La Capilla de Maximiliano y otros mausoleos en Querétaro por José Félix Zavala

La Capilla a Maximiliano
y otros mausoleos

José Félix Zavala

Las tumbas de Conín, Diego su Hijo y de su nieta María Luisa.
Los osarios de los conventos de Santa Clara y Santa Rosa.
El antiguo panteón del atrio de San Francisco El Grande
Las criptas de los obispos queretanos en Catedral.
El Panteón de los Hombres Ilustres.
El mausoleo a Doña Josefa Vergara, en la capilla de la Asunción.
La capilla de los Habsburgo para el príncipe Maximiliano de Austria,
La cripta de los Díaz Ramírez en la Congregación
El antiguo Panteón de San Sebastián
El panteón del Cimatario
El antiguo panteón del Espíritu Santo
El Panteón de San Pedrito Peñuelas
Las criptas en los templos
La Congregación, La Compañía y Santo Domingo

Cuando el camino al panteón, se llena de comerciantes de flores y los campos cercanos de amarillo cempanzúchitl, los campos santos del Cimatario y San Pedrito Peñuelas, se vuelven una fiesta, las calles un mercado, donde las monas, las máscaras y los caballitos de cartón, salidos de las manos de los yeseros en papel, le dan colorido y mestizaje a la fiesta de “todos santos”.

Mientras el alfeñique, azúcar vuelto calaveras, azúcar vuelto graciosas figuras de borregos, gallinas, platillos de enchiladas, canastitas de frutas.

Es el tiempo de pasear por el Querétaro de los antepasados y su culto. Son los epitafios, los monumentos, los mausoleos, las criptas, los nombres de las grandes familias en las lápidas de los muros de los templos, los que dan el testimonio a la posteridad.

Conin, el indio casique, descansa al lado del evangelio, en el templo de San Francisco el Grande, su hijo Diego de Tapia, hace lo propio pero en Santa Clara y en el coro bajo de este oratorio monástico, descansa para siempre la india cacica, María Luisa de Tapia. Son los antepasados de este pueblo.

Celebran con alegría el día de los muertos, por todos los pueblos de indios, haciendo muchas ofrendas por sus antepasados, para hacer los sufragios por sus difuntos, añaden antes del nombre del finado, la palabra Teúl, que quiere decir santo.

Unos ofrecen maíz, otros mantas, comida, pan, gallinas, y en lugar de vino, dan cacao y sus candelas, cada uno las provee como puede y tiene, porque aunque son pobres, literalmente buscan de su pobreza y sacan para una candelilla.

En Querétaro, como en todas las tierras mesoamericanas, trasladaron de sus hogares y centros ceremoniales a sus antepasados, al “camposanto”, era la nueva “costumbre”.

Los campos santos se encontraban en los atrios de las iglesias, como lo recuerdan los cronistas, los hubo a las afueras del templo de San Francisco, en las ayudantías de la parroquia de Santiago, como fueron los campos santos de San Sebastián y de la capilla del Espíritu Santo.

Enterraban y lloraban al difunto y después a los veinte días, tornaban a llorarle y a ofrecerle comidas y flores, encima de su sepultura y cuando se cumplían ochenta días hacían otro tanto, así cada ochenta días por cuatro veces, lo mismo acabado el año hacían recuerdo por él y le lloraban y le hacían ofrendas y esto por cuatro años, después lo nombraban Teul.

Tenemos en nuestra ciudad, lugares con tumbas muy hermosas, como es la capilla-cripta del Cerro de Las Campanas erigida en honor del príncipe Maximiliano, terminada en 1901, a costa de la Casa Imperial de Austria, bendecida ese mismo año, un 10 de abril, por el obispo Rafael Sabás Camacho y con asistencia de los representantes de los gobiernos de Austria, Bélgica, Alemania, Suecia y Noruega.

La cripta de los obispos queretanos, en Catedral, antiguo oratorio de San Felipe Neri, la presiden tres esculturas, la fe, la esperanza y la caridad, dos urnas funerarias en madera bellamente labrada, con osamentas de los mártires cristianos, San Severo y San Magno.

Allí se encuentran lo mismo las criptas de los padres felipenses, fundadores de este oratorio, en donde por más de cien años estuvieron.

Una lápida en cantera, decorada con una lira, anuncia el lugar del descanso de los tres grandes músicos queretanos, Cirilo Conejo Roldán, J. Guadalupe Velázquez y Agustín González, es majestuosa, a lo alto un lienzo con la muerte de Cristo, a los pies de su madre.

Al Entrar del lado izquierdo, una pared con criptas, donde reposan los canónigos penitenciarios, arcedianos y deanes, de esta Catedral.

Arcedianos:

Jesús Ma. Barbosa
José Trinidad Cervantes
Patricio de la Fuente
José Ma. Ochoa
Manuel Reynoso
Florencio Rosas
Salvador Septién

Algunos de los grande hombres del clero queretano

Vicente Acosta
Luis Borja
Salvador Cabrera
Daniel Frías
Ezequiel de la Isla
Alberto Luque
Cesáreo Munguía
Francisco Paulín
José A. Quijada

” Praeclaris episcopis, sponsis suis, qui in pace Christi requiesqunt, ecclesia queretanensis permanenter dedicat”.

Es el texto de una placa de mármol que anuncia los restos de los siete obispos que ha tenido la diócesis de Querétaro y que se encuentran en esta impresionante capilla-cripta, son:

Bernardo Gárate López Arizmendi
Ramón Camacho García
Rafael Sabás Camacho
Manuel Rivera Muñoz
Francisco Banegas Galván
Marciano Tinajero y Estrada
Alfonso Toríz Cobián

Con el recuerdo del obispo queretano, pastor de la Iglesia de Puebla, Mons. Pedro Vera y Zuria y del Obispo, Mons. Clemente Díez de Sollano.

Otro monumento funerario significativo en la ciudad, es el de la benefactora Josefa Vergara, quien tiene un mausoleo en la capilla de La Asunción, en el templo de La Santa Cruz, junto a la monumental cruz atrial, allí guardada.

Atrás de la antigua huerta del Convento de Propaganda Fide, se encuentra el antiguo Panteón de Dolores, convertido desde 1988, en el Panteón de los Hombres Ilustres y donde principalmente se encuentra el Mausoleo a Josefa Ortíz de Domínguez, esposa del Corregidor de Letras de Querétaro y heroína de la Independencia de México.

En las doce columnas que se levantaron en este antiguo panteón, se encuentran esculturas en bronce, del Pbro. Félix Osores, del insurgente Epigmenio González, del insurgente Ignacio Pérez, del Arquitecto Mariano de las Casas, entre otros.

Las panaderías de la ciudad encienden los hornos para la elaboración del pan de muerto y los buñuelos de viento, se adquieren por millares, velas y veladoras, el papel picado se vuelve arte.

Existen en nuestra ciudad, dos hermosos lugares donde se guardan los restos de nuestros antepasados, son los coros bajos de los templos de Santa Rosa de Viterbo y de Santa Clara de Asís.

Las monjas coronadas, fueron sepultadas con solemnes ritos, con mortajas bellamente bordadas y adornos de flores en papel, se aprecia en pinturas que visten los conventos.

De tu ira, de las penas del infierno, de todo lo malo, de la potestad del demonio, en el día del juicio, ¡ Líbralas Señor!

Instando la muerte se hará la señal para la recomendación del alma, a que debe concurrir toda la comunidad, pidiendo a Dios la favorezca en aquel trance.

Habiendo expirado se le cantará responso y las enfermeras amortajando con toda honestidad el cadáver, lo pondrán en el lugar destinado a este fin, para que corriendo ya por cuenta de la sacristana disponga el funeral y de las providencias convenientes para el entierro.

Mientras comienzan los rezos en el templo de La Congregación, una bella capilla-cripta, con un mausoleo magnífico, anuncia contener los restos de Emilia Soto Ruiz y muy modestamente en el piso, los del amante de la cultura mesoamericana Jesús Malo Sauto.

Dos criptas gemelas, una frente a la otra, en este mismo lugar y con magnifica factura se encuentran los restos, según se lee en la lápida funeraria: ” Exmo. Sr. Lic. Fernando Díaz Ramírez, fundador de la Universidad”, y los de sus padres y otros familiares, mientras una placa del lado del evangelio anuncia lo propio sobre los restos del benefactor Juan Caballero y Osio, sepultado allí para perpetua memoria en 1707

Para los pueblos chichimecas, habitantes inmemoriales de esta región, como para los pueblos del sureste mesoamericano, que siempre invocaron a los dioses de la muerte, representados en Mictlantecutli en lo masculino y a Mictecacihuatl, en lo femenino y al lugar del destino de los muertos como el Mictlán.

En el antiguo templo de La Compañía de Jesús, actual sede de la parroquia de Santiago, se encuentran tres capillas-criptas interesantes, una del lado de la epístola, pertenece a la familia Septién y Septién, del lado del evangelio está la de la familia Pérez Balde y a la entrada del lado izquierdo la de la familia Guerra y Guerra, todas dignas de nuestra cultura y ritos a nuestros antepasados.

Así como murió le lavaron el cuerpo muy bien y después le enjuagaron con agua de trébol y otras cosas olorosas, para que tomase aquel olor su cuerpo y luego le pusieron sus vestiduras reales y las joyas de oro y piedras preciosas, conforme él vestía en los días de fiesta y en negocios públicos.

Le amortajaron con 17 mantas finísimas y costosas con mucha perla, dejándole solo el rostro descubierto.

Le pusieron en el rostro una máscara de turquesa, muy al natural hecha conforme a la fisonomía de su rostro.

En el convento de Santo Domingo, en la capilla de la Tercera Orden, se encuentran las gavetas de la familia De La Isla y en la nave del templo, la del cronista Valentín Frías.

Mientras en las casas, las ofrendas se vuelven altares, adornados con alimentos de la región, el agua, la sal, las velas y las veladoras, imágenes de santos y los retratos de los familiares, el compartir y celebrar la fiesta del recuerdo, es la tradición más arraigada del pueblo mexicano, lo es también del queretano en particular.

“Irapuato” por José Félix Zavala

Eraitzicuitzio – Guayangareo
Tierra donde abunda el agua

Irapuato

José Félix Zavala

Eraitzicuitzio se puede ver con mirada hacia adelante o en retrospectiva, el resultado es el mismo, el tiempo se detiene en los lugareños, para ser pintado por Antonio González Juárez y apuntar lo sucedido el cronista, J. Jesús Félix Magaña.

Este lugar, donde abunda el agua, lo escogió el Dios Curicahueri para el encuentro de sus hijos, el príncipe purèpecha Uacux y la diosa luna Cuitzi. De este encuentro nace un pueblo, que desde que se empezaron a contar los días de diferente manera y fue esto cuando llegaron los extraños, ya han pasado cuatrocientos cincuenta años o un poco más.

Eraitzicuitzio, Guayangareo, – Irapuato – se abre camino entre sus bosques de mezquites, como los bosques de Las Animas, de San Miguelito y de San Juan.

Este pueblo levanta su vista hacia “el país de las siete luminarias” en los cerros del Huilote, Buena Vista y Arandas, mientras se baña en las riberas del río Silao que baja por las faldas del cerro de Arandas.

Esta tierra bendecida por los dioses purèpechas y chichimecas, bendecida para la abundancia, esta tierra de frontera entre el pueblo tarasco y la Gran Chichimeca, fue conquistada bien a bien no se sabe sí por Juan De Villaseñor y Cervantes o Nuño De Guzamàn.

Concedida primeramente como merced de tierras o estancia para ganado mayor, a quienes tenemos por fundadores españoles: Francisco Hernández, Francisco Sixtos, Esteban Gamiño, Andrés y Antonio López, por cédula real del rey Carlos V, y dice la tradición que fue con fecha del 15 de febrero de 1547, estando de visita el obispo Vasco de Quiroga.

El historiador Pedro Martínez de la Rosa, según me mostró carta y documento, el cronista Jesús Félix Magaña, le informó que encontró un documento en el A.G.N., donde que el 30 de abril de 1557, a un tal Francisco Hernàndez, el virrey Luis de Velasco le concede merced de estancia en este lugar llamado Irapuato.

Posteriormente se encontró otro documento en el A.H.G. donde en el mismo tenor, Francisco Hernàndez concede una parte de las tierras de su estancia de Irapuato o Guayangareo a Pedro Gómez y Gerònimo Giralde.

A pesar de la fecha, 15 de febrero de 1547, que se tiene como la de la fundación de Irapuato, la fiesta patronal de la ciudad es la del 24 de abril o la del 30 del mismo mes, y es con este tipo de festividad con la que se acostumbraba dar por iniciada cualquier fundación española o congregación de indios en la época de la invasión europea.

Para Irapuato la del 24 de abril es el día de San Marcos, patrono titular o pudiera ser también la del 30 del mismo mes, día dedicado a Nuestra Señora de la Soledad, fecha coincidente con documentos referentes a mercedes concedidas por Luis de Velasco.

Cabe hacer mención que la parroquia de Irapuato tiene cura beneficiado según documento encontrado en los archivos de la Parroquia de la Soledad desde 1564 y que para 1574 Irapuato pertenece a la Alcaldía mayor de Guanajuato y es considerado un pueblo de indios, fechas cercanas a la de la fundación, según la tradición.

Los verdaderos fundadores son pues, los pueblos purèpechas y chichimecas, dueños inmemoriales de estas tierras, recuérdese que junto a la antigua laguna, como era el lugar donde se encuentra ubicada la ciudad, se han encontrado cuesillos y osamentas, que indican poblamiento de la zona anterior a la fundación española.

Se dan los primeros asentamientos indígenas, después de la concesión de mercedes de tierras y estancias para ganado, en el lugar que ocupa actualmente Irapuato.

Primero el de los purèpechas o Tarascos, ubicado junto a donde se encuentra el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, o el llamado templo del Hospitalito y el otro el de los otomìes, venidos como apoyo a los españoles invasores, que se encontraba junto al templo de San José y formaban un barrio aparte.

Los otomìes fueron pueblos civilizadores mesoamericanos traídos por los invasores a estas tierras para “pacificar” y poblar la zona de la Gran Chichimeca, en las incursiones al norte del continente, del camino de la plata y de la región del pacifico.

Las calles de Irapuato se fueron formando según los cauces de los ríos, tomando sus nombres según la ubicación, por algún suceso notable o por el oficio de sus moradores, siendo la primera la que conocemos hoy día como la calle de Cortazar y así siguieron la del Oidor, la del Zapatero, la del Cerezo, la del Socorro, la del Refugio, la de los Palos, la de La Tanda y otras más.

Fueron naciendo poco a poco otros barrios como el de San Miguel, San Francisco, San Cayetano, Santa Ana, el pueblo de Jaripitìo, las haciendas y los ranchos que ahora son parte de la ciudad o del municipio.

A finales del siglo XlX, quién llegaba a Irapuato por tren, debía salir de la estación pasando por donde estaban los hoteles y el nuevo molino, tomando después por La Calzada y subiendo el puente de 5 de mayo, hasta la Calle Real que da a la Plaza Chica y luego a la Plaza de Armas, siguiendo por el hospital y Guadalupe, rumbo al panteón y la salida a Pènjamo.

Volviendo a los inicios de Irapuato se cree, como todo este tipo de eventos dados durante la invasión occidental a este continente, que la primera misa en el actual Irapuato se dijo en el lugar que hoy conocemos como La Plaza de la Fundación, origen también del Hospital de Indios y dejado bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Misericordia.

Este templo y hospital, mas su patrocinio femenino, son símbolo de unidad de los pueblos originarios de América, debido a su gran religiosidad, sobre todo a la madre de los dioses, coincidente con la veneración católica a la Virgen María, creándose un sincretismo que perdura hasta la fecha y mantiene la identidad social.

Poco después y con la llegada de los otomìes se construyó el barrio y el templo de San José, para que estos se congregaran, posteriormente vino la edificación de La Parroquia, que tuvo como primer cura a Diego Antonio Hurtado de Mendoza.

Después vinieron: La construcción del Convento Franciscano y sus quince capillas mas el templo de La Tercera Orden, con un gran atrio, panteón y huerta, todo esto o casi, destruido con el paso de la vida en esta ciudad, luego siguió la construcción de la iglesia grande de Guadalupe, continuando con el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad. Son las construcciones religiosas más valiosas con que cuenta la ciudad actualmente.

Los primeros benefactores de Irapuato fueron el padre Ramón Barreto de Tàbora, que donó bienes para la construcción de los conventos de San Francisco y de las Monjas de la Enseñanza junto con la viuda Juana Josefa de Arroyo, que además donó dinero para el templo grande de Nuestra Señora de Guadalupe, de allí vinieron más benefactores de la ciudad, según la costumbre piadosa del siglo XVlll.

En este lugar pues, donde confluye la fertilidad del suelo, la abundancia de agua y la benignidad del clima, se va formando Irapuato, forjado por sus habitantes a fuerza de trabajo, para el año de 1826 ya se le reconoce oficialmente, es un pueblo próspero, es la Villa de San Marcos Irapuato.

Abundan para ese entonces en sus campos el maíz, el trigo, la cebada. Ya existe por esa época como pueblo dependiente de la Villa, Jaripitìo, 28 haciendas y 69 ranchos, muchos telares que se traducen en frazadas, rebozos, y jorongos. Aparecen los artesanos por todos los rumbos, comenzando por los talabarteros, alfareros y albañiles, después llega la fresa, los arboles de mora y el ferrocarril.

Irapuato, Iritzicuitzio o Guayangareo es el lugar donde convergen los caminos, es el centro de la patria.

Ningún lugareño debe olvidar el barrio tarasco del Surumbe, donde Nuestra Señora de la Misericordia posa sobre una peana de madera sobredorada y una media luna árabe plateada, mientras viste un manto de Damasco y porta una corona.

Es el lugar donde se dijo la primera misa en la región, es el símbolo del mestizaje, allí se levantó la Cofradía de los indios, organización que dio origen al justo levantamiento indígena contra la imposición del nombre a la población que dejaba de llamarse solamente Irapuato para ser llamada San Marcos Irapuato

El poder y la organización de los tarascos, los hizo propietarios, por medio de la Cofradía, no existía otra forma legal para hacerlo, de las haciendas del Corral, Corralejo, La Virgen del Hospital, del Hospicio de la Santísima Virgen y del rancho del Señor de la Misericordia.

En el lugar conocido como el Hospitalito, da inicio con la llegada de los invasores, el culto al nuevo Dios, los indios construyen como lo hicieron sus antepasados en Tula, ahora un templo con moldes nuevos, en forma de cruz latina, bóveda de cañón corrido, cúpula con tambor y base hexagonal, torre y fachada barrocas.

Se tiene como fecha de inicio de la construcción del Hospital de indios de Nuestra Señora de la Misericordia el año de 1617 y como término de esta el año de 1681 y ya para 1705 los tarascos se rebelan y se quejan contra el procurador de indios en la ciudad de México y señalan a Irapuato como pueblo de indios.

Para 1733 se construye el hermoso frontispicio del templo que conocemos como el Hospitalito y para 1748 llega a la ciudad y a este mismo templo un Cristo llamado de la Humildad y que se venera hasta la fecha con el nombre del Santo Cristo de la Misericordia.

En estas circunstancias los indios constructores le dieron lugar a su ideología y creencia culturalmente milenarias, esculpiendo en lugar privilegiado al Sol y a la Luna, en la fachada lateral una figura antropomorfa, signo inequívoco de su pensar milenario sobre el mundo, el cosmos y la divinidad.

Donde se encuentra la Plaza de la Fundación y el templo del Hospitalito es sin duda el lugar más representativo de la ciudad, por ser el lugar del dominio tarasco y de inicio de la ciudad en Irapuato. Ya no existe el Hospital de indios.

Existe en esta Plaza de la Fundación un mural realizado en piedras de colores por Salvador Almaráz representando la historia de Irapuato desde sus orígenes, pasando por la invasión española.

También existe un mural de Luis Aragón donde se expresa por medio de símbolos y figuras el origen inmemorial de los primeros habitantes de este lugar y la invasión española con su mestizaje en Irapuato.

Las monjas de la Enseñanza de México fundan en esta población un convento y templo, orgullo local y se dedica a la preparación y educación de la niñez femenina, mientras que para 1761, en un 17 de julio se funda el convento de San Francisco siendo su primer Prior, Fray Domingo de Villaseñor.

Se levantan los primeros portales, conocidos actualmente como Portal Libertad, por el año de 1736.

La llegada del ferrocarril, la orientación que se da a la exportación de los productos agrícolas, los productos agroindustriales y la pequeña industria del vestido, han hecho de Irapuato una ciudad de gran importancia en el estado y en el país.

Para principios del siglo XlX eran quince mil los habitantes y con el desarrollo mencionado pasó rápidamente a cincuenta mil habitantes, teniendo en cuenta que con ello los comerciantes y la banca, entraron a darle un nuevo impulso a la población.

El palacio municipal ya ubicado en el antiguo colegio de la Enseñanza, el hospital civil, los puentes sobre el río, el jardín de San Francisco, y las huertas con frutales y hortalizas, le daban un aire de prosperidad, lo mismo que sus ranchos y haciendas.

Cuando se le reconoce oficialmente como ciudad en el año de 1893, ya tiene un hermoso paseo que es la Calzada de Guadalupe, dos curas contando el de Jaripitìo, doce templos, cerca de setenta profesionistas y doscientos burócratas.

La actividad industrial crecía rápidamente entre telares y tenerías, zapaterías, talabarterías y productos como el jabón, velas, pastas y muchìsimos otros más. Junto a esto un gran comercio y servicios como imprenta, molinos, peluquerías, fotógrafos, baños, hoteles y ranchos que se poblaban rápidamente como La Calera, Tomelopitos, Carrizalitos, Lo de Juárez.

Sus tradiciones aumentaban: La garbanza, las gorditas de trigo, el pan de horno, el alfeñique, las gardenias, las tardes de serenata, las mujeres obreras, la cigarrera, la cerillera, los tranvías tirados por mulas, las fiestas de diciembre, la feria de la fresa, el duelo a la Virgen de la Soledad, el culto al señor de la Misericordia, las fiestas de los barrios, la fiesta de san Cayetano.

Brotan los nombres de sus ciudadanos distinguidos durante su transcurrir del tiempo como el del P. Juan Nepomuceno García, iniciador de la tradición de la fiesta de los barrios, la señora Guadalupe de Vargas fundadora del actual hospital civil, el torero Arcadio Ramírez, el primer impresor Vicente Cervantes, la religiosa Magdalena Vargas Galeana, el historiador Luis Chàvez Orozco, los obispos Ròmulo Betancurt, J. Jesús Rico y Samuel Ruiz García, Pedro Martínez, iniciador de las escuelas municipales, el pintor Salvador Almaraz, el periodista y cronista Eduardo M. Vargas.

Es verdaderamente grato, detenerse en el templo otomì llamado San José, obra escultórica interpretada por los grandes escultores de los templos toltecas, está hecho en forma de cruz latina, simula tres naves, bóveda de cañón corrida, cúpula de tambor con base octagonal, torre de cuatro cuerpos y un remate, parece esculpida en cera.

Los nichos de la fachada están acortinados con cantera labrada bellamente, una escultura de San José preside desde lo alto, el Cristo de la portada no deja lugar a distracción de la vista, lo contemplan María y Juan, formando un Calvario en cantera rosa antigua, es la doctrina cristiana que facinarìa al indio, por la semejanza con la suya, los ángeles con caras de indios vigilan, en un sincretismo puro. Hay dos pasillos entre columnas de orden corintio.

Irapuato: estancia y merced de tierras en 1547, Congregación de indios en 1589, Villa de Irapuato para 1825, ciudad en 1893, esa es la casa de todos nosotros.

Sus fresas importadas de Francia en 1849 por Nicolás Tesada, plantadas en su almácigo a orillas del río Guanajuato y comercializadas por Carlos Drogge y Joaquín Chico, son nuestro emblema.

Salvador Almaràz y Luis Aragón sus pintores, Eduardo M. Vargas y J Jesús Félix Magaña sus cronistas.

El Colegio de la Enseñanza, nuestro orgullo, la Plaza de la Tanda el lugar de reunión.

No existe la clase media en México o casi la inmensa mayoría somos pobres o casi

¿Clase media?

Orlando Delgado Selley

Hace apenas unas semanas el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, dijo en una muy desafortunada conferencia de prensa que México era un país de clase media, que los hogares con ingresos de 15 mil pesos estaban en el 10 por ciento rico de la población, y remató con su célebre recuento de lo que podía pagar una familia con ingresos de 6 mil pesos.

Al dar a conocer los resultados definitivos del Censo de 2010 Calderón ha planteado que somos un país de clase media y ha retado a que se discuta el tema.

Hay muchas formas de discutir este asunto. Hagámoslo con datos ofrecidos por Calderón, extraídos del propio censo, relativos a las remuneraciones en términos de salarios mínimos.

Con esta información es posible construir una imagen nacional simple: en 2010 el 31 por ciento de las familias mexicanas ganaron menos de dos salarios mínimos; 36 por ciento obtuvieron entre dos y tres salarios mínimos, y 33 por ciento más de tres salarios mínimos.

En pesos y centavos esto quiere decir que 67 por ciento de la población ganó en 2010 menos de 5 mil pesos, mientras solamente 33 por ciento ganó más de esos 5 mil pesos.

Tener un ingreso mensual de 5 mil pesos no permite adquirir los bienes y servicios necesarios para que una familia de cuatro miembros tenga una vida mínimamente cómoda.

Dos terceras partes de la población tienen este magro ingreso que, por supuesto, los ubica como una población con carencias económicas significativas, a los que difícilmente podría llamárseles clase media. Sólo con este dato es posible desechar la hipótesis de la conversión a un país de clase media. Por el contrario, lo que se pone de relieve es que seguimos siendo un país en el que la pobreza es el dato dominante.

El asunto es más claro al desagregar a la tercera parte que percibe más de tres salarios mínimos. Los que ganan entre tres y cinco salarios mínimos son el 15 por ciento, los que reciben más de cinco representan el 18 por ciento. En pesos significa que reciben un ingreso de entre 5 mil y 8.3 mil pesos mensuales.

Alguien puede sostener con argumentos serios que una familia con este rango de ingresos podría considerarse capaz de tener un patrón de consumo, que incluya satisfactores por encima de los de subsistencia

Solamente 18 por ciento de la población tiene ingresos mensuales superiores a 8.3 mil pesos. Según la información de la última Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares, el ingreso promedio del decil diez, el de los más ricos, fue de 15 mil pesos, lo que indica que la concentración en la cúspide de la estructura distributiva es extraordinaria.

Este es otro de los rasgos sobresalientes de la realidad mexicana, que debiera conducir a políticas públicas que se propusieran corregirlo.

Otro dato importante es el relativo a la supuesta mejora en las remuneraciones reales. Según Calderón el censo da cuenta de que por primera vez en varias décadas hubo mejoras en los salarios mínimos reales. La información que proporciona la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos refuta esta afirmación. El índice del salario mínimo real con base en 1994 = 100 era para 2000 a la llegada de Fox de 75.85, y cuando se fue lo dejó en 75.01, con una pequeña reducción. En 2010 Calderón lo tenía en 72.81, lo que significa una caída de 27 por ciento respecto a 1994, y de 3 por ciento respecto a 2006.

La conclusión más significativa que puede extraerse de estos datos es que nuestro país no ha logrado superar las características típicas del atraso: aguda concentración del ingreso que se mantiene prácticamente inalterada con el cambio a un régimen político de competencia electoral normalizada, junto con niveles de remuneración que no le permiten a una amplia mayoría lograr una vida confortable. En otros países, como España, la llegada de la democracia trajo consigo una reducción consistente de la concentración del ingreso, gracias a que gobiernos de signo ideológico distinto mantuvieron esa política.

Por eso efectivamente aún no estamos donde queremos, porque no hemos avanzado. Perdimos el paso hace tiempo. Estamos lejos de donde México debe estar. Para lograrlo habrá que cambiar muchas cosas, entre ellas al gobierno.

odselley@gmail.com.mx

Obtener riqueza a como de lugar:Capitalismo

La envidia prometeica

Javier Sicilia

El capitalismo, como lo escribí en mi anterior artículo, Capitalismo y crimen (Proceso 1792), cuya búsqueda es la producción indiscriminada de mercancías para obtener riquezas, va de la mano de un vicio que sólo con la emergencia de los filósofos utilitaristas se volvió virtud: la envidia. Envidiar, dicen estos pensadores del bienestar que encontraron su casa en el liberalismo económico y en el Estado, es provocar la competencia que genera riqueza para un número cada vez mayor de personas; es, por lo tanto, transformar el deseo –sobre todo de lo que otros poseen– en necesidad. Los mercadólogos y los publicistas lo saben, al grado de que han acuñado un verbo terrible: “tantalizar”, mantener al ser humano –como los dioses lo hicieron con Tántalo– en estado de necesidad, en un deseo tan insaciable como eterno.

No es otra cosa lo que hace el capitalismo mediante sus industrias cada vez más sofisticadas y la publicidad: para que la ficción de la riqueza no decaiga debe –en nombre del bienestar– generar cada vez más productos tan “tantalizables” como absurdos. Pensemos simplemente, y a manera de ejemplo, en esas prótesis electrónicas –celulares, computadoras, iPad, internet– que han invadido la vida humana en los últimos 20 años. Su invasión ha generado, primero, un mercado que día con día cambia de manera vertiginosa produciendo envidia y aumentando el consumo de manera exponencial y peligrosa –el BlackBerry, que a juicio de algunos lleva el nombre de la bola de hierro a la que eran atados con una cadena los condenados, y que hace dos años era el súmmum de la telefonía celular, se ha convertido, con su masificación y la aparición del iPad, en una pieza casi de museo; la envidia del mercado celular se llama hoy iPad–; segundo, ha producido una nueva clase de analfabetos: los electrónicos. Quien no posee una prótesis de esa naturaleza está fuera del mercado, del prestigio y de la vida social.

Fuera del mundo de las prótesis electrónicas –dice la Iglesia del capitalismo– no hay salvación. ¿Qué oportunidades les quedan entonces a aquellos que vienen de una tradición oral y que la explotación prestigiosa del mundo alfabetizado convirtió en analfabetos incapacitados para habitar el mundo “civilizado”? Su presencia no puede aspirar a la mínima de las salvaciones. Desterritorializados, orillados a las periferias de las periferias, su destino es morir, delinquir o crear en las márgenes, y a partir de su memoria histórica, un mundo humano, ajeno al artificio irracional de lo civilizado.

Esta forma de la envidia, que está en la base de las fuerzas del capitalismo, ha caminado hasta estas maneras irracionales de “producir riqueza”, y ha surgido así lo que el filósofo Günther Anders llamó “envidia prometeica”. Una envidia que, además de dirigirse a la posesión del nuevo objeto que produce el mercado y que poseen unos cuantos, “tantaliza” la publicidad y se dirige al objeto mismo. Las producciones del capitalismo han llegado a tal grado de “perfección” en el orden del poder que tienen y que confieren a sus poseedores, que el ser humano comienza a desear parecerse a ellas, a sentir la vergüenza inconsciente de no ser el producto de una fabricación, de no haber sido hecho a imagen y semejanza del poder tecnológico.

Vuelto el mundo una máquina de producción de aparatos que confieren a su poseedor un poder aparentemente descomunal, el ser humano comienza a desear ser el producto de la inmaculada concepción de la ingeniería. Así, junto a la industria de las prótesis electrónicas han florecido otras que nos prometen la durabilidad de la máquina, la posibilidad de ser mejorados, siempre mejorados, como nuestras prótesis, o simplemente refaccionados para no perder nuestra durabilidad, nuestra ilusión de ser como los aparatos que el mercado produce. Industrias de la belleza, del gym, de la cirugía plástica, de las vitaminas, de la medicina preventiva, de la alimentación, del comercio de órganos, de la manipulación genética, de la salud: el ser humano vuelto el nuevo mestizo de la era electrónica, un hijo de la carne, pero mejorado y administrado por la máquina y el diseño ingenieril, del que Michael Jackson es su mesías.

Todas esas industrias, nacidas de la “envidia prometeica”, crean la ilusión de que es posible mejorarse como un celular o una computadora y mantenerse siempre disponibles y perfectos, sin estados de ánimo alterados, ajenos a la farragosa angustia de ser hombres.

Lo que Hanna Arendt vio como la esencia del totalitarismo, la planificación del ser humano desde su nacimiento, Günther Anders lo encuentra en el fondo del capitalismo moderno. Esta esencia totalitaria ya no es, como lo señala Fabrice Hadjaj, el producto de una ideología, sino “de la situación objetiva de la técnica y del mercado que se han vuelto autónomos” y se nos presentan con el rostro del sueño de la libertad. La era totalitaria, que buscaba, en su amor por lo perfecto, la cosificación del hombre, ha dado paso a la era de la personificación de las mercancías que se han vuelto, bajo la apariencia de la libertad del mercado y del utilitarismo capitalista, “nuestros modelos y matrices” (Hadjaj).

He allí uno de los grandes puntos ciegos de nuestro mundo, un punto que nos impide ver lo sustancial: la posibilidad de repensarnos en la libertad de nuestros límites humanos y de crear políticas y economías ajenas a las desmesuras del capitalismo. A su intransigencia –aquello que los griegos llamaban la hybris (la desmesura) y el cristianismo la Caída–, habría que oponer el sentido del límite, hecho de equilibrio y de responsabilidad frente a un mundo que siempre es limitado y que sólo podemos conservar al precio de la renuncia y de la preservación de lo humano.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz. l

carajos. “Tengo miedo, pero no soy mi miedo”.

Gracias a Proceso

“Los Concheros de Querétaro” en apoyo a los “fiesteros” desde hace treinta años por José Félix Zavala

Los Concheros

José Félix Zavala

En el Barrio de San Francisquito, cuando las tardes declinan, se escucha el sonido guerrero del teponaxtle, del huehuetl, del caracol, sonidos graves y agudos, el ritual de la chirimía y los tamborcillos de mano, indicando la existencia de una mesa de danza, en el barrio de indios, ubicado en la Loma del Sangremal, cuna de la danza de Concheros o Chichimeca.

Desde el 25 de julio de 1531, los chichimecas de esa región llamada Maxei, no han dejado de prepararse con largas y afanosas tareas para la fiesta de la Santa Cruz de los Milagros, cada 14 de septiembre, dando así un vuelco sincrético a su tradición de danzantes rituales.

“Cuando escucho tocar una danza, me olvido de todo y recuerdo solo lo mío. Todo lo demás se viene abajo. A mí me gusta ejecutar todas las danzas y pido a gritos al tamborero que toque Sol o Fuego, espero el ritmo, marco mi cuadro de danza hacia los cuatro puntos cardinales, me imagino que estoy danzando con gente de aquellos tiempos y no me fijo más en los espectadores”.

“Para los danzantes, el cielo comienza en la planta de los pies. La danza es movimiento, un puente entre el tiempo y el espacio”.

Empiezan los preparativos para, las fiestas de septiembre, la fiesta grande de la Santa Cruz De Los Milagros.

Al grito de “El es Dios”, los círculos de danza chichimeca, desde sus respectivos adoratorios, después de haber oído “La Palabra”, comienzan a ensayar la danza, actitud que inicialmente se pensó impecable, para la cual hay que someterse con absoluta obediencia a la guía de la jerarquía, responsable del grupo, a preparar el espíritu de los instrumentos y los trajes para el gran acontecimiento que dará principio la noche del 12 al 13 de septiembre. La Velación.

“Yo creo en las fuerzas cósmicas y conozco la influencia de la luna, las utilizo para hacer nuestros instrumentos, así no se acaban pronto. También uso a la luna tierna para la caza y apareamiento de los animales, a la Cucharilla para alejar los malos vientos, todo en el espíritu de nuestros abuelos, son secretos transmitidos generacionalmente”.

La danza de los Concheros es sagrada y el logro máximo del danzante es obtener el éxtasis que propicia la manifestación de la divinidad por medio de él.

La sobrevivencia de esta manifestación religiosa es un fenómeno especial, sui generis, que ha llegado a nuestros días gracias a la visión de los antiguos danzantes, quienes supieron readaptarla formalmente al catolicismo, tomando los elementos que les fueron comunes, cambiando el nombre de las antiguas divinidades y la letra de los cantos, pero tratando siempre de mantener las etapas del ritual y sus objetivos, dice Ma. De Los Angeles González, investigadora que da como cierto que el origen de estos grupos está en Querétaro.

Integran esta hermandad los Concheros de Guanajuato, Tlaxcala, México Tenochtitlan y Querétaro, esta sellada por rasgos de compadrazgo ritual que obliga a sus miembros a una relación de recíproco respeto y solidaridad, independientemente del rango jerárquico del danzante. “Soy portador de la danza misma”. Dicen.

Cada danzante tiene que batallar con las tendencias mismas de su propia naturaleza humana, para realizar correctamente el ritual, estar en constante lucha por la purificación y el perfeccionamiento individual, para mantener la armonía y poder realizar un esfuerzo corporal considerable, tratando de traspasar el cansancio físico, manteniendo un ritmo continuo, en algunas ocasiones por más de diez horas.

“Cuando comienzo a bailar me desmaterializo, paso a otro plano mental. La danza hace fluir en mí una energía interna. Vivo y siento la danza. Me olvido del modernismo, solo veo el círculo donde bailo y me remonto a otra época. Donde se funde el presente con el pasado. Trato de hacerlo como todos lo hacían. No es un simple espectáculo”.

“Al salir ataviado de guerrero, salgo con la fuerza de los guerreros antiguos, ayuno tres días antes de comenzar a danzar, recuerdo los muchos secretos importantes, que no se pueden sacar a la luz pública, me introduzco a otro mundo, yo no se de donde me sale tanta vitalidad, cómo logro ser ligero y pisar el fuego sin quemarme”. Habla el peso de 400 años de tradición y tres mil años de cultura civilizatoria.

Los Concheros tienen tres tipos de jerarquía: La humana, compuesta por el General, la Malinche Sahumadora, los Capitanes de marcha, de mesa y de bastón, el Sargento, el Flechero, la Tropa y la Conquista, la segunda es la Jerarquía semi divina o ánimas conquistadoras, son todos los jefes y benefactores de la danza, desde su origen, ya muertos, es otro plano de existencia y de relación, se establecen como mediadores y guías de los danzantes vivos y la tercera es la Jerarquía divina compuesta por los diferentes Santos invocados.

El pueblo organiza la fiesta y acoge al danzante en su peregrinar por los santuarios, las autoridades civiles y religiosas no intervienen.

“Mi abuelo me decía que había que venerar a la serpiente y que en todo el Cerro del Sangremal, había cuevas en donde ellas habitaban, que eran dioses a los que había que hacerles invocaciones, lo mismo que a la fertilidad, la Madre tierra. También me decían mis parientes viejos, que había que rendirle culto a todos los animales que contribuyen al sustento. Todo esto forma parte de un solo y único conocimiento”.

A La media noche del 12 de septiembre de cada año, los oratorios de las mesas de danza en el barrio de indios, conocido como San Francisquito, los ancianos preparan con Cucharilla las ofrendas que llevarán procesionalmente al día siguiente al templo del Colegio de Propaganda Fide de la Santa Cruz, en la loma del Sangremal, donde españoles y chichimecas simularon la batalla de conquista, donde según la tradición apareció el Apóstol Santiago y una Cruz.

Esa misma noche entre, cantos, sahumadores, alabanzas y oraciones, se procede a la “limpia”, de ancianos, jefes y tropa. Preparativo fundamental para el inicio de la fiesta. Es la Velación donde concretizan el aspecto lunar del rito solar, acompañando a las ánimas que los han precedido en el camino del sol, en el llamado “Toque de animas ”.

Por todo el barrio se escucha el sonido triste de la chirimía, el canto grave del teponaxtle, el rasgueo de la guitarra de concha de armadillo, en la madrugada se visitan entre sí, vivos y difuntos.

Pasan los siglos y el sentimiento de los dioses permanece en el ruido de los caracoles, que no paran de sonar. Cada mesa de danza tiene su estandarte, reliquias y un altar lleno de flores, imágenes y papel picado donde se recibe al Santo Suchitl.

Después de la comida tradicional del día trece, saldrá por antigüedad cada círculo de danza, a la primer “cumplida”, víspera de la gran fiesta de la exaltación de la Santa Cruz de los Milagros o de la recolección.

“Una cosa es lo material y otra el espíritu de los instrumentos” dicen, ya que para fabricarlos utilizan troncos ahuecados, maderas especiales, que se cortan cuando la luna esta madura. Los penachos son elaborados mediante el tradicional arte plumario mesoamericano, resaltan las plumas de avestruz, guacamaya, guajolote, gallo, perico y quetzal.

Los maxtles o taparrabos, lo mismo que las capas, están adornadas con complicada pedrería, también usan pieles de venado, tlacuache, zorrillo, tlalcomiche, zorra, gato montés y coyote. En los tobillos suenan los huesos de fraile y en las manos las sonajas.

De la loma en declive bajan los caballeros Aguila, los Caballeros Tigre, ataviados para la guerra, el tamborero golpea frenéticamente el huehuetl y los movimientos se vuelven tan rápidos que golpean los ojos, los oídos y el pecho de los espectadores, suenan rítmicamente los huesos de fraile, al frente va el estandarte y el adoratorio ambulante, es el desfile.

Los caracoles, símbolos del viento, comunican las ordenanzas, detrás de ellos van las malinches, también la guitarra de concha de armadillo, al centro los capitanes y el tambor, los ancianos, los niños, los sargentos se mueven libremente.

Estamos al paso de los peregrinos de los cuatro vientos. Cada danzante cumple su papel, es el pueblo que occidente llama supersticioso pero que en realidad mantiene a través del tiempo una forma de vida distinta, pero cierta y aportadora de civilización a la humanidad entera.

“Yo no puedo rendir culto directo y con la creencia verdadera de aquel entonces, pero hacerla a un lado es imposible, porque todo se vendría abajo”

Es el 14 de septiembre “la cumplida” más importante, desde muy temprano se lucen las indumentarias: Penacho, pectoral, maxtle, capa, chamalli, unidos en su confección con hilos de maguey y pintados con colores de raíces y frutas, así también están presente los troncos cortados durante la luna tierna, tocarán intermitentemente, son tres días de ritmo permanente, con promesa cumplida.

Después de haber dejado sus insignias, junto a la Cruz de los Milagros, danzarán incansablemente durante todo el día, integrando mente, cuerpo y espíritu por medio del ritmo acompasado de los ayoyotes, del canto de las conchas, del bajo profundo del caracol, del retumbar del huehuetl.

Se trata de danzas que datan de cientos de años, quizá miles, que sobreviven a la conquista, dicen que representan la guerra cósmica.

Saludadas las imágenes y solicitado el permiso para danzar, salen del tiempo, marcan la cruz con los pies y así se honrará nuevamente al sol y a la tierra, dadores de vida.

Cada danzante asume su lugar en el círculo y cumple con su parte en la danza, uno se hace todo y todo se hace dios.

Esta fiesta, es producto de largos y afanosos preparativos, gasto económico y empeño tenaz, para poder mantener y entender la vida de una raza amenazada de muerte, se da entre cohetes e incienso.

El 15 de septiembre, después de la gran celebración, sigue el día de la penitencia, de la “la manda”, subir de rodillas al Sangremal, lo harán los danzantes hasta llegar extenuados, se expían las faltas, después recogen los estandartes, insignias y ofrendas, para salir nuevamente a danzar y despedirse. La fiesta de la Recolección ha terminado, las fiestas de septiembre han llegado a su fin, para ser renovadas el año próximo.

“ El sacrifico es la entrega al camino que conduce a la luz eterna y la penitencia es el esfuerzo extraordinario que permite alcanzar la iluminación. Termina la “obligación” de Los Concheros”. La han cumplido ya centenariamente. Dicen los que saben.

¿ Dónde habrá más muertes colaterales, en el IMSS o en la guerra contra el narco?

La patología social

José Gil Olmos

(apro)

Desde hace casi un siglo, cuando se dio la llamada Guerra Cristera (1926-1929), México no vivía una etapa de violencia y muerte como la que vivimos hoy, con 35 mil 500 ejecutados (oficialmente), 3 mil 500 desaparecidos, miles de secuestrados y poblaciones enteras en el desamparo.

Esto, necesariamente, ha tenido un efecto en la población, que sufre los estragos de una patología reflejada en una inmovilidad propia de la depresión.

La guerra declarada por Felipe Calderón al crimen organizado ha sido un enorme error desde que inició su administración. Esto porque no ha cumplido ninguna de las metas que prometió, ocasionando la desilusión entre quienes lo apoyaron, más pobreza en el país y una ola de violencia y muertes de inocentes, cuyas familias podrían demandarlo como responsable directo de las fuerzas armadas. Por ello pasará a la historia del país como el presidente del fracaso y la decepción.

Como jefe máximo del Ejército, Marina y Fuerza Aérea, Calderón no sólo es el responsable de las muertes de inocentes ocurridas en esta guerra y a las que eufemísticamente llama “bajas colaterales”, sino también de los efectos que ha ocasionado en la sociedad.

Recientemente, al ser consultados sobre las secuelas que puede causar la espiral de violencia y muertes en la sociedad mexicana, especialistas en tanatología manifestaron su preocupación, porque ya existen síntomas de patología en ciertas regiones del país donde se ha roto el tejido social, principalmente en el norte de México, donde las peleas entre distintos cárteles y los enfrentamientos con policías y soldados son más frecuentes y violentos. Y es también en esa región donde se registra el más alto índice de extorsiones y secuestros.

Los miembros del Instituto y la Academia Mexicana de Tanatología han asistido a miles de familias en sitios donde el narcotráfico y las propias autoridades han generado miles de muertes, como Ciudad Juárez, donde –aseguran– por cada muerto hay 200 afectados.

Algunos de estos tanatólogos han trabajado con estas familias para que perdonen a los responsables y puedan así concluir su duelo. Sin embargo muchas de estas familias no encuentran la forma de cerrar sus pesares, porque no existen las condiciones de justicia entre las instituciones estatales y federales para que investiguen y castiguen a los responsables. Sin justicia no hay perdón, es la demanda.

Esta situación de muerte y violencia en un corto periodo de tiempo –8mil 780 ejecuciones con Vicente Fox y 35 mil 500 con Calderón, esto es 43 mil 780 en diez años– ha generado una serie de reacciones en la sociedad que los tanatólogos y psicólogos sociales describen como una patología social o también como un duelo patológico. Es decir, como las expresiones de una enfermedad social, que van desde la tristeza y la rabia hasta la desilusión, la inmovilidad y la decepción.

Las heridas que causan en la sociedad tanta violencia y muertes tardarán muchos años en sanar, ya que crean traumas sociales que requieren de una atención especializada que en México aún no tenemos.

Pero esta situación también está permitiendo el surgimiento de una cultura permisible al crimen organizado, una sociedad narca en la que los valores que se exaltan son la violencia, corrupción, complicidad, el éxito basado en la ilegalidad y la creación de los antihéroes.

Desde que el narcotráfico comenzó a mostrarse con todo su poderío, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, van por lo menos dos generaciones de jóvenes que se ha formado en un ambiente de crisis institucional, corrupción, desempleo, falta de oportunidades educativas y una desilusión en la representatividad popular de partidos y gobierno.

El creciente poderío del crimen organizado ha sido el referente de éxito para estos millones de jóvenes sin ninguna oportunidad de empleo o de educación. Es por ello que se observa con mayor claridad que los sicarios y narcotraficantes son niños y jóvenes atraídos por la fama y el dinero efímero que produce el negocio ilegal de las drogas, la extorsión y el secuestro.

“Es preferible vivir bien pocos años que viejo y pobre”, es la idea que permea entre los jóvenes mexicanos que deciden entrar como pequeñas piezas de la enorme maquinaria del crimen organizado.

Antropólogos, sociólogos, comunicadores, psicólogos y especialistas en medicina forense aún no saben cómo clasificar los niveles de violencia que se viven hoy en México, con casos como el del pozolero, capaz de desparecer en ácido a 300 personas, o de los sicarios que ejecutan a decenas como si fuera algo natural, o también aquellos que mutilan a sus enemigos, decapitándolos o quitándoles la piel de la cara para exponerlas como un trofeo de terror y miedo.

Lo único claro que tienen los especialistas es que en algunas comunidades, en ciudades completas, se ha destruido el tejido social, y repararlo llevará mucho tiempo.

Hasta el momento no se ve la luz o una salida al grave problema del crimen organizado, porque se trata de un conflicto de alcances internacionales y con profundos intereses de grupos poderosos en países como Estados Unidos, como la industria del armamento.

Mientras tanto, en México seguiremos sufriendo esta patología social creada por una guerra absurda en la que nadie sale ganando y todos perdemos.

Una ciudad levantada desde las aguas

La Casa de la Acequia

Ángeles González Gamio

Es difícil pensar en una ciudad levantada en medio de las aguas que, aprovechando pequeños islotes y con un ingenioso sistema de relleno, logre construir una urbe poblada de palacios y templos imponentes. Eso es lo que los mexicas hicieron en el corazón de los lagos de la cuenca de México erigiendo la prodigiosa Tenochtitlán.

La audacia que tuvieron los mexicas al fundar su ciudad en la parte más baja de la cuenca, en unos islotes que sobresalían de las aguas de cinco hermosos lagos que la rodeaban, marcó su destino. En los islotes edificaron las grandes construcciones principales y en los alrededores crearon sus barrios, con el original sistema de las chinampas.

La insólita ciudad se conectó a tierra firme con cuatro calzadas y en su interior desarrolló canales conocidos como acequias, que hacían la función que ahora hacen nuestras calles y avenidas, ya que las había de distintas dimensiones e importancia. Muchas de ellas a su vera tenían camino de tierra para los peatones.

La portentosa urbe contaba con elaborados sistemas para controlar las inundaciones, entre otros, un dique que separaba las aguas saladas del lago de Texcoco de las dulces de los otros lagos. Por su parte, muchas de las acequias contaban con un mecanismo de compuertas que ayudaban a controlar el ingreso de las aguas en la temporada de lluvias.

Estas tenían también sistemas de vigilancia que controlaban el acceso a la ciudad. En una de ellas, que en la capital novohispana se conoció como Acequia de Rodán, se edificó un torreón de vigilancia. Esta vía pluvial era de las más importantes, ya que llegaba al desembarcadero que se encontraba en lo que ahora es el corazón del barrio de La Merced, ya desde entonces pujante zona comercial.

Al torreón de vigilancia, ya en el virreinato, se le fueron añadiendo construcciones, lo cual dio como resultado que quedara una casona con un original patio en forma irregular. En el siglo XVIII nuevamente se amplió para alojar un beaterio, ya que se encuentra entre dos de los que fueron conventos de monjas de gran relevancia: San Jerónimo, en donde vivió la ilustre Sor Juana Inés de la Cruz y el de Regina Coelli, del cual sólo se conserva el templo con sus bellos retablos barrocos.
Esta última ampliación de la casa, en la que se le construyó una escalera y un segundo piso, le dio la hermosa fisonomía que conserva hasta la fecha. Debajo del comedor sobreviven los vestigios del antiguo canal, por lo que se le conoce como Casa de la Acequia. En el siglo XX la mansión se tornó en vecindad hasta los años 80, en que se le restauró para dedicarla a fines culturales. Hasta hace poco fue la sede del Ateneo Español, que crearon los refugiados españoles que buscaron asilo en México, tras la derrota de la República a manos del franquismo. Durante muchos años la noble institución organizó aquí innumerables festejos culturales y fue un grato sitio de encuentro entre españoles y mexicanos que compartían ideales e intereses.

Ahora nuevamente recupera su vocación como centro cultural, con una exposición cuyo tema es La piel, en la que participan 15 artistas que muestran originales obras de arte inspiradas en ese sugerente motivo, muchas excelentes. Algunos de ellos: Franco Aceves Humana, Fernando García Correa, Álvaro Castillo, Santiago Merino, Héctor Velázquez, Martha María Pérez y Jens Kull. Es fascinante ver el maravilloso contraste que brinda la bella arquitectura barroca con las manifestaciones artísticas contempóraneas. Le recomiendo visitarla, va a estar hasta el 15 de abril.

La bella casona se encuentra en Isabel la Católica 97, a una cuadra de Coox-Hanal, que ocupa el segundo piso, del número 83 de la calle. El sencillo y luminoso establecimiento ofrece desde hace más de medio siglo, ricuras de la excelsa cocina yucateca: sopa de lima, cochinita pibil, papadzules, queso relleno, panuchos y poc-chuc. El acompañamiento, desde luego, una cerveza Montejo.

gonzalezgamio@gmail.com

El Estado frente a los pueblos indígenas

Radio Ñomndaa: lo que los medios evaden y “no acuerdan”

Magdalena Gómez

La postura congruente de La Jornada al cuestionar y no participar en la firma de un acuerdo sobre la información acerca del crimen organizado y los “daños colaterales” del calderonismo forma parte de su identidad. Como también lo es el ser de los excepcionales espacios para los pueblos indígenas, ya que el resto sin firma pública de acuerdo alguno simplemente los evade, a no ser que tenga que cuestionarles algo o difundir reportes desde fuentes de supuesta inteligencia. Un estudiante indígena comentaba recientemente que se puede uno enterar de lo que pasa en Egipto y en Libia, pero de sus comunidades nada se sabe.

Justamente la reivindicación de su derecho a la información y a la libertad de expresión mueve a las radios comunitarias que, no obstante contar con el respaldo del derecho internacional, son perseguidas y criminalizados sus promotores. Pero no son noticia ni aun en espacios radiofónicos que hace unos años los consideraban, cuando el asunto indígena estaba de moda. Cruel realidad, no forman parte de la guerra de los gigantes de las telecomunicaciones.

Una muestra es la radio comunitaria e indígena Ñomndaa, en español “la palabra del agua”, del estado de Guerrero, Costa Chica. Se inició en 2004 en el marco del proyecto de autonomía del pueblo nanncue ñomndaa (amuzgo) en el municipio de Suljaa’ (Xochistlahuaca). Según el recuento que sus promotores realizan, “desde 2005 a 2010, se tienen registrados actos de hostigamiento contra las y los integrantes de la radio comunitaria, así como diversas acciones impulsadas por el Estado para cerrarla: intimidaciones, amenazas, acusaciones falsas, órdenes de aprehensión, detenciones, presencia de elementos de la AFI, la PIM, la SCT y militares, acceso violento a la cabina de la radio comunitaria en intentos de desmantelar este medio de comunicación y vuelos de avionetas del Ejército Mexicano a muy baja altura sobre la comunidad y en particular sobre las instalaciones de la cabina”.

La tradición organizativa de los pueblos en Guerrero les ha permitido resistir; sin embargo, también ha generado una reacción más fuerte de los diversos poderes, desde el cacicazgo municipal, la complicidad de los gobiernos de la entidad, de las siglas que sean, y la acción u omisión del gobierno federal.

Uno de tantos procesos penales que ha enfrentado el pueblo nanncue ñomndaa (amuzgo) en el municipio autónomo de Suljaa’ (Xochistlahuaca) es el relativo al caso de Silverio Matías Domínguez, Genaro Cruz Apóstol y David Valtierra Arango, miembros fundadores del municipio autónomo e integrantes del comité de la radio comunitaria, quienes fueron condenados por el delito de privación de libertad en agravio de Narciso García Valtierra. El trasfondo de tal acusación fue la aplicación de la justicia comunitaria contra el referido señor García, quien pretendía vender tierra del ejido.
La asamblea lo retuvo en castigo por tal pretensión y los hoy acusados, personas de autoridad tradicional, fueron señalados individualizando en ellos una pena por un delito que no cometieron. Sería deseable que el Tribunal Superior de Justicia del Estado, que resolverá la apelación de la sentencia, colocara su mirada en el reconocimiento a sistemas normativos de los pueblos indígenas y diera cuenta de la jurisprudencia interamericana que existe al respecto. Tanto la Declaración de Naciones Unidas sobre derechos de los pueblos indígenas como el convenio 169 de la OIT se refieren al reconocimiento de las formas propias de organización social y política de los pueblos, así como a la justicia comunitaria.

El sistema judicial de Guerrero debería considerar que la tendencia en materia de derechos humanos apunta a la aplicación integral del orden internacional, para lo cual, conforme al convenio de Viena, ningún estado puede argumentar razones de orden interno para justificar su incumplimiento. Está a punto de concretarse una reforma constitucional en esta materia que en el artículo primero colocará a los tratados internacionales sobre derechos humanos en consonancia con la Constitución. Guerrero puede levantar la mira y colocar un precedente en la decisión que tomará sobre el caso que comentamos. No están juzgando a delincuentes comunes, están haciéndolo sobre un pueblo y su justicia. Si se rechaza la posibilidad de un enfoque así se estaría abonando al sin-sentido de unos derechos que a los pueblos les han significado años de movilización para lograr que los estados los reconozcan. De no corregir la errónea interpretación del juez que dictó en primera instancia sentencia condenatoria, estarán abonando al sentido de la expresión que escuché hace días en Bachajón, Chiapas, en el contexto de un diplomado que promueve el Centro de Derechos Indígenas (Cediac) con jueces tradicionales tzeltales: “Los del Estado son los jueces de primera distancia”. Así son las brechas que ha dejado el Estado frente a los pueblos.

“Los apretados” por Mario Rodríguez

“Aquellos tiempos”.

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL CORAZON ES CENTRO, PORQUE ES LO UNICO DE NUESTRO SER QUE DA SONIDOS”.-María Zambrano.-(1904-1991).-filósofa española.-
La música en la ENEF.-Parte II.-

Muchos de nuestros condiscípulos, además de ser excelentes alumnos-deportistas, le hacían con sin igual alegría a la música…Ulíbarri y Sevillita formaban un dueto sin par, rascaban la guitarra como verdaderos maestros, y sus bien templadas voces, se acoplaban mejor que muchos de los integrantes de los más famosos tríos, con los cuales, por cierto, tenían mucha amistad, alternando con ellos en varios eventos; Ulíbarri un buen plantado tamaulipeco, poseía unas manos de plata y una tenoresca voz, con el dejo norteño de su Tamaulipas, en Sevilla halló no solo su complemento como artista, sino a un verdadero amigo y compañero, casi, casi el arte los hermanó y por mucho tiempo fueron caras de una misma moneda…deleitaban, sobre todo, a las compañeras, las que literalmente los adoraban, pues muchas veces cantaron las más bellas y románticas canciones de “Aquellos tiempos” a la vera de sus ventanas, desgranando: “La enramada”, “Venganza”, “Ofrenda”, “No me platiques Ya”, “Alivio”, enloqueciéndolas con: “Mi último fracaso”, “Estoy perdido”, “Historia de un amor”, desmayándose cuando llegaban a : “Llegaste tarde”, “Contigo en la distancia” y “Tú mi adoración”…así que díganme ustedes, mis queridos amigos, quien iba a poder quitarles una sola de aquellas bellas flores, representadas por nuestras queridas compañeras, sus hermanas y demás familia mujeril…y como dice el dicho” Si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él”…Una noche cuando yo ya a punto estaba de caer en los brazos de Don Morfeo, llegan al departamento de los apretados, éramos más de quince personas, cada uno con su cama individual y su locker, los referidos Sevilla y Ulíbarri, pues necesitaban una primera voz para un trío, pues iban a llevar gallo a sus novias, y se les ocurrió invitar al principal gritón de los baños varoniles de la ENEF, si, al famoso caballito Rodríguez, casi me vistieron, alguien me prestó un saco y un sombrero, entregándome un par de maracas y unas claves, y más que rápido me metieron a uno de los tres coches en que viajaban los ansiosos y románticos novios…recorrimos casi todo el Distrito Federa, y al finalizar la veinteava serenata, cada una con diez canciones, la voz del tal caballito, había desaparecido…lo peor vino cuando Sevillita me dejó en la terminal de los camiones que me dejarían cerca de mi poblado departamento, serían las cuatro o cinco de la mañana y hube de esperar más de una hora para que saliera el primero de los antiguos camiones, que conectaban el sur de la capital con el centro de la ciudad, este me dejó cerca del Zócalo, y como aún me faltaban casi diez calles para llegar cerca del mercado “Abelardo Rodríguez” y del cine “Acapulco”, para descansar un poco me metí a uno de las primeras iglesias que vi abiertas, por las calles de Madero, el calorcito y el olor de las velas me adormecieron, tanto que plácidamente caí debajo de una de las bancas, me despertó la voz de una viejita que me dijo, “joven, joven, siéntese porque con sus ronquidos el padre no puede empezar la misa”…preferí salir como bólido para un poco descansado continuar con mi camino…por mucho tiempo le menté a Sevilla y cuates a la más vieja de su casa.

David Angel García Godínez, el famoso “Tammy”, era un AS de los timbales, y formaba, junto con sus hermanos y amigos, una sin par Danzonera-tropical, que muchas veces animó nuestras tardeadas, haciéndonos inolvidables:”La florecita”, “Rigoletito”, “La casita”, “Danzones de Pardavé”, “La flauta mágica” y tantas otras que jamás se nos han apartado de nuestra memoria, su fraternal amigo Manuel Lozano Flores, era su guarura y cargador de su equipo, ambos eran bailarines sensacionales y elegantes como “Dandys”, cuando coincidimos, ya como “Profes” en las bellas tierras potosinas,(1960-1963), ambos se convirtieron en mis estimados compadres y sus bellas esposas en mis amadas comadres.- El espacio ya se me terminó y aquí hago un pequeño espacio para despedirme por el día de hoy…ojala tengan tiempo y humor para contarles el fin de esta historia…les abraza su bailarín amigo de los dos pies izquierdos y exhausto neo cantante de tríos…Mario “El caballito” RE.-

El hijo asesinado del poeta Javier Sicilia mueve a México entero, el bueno, el pacífico

Vigilias

A Manuel Ponce

Escuchar el rumor bajo la aurora
del día que se abre a la espesura,
mirar la madrugada aún oscura
adelgazarse lenta en cada ahora;

estar ahí sin tiempo y sin demora
contemplando el espacio en su mesura
y sentirse atrapado en la atadura
de su exacto equilibrio que enamora;

y ser entonces árbol, agua y tierra
y luz donde la noche ya vacía
delinea los contornos de la sierra,

lo sabe aquel que vela a cielo abierto
en espera de Dios y de su día,
lo sabe sólo quien está despierto.

Teresa de Lisieux

Sentada en la penumbra del convento,
Teresa observa el muro gris y yerto;
no la turba el silencio, ese desierto
del alma, en la quietud del aposento.
Los sueños y los goces de la vida
que en el duro Carmelo palidecen,
en ella ya no existen. Obedecen
sus ojos a otro sueño, a otra medida:
piensa en la dicha amada que le espera,
en el dolor que roe sus pulmones
y ofrece en redención y la lacera;
sabe en su pequeñez que no está sola,
que en la noche y sus arduas aflicciones
es Dios quien sufre en ella y quien se inmola.

Atrae la PGR homicidio del hijo de Javier Sicilia

José Gil Olmos

(apro).

– La Procuraduría General de la República (PGR) atraerá el caso de Juan Francisco Sicilia Ortega y otras seis personas que ayer fueron encontradas ejecutadas en el interior de un auto en el municipio de Temixco, estado de Morelos.

El asesinato del hijo del escritor y colaborador de Proceso, Javier Sicilia, produjo una manifestación ayer frente a Palacio de Gobierno en protesta por la ola de violencia que azota la entidad. Hoy, nuevamente se manifestarán familiares y amigos al sumarse a la protesta que realizarán trabajadores electricistas en la ciudad de Cuernavaca.

De acuerdo con los primeros informes de la Procuraduría de Justicia del Estado, los siete cadáveres fueron encontradas el lunes a las 6.30 horas en el interior del vehículo Honda color arena, placas GZM-42-02 del estado de Guerrero, frente al hotel Paris Burgos, a un costado de la autopista México-Acapulco en el municipio de Temixco.

Se localizó en el vehículo un “mensaje” firmando por “El CDG”., sin que se tenga conocimiento del contenido más que había amenazas al Ejército y la policía.

Seis horas después de que se encontró el vehículo por denuncias de vecinos, las autoridades estatales identificaron los cuerpos: María del Socorro Estrada Hernández de 44 años de edad, con domicilio en el municipio de Temixco, era empleada del Hotel Paris Burgos; Jaime Gabriel Alejo Cadena de 25, vecino del Fraccionamiento Primavera; Juan Francisco Sicilia de 24 años de edad, hijo del escritor Javier Sicilia, vecino del mismo fraccionamiento Primavera , de ocupación estudiante.

También se identificó a Álvaro Jaimes Avelar, de 44 años de edad, con domicilio en el municipio de Temixco, era empleado de seguridad privada, y a sus sobrinos Julio César y Luis Antonio Romero Jaimes, de 20 y 24 años de edad, respectivamente, vecinos por igual del Fraccionamiento Primavera, el primero estudiante y el segundo empresario.

La séptima víctima es un hombre de 47 años de edad que aún no ha sido identificado, de acuerdo con las indagatorias que se están realizando dentro de la carpeta de investigación SC01/2689/2011

Según las primeras informaciones en la prensa local, al parecer Francisco Sicilia y otros de los jóvenes habrían salido a una fiesta el domingo y que posteriormente, acudieron a un bar conocido como “La Rana Cruda”, localizado en la avenida Cuauhtémoc casi esquina con Teopanzolco, donde presuntamente habrían sido secuestrados.

Ayer por la noche las autoridades locales informaron que las indagaciones serían atraídas por la Procuraduría General de la República por tratarse de una ejecución vinculada con el crimen organizado.