Indígena asesinado en Tlapa

 Enviamos en adjunto tres fotografías del sepelio del indígena naua de
Guerrero, Bonfilio Rubio Villegas, quien fue asesinado en un retén
militar cuando viajaba en un autobús de la linea del Sur, la noche del
sábado 20 de junio. El puesto de revisión del 93 Batallón de
Infantería con sede en Tlapa, estaba ubicado cerca del municipio de
Huamuxtitlán en la región de la Montaña, en los límites con el estado
de Puebla.

Bonfilio Rubio tenía 29 años de edad y era originario de la comunidad
de Tlatzala, municipio de Tlapa, aunque recientemente vivía en la
Ciudad de México en donde se empleaba como peón de albañil. Él se
encontraba en el autobús de regreso a la capital del país, luego de
que viajó a su pueblo para despedirse de sus padres, pues ante la
falta de oportunidades de empleo, el 26 de junio estaría cruzando la
frontera para llegar a Nueva York.

El día de los hechos, también fue detenido el joven na savi (mixteco),
Fausto Saavedra Valera por el delito de uso de insignias oficiales del
Ejército, que le imputaron sólo por calzar botas tipo militar,.
Asimismo el chófer de la empresa caminera , Francisco Pizano Alejo
quedó retenido por delitos contra la salud, pues supuestamente
transportaba marihuana.

De acuerdo con algunos testimonios que se documentaron como Centro de
Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, los militares dispararon
contra el autobús molestos porque minutos antes un grupo de pasajeros
y el chofer, había impedido que Fausto Saavedra quedara retenido.

Hoy durante el sepelio de Bonfilio, amigos y familiares que se
encuentran consternados e indignados con ese artero asesinato,
exigieron al gobierno estatal y federal que haya justicia para el
joven indígena y que sean castigados los militares responsables.

huamuxtitlan_bonfilio:  Mujeres nauas durante el velorio de Bonfilio
en Tlatzala.
huamuxtitlan_bonfilio (1): Familiares de Bonfilio lloran sobre su
ataúd antes de partir el cortejo fúnebre
huamuxtitlan_bonfilio (2): Familiares, amigos y vecinos de Bonfilio,
camino al campo santo.

Saludos,

Jane

Area Internacional
CDHM Tlachinollan

15 años entre el dolor y la esperanza

Tlachinollan celebra 15 años,

en medio de un ambiente

de hostilidad contra defensores

de derechos

humanos  

·      

Organiza foro denominado Defensores y Defensoras: entre el dolor y la esperanza.

·       El sábado rinde su 15 informe de actividades de junio de 2008 a mayo de 2009.

·       En 15 años ha asesorado casos como el del ecologista Felipe Arreaga, el de las indígenas violadas sexualmente por militares y Mini Numa, entre otros. 

Tlapa, Guerrero, México a 25 de junio del 2009.- En medio del grave riesgo que enfrentan los defensores y defensoras de derechos humanos y de una fuerte presencia de actores armados en Guerrero, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, celebrará su décimo quinto aniversario a partir de este viernes 26 de junio para concluir el sábado 27. 

A pesar de este momento delicado que se vive en la entidad, porque las autoridades civiles no han tenido la capacidad para poder contener el desbordamiento de  la violencia en las diferentes regiones y mucho menos, han logrado encauzar estos conflictos por los canales institucionales y legales, Tlachinollan celebra en sus 15 años con su festejo, la esperanza de que la lucha por la justicia, es la utopía de los pueblos olvidados que día a día construyen a pulso para hacer de este mundo una casa habitable para todos. 

Tlachinollan realizará el foro denominado Defensores y Defensoras: entre el dolor y la esperanza, en las instalaciones de la Casa Católica en la calle Amapola sin número, colonia Aviación, en Tlapa. 

El foro se inaugurará el viernes 26 a las 10 de la mañana y participarán defensores y defensoras de derechos humanos que compartirán sus experiencias organizativas y la situación de riesgo que enfrentan  

El foro concluirá el sábado 27 con la presentación de 15 informe de actividades y la convivencia tradicional con los pueblos y organizaciones en el salón Marsil 

Tlachinollan es una organización no gubernamental que nació en 1994 como una respuesta a la problemática concreta que se registraba en la región de la Montaña de Guerrero y que tiene que ver con conflictos agrarios, divisiones comunitarias, el no acceso a la justicia como un tema recurrente, el trato discriminatorio de las autoridades y la falta de servicios básicos. 

Su antecedente fue una iniciativa voluntaria que tuvo un grupo de académicos e investigadores de la ciudad de México y profesionistas de la Montaña en 1992, para hacer una radiografía de la situación de los pueblos indígenas en la Campaña Continental de Resistencia Indígena, Negra y Popular que arrancó en Guatemala como una contracelebración a los 500 años de la conquista de América por los españoles, y para desarrollar una lucha permanente en pro de la defensa de los derechos colectivos.

A lo largo de 15 años, Tlachinollan a través de sus diversas áreas, ha dado acompañamiento a los pueblos indígenas de la Montaña en su lucha por acceder a la justicia y hacer exigibles los derechos humanos.  

En este tiempo, también ha cosechado importantes galardones como fue el premio Tata Vasco que recibió en 1996 por parte del Sistema Educativo UIA-ITESO y el premio MacArthur que  le fue otorgado en 2008 en Chicago, Estados Unidos por la fundación del mismo nombre por su aporte a defensa de los Derechos Humanos en el mundo  

Durante este periodo y por su trabajo, Tlachinollan ha logrado la visita de relatores de la ONU, entre ellos Rodolfo Stavenhagen quien era el relator de Pueblos Indígenas; Miloon Khotari que era el relator Especial para la Vivienda Adecuada; y Jorge Bustamante, relator para Migrantes. De igual manera ha estado en Guerrero la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Louise Arbour. 

Acompañando el trabajo de Tlachinollan, han estado en la entidad funcionarios de alto nivel de organizaciones internacionales prestigiosas de derechos humanos como Amnistía Internacional (AI). 

Entre los casos que ha asesorado el equipo de Tlachinollan se encuentra el de Felipe Arreaga, dirigente de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán; las indígenas me´phaa que fueron violadas por soldados del Ejército, Valentina Rosendo Cantú e Inés Fernández Ortega, cuyo caso se encuentra ya en la Corte Interamericana de Derechos Humanos; el de los ejidatarios de Carrizalillo que paralizaron a la minera Luismin en demanda del establecimiento de una relación equitativa; el de los 14 indígenas esterilizados de El Camalote. 

También han asesorado a los indígenas Na savi de la comunidad de Mini Numa que ganó un amparo federal solicitado por la negativa del gobierno de Guerrero de garantizar su derecho a la salud; a los comuneros opositores a la presa La Parota quienes realizaron una lucha en la defensa del territorio; a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de la cual forma parte la policía comunitaria; a los indígenas amuzgos que impulsaron la creación de la Radio Ñomndaa; a los 5 indígenas Me ‘phaa de El Camalote que fueron encarcelados injustamente; a los indígenas víctimas de la militarización. 

Así mismo ha asumido la defensa de casos recientes como fue la ejecución extrajudicial de Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce Rosas, ambos dirigentes de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco.   

El Rosario; zona arqueológica en Qro.

El sitio arqueológico El Rosario: una historia por descubrir

El pórtico de los cuchillos, principal hallazgo de la zona.

Foto Gybsan Villagómez.

Diario de Querétaro.

Fiorella Fenoglio, Enah Fonseca, Juan Carlos Saint Charles y Carlos Viramontes

Arqueólogos, Centro INAH-Querétaro

Al sumergirnos al territorio queretano podríamos suponer que las culturas propias de la región conformaron una historia heterogénea, disímil en algunos aspectos al resto de Mesoamérica; pero al mirar detalladamente, reconocemos que su singularidad no radica en que se desenvolvieran alejados o independientemente de los sucesos históricos mesoamericanos, sino todo lo contrario; al tener el Bajío una localización privilegiada por ser la zona intermedia entre el norte y el centro, se convirtió en un área receptora de intensos y constantes flujos culturales que se reflejan desde las primeras poblaciones agrícolas -entre el 500 a.C.- hasta 1521. Estos vaivenes poblacionales se correlacionan con diferentes momentos culturales en Mesoamérica; así, Querétaro se vio impregnado con la influencia de grupos relacionados con Chupícuaro y el Altiplano Central; con Teotihuacan y Tula. Esta mezcla de identidades locales y foráneas -aunado al contacto con los grupos chichimecas propios de la región- resultó en un enorme mosaico cultural que a veces se nos presenta como manifestaciones culturales locales, y otras, como enclaves de culturas lejanas. Tal es el caso del sitio arqueológico El Rosario, el cual es -hasta el momento- la manifestación más clara de la presencia teotihuacana en la región.

Diversos investigadores interesados en la arqueología del Centro Norte y regiones aledañas han propuesto que en determinado momento del Clásico (200-650 d.C.) la gran metrópoli teotihuacana se interesó por estas lejanas regiones. Sin embargo, la mayor parte de los sitios ligados con Teotihuacan -localizados dentro del estado de Querétaro- permitían suponer, únicamente, cierto grado de influencia, como es el caso de La Negreta, el Recodo o El Cerrito. La relevancia del sitio arqueológico El Rosario radica en que tanto los elementos pictóricos, como las técnicas constructivas y materiales cerámicos y líticos recuperados apuntan a que se trata de un sitio fundado por grupos teotihuacanos desde, probablemente, los primeros tiempos del auge de la metrópoli.

Espacio y tiempo de El Rosario

Las investigaciones desarrolladas hasta el momento indican que el sitio arqueológico de El Rosario fue fundado durante el período conocido como Clásico. El período Clásico (200-650 d. C.) se caracteriza por la hegemonía política, social, económica y cultural de Teotihuacan en la Cuenca de México y cuya influencia se diseminó sobre gran parte de Mesoamérica. En la región que nos ocupa han sido registrados algunos sitios que contienen evidencias arqueológicas que la ubican en el período Clásico, principalmente localizadas en las franjas sureñas de los valles queretanos y del Bajío guanajuatense. Varios de estos sitios presentan elementos cerámicos propios de la cultura teotihuacana, algunos de ellos traídos directamente de la metrópoli y otros elaborados con materias primas locales.

Teotihuacan anduvo por estas tierras, aunque todavía no conocemos claramente el porqué, no sabemos si fue con fines expansionistas, comerciales, tributarios, o para la apropiación de recursos estratégicos, lo que es claro es que la presencia teotihuacana motivó el reacomodo de la población, por lo que se observa un cambio en las preferencias de localización de los asentamientos, pues mientras en el período anterior se asentaban cerca de los ríos y fuentes de agua, en este período se trasladan, preferentemente, hacia las laderas bajas y medias sin abandonar completamente las zonas de valles y terrazas aluviales que les permitiría explotar los recursos agrícolas de las zonas inundables.

Los centros con influencia teotihuacana incluyen edificios destinados a diversas funciones, además de espacios abiertos para actividades rituales o de la vida cotidiana. A este tipo de centros corresponden San Bartolo Aguacaliente en el municipio de Apaseo El Alto, Guanajuato, y en Querétaro, El Rosario y posiblemente El Cerrito en sus primeras etapas de ocupación ya que el momento de auge de este último corresponde al periodo conocido como Posclásico Temprano. Otros sitios como Las Peñitas, en San Juan del Río, La Negreta en Corregidora y Santa María del Refugio en Celaya, Guanajuato, contienen elementos que los hacen potencialmente teotihuacanos, aunque sin la relevancia arquitectónica que la de los antes mencionados.

Con la “caída” de Teotihuacan, la población local parece haber tomado fuerza y, al vincularse probablemente con las poblaciones que emigran de la gran ciudad, demarcan una nueva forma de organización territorial, política y social dentro de los Valles, dando paso al siguiente período histórico conocido como Epiclásico; período de mayor expansión poblacional dentro de la región evidenciado por el considerable aumento en la cantidad de sitios y por la reocupación de una vasta parte del territorio; periodo al que corresponde la última fase de ocupación de El Rosario.

Una mirada al sitio arqueológico El Rosario

El sitio arqueológico El Rosario se localiza en el municipio de San Juan del Río, Querétaro, aproximadamente a 7 km al noroeste de la cabecera municipal sobre una loma alargada cuyos lados este, norte y oeste se encuentran delimitados por las aguas de la Presa Constitución de 1917.

El sitio está conformado por un conjunto arquitectónico que ocupa una superficie de aproximadamente cuatro mil novecientos metros cuadrados y está compuesto por una estructura principal de corte piramidal y un pequeño patio adjunto, el cual está delimitado al norte y al oeste por montículos alargados que se encuentran en muy mal estado de conservación. El lado sur de la plaza se encuentra abierto, pero es posible que se deba a la extracción de piedra en la década de 1950. Al sur y suroeste del edificio principal se localizan dos montículos: uno de ellos de poco más de dos metros de altura y unos quince metros de largo, aproximadamente; mientras que el otro, tiene un poco más de treinta metros (Foto 1).

La estructura principal tiene una altura aproximada de diez metros, pero calculamos que su base debió medir cerca de cuarenta metros por lado. Aparentemente, el talud este es el mejor conservado, mientras que el oeste presenta una gran depresión, originada por la extracción de piedra y tierra con maquinaria pesada; esta depresión se adentra en el núcleo del edificio. En los cortes originados por el saqueo y la extracción de piedra en este mismo talud oeste, se puede apreciar la existencia de una serie de pisos de estuco en diferentes niveles que se corresponden con las distintas etapas constructivas del edificio. El conjunto arquitectónico se encuentra enmarcado -en sus lados norte y oeste- por una plataforma construida en un nivel más bajo con relación a los edificios. Al noreste del conjunto se localiza otro montículo muy destruido, y al este, ya más distanciado, se localiza otro más, también muy deteriorado y que, en épocas de gran captación, queda sumergido por las aguas de la Presa Hidalgo.

Exploraciones en El Rosario

Corría el año de 1958 cuando el arqueólogo Roberto Gallegos es informado de que en la Ex-Hacienda de La Estancia, del municipio de San Juan del Río, “con frecuencia, al cavar pozos o fosas, aparecían huesos y piezas arqueológicas”. Así, inicia las excavaciones dentro de la Ex-Hacienda y algunos recorridos en las zonas aledañas. Es de esta manera como llega a una plaza delimitada por una serie de montículos. El sitio, hoy conocido como El Rosario, se encontraba sumamente destruido porque parte de las piedras que lo conformaban fueron utilizadas para la construcción de la Presa Hidalgo. Años más tarde, como parte del trabajo de campo para elaborar su tesis de licenciatura, el arqueólogo Enrique Nalda realiza -en 1975- una serie de recorridos dentro del Valle de San Juan del Río y analiza, clasifica y contextualiza temporalmente 118 sitios arqueológicos, entre ellos, El Rosario. De acuerdo con los reportes de Nalda, el material cerámico indicaba una ocupación durante los periodos mesoamericanos conocidos como Preclásico Superior y Clásico.

En la década de los 80, cuando se impulsa el proyecto Atlas Arqueológico Nacional, el cual tenía como objetivo hacer un reconocimiento y registro de todos los sitios arqueológicos dentro del país, El Rosario vuelve a escena. El grupo de arqueólogos encargados de la identificación de los sitios dentro de Querétaro realizan -en 1987- la cédula correspondiente con la cual se integraba El Rosario al Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos.

Y la historia del Rosario permaneció en silencio hasta 1993, cuando decidió revelar un fragmento de los tesoros que en su interior guardaba. Una enorme oquedad (socavón) formada en la sección oeste de la estructura principal fue el primer indicio de los futuros problemas geológicos que pondrían en peligro la estabilidad del sitio (Foto 2). Poco tiempo después, a través de una pequeña ventana formada por el derrumbe de la parte superior del socavón quedó al descubierto una sección de un mural policromado en la que se apreciaban algunos dibujos, aparentemente, representaciones de plumas delineadas en color negro y rellenas con colores amarillo, rojo, azul, blanco, posiblemente, de un penacho. Dada la importancia del hallazgo, el arqueólogo Juan Carlos Saint-Charles inició tareas de conservación emergente, cubriendo el mural y rellenando el socavón.

Más tarde, en 1995, durante una inspección de rutina, se pudo observar que el mural había quedado expuesto nuevamente, aunque ahora de manera más amplia, ya que quedó a la vista la esquina sureste del pórtico que los contiene. Esta vez se pudieron apreciar otros elementos iconográficos entre los que destacaban una serie de dibujos que fueron interpretados como cuchillos curvos de obsidiana, elementos trilobulados (probables corazones sangrantes) y representaciones de plumas (Foto 3). Nuevamente, se realizó el registro correspondiente, la protección de la sección expuesta del mural y el relleno total del socavón. Desde entonces el mural quedó “sellado” hasta que en 2004 se observó que el relleno del socavón había sido removido de manera intencional, dejando al descubierto la parte superior del mural.

Las intensas lluvias que azotaron al estado de Querétaro en 2003 dejaron estragos irreparables en la estructura principal del sitio debido a la formación de otra enorme oquedad -de 5 m de diámetro por 7 m de profundidad- que atravesó el edificio verticalmente, llevándose consigo enormes porciones de los pisos que conforman sus cuatro etapas constructivas (Foto 4). Al inspeccionar el interior de este socavón, se descubrió que la estructura presentaba otra oquedad más que corría hacia la sección norte. Así, el Arqlgo. Saint-Charles se dio a la tarea de hacer el registro pertinente además de tomar muestras del carbón que se encontró en grandes cantidades en los rellenos y sobre los pisos de estuco que quedaron al descubierto.

Fue en el año de 2007 que nace el Proyecto Arqueológico El Rosario (PAR) dirigido por los arqueólogos Juan Carlos Saint-Charles Zetina, Carlos Viramontes Anzures y Fiorella Fenoglio Limón, investigadores del Centro INAH Querétaro, apoyados por la Arqlga. Enah Fonseca Ibarra. El proyecto tiene como objetivo general conocer el carácter del sitio y el papel que jugó en el ámbito regional y mesoamericano durante el período Clásico, así como su relación con la gran urbe: Teotihuacan. Por otro lado, ante la problemática de los hundimientos registrados y el peligro inminente de colapso del edificio principal, se planteó la necesidad de realizar estudios y acciones encaminadas a la conservación del sitio (Foto 5). Con carácter interdisciplinario, el PAR está conformado por investigadores de diversas áreas, los cuáles -cada uno desde su trinchera- intentan rastrear las huellas dejadas por los pobladores que eligieron este lugar como morada. El enigma geológico quedó a cargo de la Dra. Dora Carreón y su equipo del Centro de Geociencias de la UNAM, campus Juriquilla, Querétaro (integrado por Joel Torices, Rodolfo Castellón y Kurt Heinrich Wogau Chong); la comprensión de la importancia de los astros para la construcción del sitio es analizada por el Mtro. Francisco Granados; y para delinear el medio ambiente que albergó a esta población contamos con el apoyo del Dr. Luis Gerardo Hernández Sandoval y Oliva Ramírez Segura por la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro. Sin embargo, conforme avance el proyecto de investigación, mayor cantidad de disciplinas y especialistas se irán sumando a este trabajo colectivo.

Los nuevos hallazgos

Cuando los arqueólogos excavamos, retiramos capa por capa; así, vamos descubriendo los vestigios de las culturas pasadas desde las más recientes hasta las más antiguas, que, por ende, son las últimas que localizamos al estar sepultadas por las ocupaciones que le preceden. Durante las recientes exploraciones arqueológicas realizadas por el PAR entre los meses de marzo, abril y mayo de 2009 -que han aportado una gran cantidad de información sobre la historia de los habitantes de El Rosario- descubrimos que la estructura principal del sitio está conformada por cuatro momentos de ocupación; tres de ellos correspondientes al período Clásico (200-650 d. C.) y uno al Epiclásico (650-900 d. C.). Cada una de las ocupaciones está compuesta por un piso de estuco -algunos pintados y pulidos- sobre los que desplantan los muros que conforman los cuartos de los recintos ceremoniales (Foto 6).

Imaginemos que se trata de un edificio de cuatro plantas como los conocemos actualmente, la diferencia es que en época prehispánica no se ocuparon todas al mismo tiempo, al contrario. Se construía primero un recinto ceremonial que se utilizaba por cerca de 100 o 150 años y que, al cabo de los cuales -probablemente, por cuestiones rituales- entraba en desuso. Por lo tanto, se acostumbraba destruir parte de las paredes de los cuartos, se rellenaban y se construía, sobre los escombros, un nuevo recinto ceremonial. Describiremos, brevemente, cada una de las distintas ocupaciones como las encontramos durante el proceso de excavación: de la más reciente a la más antigua.

Al final de su vida, la estructura principal de El Rosario fue convertida, probablemente, en una pirámide con escalinata al frente, alfardas, y un altar en la cima; sin embargo, poco conocemos hasta el momento de esta fase. Las investigaciones próximas nos ayudarán a comprender mejor el sistema constructivo y las características de dicha pirámide. Esta construcción cubrió al último de los recintos ceremoniales; del cual sólo logramos conocer uno de los muros de adobe que desplantaban sobre un piso de estuco pintado en rojo (Piso 1). Lamentablemente, estas dos fases son las más deterioradas por ser las más expuestas a los derrumbes producto del socavón formado en la parte central de la estructura y a los caprichos del tiempo.

Debajo de estos vestigios, descubrimos el llamado Piso 2 (Foto 7), del cual se conservaron tres de los cuatro muros que conformaron el cuarto del recinto ceremonial. En este piso, finamente pulido, localizamos dos hoyos de poste y dos postes de madera bien conservados que, suponemos, sirvieron para sostener el techo. A lado de los hoyos de poste mencionados, se ubicaron dos pequeñas fosas -de poca profundidad- con un cuchillo de obsidiana y, en la otra, una punta de proyectil de obsidiana; materiales que podrían relacionarse con ofrendas y rituales de construcción. De igual modo, en la franja oeste de este espacio logramos identificar la huella de lo que pudo ser el pórtico que daba acceso al cuarto. Ahí, junto a un cuchillo curvo de obsidiana y cubriendo un tronco de madera, se recuperó un retazo de textil, en el cual se puede apreciar la urdimbre y la trama del tejido elaborado hace más de mil años.

Como parte de los rituales de terminación, techo y paredes fueron destruidos, cubiertos con maderos que sirvieron para incendiar y clausurar el espacio, con ello, dieron por culminada esta fase de ocupación. Su existencia queda sólo como rastros de hollín en paredes y pisos (Foto 8).

Una vez localizado y retirado el relleno, el Piso 3 quedó al descubierto. Del interior del recinto sólo quedaron algunos centímetros del piso pulido y pintado en negro, sobre el que se alzaban sus muros estucados. El pórtico cerrado y sus componentes fueron los que sobrevivieron un poco mejor a las inclemencias del tiempo. Dos muros de 50 cm de alto y separados por 2m aproximadamente son los testigos de la fachada que permitía el acceso al pórtico -denominado el “Pórtico de los Graffitis”-, un pasillo rectangular conformado por cuatro paredes estucadas; las cuales presentaban unas figuras diminutas esgrafiadas en formas de personajes, animales y diseños geométricos que conforman un mensaje en espera de ser descifrado (Foto 9).

Del relleno que da soporte al Piso 3 se levantan dos pares de postes de madera de más de 1.50 m de alto y separados entre sí alrededor de 2 m. Estos observadores serenos se colocaron en la pared este del pasillo a manera de jambas para dar soporte al techo y enmarcar la entrada al recinto ceremonial (Foto 10). Como parte de una probable ofrenda de construcción, se depositaron, cuidadosamente en el desplante de cada par de troncos, navajillas y puntas de obsidiana, cuentas de piedra verde y una importante cantidad de animales, al parecer de la misma especie, cuyos esqueletos fueron recuperados y serán analizados para su identificación.

En la esquina sureste del pasillo, una gruesa capa blanca rompía con el patrón del resto del piso estucado. Al excavarla, descubrimos varias rocas rojas dispuestas en forma de círculo, formando un fogón, donde se cocieron huesos delgados, posiblemente de ave. Cuando llegó el momento de clausurar este espacio, además de rellenarlo con escombro, se puso especial cuidado en sellar con bloques de adobe tanto el acceso al pórtico, como al recinto ceremonial. Al parecer, este relleno sirvió como cimiento para construir sobre él una nueva estructura -probablemente un templo-, de la cual sólo localizamos una secuencia de lajas que formaban el talud y el desplante del tablero. El Piso 3 protegió celosamente durante miles de años la primera construcción de la estructura principal localizada hasta el momento, misma que se distingue porque incluye murales policromados de estilo teotihuacano entre sus elementos arquitectónicos y que desplantan sobre el denominado Piso 4.

Al igual que en las etapas anteriores, del Piso 4 del recinto ceremonial sólo sobrevivió un fragmento del piso, puesto que el socavón central arrasó con él y con las evidencias de las actividades que sobre él se realizaron. Hacia el exterior, se repite el patrón de pórtico; a diferencia del “Pórtico de los Graffitis” este parece haber sido un pórtico abierto porque no se localizaron las paredes oeste que lo cerrarían. Sin embargo, existe la posibilidad de que algunos fragmentos de dicha pared se encuentren ocultos bajo la sección de los rellenos del Piso 3 aún no excavada. Entre los rellenos se identificaron dos postes de madera, los cuales pudieron haber servido para sostener el techo del “Pórtico de los Cuchillos”.

El Pórtico de los Cuchillos y sus evidencias

En el “Pórtico de los Cuchillos” se encuentran plasmados en vivos colores una serie de elementos iconográficos a la usanza teotihuacana. Los cuatro murales fueron localizados en el pórtico de acceso al recinto ceremonial; uno sobre la pared norte, otro sobre el muro sur, y otro sobre la pared este, dividido por el vano de acceso al cuarto principal. De acuerdo con el restaurador Rogelio Rivero Chong, dos técnicas distintas se emplearon para realizar la pintura mural. Por un lado, aplanados y enlucidos de barro y por otro, un aplanado de gravilla volcánica con barro lo que resulta en dos calidades disímiles de pintura. En la parte inferior de las paredes tenemos un guardapolvo ligeramente inclinado -típico de las habitaciones teotihuacanas- con pintura aplicada sobre el aplanado, sin enlucido de cal. Sobre éste se encuentran los restos de un muro recto con aplanado de barro sobre el que se pintó directamente.

Los diseños pictóricos fueron realizados con pigmentos de colores negro, amarillo, rojo, azul, verde y blanco, principalmente. Entre los elementos iconográficos destacan las representaciones de cuchillos curvos de obsidiana, vírgulas de música, corazones sangrantes, braseros, escudos y posibles personajes de frente con penachos de plumas y vírgulas de la palabra. Los elementos iconográficos de estilo teotihuacano son un ejemplo único de este tipo de expresión pictórica de la época clásica no sólo en Querétaro, sino en todo el Centro Norte de México, pero además el sistema constructivo y los materiales cerámicos y líticos encontrados podrían confirmar, en conjunto, la hipótesis de una estrecha relación entre los habitantes de El Rosario y Teotihuacan por lo que su investigación y conservación resultan fundamentales.

Todos los hallazgo del sitio arqueológico El Rosario resultan invaluables para el conocimiento de la época clásica en Mesoamérica; sin embargo, dos factores ponen en riesgo su sobrevivencia: las características geológicas particulares del sitio y el saqueo constante -fortuito y/o intencional-. Hasta el momento, conocemos una serie de pozos de saqueo que se han realizado, principalmente, en la Plaza Este, la sustracción fortuita de figurillas, vasijas, tepalcates, fragmentos de lítica -de las áreas de cultivo así como de las zonas que rodean el sitio- y la sustracción de un fragmento de dimensiones importantes del mural de la pared este; por lo que, su protección es indispensable.

El Rosario es el único sitio con vestigios que podrían ser identificados como plenamente teotihuacanos localizado hasta el momento no sólo en el estado de Querétaro, sino en el Centro Norte de Mesoamérica. Su estudio es primordial para conocer el impacto de Teotihuacan en el desarrollo de los pueblos prehispánicos de la región y la dinámica cultural prevaleciente durante el Clásico mesoamericano.

El baile Zoque en el sureste

Los Zoques De Tuxtla

El Heraldo de Chiapas

Te’ Tonguy Etzé: El Baile de las Espuelas

“La música que acompaña al tonguy etzé la ejecuta un dúo que toca jarana de 14 cuerdas y guitarra sexta; anteriormente era un trío pues los acompañaba un violinista. Y es probable que todos los 12 sones que componen esta danza tuvieran un nombre, pero hoy día sólo se recuerdan algunos, tales como: ‘El quiebra cacao’, ‘Los dientes de vieja’ y ‘Te saco sangre’. Pero lo que caracteriza al baile es que los hombres llevan botas con espuelas que hacen sonar al cambio de cada compás y cada son”, comenta Leopoldo Gallegos, maestro músico tradicional

El baile

El tonguy etzé ha sido uno de los bailes tradicionales más populares entre los zoques de Tuxtla, además es el único que bailan hombres y mujeres en parejas. Durante su largo recorrido por las calles de nuestra ciudad llaman la atención de las gentes de Tuxtla el sonido de las espuelas, el vestuario colorido y la música de cuerdas que contrastan visiblemente con los modernos edificios y el intenso tránsito vehicular que, por momentos, es interrumpido por este pequeño grupo (cuasisurrealista) que lucha tenazmente por conservar sus antiguas tradiciones y que parece estar fuera de lugar en su propia ciudad. Pues bien dice una conocida canción “las ciudades destruyen las costumbres”.

Pero el jueves 18 y tal como fue costumbre anteriormente, el tonguy etzé se “levantó” (inició) en casa del maestro baile Gonzalo Gurría, en la 7ª Sur y 7ª Poniente, con la participación de 12 hombres, tres niños, siete mujeres y dos músicos; se ofreció pozol blanco y el desayuno antes de iniciar el baile y el recorrido del día jueves 18, que se realizó por la zona sur poniente visitando casas de familias tradicionalistas y, aunque muchos de ellos ya no participan, tuvieron familiares que fueron parte importante de nuestras tradiciones.

Luego la danza inicia su recorrido en la casa de la familia Vázquez Galdámez, familia López Jonapá, seguimos a casa del anterior maestro pitero Ramón Chacón en la 4ª Sur y 9ª Poniente (aunque aquí no se bailó por estar cerrada), la familia Martínez Nopinjamá, en la ermita del Cerrito, luego en casa de doña Panchita Rosales (anterior maestra del yomoetzé y fallecida hace 16 años), continúa en la ermita del Cerrito, con la familia Ballinas, la familia Rodríguez Alias.

Pero en las casas de las familias Chandoquí, Jonapá y de doña Trini Alias Tondopó (también estaban cerradas), luego continuamos con la familia Ovilla y la familia Cameras, en la Calle Central y 10ª Sur, desde donde salimos para llegar a las casas de las hermanas Flor (actual maestra del yomoetzé), Rosa (albacea de la Mayordomía) y Esperanza Velázquez Estrada, actuales priostes del Santísimo.

El baile continúa en casa de don Luis Alias, quien nos brindó unas sabrosas botanas, de ahí iniciamos el regreso pasando por la casa de doña Elenita Vélez (+), con la familia de Juan Ramón Álvarez, quien es danzante tradicional; seguimos en casa de don Cecilio Hernández que participa con su hijo y nietos en esta danza, para luego terminar en casa del primer baile, Gonzalo Gurría, casi a las 8:00 de la noche.

El viernes continuó el recorrido por la zona norte poniente y en varias casas, como la de doña Gloria, de la tía Amelia (+), de Rafael Jiménez Hernández, de don Víctor Aquino y doña Tomasa anteriores albaceas, de don Manuel de la Cruz y otras más, y aunque no pasamos por todo donde hubiéramos querido, afortunadamente regresamos temprano porque dos cuadras antes de llegar a casa del primero para rematar el baile, inició una fuerte lluvia que, si nos hubiera agarrado en la calle, nos hubiéramos mojado.

Como anécdota el año pasado, al pasar por la 15ª Sur y 1ª Oriente, se nos acercó una señora de edad avanzada y de notada pobreza que nos dijo: -”¿A quién se le entrega la limosnita? Pero como íbamos por la calle le preguntamos si quería que pasáramos a su casa, a lo que ella contestó: “-¡No, no vivo por aquí, sólo quiero darlo porque así se hacía antes y porque me dio gusto ver que no se acaban nuestras costumbres!”

Cada día es más difícil mantener vivas las danzas tradicionales zoques en nuestra ciudad y los motivos son muy variados, como no tener tiempo por el trabajo, los estudios o el cuidado de los hijos y nietos. También el no tener vestuario o porque cansa mucho caminar y bailar todo el día.

Así también porque quedan pocos músicos tradicionales o quien organiza, aún con la cooperación de algunos danzantes, no puede costear la alimentación de los bailadores y el pago de los músicos. Pero de una u otra forma cada año son menos gentes que participan y si esto continúa así en algunos años más estas danzas sólo serán parte de nuestra historia.

Por eso queremos dar las gracias a todos los músicos y danzantes zoques que participaron en el tradicional baile del tonguy etzé, hombres, mujeres, jóvenes y niños que dejando por un momento sus labores cotidianas luchan por preservar, en los hechos y no sólo de palabra, las antiguas tradiciones y costumbres, parte primordial de nuestra milenaria herencia cultural zoque de Tuxtla.

De igual manera agradecemos a quienes nos reciben en su casa y nos brindan agua, un bocadito y la “limosnita” que sirve para completar los gastos, como sucede en cada uno de los cinco bailes que recorren los domicilios de familias tradicionalistas, sobre todo en la parte poniente (norte y sur) de la ciudad. Tizcotá.

C I D H:Violación y tortura a indígena

CIDH demanda a México

por caso de indígena guerrerense 

Debió investigar las acusaciones contra soldados de violar y torturar a Me’phaa Fernández en 2002. 

AFP   

 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) informó el jueves que demandó ante la Corte Interamericana a México por la violación y tortura de una mujer indígena en 2002. 

 

La CIDH, ente autónomo de la Organización de Estados Americanos (OEA), introdujo la demanda contra México por la violación y tortura por parte de soldados de la indígena Me’phaa Inés Fernández Ortega en marzo de 2002 en el Estado de Guerrero, sin que se haya establecido una investigación que resultara en la sanción de los responsables, y la reparación de la víctima. 

Por otra parte, la CIDH también demandó a Bolivia por la desaparición forzada de Rainer Ibsen Cárdenas y de su padre José Luís Ibsen, en 1971 y 1973, respectivamente, indicó un comunicado. 

La comisión acusó al Estado de Bolivia de no investigar debidamente el hecho, sancionar a los responsables, encontrar a una de las víctimas y reparar adecuadamente a los familiares. 

 

La CIDH, con sede en Washington, actúa habitualmente como antesala de los casos de violación de derechos humanos en la región, antes de que lleguen a la Corte, ubicada en San José. 

Atentado contra O. D. H. Tlachinollán

Les enviamos una denuncia del Centro de Derechos
Humanos de La Montaña Tlachinolla, en Tlapa, Guerrero. Organización
hermana. quienes nos envian información sobre el atentado que vivió
Margarita Martín de las Nieves y a Santiago Ponce, viuda y hermano de
Manuel Ponce Rosas (ejecutado extra-judicialmente en febrero de 2009).
Margarita y Santiago son indígenas y miembros de la Organización para
el Futuro del Pueblo Mixteco (OPFM)

gracias por difundirlo y enviar cartas a las autoridades federales y
del estado de Guerrero

atentamente

Jorge HERNÁNDEZ

Área de Sistematización e Incidencia
Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas A.C.
Calle Brasil #14, Barrio Mexicanos,
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México
Código Postal: 29240
Tel +52 (967) 6787395, 6787396, 6783548
Fax +52 (967) 6783551
denunciapublica@frayba.org.mx
www.frayba.org.mx

Denuncia pública es un espacio de las comunidades y/u organizaciones. No
necesariamente representa la postura de este Centro de Derechos Humanos.

Atentado contra Margarita Martín de las Nieves

Lamentablemente ayer intentaron asesinar a Margarita Martín de las Nieves y a Santiago Ponce, viuda y hermano de Manuel Ponce Rosas (ejecutado extra-judicialmente en febrero de 2009). Margarita y Santiago son indígenas y miembros de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco (OPFM) y fueron interceptados por un hombre cuando se trasladaban de la Oficina de Tlachinollan en Ayutla hacia la casa de Margarita, después de haber sostenido durante el día, reuniones con el Fondo Para la No Violencia y con funcionarios de las Embajadas de Estados Unidos y Canadá donde testificaron sobre las amenazas que han sufrido y sobre la ejecución extra-judicial de Raúl y Manuel, cuyo caso permanece impune.Afortunadamente Margarita y Santiago salieron ilesos de este atentado, y están bien físicamente.

Vivir Querétaro caminando por su río

Barrio de San Sebastián

y su fiesta del 20 de enero 

José Félix Zavala 

El río Querétaro nace en el ZamoranoAtraviesa las haciendas de:Atongo, Chichimequillas, La Griega y Saldarriaga,Los pueblos de La Cañada y Hércules, 

Recorrer el río Querétaro, desde su entrada al centro de la ciudad, por el Molino de San Antonio, seguirlo por sus tres puentes antiguos, el de San Sebastián, el Puente Grande y el Puente de hierro, hasta su salida por Santa María Magdalena, dan la oportunidad de mirar a la otra banda, el Jardín de los Platitos,  la antigua estación  del tren y el barrio de San Sebastián, donde se encuentra la rinconada más hermosa de la ciudad. 

Mientras a lo lejos las casas caen desde los cerros de San Pablo, Menchaca y Peñuelas, hasta llegar a los barrios de la Trinidad, El Cerrito, El Tepetate, San Gregorio, La Candelaria, San Roque y desde luego el de San Sebastián. 

¡Que. Viva el Señor Santiago   Que es el mensajero   Que es el mensajero   De los cuatro vientos!  

A veces pareciera que a los habitantes de esta ciudad se les olvida la existencia de esta  Plaza de San Sebastián, donde su entorno verdaderamente es maravilloso lo forman: la fuente, el jardín, La Casa del Faldón,  la Iglesia y convento, el andador, el asilo de anciano, el de niñas es la esquina de las calles de Otoño y Primavera.  

Allí existió María Estrada, una cieguita enamorada de un inexistente Faustino, el español que le escribiera desde Sevilla cartas de amor a su decir, María pedía limosna a fuera de la cafetería de La Mariposa, pero también como todo queretano bien nacido tiene su barrio, el de Ella está junto al asilo, es el de San Sebastián, donde se encuentra a diario con la leyenda de la casa del Faldón, la hermosa fuente tintineante rodeada de un jardín arbolado y el templo y convento ex franciscano. 

Allí donde todavía se recuerda a Coheteros como Abundio, el del Puente Revolución, a los pedreros de ópalos como Adolfo Mendoza, a poetas con casa antigua como Salvador Alcocer, a mujeres de vida consagrada como Sor Magdalena, a curas como Felipe M. Sevilla, que en 1907 construyera el asilo de ancianos. Gente sencilla habita el barrio de la Otra Banda, al otro lado del río. 

La fiesta se celebra el 20 de enero, día de San Sebastián herido, dos bandas de música, pólvora, entre las calles del tiempo, Otoño, Primavera, Invierno. El tren silva incesantemente día y noche, es el recuerdo del Águila Azteca y la Burrita. 

La ciudad de Querétaro fue grandiosa, hermosa, pero soberbia, dividida en dos partes, separadas por el río y unidas por el Puente de San Sebastián, por donde se llega a La Otra Banda, lugar del verano eterno. 

En la  otra Banda, en el año de 1718, los religiosos franciscanos edificaron el templo y convento de San Sebastián, que en la actualidad conserva su mismo nombre, al norte del río Querétaro.  

El templo fue la segunda parroquia en la ciudad de Querétaro después de la de Santiago, ubicada en aquel entonces en lo que conocemos ahora como el templo de San Francisco. 

Se dice que en 1720 el templo de San Sebastián fue erigido en parroquia y su jurisdicción se extendió desde el pueblo de Carrillo hasta el pueblo de San Pedro de la Cañada y los templos de esos lugares se convirtieron en Vicarías de San Sebastián. 

A principios del siglo XlX en el templo de San Sebastián se encontraba ya el padre Felipe N. Sevilla, nacido en la Otra Banda, en el año de 1858, formado en el Seminario Conciliar.  

En 1885 se hizo cargo de la parroquia de San Sebastián ya como Cura Párroco y desde esa fecha se dedicó a hacer en ella todo el bien posible  con su abnegación ejemplar. 

Él era un hombre bajito, trigueño, que no tenía la apariencia grandiosa y majestuosa de los grandes personajes que trabajaron en Querétaro, pero tenía un  corazón, era muy amoroso,  activo y fue un gran benefactor de la ciudad. 

El día 4 de octubre de 1891 el cura de la parroquia de San Sebastián Don Felipe N. Sevilla, dándose cuenta que en la inmensidad de su feligresía no había un lugar para atender a los muchísimos enfermos que morían sin auxilios materiales, menos espirituales, tanto mujeres como hombres, niños y ancianos.  

Ya que para obtener alguna ayuda tenían que recorrer hacia el poniente de la ciudad grandes distancias en busca de la salud,  dio principio a la construcción de un gran edificio como anexo a la parroquia, con planos y dirección del Ingeniero Don Lorenzo Corona. 

A finales de 1892 el edificio quedó todo terminado y el Sr. Cura Sevilla fundó ahí el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, que también funcionaba como asilo de ancianos.  

A su iniciativa se formó en el barrio de San Sebastián un campo santo, levantó una casa frente al Hospital para poner en ella una escuela de canto con cuyo fin organizó el orfeón.  

Con espíritu eminentemente humano, el padre Sevilla asumió la realidad de su parroquia y empezó a trabajar. Comenzó sin nada. Sólo con una extraordinaria fe. Empezó a levantar el Hospital y día con día iba por todos los rumbos solicitando auxilios económicos, objetos para transformarlos en algo útil. 

Fue en 1908 cuando abre sus puertas y presta los servicios a todos los que necesitaban, que temían acercarse aquí por su elegancia, pues pensaban que se les iba a cobrar mucho, cosa que fue todo lo contrario.  

Al estar terminando el Hospital “Del Sagrado Corazón” el padre Sevilla pensó en quién atendiese la obra que con grandes sacrificios, humillaciones y desvelos había levantado y sobre todo que se llevara a cabo el fin para el cual se pensó, atender a los enfermos sin que representase ninguna erogación para quien no tenía nada. 

Estando atendido el Hospital, entonces ya llamado Civil y ubicado ya en el ex beaterio de Santa Rosa de Viterbo, por las Hermanas Josefinas después que lo fuera por los hermanos Hipólitos, y viviendo su calidad de entrega, el padre Felipe Sevilla pensó que nadie podía atender mejor a estos desdichados de la otra banda que las hermanas Josefinas, distinguidas ellas por su caridad y profunda humildad. 

Y fue así como el 27 de julio de 1908 iniciaron su obra apostólica las religiosas: Josefina Martínez, Josefina Leita, Antonia Toledo y Josefina Rosas. 

Tras de penosa y molesta enfermedad murió el 27 de diciembre de 1908 el padre Felipe N. Sevilla. Su modestia y habitual humildad hicieron fuese querido por todos los que lo conocieron. 

En tiempos de la revolución por ser un hospital atendido por religiosas, el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús fue fuertemente atacado, pero el mismísimo Venustiano Carranza defendió el lugar y a las personas que lo atenían por ser dignas de respeto. 

El 3 de noviembre de 1912 se inició la construcción de la capilla que es hermosa y valiosa en su construcción. Con vitrales de alta calidad ya que ni el sol con el correr de los años ha podido despintar y hace poco restaurada. El 29 de junio de 1920 fue la bendición por el Sr. Obispo Don Francisco Benegas. 

En 1915, en las batallas de Carranza y Villa los templos San Sebastián, Santa Rosa de Viterbo y San Francisco se convirtieron en hospitales de sangre, ya que allí llegaban los heridos para recibir atención de las hermanas Josefinas.  

El 5 de febrero cuando se promulgó la Constitución el hospital abre sus puertas totalmente a todos los enfermos afectados a causa de las graves epidemias que azotaban al pueblo y en 1919 el índice de pacientes con enfermedades infecciosas aumentó considerablemente, siendo este un gran motivo para querer cerrarlo, pero estos esfuerzos fueron en vano. 

En 1926, tiempo de la Revolución Cristera, hubo otro motivo de acabar con él, era porque ocultaba a estos y los ayudaba. Este hospitalito como lo llamaban, atendía casi en su totalidad con la caridad del pueblo.  

El ataque más violento que tuvo este hospital fue cuando sus enemigos pretendían desterrar a las hermanas y el arma utilizada fue quitarles toda ayuda y comprensión, debido a que eran las bases de su subsistencia. Nuevamente los intentos por acabarlo no dieron frutos. 

Las personas que auxiliaron de forma cercana y solícita a las hermanas Josefinas fueron el  Obispo Marciano Tinajero y Estrada, que desde que era párroco de Santa Ana manifestaba su confianza por el hospital, ya que consideraba que era el mejor lugar para depositar a nuestro señor en la Sagrada Forma, cuando entraron en la ciudad por el poniente,  los carrancistas, profanando los templos.  

Así que siendo Obispo de Querétaro el obispo Marciano Tinajero y Estrada continuó la obra del padre Sevilla con dedicación y entusiasmo.  

Otro de los personajes que también estuvieron al pendiente fueron: el Sr. Cura Alemán, el Sr. Septién y el obispo Alfonso Toriz Cobián, quienes pasaron sus últimos días en este lugar. 

Es digno de mencionar algunos de los muchos médicos que han dejado huella por aquí como el doctor Antonio Reséndiz, el doctor Fernando Velázquez y el doctor Eliseo Ramírez. 

No fue sino hasta el 22 de agosto de 1946 para apoyar esta labor altruista, el entonces Presidente de la República Manuel Ávila Camacho mediante un Decreto Presidencial regulariza la personalidad jurídica del nosocomio como “Hospital del Sagrado Corazón de Jesús” ya que una de las preocupaciones del gobierno era garantizar debidamente los servicios y la asistencia pública, preocupación que se agravió con motivo de la post guerra, y que hacía urgente la fundación de los establecimientos indispensables para impartir los servicios médicos como lo menciona dicho decreto. 

El decreto tenía una vigencia de 50 años que se cumplieron en 1996. En el año de 1998 el Presidente de la República Ernesto Zedillo Ponce de León renovó este contrato el 17 de febrero y ahora es por tiempo indefinido. 

Actualmente el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús por falta de recursos y lo obsoleto del edificio dejó de operar y ya esta siendo reparado a costas del Municipio de Querétaro y únicamente funciona por el momento como asilo de ancianos de San Sebastián, con una capacidad para 32 personas. 

En este año del 2008 se celebran los cien años en que las hermanas Josefinas han dejado parte de su vida, asumiendo las responsabilidades de autoridad y atendiendo solamente a ancianas mujeres. 

Actualmente el Asilo San Sebastián no tiene autoridad jurídica ya que se encuentra registrado solamente como Hospital del Sagrado Corazón de Jesús, sin embargo, se están llevando a cabo los trámites necesarios para que obtenga autoridad jurídica y para que quede regulado ante la Secretaría de Salud del Estado de Querétaro.