Günter Grass y Juan Rulfo, “mano a mano” en Berlín

Günter Grass y Juan Rulfo, “mano a mano” en Berlín

JESÚS ALDABI OLVERA

Juan Rulfo en la Ciudad de México.

El fallecido Nobel de Literatura alemán, Günter Grass, tenía un especial aprecio y admiración por Juan Rulfo y su obra.

En diversos libros y artículos de prensa existen anécdotas sobre comentarios elogiosos que el autor de El tambor de hojalata hiciera del escritor más traducido de México.

Entre todas las anécdotas, destaca el “mano a mano” que Rulfo y Grass, tuvieron en 1982, a propósito del Festival Horizonte, celebrado en Berlín, y dedicado a América Latina.

Una crónica que aparece en el libro Juan Rulfo: Otras Miradas, editado por la Fundación Juan Rulfo, da cuenta de la lectura conjunta “memorable por su intensidad” que los dos novelistas hicieron de manera alternada en alemán y castellano de los cuentos Luvina, Diles que no me maten y No oyes ladrar los perros y tres cuentos de El llano en llamas.

Ante un público que abarrotó la Biblioteca del Estado, Rulfo, quien contaba con 54 años, leyó de manera seca y con facetas de humor. Grass, nueve años menor, leyó con “dicción emocionada” y con más “resonancia trágica”.

El punto cúspide de la sesión, de acuerdo con la crónica, fue la lectura del escritor alemán de No oyes ladrar los perros, que cortó el aliento a los asistentes.

El texto que aparece en Juan Rulfo: Otras Miradas, resalta que Grass haya abandonado “todo afán de notoriedad” y “preste su voz para difundir ante el público alemán el mensaje inusual, dolorido y brutal de un maestro latinoamericano en el arte de narrar”.

La nota Rulfo desde Alemania, publicada por El Financiero en 2008, destaca una anécdota de Elena Poniatowska en la que el autor de Pedro Páramo pidió prestadas las antiparras de Grass para leer su discurso. Hecho aplaudido por los asistentes y destacado por la prensa.

En un perfil de Grass, escrito por Osvaldo Bayer en 1999, titulado Perfil de un intelectual insobornable, alejado de la demagogia: Un celoso conservador de lo humano se narra cómo en esa ocasión Grass dijo a Rulfo.

“Por usted, aprendería español, para poder leerlo en su original”.

“Bueno, y por qué no aprende mexicano, ya que está” insinuó Rulfo.

Grass y Rulfo se conocieron con anterioridad precisamente en México.

Guillermo Sheridan escribió para Letras Libres en 2012 un texto titulado Juan Rulfo en el café. Ahí comenta de un encuentro en la librería El Ágora, que estaba en la avenida Insurgentes, en el cual el alemán se precipitó sobre Rulfo para lanzar frases, traducidas por la agregada cultural Eva María Schneider como “usted es mi maestro, Herr Rulfo, y vine a México para conocerlo”.

Sheridan comenta que Rulfo examinaba fijamente los bigotes de Grass y respondía: “sankiu, sankiu…”

El Premio Nobel alemán fue también amigo del poeta Homero Aridjis, quien reveló en una entrevista de este 14 de abril con El Espectador que Grass visitó en 1981 México a propósito del Festival Internacional de Poesía de Morelia, junto con otros escritores como el Nobel sueco Thomas Tranströmer.

“Le entró pasión por un pescado endémico, el blanco de Pátzcuaro, que comía tres veces al día; desayuno, comida y cena con apetito pantragruélico”, dijo Aridjis sobre Grass.

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