El escritor Jorge Volpi es hostigado por pensar y hablar

Jorge Volpi es hostigado por pensar y hablar

(apro).-

El escritor Jorge Volpi rechazó la oferta del presidente Felipe Calderón de ser reasignado como agregado cultural en Italia.

El autor de “En busca de Klingsor” argumentó que, “por congruencia”, no acepta la oferta de la Presidencia debido a que fueron razones políticas las que lo separaron del cargo.

Jorge Volpi había acusado a la canciller Patricia Espinosa de retirarlo de su cargo diplomático por diferencias políticas. En consecuencia, la presidencia emitió un comunicado para intentar restituir al escritor.

Este día, Volpi publicó las razones por las que no acepta el ofrecimiento:

“1. Estoy de acuerdo con lo que el comunicado de Presidencia dice, pero no con lo que omite.

“2. La intervención de Presidencia vino sólo después de que yo hiciera pública la verdad sobre los motivos políticos de la Canciller para cancelar el nombramiento.

“3. En efecto le agradecí al Ing. Ruiz Mateos la intervención del Presidente, pero le dije que por congruencia no podía aceptar el cargo ‘dado que la Canciller lo había anulado por razones políticas y no por un recorte presupuestal’. Y que le hiciera saber al Presidente que, después de la libertad de expresión disfrutada en canal 22, me parecía muy grave que la Canciller actuase de esta forma”.

Volpi, además, acusó a la Canciller de responsabilizarlo de expresar “opiniones contrarias al Gobierno”, porque “da entrada a esas acusaciones, juzga y decide aplicar una sanción (el retiro de un puesto público”.

En operatico de la CONAGO en Veracruz se cometieron crímenes contra miembros de “La Otra Campaña”

CDH Tlachinollán informa y solicita:

Por este medio me permito solicitar su solidaridad con dos compañeros de la otra campaña, cuyo tío fue asesinado en Xalapa, Veracruz y después, criminalizado como “sicario” por autoridades estatales.

Los compañeros van a iniciar una queja ante la CNDH para denunciar este y otros asesinatos, llevados a cabo ese día, en el marco del Operativo de la CONAGO.

La idea es acompañarlos y protestar por estos sucesos.

Xalapa, Ver., 27 de junio de 2011

Janet Figueroa Sánchez y Julio César Landa Torralba presentaron este

lunes dos denuncias penales contra policías estatales adscritos a la

Secretaría de Seguridad Pública, por el delito de homicidio en contra

del padre de la primera, Joaquín Figueroa Vásquez; y del padre del

segundo, Tito Landa Argüelles, quienes resultaron muertos durante el

tiroteo suscitado el viernes diecisiete de junio pasado, en la

carretera Xalapa–Veracruz, a la altura del destacamento militar de “El

Lencero”.

A las 11:00 horas se presentaron en las oficinas de la Procuraduría

General de Justicia del Estado, ubicadas en el Circuito Presidentes,

acompañados por sus abogados Fidel Guillermo Ordóñez y Claribel

Guevara Pérez, del Despacho “Ordóñez, Ordóñez y Téllez, Abogados

Asociados”, donde entregaron sendos escritos que fueron sellados de

recibido por el personal ministerial.

En sus denuncias, tanto Figueroa como Landa Torralba, niegan que sus

respectivo progenitores, el mecánico diesel Joaquín Figueroa Vásquez,

padre de tres hijos; y el laboratorista Tito Landa Argüelles, padre de

cinco hijos, se hayan dedicado a actividades delictivas, tal como les

achaca el Gobierno de Veracruz, cuyas autoridades afirman que los

abatidos eran sicarios que cayeron durante el tiroteo, donde se les

hubieron encontrado armas de grueso calibre, granadas de fragmentación

y otros artefactos de uso exclusivo del Ejército Nacional.

Figueroa explicó que su padre laboraba desde hace aproximadamente ocho

años en la empresa denominada “Triturados Río Seco S. A de C. V.

Materiales para la Construcción, Renta de Maquinaria y Fletes en

General”, misma que tiene su domicilio en la ciudad de Amatlán de los

Reyes, Veracruz, donde desempeñaba las actividades de reparación y

mantenimiento de maquinaria pesada, en todas las sucursales de la

referida empresa, situación que lo obligaba a viajar constantemente y

carecer de un horario fijo de actividades.

Refiere que el finado estuvo laborando el día de los hechos todo el

día en el poblado Chichicaxtle, municipio de Puente Nacional, donde

realizó el cambio de sellos de un gato hidráulico de un camión volteo

Yucle, Carterpillar, lugar de donde salió alrededor de las 6 de la

tarde rumbo a Xalapa, en la camioneta pickup doble cabina, color

blanco, marca Mitsubishi modelo dos mil nueve, tipo L200 con placas

XN-11-781 propiedad de la constructora, a donde viajó en compañía del

ingeniero Raúl Tecatl Cuevas quien conducía el vehículo, Tito Landa

Argüelles laboratorista de la compañía, que ocupaba el lugar del

copiloto y el propio Joaquín Figueroa Vásquez quien ocupaba el asiento

trasero. Estos datos, proporcionados por los otros trabajadores de la

empresa.

Continúa narrando en su denuncia que fue hasta el día siguiente,

sábado, cuando al intentar contactar a su padre por teléfono, le

contestó una persona desconocida el Nextel que era propiedad del

finado, la cual le recomendó buscarlo en Servicios Periciales, donde

finalmente localizaron el cadáver, el cual presentaba golpes en la

nariz, en el ojo izquierdo y entre la barbilla y el labio inferior una

herida de aproximadamente cinco centímetros de longitud, que había

sido suturada; además de dos disparos en la cabeza, y el personal le

informó que tuvo impactos de proyectil de arma de fuego en la región

del tórax. También les mostraron fotografías de la forma como se había

encontrado el cuerpo sin vida, el cual estaba en una camioneta negra.

La denunciante, Janet Figueroa Sánchez, desmiente la versión oficial

de que su padre fuera sicario, ya que afirma que era una persona

modesta con un sueldo quincenal de 7 mil pesos.

Por su parte, el otro denunciante, Julio César Landa Torralba, afirma

que ante el retraso de su padre el día viernes para llegar al hogar,

procedieron a buscarlo y en la empresa les informaron que había salido

con normalidad, y fue hasta el sábado cuando, mediante la intervención

del apoderado legal de la compañía, les informaron que estaba en

Servicios Periciales, hasta donde acudió el denunciante. Ahí le

mostraron fotografías e identificó el cadáver, en el cual apreció que

tenía golpes en la nariz, en la boca y en los ojos, ya que tenía muy

amoratados los párpados, principalmente el izquierdo.

Sin embargo, el certificado de defunción y el acta de defunción

señalan que Landa murió por “traumatismo craneoencefálico secundario a

herida por proyectil de arma de fuego”, lo cual, indica el

denunciante, es falso, ya que él personalmente vio el cuerpo sin vida

de su padre y apreció dos balazos en el cráneo, uno en el brazo

derecho, uno en el glúteo y uno en la pierna, así como múltiples

golpes en la nariz, en la boca la cual la tenía inflamada, los ojos,

ya que tenía muy amoratados los párpados, principalmente el izquierdo

y las espinillas, así como varios rasguños y raspones, y le llamó la

atención principalmente que la mano izquierda estaba manchada de un

color negro. Por si lo anterior fuera poco, el documento de defunción

contiene como hora de la muerte de Landa, las 17:30 horas, lo cual no

se corresponde con la versión oficial, ya que la balacera

supuestamente fue a las 19:00 horas.

Ambos denunciantes destacan las incoherencias entre la versión oficial

y los hechos, entre las cuales mencionan las siguientes:

Primero.- Que los correspondientes certificados de defunción

especifican como la causa de ambas muertes un “traumatismo

craneoencefálico secundario a herida por proyectil de arma de fuego”,

lo cual es falso porque los cuerpos de Figueroa y Landa presentaban

más de dos proyectiles, pero además, la coincidencia de que, en un

tiroteo, ambos murieran por un solo balazo, es absurda.

Segundo.- Que al acudir a Servicios Periciales, les mostraron

fotografías en las que aparecen los cuerpos sin vida, donde se aprecia

que portaban armas largas y cortas, presentados en una camioneta

negra, completamente diferente a la que ellos empleaban y habían

utilizado para su trabajo, que era una unidad de color blanco.

Tercero.- Que la camioneta de trabajo que los hoy extintos emplearon,

de color blanco, marca Mitsubishi, placas XN-11-781, permaneció hasta

el día jueves veintitrés de junio retenida en las instalaciones de la

Agencia Tercera del Ministerio Público Investigador, sin embargo,

afirman ambos denunciantes, pudieron percatarse, al acudir a ese

lugar, que la camioneta se encuentra intacta, es decir, no cuenta con

impacto alguno de proyectil de arma de fuego, de donde se infiere que

los hoy extintos fueron bajados, torturados, asesinados y luego

puestos en la camioneta negra, donde les “sembraron” armas de alto

poder para luego tomarles fotografías y decir que habían sido

abatidos, fuertemente armados, en ese vehículo negro.

Cuarto.- Que es evidente que ambos trabajadores fueron torturados, lo

que se infiere por los golpes en la nariz, los ojos, entre la barbilla

y el labio inferior, y en otras zonas de sus rostros. Además, los

impactos en la cabeza indican tiro de gracia.

Quinto.- Que el gobierno del Estado de Veracruz miente al mencionar

que a los supuestos sicarios abatidos se les habían encontrado armas

de grueso calibre, granadas de fragmentación, y otros artefactos de

uso exclusivo de elementos del Ejército Nacional. Esta mentira queda

en evidencia por el boletín emitido por la propia Secretaría de

Seguridad Pública de Veracruz, mediante el cual afirma que, en el

periodo del 13 al 19 de junio de 2011, se recuperaron 7 armas en 7

municipios, de las cuales UNA corresponde a Xalapa, por lo que cabe

preguntarse ¿dónde están las armas cortas y largas, así como las

granadas recuperadas supuestamente en la balacera del 17 de junio,

fecha que queda incluida dentro del periodo del informe? Tampoco

aparece Emiliano Zapata, municipio en cuyo territorio ocurrieron los

hechos.

Sexto.- Que la Procuraduría General de Justicia del Estado emitió con

fecha de ayer domingo 26 de junio un boletín sin número en el cual

afirma que los extintos Figueroa, Tecatl y Landa eran delincuentes que

agredieron a las fuerzas del orden, las cuales supuestamente

respondieron y los abatieron. Nuevamente cabe preguntar ¿y por qué la

camioneta blanca en que viajaban –y que fue retenida por el Ministerio

Público- no presentaba ningún impacto de bala?

En conclusión, que los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública

de Veracruz asesinaron a civiles inocentes, trabajadores de clase

humilde, a los cuales ahora insisten en hacer aparecer como sicarios,

e inclusive hicieron que el gobernador del Estado, Javier Duarte,

convalidara públicamente tal engaño haciéndole creer al mandatario que

era un triunfo del combate a la delincuencia.

Finalmente, invitaron a otros familiares de víctimas asesinadas en

condiciones similares, a que se unan a esta lucha para que se castigue

a los responsables por las muertes de humildes trabajadores inocentes.

Teresita Valeria lleva 84 años en un convento de clausura; Entro a los 19 años

“¿Quién puede estar 84 años en un convento de clausura sin ser feliz?”

Sor Teresita, de 103 años, es una de las diez monjas que cuenta en un libro cómo es su vida retirada en el convento

EL PAÍS

“¿Quién puede estar 84 años en un convento de clausura sin ser feliz? Claro que soy feliz”.

Sor Teresita lo dice por su experiencia, ella lleva en clausura desde los 19 años, cuando ingresó en el convento el 16 de abril de 1927 -el mismo día en que nació el papa, Benedicto XVI-. Sor Teresita -Valeria de nombre civil- cumplirá 104 años en septiembre, su celda y su vida están en el convento de Buenafuente del Sistal (Guadalajara), un pueblo de menos de 200 habitantes.

Ella confiesa que antes de entrar en el convento no le “gustaban las monjas… ¡con lo bien que se está en casa!”. Sin embargo, cuenta entre bromas que un día, tras regañar con su madre, su padre le aconsejó que estaría bien que se metiera a monja. “Por darle gusto” a su progenitor le aseguró que si Dios le daba la vocación, diría que sí.

Sor Teresita, en el convento de Buenafuente del Sistal (Guadalajara).-

EDITORIAL LETRAS LIBRES

Desde entonces su vida ha sido fiel a los principios de san Benito, ora et labora, en su convento guadalajareño de la orden del Císter. Sor Teresita es una de las diez monjas que dan testimonio de su vocación religiosa en un libro del periodista madrileño Jesús García (1977) y publicado por la editorial LibrosLibres. García ha titulado su obra como la célebre canción de Burning, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? Un título para ilustrar las razones que llevaron a estas mujeres a dejar familia y amigos para consagrar su existencia a los votos de obediencia, castidad y pobreza. Los editores aseguran que sor Teresita es la monja de clausura que más tiempo lleva en un monasterio.

La enternecedora entrevista con sor Teresita cierra el libro. Ella explica que nació en Foronda (Álava), el 16 de septiembre de 1907, un pueblo hoy perteneciente al municipio de Vitoria. Durante más de 20 años fue superiora de su comunidad religiosa. En ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? esta mujer cuenta que cuando se metió a monja tenía “miedo” y “estaba zote” pero “el Señor y santa Teresita” le ayudaron para que no se “acobardara”. Desde entonces vive en un convento de difícil acceso “en el páramo de la provincia de Guadalajara”, dice el autor de la obra.

Sor Teresita aplica como todo religioso la máxima de “al que madruga Dios le ayuda”. Se levanta a las cinco para rezar. “En realidad, podemos hacer oración todo el día”, dice. Se acuesta a las diez de la noche. Y ya no sale del convento: “Las piernas no me responden”. En realidad, casi nunca salió de allí. Además de para ir al médico, solo lo abandonó durante unos días en la Guerra Civil: “Esta era una zona en las que unas veces tiraban unos y otras, los otros”.

“Gracias y perdón”

Esta monja que habla con franqueza y afabilidad señala el lema de su vida, “decir siempre gracias, perdón, gracias y perdón”; se refiere a su familia, ella era la mayor de siete hermanos; “labradores en el campo de la mañana a la noche”, lo que le obligó a dejar el colegio a los 12 años. ¿ Y tuvo novios? “Hombre, había dos o tres que me seguían pero el que me convenció fue el Señor, y ahí se quedaron los demás”.

Lógicamente, con una vida dedicada a la oración, reza mucho aunque tiene “sus fugas”. Por eso, cuando cree que se descuida le dice “a la virgen: Quiero mirar tus ojos, hablar con tu boca, oír con tus oídos y amar tu corazón”. Pero la monja no habla solo de lo espiritual, también ha estado entre pucheros para hacer sus tortillas de patatas, famosas en el convento, con dos ayudas especiales: “la virgen les daba el sabor y san José la vuelta”. Amén.

“La Soledad no elegida” y lo muy poco o nada que le importa al IMSS los viejos

Vejez y soledad

Arnoldo Kraus

La soledad no elegida lleva en sus entrañas algunos elementos propios de enfermedades.

La soledad en la vejez, contiene, además, la crudeza de los años que no regresan y la imposibilidad de instalarse en la corriente de la modernidad. La dureza de esas certezas excluye. Son minoría los viejos felices. La exclusión es un fenómeno doloroso que exacerba los sinsabores de los achaques y la realidad del tiempo que nunca regresa.

Son vastas las conquistas de la ciencia. Políticos y salubristas, sobre todo los de los países ricos, no escatiman palabras cuando demuestran con vistosas gráficas el promedio de vida de la población.

En las últimas décadas, en las naciones ricas, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente.

En la actualidad, en Europa la esperanza de vida es de 82 años (en África es de 50 años); a principios del siglo XIX la media oscilaba entre 30 y 40 años, y a principios del siglo XX la media variaba entre 50 y 60 años. Hoy las personas ricas viven muchos años.

Esperanza de vida no es sinónimo de calidad de vida. Muchos se ufanan por la primera; muchos se preocupan por la segunda:

pocos viejos son felices y pocas sociedades y familias tienen espacios ad hoc para ellos.

Quizás los viejos de antaño eran más felices que los actuales porque su ancianidad y su muerte llegaban primero.

Cicerón, por ejemplo, reflexionaba y escribía sobre la (su) vejez cuando rondaba los sesenta.

La vejez en nuestra época no suele acompañarse de alegría.

La tasa de suicidios, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud es de 19 por cada 100 mil habitantes en las personas que tienen entre 15 y 24 años; en mayores de 75 años la tasa aumenta a 56 por cada 100 mil personas.

Desde la perspectiva social, la ciencia, además de aumentar la esperanza de vida, debería también ocuparse por mejorar la calidad de vida. Inquietud similar plantea la ética: abandono, soledad, marginación, aumento en la tasa de suicidio y desesperanza son constantes en algunas sociedades poco solidarias con sus ancianos. Esas malas vivencias le competen a la ética, filosofía preocupada por balancear las conquistas científicas con el bienestar humano.

Algunos eticistas consideran que el nivel de evolución –salud social e individual– de una comunidad se evalúa por la forma en que ésta trata a sus viejos.

Hace algunos años fuimos testigos de la muerte de muchos ancianos en Europa como consecuencia de una “epidemia” de calor. Los viejos morían deshidratados en sus departamentos como consecuencia de una “epidemia” de abandono.

En la actualidad las personas mayores envejecen con celeridad, porque, para ellos, el número de oportunidades decae.

El poder avasallador de la tecnología margina.

Las reflexiones de Norberto Bobbio, en De senectute, son contundentes:

“El viejo se convierte crecientemente en quien no sabe con respecto a los jóvenes que saben, y saben, entre otras cosas, porque tienen más facilidades para el aprendizaje”.

La vejez también se multiplica porque muchas personas mayores se ciñen a los valores aprendidos durante su formación. A la mayoría les resulta difícil (o imposible) modificar su interior y acoplarse al mundo, cuya quintaescencia es cambiar primero para seguir cambiando después; quien no cambia muere un poco. Acoplar valores viejos al nuevo mundo, con el cual, además, es fácil diferir, suele ser imposible.

La soledad y la marginación pueden ser peores que la muerte.

La soledad en la vejez puede ser más letal que todas las muertes. Muchas soledades hieren, asfixian, impiden la vida. Duelen las que se prolongan por mucho tiempo y laceran profundamente aquellas donde el abandono es una constante.

Recuerdo las palabras de un octogenario deprimido: “Me sobra demasiado tiempo. No sé qué hacer. No sé incluso si tiene sentido prolongar mis tristezas.

Hay días donde todo me abruma, días llenos de niebla y dolor. Esos días parecen no tener fin. Son días llenos de soledad, saturados de silencio. En esos días aciagos todo huele mal. Incluso la ropa huele a muerte”.

La soledad no elegida apabulla.

La sociedad debe retomar el asunto de la vejez. En algunas sociedades, como la oriental, suele apreciarse más la sabiduría de los viejos; en los países pobres se les abandona menos, quizás porque es natural compartir lo poco que se posee; en otras, como las de algunos grupos de esquimales, los viejos se retiran para morir solos.

Esas realidades invitan a pensar. Mientras que la ciencia ha incrementado la esperanza de vida, la sociedad no ha mejorado la calidad de vida de sus viejos.

De Cura a precursor del protestantismo en México

Manuel Aguas:

De cura a precursor del protestantismo

Carlos Martínez García

Es un desatino histórico que varias de las denominaciones cristianas evangélicas de México hagan remontar sus orígenes al tiempo que llegaron los misioneros extranjeros al país. Con ello han marginado a nacionales que actuaron como precursores y determinantes en el establecimiento de iglesias protestantes.

Manuel Aguas nace en el norteño estado mexicano de Chihuahua, en 1830. A la edad de veinte años ingresa en la orden de los dominicos. En 1857, debido a un mandato del gobierno liberal, tiene lugar la exclaustración de monjas y frailes, por lo que Manuel Aguas se dedica a estudiar homeopatía. En 1863 las autoridades de su orden lo nombran para hacerse cargo del curato de Cuautla, Morelos, donde el templo se atiborra de feligreses para escuchar sus intensos sermones.

Alrededor de 1859-1860 retorna a la ciudad de México y abre el Colegio Guadalupano, que en poco tiempo alcanza alta reputación. Aguas predica en el templo de San José de Gracia, donde la muchedumbre llena el lugar para seguir las enseñanzas del dominico. Parece que es en 1867 cuando muda su ministerio al curato de Azcapotzalco, en aquel entonces un poblado aledaño a la ciudad de México y en nuestros días un barrio más de la misma.

En Azcapotzalco se presenta ante él una persona que dice ser protestante; después de varias horas de discusión entre ambos, el protestante acepta reconciliarse con la Iglesia católica. En una carta fechada en octubre de 1871, en la que Aguas da cuenta de su itinerario de lo que él llama del romanismo a la verdadera religión, escribe que entre sus tareas como párroco estaba enseñar sobre la “pestilencia [del protestantismo] que vendría a hacernos en México más desafortunados que nunca”.

De Azcapotzalco es promovido para ser el confesor oficial de los canónigos de la Catedral Metropolitana, en la capital del país. Entre sus deberes estaba predicar con cierta regularidad ante el arzobispo y el capítulo catedralicio. Al tiempo de realizar lo anterior, Aguas entra crecientemente en una crisis de fe. En el documento antes citado menciona que “no tenía paz en el alma, dudaba de mi salvación, y nunca creía que estaba haciendo suficientes obras para obtenerla”.

Por el tiempo de sus dudas llega a manos de Manuel Aguas un panfleto protestante titulado Verdadera libertad. Su primera reacción es combatir el tratado con lo que él llama “su arsenal romanista”. Pero la voz de su conciencia lo lleva a pensar que tal vez él estaba en el error. El todavía sacerdote decide ponerse a estudiar, dice, “todos los libros y panfletos protestantes que pudiese conseguir”.

En la misiva de 1871, enviada a las oficinas de la Iglesia episcopal en Estados Unidos con el fin de que apoye el trabajo evangélico que los mexicanos están realizando en el país, Manuel Aguas insiste en que, además de los libros protestantes, sobre todo se da a la tarea de estudiar la Biblia. Es entonces cuando “comienza a ver la luz del Señor” y queda totalmente convencido de la “la falsedad del sistema romano […] encontré la largamente deseada paz de mi alma”. Por lo que escribe después parece que decide dejar de practicar el sacerdocio católico pero no hacer pública en ese momento (¿1870?) su conversión, sino que se sostiene por su trabajo de médico y “en las tardes leía la Santa Escritura a mi familia, y oraba con ella”.
Una vez que tiene claro que él ya es protestante, Manuel Aguas comienza a reunirse en la que llama en su misiva Iglesia protestante provisional. En ésta ministraba el misionero Henry C. Riley, nacido en Chile en 1835, educado en Estados Unidos e Inglaterra y ordenado ministro de la Iglesia episcopal en 1866. Antes de llegar a México, en 1869, Riley pastoreaba una iglesia de habla castellana en Nueva York.

Dado que ya corre la versión de que Manuel Aguas es un protestante comprometido, en medios periodísticos como El Monitor Republicano el sacerdote católico Nicolás Arias le hace llegar una carta en la que lo impele a responder sobre cuál es su identidad confesional. Aguas responde el 16 de abril de 1871 con una extensa misiva en la que no deja lugar a dudas sobre sus creencias evangélicas; su escrito está lleno de citas bíblicas.

Su respuesta es un rotundo sí, a la pregunta de si se ha convertido al protestantismo. Pero antes de ello el ex sacerdote católico Manuel Aguas hace una relación a quien le pregunta, el cura Nicolás Arias, de dónde estaba en cuestiones de fe y su nueva creencia evangélica, cuyas características describirá a lo largo de la misiva, que es un manifiesto en el que rompe definitivamente con el catolicismo.

Quien fuera dominico empieza comentándole a su interlocutor que como sacerdote “había seguido la religión tal como Roma la enseña; de manera que todavía hace tres años era cura de Azcapotzalco, combatía al protestantismo con todas mis fuerzas, y aun hice que algunos protestantes se reconciliaran con la Iglesia Romana. Creía entonces que profesaba la verdadera religión”.

La conversión de Manuel Aguas fue tema de intensos debates en la prensa liberal y conservadora de entonces. Fue excomulgado por el obispo Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos. El activismo del ex sacerdote católico resultó en la fundación de varias células evangélicas en la ciudad de México y sus alrededores. De todo ello nos ocuparemos en el próximo artículo.