¿ Los derechos de los indígenas cuando?

¿Postergar reconocimiento

de los derechos indígenas?  

Jaime Martínez Veloz/ II 

 

La Jornada  

Asumir la pluriculturalidad desde el punto de vista jurídico significa reconocer que el país tiene divisiones culturales y políticas a lo largo y ancho, e independientemente de la división territorial en entidades y municipios, pueblos que no obstante la pulverización en comunidades continúan reconociendo su pertenencia a ese concepto más amplio. Reconocer a los pueblos indígenas como la matriz de esas culturas plantea la necesidad de que la nación se organice y su orden constitucional exprese esa característica. 

Los pactos internacionales de derechos civiles y políticos y de derechos económicos, sociales y culturales ratificados por México constituyen parte de la ley suprema conforme marca el artículo 133 constitucional. 

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), si bien no menciona de manera explícita el derecho a la libre determinación, sí lo presupone al señalar en el preámbulo la necesidad de que los pueblos controlen sus instituciones dentro del marco del Estado en que viven; también dispone los principios de participación y consulta en la toma de decisiones y el control sobre su desarrollo social y cultural. Esta normatividad internacional ha sido asumida por nuestro país al ratificar dichos instrumentos jurídicos. 

El ejercicio de este derecho fundamental en el marco del Estado nacional es la garantía de existencia y desarrollo de los pueblos indígenas. Derivada de ello, la autonomía y autogobierno son condiciones básicas. La autonomía y el autogobierno no son otra cosa que la capacidad de decidir los asuntos fundamentales de acuerdo con su cultura y bajo unas reglas pactadas con el Estado. 

La propuesta, incluida en los acuerdos de San Andrés, es reconocer la autonomía como garantía constitucional para los pueblos indígenas, con el fin de dotarlos de derechos específicos en torno a los aspectos sustantivos que constituyen su razón de ser como pueblos, por ejemplo, formas propias de organización social y política, promoción y desarrollo de sus culturas, sistemas normativos, definición de estrategias para su desarrollo, acceso al uso y disfrute de recursos. 

Para valorar esta iniciativa es indispensable advertir sobre la confusión que se ha planteado entre soberanía y autonomía. De ella derivó el razonamiento sobre la supuesta balcanización. La autonomía no implica separatismo. No se cuestiona el dominio eminente del Estado sobre el territorio nacional. 

El territorio es un concepto clave. Se refiere al espacio geográfico que se encuentra bajo la influencia histórico-cultural y el control político de un pueblo, lo que permite tomar decisiones sobre los recursos naturales para definir cómo se usan y cómo se dispone de ellos. Recordemos que estos pueblos cuentan con conocimientos ancestrales y que el territorio está asociado con su vida ritual, creencias, lugares sagrados; incluso, su organización social se relaciona con la ocupación y distribución adecuada de los recursos naturales. Este concepto está definido en el parágrafo 2, artículo 13 del Convenio 169: la utilización del término “tierras” deberá incluir el concepto de territorios, “lo que cubre la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna manera”.

La propiedad y posesión se refiere a las tierras, no al territorio; ocupación y utilización es sinónimo de uso y disfrute. Siendo éste el significado del territorio para la preservación y desarrollo de los pueblos indígenas, resulta clara su distinción con la mera tenencia de la tierra, cuya regulación jurídica y tipos de propiedad establecidos se mantienen. 

El reconocimiento de los sistemas normativos es otro de los derechos referidos a situaciones que históricamente han ejercido los pueblos indígenas como un importante elemento para mantener su cultura. Son formas de justicia que les han permitido regularse internamente, enfrentar el conflicto y mantener la cohesión colectiva. Se habla de “sistemas” porque cuentan con órganos específicos de tipo colegiado, procesos orales con garantía de audiencia para los implicados, sistema de sanciones y de verificación de su cumplimiento y, sobre todo, normas de cohesión y control social. Ello no implicaría violación a la división de poderes. 

Se establece la coexistencia con otras normas como las que se refieren en el artículo 21 constitucional, el cual señala: “la imposición de las penas es propia y exclusiva de la autoridad judicial”, y la del artículo 17 que establece: “ninguna persona puede hacerse justicia por sí misma ni ejercer violencia para reclamar su derecho”. El reconocimiento constitucional otorgaría validez jurídica a las decisiones de estos pueblos y estatus de derecho público. Quedaría así claro que la justicia indígena es justicia propiamente dicha y no forma de resolución de conflictos entre particulares, como se ha pretendido equiparar. 

Con este reconocimiento, no se crearían “fueros indígenas especiales”. En primer lugar, el centro de la norma constitucional es el reconocimiento a los sistemas normativos. La convalidación sería parte de los mecanismos de articulación de dicho reconocimiento con el conjunto del orden jurídico y esta característica no la tienen los fueros o tribunales especiales. Es decir, la materia de la convalidación serían las resoluciones específicas de los pueblos indígenas y de ninguna manera el derecho autonómico de “aplicar sus sistemas normativos”. 

Periodista Carlos Septién García

Carlos Septién García,

Un queretano ilustrado a 50

Años de su trágica muerte

José Félix Zavala     

Con cariño, respeto y gran admiración para Rosita Septién de Vázquez Mellado. 

Porque en el cuartel “J”  de la fosa 666 del Panteón Español, esta escrito su nombre, lo mismo que en la escuela de periodismo más importante del país, que  en la escuela primaria de San Roque, como la biblioteca  de la crujía “H” en el antiguo presidio de Lecumberri, que también lo llevó, lo mismo que lo lleva la redacción del “Diario Noticias”, y otros muchos lugares. Carlos Septién García merece ser llamado un queretano ilustre e ilustrado. 

Por qué desde su niñez fundó los periódicos escritos a mano, como “El Tiliche”, “El Chinito” y “El  Escolapio”, con un precio de un centavo. Porque nació periodista, se hizo periodista; porque vivió intensamente su profesión, porque murió siendo centro de la noticia, porque sigue presente en el periodismo actual, por las ideas visionarias de sus escritos sobre esta profesión. Carlos Septién García es un queretano ilustre e ilustrado. 

Porque hizo un compromiso con la verdad y se apegó a su frase: “Un Estado se hallará en mejores condiciones de decidir sobre sus pasos, si el pueblo que lo sustenta esta enterado”. 

Porque es una raya en el agua entre los periodistas honestos, porque era pobre y su lujo fueron dos carros viejos, llamados “El bien común” y “La barca de oro”, porque murió en el cumplimiento de su deber. Carlos Septién García es un queretano ilustre e ilustrado. 

Porque fue fundador de la primera escuela de periodismo en México, porque la UNAM lo distinguió al crear la segunda escuela de periodismo, por ser periodista estrella de los mejores diarios de este país, por ser un gran cronista taurino, Carlos Septién García es un queretano ilustre e ilustrado. 

Porque al amparo de su nombre el Instituto de Cooperación  Iberoamericana alentó con becas a más de cuarenta periodistas del continente, Carlos Septién García debe ser reconocido por todos los queretanos como un queretano ilustre e ilustrado. 

Su muerte: 

Carlos Septién García, falleció en el cumplimiento de su noble oficio,  siendo un destacado periodista, político e intelectual, cuya desaparición física estremeció al país entero.  

“Carlos Septién García era un hombre de gran tamaño físico y moral, de imponente personalidad y de gran elegancia”. 

La partida de Carlos Septién García, ocurrió en 1957, siendo director de la escuela que lleva su nombre, es a la fecha la institución más reconocida de la enseñanza del periodismo en México, la actual escuela de periodismo “Carlos Septién García.  

”Una mañana brumosa de 1957, cuando el sol todavía no salía en el aeropuerto de la ciudad de Monterrey, un intenso tráfago nos traía y nos llevaba a un grupo de reporteros y a todo el personal de la Presidencia que acudimos a cubrir la inauguración de la presa Falcón en la frontera mexicana con Estados Unidos”. 

”Toda esta gente se trasladó a bordo de la flota con que contaba el mundo oficial del gobierno de México, compuesta por aviones grandes, chiquitos, nuevecitos, viejitos, desde Monterrey hasta la presa Falcón. Aquello era como una colmena. Íbamos de un lado para otro, con nuestras cámaras y nuestros aparatos a cuestas, para encontrar el avión que nos habría de transportar, como si fuera una operación del tipo del Desembarco en Normandía, al final de la Segunda Guerra en Europa, con todas las proporciones guardadas”.  

La inauguración del simbólico embalse, que pretendió ser una muestra de las buenísimas relaciones con el buen vecino, no lo fue tanto.

Cuando hizo su arribo la comitiva norteamericana, encabezada  por  su presidente entonces el general Eisenhower.  

”Después de los honores a los jefes de Estado y de escucharse el himno estadounidense, interpretado por la orquesta norteamericana Start, se hizo un momento de tensa espera para escuchar los acordes del himno nacional mexicano. Pero el tiempo pasaba y esto no sucedía. A medida de que se fue haciendo más insoportable la expectación y la ansiedad, empezaron a correr voces y rumores increíblemente alarmantes de que los miembros de la orquesta sinfónica de México habían sufrido un terrible accidente al estrellarse el avión en que viajaban en una de las montañas que rodean a Monterrey”.  

La pompa y platillos de que iba a estar revestida la inauguración de la presa Falcón se vio empañada a pesar de que se llevó a efecto la ceremonia y también el almuerzo posterior.  

”Al terminar el acto, algunos reporteros decidimos buscar el sitio del terrible accidente, donde también perdió la vida el ilustre Carlos Septién García.

Conforme llegábamos al aeropuerto de Monterrey, nos organizamos para salir al rescate de los posibles sobrevivientes y de lo que encontráramos”.  

“Empezamos a hacer cuentas de qué era lo que debíamos hacer. Intentar sobrevolar y encontrar el sitio del funesto accidente era bastante peligroso. El general a cargo de todo este evento ordenó que sólo algunos aviones ligeros volaran sobre las crestas de la sierra de Mamulique, por lo que los enviados de los diferentes periódicos y otros medios  emprendimos el camino hacia las montañas”. 

”Luego de una travesía de largas horas y después de que muchos extraviaron el camino, finalmente encontramos los restos del aparato y de sus ocupantes, regados en las faldas y en lo alto de la sierra de Mamulique. Yo llegué al sitio después de un día y medio de recorrido y el espectáculo era sencillamente aterrador.  

Los restos del avión y todos los elementos que transportaba estaban esparcidos, semiquemados, lo mismo que las partituras del himno nacional mezcladas con los rollos de películas de diferentes instituciones. Después de tomar fotografías y ver todo lo que estaba por ahí, emprendimos la caminata de retorno, como un ejército vencido.  

Luego de una agobiante travesía, estaba hambriento y prácticamente descalzo, pues destrocé unos zapatos Florshame que me habían durado ya 10 años. De pronto, vi a lo lejos una fogata y junto a ella a un pastor que estaba rostizando a uno de sus borreguitos. Como un ente fantasmal, desesperado, sin pedir permiso, me arrojé sobre el asado, que el pastor me compartió con generosidad, además de darme agua para finalizar el regreso”. 

Escribir e informar a una sociedad no es cosa fácil, ya se sistematizó a través de las escuelas de periodismo. Gracias a Carlos Septién García. Lo recuerdo solo en el  homenaje que le rindiera el Instituto Fray Luis de león, cuando recibió y veló sus cenizas al ser traídas de la ciudad de México, del panteón Español y a la familia Septién Urquiza por la amable atención para estar con ellos en el presidium, de un día memorable para el periodismo queretano.

El Inicio del culto guadalupano

El inicio del Culto

 

 

Guadalupano en Querétaro

José Félix Zavala

  

El cuatro de diciembre de 1748 y reunidas todas las formalidades, en el Palacio Arzobispal de la ciudad de México, por todos los ayuntamientos de la Nueva España y ante la presencia del arzobispo Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta y ordenado como día festivo, el 12 de diciembre de cada año, se juró el patronato a la Virgen de Guadalupe. 

Este hecho a favor del patronazgo nacional de la Virgen de Guadalupe, fue confirmado por el Papa Benedicto XlV, por Bula del 25 de mayo de 1754. 

San Luis Potosí 

La primera Ermita levantada en honor y devoción, a la Virgen de Guadalupe, se da en el mismo año de sus apariciones en 1531, junto al cerro del Tepeyac. 

A 122 años de este acontecimiento en San Luis Potosí, Francisco de Castro y Mampaso, tesorero de la Real Caja, en esa ciudad, llevó de  México, un retrato a pincel, de la Guadalupana a esa población. 

Esta imagen fue recibida por los potosinos, desde el Templo de la Merced, ahora inexistente y que estaba ubicado cerca de la bella Caja de Agua, que esta ciudad tiene y llevada procesionalmente a la parroquia,  Convento y templo de San Francisco, exponiéndola a la veneración del pueblo, con toda dignidad, en marco dorado,  cortinas y con baldaquino. 

Francisco de Castro agradecido por los múltiples beneficios obtenidos de la Virgen de Guadalupe, se unió a Juan de Torres Villasana, Francisco de Torres, Antonio Uresti, Alonso Rodríguez de Miranda y a Alonso de Pastrana, para obtener licencia del obispo y construir una ermita donde se rindiera culto a la Virgen del Tepeyac, esto fue por el año de 1662, en que fuera trasladada solemnemente la imagen, con la autorización del obispo Fray Marcos Ramírez de Prado. 

El sitio escogido para este fin, fue a las afueras de la ciudad, en un lugar llamado Tierra Blanca o Tierra Nueva y que ahora se le conoce con el nombre del Barrio de Guadalupe y se llega a él por una hermosa calzada. 

Junto a la primitiva ermita, muy pronto se levantó un suntuoso santuario, donde año con año se reúnen los potosinos a rendir culto a la Virgen de Guadalupe y durante todo el año y más específicamente, en el mes de diciembre, las distintas organizaciones sociales de la ciudad,  llegan en procesión, por esa calzada, con esa misma intención         

Querétaro 

Tres años más tarde y a 125 años de aparecida la morenita del Tepeyac, el Bachiller Lucas Guerrero Gordea, queretano, en agradecimiento al milagro que la Virgen de Guadalupe, le había concedido al lograr una buena cosecha en un terreno agreste y el Padre  le prometió dedicarle la cuarta parte de las ganancias, libres de diezmos,  y  fueron 15 pesos. 

El retrato de la Virgen de Guadalupe realizado a pincel y adquirido por el Padre Lucas Guerrero Gordea, en la ciudad de México, fue recibido en el templo del antiguo Hospital de los Hermanos Hipólitos, en la Calle Real, llamado ahora  de San José de Gracia. Los primeros en adherirse a esta devoción fueron los sacerdotes del clero secular, primero 16  clérigos y luego los indios, habitantes de la ciudad. 

La primera ermita levantada en honor de la Virgen de Guadalupe en Querétaro fue construida, en un predio conocido como “El Cerrito de Don Diego” y donde posteriormente fuera erigido un magnífico santuario,  en lo que ahora forman la esquina de las calles de 16 de septiembre y Pasteur Norte. 

El permiso lo concedió la reina  Mariana de Austria a instancias del arzobispo de México Fray Payo de Rivera Enriques, por cédula del 10 de octubre de 1671, colocándose la primera piedra en febrero de 1674 y bendecida el 3 de mayo de ese mismo año. 

Al siguiente año se comenzó en ese mismo lugar la construcción del suntuoso santuario, siendo brillantemente terminado en 1680 y atendido por una organización creada especialmente para promover su culto llamada “Muy Ilustre y Venerable  Congregación de Clérigos Seculares”, además de dos cofradías una de españoles y otra de pobres, “Cofradía del Señor San José” y Hermandad de pobres de Nuestra Señora de Guadalupe”, respectivamente. 

Existen además de las tradicionales peregrinaciones al santuario  durante todo el año,  por las diferentes organizaciones sociales, una multitudinaria peregrinación anual, a pie, al Tepeyac, con más de cien años ininterrumpidos. 

En esta ciudad de Querétaro, después de la ermita del Tepeyac y la de San Luis Potosí,  es la tercera que se erige en el país a la Virgen de Guadalupe. 

León 

En la loma de Los Dolores, se levanta el santuario a la Virgen de Guadalupe, atendido por los padres de la Compañía de Jesús y propiamente la fiesta a la guadalupana, se celebra el 12 de enero y es conocida como “El Día de los Inditos”, promovida desde el siglo XlX, por el Jesuita Pablo de Anda, aunque la devoción guadalupana según el decir de los leoneses “Es de tiempo inmemorial”. 

La fiesta consiste principalmente en que en forma tumultuaria y durante todo el día,  asiste  la población, en donde todos los niños van vestidos de inditos, las mujeres con blusa de manta y faldas de percal, todos llevando alimentos en bateas y huacales como ofrenda a la Virgen y a las afueras del santuario, por miles lo mismo que por la Av. Miguel Alemán, los “puestos” de alimentos, artesanías, imágenes y fotógrafos, dándole un aspecto muy particular a esta celebración en la que todos los habitantes de esta ciudad participan.  

El Arte Plumario en México

Recuperan arte plumario en Tepoztlán, mediante exhibición

Arquitectura del Ex-convento de Tepoztlán.

 

Foto: Archivo

 

El Sol de Cuernavaca

Mediante una exhibición de 25 mosaicos y piezas hechas con plumas, que se presenta en el Museo Ex Convento de Tepoztlán, Morelos, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) apoya la recuperación del llamado arte plumario.

Se trata de una técnica casi extinta que en la época prehispánica simbolizaba riqueza, fertilidad y poder, y quienes la usaban, solían ser asociados con la divinidad.

“Arte Plumaria” es el título de la exposición que reúne obras selectas, creadas por Aurelio Franco Obregón, nacido en el barrio de Tacuba, Distrito Federal, y quien es uno de los pocos que aún recrean, desde hace 40 años, este arte en extinción.

La muestra organizada por el INAH, que permanecerá en exhibición hasta el 7 de diciembre, incluye una serie de esculturas tridimensionales, elaboradas con plumas de brillo iridiscente expresó el artista, las cuales aluden a calendarios, dioses y mitos prehispánicos.

Un mosaico de plumas, de forma circular, con contornos rojo y amarillo que representan al Sol, y una espiral de tono azul, que alude al planeta Tierra, es la pieza central de la peculiar muestra.

A decir del creador, de quien algunas obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Antropología, la exposición representa también el rescate de esta expresión de arte popular, que hoy en día ofrece grandes posibilidades a los creadores, ya que ahora la plumaria es más rica en color que en la época prehispánica.

“Ahora podemos trabajar con plumas de aves de corral de todos los continentes, y admirar plumajes que ni nos imaginamos. Los hay de pavos ocelados, aves del paraíso, faisanes argus (tibetano), considerados los más largos del mundo, entre muchos otros ejemplares de colores extraordinarios”, explicó.

Su fuente para la obtención de plumas es el aviario del doctor Jesús Estudillo, quien se ha dedicado al cuidado de especies en extinción. Su granja denominada La Siberia de las Aves se ubica en Texcoco, en la que el ornitólogo mexicano está al cuidado de gran variedad de aves de todo el mundo.

“Esta exposición también pretende rendirle homenaje al doctor Estudillo, por su trabajo de conservación y reproducción de aves; su aviario es reconocido mundialmente y muchas personas de diversos países recurren a él para la cría de sus especies”, comentó Aurelio Franco.

Esta antigua construcción data del Siglo XVI, fue construída bajo las órdenes de frailes dominicos que llegaron a Tepoztlán a evangelizar. Además de que ha sido declarado “Patrimonio de la Humanidad”, también alberga al “Museo y Centro de Documentación Histórica de Tepoztlán”. El ex-convento forma parte de la Parroquia de la Natividad, en el centro de Tepoztlán.