El habla humana en el tiempo

La lengua tiene 50.000 años

El País

Las últimas investigaciones apuntan a que el habla humana, no la transmisión de ideas por medio de gruñidos, sonidos o mímica, sino el lenguaje tal como hoy lo entendemos, tiene entre 50.000 y 100.000 años de antigüedad. La lingüística solo le daba unos 9.000 años de historia, y al gran tronco indoeuropeo, al que pertenecen el español, el catalán y el gallego, apenas 6.000.

Todo esto significa que no fue el homo sapiens sapiens -el ser humano actual que apareció hace unos 10.000 años- el primero en poseer el lenguaje, sino que ya el homo habilis, sucesor hace 100.000 años del homo erectus, se hacía comprender por algo más que gestos. Lo que sí hubo de esperar a los últimos milenios de nuestra era fue la escritura, que es la que ha permitido guardar testimonios escritos de ese pasado lejano.

Y ha sido un biólogo, el neozelandés Quentin D. Atkinson, de la Universidad de Auckland, quien ha llegado a esa conclusión, no a partir de palabras enteras, sino por el estudio de fonemas -sonidos con vocales y consonantes- en lenguas todavía existentes.

El lenguaje se originó, según el investigador, en el suroeste de África, en la zona en la que se data también la transformación de antropoides en homínidos y, eventualmente, en seres humanos. Y con el nacimiento de la agricultura -eso sí que no hace más de 10.000 años- el habla viajó por todos los continentes hasta convertirse en las 7.000 lenguas que se conservan en el planeta.

Ese fue el comienzo de una larga historia que engendró literaturas universales, aseguró su mantenimiento y multiplicación por medio de la imprenta a partir del siglo XV y ha conocido su último avatar con Internet.

La aparición del lenguaje -lo que no pudo ser cosa de un lunes para un martes- dio al ser humano el dominio de la naturaleza, del reino animal e, inevitablemente, el establecimiento de jerarquías de dominio entre los de su misma especie.

Al comenzar a hablar, el ser humano aprendía a codificar y transmitir la cultura, por primitiva que esta fuera. Así había nacido el mundo.

FE DE ERRORES
La especie Homo sapiens sapiens tiene más de 100.000 años y no 10.000 como se decía en ‘El acento’ publicado el día 19. Y el Homo erectus sucedió al Homo habilis hace unos dos millones de años.

Invitan a participar de diferentes formas en la manifestación del domingo 8 de mayo en “Ya estamos hasta la madre”

Insta Sicilia a colocar emblemas blancos en autos y casas
José Gil Olmos

(apro)

.- El poeta Javier Sicilia hizo un llamado a obreros, campesinos y empresarios a manifestarse el próximo domingo, de manera silenciosa, de Ciudad Universitaria al Zócalo capitalino en reclamo del retorno de la paz en el país.

En un mensaje por las redes sociales, el escritor también pidió a la ciudadanía que si no puede acudir a la marcha, entonces coloque distintivos blancos en autos, casas, negocios, o incluso vista prendas de ese Color este domingo 8, como una señal de respaldo a la manifestación por la paz y la justicia en México.

A dos días de que comience su marcha en Cuernavaca, Morelos, a la que se han sumado grupos de distintas entidades, e incluso migrantes centroamericanos, Sicilia emitió un mensaje en Internet en el que exhorta a la sociedad a participar en la protesta nacional.

“Que salgan los obreros a la calle, ustedes que son la dignidad de esta nación, sin la cual no hay relaciones ni productividad. Que salgan a buscar esta paz porque a ustedes también los están destruyendo. Invitamos también a los empresarios, a los campesinos, a todos porque esta guerra es contra todos y tenemos que pararla para reconstruir esta paz sin la cual no hay familia, no hay país”, advirtió el poeta.

En otro de sus mensajes precisa que la marcha será nacional y silenciosa y que sólo busca restaurar la paz y la justicia en el país.
“Que nos escuchen todos, las autoridades y los criminales. No queremos más esta violencia”, exigió Sicilia.

“La paz tiene que ser exigida por todos, si no hay esta paz, el país se nos va de las manos, se va a este infierno que ya empezamos a vivir”, resaltó el poeta a quien le mataron a su hijo Juan Francisco, el 27 de marzo pasado, en Morelos.

De acuerdo con los organizadores de la marcha, hasta el momento se tienen confirmadas réplicas en 37 ciudades de todo el país y 22 de Estados Unidos, América Latina y Europa.

Precisaron que para la salida desde Cuernavaca, ya confirmaron contingentes de Guerrero, Puebla, Chiapas y Oaxaca, además de representantes de 170 organizaciones de derechos humanos y trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Las campanas y las torres de la Catedral de México

TORRES y CAMPANAS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO

No sabemos el fin que tendría la primera campana que hubo en nuestra Catedral, pero sí conocemos su noble origen: fué fundida de un cañón que Hernán Cortés había cedido para ello y la operación se efectuó en las casas que ocupaban la esquina de las calles llamadas actualmente Emiliano Zapata y Licenciado Verdad, donde estuvieron más tarde las casas arzobispales. Con el tiempo se fueron fundiendo otras campanas para el propio templo, algunas de las cuales podemos historiar al hablar de las del nuevo monumento.

Una vez concluido el primer cuerpo de la torre del lado del oriente, pensó el virrey que era necesario colocar las campanas, aún antes de que se cerrase la bóveda que iba a cubrir ese primer cuerpo. Fué el duque de Alburquerque quien primero colocó las campanas que todavía existen en nuestra Catedral.

Un punto dudoso en la historia de nuestro gran templo se descubre al estudiar este asunto. Efectivamente, se dice que se conservaban ocho campanas en el campanario de la iglesia vieja; ahora bien, dicha iglesia había sido demolida desde 1626. ¿Es posible que se haya conservado únicamente el campanario para guardar las campanas? Los documentos del archivo de la Catedral así lo atestiguan y de ellos seguramente toma sus datos Marroquí. Dicho autor afirma que el virrey, conociendo la dificultad del trabajo que implicaba bajar las campanas de la torre vieja, trasladarlas cerca del nuevo edificio y subirlas a donde habría de quedar definitivamente, convocó a diversos maestros del arte para resolver el problema. Dice que fueron presentados cinco proyectos: uno de fray Diego Rodríguez, mercedario; otro de un señor Murillo; el que sigue se debió al capitán Navarro; un hombre de nación romano presentó el suyo y, además, Melchor Pérez de Soto, maestro mayor de la catedral, también hizo su plano. Curioso es observar que el Melchor Pérez, absorto en sus astrologías y en sus viejos libracos, no obtuvo la aprobación para su proyecto, sino que se adoptó el del fraile mercedario. Se hicieron los aparatos necesarios para la maniobra, en cuya manufactura tardaron veinticuatro días a partir del primero de marzo de 1654, y el martes 24 del mismo fué bajada la campana mayor que se llamaba “Doña María” y pesaba cuatrocientos cuarenta quintales. Esta campana cuyo verdadero nombre era “Santa María de la Asunción”, pero que era nombrada castizamente por el pueblo Doña María, fué fundida en 1578 por los hermanos Simón y Juan Buenaventura, según consta en el libro de Cabildo del 5 y 12 de agosto y 6 de diciembre de 1577. Como dicha campana todavía existe en nuestra Catedral y es, indudablemente, una de las joyas más preciadas, resulta conveniente dar los datos alusivos que poseemos. Todavía pueden leerse en ella las dos inscripciones.

El 25 de marzo del mismo año fué trasladada hasta cerca de la torre nueva; el día 26 fué bajada otra mediana con la cual se tocaba la queda. Esta campana se llamaba “Santa María de los Angeles”, fué fundida por Hernán Sánchez en 1616 y pesa ochenta arrobas. Más tarde se bajó otra campana que por su sonido grave y solemne era llamada “La Ronca.” A todas estas operaciones se halló presente el virrey; igualmente lo estuvo el Domingo de Ramos (29 de marzo) en que, después de los oficios, fué subida la campana mayor a su sitio. El duque subió a la torre acompañado de los Cabildos secular y eclesiástico y otras personas y al comenzar a subir la campana se hicieron rogativas en todas las iglesias y no bajó el virrey hasta no verla colocada. El mismo Domingo de Ramos se subió la campana de la queda y el lunes 30 las restantes, de suerte que a la oración de la noche se tocaron todas las ocho. No eran suficientes tales campanas para la torre, cuyo primer cuerpo solo tenía veinte campaniles; entonces las autoridades acordaron que ciertos pueblos cuyos habitantes habían venido a menos, cedieran a la catedral algunas campanas que ya no servían en las viejas iglesias conventuales. Puede conocerse la relación de dichas campanas por el diario de Guijo. Marroquí hace además una relación de las mismas: la primera proviene del pueblo de Jiquipilco, cuya conducción fué pagada por la Catedral, y a cambio de ella se les dió un terno de lama blanca compuesto de casulla, dalmáticas y capas, bastante apreciable. El día 5 de abril del mismo año de 1654 los indios del pueblo de Hueyapan trajeron una campana grande en un carro tirado por bueyes. Fué pagada en dinero y su transporte costó novecientos pesos; se le colocó en el mismo día. Otras tres campanas pequeñas se subieron el viernes 24 del mismo mes, obtenidas de diversos pueblos por orden del virrey.

En el mes de noviembre del propio año se trajeron cinco campanas más: una vino del convento de Yecapixtla, en el Estado de Morelos, famosa construcción de frailes agustinianos que todavía asombra por su grandiosidad y reminiscencias ojivales. Los indios pedían por ella seis mil pesos, pero como era la autoridad quien compraba, sólo les dieron seiscientos. El día 7 trajeron otra de Ozumba, en que se admira un convento franciscano; inmediatamente fué subida al campanario. La tercera campana vino de Atzcapotzalco, del convento dominicano que aún existe en esa población. Campana grande, su ascenso a la torre fué presenciado por el propio virrey. La cuarta campana llegó el día 12; provenía de Tlalnepantla, del convento Franciscano que todavía se ve allí, y la última del convento agustiniano de Tlayacapan, Estado de Morelos. El virrey mismo recibió ambas y quiso ver cómo subían a sus lugares. La de Tlayacapan estaba rajada y los frailes se la llevaron para volverla a fundir, pero no sabemos si ya fundida de nuevo volvió a México.

En 1655 se colocaron en la torre cuatro campanas más, de lo cual dió cuenta el virrey a la Corte escribiendo acerca de ello, además de lo que había hecho en las bóvedas del templo, de las veintiún campanas que tenía colocadas en la torre.

La Catedral continuó durante largos años teniendo sólo el primer cuerpo de la torre del oriente, la torre vieja que le llamaban. Cuando, a fines del siglo XVIII, como hemos visto, se inició y llevó a feliz término la conclusión de la fachada y torres de nuestro templo máximo, fué necesario hacer nuevas campanas para el segundo cuerpo de la torre vieja y para la torre nueva completa. Se puede recomponer la historia de estas nuevas campanas con todo detalle, gracias a las cuentas que los comisionados por el Cabildo catedralicio rindieron acerca de tan importante material.

Las campanas más importantes de la torre nueva son las que a seguidas mencionamos y que fueron fundidas especialmente para esta torre.

Se pensó por el Cabildo de la catedral que debía hacerse una gran campana que pesase cuando menos cuatrocientos quintales para dicha torre nueva. Consultado el maestro mayor de la obra, José Damián Ortiz de Castro, fué de opinión que era preferible hacer varias campanas más pequeñas. Para fundirlas se ofreció don Salvador de la Vega, español que trabajaba en la Real Casa de Moneda y en el Molino de la Pólvora. Los directores de ambas instituciones certificaron la habilidad de Vega y él hizo una escritura de concierto para fundir las campanas, obligándose a que si no se encontraban a satisfacción, así en su calidad como en su sonido, volvería a fundirlas a su costa. El expediente del archivo de la catedral proporciona preciosos detalles acerca del asunto y hasta dos dibujos; uno del horno que se construyó para la fundición y otro de la campana mayor Santa María de Guadalupe, con su corte. Puede verse en el segundo de dichos hasta la nomenclatura especial que tiene cada parte de la campana, en las anotaciones que allí aparecen.

Es indudable que el cronista Sedano conoció algunos de los datos citados, pues da bastantes detalles acerca del asunto. La campana, como sus dos compañeras que a seguidas estudiamos, fueron fundidas en las Lomas de Tacubaya el año de 1791. La mayor, llamada Santa Marta de Guadalupe, pesa doscientos ochenta quintales y en su superficie presenta en relieve la imagen Guadalupana. Una vez concluida, así como sus dos compañeras, fueron suspendidas en el mismo terreno de la fundición y examinadas por comisionados del Cabildo, los cuales rindieron dictámenes satisfactorios. Son tan curiosos, que fijan en ellos hasta la gradación musical del sonido que producen las campanas.

Concluida la campana mayor fué trasladada con todo cuidado a la Catedral por cuenta y riesgo del propio fundidor de la Vega. E1 día 8 de marzo de 1792 la consagró al pie de la torre el Ilustrísimo señor Núñez de Haro y Peralta; el día 13 del mismo marzo fué subida al primer cuerpo de la torre y el 12 de abril al siguiente: “Se subió con una máquina de veinticuatro poleas de bronce y cuatro cabrestantes o sogas de lechuguilla y dos grúas a cuyos ejes se afianzaron los cabrestantes; las grúas las movían dando vuelta en torno dos hombres que andaban dentro de cada una de ellas, y causó admiración la facilidad con que subía y bajaba las veces que se hizo experiencia, y cuando se subió sin estrépito ni ruido, y lo que es más, sin peligro de los operarios. Dirigió la subida don J. Damián Ortiz, natural de la Villa de Jalapa, maestro de arquitectura de la santa iglesia catedral para la fábrica de las torres. Se estrenó la campana el día de Corpus, 7 dé junio de 1792 al toque de alzar en la misa mayor”. Sedano da las siguientes medidas para esta campana: alto, tres varas una tercia; circunferencia, diez varas; diámetro, tres varas diez pulgadas; el badajo mide dos varas y media y pesa veintidós arrobas y diecinueve libras; es de fierro, y el miércoles de ceniza de 1850 llamando a sermón se cayó, aunque afortunadamente no causó desgracias.

El mismo artífice Salvador de la Vega fundió otras dos campanas más pequeñas para la misma torre. La primera se llamó Los Santos Angeles Custodios y no el Santo Angel de la Guarda, como la llama Sedano. Pesa ciento cuarenta y nueve quintales; fué consagrada en el mismo sitio de la fundición por el Ilustrísimo señor doctor don Gregorio de Omaña, obispo de Oaxaca, el 1° de marzo de 1793. Fué subida a la torre el 9 de marzo del propio ano con el mismo aparejo que se había usado para la campana estudiada anteriormente y su estreno tuvo lugar el 27 del propio marzo, después de las tinieblas del miércoles santo, con el toque de oración y repique.

La tercera campana fué fundida por el propio Salvador de la Vega, en 1791, y se llama Jesús; se trata de un esquilón que pesa treinta y cuatro quintales y es, en consecuencia, el mayor de todos los que existen en la catedral. Fué consagrado y colocado en el campanil principal de la torre que ve a la plaza mayor.

Las demás campanas que decoran la catedral fueron reseñadas en el expediente citado y son las que a continuación estudiamos. Existían ellas en 1796.

Santiago Apóstol. Campana fundida por Bartolomé Espinosa, el 25 de mayo de 1784. Fué subida el 27 de junio siguiente y se le colocó en el campanil bajo del lado derecho de Doña María. Fué estrenada el 28 del mismo mes, vísperas de la festividad de San Pedro. Pesa ciento cuatro arrobas.

Campana llamada San Agustín. No se conoce su autor ni su peso; se sabe que fué fundida en 1684 y está colocada al lado izquierdo.

Esquilón nombrado La Purísima Concepción. Fué fundido por Bartolomé Espinosa en 1767 y colocado en el campanil alto del lado derecho. Pesa setenta arrobas.

Esquila llamada Santo Angel Custodio. Fundida por el mismo Espinosa, el 2 de junio de 1784. Fué colocada el 27 del mismo mes en el campanil alto del lado izquierdo y aserenado el 17 de julio del propio año. Pesa ochenta y cuatro arrobas.

Campana llamada San Pedro y San Pablo. Fué fundida por José Contreras, en Atzcapotzalco, el 17 de febrero de 1752. Su metal se elaboró en la Real Casa de Moneda por el ensayador don Manuel de León, refinando el cobre hasta ponerlo en el punto de ligar plata. La consagró el Ilustrísimo señor Rubio y Salinas el 12 de marzo del mismo año y el 18 fué subida al campanil principal que mira al oeste. Su estreno tuvo lugar el 22 del mismo mes. Pesa ciento treinta y siete quintales.

Campana llamada San Gregorio. Fundida en 1707 por Manuel López. Se encuentra en el campanil izquierdo y pesa noventa arrobas.

Esquila llamada San Paulino Obispo. No se conoce su autor ni lo que pesa, sino sólo que fué fundida en 1788. Se encuentra en el campanil alto de la derecha, hacia el oriente.

Esquilón llamado San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Era el mayor de la Catedral, antes de fundir el Jesús de que hemos hablado. Tiene voz muy sonora; fué fundido por Juan Soriano en 1751. Lo consagró el Ilustrísimo señor Rubio y Salinas y se encuentra en el campanil izquierdo. Pesa noventa arrobas.

Campana llamada Señor San Joseph. Se halla colocada en el arco principal del lado que ve al Colegio te Infantes. No se conoce su autor ni el año en que fué fundida, pero por su forma parece ser contemporánea te la Doña María. Pesa noventa quintales y ostenta inscripciones que con el tiempo se han vuelto ilegibles.

Campana llamada Nuestra Señora del Carmen. Fundida en 1746, no se sabe por quién. Se encuentra en el campanil bajo de la derecha hacia el mismo lado que la anterior y pesa veintidós arrobas.

Nuestra Señora de la Piedad, campana fundida por el mismo Espinosa de que antes hemos hablado, en 1787. Se encuentra en un campanil semejante al te la anterior y posa dieciséis arrobas.

Nuestra Señora de Guadalupe. No se conoce su autor, pero sí que fué fundida en 1654 y está colocada en el mismo campanil que la anterior. Esta, así como la de la Piedad y la del Carmen, son tiples. Pesa doce arrobas.

Campana llamada Señor San Joseph. Es tiple y fué fundida en 1757 con el peso de diez arrobas, sin que se sepa quién la hizo.

Campana llamada Santa Bárbara, también tiple. Hecha en 1731 y colocada con la anterior en el campanil aleo de la derecha. Se ignora su peso.

Campana Santo Domingo de Guzmán, tiple, consagrada y colocada en el campanil del lado izquierdo, con peso de dieciocho arrobas.

Campana llamada San Rafael Arcángel. Fué fundida por Juan Soriano en 1745 y se le colocó en el candil principal que mira a la plaza. Esta campana sirvió para el reloj y pesa ciento sesenta arrobas.

Campana llamada San Miguel Arcángel. Fué fundida en 1658, no sabemos por quién. Se halla colocada en el mismo campanil principal que da los cuartos del reloj. Se desconoce su peso.

Campana llamada Santa Bárbara. Fundida en 1589, sin nombre de autor. Estuvo en la torre de la iglesia vieja y se encuentra en el campanil bajo de la derecha. No conocemos su peso.

Señor San Josef. Campana fundida en 1658, no se sabe por quién. Pesa cincuenta arrobas y se encuentra del lado de la izquierda.

Esquila llamada San Joaquín y Santa Ana, fundida en Tacubaya por Bartolomé y Anastasio Murillo, en 1766. Se encuentra en el campanil aleo de la derecha y pesa sesenta arrobas.

Esquila denominada Señor San Miguel, hecha en 1684 por el señor Parra. Está en el campanil de la izquierda y pesa sesenta arrobas.

Las calles enrejadas o privadas abundan en todas las ciudades de México, ante la indiferencia de la autoridad

La dependencia envió el documento a la Asamblea; son más, dice la diputada Lizbeth Rosas

Enrejadas, al menos 805 calles en la ciudad:

informe de la SSP-DF
Plumas, casetas, bardas y macetas impiden la libre circulación de peatones y vehículos, señala

La delegación Cuauhtémoc tiene el mayor número; Milpa Alta, ninguna dice Mondragón y Kalb

Por lo menos 805 calles de la ciudad de México fueron cerradas a la circulación por vecinos o empresas con plumas, casetas, bardas o rejas, señala la SSP-DF en un informe que envió a la ALDFFoto Alfredo Domínguez
Raúl Llanos

La Jornada

En la ciudad de México, por lo menos 805 calles de diferentes colonias están cerradas por plumas, macetas, rejas o casetas, lo que impide el libre tránsito peatonal y vehicular, o bien son de acceso restringido, precisa un informe de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSP-DF) entregado a la Asamblea Legislativa (ALDF).

El reporte, fechado el 13 de abril y signado por el titular de esa corporación, Manuel Mondragón y Kalb, detalla que la delegación Cuauhtémoc es la que mayor número de calles tiene con esas condiciones, con 110, seguida por Tlalpan, con 92; Gustavo A. Madero, 85; Álvaro Obregón, 82; Coyoacán, 81; Venustiano Carranza, 75; Iztapalapa, 73; Iztacalco, 68, y Miguel Hidalgo, 44.

De acuerdo con el documento de la SSP-DF, se instruyó a los directores de la policía de proximidad –que están distribuidos a lo largo de las 16 demaraciones territoriales– a recabar los datos de las calles que están vedadas al libre tránsito peatonal o vehicular. Añade que no sólo los vecinos, en particular, incurren en esas prácticas, sino también empresas o instituciones diversas, ya sean de índole académica o social.

El documento de Mondragón y Kalb enviado a los diputados locales da cuenta, también, de que las delegaciones con menor cantidad de calles cerradas son Magdalena Contreras, con 23; Benito Juárez, 22; Azcapotzalco, 21; Xochimilco, 17; Cuajimalpa, siete; Tláhuac, cinco, y la única que no tiene ese problema es Milpa Alta, remarca el oficio.

Otra vez sobre “La Otra Banda” y La Vieja estación porfiriana del tren, esperamos que sea en serio

Plan de rescate urbano

EL PROYECTO contempla la restauración del edificio emblemático de la Vieja Estación y su entorno diversificando la oferta de las actividades culturales y de gran impacto social.

Diario de Querétaro

Heidy Wagner

El presidente municipal de Querétaro, Francisco Domínguez Servién, en compañía del Gobernador del Estado, José Calzada Rovirosa presentó el proyecto denominado “La Estación, Espacio de Encuentro”, el cual con una inversión tripartita de 84 millones de pesos, beneficiará 39 barrios y colonias de la capital donde habitan más de 40 mil personas.

Teniendo como marco las instalaciones de la Vieja Estación del Ferrocarril en el barrio de El Tepetate, el edil capitalino presentó este importante proyecto en el que participa tanto la Administración Municipal como la Secretaría de Turismo Federal y Estatal. “En 2011 Querétaro volverá a estar de fiesta, vamos a ir no sólo hacia el pasado o al rescate de nuestras raíces a través de este proyecto único sino a futuro dándole un contexto sustentado en nuestros valores, tradiciones y proyectándolo con oportunidades de deporte, cultura e integración social para nuestra gente”, expuso el alcalde.

Dijo que este proyecto urbano social, denominado La Estación es un llamado a reivindicar el orgullo queretano, desde su identidad de barrio, revitalizando espacios públicos llenos de color, historia, tradición y arraigo, “el proyecto La Estación, es también nuestra respuesta a la deuda histórica que tenemos con alrededor de 40 mil queretanos cuyos sueños quedaron fragmentados durante muchos años, primero por el Río Querétaro, después por el crecimiento urbano de las vías del tren y más tarde por nuestro olvido e indiferencia”.

En este sentido Francisco Domínguez señaló que La Estación Espacio de Encuentro es un proyecto semilla, un esfuerzo conjunto para seguir resolviendo los problemas de marginación, desigualdad y pobreza que aún prevalece en algunos barrios y colonias del Municipio, es por ello que afirmó, “hoy tenemos buenas noticias, para muchas colonias y barrios de la Capital”.

Al respecto abundó que entre otros los barrios beneficiados serán: El Tepetate, San Sebastián, San Roque, San Gregorio, La Purísima, El Cerrito, La Trinidad; y para muchas colonias entre otras: El Porvenir, Lindavista, Los Molinos, España, La Era, Peñas, Peñitas, Los Alcanfores, Felipe Angeles, La Popular, Fresnos, Nacozari, El Retablo, Claustros del Parque, Tecnológico, Industrias del Hierro, Conjunto Parques, Real del Parque, Rinconada Pirules, Prados del Tecnológico, entre muchas otras.

“Vamos a revitalizar espacios públicos a base de equipamiento social, construyendo áreas deportivas, culturales, y recreativas, incrementando el flujo de visitantes y la derrama económica de la zona, será una obra cuya inversión e impacto social tendrá características históricas únicas, ya que hoy es la primera vez en la que el Centro Histórico será intervenido con un proyecto urbano social con los alcances que tendrá La Estación”, detalló.

Añadió que este proyecto pretende recuperar espacios para el peatón, y desde luego acercar oportunidades de desarrollo para los jóvenes y fortaleciendo la seguridad y la cultura de la prevención, generando cohesión entre los barrios e impulsando su sentido de identidad, de orgullo y de integración por Querétaro, “convocaremos a artistas y pobladores de los barrios aledaños a la estación para que llenen de vida este proyecto, para que participen activamente en su desarrollo como testimonios vivos del ayer y del hoy y del mañana que queremos para Querétaro”.

Por su parte, el gobernador del estado, José Calzada Rovirosa, destacó que este tipo de proyectos son importantes para Querétaro, debido que generan economía en las colonias y barrios clásicos de la entidad donde los jóvenes y las familias encontrarán diversas opciones de esparcimiento, “por eso este proyecto yo lo celebro, de verdad celebro que el Municipio tenga este tipo de acciones y que nos podamos conjuntar ampliando el Centro Histórico en beneficio de Querétaro”.

Asimismo el titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Sergio Chufani Abarca afirmó que la obra pública adquiere mayores dimensiones cuando el impacto social se extiende y se es capaz de mejorar el entorno para promover la convivencia, y las actividades recreativas y beneficiando la movilidad no motorizada, “los proyectos urbanos nos dan calidad de vida porque se potencian a través del tiempo y se integran de una manera que podemos cambiar el entorno de los ciudadanos, tenemos un Gobernador con corte urbano que nos ha dado la instrucción de buscar los proyectos que tengan y vengan a aportar los beneficios que nos da la calidad de vida y la oportunidad de darle a los queretanos espacios que trasciendan a través del tiempo con la convivencia”.

Sin duda alguna sentenció, la presentación del proyecto La Estación es sinónimo de buenas noticias para Querétaro, “nos congratulamos por este proyecto que en su conclusión vendrá a conectarse de una manera importante con un proyecto que hoy Gobierno del Estado invierte en Paseo del Río, será una extensión del Centro Histórico y tenemos las bondades nuevamente de beneficiar a los peatones, de darles esa importancia, de invitarlos a disfrutar el Querétaro que hoy tenemos”.