La identidad de la prensa católica, motivo de un encuentro nacional

Encuentro Nacional de Periódicos Católicos

“La Identidad de la Prensa Católica” es el tema del Primer Encuentro de Prensa Católica que se realizará en México DF, del 19 al 22 de julio del 2011. El evento que es dirigido a Directores y responsables de Semanarios o Periódicos Diocesanos y a quienes laboran en ellos.

Este evento nacional es organizado por la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Comunicación y el apoyo de la Pastoral de la Comunicación de la Arquidiócesis de México. El encuentro tiene como objetivo analizar la situación y el futuro de la prensa, los desafíos y las expectativas de la prensa católica en México. Adicionalmente se busca definir el papel y perfil del reportero católico, así como el de analizar estrategias y estructuras que ayuden a mejorar la calidad de las publicaciones y a contribuir a la evangelización en el contexto de la Misión Continental en cada uno de las jurisdicciones eclesiásticas.

Entre los temas que se abordarán en este encuentro se destacan “La libertad de prensa en la Iglesia”; “Identidad de la Prensa Católica”, “El Perfil de los Reporteros Católicos y el Papel de los laicos en los periódicos Diocesanos”, “El artículo Editorial”, “Análisis del diseño de periódicos diocesanos y el uso de la imagen”, “Estructuras Organizacionales de los Periódicos Diocesanos”, “Estrategias de distribución, venta, publicidad y distribución de periódicos diocesanos”, “La Prensa Católica e Internet”, entre otros.

El congreso se llevará a cabo en Casa Lago-Sede de la Conferencia Episcopal de México, CEM, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Las inscripciones se receptarán hasta el viernes 1 de julio.

Rafael Nadal; El joven deportista. maestro de todos, en el pensar y el hacer a 25 años de su nacimiento

“Tener humildad, sí; tontería, no”

JUAN JOSÉ MATEO

Londres

El País

Dice que ha sumado su décimo título de Grand Slam porque reúne la mezcla imprescindible de obstinación y capacidad de sacrificio. La fórmula parece sencilla, pero, con 25 años, muy pocos logran aplicarla para superar crisis de confianza como la que atravesó en París

Hace mucho que la noche cayó en Londres, pero Rafael Nadal (Manacor, Mallorca; 25 años) todavía no ha salido a cenar. Antes de debutar en el torneo Queen’s, vencedor el domingo por sexta vez de Roland Garros, cierra su martes sentándose en un mullido sofá para repasar con EL PAÍS varios ángulos de su biografía: desde Severiano Ballesteros hasta El niño del pijama de rayas, pasando por los valores que distinguen a los campeones.

Rafael Nadal

Con 10 títulos del Grand Slam, ¿estás entre los grandes? Sí. Una gran satisfacción”

“Hay que ser tozudo, pensar que las cosas saldrán bien aunque no sea ni a la décima”

“En París siempre comienzo mal, pero la obligación me llevó a jugar bien”

“Si juega al máximo, Federer es imparable. Pero los partidos no duran siete juegos”

“Juego más nervioso cuando tengo más margen de error que en las finales”
Pregunta. Aparece usted sobre un banco de madera, fatigado y en el vestuario de Roland Garros. Es una fotografía de los momentos inmediatamente posteriores a su victoria en la final sobre el suizo Roger Federer. ¿Qué está pasando entonces por su cabeza?

Respuesta. Me quedo muy contento conmigo mismo. Entre mi ilusión y la ayuda de mi equipo, se ha conseguido algo que 10 días atrás parecía casi imposible. En aquella imagen… No se vería, pero lo que estoy es llorando en el vestuario. Llego, me quiero sentar y… es un momento emocionante porque era consciente de que había ganado algo que días antes parecía muy complicado. Se ganó con la determinación de cambiar la situación además de con el trabajo diario, de muchos meses y años. Estoy satisfecho de haber sido capaz de asumir el fracaso inicial o, más que fracaso, el desastre de cómo estaba jugando para a partir de ahí ir un poquito mejor cada día.

P. Tras esa foto, sale a la pista central y se hace otra con el baloncestista Pau Gasol. ¿Qué valores unen a dos ganadores de todo como ustedes?

R. Todos los que ganan tienen siempre una cosa en común que es básica. No es la humildad ni todas esas cosas que quedan muy bien y muy bonitas. Mejor si la tienes, como la tiene él, pero hay mucha gente que ha ganado mucho, una barbaridad, y que es arrogante. Lo que te hace ganar es querer ganar y querer hacer todo lo que toca para ganar. Querer trabajar cuando no te apetece. Saber aguantarte en los momentos complicados pensando que van a cambiar. Ser lo suficientemente tozudo para pensar que las cosas saldrán bien cuando no salen a la primera ni a la décima. Que la mente esté preparada para asumir las dificultades para así poder superarlas. Sin lugar a dudas, todos los que ganan tienen eso.

P. ¿Reconoció eso en Severiano Ballesteros? Cuando él falleció, usted ganó un partido y firmó “Seve” en una cámara tras la victoria. Había 24 años de diferencia de edad entre ustedes y, aun así, conectaron.

R. No viví su gran época, pero sí le conocí. Soy un grandísimo apasionado del golf. He visto todos sus vídeos. Lo que hizo Seve tiene la dificultad añadida de haber sido un pionero en España y haber creado un modo, un estilo, mundial. Su mayor virtud, sin duda, es que quería hacerlo y que se sentía preparado para trabajar lo que hiciera falta para llegar hasta allí. Si tú te crees capaz de llegar hasta allí, da igual si lo haces con una hora de entrenamiento o con 10 millones de horas. Lo importante es llegar. Seve tuvo eso. Jugué 18 hoyos con él y mantuve el contacto. Era una persona excelente.

P. ¿Se estaba entrenando en hierba, por esa forma de pensar, 24 horas después de ganar el torneo grande de la tierra?

R. Eso me lo da la experiencia. El primer año que gané Roland Garros, en 2005, no estuve preparado para hacerlo [perdió en la primera ronda de Halle]. También me lo da el querer mejorar siempre en todas las superficies; querer ser bueno en todos los sitios, algo que yo tenía claro. En 2005 no lo conseguí: me superó la felicidad, el bajón de tensión, el que para mí fuera algo increíble ganar mi primer grande. Una vez que conseguí el segundo Roland Garros… Pam, la cabeza se puso a pensar en lo siguiente [en la hierba].

P. Así que ya tiene mecanizado el viaje de Roland Garros a Queen’s [fue eliminado el viernes, en los cuartos de final, por el francés Jo-Wilfried Tsonga].

R. ¿Estoy cansado? Sí. ¿Me apetece estar aquí? No. Me apetece estar en casa. Llevo desde la Copa Davis en Bélgica [marzo] sin pasar una semana en casa. Pienso que este es un sacrificio que puede ayudarme a hacerlo luego mejor en Wimbledon [desde el 20 de junio]. Quizás no me ayude. Lo que es seguro es que yo me voy a sentir más tranquilo conmigo mismo habiendo hecho todo lo correcto para llegar bien a Wimbledon. Tener esa tranquilidad contigo mismo te puede permitir jugar mejor en un momento dado.

P. ¿Ganar en París le quita un peso de encima?

R. Ganar Roland Garros, los 10 títulos que llevo del Grand Slam [dos de Wimbledon, uno del Open de Australia y otro del de Estados Unidos, aparte de los seis parisienses], es dar un paso adelante en mi carrera y también en confianza para jugar el resto del año con más tranquilidad. ¿Es quitarse una mochila de encima? Quizá, sí. No estoy obligado a ganar, pero hacerlo es una satisfacción personal muy grande por estar un año más arriba, un año más ganando un torneo grande como mínimo. Este año, cuando he jugado estando sano, he logrado cuatro finales y tres títulos. Luego, está la historia. Siempre digo que no me importa, pero claro que me importa. Lo que pasa es que tampoco tengo tiempo para explicarlo porque al día siguiente estoy jugando otra competición. Claro que me importa la historia. Claro que me importa tener los mismos títulos de Roland Garros que Borg [Björn, sueco]. Claro que me importa ser de los que tienen más del Grand Slam. Claro que me importa. Yo amo el deporte y lo que hace grande al deporte es la historia. Hay que ser humilde, pero no hay que tener tontería encima. Con 10 títulos, ¿estás entre los grandes de la historia? Pues sí. Es una gran satisfacción personal.

P. En París empezó jugando mal y acabó muy bien.

R. Me ha pasado muchas veces. En todos los Roland Garros he comenzado jugando mal. En ninguno entré jugando bien. En este, especialmente, estaba jugando con un pelín más de nervios que los anteriores. En aquellos no había perdido cuatro finales en un año [todas contra el serbio Novak Djokovic]. Eso es duro, pero también hay que ver que estuve en todas. No estuve para ganar las cuatro finales, pero sí para aceptar las derrotas lo suficientemente bien para volver a luchar desde el primer día en el siguiente torneo. En Roland Garros, al ver que no había sido capaz de ganar ninguna de esas cuatro finales, tuve inseguridad a la hora de encarar el torneo. De ahí viene el problema. Una vez pasada la primera semana, vi que ya no me quedaba otra que jugar bien… Y ahí fue cuando me puse a jugar bien. La obligación me llevó a jugar bien.

P. “Le estaba pasando por encima”, resumió Carlos Moyà el inicio de Federer. ¿Cómo gestiona esa situación el número uno, el verse superado cuando se supone que es el mejor?

R. Entiendo la pregunta, pero la respuesta es diferente. Cuando juego, no pienso que soy el número uno, sino que estoy en la final de Roland Garros contra Federer y en que sé que, cuando juega a su máximo nivel, es prácticamente imparable. Ahora bien, los partidos no duran ni cinco ni siete juegos. Sé que jugar al máximo nivel durante tres horas es muy complicado. Si lo consigue, le das la mano y te vas para casa porque es brillante y muy difícil de batir. También sé que, si yo cojo el nivel, si yo cojo el ritmo, le haré difícil jugar tan bien. Si yo empiezo a jugar largo, alto, a lograr que los puntos duren más, él puede empezar a cometer errores. Mi objetivo es llegar al menos a esa situación. Ni me siento humillado ni pasado por encima. Siento que tengo que entrar en juego. En eso pensaba: en esperar al momento adecuado para coger un poquito de aire. La superioridad hay que mantenerla todo el rato. Yo me mantengo estable todo el rato. Cuando él juega muy bien, gana; cuando no juega tan bien, pierde. Al final, en la media es donde se gana.

P. Solo ha cedido un 19% de los puntos de break en las seis finales que ha jugado en París. ¿Cómo lo ha conseguido?

R. De algún modo, tienes que ganar las finales. Los partidos de este calibre y exigencia se juegan al límite. Los gana quien salva más situaciones. Lo importante es tener la confianza, la idea clara de lo que vas a hacer. Que la ansiedad y los nervios no te superen para hacer lo que no quieres hacer. Es una suerte que, de momento, siempre he jugado más nervioso los primeros partidos, en los que quizá hay más margen de error, que las finales, en las que hay menos.

P. ¿Por qué recomienda leer El niño del pijama de rayas?

R. Porque me pareció muy duro, pero, dentro de la dureza, tiene un mensaje. Cuando lo haces a los demás, no es tan grave; cuando te lo hacen a ti, es gravísimo. Ellos [los nazis] matan a diestro y siniestro, pero cuando te pasa en tu propia casa… Da que pensar. Siempre hay una doble visión de la vida, de la misma situación. Interesante.

“Nos están llevando a la radicalización”

Advierte Sicilia:

nos llevan a la radicalización

José Gil Olmos

APRO

Escuchar a las familias que han sido víctimas de la violencia en las regiones más laceradas del país reafirmó en los integrantes de la Caravana del Consuelo la convicción de que no se derrotará al crimen organizado sólo con armas y sin diagnósticos, ni pasando por encima de la gente.

Fortalecidos con el dolor de los supervivientes, Javier Sicilia y el movimiento ciudadano que encabeza ya comenzaron a darle forma a “la única opción que están dejando el gobierno y la clase política” para corregir el rumbo al país: la resistencia civil pacífica.

(Proceso)

.- Al final del trayecto de casi 3 mil kilómetros y después de una semana de conocer decenas de testimonios sobre ejecuciones, torturas y desapariciones, Javier Sicilia sostiene que el presidente Felipe Calderón no ve más allá de los jardines de Los Pinos y que sigue sin escuchar el clamor de miles de personas que piden justicia y paz.

Al frente de la Caravana por la Paz y la Justicia, conocida ya como la “caravana del consuelo”, el poeta advierte que también los partidos y actores políticos como Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard han mostrado incapacidad para atender el reclamo de las familias víctimas de la guerra contra el narcotráfico, lo cual está generando un grave riesgo:

“Puede haber estallidos sociales porque la gente está enojada, y cuando uno está enojado en grados graves, cuando uno se siente impotente y no encuentra un camino adecuado, no violento, para responder a esas agresiones, termina por ser agresivo. En muchas plazas la gente gritaba expresando odio y dolor, reclamos de justicia, voces que están sumergidas en el olvido.

“Lo que vimos es un país de víctimas, por eso decía que ojalá el presidente oyera los relatos. Le estaremos llevando un CD para que escuche los testimonios, que vea la impunidad que hay en el país, que vea que el crimen está también en el Estado, para que se pueda sensibilizar su corazón y vea que su estrategia es demasiado puritana y agresiva, que no es una buena estrategia para rehacer el país”.

Extracto del reportaje que se publica en la edición 1806 de la revista Proceso, ya en circulación.

Los jóvenes rechazan su exclusión y alzan la voz

Los jóvenes han vuelto a alzar
la voz para rechazar su exclusión

Jesús Martín del Campo, Raúl Álvarez Garín, Mario Delgado y Marcelo Ebrard, durante la inauguración de la escultura y la develación de la placa conmemorativa del 40 aniversario de la masacre contra estudiantes a manos de soldados, policías y grupos paramilitares, el 10 de junio de 1971.

La escultura es obra del artista Sebastián y fue colocada en la esquina de la calzada México-Tacuba y avenida de Los Maestros el viernes pasado

Extracto del discurso del secretario de Educación del Distrito Federal,
Mario Delgado Carrillo, durante la conmemoración del 40 aniversario
del 10 de junio de 1971, en la Plaza Normal.

Este aniversario se da en un contexto muy significativo. Hoy, en varias regiones del mundo, los jóvenes han vuelto a tomar la palabra, a alzar la voz para rechazar su exclusión. No somos antisistema, el sistema es antinosotros, han dicho. Condenan la falta de salud, empleo y oportunidades, así como la grosera concentración de la riqueza al grito de “esto no es una crisis coyuntural, es una estafa permanente”.

El “ganamos la calle” del 71, como hicieron muchos de ustedes, y también el 68, vuelve a escucharse como una advertencia sobre el agotamiento del sistema dominante.

Nuestros estudiantes, nuestros jóvenes del 68 y de los 70 nos advertían también del agotamiento de un sistema autoritario que ahogaba libertades y derechos que manipulaban la justicia a conveniencia y que mantenían los rezagos de una escandalosa desigualdad social. Ése era el sistema que los jóvenes cuestionaban al exigir un México democrático, de libertades, de justicia y oportunidades.

La respuesta del régimen priísta fue la represión, con el vergonzoso saldo de cientos de valerosos estudiantes muertos. Por eso es imprescindible recuperar la historia, para no olvidar el costo que pagamos por la sordera y la insensibilidad del poder, por el empecinamiento de cerrar el paso a la participación juvenil.

Los jóvenes ahora son los desempleados, los mal pagados, los subcontratados, las víctimas de las drogas, del alcoholismo, de la obesidad; los excluidos de las tecnologías de información, de la seguridad social, del conocimiento y de la cultura.

Son también, hay que decirlo, las principales víctimas de la violencia. Mientras agotamos la energía de nuestro país, en un combate al narcotráfico de inciertos resultados, estamos perdiendo el futuro para la generación de jóvenes más numerosa de toda la historia de la nación. Los jóvenes no son un peligro, son ellos los que están en peligro.

En 14 años de gobiernos perredistas en la ciudad de México se han respetado los derechos ciudadanos y las garantías individuales. Aquí vieron ya frutos las demandas de libertad y democracia que enarbolaron los jóvenes del 68 y del 71.

En esta ciudad es una realidad el derecho de todos sus habitantes a tener cualquier preferencia política, religiosa, ideológica y sexual.

Si los movimientos juveniles de hace 40 años resultaron decisivos para quebrar el autoritarismo y abrir el cauce democrático y el crecimiento de libertades y derechos en esta ciudad, un movimiento juvenil pasa hoy por dar respuesta objetiva al ejercicio de los derechos sociales. La defensa de la dignidad, entendida como uno de los derechos humanos fundamentales, demanda de un compromiso inequívoco y profundo de quienes hemos salido a defenderla.

Frente a la ceguera política y tecnocrática de gobiernos priístas y panistas de mantener el modelo económico que acrecienta los niveles de desigualdad, de concentración de la riqueza y de falta de oportunidades, el gobierno de la ciudad seguirá encontrando medios para invertir en la gente.

Hemos asumido que es inaceptable que los jóvenes en edad de estudiar no puedan ir a la escuela. ¿Cómo hacer que el gobierno federal reconozca la falta de acceso a la educación como un acelerador de las actividades ilícitas y la exclusión social? ¿Cómo hacerle entender que la educación no resuelve todo, pero sin ella no se resuelve nada?

El gobierno que encabeza el licenciado Marcelo Ebrard concibe la educación como un bien público y social. Del reconocimiento de un principio de equidad surge el programa Prepa Sí, que beca a miles de estudiantes de bachillerato y les da insumos para sus estudios.

El programa Prepa Sí ha despertado en muchos becarios el interés por seguir estudios de nivel superior, en contraste con gobiernos que se rigen por políticas y dogmas de neoliberalismo salvaje, donde se vuelven irrelevantes el derecho a la educación, a la cultura y el acceso a instrumentaos de la ciencia y tecnología.

Por estas razones queremos insistir en la propuesta del licenciado Marcelo Ebrard, de elaborar junto con los grupos parlamentarios del PRD, PT y Convergencia, y quienes se quieran sumar en las cámaras de Diputados y de Senadores, para que el programa Prepa Sí se convierta en ley y los beneficios de éste se apliquen por norma en todo el país.

No podemos estar conformes ni aceptar la disyuntiva lamentable y poco ética que se plantea a muchos jóvenes, a partir de la crisis de seguridad, de incorporarse a las filas del crimen organizado o a las Fuerzas Armadas y policiacas, cuando esta última debería ser una opción en parte de una grande gama de posibilidades que incluya muchos otros campos, como las humanidades y las ciencias, en las que los jóvenes tengan la última palabra.

Conmemorar es hacer memoria juntos, la estamos haciendo, no olvidar que no se ha hecho justicia y prevalece la impunidad. El 40 aniversario del 10 de junio es un acto de reclamo de justicia y de reafirmación de los valores que entonces se convirtieron en exigencia y en protesta.

Nos sentimos plenamente identificados con la poderosa energía de protesta y búsqueda que inspiró a muchos de ustedes hace cuatro décadas y que impulsa a los jóvenes de hoy. Otra vez la juventud emociona y conmociona.

Hace 40 años el gobierno de esta ciudad y la Presidencia de la República persiguió a los jóvenes y en estas calles asesinó a muchos. Hoy, el gobierno de izquierda en la ciudad los beca y contribuye a rescatar su futuro.

“Halcones nunca más. 10 de junio no se olvida”.

“Libertad bajo palabra”

Los halcones,
cuatro décadas

Orlando Ortiz

La Jornada Semanal

Todavía hay quienes creen que los halcones (los de entonces, no los que ahora colaboran con el narco) fueron creados al vapor, pocos días antes de la represión del 10 de junio de 1971. No fue así.

Los orígenes hay que llevarlos al 2 de octubre. Esa tarde, en Tlatelolco, detuvieron a muchos de los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga.

No obstante, el movimiento continuó, aunque en menor escala, tratando de definir el camino que debería seguir la lucha.

La huelga se levantó antes de que concluyera el año, y el CNH como tal se disolvió en diciembre; de inmediato los estudiantes del Poli, de la Normal de maestros, de los comités de lucha de la UNAM, de Chapingo y de la Universidad Iberoamericana constituyeron la Comisión Coordinadora de Comités de Lucha (COCO).

La COCO logró mantener vivo el movimiento, tanto en el DF como en otras entidades, por ejemplo, Michoacán, Puebla, Nuevo León.

Los estudiantes de este último estado libraron una lucha que los llevó a lo que puede calificarse del mayor triunfo en ese lapso: conseguir la autonomía de la universidad; en 1969, además los estudiantes lograron que se les diera mayor participación en el gobierno de esa institución.

A esta conquista estudiantil que reavivó el entusiasmo del movimiento debe sumarse el hecho de que Luis Echeverría fuera lanzado por el PRI como candidato a la presidencia de la República. Para colmo, el candidato se propuso visitar planteles universitarios en su campaña. Mayor cinismo no podía haber, pues había sido el secretario de Gobernación con Díaz Ordaz, y seguramente con él –y otros conspicuos hombres de la administración– tramó lo ocurrido el 2 de octubre; sin embargo, Echeverría, ya en campaña proselitista, comenzó a dar muestras de que, aparentemente, no continuaría con la línea de Díaz Ordaz. Durante todo ese tiempo aprovechó cuanta oportunidad tuvo para, como dirían en mi pueblo, darle de patadas al pesebre.

Todos los indicios apuntaban a que en su gobierno las cosas cambiarían, de que ya no sería un incondicional de los estadunidenses, de que cuidaría que los ricos no abusaran de los pobres, que acabaría con los líderes charros para que se estableciera la democracia sindical, y cosas por el estilo. Incluso llegó al grado de que, en un mitin en Morelia, pidió guardar un minuto de silencio por los caídos el 2 de octubre.

Luis Echeverría asumió la presidencia el 1 de diciembre de 1970, y de inmediato quedó planteada la gran (y sospechosa) contradicción: su política exterior se inclinaba hacia los gobiernos latinoamericanos (sin ver pelo ni tamaño, pues lo mismo se acercaba al dictador Anastasio Somoza que al presidente socialista Salvador Allende) y a otras regiones miserables del mundo; es decir, enfatizaba su interés por los países del entonces llamado Tercer Mundo; hablaba y no dejaba de hablar de apertura democrática, pero su equipo de trabajo más próximo anunciaba una continuidad de la política –autoritaria y represiva– de Díaz Ordaz. De ahí que le urgiera encontrar una manera de convencer a todos los mexicanos –sobre todo a los intelectuales de izquierda– de que él era demócrata, de que estaba abierto al diálogo, de que era solidario de las mejores causa nacionales e internacionales, bla bla bla bla… Necesitaba un golpe de timón efectivo y convincente.

El excarcelamiento de los líderes del ’68 facilitaría el asunto, pero la posibilidad de que al quedar en libertad le alborotaran la gallera estaba muy presente. Las autoridades recurrieron a la figura de “libertad bajo palabra” y se la ofrecieron a los presos políticos del ’68, pero condicionada a que aceptaran salir del país. El gobierno chileno se ofreció a recibirlos y esa fue la opción para muchos. De esta manera salió de Lecumberri un buen número de presos políticos, pero otros –entre ellos el ingeniero Heberto Castillo– permanecieron tras las rejas porque no aceptaban firmar la libertad bajo palabra y mucho menos irse del país. A la postre poco importó su resistencia, pues de todos modos los sacaron de chirona.

Mientras, los halcones andaban por ahí, como Cri-Cri, guardando eso que ahora llaman un bajo perfil. Porque ese grupo no se formó el 10 de junio ni días antes, como se desprende del testimonio que publicara el general de brigada Luis Gutiérrez Oropeza. El militar asegura que en 1968, poco después de las Olimpiadas y el movimiento estudiantil, fue inaugurado el Metro; la gente, tal vez para protestar de alguna manera por el 2 de octubre, utilizaba este medio de transporte, pero al mismo tiempo rompía sus asientos, lo rayoneaban y cometían destrozos en los vagones (actos vandálicos, en la jerga policial). Como el Campeonato Mundial de Futbol se aproximaba, temieron que esas tropelías se transformaran en actos terroristas que generarían una imagen pésima del país en el extranjero, lo cual repercutiría negativamente en el desarrollo del Mundial, convirtiendo en fracaso absoluto algo que prometía traer miles de turistas y, por lo tanto, divisas. Y como se aproximaba el año de Hidalgo –“le cae al que deje algo”– para la administración diazordacista era necesario evitar dicha imagen. Es decir, había que impedir los posibles actos terroristas. Por eso, y para prevenir tales atentados, el general Gutiérrez Oropeza le propuso al señor presidente Gustavo Díaz Ordaz que se creara un cuerpo paramilitar.
Su función, entre otras, o mejor dicho, la pantalla, era vigilar los vagones e instalaciones del Metro. Eso ocurrió durante la administración de Díaz Ordaz, de ahí que si Echeverría hubiera sido consecuente con su discurso, tendría que haber disuelto ese grupo paramilitar, minuciosamente entrenado.

Los halcones era un grupo socialmente variopinto, en que había desde ex militares –dados de baja, expulsados o desertores– hasta pandilleros de la peor calaña, lúmpenes, ex porros, etcétera; pero los comandaban militares de carrera. La cabeza de los halcones era el coronel Manuel Díaz Escobar Figueroa.

Han pasado cuarenta años desde la represión del Jueves de Corpus. En diversas ocasiones se dijo que los responsables serían castigados. Sin embargo, tales promesas nunca se cumplieron.