Comportamiento del clero de Querétaro a finales del S.XVlll y destrucción por el ejército francés de gran parte del patrimonio religioso de la ciudad

Informe Sobre el Clero Regular del Corregimiento de Querétaro. Año de 1793

Nota Benea: Este informe sobre el estado de la Iglesia en el Querétaro de finales del siglo XVIII en toda su extensión nos muestran el comportamiento no siempre muy aceptable de los religiosos y del Clero Secular, aquí sólo presentamos la introducción a este mencionado documento que por su magnitud no puede ser insertado en este libro. J. F. Z.

El documento que se publica está suscrito por el Capitán D. Juan Fernández Munilla, de quien no he podido averiguar dato alguno sobre su vida y actividades más que lo que el mismo informe nos dice, y es que estuvo encargado de la Subdelegación de esta Ciudad y su distrito. Ni el Dr. Beristán ni sus adicionadores José Fernando Ramírez, Dr. León y Félix Osores, a quien el primero copió, nos dicen nada sobre el particular, omitiendo en sus catálogos el nombre de nuestro autor. No obstante ello, el documento tiene un gran valor humano y nos informa sobre asuntos que en vano trataríamos de ver expuestos en otra parte. En la lista de las personas que ejercían sus ministerios eclesiásticos reconocemos a varios sujetos que los ilustraron con ejemplos de virtud y literatura. Baste recordar por ahora a Fr. Juan Domingo Arrecidita y al P. José María Zeláa e Hidalgo, cuya obra es bien conocida de los queretanos, a cuya gratitud están tan obligados.

Agradezco al señor D. Pablo Cabrera, director de la Editorial ¨Cimatario”, el empeño puesto en la realización de esta publicación.

México, Agosto 12 de 1946. F. G. de C.

El casco de esta Ciudad de Querétaro contiene dos parroquias, o curatos, conviene saber, el de Santiago Apóstol y el de San Sebastián. El cuarto de Santiago, radicando en la Iglesia que fue de los regulares extinguidos, y que abraza la principal parte de la población, a la parte del sur del río o arroyo, que corriendo de oriente a poniente la separa de la parte norte, en que está el arrabal y el curato de San Sebastián, este curato, pues, cuya feligresía asciende a más de veintiséis mil almas, está servido sólo por un cura y tres vicarios, dos de los cuales residen en la Parroquia Principal de Santiago y el otro en la iglesia ayuda de parroquia del Espíritu Santo. Sin embargo del corto número de ministros con respecto a la numerosa feligresía, ésta está suficientemente provista del pasto espiritual en la administración de los Santos Sacramentos, y la predicación de la palabra de Dios, por las numerosas comunidades de regulares, que de día y de noche están prontos a salir a las confesiones y predican con frecuencia en sus templos, sirviendo solamente los vicarios del Sr. Cura para ministrar el Sagrado Viático, y hacen una u otra confesión que les piden, en lo que están prontos al desempeño de su obligación y Santo Ministerio. Se ha notado el que la parroquia muy rara vez se explica en los domingos al pueblo la Doctrina Cristiana, como parece debía hacerse con frecuencia, contentándose el Sr. Cura con la tanda cuadragesimal de sermones morales, que anualmente hace predicar por otro predicador célebre y algunas veces por sí mismo. También se ha advertido que en el tiempo del cumplimiento de la iglesia se dificulta a los fieles mucho el satisfacer el precepto de recibir la Sagrada Comunión, por la multitud de concurrentes y escasez de ministros. Esta misma hace especialmente en tiempos de epidemias o cuando abundan los enfermos, con peligro de que la enfermedad aumentándose los prive del fruto y necesaria disposición. En orden a la exacción de los derechos parroquiales por los entierros y casamientos, se procede con arreglo al Arcancel, y sólo se advierte que a los pobres, que por no satisfacerlos prefieren la sepultura eclesiástica en el camposanto, se les exigen algunos derechos, de tres, cuatro o aún cinco pesos, lo que parece excesivo, atenta la práctica de otros curatos, y al fin de institución de estos camposantos o cementerios para las personas pobres y que no tienen con que satisfacer las obvenciones y derechos parroquiales.

El cura beneficiado actual es el Dr. D. alonso Martínez Tendero, sujeto de conocida literatura, ejercitado en la oratoria sagrada, exacto en el cumplimiento de su obligación y en la elección y pagamiento de sus vicarios, pronto e infatigable en el despacho de negocios independientes del Juzgado Eclesiástico, de muy honradas costumbres y de bella índole y amor a la paz, que procura guardar con todos sus feligreses, sin que se le advierte acción indecorosa o que desdiga de su sagrado carácter y pastoral ministerio.

Primer Vicario. El Br. D. Juan de Arillaga sujeto de suficiente instrucción en las materias morales, muy prácticas y exactas del ministerio, el que honra con su probidad y arregladas costumbres.

Segundo Vicario. El Br. D. José Maya, de corta instrucción y de conocida probidad y exactitud en su oficio.

Tercer Vicario. En la auxiliar del Espíritu Santo: El Sr. D. Ignacio Mora, ministro exacto, de buen ejemplo y de más que competente literatura.

En los Colegios de San Ignacio y San Francisco Javier se hallan actualmente dedicados a la instrucción y enseñanza de la juventud de esta ciudad, los eclesiásticos siguientes:

El Rector licenciado D. Pedro de Arce y Pereda, de mucha virtud y literatura, buen predicador, teólogo y canonista, y muy versado en las buenas letras. Le falta para el desempeño de rector, la energía, y actividad necesarias para la educación en los jóvenes en la piedad, letras y buena crianza, tanto por su índole pacífica e indolente, cuando por estar ya padeciendo las funestas resultas de un insulto apopléjico, que lo hace menos apto para el ministerio, tal vez en perjuicio del público.

El Br. Mariano Cabeza de Vaca, Vicerrector y catedrático de medianos y mayores, para lo que tiene la instrucción suficiente, y con su aplicación, asistencia y ejemplar de sus arregladas costumbres, se hace respetable, sin embargo de su natural suave.
Destrucción de Nuestros Conventos por las Tropas Francesas según informes de sus moradores a la Mitra en 1864

El Gobernador de la Mitra Pbro. José Ma. Barbosa, pide en julio de 1864, a los religiosos, tanto varones, como mujeres, de la diócesis de Querétaro, un informe sobre el estado en que se encuentran, tanto ellos, como los edificios donde habitan o habitaron.

Síntesis de esa información:

Introducción.
Estado de la Diócesis de Querétaro en 1864, a cuatro meses de su erección.

La suerte que corrieron los frailes y las monjas
El destino de los edificios que habitaron
La destrucción de conventos, templos, hospitales, colegios, hospicios, etc.

La historia no solo la encontraremos en los archivos, sino también en las ideologías y costumbres, en este caso en Querétaro, modificaron la vida cotidiana de sus habitantes los diversos acontecimientos causados por estas categorías, a veces no estudiadas con la debida objetividad.

En la ciudad de Querétaro se da la llamada Conquista espiritual, con la llegada de los frailes franciscanos para 1540 y con la de las monjas Clarisas para 1607, mientras que
Los llamados criollos, mestizos e indios, los habitantes más abundantes, en la que llamaron La Nueva España, hicieron crisis desde la segunda mitad del siglo XVlll, hasta lograr la independencia de España, entre 1810 y 1821.

El Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, crearon el territorio que ahora llamamos México, parte mayoritaria de la cultura madre, denominada Mesoamérica. Para ese entonces, los propietarios de la mayor parte del territorio mexicano y sus bienes muebles e inmuebles y los servicios, eran de la Iglesia Católica. Por ello la llamada ley Lerdo de 1856, desamortizó los bienes del clero, las fincas rústicas y urbanas pertenecientes a la Iglesia y Benito Juárez publicó las llamadas Leyes de Reforma, nacionalizando los bienes de la Iglesia, donde los templos y conventos, sufrieron las consecuencias, debido al saqueo, destrucción, mutilación y nuevos destinos que sufrieron estos edificios, lo mismo que el arte que en ellos se encerraba.

En Querétaro el Gobernador José Ma. Arteaga en 1860, sirva como ejemplo, cañoneó el conjunto conventual o Ciudadela de San Francisco, arruinando la barda atrial y gran parte de las capillas ubicadas en el cementerio, el resto se derribó en 1863 y se quemaron pinturas, esculturas y muebles.

Desiderio Samaniego, Manuel Gutiérrez, y José Antonio Septièn, gobernantes de la ciudad y del Departamento durante la intervención francesa, que estaba al mando del General Douay, fueron a quienes acuartelaron, estas autoridades, en los ex conventos de la ciudad y son los miembros del ejército francés responsables de gran parte de la destrucción del tesoro artístico de Querétaro.

Las cartas enviadas al Gobernador de La Mitra en 1864, es un enumerado del estado lamentable, de los edificios religiosos, su desmembración, mutilación, robo y saqueo y la profanación que de ellos hicieron los franceses durante su estancia en la Ciudad.

Ya los Frailes Dieguinos habían desaparecido por extinción, abandonando su convento, templo y capillas, los padres Jesuitas habían sido expulsados de su templo y colegios, así como del territorio mexicano, por órdenes del Rey, que en ese momento formaba parte, a decir de España, de sus bienes.

Informes:

Las Monjas Capuchinas a través de su abadesa María Coleta Jesús informan que son veintisiete, que de su templo destruyeron las ventanas y que el órgano ha quedado enteramente arruinado.

Mientras que la Rectora del Colegio y Beaterio las Carmelitas, Sor María de Cristo informa que son dieciocho y doce las colegialas, que no hay para su subsistencia más mínima y que el culto de sostiene con las pequeñas limosnas de los fieles.

Sor María Josefa de Santa Teresa, priora del Convento que conocemos por Teresitas, por su parte señala que son dieciséis, y el Fraile Manuel Garnica, provincial franciscano, sobre este mismo convento informa que el edificio conventual ha sido mutilado, abriéndose tres puertas por los lados de las calles de Locutorios y Capuchinas y que el Gobernador José Linares dispuso que se abriera una calle en medio del claustro principal, destruyendo los arcos, capillas y celdas.

Que el 18 de Marzo de 1863 fueron exclaustradas por una temporada y que el General Castagny del ejército francés, exigió desocupar todo el convento para situar en él a las fuerzas francesas, por lo que ellas fueron trasladadas al Convento de Capuchinas.

Sobre las Madres Rosas no se encuentra el informe, pero se sabe que fueron exclaustradas en 1863 y fueron divididas unas al Beaterio de San Juan del Río, otras a Tolimanejo, otras a Salvatierra y algunas en casas particulares.

El Padre Antonio María de Luna, Superior del Oratorio de San Felipe Neri, informa que son cinco y que la Iglesia está abierta, el Convento destruido, ellos se encuentran sin los recursos necesarios para el culto y sus individuos en la miseria.

Por su lado los Mercedarios, a través de Fray Simón Acosta, presidente del hospicio, dice que ellos son cuatro, que el 27 de Febrero de 1864 abrió la Capilla que les sirve como Iglesia, que se está trabajando en el Templo Grande y que lo poco que podía poseer el hospicio ya no está en su poder.
Del Convento de los Dominicos informa Fray Miguel Loarca que la Iglesia permanece cerrada y se encuentra en la más triste y deplorable situación, debido a sus muros destrozados, socavados, con letreros repugnantes y obscenos realizados por la milicia francesa, que ya no existen los altares, se destrozaron los órganos, el osario removido y profanado, la sacristía y las bodegas están destruidas debido a la incursión de esta horda de bárbaros.

Que el Convento está en la misma situación que el Templo, fétido y como un inmenso basurero, con señales muy tristes de búsqueda de tesoros, sin puertas ni ventanas y todo realizado por las fuerzas francesas que se han alojado en él.

En otro informe el Fraile José Rico, guardián del Convento de San Francisco, informa que son veinte en la comunidad más el Provincial y ha dado licencia a algunos para que se unan con sus familias o para que socorran sus necesidades. Respecto de los Templos y Convento, el de San Benito y el de Cordiguero fueron destruidos, lo mismo que la Santa Casa de Loreto, el de la Tercera Orden y Parte de la Iglesia Grande. El Convento está ocupado por las tropas francesas, que lo han maltratado y el General Castagny del ejército invasor no le ha permitido sacar absolutamente nada y se han quemado muchas pinturas de Aguilera, Ibarra, Rodríguez Juárez, Cabrera, entre otros muchos excelentes pintores.

El guardián del Colegio Apostólico de la Santa Cruz informa a la Mitra que la Iglesia está abierta, el Cementerio destruido y del Panteón de pobres solamente queda la capilla.

El Convento al que llamamos Colegio, parte de él es Hospital Militar de los Franceses, quienes han quitado los alteres de las Capillas del Noviciado y de la Enfermería. La huerta ha sido destruida.

También informa la historia de este lugar, a la manera en que la han hecho los franciscanos, señalando que el 25 de Julio de 1531 la Santa Cruz y el Señor Santiago Apóstol se aparecieron en el cielo sobre la loma, donde está la Iglesia y el Colegio de la Santa Cruz, de tal suerte que para 1860 tenía ya una existencia de 329 años, primero 152 años como Convento Franciscano perteneciente a la Provincia de México y después a la de Michoacán y 177 años como Convento de Propaganda Fide.

Los frailes agustinos por medio del Fraile Blas Inciso, informa que son cuatro los religiosos que se encuentran en la ciudad y que el Convento está sumamente deteriorado desde que lo ocupan los franceses, que el Templo quedó sin colaterales, sin órgano, sin ventanas y que mantienen el culto con las escasas limosnas de los fieles.

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