Feria Todas la mujeres, todos los derechos, en ChapultepecFoto Yazmín Ortega Cortés
H
an pasado 15 años desde que mujeres y hombres de todo el mundo se reunieron en China para la Conferencia sobre la Mujer, donde se firmó la Declaración de Beijing. Desde entonces, han habido verdaderos avances en cuanto a la eliminación de obstáculos para la igualdad de la mujer. Ese progreso significó un tremendo esfuerzo y compromiso, y se debe agradecer a todos aquellos que contribuyeron incansablemente.
Sin embargo, aún hay muchas mujeres en todo el mundo que no disfrutan de ese progreso en la esfera política ni en la económica, ni en la social.
Como ex jefa de gobierno, sé que llegar a la cima política es posible, pero también sé que es difícil de lograr para las mujeres. Las nueve mujeres que en la actualidad son jefas de Estado o de gobierno merecen elogios por haber ascendido a esa posición, así como también las mujeres que ocupan escaños en los parlamentos. Pero las mujeres, actualmente, sólo representan el 18 por ciento de los legisladores a nivel mundial, por lo tanto, aún estamos lejos de la meta del 30 por ciento que se propuso hace 15 años. Al ritmo actual de progreso, llevaría otros 40 años para alcanzar la paridad de género en los cuerpos legislativos nacionales. Aplaudo las iniciativas que se están emprendiendo en algunos países para aumentar la cantidad de mujeres legisladoras, y animo a otros a considerar la implementación de tales medidas.
Las mujeres se están incorporando a la fuerza de trabajo en cantidades cada vez mayores, pero casi dos tercios de las mujeres en el mundo en vías de desarrollo tienen empleos vulnerables, trabajando por cuenta propia o para la familia sin remuneración. En Asia meridional y África subsahariana, ese tipo de trabajo representa más de 80 por ciento del trabajo de las mujeres. La crisis económica ha obligado a las mujeres a tomar este tipo de trabajo, con poca protección social. Se deben aplicar las perspectivas de género para promover la recuperación, de forma que las mujeres también puedan beneficiarse.
En materia de educación, los avances han sido disparejos. En algunos países, las mujeres se ubican al frente en todos los niveles del sistema educativo y representan la mayoría de los estudiantes en algunos programas de educación superior. En otros países, la educación primaria y secundaria para las niñas es inferior o no está disponible, lo que impide que las nuevas generaciones de mujeres, y de hecho naciones enteras, alcancen su máximo potencial. Esto debe cambiar.
La salud de las mujeres, especialmente la salud reproductiva, continúa siendo un grave problema y con frecuencia ignorado. Más de medio millón de mujeres mueren cada año –o una mujer por minuto– debido a complicaciones durante el embarazo o el parto. 25 años después que comenzó la epidemia del VIH/sida, la inequidad de género y las relaciones de poder desiguales mantienen a la mujer en peligro. Mientras que la mitad de la población que vive con VIH/sida a nivel mundial son mujeres, en África subsahariana aproximadamente 60 por ciento son mujeres, y en algunas zonas las niñas son entre 2 y 4.5 veces más susceptible que los niños a contraer la infección.
En 2008, La Resolución del Consejo de Seguridad 1820 fue la primera resolución que reconoce la violencia sexual relacionada con el conflicto como un asunto de paz y seguridad internacional. Este paso tan importante debe ser seguido por acciones para asegurar que los perpetradores de violencia sexual y de género sean procesados judicialmente. El reciente nombramiento de Margot Wallstrom como la primera subsecretaria general de las Naciones Unidas para la Violencia Sexual en los Conflictos garantizará que estos asuntos continúen siendo prioritarios para la ONU.
Las mujeres pobres tienen acceso limitado a los recursos y la información, derechos restringidos, y movilidad limitada, todo lo cual las hace especialmente vulnerables a las consecuencias del cambio climático. Por su bien y por el bien de nuestro planeta, este año necesitamos avanzar hacia un nuevo acuerdo sobre el clima.
Para lograr igualdad real para la mujer, debemos continuar trabajando por su empoderamiento político, económico y social. La nueva entidad de género creada por Naciones Unidas proporcionará una poderosa voz para las mujeres y niñas en estas áreas, y yo espero que produzca cambios en las vidas de las mujeres del mundo en los próximos años.
Me siento verdaderamente inspirada por los muchos ejemplos de progreso sustancial que cada día se observan para las mujeres. Mi sueño, este Día Internacional de la Mujer, es ver que el progreso se extendió de manera que todas las mujeres del mundo obtengan mayor seguridad económica, social y personal en sus vidas.
*Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda, es administradora del PNUD y presidenta del Grupo de Naciones Unidas para el Desarrollo.
La iniciativa que Pablo Gómez, senador por el PRD, ha presentado para que sea derogado el inciso e) del artículo 130, que restringe la libertad de expresión y de asociación con fines políticos de los ministros de los cultos, es un remanente de una tradición de los comunistas mexicanos de los años setenta que inspiró y los llevó a aceptarla como bandera de lucha Gilberto Rincón Gallardo. Los argumentos que esgrime el senador en su iniciativa son exactamente los mismos que elaboró desde un principio Rincón Gallardo. Lo digo porque se los escuché desde que Arnoldo Martínez Verdugo me lo presentó en algún momento de 1973 o 1974.
Estaba impresionado por los brotes de rebeldía que se estaban manifestando en la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano Segundo y, en particular, de los partidarios de la teología de la liberación. Cuando se fundó el Partido Socialista Unificado de México, del que fue dirigente Pablo Gómez, ellos impusieron por una amplia mayoría esa demanda política, que persistió en la transformación del partido en Partido Mexicano Socialista. Cuando se organizó el Partido de la Revolución Democrática, los cardenistas, que eran una abrumadora mayoría, rechazaron la idea y jamás se volvió a hablar de ella, hasta ahora en que lo hace Pablo Gómez.
Con posterioridad a la presentación de su iniciativa, Gómez ha abundado en sus razones y se pueden resumir en dos ideas muy generales: una, que como auténticos demócratas, no podemos negarle sus derechos políticos a ningún mexicano, sea cura o no; dos, que eso ya está en los regímenes constitucionales de todo el mundo. Esos argumentos yo se los oí a Rincón Gallardo. El verdadero Estado laico es aquél que, precisamente, resguarda y respeta los derechos, políticos y demás, de todo ciudadano. Parece contundente de verdad. Sobre todo, cuando se nos recuerda que somos de los muy pocos en el mundo que niegan esos derechos.
No sé con qué propósito el antiguo militante comunista presentó esa iniciativa, pero que ha tenido un éxito arrollador en todos los sectores de derecha, en primer término, la jerarquía católica y los panistas reaccionarios, así como los neopriístas, como Beltrones que, al parecer, ya prometió su apoyo irrestricto al perredista, resulta más que evidente. Está claro que la iniciativa está en proceso de ser aprobada. En todo caso, los motivos de Gómez son irrelevantes. Importa más bien analizar sus argumentos.
Hay que señalar, ante todo, que no todos los países que tienen mayorías católicas o cristianas se parecen entre sí. Italia y España, por ejemplo, soportan el dominio de sus iglesias porque desde un principio se les ha impuesto, en la primera por negociación y, en la segunda, por la violencia. En Estados Unidos hay un predominio protestante y su situación no es la nuestra (acaso peor, porque los protestantes fundamentalistas dominan su escenario político). En Francia, el país más laico del mundo y el que, en realidad, inventó el laicismo, la Iglesia no es un problema mayor. Sería de mal gusto recurrir a nuestra historia, ahora que está en desuso y hasta es fuente de descrédito ante los derechistas y sus acólitos, entre ellos ahora e inopinadamente Pablo Gómez, pero no hace falta.
Según Gómez, el artículo sexto de la Constitución garantizaría a los curas su libertad de expresión en el lugar (los recintos eclesiásticos) o lo medios que fueren, pero el 130 es una antinomia frente a ese artículo porque se los prohíbe. También deberían gozar de la asociación política personal y libre. Eso, nos dice, está inscrito “dentro de los derechos humanos”. Que el ascendiente de los sacerdotes es un problema, bueno, pues los líderes sindicales también lo tienen, así como los altos funcionarios que manejan el erario. Y nadie les prohíbe nada. Se le olvida que, por lo menos en el caso de los funcionarios, para hacer política partidista deben renunciar a sus puestos previamente.
Monsiváis y El Fisgón revisan de manera crítica y gráfica la Independencia y la Revolución
México a través de las causas, a “contrapelo de la historia oficial”
La exposición, curada por el caricaturista, integra 800 piezas, entre ellas algunos objetos provenientes de la colección del escritor
Se inaugura mañana en el Museo del Estanquillo
Las piezas de la muestra destacan por su originalidad, su autoría y su rareza. Arriba, Rafael Barajas durante la entrevistaFoto Roberto García Ortiz
Arturo García Hernández
Periódico La Jornada
Domingo 7 de marzo de 2010, p. 2
De todas las actividades oficiales o independientes organizadas para conmemorar el centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia, la más original por su contenido, por su enfoque y por sus aportes historiográficos será sin duda México a través de las causas, que mañana se inaugura en el Museo del Estanquillo.
Carlos Monsiváis y el caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón, son los autores intelectuales de la muestra integrada por un conjunto, en su mayoría poco conocido, de fotografías, grabados, dibujos, pinturas y documentos varios y otros objetos provenientes de la legendaria colección del escritor, ordenados en un discurso históriográfico por El Fisgón, quien fungió como curador.
Es –remarca Rafael Barajas– “una revisión crítica de las causas de la Independencia y la Revolución, a contrapelo de la historiografía oficial”.
Un recorrido por la exposición permite comprobar que, en efecto, ese periodo de la historia de México puede ser dividido en causas: la justicia social, la soberanía, la democracia, la educación, el reparto de la tierra, la libertad, la tolerancia, etcétera, todas –según se percibe– penosamente incumplidas y por lo mismo vigentes.
De Posada al EZLN
La muestra abre con una línea del tiempo ilustrada por todas las portadas originales –enmarcadas– que hizo José Guadalupe Posada para los tomos de la Biblioteca del Niño Mexicano, elaborada por Heriberto Frías, destinada a difundir la historia entre los niños, desde la época prehispánica hasta la intervención. Es una pieza notable.
A continuación se despliega la sección de la soberanía, empezando por la guerra de Independencia, seguida por las distintas intervenciones militares que sufrió el país a lo largo del siglo XIX, mismas que dificultaron inmensamente la consolidación del estado nacional.
En montajes iconográficos se van sucediendo las piezas que ilustran cada época, algunas –señala el caricaturista de La Jornada– de mayor calidad que otras, pero que adquieren fuerza y sentido en el conjunto. Es el caso de la iconografía de Hidalgo en dibujos, grabados y litografías que registran distintos momentos de su lucha, desde el grito de Dolores hasta su aprehensión y muerte.
Otra pieza notable es la litografía que recrea la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, con Iturbide a la cabeza; hay un retrato de éste de época, junto a su sello, que representaba un águila real; en otro nicho está un retrato de Guadalupe Victoria y su sello del águila republicana.
Lo grupos iconográficos se complementan con dibujos y grabados que reflejan con fidelidad cómo se vestían los soldados de uno y otro bando.
De la guerra de intervención de Estados Unidos, en 1847, hay tres grabados, originales de época: uno ofrece la versión de los invasores, con la bandera estadunidense ondeando en Palacio Nacional y la gente aplaudiéndoles; otra, es la versión mexicana, donde se ve gente del pueblo apedreando las carretas de los invasores que entran al Zócalo y los francotiradores del Ejército mexicano vendiendo cara la derrota. Una tercera versión sintetiza ambos puntos de vista. Son piezas excepcionales que Rafael Barajas adquirió en Estados Unidos. En otra pieza se observa el Zócalo tomado ahora por los franceses.
En una vitrina se pueden ver las fotos de los generales gringos que participaron en la batallas; en otra, fotos originales de época de los liberales mexicanos que enfrentaron la invasión francesa y el imperio de Maximiliano: Benito Juárez, Lafragua, Ezequiel Montes, Porfirio Díaz.
Conmovedora Suave Patria
No se puede dejar de lado el conjunto que ilustra el poema de Ramón López Velarde, Suave Patria, cuya pertinencia en el discurso iconográfico es conmovedora.
Imposible siquiera enumerar aquí las más de 800 piezas incluidas en la exposición. Cual más valiosa por su rareza, su belleza o su valor documental.
Destacan los conjuntos iconográficos dedicados a Emiliano Zapata, Francisco Villa, Franciso I. Madero, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, de quienes se muestran fotografías originales de época hasta ahora poco o nada conocidas. Los muestran en distintos momentos de su vida, hasta la muerte. Dos de las de Zapata se pueden apreciar con sus correspondientes negativos.
Por otro lado, el proceso maderista está ilustrado con hojas volante de la época.
En el recorrido-entrevista, Rafael Barajas hace notar que igual que al inicio de la guerra de Independencia, en los primeros años del siglo XX una de las causas más urgentes sigue siendo la justicia social, tanto, que da lugar a la Revolución.
A lo largo de la exposición también se observan maquetas encargadas por Monsiváis a artesanos, que recrean diversos episodios del periodo histórico revisado. Entre otras, hay una de la casa de los hermanos Serdan en Puebla, en el momento del asalto del ejército porfirista.
Una de las rarezas de la muestra, es un acta original en la que se aprecia la firma de Aquiles Serdán, dando por recibida su credencial como miembro del movimiento electoral antirreleccionista.
Admite Rafael Barajas que fue un lujo disponer de tanto material proveniente de la colección de Carlos Monsiváis, además del que prestó el propio caricaturista. Asegura que dejó fuera la mitad del que tuvo a su disposición.
La expropiación petrolera (perteneciente a la causa de la sobernía) es otro de los temas contemplados en la muestra. Además de las fotos de Lázaro Cárdenas en el momento de la expropiación, el público podrá oír el audio del discurso, cómo hablaba el entonces presidente de la República. La iconografía al respecto se complementa con ejemplos de la abundante producción plástica que hubo alrededor de tema. Sobresale un grabado de Leopoldo Méndez junto a la placa con que se imprimió.
“Como hace 200 y hace 100 años”
A los nombres de Leopoldo Méndez y Guadalupe Posada, cuyas obras testimonian distintos momentos, habrá que agregar los de Diego Rivera, Orozco (caricaturas, sobre todo), Miguel Cobarrubias, Julio Ruelas, Juan O’ Gorman, José María Velasco. Si se evalúa por los artistas incluidos y por las rarezas que de ellos se exhiben, México a través de las causas también debe tener incalculable valor económico.
Así, la exposición llega hasta el movimiento estudiantil y la matanza de 1968. Al respecto hay un antialtar a Gustavo Díaz Ordaz, con su retrato oficial, rodeado por las caricaturas que distintos artistas hicieron de él, varias en el momento de mayor represión.
No se puede dejar de lado la historieta de Rius contando el 68, dispuesta en vitrinas sobre las que se observan fotos de los distintos pasajes recreados por el caricaturista.
El siguiente periodo abordado es el de la guerra sucia de los años 70, que ofrece como aporte historiográfico fotografías del cadáver de Genaro Vázquez y de sus funerales, así como de los guerrilleros detenidos por la policía.
La revisión culmina con referencias al levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Otra vez la causa de la justicia social: “Igual que hace 200 y que hace 100 años”.
La exposición, que admite toda suerte de lecturas (histórica, política, social) es una lección de historia crítica; sacude con su crudeza y conmueve con su aliento épico.
En torno al santo patrono de la población San Miguel Arcángel, se han originado una serie de festividades que reproducen elementos de origen mesoamericano y europeo
Diario de Querétaro
1 de marzo de 2010
Aurora Castillo Escalona (+)
In memoriam
Querétaro, Querétaro.- El impulso de los trabajos de Wolf tiene como efecto dejar a un lado el enfoque culturalista y reubicar la tradición indígena en el contexto de las sociedades campesinas. Estos estudios ponen de relieve el carácter dinámico de la tradición como una realidad sociológica y política. Al respecto, Wolf asienta que la primera característica fundamental de la economía campesina consiste en que es una economía familiar, que toda organización está determinada por la composición de la familia, el número de personas que la integran, la coordinación que haya al interior familiar, sus demandas de consumo y el número de trabajadores con que cuenta entre parientes, amigos y personas ajenas a su entorno social inmediato. Y que esta composición y organización explica porqué “la concepción de beneficio en la economía del campesino difiere de la que tiene en la economía capitalista”.
Los campesinos, en su mayoría, le dan un valor distinto al capital, para ellos el ahorro tiene otro significado y aplicación; la acumulación de capital para la inversión tiene otra perspectiva y alcance. Las circunstancias vividas durante 500 años como grupos étnicamente identificables, reducidos al ejercicio de ciertas actividades económicas, forjó en ellos, en el interior de sus comunidades, instituciones sociales para la preservación de su ideología. Hoy día, hay variedad de formas en que los otomíes expresan su cultura: en la vida diaria, individual o colectiva, como parte de un proceso de transformación y readaptación causado por múltiples factores que los afectan permanentemente.
Los otomíes continúan con algunas ideas de origen mesoamericano acerca de la divinidad y sus atribuciones, e incorporaron otras a partir del proceso de evangelización en el siglo XVI. Estas dos formas de concebir la vida han generado un sincretismo del que se produce otro componente, el de la reinterpretación de los elementos que se incorporan a su cultura, que al momento de entrar en contacto con la gente son innovaciones, y al ser aceptados, los asimilan mediante un proceso de reinterpretación en función de su propia cosmovisión del mundo y de su percepción de la religión católica. Los otomíes, como parte del campesinado, muestran en sus prácticas religiosas una interpretación propia de la religión católica. La respuesta que los otomíes de Tolimán han dado, en el contexto religioso, los ha mantenido vinculados étnica y culturalmente. Aunque como campesinos comparten aspectos culturales con el resto de la población rural, su religiosidad y su condición de indios les confiere especificidad, que expresan en el idioma, la indumentaria ritual y en la organización tradicional con respecto a la realización de sus fiestas. Los estudios que se realizan sobre rituales agrícolas y cosmovisión campesina permiten conocer y explicar la estructura comunitaria que los sostiene y las funciones de sus integrantes, que conlleva una reelaboración particular del pensamiento social. El proceso de reproducción de significados parte de distintos aspectos de la cultura y de las relaciones sociales, que dan lugar a multiplicidad de ideas determinadas por factores económicos, políticos y étnicos; y dentro de un mismo grupo social a la multiplicidad de niveles de identidad. Con base en María Ana Portal,() cuando se estudian las tradiciones o las costumbres de una población se hace referencia al cúmulo ordenado de experiencias y vivencias que todos sus miembros conocen, experiencias y vivencias que no ven, y que no saben cómo ni cuándo las aprendieron, pero que les son útiles para organizar su vida sin tener la necesidad de definirlas.
La vida religiosa es organizada mediante un sistema en el que los miembros de la comunidad otomí participan alguna vez en su vida con la responsabilidad de un cargo. Esto los lleva a mantenerse ligados más allá de su organización económica o social, identificados con su pasado, responsables de su presente y dispuestos conscientemente a seguir siendo quienes son. Étnicamente, los otomíes de Tolimán con la pervivencia y pertinencia de su sistema de cargos se mantienen con la conciencia de seguir manifestando su religiosidad y, más aún, con la voluntad de algunos de ellos de fortalecerla, dándole mayor difusión y expandiendo su proyección a nivel regional.
Si se parte de que sistema es sinónimo de regla, norma, procedimiento y régimen aplicable a un mismo móvil, el sistema de cargos es el conjunto de elementos estructurales y normativos que rige a los miembros de una colectividad. Desde la antropología se define como un paradigma de análisis teórico y metodológico que se aplica a la organización y estructuración de las festividades comunales.
El sistema de cargos es sólido porque es parte del proceso de vida de los pueblos al ser el resultado del sincretismo religioso que se generó en la época novohispana y, por la reinterpretación que hacen de ciertas prácticas religiosas de la Iglesia católica, dado por la convivencia diaria de dos formas de concebir la fiesta y la divinidad. Desde el siglo XVIII, se inculcó a la población otomí la participación en las fiestas al santo patrono a partir de agrupaciones cívico religiosas, a las que se incorpora, en el siglo XX, gente no otomí de la región, devota de San Miguel Arcángel.
En torno al santo patrono de la población San Miguel Arcángel, se han originado una serie de festividades que reproducen elementos de origen mesoamericano y europeo, que sumados y refuncionalizados dan su particular estructura. El análisis del sistema de cargos se hace a partir del funcionalismo, que se enriquece con el estudio del proceso histórico que le confiere particularidades a la comunidad y con la interpretación de la simbología contenida en las ceremonias. En primera instancia se produce un proceso de adecuación entre componentes de la cultura mesoamericana y la incorporación de la religión católica de los colonizadores y, por otra, la resistencia que presentan los colonizados, que se sintetiza en la especificidad cultural actual que manifiestan los grupos indígenas.
Durante la Colonia se controlaron las ceremonias religiosas de los indios, fundamentalmente las agrarias, para acabar con el politeísmo que los religiosos calificaban de idolatría, cambiando el culto a un solo Dios, a los santos y a las advocaciones de la Virgen María, cuyo ritual dependía de los frailes y ministros en el marco del calendario cristiano. La población de San Miguel Tolimán, a partir de la fundación española, quedó bajo la advocación de San Miguel Arcángel y eligió para su conmemoración el 29 de septiembre como fecha para la fiesta patronal. Los otomíes aprendieron a adaptar sus ceremonias al ritual católico vinculándolas al ciclo anual agrícola, que conlleva la práctica de varias festividades relacionadas a las diferentes etapas del crecimiento del maíz.
Durante los recorridos de campo realizados en las comunidades otomíes del municipio de Tolimán se observan ceremonias cívico religiosas a lo largo del año, que se celebran cíclicamente en fechas fijas o móviles y se sostienen por medio de un sistema de organización interna. Este sistema lleva implícita una organización específica en la que sus integrantes tienen funciones especiales a partir de una jerarquía. Cada una de las fiestas tiene una serie de símbolos, signos y espacios sagrados, por medio de los cuales los otomíes manifiestan su particular cosmovisión, que además son fuentes de información sobre su contexto geográfico, histórico, social, económico y religioso, que aplicando para su análisis, palabras de Geertz, conllevan formulaciones generales de orden con respecto a la naturaleza y a la sociedad.
El sistema de cargos articula las fiestas tradicionales de los otomíes de Tolimán. Éste funciona a base de cuadrillas que presentan una estructura fuerte, definida y cimentada, que permite la continuidad de las fiestas tradicionales de la población otomí, al mantener la organización que las sustenta. Cada cuadrilla está compuesta por un número de personas a quienes se les llama cargueros, con funciones específicas determinadas por la costumbre. Mientras más grande sea la cuadrilla, su complejidad es mayor por la cantidad de integrantes, y a menor número de personas su complejidad es menor. Están organizados en cinco cuadrillas responsables de llevar a cabo las fiestas en honor al santo patrono durante el año, cuentan con réplicas del Arcángel San Miguel, a las que llaman San Miguel Peregrino o San Miguelito.
Las ceremonias cívico religiosas que realizan en el pueblo de San Miguel Tolimán comienzan el 2 de febrero con la fiesta de La Candelaria. En esta fiesta se presentan a la iglesia los Niños Dios del nacimiento católico que se levantan ese día, después de haber estado expuestos en las casas, en las capillas familiares y/o en la iglesia, desde el 16 de diciembre (al inicio de las Posadas) hasta esta fecha. La fiesta tradicionalmente se llevaba a cabo con la presentación de animales y semillas como ofrendas para solicitar una buena cosecha durante el año, tradición que se transformó mediante la evangelización constante que ejercieron y ejercen los sacerdotes católicos sobre los otomíes a partir del Obispado, introduciendo la imagen del Niño Dios para vincular la festividad agrícola al calendario cristiano.
A finales de abril llevan a cabo dos ceremonias de suma importancia religiosa, social y cultural. Una es: la peregrinación al Cerro Zamorano en la que participan otomíes de la región de Tolimán y, en especial, la agrupación Los Cargueros de la Santa Cruz del barrio Don Lucas de la delegación de San Miguel. Esta ceremonia es a finales de abril, consiste en subir a la cima del cerro, durante dos días, ahí llevan a cabo una velación ofrendando a la Santa Cruz, y pidiendo a través de cantos y oraciones por un buen temporal para la cosecha de ese año. Y la otra ceremonia se realiza días después, en fecha móvil en el mes de mayo. Las cinco cuadrillas de danza se congregan en la iglesia para realizar una ceremonia peculiar por su naturaleza étnica y comunitaria, caracterizada por efectuarse dentro del recinto de la iglesia sin presencia del sacerdote. Los integrantes de las cinco cuadrillas de danza salen del templo y en peregrinación recorren las principales calles de la población orando y cantando, guiados por el rezandero de la comunidad de San Miguel Tolimán. Esta ceremonia precede a las velaciones que se llevarán a cabo, al mismo tiempo, en diferentes comunidades otomíes, en las que participa gente otomí, sobre todo de las poblaciones cercanas al municipio y los integrantes de las cuadrillas de danza.
Las velaciones se llevan a cabo de junio a septiembre de cada año, empiezan a las 7 de la noche y terminan a las 8 de la mañana del día siguiente, durante ellas se entregan ofrendas de flores, ceras, velas y veladoras que sahúman con copal. Los fieles devotos rezan y cantan bajo la dirección del rezandero y la música de los pífanos que amenizan toda la noche.
Los San Miguel Peregrinos tienen establecido un recorrido por las casas de algunas familias otomíes con base en un calendario, en el que participa la mayor parte de la población. La primera y la última de las velaciones se llevan a cabo en la casa de los mayores, en las que todas las personas, de alguna forma, están presentes cumpliendo con alguna función determinada del ritual, como repartir atole y pan durante la mañana, rezar y sahumar. El resto de las velaciones se lleva a cabo en las casas de los cargueros que toman un número, nombre del cargo socialmente reconocido. Hay algunos números que tienen mayor responsabilidad y gasto económico porque reciben a San Miguelito los fines de semana, y otros tienen menor exigencia porque lo reciben entre semana, de un día a otro.
Durante las velaciones que se realizan los fines de semana se ofrece a los cargueros la comida con carne de pollo, puerco, res o chivo en mole, frijoles y garbanzos, considerados como alimentos rituales; el segundo y el tercer día ofrecen sólo desayuno. Para el tercero se despide a los danzantes y a los números que recibieron al San Miguel, quienes se dirigen con la imagen a la casa del siguiente número donde va a quedar depositado el siguiente día.
A través de la repetición del ceremonial, año con año, durante los recorridos de los San Miguel Peregrinos de las cinco cuadrillas de danza por varias comunidades otomíes de la región, se conservan las formas tradicionales en el recibimiento de la gente, en el acto de depositar las ofrendas en el altar, en los cantos y en los rezos, así como en el respeto que manifiestan a quienes llevan el cargo por la jerarquía que representa. Estos elementos confieren un estilo particular a las velaciones otomíes, donde se conjugan la fe de los fieles devotos manifiesta en su religiosidad, la responsabilidad social que implica el desempeño del cargo y el fortalecimiento de la cohesión social. Las velaciones reúnen a personas otomíes y no otomíes de varias comunidades, quienes llegan para celebrar conjuntamente las fiestas a su santo patrono, en muchas ocasiones después de recorrer un camino largo, lo que les permite pervivir como grupo étnico y culturalmente diferenciado.
Las velaciones proporcionan una nueva dimensión al estudio de la organización religiosa, como complemento al vasto campo del sistema de cargos. Son ceremonias ligadas a la época de siembra, consideradas también como ritos propiciatorios de buen temporal, por medio de los cuales los otomíes vinculan estrechamente su vida religiosa y social. En ellas intervienen motivaciones ideológicas y económicas, al confiar que su petición les proporcionará mejores condiciones en el medio ambiente para el trabajo agrícola; sociales porque refuerza la identidad de la gente a través de la convivencia; e históricos porque repiten cíclicamente ceremonias que les heredaron sus antepasados. La pervivencia ideológica está contenida en su cosmovisión y constituye una respuesta readaptativa a su propia experiencia de vida, ligada a lo terrestre y a lo celeste, a la naturaleza y a la sociedad. Son parte de la expresión de la ideología de la comunidad conformada por su cultura, evidencias ideológicas que expresan en espacios, signos y símbolos sagrados cuya eficacia radica en su pertinencia socio cultural e histórica.
Las velaciones han permanecido, a través del tiempo, más allá de sus variaciones y adaptaciones, y están sostenidas por una estructura y dinámica interna vinculadas al conjunto de prácticas agrícolas. En este contexto general, representan para los otomíes un medio por el que subsisten étnica y culturalmente, y les proporciona un espacio y tiempo para fortalecer su identidad social por medio de la persistencia de prácticas religiosas que hablan de la pertinencia de la ideología que conllevan.
La fiesta mayor, en honor al santo patrono San Miguel Arcángel, se prepara con anticipación durante tres meses, desde julio hasta septiembre, en que se llevan a cabo las velaciones. El día de la celebración de la gran fiesta, la iglesia se llena de feligreses devotos que entran a orar y a dar limosna. El movimiento es continuo, las veladoras en la iglesia se encienden constantemente y se depositan flores e incienso al pie del altar. Los devotos a San Miguel entran durante toda la mañana, algunos de ellos lo hacen de rodillas en pago de una manda o favor recibido por intercesión de San Miguelito.
En el atrio de la iglesia colocan un altar provisional para celebrar la Santa Misa, al centro de éste se deposita a San Miguel Arcángel, a los lados, dándoles la jerarquía que tienen, a la derecha la cruz del Divino Redentor y a la izquierda la imagen de Nuestra Señora del Pueblito, ambas procedentes de San Pablo Tolimán, junto al San Miguel del Casquito de Oro, la figura más antigua. Sobre el altar se colocan, adornadas con listones de colores y cuelgas, las imágenes de los San Miguel Peregrinos de las cuadrillas de danza, que han precedido las fiestas preparatorias a la del santo patrono. El altar lo engalanan con nardos y crisantemos y, en el barandal, los fieles depositan flores y veladoras. Se celebra la Misa con la atención de todos los feligreses, quienes parados o sentados asisten a ella. La celebración es amenizada con la música de un órgano y las voces de un coro, mientras los fieles rezan Salve y los cuetes suenan haciendo más solemne el final de la Misa.
En la escalinata de acceso al atrio se colocan desde temprano varios puestos de comida y de diversos artículos. La gente que ha venido de otros lugares, tanto del municipio como del estado, entra a la Iglesia, saluda y reza al santo patrono. Más tarde se queda en el atrio viendo bailar a los grupos de danza: Apaches, Conquista y Concheros, participando de la fiesta durante todo el día.
La danza de los Apaches es representada por niños vestidos en color café que muestran el contacto cultural entre apaches del norte y chichimecas del centro de México en alguna época de la historia. La Danza de Conquista es presentada por niños en el atrio de la iglesia al son del violín y del tambor. Está integrada por dos ejércitos, el indígena y el español, y por la muerte representada por varios muchachos vestidos de negro o de blanco con el esqueleto pintado. Durante la danza se desencadena la lucha entre los dos bandos, que termina con la muerte del jefe indio. La danza de los Concheros es representada por un grupo venido de Querétaro que, con un estandarte como emblema, entra cantando a la iglesia y tocando sus instrumentos musicales: guitarra, tambor y sonajas. El grupo es numeroso y está formado por hombres y mujeres: adultos, jóvenes y niños, bajo el mando del capitán, quién encabeza los cantos y rezos. Al terminar su saludo al santo patrono se retiran en orden y sin dar la espalda al altar, en señal de respeto.
Después de concluida la fiesta de San Miguel, al día siguiente, el 30 de septiembre, los cargueros descuelgan, esto significa colgar o entregar los cargos a las personas que van a ser los responsables de organizar la fiesta del siguiente año. Durante la ceremonia los integrantes salientes y entrantes lloran, se abrazan y se comparten roscas de pan, aguardiente y fruta.
A inicios de octubre llevan a cabo la descuelga que consiste en el cambio de los responsables para el siguiente ciclo anual, que iniciará otra vez en el mes de febrero, el día de La Candelaria. Después de la descuelga, en octubre, se realiza la cosecha del maíz tierno y para principios de noviembre, después de la fiesta a los muertos, se da inicio la etapa de la cosecha del maíz maduro. Durante las fiestas de Navidad, en algunas de las capillas familiares de las comunidades otomíes de San Miguel Tolimán levantan un Nacimiento en el altar, distinguiéndose la del barrio Centro de la descendencia de los Luna, ceremonias ligadas al ofrecimiento del maíz maduro.
Las fiestas tienen la peculiaridad de congregar a la población otomí, quien manifiesta su lengua en el saludo, en las relaciones sociales y en las transacciones comerciales; reúnen a diferentes sectores de la población que, aunque no comparten todos los rasgos culturales de los otomíes, son gente que continúa con la costumbre de participar en el ceremonial de San Miguelito, como cargueros o simples observadores; y además, congregan a los fieles devotos de San Miguel Arcángel y a periodistas e investigadores interesados en el rescate de la cultura otomí.
Paralelamente a la pervivencia cultural que se ha mantenido hasta la actualidad está la identidad, otro elemento importante de análisis. La identidad es la toma de conciencia de la cultura de una colectividad que se define en contraste y en oposición a otros, más allá de la propia descripción. Estos rasgos culturales, que, en primera instancia pueden parecer descriptivos e inmóviles, son elementos constitutivos de una sociedad, el derecho y el ejercicio de la identidad es un aspecto puntual en la reproducción cultural de los pueblos.
En este marco general de la dimensión de la cultura, la identidad particular del otomí de Tolimán, Querétaro, conlleva un ordenamiento de vida individual y colectiva. En relación con la Nación es mexicano, en relación con otros grupos indígenas es otomí, pero en relación con otros grupos otomíes, sobre todo si estos son de Querétaro, es de determinada región o comunidad; lo que nos lleva a analizar su identidad con base en la vinculación de las propias representaciones culturales que ha creado en contraposición con otros grupos sociales. Esta ubicación metodológica es relevante para analizar cada nivel de identidad en condiciones específicas y poder asentar si existe toma de conciencia, consciente o inconsciente, de las diferencias que tienen en relación con otros grupos.
La identidad no es inmutable, es un proceso activo y complejo con profundidad histórica, resultado de adopciones y adaptaciones, que tiene capacidad de regularización interna. Las identidades emergen, varían y desaparecen en el tiempo, lo mismo se retraen o se expanden según las circunstancias y en ocasiones reaparecen y se reacomodan. El surgimiento de la identidad como elemento de análisis presupone una continuidad de las relaciones sociales en la vida del grupo o del individuo, no sólo con sus interlocutores próximos con base en las redes de la sociabilidad cotidiana, sino también con otros grupos o individuos más lejanos y desconocidos.
La identificación con prácticas religiosas ancestrales se ve reforzada por el prestigio social que adquieren quienes han tenido o tienen un cargo en cualquiera de las celebraciones. El buen desempeño de sus responsabilidades es de vital importancia para la colectividad y repercute en el tratamiento y reconocimiento que recibirá la persona por el resto de la población, a lo largo de toda su vida. Por medio de las fiestas se puede conocer la vida de la colectividad en el más amplio sentido de la expresión, a través de las experiencias lúdicas por las que trasciende, donde los rituales resultan ser una combinación entre normas y emotividad en que el indígena expresa su sensibilidad. Asimismo, es un escudo espiritual contra la adversidad económica en la que viven.
Con base en el planteamiento de que las instituciones son las que prevalecen y no los individuos, se estudia el funcionamiento de las fiestas y la estructura que las sustenta, por ser ésta una fuente valiosa de explicación de su continuidad cultural. Hay quienes consideran que la vida cultural de los indígenas es un impedimento para su progreso económico, pero hay que hacer hincapié en que ellos se rigen por otro tipo de normas. Sea cual sea la posición que mantengamos frente a esta situación, las fiestas religiosas desempeñan un papel significativo en la vida de los campesinos del país y en la cultura nacional. El sistema de cargos que las sostiene es de considerable interés para los etnólogos mesoamericanistas interesados en la vida política, económica, social y espiritual de los indios de México.
La identidad tiene una dimensión espacial que define sus propias fronteras, referentes móviles en el tiempo; el individuo, una vez que ha definido su propio tiempo y espacio, asume un sistema relevante con el que ordena su vida social y religiosa. Durante este ordenamiento está en condiciones de optar por alternativas, descartar otras y entrelazar sus experiencias pasadas con su presente.
La mayor parte de la población otomí participa alguna vez en su vida en el desempeño de un cargo específico o como apoyo de un pariente o amigo que lo tenga. El sistema organizativo les da la oportunidad de mantenerse unidos socialmente y reforzados a través de la convivencia que mantienen con toda la población otomí de la región que se reúne en torno a las ceremonias. La relación de parentesco, vecindad o compadrazgo son alianzas compartidas por las familias otomíes de Tolimán vinculadas a la celebración de la fiesta del santo patrono, símbolo espiritual de la comunidad, que los mantiene identificados étnica y culturalmente.
Bajo esta perspectiva inicial, el sistema de cargos que opera entre los otomíes de San Miguel Tolimán, se explica como un mecanismo de identidad, de cohesión social y de pervivencia cultural, que los mantiene como grupo frente al contexto en el que están inmersos a nivel regional y nacional. Y, desde el punto de vista cultural, refuerza su ideología, que reinterpreta las fiestas católicas a través de prácticas religiosas propias.
Los otomíes de Tolimán han vivido en el mismo espacio geográfico a partir de su fundación en el año 1722, sin embargo la idea de zonas de refugio de Aguirre Beltrán es aplicable, por ser los otomíes un grupo indígena que se ha replegado a sí mismo, como medida de defensa social y cultural a las condiciones externas que lo afectan en sentido negativo. Y si bien no presentan aislamiento físico, las condiciones del suelo, la falta de posibilidades de apoyo para inversión y la necesidad de infraestructura agrícola y pecuaria los mantienen débiles, económicamente hablando, lo que repercute en sus niveles de vida.
Como campesinos están inmersos en una dinámica económica que les afecta no sólo en términos laborales, sino que de alguna manera, esta inserción dentro de la dinámica nacional, trastoca su ideología y las formas concretas de manifestarla. Su condición económica les lleva a tomar decisiones laborales importantes a nivel individual y grupal, que provoca un proceso de cambio, entre cuyas causas destaca el fenómeno socio-económico de la migración temporal ocupacional que afecta sus estructuras, empujándolos a buscar fuentes de trabajo lejos de su comunidad de origen. Como instrumento nivelador está la organización interna comunal del sistema de cargos que es un elemento que refuerza la autoidentificación y cohesión socio-cultural.
Los otomíes de Tolimán se encuentran en un franco proceso de cambio debido a factores sociales, políticos, culturales y económicos que no significa la extinción del grupo, su contrapeso radica en la identidad cultural que los grupos indígenas manifiestan permanentemente a través de conductas y normas familiares, sociales y religiosas. Además, expresan resistencia cultural a las innovaciones culturales impuestas del exterior, que asimilan poco a poco mediante un proceso de selección, que les permite seguir siendo otomíes, en forma consciente e inconsciente, individual y colectiva. Sin embargo, se da una confrontación del sistema de cargos frente a la estructura global social por la intervención, en algunos casos, de las autoridades oficiales y religiosas que no tratan con respeto su perfil cultural pretendiendo provocar modificaciones a sus tradiciones, lo que acarrea desconcierto psicológico, alejamiento social y aislamiento cultural en algunas personas.
Las culturas indígenas han sobrevivido gracias a su universo comunal; sus hábitos, sus prácticas religiosas y su idioma, han conformado una cosmovisión propia y una serie de creencias, que les ha permitido mantenerse y perpetuarse aun dentro de los parámetros de la sociedad urbana. Su concepción del hombre, del mundo y de la naturaleza es acorde entre sí, de las tres, la última tiene un lugar especial, debido a que el indígena mantiene una relación armoniosa con la naturaleza; sus conocimientos, sus habilidades y su trabajo, todo, está en función de una necesidad ineludible, la de obtener el sustento. Esta relación con la naturaleza no es puramente material, es imposible separar el conocimiento humano del mundo, del orden religioso. La cosmovisión otomí con sus ideas acerca de las relaciones del hombre con el universo y la divinidad tiene su propia esencia y razón de ser, ubica al hombre en relación con el cosmos como parte de él.
Con base en Montoya, entre los indígenas existe un gran respeto por la naturaleza y tienen la idea que ésta los puede perjudicar o mantener con vida. Si los seres que viven en el mundo que les rodea los ayudan a vivir, ellos sienten la obligación de corresponderles y, en esta relación, presentan un principio de reciprocidad. Los otomíes de Tolimán consideran que la lluvia, el fuego, la tierra, los ríos y el viento son elementos buenos y malos a la vez; buenos porque de ellos reciben los beneficios, por lo que consideran necesario brindarles tributos, ofreciendo música, danzas y alimentos en las fiestas anuales correspondientes, que se dan cíclicamente, de generación en generación. Paralelamente, son malos porque en ocasiones acarrean catástrofes, como inundaciones, sequías y epidemias, entre otras. En suma, todo por sencillo que parezca a nuestros ojos para los otomíes posee fuerzas mágicas, buenas o malas para el hombre.
En otro sentido de análisis, la proyección de la cultura es obra de la creatividad humana, los modelos más sencillos son las formas de comportamiento que se expresan en la indumentaria, la alimentación, el trabajo, los objetos domésticos y ceremoniales, así como los modelos más complejos implícitos en la organización social, económica, política, sistemas de religión, arte, etc. La teoría de los modelos o formas culturales da por sentado que la cultura es creada por individuos que interactúan con el medio y entre ellos, y que estas interacciones con la geografía, la psicología y la biología son puntos de partida para el desarrollo cultural, sin ser determinantes. Las aplicaciones de modelos teóricos se enfrentan a lo intrincado, múltiple y acumulativo de las culturas, lo que lleva a pensar y a considerar también útil la búsqueda de causas externas en formas culturales específicas.
La antropología establece que cultura es el conjunto de manifestaciones materiales e intelectuales de un grupo humano, y con base en este concepto se maneja la información sin encajonarla en gradaciones que indiquen superioridad o inferioridad cultural, que pudiera clasificar a los pueblos en cultos e incultos. Las manifestaciones culturales no se producen de acuerdo a principios fijos de reglas determinadas, son de carácter relativo, que permiten distinguir y diferenciar entre sí a las agrupaciones humanas al connotar su perfil cultural.
La cultura de un pueblo abarca elementos diversos, por un lado el territorio y los recursos naturales que contiene, por otro la obra humana que se manifiesta en los edificios públicos, las casas habitación, los símbolos y los espacios sagrados, los objetos y los bienes domésticos, todo lo que han sumado a través de los años; una organización social que define los derechos y deberes que tienen que observar los miembros de la colectividad; y una ideología que se refiere a la representación mental del mundo, formada por ideas claras y organizadas lógicamente. Con esta premisa, podemos analizar de un grupo, un aspecto cultural o su totalidad, en función de sí mismo o en función de la sociedad en su conjunto. Asimismo, hay que tener presente que la cultura es transmitida a cada generación por su predecesora y en parte modificada por la nueva generación, que prescribe sus propias condiciones de vida y le impone un desarrollo y carácter propio.
En cuanto a la transmisión cultural, decimos que una generación transmite a otra los códigos establecidos, los que se manifiestan en todos los órdenes de su vida: el idioma que expresa la peculiar visión que se tiene del mundo, el pensamiento acumulado a lo largo de su historia, expresado en gestos, tono de voz, valores y actitudes, la estructura familiar, las técnicas agropecuarias, entre otros muchos elementos que tienen significado para el grupo, que reciben las nuevas generaciones, quienes los enriquecen y transforman. El indígena se define, por pertenecer a una colectividad organizada, con una herencia cultural propia, por lo que en relación con su cultura se sabe otomí o nahua. Dentro del vasto ámbito cultural, la religión es una institución a través de la que los grupos humanos perviven, en torno a la cual se crea una serie de relaciones sociales y elementos simbólicos y rituales.
El antropólogo al hacer la etnografía de una cultura, registra múltiples estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, no explícitas, a las que les da una explicación, por lo que se prestan a ser interpretaciones de interpretaciones de otros autores. La comprensión de sucesos particulares como son: una ceremonia, una procesión o una idea de un grupo determinado, expresa la forma particular de interpretación de la cultura que va a permitir desentrañar el significado de sus símbolos y determinar el alcance de su campo social. Cada sistema simbólico es una unidad funcional cuyos elementos contribuyen de manera armoniosa a su existencia y continuidad. La cultura es pública, contiene ideas, es conductual, simbólica y está compuesta de estructuras psicológicas mediante las que los individuos o grupos de individuos guían su conducta.
Durante la observación de la celebración de la fiesta patronal, de las velaciones que la anteceden, de la participación de las cuadrillas de danza, de la velación de la Santa Cruz, de la peregrinación al Cerro Zamorano, de la conmemoración de los difuntos en las capillas familiares y de las festividades a otras imágenes de santos católicos de menor impacto en la región, se han encontrado símbolos sagrados y localizado sitios de significación religiosa que tienen su origen en la época prehispánica y en la colonial, que reflejan la continuidad cultural del grupo otomí hasta la actualidad.
EL CEREMONIAL DE SAN MIGUEL TOLIMÁN
MES DIA CEREMONIA SANTO PATRONO LUGAR
abril movible
21 Peregrinación de la Santa Cruz del barrio Don Lucas al Cerrro Zamorano Santa Cruz Cerro Zamorano
mayo
13
moviblemedia-
dos de mes Velación a la Santa Cruz
Inicio del ceremonial a San Miguel Santa Cruz
San Miguel Arcángel Barrio don Lucas
San Miguel Tolimán
junio, julio, agosto y septiembre todos los días Velaciones a San Miguel con las imágenes peregrinas San Miguel Arcángel Comunidades otomíes de la cabecera municipal y de San Miguel Tolimán (¡?)
agosto Los Ejotes San Miguel Arcángel Iglesia
septiembre
23
24
25
26
27
28
29
30 El Vestido
Última velación de las cinco cuadrillas de danza
El Encuentro
Preparación del Chimal
Armado del Chimal
Levantamiento del Chimal
Confirmaciones
Fiesta Patronal
El Despedimento San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
Sacramento católico
San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
La Cuesta
Comunidades otomíes del municipio
Barrio Tierra Volteada
Atrio de la iglesia
Atrio de la iglesia
Atrio de la iglesia
Iglesia
Iglesia y atrio
Iglesia
octubre 1 Descuelga San Miguel Arcángel Sitio Bato en barrio centro de San Miguel Tolimán
El cuadro establece la cronología de la celebración del ceremonial a San Miguel Arcángel.
Referencias
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