San Luis de La Paz; Puerta de La Sierra Gorda

La entrada y capital de La Sierra Gorda es la ciudad de San Luis Potosí, creada por los chichimecas de la zona y fue la primera misión Jesuita en el hoy territorio mexicano.

Su terriotrio abarca los estados de Guanajuato y Querétaro.

En todo su territorio se encuentran zonas arqueológicas que muestran la gran cultura desarrollada a traves del la explotación del mercurio durante la época prehispánica y hasta nuestros días.

Hoy 25 de agosto de esta de fiesta pues recuerda la fundación española y sus fiestas patronales 

La Parroquia del Pueblito,Qro.

 

 

 

La Parroquia de

San Francisco Galileo  

En 1720, el templo de San Sebastián fue declarado Parroquia de Querétaro y San Francisco Galileo pasó a ser Ayuda de Parroquia, siendo atendida por los religiosos Franciscanos. La primer Acta de Bautizo está fechada el día tres de diciembre de 1719. 

Así permaneció San Francisco Galileo como ayuda de Parroquia hasta el seis de agosto de 1770, en que se constituyó como Parroquia y fue entregada por los religiosos al clero secular.  

El primer cura de la nueva Parroquia de San Francisco Galileo fue el Bachiller Manuel Cassela. 

Al formarse como Parroquia, quedaron bajo su jurisdicción los mismo centros de población que comprendía la Ayuda de Parroquia:  

Casa Blanca, Jacal Grande, La Capilla, La Comunidad, San Juanico, Vengas, Estancia de las Vacas, Balvanera, El Molinito, La Cueva, Bravo, El Batán, San Francisco de Paula, Olveras, Tejeda, La Tenería, Batancito, El Picacho, La Cañada de la Plata, Cañada de Zapote, Peña Rajada, Charco de Lucas, Majada Verde y Tanques Cuates, así como La Norita y El Castillo  

Humilpan, junto con sus haciendas, ranchos y comunidades de su jurisdicción, quedo integrada a la Parroquia de San Francisco Galileo como ayuda de  Parroquia.  

Los Párrocos que suceden al Pbro. Manuel Cassela son: los bachilleres Francisco Xavier J., Francisco José Ezq., y Antonio Ferreira en 1774, José Fernando Franco en 1785, el Lic. Miguel Larrañaga en 1786, el bachiller Antonio Andonaegui en ese mismo año y el bachiller Bernabé Fco. González de Cosio en 1790. 

En el año de 1774 visita la Parroquia el Arzobispo de México Alonso Núñez de Haro y Peralta, , quien realizaría su segunda visita en 1788.  

El conflicto cristero entre iglesia y gobierno, que estalló en 1926, se dejó sentir en El Pueblito hasta 1927, cuando lo guarnición militar acantonada en el lugar, en coordinación con el delegado municipal, se dieron a la tarea de recoger las imágenes y objetos religiosos de los vecinos que sabían eran partidarios de los cristeros.  

Durante esta época, debido a la persecución religiosa, en particular en contra del cura Juan García, las ceremonias religiosas se efectuaban por parte de otros religiosos y presbíteros en forma clandestina en casas particulares de El Pueblito o en haciendas cercanas, como la de San Francisco, el Batán, los Olvera, la Negreta y la Cueva.  

16 de mayo de 1929 fue reabierta al público.  

Durante la persecución osornista, debida a un decreto publicado por el Gobernador Saturnino Osornio en que declaraba el cierre de los templos en todo el Estado de Querétaro en octubre de 1934. 

 

La Parroquia fue trasladada a la hacienda del Castillo, en el Estado de Guanjuato, en donde permaneció hasta junio de 1936, en que regresó a El Pueblito, bajo el gobierno de Ramón Rodríguez Familiar.  

Durante la persecución estuvo al frente de la Parroquia el Pbro. Juan García. 

En 1937 el Obispo Marciano Tinajero y Estrada inaugura y bendice la Capilla del Carmen. 

En 1983 se crean las Parroquias de: 

Nuestra Señora del Rosario del Rayo, en la colonia Cimatario,  

La de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos en Lomas de Casablanca  

 

La Sagrada Familia de Nazareth, en Jardines de la Hacienda,  

Fueron separadas de la Parroquia de San Francisco Galileo.  

Un poco después también lo fue la de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en Reforma Agraria. 

En 1993 la hacienda de Castillo pasa a formar parte de la Parroquia de los Santos Mártires Mexicanos.  

En 1997 se forma la Parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación en Tejeda. 

En el año 2007 se forma la Parroquia de Nuestra Señora de los Angeles.    

El Abandono social

En esta mañana del 25 de agosto 

El Abandono Social 

En este mi cumpleaños 61 a Jaime Septien Crespo y a Julio Figueroa M 

José Félix Zavala   VIII. QUIERO… SUEÑO

No me contéis más cuentos,
que vengo de muy lejos
y sé todos los cuentos.

No me contéis más cuentos.
Contad
y recontadme este sueño.

Romped,
rompedme los espejos.
Deshacedme los estanques,
los lazos,
los anillos,
los cercos,
las redes,
las trampas
y todos los caminos paralelos.

Que no quiero,
,
que no quiero que me arrullen con cuentos,

Que no quiero,
,
Que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos,

que no quiero,
que no quiero que me entierren con cuentos,

Quiero verme en el viento,

Soy gusano que sueña… y sueño
verme un día volando en el viento.
 

Leon Felipe    

El abandono social es una realidad, y su consecuencia es la ausencia del reconocimiento que todos los seres humanos necesitan para desarrollarse satisfactoriamente.  

El reconocimiento social de todos sus miembros es y debe ser el pilar del crecimiento de una colectividad. 

El abandono social priva de las capacidades de aprendizaje que facilitan las relaciones interpersonales y condiciona las trayectorias de los individuos.  

El abandono social también conforma la realidad de grupos tradicionalmente invisibles como: 

Los desempleados de larga duración, los jóvenes en riesgo, las personas con discapacidad, los ancianos, las minorías, etc, sin olvidar a colectivos históricamente discriminados por género o condición sexual. 

La invisibilidad social es una situación que afecta a los que, persiguiendo la integración, topan con la apatía y la relegación de una colectividad que no les considera.  

Si a todo ello, añadimos un cúmulo de exigencias convencionales, inasumibles por la ignorancia, fruto de desatenciones enquistadas en un sistema poco generoso e inclinado por naturaleza a justificar realidades excluyentes, no puede sorprendernos la utilización de la fuerza, en lugar de la razón, pues las personas privadas de espacio, de palabra, de opciones participativas, pierden la capacidad de tomar decisiones, de resolver conflictos racionalmente.  

En muchas ocasiones, las causas no son las condiciones personales o formativas, sino la coyuntura que dificulta el acercamiento de unos con otros. 

Cómo “la magia” que despliega la protagonista de “Bagdad Café”, posiblemente ha llegado el momento de aceptar guías en un proceso delicado de concientización, de la necesidad de eliminar la zona árida que separa los extremos, porque el rechazo se percibe y el esfuerzo carece de sentido, la norma desaparece y surge en escena la anomia, la falta de valores, de realidades satisfactorias y de sentimientos positivos.  

Subestimar al otro en pro de privilegios individuales, la acumulación de derechos, que compartidos, se nos antojan inútiles, provoca la desnudez del prójimo. 

Y cuando estalla el conflicto, ante situaciones que demandan urgentes cambios, el grupo que goza de autoridad ejemplarizante percibe la amenaza del cambio demandado, a través de la expresión de una sintomatología llamada inseguridad.  

El comportamiento sintomático del colectivo discorde contribuye a totalizar sobre él la tensión, focalizando soluciones sobre el síntoma dejando aparte las realidades que provocan el abandono social. 

La violencia hacia otros o hacia si mismo es una respuesta accidental, una tentativa de solución, generalmente acciones ejemplarizantes que no hacen sino extender el desierto. 

No olvidemos que la inteligencia social va asociada a la capacidad para aprender de los errores colectivos. Si el aprendizaje colectivo produce saberes, no podemos permitirnos el lujo del abandono social de nadie, en pro de la razón individual.  

EL EDUCADOR SOCIAL  

La Ciudad de Querétaro

La Ciudad de Querétaro 

El espíritu barroco floreció en la Nueva España con una intensidad extraordinaria. Querétaro participó plenamente en aquel barroquismo cultural. No es por casualidad que una de las máximas expresiones del arte barroco universal la constituyen los retablos “ultrabarrocos” de Santa Rosa y Santa Clara en Querétaro. Aquellos retablos son un reflejo fiel de la sociedad queretana de la última mitad del siglo XVIII. Si la Iglesia reservaba para sí el manejo de las ideas, el hombre, siempre inquieto, se encargaba de los detalles, concentrándose en los aspectos formales y elaborándolos, tanto en los campos de la filosofía y la teología como en la creación literaria y plástica. La virtud y la salvación del alma dependían de la aceptación del dogma. Los métodos medievales del verbalismo escolástico eran seguros. Los conocimientos basados en la observación y la experimentación eran peligrosos. El hombre barroco se refugiaba en el mundo de las palabras floridas, apantalladoras; de las formas caprichosas, raras y extravagantes; y de los espectáculos públicos surreales y deslumbrantes .

Querétaro en el siglo XVI

Cuando llegó Cortés con su banda de aventureros a la rica y sofisticada ciudad de Mexico Tenochtitlan, no había en el valle de Querétaro más que unas pobres rancherías de los chichimecas pames, rústicos cazadores y recolectores que habitaban las tierras del norte, más allá de los límites de la civilización mesoamericana. Anteriormente habían florecido culturas de filiación mesoamericana en la región; la manifestación arquitectónica más importante es el centro ceremonial de El Cerrito, que, por el volumen de su basamento, debe haber sido el núcleo monumental de un asentamiento de tamaño considerable. Las estructuras parecen haberse levantado en tiempos teotihuacanos tardíos (siglos V-VII), siendo reconstruidos en la primera parte del horizonte tolteca (hacia el siglo X) . Durante los siglos X-XII, hubo una contracción del límite septentrional de las culturas mesoamericanas hacia el sur. El valle de Querétaro quedó en manos de los chichimecas hasta el siglo XVI. Es dudoso que la zona de Querétaro haya caído bajo la dominación mexica, a pesar de las afirmaciones de varios historiadores.

 

Querétaro fue fundado por otomíes del valle del Mezquital (hoy en el estado de Hidalgo y parte del estado de México). Estos antiquísimos y mal entendidos habitantes del altiplano central participaron en todas las grandes culturas prehispánicas de la región. Fueron agricultores, plenamente integrados en la civilización mesoamericana. Al final de la época Prehispánica, la mayor parte de los otomíes rendían tributo al imperio mexica. Guerreros otomíes servían en los ejércitos imperiales.

 Después de que los españoles se apoderaron de los valles centrales en la década de los 1520, un grupo de otomíes de la provincia de Jilotepec, bajo el liderazgo del mercader Conni, se refugiaron en el Bajío, primero en la futura villa de San Miguel el Grande, después en el lugar llamado hoy La Cañada, al oriente de la ciudad de Querétaro. Conni había tenido lucrativas relaciones comerciales con los chichimecas de la región desde hacía algún tiempo. Los otomíes sembraron maíz, frijol y chile para su sustento y para dar a sus vecinos chichimecas. Así los encontró Hernán Pérez de Bocanegra, encomendero de Acámbaro. Viendo que vivían en plena autonomía, convenció a Conni, con regalos y palabras, que estos otomíes debían tributarle algo del fruto de sus labores agrícolas. Los chichimecas pensaron matar a Conni, por su amistad con el invasor blanco, pero este otomí sutil les hizo regalos y los tranquilizó. Pérez de Bocanegra trajo un fraile franciscano para bautizar a los otomíes y chichimecas del lugar. A Conni se le atribuye la fundación del pueblo; desgraciadamente los documentos más auténticos no especifican claramente el año .

Dos siglos después el cronista franciscano Beaumont analizó varios documentos antiguos y concluyó que “el más probable cómputo de su primitiva fundación con los bárbaros chichimecas” es el año de 1531. Muchos historiadores han tomado esta fecha como “oficial” desde entonces. Es probable que la integración del pueblo en el sistema novohispano, cuando llegó Pérez de Bocanegra, haya sido entre 1538 y 1542.

 

Hay otra relación de la fundación de Querétaro, el de Nicolás de San Luis, cacique otomí y pariente político de Conni, quien tuvo un papel importante en la conquista y colonización de la región. Allí se encuentra la famosa leyenda de la lucha sin armas en el cerro de Sangremal y la milagrosa aparición del Apóstol Santiago; sin embargo los obvios anacronismos que contiene esta relación le quitan valor como fuente histórica fidedigna.

 

Llegaron números considerables de otomíes a Querétaro, así como algunos tarascos y nahuas. Conni mandó crear un sistema de acequias para aprovechar las aguas que salían de La Cañada. Repartió las tierras del valle, reservando grandes propiedades para sí mismo y su familia.

 Cuando se abrió el camino real a Zacatecas, hacia 1550, creció la importancia de Querétaro, por su ubicación estratégica entre la capital de la Nueva España y la zona minera al norte. Querétaro fue esencialmente un pueblo de indios en el siglo XVI; sin embargo, para 1586 el franciscano Ciudad Real reportó que había más de setenta vecinos españoles, dedicados a la ganadería y la agricultura .

 

Estalló la Guerra Chichimeca en 1550. Fue esencialmente una reacción de los nómadas ante la invasión de sus tierras, que resultó de la colonización intensiva del Bajío y las zonas mineras del norte. Este conflicto cruel duró hasta 1590 y aún después en algunos lugares, como la sierra Gorda. Los españoles se valieron, como había hecho Cortés, de aliados indígenas que pertenecían a diferentes grupos étnicos. Los otomíes tuvieron un papel clave en esta lucha y en la expansión de la civilización hispano-indígena hacia el norte. Los caciques indígenas recibieron importantes nombramientos y privilegios de los virreyes. Destacan entre estos conquistadores otomíes los tres capitanes generales: Nicolás de San Luis, Hernando de Tapia (Conni) y su hijo Diego de Tapia. Los dos últimos fueron gobernadores de Querétaro, que parece haber servido como una importante base de operaciones para los ejércitos indígenas. Querétaro quedaba en plena tierra de guerra. Durante la segunda mitad del siglo tuvo que sufrir los ataques de los hostiles nómadas. Finalmente los chichimecas fueron vencidos, no por la “guerra a fuego y a sangre”, sino por una sutil mezcla de la fuerza de las armas y la diplomacia, con abundantes regalos de comida, ropa y otros bienes. Fueron congregados en pueblos, junto con indios civilizados del sur, y puestos bajo la tutela religiosa de los frailes. Así los españoles y sus aliados indígenas se adueñaron del Bajío y las zonas mineras del Norte .

 

La evangelización de la región empezó, como vimos, con el bautizo de los otomíes y chichimecas que vivían en La Cañada. Juan Sánchez de Alanís, quién llegó como “criado” de Pérez de Bocanegra, tuvo un papel importante en la conversión de los indígenas. Después Sánchez fue ordenado como sacerdote. Este español conocía el idioma otomí y alguna de las lenguas chichimecas. Conni hizo bautizar a todos los indios que llegaban a la creciente población; iba a misa cada día y castigaba a los indios que no asistían al rito los domingos y días festivos.

 Los franciscanos se encargaban de cristianizar y administrar los sacramentos a los habitantes del pueblo de Querétaro. Desconocemos la fecha precisa de la fundación del convento de Santiago. De la década de 1580-1590 hay menciones en los documentos de un conjunto conventual completo, de sólida mampostería, con un claustro amplio que permitía estudios de teología, artes y gramática. Se construyó durante el gobierno de Conni; por lo tanto debe de haberse terminado antes de 1571, año de su muerte.

 Los franciscanos, durante la primera etapa de la evangelización, fueron en realidad bastante radicales. Quisieron crear, en los pueblos de indios, comunidades cristianas utópicas modeladas en la Iglesia primitiva. Encontraban en la cultura indígena valores semejantes a los propios, alentando sus esperanzas de crear una nueva sociedad, libre de las enfermedades morales y la corrupción que contaminaban al Viejo Mundo. Esta corriente idealista perdió vigor en la última mitad del siglo XVI, por varios motivos: la oposición del clero secular, que poco a poco iba desplazando a los frailes; cambios en la política real hacia las colonias y la decadencia dentro de las órdenes mendicantes, junto con la pérdida del celo apostólico de los primeros años (18). No hay pruebas concretas que nos indiquen cuando se trazó el asentamiento hacia el lado oeste del cerro de Sangremal, eclipsando así a La Cañada como el centro de Querétaro. Posiblemente fue en la década de 1541-1550 (19). Las manzanas de la nueva población fueron trazadas por Juan Sánchez de Alanis “en forma de un juego de ajedrez (…) con muy grandes y espaciosas calles y puestas por muy bien concierto y orden”, según la Relación geográfica de Querétaro, escrita en 1582 (20). Un análisis de la traza urbana, –más o menos intacta– de Querétaro, de forma reticular (21), revela que allí, como en la mayor parte de los asentamientos novohispanos, se aplicaron las teorías urbanísticas del renacimiento italiano (22). El convento de los frailes franciscanos, con su amplio atrio, quedaba al centro del pueblo, como era usual en los pueblos de indios. El diseño urbano de Querétaro es excepcional, sin embargo, en la relativa irregularidad de las calles atrás (al oriente) del convento y en el hecho de que la plaza quedaba a un lado del atrio conventual, en lugar de ubicarse sobre el eje longitudinal de la iglesia (23).La ciudad barroca de QuerétaroDe un pequeño pueblo de indios, Querétaro creció hasta convertirse en el siglo XVII en la tercera ciudad de la Nueva España, por el número de sus habitantes (24). Hay varias descripciones de Querétaro en los documentos de los siglos XVII y XVIII. A continuación citaré algunos de estos escritos. Pasear por las calles de Querétaro era una experiencia estética de primer orden, como fácilmente podemos percibir a través de las fuentes literarias que siguen. La primera de las descripciones seleccionadas fue redactada por el fraile franciscano Alonso de La Rea. Fue impresa en la ciudad de México en 1643 (25). A mediados del siglo XVII Querétaro estaba en pleno crecimiento. Llegaban muchos colonos desde las poblaciones hacia el sur. Probablemente tenía más de 5,000 habitantes en estos años, entre los indios (siempre una mayoría en el Querétaro barroco), los españoles, los negros y las personas de sangre mezclada (26).
 

  Está el pueblo de Querétaro treinta leguas de la ciudad de México, hacia el Poniente, situada en la falda de una pequeña cuesta, cuya población se divide mitad arriba y mitad abajo. El sitio es montuoso, pero tan fértil que puede competir con los mejores de Italia. Está todo cercado y rodeado de montes muy altos, y así su población, huertas y labores, vienen a estar en una rinconada, tan breve y tan corta que sólo su fertilidad puede sustentar tan numerosa población. Es de casi cuatrocientos vecinos españoles (sin la otra gente que es mucha) todos de caudal y porte, divididos en sus calles a lo político y popular. Sus casas muy complicadas así de lo material como de lo necesario: y así todas en general tienen agua de pie y las más, huertas y viñas con sus huertos y recreos que sin encarecimiento, pueden competir con los Ibleos (sic pro hibleos) y celebrados pensiles de Grecia y de Babilonia. Tiene seis conventos fundados: de N. P. San Francisco, de sus Descalzos, de Carmelitas y padres de la Compañía, el hospital que tienen los hermanos de Huastepec y el de las monjas de Santa Clara (…) Cada uno de estos conventos tienen cosas memorables así por los edificios como por la autoridad y que pedían mayor relación, pero remítola a otras plumas.

Treinta y siete años después de la impresión de las citadas palabras de La Rea, el brillante matemático, astrónomo, historiador, poeta y cosmógrafo don Carlos de Sigüenza y Góngora, publicó su famosa obra Glorias de Querétaro, para conmemorar el estreno de la iglesia de la Congregación de la Virgen de Guadalupe (27). Sigüenza, después de describir el contorno natural y los campos de cultivo en el valle queretano, se refiere a la orgullosa ciudad barroca (ya podemos hablar de Querétaro como ciudad, pues en 1656 el virrey concedió el título de “Muy Noble y Leal” ciudad de Querétaro después de una fuerte donación a las arcas reales. La confirmación del rey se dió hasta 1712, gracias a otra aportación pecuniaria del vecindario queretano) (28).
 

  Todo lo que no ocupan las labores es el sitio de la ciudad que promedia este río, siendo la parte inferior la comunidad de los indios, y la superior el lugar de los españoles, cuyo número distribuido por las vecindades y humeros llegará a quinientos, no comprendiendo los indios, negros, mulatos y mestizos, que son muchos. Las casas materiales, de que la población se compone, regularmente son de un terrado, pero lo que les falta de altura les sobra de capacidad y grandeza. No hay alguna, por pequeña que sea, que no tenga agua de pie o de la que brota en los pozos, o de la que se les comunica por atarjeas de cal y piedra en que se pasea por todas las calles de la ciudad (…), siguiéndose de esta conveniencia, y de la fertilidad del terruño, el que en todas haya deliciosos jardines y agradables abundantísimas huertas. No le excede México (que es ponderación más que grande) en poseer los matizados tesoros de Amalthea en cuantas flores, ya sean naturales de estos países, ya originarias de las alcuñas de Europa, son entretenimiento apacible de la vista, y regalo suavísimo del olfato. No se necesita de que de otras partes se le conduzcan frutas, porque en cualquiera huerta de la ciudad hallará el criollo chirimoyas, aguacates, zapotes blancos, plátanos, guayabas, garambullos, pitayas, ciruelas, tunas diferentísimas; y no echará de menos el gachupín sus celebrados y suspirados duraznos, granadas, membrillos, brevas, albérchigos, chabacanos, manzanas, peras, naranjas y limones de varias especies; de todas las cuales frutas, o las más de ellas se hacen conservas de tan sabroso punto, cuanta es la abundancia con que por todos estos reinos se distribuyen. No faltan las cañas dulces, melones, sandías y de todo género de hortalizas, sin exceptuar las escarolas, betorragas, el cardo y los espárragos, hay copia sobradísima de uvas de todos géneros, así en viñas dilatadas como en parras frondosas; y nada se echa menos, no sólo de lo preciso, sino aún de lo delicioso para conservación de la vida, sirviendo esto de medio eficaz para que insensiblemente pasase Querétaro de pueblo no muy grande a ser ciudad magnífica y numerosa (…) No es el menor lustre de la ciudad de Querétaro, la munificencia con que se emplea en el divino culto, omito el referirlo cuando son tan notorias sus fiestas anuales, sus procesiones penitentes, sus cofradías devotas, sus capellanías perpetuas y sus memorias piadosas. Siete eran las iglesias en que como siete columnas estribaba allí todo el empireo en que asiste la sabiduría del Padre. La primera, la parroquia del convento de Santiago de la Regular Observancia de N.P.S. Francisco, cuyo curato y beneficio es tan pingüe, que sustentando un número crecido de religiosos, sobra mucho al fin del trienio para la fábrica. El religiosísimo de San Buenaventura de la Cruz de los Milagros de la Recolección de la misma orden. El de San Antonio de Padua, de la descalcez seráfica. El de la Reforma de Nuestra Señora del Carmen. El Colegio de la Compañía de Jesús, donde se lee gramática. El hospital real de que cuidan los hermanos de San Hipólito. El convento real de Santa Clara de Jesús, en donde como en regalía suya nombra capellanías su majestad, que administran los religiosos de su hábito, y en donde como en un remedo del paraíso siguen al cordero divino ciento y veinte vírgenes, que como esposas queridas las adorna con la hermosa plenitud de las perfecciones. Decir la majestad de sus fábricas, portadas y torres, cimborrios, altares, sagrarios, relicarios, ornamentos, preseas, reliquias, riqueza, adorno, indulgencias, jubileos y gracias, fuera asunto muy lleno para cualquiera pluma que quisiera emplearse en prolija historia. Lo que yo aseguro es que, siendo México una de las ciudades que en todo el ámbito de la tierra poseen templos con igualdad suntuosos y perfectos, puede Querétaro correr al lado de México en tan sagrado estadio. A estas grandezas por todas partes cabales, dio heroico realce la nueva iglesia de presbíteros seculares, que en honra de María santísima en su advocación de Guadalupe de México, se perfeccionó y dedicó en estos días, con las circunstancias y majestuosa pompa que admiré presente y que remito a la posteridad en esta desaliñada narración de lo que fui testigo (29).

Una hermosa y barroquísima descripción de la ciudad se encuentra en un libro sobre las recién construidas obras hidráulicas de Querétaro y las fiestas dedicatorias, escrito por el padre jesuita Francisco Antonio Navarrete en 1738 e impreso el año siguiente (30). Seguía creciendo la ciudad en esos tiempos; según el estudio demográfico de Super, la población de Querétaro aumentó hasta más de 25,000 hacia mediados del siglo (31).
 

  Es la muy noble y leal ciudad de Santiago de Querétaro, entre todas las ciudades que pueblan este continente septentrional, si no la más poblada por la templanza de su cielo y distribución admirable de sus aguas, la más florida; porque la arboleda, que en forma de media luna la rodea, la hace tan amena y vistosa, que los cinco sentidos tienen su especial deleite al gozar de su amenidad y hermosura. El paladar se recrea con el gusto de tantas diferencias de frutas, sin dar sentencia a favor de ninguna, porque todas son exquisitas (…) El olfato tiene su especial recreo en la vegetable república de las flores; porque siendo tan varias y tan hermosas, se mantienen ya unas, y ya otras, todo el año; sin que lo erizado del invierno pueda marchitar ni el encendido color de las rosas ni la candidez de las azucenas, dándoles humo de narices con su olor suave al diciembre rígido y al helado enero. Los pintados pajarillos (ramilletes volantes) divierten con su canto continuamente los oídos; porque como cada casa es una maceta de flores, cada jardín una primavera, y cada huerta un Paraíso, toda la ciudad es una jaula, en que sin más cuidado que abrir los oídos, se percibe con deleite aquella música, que por componerse de avecillas inocentes, no puede menos el corazón, que elevarse y apetecer la celestial música que es divina, porque sigue los armónicos y soberanos puntos del Cruzado. El tacto tiene su singular delicia en las frutas, tan hermosas y varias que toca, y en las matizadas y suaves flores que manosea. Pero el sentido que más percibe la amenidad y hermosura de Querétaro (sin duda por más noble) es el de la vista (…) Este hermoso país visto desde la Loma, causa tanto agrado a los ojos, que faltan colores a la retórica para pintar con propiedad lo que tan amena ciudad encierra dentro de tan florido círculo para el recreo; porque al registrar una ciudad, que al compás de los edificios descuellan los árboles que la matizan, imprime en la fantasía una tan agradable, aunque opuesta armonía de pareceres, que al ver sólo la mitad de los templos, los chapiteles de las torres y las azoteas de las casas empinarse sobre los árboles y las flores, imagina la fantasía, que lo enmarañado y tupido de la arboleda es un ondeado mar de verdes esmeraldas que mantiene sobre su en-ojada espalda una grande flota de navíos, que aunque parece están en calma por haber dado fondo los blancos edificios, tal vez imagina que navegan, cuando el viento al mover las copas de los árboles, engaña la vista para que presuma que son las olas, que azota el aire, dándoles a los navíos de cal y canto un engañoso y aparente movimiento.

La descripción de Villaseñor y Sánchez salió de la imprenta siete años después del libro del jesuita Navarrete, en 1746. Villaseñor, citando registros parroquiales, nos informa que había entonces 2,805 familias de indígenas otomíes en la ciudad de Querétaro, así como 3,004 familias de españoles, mestizos y mulatos. Este autor multiplica el total de familias por ocho para obtener una población total de 46,472 individuos. En un estudio moderno, John C. Super utiliza un factor de conversión más realista de 4.6, el cual nos daría una población de aproximadamente 26,721 habitantes para la ciudad (32).
 

  La capital, que es Querétaro, es la más hermosa, grande y opulenta ciudad que tiene el arzobispado de México, así por los muchos templos de suntuosa fábrica que le adornan, orden de sus calles y plazas, perfectos edificios de casas, crecido número de familias de españoles y demás calidades, estado eclesiástico y secular, como su buen temperamento, abundancia y amenidad. Hállase situada esta ciudad a la falda de una loma, que hoy se nombra el cerro de la Santa Cruz, extendiéndose la mayor parte de su población de Oriente, dista de la capital México cuarenta y dos leguas, elevándose el polo septentrional en veinte y un grados, treinta minutos. Situado, pues, su hermoso plantel, y supuesto que la mayor parte de su población es de Oriente a Poniente, se abriga de Norte a Sur con un cerro que la defiende, y desde donde principia su célebre cañada, cuyo delicioso país, frondosas campiñas y divertibles huertas causan recreación a la vista, fertilizadas de las aguas de un caudaloso río, e introducidas por conductos secretos, reducidas a doce surcos, que corren por la acequia madre; y de este beneficio gozan más de dos mil casas y en ellas otras tantas huertas y jardines abundantes de varias especies de flores y frutos así regionales como de Castilla (…) De las tres plazas que tiene la ciudad salen todas las calles en que se dilata, cruzadas a los cuatro vientos principales, que la hacen hermosamente repartida y fácil el giro de su vecindario; su mayor largueza corre de Oriente a Poniente y de Sur a Norte su anchura (33).

En la primavera de 1764 el franciscano español Francisco de Ajofrín pasó un mes en Querétaro. Como los demás visitantes escritores, quedó impresionado por esta ciudad encantadora:
 

  Es Querétaro hermosa, grande, opulenta y amena ciudad del arzobispado de México, y última, por ese rumbo, de su jurisdicción. Hállese situada a la falda de una loma que se nombra de Santa Cruz, donde está fundado el colegio de Padres Crucíferos. Dista de México 46 leguas. Se halla en 21 grados y 30 minutos de latitud. Su población se extiende de oriente a poniente más que de norte a sur, y la desigualdad del terreno en declive, por el rumbo dicho no permite que sus calles sean perfectamente niveladas. A la banda del norte está defendido de un cerro muy elevado, y en su profundidad hay un valle extendido y capaz, que llaman La Cañada, fertilísima y deliciosa por sus muchas huertas y natural amenidad. Por lo profundo de La Cañada corre un caudaloso y cristalino río, cuyas aguas, divididas en acequias, riegan y fertilizan la parte baja de la ciudad, quedando la superior sin este beneficio; aunque tiene el equivalente, y aún mejorado, por la bondad de sus aguas, con el acueducto y magnífica fábrica del puente que a sus expensas labró poco ha el marqués del Villar del Aguila, don Julio Antonio de Urrutia y Arana, de tanta elevación, que siendo el colegio de Padres Crucíferos lo más alta de la ciudad, como ya queda insinuado, la cogen los padres en los claustros altos y en sus propias celdas sin bajar las escaleras; cosa rara y que no he visto en ningún otro convento (…) (34).

La última descripción que citaré aquí fue redactada por Antonio de Ulloa, comandante de la última de las flotas de Indias (35). Estuvo en Querétaro en 1777. Un censo del mismo año indica que había más de 25,581 habitantes en la ciudad (36). Otras cifras del último cuarto del siglo XVIII varían entre 36,000 y 47,000. Zelaa supone que había más de 50,000 en la ciudad en la primera década del siglo XIX (37). Ulloa nos dejó su impresión de la ciudad, la cual resulta muy útil para reconstruir la vida de Querétaro hacia el final de la época Barroca.

  Es la situación de esta ciudad, según se ha dicho, al pie de una cuesta y a la parte del sureste de una espaciosa llanura. Su capacidad es bien grande: las calles, derechas y anchas; las casas, en la mayor parte, bajas, bien fabricadas, algunas tienen un alto, son desahogadas en sus viviendas y por arriba están cubiertas de azoteas, sin verse tejado en declive: cuyo uso es general en las poblaciones del reino, conociéndose en ello haber tomado los primeros fundadores el médodo (sic) de Andalucía. Los barrandales son de hierro, que en aquellas partes es costoso. La calle del Comercio, que es una de las principales por estar contigua a la Plaza Mayor, se hermosea con el crecido número de tiendas que hay en ella, abastecidas abundantemente de toda suerte de mercancías de Europa. Muchas de las casas gozan de la comodidad de fuentes, por haber abundancia de aguas corrientes, que se conducen a la ciudad sobre una arquería de 62 arcos, cuyos claros son como de 18 varas y la elevación de los más altos 20. Es obra moderna, hecha de piedra de un color rojo, siendo de ésta los más de los edificios. Hay además varias fuentes públicas para la comodidad del vecindario. Tiene dos plazas grandes: la principal en figura cuadrada, en cuyo medio la adorna una hermosa fuente; la otra hace frente al convento de San Francisco. Las casas de cabildo son representación, fabricadas modernamente. Sin embargo de la capacidad de esta ciudad sólo tiene una parroquia y ésta es la iglesia de San Francisco por haberle servido antes a los religiosos de este orden. Hállese ya secularizada y tiene tres ayudas de parroquias. A más del convento de San Francisco hay de Santo Domingo, de la Merced, de San Diego, recoletos de San Francisco misioneros; y de monjas, Santa Clara, capuchinas, carmelitas y beaterio de Santa Rosa: Éste es, así mismo, colegio para la enseñanza de niñas y hay crecido número de colegiales que se crían con la mejor instrucción. Las iglesias de estos conventos son hermosas, ricamente doradas en sus altares y adornadas con el mayor primor, particularmente las de las monjas y entre éstas se distinguen las de Santa Rosa (…) Viven estas familias (de españoles y criollos) entre bastante decencia y porte, pues se cuentan más de sesenta coches que ruedan, teniendo la comodidad de estar toda la población en llano, hallarse sus calles empedradas y de que se proporcionan varias salidas amenas por las muchas huertas que hay en su circuito, en donde sobresale la amenidad, contribuyendo el temperamento benigno y el riego en las estaciones en que faltan las lluvias. El carácter de las gentes es agradable: recomendación que es general en todo el reino. Tienen buenas presencias y en el sexo sobresalen las que los distinguen (sic). Continuamente se ve en las calles y plazas bastante concurso de gente, que es señal de estar bien poblada y del tráfico y comercio que tienen. La gente de mediana esfera y los indios se ejercitan en hacer tejidos de lana y de algodón, fabricando frasadas, paños bastos, lienzos blancos y listados y los que llaman “paños”, que usan las mujeres para cubrir el cuerpo desde los hombros hasta la cintura, por cuyo motivo es grande el consumo que hay de ellos.

La población de Querétaro en la época BarrocaQuerétaro, como todas las ciudades de la Nueva España, tuvo una población multiétnica. Cada grupo aportaba algo de su forma de ser a la cultura híbrida del lugar. Leonard habla de una “pigmentocracia”, en la cual el nivel social del individuo se basaba principalmente en el porcentaje de sangre europea que llevaba en las venas (38). A continuación veremos los diferentes grupos raciales que conformaban la sociedad queretana en los siglos barrocos. Los españoles peninsulares, llamados chapetones o gachupines (39), ocupaban un lugar privilegiado en la sociedad colonial. Para ellos, la Nueva España era una promesa de prosperidad. Los que tenían una educación formal ocupaban los puestos importantes en el gobierno y en la Iglesia. Llegaron muchos campesinos y artesanos de la península ibérica, atraídos por la posibilidad de enriquecerse. Muchos prosperaron. En Querétaro se convirtieron en comerciantes y en dueños de estancias, haciendas y obrajes. Otros tuvieron menos suerte, integrándose en las clases media y baja de la sociedad. También llegaban a la Nueva España los españoles menos deseables, los ladrones y vagabundos (40). Según las Leyes de Indias no podían inmigrar a la Nueva España personas que no fueran españoles; sin embargo los europeos de otros países conseguían permisos para establecerse, especialmente si dominaban algún oficio que escaseaba en la tierra. También llegaban ilegalmente. Existen pruebas documentales de la presencia clandestina de portugueses residentes en Querétaro en 1619, quienes tuvieron que pagar una multa para “componerse” ante el gobierno virreinal (41). Los criollos, o personas de sangre española nacidas aquí, frecuentemente son llamados “españoles” en los documentos virreinales. Sin embargo, constituían una categoría social distinta. Especialmente en la primera parte de la época Barroca, los peninsulares imaginaban que los criollos eran físicamente y mentalmente inferiores, debido al efecto del medio ambiente en su desarrollo (42). Los descendientes de los conquistadores y colonizadores veían con frustación que los recién llegados de España acaparaban el poder, ocupando los puestos superiores en la burocracia y la Iglesia. Había una nobleza criolla que heredaba sus títulos de los conquistadores o de sus parientes peninsulares. Si no tenían antecedentes nobles, pero poseían fondos suficientes, podían comprar un título. En general los criollos pudientes fueron empresarios, dedicándose a las mismas actividades que los gachupines (43). En Querétaro hubo criollos sobresalientes, como don Juan Caballero y Ocio, que ocupó importantes puestos en el gobierno y la Iglesia. Heredero de una fortuna, se dedicó a la filantropía. Fue generoso en extremo con su caudal, destacándose como benefactor de los pobres y las instituciones religiosas, así como patrón de las artes (44). En Querétaro la proporción de españoles (peninsulares y criollos) iba en aumento, desde una pequeña minoría en el siglo XVI, hasta constituir más de la cuarta parte de la población en el último cuarto del siglo XVIII, y casi la tercera parte al final del Virreinato (45). El grupo racial más numeroso de la ciudad fueron los indígenas (46). Los más antiguos en la zona fueron los chichimecas. Después llegaron los otomíes para fundar el pueblo; éstos siempre se mencionan en los documentos virreinales como el grupo mayoritario entre los indios de la ciudad (47). También había tarascos y nahuas en Querétaro. Por bastante tiempo los indígenas mantuvieron muchos rasgos de su antigua cultura, aunque se incorporaron en la economía española (48). Probablemente constituían más del noventa por ciento de la población de la ciudad hasta los primeros años del siglo XVII. Desde mediados del siglo XVII hasta la mitad del XVIII alrededor del cincuenta por ciento de la población fueron indígenas. Para la primera década del siglo XIX, la proporción de indios había bajado hasta el veinticinco por ciento, más o menos (49). Entre los caciques otomíes se destacaba de manera especial don Diego de Tapia, hijo de Conni. Heredó de su padre los cargos de capitán general y gobernador de Querétaro, así como extensas propiedades. Éstas, junto con las minas que descubrió en el Norte, le permitían vivir como un magnate. Fue gobernador desde 1581 hasta su muerte en 1614 (50). En el siglo XVII los caciques de Querétaro conservaban algo del poder y prestigio que habían ganado sus antepasados, como aliados del gobierno virreinal en la Guerra Chichimeca. Esta élite indígena solía adoptar un estilo de vida más español que autóctono (51). En 1696 un hijo de caciques queretanos, educado en el colegio jesuito de la ciudad, recibió el grado de Bachiller en Artes, después de presentar un examen en la Real Universidad de México. Con el grado venía la “licencia de subir en cátedra y exponer en ella Aristóteles y los demás autores de Artes” (52). El prestigio del gobernador y la influencia de los caciques en general decayeron en la segunda mitad del siglo XVII y en el siglo XVIII. Al final de la época Barroca apenas se distinguían de los indios comunes (53). Contribuía a este proceso la pérdida de las tierras de los indígenas, comunales y privadas, a los hacendados españoles. Hacia mediados del siglo XVIII éstos poseían la mayor parte de las tierras productivas de la región y los campesinos indígenas fueron reducidos a la condición de peones en las haciendas.54 Los indios de la ciudad desempeñaban trabajos muy diversos, desde labores manuales en las empresas de los españoles, hasta oficios artesanales diversos, la creación pictórica y escultórica, el diseño arquitectónico y la construcción. Otros fueron comerciantes, dueños de trapiches textiles y abogados (55). La tercera raza básica que conformaba la población queretana fue la negra. Los africanos fueron importados como esclavos, sobre todo en las últimas décadas del siglo XVI y la primera mitad del XVII. Los españoles los compraban para proveer de mano de obra a sus empresas y como símbolos de su rango social (56). En Querétaro la mayoría de los esclavos trabajaban en los obrajes textiles, donde constituían una parte muy grande de la fuerza laboral durante el siglo XVII. Los negros que no estaban en las fábricas eran sirvientes domésticos (muy codiciados por la clase alta), artesanos (particularmente herreros y sastres) o pastores en las estancias campestres de sus dueños. Sigüenza menciona en 1680 que “cuatro piezas de esclavos” fueron donados a la Virgen de Guadalupe para que sirvieran en la iglesia de la Congregación: “el uno con su ropón de paño azul, y en el bordado el nombre de su Señora, para que sirviera de perrero; otro para que administre lo necesario en la sacristía, y dos negrillos para que ayuden a misa.” En la última parte del siglo XVIII había pocos esclavos en la provincia. Muchos compraban su libertad y la de sus familias; otros fueron liberados por sus dueños después de haberles servido fielmente. En general iban mezclándose con los demás grupos hasta desaparecer como raza pura (57). La belleza física de las mujeres negras debe de haber hechizado a los varones españoles, pues pronto empezaron a proliferar los mulatos, nuevo tipo de la especie humana, de sangre hispanoafricana. Algunos compartían con sus madres la condición de esclavitud, pero con frecuencia los españoles concedían la libertad a sus hijos concebidos con esclavas. En algunas ciudades novohispanas era común que las jóvenes negras y mulatas libres anduvieran adornadas con costosas joyas, regalos de sus amantes españoles de la élite social. En 1778 el diez por ciento de los queretanos fueron mulatos, según un censo oficial. En general los mulatos queretanos se dedicaban a trabajos manuales, en los obrajes, talleres artesanales y en el campo. Como las otras mezclas, tenían poco prestigio y frecuentemente se metían en problemas con la ley (58). Otro tipo humano de sangre mezclada fue el mestizo, o hijo de español e india. Al principio los españoles tendían a despreciarlos. Se les negaba el derecho de llevar ropa de estilo español y de ocupar ciertos cargos burocráticos y eclesiásticos, pero en ocasiones se hicieron excepciones, considerando como criollos a los mestizos destacados, a pesar de su sangre indígena. Como los indios, algunos fueron obligados por endeudamiento a trabajar en los obrajes. También laboraban en los talleres artesanales, aunque los reglamentos gremiales no les permitían aspirar a la categoría de maestro en las artesanías más prestigiadas. En el campo servían como pastores y ayudantes. Pocos al principio de la época Barroca, llegaron a constituir en Querétaro el tercer grupo hacia fines del periodo, después de los indios y españoles (el dieciocho por ciento de la población en 1778). Gradualmente mejoraron sus posibilidades en el siglo XVIII, al final del cual ya había comerciantes y agricultores mestizos; algunos se casaban con españolas (59). En adición a los tipos mencionados, surgió una gran variedad de mezclas. La obsesión de aquella sociedad con las categorías raciales llevó a la creación de una designación para cada combinación. Leonard dice que “Literalmente veintenas de denominaciones fueron inventadas o aplicadas a las diferentes gradaciones de color y sangre, cuyas variedades agotaron los recursos del lenguaje” (60). La terminología variaba, pero en general es evidente la insensibilidad y racismo que caracterizaban al español de la época

La SEDENA y el E Z L N en Chiapas

Se usó la labor social

en comunidades para obtener

información, dice el ex titular

de la Sedena 

Riviello: el Ejército se preparó desde 1984 para enfrentar a la insurgencia en Chiapas 

Lamenta que no se haya actuado “conforme a derecho en contra de los transgresores” 

“Sin la actuación efectiva de las fuerzas armadas, México tendría hoy un gobierno muy distinto”  

Jesús Aranda 

 

La Jornada  

La irrupción armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas obligó al Ejército Mexicano a modernizar su estructura operativa, material y de armamento; mejorar el adiestramiento de los soldados en territorio nacional y en el extranjero; modificar la división territorial, al reubicar y crear nuevas unidades, además de enfrentar los problemas de corrupción y falta de apoyos económicos que afectaban las condiciones de seguridad social, la moral y la vida de los soldados y sus familias. 

Revela lo anterior el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) de 1988 a 1994, general Antonio Riviello Bazán, en El libro de Chiapas, de edición limitada, en el que detalla cómo la dependencia se preparó militar y logísticamente, 10 años antes de que estallara el conflicto, además de que utilizó la labor social para obtener información directa de las comunidades sobre la situación existente. Lo anterior sirvió al Ejército para prevenir de operaciones del movimiento “que se estaba gestando, detectarlo y ubicarlo con toda anticipación”, y que estalló el primero de enero de 1994. 

“No ha sido tomado en consideración que, sin la actuación efectiva de las fuerzas armadas, México tendría hoy un gobierno muy distinto al que actualmente nos conduce”, sostiene en su libro, el cual, se sabe, generó molestia en el instituto armado. 

El titular de la Sedena durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari cuestiona que el gobierno federal no haya tomado medidas a tiempo en contra de quienes apoyaron el movimiento armado, entre los que menciona a religiosos nacionales y extranjeros. 

Lamenta que “no se actuara conforme a derecho en contra de los transgresores”, lo que dejó a “nuestras excelentes tropas reprimidas y maniatadas frente a un grupo armado que los embosca y los mata”. También critica a los que denomina “la quinta columna o la quinta pluma”, quienes desde dentro y fuera del país justificaron el movimiento armado. 

Los focos rojos sobre la existencia de grupos armados en Chiapas datan del 17 de abril de 1971, cuando ocurrió un enfrentamiento entre soldados e integrantes de las Fuerzas de Liberación Nacional en las inmediaciones del rancho El Diamante, en el municipio de Ocosingo. 

Después de un largo recuento, el divisionario da cuenta de la “vista aérea de adiestramiento de transgresores en la región de la Cañada, los días 26, 27 y 28 de mayo de 1993”, acciones que fueron hechas del conocimiento de las autoridades federales. Además se dio cuenta de “un sinnúmero de robos, asaltos, secuestros y vejaciones a la sociedad civil, sin que ninguna autoridad civil u organización defensora de los derechos humanos se molestara en tomar conocimiento de estos penosos acontecimientos”. 

Riviello Bazán señala que las operaciones militares “no sólo tomaron 12 días (antes del cese al fuego decretado por el presidente Carlos de Salinas de Gortari el 12 de enero de 1994), sino cinco años de duro adiestramiento”, cuyo origen data de 1984, cuando el entonces secretario de la Defensa Nacional, Juan Arévalo Gardoqui, ordenó a la Inspección General del Ejército y la Fuerza Aérea que constataran “las condiciones reales en que se encontraban las tropas en el sureste de la República, considerando como hipótesis: oponerse a una agresión proveniente del exterior o alteraciones al interior del Teatro de Operaciones del Sureste (Tose)”. 

A partir de entonces, el Ejército creó en los estados de esa zona “un órgano de inteligencia especializado, encargado de evaluar, interpretar, explotar y difundir la información necesaria, tanto para el orden interno como para realizar operaciones, y que al mismo tiempo fuera la base de una estructura nacional para desarrollar actividades de información”. 

El diagnóstico reveló que las brigadas de infantería contaban con “una capacidad operativa muy baja”; que no se tenía un sistema de logística adecuado; no existía la coordinación necesaria “con autoridades civiles para la realización de la defensa civil”; las bases aéreas de la zona tenían muchas deficiencias operativas, y no había coordinación con la Armada, entre otras cosas. 

Ante “la preocupación ineludible por la situación que guardaba el sureste”, el Ejército, con la autorización presidencial, inició labores de acción social en 1989, con 2 mil 661 elementos. en 49 comunidades de los Altos de Chiapas.

Esto permitió a los soldados acercarse a las comunidades y obtener información posterior sobre la existencia de grupos armados en el lugar. 

El alto mando ordenó optimizar el entrenamiento; reforzar la moral de las tropas y sus familias –con incrementos salariales, mejoramiento de prestaciones y vacaciones–, “combatir y erradicar la corrupción en la Sedena”, así como modernizar y unificar el armamento. 

Revela que era práctica cotidiana el “agiotismo” de comandantes de unidades que “prestaban” a los soldados dinero a cuenta de su salario, además de que había corrupción en la compra de comida, vales de gasolina y uniformes, lo que en conjunto causaba impacto negativo en la moral de los soldados. Esas situaciones, asegura, se desterraron en su administración (1988-1994). 

Ascensos a incondicionales 

Afirma que también se erradicó la práctica de dar ascensos a unos pocos, “preferidos o incondicionales”, porque ello desmoralizaba “a muchos jefes y generales”. Estableció que para ser elegible a un ascenso se requerían cuando menos cuatro años de antigüedad, y no uno o dos como ocurría anteriormente. 

Respecto de la preparación de los soldados, se creó el Centro de Adiestramiento de Operaciones en la Selva, “con instructores nacionales preparados en el extranjero, que utilizaron las experiencias de otros países (Guatemala)” en contra de la guerrilla; se formaron los grupos Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y Anfibio de Fuerzas Especiales (Ganfes); se dieron cursos de localización y desactivación de explosivos, minas y trampas explosivas, impartidos por oficiales de Estados Unidos, Guatemala, Inglaterra y Chile. 

De diciembre de 1988 al 31 de diciembre de 1994, mil 82 elementos del Ejército y Fuerza Aérea realizaron estudios en Inglaterra, Chile, Bélgica, Estados Unidos, España, Venezuela, Francia, Guatemala, Panamá, Alemania, Perú, Brasil, Canadá, Italia y Colombia 

En cuanto a la modernización del equipo, en el contexto de las operaciones en Chiapas, la Sedena adquirió 30 teléfonos Intesat vía satélite; modernizó el servicio de transmisiones; unificó el armamento individual de todas las unidades operativas del Ejército y se adoptaron los fusiles HK (FA y G3); se adquirieron 500 fusiles Barret calibre 50 mm, 200 lanzagranadas MGL, mil 706 ametralladoras MK-19, 15 mil 158 aditamentos para lanzagranadas, 270 cohetes MK-1 y 500 lanzacohetes Blindice. Además se compraron 2 mil 205 vehículos de transporte de personal y 829 de reconocimiento. 

 

La Fuerza Aérea también resultó beneficiada, ya que, “por primera vez, se tomó conciencia” de su importancia. Se construyeron bases aéreas y se mejoró la infraestructura. 

Se adquirieron seis helicópteros Sykorsky Blackhawk, 17 aviones Pilatus PC-7, 20 helicópteros Bell 212, 22 helicópteros MD-530, 16 aviones Maulé, cuatro aviones Aravá, un avión Hércules C-130, además de simuladores y laboratorios. 

De acuerdo con Riviello, “las tropas enfrentaron el conflicto en Chiapas con un alto grado de adiestramiento, lo que permitió una rápida intervención en el conflicto y obligó al EZLN “a detener el impulso de sus operaciones y permanecer inactivo, como lo vemos hasta la fecha”. 

Precisa que el 31 de enero de 1993, a las 19:30 horas, se comunicó con el secretario de Gobernación, José Patrocinio González Blanco, para informarle sobre la presencia de individuos armados en diversos puntos de los Altos, “quien le hizo saber que ya había dispuesto que el gobernador de Chiapas, Élmar Setzer, reforzara con elementos policiacos las principales cabeceras municipales, y que mantenía la confianza de poder disuadir a los líderes del movimiento subversivo”. 

Mientras, la instrucción al Ejército era que se mantuviera únicamente “en situación de alerta” en sus cuarteles, y los soldados actuaron sólo después de que los zapatistas habían tomado las principales cabeceras municipales de los Altos de Chiapas, afirma.

El Obispo Vera señala a la S C J N

La Corte pretende limpiar la cara

al gobierno de entonces,

dice el obispo 

Informes de EU confirman impunidad ante estrategia contrainsurgente: Vera 

Urge llevar ante la justicia a culpables de crímenes como los de Acteal, señala  

Emir Olivares Alonso y Gabriel León Zaragoza 

 

La Jornada  

Los informes desclasificados del servicio de inteligencia del gobierno de Estados Unidos en los que se revela que los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo apoyaron la creación y entrenamiento de grupos paramilitares en Chiapas prueba “lo que todos dijimos en su momento: que la estrategia contrainsurgente fue ordenada desde las altas esferas del poder”, aseguró el obispo de la diócesis de Saltillo, Raúl Vera López. 

El prelado subrayó que esas revelaciones muestran que a raíz del surgimiento del EZLN, el gobierno federal emprendió una guerra contra los indígenas en Chiapas, mientras mantenía un doble discurso de un aparente diálogo por la paz. 

Exigió que con base en esa y otras informaciones se lleve a la justicia a aquellos que desde los puestos preeminentes del gobierno implementaron crímenes de lesa humanidad, como la masacre de Acteal, ocurrida el 22 de diciembre de 1997. 

Vera López, quien en esa época se desempeñaba como obispo adjutor de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, al lado del obispo Samuel Ruiz, recordó que existe ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una acusación formal contra el Estado mexicano por crímenes de lesa humanidad cometidos en Acteal, donde 45 indígenas, en su mayoría mujeres y niños, fueron asesinados por paramilitares hace casi 12 años. 

Sostuvo que los informes del Pentágono “prueban y exhiben” la impunidad que existe en México frente a la estrategia contrainsurgente, acompañada de grupos paramilitares, emprendida desde las alturas del gobierno y el Ejército. Agregó que tras el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que dejó libres a 20 paramilitares que habían sido sentenciados por la masacre, sus ministros “ahora son cómplices de esos crímenes”. 

En aquella época el gobierno incurrió “en crímenes de lesa humanidad, a partir de estrategias criminales contra la población que sólo pedía justicia, que estaban dialogando de buena fe; por eso el crimen es aún mayor, porque los indígenas estaban en diálogo; los que hacían una guerra era el Ejército mexicano, con sus paramilitares, y detrás de éste el jefe supremo de las fuerzas armadas, otros ex funcionarios federales y estatales y, en su momento, el señor Salinas, quienes permitieron este tipo de abusos contra población civil indefensa”, sostuvo Vera.

El obispo refirió que con los informes de Estados Unidos –dados a conocer hace unos días– se echan abajo las versiones oficiales de que los hechos de Acteal se presentaron por conflictos entre comunidades. Al contrario –dijo–, delatan que fueron producto de la “estrategia contrainsurgente de delincuencia organizada” apoyada por el gobierno. 

“Todo eso se sabe, por eso estamos tan indignados al ver que la Corte intenta limpiar el expediente y quitar responsabilidad en la comisión de delitos de lesa humanidad a los presidentes, funcionarios y mandos militares de esa época. Quieren limpiar la cara al régimen que gobernaba entonces, que es el mismo que está regresando; ahora tendremos un Congreso federal con mayoría del partido político del que proceden todos los que actuaron con estrategias criminales, asesinando indígenas, en lugar de buscar la paz mediante el diálogo.” 

Por separado, la red de organizaciones cristianas que se agrupan en el Observatorio Eclesiástico (OE) consideraron que la información desclasificada del gobierno estadunidense confirma que la matanza de Acteal no fue un hecho aislado sino algo orquestado por los gobiernos de Salinas y Zedillo. 

José Guadalupe Sánchez Suárez, secretario ejecutivo del OE, se pronunció por la reapertura de las investigaciones del caso, donde la PGR –que tras el fallo de la SCJN aceptó revisar el proceso y también líneas de investigación que quedaron pendientes– finque responsabilidades y llame a cuentas a los autores intelectuales y materiales de la masacre. 

“En sus investigaciones, la PGR debe llamar a investigación a todas las autoridades que en ese momento estuvieron involucradas, como fue el propio presidente de la República”.

La Seguridad: Un derecho Humano

La seguridad: un derecho humano globalizador  

Miguel Concha 

 

La Jornada 

Hace unos días se informó que la percepción de la población sobre la prevención y persecución del delito es todavía muy baja –peor que hace un año–, lo que exige revisar integralmente la estrategia sobre seguridad, para garantizar esta obligación primera del Estado. 

Dado que se corre una vez más el riesgo de incrementar las medidas de fuerza, sacrificando la eficacia y el cumplimiento de los derechos humanos, es importante recordar aquí lo que Roberto Garretón, defensor de los derechos humanos durante la dictadura chilena, afirmó en su ponencia “Políticas de Estado para la consolidación de la democracia y el fortalecimiento del sistema de justicia”, durante el Encuentro Internacional sobre Políticas Públicas, Derechos Humanos y Género, que organizó la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) los días 14 y 15 del mes pasado. 

El texto completo puede consultarse en el número de este mes de la revista DFensor de la CDHDF, recién publicado (pp. 16-21). Para este experto ha sido un error considerar que los derechos civiles y políticos, dentro de los cuales ordinariamente se encuadra el derecho a la seguridad pública, no sean objeto de las políticas públicas de cualquier estado de derecho, elaboradas teniendo en cuenta los valores y principios del respeto a la dignidad de todo ser humano, la no discriminación y la salvaguardia de la democracia, en la que se incluye la participación activa, libre y significativa de la ciudadanía, particularmente la de los sectores sociales más vulneralizados. Para él, el principio de la democracia es tan importante que constituye de por sí un derecho autónomo, que excede (aunque exige) el derecho a la participación en los asuntos públicos, mediante el voto secreto, igual e informado. Y recuerda que por ello siempre iniciaba, cuando fue relator de la ONU en la República Democrática del Congo, todos los informes que elaboró sobre el estado de respeto de cada derecho humano, con el “derecho humano a la democracia”. 

Con razón afirma que por esto hoy todavía se observan insuficiencias importantes en la efectiva promoción y protección de los derechos humanos civiles y políticos en los Estados de la región, ya no digamos en los derechos económicos, sociales y culturales, obstaculizados por las políticas y la cultura neoliberales, a pesar de que desde hace más de dos décadas ya cuentan con gobiernos civiles. O, como en el caso de México, añado yo, con una menguada alternancia electoral. Y, dada su trascendencia para la vigencia de un Estado democrático de derecho, incluye algunas reflexiones más sobre el tema de la seguridad, “tan candente en nuestras sociedades y tan mal asumido”. 

Para ello Garretón en primer lugar plantea que en nuestros estados todavía existen resabios claros de autoritarismo, que criminaliza a los pobres, a los jóvenes, y sobre todo a los jóvenes pobres. Y de manera pertinente recuerda que desde el año 2002 se acuñó en las Naciones Unidas el concepto de “seguridad humana”, que incluye una serie de variables interconectadas entre sí, tales, entre otras, como la pobreza, la superación de inseguridades económicas, y la garantía de derechos sociales como la salud y la educación.