La lucha por el dominio de la internet

Batalla entre redes sociales
No es una moda, y de ahí la dureza de la lucha. Lo que está en juego es dominar Internet

ADRIÁN SEGOVIA

El País

Algunos bebés, al observar una fotografía física de papel, desplazan su dedo por la superficie de la imagen intentando pasar a otra foto. Emulan la manera de ver imágenes en un teléfono inteligente. Antes de que sepan escribir ya saben usar una tableta, un celular o cualquier tipo de dispositivo táctil que les proponga cierta interacción. Ven vídeos en YouTube y juegan con aplicaciones específicamente creadas para ellos. Los pactos de lectura y la sencillez de uso les permiten manejar algunos navegadores sin necesidad, incluso, de saber leer. Basta con que tengan un historial de vídeos visitados y memoricen los pasos para llegar a su objetivo de consumo en no más de tres clics. Los aparatos electrónicos no tendrán libros de instrucciones, porque la humana resistencia a la tecnología se habrá superado de manera innata. No es la generación que viene, está pasando ya.

Twitter es una revolución con 200 millones de usuarios. Facebook aspira a 1.000 millones en este año

Con algunos años más, pero no muchos más, las redes sociales formarán parte de su entorno de comunicación. Participarán en un ecosistema tecnológico en el que manejarán su mundo desde un teléfono móvil con acceso a Internet. El miércoles pasado, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, anunciaba haber llegado a los 750 millones de usuarios registrados en todo el planeta. Son un país virtual, con moneda propia (los llamados facebook credits -que permiten pequeñas transacciones dentro de la red social-) y con unas tasas de atención, vínculo y compromiso por parte de su público que abruman a cualquier otro medio de comunicación. La empresa está participada por gigantes como Microsoft, multimillonarios rusos, firmas de capital riesgo y grandes entidades financieras, que especulan con el todavía intangible valor de la red social líder en el mundo. En el horizonte se vislumbra su salida a Bolsa, pero dos acontecimientos recientes han hecho reconsiderar el mercado de las grandes plataformas sociales: la venta a la baja de la pionera MySpace.com, que fue adquirida por 400 millones de euros y vendida por 24, y la aparición de Google+, una nueva red social capitaneada por la empresa del buscador. Google no es un rival cualquiera, y por eso Zuckerberg evitó alusiones al nuevo proyecto de su máximo competidor en una reciente conferencia de prensa.

El debate sobre si las redes sociales son una moda o un acontecimiento vitalicio parece superado. José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, lo ha reflejado con acierto en unas declaraciones recientes en EL PAÍS: “Si alguna de nuestras plataformas favoritas desapareciera, los usuarios buscaríamos inmediatamente soluciones alternativas para mantener nuestra actividad en la Red. El modo en el que hemos integrado Twitter a nuestra dieta informativa y como recurso de familiaridad ambiental revela que aquí hay mucho más que una moda”, asegura el autor del libro Mundo Twitter.

Por tanto, la cuestión es la fidelidad de la gente a la herramienta, independientemente del nombre que tenga. Si surge una web mejor, que satisface las necesidades de la audiencia, el abandono de una red puede ser tan fulminante como lo ha sido su rotundo éxito de crecimiento en número de registrados. MySpace.com llegó a tener más veinte millones de usuarios diarios en junio de 2009 y dos años más tarde apenas llegaba a tres millones de visitantes al día, según cifras de audiencia online de Google Trends. La aparición de Facebook tuvo mucho que ver en este descalabro, además de la propia complejidad de MySpace en cuanto a su uso por parte de un público menos docto en cuestiones tecnológicas.

Twitter es una revolución con más de 200 millones de usuarios adscritos. No es propiamente una red social, sino una plataforma de conversación con tintes sociales. Permite, entre otras cosas, comunicarte con personas a las que antes hubiera sido muy complicado acceder. Los famosos, presentes en Twitter, son un activo importante para esta compañía, pero no es lo más destacado de las posibilidades que ofrece. Políticos, cantantes, futbolistas, artistas, empresarios… y ciudadanos corrientes conviven en una conversación constante de recomendaciones y mensajes directos en no más de 140 caracteres (cada uno). Las Navidades pasadas, los SMS retrocedieron frente a las felicitaciones directas de la gente como consecuencia de las redes sociales. El propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha realizado una primera entrevista con ciudadanos en Twitter.

Las redes sociales se están convirtiendo en las nuevas operadoras. No es de extrañar que una de ellas, Telefónica, comprara Tuenti, la red social española que ha penetrado con más fuerza entre los adolescentes de nuestro país, por 70 millones de euros en agosto de 2010. Estas plataformas son el nuevo motor de comunicación, localización, expresión, relación, convocatoria y movilización entre personas. Una nueva herramienta que ya goza de episodios de éxito como el protagonismo que tuvieron en las revueltas del mundo árabe o, más cercano y reciente, con el Movimiento del 15-M. Levantamiento cuyo germen era fácil de vislumbrar en Twitter mientras se fraguaban conversaciones destacadas (los llamados trending topics o acontecimientos del momento en Twitter) animando a no votar a los partidos políticos dominantes, desde mucho antes de la manifestación del 15 de mayo. Los directivos de Facebook están alineados y alienados en lo que las compañías estadounidenses definen como la misión de la empresa. La que Mark Zuckerberg ha impuesto es “hacer del mundo un lugar más abierto y dar a las personas el poder de compartirlo con visibilidad y privacidad”. En 2009 cautivaron a 200 millones de personas. Algo más de dos años después aspiran a llegar a 1.000 millones de registrados antes de que finalice 2011. Su líder considera esa cifra una garantía. De momento, lo que sí es más que un aval del éxito son algunas de las cifras publicadas en un estudio de PewResearch sobre “las redes sociales y nuestras vidas”, centrado en cómo los estadounidenses usan estas plataformas. En el mismo se arrojan cifras de fidelidad en Facebook que casi podrían considerarse una adicción. Cerca de un tercio de los americanos que usan Facebook lo hacen varias veces al día. El 67% no pasa más de cinco días sin entrar en la red. Cada día, el 15% actualiza su perfil, el 22% introduce comentarios en el perfil de sus allegados y un 20% comenta las fotos de otros usuarios. El 26% ejecuta una acción de “me gusta” en un contenido subido por alguien de su red de amigos, y un 10% se comunica con personas de su entorno social a través de mensajes privados. Todos estos porcentajes se refieren a 150 millones de personas apuntadas a Facebook en Estados Unidos, que cuentan con una media de 229 amigos por usuario.

No es de extrañar que Google quiera participar de esta aventura. Tras malograr dos intentos de productos sociales, Wave y Buzz, vuelven a la carga con Google+ (Google Plus). Según los primeros comentarios de varios expertos que han probado el nuevo producto, a la tercera puede que vaya la vencida. Apuntan que Google+ ha corregido muchas de las carencias de Facebook en cuanto a la gestión de amistades y privacidad, ha mejorado la facilidad de uso del sitio web y ha creado un producto híbrido entre Twitter y Facebook, aprovechando las virtudes de cada uno. La amenaza para ambas plataformas sociales está servida. Las primeras reacciones no se han hecho esperar, y Facebook anunció esta semana una importante mejora, integrando Skype, la popular página de llamadas telefónicas por Internet, en la red social. Skype fue adquirida recientemente por Microsoft, quien participa minoritariamente del accionariado de Facebook. Objetivo: frenar a Google.

Ahora que la gente ha decidido compartir su vida en la Red a través de una masiva ventana personal; ahora que el nefasto anonimato en Internet se está erradicando, porque las personas tienen el control de su información y son capaces de exhibirla siendo protagonistas, es ahora cuando las grandes de Internet van a ser más agresivas, dejando el famoso eslogan de Google, don’t be evil (no seas malo), un poco al margen. La batalla será larga. Las armas: la innovación permanente, la adaptación a los teléfonos móviles y la excelencia tecnológica de cada proyecto. Lo que está en juego no es tener la mejor red social, sino dominar Internet. –

Las antiguas culturas de México florecieron, para gloria nuestra, en distintos ecosistemas

Portento mesoamericano

Ángeles González Gamio

Guiados por Eduardo Matos, el sabio

arqueólogo que concibió y fue curador general de la exposición Seis ciudades de Mesoamérica, los miembros de la Tertulia del Convento, nos maravillamos de lo que sucedió en nuestro territorio a lo largo de dos mil años.

Para comprender la dimensión del prodigio se tiene que saber que en el mundo sólo seis sociedades alcanzaron la civilización como parte de un desarrollo propio:
Egipto, Mesopotamia, China y el valle del Indo, en lo que se refiere a África y Oriente.
En nuestro continente ese fenómeno se dio en los Andes y Mesoamérica.

Matos señala que para el desarrollo de dichas sociedades de la antigüedad, fue importante contar con grandes ríos.

Lo sorprendente en el caso de Mesoamérica es cómo el hombre supo utilizar los distintos ecosistemas, para establecer sus asentamientos.

Las antiguas culturas que florecieron en lo que hoy es México lo hicieron en diferentes nichos ecológicos, lo que las distingue de las demás civilizaciones originarias del mundo.

La exposición que se exhibe en el Museo Nacional de Antropología nos muestra la manera en que el hombre prehispánico controló esta biodiversidad y creó grandes ciudades como Monte Albán, Palenque, El Tajín, Teotihuacan, Tenochtitlan y Tlatelolco.

Una excelente museografía que se apoya en 411 piezas arqueológicas, nos revela cómo esas culturas prehispánicas controlaron su ecosistema para crear grandes urbes. El montaje reproduce las características arquitectónicas de cada urbe, tanto de sus espacios ceremoniales como residenciales, un ejemplo de ello es la recreación de una tumba zapoteca; las canchas de juego de pelota de El Tajín, del arco falso de los templos mayas y de un conjunto residencial teotihuacano con sus muros pintados.

Un gran acierto son las recreaciones de cómo debieron lucir estas metrópolis en su esplendor y lo que son ahora. En el caso particular de Tenochtitlan, es impresionante advertir en la comparación de ambas imágenes, como la ciudad española se “montó” sobre la urbe mexica, conservando la misma traza urbana; ambas esplendorosas.

Destacan objetos arqueológicos de reciente hallazgo o que tuvieron un largo proceso de restauración, por lo que podemos verlos por vez primera como El Tablero del Templo de la Cruz Foliada y la máscara mortuoria de la Reina Roja, ambos de Palenque.

Los fustes de los pilares del Edificio de las Columnas, de El Tajín, donde está narrada la llegada del gobernante Trece Conejo. Un monolito teotihuacano con la representación del Monstruo de la Tierra, ricamente decorado con pigmentos de varios colores.

Una escultura del dios viejo del fuego o Huehuetéotl, considerada la más completa hallada hasta ahora en las inmediaciones de la Zona Arqueológica de Teotihuacan.

Destaca una vistosa almena en forma de caracol, que debió rematar un edificio de la antigua Tenochtitlan, posiblemente un calmécac.

Se muestra una canoa hecha de un solo tronco que navegó los canales de Tenochtitlan y el Lago de Texcoco a finales del siglo XV, muy semejante a las que actualmente se usan en Xochimilco y Tláhuac.

Hay tres dinteles de madera que pertenecieron hace 800 años a un edificio de Tlatelolco, y que pudo haber visto Hernán Cortés a su arribo a esta antigua ciudad.

La exposición va a permanecer hasta agosto así es que tiene tiempo de visitarla y si antes le da una leída al pequeño, pero sustancioso, libro Tenochtitlan, del propio Matos, editado por el Fondo de Cultura Económica y el Colegio de México, la va a disfrutar aún más.

Ahora vayamos a la cercana colonia Tacubaya a saborear –por supuesto– comida mexicana. ¿Que les parece La Poblanita? en su sede de Luis G. Vieyra 12, junto a la avenida Jalisco. La amplia fonda con terraza ofrece buenos moles, particularmente el verde, enchiladas, tacos de sesos, chalupas y quesadillas.

El acompañamiento: tortillas del comal y cerveza Pacífico.

gonzalezgamio@gmail.com

En México existen 6 millones de localidades con mnos de 250 habitantes y su aislaminto ponen en riezgo nuestro patrimonio y tradiciones

Un pequeño sector mantiene viva la generación artesanal de productos como tequila y quesos

En riesgo, patrimonio y tradiciones nacionales ante aislamiento de poblados, alertan expertos
Con las denominaciones de origen, ahora deben competir con trasnacionales: Colmich y Ciesas

Campos de agave en Tequila, Jalisco. Imagen de 1999Foto Heiko Meyer
Laura Poy Solano

Periódico La Jornada
Domingo 10 de julio de 2011, p. 36
En México se corre el riesgo de perder el patrimonio cultural y las tradiciones productivas de cientos de pequeñas comunidades rurales ante el creciente despoblamiento –en todo el territorio nacional– de localidades con menos de 100 habitantes, advirtieron investigadores de El Colegio de Michoacán (Colmich) y del Centro de Investigaciones y de Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas).

Señalaron que las condiciones de aislamiento y marginación que enfrentan las poblaciones ubicadas en zonas de difícil acceso en sierras, cañadas o montañas, debido a que carecen de vías “modernas” de comunicación, han generado que muchos pobladores decidan migrar por la falta de servicios, pero “hay un pequeño sector que resiste y mantiene vivos sistemas productivos artesanales que involucran tradiciones y saberes ancentrales que son un patrimonio cultural intangible que estamos en riesgo de ver desaparecer”.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010, en México existen 159 mil 820 localidades con menos de 250 habitantes, en las que viven 5 millones 743 mil personas. Chiapas, Veracruz y Oaxaca concentran la mayor dispersión poblacional, con un total de 41 mil 998 comunidades con pocos pobladores. En contraste, en el Censo de Población y Vivienda 2000 se reportó un total de 148 mil 579 localidades con menos de 100 habitantes.

Esteban Barragán López, investigador del Colmich, afirmó que el despoblamiento creciente de las zonas serranas del país es un fenómeno que no es exclusivo de nuestra nación, pero que se hace “cada vez más evidente, pues el modelo urbano-industrial que impera en México como eje de desarrollo presiona a los habitantes de estas comunidades a migrar, tanto por la falta de servicios como de oportunidades de empleo mejor remunerado”.

Sin embargo, enfatizó que existen poblados que “se resisten a desaparecer porque tienen una forma de vida, de elaboración de productos artesanales que son resultado de un conocimiento acumulado durante siglos, los cuales, en un primer momento, se hacen para autoconsumo, pero el excedente puede ser comercializado”.

Denominación de origen, oportunidad y riesgo

En entrevista con La Jornada, explicó que en el caso de la sierra Jalmich, ubicada entre los estados de Jalisco y Michoacán, se estima que hay poco más de 5 mil habitantes en pequeñas localidades, que representan apenas una tercera parte de la población que había en la zona a mediados del siglo pasado.
Sus habitantes –indicó– mantienen viva la tradición para producir el queso Cotija de forma artesanal, lo que en 2005 los llevó a obtener la marca colectiva Cotija Región de Origen. No obstante –dijo–, debido a “vacíos” en la legislación se carece de medidas para la protección de productos artesanales de alta calidad que son “difíciles de llevar al mercado, pues se pretende imponer los mismos requerimientos de elaboración que aquellos usados por los modelos industriales, y que no son factibles de aplicar en pequeñas rancherías”.

Frente a las oportunidades que puede ofrecer el obtener una “denominación de origen” que proteja la forma tradicional en la elaboración de diversos productos, José de Jesús Hernández, investigador del Ciesas-Occidente, afirmó que “no todos son casos de éxito. En Jalisco, la producción industrial de tequila ha puesto en riesgo la elaboración artesanal de esta bebida, pues la atención se ha centrado en el producto y no en quienes lo elaboran”.

Destacó que la sobrexplotación de las regiones Arandas-Atotonilco y Amatitán-Tequila, en Jalisco, donde se ubica la zona de producción tequilera protegida por la “denominación de origen”, enfrenta un proceso de erosión y contaminación de suelos, lo que ha disminuido su rendimiento en la siembra agavera, mientras otras localidades del sur y el norte de la entidad con una “larga tradición en la elaboración de tequilas artesanales no pueden competir con un mercado dominado por las trasnacionales”.

Por ello, consideró que la “denominación de origen”, que se establece bajo criterios geográficos, “no debe restringir ni limitar a los pequeños productores artesanales, cuando obtienen tequila de la mejor calidad y sin dañar el entorno ambiental”.

Las redes sociales en el concepto de Benedicto XVl

Identidad y Redes Sociales

La dictadura de la transparencia

Fabrizio Andreella

La Jornada Semanal

La Jornada

1. Amistades y contactos

En enero de 2009, en ocasión de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa envió el mensaje “Nuevas Tecnologías, nuevas relaciones.

” En aquel documento recordaba a los creyentes que el “anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana”.

“El concepto de amistad –continuaba el jefe de la Iglesia católica– ha tenido un nuevo auge en el vocabulario de las redes sociales digitales que han surgido en los últimos años”.

En el mensaje del 24 de enero de 2011 para el mismo evento, Benedicto XVI ya no hace referencia a la noción abstracta de amistad, más bien utiliza la palabra en plural y entre comillas para añadir que “el anhelo de compartir, de establecer ‘amistades’, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos”.

“Amistades”, o sea “contactos”, o sea los social media. El lenguaje es adecuado al paso de los tiempos, y sobre todo consciente del desafío antropológico de la era digital. El Papa debe haber leído la revista Time que en diciembre de 2010 designó como “hombre del año” a Mark Zuckerberg.

El pontífice sigue en su análisis advirtiendo que no hay que “ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio ‘perfil público’”.

El humorismo alemán del vicario de Cristo me permitirá opinar que Benedicto XVI es el “perfil público” del señor Joseph Ratzinger, y que su sutileza profesoral me ofrecerá la oportunidad de señalar la correspondencia entre los “falsos ídolos” bíblicos y los “falsos perfiles” digitales.

¿Es acaso una actualización lingüística de los mensajes de las Sagradas Escrituras? ¿El becerro de oro es hoy un avatar?

Y si, como escribe el Papa, “el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la popularidad o la cantidad de atención que provoca”, ¿qué significa entonces confiar a los jóvenes “la tarea de evangelizar este ‘continente digital’”?

2. Ídolos y perfiles

Ahora bien, el tema de fondo del discurso papal es muy importante y central en el debate sobre el mundo creado por internet. Es el tema de la identidad y autenticidad en el ambiente virtual. Benedicto XVI lo aborda con la pregunta: “¿Quién es mi prójimo en este nuevo mundo?” Yo creo que la interrogación aún más primordial y necesaria es: “¿Quién soy yo en este nuevo mundo?”

Soñar con una identidad distinta de la que tenemos o creemos tener, siempre ha sido algo ineludible para el hombre y su evolución. El punto es que la relación con realidades y dimensiones ajenas siempre ha sido un espacio donde se asientan poderes con derecho de arancel aduanero para cruzar aquella frontera. Religión, ciencia, política, arte, espectáculo, deporte: el acceso a cualquier mundo tiene sus aduaneros.

Al contrario, las redes sociales de internet son, o parecen ser, zonas francas libres de impuestos donde se puede comprar barato una nueva identidad. En las relaciones virtuales cada quien puede compartir y contemplar el mito de sí mismo. En mi “falso perfil”, yo soy lo que la gente ve de la interpretación de mí mismo que entrego al mundo. En Facebook yo soy la suma de las miradas ajenas sobre mi vida compartida. La popularidad, el número de “contactos” que tengo decreta mi valor virtual (que es un poco como medir la capacidad amatoria de un macho, no por la satisfacción de su pareja sino por la cantidad de números telefónicos de chicas en su agenda). La reputación es la clave de acceso para pasar al nivel sucesivo de ese videojuego que es la vida digital autocomplaciente.

El narcisismo que puede provocar esta situación abre espacio para unas preguntas preliminares sobre el problema del prójimo digital subrayado por el Papa: ¿El sujeto virtual está realmente dispuesto a encontrar al otro, o se vuelve objeto virtual que trata solamente de ser deseado y contemplado por el otro? ¿La vecindad digital es un monasterio de eremitas voyeristas y exhibicionistas, un peep show de solitarios amontonados?

En el mundo digital, el hombre ya no es distinto ni de Dios ni de los animales, porque desvanece lo que separa lo humano de lo divino y de lo animal: el cuerpo y la conciencia de la propia identidad

3. Máscaras y metamorfosis

De hecho, los perfiles que creamos en internet son máscaras imaginarias que necesitamos para enfrentar el mundo. Hay que recordar que la palabra “persona” indica originariamente la mascara teatral que cubre el rostro del actor. Y si la etimología es una especie de regresión psicoanalítica colectiva, queda claro que es sólo una cómoda ingenuidad creer que antes de la era digital no existieran máscaras en las relaciones entre el yo y el mundo.

“La popularidad, el número de “contactos”
que tengo decreta mi valor virtual (que es un
poco como medir la capacidad amatoria de
un macho, no por la satisfacción de su
pareja sino por la cantidad de números
telefónicos de chicas en su agenda”
La máscara es antigua como el hombre y ha tenido funciones rituales y religiosas esenciales. Era el instrumento utilizado para salir de la realidad espacio-temporal y comunicarse con lo divino, o más bien, para llenarse de divinidad ocultando la humanidad del rostro. Así que en ciertos casos la máscara no sirve para esconderse sino para revelarse. Y se puede llegar a decir que es una forma de conocimiento de la verdad del ser.

A través de la metamorfosis se toma una distancia de las acostumbradas ideas que uno tiene de sí mismo y se puede ver lo que se oculta en los sótanos de la conciencia ¿Acaso Gregor Samsa no se conoció a sí mismo a través de un enorme insecto innombrable?

4. Intimidad y exhibicionismo

A diario la así llamada sociedad de la información bombardea el diálogo interior de todos con sondeos, estadísticas, encuestas y tests que nos obligan a medir nuestra experiencia intima con una supuesta “normalidad” (afectiva, sexual, estética y de actitud) y a confrontaciones difíciles y a veces embarazosas.

A todo eso hay que agregar el inmortal y exitoso género literario de las confesiones, hoy íntimas y picantes como nunca antes gracias a una sinceridad exhibicionista que celebra una impúdica transparencia o, si se prefiere, una valiente y generosa ofrenda de lo más íntimo que uno tiene.

¿Cuál es el caso de Angie Jackson, que en Twitter relató su aborto con la píldora RU-486 publicando una ráfaga de mensajes de 140 caracteres que detallaban a sus followers en directo los pensamientos y los miedos que la angustiaban, los calambres y las hemorragias que la atormentaban?

Cada quien tendrá su respuesta, lo cierto es que muy frecuentemente Twitter no es más que un reality show radical-chic donde reina la necesidad de poner bajo los reflectores algo de nosotros –lo que sea– para que nuestra existencia se refleje y luzca ante la curiosidad ajena.

Este deseo de visibilidad es una necesidad colectiva desde que los medios masivos han tomado el papel del Registro Civil para las “actas de nacimiento mediático”.

5. Celebridad y anonimato

Quien no tiene particulares virtudes que exhibir (habilidades, belleza, pedigrí) revela su interioridad, su insignificancia cotidiana, sus vergüenzas familiares y ruindades personales. Son los instrumentos para salir del anonimato y narcotizarse con la celebridad. La paradoja es que el aplauso se puede conseguir sobre todo exhibiendo una torpe mediocridad o un repugnante descontrol.

Como dice el escritor de divulgación científica Steven Johnson, las redes sociales son un “valle de íntimos desconocidos”. Allí anonimato y celebridad se acercan y, a veces, se confunden para crear ese oxímoron sociológico que es el “desconocido famoso”.

En programas de televisión como El gran hermano o en redes sociales como Facebook, el exhibicionismo de quien realiza el producto mediático y el voyerismo de quien lo consuma se justifican mutuamente. La intrepidez para el primero y la sensibilidad para el segundo son las banderas izadas para legitimarse y ennoblecerse.

Hoy la salida del gran dolor del anonimato (porque todavía muy pocos lo entienden como un lujo y un privilegio) empuja a mucha gente sin arte ni parte a buscar la celebridad con la aniquilación de su pudor. Son los nuevos proletarios que ya no venden a la producción industrial su mano de obra a cambio de un salario, sino que ofrecen su intimidad a la producción mediática a cambio de la popularidad.

6. Colectivizar y privatizar

Es curioso que en una época sin rivales para el capitalismo, que tiene como tótem la propiedad privada, lo más privado –lo íntimo– se haya venido transformando en algo público, visible y exhibido.

La colectivización de lo privado realizada por el capitalismo mediático tiene entre sus realizaciones más exitosas el kolkhoz de Facebook, la monumental granja donde todos cultivan las relaciones bajo la vigilancia de un capataz invisible: los ojos de todos.

Los medios de producción ya no son la tierra o las maquinarias, y no ha sido la dictadura del proletariado quien ha venido a nacionalizarlo. El nuevo medio de producción es la intimidad (en particular el dolor y el sexo), que realiza cotizadísimas narraciones absorbidas con voracidad por los nuevos consumidores de la sociedad del espectáculo 2.0. La dictadura de la transparencia mediática se ha encargado entonces de socializar la intimidad. Nos hemos acostumbrado a considerar las preguntas morbosas que le hace un periodista a un hombre avergonzado y desesperado como si fuera un derecho de crónica. Quizá sería necesario privatizar un sector económico estratégico y muy lucrativo: la intimidad. Los Chicago Boys tendrían algo con lo cual rescatar sus errores de juventud.

Sentimientos e intimidades están a la venta y la mercadotecnia ya abre caminos para apoderarse de los frágiles productos inmateriales escondidos en el alma de la gente común. La falta de cualquier pudor genera un valor económico y por ello la vida privada ha sido colectivizada como si fuera un bien de propiedad pública.

Más embarazosa es la confidencia íntima y más redituable será su venta en el mercado mediático, donde la cuota de pantalla es el juez inapelable que decreta el destino de una confesión pública.

El poder de lo visible y el prestigio de la visibilidad han revolucionado el sistema de valores individuales y sociales: el nudismo psicológico ya es una actitud virtuosa que invade los medios de comunicación.

7. ¿Arte y democracia?

Se puede concluir que casi cien años después del urinario de Marcel Duchamp, y cincuenta años después de la Mierda de artista, de Piero Manzoni, gracias al sistema de consumo mediático y al abarrotado mundo digital, el arte ha llegado a ser popular en un sentido muy novedoso y peculiar. El objeto artístico serializado es la emoción provocada en el público, o mejor dicho, es el espectador mismo. La obra de arte en la era de su reproducción técnica somos, al fin, nosotros.

No ha sido un artista conceptual quien ha realizado esa obra; son los 600 millones de “contactos” que a diario se construyen a sí mismos y al mundo tecleando incansablemente en sus páginas de Facebook el retrato de vidas cotidianas que recuerdan las ruinas imaginarias de Giovanni Battista Piranesi.

La democracia de la red es que el objeto de entretenimiento de la muchedumbre es la muchedumbre misma. El circo postmoderno, la pantalla que todo mundo mira, es un espejo que se mueve sobre la muchedumbre y que refleja pedazos de ella, o sea miembros de esa multitud que por breve tiempo consiguen llamar la atención del espejo titiritero.