Habemos seis millones de mexicanos con limitaciones físicas “Fuera el mal gobierno y los directivos del IMSS”

Hay casi 6 millones de personas con limitaciones

Ariane Díaz

La Jornada

Existen en el país 5 millones 739 mil 270 personas con algún tipo de limitación, lo que representa 5.1 por ciento de la población, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010.

De ese universo, 48.9 por ciento son varones y el restante 51.1 por ciento, mujeres.

Son menores de 14 años, 520 mil 369 personas con discapacidad.

Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que del total de mujeres con hijos en México, 20.9 por ciento son jefas de hogar.
El promedio de integrantes en hogares dirigidos por mujeres es de 3.5 por ciento.

Desde su creación y hasta 2010, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación ha recibido 207 quejas y 147 reclamaciones que han sido calificadas como presuntos actos de discriminación por discapacidad.

Llamemos “Misiones Pames” a lo que llamamos “Misiones Franciscanas” en La Sierra Gorda queretana: José Félix Zavala

La Conquista espiritual de la Sierra Gorda
El Arte popular Pame

Las Misiones Pames de la Sierra Gorda Queretana

José Félix Zavala

Introducción

En una de las reservas de la biosfera más hermosas que existen, con una abundante riqueza cultural y ecológica, entre cañones, ríos, selvas, bosques, montañas y desiertos, entre una flora y fauna majestuosa surgen los tres mil años de cultura mesoamericana rematando con las cinco misiones pames:
La de Nuestro Señor Santiago de Jalpan
La de Nuestra Señora de La Luz de Tancoyol.
La de Nuestra Señora de Las Aguas de Landa
La del Señor San Miguel de Concá.
La de San Francisco de Tilaco

El mundo concebido por los pames e interpretado al modo occidental al construir las misiones de la Sierra Gorda, solo las podemos interpretar en las fachadas, el reducto que nos dejaron para concebir la fantasía de los artistas serranos de Querétaro

La conquista espiritual de La Sierra Gorda, fue una de las más difíciles y prolongadas en el contexto histórico de la invasión española u occidental, en el continente y se dio en una región en estado de guerra, entre la civilización nómada del semidesierto y la civilización serrana, contra la milicia española, colonizadores y misioneros.

Es importante tener en cuenta que “Las misiones” eran decisivas para la penetración y ocupación de los territorios, así como para la integración socio cultural de los pueblos conquistados.

Los objetivos de evangelización y educación de los “indígenas” eran compartidos por las diversas órdenes religiosas y por el clero secular, las variantes se daban en las estrategias y metodologías, para la congregación y reducción de los pueblos de este continente.

Entre los exponentes de estos principios normativos se pueden citar al jesuita Joseph de Acosta y al franciscano Fray Isidoro de Puertollano, entre otros.

Es sabido que a la llegada de los llamados “Los Doce” misioneros franciscanos a mesoamérica, se establecieron en Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo y México, de este último lugar dependían Cuatitlán, Tula y Jilotepec, a su vez de esta última población giraban, Huichapan, Actopan, El Mezquital, San Juan Del Río y Querétaro.

Para entrar al territorio norte que hoy forma parte del estado de Querétaro, habitado principalmente por Jonaces y Pames, los franciscanos fundaron en las cercanías las misiones de Huichapan, Cadereyta, Tolimán, Xichú y Río Verde.

Los agustinos en sus intentos de penetrar la zona de los Chichimecas, fundaron las misiones de Xilitla y Yuriria a partir de 1570, además de Ixmiquilpan, Metztitlan y Huejutla.

Se tiene como la primera incursión franciscana en territorio queretano allá por 1532, por Fray Andrés de Olmos en las poblaciones de Jalpan y Tancoyol, pueblos tributarios de Oxtipa, asiento de huastaecos y mexicas, pero rodeados de Jonaces y Pames.

El método agustino, según Solís de la Torre, se caracterizó por el respeto a la idiosincrasia de los pueblos jonaces y pames y tratándolos de llevar a la civilización cristiana lentamente, cosa contraria a los proyectos de los invasores españoles en general y a las otras órdenes que incursionaron en la región

Según Lino Gómez Canedo el primer misionero agustino que penetró en la región de la Sierra Gorda queretana, fue Fray Lucas de los Angeles en 1601, visitando Concá, Ahuacatlán, Jalpan y Tancoyol, abandonando la región en 1609, debido a la agresividad de los jonaces.

Los dominicos incursionaron en el semidesierto queretano a partir de 1688 encabezados por el fraile Felipe Galindo, después obispo de Guadalajara.

La Sierra Gorda es un territorio con abundancia de minerales, que fue aprovechada suficientemente por los habitantes inmemoriales de esas tierras, principalmente el cinabrio y el almagre. Para su obtención se explotaron numerosas minas y se establecieron numerosas comunidades, se calcula alrededor de 500 y algunas de gran tamaño como las que conocemos como Ranas, Toluquilla y Quirimbal.

En 1945, Eduardo Noriega, daba a conocer la construcción de templos, juegos de pelota y muros de contención, existentes en la zona, con nexos culturales con Tula, Teotihuacan y Tajín.

Estas ciudades mesoamericanas, según Margarita Velasco, fueron construidas en la parte alta de las montañas, con ubicación estratégica que les permitiera controlar la circulación de personas y recursos naturales.

Se calcula que estos asentamientos tuvieron su mayor esplendor entre los siglos lV y XlV, de la era cristiana y que comerciaron con las regiones de Tula, Río Verde, La Huasteca, Los Purépechas y los Otomíes en los ahora estados de Michoacán e Hidalgo y las dos costas, tanto la del Pacífico como la del Golfo de México.

Jaime Nieto habla de los jonaces como especialistas del semidesierto queretano, ya que la sobrevivencia en esas tierras, requiere de un alto conocimiento del lugar y sus formas de subsistencia, aclarando el gran uso que hicieron del maguey, la tuna y el mezquite

En la planicie del ahora San Juan Del Río, antigua tierra Blanca de Chichimecas, se habla por medio de las exploraciones arqueológicas de una ocupación desde el preclásico hasta el post clásico, ejemplificando al inicio con las localidades de La estancia, El Rosario, pero sobre todo el Barrio de La Cruz, con población urbana, viviendas, diversidad del trabajo y centros ceremoniales y una marcada influencia de la cultura de Chupícuaro, pasando posteriormente por la de Teotihuacan y Tula.

Según un estudio de José Luis De La Vega, nos dice que las entradas de las minas sirvieron a los jonaces de cementerios y que los cráneos eran pintados con cinabrio, resaltando con ello la importancia de la obtención del cinabrio, para ellos y el resto de mesoamérica, resaltando la existencia de más de 2000 bocaminas, la intensidad del trabajo y la calidad del mineral, mostrándonos la demanda generada por los pueblos con quienes comerciaban.

Según Marta Eugenia García Ugarte la región del semidesierto y la Sierra Gorda, con excepción de Tolimán, se mantuvo fuera del control español, hasta la guerra a sangre y fuego, encabezada por José de Escandón, en 1744.

Los misioneros salidos del Colegio de Propaganda Fide de San Fernando en la ciudad de México fueron quienes finalmente lograron por un tiempo fundar las cinco famosas misiones de la Sierra Gorda.

Se atribuye al fraile Pérez de Mezquia las primeras experiencias misionales con Fray Junípero Serra, venido también del Colegio de San Fernando a esta sierra en junio de 1750.

La Villa de Cadereyta solo pudo ser ocupada hasta el siglo XVll, debido a una campaña militar que propició el establecimiento de colonias militares para el resguardo de las empresas mineras, agrícolas y ganaderas de los españoles.

“Los indios se excusan y se resisten…”.
Dice Fray Lucas Cabeza de Vaca en 1743

La edificación de templos era y debería ser el símbolo del establecimiento definitivo del cristianismo y la colonización y en palabra de los conquistadores tanto materiales como espirituales señalan “Las iglesias dan forma a los pueblos”.

Los Pames no tuvieron papel secundario o de peones, sino que participaron activamente. ”He oído decir a un albañil, excelente artífice que le fabricó la iglesia de la misión porque instruyendo a alguno de los mecos, por su grande aplicación a los oficios de albañil, carpinteros, herreros, pintores, doradores, pintores…”. Los indios aprendieron rápidamente los oficios necesarios.

Los templos quedaron edificados al estilo del siglo XVl, con su arco de entrada, atrio – cementerio, capillas pozas, capilla abierta, templo y dentro de él, capillas devocionales, torres, escultura, pintura, se labraron retablos dorados, altares colaterales, coro y cajas de órgano. Púlpitos, confesionarios y muebles litúrgicos.

También se elaboraron frescos con motivos de conchas y encortinados, de tal suerte que los indios entraban a un verdadero palacio lleno de luces y colores, perfumado por el incienso, alegrado por los cantos y colmado de flores.

Los frailes supieron incorporar los casi tres mil años de civilización Mesoamericana, en un tiempo récord a la civilización europea, logrando un barroco mexicano o pame, orgullo hasta la fecha de nuestro estado. Son obras que se ajustan al paisaje y al ambiente espiritual de la zona, no imitaciones de otros trabajos.

Estas obras realizadas de 1750 a 1770, fueron abandonadas por los indios pames mientras eran ocupadas por los españoles, criollos y soldados, quienes vinieron a ocupar las antiguas misiones pames.

Los gobernantes de México y los políticos insensibles ante el reclamo ciudadano de su ineficiencia

Editorial

La Jornada

Cambio de estrategia, clamor ciudadano
Las movilizaciones que se realizaron ayer en decenas de urbes mexicanas y extranjeras en el contexto de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad fueron estrictamente ciudadanas, y tuvieron como denominador común un carácter inequivocamente crítico de la estrategia impuesta por la actual administración, desde sus inicios, en materia de seguridad pública y de combate a la delincuencia organizada.

El mensaje enviado por un vasto, diverso y plural segmento de la sociedad es que tal estrategia no sólo ha fracasado en sus proclamados objetivos de contrarrestar la criminalidad y consolidar el estado de derecho, sino que se ha traducido en un quebranto mayor de la legalidad, en niveles sin precedente de inseguridad y en un baño de sangre absurdo y dolorosísimo en el que han perecido cerca de 40 mil mexicanos de todas las edades, clases sociales y niveles socioeconómicos.

Por otra parte, debe destacarse el fracaso de los intentos gubernamentales y de los medios afines al régimen de desvirtuar las demostraciones ciudadanas de ayer, ya fuera para presentarlas como producto de una manipulación partidista o facciosa, ya para usarlas como expresión de un supuesto respaldo popular a los ensayos autoritarios y a las políticas de mano dura como las estipuladas en las modificaciones propuestas –y suspendidas, por ahora– a la Ley de Seguridad Nacional; al afán por diluir las responsabilidades gubernamentales y hacer a la ciudadanía corresponsable de su propia seguridad, o para insistir en el endurecimiento de penas contra los delincuentes. Por el contrario, en su enorme mayoría, los grupos e individuos que se manifestaron expresaron en forma contundente y clara su convicción de que el componente principal de la pavorosa ola de violencia que sufre el país es consecuencia de malas decisiones gubernamentales, de una concepción unilateral, miope y meramente represiva de los fenómenos delictivos, de la prevalencia de una impunidad atroz e indignante, y de una clara falta de voluntad para enfrentar a la delincuencia en los términos legales pertinentes y sin militarizar al país.

Más allá de los alcances del plan propuesto en la concentración con la que culminó la marcha emprendida por Javier Sicilia y por centenares de personas el pasado jueves, en Cuernavaca, la demanda inmediata de la movilización fue el cese de Genaro García Luna –considerado el principal impulsor de la fallida estrategia en curso– de la Secretaría de Seguridad Pública federal, como un mensaje, propuso el propio Sicilia, de que el gobierno federal es capaz de escuchar a la ciudadanía.

Por vía de la Secretaría de Gobernación, la administración calderonista dio prueba, en cambio, de su doble discurso habitual: tras manifestar su respeto por las movilizaciones masivas, reiteró que la estrategia vigente no será modificada en ningún sentido.

En suma, la trascendencia de las marchas de ayer no reside sólo en que fue una movilización absolutamente ciudadana, organizada en forma espontánea con el concurso del tejido social tradicional y de las redes sociales digitales, sino también en que expresó, de manera inequívoca y contundente, el rechazo que suscitan los conceptos y las acciones del gobierno federal en materia de combate a la delincuencia, así como el hartazgo popular ante una guerra declarada a contrapelo del sentir nacional, que ha costado demasiadas vidas y que no ha tenido ninguna efectividad perceptible.

Si el gobierno se empecina en no escuchar la exasperación masiva, llevará al país y a las instituciones a nuevas simas de destrucción, descomposición y tragedia. La exigencia de cambio de estrategia debe ser escuchada y atendida.

Una entrevista muy pero muy queretana y válida

ENTRE LENGUAS Y CAMPANAS

Augusto Isla estrada: “Hay que aprender a irse desprendiendo de la vida y de las cosas”

Diario de Querétaro

“La ciudad está muy viva, pero la infraestructura cultural tiene que renovarse; los museos tienen que tomar una nueva actualidad, porque su museografía ha envejecido”, asegura con esa pausada voz que le caracteriza. “Es muy importante articular todos los esfuerzos, distribuir más racionalmente las tareas, la custodia, la preservación del patrimonio… Ese es el gran paso para que esta vitalidad rinda mejores frutos”.

Quien fuera incansable gestor cultural en el Estado de México, de regreso a la ciudad en la que nació y donde estudió la carrera de Leyes, donde ahora se hace cargo de la Dirección de Archivos del Gobierno estatal, asegura estar feliz de la vida y con la oportunidad de dedicarse a lo que cataloga como suyo. “Espero que mi colaboración le permita al Gobernador rendir buenas cuentas en este ámbito del cuidado del patrimonio documental”.

“El centro de la memoria, donde yo estoy, tiene que tomar su propia actualidad, por lo pronto ordenando y después digitalizando, para estar al día”, asegura sobre su trabajo cotidiano, el que combina con su pasión por la cinematografía, tema del que ha publicado ya varios ensayos. “No hago vida social. En casa me encierro a ver cine… Veo una o dos películas al día”, confiesa sobre sus tiempos libres, acompañando su dicho con la risa.

De familia a la que cataloga como modesta, de padre agricultor de siete hijos, recuerda su niñez aderezada por las ricas tradiciones populares de un Querétaro mucho más pequeño que ofrecía a los niños los encantos de la Cabalgata, los carros alegóricos, los juguetes de cartón, los paseos por la Alameda o por los huertos de laureles de La Cañada, las visitas a los balnearios del Piojito o del Jacal…

“Era un Querétaro pequeño, con el recato de la Semana Santa, los ayunos el Viernes Santo, la visita a las siete iglesias el Jueves Santo, los caballitos de carrizo con cabezas de cartón…”, rememora sobre aquellos sus primeros años de vida. “Vivíamos en una pequeña casa anexa a la de mi abuelo, donde creo que habían sido originalmente las caballerizas, en Venustiano Carranza 22. Siendo siete, la atención se distribuye y cada quien va creciendo como puede”.

Como si fuera un mago, saca de la chistera un episodio de aquella su vida infantil que al menos el entrevistador desconocía: su formación, durante unos tres años, en la organización religiosa fundada por el michoacano Marcial Maciel.

“Mi interés por la literatura, por la cultura, más viene de mi internado con los monstruosos Legionarios de Cristo, a los cuales estaba muy ligada la familia de mi padre, porque mi abuelo tuvo la tremenda osadía de entregarle tres hijos a Maciel, que por entonces tendría unos veintiún años”, me platica con naturalidad. “Uno de mis maestros, cuya amistad conservo desde entonces, es el Doctor José Barba, un líder de las denuncias contra Maciel, un activista, un luchador porque se haga justicia a las víctimas del monstruo”.

“A los once años, con el Doctor Barba y otros jóvenes novicios, traducíamos a Horacio, a Cicerón, a Demóstenes… Ahí se formó mi afición por la literatura, mi cultura clásica”, aclara, dándole peso a aquellos años en Tlalpan que forjaron la cimiente de ese bagaje cultural que ahora posee. “Fue un gran beneficio para mí en términos de formación de estructura mental, porque traducir a Cicerón te da una estructura lógica, un orden, una estructura mental muy sólida. A estas alturas uno va perdiendo cierta memoria, pero ese sentido de la construcción, del lenguaje, no se pierde nunca”.

“No te puedo dar ningún testimonio, ni directo ni indirecto, de sus tropelías, de sus crímenes, porque ni los imaginábamos”, me dice sobre Maciel, a quien considera “un genio del mal” y a quien recuerda como un hombre de gesto paternal, ojos intensamente azules y voz sonora, quien curiosamente, no hablaba inglés y contaba con un poder enorme de seducción. “Para nosotros, niños entonces, era como un semidiós”.

A su regreso a Querétaro, el hoy Doctor en Sociología, editor y maestro, ingresó a su “querida” Universidad Autónoma de Querétaro, en donde por entonces podía cursarse también la educación media. De aquellos tiempo retiene en la memoria las enseñanzas de Felipe González Cordero, por quien conoció a Pío Baroja y Miguel de Unamuno; de Francisco Alcocer Pozo, en cuya clase le surgió la inquietud por estudiar los procesos mentales y adentrarse en el mundo freudiano; o del “inolvidable aunque efímero” Hugo Gutiérrez Vega. Pero quizá lo que más marcó aquellos tiempos fue el autodidactismo que despierta la existencia de una biblioteca como la que entonces tenía la Universidad queretana. “Ahí descubrí las obras completas de Ortega y Gasset”, recuerda.

Fiel a su franqueza, me habla sin concesiones de quien fuera rector de nuestra Máxima Casa de Estudios cuando le pregunto expresamente por los maestros que recuerda de manera especial: “Con especial afecto no, pero recuerdo, por su personalidad tan fuerte y tan equívoca, a Fernando Díaz. Era muy arbitrario, muy autoritario, pero un hombre de gran personalidad”.

Y luego surge, inevitable, la figura de quien también fuera rector universitario, además de maestro y periodista: José Guadalupe Ramírez Alvarez, con quien tuvo desavenencias, pero con quien se reencontró amistosamente en sus últimos años de vida.

“Era un hombre muy ameno, muy informado, muy gentil, muy respetuoso… En el ámbito universitario se movía con un gran decoro”, asegura de quien también fuera poeta y cronista de la ciudad. “Como maestro era muy respetuoso, serio, irónico, vanidoso… Mantuve con él una relación muy cordial”.

Y luego reivindica su recuerdo al hacer precisiones sobre su muerte y los decires que ella provocó en su ciudad natal: “Yo lo visitaba, agradecido por la beca que me había dado para estudiar en México, cuando estaba ya muy enfermo de leucemia, que en realidad eso era lo que padecía y no otra cosa, como después inventó el muy perverso de Manuel González de Cosío”.

Sin pelo alguno en la lengua me relata un episodio que recuerda aún con profundo desagrado, ocurrido en 1987, durante una comida en Casa de Gobierno, donde compartió mesa con el entonces ya exgobernador queretano:

“Fue muy desagradable escuchar a ese señor tan repelentemente machista cuando empezó a hablar mal del maestro y a hacer mofa de eso. Yo francamente me levanté y me fui. Me molestó mucho porque estaba calumniándolo”, me cuenta sin perder la lenta cadencia de su conversación. “El maestro nunca falleció de Sida, nunca perdió peso. El Sida en esos años era privativo de gente que había estado en Nueva York, no era una enfermedad local. El era un hombre que llevaba muy bien su vida”.

De alguna manera había sido precisamente Ramírez el causante de que Isla buscara nuevos horizontes académicos, pues durante su rectoría fue que apeló a la beca de estudios de la Anuies que lo llevaría a la UNAM. “Favorecía ciertas prácticas, o políticas, como el futbol americano, y yo me burlaba un poco de todo eso”, narra sobre su paso como maestro de preparatoria en la UAQ. y su relación con rectoría, así como la situación tensa que se creó cuando un grupo de preparatorianos, uniformados de jugadores de futbol americano, le hicieron pasar un mal momento y lo convencieron finalmente de emigrar. “Creo que fue un alivio para el maestro Ramírez”.

Con la licenciatura en Derecho a cuestas -“en realidad yo quería estudiar arquitectura, pero significaba gastos inaccesibles para la familia”, confiesa sobre el particular-, acabó por inscribirse en la Facultad de Ciencias Políticas, pues la de Derecho, por entonces, permanecía cerrada en la Universidad Nacional.

“Me inscribí en Sociología y me vino de perlas, cambié de rumbos… Era un buen momento en la Facultad de Ciencias Políticas, porque en los años setenta hubo mucha migración de sudamericanos por las dictaduras militares y tuve maestros brillantes”, relata al tiempo que enumera nombres como los de Mauro Marini, Aníbal Quijano, Pío García, Agustín Cueva, Wenceslao Roces, o incluso mexicanos como Raúl Olmedo o Edmundo O’Gorman.

Tras el Doctorado, Isla Estrada recibe la invitación a hacerse cargo de la Coordinación de Estudios Latinoamericanos en la Universidad del Estado de México y su traslado a Toluca le significó iniciar una de las etapas más fructíferas de su vida. Ahí nació su única hija -Antígona se llama, en honor del personaje al que admira profundamente y mantiene “en su mente y su corazón”- e hizo una carrera como maestro y gestor cultural, ámbito en el que se desempeñó como Coordinador de Patrimonio Cultural en el gobierno de Alfredo del Mazo.

“Fundé con la esposa del gobernador Alfredo Baranda el Instituto Mexiquense de Cultura”, me sigue contando sobre aquella etapa en Toluca, “y aunque no me tocó ser director del Instituto, sí estuve en el diseño y creación de ese gran Centro Cultural Mexiquense… Compré colecciones de pintura con el maestro Gamboa…”

Se muestra, sin embargo, modesto cuando le pregunto sobre su actividad como publicador de libros en aquella etapa de su vida. “Tengo que admitir que fue muy modesto mi trabajo como editor. No se me da la mitomanía”, refiere entre sonrisas.

La charla, tan pausada como coherente, nunca interrumpida a pesar del paso constante de comensales en el céntrico “Arcángel”, nos lleva a sus planes futuros. “Estoy escribiendo varias cosas. Quiero terminar un libro sobre tres mujeres que me apasionan: María Zambrano, Marguerite Yourcenar y Simone Weil. Quiero también publicar algo de cine”.

“Y otro librito que también estoy trabajando que quiero intitular De Humanismos”, complementa. “El humanismo de la antigüedad, el del Renacimiento, el de la Ilustración, y un humanismo contemporáneo muy singular, plagado de palabras difíciles y casi imposibles, como podredumbre o desesperación; un humanismo desengañado”.

Regresa de nuevo al tema del maestro Ramírez Alvarez al recordar el estado de deterioro en el que se encuentra la que fue su casa. Afirma, con un dejo de tristeza, que si efectivamente está en manos de la Universidad el futuro del inmueble, la institución debería rescatarlo del abandono y convertirlo en un centro cultural.

Ya de pie, con su acostumbrado sombrero en las manos, presto a ser colocado sobre su cabeza, el frustrado estudiante de arquitectura -“he diseñado mis casas, mis espacios, y creo que ya con eso me basta”, afirma- reflexiona sobre lo humano y sobre su propia existencia cuando asegura: “Uno llega a acumular demasiadas cosas en la vida. Hay que aprender a despedirse de ese sentido de la acumulación”.

A manera de colofón parafrasea a Yourcenar mientras la recuerda en sus últimas décadas en su anónima casa de Maine, preparando pan o barriendo la acera frontal: “Vivir en la penumbra conviene a lo esencial”.

Recuerda Mario Rodríguez a Pedro Enriquez Ureña

“AQUELLOS TIEMPOS”.

Mario Rodríguez Estrada.-

LA ATENCION ES EL MATERIAL DE QUE SE HACE LA MEMORIA, Y LA MEMORIA ES GENIO ACUMULADO”.-Lowell.-

En memoria del Maestro Pedro Henríquez Ureña.-

Con nuestra atención puesta en los pormenores de la “ingente y heroica lucha calderoniana” en contra de los narcos, y de la respuesta ciudadana a este mal llevado movimiento, expresada en la multitudinaria “Marcha de la Paz”, encabezada por un doliente y “hasta la madre” herido padre, que como fiera ha tratado de que las “altas” autoridades del país entiendan y cambien su verborrea mediática…poco cuidado hemos tenido para evocar otros hechos y vidas de algunos connotados personajes …siendo admirador de la biografía y obra del Maestro Pedro Henríquez Ureña, recordé que este 11 de mayo del 2011, se cumplirán 65 años de su sentida muerte (1946).

Nació en la República Dominicana el 29 de junio de 1884, siendo sus padres Don Francisco Henríquez y Doña Salomé Ureña, médico el primero, poetisa y educadora la segunda, muriendo prematuramente a los casi trece años de vida de su hijo, 6 de marzo de 1897, advirtiendo en su vástago una intensa gravedad y un amor inusitado por los libros y el estudio, dedicándole ya a sus seis años, estos versos: “Mi Pedro no es soldado; no ambiciona/ de Cesar ni Alejandro los laureles;/si a sus sienes aguarda una corona,/la hallará del estudio en los vergeles/…Hijo del siglo, para el bien creado,/ la fiebre de la vida lo sacude;/ busca la luz, como el insecto alado,/ y en sus fulgores a inundarse acude/…antes de morir Doña Salomé escribe dos estrofas más para completar el poema: Así es mi Pedro, generoso y bueno;/ todo lo grande le merece culto;/ entre el ruido del mundo irá sereno,/ que lleva de virtud germen oculto//…Cuando sacude su infantil cabeza/ el pensamiento que le infunde brío/ estalla en bendiciones mi terneza/ y digo al porvenir: ¡Te lo confío!/.

Vino a México en 1906 y participó en las actividades del “Ateneo de la Juventud”, uniéndose a Antonio Caso, Luis Castillo Ledón, Alfonso Cravioto, Jesús T. Acevedo, Ricardo Gómez Robelo y Alfonso Reyes…más tarde se agregaron a ellos: José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán y Julio Torri…a su contacto, se despierta en Henríquez Ureña su vocación de Maestro y de Promotor de la cultura, reviviendo en él los antiguos genes maternales.

Colaboró intensamente con esa encomienda repartiendo su atención entre México, Cuba, República Dominicana, España, Estados Unidos de América,, ,recalando finalmente en la República Argentina, donde vive sus últimos años, en compañía de su esposa mexicana: Isabel Lombardo Toledano, hermana de Vicente Lombardo Toledano…en la Argentina conoce, entre otros muchos, a Jorge Luis Borges, quien le define como un “Gran Maestro”, que enseña con el ejemplo de tratar las cosas con un estilo genérico de enfrentarse, sin temor, al incesante y vario universo”…y le describe: “Sé que no era varón de muchas palabras…su método, como el de todos los maestros genuinos, era indirecto, rara vez condescendía a la censura del hombre o a los pareceres equivocados—es innecesario fustigar el error—decía—porque este por sí solo se desbarata.”.-

Escribía en varias publicaciones del continente…fue el creador de la serie “Biblioteca moderna del fondo de cultura económica”…colaboró con Nicolás Rangel y Luis G. Urbina en la “Antología del Centenario” (1910)…Autor de la “Versificación irregular en la poesía castellana”(1920)…De “Estudios mexicanos” hermoso libro en el cual estudia todas las épocas de la literatura y autores mexicanos…Mario RE le saluda y le recuerda con estimación y cariño, releyendo continuamente sus brillantes obras, que le transportan amorosamente a recordar “Aquellos tiempos”.-