De Tolimán al cerro sagrado del Zamorano

Patrimonio inmaterial otomí-chichimeca en exposición

Organización Editorial Mexicana

El Sol de México

Año con año los otomí-chichimecas o hñahñu se reúnen para ir en peregrinación a las elevaciones sagradas del semidesierto queretano: la Peña de Bernal y los cerros del Zamorano y el Frontón, donde cargados de cruces milagrosas veneran a sus antepasados e imploran por la lluvia y el buen tiempo.

En el marco del 75 aniversario del Museo Regional de Querétaro se presenta la exposición “Ya ximhai xa nsu. Territorios de lo Sagrado. Cultura y paisaje otomí-chichimeca”, donde se exhiben fotografías y objetos representativos de veneración, algunos utilizados durante la celebración de la Santa Cruz. La muestra continuará hasta

julio próximo.

Esta muestra surge con la idea de mostrar la riqueza de ese patrimonio vivo a través de la cosmovisión, ritualidad y vitalidad cultural de estos grupos, cuya tradición fue inscrita en 2009 en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), bajo la denominación “Lugares de memoria y tradiciones vivas de los pueblos otomí-chichimecas de Tolimán. La Peña de Bernal, guardián de un

territorio sagrado”.

Organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) a través de su delegación en Querétaro, esta exposición se montó con la participación de las comunidades de los municipios de Tolimán, Cadereyta de Montes, Ezequiel Montes y Colón, además de las autoridades de Tolimán y del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

Otomí-chichimecas es el término con el cual este pueblo se asume como descendiente de los chichimecas que habitaron gran parte de la región centro-norte del México antiguo, principalmente jonaces y pames, comunidades que fueron dominadas por los otomíes a finales del siglo XVI, lo que tuvo como resultado la adopción paulatina del otomí como

lengua franca.

En la exposición Ya ximhai xa nsu -que del otomí al español se traduce como “Territorios de lo sagrado o tierras preciosas”- se da cuenta del modo en que se van constituyendo los espacios de veneración, la ritualidad desde el ámbito doméstico hasta la configuración de una geografía simbólica; un territorio que consideran sagrado porque es habitado por sus antepasados o abuelitos “mecos”, como ellos los nombran.

El acervo que se exhibe está integrado por cerca de 60 piezas, entre las que destacan 25 fotografías de gran formato de algunas peregrinaciones, paisajes, los altares y capillas familiares y los pifaneros o músicos.

También se presentan dos cruces de ánimas, elementos simbólicos que representan a los ancestros de la comunidad o de una familia: La Cruz de Ánima de José Cruz Pérez (1546), pieza labrada en piedra con el rostro de Jesucristo, procedente del Museo Comunitario de San Miguel, Tolimán, y la Cruz Tolteca, que tiene una antigüedad de mil 200 años y presenta motivos geométricos, misma que fue registrada por el INAH en 1999 y actualmente se resguarda en una capilla familiar de San Antonio de la Cal, bajo custodia del señor Rosario Mora.

La exhibición incluye una decena de máscaras, entre ellas dos de “El Mechudo”, personaje ritual que representa a un hombre sabio que va al frente de las peregrinaciones, viste de negro con una máscara del mismo color, larga cabellera blanca y una vara de membrillo para “ahuyentar a los malos espíritus”.

Otras de las piezas que se muestran son: ocho indumentarias, objetos de un altar doméstico (velas, imágenes religiosas, incienso y flores), sonajas, tambores y garrochas -largas varas de carrizo adornadas con listones que utilizan durante la Semana Santa-, así como algunas cactáceas propias del semidesierto prestadas por el Jardín Botánico Regional de Cadereyta.

Entre los rituales de los otomíes-chichimecas destacan las peregrinaciones que se realizan a finales de abril, quizá como preparación a la celebración de la Santa Cruz -el día 3 de mayo-. En ésta las comunidades llevan la Santa Cruz de la localidad Maguey Manso al cerro del Zamorano y El Divino Salvador (una pieza de barro con el rostro de Jesús que se montó en una cruz) hacia el cerro del Frontón, en un recorrido de más de 38 kilómetros que requiere cuatro días. Así, año con año cerca de mil personas cargadas de flores, incienso, velas, comida y entonando plegarias piden por el buen tiempo.

Las cruces milagrosas son llamadas así porque se trata de apariciones; en ambas se observa el rostro de Jesús, son de madera y están pintadas de color azul verdoso; son revestidas con terciopelo, se les colocan flores, milagros y monedas para la procesión, ya que se utilizan como estandarte y eje del ritual de itinerancia.

La exposición se divide en cinco apartados: Lo sagrado entre los otomí-chichimecas; El hogar y el espacio doméstico; La comunidad; El territorio étnico, y El paisaje sagrado y su preservación.

Como parte de la exposición, cada quince días durante junio y julio se realizará una serie de actividades en el museo: relatos, danzas, lectura de cuentos, recreaciones de festividades y proyecciones de videos, eventos en los que participan las comunidades del semidesierto queretano.

“Territorios de lo Sagrado” se presenta en la Sala de Profundis del Museo Regional de Querétaro (Corregidora Sur No. 3, Centro Histórico, Santiago de Querétaro, Qro.). Continuará en exhibición hasta el 31 de julio, de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas. Costo: 41 pesos. Menores de 13 años, estudiantes y maestros con credencial vigente, adultos mayores de 60 años, jubilados y pensionados están exentos de pago. Los domingos la entrada es libre para el público nacional.

Premio al joven dramaturgo Flavio González Mello

Premio de dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2011

Roberto Perea

Proceso

(apro)

.-Resulta muy gratificante para la dramaturgia nacional que un joven creador mexicano que ha demostrado ampliamente la calidad de su trabajo, sea reconocido con uno de los galardones nacionales de mayor prestigio en la materia: el Premio de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2011, otorgado por el Gobierno del Estado de Guerrero y el INBA.

Flavio González Mello, dramaturgo, guionista, director de cine y narrador, egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), recibirá en el marco de las Jornadas Alarconianas (que este año se realizarán del 25 de junio al 3 de julio) este reconocimiento, por “la solidez de sus propuestas teatrales”, según consta en el acta del jurado, integrado por Carlos Bracho, David Olguín y Juan Tovar.

Alejandra Frausto, recientemente nombrada directora del Instituto Guerrerense de Cultura, y Teresa Vicencio, directora general del INBA, serán las encargadas de entregar este reconocimiento con el que Flavio González Mello ingresa a un cuadro de honor del que forman parte destacados creadores de nuestra tradición teatral como Sergio Magaña, Rafael Solana, Vicente Leñero, Elena Garro, Héctor Mendoza o Emilio Carballido.

González Mello no sólo se ha destacado en los terrenos del arte dramático. El guión de cine y de televisión han sido lugares donde también ha cosechado triunfos: como el Ariel al Mejor Mediometraje de Ficción de 1996, por Domingo siete o el Danzante de Oro en el Festival de Huesca por 40 grados a la sombra.

Contaba González Mello con 17 años cuando comenzó a montar sus primeras obras. Durante este periodo fueron las experiencias de los adolescentes las que ocuparon su atención. Más tarde la madurez de sus medios expresivos se confrontó con la historia de nuestro país.

Dos episodios de una naturaleza trágica, a la vez que cómica, sirvieron para que González Mello escribiera obras de notable factura, que fueron un fenómeno en la medida que rebasaron las 400 funciones, como en el caso de 1822, el año que fuimos Imperio.

El acercamiento a la historia que propone González Mello es lateral. Las figuras petrificadas por la historia se humanizan, revelando flaquezas y virtudes de la condición humana. En Lascuráin, o la brevedad del poder se acerca a uno de los personajes menos frecuentados por nuestros historiadores, Pedro Lascuráin Paredes, quien durara 45 minutos como presidente de la República en los días posteriores a la Decena Trágica y que cediera el poder a Victoriano Huerta.

También ha dado un viraje hacia temas de la antigüedad clásica bajo un tratamiento actual, con obras como Edipo en colofón y El padre pródigo. Para González Mello, el teatro es “un evento vivo que se transforma, que no permanece igual y que requiere siempre de estar tratando de imaginar, por lo cual se convierte en un fenómeno fascinante y adictivo.”

Por todas estas razones, Flavio González Mello recibirá el Premio de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2011.

“Me duele dejar estas tierras con tantos desafíos” dice el obispo de Querétaro Justino Armendáriz al despedirse de Matamoros

como tercer punto de la meditación, quisiera que dirigiéramos la atención al hecho que tanto Pablo como Jesús se dirigen a hombres llamados al ministerio eclesial: a los apóstoles y a los presbíteros de Éfeso; ambos desarrollaron no una relación predominantemente pragmática con ellos, sino iluminada y penetrada por la caridad pastoral, por el afecto fraterno, lo cual se transparenta en sus palabras y actitudes; es conmovedor escuchar el relato de Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en el que se resaltan gestos de profundo cariño.

Por ello, en este mo-mento quisiera dirigir unas palabras a mis hermanos presbíteros de esta Diócesis de Matamoros, tendremos oportunidad de convivir todavía un poco más tarde, sin embargo, ante sus comunida-des aquí representadas, quiero agradecer profundamente a cada uno de ustedes por su persona, por su vocación, por su trabajo, por todos los esfuerzos que cotidianamente realizan a favor de la construcción del Reino de Dios, especialmente hacia los más pobres; sobre todo quisiera recono-cer y agradecer su cercanía y disponibilidad, su franqueza y honestidad, su respeto, la búsqueda incansable por la unidad y la auténtica fraternidad sacerdotal.

Me voy con la consolación interior de que a final de cuentas entre ustedes, mis hermanos sacerdotes, encontré siempre una obe-diencia activa e inteligente.

Gracias en gran medida a la disposición de cada uno de ustedes y de todos como familia presbiteral, veo un clero unido, fuerte, con claridad de metas y con disposición a seguir sirviendo.

Doy mi reconocimiento especial a Mons. Roberto Ramírez Hernández, decano del presbiterio y sesenta y dos años de ordenado: Monseñor, gracias por su testimonio y su entre-ga, me llevo sus enseñanzas, los frutos de su sabiduría permanecerán siempre como luz en mi ministerio. Me resta unirme a San Pablo, en la lectura que hemos escuchado, y exhortarlos como él lo hizo, a que “miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó pastores el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la sangre de su Hijo”. Lo que hemos aprendido juntos será un precioso tesoro que conservaré con celo; oren por mí, que yo les aseguro mi oración siempre.

Y ligado al presbiterio, el Seminario, como una de las instituciones más apreciadas en la Diócesis, lugar privilegiado de formación de misioneros. A mi llegada a la Diócesis expresé mi opción decisiva en la atención a esta querida casa de formación, así lo he tratado de hacer durante estos seis años; quisiera haberme hecho más presente, sin embargo, gracias a Dios siempre hemos contado con equipos de formadores sólidos y con jóvenes entusiastas y generosos; gracias padres, gracias, muchachos por su decidido “sí” y por la realización de una bella vocación. Me da mucho gusto que tengan la ocasión de ir a Querétaro, allá nos veremos con el favor de Dios. Valoro también mi convivencia con los miembros de los institutos de vida consagrada; ustedes me han permitido entender que es posible armonizar y complementar la vida diocesana a la vida con-sagrada cuando centramos nuestra relación en Cristo y en la Evangelización.

La primera lectura nos relata que Pablo se puso de rodillas y oró con los presbíteros de Efeso, el capítulo 17 del Evangelio de San Juan recoge la oración de Jesús que ha inspirado la espiritualidad sacerdotal en toda la historia de la Iglesia. Quisiera en este momento también que me permitan concluir con una oración, únanse a mí.

Señor Jesús, Dios eterno, Pastor y guardián de nuestras almas (Cf. I P 2,25), Buen Pastor, que conoces a tus ovejas y das la vida por ellas (Cf. Jn 10,11). Te doy gracias por haberme llamado por el bautismo a la vida cristiana; te agradezco por el crisma de la Confirmación, a través del cual recibí la vocación de ser tu testigo; gracias por hacerme participar desde mi niñez del Pan de la Eucaristía; bendito seas por haberme llamado al sacramento del Orden en sus tres grados, y por el que me has constituido Pastor y ministro de tus Sacramentos. Te pido perdón por no haber respondido del todo a las vocaciones a las que me has lla-mado; sin embargo, también te doy gracias por tantas bendiciones que me has concedi-do: por mi familia de origen, por mi vocación, por mi vida sacerdotal en la Diócesis de Hermosillo y por haberme dado esta amada Diócesis de Matamoros como esposa, gracias infinitas por compartir conmigo la caridad pastoral a favor de esta Iglesia de Dios, que has adquirido con tu propia sangre (Cf. Hch 20,28); por haberme concedido el privilegio de servirla a lo largo de estos seis años, como discípulo y misionero tuyo; por darme la oportunidad de estar en medio de tu Iglesia, siendo signo de tu presencia; por ser instrumento indigno de tu gracia y representación sacramental de tu corazón de Buen Pastor. Te agradezco por cada uno de los presbíteros de esta Diócesis, que tantas veces me edifi-caron; por su entrega cotidiana y generosa a la vocación que les haces; por su trabajo tantas veces escondido, cotidiano y lleno de riesgos, pero ejercido con fidelidad, alegría y generosidad.

Te doy gracias por mis hermanos y hermanas laicos, comprometidos con el Evangelio y con el Reino, porque son testigos en medio del mundo de que estás vivo y de que nos amas incondicionalmente; gracias por las familias, por los jóvenes, por los niños, discípu-los y misioneros tuyos, incansables, entusiastas y edificantes.

Hoy, esta mañana, quisiera pedirte muchas cosas, me uno por lo pronto a tu oración, quiero hacerla mía. Ahora que estoy a punto de partir de Matamoros te pido, Jesús, que todos mis hermanos sean uno, como tú y el Padre son uno (Cf. Jn 17,11.21), “No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal.” (Jn 17,15). Fortalece a la Dióce-sis de Matamoros, envía un Pastor según tu corazón que sepa conducir a todos a tu gozo pleno.

De modo particular quiero pedirte que protejas a todos estos hermanos y hermanas míos; tú sabes que lo que más me cuesta, lo que más me hace sufrir, es dejar esta tierra con tantos desafíos. Concédenos el don de la paz, da a los habitantes de la Diócesis de Matamoros, de todo Tamaulipas y de México entero volver a gozar de relaciones de justicia y libertad, de auténtico progreso y de seguridad, “para que en ti nuestro Pueblo tenga vida digna”; te pido que nuevamente podamos circular por los caminos con tranquilidad, que podamos establecer entre todos relaciones de tolerancia y respeto, que los servidores públicos puedan buscar el bien de toda la sociedad.
María, Reina, ruega por nosotros. ¡Dios bendiga a la Diócesis de Matamoros! ¡Dios bendiga a Tamaulipas!

Pese a la violencia, los juarenses se reunen en torno al poeta

Marcha por la Paz

Pese al ambiente de violencia, los juarenses se concentran en torno al poeta

En su afán de legitimarse, el gobierno ha legado dolor a las familias, señala Sicilia

Alonso Urrutia y Rubén Villalpando

La Jornada

El parque que rodea el monumento erigido a Benito Juárez está inusualmente lleno; centenares de juarenses se congregaron para atestiguar el colofón de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad: la firma del Pacto Nacional Ciudadano.

Sentimientos encontrados: el dolor que no deja de fluir en los testimonios de las víctimas, la irritación contra los gobiernos por la desgracia en que han sumergido a esta ciudad y el consuelo surgido de la esperanza que les ha dejado el paso de la caravana encabezada por el poeta Javier Sicilia.

Los juarenses no son gente de grandes concentraciones: el miedo, la apatía o la indiferencia lo impiden, pero esta vez, a pesar del denso ambiente que se respira por la violencia, salieron de sus casas para escuchar a Sicilia en su mensaje final. El poeta les habla del amor como fórmula de lucha, del odio que no debe dominar el sentimiento humano y de la insustituible unidad del movimiento para alcanzar las tareas que se ha fijado.

Acaso es un mensaje cifrado al atardecer, cuando, entre los intensos jaloneos y disputas se ha logrado sortear la diversidad de enfoques sobre el rumbo de la movilización y concretar finalmente el objetivo central de la caravana, que recorrió más de 3 mil kilómetros: la firma del Pacto Nacional Ciudadano. Es la vía –dice Sicilia– para alcanzar la paz y el fin de la impunidad, luchar contra las absurdas decisiones gubernamentales que “con su búsqueda de legitimarse” han legado dolor a las familias en todo el país.

Empieza la reconstrucción

Convertido ya en un respaldo insustituible del poeta, Julián LeBaron arranca aplausos con su visión del movimiento: “en este viaje hemos sido testigos de la tragedia, del dolor, pero también hemos construido humanidad. Y por eso, con esta caravana comienza la reconstrucción; es una tarea gigantesca pero alcanzable con el amor. El amor es la fuerza presente en los dolores del parto, y lo que sigue es dar a luz una nueva generación. Tenemos que convencer de que México sí tiene solución”, con la claridad de que debe alcanzarse por la vía no violenta.

Pese al estado de ánimo colectivo de los juarenses, hartos de la violencia, abren una pausa para respaldar el esfuerzo de Sicilia y su caravana. “Usted sí es bienvenido, señor Sicilia, como no lo era para mí el presidente Calderón, porque no ha hecho nada bien”. La multitud –que incluye también algunos representantes de grupos solidarios de El Paso, Texas– respalda con sus gritos esta nueva muestra de hastío contra la figura presidencial.
Casi en el ocaso de esta larga travesía por el país, aún se escuchan los testimonios enardecidos de los familiares de las víctimas de esta urbe fronteriza. Las frases del poeta reivindicando el amor como vía para luchar se conjugan con las intervenciones enardecidas contra Calderón y su Ejército, mientras a ratos, entre la multitud comienza a levantarse la vieja consigna contra la conversión de Juárez en cuartel.

De nuevo las evocaciones a hijos desaparecidos, padres asesinados. Impunidad y tragedia como realidad implacable que se impone a los juarenses, quienes algo tienen claro: la vía castrense no modificará este sangriento destino que, pese a todo –dicen con un tímido optimismo–, no les cancelará su futuro. A pesar de la descripción apocalíptica que se desprende de los testimonios, confían en que algún día llegará el tiempo de un nuevo Juárez. “Que se vayan las armas, que se vayan los asesinos; nosotros aquí nos quedaremos”.

La jornada arrancó desde temprano con una nueva concentración de la caravana en otro de los puntos emblemáticos de la violencia en Juárez: el Campo Algodonero. En un terreno descampado Sicilia ironizó: “esto no es un campo de algodón, es un campo de sangre”, otro signo de la violencia en Juárez, porque aquí se encontraron los cuerpos de ocho mujeres brutalmente asesinadas.

Habló del oprobio que han representado para esta ciudad los feminicidios que han marcado parte de esa violencia que domina la urbe. Los insoportables feminicidios “muestran la herida abierta por el dolor que no podemos permitir y por lo que debemos clamar y hacer la justicia”.

Centenares de personas escuchaban al poeta, recordando sus propios dramas. A un costado del templete, un montón de tierra con ocho cruces que evocan la memoria de las desventuradas mujeres brutalmente asesinadas y cuyos cadáveres fueron encontrados en diciembre de 2001. Algunas mujeres con globos blanco y púrpura muestran el luto que –10 años después– sigue entre las familias agraviadas.

Carla Castañeda, en nombre de esas madres, es el enésimo caso en esta caravana que reclama justicia y el fin a la impunidad. “No nos hacen caso; nosotras tenemos que ser investigadoras, sicólogas, y ellos no hacen nada. Nuestro dolor es mayor, porque ustedes, a quienes les mataron a sus familiares, saben qué les pasó: nosotros no sabemos nada. Exigimos al gobierno que cumpla su trabajo, que dejen de humillar a Juárez”.

¿Qué es la seguridad ciudadana?

La seguridad ciudadana como seguridad nacional

Miguel Concha

La Jornada

Esta semana iniciaron en la Cámara de Diputados las audiencias públicas sobre la minuta de reforma a la Ley de Seguridad Nacional. Debe tomarse en cuenta entonces la exigencia que el 8 de mayo una abigarrada multitud plural de ciudadanas y ciudadanos hizo en el Zócalo capitalino, corazón de la República, en el segundo punto de un pacto nacional hacia la construcción de un México verdaderamente justo, digno y seguro, que ayer fue firmado por cientos de organizaciones en Ciudad Juárez: cambiar el enfoque militarista de guerra y asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana con enfoque en los derechos humanos”.

Algo que por cierto no hemos encontrado en las iniciativas de reforma que hasta ahora conocemos. En su minucioso Informe sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, publicado el 31 de diciembre de 2009, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recuerda que el concepto de “seguridad ciudadana” surgió en América Latina en el curso de las transiciones políticas a la democracia, como un instrumento para diferenciar la naturaleza de la seguridad en un régimen democrático, frente a la seguridad en los regímenes autoritarios. Vale decir –digo yo– los regímenes militares de la ideología de la seguridad nacional o civilistas de fachada. Y es precisamente en los regímenes autoritarios, afirma la CIDH, “donde el concepto de seguridad está asociado a los conceptos de ‘seguridad nacional’, ‘seguridad interior’ o ‘seguridad pública’, que se utilizan en referencia específica a la seguridad del Estado”.

Sin olvidar, añado, que en ese tipo de regímenes el Estado pretende ideológicamente ocupar el lugar de la nación, e incluso ésta ideológicamente también cancelar a los ciudadanos y sus derechos. Lo cual de ninguna manera queremos ni auguramos para México. Para la CIDH en cambio el concepto de seguridad ciudadana es el más adecuado para abordar los problemas de la criminalidad y de la violencia, pues deriva naturalmente hacia un enfoque centrado en la construcción de mayores niveles de ciudadanía democrática, con la persona humana como objetivo central de las políticas, incluidas desde luego las de seguridad, a diferencia de la seguridad absolutista del Estado o, peor aún, de determinado orden político. ¿Cómo ven una seguridad a la carta para el próximo gabinete?

Además, en su informe la CIDH explica que en años recientes los aportes de la academia y de los organismos internacionales especializados han permitido un mejor acercamiento al concepto de seguridad ciudadana, diferenciándolo del concepto de “seguridad humana”, construido sobre todo a partir de los análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que se concibe como la situación social en la que las personas sin discriminación alguna pueden gozar libremente de todos sus derechos fundamentales, a la vez que las instituciones públicas cuentan con la suficiente capacidad para garantizar su ejercicio, en el marco de un Estado de derecho, y para responder con eficacia cuando aquellos son violados. Sin cancelarla, la seguridad ciudadana se vuelve en este marco, por el contrario, una condición necesaria, aunque insuficiente, de la seguridad humana, que es finalmente la última garantía del desarrollo humano. “Por consiguiente –afirma la CIDH– las intervenciones institucionales para prevenir y controlar el fenómeno del delito y la violencia (políticas de seguridad ciudadana) pueden considerarse una oportunidad indirecta pero significativa para, por un lado, apuntalar el desarrollo económico sostenible y, por otro, fortalecer la gobernabilidad democrática y la vigencia de los derechos humanos. Para la CIDH, entonces, la construcción de una política sobre seguridad ciudadana, propia de un Estado y un régimen democrático, que es al que aspiramos, debe incorporar los estándares de derechos humanos como guía y límite infranqueable para las intervenciones del Estado. Estos se encuentran establecidos en los instrumentos que conforman el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, así como en los pronunciamientos y jurisprudencia de los órganos de control que integran los diferentes sistemas de protección. Por ello en varias ocasiones la comisión ha recordado a los Estados miembros, incluido México, su obligación de garantizar la seguridad ciudadana y el estado de derecho, dentro del pleno respeto a los derechos humanos. Y afirma que es a partir de esta premisa como “deben definir y llevar adelante las medidas necesarias para garantizar los derechos más vulnerables frente a contextos críticos de altos niveles de violencia y de criminalidad”.
Por tanto, la sociedad en México considera importante transitar de una visión de seguridad nacional, de seguridad interior, e incluso de seguridad pública, a una de seguridad ciudadana, y reconocer las obligaciones del Estado con relación a los derechos a la vida, la integridad física, la libertad y la seguridad personales, así como al disfrute pacífico de los bienes. Sin perjuicio de ello, las obligaciones positivas y negativas del Estado respecto a la seguridad ciudadana, también comprometen el derecho a las garantías procesales y a la protección judicial, a la privacidad y a la protección de la honra y la dignidad de las personas, a la libertad de reunión de asociación, y al derecho a la participación en los asuntos de interés público. La ciudadanía debe participar en el diseño, implementación, control y evaluación de las políticas, mediante intercambios y controles horizontales. No se trata de un privilegio. Es también un derecho.