Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

México: Un Bicentenario y Un Centenario
Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

Introducción

México, después de haber logrado su independencia de España, enfrenta el gran fracaso de una hegemonía neocolonial que intentan los criollos. Los criollos no lograrán nunca colmar la distancia con los sectores populares que son dominados y despreciados racionalmente; las masas indígenas, los antiguos esclavos africanos, los mestizos y los migrantes empobrecidos constituirán un pueblo excluido de la ciudadanía real que será el talón de Aquiles del nuevo proyecto de nación durante todo el siglo XIX, XX y hasta nuestros días.

Los criollos triunfantes buscarán el auxilio externo para contener los levantamientos intermitentes de los “de abajo” y tratarán de articular con el auxilio externo una semi dependencia del capitalismo industrial, principalmente el anglosajón.

Se ha hablado mucho de las grandes frustraciones que sufrió el país durante el siglo XIX, sin dar una completa explicación de que nuestro origen preindustrial y colonial traído de España sólo proporcionó dinero pero no una industria, y sus nuevos líderes quisieron adentrarse a una correlación con la burguesía industrial francesa, inglesa y norteamericana con el llamado populismo, pero los criollos no tendrán dentro de su clase social una élite política que lograra y logre sacar al país de su estancamiento y lo integrara a la era industrial.

Podemos decir que entre otros José María Luis Mora y Lucas Alamán se debatieron entre la tradición colonial española o el repudio de esta en nombre de la nueva civilización técnica y hegemónica y pasar de una etapa militar y de caudillos a un sistema propiamente económico.

Ubicándonos en Querétaro, principalmente en su zona minera entre el siglo XVI y XIX, sólo podremos encontrar el interés de los colonizadores en la conquista de este macizo inexpugnable para la explotación minera que produjera para su envío a Europa.
Recordamos a Juan Sánchez de Alanís que en 1543 entra a la Sierra Gorda queretana buscando minerales y para 1557 a Nicolás de San Luis de Montañez, a Conín y a su hijo Diego de Tapia que explotan las minas de Tonantico, Huasquilico y Escanela.

Los zacatecos, los huachichiles, los guamaraes y los habitantes de la Sierra Gorda queretana se levantarán en guerra a partir de 1550 hasta finales de siglo y así continuamente en la Sierra Gorda se formarán disturbios, quema de templos y otras manifestaciones de rebelión que las provocaba la continua presencia de los españoles en la zona.

Los peninsulares en su afán de explotar los minerales de la Sierra Gorda comienzan con el Capitán Luis de Carbajal y la formación de presidios, el primero se levantará en Jalpan y seguirán con el del Palmar y después con el de Xichú, este último mineral vivirá a partir de 1584 una era de bonanza con la extracción de plata, le seguirá después Escanela.

Por lo anterior podemos ver en nuestra historia dos periodos esencialmente diferenciados, uno que comprende de 1810 y que termina con la independencia. En este momento la democracia y la independencia serán el propósito y la riqueza, y el comercio y la industria serán vistas como cosas accesorias y beneficios secundarios o intereses de segundo orden debido a su desconocimiento por lo que son mal atendidos.

Al erigirse el México independiente se hizo mal a no aspirar a la originalidad, no debió ser copia de ninguna otra, ya que toda constitución que no es original es mala porque la originalidad ofrece la posibilidad de crear el país que se desea constituir.
Inmediatamente fuimos víctimas de la atención norteamericana que en poco tiempo vería su hegemonía de expansión en los territorios de nuestra nación y en los países europeos la posibilidad de la explotación de nuestros recursos para su industrialización.

Termino esta introducción que debe ser reflexionada por el esfuerzo de Lucas Alamán para que México contara con una marina y una flota de comercio exterior a la que los Estados Unidos de Norteamérica se interpusieran en contra y los liberales nacionales actuaran como abogados extranjerizantes.

Para la época de la revolución mexicana en 1910, Querétaro con 250 mil habitantes y un territorio de un poco más de 11 500 km2, aún se dedica a la explotación minera y al desarrollo de los peones encasillados o esclavos con el auge de sus haciendas.

José Félix Zavala
Trece de Cuarenta

La Independencia en Querétaro Parte 6

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En el siglo XVIII, a pocos años del inicio de la guerra de independencia, en Querétaro y su territorio existía una Iglesia Católica con una inmensa riqueza que provenía principalmente de las rentas de sus propiedades, tanto en el campo como en las ciudades, conformando la mitad del total de las propiedades existentes; otra entrada importante era el diezmo aunque había disminuido desde 1780, pero su principal base económica radicaba en capitales impuestos sobre propiedades de particulares, principalmente en la administración de capellanías y obras pías.

Cada una de ellas era una especie de banco, prestaba a los hacendados, a los industriales, a los pequeños comerciantes, a intereses módicos y a largo plazo, estos créditos eran vitales para los terratenientes, sobre todo en años de crisis, de tal suerte que el clero constituía un grupo social cuyos intereses económicos se dirigían al mercado interno de la colonia.

En Querétaro, al final de la guerra de independencia y hasta 1855 aproximadamente se tipificó una diversidad de sistemas de gobierno que oscilaban entre la monarquía moderada, la república confederada, la república federal y la república central; hubo durante este periodo veinticinco presidentes de la República, de los cuales sólo siete fueron civiles y en Querétaro veinte gobernadores, aunque siete de ellos ocuparon el cargo en varias ocasiones.

Fueron diferentes las actuaciones durante el inicio de la independencia de México y de Querétaro por el papel que jugaban el Estado, la iglesia, el ejército y la clase política y económica y los levantamientos armados que fueron siempre sistemáticos y recurrentes.

No olvidemos que durante este periodo hubo dieciséis golpes de Estado, la anexión de Texas hacia los Estados Unidos, la intervención francesa y la pérdida de gran parte del territorio nacional.

En Querétaro se pudieron observar tanto grupos de santanistas como de conservadores antisantanistas, se trataba de una sociedad dividida por la pluralidad de opciones políticas y es por eso la recurrencia al uso de la fuerza para dirimir los conflictos. Dentro del ejército institucionalizado y de la Iglesia Católica no se daban acciones monolíticas sino que había diferentes grupos que luchaban por el poder dentro de ellos.

Como nos dice Hans Jürgen “La consecuencia fue que en América las armas tuvieron la última palabra”. Recordemos que en 1821 no se consiguió la independencia de México como prolongación del proceso revolucionario puesto en marcha por Hidalgo y Morelos, sino por el influjo de una conspiración regresiva y de una campaña dirigida por Agustín de Iturbide, militar a quien el Virrey había puesto al frente de un contingente de tropas para combatir a los rebeldes, pero en lugar de cumplir las órdenes recibidas entró en acuerdo con los rebeldes -recuérdese el Plan de Iguala-, se apodera de México y se da a sí mismo la calidad de libertador, Iturbide les quita su participación en la victoria y aliándose con los conservadores se elige Emperador.

José Félix Zavala
Doce de Cuarenta

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Las políticas liberales en Querétaro cumplieron un periodo muy grande que dio comienzo allá por 1856, tiempo que trajo consigo la diversificación y nuevas formas de propiedad de la tierra y las intenciones de destruir la propiedad comunal de los pueblos indios, como puede constar en que nuestro “Porfirio Díaz Local” Francisco González de Cosío tomó, en propiedad personal más de cinco mil terrenos comunales en dos años.

Este gobernador, que cubre casi en su totalidad el mismo periodo que tuviera el gobierno de Porfirio Díaz, logró recuperar el viejo aliento productivo queretano e hizo florecer además de la industria textil, la hidroeléctrica y los ferrocarriles, controló a través de las haciendas los recursos del agua y logró estabilidad entre los rancheros y los minifundistas.

De 1881 a 1910 el gobierno estatal propició la transformación radical de la sociedad queretana, consolidando la clase media tanto del campo como de la ciudad.

Francisco González de Cosío fue benefactor durante su larguísimo periodo de gobierno de los dueños del dinero en sus diferentes modalidades, como ejemplo basta decir que nadie sabía con exactitud el número de quintales de algodón que consumía la fábrica El Hércules, pero dicho lugar hacía medio vivir a la población asentada en sus alrededores que superaba los ocho mil habitantes. Concedió franquicias a los comerciantes para que almacenaran sus mercancías, impulsando la minería, dejándola totalmente libre de gravámenes, y así podríamos seguir detallando las múltiples formas de beneficio a los dueños del dinero y la restricción cada vez mayor de la población trabajadora.

En suma en todo México hubo prosperidad durante el periodo porfiriano, pero la bonanza económica únicamente beneficiaba a unos cuantos debido a un gobierno extremadamente autoritario y unipersonal tanto a nivel nacional como a nivel local.

Se decía que Porfirio Díaz se había rodeado de una cuadrilla de “científicos” que se empeñaron en traer a México modernidad, riqueza y homogeneización pero que sólo produjeron mucho humo y poca flama.

Debemos tener presente que como consecuencia de esto, el llamado democratizador Francisco I. Madero forma a los contingentes armados en algunas haciendas queretanas, se integra la defensa social de Jalpan, los huertistas toman la ciudad de Querétaro, en Cadereyta se levantan más de 300 hombres encasillados, poco tiempo después los villistas también toman la ciudad, como lo hará enseguida el General Álvaro Obregón y la Sierra Queretana se incendia hasta que llega el año de 1916 cuando se celebra en Querétaro el Congreso Constituyente.

José Félix Zavala
Once de Cuarenta

La Independencia en Querétaro Parte 5

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Los insurgentes de la Sierra Gorda durante la guerra de independencia y como parte de una revolución popular siempre fueron considerados por los contrarios como bandoleros y saqueadores, y en esta forma se mantuvieron en la lucha hasta el triunfo del Plan de Iguala. Por lo que tenemos conocimiento de insurgentes en este lugar desde 1810 hasta 1824.

Para septiembre de 1810 y una vez iniciada la rebelión de Hidalgo, se iniciaron las sesiones en la Isla de León, cerca de Cádiz, donde las Cortes declaraban que la soberanía residía en el pueblo y el modelo francés de 1789 era el tema a seguir; en estas Cortes participaron 53 americanos contra 150 delegados españoles, los diputados de América eran criollos y en su mayoría eclesiásticos o abogados. En Cádiz se entendió la libertad como la igualdad ante la ley para todos.

De acuerdo a la Constitución de Cádiz, imitada por los insurgentes criollos, la soberanía nacional recaía solamente en los representantes al congreso y de este dependía todo el poder de la nación, asunto contrario a la revolución popular que en nuestro estado y en todo el país se gestó.

Este punto ligaba la insurrección comenzada por Miguel Hidalgo que aumentaba la libertad de los derechos individuales y la lucha contra el despotismo, pero también traía consigo una interpretación liberal burguesa que no correspondía a la rebelión popular que dio origen a la lucha por la independencia.

Esto lo podemos ver muy claro en la reunión convocada por Morelos en 1813 en Chilpancingo, donde los representantes eran todos letrados, eclesiásticos o abogados, y de esa manera el congreso quedó dominado por la clase media que finalmente el 6 de Noviembre proclamara la independencia y rechazara la monarquía.

La revolución popular, encabezada por indígenas y campesinos era radicalmente opuesta a la idea de los letrados criollos, pero prevaleció como lo vemos en el famoso “Abrazo de Acatempan” al final de 11 años de lucha.
A pesar de estas circunstancias, en la Sierra Gorda de Querétaro, durante casi la totalidad del siglo XIX se verá una constante lucha entre el triunfante liberalismo burgués y las visiones comunales indígenas y campesinas.

Han sido muy importantes las glorias de los héroes insurgentes reunidos en Querétaro, pero poco tomados en cuenta dentro de la historiografía local como héroes a los indios y campesinos que armados de palos y piedras produjeron los iníciales levantamientos de 1806 y 1808 en nuestra Sierra Gorda, precursores del grito de Dolores.

José Félix Zavala
Diez de Cuarenta

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Es bien sabido por todos que Francisco I. Madero se refugió en Octubre de 1910 en la ciudad de San Antonio, Texas, con un grupo de antirreeleccionistas con los que preparó las bases financieras, militares e ideológicas para la revolución que debiera estallar el 20 de Noviembre de ese mismo año.

Este grupo radicado en San Antonio, envió copias del plan, cartas, dinero y pertrechos de guerra, así como a agentes para que conferenciaran con los presuntos jefes del movimiento que se estaba gestando y otros tantos fueron llamados a San Antonio para recibir instrucciones.

Porfirio Díaz se dio cuenta del plan maderista, por lo que intentó hacer fracasar dicho plan, sacrificando en Puebla a Aquiles Serdán, sin embargo, antes de que concluyera el año de 1910, tanto en el norte como en el oeste del país hubieron brotes armados maderistas y, el famoso Plan de San Luis despertó entre los pobladores de Morelos la demanda de sus derechos sobre tierras y aguas, los cuales les habían sido retirados durante el porfiriato.

En lo que concierne a Querétaro, en la parte de los Valles Centrales, se había devuelto durante el porfirismo las antiguas “glorias” a lo que corresponde a San Juan Del Rio y la ciudad de Querétaro, donde los hacendados habían conservado las viejas prácticas productivas, así como el arrendamiento de las tierras, el peonaje acasillado y la famosa mediería.

Pareciera que el temor a las revueltas y asonadas, tradujo en los queretanos pudientes el no vincularse con las fuerzas en lucha.
Fue en la Sierra Gorda, donde en Querétaro se sintieron los problemas de la revolución maderista, ya que en esta región del estado, a principios del siglo XX las haciendas no alcanzan a desarrollarse económicamente, pero sí eran demandantes de grandes extensiones de tierra, por lo que proliferó entre los rancheros una reclama de espacios políticos que tendrá un inicio con el levantamiento armado que encabeza Miguel Acosta en Lagunillas el 29 de Abril de 1911.

A nivel nacional, el ejército organizado por Porfirio Díaz llegaba apenas a 14 mil integrantes, la mayoría de ellos por consignación y leva que combatían forzada y resentidamente, quienes continuamente fueron víctimas de emboscadas y acechanzas, y jamás dieron alcance a las tropas revolucionarias, a lo que se puede aunar una gran deficiencia en los servicios de espionaje, información, aprovisionamiento y desconocimiento de los territorios.

José Félix Zavala
Nueve de Cuarenta

La Independencia en Querétaro Parte 4

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Es curioso saber que Iturbide le compró al padre Fourlong en Puebla, una pequeña imprenta que se adaptó para ser portátil, además de otra que construyó con los implementos necesarios, con estas dos imprentas portátiles entró a San Juan del Río, ya con su ejército enarbolando la bandera de las tres garantías.

Rafael Núñez era el editor de las imprentas portátiles y, en su paso por Morelia había publicado ya hojas volantes seriadas. Cuando entraron a San Juan del Río se imprimió la número seis, cuando entraron a la Hacienda del Colorado, rumbo a Querétaro, se editó la número siete, y ya estando en la ciudad de Querétaro se imprimieron la ocho, nueve, diez y once.

En la otra imprenta que venía con él y que estaba a cargo de Rafael Escandón, Guadalupe Victoria editó en San Juan del Río una arenga a favor de Iturbide una vez que fracasó la plática con él para construir una República Presidencialista y esta misma imprenta fue la que hizo la publicación del bando de Iturbide, referente al cobro de las alcabalas el 30 de junio, quedando pues el ya mencionado Rafael Escandón como el primer impresor queretano.

Otra anécdota importante dentro de la estancia de Iturbide en la ciudad de Querétaro, último bastión realista, estando escaso de fondos, tuvo la fortuna de encontrarse en la Real Fábrica de Tabacos de Querétaro una magnífica dotación de cigarros elaborados, cuyo prorrateo ascendía a diez mil pesos, asunto que le permitió embarcar a las vencidas tropas españolas hacia la península Ibérica, resolviendo así una posible contrarrevolución y levantamiento, ya que eran un contingente considerable.

Capitulado Querétaro como plaza y asentada la paz en el territorio mexicano, regresó Iturbide a la Ciudad de México, pasando nuevamente por San Juan del Río, donde tuvo lugar y un poco de tiempo para platicar con el cura de la población, quien el 28 de agosto de 1821 cantó una misa por el feliz cumpleaños de Agustín de Iturbide.

Es necesario hacer notar que, debido a los bandos publicados en San Juan del Río, por Calleja al frente del Ejército Realista, un buen contingente de sanjuanenses se haya unido al cura Hidalgo y haya corrido la misma suerte que él en la batalla de Aculco, pues la mayoría de su población eran peones acasillados de las haciendas inmediatas, ejemplo de esto fue Diego Tovar “El Charro” que se une a Hidalgo desde 1910 y es fusilado en Montenegro un 15 de Abril de 1817. Los sanjuanenses fueron un pueblo que estuvo siempre del lado de los insurgentes, lo mismo que los serranos hasta la zona de Jalpan, no así toda la población de la ciudad de Querétaro.

José Félix Zavala
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La Revolución en Querétaro Parte 4

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Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

Del 27 de Septiembre de 1910, día en que se publicó en la ciudad de México el bando que anunciaba la reelección de Porfirio Díaz, al 1° de Diciembre del mismo año, fecha en que se fijara ese mismo bando en las calles de Querétaro, se dio el llamado de Francisco I. Madero al escaparse de la cárcel en San Luis Potosí, el llamado al levantamiento en armas al que le siguió el exilio de Porfirio Díaz en el famoso “Ipiranga” el 25 de Mayo de 1911.

En 6 años se llegó a una fecha conclusiva que le daba vigencia real a un estado que existía en el papel más que en la realidad y que a partir de ese famoso 5 de Febrero de 1917 comenzaría a formarse realmente.

En Querétaro recordamos la presencia de Francisco I. Madero, junto con José María Pino Suárez el 6 de Junio de 1911 en la Alameda, arengando a la población.

También recordamos que la ciudad de Querétaro fue ocupada desde la traición de Victoriano Huerta y sus Fuerzas Federales, designando el llamado traidor primero a Vicente Sánchez Gutiérrez y posteriormente a Joaquín Chicarro como gobernadores del estado y fue hasta el 28 de Julio de 1914 cuando la Ciudad de Querétaro es tomada por el General constitucionalista Pablo González, al que en los primeros días de agosto se le incorpora el General Álvaro Obregón y con acuerdo de Venustiano Carranza se organizan las tropas dentro de Querétaro para atacar la Ciudad de México, que sin resistencia los recibe el 13 de ese mismo agosto.

Para el 16 de Octubre siguiente se inicia la Convención Revolucionaria de Aguascalientes, a la que asiste en persona Francisco Villa, además de representantes de Carranza y Zapata, convención que terminaría en una lucha de todos contra todos.

Para este tiempo es gobernador de Querétaro el General Federico Montes, pero al ser tomada la ciudad el 18 de Noviembre por las fuerzas de la Convención de Aguascalientes, se viene una serie de gobernadores intermitentes en el estado, que comienzan con Luis E. Suzán, siguiéndole Benito Reynoso, más tarde el General Teodoro Elizondo y poco después Gustavo Bravo.

Es bien sabido que los revolucionarios convertidos en gobernantes eran víctimas de la etapa previa a la propia revolución y ejercían poderes caciquiles en las zonas a su cargo, por lo cual fueron constantemente movilizados.

Venustiano Carranza no reconoció los acuerdos de la Convención de Aguascalientes y la enfrentó, entre otras formas, designando en el mes de febrero de 1915 como gobernador de Querétaro, al Dr. José Siurob, quien se incorporó al mando del General Álvaro Obregón en sus encuentros contra Francisco Villa y es famosa la batalla de la Estación del Peón en San Juan del Río, donde derrotan a los villistas, hecho que causa que Francisco Villa se retire a la ciudad de Querétaro para reagrupar sus fuerzas y volver a enfrentar a los constitucionalistas.

Álvaro Obregón en la ciudad de San Juan del Río se da a la tarea de reconstruir el Puente de Hierro y restablecer la línea del ferrocarril para consolidar los abastecimientos y venir a Querétaro a enfrentarse a los villistas que poca fuerza le presentaron y se replegaron hacia el estado de Guanajuato. Poco después se da la famosa batalla de Celaya, donde Querétaro se convirtió en un gran hospital que atendió a los heridos de ambos bandos.

Es entonces en Querétaro donde se da la concentración de fuerzas constitucionalistas y el 1° de Enero de 1916 llega Venustiano Carranza a quien se le ofrece un multitudinario banquete en La Cañada, donde exalta el pasado histórico y patriótico de Querétaro, lugar en que fija su residencia.

Declara la restitución del municipio libre, siendo Querétaro el primero que goza de este privilegio, se destruye el portal llamado de Carmelitas, frente al Jardín Zenea, para ampliar la calle que hoy llamamos de Madero, y a la Casa Mota se le declara Palacio Nacional, mientras el 19 de Septiembre de ese 1916 se publica la convocatoria nacional para la elección de diputados al congreso constituyente.

Las cantinas o centros de reunión como “Cosmos”, “Casino de Querétaro”, “El Águila de Oro”, “El Salón Verde”, “La Madrileña” y “El Puerto de Mazatlán” están cercanas al teatro Iturbide.

José Félix Zavala
Siete de Cuarenta

La Independencia en Querétaro Parte 3

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Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

Félix Osores Sotomayor, cura de la parroquia de Santa Ana, para 1810 ya tenía una gran importancia política local. Era una persona reconocida, abogado aprobado por la Real Audiencia, el Ilustre Colegio de Letrados lo había nombrado Vicerrector en Querétaro y, como la mayoría del clero diocesano y los religiosos de Querétaro, Félix Osores vivió los acontecimientos del inicio de la independencia del lado de los realistas.

Es importante saber que el grito de combate de los rebeldes mexicanos dirigidos por el cura Hidalgo ¡Abajo el mal gobierno! ¡Muerte a los gachupines! ¡Viva la religión! era característico de la situación sociopolítica en las que el resentimiento con los españoles originarios de la península estaba extendido ya que estos pretendían un monopolio sobre los cargos políticos, militares y eclesiásticos supremos.

Párroco, regidor y sargento eran los más altos cargos a los que podían acceder los criollos que, de esta manera padecían de una marginación social y económica, su antagonismo fue tan lejos que llegó a haber parroquias separadas para los llamados chapetones y otras para los criollos.

La reacción de los obispos mexicanos al levantamiento de Hidalgo fue inequívoca. Al cabo de ocho días de iniciada la revuelta, el recién nombrado obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo excomulgó a Hidalgo, esta medida fue apoyada por el Arzobispo Francisco Lizana y toda la jerarquía que se solidarizó con ambos.

Después de que apresaron a Hidalgo en 1811 y a Morelos en 1815, se echó mano de la inquisición como arma política contra los luchadores por la independencia. La culpabilidad principal cayó sobre Hidalgo. Algunos se preguntan si la conducta de Hidalgo no era parecida, aunque en sentido contrario, a la de los sacerdotes adictos al dominio español que tergiversaron los hechos y convirtieron un tribunal de la fe en un instrumento político.

En México fueron fusilados ciento veinticinco sacerdotes por apoyar la lucha de independencia, pero en toda América su número llegó a los ocho mil.

Los criollos que al inicio de la guerra de independencia estuvieron del lado de los realistas vieron con disgusto llegar las tropas importadas de Europa, la abierta preferencia que los gachupines les dispensaban y los premios que les otorgaban, inclusive el comercio interior al mayoreo llegó a depender de los militares, enriqueciéndolos de manera muy notable, es así que los criollos tanto militares como religiosos y comerciantes estuvieron dispuestos a unirse a la guerra de independencia.

Como un hecho claro podemos ver cómo el jefe del Ejército Realista Agustín de Iturbide toma la ciudad de Querétaro ya como jefe del Ejército independentista y, Domingo Loaces, gobernador de la ciudad se rinde a Iturbide quien a su vez nombra a Miguel Torres como jefe militar y a Juan José García Enríquez como jefe político, mientras los curas y frailes que estaban a favor del imperio comenzaron a predicar a favor de la independencia y entre ellos destacó el famoso cura de Santa Ana: Félix Osores Soto Mayor.

José Félix Zavala
Seis de Cuarenta

La Revolución en Querétaro Parte 3

México: Un Bicentenario y Un Centenario
Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

En 1910, la Ciudad de Querétaro y los Valles Centrales se mantuvieron al margen de las pugnas entre los porfiristas y el movimiento antirreeleccionista de Madero, sin embargo el gobernador Francisco González de Cosío estableció vigilancia en todo el estado y avisó que estaba preparando su salida del gobierno.

En marzo de 1911 fue sucedido por gobernadores de la clase aristocrática como Adolfo de la Isla, Alfonso Veraza y José Antonio Septién quienes quisieron hacer de Querétaro un lugar neutral y, una vez caído el gobierno de Porfirio Díaz, el Club Patriótico de Querétaro, el Club Político Independiente y el Club Democrático eligieron como gobernador al hacendado e industrial Carlos M. Loyola con la presencia de los candidatos a la presidencia de la república Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

En San Juan del Río, parte de los Valles Centrales, se inicia una angustiosa inquietud surgida por la lucha revolucionaria que reivindicaba los derechos de los campesinos y de los obreros y ponía a este lugar como paso forzoso de unos y otros bandos, continuamente había guerrillas que ponían a la ciudad en permanente zozobra.

Mientras que desde 1909 la efervescencia política se da en la Sierra Gorda, la cual en tres siglos de colonialismo e intromisión española nunca alcanzó un verdadero desarrollo económico, los llamados rancheros comenzaron a reclamar espacios políticos.

Fue una violencia que reinó en todo el territorio serrano y pareciera que no se resolvería hasta que fueran satisfechas las demandas de los pueblos y comunidades despojadas por las medidas aplicadas desde el siglo XVI hasta principios del XX.

La influencia de la revolución mexicana llega a la Sierra Gorda a través de la influencia maderista ejercida en los límites de los estados de San Luis Potosí y Querétaro y al grito de ¡Viva Madero! fueron tomadas las haciendas.

Mientras, en el país circulaba el manifiesto liberal de los hermanos Flores Magón que proclama que todo ser humano por el solo hecho de venir a la vida tiene derecho a gozar de todas y cada una de las ventajas que la modernidad ofrece, ya que son producto del esfuerzo y el sacrificio de la clase trabajadora de todos los tiempos.

Este inicio rebelde de la Sierra Gorda llevará al poder del estado a Saturnino Osornio en 1931, quien estaba interesado en conformar una organización sindical rural que obligara a los hacendados a cumplir las pretensiones de más de diez mil campesinos en la entidad.

José Félix Zavala
Cinco de Cuarenta

La Independencia en Querétaro Parte 2

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Querétaro: Un Bicentenario y Un Centenario

En el territorio de Querétaro, San Juan del Río y la Sierra Gorda, la población para 1810 se había dividido en dos posiciones: la oficial y realista que llegó a las Cortes españolas y la insurgente que terminara con el Congreso Constituyente de 1823.
Debe tomarse en cuenta que los rebeldes, criollos y mestizos que se mantuvieron en pie de lucha, como ya lo he repetido, en la Sierra Gorda, llegaron al congreso de Apatzingán en 1814.

Durante la guerra de independencia, la lucha armada que apareció en este lugar fue a manera de guerra de guerrillas y los insurgentes fueron considerados bandoleros y saqueadores pero permanecieron en la lucha hasta el triunfo del Plan de Iguala en 1821.

Al inicio de la insurgencia en la Sierra Gorda, Julián Villagrán estuvo al frente y, al ser fusilado lo sustituyó Juan Olvera, conocido como Juan “El Valiente”, quien tomó la estafeta en 1814, le siguieron Sebastián García y Dionisio Ramírez.

Debe tenerse presente que para 1819, los realistas españoles optan por incendiar las misiones que hoy conocemos pomposamente como “Patrimonio de la Humanidad”, y las tierras cultivadas para quitar el sustento a los rebeldes; como ejemplo tenemos que Jalpan fue quemado y sus habitantes desterrados y la destrucción fue tal que el púlpito de la famosa Misión atribuida a Fray Junípero Serra sirvió de nido a las zorras.

San Juan del Río no permaneció al margen de las inquietudes de los pueblos de la entonces llamada Nueva España y era ya tan seguido el camino de los insurgentes que cuando el General Calleja pasó por San Juan del Río el 4 de Noviembre de 1810, tras derrotar a Hidalgo en Aculco, publicó dos bandos en esa ciudad y entre los decires de estos señala:

“En el término de seis horas, traerán todos a la casa de mi alojamiento, cuantas armas de fuego y blancas, incluso machetes y cuchillos, que existieren en su poder, así como la pólvora y demás municiones de guerra que tuvieren, y el que las ocultare o no delatare a los que las mantuvieran en su poder será castigado como cómplices de la insurrección”.

“Declaro también en nombre del mismo Señor que el que presentase alguna de las cabezas de los principales reos Hidalgo, Allende, los dos hermanos Aldama, y Abasolo, además de seguridad de su persona, será gratificado inmediatamente con la cantidad de diez mil pesos”.

La historia de México se divide en dos historias patrias: una que se alimenta para ser producto diseñado para los escolares que regirán su conducta cuando sean adultos en materia política y la otra para formar el soporte del Estado y la identidad nacional, de tal manera que los héroes funcionan como paradigmas y sus supuestos pensamientos como conductas excelsas, mientras Luis Villoro, disiente de esta posición, sostiene que la historia debe intentar dar la razón de nuestro presente concreto y adecuarla a nuestra acción, teniendo un interés general y uno particular o regional y por eso debe intentarse separar en la historia lo que tiene ciencia de lo que tiene ideología, para que los intereses particulares del historiador no dirijan intencionalmente la selección de los datos, argumentando una interpretación que satisfaga sus intereses personales.

José Félix Zavala
Cuatro de Cuarenta