Las tumbas de los Papas en El Vaticano

 

CIUDAD DEL VATICANO 

Desde el año 2005, cuando murió Juan Pablo II, las grutas vaticanas, donde yace su tumba, es uno de los lugares más visitados por turistas y peregrinos que viajan a Roma.

Fuentes de la basílica de San Pedro informaron a ZENIT que un promedio de 12.000 personas, visitan diariamente este lugar que permanece abierto desde las 9:00 hasta las 17:00 h (en verano hasta las 18:00), donde se encuentran las tumbas de la mayoría de los pontífices, entre ellos San Pedro, según dice la tradición.

“Este es un lugar sagrado, pedimos por lo tanto silencio y recogimiento”, es el anuncio que se escucha en diferentes idiomas cuando se va a visitar las grutas vaticanas.

El ingreso se hace por la parte superior derecha de la Basílica de San Pedro, de ahí los peregrinos descienden hacia las grutas donde pueden ver también algunos restos de columnas de la primera basílica construida bajo el mandato de Constantino entre los años 326 y 333.

Los visitantes se encuentran en primer lugar con la tumba de Calixto III. Siguiendo su recorrido pueden ver la tumba de Bonifacio VIII, Nicolás III Inocencio VII, Nicolás V, Pablo II, Pablo VI. Marcelo II, Juan Pablo I, Inocencio IX.

Algunas de las tumbas muestran la imagen del respectivo Papa. Es la misma imagen que puede apreciarse en la basílica San Pablo Extramuros donde aparecen los 266 papas que ha tenido la Iglesia Católica.

ZENIT estuvo allí una mañana y vio que la gran mayoría de visitantes llegan justamente a buscar donde yace el cuerpo de Juan Pablo II muerto hoy hace cinco años.

Otros peregrinos, especialmente personas mayores, se detienen ante la tumba de Pablo VI y Juan Pablo I. Algunos más preguntan dónde yace el cuerpo de Juan XXIII el cual, desde el año 2002, está ubicado en la basílica de San Pedro, en una urna de cristal donde cientos de peregrinos también van a orar diariamente. Juan Pablo II se encuentra donde antes yacía el cuerpo del “Papa Bueno”.

Lugar de peregrinación

Siempre hay un guardia que custodia la tumba de Juan Pablo II. Pide a quienes se detienen a orar que se pongan detrás de una cuerda para que dejen circular el paso de los fieles que vienen detrás. Muchos llegan a depositar flores, rosarios, medallas y otros elementos sagrados. Otros simplemente miran la lápida con curiosidad y asombro.

“Desde que murió Juan Pablo II hemos tenido que organizar todo de manera diferente, debido a la cantidad de peregrinos que vienen diariamente de todo el mundo. No hay día en que no venga una multitud de gente”, comenta uno de los que custodian su tumba, en diálogo con ZENIT.

Anteriormente el acceso a las grutas vaticanas se hacía por dentro de la misma basílica. No tenía una señalización clara y eran muy pocas las personas que bajaban allí en los horarios habituales de la visita.

Hoy los peregrinos preguntan al llegar a la Plaza de San Pedro dónde yacen los restos del pontífice. Su tumba es prácticamente un paso obligado para quien visita la Ciudad Eterna.

“Me encantó verlo porque es la primera vez que vengo aquí” dijo en diálogo con ZENIT Antonia, una peregrina proveniente de Galicia (España), minutos después de visitar su tumba. “Siempre he escuchado y leído de él y me gustó mucho y me impactó ver dónde está enterrado. El ambiente y la actitud de la gente me encantó”, aseguró.

Para Valentín, también procedente de España, visitar la tumba de Juan Pablo II era una de las principales metas de su viaje a Roma “Admiro su sencillez y cercanía con la gente. Fue una pena cuando murió por ser tan importante, por haber dejado huella en la historia del cristianismo y también en la historia universal”

“Me emocioné”, dijo María José, una peregrina proveniente de Argentina, “al ver la tumba de Juan Pablo II me vino a mi mente el recuerdo de su vida. Era una persona muy sencilla, humana, cercana. Fue una gran tristeza cuando murió aunque el papa que tenemos ahora es también una persona maravillosa.

Así, entre la música sacra que siempre ambienta este lugar y favorece el recogimiento, los peregrinos recuerdan y agradecen a aquel Pontífice que murió en un día como hoy, acompañado por las oraciones de decenas de miles de fieles en la Plaza de San Pedro y a quienes les dijo: “Soy feliz, sedlo también vosotros”.

Por Carmen Elena Villa

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