La alimentación prehispánica

La comida antes y después

de Tenochtitlan   

Qué come y cómo lo come, testimonian los avatares de un pueblo. Que a los pillis se les inculcara desde pequeños la importancia de la alimentación contrasta con el desprecio de los gobernantes de hoy por la seguridad alimentaria. La amplitud y diversidad del mercado de Tlatelolco nos habla de la riqueza de la cultura mesoamericana. Que la desigualdad es ancestral lo documentan los banquetes de Moctezuma comparados con la austera comida de los macehuales. La descripción del sitio de Tenochtitlan nos enseña que la humillación y la derrota también se comen. 

Discurso al niño noble, para que no descuide la producción de alimentos

CÓDICE FLORENTINO (fragmento)   

Si te dedicas únicamente a la nobleza, si no dispones lo concerniente a los camellones, a los canales, ¿qué harás comer a la gente? Y ¿qué comerás?, ¿qué beberás? ¿Dónde habré visto que alguno desayune o coma nobleza? El alimento nos hace una merced absoluta. Alguno dijo, alguno llamó al alimento “nuestros huesos, nuestra carne”. Porque es nuestro existir, porque es nuestro vivir; porque él camina, él se mueve, porque él se alegra, porque él ríe, porque él vive: el alimento. Se dice con mucha verdad que gobierna, que reina, que conquista. ¿Dónde habré visto que gobierne, que reine; alguno que tenga los intestinos cerrados, alguno que no coma? ¿Y dónde habré visto que alguno conquiste sin vituallas? 

Mercado de Tlaltelolco

Hernán Cortés, CARTAS (fragmento)  

Tan grande como dos veces la plaza de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil almas comprando y vendiendo; donde hay todos los géneros de mercancías (…) así de mantenimiento como de vituallas (…) Hay calle de caza donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, levancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos de cañuela (…) Venden conejos, liebres, venados y perros pequeños que crían para comer castrados (…) Hay casas donde dan de comer y beber por precio (…) Hay todas las maneras de verduras que se fallan, especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borrajas, acederas y cardos tagarninas. Hay frutas de muchas maneras en que hay cerezas y ciruelas, que son semejantes a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar, y miel de unas plantas que llaman en las otras y estas maguey, que es muy mejor que arropo; y de estas plantas facen azúcar y vino, que asimismo venden (…) Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo que de las islas y tierra firme. Venden pasteles de ave y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ansares y de todas las otras aves que he dicho en gran cantidad, venden tortillas de huevos fechas. Finalmente que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en la tierra (…)

   Una comida de Moctezuma

Bernal Díaz del Castillo. HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA (fragmento)  

En el comer, le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de guisados, hechos a su manera y usanza, y teníalos puestos en braseros de barro chicos debajo porque no se enfriasen, y de aquello que el gran Montezuma había de comer guisaban más de 300 platos (…) Cotidianamente le guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes, perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado, puerco de la tierra, pajaritos de caña y palomas, y liebres y conejos y muchas maneras de aves y cosas que se crían en esta tierra (…) Le servían a Montezuma (…) dos mujeres muy agraciadas de traer tortillas amasadas con huevos y otras sustancias, y que eran muy blancas las tortillas, y traíanselas en unos platos cobijados con paños limpios, y también le traían otra manera de pan, que son como bollos largos hechos y amasados con otra manera de cosas sustanciales, y pan pachol, que en esta tierra así se dice, que es a manera de una obleas (…) Traíanle fruta de cuantas había en la tierra, mas no comía sino muy poca de cuando en cuando. Traían en unas como a manera de copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao; decían que era para tener acceso a las mujeres y entonces no mirábamos en ello; más lo que yo vi que traían sobre cincuenta jarros grandes, hechos de buen cacao, con su espuma, que de ello bebía (…) También le ponían en la mesa tres cañutos muy pintados y dorados, y dentro tenían liquidámbar revuelto con una hierba que se dice tabaco, y cuando acababa de comer, después que le habían bailado y cantado y alzado la mesa, tomaba el humo de uno de aquellos cañutos, y muy poco, y con ello se adormía. 

Hambre tras de la toma de Tenochtitlan por los españoles

RELACIÓN DE LA CONQUISTA (fragmento)  

Hemos comido palos de colorín, hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe, lagartijas, ratones, tierra en polvo, gusanos (…) Comimos la carne apenas sobre el fuego estaba puesta. Cuando estaba cocida la carne de allí la arrebataron, en el fuego mismo la comían. Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote, del niño y de la doncella. Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz, sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio veinte tortas de grama de salitre. 

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