San Juan del Río prehispánico

San Juan del Río prehispánico

  Habitado  desde el año 400 A.C., en San Juan del Río existen vestigios que indican asentamientos de grupos Otomíes con ascendencia de Chupícuaro.

Esta localidad fue fundada en 1531 por Conín, marcando esto el inicio de la colonización del norte y occidente de la llamada Nueva España. Además, se convirtió en el paso obligado para quienes transitaban hacia el norte, favoreciendo el auge comercial.  

Durante el período de la Guerra de Independencia, de San Juan del Río partieron al frente del Ejército Imperial de las Tres Garantías el General Guadalupe Victoria, Anastasio Bustamante y el General José Luis Quintanar, hacia la toma de la plaza de Querétaro, Con fecha del 29 de junio de 1821.  

El 5 de octubre de 1830 y como consecuencia de su notable desarrollo económico y social, el Congreso Local dio a San Juan del Río el título de Villa.

Para 1847, en el marco de la guerra entre México y los Estados Unidos de Norteamérica, el gobierno del Estado otorgó al entonces Distrito de San Juan del Río el título de Ciudad.  

En 1863 Don Benito Juárez García, en su huida a San Luis Potosí, pernoctó en San Juan del Río y, en 1867 Maximiliano de Hasburgo lanzó en esta ciudad una de sus últimas proclamas, en la cual exhortaba a la población a defender “la Independencia y el orden interior” del país.  

En la última década del siglo XIX, San Juan del Río participó del desarrollo ferroviario al tenderse la vía del Ferrocarril Nacional Mexicano y, años más tarde, asentarse en esta ciudad la “Casa Redonda” para la reparación de máquinas de vapor.  

En 1929, San Juan del Río adquirió la categoría de municipio. Durante el período 1960-1970, San Juan del Río inició su transformación urbana, económica y social; actualmente se le considera como el segundo en importancia en el estado de Querétaro.  

Ciudad industrial progresista se localiza al Sureste de la entidad, a 52 kilómetros de la ciudad de  de Querétaro.  

Ocupa una superficie de 779 km² que significa el 6.9% del total del estado ocupando el sexto lugar en extensión territorial. Su latitud varía entre los 1 978 y 2 200 msnm.  

El clima es subhúmedo con lluvias en verano. La temperatura media anual es de 16.5°C con una precipitación anual de 572 milímetros.  

Predomina la vegetación de tipo mezquital, pastizal y matorral.  

La destrucción del hábitat natural en gran parte del territorio estatal, ha ocasionado la desaparición de varias especies, conservándose algunas aves como la paloma, huilota y tórtola; algunos mamíferos como el zorrillo, tlalcoyote, comadreja y mapache, así como los reptiles víbora de cascabel y coralillo

Templos de San Juan del Río

Templos y conventos de

San Juan del Río. 

Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe: Se terminó de construir en 1729 para uso exclusivo de los españoles. Su fachada consta de dos cuerpos de cantera, su estructura interna es de planta de cruz latina, decorado con medallones y vitrales. El altar principal se construyó por segunda vez en 1820.  

Templo del Sagrado Corazón: Data del siglo XVIII. En su interior se observan 4 cúpulas y linternillas. Es probable que en el siglo XIX se haya realizado su decoración.  

Templo del Señor de Sacromonte o Santuario: Edificado en el siglo XIX, tiene una fachada de cantera, cuenta con ventana rectangular, torre con campanario y torre de reloj. Su decoración interna es Neoclásica.  

Beaterio de las Hermanas Terceras: Se fundó en el año de 1670 por las Hermanas Terceras de San Francisco; su objetivo fue el de la educación de las niñas de escasos recursos. En 1683 se reconstruyó y reorganizó por Fray Antonio Margil de Jesús.  

Templo de Santo Domingo: Se inició su construcción en el siglo XVII y se terminó a principios del siglo XVIII. Su fachada es barroca hecha de cantera y en la parte superior tiene tres escudos: de la Merced, San Francisco y Santo Domingo. Su decoración interior es de estilo Neoclásico.  

Templo del Calvario: Ubicado en el antiguo barrio de los indios, es probable que se haya derribado y construido el actual a principios del siglo XVIII y desde ese tiempo, es tradición que la peregrinación de la Semana Santa culmine en este lugar.  

Templo de San Juan de Dios: Se fundó en 1661, la fachada se encuentra enmarcada por dos contrafuertes; el acceso posee arco de 1/2 punto y su torre de dos cuerpos se sitúa en el lado derecho del altar mayor en donde se encuentra la imagen de San Juan de Dios; a un costado se encuentra “Capilla de Jesús de la Portería“, imagen milagrosa y muy visitada.

El mercado del Tepetate

El Mercado del Tepetate

29 Aniversario 

José Félix Zavala 

El árbol de maravillas es el maguey, de quien los nuevos o chapetones, suelen escribir milagros, que da agua y vino,  aceite y vinagre, miel y  arrope,  hilo,   y agujas,  y otras cien cosas más.

En la esquina en que convergen las calles de Invierno, Luis Moya y Juan Álvarez, empieza y se distribuye en pulquerías, el barrio del Tepetate: El Cachete, El Maguey, La Atómica, entre muchas, aquí también se sitúa la porfiriana estación del tren, barrio que contempla a diario el paso de La Burrita y El Nueve. 

El Tlachiquero 

  
San Roque y sus campanas son quienes convocan a este barrio, donde han desaparecido sus callejones y muy cerca la capilla de indios de Santa Catarina mantiene a la Virgen de La Candelaria como Milagrosa, a pesar de que estuvo empeñada en una pulquería más de alguna vez.

El escuadrón de la muerte. Se deshace y se rehace continuamente, retan a la vida hasta que se van con ella. Recordemos:

La voz pulque proviene del náhuatl poliuhqui, ”descompuesto”, ”echado a perder”, pero en náhuatl se le sigue llamando octli, nombre genérico para ”vino” o bebida embriagante. A menudo se le llama con las voces neutle o neutli, derivados del náhuatl necuhtli, ”miel”.

Hay música de viento, aquí se recuerda a los Guarda cuarteles, El Gallo en la madrugada de vísperas de la fiesta de septiembre y las farolas, que han dejado de existir. 

En el Jardín de los Platitos, donde bancas y piso son de tejo, fue el lugar para contratar serenatas. Bajo el puente, se miran a  los rieleros con taco de papa, nopal y camarón en mano. El 3 de mayo y el primero de septiembre son días de fiesta.

Del Maguey, el tronco, que es grueso, cuando está tierno le cortan y queda una concavidad grande, donde sube la sustancia de la raíz, y es un licor que se bebe como agua, y es fresco y dulce; este mismo, cocido, se hace como vino, y dejándolo acedar se vuelve vinagre; y apurándolo más al fuego es como miel; y a medio cocer, sirve de arrope, y es de buen sabor y sano; y a mi parecer es mejor que arrope de uvas.

El más antiguo recuerdo que tiene del mercado del Tepetate José Eustaquio Reyes, siempre líder, es cuando en 1944 el Mercado del Tepetate se tendía sobre la antigua calle de Porfirio Díaz, que hoy conocemos como Héroes de Nacozari y de que en los tiempos de Manuel González Cossío (1967) fue llevado a la calle de Invierno. 

Años después, (1978) siendo Presidente Municipal, Mariano Palacios Alcocer, se construyó “el mercado nuevo” en el lugar donde ahora se encuentra, y en esta administración municipal fue remozado.

El consumo del pulque formó parte de rituales y ceremonias muy extendidas en nuestros antiguos pueblos que se vinculaban con otros órdenes sagrados como el juego de pelota y las ceremonias de curación. 

A su alrededor se ha constituido un tianguis, los sábados y domingos, y  las puertas de las calles que convergen a él, se han vuelto comercio de todo tipo, haciendo de este rincón, el Centro Comercial de La Otra Banda, más importante y más antiguo, donde el pueblo recurre como en la época prehispánica a sus antiguas formas de compra-venta y relación. 

La pila del Tepetate, y la Capilla del Sagrado Corazón permanecen guardadas en sigilo en las esquinas frontales de este mercado. Queda el recuerdo de la asociación de vendedores de la estación, donde la pedrería queretana (ópalo) y las gorditas de migaja, hacían la venta con los pasajeros que topaban con Querétaro.  ¡Aretes n!, ¡aretes n! 

La planta del maguey, el agave atrovirens, sorprendió a los primeros españoles que llegaron a los territorios mesoamericanos. 

Permanece aún la Cantina del General, o del “Gene”, como usted le quiera llamar y la de “Chava Invita”. 

Los alcanfores fueron transformados, y los cientos de vagones que ahí estacionados albergaban a las familias de los rieleros dejaron de existir y junto con ellos las miles de plantas floridas que les acompañaban. Los Alcanfores desde entonces lloran su soledad y ya no forman parte de la vida queretana. 

Don José Eustaquio relata que los “tianguistas” han dado fin a los “mercados”,  se ven  las fondas concurridas con toda clase de comida tradicional que llenan de olores y sabores el barrio del Tepetate, los floristas engalanan la salida del mercado, los verduleros y fruteros corren tras la báscula. Querétaro Prehispánico, sobrevive en el Tepetate.

La palabra maguey es de origen taíno. En náhuatl es metl, nombre vinculado con la voz mayauetl,  divinidad femenina asociada con la planta misma.

Del Centro  se llega al barrio por El Puente Grande, se pasa por la calle de los hoteles, Primavera, se voltea a ver de reojo el Jardín de Los Platitos. Una máquina de vapor, vuelta monumento, nos acerca a la evocación del Querétaro decimonónico y al porfiriato afrancesado. 

La voz tlachiquilizpan se traduce como ”estación” o ”época del año” en que se extrae el aguamiel y  la voz tlachiquiliztli como ”raedura” o Raspador de maguey.     

Una historia bonita del Chile

El chile: una breve historia  

Enrique Vela   

Chiles morita, cascabel, guajillo, pasilla, serrano, jalapeño, chipotle y de árbol.  

La presencia del chile entre las culturas mesoamericanas es milenaria. Aunque no se han encontrado aún pruebas de ello, es posible suponer que el aprovechamiento de los distintos tipos de chile se remonta incluso a las épocas en que los grupos que habitaban el territorio nacional tenían un modo de subsistencia basado en la caza-recolección y eran nómadas.  

Sabemos que la movilidad de esos grupos estaba lejos de ser azarosa y que por el contrario respondía a un adecuado conocimiento de las condiciones de crecimiento y maduración de las especies que por experiencia se sabían provechosas.  

Por ello, con los cambios de estación esos grupos mudaban sus campamentos a aquellos lugares en los que encontrarían alimentos suficientes, entre ellos distintas especies vegetales.  

De estas plantas se recolectaban las partes útiles, principalmente los frutos, en un proceso que se repetiría periódicamente a lo largo de miles de años, lo que dio lugar a la modificación paulatina del ciclo de reproducción de las plantas, y de sus características morfológicas, que fue adaptándose a las necesidades de consumo humano. 

El chile es un buen ejemplo de este proceso de adaptación de las plantas a las necesidades humanas: lo que se conoce como domesticación.  

El fruto de la mayoría de las especies silvestres ve hacia arriba y tiene un llamativo color, lo que atrae a las aves que al comer el fruto contribuyen a su dispersión, pues no digieren todas las semillas y al evacuar mientras vuelan propician que la planta crezca en otras zonas.  

En cambio el fruto de las especies domesticadas tiende a colgar, lo que evita que las aves lo coman, reservándose para el consumo humano, y permite que sea de mayor tamaño.  

El chile fue sin duda una de esas especies que resultaban provechosas para los grupos nómadas de cazadores-recolectores, pues posee propiedades que retardan la descomposición de los alimentos, cualidad especialmente útil para un modo de vida que implicaba el traslado constante y el aprovechamiento al máximo de la comida obtenida, en especial de la carne. También debe considerarse que además de retardar la descomposición de los alimentos, el chile permite –gracias a su atributo más notorio: su intenso sabor– disimular el mal sabor de la carne en descomposición. Como sea, si el chile fue domesticado lo fue gracias a un prolongado proceso que implicó no sólo la repetida manipulación de la planta, sino la acumulación de conocimientos sobre sus propiedades y la conformación de una serie de prácticas culturales alrededor de su aprovechamiento.  

La más notable de esas prácticas es la comida: el chile es un componente esencial en nuestra cocina y se le utiliza con singular maestría.  

Si hoy en día sabemos que no todos los chiles tienen el mismo sabor, que no todos pican igual, que unos son más adecuados que otros para determinados platillos, es gracias a esa milenaria y cotidiana interacción, la cual permitió el desarrollo de instrumentos básicos para su recolección, traslado y procesamiento.  

El mejor de esos instrumentos es el molcajete, que se utiliza para moler y mezclar el chile con otros ingredientes, y es tan efectivo que aún se utiliza.

La toponimia mexicana

Toponimia e identidad  

Miguel León-Portilla     

Los nombres de lugar son un importante elemento en el contexto de la identidad nacional. Recorrer los nombres del escenario geográfico de México es ir “leyendo” no poco de su historia; cambiar o alterar, sin ton ni son, la toponimia es atentar contra la memoria histórica.  

Los seres humanos aplican toda suerte de nombres a las características geográficas, como en el caso de Popocatépetl, “Monte que humea”. Página anterior: Popocatépetl, 1990. Esta página: Popocatépetl. Códice Vindobonensis, p. 39. Foto: Guillermo Aldana. Repro.: Boris de Swan / Raíces  

El territorio de un país es escenario geográfico con planicies y montañas, litorales, ríos y lagos, aldeas, pueblos y ciudades, flora, fauna y seres humanos. A estos últimos se debe haber desarrollado allí, a lo largo de siglos y milenios, diversas formas de cultura. Entre otras muchas cosas, su cultura, siempre en proceso de cambio, los ha llevado a dialogar con cuanto existe en ese su gran escenario geográfico.Sacando del anonimato a cuanto en él se encuentra y prolifera, se le han ido aplicando toda suerte de nombres. Así se puede recordar, hablar y hacer referencia a las realidades que circundan a mujeres y hombres. Así apareció la que hoy llamamos toponimia, los nombres de lugar.

En el vasto territorio de México, que incluye de algún modo la parte que le fue arrebatada, además de una rica biodiversidad y una pluralidad de lenguas y formas de cultura, hay también una gama enorme y significativa de nombres de lugar. Ellos, con la ya evocada gran diversidad, son elemento integrante de su propia identidad. Y precisamente, así como cualquier identidad no es algo estático, sino que está sujeta al cambio y la transformación, también los nombres de lugar de un país por diversos motivos en ocasiones se alteran.

La toponimia expresada muchas veces en lenguas distintas, habla de su historia y de las formas como sus pobladores en distintos tiempos han ido concibiendo su escenario geográfico, su casa en el mundo. En diversos tiempos se habló del Anáhuac, Mexicatlalpan, Nueva España y al fin México. Y otro tanto puede decirse de las varias regiones, provincias y estados que lo integran, así como de sus poblaciones grandes y chicas. Y desde luego también es ello cierto acerca de todos sus accidentes geográficos con su flora y su fauna.

A una larga secuencia de gentes y culturas se debe la variada toponimia que existe en México, expresada en lenguas del Nuevo y del Viejo Mundo. En esos nombres es perceptible una especie de estratos, como ocurre también en la arqueología. Si quisiéramos identificarlos de algún modo, es posible señalar al menos los más importantes de esos estratos. 

El primer estrato

El estrato más antiguo, obviamente indígena, se remonta a muchos siglos e incluye nombres de lugar expresados en muchas lenguas de por lo menos siete grandes familias lingüísticas. Así, por ejemplo, en Oaxaca abundan los topónimos mixtecos, zapotecos y otros. Del ámbito mixteco provienen éstos: Yodzo Coo, “Llanura de la serpiente”; Yacu Dzaa, “Colina del pájaro”. Otros hay que fueron traducidos al náhuatl y oficialmente se conocen en dicha lengua: el ya citado Yodzo Coo, pasó a ser Coixtlahuaca, con el mismo significado de “Llanura de la serpiente”.

Muestra de toponimias en una lengua yumana son Kadakamán que en cochimí significa “Arroyo de carrizales”, vocablo al que los misioneros jesuitas añadieron la designación de “San Ignacio”. Topónimo en la misma lengua que desapareció por completo es el de Huamalhuá, “La neblinosa”, aplicado a la isla llamada hoy de Cedros.  

Juan Ramón Jiménez en tiempos de guerra

“¿Qué deben hacer los poetas

en la guerra?”.  

La gran ‘novela’ de la Guerra Civil 

Se publica por primera vez sin censurar el libro con el que Juan Ramón Jiménez quiso demostrar su inequívoco compromiso con la República española   

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 

Madrid 

El País    

Ésta es la pregunta que desde el 18 de julio de 1936 asaltó a Juan Ramón Jiménez. Y ésta es su respuesta:  

“La poesía como todo lo esencial es eterna, no se modifica con las circunstancias. En todo caso, el poeta cumplirá con su deber y su conciencia, dejando, si es preciso, su trabajo literario propio de la paz, y poniéndose con su ideal. Y su ejemplo”.  

Para el autor de Platero y yo siempre estuvo clara la labor de un escritor “si no puede pelear con los puños”: como artista, escribir lo mejor que sepa; como ciudadano, arrimar el hombro cuanto pueda. Sin mezclar jamás ambas cosas, sin confundir la pluma con una pistola y, sobre todo, sin dejar que la primera se beneficie de la autoridad de la segunda: “Nosotros ¡los intelectuales! Etc.  

Debemos ayudar al Gobierno y al pueblo; no ellos a nosotros”.  

Según el poeta, no había que confundir nunca la pluma con la pistola 

“O no gritar tanto, o irse a las trincheras”, recomendaba 

Para los sublevados, era un vivalavirgen amante de la molicie 

Para los más ruidosos del bando republicano, era un cursi hiperestésico 

Para Juan Ramón, un poeta puede morir “en la guerra” o “de la guerra” como Lorca, Machado o Miguel Hernández, pero no dedicarse a dar lecciones en la retaguardia. Y critica a León Felipe al saber que ha acudido a una cena de la Embajada de México en Madrid envuelto en el abrigo de pieles de un duque asesinado “y jactándose de ello con vociferación y bromita”. El abrigo y la comida, dice, les hubieran venido mejor a los pobres milicianos “que morían gangrenados” en el frente de Teruel. “No se deben celebrar con banquetes los triunfos de la muerte”, escribe. Y también: “O no gritar tanto o irse a las trincheras”. 

Juan Ramón Jiménez (1881- 1958) fue un hombre transparente y de convicciones rocosas, pero poco dotado para sobrevivir en un mundo de maniqueos. “Comunista individualista” se llamaba a sí mismo. Mucho menos en un tiempo en el que la brutalidad del blanco y negro se llevó por delante todos los matices. Exiliado de primera hora, vio desde su destierro americano cómo en España su figura era pasto de la caricatura.  

Para los sublevados era un vivalavirgen amante de la molicie y “el desinterés por las cosas feas materiales” que se paseaba por California estrenando “los últimos modelos de automóviles salidos de las fábricas USA”. Para los más ruidosos del bando republicano era un cursi hiperestésico mantenido por su mujer que, mareado por el olor de la sangre, prefirió mirar para otro lado. 

Consciente de la tormenta de mentiras y tópicos que se le venía encima, el escritor decidió contar en un libro la verdad de su compromiso con la República. Para ello se dedicó a recopilar materiales propios y ajenos -poemas, notas de diario, artículos, cartas y recortes de periódico- destinados a alimentar un volumen titulado Guerra en España.  

Nunca llegó a verlo publicado.  

Murió en Puerto Rico en 1958, dos años después de recibir el Premio Nobel.  

Guerra en España vio la luz por primera vez, aunque notablemente expurgado, en 1985. La edición corrió a cargo del poeta y traductor Ángel Crespo, que tuvo que reducir notablemente el primer manuscrito a petición de Seix Barral. Casi un cuarto de siglo después, la editorial sevillana Point de Lunettes publica el libro completo: 880 páginas frente a las 335 de la primera edición, 150 imágenes frente a 27. 

Su lectura no deja ninguna duda respecto al apoyo del poeta de Moguer al Gobierno republicano. Si en tiempos de paz se había negado a firmar manifiesto alguno por considerarse ajeno a todo partido político, el 30 de julio de 1936 no duda en firmar un escrito en apoyo a la República y “al pueblo que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades”. Pasado el tiempo, del recorte de prensa que da la noticia del manifiesto tachó los nombres de los que habían vuelto a España antes de 1945: Menéndez Pidal, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, entre otros. 

Pero el compromiso del poeta fue más allá de firmar manifiestos o de ofrecerse (sin demasiado éxito) a varios ministros del Gobierno para que dispusieran de toda la energía de un hombre enfermizo de 55 años. Al poco de estallar la guerra, él y su esposa, Zenobia Camprubí, acogieron a 12 niños en uno de los pisos que alquilaba ésta en Madrid. Cuando se acabaron las patatas y la leche condensada del Gobierno, el matrimonio empeñó parte de sus enseres para seguir manteniéndolos. No sería la primera vez que comprometieron su patrimonio. Cuando en 1937 Espasa Calpe rescindió los contratos de todos los escritores leales a la República, él, ya en el exilio, rompió el suyo con la filial argentina de la editorial. Aquel contrato era su única seguridad económica. Zenobia lo dijo con estas palabras: “Económicamente, la guerra nos ha dejado… como a casi todo el que ha tenido vergüenza”. 

En agosto de 1936 el poeta marchó al exilio. A su llegada a Nueva York organizó una colecta a favor de los niños refugiados e intentó movilizar a la opinión pública -trató incluso de ver al presidente Roosevelt- a favor de la República española para contrarrestar la propaganda franquista. Es lo que hizo en las otras etapas de su destierro: Puerto Rico y Cuba. “Lo que en España defienden ahora el ejército y el clero, ayudados por las clases ‘privilegiadas’, digan ellos lo que digan para ganar la opinión universal, no es, no será, o mejor, no sería más que un nuevo feudalismo”. 

Si para Soledad González Ródenas, autora de la edición ampliada de Guerra en España es “más un archivo que un libro”, para Andrés Trapiello se trata de “la gran novela de la Guerra Civil española”.  

“Al menos lo sería si no fuese porque todo en el libro es demasiado verdadero: el miedo, la indignidad de muchos intelectuales…”, matiza el escritor, que en primavera publicará una versión ampliada de su ensayo Las armas y las letras, un clásico ya sobre el papel de los escritores durante la contienda. 

 “Las novelas sobre la guerra han envejecido peor que los libros de memorias de muchos testigos”, continúa Trapiello, para el que Juan Ramón Jiménez “tuvo la suerte de poder elegir y la decencia de no cambiar. Murió en el mismo bando en el que siempre estuvo”.  

El autor de Españoles de tres mundos, un libro cuya reedición en Visor coincide con la recuperación de Guerra en España, practicó de joven la pintura al óleo y dibujó durante toda su vida. Siempre, además de poeta, se consideró “un gran visual”. No sorprende, pues, que uno de los capítulos más impactantes de Guerra en España sea el gráfico.  

Durante años, el escritor recortó fotografías de los periódicos relacionadas con la contienda española y sus derivaciones internacionales. En muchos casos, el propio Jiménez añadía de su puño y letra un pie de foto más visceral que descriptivo. El conjunto forma un curioso álbum en la línea de los que Bertolt Brecht, un escritor de muy distinto signo, realizó por las mismas fechas sobre la guerra mundial. 

Dos grandes grupos de personajes protagonizan el álbum de Guerra en España: los niños y los fascistas. Los primeros fueron siempre su gran preocupación. Los segundos, su bestia negra, la negación de todo lo que él defendía. En la colección de imágenes, no obstante, hay protagonistas de ambos bandos: escritores como sus amigos Machado y Lorca, cuyo asesinato conmocionó a Juan Ramón, que lo había conocido en la Residencia de Estudiantes, o políticos como Pasionaria, Companys (“Pero ustedes lo fusilaron”, dice el pie añadido por el poeta) o Queipo de Llano. También Hitler (“¿Podrá este gorila, cerdo, tiburón, rejir el mundo?”) y Mussolini (“Il Duce en el aria final de la opereta: España para los italianos, bufa. Bufa Il Duce… y la opereta”). Otra de sus andanadas se dirige a José Bergamín, con el que polemizó por extenso hasta el punto de acusarle de estar tras el asalto a su piso madrileño (uno de los asaltantes había trabajado como secretario en Cruz y raya, la revista dirigida por Bergamín). Bajo el recorte de una entrevista a éste, Juan Ramón Jiménez escribió: 

 “¡Qué mono el Mono con el mono! /  

¡El Mono con el mono, con el mono /  

del mono! Mono, mono, mono. /  

Trimono, Trimotormono. Trimono.  

Triple Anís del Mono. /  

¿Unamuno? ¡Unimono! (Estilo del mono). / 

/ ¿Cuánto le ha costado ¿a quién? ¿Esta entrevista grotesca?”.   

Con todo, como dice la profesora González Ródenas, “Juan Ramón respetaba todas las posturas siempre que fueran morales y claras. Siempre distinguió entre ideología y conducta ética”.  

Por eso criticó los enjuagues que Gómez de la Serna y Jorge Guillén hicieron con su pasado. Por eso lloró amargamente la muerte en la batalla de Teruel de su sobrino, enrolado en las filas de Falange, que murió “equivocado” pero “fiel”: “Pobre iluso”, escribió su tío bajo su retrato.  

Aquella muerte sumió a Juan Ramón en la primera gran depresión del destierro. Pasó un año y medio sin escribir una sola línea.

“En una noche oscura”San Juan De La Cruz

   San Juan de la Cruz  

En una noche oscuracon ansias en amores inflamada¡oh dichosa ventura!salí sin ser notadaestando ya mi casa sosegada, 

a oscuras y segurapor la secreta escala disfrazada,¡oh dichosa ventura!a oscuras y en celadaestando ya mi casa sosegada. 

En la noche dichosaen secreto que nadie me veíani yo miraba cosasin otra luz y guíasino la que en el corazón ardía. 

Aquesta me guiabamás cierto que la luz del mediodíaadonde me esperabaquien yo bien me sabíaen sitio donde nadie aparecía. 

¡Oh noche, que guiaste!¡Oh noche amable más que la alborada!¡Oh noche que juntasteamado con amada,amada en el amado transformada! 

En mi pecho florido,que entero para él solo se guardabaallí quedó dormidoy yo le regalabay el ventalle de cedros aire daba. 

El aire de la almenacuando yo sus cabellos esparcíacon su mano serenay en mi cuello heríay todos mis sentidos suspendía. 

Quedéme y olvidémeel rostro recliné sobre el amado;cesó todo, y dejémedejando mi cuidadoentre las azucenas olvidado.   

Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense perteneciente a Castilla y León, una comunidad autónoma de España. 

Murió su padre cuando Juan tenía seis años; a los nueve años, se trasladó con su madre al abulense pueblo de Medina del Campo, en donde a los 17 años, ingresa en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades. 

El año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita, adoptando el nuevo nombre de fray Juan de san Matías; al año siguiente se traslada a Salamanca para cursar estudios de teología en su célebre universidad.  

En el año 1567 es ordenado sacerdote, y adopta el nuevo y definitivo nombre de Juan de la Cruz. Su ilustre paisana de Ávila, Teresa de Jesús, trabó gran amistad con él y le integró en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado. 

En 1568 Juan de la Cruz fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, los cuales practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: “Cántico espiritual”. En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo. 

Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció su paisana Teresa de Jesús, ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias. 

Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años.

135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.    

La obra poética de san Juan de la Cruz está inspirada en un profundo sentimiento religioso. A decir de algunos de sus biógrafos, su poesía en general tiene un estilo similar al bíblico “Cantar de los cantares” atribuido a Salomón. Nuestro poeta era un gran conocedor de la Biblia y de la filosofía aristotélica y platónica; también su obra nos trae aromas de las Églogas del poeta toledano Garcilaso de la Vega, muy impregnadas de un cultismo italianizante. 

El estilo poético que imprime a su célebre “Cántico” (que algunos denominan “Cántico espiritual”), tiene un gran ritmo y musicalidad; compuesto a base de liras -estrofa ideada por Garcilaso- en las que mezcla y alterna versos heptasílabos y endecasílabos. 

Toda la obra de san Juan de la Cruz está impregnada de un gran misticismo simbolista; también rezuma un típico estilo de la poesía bucólica y pastoril.

Hay quien afirma que su obra poética está cargada de una encriptada sensualidad e incluso de cierto erotismo. Son parecidas apreciaciones a las que algunos estudiosos creen adivinar en los textos bíblicos ya mencionados.

Sus obras en verso, además del Cántico ya citado y descrito, son: “Noche oscura”; “Llama de amor viva”; y un conjunto de poemas menores entre los que destaca “El pastorcico”.

“Cuando hablar claro es pecado” Sor Juana

 Sor Juana Inés de la Cruz 

 

ESTA TARDE MI BIEN

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos
.     

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana,nació en 12 de noviembre de 1651 en San Miguelde Nepantla, Amecameca.  

Fue hija de padre vascoy madre mexicana.  

Tocóle en suerte vivir unaépoca en que la literatura nacional era copia,más o menos fiel, de la española; culteranisrno,estilo que se agudiza en gongorismo; y la tendenciade los escritores de ese tiempo a escribirúnicamente en verso, la cual, por la estilizaciónque preferían, cuajaba en composiciones que constituíanverdaderos logogríficos del intelecto: se vestía a laidea con un ropaje enfarragoso, para luego gozar endesnudarla. 

Al respecto ha dicho un autor que “en talépoca hablar claro era un pecado”. 

La producción de Sor Juana en su gran mayoría poética,con todo y ser presa de la misma afectación, por susinceridad y fuerza alcanza tonos desconocidos de suscontemporáneos, en grado tal, que hay quienespiensan que ella, y Juan Ruiz de Alarcón, integran“la mayor gloria de México virreinal”; más aún: queúnicamente por Sor Juana se salva la literatura delsiglo XVII, que era cultivada por “poetas sin condicionesde cultura ni talento”. 

Su genio manifestóse bien temprano, pues a los tres deedad ardía ya en deseos de saber leer y escribir; alos ocho compuso una loa al Santísimo Sacramento, y alos diecisiete, ya cumplidos aún, domina –dice KarlVossler– “el difícil estilo culterano y está igualmentebien versada en todos los géneros y métricas de laliteratura española”.  

Bastáronle veinte lecciones, quele dictó en bachiller Martín de Olivas, para dominar ellatín con absoluta maestría.  

Su cultura, enciclopédica,era vastísima.  

Religiosa desde las dieciséis años(inicialmente en el Convento de Santa Teresa la Antiguay posteriormente en el de San Gerónimo) en elclaustro vio cristalizar la mayor parte de su obra, noobstante lo cual buena parte de ella tiene como motivosasuntos profanos.  

Tuvo a su cargo la Tesorería del Conventoy declinó dos veces el puesto de Abadesa, quele fue ofrecido. 

Antes de profesar, fue dama de la esposa del virrey Mancera. 

En plena madurez literaria, criticó al P. Vieyra, portuguésde origen, jesuita, un sermón, y lo impugnó sosteniendo lorelativo a los límites entre lo humano y lo divino, entre elamor de Dios y el de los hombres, lo que dio motivo a que elObispo de Puebla, D. Manuel Fernández de Santa Cruz (Sor Filotea),

le escribiera pidiéndole que se alejara de las letras profanasy se dedicara por entero a la religión.  

Sor Juana se defendióen una larga misiva autobiográfica, en la cual abogó por lasderechos culturales de la mujer y afirmó su derecho a criticary a impugnar el tal sermón.  

No obstante, obedeció, y al efectoentregó para su venta los cuatro mil volúmenes de su biblioteca

(“quita pesares”, como la llamaba), sus útiles científicos y susinstrumentos musicales, para dedicar el producto de ellos a finespiadosos.  

Cuatro años mas tarde, atendiendo a sus hermanas enfermasde fiebre, se contagió y murió el 17 de abril de 1695. 

Las obras de Sor Juana no se han editado completas. Algunas piezas:  

Los Empeños de una Casa, Sonetos, Poesías Escogidas, AutosSacramentales, etc., etc. han circulado intermitentemente,aisladas del grueso de su producción, algunas otras se han perdido.Un Compendio de Armonía Musical. “El Caracol”. 

Su obra no tiene exclusivamente reflejos gongorinos, puesparticularmente a su teatro se le señalan notablesinfluencias del dramaturgo Calderón de la Barca, y aún de Moreto. 

De ella ha dicho Marcelino Menéndez y Pelayo “No se juzgue a SorJuana por sus símbolos y jeroglíficos, por su Neptuno Alegórico …por los innumerables rasgos de poesía trivial y casera de queestán llenos los romances décimas con que amenizaba los saraosde los virreyes Marqués de Mancera y Conde de Paredes.  

Todo esto no es más que un curioso documento para la historiade las costumbres coloniales y un claro testimonio de cómo latiranía del medio ambiente puede llegar a pervertir las naturalezasmás privilegiadas”… “lo que más interesa en sus obras es elrarísimo fenómeno psicológico que ofrece la persona de su autora”…  

“hay acentos de sus versos que no pueden venir de la imitaciónliteraria”… “los versos de amor profano de Sor Juana son delos más suaves y delicados que han salido de pluma de mujer”. 

Ha pasado a la Historia con los significativos nombres conque la critica la ha bautizado:   

La Décima Musa“,

“Fénix de México” y “La Monja Mexicana“. 

Tomado de: Armas y Letras. Año I Núm. 4. Abril de 1944

“Muero porque no muero” Teresa de Jesús

SANTA TERESA DE JESÚS 

(1515 – 1582)   

 

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.
     

Teresa de Ahumada nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515. Desde sus más breves años comenzó a sentir mística exaltación, y a los 7 años huyó de su casa con un hermano, para ir a buscar martirio. Vuelta al hogar, a los doce años pasó por el dolor de perder a su madre, lo que la afectó en extremo y pareció decidir su vocación religiosa. 

A los 16 años entró en el convento de Santa María de Gracia, llevada por su padre a causa de sus malas frecuentaciones, entre ellas la de una su prima, y de las exageradas lecturas de libros de caballerías. 

El tres de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma y su padre la llevó a baños minerales: sentía los primeros síntomas de sus neurosis.

En 1537, en casa de su padre, sufrió un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica. 

Curó, y durante bastantes años su fe anduvo bastante entibiada, hasta que volvió al pasado ardor religioso por que, según dice ella, Cristo se le apareció con airado semblante. Entonces creyó que la causa de su frialdad provenía de su demasiado frecuente trato con seglares, y resolvió reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar religiones de monjas descalzas y enclaustradas. Hora era de que llegaran estas reformas, pues la orden estaba del todo relajada. En su empresa tuvo grandes dificultades que vencer, pero le ayudaron eficazmente una de sus hermanas, otros parientes, varios señores piadosos y la duquesa de Alba. 

Sus principales obras son en prosa: amenas unas veces, especiosas otras, son pruebas de que la santa, que tanto se queja en ellas de su falta de letras, era una gran estilista. En cuanto a sus poesías, fueron compuestas en ciertos momentos de mayor ardor místico, por la que ella decía que la Divinidad se las inspiraba. La última de las que aquí damos, el popular soneto, es también atribuido a San Juan de la Cruz. El espíritu de este soneto parece, en efecto, de la santa, pero su forma parece más bien de su gran amigo. Santa Teresa murió, después de realizada su obra de reforma, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años.   

(Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. Londres: T. Nelson, 1912.)     

Teresa de Ahumada nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515. Desde sus más breves años comenzó a sentir mística exaltación, y a los 7 años huyó de su casa con un hermano, para ir a buscar martirio.   

Vuelta al hogar, a los doce años pasó por el dolor de perder a su madre, lo que la afectó en extremo y pareció decidir su vocación religiosa.   

A los 16 años entró en el convento de Santa María de Gracia, llevada por su padre a causa de sus malas frecuentaciones, entre ellas la de una su prima, y de las exageradas lecturas de libros de caballerías.   

El tres de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, profesó en el convento de la Encarnación de Ávila. Poco después cayó gravemente enferma y su padre la llevó a baños minerales: sentía los primeros síntomas de sus neurosis. En 1537, en casa de su padre, sufrió un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica.   

Curó, y durante bastantes años su fe anduvo bastante entibiada, hasta que volvió al pasado ardor religioso por que, según dice ella, Cristo se le apareció con airado semblante. Entonces creyó que la causa de su frialdad provenía de su demasiado frecuente trato con seglares, y resolvió reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar religiones de monjas descalzas y enclaustradas.   

Hora era de que llegaran estas reformas, pues la orden estaba del todo relajada. En su empresa tuvo grandes dificultades que vencer, pero le ayudaron eficazmente una de sus hermanas, otros parientes, varios señores piadosos y la duquesa de Alba.   

Sus principales obras son en prosa: amenas unas veces, especiosas otras, son pruebas de que la santa, que tanto se queja en ellas de su falta de letras, era una gran estilista. En cuanto a sus poesías, fueron compuestas en ciertos momentos de mayor ardor místico, por la que ella decía que la Divinidad se las inspiraba.   

Santa Teresa murió, después de realizada su obra de reforma, el 4 de octubre de 1582, a los sesenta y siete años. 

61 meses del caso de “La BMW”; J.F.

BMW

61 meses 61

BMW  

Julio Figueroa  

    

El caso del crimen de la BMW no se ha movido un milímetro en los tres meses del gobierno de Calzada. Tiempo perdido. La justicia social no fluye en Querétaro.  

     El procurador Arsenio Durán dijo al padre de la víctima, José Luis Hernández Guerrero, que mientras no aporte pruebas frescas es poco lo que él puede hacer.  

     Qué desfachatez. El procurador pidiendo al padre de la víctima que haga el trabajo del Ministerio Público. Entretanto, ninguna molestia se ha tomado, hasta hoy, para informarnos a la opinión pública del estado en que encontró la investigación del suceso. Como si el crimen fuera privado. No un hecho público que exige rendir cuentas a la sociedad. La averiguación previa sigue en lo oscurito.  

     Naturalmente, sobre el caso BMW no hay pruebas ni viejas ni nuevas. Porque las autoridades de entonces (procurador, ministerio público, policía estatal y municipal, secretario de gobierno y gobernador), no nos hagamos, dejaron ir sin más y sin someterlo a ninguna prueba pericial al presunto responsable detenido el día de los hechos: madrugada del sábado 27 de noviembre de 2004, hace 61 meses.  

     Por allí habría que empezar, señor procurador actual, sometiendo a examen a su antecesor. Era lo que sugería ni más ni menos la Recomendación 035/2005 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitida el 31 de octubre de 2005 (y retenida por el gobierno de Garrido durante casi un mes). ¿Qué se hizo entonces y qué se ha hecho hoy al respecto? Nada. Así como se revisan las cuentas públicas de obras materiales significativas y discutibles, ¿no habría que revisar los casos emblemáticos de No justicia en Querétaro, gobernador Calzada?  

     Con todo respeto, procurador Arsenio Durán: Si usted es un académico decente y con todas las tablas como afirman algunas personas, si usted no es parte de la misma gavilla anterior según dice el abogado Arnulfo Moya Vargas, por principio de cuentas, ¿no cree que lo más conveniente sería examinar la conducta posiblemente ilegal y delictiva del aparto de justicia que hoy tiene en sus manos? ¿No habría que empezar por allí? ¿Podrá hacerlo? La sociedad necesita procuradores confiables, no pusilánimes.      

     Si el aparato de justicia del Estado no investiga y sanciona al propio aparato violador de los derechos humanos (por ineficiencia, corrupción o encubrimiento), ¿quién y cómo se restablecerá la justicia social? He allí el dilema. No hay contrapoderes frente al poder legal fallido. La sociedad queda al gareta.  

     Dos certezas tiene el señor José Luis Hernández Guerrero:

     1- Federico Ruiz Lomelí mató a mi hijo. Lo ha afirmado siempre Miguel Gerardo Rivera Alcántar. Y nunca los han confrontado. 

     2- El gobierno de Calzada no va a hacer nada, como no hizo nada el gobierno de Garrido. Son las mismas familias cuidando sus intereses familiares antes que preocupadas por la justicia pública. 

     Yo sólo afirmo que a Marco Antonio Hernández Galván no lo mató un Fantasma ni el Espíritu Maligno Queretano, sino alguien con poder económico y que ha sido protegido durante 61 meses por el poder político. El aparato de justicia entero, en este caso, es un aparato totalmente fallido. ¿Qué hacer con él y cómo reformarlo, señor gobernador José Calzada Rovirosa? Mi modesta y única función ha sido y seguirá siendo sostener en la memoria pública esta doble impunidad del poder político-económico.  

     –Todos somos iguales ante la ley, pero No ante los encargados de aplicarla: Stanislaw Jesy Lec.  

     En seguida va un archivo adjunto (“Solidaridad Puebla Querétaro”) sobre otro homicidio impune ocurrido apenas el jueves 12 de marzo de 2009 en Puebla, en contra de María Cristina Pérez Romano, 42 años, abogada y maestra de natación, madre de dos hijas, quien fue embestida en su Chevy por la camioneta Hummer del joven Luis Eduardo García García, 21 años, en estado de ebriedad (segundo grado de intoxicación etílica), y puesto en libertad bajo fianza. En este caso la contradicción principal es entre el Ministerio Público y el Juez encargado de sancionar el caso, echándose la culpa unos y otros, presionados por el poder político de la familia del homicida. El homicida es detenido pero al mismo tiempo protegido por la propia autoridad. El resultado es el mismo: la impunidad del poder frente a una familia clasemediera sin ningún poder. La ley al servicio del poder y no de los ciudadanos. Por desgracia, esto es México.   

     –Y mientras los encargados de impartir justicia se justifican o se echan la culpa, y la familia del homicida presiona… ¿Dónde queda la justicia? 

     –Solidarízate conmigo, con mis hijas, con mi familia, con la sociedad. 

     –Ahora me pasó a mí, ojalá y nunca te pase ni a ti ni a tu gente querida. 

     –Sólo dando a conocer el caso y con mucha ayuda de ustedes, las autoridades no podrán seguir con su corrupción-ineptitud. 

     –No permitas que todo siga igual.  

     Naturalmente que este modesto palabrero se solidariza con María Cristina Pérez Romano y su familia, como se ha solidarizado durante 61 meses con Marco Antonio Hernández Galván y su familia. Así como muchos amigos y ciudadanos de la sociedad abierta se han solidarizado igualmente conmigo.  

     ¿O hay que esperar a que nos mate el poder para entonces protestar? 

     ¿Dejar que la ley proteja al criminal y no a la sociedad?  

     ¿Todos con Dios de su parte?  

     Acabo de recibir la enésima carta de la Oficina de la Presidencia de la República, Red Federal de Servicio a la Ciudadanía, firmada por el titular Juan Manuel Llera Blanco, en la cual se me vuelve a informar que mi petición al Presidente de la República sobre el caso BMW, pidiendo que tome cartas en al asunto, se ha turnado esta vez a la Secretaría de Seguridad Pública, “para que sea atendido a la brevedad posible”. Así va más de un año. ¡En su momento le turnaron el caso al finado secretario de Gobierno Juan Camilo Mouriño! Se anexa una segunda carta dirigida al Ing. Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública. Amablemente se “le solicita se brinde la atención que el caso amerite” y se me informe de los “procedimientos, plazos y mecanismos regulados por un marco normativo especial”. Se le proporciona mi dirección en Querétaro y mi correo electrónico. Ambas cartas están firmadas en Palacio Nacional y son del 11 de diciembre de 2009. Folio: 22105426-37. Hasta ahora no ha habido ninguna otra comunicación. Seguiré esperando, aunque estire la pata esperando… La justicia en México es lentísima.  

     Por otra parte, ya escritas estas líneas, hace unos días una persona del gobierno de Calzada se me acercó para informarme de la clara posibilidad de tener un encuentro, en los primeros días de enero, entre el procurador Arsenio Durán, el padre de la víctima señor José Luis Hernández Guerrero, el abogado Arnulfo Moya Vargas y este palabrero ambulante. El asunto: el caso BMW. Bienvenido ese encuentro, lo esperamos. ¿Se invitará a los medios de comunicación? El asunto es de interés público, no privado.               

–A los amigos de Libertad de Palabra  

Qro. Qro.Centro Cultural Gómez Morín.Domingo 27-Dic-2009. juliofime@hotmail.com