Querétaro Hoy
José Félix Zavala
Muy Ilustres señores Vicarios Generales Hermanos Presbíteros Hermanos Consagrados y Consagradas Miembros de los Consejos Parroquiales de Pastoral Hermanas y Hermanos en el Señor Jesús 1. Saludo a todos ustedes con afecto en el Señor y les doy la bienvenida a la Casa común, la ahora Basílica de Nuestra Madre Santísima, la Virgen de los Dolores de Soriano, Nuestra Patrona diocesana. 2. Hoy es día de fiesta, de celebración y de acción de gracias por los beneficios divinos recibidos, cuyos aniversarios recordamos con alegría: El 146 de la Fundación de nuestra Diócesis de Querétaro con la bula Deo Optimo Maximo del Papa Pío IX; el 48 aniversario de la Coronación Pontificia de la piadosa Imagen de Nuestra Señora de los Dolores; el 1° de la Erección canónica de la Basílica y el aniversario número 19 de los Consejos Parroquiales de Pastoral. 3. Acabamos, además, de publicar el Plan Diocesano de Pastoral, Tercera etapa 2010-2016, centrado en la Misión Permanente, y estamos celebrando el Año Sacerdotal que esperamos, bajo la protección de San Juan María Vianney, produzca abundantes frutos de santificación para nosotros los sacerdotes y de aumento de vocaciones sacerdotales y misioneras. En verdad, Hermanas y Hermanos, el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (Ps 126, 3). Aquí hemos venido a mostrarle nuestra gratitud y nuestra alegría. 4. Quisiera ahora, en primer lugar, invitarlos a contemplar, como en un retablo, la imagen de la Iglesia que nos presenta san Juan en el pequeño trozo del Evangelio que acabamos de escuchar, y ver allí también reflejada nuestra iglesia diocesana. Aparece primero y en el centro, “la cruz de Jesús”, o sea, Jesús en la cruz. Ese es el centro, el corazón, el punto de referencia y de apoyo de la Iglesia: El Crucificado. Por eso, en nuestros templos e iglesias, siempre en el altar, en lugar principal y visible, debe estar el Crucifijo para que “miremos al Traspasado” y, fijos los ojos en Él, obtengamos la curación de nuestras llagas y de nuestros pecados. La soberbia humana, la lujuria y la prepotencia violenta, sólo se curan mirando con fe y de rodillas al Crucificado. El Crucifijo es un icono, una imagen litúrgica, que no debe faltar ni en altar ni en nuestro hogar. 5. Junto a la cruz de Jesús, “estaba presente su Madre”. La Virgen María no puede faltar junto a Jesús, pues por Ella nosotros recibimos al “autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro”. Junto a Jesús, su Madre está compartiendo sus dolores, asociándose a sus sufrimientos redentores e intercediendo por nosotros. Es una presencia fuerte y consoladora, martirial y maternal, una presencia llena de fortaleza y al mismo tiempo de dulzura y de compasión. Es la Virgen fiel que mantuvo el sí de la Anunciación hasta la Cruz, y que nos enseña a permanecer fieles a Cristo también en el sufrimiento y nos consuela al mismo tiempo que nos ayuda a llevar su cruz. Es la Madre de los Dolores, a la que ahora aquí veneramos en esta devota imagen como Madre y Patrona nuestra. 6. Estaban presentes también “la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena”. Es la primera, naciente y fiel, pequeña pero valiente comunidad de seguidores de su Hijo. Esas que nosotros llamamos “las santas mujeres”, serán testigos privilegiados de la resurrección de Cristo, y constituyen la presencia germinal de nuestra comunidad cristiana de testigos de Jesucristo. Serán las primeras en anunciar la resurrección a los discípulos y a nosotros. 7. En ese contexto “eclesial”, Jesús dirige su mirada desde la Cruz a dos personas del grupo: “a la madre y al discípulo al que él quería”. Con ellos tendrá lugar ese diálogo que es nuestro consuelo y esperanza: su madre recibe al discípulo como hijo y el discípulo recibe a la madre de Jesús como propia. María amplía la maternidad de su Hijo para asumir, junto con ella, la maternidad de todos nosotros. Será la madre de la nueva comunidad. Desde ahora somos hijos en el Hijo y Ella es madre nuestra porque es la Madre de Jesús. Quien la recibe “en su casa” es el apóstol Juan, es decir, es la Iglesia fundada por Cristo sobre los apóstoles, la que recibe y goza de la intimidad maternal de María. Allí, precisamente “en su casa”, en la comunidad apostólica, ella ejercerá su maternidad sobre toda la comunidad que allí se reúne: sobre toda la Iglesia. 8. Esta es la imagen de la Iglesia que nos sugiere este pequeño trozo del Evangelio de san Juan, que reproduce este nuestro encuentro diocesano y que debemos prolongar en cada una de nuestras parroquias, especialmente en nuestras celebraciones litúrgicas. Cada comunidad parroquial debe actualizar este misterio con todos sus elementos y con toda su gracia salvadora. Es el misterio de la fe, el sacramento de nuestra salvación, el sacrificio del calvario presente entre nosotros. 9. Haremos también, en esta ocasión, la bendición de la capilla que, asumiendo un nombre tomado de los hermanos Otomíes -ahora reconocidos por la UNESCO como generadores de cultura católica por sus ritos, fiestas y tradiciones-, hemos llamado “Capilla de ánimas”, porque queremos dedicarla especialmente a orar por nuestros difuntos, como es piadosa y fiel tradición católica. En la Capilla del Apocalipsis celebramos a la Iglesia triunfante; en ésta, llamada “de Animas” tenemos presente a la Iglesia que aún necesita de purificación y de nuestra oración; y en nuestra Basílica nos hacemos presentes los que aún peregrinamos en este mundo hacia la casa del Padre. Aquí, pues, descansarán, esperando la resurrección, los restos de un querido Sacerdote, insigne bienhechor del pueblo y gloria de la Iglesia diocesana, Don Florencio Rosas, en cuya persona queremos honrar, en este Año Sacerdotal, a todos los sacerdotes de nuestra Diócesis que han entregado su vida al servicio de la Iglesia. 10. Descansan también aquí los restos mortales de las últimas Hermanas Religiosas que pertenecieron a la Comunidad de Santa Rosa de Viterbo, en nuestra Ciudad episcopal, y que fueron violenta e injustamente arrojadas de su convento, pero recibidas con piedad y amor cristianos por sus familias y por la comunidad católica de este hospitalario pueblo de Colón. Nosotros recogimos sus restos mortales, les rendimos el honor que merecen y oramos por ellas. En memoria, pues, de este venerable Sacerdote y de estas Hermanas Religiosas, hemos construido esta capilla en la cual se orará constantemente por todos los hermanos y hermanas “que nos han precedido en el signo de la fe y descansan el sueño de la paz”. Los católicos creemos en la vida eterna, en la vida futura, en la resurrección de los muertos y en la comunión con ellos mediante la oración y los sufragios; por eso, nos acordamos con cariño y respeto de nuestros difuntos, para que ellos nos tengan presentes ante el Señor. Es la “comunión de los santos” junto con la esperanza de la “vida eterna” la que nos anima y sostiene en nuestra luchas. 11. Hermanas y Hermanos: Nuestra fe es regalo espléndido de Dios; nuestra Iglesia católica es hermosa; la cruz de Cristo es poderosa; sus sacramentos, su gracia, su vida son dones que no merecemos, pero que disfrutamos; su Madre santísima no nos abandona nunca y nos consuela siempre. Tampoco somos ilusos: sabemos que la lucha es ardua y continua, que el nombre de Cristo es objeto de contradicción y que los cristianos no podemos menos que sufrirla también: “Si buscáramos agradar a los hombres, no seríamos discípulos de Jesucristo”, decía san Pablo. Pero el Espíritu de Jesús, el Espíritu de la Verdad, está siempre con su Iglesia, con todos y cada uno de nosotros. Nuestra Iglesia ha pasado por momentos difíciles, ciertamente más que los que ahora está pasando; pero el grito de Cristo se sigue resonando en nuestros oídos: “No tengan miedo: Yo he vencido al mundo”. Con Cristo y su Madre santísima tenemos asegurada la victoria. Al Señor Jesús, triunfador del pecado y de la muerte, sea en la Iglesia el honor y la gloria por siempre Amén. † Mario De Gasperín Gasperín VIII Obispo de Querétaro
La
Iglesia
Carlos Martínez García
La Jornada
La sociedad mexicana cambia, pero el registro de ese cambio tarda en ocurrir. Hace un buen tiempo que pasaron los años del partido político casi único, lo mismo que de la Iglesia (católica) sin contrapartes en el horizonte. Pero en la opinión publicada que tiene cabida en diarios y revistas, y sobre todo en los medios electrónicos, se siguen utilizando expresiones que borran la diversificación religiosa ya bien asentada en el país.
Por todas partes podemos leer encabezados, reportajes, análisis que usan como expresión la Iglesia para referirse a la Iglesia católica. Los autores no consideran necesario usar el calificativo porque presuponen que los lectores saben que sólo hay una institución de la que se ocupan cuando escriben, o la señalan en radio y televisión, y que ella es la Iglesia católica. Las demás creencias, desde la perspectiva hegemónica del catolicismo invisibilizador, caben sin problemas en el costal de las sectas
.
La historia de las disidencias religiosas en México demuestra que el dominio de las conciencias por la Iglesia católica nunca fue total. A lo largo de los tres siglos de la Colonia hubo individuos que burlaron el control confesional católico, algunos fueron descubiertos y padecieron juicios inquisitoriales. Otros lograron, bajo el manto protector de la vida privada, guardar sus creencias y transmitirlas en el seno familiar y de algunas amistades cercanas.
En el periodo que va de los primeros años posteriores a la Independencia y la Ley de Libertad de Cultos del 4 de diciembre de 1860, se acrecientan los nacionales que se identifican con credos distintos al catolicismo. Conforman pequeños núcleos a los que la Iglesia católica combate decididamente, pero la persistencia de los disidentes es notable y logran sobrevivir al acoso. Con ello fortalecen las vías de una incipiente diversificación religiosa en el país.
Los misioneros extranjeros que en el último tercio del siglo XIX arriban a México para consolidar iglesias de distintas denominaciones protestantes no crean ex nihilo las comunidades de creyentes evangélicos; sino que potencian lo ya trabajado por nacionales que por distintos caminos habían dado antes los primeros pasos del protestantismo mexicano.
Primero con porcentajes modestos registrados por los censos de población, hasta 1950 los no católicos son una minoría cuya presencia molesta al clero católico, pero que está lejos de disputar el dominio del campo religioso a la creencia tradicional. A partir de 1960 los censos comienzan a mostrar cifras de crecimiento significativo del abanico protestante, y disminución porcentual en las filas del catolicismo. Hace dos décadas dejó de ser cierta la afirmación de que más de 90 por ciento de los mexicanos son católicos. Sin embargo, e incluso en medios críticos del clericalismo católico, se siguen dando por ciertos los números que no tienen asidero en la realidad.
Hoy en México los católicos están más cerca de ser 80 por ciento que del 90 de dos décadas atrás. Por las tendencias, su único horizonte es el decrecimiento constante. En algunas regiones del país la disminución de católicos es muy notable, particularmente en el sur-sureste. Ya es de llamar la atención la lista de municipios donde los católicos son menos de 50 por ciento. No recuerdo algún reportaje escrito, de radio o de televisión que haya documentado el hecho con datos duros y sin referirse despectivamente a quienes eligieron un credo distinto al católico romano.
Las evidencias no debieran dejar dudas de que la sociedad mexicana se está diversificando y que, por tanto, es necesaria mayor sensibilidad entre quienes la documentan y analizan. Es más fácil reproducir clichés y lugares comunes, dar cobertura a las procesiones y actos católicos como muestra de fe y verdadera devoción, que referirse a esos extraños cultos de los pentecostales donde campea el fanatismo. No es fácil trascender los estereotipos, resistirse a estigmatizar al extraño, pero, si en los medios informativos se quiere contribuir a fortalecer la democracia cultural, es impostergable ocuparse de las minorías sin hacerlas objeto de linchamientos simbólicos.
Sobre todo el alto clero católico va a continuar magnificando la fuerza de la religión que encabeza, y obteniendo buenos dividendos políticos para su causa con la colaboración de gobiernos temerosos de contradecir los designios de la
Iglesia. Ante esto es necesario exigir a las cautelosas autoridades que están para cumplir las leyes y no para negociarlas con quienes buscan imponer su ética confesional a todos los demás. Del lado de la sociedad hace falta hacer justicia a la complejidad que pervive en todos los órdenes de la nación, y aclarar de qué institución se habla cuando se utiliza esa expresión totalizante, la
Iglesia.
Dos años de impunidad en caso del hermano de
En este séptimo número del Yorail Maya, versión electrónica, abordamos lo acontecido durante el periodo de octubre a diciembre de 2009, puntualizando las problemáticas que versan sobre los riegos al medio ambiente, agresiones a defensoras y defensores de derechos humanos, el papel del poder judicial en el caso Acteal, el escenario de cara al 2010 y las violencia estructural hacia las mujeres.
En esta edición los artículos que presentamos se ubican en el marco de la víspera del 2010, escenario construido por el Estado mexicano con el objetivo de confrontar a las organizaciones y movimientos sociales que el gobierno presume que son “peligrosos” para la “seguridad nacional” aunado a la (fallida) estrategia de combate a la delincuencia organizada, en varios de los casos ha servido para perseguir, desligitimar y reprimir a organizaciones y movimientos sociales que exigen y ejercen sus derechos humanos.
En la sección Tierra y Territorio, se describe las amenazas al medio ambiente a partir de las políticas “desarrollista” y “conservacionistas” las cuales atentan a la cultura de los Pueblos que se encuentran asentados en las regiones donde existen grandes intereses nacionales e internacionales, lo que constituye un atentado contra la humanidad.
En el espacio de Criminalización, hacemos un recuento del periodo marcado por la paranoia del Estado en el marco del 2010, en el que se derivaron acciones de vigilancia, hostigamientos, amenazas, allanamientos, entre otros actos de violaciones a derechos humanos, con la finalidad de mantener a raya el descontento social y pretenderlo desarticular..
Memoria Histórica, Este año fue marcado por los efectos de 12 años de injusticia en el caso de la Masacre de Acteal, se corrobora y sale a flote el interés del Estado mexicano por su afición a la impunidad.
El momento del Conflicto Armado Interno No Resuelto en este periodo fue de mucha actividad, por una parte muy visible en declaraciones y actos públicos y por otra en acciones ocultas que violentan los derechos de los pueblos y organizaciones en la lógica de la continuidad de la estrategia contrainsurgente en Chiapas.
Incluimos un artículo importante donde evidenciamos la lucha de las mujeres por sus derechos, por su ardua persistencia a una vida libre de violencia, para que este planeta sea realmente habitable y genere alternativas de vida real y realizable.
En la sección internacional incluimos dos artículos: en el primero abordamos de manera general los 41 años de buenos propósitos no respetados por los estados y en el segundo publicamos un artículo del periodista Giorgio Trucchi (Rel-UITA) sobre las simuladas elecciones en Honduras. Y por último terminamos con una semblanza de uno de los pintores mayas más importantes en la actualidad, Antún Kojtom.
Dejamos este material en sus ojos, la cual representa una ventana de la realidad que vemos desde este lugar que nos toca combatir, un abrazo.