Paso a paso la construcción del templo parroquial de San José Iturbide. 1866-1957

Construcción del templo parroquial de
San José Iturbide
1866 – 1957

Que el Sr. Del Santo Entierro siga siendo el centro religioso de San José Iturbide

Pbro. Salvador Medina G

EL SR. D. JOSE LUIS MORELOS
Creemos un deber de justicia consignar en estos apuntes algunos datos de la vida DEL SR. D. Jose Morelos por los importantes servicios que desinteresadamente presentó a la población. Dicho señor falleció en esta Villa el miércoles 26 de enero de 1876, a las once de la noche, víctima de un ataque. El sr. Morelos era originario de la Hacienda del Salitre de Frías, jurisdicción de Xichú Victoria y fue vecino de esta Villa de San José Iturbide desde el año de 1824 hasta su muerte. Desde esa fecha (1824) desempeñó el cargo de director de los juzgados populares y secretario del honorable Ayuntamiento; llevó los apuntes históricos de este lugar; Bajo su dirección se construyó el palacio municipal en 1843; desde ese año hasta el de 1852 fue coronel de la guardia Nacional de esta Villa; fue el agente principal de la compañía que se fundó para comprar la Hacienda del Capulín y quien organizó las bases para su fraccionamiento en bien de esta Villa de Iturbide y su comarca; en tiempos de paz hasta su fallecimiento ocupaba el tiempo en las consultas que se le hacían, especialmente por los pobres, tanto en los negocios contenciosos como en la defensa de los presos sin cobrar honorarios; por último debemos decir sin exageración que él fue quien dio ser a la población, procurando siempre su progreso, sus mejoras materiales, la instrucción pública y el adelanto en todos los ramos.

Junta para la construcción de un nuevo templo parroquial

En marzo de 1866 el Sr. Cura Pbro. D. Domingo Rodríguez convocó a treinta vecinos del lugar para una junta con el fín de manifestarles la necesidad de construir un nuevo templo parroquial.
La reunión estuvo presidida por el mismo Sr. Cura Rodríguez asistiendo los señores Pbros. D. Cipriano Rodríguez, D. Pablo Ma. Aguilar y D. Juan José Plaza; Asistieron además, el sr. D. Gerardo Díaz, así como todas las personas invitadas y algunas otras más.

COPIA DEL ACTA LEVANTADA AL ABRIR LOS CIMIENTOS DEL NUEVO TEMPLO PARROQUIAL
“En la Villa de San José Iturbide, del Departamento de Guanajuato, en el Imperio Mexicano, a 23 de abril de 1866 (mil ochocientos sesenta y seis), el Cura propio y Juez eclesiástico de esta feligresíaa, Dr. Don Domingo Rodríguez, mirando con profundo sentimiento que la actual Iglesia parroquial no es m{as que un cañón de adobes muy mal construido, muy débil y estrecho, incapaz de contener la numerosa confluencia de fieles que asisten frecuente y piadosamente a la celebración de los divinos oficios; Que su debilidad y estrechez solo fueron una exigencia de la época de erección en calidad de capilla, como ayuda de parroquia en idioma castellano, y que independientemente del curato de Xichú de indios, ascendía a la categoría de Iglesia parroquial de Señor San José en el año de mil setecientos setenta, y que la edificación de un buen templo es una imperiosa necesidad del estado floreciente en que se haya esta nueva feligresía, como que excede de veinticinco mil el número de sus habitantes; a pesar de las grandes dificultades que traen consigo las grandes obras, la hizo diseñar por el perito Rafael Arcaute, y después de observar que el diseño ésta conforme a las reglas del arte y acomodado al terreno de la propiedad de la parroquia, hoy día de la fecha, mandó abrir los cimientos, con la previa licencia de La Sagrada Mitra, destinado dicho templo al culto del castísimo Patriarca Señor San José, como titular que ha sido de ésta parroquia, sin contar con más elementos que los que le proporcione la Divina Providencia, de quien muy confiadamente los espera. Y para la debida constancia se extiende la presente acta, que obrará en el libro destinado a consignar los acuerdos que se adopten y las ocurrencias notables que se presenten en el transcurso del tiempo que dure la obra, colocando una copia en el Arca de la piedra fundamental y unas monedas. El Cura propio Doctor Domingo Rodríguez, El perito Rafael Arcaute, El tesorero Gerardo Díaz. Firmas.”

BENDICION DE LA CAPILLA DEL SEÑOR DEL SANTO ENTIERRO Y DE LA SACRISTIA DEL NUEVO TEMPLO.

El sábado 20 de abril de 1872, a las siete de la mañana, se bendijeron solemnemente la Capilla del Señor del Santo Entierro, anexa al templo al lado de la epístola, y la sacristía del nuevo templo, concediéndole Dios a su fundador el Sr. Cura Rodríguez, celebrar en la capilla la primera misa, como era su deseo ayudado por el Sr. Rafael Arcaute, arquitecto y director de la obra. El sábado 11 de mayo siguiente se depositaron las imágenes de la parroquia en casas particulares para poder seguir derribando las paredes del templo antiguo y abriendo los cimientos del nuevo. En esa misma fecha se trasladó el Santísimo Sacramento de la parroquia a la nueva capilla. El templo parroquial antiguo duró ciento diez y ocho años, pues fue construído en 1754, al fundarse esta ayuda de parroquia.

MUERE EL PADRE D. CIPRIANO RODRIGUEZ
El día 21 de diciembre de 1873, a las seis de la tarde, falleció el Señor Bachiller Pbro. D. Cipriano Rodríguez de una edad avanzada, quien durante su permanencia en esta Villa inmortalizó su nombre observando una conducta intachable y ayudando sin descanso en la construcción del nuevo templo parroquial hasta dejar acabadas la sacristía y la Capilla del Señor del Santo Entierro y casi hasta la mitad de la altura las paredes del templo. A mediados de enero de 1874, con motivo del fallecimiento del Sr. Pbro. D. Cipriano Rodríguez, se hizo cargo para ayudar en la obra el Sr. Pbro.D. Juan José Plaza.

EL SEÑOR CURA PRESBITERO LIC. NICOLAS CAMPA

A consecuencia de la edad avanzada y de las enfermedades del Sr. Cura Dr. D. Domingo Rodríguez, el Exmo. y Rvmo. Sr. Dr. Ramón Camacho, segundo obispo de Querétaro, tuvo a bien nombrar al Sr. Pbro. Lic. Don Nicolás Campa, Cura de esta parroquia, de la cual tomó posesión el día 10 de mayo de 1890, como se ve en los libros del archivo parroquial.
Inmediatamente que tomó posesión de su parroquia comenzó a ejercer las funciones propias de su nuevo cargo captándose las simpatías, el respeto y el amor de todos los feligreses y desde luego dio impulso extraordinario a la construcción de la obra del templo parroquial, comenzado por su antecesor.
Sus pláticas doctrinales ajustadas a los preceptos del evangelio eran elocuentes y sin ostentación; era activo y eficaz en la asistencia espiritual a los enfermos y necesitados sin interés familiar, siendo guiado únicamente por la caridad sacerdotal y por el cumplimiento de sus deberes. Afecto y dedicado a la niñez y a la juventud impulsó la instrucción de la misma, estableciendo un plantel para impartirla gratuitamente. Aún viven algunos profesionistas, como licenciados e ingenieros etc., que deben al sr. Cura Campa al menos la iniciación de sus estudios . Era sencillo y atento con todas las personas que se acercaban a él para tratar sus negocios. Todas estas cualidades y otras muchas que omitimos, le grangearon la aceptación general y la estimación y respeto de todas las personas.

El Sr. Cura Campa, hombre emprendedor por naturaleza, arquitecto por afición y trabajador infatigable, continuó con entusiasmo la magna obra del templo parroquial, para lo cual solicitó la cooperación del Sr. Ingeniero Don Ramón Rodríguez Arraingoitia y del maestro de obras D. Valentín López. Los tres de común acuerdo formaron un nuevo proyecto que realizado poco a poco, había de hacer de los trabajos iniciados por el Sr. Rodríguez una obra regia de belleza arquitectónica incomparable, que constituye legítimo orgullo de esta población.

FALLECE EL SR. CURA DR. D. DOMINGO RODRIGUEZ

El sábado 23 de octubre de 1875 a las diez y media de la noche, falleció el Sr. Cura Pbro. Dr. D. Domingo Rodríguez en una de las piezas de su casa habitación, situada en la esquina de la Plaza principal y la calle que actualmente de llama de Rayón, teniendo lugar el triste acontecimiento en presencia de unas personas que ahí se encontraban, quien lo atendieron en tan doloroso transe. Falleció a los sesenta y siete años y seis meses de edad. Se solicitó permiso para inhumar su cadáver en el interior de la parroquia en construcción, cuyas bóvedas aún no se ponían; permiso que el gobierno negó la tarde del lunes 25. Esta negativa causó disgusto al pueblo que se amotinó para hacer la inhumación dentro de la parroquia, originándose un tumulto que duró cerca de dos horas y del cual resultaron dos muertos y varios heridos del pueblo y también de la fuerza de seguridad. Los reverendos padres Malavehar calmaron los ánimos y disuelta la reunión hostil, el jefe político hizo que a las doce de la noche se sepultara el cadáver en fosa común en el panteón municipal.
El Señor Cura Rodríguez estuvo al frente de esta parroquia durante veinticinco años, de febrero de 1849 al 10 de mayo de 1874.
SE TERMINA LA PRIMERA BOVEDA DEL TEMPLO
El día 22 de diciembre de 1875 se continuaron con mayor actividad los trabajos del templo parroquial, para lo cual se trasladó el Santísimo a la Casa Santa de Loreto el día 3 de febrero de 1876, a las siete de la noche, sin ninguna solemnidad. Fue tal la actividad del Sr. Cura Campa, que el día 19 de marzo del mismo año de 1876, a las siete de la mañana, se efctuó la bendición solemne de la primera bóveda, apadrinando el acto, entre otras personas, el español Sr. D. Francisco Balbás.

CONTINUAN LOS TRABAJOS DEL TEMPLO
La hermosa cúpula esta sostenida por doce arcos, tres corresponden al presbiterio, tres a cada uno de los cruceros y tres al cuerpo del templo. En medio del arco interior que da al cuerpo del templo. En medio del arco interior que da al cuerpo del templo hay una lápida de mármol blanco, en la cual se lee lo siguiente:
“El Ilmo. Sor. Obispo diocesano Dr. D. Ramón Camacho bendijo esta clave el día 13 de mayo de 1877.” En efecto el Ilmo. Señor Camacho hizo la santa visita pastoral a esta parroquia del 16 de de abril al 14 de mayo de 1877 y se aprovechó la oportunidad para que bendijera la clave de referencia.
El 19 de marzo de 1884, fiesta del castísimo patriarca señor San José, titular del templo y patrono de la parroquia, el sr. Cura Campa aprieta con sus propias manos la última clave en medio del justificado regocijo de sus feligreses.

LA PORTADA DEL TEMPLO
El 31 de diciembre de 1884 queda terminada la hermosa portada del grandioso templo y la bendice solemnemente el M I Señor Canónigo de Querétaro D. Agustín Guisasola, en representación de Exmo. y Rvmo. Sr. Obispo diocesano.
EL ORGANO
El día 12 de diciembre de 1885, con motivo de la función solemne para la renovación de la jura del patronato de Nuestra Señora de Guadalupe, se bendice y estrena su famoso órgano, que trajo el sr. Cura Campa de los Estados Unidos de Norte América. Por tradición se sabe que el sr. Cura Campa obtuvo del gobierno de la República la autorización necesaria para que el órgano pasara la aduana como material de guerra, quedando exento del pago de los derechos aduanales.
FALLECE EL SEÑOR CURA CAMPA

Dios nuestro Señor quedó satisfecho de los trabajos del sr. Cura Campa y lo llevó al cielo para premiar sus esfuerzos el 10 de mayo de 1890, según parece, habiendo administrado esta parroquia durante diez y siete años, sin tener la satisfacción de ver terminado el templo parroquial, producto de su genio. De su esfuerzo, tenacidad y devoción.

SE TERMINA Y BENDICE EL TEMPLO PARROQUIAL
Habiendo fallecido el sr. Cura Campa siguió al frente de la parroquia el sr. Pbro. D. J. Matilde de la Vega, quien terminó la magna obra del templo y con la debida licencia del Exmo. y Rvmo. Sr. Obispo de Querétaro hizo la bendición solemne en medio de grande concurso de fieles el 19 de septiembre de 1895, con asistencia de señores vicarios presbíteros D. Antonio Centeno y D. Juan José Plaza. En tan memorable acto celebra la misa el padre Plaza y ocupa la cátedra sagrada el Sr. Cura D. José Matilde de la Vega y por primera vez queda expuesto el santísimo Sacramento en el altar del nuevo templo. Asistieron como padrinos el Sr. Jefe Político D. José María Hernández, D. Victoriano Gutiérrez, D. Julián Gómez, D. Cristóbal Montes y las señoras celadoras de la Vela Perpetua y otras muchas personas.

SE TERMINA EL ALTAR MAYOR
Más tarde y debido al empeño del sr. Vicario de entonces Pbro. José Ma. Arredondo, se termina, bendice y estrena el altar mayor, obra ejecutada conforme al diseño que hizo el Sr. Ing. D. Ramón Rodríguez Arrangoitia y comenzada por el sr. Cura Campa.

EL RELOJ PUBLICO

El 19 de marzo de 1900 se coloca en el frontis del templo el reloj público con sus dos carátulas, una del reloj al lado del evangelio y otra del calendario del mes al lado de la epístola, tal com lo deseaba el sr. Cura Campa. El sr. D. Vicente Barreneche regaló el costo del mencionado reloj.

LOS CANDOLES DEL TEMPLO
El día 15 de agosto de 1905 se estrenaron los hermosos 16 candiles que adornan el templo, habiendo regalado su importe la Sra. Ma. Guadalupe Arcilla de Lara, quien antes de morir, dejó el dinero necesario y el encargo para esta compra a su hermana Susana Arcilla, la que lo cumplió fielmente. El Sr. Pbro. D. Edmundo Ugalde fue comisionado para hacer dicha compra.

PAVIMENTO DEL PREBITERIO Y DE LA SACRISTIA
En el año de 1919 el sr. D. José Dolores Arredondo, por encargo del sr. D. Sixtos Soto, le entregó al señor cura Pbro. D. Eugenio Villafuerte la cantidad de dinero necesaria para comprar el mosaico para el pavimento del presbiterio y de la saxristía, encargándose el sr. Cura Villafuerte de realizar esta mejora y pagando la Iglesia los gastos de mano de obra.

EL ATRIO DE LA PARROQUIA
En octubre de 1923 tomó posesión y se hizo cargo de esta parroquia el sr. Cura Pbro. D. Fernando Nuñez, quien desde su llegada se empeñó en su mejoramiento y comenzó por arreglar el atrio de la misma hasta dejarlo en las condiciones en que se haya actualmente, pues antes era un terreno lleno de escombros.

DECORADO DE LA CAPILLA DEL SEÑOR DEL SANTO ENTIERRO

El mismo sr. Cura Nuñez, mirando la creciente devoción de los fieles al Señor del Santo Entierro, no omitió esfuerzo alguno para mandar decorar y poner pavimento de mosaico a la capilla de tan milagrosa imagen. El día 5 de febrero de 1925 el muy ilustre Señor Canónigo de Querétaro Lic. D. Manuel Reynoso, Vicario General para la diócesis, hizo la bendición solemne de estas obras en representación del Exmo. y Rvmo. Señor Obispo diocesano D. Francisco Banegas Galván.
EL PAVIMENTO DEL TEMPLO

Gracias a los esfuerzos del sr. Cura Nuñez y a la generosidad del sr. D. Julio Ledesma, quien regaló el dinero necesario para que se pusiera el pavimento de mosaico en el templo parroquial, haciendo la bendición solemne el Exmo. y Rvmo. Sr. Obispo Dr. D. Francisco Banegas Galván el día 16 de julio de 1926 con asistencia de numerosos sacerdotes de Querétaro, de los señores curas de San Luis de La Paz y de San Miguel Allende y de los señores vicarios fijos de Los Rodríguez y de San Sebastián del Salitre. Ocupó la cátedra sagrada el ilustre señor canónigo Zacarías Gómez.

LOS CAMPANARIOS
El 19 de mayo de 1941 se comienzan las obras de los campanarios por el sr. Cura Pbro. D. Felipe Lavigne; Obras cuya construcción aunque lentamente, sigue adelante.

EL CANCEL DE LA PARROQUIA
El artístico cancel de hierro forjado a mano y caldeado en fragua y con remaches de acero, fue ideado por el sr. D. José Herrera y casi en su totalidad costeado por él mismo.
El sr. Cura D. Domingo Muñíz desde luego tan entusiasta en todas sus obras, lo aprobó y patrocinó.
El Padre Vicario que lo era entonces el Pbro. Salvador Medina Galván, aficionado al diseño, de inmediato elaboró un proyecto que después de varias correcciones fue aprobado por la comisión de arte colonial y el de arte religioso el ing. Pbro. D. Ramón Martínez y el Canónigo D. Ezequiel de la Isla.

Aprobado y bendecido el proyecto por el Exmo. y Revmo. Sr. Obispo, de inmediato el sr. D. José Herrera puso manos a la obra con grande empeño y con no pocas dificultades y después de casi un año de fatigoso trabajo, terminó el cancel y se estrenó y bendijo el 5 de febrero de 1954.
Si cabe aquí, bueno es dejar asentado que el sr. D. José Herrera fue un gran benefactor de la parroquia aunque siempre por su modestia nunca quiso que se dieran a conocer todos esos beneficios.

DERRUMBE DEL FRONTISPICIO DEL TEMPLO PARROQUIAL
En el año de 1957 precisamente el día 10 de agosto por la noche se vino abajo el tímpano del frontispicio del templo de S. José Iturbide, con un grande estruendo, tristeza del pueblo y asombro de todos. El sr. Cura D. Antonio Estrada Rangel siempre eficaz y activo dio aviso a las autoridades y de inmediato se dio a la tarea de su restauración, pronto quedó terminado a la perfección y de tal manera, que ni se notó la reconstrucción. (Esta fue una obradel sr. Cura Antonio Estrada que E P D )

Nacimiento del obispado, arzobispado y sede cardenalicia de la ciudad de México

Historia del Arzobispado de México

Después de la llegada de los conquistadores españoles a México, la Iglesia Católica envió misioneros a los territorios recién conquistados que, con el paso del tiempo, formarían parte de la Nueva España.
La primera diócesis de México fue la de Yucatán, que incluía todo el territorio desde Tlaxcala hasta la Península de Yucatán, de la que se desprendieron sucesivamente los territorios de las diócesis de Yucatán y Tlaxcala.
De esta última se desprendería el territorio de la original diócesis de México.
Al concluir el sitio de México-Tenochtitlan en 1521, los españoles deseaban hacer de Puebla la capital del nuevo territorio, sin embargo el peso político, demográfico y militar de la antigua Tenochtitlan los obligó a abandonar esos planes y a establecer la capital en lo que es ahora la Ciudad de México.
Carlos V dotó a la nueva diócesis de terrenos y medios, con lo que la nueva diócesis creció en importancia con la nueva capital de los territorios españoles en América. La diócesis fue erigida canónicamente por la bula[1] Sacri Apostolatus del papa Clemente VII del 2 de septiembre de 1530, apenas nueve años luego de la caída de México-Tenochtitlán, y fue elevada a arquidiócesis el 12 de febrero de 1546; su primer obispo y arzobispo fue el franciscano fray Juan de Zumárraga.
La Arquidiócesis Primada de México está dedicada a la Asunción de María y cuenta con un territorio de 1479 kms cuadrados del Distrito Federal.
Tiene seminario mayor y menor. En su territorio se encuentran las sedes de las Eparquías Maronita y Greco-Melquita de México y la Nunciatura Apostólica en México.

ARZOBISPOS
Ha habido 34 arzobispos de México, de los cuales siete llegaron a ostentar al mismo tiempo el cargo de Virrey de la Nueva España, conjuntando así los principales cargos del Reino; en el siglo XIX, el arzobispo Labastida fue regente durante el imperio de Maximiliano de Habsburgo, siendo el último que ostentó poder político.

A partir del Arzobispo Miguel Darío Miranda, todos los Arzobispos Primados de México han sido electos Cardenales por el Papa.

TERRITORIO
Los límites de la Diócesis de México al principio no se encontraban bien definidos. Cuando Cuba fue descubierta, se erigieron tres sedes, pero cuando los prelados llegaron, sus sedes episcopales habían sido destruidas y los habitantes habían huido. Para evitar tales problemas, la Santa Sede permitió a los reyes de España fijar los límites de las nuevas diócesis que se erigieran en el continente americano, aún considerado como parte de Asia.
Desde 1500 hasta 1863, la Arquidiócesis de México se extendía del Atlántico al Pacífico, específicamente de Tampico a Acapulco.
Actualmente su territorio ocupa únicamente el territorio del Distrito Federal o Ciudad de México.

TEMPLOS PRINCIPALES
La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, es el templo principal de la Arquidiócesis Primada de México, está dedicada a la Asunción de María. Dentro de su territorio se encuentra la principal basílica del país, la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, donde se venera a la Santísima Virgen de Guadalupe, aparecida en 1531 a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

VICARIAS
La Arquidiócesis está dividida en ocho vicarías territoriales episcopales:
Primera Vicaría, Santa María de Guadalupe.
Segunda Vicaría, Cristo Rey.
Tercera Vicaría, San Felipe de Jesús.
Cuarta Vicaría, San Miguel Arcángel.
Quinta Vicaría, San Pedro Apóstol.
Sexta Vicaría, San José.
Séptima Vicaría, San Pablo Apóstol.
Octava Vicaría, San Juan Bautista.

EDUCACIÓN
Dentro del territorio de la Arquidiócesis se encuentran numerosas escuelas de inspiración católica, la mayoría de las cuales son administradas por alguna Orden religiosa.
Existen también alrededor de quince universidades e instituciones de educación superior católicas que imparten carreras en todas las áreas de especialidad, incluyendo a la Universidad Pontificia de México.

Para la preparación de sus sacerdotes, la Arquidiócesis Primada de México tiene a su cargo las siguientes instituciones:
Seminario Conciliar de México
Seminario Mayor “Casa Tlalpan” Seminario de Guadalupe
Seminario Menor “Casa Huipulco”

Seminario Hispano de “Santa María de Guadalupe”
Seminario Misionero ” Redemptoris Mater”
La Universitad Católica Lumen Gentium

Además existen varias casas de formación de las distintas órdenes e institutos de vida religiosa, tanto para varones como para mujeres.

ARZOBISPOS:
1. Fray Juan de Zumárraga, O.F.M. (1468-1548)
Nombrado Arzobispo el 20 Agosto 1530
2. Fray Alonso de Montúfar O.P. (1498-1573)
Nombrado Arzobispo el 5 de octubre de 1551
3. Pedro Moya de Contreras (1527-1592)
Nombrado Arzobispo el 17 de junio de 1573
4. Alonso Fernández de Bonilla (?-1600)
Nombrado Arzobispo el 22 de mayo de 1592
5. Fray García de Santa María Mendoza y Zúñiga O.S.H. (?-1606)
Nombrado Arzobispo el 6 de diciembre de 1600
6. Fray García Guerra O.P. (1560-1612)
Nombrado Arzobispo el 29 de octubre de 1607
7. Juan Pérez de la Serna (1573-1631)
Nombrado Arzobispo el 18 de enero de 1613 – 19 de julio de 1627 nombrado arzobispo de Zamora
8. Francisco de Manso Zúñiga y Sola (1587-1634)
Nombrado Arzobispo el 9 de agosto de 1627
9. Feliciano de la Vega Padilla (?-1640)
Nombrado Arzobispo el 22 de marzo de 1639
10. Juan de Mañozca y Zamora (1580-1650)
Nombrado Arzobispo el 14 de junio de 1643
11. Marcelo López de Azcona (?-1654)
Nombrado Arzobispo el 29 de abril de 1652
12. Mateo de Sagade (Lazo de) Bugueiro (1605-1672)
Nombrado Arzobispo el 19 de septiembre de 1655 – 28 de enero de 1664 nombrado arzobispo de Cartagena, España
13. Alonso de Cuevas y Dávalos (1590-1665)
Nombrado Arzobispo el 28 de abril de 1664
14. Fray Marcos Ramírez de Prado y Ovando O.F.M. (1592-1667)
Nombrado Arzobispo el 15 de diciembre de 1666
15. Fray Payo Enríquez de Rivera Manrique O.S.A. (1612-1684)
Nombrado Arzobispo el 17 de septiembre de 1668
16. Francisco de Aguiar y Seijas y Ulloa (1632-1698)
Nombrado Arzobispo en 1680
17. Juan de Ortega Cano Montañez y Patiño (1627-1708)
Nombrado Arzobispo en 1699
18. Jose Pérez de Lanciego y Eguilaz y Mirafuentes O.S.B. (1665-1728)
Nombrado Arzobispo el 21 de marzo de 1714
19. Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta (1682-1747)
Nombrado Arzobispo el 24 de julio de 1730
20. Manuel José Rubio y Salinas (1703-1765)
Nombrado Arzobispo el 29 de enero de 1748
21. Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón (1722-1804)
Nombrado Arzobispo el 14 de abril de 1766 – 27 de enero de 1771 nombrado arzobispo de Toledo
22. Alonso Núñez de Haro y Peralta (1729-1800)
Nombrado Arzobispo el 30 de marzo de 1772
23. Francisco Javier de Lizana y Beaumont (1750-1811)
Nombrado Arzobispo el 24 de mayo de 1802
24. Pedro Jose de Fonte y Hernández Miravete (1777-1839)
Nombrado Arzobispo el 4 de septiembre de 1815
25. Manuel Posada y Garduño (1780-1846)
Nombrado Arzobispo el 23 de diciembre de 1839
26. Lázaro de la Garza y Ballesteros (1785-1862)
Nombrado Arzobispo el 30 de septiembre de 1850
27. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos (1816-1891)
Nombrado Arzobispo el 18 de marzo de 1863
28. Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera (1825-1908)
Nombrado Arzobispo el 17 de diciembre de 1891
29. José Mora y del Río (1854-1928)
Nombrado Arzobispo el 27 de noviembre de 1908
30. Pascual Díaz Barreto, S.J. (1875-1936)
Nombrado Arzobispo el 25 de junio de 1929
31. Luis María Martínez y Rodríguez (1881-1956)
Nombrado Arzobispo el 20 de febrero de 1937
32. Miguel Darío Miranda Gómez (1895-1986)
El 28 de junio de 1956 sucede
33. Ernesto Corripio y Ahumada (1919-2008)
Nombrado Arzobispo el 19 de julio de 1977
34. Norberto Rivera Carrera (1942)
Nombrado Arzobispo el 13 de junio de 1995

La historia y la literatura con objetivos distintos

La tercera verdad

JAVIER CERCAS

La historia y la literatura persiguen objetivos distintos; ambas buscan la verdad, pero sus verdades son opuestas.

La naturaleza de la novela es híbrida, sostiene el autor de Anatomía de un instante.

1¿Qué es una novela?

Una novela es todo aquello que se lee como tal; es decir: si algún lector fuese capaz de leer la guía de teléfonos de Madrid como una novela, la guía de teléfonos de Madrid sería una novela.

En este sentido no hay duda de que mi libro Anatomía de un instante es una novela. ¿Lo es también en algún otro? No lo sé. Lo que sí sé es que a algunos lectores les ha parecido un libro raro.

Los géneros literarios se distinguen por el tipo de preguntas que plantean y por el tipo de respuestas que dan

Pero la pregunta novelesca queda sin respuesta o la respuesta es la propia pregunta, el propio libro

El 23 de febrero es una ficción colectiva, algo quizá sólo comparable a lo que representa el asesinato de Kennedy en EE UU
Quizá lo es.

Anatomía explora el instante en que, durante la tarde del 23 de febrero de 1981, un grupo de militares golpistas entró disparando en el abarrotado Parlamento español y sólo tres de los parlamentarios se negaron a obedecer sus órdenes y tirarse bajo los escaños: el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez; el vicepresidente, general Gutiérrez Mellado; y el secretario general del partido comunista, Santiago Carrillo. Tratar de agotar el significado del instante en que esos tres hombres decidieron jugarse el tipo por la democracia -precisamente ellos tres, que la habían construido tras haberla despreciado durante casi toda su vida- obliga a indagar en sus biografías y en los azares inverosímiles que las unen y las separan, obliga a explicar el golpe del 23 de febrero, obliga a explicar la conquista de la democracia en España. La forma en que el libro lo hace es peculiar. Anatomía parece un libro de historia; también parece un ensayo; también parece una crónica, o un reportaje periodístico; a ratos parece un torbellino de biografías paralelas y contrapuestas girando en una encrucijada de la historia; a ratos incluso parece una novela, tal vez una novela histórica. Es absurdo negar que Anatomía es todas esas cosas, o que al menos participa de ellas. Ahora bien: ¿puede un libro así ser fundamentalmente una novela? De nuevo: ¿qué es una novela?

2 La novela moderna es un género único porque diríase que todas sus posibilidades están contenidas en un único libro: Cervantes funda el género en el Quijote y al mismo tiempo lo agota -aunque sea volviéndolo inagotable-; o dicho de otro modo: en el Quijote Cervantes define las reglas de la novela moderna acotando el territorio en el que a partir de entonces nos hemos movido todos los novelistas, y que todavía no hemos terminado de colonizar. ¿Y qué es ese género único? ¿O qué es al menos para su creador? Para Cervantes la novela es un género de géneros; también, o antes, es un género degenerado. Es un género degenerado porque es un género bastardo, un género sine nobilitate, un género snob; los géneros nobles eran, para Cervantes como para los hombres del Renacimiento, los géneros clásicos, aristotélicos: la lírica, el teatro, la épica. Por eso, porque pertenecía a un género innoble, el Quijote apenas fue apreciado por sus contemporáneos, o fue apreciado meramente como un libro de entretenimiento, como un best seller sin seriedad. Por eso no hay que engañarse: como dijo José María Valverde, Cervantes nunca hubiese ganado el Premio Cervantes. Y por eso también Cervantes se preocupa en el Quijote de dotar de abolengo a su libro y lo define como “épica en prosa”, tratando de injertarlo así en la tradición de un género clásico, y de asimilarlo. Dicho esto, lo más curioso es que es precisamente esta tara inicial la que termina constituyendo el centro neurálgico y la principal virtud del género: su carácter libérrimo, híbrido, casi infinitamente maleable, el hecho de que es, según decía, un género de géneros donde caben todos los géneros, y que se alimenta de todos. Es evidente que sólo un género degenerado podía convertirse en un género así, porque es evidente que sólo un género plebeyo, un género que no tenía la obligación de proteger su pureza o su virtud aristocráticas, podía cruzarse con todos los demás géneros, apropiándose de ellos y convirtiéndose de ese modo en un género mestizo. Eso es exactamente lo que es el Quijote: un gran cajón de sastre donde, atadas por el hilo tenuísimo de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza, se reúnen en una amalgama inédita, como en una enciclopedia que hace acopio de las posibilidades narrativas y retóricas conocidas por su autor, todos los géneros literarios de su época, de la poesía a la prosa, del discurso judicial al histórico o el político, de la novela pastoril a la sentimental, la picaresca o la bizantina. Y, como eso es exactamente lo que es el Quijote, eso es exactamente también lo que es la novela, y en particular una línea fundamental de la novela, la que va desde Sterne hasta Joyce, desde Fielding o Diderot hasta Perec o Calvino.

Más aún: quizá cabría contar la historia de la novela como la historia del modo en que la novela intenta apropiarse de otros géneros, igual que si nunca estuviese satisfecha de sí misma, de su condición plebeya y de sus propios límites, y aspirara siempre, gracias a su esencial versatilidad, a ser otra, luchando por ampliar una y otra vez las fronteras del género. Esto es ya visible en el siglo XVIII, cuando sobre todo los ingleses se apoderan de la novela (o a los españoles se nos escapa literalmente de las manos), aprendiendo mucho antes y mucho mejor que nosotros la lección de Cervantes, pero se hace evidente a partir del XIX, que es el siglo de la novela porque es el siglo en que la novela pelea a brazo partido por dejar de ser un mero entretenimiento y conquistar un lugar entre los demás géneros nobles. Balzac aspiraba a equiparar la novela a la historia, y por eso afirma famosamente que “la novela es la historia privada de las naciones”. Años después Flaubert, a la vez principal seguidor y principal corrector de Balzac, no se conformaba con ello y, según es posible advertir aquí y allá en su correspondencia, se obsesiona con la ambición de elevar la prosa a la categoría estética del verso, con el sueño de conquistar para la novela el rigor y la complejidad formal de la poesía. Muchos de los grandes renovadores de la narrativa de la primera mitad del siglo XX adoptan a Flaubert como modelo y, cada uno a su modo -Joyce regresando a la multiplicidad estilística, narrativa y discursiva de Cervantes, Kafka regresando a la fábula para construir pesadillas, Proust exprimiendo hasta el límite la novela psicológica-, prolongan el propósito de Flaubert, pero algunos, sobre todo algunos escritores en alemán -un Thomas Mann, un Robert Musil-, pugnan por dotar a la novela del espesor del ensayo, convirtiendo las ideas filosóficas, políticas e históricas en elementos tan relevantes en la novela como los personajes o la trama. Tampoco el periodismo, uno de los grandes géneros narrativos de la modernidad, se ha resistido al apetito omnívoro de la novela. El New Journalism de los años sesenta pretendía, como afirmaba Tom Wolfe, que el periodismo se leyera igual que la novela, entre otras razones porque usaba las estrategias de la novela, pero el resultado no fue sólo que el periodismo canibalizó la novela, sino también que la novela -A sangre fría de Truman Capote, digamos- canibalizó el periodismo, digiriendo los recursos de éste y convirtiendo la materia periodística en materia de novela.

Épica, historia, poesía, ensayo, periodismo: esos son algunos de los géneros literarios que la novela ha fagocitado a lo largo de su historia; esos son también algunos de los géneros de los que, a su modo, participa Anatomía, un libro que, desde este punto de vista, quizá no quede más remedio que considerar como una novela, aunque solo sea porque, de Cervantes para acá, a este tipo de libros mestizos solemos llamarlos novelas. Por lo demás, vale decir que Anatomía no es por supuesto un libro aislado o excepcional; otros libros de autores contemporáneos exploran territorios colindantes con el suyo. De hecho, la hibridación de géneros es, además de un rasgo esencial de la novela, un rasgo esencial del postmodernism. Borges, acaso el fundador involuntario del postmodernism, tardó casi cuarenta años en encontrarse a sí mismo como narrador, y lo hizo con un relato titulado ‘El acercamiento a Almotásim’ que se publicó en un libro de ensayos, Historia de la eternidad, y que adoptaba la forma de un ensayo, la reseña de un libro ficticio titulado The Approach to Al-Mu’tasim. Esta mezcla de ficción y realidad, de narración y ensayo, es lo que le abre a Borges las puertas de sus grandes libros. Así, en Borges el relato y el ensayo se confunden y fecundan; de igual modo lo hacen en determinados autores contemporáneos -de Sebald a Magris, de Kundera a Coetzee- que indagan en los confines del género y tratan así de expandir, o simplemente de colonizar por completo, el territorio cartografiado por el Quijote. En todo caso, a esa tarea de expansión o colonización del territorio de Cervantes quiere sumarse modestamente Anatomía, y esa es otra razón por la que el libro admite una lectura novelesca.

Pero no es la última; ni desde luego la más elemental. La más elemental es que yo soy ante todo un novelista, y que, aunque también he practicado el ensayo o la crónica, en este libro no he operado como un cronista o un ensayista, sino como un novelista: la estructura del libro es novelesca, muchos de sus procedimientos técnicos son novelescos, elementos esenciales de la narración, como la ironía o el multiperspectivismo, son consustanciales al género, igual que lo son la visión ambigua y poliédrica de la realidad que a través de ellos se ofrece; mi preocupación principal mientras escribía el libro, en fin, fue la forma, y un escritor en general -y un novelista en particular- es alguien concernido ante todo por la forma, alguien que siente que en literatura la forma es el fondo y que piensa que sólo a través de la forma es posible acceder a una verdad que de otro modo resultaría inaccesible.

Y hay más. Sin duda los géneros literarios se distinguen por sus rasgos formales, pero tal vez también por el tipo de preguntas que plantean y por el tipo de respuestas que dan. Así, las preguntas centrales que ante el golpe del 23 de febrero formularía un libro de historia, o un ensayo, podrían ser estas: ¿qué ocurrió el 23 de febrero en España?; o ¿quién fue en realidad Adolfo Suárez? En cambio, es muy improbable que un libro de historia o un ensayo formulase la pregunta central que formula Anatomía: ¿por qué permaneció Adolfo Suárez sentado en su asiento el 23 de febrero mientras las balas de los golpistas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo del Congreso? Para intentar responder a esta última pregunta son desde luego indispensables los instrumentos del historiador, del periodista, del ensayista, del biógrafo, del psicólogo, pero la pregunta es una pregunta moral; una pregunta muy parecida a la que se plantea, por ejemplo, Soldados de Salamina: ¿por qué durante la Guerra Civil un soldado republicano salvó la vida de Rafael Sánchez Mazas cuando todas las circunstancias conspiraban para que lo matase? Dado que son preguntas morales, tanto la pregunta central de Soldados como la de Anatomía son preguntas esencialmente novelescas, y resultan impertinentes o carecen de sentido como preguntas centrales en un libro de historia o un ensayo. Pero además, como digo, un género literario no sólo se distingue por las preguntas que formula sino también por las respuestas que da a esas preguntas. Pues bien, al final de Soldados, después de la larga búsqueda en que consiste el libro, no sabemos por qué el soldado republicano le salvó la vida a Sánchez Mazas, ni siquiera estamos seguros de quién era ese soldado: la respuesta a la pregunta es que no hay respuesta; o mejor dicho: la respuesta a la pregunta es la propia pregunta, la propia búsqueda, el propio libro. Lo mismo ocurre en Anatomía: después de la larga búsqueda en que consiste el libro, no sabemos por qué Adolfo Suárez permaneció inmóvil en su asiento mientras las balas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo; durante la búsqueda, el libro responde desde luego a las preguntas que se hubieran hecho el historiador o el ensayista -por ejemplo: el 23 de febrero fue el principio de la democracia en España y el final del franquismo y de la Guerra Civil; por ejemplo: Adolfo Suárez fue un colaboracionista del franquismo y un trepador social y político convertido finalmente en héroe de la democracia-; pero la pregunta novelesca, la pregunta central, queda sin respuesta o, de nuevo, la respuesta es la propia pregunta, la propia búsqueda, el propio libro. En suma: si es posible definir la novela como un género que persigue proteger las preguntas de las respuestas, esto es, como un género que rehúye las respuestas claras y unívocas y que sólo admite formularse preguntas que no pueden ser contestadas o preguntas que exigen respuestas ambiguas, complejas, plurales y en todo caso esencialmente irónicas, entonces, si es posible definir así la novela, no hay duda de que Anatomía es una novela.

3 Admitamos entonces que, tal vez, Anatomía de un instante es una novela. No hay duda, sin embargo, de que no es una ficción. ¿Significa esto que a fin de cuentas mi libro no es una novela? ¿Están obligadas todas las novelas a ser ficción? ¿Por qué no es una ficción Anatomía?

En marzo de 2008 yo llevaba más de dos años trabajando en una novela donde mezclaba ficción y realidad para narrar el golpe de Estado del 23 de febrero y el triunfo de la democracia en España a partir del mismo instante en torno al cual gira Anatomía. De hecho, por entonces acababa de terminar un segundo borrador de la novela, pero no estaba satisfecho con él: algo esencial fallaba y no sabía lo que era. Desesperado, para olvidarme unos días de mi novela fracasada me marché de vacaciones con mi familia. Fue entonces cuando leí en un artículo de Umberto Eco que, según una encuesta publicada en el Reino Unido, la cuarta parte de los ingleses pensaba que Winston Churchill era un personaje de ficción. Y fue entonces cuando creí comprenderlo todo. El golpe del 23 de febrero es en España una ficción, una gran ficción colectiva construida durante los últimos 30 años a base de especulaciones noveleras, recuerdos inventados, leyendas, medias verdades y simples mentiras. La explicación de este delirio es compleja, pero guarda relación con un hecho simple: el golpe del 23 de febrero fue un golpe sin documentos o sin eso que gran parte de la historiografía suele llamar documentos, de manera que los historiadores han dejado el trabajo de contar el golpe a los propios golpistas, a periodistas con muchas prisas y pocos escrúpulos y a la fantasía popular, con el resultado de que durante décadas han circulado impunemente por España las más disparatadas versiones del golpe. Una gran ficción colectiva, repito, algo quizá sólo comparable a lo que el asesinato de Kennedy representa en Estados Unidos. Eso es lo que creí comprender durante aquellas vacaciones. Eso y también, de inmediato, que escribir una ficción sobre otra ficción era una operación redundante, literariamente irrelevante; lo que podía ser literariamente relevante era realizar la operación contraria: escribir un relato cosido a la realidad, desprovisto de ficción, despojado de todas las novelerías, leyendas y disparates que a lo largo de tres décadas se habían ido adhiriendo al golpe. Y eso es lo que en definitiva intenta hacer el libro (y de ahí que su primera frase sea la frase de Eco). Partiendo del principal y casi único documento del golpe de Estado -la grabación televisiva de la entrada de los golpistas en el Parlamento, un documento tan evidente que nadie lo ha considerado un documento y que en mi opinión es sin embargo la guía mejor para entender aquellos hechos-, Anatomía trata de contar el golpe del 23 de febrero y el triunfo de la democracia en España con la máxima veracidad, como los contarían un historiador o un cronista, aunque sin renunciar por ello, insisto, a determinados instrumentos y virtudes de la novela, ni por supuesto a que el resultado sea leído como una novela.

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¿Significa esto que, a mi juicio, la novela puede contar la historia mejor que la historia? ¿Significa que la novela puede sustituir a la historia? Mi respuesta es no. La historia y la literatura persiguen objetivos distintos; ambas buscan la verdad, pero sus verdades son opuestas: según sabemos desde Aristóteles, la verdad de la historia es una verdad factual, concreta, particular, una verdad que busca fijar lo ocurrido a determinadas personas en determinado momento y lugar; por el contrario, la verdad de la literatura (o de la poesía, que es como llamaba a la literatura Aristóteles) es una verdad moral, abstracta, universal, una verdad que busca fijar lo que les pasa a todos los hombres en cualquier momento y lugar. Es cierto que Anatomía persigue al mismo tiempo esas dos verdades antagónicas, porque busca una verdad factual, que atañe sobre todo a determinados hombres de la España de los años setenta y ochenta, pero también busca una verdad moral, una verdad que atañe sobre todo a quienes, con un oxímoron, el libro denomina héroes de la traición, esos individuos que, como los tres protagonistas del libro -Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo: dos antiguos franquistas y un antiguo estalinista-, poseen el coraje de traicionar un pasado totalitario para ser leales a un presente de libertad por el que, llegado el caso, en el instante decisivo, aceptan jugarse la vida. Y asimismo es cierto que, visto así, como un libro que ambiciona reconciliar las verdades irreconciliables de la historia y la literatura, Anatomía puede parecer, además de un libro raro, un libro contradictorio, otro oxímoron. Quizá también es eso: un libro donde, idealmente, la verdad histórica ilumina a la verdad literaria y donde la verdad literaria ilumina a la verdad histórica, y donde el resultado no es ni la primera verdad ni la segunda, sino una tercera verdad que participa de ambas y que de algún modo las abarca. Un libro imposible, dirán ustedes. No digo que no. Pero me pregunto si no serán los libros imposibles los únicos que merece la pena intentar escribir, y si un escritor puede aspirar a cosechar algo mejor que un fracaso decente; también me pregunto si yo hubiera buscado la verdad histórica del 23 de febrero si los historiadores no hubieran olvidado hacerlo, o si no la hubiesen considerado irrelevante o inasequible, regalándome así la posibilidad de este extraño libro. Sea como sea, una cosa es segura: yo sólo soy un novelista, no un historiador, y es posible por ello que incluso en Anatomía, donde he buscado con el mismo empeño dos verdades opuestas, la verdad histórica esté al servicio de la verdad literaria, y que ambas nutran aquella tercera verdad conjetural. No lo sé. Lo que sí sé es que, de ser así, ésta sería quizá la razón definitiva para considerar Anatomía una novela. Pero que eso también lo decida el lector.

Una versión más amplia de este texto se leyó en inglés como Raymond Williams Memorial Lecture en el Hay-On-Wy Festival de UK, el 29 de mayo de 2011. Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) es autor, entre otros libros, de Soldados de Salamina (Tusquets, 2001; premios Salambó, Llibreter e Independent Foreign Fiction) y Anatomía de un instante (Mondadori, 2009: Premio Nacional de Narrativa). javiercercas.com.

Los homosexuales no pueden ser candidatos:Propone diputado local panista en Querétaro

Son contra natura; no pueden ser candidatos: diputado queretano

Mariana Chávez

La Jornada

Las y los homosexuales no pueden ser candidatos a cargos de elección popular porque su preferencia va contra la naturaleza y ello implica que sean incongruentes en la promoción de valores, dijo el panista Salvador Martínez Ortiz, presidente de la Comisión de la Familia del Congreso local, en una discusión entablada con activistas y defensores sociales.

El legislador contestó así el pasado miércoles a Manuel Edmundo Ramos, líder del grupo SOS Discriminación, quien el lunes demandó a los partidos impulsar candidaturas de personas no heterosexuales, y este viernes, la presidenta de la Asociación Queretana de Educación para las Sexualidades Humanas (Aquesex), Alejandra Martínez, anunció que junto con otras agrupaciones denunciarán a Martínez Ortiz ante las comisiones estatal y nacional de Derechos Humanos por sus expresiones homofóbicas.

En su intervención, el dirigente de SOS Discriminación estimó necesario que los exponentes de la diversidad sexual y de todos los sectores vulnerables tengan representación popular para impulsar políticas públicas que impidan la exclusión y discriminación de sus respectivos grupos.

Sin embargo, en entrevista telefónica, el diputado local dijo que “cualquier ciudadano que cumpla los requisitos legales tiene derecho a votar y ser votado”, e incluso él avalaría la postulación de alguien que promueva los valores familiares, independientemente de su orientación sexual, pero según ha percibido en las calles –señaló–, “los queretanos no lo respaldarían mayoritariamente, porque la entidad no está preparada para tener un candidato con esa preferencia”.
Martínez Ortiz añadió que “en toda esfera política debe haber congruencia, pues no podemos promover valores y actuar de otra forma”, y las orientaciones no heterosexuales van “contra el derecho natural y alteran la convivencia”.

En respuesta, la presidenta de Aquesex anunció la denuncia contra el legislador por la pretensión de “imponer sus creencias en las políticas públicas y vulnerar un grupo al fomentar el odio, pues más que a sí mismo, representa a muchos electores y debe respeto irrestricto a los derechos humanos de todas las personas, gústele o no…”

Ante la controversia suscitada por sus declaraciones, el legislador panista ya no quiso hablar al respecto, pese a la insistencia de que diera una nueva entrevista.

“El arraigo” violatorio de los derechos humanos

Otra propuesta regresiva

Miguel Concha

El 11 de junio se publicó en los periódicos una nota con el encabezado Procuradores quieren incluir arraigo en el fuero común”. En ella se leía que en el contexto de la 25 “Conferencia Nacional de Procuración de Justicia”, los fiscales del país acordaron impulsar la aplicación de la medida del arraigo en delitos graves no federales, y se anunciaba que los procuradores estatales, acompañados por la procuradora general de la República, apoyarían una iniciativa de reforma al artículo 16 constitucional al respecto. Se mencionó, asimismo, que esta iniciativa sería presentada para su aprobación en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública el próximo 30 de julio.

He escrito constantemente sobre este tema. La triste historia de la constitucionalización de esta figura ya la conocemos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró en septiembre de 2005 que el arraigo en materia penal era contrario a la Constitución, toda vez que, al impedir su libre tránsito, restringe la garantía de libertad de las personas, y es en general un acto de molestia que produce la afectación jurídica del gobernado. Esta resolución de la Corte estuvo acorde con lo que ya habían señalado diversos organismos internacionales de protección a los derechos humanos, como el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, que en su informe de 2002 sobre su visita a México afirmó que la institución del arraigo “es en realidad una forma de detención preventiva de carácter arbitrario, en razón de la insuficiencia del control jurisdiccional y de la ejecución de la medida en lugares que si bien no son secretos, sí son discretos”. Agregan que la falta de garantías procesales es la que permite este tipo de violaciones.

En el contexto del Examen Periódico Universal, la comunidad internacional también ha exhortado a México a tomar, en la brevedad posible, las medidas efectivas para poner fin a la práctica del arraigo. ¿Cuál fue entonces la respuesta del Estado mexicano ante este cúmulo de críticas –todas ellas ciertas– hacia esta figura habitual en la “investigación” de nuestro país? La respuesta parece absurda, y es lo que motiva el presente artículo. Ante estas críticas, y sobre todo frente a la decisión de la Corte de considerar inconstitucional el arraigo, lo que hizo el Ejecutivo, en complicidad con los legisladores, fue reformar hace tres años la Constitución y “constitucionalizar” el arraigo. Algo tan sencillo como eso.

La nota emitida el 11 de junio nos lleva a una situación similar, toda vez que el arraigo se aplica no sólo en el ámbito federal sino también en el local, y que en ambos trae consigo un cúmulo de violaciones a los derechos humanos que no puede consentirse. El 28 de mayo escribí sobre la aplicación del arraigo en el Distrito Federal, y cómo la comisión de derechos humanos había emitido el 29 de abril la recomendación 02/2011 contra las violaciones a los derechos humanos documentadas minuciosamente en esa práctica, que se emplea incluso de manera habitual y no de forma excepcional. En ella se expresa que a pesar de encontrarse en la Constitución, el arraigo, tanto en su aplicación como en la forma en que se lleva a cabo, viola diversos derechos humanos: a la seguridad jurídica, a la libertad y seguridad personales, al debido proceso y a las garantías judiciales, a la tutela judicial efectiva, así como los derechos propios de las personas privadas de su libertad, el derecho a la integridad personal y el derecho a la salud. Y que es importante destacar que “muchas de estas deficiencias y prácticas violatorias plenamente identificadas con motivo del arraigo son extensibles a otras actividades investigadoras durante la averiguación previa”.
Al parecer los procuradores se han dado cuenta de tres cosas: 1) las procuradurías de justicia actualmente no tienen la capacidad para la investigación de los delitos; 2) el marco legal reformado y semigarantista actual no es suficiente para justificar la forma en la que las entidades federativas aplican el arraigo, y 3) ante un falso dilema sobre seguridad o derechos humanos, apuestan erróneamente por la primera. Por ello las autoridades ministeriales del país quieren ahora una patente de corso para arraigar a la gente por delitos “graves”, y para tal efecto desean reformar de nuevo la Constitución, a fin de que lo que la misma dispone no sea un obstáculo para sus fines.

Nunca se ha negado el problema que la seguridad representa para la realidad actual del país. Los movimientos ciudadanos son claros al exigir a las autoridades que garanticen la seguridad de las personas. Sin embargo también existe un mensaje claro: para cumplir ese cometido no pueden pasar por encima de los derechos humanos. Esta debe ser una premisa que rija cualquier accionar de las fuerzas del orden. Ello no obstante, los procuradores han dado oídos sordos, e insisten en aplicar métodos cuya eficacia es cuestionable. Peor aún, siguen mostrando poco respeto a las leyes y principios jurídicos que han dado origen a este país. Esperemos que esta propuesta no avance, y que, en caso de que sea presentada, los integrantes del Consejo Nacional de Seguridad Pública y/o el Congreso consideren que no se pueden basar las políticas de seguridad en disposiciones contrarias a los derechos humanos. Sobre todo que estas prácticas, que favorecen la tortura, las detenciones arbitrarias, los actos de molestia y las violaciones al debido proceso, no brindan ninguna certeza a las víctimas del delito. Por el contrario, fomentan la impunidad y vulneran el Estado de Derecho, del que muchos hablan, pero pocos respetan.