El artista tiene que proponer

“La vejez te hace menos

revolucionario”, dice Mortier 

AURORA INTXAUSTI   

El País   

El Círculo de Bellas Artes premió ayer la transgresión, la provocación y el saber hacer en el mundo de la cultura de una personalidad como Gérard Mortier (Gante, Bélgica, 1943), director artístico del Teatro Real de Madrid a partir de enero de 2010. Mortier asumió su pasado de transgresor pero reconoció que el paso de los años lleva obligatoriamente a la moderación. “Creo que a mí me ha ocurrido. La vejez te hace menos revolucionario”, indicó el galardonado, que recibió la medalla de oro de la citada institución.   Gérard Mortier  

En la conversación que mantuvo con el crítico musical Juan Ángel Vela del Campo, Gérard Mortier fue desgranando su infancia, sus primeros pasos en el mundo de la música, su paso por Europa al frente de festivales y cómo llegó a decir en los noventa frases tales como: “Lou Reed es más interesante que Pavarotti”. Ahora, con los años, no dijo que no lo diría, pero puntualizo que “seguro” que “matizaría mis declaraciones bastante”. 

Diálogo con el público 

Entre el público que quería escuchar a Mortier exponer sus proyectos para el Teatro Real se encontraban artistas como Eduardo Arroyo o Agustín Ibarrola, músicos como Luis de Pablo, y los responsables del coliseo madrileño, Gregorio Marañón y Miguel Muñiz. El galardonado habló del diálogo que quiere establecer con el público al que le gusta la música y que tiene interés en la ópera. “Aunque soy consciente de que no hay que hacer sólo lo que el público quiere. La ópera tiene que transmitir más allá de las fronteras existentes”. En su proyecto para el Real tiene como objetivo “crear el público ideal para mí. Hago el teatro en el que creo. Si no lo hiciera sería un mentiroso”. No va a renunciar a programar Mozart en las temporadas en las que esté al frente del Teatro Real: “No estoy de acuerdo que sea rococó”. Mortier quiere que se representen en ese escenario óperas del siglo XIX y XX. 

El nuevo responsable de la dirección artística del coliseo madrileño tiene clara la capacidad creativa que existe en España. “El arte tiene que mover y los políticos tienen que entenderlo. En épocas de crisis los artistas tiene que plantear soluciones para el espíritu. Tengo que convencer y atraer hacia nuevas cosas. En Madrid hay una fuerza creativa enorme, mucho más que en otros países europeos. He viajado mucho y lo sé”. 

“La Visión de los vencidos” de León Portilla

La visión de León-Portilla 

Pocos libros han tenido en la conciencia nacional la importancia historiográfica y educativa de La visión de los vencidos, publicada por primera vez en 1959, hace 50 años.  

En los años posteriores a su publicación fue devolviendo a los mexicanos la certidumbre de que la historia de los pueblos indios también era su historia.  

Que los antepasados mexicas (y por extensión todos los pueblos “conquistados” por la Corona española) sufrieron una agresión atroz, que la resistieron, y que contra toda hipótesis del cristianismo aquel, tenían el alma tan humana como el que más. Y que la versión de los vencidos se continuaba en el presente, aunque nadie escuchara. 

Clave literaria de los años 60, la popular recopilación de los cantares y códices mexicanos realizada por Miguel León-Portilla alimentó a los poetas que quisieron aproximarse a la nueva matanza de Tlatelolco en 1968 (Octavio Paz, Rosario Castellanos y José Emilio Pacheco, entre otros).  

Pero sobre todo, llegó a las escuelas, a las nuevas generaciones.  

A los pueblos indígenas, que ahí seguían, les dio un espejo en el cual supieron reconocerse. Recordaron. 

La labor lingüística, histórica más que arquelógica, de traducción y sistematización de León-Portilla ha llegado a ser tan vasta en buena parte de sus cuarenta libros, que superpone siempre nuevas versiones a las anteriores (suyas y de otros, como Ángel María Garibay K.) de los “textos” nahuas a los que ha dedicado su devoción y sus astucias. 

Ante una obra con tantos vasos comunicantes es difícil encontrar una summa que le haga justicia, pero al menos en términos literarios ésta podría ser La tinta negra y roja, antología de poesía náhuatl, volúmen ilustrado muy al tiro por el gran artista Vicente Rojo y en selección del propio León-Portilla con los poetas Coral Bracho y Marcelo Uribe (Ediciones Era, El Colegio Nacional y Galaxia Gutemberg, México, 2008, 381 pp.). 

Como alertan los editores en su presentación, “el mundo náhuatl no participa de la noción de poema tal como se concibe en Occidente”.  

La selección, amplia al menos en términos poéticos, consiste en flamantes versiones, pues León-Portilla traduce los “textos” cada que llega a códices, manuscritos o trascripciones de los misioneros, y los comienza y termina en distintos puntos o con diferentes énfasis, cristales que son espejos, fragmentos coloridos de un universo que ya no es posible ver de cuerpo entero. 

La tinta negra y roja remite a la escritura pintada de aquellos mexicanos. Registra cantos de privación y de primavera, de cosquilleo, amistad, flor y canto, las guerras, lo sagrado, y también los retratos de artistas y sabios a quienes los mexicas respetuosamente llamaban “toltecas”. De entre ellos traemos esta página como una carta de lotería: ¡el narrador! 

 

Una relexión Nahua desde La Huasteca

Una reflexión nahua desde la Huasteca veracruzana   “No vamos a dejar que un mundo loco nos devore”   

Faustino Hernández Ramírez / Alfredo Zepeda 

Hojarasca 

La Jornada   La palabra que voy a decir puede parecer demasiado simple, porque la vida del siglo veintiuno se ha vuelto complicada. Ahora, la gente de los pueblos indígenas todo el tiempo se pregunta por qué suceden tantos problemas nuevos: la contaminación, el fin de la energía que mueve los motores de gasolina, la angustia por ganar salarios grandes, la prisa que enferma del estrés, la tecnología que muere como las flores de mayo para dejar el lugar a nuevos inventos por comprar. Todo el tiempo andamos persiguendo el dinero, y tenemos que hacerlo cada uno por nuestro lado, regados por todo el país, porque ya parece que juntarnos a vivir es como perder el tiempo. 

La vida con raíz, la que siempre había sido, la que mantiene vivo al pueblo náhuatl, que es mi pueblo, tiene pocos pilares, pero son pilares fuertes, como los horcones de una casa campesina. Es como decían los abuelos: el mundo es de tierra, de agua, de lumbre, de viento y de maíz, que son seres vivos como nosotros, que son nuestros padres. Con eso la gente vivió por muchos miles de años. Y Toteco, el Dios que está cerca y junto se preocupó en dar lo principal, y nos dejó la tarea de ayudarle a completar, con nuestras manos y con el machete. 

Así ahora los viejos, los Tata, los Huehuentzi, todavía nos ayudan a pensar las cosas principales, con las que podemos vivir como personas verdaderas. 

Lo primero que existe es una fuerza. La fuerza no es la que cada uno tiene. Ni la que tiene por su propio esfuerzo. Un náhuatl verdadero sabe que de por sí mismo no tiene ningún valor, no puede presumir de nada. No pide agradecimiento. No busca premios. La fuerza viene de adentro, como si no es de uno, sino que el único que levanta, empuja, jala es el Dios Toteco. Pero además, la fuerza no la da Toteco Toteotzin Dios a cada uno por separado, sino a todos juntos en una comunidad. Por eso, cuando alguien se separa, anda como no sabiendo a dónde, todo el tiempo se equivoca, no tiene su lugar en el mundo. Cuando hablamos de fuerza, hablamos de la comunidad. “Nama to altepe mo chicajtoc: Ahora nuestra comunidad está fuerte”, decimos. Es como un cálculo que todo el tiempo andamos pensando: la comunidad tiene fuerza, todos estamos bien. La comunidad anda floja, cada uno no anda bien. 

Bien se puede decir que todavía existe esa fuerza, y a todos nos da mucho miedo que se pierda porque alrededor vemos muchos cambios que nos marean. Nosotros decimos comunidad a la que vive en el lugar donde uno nació o donde nos dieron permiso para vivir. La fuerza comunitaria se puede reconocer en el trabajo común, en el respeto, en la autoridad comunitaria y en las fiestas.   Sin el trabajo en común no existe la comunidad. También es así entre los pueblos oaxaqueños, que le llaman tequio, entre los otomíes de Texcatepec e Ixmiquilpan, entre los tepehuas de Pisaflores y Chintipán. En la faena todos se ayudan y sobresale la comunidad con los trabajos que está haciendo cada uno. Si falta agua o si está sucia, por ejemplo, se hace una faena y en un día, o en medio día, se hace la limpia de los pozos y también se arreglan los caminos que llevan al pozo para que las señoras no tropiecen cuando van a traer agua.  

La costumbre que nos llega de antes es que la milpa se hace rápido porque existe el gran trabajo común de la mano vuelta, que le decimos tlepanilistli. Se juntan veinte, hasta treinta en grupos diferentes para sembrar el mismo día lo de una persona y luego por orden los de las demás. Escardan, doblan, cosechan, limpian, y en el tonalmil igual para tener maíz todo el año. 

La raíz está viva porque así se sigue haciendo. Decimos “hay que ir a sembrar, tenemos un terreno, hay que sembrar en común”. Se van sumando a hacer milpa y de esa milpa se comparten los elotes y luego el maíz, parejo, todavía igual que antes. Se mantiene abierta la mente para no perder el valor del pensamiento y del trabajo común. La raíz no se puede morir, porque los abuelos ahí están todavía y la gente está despertando. 

Los peligros vienen de los programas del gobierno, que relaciona el pago con el trabajo que han de hacer los que reciben las migajas que reparte. Ahora la gente dice: que trabajen los que reciben Oportunidades o beca para la escuela de los niños. El trabajo común pierde fuerza por esa interferencia de los que no saben que el trabajo común es por acuerdo y no por imposición de afuera. Antes del Progresa, los trabajos de todos modos se hacían. Pudimos levantar la campana entre todos, hicimos la iglesia, hicimos la galera, hicimos la cancha entre todos y nadie nos pagaba. Esa memoria es la que tenemos. Y escuchamos que la gente dice: “por qué no lo hacemos, sin que esperemos que nadie nos pague”.   En la fiesta se compone el mundo. “Si solamente trabajamos y comemos es como si viviéramos dormidos”, dice Zacarías Reyes, de la comunidad de Micuá. La fiesta es mucho más de lo ve la gente que no conoce la costumbre. El 3 de mayo, en la fiesta de Santa Cruz, desde cuando se acuerda mi abuelo, viene mucha gente de Coacoaco, de San Gregorio, de Ilamatlán, de Chahuatlán, Amatepec, Xococapa, de todas la comunidades ahí cercanas. Entre mejor sale la fiesta, mejor se compone el mundo, más fuerza junta la comunidad para seguir viviendo. Son días especiales que son como una escuela para que los niños se den cuenta que lo más grande se hace entre todos.  

La fiesta es también mucho trabajo, pero el trabajo y el gusto van juntos cuando se hace en la comunidad. Y no se hace sin el respeto a la gente y a la madre tierra. Si es la fiesta del elote, es agradecer los primeros frutos y es con el trabajo de todos, unos deshojando los elotes, otros vistiendo los que se ponen de ofrenda, y los niños acarreándolos desde la milpa temprano y todos coordinados por la autoridad. La fiesta se pierde cuando el diablo entra a alterar el corazón de alguno y se arma el pleito o los balazos. 

Las fiestas se debilitan con los partidos y las religiones. La división en la comunidad a veces es necesaria por un poco de tiempo, cuando una parte de la gente ve que hay que independizarse de los caciques priístas y otros no quieren porque están acostumbrados a vivir bajo su tiranía y su protección. Pero la división de los partidos se alarga después de las elecciones. Los priístas tienen la costumbre de mandar. Cuando pierden, no quieren cooperar. Cuando las despensas se reparten por partido, los que no la reciben se niegan con razón a hacer la faena común. Es la división que han metido los programas de gobierno, desde el Progresa hasta el Vivir Mejor de ahora, desde el Procede hasta el Procampo. Los que no reciben, los que quedaron peleados entre sí, se apartan. Los gobiernos fingen que no dividen, pero están decididos a matar la comunidad.    

“Todo está encarrerado”, dice la gente. Hoy se nos está viniendo el mundo encima. Llegamos a un crucero donde se empalman dos caminos: uno, el de nuestra propia historia; otro, el de un modo de vivir que desbarata todo lo común, como el huracán acaba con las parcelas. 

La otra cosa que tiene mucha fuerza es el respeto. Respeto se dice en náhuatl: tlepanelistli, ti tlepanitas, que quiere decir, tienes que verlo grande, no grande de ser un abuelo. La palabra quiere decir que tú debes ver a los demás como grandes, como algo  respetuoso, ya sea joven o sea niño, o niña o ya adulto. La gente está pensando que el respeto se está modificando. Se cree que por la televisión, cuando llegó la luz eléctrica. Que hasta en las caricaturas para niños muestra mucha violencia y gritos. Otros dicen que es por la carretera, que jaló a los jóvenes para otros lados. 

Juanita Herández Patricio, de Ama­tepec, nos dijo cómo ve una mujer náhuatl los contrastes de la vida: “La gente ahora está como muy agilizada en buscar dinero. No tengo dinero, no tengo para mis chiles, para la cebolla, préstame dinero. Van a otra comunidad, consiguen, o trabajan. Van los hombres a trabajar de chalanes en Pachuca, en México y se regresan en un mes. La gente está presa por la urgencia del dinero, como que ya no vive su libertad de antes: que iba al trabajo, traía unas hierbas para su puerco, una costalilla de maíz, traía unos quelites para las guajolotas, una sandía para refrescar la tarde, y ya se ponían a tomar café. No. Ahorita tienen que llegar a las 3 porque hay una reunión de Procampo, hay una reunión de Proárbol, o la de Servicios Ambientales. La gente se va a la milpa para nomás regresar a una junta que no hubo, porque el de la Sagarpa no llegó. Y ya perdió medio día de trabajo, ni trajo leña, ni trajo café para la casa. Y no acarreó maíz porque ya se le estaba haciendo tarde para la reunión de no se qué de padres de familia, para urgir la compra de los uniformes y pago de cuotas, porque, dicen, la educación es gratuita, pero de todos modos cuesta”. 

Los que se sienten dueños del mundo, los que no piden permiso para matar, convirtieron el mundo en el que hoy vemos. No se desbarató solito. Nosotros junto con la gente decimos que otro mundo es posible, porque ya sabemos como estaba, antes de que nos lo cambiaran.  El mundo está al revés, patas arriba, como dice Eduardo Galeano. Lo que comemos en vez de que nos dé fuerza nos da debilidad. Dicen que antes los abuelos tenían mucha fuerza, podían levantar un tronco de encino entre dos y ahorita nosotros los chavos ya no los aguantamos porque llegó la chatarra: “que me compro una maruchan, que mastico churrumais”. Antes eran unos chiles que se daban ahí en el terreno, unos tomates chiquititos, cebollines y yuca, calabaza, camotes y caña de azúcar. El elote se comía crudo: decían los señores “este da más fuerza porque no se la han quitado; cómete este quelite para que crezcas fuerte, éste es para que no te dé la enfermedad”. Y en una milpa puede haber cuarenta clases de quelites.   

Más tormentas se avecinan. Estamos viendo las nubes que vienen de atrás de la barranca. El pri quiere volver a tomar fuerza, y nos dicen los gobiernos que la comunidad ya no vale. Los vientos nos empujan a trabajar al otro lado, no en común tequitl, sino para lavar carros en Nueva York o pelar pollos en Carolina. 

Existe la fuerza, aunque está en riesgo de debilitarse. Ese riesgo nos hace pensar a muchos en el pueblo mexcatl que nuestra fortaleza es actuar como antes, que nuestra costumbre se debe reforzar. Nos acusan de que no estamos abiertos al progreso, que queremos refugiarnos en nuestro rincón. Pero no. Estamos haciendo doble trabajo: mantener la comunidad y el trabajo colectivo que es nuestra fuerza, y enfrentar el mundo agitado que se nos viene encima. No le tenemos miedo a las máquinas ni a las tecnologías. Estamos aprendiendo a aprovecharlas. Pero no vamos a dejar que un mundo loco nos devore. 

Vemos que la comunidad no se pierde y hasta recupera fuerza ante las amenazas. La misma carestía nos dice que hay que sembrar más maíz. Los campesinos indígenas somos los que más podemos sobrevivir porque sabemos cultivar todo lo que comemos, y hasta enredar los hilos de algodón para hacer la ropa.  

Casi nos da más miedo por la gente de las ciudades que no sabe lo que va hacer cuando se le acabe el dinero. El pueblo náhuatl somos y vivimos aquí desde hace mil quinientos años, juntos con los otomíes, tepehuas y tenek. Es la base de lo que llamamos resistencia. Que no es solamente esperar sin moverse. Resistencia es reflexionar, hablar, defenderse, compartir con otros lo que cada pueblo en su territorio obtiene, los de la Huasteca con los de la Sierra, aumentar lo que nos ha mantenido como pueblos fuertes.   

Faustino Hernández Ramírez es  coordinador de Radio Huayacocotla, La Voz de los Campesinos, radio comunitaria de la Sierra Norte de Veracruz. Una versión más extensa se publicó en la revista Christus 769, noviembre-diciembre de 2008, México.

Acoso a las O N Gs. en Guerrero

Señalan desprecio a ONG

humanitarias en Guerrero 

 

La CIDH y organizaciones de Chile y Perú acuden a foro regional 

Con Zeferino Torreblanca se agudizó la persecución: dirigentes  

Integrante de la OPIM se queja de acoso de presuntos paramilitares 

 

La Jornada  

Los gobiernos federal y estatal no respetan el trabajo que realizan en Guerrero instituciones defensoras de las garantías individuales, señalaron dirigentes sociales de la entidad, así como representantes de organismos no gubernamentales (ONG) de Alemania, Perú, Colombia y Estados Unidos, y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), quienes participaron en el Foro Internacional sobre Criminalización de los Defensores de Derechos Humanos y de la Protesta Social. 

En entrevista, la dirigente de la Organización de los Pueblos Indígenas Me’phaá (OPIM), Obtilia Eugenio Manuel, informó que el sábado pasado fue hostigada por paramilitares en el municipio de Ayutla de los Libres. 

Sostuvo que mientras aguardaba a una camioneta de pasajeros para viajar a la comunidad El Camalote, se acercó Hermenegildo Remigio y media hora llegó su hermano Romualdo, quien junto con su también consanguíneo Isidro Remigio Cantú forma parte de un grupo paramilitar que opera en la Costa Chica y la Montaña de Guerrero, protegido por autoridades municipales. “Una hora permanecieron ahí en actitud amenazante, acompañados de una policía municipal”, afirmó. 

Dijo que abordó un vehículo colectivo junto con otros integrantes de la OPIM, y al llegar al crucero Yerba Santa, unos soldados bajaron en un retén a los pasajeros, entre ellos a Inés Fernández Ortega –violada por soldados en 2004– y minutos después los dejaron ir. 

Durante la inauguración del foro, a cargo de la directora de la Fundación para el Debido Proceso Legal (DPLF, por sus siglas en inglés), Katya Salazar, y el director de Tlachinollan, Abel Barrerra Hernández, se presentaron las ponencias Los alcances del sistema interamericano, a cargo de la abogada de la unidad de defensores de la CIDH, Belissa Guerrero; Experiencias comparadas de América Latina, que presentaron defensores de derechos humanos de Perú y Colombia, y Experiencias de México, en la que participaron integrantes de 10 organismos locales.

Abel Barrera aseguró que las autoridades no tienen voluntad para proteger a los defensores de los derechos humanos en Guerrero, y “muchos están sometidos a procesos judiciales”. 

Emilie E. Joly, de DPLF, afirmó que en la entidad persiste una política de criminalización contra las organizaciones no gubernamentales y se cierra el diálogo. “Se reprime la protesta civil y pacífica, se denuncia penalmente a sus dirigentes y se les fabrican delitos, como privación ilegal de la libertad o ataques a las vías de comunicación”, comentó. 

El abogado de la OPIM, Vidulfo Rosales Sierra, manifestó que el gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo, que comenzó en abril de 2005, ha obstaculizado el trabajo de los defensores de los derechos humanos. 

Belissa Guerrero consideró “inadmisible” que se criminalice a la protesta social, “sobre todo cuando se desarrolla en la vía pública y respetando la ley”. 

En el foro, que culminará este martes, participan representantes de 50 organizaciones de derechos humanos, indígenas, sociales, campesinas y magisteriales provenientes de Chile, Perú, la ciudad de México, Monterrey, Oaxaca, Chiapas y Guerrero. 

Entre las organizaciones destaca la peruana Asociación Pro Derechos Humanos, que impulsó el juicio contra el ex presidente Alberto Fujimori por delitos de lesa humanidad.

Pijijiapan en Chiapas

La Encrucijada, guardián del ecosistema

La encrucijada, belleza sin igual.

Pescadores, comprometidos con preservar la zona

El Heraldo de Chiapas

Arely Noriega

Pijijiapan.

Una de las riquezas naturales de Chiapas es sin duda la reserva de la biosfera La Encrucijada, la más importante a nivel nacional, misma que tiene una cobertura desde esta ciudad hasta Mazatán, y cuenta con exuberantes manglares de 35 a 40 metros de altura, entre los que destacan el colorado, botoncillo y madre sal.

Esta zona de sistemas lagunarios que poco a poco se transforma en centro ecoturístico, cuenta con 144 mil 868 hectáreas, en las que destacan canales hechos por los propios pescadores.

En esta reserva ecológica habitan varios tipos de animales como águilas, lagarto real, iguanas, periqueras, boas, cigüeñón, mono araña, oso hormiguero, además del caimán de río.

Los pescadores tienen el compromiso social de cuidar los manglares desde Barra Santiago, Costa Azul, Chocohuital, Palo Blanco, Palmarcito, Zapotal, Las Cuaches, Buena Vista y Las Brisas, esta última una de las pampas más grandes en la República Mexicana.

En un recorrido por esta zona con productores de la cooperativa El Topón, se apreció cómo conservan los manglares de La Encrucijada, situación positiva no sólo para los habitantes de esa región, sino para todo el mundo.

“Los pescadores ya no utilizan como antes este tipo de madera para construir sus viviendas, eso indica que están haciendo conciencia de la tala inmoderada que dañaba el ecosistema”, explicó Pedro Cruz Ocaña, presidente de esa agrupación integrada por 120 personas.

“Para pescar tienen un horario, de 6:00 a 10:00 de la mañana; con un cohete se da la señal de entrada y lo mismo pasa con el de salida, con la finalidad de preservar La Encrucijada”, explicó.

A esta zona se llega por Pijijiapan, y en 30 minutos de tramo carretero rumbo a Palo Blanco arribas a la reserva, a la que te puedes adentrar por medio del sistema lagunario, ya sea en canoa o cayuco.