Ese Querétaro no volverá

Un Paseo Por Querétaro

José Félix Zavala

Cada 25 de julio la ciudad de Querétaro recuerda los años de su fundación, basado este acontecimiento en la tradición oral, o como dice Enrique Florescano en la “Memoria indígena”, o también dicho de otro modo, en “La Costumbre” de los pobladores inmemoriales de esta ciudad, que ahora es capital del estado de Querétaro y que durante la intervención occidental perteneciera a La Alcaldía Mayor de Jilotepec, después fuera ella misma, La Alcaldía Mayor de Querétaro y posteriormente, Corregimiento de Letras, perteneciente entonces a la Nueva España.

De esta tradición oral, (documentada en parte, en las Crónicas de Michoacán, escritas por el fraile Pablo Deumont, que a su vez las tomara de la “Relación de Méritos y Servicios” del indio cacique Nicolás de San Luis Montañés), nace la resistencia indígena queretana, en la danza de Los Concheros, por la que se mantienen ritos, costumbres, oratorios y dignidad de un pueblo vencido temporalmente.

Esta tradición es la famosa batalla del Sangremal, realizada el 25 de julio de 1531, según la tradición y donde una Cruz brillante y un Santiago Matamoros, aparecidos en el cielo durante el encuentro, imponen la paz.

Leyenda que a su vez no es otra cosa que la manifestación no escrita, de una conquista pacífica o un rendimiento no cruento de los habitantes de esta ciudad, encabezados por el cacique Conín y narrada desde el punto de vista de los Chichimecas.

Es la tradición oral quien asegura el mejor documento y la mejor fuente para la historia y su objetividad, en la fundación del pueblo de indios de Santiago del Juego de Pelota o de Querétaro, que a su vez en su nuevo nombre queda inscrito su mestizaje, porque lo lleva dicho en lengua de Castilla y en lengua purépecha para siempre.

Estos pueblos de frontera entre la Gran Chichimeca y Mesoamérica, habitantes inmemoriales de estas tierras, fueron invadidos y reducidos, por los europeos con fines de servicio o extinción, – situación de desgracia que no ha cambiado hasta la fecha -, y sobre todo sin ver que en esta actitud, iba y va aún, un crimen de lesa humanidad, además de la muerte de una civilización única y excepcional, como pocas ha dado la humanidad y de la que occidente no ha rendido cuentas al mundo todavía.

La “Relación” de Hernando De Vargas, por el contrario y atenido a los hechos prácticos de fundaciones de conquista, nos señala tres momentos distintos en los que se fue dando la fundación de Querétaro.

Al frente de esta “fundación religiosa y pacífica”, como se dio en Querétaro, estuvo el indio cacique de origen otomí nacido en Copala llamado Conín y es de suponerse que ya habitaban los chichimecas originarios en la zona de la llamada Cañada y valle de Querétaro y que a partir del “rendimiento” o cristianización de Conín, comenzaron el vasallaje por parte de los residentes de la región a los españoles, quedando sujetos políticamente al pueblo de Jilotepec.

Un primer intento de fundación española, según esta “Relación Geográfica” se dio por el año de 1531 en el lugar mismo de la Cañada. Otro intento se dio por el año de 1537 en el lugar que ahora conocemos como la ex Hacienda de Carretas. El último y definitivo intento de fundación (occidental) según Hernando de Vargas, por 1550.

Tomando como referencia de certeza, el día que “trazó” la fundación española a “cordel y en forma de tablero de ajedrez”, según decir del encomendero de Acámbaro.

Esta traza se hace en la parte baja de la loma, según la transcripción del mencionado documento, -tomado de Primo Feliciano Velázquez, visto en sus “Documentos para la Historia de San Luis Potosí”- donde se menciona ser un 25 de julio, fiesta del apóstol Santiago El Mayor, el día señalado para la fundación y en el lugar donde se encuentra entre la Plaza de Armas y El Convento Grande de San Francisco.

La tradición oral o la hermosa leyenda que sirvió a nuestros antepasados para guardar la “memoria indígena”, nos cuenta que Santiago Matamoros, el guerrero invencible de los españoles, se apareció en la batalla, cuerpo a cuerpo, que libraban los habitantes de esta región contra el invasor, también que brilló una cruz junto a Santiago y la voz que se escuchó fue la de “El es Dios”, grito de reconocimiento y solidaridad, entre los nativos de esta tierra hasta la fecha, todo esto durante el fragor de la batalla y el marco de un cielo relumbrante.

El signo de la cruz, parte de su cosmogonía prehispánica, fue el que los Chichimecas escogieron como distintivo para su pueblo, lo llamaron “por siempre jamás” La Santa Cruz De Los Milagros, dejando para los españoles el patrocinio del Señor Santiago, nombre cristiano conque bautizaron al pueblo “fundado” por ellos, llamándose en un mestizaje incipiente, Santiago del Juego De Pelota, dicho por los otomíes, los tarascos y los mexicas en sus diferentes lenguas: Andamaxei, Tlaschco o Querétha-ro.

Sobre la Loma del Sangremal se levanta desde entonces “la primera ermita” al nuevo Dios en el nuevo Querétaro, y en él se conservó durante muchos años “La Santa Cruz de los Milagros”, al paso del camino a México Tenochtitlan, se le decía a este paso de vereda “el humilladero”.

Mandaron esculpir los chichimecas una cruz semejante a la “vista” en el cielo, el día de la batalla, a un tal Juan De La Cruz, desde luego en cantera queretana, del cerro de Pathé, cerro que mira de frente a la loma, no aceptando una réplica de madera que se les ofrecía, sino solo de la cantera nacida de los montes de esta tierra, como manifestación clara de la nueva forma de representación de la divinidad que habita en los cuatro vientos y que pasaba a ser de su propiedad.

Cruz que fue santa y milagrosa desde su origen, dejando así entrever con la veneración rendida desde entonces a este signo, cada septiembre, época de la fiesta de la recolección en Querétaro, entre danzas y ritos, de cultura estrictamente locales y prehispánicos.

Fue la forma de resistencia al dominio extranjero y la manera de perpetuarse mediante el mito y la repetición de este, en la historia, que ya no podrían escribir en sus libros de “pinturas”, como llamaron los españoles a los códices mesoamericanos y que eran sus fuentes primarias de memoria histórica, canceladas por los europeos.

Ya habían dejado “escondidos” los chichimecas a sus “dioses”: El Sol, La Luna y El Agua, en la Iglesia Chiquita de La Cañada, con cuatro aves y un gran felino, en el llamado “aseguramiento”, este lugar e iglesia fue en la región, el primer templo levantado al nuevo Dios y la primera forma de mantenerse como pueblo en resistencia o sincrético.

La Loma del Sangremal actualmente.

En la cima del cerro del Sangremal, -que después se convertirá en el barrio de La Loma y posteriormente se dividiría en los barrios indios de La Cruz y San Francisquito, – está un cúmulo de monumentos e historia de este pueblo queretano que ha logrado, no sin dificultad, erigir después de mas de 450 años de resistencia, en el atrio y frente a la capilla de indios o de la Asunción, ubicada al costado del templo del Colegio de Propaganda Fide, un monumento a Los Concheros o al rito chichimeca, en pleno cumplimiento de “La Costumbre”, culto netamente autóctono.

En medio del barrio de San Francisquito se pueden encontrar hasta la fecha los oratorios indígenas donde se realizan los ritos, las curaciones y la celebración a los “antepasados”, en medio de un gran respeto por parte de los moradores de las casas donde éstos se encuentran

En el descenso de La Loma, donde parten las actuales calles de Carranza e Independencia, se levanta el monumento realizado por el escultor Abraham González, a Santiago Matamoros, con quien comparten los chichimecas y otomíes, el nombre de la ciudad, como se compartió casi desde un principio el territorio, con los españoles, quedando asentados los indios en la Loma del Sangremal y en la plaza de abajo, ahora Plaza de Armas, los españoles avecindados en los primeros años de la fundación del pueblo de indios, Santiago de Querétaro.

Actualmente, también se han erigido los monumentos a sus fundadores en la llamada “Plaza de la fundación” y son: Al indio cacique y primer gobernante de esta ciudad, Fernando de Tapia, Conín, al indio cacique Nicolás de San Luis De Montañés, a los frailes franciscanos, en la persona de Fray Jacobo Daciano y a los conquistadores españoles en Juan Sánchez de Alanís.

En el Jardín de La Cruz, se encuentran los monumentos a dos misioneros, ilustres frailes franciscanos, en testimonio de reconocimiento a que de este Colegio de Propaganda Fide, (primero muchos otros en América) salieron junto con otros muchos frailes a la conquista espiritual del nuevo mundo como lo llamaron los europeos.

Eran Fray Margil De Jesús, quién partió al sur y Fray Junípero Serra, que después de dejar las famosas cinco “misiones” en la Sierra Gorda, (donde hay que recordar que casi al mismo tiempo de su creación se exterminó a los pueblos Jonaces, por el genocida Capitán José de Escandón), se internó en las Californias, al norte de la Nueva España.

En la parte posterior del llamado Convento de la Cruz, se encuentra el Panteón De Los Hombres Ilustres, antiguo panteón de pobres, donde se encuentra la Capilla de Dolores, el Mausoleo a la Corregidora de Querétaro, Josefa Ortíz de Domínguez, la estatua del constructor del Acueducto, Antonio Urrutia y Arana, marqués de la Villa del Villar del Aguila, a Doña Josefa Vergara, a Juan Caballero y Osio, a Epigmenio González, a Ignacio Pérez, a Félix Osores, entre otros varios destacados queretanos.

En esta misma loma se encuentra la ciudadela o centro civilizador de primerísima importancia para los conquistadores europeos, como lo fue el Colegio de Propaganda Fide, creado a finales del siglo XVll, 1683, por cédula real de Carlos ll y de donde salieron cinco fundaciones mas de colegios de propaganda de la fe, como el de Zacatecas, Pachuca, México o Guatemala.

Tiene esta ciudadela y fortaleza un templo y capilla imponentes por su tamaño y diseño, unas torres de dos cuerpos rematadas por una cúpula y un cupulín, respectivamente, copeteado por una cruz. Es un inmenso convento con varios patios, corredores, entre ellos “El patio de aguas”, el patio de entrada, con su fuente, grandes y majestuosas escalinatas, maravillosos contrafuertes, una cocina conventual de gran ingenio y una inmensa huerta.

Además, está la tradición del “Árbol de las cruces” donde según la leyenda floreció el bastón de Fray Margil de Jesús y los frutos de este bastón-árbol son las espinas en forma de cruz que se dan casi exclusivamente en este lugar y son llevadas como reliquias por los visitantes.

Este Convento también sirvió de cuartel y prisión al Príncipe extranjero Maximiliano de Habsburgo, aquí se recibían en la alberca, las aguas venidas de La Cañada, por el acueducto, para surtir a la ciudad, entre otros muchos acontecimientos sucedidos en este monumental edificio.

Es importante resaltar que desde el cacicazgo de Conín o Fernando de Tapia y de su hijo, Diego de Tapia, se dio el mecenazgo de estos gobernantes primeros de Querétaro y se construyeron por su iniciativa y dinero el Convento Grande de San Francisco, toda una ciudad en si misma y un centro civilizador occidental y, además, mandó construir el Monasterio y templo de Santa Clara que además fue muy suntuoso y de los más grandes y ricos de la Nueva España, creado expresamente para dar albergue a la hija del cacique queretano, la india María Luisa.

Que la tradición oral de la forma en que sucedió la conquista “pacífica” y la fundación de Querétaro y su leyenda hermosa, han sido una constante, – no solo desde el siglo XVlll, donde Sigüenza y Góngora lo relatan o en las crónicas de Isidro Félix De Espinosa-, como unos afirman, sino desde la fundación misma de la ciudad, dado que la Cruz de los Milagros había estado en un humilladero en la loma del Sangremal, después en la ermita del Calvarito y luego en el Convento de San Buenaventura, preámbulo del Colegio de propaganda Fide y quedó consignada en el escudo de Armas dado cien años después de la fundación a la ciudad por el rey Carlos V.

68 periodistas mexicanos asesinados en los últimos seis años en México

CNDH: en seis años han asesinado a 68 periodistas en México

Gloria Leticia Díaz

(apro).

– En los últimos seis años se han registrado 68 homicidios de periodistas, 13 desapariciones y 21 atentados contra medios de comunicación, informó hoy la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
En un comunicado con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el organismo propuso la creación de un Observatorio en Materia de Periodistas, Comunicadores y Medios de Comunicación, encaminada a “identificar situaciones urgentes y patrones de violaciones a sus derechos humanos, así como llevar a cabo políticas públicas regionales”.
El organismo informó que de marzo de 2005 a marzo de 2011 el Programa de Agravios a Periodistas y Defensores Civiles de Derechos Humanos, la CNDH radicó 473 expedientes de queja.
La CNDH hizo un llamado a las autoridades para que “actúen con eficiencia en la defensa y protección de quienes ejercen las libertades de prensa y expresión”; y exigió el esclarecimiento de los agravios a los periodistas.
De acuerdo con el informe de la CNDH, la violencia contra los periodistas se disparó en 2006, año en el que fueron asesinados 10 comunicadores, para bajar a cuatro en 2007, y volver a incrementarse en 2008, año en el que se registraron 10 homicidios, mientras que en 2009 fueron 12; en 20010, se registraron 9, y en lo que va del año, dos asesinatos de periodistas.
En su comunicado la CNDH indica una tendencia estable de reportes de quejas de violaciones a derechos humanos contra los periodistas. Mientras en 2005, el número de denuncias fue de 72, en los años subsecuentes la cifra fue incrementándose, a 74, en 2006; en 2007, fueron 84; en 2008 fueron 80; en 2009, la cifra fue de 83, y la en 2010 disminuyó a 69 quejas. En lo que va de este año, la CNDH ha recibido 11 quejas.
Por otra parte en un comunicado conjunto, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, y la directora de la UNESCO, Irina Bokova, informaron que en los últimos diez años 500 periodistas fueron asesinados en el mundo, de los cuales 60 ocurrieron en 2010.
Las funcionarias y el secretario general de la ONU hicieron un llamado a las autoridades de los Estados para “no escatimar esfuerzos para combatir la impunidad y proteger a los periodistas”.
Alertaron que cada semana hay reportes de periodistas y blogueros que son objeto de intimidación y actos violentos, por lo que hicieron un llamado a no olvidar “el coraje de los que pagaron con su vida nuestro derecho a saber”.
En el comunicado conjunto, indicaron que cada día surgen nuevas amenazas que “se alían con formas clásicas de restricción e imponen formidables obstáculos a la libertad de expresión. Cada día aparecen nuevas medidas para bloquear, filtrar y censurar la información. Esos obstáculos adoptan rasgos diferentes, pero a la postre ocultan siempre un mismo rostro: el de la violación de un derecho humano fundamental”.
A 20 años de que se eligiera el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa, los directivos de la ONU exhortaron a los gobiernos miembros a “hacer frente común con la Naciones Unidas para garantizar y promover la libertad de expresión en los medios escritos, en las ondas y en internet”.

E. Sabato, antes de que se olvide del todo

Acordarse de Sabato

ANDRÉS NEUMAN

Al conocer la noticia de la muerte de Ernesto Sabato, que me causa ese paradójico asombro de lo esperable, trato de pensar en mis recuerdos vinculados a él. Todos ellos son posteriores a la publicación de sus obras maestras. Este pequeño abismo cronológico juega también su papel en el discurso de la memoria.

Fallece el escritor argentino Ernesto Sabato

“Me llamo Ernesto…”

Desde la soledad y la utopía

El hombre que se reunía con los anónimos

Ernesto Sábato Ferrari

Nacimiento: 24-06-1911 Lugar: Rojas, Buenos Aires

Ernesto Sabato fallece a los 99 años de edad

El escritor argentino Ernesto Sabato murió en la madrugada de este sábado (hora local) a los 99 años de edad en su residencia de Santos Lugares. El autor, pilar esencial de las letras argentinas del siglo XX, iba a ser homenajeado este domingo en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires en su cumpleaños número 100.

En un principio, trágicamente equivocado, saludó el golpe militar

1. Me recuerdo leyendo, a los 16 años, una supuesta anécdota en que Sabato destruye, o fantasea con destruir, el laboratorio donde trabaja. Esta imagen concentra la postura purificadora que el autor mantuvo con respecto a los grandes fenómenos sociales. Como si, ante determinados dilemas científicos, políticos o estéticos, Sabato hubiera experimentado la desesperación de carecer de una respuesta absoluta, definitiva, sagrada. Esta carencia, que mi generación parece haber heredado con alivio, fue interpretada por Sabato como una suerte de decadencia colectiva. Horas después, busqué El túnel. Y allí creí encontrar un refugio para mis tribulaciones adolescentes, acaso tan imaginarias como la destrucción del laboratorio.

2. Me recuerdo descifrando, un par de veranos más tarde, con devoción existencialista y cierto entusiasmo por la dificultad, Abaddón el exterminador y Sobre héroes y tumbas. De la primera (que en realidad es la última) retengo poco. Su fragmentariedad ha hecho que cada pieza tienda a ser absorbida por el corpus de su autor: ahí un fantasma, allá una reflexión, por todas partes el Mal como entidad casi orgánica y, a su modo, incontaminada. De la otra novela, en cambio, conservo numerosas conmociones: el tormento autocontemplativo de Martín, la fascinación destructora y destruida que ejerce Alejandra (y que, como toda la obra de Sabato, ha envejecido rápido desde una perspectiva de género), las conspiraciones alucinadas del Informe sobre ciegos. Me pregunto hasta qué punto podría leerse todo ello en clave nacional: la autocontemplación histórica, la violación familiar, la conspiración interna.

3. Me recuerdo subrayando con náuseas el informe Nunca más, elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. El informe detalla, con escalofriante precisión, la metodología de tortura del régimen militar. Pero el prólogo de Sabato opera, en alguna medida, en sentido contrario: proyectando un resplandor de horror tan generalizado que la conclusión es de una cierta vaguedad. En su prólogo, Sabato denuncia sin ambages ni atenuantes (es justo recordarlo) el arrasamiento sistemático de los derechos humanos que llevó a cabo la dictadura. Pero las insistentes alusiones al infierno, así como a abstractas fuerzas del mal, omiten que otros seres más concretos, muchos ciudadanos argentinos, habían deseado, pedido y hasta saludado el golpe militar. Entre ellos, sin saber qué sucedería después, trágicamente equivocado, había estado Ernesto Sabato.

4. Me recuerdo contemplando las fotos de la cena que, el 19 de mayo de 1976, dos meses después del golpe de Estado, ofreció el general Videla a diversos intelectuales argentinos. Sabato y Borges protagonizan varias de esas fotografías. Según declararía a la prensa, Sabato encontró a Videla respetuoso, inteligente y culto. De acuerdo con las crónicas, primero bebieron whisky, jerez y jugos. El menú posterior fue, al parecer, sobrio.

5. Me recuerdo saludando a Sabato una mañana, por casualidad, en Madrid. Él realizaba su último viaje transatlántico, que inspiraría el libro España en los diarios de mi vejez. Me lo crucé a la entrada del hotel Suecia. Lo detuve y le dije: “Es un honor verlo”. Sabato, aquejado de sordera, me pidió que se lo repitiese. “Es un honor verlo”, insistí. Como Sabato no escuchaba, su acompañante le pronunció mi frase al oído. “Ah”, exclamó Sabato risueño, “¡yo le había entendido no sé qué de un horno!”. En ese instante recordé que, en lunfardo, horno significa infierno. Ningún gran escritor pasa a la historia a través del horno ni del honor. Las contradicciones, los claroscuros, las rectificaciones, los retratan con lealtad. Un ser humano es eso. Lo otro es su estatua.

Andrés Neuman es escritor. Su última novela es El viajero del siglo (premio Alfaguara y premio de la Crítica).

“Mandar matar” oficio de unos cuantos

La muerte de Bin Laden

Un guerrero superado por la historia

Robert Fisk

El FBI anunció en su página de Internet que el líder de Al Qaeda está muerto

Un don nadie de mediana edad, un fracasado político, rebasado por la historia –por los millones de árabes que exigen libertad y democracia en Medio Oriente–, murió en Pakistán este domingo. Y el mundo enloqueció. No bien había salido de presentarnos una copia de su certificado de nacimiento, el presidente estadunidense apareció en medio de la noche para ofrecernos en vivo un certificado de la muerte de Osama Bin Laden, abatido en una ciudad bautizada en honor de un mayor del ejército del viejo imperio británico. Un solo tiro en la cabeza, nos dicen. Pero ¿y el vuelo secreto del cuerpo a Afganistán, y el igualmente secreto sepelio en el mar?

La extraña forma en que se deshicieron del cuerpo –nada de santuarios, por favor– fue casi tan grotesca como el hombre y su perversa organización.

Los estadunidenses estaban ebrios de alegría. David Cameron lo llamó “un enorme paso adelante”. India lo describió como “un hito victorioso”. “Un triunfo resonante”, alardeó el primer ministro israelí Netanyahu. Pero, luego de 3 mil estadunidenses asesinados el 9/11, incontables más en Medio Oriente, hasta medio millón de víctimas mortales en Irak y Afganistán y 10 años empeñados en la búsqueda de Bin Laden, oremos por no tener más “triunfos resonantes”.

¿Ataques en represalia? Tal vez ocurran, de los grupúsculos en Occidente que no tienen contacto directo con Al Qaeda. A no dudarlo, alguien sueña ya con una “brigada del mártir Osama Bin Laden”. Tal vez en Afganistán, entre los talibanes. Pero las revoluciones de masas de los cuatro meses pasados en el mundo árabe significan que Al Qaeda ya estaba políticamente muerta. Bin Laden dijo al mundo –de hecho me lo dijo en persona– que quería destruir los regímenes pro occidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubaraks y los Ben Alís. Quería crear un nuevo califato islámico. Pero en estos meses pasados, millones de árabes musulmanes se levantaron, dispuestos al martirio, pero no por el islam, sino por democracia y libertad. Bin Laden no echó a los tiranos: fue la gente. Y la gente no quería un califa.

Tres veces me reuní con el hombre y sólo me quedó una pregunta por hacerle: ¿qué pensaba al observar cómo se desenvolvían esas revoluciones este año, bajo las banderas de naciones, más que del islam, cristianos y musulmanes juntos, personas como a las que sus hombres de Al Qaeda les encantaba reventar?

A sus ojos, su logro fue crear Al Qaeda, institución que no tenía tarjeta de membresía. Bastaba levantarse una mañana queriendo ser de Al Qaeda, y ya lo era. Él fue el fundador, pero nunca un guerrero en batalla. No había una computadora en su cueva, ni hacía llamadas para que detonaran las bombas. Mientras los dictadores árabes gobernaban sin que nadie les hiciera frente, con nuestro apoyo, evitaron hasta donde les fue posible condenar la política de Washington; sólo Bin Laden lo hacía. Los árabes nunca quisieron estrellar aviones en altos edificios, pero admiraban al hombre que decía lo que ellos querían decir. Pero ahora, cada vez más, pueden decirlo. No necesitan a Bin Laden. Se había vuelto un don nadie.

Hablando de cuevas, la desaparición de Bin Laden arroja una luz sombría sobre Pakistán. Durante meses, el presidente Alí Zardari nos había estado diciendo que Osama vivía en una cueva en Afganistán. Ahora resulta que vivía en una mansión en Pakistán. ¿Traicionado? Claro que sí. ¿Por los militares o por los servicios de inteligencia de Pakistán? Es muy probable que por los dos. Pakistán sabía dónde estaba.

Abbottabad no sólo es hogar del colegio militar de ese país –la ciudad fue fundada por el mayor James Abbott del ejército británico en 1853–, sino también cuartel de la segunda división del cuerpo del ejército del norte. Apenas hace un año busqué una entrevista con uno de los “criminales más buscados”, el líder del grupo responsable de las masacres de Bombay. Lo encontré en la ciudad paquistaní de Lahore, resguardado por policías paquistaníes armados con ametralladoras.

Desde luego, hay una pregunta de lo más obvia sin respuesta: ¿no podrían haber capturado a Bin Laden? ¿Acaso la CIA o los Seals de la Armada o las fuerzas especiales o cualquier cuerpo estadunidense que lo haya matado no tenía los medios para arrojarle una red al tigre? “Justicia”, llamó Barack Obama a esta muerte. En los viejos tiempos “justicia” significaba proceso debido, un tribunal, una audiencia, un defensor, un juicio. Como los hijos de Saddam Hussein, Bin Laden fue muerto a tiros. Claro, él jamás quiso que lo atraparan vivo… y había sangre a raudales en la habitación donde murió.
Pero un tribunal habría preocupado a muchas más personas que a Bin Laden. Después de todo habría podido hablar de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán o de sus acogedoras reuniones en Islamabad con el príncipe Turki, jefe de la inteligencia de Arabia Saudita. Así como Saddam Hussein –quien fue juzgado por el asesinato de sólo 153 personas y no por los miles de kurdos gaseados– fue ahorcado antes de que tuviera oportunidad de contarnos sobre los componentes del gas llegados desde Estados Unidos, sobre su amistad con Donald Rumsfeld o la asistencia militar que recibió de Washington cuando invadió Irán, en 1980.

Resulta extraño que Bin Laden no fuera el “criminal más buscado” por los crímenes internacionales de lesa humanidad del 11 de septiembre de 2001. Ganó su estatus del viejo oeste por ataques anteriores de Al Qaeda a embajadas de Estados Unidos en África y al cuartel del ejército de ese país en Durban. Siempre estaba a la espera de los misiles de crucero… también yo cuando me reuní con él. Había esperado la muerte antes, en las cuevas de Tora Bora en 2001, cuando sus guardaespaldas se negaron a dejarlo presentar resistencia y lo obligaron a cruzar a pie las montañas hacia Pakistán. De seguro pasó algún tiempo en Karachi; estaba obsesionado con esa ciudad: hasta me dio fotografías de grafitis de adhesión a su causa en los muros de la antigua capital paquistaní, y elogiaba a los imanes locales.

Sus relaciones con otros musulmanes eran un misterio. Cuando me reuní con él en Afganistán, en un principio tenía miedo del talibán y se negó a dejarme ir a Jalalabad de noche desde su campamento: me entregó a sus lugartenientes de Al Qaeda para que me protegieran en el viaje al día siguiente. Sus seguidores odiaban a los musulmanes chiítas por herejes; para ellos todos eran dictadores e infieles, aunque Bin Laden estaba dispuesto a cooperar con los ex baazistas iraquíes contra los ocupantes estadunidenses de su patria y lo dijo así en una grabación de audio que la CIA típicamente pasó por alto. Nunca elogió a Hamas y apenas si era digno de la definición de “guerrero sagrado” que ese grupo le dedicó este lunes, la cual llegó, como de costumbre, directamente a manos israelíes.

En los años posteriores a 2001, tuve una débil comunicación indirecta con Bin Laden. Una vez me reuní con uno de los socios en los que confiaba en Al Qaeda, en una ubicación secreta en Pakistán. Escribí una lista de 12 preguntas, la primera de las cuales era obvia: ¿qué clase de victoria podía proclamar, cuando sus acciones condujeron a la ocupación por Washington de dos naciones musulmanas? Durante semanas no hubo respuesta. Luego, un fin de semana, cuando esperaba para dar una conferencia en San Luis Misuri, en Estados Unidos, me dijeron que Al Jazeera acababa de difundir una nueva cinta de Bin Laden. Y una a una –sin mencionarme– contestó mis 12 preguntas. Y sí, quería que los estadunidenses fueran al mundo musulmán… para así poder destruirlos.

Cuando Daniel Pearl, periodista del Wall Street Journal, fue secuestrado, escribí un largo artículo en The Independent, en el que suplicaba a Bin Laden que le salvara la vida. Pearl y su esposa me cuidaron cuando fui golpeado en la frontera afgana, en 2001; él incluso me dio el contenido de su libro de contactos. Mucho tiempo después me dijeron que Bin Laden había leído mi reporte con tristeza. Pero Pearl ya había sido asesinado. O eso dijo Osama.

Las obsesiones de Bin Laden infestaron a su familia. Una esposa lo dejó, otras dos parecen haber muerto en el ataque estadunidense del domingo. Conocí a uno de sus hijos, Omar, en Afganistán, en 1994; estaba con su padre. Era un niño guapo y le pregunté si era feliz. “Sí”, me respondió en inglés. Pero el año pasado publicó un libro llamado Living Bin Laden, en el que, al describir cómo su padre mató a los perros que él amaba en un experimento de guerra química, lo llamó “un hombre malvado”. En ese libro también recordó nuestro encuentro, y concluyó que debió haberme dicho que no era un niño feliz.

Para el mediodía de este lunes ya había yo recibido tres llamadas telefónicas de árabes, todos seguros de que los estadunidenses mataron al doble de Bin Laden, igual que muchos iraquíes creen que los hijos de Saddam Hussein no perecieron en 2003, y que el propio Saddam tampoco fue ahorcado. A su debido tiempo, Al Qaeda nos lo dirá. Por supuesto, si todos estamos equivocados y era un doble, veremos un video más del verdadero Bin Laden… y el presidente Obama perderá la próxima elección.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Faustino Armendáriz J el nuevo obispo de Querétaro por Efraín Mendoza

Faustino Armendáriz

Efraín Mendoza Zaragoza

Dentro de seis semanas tomará posesión como octavo obispo de Querétaro don Faustino Armendáriz Jiménez. Relevará a un distante Mario de Gasperín Gasperín, que ejerció esa responsabilidad desde 1989, y a la que dimitió hace un año en acatamiento de una norma canónica que obliga a los obispos a poner a disposición su cargo al cumplir los 75 años.

El nuevo obispo tiene un perfil muy ad hoc para el Bajío, es de bajo perfil, de pensamiento conservador y se muestra proclive a llevar la fiesta en paz con las autoridades. Pertenece al primer círculo del Episcopado Mexicano. Es miembro del Consejo de Presidencia del organismo cúpula del clero, que encabeza el arzobispo de Talnepantla, Carlos Aguiar Retes, y del que es vicepresidente el queretano Rogelio Cabrera López.

Inclinado al estudio de las Sagradas Escrituras, igual que don Mario de Gasperín, el nuevo obispo de Querétaro inició su carrera eclesiástica en los días en que México se incorporaba a la órbita neoliberal, en 1982, de manos del arzobispo de Hermosillo, Carlos Quintero Arce, un clérigo notable en esos años por su identificación con las luchas políticas clasemedieras vinculadas al panismo y sus memorables gestas norteñas.

Muchos todavía recuerdan el discreto encuentro entre monseñor Quintero Arce, el entonces aguerrido panista Adalberto El Pelón Rosas y el cónsul norteamericano, en los días de la dictadura perfecta; tampoco olvidan muchos la irritación que provocó, más recientemente, el hecho de que entre las 34 cartas que la Guardería ABC presentó ante un juzgado para avalar el “buen comportamiento moral” de sus socios estaba precisamente una firmada por el hoy arzobispo emérito de Hermosillo.

Para aproximarnos al perfil doctrinario y al pensamiento político de Faustino Armendáriz, puede ser útil echarle un ojo a las circulares y comunicaciones que dirigió a su feligresía en 2010 y 2011, justo en los días difíciles de una “guerra estúpida” que ha ensangrentado a todo el país, pero de manera especial a Tamaulipas. En ese entorno, en lugar de meterse en problemas Armendáriz Jiménez optó por dedicarse al culto divino. Serán odiosas las comparaciones, no lo sé, pero baste con advertir la recia postura pastoral de obispos como el de Saltillo, Raúl Vera López, que acabó convirtiéndose en uno de los símbolos de la indignación por la tragedia de Pasta de Conchos. O de otros clérigos, como el padre Alejandro Solalinde, símbolo hoy de las luchas de los migrantes centroamericanos en su paso hacia Estados Unidos.

La realidad local prefirió tratarla por encimita. En el mensaje con el que recibió el año nuevo, después de un doloroso y convulso 2010, el obispo no arriesgó ningún diagnóstico sobre las causas de la violencia, como sí suelen hacerlo, por ejemplo, los obispos del sur, y planteó con timidez: “Nuestra mirada hacia el 2011 debe estar puesta, también, en la construcción de la paz, sobre todo en estos tiempos, en que nuestra vida se ha visto trastocada por la falta de ella y por las diversas situaciones que no nos dejan tener paz. De ahí la importancia de evangelizar a nuestras familias, para que ellas sean promotoras y constructoras de la paz”.

La inseguridad, acaso, aparece en su discurso como un desagradable inconveniente para que las peregrinaciones transcurran como antes. La violencia es explicada como una consecuencia de la “cultura de la muerte” y de la “falta de valores”. La misma explicación recibe, por ejemplo, el aborto. Y ante esos fenómenos opone su convocatoria a orar “para que esta situación pase pronto”.

Cuando se conoció la primera masacre de San Fernando, perteneciente a su diócesis, en agosto de 2010, así bordeó el asunto: “Los invito a que nos unamos en oración, pidiendo al Señor de nuestras vidas, acoja a estos hermanos que murieron asesinados, y dé pronto consuelo y resignación a los familiares. Así mismo pido que, junto con cada una de sus comunidades, celebren la Eucaristía de este día y los días subsiguientes, teniendo entre las intenciones de forma especial a los migrantes masacrados, quienes, con el afán de buscar una mejor calidad de vida, la perdieron en el intento. Oremos para que los responsables de buscar la seguridad de la población encuentren las estrategias adecuadas para que cese el derramamiento de sangre y toda violencia; además para que el Señor inspire caminos de bien a quienes la provocan”.

Y cuando se conoció la segunda masacre, apenas el pasado 8 de abril, el obispo tampoco arriesgó un diagnóstico de la violencia ni tocó las estructuras ni las decisiones que la desataron en el país. “Nos da tristeza constatar cómo la cultura de la muerte campea en las comunidades. Sin embargo seguimos confiando en el Dios de la vida y elevamos a Él nuestra oración para que realmente se implementen caminos de justicia, que es uno de los medios de consuelo para los familiares de las víctimas”, dijo. Por supuesto, en lugar de dirigirse a las instituciones y reclamar al Estado cumplan su función básica, clamó: “oramos también para que muy pronto se esclarezca éste y otros lamentables hechos contra la dignidad de la persona humana que tanto siguen lastimando a nuestras comunidades”.

Es más, hace tres meses la prensa local reportó que el obispo Armendáriz se dirigió a los familiares de los 30 mil asesinados en la guerra contra el crimen organizado y los llamó no a organizarse sino a otorgar el “perdón a los sicarios que les quitaron la vida” y sólo reiteró la vaga exigencia de rigor para que se “haga justicia”.

En zonas menos escabrosas, su discurso no sólo es desactualizado, está alejado de las mayorías que se mueven entre el catolicismo cultural, el escepticismo y el anticlericalismo. Cuando fijó su postura sobre las uniones homosexuales se limitó a reproducir el comunicado del Episcopado, por supuesto para rechazar el fallo de la Suprema Corte de Justicia, entre otras cosas, por llamarle “matrimonio” a tales uniones. Y cuando se refirió a los escándalos desatados por la revelación de abusos pederastas en la sacristía, se limitó a negar que tales hechos fueran a tener impacto negativo “en el interés de quienes desean dedicar su vida religiosamente”, pues “la fe y la devoción son llamados que solamente Dios hace a sus elegidos”.

Es evidente, monseñor Armendáriz prefiere otro tipo de causas. Las asistenciales, por ejemplo. Y si es de la mano del poder político, mejor. Por eso acudió solícito a la inauguración del Comedor para Pobres, en Valle Hermoso, apenas el 11 de abril, junto con el alcalde de ese lugar, Efraín de León. Igual que hizo dos meses atrás, el 12 de febrero, cuando sostuvo un encuentro con el alcalde de Río Bravo, Juan Diego Guajardo, durante una celebración litúrgica en una plaza pública.

Plantándose ante la realidad en estos términos es poco probable que la conducción pastoral del nuevo obispo entrañe novedades interesantes para Querétaro. Para Querétaro no en abstracto, para Querétaro y sus movimientos sociales, para Querétaro y su agenda ciudadana. Y no es problema de discurso, es problema de lectura de la realidad y de compromiso. En condiciones como ésta uno suele preguntarse cómo se produce el diálogo entre la institución católica y la mentalidad contemporánea, poco atenta a la prédica que se desentiende del mundo y sus dolencias. Los jóvenes, por ejemplo. ¿Hablarles de demonios e infiernos a los jóvenes cuando 51 de cada 100 no creen en los diablos; cuando 40 no creen en el pecado y 20 no creen en el alma? ¿Con qué discurso encarar la realidad cotidiana de los 550 mil hogares queretanos, cuando 108 mil de éstos son encabezados por mujeres solas?

Sin entrar a la discusión sobre el sentido contemporáneo de las instituciones religiosas, no hay que pasar por alto que en la última década la fuerza del catolicismo descendió 4 puntos porcentuales. De ahí que sea pertinente la reflexión del sociólogo Roberto
Blancarte: “mientras la Iglesia continúe con sus liturgias aburridas, mientras sus representantes no respondan a las necesidades de la gente, y mantengan sus críticas hacia el uso de anticonceptivos o del condón, o que la educación sexual es mala, la gente se va a alejar más y más”. Si en esa dirección se continúa, diremos con Blancarte, el catolicismo está destinado a ser abandonado. O seguiremos lamentándonos, como recientemente lo hizo el vocero diocesano Saúl Ragoitia, al recordar que si bien la mayoría de los queretanos se sigue diciendo católica, sólo el 14 por ciento es considerado practicante de su fe.

Ya habrá tiempo para ocuparnos de nuevo del tema, pero estaremos atentos para saber si las primeras palabras de Armendáriz, más allá de la bendición que la prensa local acogió con mucho fervor el 21 de abril, contendrán una definición sobre el papel que propone para la institución católica en las actuales circunstancias, sobre la necesaria distancia del poder, el acompañamiento de los movimientos sociales y la agenda ciudadana. ¿Se atreverá el nuevo obispo a convocar al segundo sínodo diocesano para poner al día a la institución, de cara a las exigencias del siglo? Habrá que recordarle que el primero y único ejercicio colegiado que ha hecho la institución en casi 150 años fue en el lejanísimo 1943. De entonces acá en Querétaro ha llovido intensamente. Dudo que lo anuncie, pero ojalá y nos contradiga cuando decimos que el suyo es un perfil muy ad hoc para el Bajío.