocen acuarelas y dibujos de atardeceres. Recién llegado a Nuenen, cuando empieza a experimentar con el óleo, pintó una obra, bellísima a mi parecer, que se denomina «Alameda a la puesta del sol» (1884). Es un camino flanqueado por una fila de álamos casi sin hojas a cada lado; en el centro se ve alejarse a una mujer vestida de negro que contrasta con el sol naranja que se está poniendo en el horizonte. Pero de esa etapa de su existencia, lo que más se conoce es que se concentró en la vida rural y en estudios de rostros. En paralelo buscaba crear el efecto del color en una escena oscura, lo que le imponía limitaciones que no hubiera tenido de haber intentado paisajes inundados de sol, porque evocar el ambiente de noche no resulta tarea fácil.

En marzo de 1885 le escribe a su hermano Theo: «Por el momento no pinto sólo cuando hay luz, sino incluso al atardecer, cuando las cabañas se iluminan con lámparas; si puedo, de alguna forma utilizo mi gama de colores para captar, si tengo ocasión, parte de los singulares efectos de la iluminación por la noche, por ejemplo mediante una gran sombra proyectada en la pared.» (El museo Kröller-Müller, en Otterlo, Holanda, tiene normalmente en exposición la obra «Campesina barriendo el pasillo» (1885) que refleja perfectamente estos esfuerzos de Van Gogh).

Cuando sintió que estaba listo para una obra colectiva, eligió como tema una familia de campesinos durante su comida, y el resultado fue «Los comedores de patatas» (1885), que nos muestra a un grupo de gente sentados alrededor de una mesa iluminada por una sola lámpara colgando del techo, que resalta con detalle -y color- las manos de dos de los comensales. También se apoya del vapor que sale del plato para dar contraste a la figura de la niña que aparece en primer plano, o de las tazas blancas para el café que están al otro lado de la mesa.

En este mismo año pinta «La Cabaña» (1885), que es, según sus palabras: «un nido humano donde las personas encuentran confort tras un día de trabajo». Ambos trabajos lo dejaron muy satisfecho, según le escribió a su hermano Theo.

SU PALETA SE LLENA DE COLOR EN PARÍS. Y A PARTIR DE AHÍ…

Dejando atrás los años en que vivió en París (1886-1888) en que cambió su forma de pintar y los colores de su paleta, volvió al campo.

En Arles y más adelante en Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise, (en total de 1888-1890), pintó varios paisajes en que representaba la siembra, crecimiento y cosecha del trigo, como una metáfora de la vida. Muchos de estos lienzos muestran el campo cultivado al atardecer, con el ocaso del sol, con gente y sin ella.

Permítame compartirles una cita que impresionó a Van Gogh y que él repitió varias veces en sus cartas: «Cae la noche, proyectando un velo gris sobre la tierra marrón; el sembrador camina con calma a paso lento, tirando la semilla en el interior de los surcos… vestido con ropas andrajosas y oscuras, con una especie de gorra extraña en la cabeza; está huesudo, ojeroso y delgado bajo ese ropaje de pobreza, y, sin embargo, reparte vida con su generosa mano y con su glorioso gesto él, que no tiene nada, siembra pan para el futuro de la tierra». Es por ello que él pintó también la «generosa mano» del labriego en varias ocasiones. Incluso en la exposición se pueden ver tres cuadros titulados igual: «El sembrador» (1888), aunque muestran dos escenas diferentes.

Ese año fue muy prolífico. Después de pintar un retrato de su amigo Eugène Boch («El poeta») con «la eternidad al fondo», es decir, un cielo con unas cuantas estrellas, le escribió a Theo: «Definitivamente ahora quiero pintar el cielo estrellado». Pero aquí se topaba con un problema porque Van Gogh creía que sólo podía copiar de la naturaleza y no sabía cómo sería capaz de representar una noche estrellada a no ser que trabajara «en casa y de memoria». Pero mientras estas ideas revoloteaban en su mente tomó la decisión, revolucionaria, de pintar directamente en el lugar de la escena, de noche y al aire libre. En su primera obra pintada en estas condiciones, «Noche estrellada», sobre el Ródano se ve en primer plano a una pareja, con el río y la ciudad de Arlés al fondo, y las estrellas tachonando un cielo sin luna. Romance y paz es lo que transmite esta obra.

También en 1888 pintó «Terraza de un café por la noche», «El café de noche» y «El salón de baile en Arlés», que reflejan para él el otro aspecto de la noche, la diversión y el libertinaje.

A partir de ese año ingresó voluntariamente en hospitales mentales, donde muchas veces pintó lo que veía desde su ventana o en el jardín del sanatorio como Jardín del hospital San Pablo, pero muchas otras, lo hizo desde sus recuerdos y su imaginación. Un ejemplo es el paisaje titulado «Recuerdo de Brabante» (1890), donde se ve un grupo de cabañas en otoño, al atardecer, con un cielo nuboso.

Pero volvamos a la experiencia, que le gustó, de pintar cuando la luz del sol casi había desaparecido en el horizonte. En «Los estibadores en Arlés» se perciben apenas unas siluetas negras de estos trabajadores, junto al río y la ciudad como una mancha obscura, con el cielo naranja típico del ocaso, reflejando sus tonos en el río. En «Camino rural» en Provenza de noche es la luna en cuarto menguante y una estrella las que iluminan la senda a un par de hombres que regresan del trabajo y a una carreta.

LA NOCHE ESTRELLADA (1889)

Esta obra, alrededor de la cual se idea la exposición, la pintó Vincent durante su estancia en Saint-Rémy. En ella muestra en primer plano un ciprés, tras él la vista de un pueblo, donde sobresale la torre de la iglesia (de estilo holandés), las montañas al fondo, un cielo estrellado, con mucho movimiento, y una luna en cuarto creciente. Los tonos dominantes, fuera del verde del ciprés, son los azules y los amarillos. De esta obra, considerada actualmente un icono de su pintura, le escribió a su hermano Theo: «no me dice nada, siento que le faltan líneas de emoción». Pero si algo le sobra es justamente eso. Es una pintura toda ritmo y vida, como el remolino de viento que cruza el cielo y que acapara la atención cuando se está frente a esta obra.

COMENTARIO FINAL

Fue un placer recorrer esta exposición y poder describirles las obras que más me llamaron la atención. Sin duda alguna, si viene a Amsterdam antes del 7 de junio, no dude en darse un tiempo para visitarla. Dado que esperan una afluencia de aproximadamente 600 mil personas y que hay que elegir fecha y hora para entrar, compre con anticipación sus boletos a través de www.vangoghmuseumtickets.com

Por el idioma no se preocupe, porque hay audioguías en español, lo mismo que el catálogo, que realmente vale la pena.

Estoy segura de que cuando termine de verla, coincidirá conmigo en que efectivamente hay mucho colorido en las noches de Van Gogh.

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