La Procesión del silencio en San Luis Potosí

La Procesión del Silencio

en San Luis Potosí

José Félix Zavala  

Las plazas en el centro de la ciudad se llenaron a toda su capacidad. Se abarrotaron las calles de gente, de viandas, de dulces, de reliquias, de manzanilla y pan bendito, de globeros, de recuerdos, todo huele a Semana Santa.  

Impresionante manifestación de duelo popular. Un cortejo silente de cerca de tres mil personas entre niños, jóvenes, damas y varones, llevando en andas, imágenes veneradas, que son el motivo de la aglomeración. Es la noche del Viernes Santo. 

 

La Dolorosa, La Virgen de la Soledad, escultura preciosa esculpida por Manuel Tolsá, llena de nardos e iluminada por mas de cien cirios, con rostro lloroso, coronada y resplandecida por estrellas en su diadema, cubierta por un manto en forma de capote de paseo, reabordado por monjas Capuchinas y realizado tanto el capote como el vestido por Maria Luisa Salas, bajo un precioso palio recamado en negro y oro, mientras los Costaleros la levantan a la vista del publico en un dosel ricamente cubierto en oro. Es la figura central que el pueblo quiere ver, darle el pésame. Hoy recuerda el mundo la muerte de Jesús. 

El pueblo forma el cortejo, también es el espectador. Los rebozos de Santa Maria lucen en oro, rojo, azul, gris, palomo, blanco, amarillo. El luto es riguroso en las damas, -peineta, rebozo trenzado- cofrades con vestidos talares, -capuchas en negro y oro, blanco y morado, gris y rojo, blanco y azul, amarillo y rojo, vino y oro, negro y morado, marfil y amarillo- farolas y un devoto silencio, solo interrumpido por el duelo del tambor y el clarín. 

 

La Plaza del Carmen, profusamente iluminada. Hacen valla a la manifestación de dolor el teatro de la Paz y el Palacio Federal, hermosos vestigios potosinos del siglo XlX. 

Presentes los barrios de Tlaxcala, Santiago, San Miguelito, San Sebastián, El Montecillo, San Juan de Guadalupe y Tequisquiapan. También están presentes los Conventos: El Carmelita, El Agustino, El Franciscano y el que fuera de los Jesuitas, La Compañía.  

Niños, jóvenes, profesionistas, ferrocarrileros, tablajeros, -todos vueltos cofradías- además los Charros y las Adelitas, La Guardia Pretoriana y Las Verónicas. 

Son las ocho de la noche del Viernes Santo, todo mundo espera el inicio del duelo, la salida de la Procesión.  

Al medio día gente de coleta se había reunido en el Camerín de la Virgen, donde Sarah cantó las primeras saetas y dio el más castizo piropo a la Madre de Dios, mientras la escuchaban los cientos de Ángeles y querubines que acompañan a los siete arcángeles, todos ellos esculpidos por manos del pueblo potosino en la portada magnifica que da entrada al Camerún  Carmelita, que es un retablo que parece de la cultura mesoamericana y un cielo presente hecho retablo, que solo viendo y remirando se puede creer su belleza. 

Ese medio día estaban presentes además de la memoria de Fermín Rivera, las tumbas de los Cossío Lagarde, Quijano, Pitman, Othón y De La Maza, mientras Federico Garibay declamaba “Los dolores de una madre por su hijo torero”. Esta Curro Rivera quien presenta a sus subalternos, a sus pupilos que van camino a los ruedos y el Padre Antonio mientras bendice a los concurrentes. Es el inicio formal de la Procesión del Silencio.     

En este edificio único como es el templo del Carmen, tiene en su interior un retablo fastuoso en piedra que por su hermosura parece de cera, da acceso al Camerín donde se “viste” a la Virgen para la Procesión del Silencio. Las pinturas se visten de Vallejo y muchas otras visten a la Sacristía, el coro y la capilla. El Profeta Elías le toman de encargo, esta repetido muchas veces y en diferentes formas, mientras los róelos, las flores, los frutos, las legumbres y la hojarasca se empalma una a otra para sobresalir. 

Los doctores de la Iglesia San Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo y San Gregorio testifican el doctorado de Teresa de Ávila y el misticismo de San Juan De La Cruz, son los nuevos padres del Carmelo, mientras los carmelitas de esta Orden contemplan satisfechos, son San Alberto, San Atanasio, San Dionisio. Son los pintores de estos santos José Luís Rodríguez Alconeda y Antonio Sánchez, quienes pintan este cielo además de Vallejo, en este bello templo.   

Al interior del Colegio de Niñas, contiguo a la Carmen, en el corredor, las imágenes y los grupos escultóricos que participaran en la procesión, son preparados en sus andas, con flores, velas, luces. Este trabajo afanoso se extiende sobre la calle y la plaza. 

En punto de las ocho de la noche del viernes santo, el clarín, desde la escalinata del Teatro de la Paz da la orden de inicio, la Guardia Pretoriana camina marcialmente hacia la puerta principal del templo del Carmen y llama al Zaguán que se abre y da comienzo la Procesión del Silencio. 

Ocho campanadas, tres toques a la puerta y un brioso corcel montado por su jinete, frente a la plaza y seguido de un banderín labrado en plata, una Cruz Alta y ciriales mas la Cofradía de monaguillos venidos del barrio de Tequisquiapan encabezan esta manifestación de duelo popular. 

Viene la imagen barroca tallada en el siglo XVlll titulada “El divino preso”. Los ferrocarrileros hacen su aparición, lo mismo que los nazarenitos y damas de San Agustín que siguen el peregrinar del grupo escultórico “La oración del huerto”, un ángel consuela al Salvador en conmovedora escena y la gente contempla asombrada, mientras aparece “El Señor de la columna” robusto, musculoso, doliente, bien tallado, que presenta la inocencia de culpa de quien ha sido flagelado, lo saben quienes miran absortos la procesión, de tanto escucharlo desde niños. 

El atrio repleto del templo de San Agustín espera el paso del Cortejo, mientras viene a la memoria el Padre Castroverde que iniciara la Doctrina agustina en el barrio de San Sebastián.  

La torre del templo agustino, es orgullo potosino, se ve por todos lados donde se mire hacia el Convento, es el barroco en todo su esplendor, -medias columnas tritóstilas, follaje, vano de medio punto, estípites lobulados y en el cuerpo de la nave una Cruz esbelta rodeada de hojarasca  ligera, la bóveda de la sacristía tiene sus danzantes con plumas en la cabeza, policromados- la Virgen del Perpetuo Socorro y de la Consolación también son parte del lujo de este templo. 

Del Montecillo trajeron al Señor de la Flagelación, tallado en el ya lejano siglo XVlll, esta imagen pasea en su actitud sumisa, entre la población, mientras la banda de guerra marca el paso cadencioso y lento del peregrinar doliente. Profusamente iluminado entre Cofrades encapuchados. Rodeado de claveles. Como si fuera el mes de mayo, salido de la Catedral y en peregrinación se ve al  “Señor de la Humildad” que fuera esculpido por el potosino Rafael Pérez. Es negro el vestido de la corte que lo acompaña. 

Saeteros y pregoneros cantan el dolor de Maria, mientras la procesión es una invitación a la contemplación de los cinco misterios dolorosos del rosario y las catorce estaciones de la “Vía Crucis”, con signos, esculturas y Cofradías en desfile, con tambores cubiertos de telas negras y estandartes vistosos. 

De la Cofradía Guadalupana se desprende el “Encuentro de Jesús con las santas mujeres”, mientras todo avanza y la Cruz Alta marca la llegada de la procesión a la Plaza de Aranzazu, ubicada atrás del Convento Grande de San Francisco. 

En este convento al comienzo de la historia de la Ciudad de San Luís Potosí se  adoctrina a los naturales de estas tierras. 

La construcción de este edificio es lenta, se da por etapas, va dejando estilos, desde el clasicismo, pasando por el barroco mexicano, el renacimiento hasta el helenismo. En él se abrigaron los doctrineros, los conventuales, los novicios y quienes leían gramática, latín, lenguas mexicanas, geografía, teología, mientras los pintores renombrados de la época dejan  su arte, son Miguel Cabrera, Antonio Torres, Vallejo, Francisco Martínez entre otros muchos. 

De este convento ya mutilado, nos detiene su sacristía churrigueresca, llena de lienzos en todos sus espacios, la entrad tiene un capialzado estofado, que da la impresión de ser una fiesta de arte. También es motivo de alegría a pesar del agravios recibido, la Capilla Alta, donde la cantera se moldeó como la cera para que los indios la labrasen a su gusto y la sellaron con la ventana que ofrece su belleza al exterior, lo mismo que la cúpula que engalana a toda la ciudad. 

El conjunto conventual se acompaña con el templo de la Tercera Orden y con lo que queda del de Nuestra Señora de los Remedios, las fachadas hacen sentir a esta ciudad levítica, como un pueblo dedicado al culto. 

Del norte de la ciudad esculpido recientemente, baja una talla llamada “Jesús del silencio”, en poco tiempo milagroso, de gris y rojo viste su cortejo. Irrumpe la belleza del dolor entre los espectadores de esta noche maravillosa de viernes Santo en San Luís.Por si fuera poco en majestuosas andas desfila “El Señor de los desamparados” de quien ningún potosino puede decir que no haya obrado en su favor, esta aquí desde el principio de la construcción del Convento Carmelita, es una preciosísima imagen de Cristo crucificado. 

Los conventos femeninos no existieron en el San Luís Potosí de la Colonia Española en México. Las Vestales potosinas tuvieron como único refugio el Beaterio de San Nicolás, cuyo claustro y templo cayeron para dar paso a la construcción del Palacio de Cristal. 

Cercano a la algarabía de la procesión esta el templo que fuera de los Juaninos, llamado San Juan de Dios, cuyos muros atestiguan que hubo valor artístico en él, su hospital ya no existe a su lado y cerca también esta la Capilla de Nuestra Señora de la Salud, convertido en la actualidad en un templo expiatorio, solo vemos de él la torre arabesca que no luce del todo en medio de tanta belleza que lo rodea. 

La escolta pretoriana con paso marcial abre paso a la impresionante escena que dan las tallas que forman “El ecce homo”, parecen hablar, platicar entre ellas, flanquean la imagen de Jesús, Pilatos y el Centurión. El pueblo se conmueve, las andas requieren de veinticuatro costaleros para llevar en hombros este grupo escultórico a la vista de todos. 

De inmediato de vuelve la mirada de los concurrentes al “Padre Jesús” que lleva la cruz acuestas venerada esta imagen en el templo de la Compañía y de quien todos saben que una vez platicó la talla con Concepción Cabrera de Armida, que va rumbo a los altares, nomás que Roma tarda mucho en contestar. 

De este colegio y templo jesuita viene el “Jesús Nazareno”, en ese mismo sitio se encuentra un Cristo de caña, realizado a la usanza indígena. Allí también esta un lienzo de la Virgen de la Luz, patrona de los estudiantes, que como siempre aparece en los colegios jesuitas de época. El patio del colegio jesuita ofrece hermosura, descanso, lo mismo que una fachada que enaltece la Plaza de Fundadores. 

Algarabía en la Plaza de San Francisco, lo mismo que en las de Aranzazu, Fundadores, de Armas, todo es un esperar conviviendo mientras los Charros y Adelitas ricamente ataviados, integran la manifestación de duelo de viernes Santo en esta Ciudad.La esquina que forman las calles de Madero y Allende, donde convergen los edificios de la Real Caja, La Lonja y el Palacio de Gobierno permite ver de reojo la Catedral y al fondo el templo del Carmen, allí si luce en todo su esplendor el desfile doliente. 

La procesión camina, las mujeres que la integran traen sobre sus manos el rosario y un devocionario, mas de alguna la Biblia y desde luego sus farolas, el paso es rítmico y lento. 

Dos filas interminables marcan las calles de Villerías, Universidad, Galeana, Independencia, Carranza y Othón. Los fotógrafos se dan vuelo, luces, relámpagos aparecen por todos lados. 

Ya viene del barrio de Santiago una Talla del siglo XVlll, “El encuentro”, es Jesús con la cruz acuestas y Maria llena de dolor, como testigo Juan Evangelista, improvisado con una capa pluvial en desuso.  

Del barrio de Tlaxcala viene “El Cirineo y Cristo” que cae por el peso de la cruz, las flores hacen menos dramática la escena, el pueblo mira y remira, todo esta bellamente realizado, es donde el dolor se extrema y donde más de algún cofrade lleva los pies encadenados. 

Jovencitas vestidas a la usanza judía se integran a la manifestación, son las verónicas, dan un toque de feminidad y alegría al monótono ritmo del tambor. 

De la Catedral potosina pueden decirse muchas cosas, para nosotros basta recordar que el logro de su fachada en varios planos enseña al arte una solución arquitectónica, lo mismo que el apoyo renacentista que le da el Obispo Montes de Oca al colocar en esta misma fachada los apóstoles en mármol. Las bóvedas pintadas al estilo de la época gloriosa de los Bernini. 

Tiene un San Sebastián bajo el ara del altar y la tumba del obispo ilustrado destaca dentro de este edificio. La Virgen de la Expectación y el Ciprés de esta Catedral nos dan la oportunidad y motivo de recurrir a este lugar muy seguido para contemplarlos. Es la ciudad episcopal y metropolitana. 

La casa de Nuestra Señora de los Dolores o la llamad de Las Recogidas es ya solo en la ciudad un recuerdo. La Calle de Vallejo nos detiene frente al edificio que ahora ocupa el lugar, las Magdalenas ya no se encuentran allí. Su capilla y su patio potosino lloran a las antiguas presas. 

Frente a la multitud aparece de repente rodeada de hábitos y capuchas, en morado y blanco, “La Piedad”, escultura barcelonesa, ataviada de flores deja ver un cuadro conmovedor. La mujer madre, recuerda a esas mujeres que a escondidas salen del claustro y ven su alrededor sorprendidas, como pájaros recién nacidos que abandonan a hurtadillas el nido. Madre dolorosa con el hijo en brazos. 

 

La Dolorosa que recibe esta noche el duelo centra la atención de una religiosidad mariana. Se recuerda que extramuros de la ciudad se levantó una ermita a la guadalupana que se transformaría en el suntuoso santuario, lo mismo que la ermita del desierto y la actual capilla de la Acción católica, amén de que todos los templos la tienen por patrona y en el nicho principal. Es un pueblo mariano. 

Cuenta entre las obras potosinas destruidas el Convento de los mercedarios, que estuviera en la antigua capilla de san Lorenzo ahora el Mercado Tangamanga. Dicen que tenia un hermoso campanario coronado, también fue derruida la iglesia del barrio de Teques dedicado a la Virgen de los Remedios. 

Esta ciudad esta sitiada desde sus inicios por los antiguos conventos franciscano, agustino, carmelita, juanino, mercedario, jesuita y el beaterio, mas el antiguo seminario y la casa de las recogidas, añadiendo el Santuario, la Catedral y las capillas. 

Todos estos monumentos observan siempre admirados el cortejo fúnebre. Ya viene yaciente “Jesús en el sepulcro”, sus acompañantes visten de luto riguroso y demuestran piedad conmovedora. Tendido sobre flores un Cristo muerto, las andas pesan, los crisantemos buscan lucir, la gente llora y alguien pide perdón. 

Las vírgenes de Loreto, del Rosario, de la Salud, de la Merced, de la Inmaculada. De Aranzazu, de Guadalupe, de la Consolación, de los Remedios, de la expectación, se vuelven una esta noche: La Dolorosa. 

Aparece la Virgen de la Soledad, llora, sigue al hijo muerto, los nardos con su intenso olor no opacan su figura, los cirios iluminan su rostro que no logran disminuir su dolor, la corona real, las perlas, la diadema, la daga al pecho la acompañan, lo mismo que su suntuoso vestido bordado en lentejuela, no compiten con el rostro de esta imagen tallada por Tolsá. 

Es la Dolorosa, la Soledad que comienza el recorrido por estas calles que levantaron desde su inicio monumentos a su nombre, todos los ojos la miran, las luces la reflejan y las pesadas andas se vuelven ligeras, los treinta costaleros desaparecen o parece que no existen, la imagen flota entre las miradas de los presentes. 

Las damas que ricamente están ataviadas y que la acompañan no se notan ante la presencia de la taumaturga católica, los miles de fieles la han esperado por horas, se ponen de pie y los edificios que la enmarcan se ven mas iluminados que nunca. 

Es la provincia de la grana abundantísima, del oro y de la plata, de las haciendas prosperas, de las grandes huertas conventuales, familiares y de barrio, de las tunas cardonas, del suave clima que nada tiene de incomodo, llena de plazas, desaparece por momentos para dejar lugar a la Escogida.   

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