!Soriano¡ !Soriano¡ !Soriano¡

Los primeros cincuenta años de vida de:  

     ¡Soriano! ¡Soriano! ¡Soriano!  

José Félix Zavala. 

“Mi abuelo fue esclavo en Valle Nacional y en la Hacienda de Palomeque en Yucatán. Mi padre preso político, en la cárcel de Santa Catarina, en Oaxaca”. 

Terribles palabras en boca de cualquier ciudadano mexicano, dichas esta vez por un hijo del pueblo de Zautla, Etla, Oaxaca, nacido en 1927 de Tomasa Columba. 

“Los dominicos recorrieron las montañas de Oaxaca, todos los barrancos, hablaron a los pobladores inmemoriales de estas tierras, en sus  más de 20 lenguas y levantaron templos, a los nuevos dioses por todas partes y después de cincuenta años de hacerlo, los indios resistían”. 

“Quedé huérfano desde muy pequeño, arriaba una recua de burros, cargados de leña, de San Andrés Zautla a Oaxaca. Regresaba con cinco pesos” 

“Cuando salí a estudiar  me apedrearon,  más de alguno en mi pueblo, por esa causa” 

Lo conocí en 1967 y nos amistamos, cuando él trabajaba en el Hospital del ISSSTE de la ciudad de Oaxaca, tenía su consultorio en la calle de Díaz Ordaz 400, en el centro de la ciudad. Por las tardes era: Su bata, su pequeño consultorio, su automóvil viejo, la espera de pacientes y Josefina, su compañera, el amor siempre entrañable, que todo lo compensaba. 

“Mi hijo mayor fue débil visual desde su nacimiento, muy probablemente por desnutrición”. 

De 1967 en adelante y durante los años que conviví con él, nunca lo vi faltar los domingos a su tierra natal, Zautla. La consulta interminable y sin recompensa económica, la organización de una cooperativa de consumo y producción, pero sobre todo sus raíces, no se lo permitían. 

¿Y la mamila Heber? Eran sus palabras al llegar a casa, esas madrugadas, cuando el teléfono lo despertaba, mi hermano infante, convulsionaba por alta temperatura con cierta frecuencia. Nuca faltó al llamado.  

“Eran tan nobles los dioses que adoraban los pueblos de estos contornos, que al dios de Achiutla, el mismo Moctezuma preguntó, por medio de su sacerdote, la suerte que su pueblo correría con la llegada de los españoles. Contestó que se adueñarían y dominarían sus tierras”. 

¿Y el celibato compadre? ¿Dónde dejaste el cucurucho compadre? Su saludo para comenzar una plática. Sobre sus prácticas médicas en el Mezquital, en Izmal, en Galeana, Nuevo León. 

“¿Dónde está el camoti con lechi compadre?” y recordaba su servicio social de medicina en la comunidad de Coeneo, en Zacapu, Michoacán. 

“Ante el peligro los dioses se refugiaron en cuevas y en ermitas cubiertas de paja, donde acudía la gente a orar. Las codornices, las palomas y los venados eran las ofrendas. En Telantongo, antigua fortaleza militar, cercana a Yanhuitlán, también resistían”. 

Desde la secundaria fue líder, como Secretario de Organización de la Sociedad de Alumnos, adherida a la Sociedad de Alumnos Campesinos Socialistas de México y a la Unión de Estudiantes Democráticos. Ya como médico fue miembro de La Sociedad Médica de Residentes. 

Lo recuerdo cuando nació mi primera hija, mi vida se había llenado de alegría y recobraba otra dimensión, él la auscultó y al valorar su desarrollo neurológico, la hizo caminar asustada, a días de nacida, con solo palmear la cama y tomar con un dedo la palma de una de sus manos. Pediatra al fin. 

Los recuerdos se agolpan en mi mente, sobre todo aquella tarde o casi anocheciendo, cuando en el llamado “gimnasio” de la UBAJO, tomaba posesión como Rector, elegido por voto directo de los alumnos de esa Universidad, Felipe Martínez Soriano. Yo escuchaba la narración, porras y discursos por radio Universidad, mientras platicaba con el Arzobispo de Oaxaca, en aquel entonces, Ernesto Corripio Ahumada y el Obispo Auxiliar de esa arquidiócesis, Clemente de Jesús Alba Palacios, en el comedor para visitas, del monasterio de monjas Clarisas, en la calle de Colegio Militar, en la colonia Reforma, de la ciudad de Oaxaca. 

“Apenas hay recuerdos de aquellas túnicas bordadas maravillosamente con formas de pájaros y de otros animales, que los sacerdotes mixtecos vestían, estaban siempre mitrados y calzados, con hilos de colores hilaban sus ropajes”. 

En los años que van de 1966 a 1974, siempre vi y reconocí en él a un hombre dueño de si mismo, pacífico, tranquilo, comprometido; por las noches después de su consulta, íbamos al Zócalo y en ese kiosco escuchábamos a la marimba que daba vida a los recuerdos y esplendor a esa plaza que cambiaría después de rumbo. 

Caminando por las calles del mercado cedió, como correspondía a unos “borrachitos” el paso, ellos en respuesta “le mentaron la madre”, solo hubo sonrisas. 

Una de las tantas veces que cenábamos juntos en casa, llegó en extremo cansado y dijo “no estoy para nadie”, al instante tocaron la puerta y una mujer con un bebe en brazos, más su pobreza, preguntó si sabíamos donde vivía el Dr. Martínez y en ese momento la estancia se volvió consultorio. No hubo paga. 

“Sin duda la educación comunitaria de los pueblos originarios, tiene mucho que aportar tanto a la educación que ofrece la escuela, como a las culturas de México y el mundo. La educación comunitaria forma para la vida, para respetar a las personas, para relacionarse amorosa y respetuosamente con la naturaleza, para un buen gobierno que sirva a su pueblo”. 

“Al igual que en el ámbito internacional, el proyecto educativo nacional no está respondiendo de manera pertinente a las necesidades de los pueblos originarios, incluyendo su permanencia con sus sentidos y significados de vida”.  

Los locutores de radio Universidad narraban la entrada triunfal de Felipe Martínez Soriano a la U A B J O y su toma de protesta. Ante la aparente indiferencia de los prelados, mi regocijo y un aparato de radio viejo. El luchador social desde la infancia, comenzaba un largo peregrinar de treinta años. Donde se formarán diferentes grupos y posiciones y él llegará a los 80, edad que marca la Biblia como mínimo para los hombres fuertes. 

“Los sacerdotes  sabían de memoria la historia de los pueblos, el nombre de cada uno de sus dioses y escribían sobre telas hechas de corteza de árboles, de los que se dan en tierra caliente, en escritura tan abreviada que en una hoja podían expresar lugar y sitio, provincia, año, mes y día, de un acontecimiento, dicen los cronistas”. 

Mis recuerdos se van a las muchas pláticas que con el Dr. Felipe Martínez Soriano sostuve durante varios años. Terminó su primaria a los 17 años, en el pueblo de Etla, la secundaria a los 20 en Tenería del Edo. Mex; Profesor de educación primaria de la E N M a los 23, Médico egresado del IPN a los 33 y Pediatra, egresado del Hospital 20 de Noviembre a los 39.  

Participante:

En el movimiento estudiantil de la U M de San Nicolás de Hidalgo. 1948

En el movimiento revolucionario del magisterio. 1956

En el Movimiento Médico Nacional. 1964 

“Muchos humos de gran variedad de gomas y destilaciones aromáticas, rodearon siempre la morada de los dioses en Mitla, Teotitlán, Achiutla y Teitipac, panteones de estos pueblos”. 

Sobre mi mesa empezaron a aparecer el diario Excelsior, en lugar de El Heraldo de México,  la revista “Siempre”, “Hasta no verte Jesús Mío” de Elenita y de ahí siguieron “Proceso”, “Vuelta”, “Uno más Uno”, etc. Mi relación con el Doctor se afianzaba yo tenía 18 años el 40 más una larga experiencia en este México diferente. 

La cultura, el arte, el razonamiento intelectual, el entender los hechos sociales, iban teniendo mas significado en mi vida, sin que él los abordara directamente conmigo. 

Cuando él llega a la rectoría de la UABJO, yo ya iba solo por los caminos de La Sierra, en el sureste y entraba al mundo intelectual en la ciudad de México y leía a los escritores que explicaban mis preguntas de lo que veía. 

“La destrucción de los antiguos dioses, fue obra lenta y penosa para los misioneros dominicos. Apenas advirtieron los indios, la energía con que perseguían a sus dioses, los escondieron en cuevas inaccesibles, los enterraban, los emparedaban en los lugares más recónditos. Había la esperanza de que los españoles volvieran a su tierra, era cuestión de tiempo”. 

Era necesaria la solidaridad humana, política, económica, social y transformadora. 

“La historia vuelve piedra todo lo que pasa a través de los ojos. Las personas se vuelven graníticas. De una sola pieza. Sin resquicios donde quepan las diversas tonalidades de las emociones. Con la historia se ven los grandes acontecimientos, pero se pierden los detalles de las vidas de quienes contribuyeron. Es mejor ser más preciso y contundente”. Esta cita hecha por Felipe Martínez Soriano, no es en todos los casos cierta, pero si en las versiones de quienes ostentan el poder, se le llama “Historia de bronce”, todo lo contrario de lo que se pretende en este trabajo. 

“La historia en México aún está por escribirse” me han dicho personalmente y por separado el siempre bien recordado amigo, don Luis González y González y el muy querido Obispo Don Samuel Ruiz García.

“No cabe duda que Cortés era un gran estratega militar, pero su habilidad de poco sirvió frente a un grupo de soldados cansados, que deseaban también establecerse en el fértil valle de Oaxaca, ya que el clima no era tan inclemente como el que encontraron en Tututepec, población de la costa del Pacífico oaxaqueño y capital del señorío mixteca a donde habían sido enviados por el marqués, mientras que las hostilidades de los indios del valle debieron ser considerablemente menores a las sufridas en la costa”.

A pesar de su ateísmo a una de sus hijas, se le bautizó en el Templo del Carmen Alto, sin saberlo entonces, el rito se celebraba en el sitio de un antiguo templo zapoteca, dedicado al Dios Viejo y a la Madre Vieja, la dualidad creadora de todo cuanto existe, celebración disfrazada ahora como “Los lunes del cerro” o de “La Guelaguetza

“Cortés pedía a la Audiencia de México, que con base en la merced real de 1529, nuevamente solicitaba en 1532, se respetaran sus dominios que comprendían cuatro villas”.

Los años de 1975-1978 marcaron la vida de este hombre de bien, del bien público, pacífico, ya estaba integrado al sindicato del ISSSTE, era maestro de la escuela de medicina de la UABJO y llega a la rectoría,  por voto unitario y mayoritario de los estudiantes de esa casa de estudios.

Esta osadía le costaría la persecución de él y los suyos, el secuestro, la expulsión del estado y finalmente la cárcel, como a los grandes hombres de los grandes movimientos sociales de este México nuestro.

“Solamente una de las villas que el marqués pedía, a su vez tenían trece pueblos sujetos a ella; así Coyolapan, actualmente Cuilapan tenía como sujetos a los pueblos de Tlalistac, Macuilxóchitl, Cimatlán, Tepecimatlán, Ocotlán, Tlacochahuaya, Los Peñoles, Huexolotitlán, Cuyotepec, Teozapotlán, Mitla, Tlacolula y Zapotlán”.

Tuvo que militar en el Frente  Nacional Democrático Popular, durante 12 años y ser preso político por nueve más.

Cuando se da el Movimiento Estudiantil en la UABJO se trata de contestar las preguntas de los académicos, de los artistas, de los intelectuales, de la gente de la promoción cultural, que buscan no permanecer estancados, dentro de un pueblo que se enorgullece de ellos.

Se da dentro de esta casa de estudios también, el Movimiento Democrático Universitario, conquistando y demostrando la efectividad del voto directo.

“Como lo debió entender rápidamente Cortés, los pueblos mercedados comprendían no sólo algunas cabeceras de importantes señoríos, sino a los pueblos y estancias que se encontraban sujetos a estas cabeceras, por lo que estaba reclamando para sí una inmensa cantidad de tierras además de sus veintitrés mil vasallos”.

De 1927 a 1974 se da su crecimiento,  maduración y servicio.

De 1975 a 1978 la lucha por la democratización dentro de la UABJO.

De 1978 a 1990 la militancia a nivel nacional.De 1990 a 1999 es preso político.

De 1999 a 2007 se integra a la defensa de Oaxaca ante la pobreza ignominiosa de un pueblo que le da identidad al país entero.

80 años de vida dedicadas a México.

“En la obra de León Ferrari, el artista comienza a explorar la que se convertirá en una de sus obsesiones: mostrar que lo peor de nuestra cultura –la tortura, la discriminación, la crueldad, el autoritarismo; es decir, el corazón de nuestras tinieblas, el mal absoluto tiene su raíz en las enseñanzas de la tradición occidental. Cuidadoso y obsesivo lector de la cultura occidental, ha trabajado rigurosamente sobre aquellos aspectos de complicidad entre la intolerancia, la violencia y la moral de occidente.

“… No importa si el infierno es real o no –escribió León Ferrari– lo que importa es que está en la cabeza de la gente desde hace miles de años. Y es lo que ha provisto, y provee, de justificación para matar gente. Desde las Cruzadas a la dictadura en nuestro país.” 

El Hospicio de La Merced en Querétaro

El Hospicio de Religiosos

 de Nuestra Señora de la Merced

  José Félix Zavala    Su origen en 1249

En Barcelona, España

Aprobación canónica por el Obispo Berenguer Palau

Autorización del Rey Jaime l

San Pedro Nolasco, el fundador.

Junto a Hernán Cortés, vino como capellán,

el fraile mercedario, Bartolomé Olmedo 

Sin terminar la cúpula y la torre, del actual templo de La Merced, se busca su terminación y se han rescatado los frescos ocultados durante años, por capas de pintura blanca, que lo decoran, desde el coro hasta el  altar mayor, volviéndole parte de su dignidad. 

Es necesario recordar la destrucción total, del antiguo templo y hospicio de Nuestra Señora De La Merced, fundados, por los frailes mercedarios, en el año de 1736. Al frente de esta obra, en su inicio, estuvo  Fray Francisco de Niz de Santa María, pertenecientes a la Provincia de La Visitación de México. 

Los mercedarios radicados en Querétaro, Fray José Lozano y su hermano de sangre, el fraile mercedario también, llamado Fray Florentino, fueron parte activa de la conspiración de la    Independencia de México, en la ciudad y fueron arrestados y expulsados un tiempo. 

Regresó posteriormente el fraile José Lozano y un 24 de septiembre, día de Nuestra Señora de La Merced, este fraile predicó un panegírico a la Virgen, donde incluyó una brillante defensa de la independencia nacional, que le costó el arresto definitivo, narró los pormenores del arresto de Epigmenio González, entre otros héroes nacionales. 

Los frailes mercedarios, vuelven a Querétaro y retoman la empresa de construir un nuevo templo a la Virgen de la Merced, obteniendo los permisos necesarios, el Fraile Joaquín Ramírez, hacia 1850. 

El antiguo templo y Hospicio de La Merced, construido en la actual calle de Altamirano, entre 16 de septiembre y 15 de mayo, era dirigido por estos religiosos, sosteniendo un templo, el hospital y la capilla de La Santa Escuela de Cristo, teniendo un  gran auge en su momento. 

Los tres grandes santeros locales, los llamados “tres marianos”, los de la llamada “Escuela queretana de escultura”, dejaron su huella, en ese antiguo hospicio y oratorio y algunas de sus esculturas forman parte del nuevo templo. 

La primorosa imagen de Nuestra Señora de La Merced, presidiendo el retablo del altar mayor, es una de ellas. 

El conjunto escultórico llamado, La Virgen Clementísima,  donde en una tierna escena, La Virgen, sedente, con el niño Jesús en los brazos, es acompañada por un niño y una niña, en forma por demás tierna. 

Una Dolorosa de gran valor, por su expresión, llamada “De la buena muerte”, colocada en el primer nicho del lado derecho. 

Una talla fascinante de un Cristo crucificado agonizante, perteneciente al oratorio de la Santa Escuela y ahora colocado en la capilla anexa, llamada del Santo Niño de la Salud. 

Un Jesús Nazareno, bellamente tallado, colocado en un capello a la entrada derecha del templo, son las obras de arte de estos tres escultores Queretanos. 

Estamos hablando de los grandes escultores queretanos, nuestros óptimos santeros, Mariano Arce, Mariano Perrusquía y Mariano Montenegro, cuyas obras se pueden contemplar en este templo, construido en la calle de Cornelio, hoy avenida Independencia. 

Dicen que el antiguo y malogrado  Hospicio de la Merced, fundado por los frailes mercedarios, contaba con magníficos retablos de madera tallada y magníficas esculturas, además de una rica joyería para la imagen de Nuestra Señora de La Merced, que medía vara y cuarto. 

Se menciona en documentos de la época, que en la antigua calle de La Merced, esquina con El Sol Divino, hoy calle Altamirano y 16 de septiembre, hubo  un  oratorio, llamado de “La Santa Escuela“, construido en 1755, a solicitud de Fray Ignacio Monroy. 

Estaba integrado este oratorio, al claustro y frente a la portería, dentro del conjunto arquitectónico del Hospicio de Nuestra Señora de La Merced. 

De cautivos eres

dulce redentora

y de las Mercedes

Divina Señora. 

A principios del siglo XlX, fueron adquiridos los predios de Dámaso Gutiérrez, en la calle de Cornelio y comprados con limosnas, donadas por gente pobre. En 1857 se coloca la primera piedra del nuevo templo de Nuestra Señora de la Merced. 

Fray Trinidad del Castillo y Taboada, fue el mercedario que emprendió, sin ningún apoyo económico, la obra aún inconclusa y en forma por demás “original”, se hizo de los medios necesarios, para dejarla, casi en el estado en que se encuentra a la fecha. 

Existen en la actualidad, dos esculturas de santos mercedarios, abandonadas y en descuido, en la capilla anexa del templo de la Compañía de Jesús, sede de la Parroquia Mayor de Santiago, que debieran estar en el templo de Nuestra Señora de la Merced, expuestos al culto y a la contemplación de quienes gustan de la escultura. 

Se bendijo el nuevo templo mercedario, el 23 de mayo de 1879. Su fachada quedó de estilo neo clásico, con  columnas y pilastras de estilo compuesto, adornadas con guirnaldas, en los intercolumnios, tiene carretelas, con resaltes en piedra. 

En el segundo cuerpo un nicho veneciano le sirve de marco a una escultura en cantera, de la Virgen de La Merced y esculturas de Pedro Nolasco y Ramón Nonato, santos de la Orden Militar de Nuestra Señora de la Merced. 

El interior del templo de  bóveda de cañón corrido y en forma de cruz latina, seis ventanales, capillas en los cruceros, coro alto, seis nichos a lo largo de la nave y una capilla anexa, de tres bóvedas  cada una en el medio, con una linternilla, está decorada toda con frescos, al parecer de la escuela de pintura de San Carlos. 

Los frescos que decoran la iglesia de La Merced Nueva, tanto en los nichos  de la nave,  como en el altar mayor, figuran retablos, con columnas de estilo compuesto,  simuladas, lo mismo que con hojarasca abundante, ángeles y querubines, además de encortinados con terminaciones en borlas y remates mixtos. 

Pudieran apreciarse en lo alto del fresco del altar mayor, una Santísima Trinidad, donde el Padre Eterno tiene en sus manos a Jesucristo muerto, en la bóveda del presbiterio, un conjunto agraciado  de querubines. 

El Coro esta  con la misma decoración, falta el órgano que algún día estuvo en ese lugar y que fuera destruido, existen allí dos cruces con tallas de Dimas y Gestas. 

Una capella a la entrada del templo, que muestra la escultura de Jesús Nazareno, ya citada, es muy venerada y su nicho está lleno de ex votos y recuerdos de los milagros, de agradecimientos de sus devotos. 

Los Pames de Querétaro

Los Pames

               

 en Querétaro

  José Félix Zavala  

Los pames, el pueblo habitante inmemorial de la región serrana queretana,   es base fundamental de la cultura local, “La mayoría de los Pames actuales viven en el sureste del estado de San Luis Potosí y otros 600 u 800 habitan en la parte norte del estado de Querétaro, en la región de Tancoyol, municipio de Jalpan”. Dice la estudiosa de este pueblo chichimeca, Chemin Bässler.   

Los Pames septentrionales o queretanos que, a sí mismos se llaman Re nye ayyaw, como todo pueblo milenario de América, llaman al sol, Padre y a la tierra, Madre. Al salir de cacería, la primera pieza lograda  la muestran ritualmente al sol, mientras derraman su sangre sobre la tierra. Son los cazadores de arco y flecha, los Tamemes de la frontera entre Mesoamérica y la Gran Chichimeca. 

Navajas de obsidiana, cerámica, ritos agrarios y otros vestigios más de su cultura se encuentran en la zona habitada por este pueblo, en forma inmemorial y  ahora pertenecientes al estado de Querétaro. 

Estos datos coinciden con las evidencias arqueológicas que los arqueólogos han fechado en el año 2500 a. C. aproximadamente para el pueblo Otomiano u otomangue, uno de los pueblos que fuera piedra angular de la cultura mesoamericana. 

El pueblo mexica tenía en poca estima a los llamados Chichimecas, entre los que se incluía a los Pames. La causa era su rebeldía y su insumisión. Los pueblos que formaron la Triple Alianza tuvieron un dominio que abarcó desde Oxtipa hasta el Pánuco, y en el siglo XV dominaron a los pames- chichimecas. Esta  acción fue imitada por el invasor Hernán Cortés en 1522, dejando como gobernador en la región a Nuño de Guzmán, quién comerció la esclavitud de los Pames, al grado de que éstos se negaron a procrear más hijos. 

“La conquista espiritual estuvo íntimamente ligada a la conquista militar, los agustinos evangelizaron a partir de Meztitla, desde 1536… desarrollaron en esa región una lucha a muerte contra las religiones, mentalidades, cosmovisiones y estructuras sociopolíticas indígenas”. Concluye el investigadora Heidi Chemín. 

“Esa llamada sumisión india (Pame), no fue otra cosa que un medio radical que esos indios usaron para propagarse, cuando muchos otros grupos chichimecas eran transculturados, aniquilados, exterminados…”. 

Por un Breve, del Papa Inocencio Xl, expedido en 1682, se autorizó la creación de los colegios de Propaganda Fide, para la especialización de los misioneros franciscanos en lo que hasta entonces faltaba de evangelizar. 

El primer colegio fue fundado en Querétaro, se llamó “El Convento De La Santa Cruz De Los Milagros”, con 24 frailes, después seguiría el llamado de “Cristo Crucificado” de Guatemala, el de San Francisco de Pachuca, el de Guadalupe Zacatecas y el de San Fernando de México, de donde salieron Junípero Serra y los otros misioneros de la Sierra Gorda Queretana. 

Los llamados fernandinos son los que enviarían a Fray Junípero Serra y otros diez más para la Sierra Gorda, donde dieron un fuerte impulso misional, intentando que los Pames se integraran definitivamente al sistema novo hispano… y de nuevo se enfrentó una guerra a muerte contra la religión autóctona, sus rituales y sus sacerdotes… sólo los Pames que vivían en la zonas mas inhóspitas pudieron preservar su cultura y su manera de ser”.  

Durante la incursión de los fernandinos, en las misiones creadas por Junípero Serra,  residieron en la misión de Jalpan los frailes: Serra, Palau, Samaniego y Molina, en la de Landa estuvieron: De la Campa, Villaubrales, Arenaza y Samaniego, en Concá:  Magaña, Pérez De Osorio y Murguía; en Tancoyol Záenz De Inestrilla, Ramos De Lora, De Molina y Cruzado y como inquisidor Junípero Serra; en Tilaco fueron: Crepí, De La Campa, Gastón y De Sospedra. 

Los españoles señalaban a la Sierra Gorda,  hábitat natural de los Pames y Jonaces, como “el manchón de la ignominia” y tendieron un cerco sobre ellos que abarcó desde Río Verde y Villa de Valles, hasta Real de Minas de Zimapán y Meztitlan,  fundando “misiones” por decreto del virrey Fuenclara, el 23 de junio de 1743. 

En apoyo a este decir, citamos las palabras del biógrafo de Fray Junípero Serra, Pablo Herrera “Todos los indios que componían estas misiones pertenecían a la nación Pame, hablaban un mismo idioma y se les había congregado procedentes de varias rancherías en que vivían dispersos y de las que se extrajeron a sitios más acomodados, en el que se fundaron sus pueblos…” 

También el capitán Jerónimo de Labra, en 1740, se expresó de los Pames de esta manera: “tras un siglo de experiencia no se ha descubierto aún el medio de someterlos. Todas las expediciones militares intentadas contra ellos han fracasado, Franciscanos, Agustinos y Dominicos, han perdido el tiempo queriendo evangelizarlos, de ello concluyo que son imposibles de convertir…” 

Otro testimonio lo tenemos del fraile franciscano Juan Guadalupe Soriano, cuando dice: “El tratar con ellos es lento y dilatado martirio… rara vez agradecen un beneficio… son maliciosos… muy flojos y solo les agrada andar por los montes como fieras…”. 

Los españoles adoptaron, por convenirle a sus intereses, el trato y fama que de los chichimecas existía entre los pueblos del Valle de México y que justificará lo que más tarde harían con los habitantes de la Sierra Gorda, comportamiento común del invasor, sometiéndolos por esclavitud disfrazada, imposición religiosa,  congregándolos,  por repartimiento  o por exterminio. 

Los chamanes, llamados entre ellos, cuddo cajoo, tienen y tuvieron una importancia decisiva entre los Pames para resistir la embestida del exterior. El fraile José Guadalupe Soriano nos recuerda que le ofrecían al chamán tamales “para aplacarles el enojo”. 

Uno de los más grandes conocedores del arte en las “Misiones de la Sierra Gorda”,  Eduardo Loarca Castillo, señala: “Esta primera etapa de cristianización no pudo ser forzada debido a lo violento que resulta pasar de una tradición religiosa milenaria a una nueva. Por lo mismo se trató de una conversión masiva y superficial y no fue posible eliminar conceptos y prácticas de las antiguas teogonías, ritos y símbolos que perduran hasta nuestros días”. 

Los Pames son los constructores de las misiones portentosas de esta región y, junto a ellas se establecieron cinco comunidades de ese grupo humano. 

Son la de Xalli pan tepetl, Jalpan que quiere decir en nahuatl “sobre la arena”; la de Lan ha, Landa, que quiere decir “lugar cenegoso”, la de Comitl can, Concá, que quiere decir en nahuatl “lugar de ollas”; la de Tancoyotl, Tancoyol que quiere decir en nahuatl “lugar de coyotes”; la de Tilliatl, Tilaco, que quiere decir en nahuatl “en el agua negra”. 

“Todas ellas, bellas expresiones del barroco mexicano, llevado a lo máximo de su expresión por los indios pames y donde dejaron también reflejada su cultura y religión, en las fachadas, retablos, pinturas, esculturas, etc.” Sigue diciendo Eduardo Loarca Castillo. 

El simbolismo más importante y unificador que se encuentra entre los Pames y los misioneros es el referente a la madre de dios y pasa a ser un tema central en la construcción de las “misiones”, que serán los nuevos teocallis. Dándose un sincretismo o una apropiación cultural conveniente a ambas civilizaciones, es un acuerdo no pactado. 

El famoso evangelizador de las californias llega primero a estas tierras queretanas un 10 de junio de 1750, nueve años después ve culminada su “misión”, al serle entregada una representación, muy querida por los Pames, de la Diosa Cachum o Madre del Sol. 

Según el amigo inseparable de Junípero Serra, su biógrafo, Francisco Palau, nos señala lo elaborado de la cultura mesoamericana al decir: 

“Esta era una cara perfecta de mujer, fabricada de tecale, que tenían en lo más alto de una encumbrada sierra, en una casa como adoratorio o capilla, a la que se subía por una escalera de piedra elaborada, por cuyos lados y en el plan de arriba, había unos sepulcros de indios principales de aquella nación Pame…”. 

“Cuidaba de él (ídolo) un indio viejo, que hacía el oficio de ministro del demonio y a él ocurrían para que pidiese a la Madre del Sol, remedio para sus necesidades en las que se hallaban… junto (al ídolo) encontraron muchos idolillos que se dieron al fuego, menos el citado ídolo principal…”. Nos sigue narrando F. Palau. 

Esta famosa escultura de la diosa madre del Sol, fue buscada en vano por los soldados del terrible José de Escandón (exterminador de los Jonaces y reductor de los Pames) en la famosa batalla del cerro  La media Luna. La búsqueda de la figura y diosa Pame fue permanentemente infructuosa, “la costumbre” ha salvado a la religión milenaria. 

Al describir la arquitectura y el arte de la misión de Landa, Eduardo Loarca Castillo deja ver claramente el sincretismo Pame-Español, cuando dice: 

 “ Sobre la puerta aparece son soberana majestad, una escultura de la Virgen María, coronada y con sus manos juntas, en su advocación de la Purísima Concepción. La parte inferior, la adornan dos bellos floreros y en la parte superior dos ángeles turiferarios hincados, permaneciendo en actitud de adoración… en el tercer cuerpo hay cuatro columnas estípites peculiares, que tienen como decoración a la mitad del fuste una sirena, aunque de origen mitológico y pagano… Esta misión se llama Santa María de las Aguas”. 

El nombre de la misión hace referencia a una divinidad local muy venerada, llamada “El Dios de la vegetación” que en lengua pame lo llaman Nggono e´, el que cuida de los agricultores, es quién manda a los vientos, a las nubes, a los rayos, quién hace llover. El intermediario entre la divinidad y el hombre, es el Cajoo, el chamán, el médico además de sacerdote”, nos dice Pedro Velasco.  

Refiriéndose a la misión de Concá, nos sigue diciendo Loarca Castillo: “En las márgenes de la portada, hay dos contrafuertes coronados por unas columnas a las que parecen quieren subir una especie de monos de origen mitológico…”.  

Pero es digno resaltar que, pese a la fuerte política etnocida que han sufrido los pames durante más de 500, ellos han logrado sobrevivir. Sobre ello J.A. Mc. Gregor nos dice con un sentimiento de indignación: “Despojados de sus tierras, masacrados por la barbarie conquistadora, orillados y dispersos en pequeñas rancherías, disgregados en colleras de esclavos y enajenados en su más rica y profunda tradición cultural, la etnia Pame sobrevive…”,  

José Félix Zavala

Los Jonaces de Querétaro

La batalla de la Media Luna

 

       

  Los Jonaces

                          de Querétaro

 

                                     

José Félix Zavala 

Apenas queda rastro y vestigio de un pueblo, que presumiblemente pudo haberse reunido ceremonialmente en la Sierra queretana, en los sitios arqueológicos que hoy conocemos como Ranas, Quirimbal y Toluquilla, colocados en las lomas de la serranía y edificados maravillosamente, antes de que el invasor llegara y se diera inicio a una larga lucha, la famosa guerra chichimeca. 

Los Jonaces, llamamos a este pueblo, residente en lo que ahora son los municipios de Cadereyta, Tolimán, Peñamiller, San Joaquín y algunos lugares que ahora conocemos como partes de los  estados de Guanajuato e Hidalgo.  

Los Jonaces eran los dueños de estas tierras ubicadas al filo de las fronteras de los reinos Mexica y Purépecha,  vestidos con un maxtle de piel de venado y como arma y herramienta, un arco y una flecha.  

De ese pueblo, habitante inmemorial de las inmediaciones de la sierra Gorda, eran las tierras y sus entrañas, hacía ya mil años que se trabajaban las minas en las profundidades de las entrañas de la tierra, buscando el cinabrio. 

Sobre estos agrestes terrenos descansaban tranquilos, en equilibrio, la zábila, el nopal, la biznaga y el garambullo, lo mismo que el mezquite, el huizache, el ahuehuete, el álamo y el sáuz, cruzaban las praderas, ahora queretanas, el cacomixtle, el mapache, la comadreja, el coyote y el tigrillo. 

 

La Sierra Gorda, nido intemporal de Los Jonaces está limitada por el río Verde y la Huasteca, al norte. Llanuras hacia el oriente y occidente, al sur el semidesierto, resalta  en la región, el cerro Gordo, que le da el nombre a la sierra y es su centro natural, dándole el frente hacia el oriente, mirando hacia Zimapán, pueblo ubicado a la otra banda del río Grande. 

Las alturas de esta sierra, van desde los 3800 metros, hacia abajo, a través de las montañas corren innumerables arroyos, que desembocan en los ríos Tampeón, Extoráz y Moctezuma, afluentes del río Pánuco, las fuertes neblinas dan un ambiente de humedad y las heladas, candelilla a los bosques. 

En este medio ambiente, tenían su refugio Los Jonaces, los lugares habitados por ellos, los  conocemos ahora con los nombres impuestos por los españoles, eran llamados: La Media Luna, Extoráz, San Cristóbal, Ranas, Maconí, Cerro Prieto, Las Trincheras, cerro San Nicolás, Los Peñones y Las Juntas, ya que la fragosidad de la guerra, no les permitía moradas fijas. 

Los pueblos vecinos, los Ximpences y los Pames, llamaron siempre a los Jonaces los “come caballo”, por rebeldes e indómitos, pero debido a esta natural rebeldía, recayó básicamente en esa etnia chichimeca, la defensa de la Sierra Gorda, ante el avance de los invasores europeos. 

Ellos, los Jonaces, fueron los que atacaron, quemaron y saquearon los asentamientos mestizos y españoles al pie de la sierra, lo mismo que los presidios, su táctica fue la guerrilla, nos dice Jaime Nieto. 

Con la llegada de los españoles a Cerro Gordo,  cerro que mira de frente a las minas de Zimapán, comenzó una guerra que duraría 200 años, para terminar en el terrible etnocidio de  los Jonaces. 

Este pueblo nómada reaccionó ante la invasión de sus tierras, logrando mantener su autodeterminación como pueblo y nación, casi hasta el final del régimen colonial,  en un espacio geográfico muy reducido y cercano a la capital del virreinato, según nos cuenta Claudio Cop. 

Cuando la sierra Gorda fue invadida por los europeos, lo importante fue sobrevivir. Entonces, para sus antiguos pobladores, se volvió añoranza el recordar a los antiguos visitantes de la región, se cree que fueron los totonacos y los huastecos,  iniciadores de aquel avanzado sistema de cultivo por terrazas, que fácilmente aun se identifica, del próspero comercio con la costa y el altiplano, su compleja organización social, manifestada en el ritual del “juego de pelota”.  

El invasor recurrió a las tres grandes órdenes de frailes venidos con ellos, los agustinos, los franciscanos y los dominicos, para reducir y pacificar a los Jonaces, pero solo obtuvieron fracasos. 

Los españoles recurrieron al sistema de “presidios”, usado ya contra los bárbaros del norte, para conseguir  la asfixia de los Jonaces, pero los jefes de “banda”,  se multiplicaron para evitarla, así nacieron como jefes de estos grupos: Cabeza Blanca, El Manco, El Copón, famosísimo, El desnarigado, cada uno con más de cuarenta hombres consigo. 

“Los Jonaces no eran tan fieros como los pintan, lo que sucedió fue que los invasores los obligaron a vivir en las montañas abruptas, sin vegetación alguna, sin valle donde poder cosechar algo para comer, por lo que se veían obligados a descender de las montañas donde se habían refugiado y entrar en las haciendas y poblados, para robar y aún para matar… su conducta daba pie a los capitanes y soldados que se hallaban en los presidios y guarniciones de frontera, para que formaran represalias sangrientas, por lo cual la animadversión entre los Jonaces y los invasores se recrudecía día con día”. 

Durante esa larga temporada de resistencia, van apareciendo los frailes, mientras el invasor les ofrece a los Jonaces la reducción a cambio de las misiones o de una guerra de exterminio. 

Los agustinos llegaron a Xilitla en 1550 y en 1569 hubo una rebelión. Los franciscanos aparecieron en Tolimán por 1583, y en 1587 hubo otra rebelión. Cada vez se iba venciendo a pequeños grupos de Jonaces, así fue el juego mortal de esa larga lucha. 

“La desgracia de estas misiones es que están situadas en el Camino Real y al descubierto de tantas vecindades, sujetas a tantos pareceres y por lo cual el vecino por su libertad, el rico por su comodidad, el alcalde mayor por su autoridad, la doctrina por su jurisdicción y todos, en general por su conveniencia, tratarán de justificar, el crucificar la verdad, reduciéndose a que quiten las misiones y que se mate a los indios, sin molestarse en averiguar la verdadera causa de la alteración o rebeldía de estos”.  

En 1687 aparecen los dominicos, encabezados por el veracruzano Fray Felipe Galindo, fraile con un alto sentido de la época y con la trayectoria de haber sido superior de los principales conventos  de su orden, en la Provincia de Santiago, en la Nueva España, llegó ofreciendo a Los Jonaces la paz, si aceptaban la reducción en las misiones, que él fundó en compañía de otros 25 frailes. 

A este hombre y debido al gran debilitamiento, hambre y muertes, los Jonaces le permitieron algunos logros, floreciendo por esta causa la misión de la Nopalera, con sus tres barrios, San Jerónimo, San Juan de Dios, y Santiago, con 60 familias, iglesia de cal y canto, “imagen de la Virgen Del Rosario, de vara y tercia, fresco y dos jagüeyes” y con esta misión junto con otras seis más, que fueron: Vizarrón, Maconí, Soriano, Palmillas, Ahuacatlán y Xichú. 

Entre “los logros” del fraile Felipe Galindo, estuvo la autorización real para que los indios tuvieran sus propias autoridades y tierras, además de no pagar tributos y no ser sujetos de repartimiento.

 

Los españoles avecindados en la región no permitieron la cristianización de los indios, en la forma en que los frailes la realizaban, mientras los capitanes y soldados cometían fechorías contra los ellos y estorbaban la labor de los misioneros, dando como resultado una iracunda alteración de los Jonaces que nuevamente se remontaron a la sierra, su refugio inexpugnable. 

“Reconocen abiertamente – en la capital del virreinato- que ni las autoridades, ni los vecinos son capaces de controlar a los indios, pues cuando se pretendió combatirlos se meten en cuevas y cavernas que tienen en una extensión de más de treinta leguas…”. Dicen. 

En 1703 nombran al licenciado Francisco Zaraza, visitador de las misiones, Felipe V, sube al trono español, mientras que en la Sierra Gorda, diputados y capitanes,  convencen al visitador Zaraza que declare la guerra a los Jonaces, éste accede, más tarde morirá en manos de quienes pretende exterminar, sin mayor logro de su misión. 

 Otro destacado misionero dominico, Luis de Guzmán, intentó lo que sería la última carta para evitar el etnocidio de los Jonaces, tratando de reducirlos en las llamadas misiones. El fue nombrado Capitán General y Armado Caballero por el virrey, a fin de pacificar a los chichimecas. 

Los Jonaces volvieron a aceptar la reducción ofrecida, floreciendo por esta causa la misión de Soriano. Nueve años después murió fray Luis de Guzmán, que pareciera haber logrado la tan deseada “pacificación”. Los Jonaces, a la muerte del fraile y por temor, nuevamente volvieron a sus refugios en la Sierra Gorda. Dicen que este fraile habría logrado la reducción de la mayoría de los Jonaces. 

Se culpa nuevamente a los militares y hacendados del fracaso en la lucha por la “pacificación” de la Sierra Gorda, pero el dominico Esteban Arroyo nos dice algo más: “Los chichimecas jonaces son dignos de admiración, porque con toda valentía habían sabido defender su independencia, su libertad y su patria, rechazando a los invasores españoles y mestizos, al grado que podemos decir que la Sierra Gorda fue el último bastión de la raza indígena contra los españoles”. 

José de Escandón terminó con el pueblo de los Jonaces, exterminándolos y llevando a los pocos sobrevivientes en colleras a las cárceles y obrajes de Querétaro, después de quince años de lucha, que culmina con la batalla de La Media Luna. 

Existe para escarmiento de Occidente, todavía y a pesar de ellos, un pueblo de Jonaces, en las cercanías de San Luis de la Paz, testimonio viviente de resistencia cultural, de la inmortalidad de la propuesta mesoamericana de vida, aún no valorada suficientemente por Europa y el mundo.   

José Félix Zavala.

Revista Carátula

Hoja de Ruta

Retrato de abuela con Sandino al fondo
por Sergio Ramírez

Pláticas

con John Carlin
por Javier Sancho Más

Narrativa

Espejos quebrados —  Ángel Saldomando (entrevista y fragmento)
Cuentos y Relatos breves— Luis Enrique Mejía Godoy
Si estuvieras aquí, relatos—Javier Sancho Más

Crítica

Amos Oz y el lector interior— Moisés Elías Fuentes
Gioconda Belli: El infinito en la palma de la mano— Cefas Asensio Flórez

Poesía

Jorge Fernández Granados – selección de poemas
Corea Torres – poemas

Cine

De ciudades y de encierros— Guadi Calvo

Vitrina

El viajero del siglo – Andrés Neuman (Premio Alfaguara de novela 2009)
Las estrellas para quien las trabaja – Juan Carlos Mestre – Antología poética
De ayer y de siempre- Ernesto Castillo Martínez
Para construir el amor – Carlos Tünnermann Bernheim
VI Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua)

Para ir a la revista, haga click abajo o copie la siguiente dirección:

http://www.caratula.net

Santuario a La Vida en Santa Clara

HISTORIA DEL EX-CONVENTO DE SANTA CLARA

La fundación del Convento de Santa Clara se debe a la riqueza y a la benevolencia de Diego de Tapia, cacique indígena, que tuvo una hija legítima nacida a finales del siglo XVI, Luisa, a quien deseaba dar estado digno de su nobleza, lo consultó con su confesor, el guardián de los franciscanos. El fraile, ni tardo, ni perezoso, sugirió la creación de un recinto monacal que beneficiaría a la población, a la Iglesia y especialmente a su Orden. Diego obedeció la voluntad del clérigo y antes de iniciar los trámites burocráticos correspondientes, levó a su hija al convento de Santa Clara de México, en la calidad de “niña” para que se educara como doncella española. Más tarde, cuando todo estuvo arreglado, Luisa volvió a Querétaro acompañada de varias monjas, las que dieron fundamento a la institución.

Fray Miguel López consiguió las licencias necesarias, previa donación de gran parte de los caudales de Diego, heredados de su padre, el conquistador Fernando de Tapia, éstas fueron el permiso virreinal y la venia arzobispal que expidió el Cabildo por estar la sede vacante.

A finales de 1606 se había conseguido…

 

SANTUARIO DE LA VIDA

El 25 de marzo, el Sr. Obispo Dr. D. Mario De Gasperín Gasperín dio apertura al Santuario de la Vida en nuestra Parroquia, en la capilla adjunta al templo parroquial. Este día en que la Iglesia celebra la Anunciación, este santuario “quiere ser un recinto donde se honre, respete, agradezca y defienda la vida; donde también se llore la vida frustrada y perdida y se experimente la misericordia, el perdón y la paz”.

El Santuario de la Vida que en otro tiempo fue la portería del Ex-Convento de Santa Clara y después Capilla del Señor de las Tres Caída es un lugar par:

  •  
    •  
      • Orar por los niños que están en peligro de ser abortados.
      • Orar por las mujeres embarazadas y su buen alumbramiento.
      • Orar por los niños y la juventud.

 

El Río de La Cañada en Querétaro

El Río de La Cañada, los 42 ojos

de agua del Capulín

y el Acueducto de Querétaro. 

José Félix Zavala  

1738 –   30 litros por segundo  “Trazo del Marqués” (166 años)

1904 _   60 litros por segundo   “Trazo porfiriano”  (42 años)

1946 _   90 litros por segundo    Gobierno de Agapito Pozo (15 años)

1949 _   Se tapa el caño del acueducto para evitar la contaminación del agua

1961 _   Se excava el primer pozo en La Alberca 

Por el poniente las corrientes que bajan de La Machorra, de Palo Alto, de Calamanda, El Ahorcado, sumándose las que bajan del Pinal del Zamorano, pasando por Chichimequillas, Presa de Rayas, Atongo, Amazcala, La Griega, El Colorado, y Saldarriaga, forman el Río de La Cañada, que pasando por Querétaro, se incorpora al Río La Laja, afluente de la laguna de Chapala, que después con el nombre de Río Lerma desemboca en el Océano Pacífico. 

Documento de testigos de vista señalan allá por el 11 de enero de 1572 que se dotó a cada uno de los habitantes de Querétaro de solares para construir sus casas y de acequias derivadas del Río de La cañada para el riego de sus huertos. 

A principios del siglo XVlll, el sistema reticular de Querétaro, provocó que la peste cundiera en forma rápida en la población, que la ropa infectada se lavara en el río, contaminándolo, agregando que allí eran arrojados los rehechos químicos de los colorantes de los obrajes, de las tenerías y de las fábrica de tabaco, acabando con el agua potable en la ciudad. 

Debido a esas circunstancias llegó a Querétaro del Regidor vitalicio de la ciudad de México, Obrero Mayor y Alcalde de La Alameda, Juan Antonio de Urrutia y Arana, Pérez de Ironiza y Echávarri, Guerrero y Dávila, Marqués de la Villa del Villar del Águila, miembro de la orden militar de Alcántara, con conocimientos de acueductos y arcadas de estilo romano en España, principalmente en las ciudades de Segovia, Mérida y Terragona, por haber intervenido en la conservación y funcionamiento del Acueducto de Chapultepec y de Los Arcos de Belem y de Los Remedios. 

El Marqués concibió la construcción de los maravillosos Arcos de Querétaro, para salvar la hondonada de Carretas, , localizar un sitio elevado en el barrio de La Cruz, que asentara un tanque de distribución que hiciera llegar por gravedad el agua a la ciudad. 

El manantial de agua del Capulín, con 42 ojos de agua, la Cantera y la mano de obra de los habitantes indígenas de La Cañada, esta obra hubiera sido imposible para Querétaro, urgido de agua potable. 

Este manantial se conocerá como La Alberca, porque a su alrededor se construyó un alto muro que servía para contener al agua y desviarla hacia el poniente o hacia Querétaro atravesando las huertas por medio de un caño estrecho y hondo, construido con piedra bola y mezcla de cal viva tratada con baba de nopal, usual en la época y se le conoce como “Trazo del Marqués”. 

Desde 1738 el trazo del acueducto operó satisfactoriamente, por  166 años, conduciendo 30 litros por segundo ala ciudad de Querétaro. 

En el dictamen geológico del Ing. en minas, Juan de Dios Villarello,  del 30 de diciembre de 1904, que para satisfacer la demanda de agua potable para Querétaro se instalara una compuerta en la parte norte de La Alberca y se realizó un nuevo trazo del acueducto, logrando llevar el doble del volumen de agua, o sea 60 litros por segundo, a esta obra se le conoce como “Trazo porfiriano del Acueducto”. 

Debido a nuevas exigencias de la ciudad, siendo gobernador del estado Agapito Pozo Balbás, EN 1946 se levantó el peralte del caño 40 centímetros permitiendo incrementar el volumen de agua hacia Querétaro, en 90 litros por segundo. 

Durante el gobierno de Octavio S Mondragón Guerra (1949-19559, se colocó un lomo de cemento arriba y a lo largo del Acueducto. 

Durante el gobierno e Manuel González Cosío (1961-1967) se perforó el primer pozo en La Alberca, dando comienzo al desequilibrio ecológico, con la extracción de agua del subsuelo que ha continuado hasta la fecha en forma grave. 

Al abatirse los mantos friáticos dejaron reverterse los excedentes de agua al Río de La Cañada y la desaparición de múltiples manantiales empleaos para diferentes usos. 

Diego de Tapia, hijo de Conín, construyó El Molino Colorado, con la intención de construir tres molinos escalonados y de allí surgió lo que ahora conocemos como la población de “El Hércules” , obra que se comenzó en 1634 después de la muerte de éste, con la construcción de la llamada  “Presa del Diablo”. Sobre el río de La cañada. 

En 1838 Cayetano Rubio adquirió el Molino Colorado, con todos sus anexos: Tierras, manantial, presa, y los molinos de La Purísima y San Antonio. 

El acuífero de Los Socavones que vertía más de 690 litros por segundo al río de La cañada, se le controló con la famosa “Data”, estrechamiento del río, para cuando llegaba fuerte el agua del Zamorano,  poder controlar la rueda hidráulica que movía la maquinaria de 106 caballos de fuerza, ayudados con dos máquinas de vapor de 115 caballos de potencia.   

La Cocina indígena en 50 volúmenes

Cocina e identidad  

Ángeles González Gamio 

 

La Jornada  

Pocos aspectos de la cultura reflejan tan bien la identidad de un pueblo como su cocina. En los fogones se sintetiza la memoria histórica que integra tradiciones, fiestas, creencias; son expresión del medio geográfico, del clima, de las raíces que en algunos casos, como en México, son de una enorme diversidad. Sólo de la herencia indígena tenemos una variada riqueza, en las distintas etnias que pueblan nuestro país. 

Como muestra tenemos esa impresionante colección de Recetarios de cocina indígena y popular, que editó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes hace varios años, que alcanza cerca de 50 volúmenes. A esta fecundidad original se vinieron a sumar ingredientes y modos traídos del continente europeo y del asiático, dando como resultado la prodigiosa cocina mexicana. 

Si nos acercamos a los estados, encontramos en la mayoría de ellos un universo gastronómico inimaginado. 

El gobierno de Guanajuato publicó recientemente una joya de libro: Cocina tradicional guanajuatense. Las protagonistas del hermoso libro son señoras de la entidad, sus vidas y sus recetas. Es verdaderamente conmovedor e ilustrativo. Tierra de riqueza mineral, ganadera, agrícola y diversidad climática, en Guanajuato se distinguen cinco regiones, cuyas características particulares han propiciado el desarrollo de prácticas alimenticias que los identifican claramente. 

La lectura del deleitoso opúsculo nos muestra como la cocina es el espejo del territorio y en un acto de apropiación, el paisaje y la cocina forman una relación indisoluble, establecida por los grupos que lo habitan y que han construido, a partir de él, las prácticas alimenticias que los identifican. Sería muy deseable que gobiernos de otros estados siguieran el ejemplo, ya que la gastronomía, como aquí vemos, es un reflejo de la cultura única de un lugar. 

Y ya que estamos en el tema, no podemos dejar de hablar de la Guía para comer bien en el Centro Histórico de la ciudad de México, mi pueblo y patria chica de todos los mexicanos, diría yo, pues ¿quién no siente suyo el Zócalo, con su Catedral, Palacio Nacional, el Portal de Mercaderes y el antiguo Ayuntamiento? La guía es obra de José Bravo y Guadalupe Gómez Collada, quienes desde hace varios años publican la excelente revista Ritos y retos del Centro Histórico. Su labor es tan exitosa porque atrás está un profundo conocimiento amoroso del lugar: ahí pasan la vida, día a día, conocen a los vecinos, a los comerciantes, los gozos y los pesares. Así los sitios que mencionan en la guía: restaurantes, terrazas, cafeterías, fondas, panaderías, mercados y desde luego cantinas, los conocen uno a uno, por lo que saben de lo que hablan.

Tiene un útil mapa y recomendaciones novedosas como las tiendas gourmet y varias de las recetas de los mejores restaurantes de la zona. Otra aportación es que tiene una lista de los que consideran los 10 mejores del Centro. Aquí tengo mis disentimientos, pero hay que reconocer que no es fácil ser totalmente objetivo. Voy a mencionar con los que coincido plenamente: Al Andalus, en Mesones 171, con la mejor cocina libanesa de la ciudad. Ocupa unas preciosas casas del siglo XVII.

El Cardenal, tanto el de la calle de Palma 23, como el del Hotel Sheraton, ofrecen extraordinaria cocina mexicana. El Casino Español es un clásico, en su enorme y sobrio salón y con su buena comida española tradicional. También de tradición, el Café de Tacuba en su pintoresco espacio, conserva su sabrosa cocina casera. 

En la calle de Guatemala 32, se encuentra La Casa de las Sirenas, en su preciosa casita dieciochezca, tiene la terraza con la mejor vista de la parte posterior de la Catedral. Hay que admirar en la fachada las sirenitas bellamente labradas en la piedra, que la bautizan. El Salón Corona, en Bolívar 24, ha mantenido su estilo por muchas décadas y sigue ofreciendo sus ricos cockteles de mariscos, muy buenas tortas y excelente cerveza de barril. 

gonzalezgamio@gmail.com

Una vida: La de Edgar Alan Poe

Poe, el visionario

Edgar Allan Poe.

Diario de Querétaro

Ticho García

Este 2009 se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe y 160 años de su fallecimiento (Boston, 1809 / Baltimore, 1849). Este autor bicentenario, quien gozó de una breve vida entre los mortales, pero que ha trascendido a la inmortalidad en el plano literario, es uno de los escritores que mayor huella han dejado en la literatura universal, y su influencia ha prevalecido en los siglos XIX, XX y lo que va del XXI.

Poe es reconocido como el padre de la literatura de terror, gracias a una serie de relatos escalofriantes como El gato negro, El corazón delator, El pozo y el péndulo o La caída de la casa Usher. También es el iniciador de la literatura policiaca con títulos como La carta robada, Los crímenes de la calle Morgue, o el misterio de Marie Rogét. En estos cuentos Poe introduce la figura del detective, encarnado por Auguste Dupin, antes incluso de que el término “detective” fuera conocido, y que más adelante inspiraría al Sherlock Holmes de Conan Doyle y a toda la saga de detectives literarios que siguen apareciendo por todo el mundo. Poe también cultivó la poesía (El cuervo es su poema más memorable) y la literatura de aventuras con obras como El escarabajo de oro y su única novela, Las aventuras de Arthur Gordon Pym.

Pero quizá pocos sepan que Poe también es el padre de otro género literario: el de la anticipación científica o ciencia ficción.

La anticipación científica en Edgar Allan Poe

En el cuento La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall, Edgar Allan Poe describe por primera vez, en 1835, un viaje tripulado a la luna. Y lo hace 30 años antes de que Julio Verne publicara su célebre novela De la Tierra a la Luna.

En su cuento, Poe relata las peripecias de Hans Pfaall, un holandés fabricante de fuelles que despega de Rotterdam a bordo de un globo aerostático acondicionado para poder respirar fuera de la atmósfera. En la canastilla instala sus instrumentos de vuelo: un telescopio, un barómetro, un termómetro, un electrómetro, una brújula, un compás, un cronómetro, una campana, una bocina y un aparato para condensar la atmósfera terrestre. El relato anticipa los vuelos espaciales. Durante su trayecto a la luna, el protagonista logra ver nuestro planeta desde el espacio y no duda en describirlo: “El globo había alcanzado una inmensa altitud y la convexidad de la Tierra podía verse con toda claridad. Por debajo de mí, en el océano, había un grupo de pequeñas manchas negras, indudablemente islas. Por encima, el cielo era de un negro azabache y se veían brillar las estrellas. Muy lejos, hacia el norte, percibí una línea muy fina, blanca y sumamente brillante, en el borde mismo del horizonte, y no vacilé en suponer que se trataba del borde austral de los hielos del mar polar”. Hans Pfaall logra llegar a la luna y convive con unos amistosos pero espantosos selenitas durante cinco años.

De acuerdo con Julio Cortázar, considerado el mejor traductor de la obra de Poe al idioma español, en el cuento de Hans Pfaall, Poe intenta darle cierta verosimilitud al relato mediante la aplicación de principios científicos (hasta donde la caprichosa naturaleza del tema lo permite) a un verdadero viaje de la Tierra a la luna.

En 1837, Poe publica El hombre que se gastó, en el que, además de irradiar un finísimo sentido del humor, anticipa por más de siglo y medio el advenimiento de la Biomecatrónica, esto es, la adaptación de prótesis robóticas al sistema nervioso central. El protagonista es el brigadier general honorario John A. B. C. Smith, quien había combatido en la campaña contra los Cocos y los Kickapoos. Como consecuencia de esos combates, el general había sido reducido a un auténtico bulto. Sin embargo, todos los días, su negro sirviente Pompeyo le colocaba las piernas, los brazos, el pecho, los hombros, la peluca, un ojo, los dientes, la lengua y el paladar, para convertirlo en un apuesto militar.

Cortázar dice que Poe utiliza elementos científicos sin admirarlos ni creer en el progreso mecánico en sí. Quién sabe. Por una parte tiene razón. Esta suspicacia de Poe ante los frutos de la tecnología está presente en su relato titulado El jugador de ajedrez de Maelzel, escrito en 1835, acerca de una máquina que era capaz de jugar al ajedrez. Esta máquina existió realmente, y se trata de la construida en 1769 por el Barón Wilhelm von Kempelen que fue exhibida en los siglos XVIII y XIX en ferias y teatros de París, Viena, Londres y Nueva York. Edgar Allan Poe presenció una demostración del funcionamiento de esta máquina y escribió el relato para demostrar que la máquina era un fraude. La obra de Poe es un intento de desvelar esa farsa.

Analiza pormenorizadamente los movimientos de Maelzel mientras enseña el interior del autómata al público, intenta entender cómo funcionan los mecanismos que dotan de movimiento al muñeco y concluye que dentro hay un jugador escondido. Así describe Poe el propósito de su análisis:

“Probablemente ninguna exhibición ha provocado un interés tan grande como la del Jugador de Ajedrez de Maelzel. Dondequiera que lo han presentado ha sido objeto de la más intensa curiosidad por parte de las personas reflexivas. Y sin embargo la cuestión de su modus operandi sigue siendo desconocida. Nada se ha escrito sobre el tema que pueda considerarse como definitivo; y por eso encontramos en todas partes personas de gran talento para la mecánica, y de entendimiento tan comprensivo como agudo, que no vacilan en declarar que el Autómata es una máquina, cuyos movimientos nada tienen que ver con la intervención humana, por lo cual puede considerárselo la más asombrosa invención de la humanidad. Y así lo sería, en caso de que aquéllos acertaran en sus suposiciones”. Como quiera que sea, a pesar de su escepticismo, la portentosa mente analítica y deductiva de Poe va delineando algunos principios de robótica y computación a lo largo de su relato.

Eureka

Un día de 1848, Edgar Allan Poe visita a su editor, el señor Putnam. Está nervioso. Lleva consigo el que probablemente sea el libro más perturbador que ha escrito. Poe está convencido de que se trata de un libro revolucionario, superior a todas las conjeturas cosmogónicas pasadas y presentes. De hecho, Poe le comenta a Putnam que la publicación que le viene a proponer es de un interés fundamental. Le dice que el descubrimiento de la gravitación por Newton resultaba una mera fruslería comparado con los descubrimientos revelados en su libro. Que provocaría inmediatamente un interés tan universal e intenso, que el editor haría bien en abandonar todos sus restantes intereses y hacer de la obra el negocio de su vida. Que bastaría para empezar una edición de cincuenta mil ejemplares, pero que sería apenas suficiente. Que ningún acontecimiento científico de la historia mundial se acercaba en importancia a las consecuencias que tendría la obra.

La obra que Poe le lleva a Putnam es Eureka, un extenso ensayo cosmológico y filosófico “sobre el universo material y espiritual”, que el autor ha subtitulado como “poema en prosa”. No se trata de ninguna obra de ficción. Al menos para Poe no se trata de eso, sino de un escrito serio, capaz de revolucionar la física y la metafísica.

Al parecer, Eureka fue escrita de un tirón, aunque probablemente Poe lo estuvo cocinando durante mucho tiempo, quizá desde su juventud, cuando su creciente obsesión por la astronomía le hacía devorar a cualquier autor que tratara el tema, como Newton, Kepler y Laplace, entre otros. Para Cortázar, Poe habría escrito esta obra en la medida en que su sagacidad y lucidez intelectual funcionan en el vacío, orgullosamente seguras de descubrir por sí solas las verdades últimas, con un mínimo de datos físicos y corroboraciones científicas.

Algunos postulados que Poe despliega en Eureka son los siguientes: Puesto que nada fue, en consecuencia todas las cosas son?. La gravedad no es sino el modo según el cual se manifiesta la tendencia de todas las cosas a retornar a su unidad original; no es sino la reacción del primer Acto Divino?. El universo de los astros (a diferencia del universo espacial) es limitado?. La materia, al surgir de la unidad, surgió de la nada, esto es, fue creada?. Todo retornará a la Nada, al retornar a la unidad?.

Eureka resultó ininteligible para la mentalidad de su tiempo; no levantó el menor interés, ni de público ni de crítica, a pesar de las conferencias que pronunció Poe para promocionar el libro. Hasta Humboldt, a quien estaba dedicado con tanto fervor el ensayo, guardó silencio. De los cincuenta mil ejemplares que Poe le propuso publicar, Putnam sólo tiró 500. La Física no experimentó ningún salto con Eureka, y sus “descubrimientos” sobre el Universo no revolucionaron la civilización humana. Cortázar señala que si bien la obra es discutible en el plano científico, no lo es en el poético, como lo comprendieron antes que él los simbolistas franceses Baudelaire y Valéry.

Sin embargo, tal parece que, después de todo, Eureka contiene desconcertantes aciertos, los cuales sólo han podido revelarse como tales muchas décadas después. Entre estos aciertos destaca el Big Bang como origen del Universo. También la idea de relacionar Tiempo y Espacio en un único concepto, o reconocer a la gravedad como una fuerza capaz de propiciar el colapso de gigantescas cantidades de masa hacia un centro común, o que muchos de los cuerpos catalogados como nebulosas de nuestra galaxia por los astrónomos de entonces, no eran tal cosa sino otras galaxias situadas fuera de ella. Ahora sólo queda esperar qué otras sorpresas nos depara este mal entendido ensayo-poema anticipatorio.

La publicación de Eureka y su prematuro pero estrepitoso fracaso, marcaron el declive final de Poe. En 1848, el año en que fue publicado, le escribió a Mrs. Clemm en una carta: “No tengo deseos de vivir desde que escribí Eureka. No podría escribir nada más”. El genio murió al año siguiente.