“La otra inseguridad”

Valle de Chalco Solidaridad

Atraso social, económico y, ahora, “la otra inseguridad”

A robos y secuestros se suman cobros de miembros de La Familia

“En un mes se hallaron 120 cadáveres en calles y canales”

Angélica Enciso L.

La Jornada

Valle de Chalco Solidaridad, Edomex. Hace un cuarto de siglo la familia de Rosario llegó aquí con la ilusión de tener una casa propia. No la espantó que las calles fueran de tierra y que no hubiera servicios. En la década de los 90 el gobierno federal impulsó el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) y se introdujeron luz, agua y drenaje. “Pensé que esto florecería, pero no fue así”, afirma. Tiene 60 años, vive con un hijo, vende verduras en la calle y ambos sobreviven con 100 pesos al día. Le teme a la inseguridad, pues varias veces la han asaltado. Le espanta enterarse de que con frecuencia encuentran muertos en las calles.

También Ángel, por la necesidad de tener vivienda, arribó a esta localidad en 1985. “Todo eran sembradíos. Se veía bonito, aunque había mucho polvo y en tiempo de lluvia no se podía entrar por el lodazal.” Recuerda que le costó mucho trabajo sacar adelante su negocio de hojalatería y pintura. Tiene poco trabajo, “cada vez menos”, y a veces ni para comer le alcanza.

Patricia vive aquí porque las rentas son baratas, unos mil pesos por un cuarto grande con cocina. Decidió sacar a su hijo mayor de la primaria. Iba en quinto año. Su esposo perdió una pierna y no puede trabajar, por lo cual sólo ella mantiene a los cinco miembros de la familia. Dice que sale caro mandar al niño a la escuela y que a sus 10 años él ya puede ayudar con ingresos, por lo que ahora labora tirando basura en el mercado o hace mandados.

Desde la carretera a Puebla se observan largas hileras de casas grises y chatas, que se levantan enmedio de la polvareda en este municipio habitado por 332 mil personas. La mayoría de las construcciones mantienen el color triste del tabicón. Pocas están pintadas. Las calles, sin árboles ni jardineras, acentúan el panorama cenizo. Aquí hay 77 mil familias, de las cuales 16 mil son encabezadas por mujeres.

A lo largo de las avenidas principales –Alfredo del Mazo y Cuauhtémoc– hay negocios pequeños, con grafitis en las paredes. Entrando hay calles sin pavimento y llenas de polvo. El agua escasea y los habitantes de colonias que están cerca del canal La Compañía temen la temporada de lluvias. Aún recuerdan las inundaciones del año pasado.

Actualmente 30 por ciento de la población tiene entre 15 y 29 años de edad. Sólo 4.2 por ciento tiene más de 60. A diferencia de hace 25 años, cuando había dos escuelas primarias, ahora existen 325 instalaciones de educación básica y media superior. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), gran parte de los habitantes laboran en el Distrito Federal. Sus traslados duran hasta dos horas.

Para los ancianos el recuerdo de cómo levantaron sus casas y la forma en que llegaron los servicios en esta localidad, que se convirtió en el municipio Valle de Chalco Solidaridad en 1994, está siempre en sus pláticas. También recuerdan el 7 de mayo de 1990, día en que el papa Juan Pablo II estuvo en esta localidad, cuya pobreza “ya la había puesto de moda” el entonces presidente Carlos Salinas.

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Ángel y su esposa Apolonia trabajaron en los comités de Solidaridad del Pronasol para organizarse y obtener servicios. Sentado en la entrada de su negocio de hojalatería, platica, y ella escucha y asiente. “La calle se pavimentó hasta 2000, y hubo agua y drenaje en 1993. Todos salíamos a chambear, a aportar trabajo, ideas, para que no se hiciera mal uso de los recursos. Fui presidente del comité de guarniciones y banquetas.” El programa iba muy bien, “pero de 2000 para acá hubo estancamiento, atraso social y económico”.

Para Ángel, el principal problema “es la inseguridad, pues hay grupos asaltando. Andan en motos. Si camina por la calle, le quitan el bolso. Dicen que hay personas, yo no las he visto, que son de La Familia. Que llegan a los negocios y quitan el dinero. Ésa es otra inseguridad”.
La mayoría de los habitantes del municipio trabajan en el Distrito Federa

De acuerdo con los datos más recientes del Inegi, 332 mil familias habitan en el municipioFoto Jesús Villaseca
No hay orden en las calles. “En las avenidas no hay parada para los camiones. Se detienen donde quieren y hay un montón de tierra en las banquetas. Todo eso lleva a la inseguridad. Entre sábado y domingo hay muchas calles cerradas por fiestas, pues los vecinos las hacen ahí. Eso me parece mal.

“Me defiendo en el negocio cuando hay trabajo. Me apuro. Cuando no, tengo que descansar.” Sus jornadas laborales, de 12 horas, apenas le dejan tiempo para ver la televisión en la noche y dormir un rato. “No han sido suficientes para vivir sin carencias.”

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En las narraciones de los habitantes aparecen historias de inseguridad, muertes y secuestros. A mediados de febrero fueron encontrados los cuerpos de dos mujeres jóvenes en la zona ejidal de la colonia Guadalupana. Eran habitantes del municipio.

Una trabajadora de la unidad de bomberos comenta que en un mes se hallaron 120 cuerpos en calles y canales. Esa información no pudo ser confirmada por el área de comunicación social del municipio, “porque esa área no le corresponde.

“Todos los días hay muertos, ejecutados. Parte del problema es la falta de trabajo para los jóvenes. Muchos no hacen nada. La administración pasada (del PRD) fue la que dejó inseguridad. Venden drogas como si fueran dulces. A esto se agrega la pobreza, la falta de recursos económicos”, afirma la trabajadora.

Albino tiene 62 años. Llegó a la colonia Xico en busca de un lugar seguro y tranquilo para vivir. Al principio no había servicios. Luego llegaron, pero “seguimos siendo pobres. Ahora es peor, pues hay robos y violencia. Dicen que esto es en todo el país. Lo que nos ha pasado a amolar es que no hay trabajo. Ahora se han empezado a encontrar muertos. Cerquita mataron a un vecino y otro está en la cárcel, porque era secuestrador. Raptaron al dueño de un verificentro de Tláhuac”.

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Rosario vive en Xico uno. Es una colonia vieja, de las primeras que se fundaron, hace casi 30 años. De seis hijos que tiene, uno vive con ella en los dos cuartos que componen su casa. Otro vive en la parte de atrás, con su familia, en otras habitaciones. En estos barrios, que los hijos vivan con sus padres es algo común. Llegan a vivir hasta cinco familias en una casa.

Su hijo Toño está enfermo de diabetes y no tiene Seguro Social. “Cuando se queda sin medicamento guarda silencio. No me demuestra que está mal, pero me doy cuenta. Él y yo dependemos de esto”, dice, y señala las verduras y frutas que comercia. “Ayer vendí 120 pesos. Debo predial, agua y luz. El teléfono es un lujo. Para la comida diaria vamos pasándola.” Un día su comida fue pollo. Los demás, verdura, frijoles, arroz y huevo. “No recibimos ayuda de nadie. Mi marido vive con otra señora. Me quiere quitar la casa.”

Su rostro moreno, cubierto de arrugas, enfatiza el enojo y la desesperación. En la pequeña tienda que tiene en su casa, que atiende las 24 horas, vendía mucha cerveza, pero ya no. “El sábado en la noche llegaron unos tipos en un carro para comprar botellas, pero se las llevaron sin pagar. Fueron 120 pesos.”

Mientras espera que alguien se acerque a comprar, afirma que la gente llega a platicar con la misma queja: “Todo está caro. No alcanza el dinero. Es el mismo lamento”.

–¿Cuál fue su mejor época?

–Ninguna –responde.

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