Del infierno al cielo: 750 aniversario de Dante Alighieri

Del infierno al cielo: 750 aniversario de Dante Alighieri

Roma. En vida ya era toda una leyenda. Cuando Dante Alighieri caminaba de mayor por las calles de Ravenna, la gente cuchicheaba. “Ese estuvo en el infierno”, decían. El poeta había descrito el “infierno” hasta el último detalle y no es que sus coetáneos distinguiesen del todo entre poesía y verdad.

Tras su muerte en 1321 en la misma ciudad, la fama de Dante siguió creciendo. Con los versos de la Divina comedia este poeta instruido no sólo esbozó una imagen plástica del cielo, el infierno y el purgatorio, sino que además supo entrelazar el conocimiento en ciencias naturales y en filosofía de la época con una historia de amor.

Esta es tal vez una de las razones por las que, aunque han transcurrido 750 años de su nacimiento, que se cumplen ahora, el poeta sigue siendo recordado y en su país, Italia, celebrado. Sobre todo en su ciudad natal, Florencia, que maliciosamente lo desterró.

Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero cuando han pasado 750 ese detalle no es vital. El hombre cuyo rostro figura en las monedas de dos euros italianas dijo que había nacido bajo el signo de Géminis.

Teniendo en cuenta las reformas del calendario, el poeta podría haber nacido entre mediados de mayo y mediados de junio. Las conmemoraciones oficiales comenzaron sin embargo a mediados de mayo, cuando el cineasta distinguido con el Oscar Roberto Benigni (La vida es bella) leyó en el senado en Roma parte de Paraíso, de la Divina comedia. El Ministerio de Cultura ha organizado unos 200 eventos en todo el país, desde conferencias y lectura a exposiciones, conciertos, espectáculos de danza, teatro e instalaciones de vídeo.

Dante vino al mundo en 1265, una época de movimiento. Florencia era una ciudad que crecía muy rápido, era la más grande y más rica de Italia, pero continuamente estaba envuelta en sangrientos combates entre los partidarios del emperador y los de Papa.

Dante, que también tuvo experiencia como soldado y político, en algún momento debió de ponerse del lado equivocado, pues en 1302 fue desterrado de Florencia y condenado a muerte en ausencia. Su ciudad natal no lo volvió a ver jamás. Durante muchos años vivió en Verona y posteriormente en Ravenna.

Con nueve años, el pequeño Dante se enamoró de Beatrice Portinari, un año menor. La vio apenas unas pocas veces y ambos se casaron con otras personas. Con su esposa Gemma tuvo cuatro hijos, pero tras la muerte temprana de Beatrice en 1290 comenzó a enaltecerla en sus poemas hasta el punto de ensalzarla a la divinidad en la Comedia.

Allí es donde encuentra a Beatrice en su paso por el paraíso y ella es quien le guía hasta el cielo.

Como joven bardo Dante se decantó por dolce stile nuovo, el “dulce estilo nuevo”. Su poema Vita Nuova (vida nueva), de 1292, versa por primera vez sobre Beatrice. En su obra filosófica De Monarchia (La monarquía) tomó partido por el emperador y no por el Papa en la lucha de poder que mantenían y en Il Convivio justificó por qué escribía su poesía en italiano y no en latín. Quería, dijo, que todos lo pudiesen entender. Y entre los dialectos italianos se decidió por el toscano, influyendo así en gran manera en la evolución del idioma italiano.

En la Divina Comedia su poesía alcanza la perfección. A día de hoy sigue siendo fascinante la precisión con la que fue compuesta la obra y cómo Dante supo condensar la sabiduría de la época. Para muchos de sus prójimos, este hombre culto al parecer no fue siempre de trato fácil. El cronista Giovanni Villani dijo de él que era “bastante presuntuoso y altivo”, y “poco amable en el trato”. Sin embargo Boccaccio lo describe como “loco de amor hasta bien entrado en años”.

En su descripción del infierno, donde hordas de diablos martirizan a los pecadores, Dante despliega una espeluznante fantasía, de ahí el adjetivo “dantesco”. Además se toma la licencia poética de decidir a quién envía a ese suplicio, como por ejemplo, muchos de sus enemigos florentinos. Pero también envió al infierno a cinco de los seis papas que él conoció. Para él el peor de todos fue Bonifacio VIII (1294-1303), a quien responsabilizó de la guerra civil en Florencia.

Pero desde lo más profundo del infierno, la Comedia pasa a la luz celestial y la Iglesia oficial se ha reconciliado desde hace tiempo con el crítico poeta. El papa Francisco dijo de él que era el “poeta de la esperanza” y destacó su “actualidad y su grandeza no solo artística, sino también teológica y cultural”.

Una ola de películas de alto octanaje llegan a la Cineteca Nacional

Una ola de películas de alto octanaje llegan a la Cineteca Nacional

La Jornada

 estrella_solitaria.jpg

Durante 19 años el festival de diversidad sexual en cine y video ofrece un gran abanico de propuestas. Titulado Festival Mix, la Cineteca Nacional será sede hasta el 7 de junio. Por otra parte, el fin de semana destaca un filme de los años 40 sobre el deseo reprimido que impresionó por su fotografía: Narciso negro (Black Narcissus, Michael Powell y Emeric Pressburger, Gran Bretaña, 1947). En los estrenos el coreano Kim Ki-duk y el español Manuel Martín Cuenca hacen los honores.

Retrospectiva Dunav Kuzmanich

Continúa la retrospectiva dedicada al realizador chileno hasta el 4 de junio con las siguientes películas: Cadáveres para el alba (1975), Canaguaro (1981), Duni (2013), Ajuste de cuentas (1984), El día de las Mercedes (1985) y Mariposas S.A. (1986).

Estrenos

El juicio de Viviane Amsalem (Gett, Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz, Israel-Alemania-Francia, 2014, 115 min.) Cerrando con la trilogía que inició con Ve’Lakhta Lehe Isha (To Take a Wife, 2004), la película lanza una crítica al contexto israelí al mostrar cómo una mujer intenta obtener el divorcio. Los hermanos Elkabetz presentan y retrato de la lucha por la libertad en el mundo contemporáneo. En 2014, la película estuvo nominada al Globo de Oro por Mejor película en lengua extranjera.

 

Moebius (Moebiuseu, Kim Ki-duk, Corea, 2013, 89 min.) La más reciente película de Kim Ki-duk, carente de diálogos y polémica en su propio país, cuenta la historia de una mujer que busca vengarse de su esposo infiel, pero termina lastimando al hijo de ambos. Al quedar al cuidado de su hijo, el padre toma una decisión extrema que los llevará a encontrar consuelo y placer de las maneras más horribles. Kim Ki-duk debió modificar 21 escenas del filme para que pudiera ser exhibido en su país.

 

Caníbal (Manuel Martín Cuenca, España-Rumania-Rusia-Francia, 2013, 116 min.) Tras la fachada de un respetable sastre, se esconde el canibalismo de Carlos, quien cambiará al enamorarse de una joven. Cuenca nos ofrece un personaje perturbador y soez. En 2014, la película fue ganadora del Premio Goya a Mejor Fotografía

.Clásicos en pantalla grande

Narciso negro (Black Narcissus, Michael Powell y Emeric Pressburger, Gran Bretaña, 1947, 100 min.) La cinta basada en la novela de Rumer Gorden, narra cómo unas monjas tendrán que elegir entre su vocación y el deseo. Esta superproducción inglesa ganó el Óscar a Mejor Fotografía en 1948.

Festival Mix

El festival que reúne lo mejor de la cinematografía relacionada con temática de diversidad sexual, presenta hasta el 7 de junio títulos como: Campaña de Odio: Rusia y la propaganda gay (2014), La vida después (2013), Eternamente leather(2014), Lugares oscuros (2015) y Estrellas Solitarias (2015) entre otros.

 

La palabra del amor en palabras de todos los días

La palabra del amor en palabras de todos los días

No es fácil entenderse con Teresa de Ávila. Sin la curiosidad psicoanalítica o el privilegio del fervor religioso, no es una tentación entrar a esa prosa del siglo XVI que la ignorancia se empeña en corregir. Sin embargo, una vez superado el bloqueo del prejuicio, cuando la mirada se deja llevar por la obra de esta personalidad excepcional, ya no hay regreso, porque esta escritora nacida en Ávila hace quinientos años, elevada a la categoría de santa en 1622, es más contemporánea de lo que cabría esperarse.

¿Qué pueden tener de actualidad literaria las revelaciones de una monja que estaba convencida de tener encuentros amorosos con Dios, y que además los escribía? Fue Teresa quien, al testimoniar los encuentros con su amante en El libro de la vida, introdujo el yo subjetivo en la literatura, saltando a la modernidad en plena Edad Media. Poco después vendría Montaigne y más tarde Rousseau, pero primero la santa, la que no sabía latín, la que escribía porque se lo ordenaba su confesor, y la que “poquita cosa podía hacer” en comparación con los nobles y cultos hombres.

Teresa tenía temple de guerrera. Nacida en 1515 en el seno de una familia de judíos conversos, en una España donde el fundamentalismo religioso se imponía a sangre y fuego, a los siete años se escapó junto a su hermano para ir a evangelizar a los moros, pero no llegó muy lejos. Algún amigo de la familia descubrió muy pronto a los niños y los devolvió a casa. Teresa comprueba muy pronto que en el rol de las mujeres no había lugar para ser soldado de Jesús. Entonces será el amor en vez de la guerra. A los veinte volvió a huir de su casa y se fue al convento. Y aunque el lugar elegido no era de su gusto, por demasiado mundano y frívolo, allí se quedó veinte años hasta que contrajo una grave enfermedad, no se sabe cuál, y entonces se dedicó a lo suyo. Compró una casa con la ayuda de una amiga viuda y allí instaló el primer monasterio, el convento de San José, en Ávila, con una docena de monjas que vivían en la pobreza y practicaban la oración en clausura total. Es la primera de sus “moradas”, la que después iba a conformar la orden de las Carmelitas.

“Y ansí determiné a hacer eso poquito que yo puedo y es en mí”, escribe Teresa.

Comenzó así para Teresa la empresa de las Fundaciones; de la guerra entre “calzadas” y “descalzas”. Una empresa que duró quince años, entre epistolarios y conflictos, y concluyó con la separación de las dos órdenes y la fundación de la orden de las Carmelitas descalzas. Andariega e inquieta, con problemas de salud constantes, Teresa funda diecisiete conventos, y al mismo tiempo escribe Las moradas del castillo interior, El camino de la perfección, y sobre todo El libro de la vida, que cayó en sospecha de la Inquisición, al igual que muchos de quienes la habían apoyado, entre ellos San Juan de la Cruz, aliado en su causa y confesor de uno de los conventos de la orden.

Teresa muere en pleno viaje en medio de visitas organizativas a sus conventos, el 4 de octubre de 1582.

Llama la atención la osadía de Teresa. Hablar de sí misma, hacerse sujeto, y en primera persona, no era natural ni sobreentendido. ¡Mucho menos siendo mujer! Antes de ella, sólo San Agustín había incursionado en la escritura en esa forma. El libro de la vida es su prosa autobiográfica, “llena de atrevimiento, de vitalidad, en agotadora lucha por expresar lo inédito, visiones bellísimas, documento sobre la vida cotidiana de la Castilla del siglo XVI, autorretrato de una personalidad arrolladora y, sobre todo, relato de una pasión, el amor arrebatado, tierno, enigmático y poderoso, entre Santa Teresa y Jesucristo”, según la aguda descripción de su editora, la escritora española Laura Freixas.

“Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal…víale en las manos un dardo de oro, largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba abrasada en amor grande de Dios…” Que el psicoanálisis se regodee con estas confesiones no es extraño, pero además del eros que desborda el texto, lo extraordinario es que Teresa lo haya formulado de esa forma y en su tiempo: su dios tiene cuerpo y voz.

En esa sensualidad, la narradora, la que testimonia, hará el camino de una mujer enamorada. Incertidumbre primero, temor al engaño después, paso a paso hasta la entrega total a esa voz y ese cuerpo divino que se le ofrenda a su vez, y luego su narración en primera persona, pero no como “Querido Diario”, sino con la búsqueda constante del desplazamiento de su propio yo para comunicarse con el amado, y ser una en él. No es poca cosa, si se piensa que ocurrió en el siglo XVI donde las mujeres, aunque fueran monjas y consagradas a dios, tenían derecho alguno y menos a la escritura.

“Querría ya esta alma verse libre; el comer, la mata; el dormir, la congoja; ve que se le pasa el tiempo de la vida pasar en regalo, que parece vive contra natura, pues ya no querría vivir en mí sino en Vos…”

Las conversaciones que Teresa entabla con su amante tienen la frescura de la espontaneidad. No corregía los textos; una prosa enmendada bien podría despertar sospechas… y además, entre ella y su amante no había lugar para secretos: “…rompa vuestra merced esto que he dicho, si le pareciere…y perdóneme, que he estado muy atrevida”.

En el Éxtasis de Santa Teresa, obra cumbre del barroco, de Gian Lorenzo Bernini, una expresión de gozo sensual ilumina el rostro y atraviesa la actitud corporal de la monja. El escultor italiano tenía razón: Teresa la pasaba bien con sus éxtasis. Acaso gracias a ellos pudo sobrevivir y encontrar un refugio para reinventarse en un medio hostil para la creación y las mujeres, como los artistas, que se reconstituyen en cada obra, en cada producción.

Aunque hoy no se hable de éxtasis sino de obsesiones y pasiones. Lo mismo da.

Las fundaciones, no menos importantes que el castillo interior en las regiones de la pasión divina, la realización espiritual que no evade el cuerpo

Hugo Gutiérrez Vega

En 1567 se encontraron en Medina del Campo, ciudad que preside una parte de la meseta castellana, San Juan de la Cruz y la reformadora del Carmelo, la madre Teresa de Jesús. Hablaron largamente y acordaron unirse en las tareas de reforma de la orden y en el fortalecimiento de los conventos de descalzas y descalzos. Era claro que la monja necesitaba al recién ordenado para que atendiera los aspectos de la reforma de los conventos de frailes. Desde ese momento los dos religiosos unieron sus esfuerzos. La monja llamaba cariñosamente “Senequita” a su pequeño colaborador.

Afirma Luce López-Baralt que los dos religiosos vivieron de distinta manera la experiencia mística. Teresa de Jesús consideraba que el misticismo del fraile Juan de la Cruz era “demasiado refinado… todo lo espiritualiza”. Fray Juan le replicaba cordialmente: “Madre, cuando usted se confiesa, se excusa maravillosamente.” Pero la madre insistía: “Dios nos libre de aquellos que son tan espirituales que quieren convertirlo todo en una contemplación perfecta.”

Mientras Fray Juan había trascendido las manifestaciones corporales de la experiencia mística, la madre Teresa, dedicada en buena medida a sus labores reformadoras con toda su carga de peripecias administrativas, y siempre (salvo en los momentos de pura contemplación) tan cerca de las cosas sencillas del mundo y de la vida, en los momentos de exaltación mística reflejaba en sus sentidos la tremenda tensión espiritual que la embargaba. Por lo tanto, escuchaba voces, veía imágenes simbólicas, en ocasiones levitaba y se entregaba en cuerpo y alma en el momento de la transverberación. El Dios que andaba “entre las cazuelas” invadía todos los sentidos de la monja. Por eso Bernini, en su prodigiosa escultura, muestra a la Santa en brazos del Ángel y hace que su rostro refleje la tensión de un poderoso orgasmo.

En 1976 fuimos a España con el grupo teatral de La Casa del Lago. Patrocinaban nuestro viaje y la gira por varias ciudades la Socialdemocracia Alemana, el todavía semiclandestino Partido Socialista Obrero Español, el agonizante Instituto de Cultura Hispánica que estaba a punto de convertirse en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, y varios colegios mayores de universidades de Madrid y de otras ciudades, y el PRI de Porfirio Muñoz Ledo. La gira tenía el propósito de avanzar en el tema de la reanudación de relaciones entre México y España. La obra que llevábamos se titulaba Sabaoth, que consistía en un collage de fragmentos de obras de Gil Vicente, Calderón de la Barca, Quevedo, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Valle-Inclán, Villaurrutia y Gorostiza. Lo subtitulamos: La muerte en la literatura hispánica.

La gira comprendió Madrid (actuamos en el pequeño teatro del Colegio Mayor de Guadalupe, dirigido en aquellos años por Emiliano Moreno), Segovia, Sevilla y Salamanca. La prensa se ocupó muy poco de nuestro sospechoso (por sus variados patrocinios) periplo por colegios mayores y auditorios escolares. Sin embargo, los jóvenes que estaban en los primeros asomos del llamado “destape”, mucho agradecieron nuestras intenciones innovadoras y un poco desnuditas.

En Salamanca tuvimos una función en El Colegio de Santa Teresa, dirigido por unas amables Carmelitas. Poco antes de levantar el telón, nos preocupamos mucho por su posible reacción de disgusto ante una de las escenas de la obra, aquella en la que Santa Teresa (interpretada por Helena Guardia, actriz de gran sensibilidad) decía su “vivo sin vivir en mí”, en el silencio de su celda. Las ideas de los directores se basaban en la escultura de Bernini, el Éxtasis de Santa Teresa y en la conjunción de la experiencia mística con la orgásmica. Esa circunstancia despertó nuestro temor de ofender a las simpáticas monjas. Al terminar la obra nos ofrecieron una merienda de chocolate y picatostes. Me acerqué a la directora y la encontré muy contenta y dicharachera. Al intentar disculparme por nuestras audacias escénicas, la Carmelita me paró en seco con un: “Nada, hijo, que en esos momentos nuestra santa madre debe haber sentido algo parecido a un orgasmo.” Nada pude decir, pero esa noche pensé que la transición peninsular era ya un hecho, curiosamente presidido por la voz de los místicos, el espíritu de la democracia, el instinto de placer de Freud y la función del orgasmo de Reich.

Hace quinientos años, el 28 de marzo de 1515, nació Teresa de Cepeda y Ahumada, quien ha pasado a la historia de la literatura y de la Iglesia como Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila, fundadora de la orden de las Carmelitas descalzas y autora de los mejores textos erótico-religiosos del Renacimiento español.

Se dice que el siguiente pasaje del capítulo 29 de su El libro de la vida, inspiró al escultor Lorenzo Bernini para realizar su conocida pieza El éxtasis de Santa Teresa, que se encuentra en la iglesia de Santa María de la Victoria, en Roma:

Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.

Podemos –gracias a Freud– interpretar una metáfora como “dardo de oro largo” de hierro y con fuego, como un evidente símbolo fálico. Y la acción de que ese dardo le fuera metido a la autora “por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas”, una clara alusión al acto sexual sublimado en amor espiritual. Asimismo, la mención del abrasamiento por amor y de un dolor espiritual muy grande después de esta experiencia, expresa el éxtasis sensual de la desfloración como resultado de la entrega y el abandono, aunque la autora proyecte todo al plano del alma que se funde con su creador. Aquí, el éxtasis religioso como experiencia orgásmica no sólo valida espiritualmente la sexualidad humana, sino ratifica que el motor de la revelación mística es el deseo de fundirse con el Otro como resultado del impulso de la libido. No en balde una célebre edición de El erotismo, de Georges Bataille, lleva en la portada un detalle del citado berniniano El éxtasis de Santa Teresa.

He aquí otra prueba de que nuestra santa predilecta fue una mujer con sus hormonas bien puestas:

Cuando el dulce Cazador

me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor

mi alma quedó rendida;

y, cobrando nueva vida,

de tal manera he trocado,

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha

enherbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Criador.

Ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado,

y mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

La fusión de las almas es aquí una sublimación del deseo de la fusión de los cuerpos, pues el epíteto de Cazador con que la autora alude a Cristo le otorga a éste una inequívoca masculinidad poseedora, y la alusión a la herida que Él le causa con la flecha expresa de nuevo la desfloración, ya que la flecha es otro símbolo fálico y el alma una metáfora del genital femenino. Por último, la entrega como preámbulo de la fusión de dos seres en uno confirma a la pulsión libidinal como causa del deseo religioso de negarse a sí mismo para llegar a ser en el Otro.

Si aceptamos este análisis, Teresa de Ávila personifica una liberadora y vitalista manera de entender y practicar la religiosidad.

El erotismo transgresor

de Daniel Lezama

Ingrid Suckaer

Acompañada de abundantes referencias a la pintura occidental de varias épocas, la obra de Daniel Lezama es compleja porque propicia una lectura en la que los campos de interpretación se extienden no sólo al devenir de las innumerables fuentes de la plástica (utilizadas con lógica entre forma y contenido), sino también a referentes sociales contemporáneos. Con innegables cualidades formales, en la pintura de este artista hay numerosos cuadros cercanos a lo que Bataille llamó sexualidad profunda (sangre, crimen y todo aquello que degrada la virtud); no obstante los excesos, por lo regular en sus personajes destacan la inocencia y la falta de culpa. El erotismo de Lezama habla de aquellos que no reconocen el límite y, fascinados por ello, encuentran el éxtasis en la trasgresión violenta de toda norma social.

Murió el organista Felipe Ramírez Ramírez.

Murió el organista Felipe Ramírez Ramírez.

Busqué en las páginas culturales de los diarios de la ciudad alguna nota sobre el reciente fallecimiento del notable organista mexicano Felipe Ramírez Ramírez.

No encontré nada.

Se ve que la música de órgano ya no entusiasma a los jóvenes cronistas musicales.

Tal vez se trate de un descuido o se deba, en buena medida, al constante deseo de pasar inadvertido que rigió la vida y la actividad de nuestro organista más original, erudito, talentoso y agobiado por los problemas, las soledades, las violencias y las tristezas que la vida tiene a bien obsequiarnos casi cotidianamente.

A veces nos le escapamos y le ganamos un minuto a la tristeza, pero Felipe, a últimas fechas, ya no encontraba esas escapatorias.

Un asalto en un taxi de esta enfurecida y monstruosa capital, lo hundió en el pánico y en la perplejidad.

Se encerró en su casa, descolgó el teléfono y acabó por irse a un asilo donde acrecentó su miedo, hasta el extremo de no querer salir a la calle.

Solo Alberto y Amparo Torres (Alberto es nieto de don Jacinto Torres, constructor de órganos en distintas zonas del centro del país) lo acompañaron en sus últimos años.

Querétaro quería homenajearlo, pero ya no pudo dejar su escondite.

Ahí murió hace tres días y las páginas culturales de los diarios guardaron silencio. Está bien así. Eso es lo que Felipe quería.

Se cerraron los dos enormes instrumentos de la Catedral Metropolitana y Felipe ya no pudo reabrirlos.

El próximo réquiem, sea para quien sea, será para Felipe.

Para informar a los lectores y especialmente a los queretanos que son tan olvidadizos, transcribo un testimonio de Salvador Novo sobre nuestro organista mayor.

En 1966, siendo este bazarista rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, celebramos el Festival Nacional de las Artes e invitamos a Novo, Pellicer, Monsiváis y Becerra para que dieran conferencias y recitales.

Todos aceptaron y el festival tuvo un éxito clamoroso.

A los cuatro les entusiasmó el proyecto universitario tan avanzado en materia de derechos humanos y de libertad académica que unos meses más tarde fue liquidado por feroces neocristeros que, al grito de “¡viva Cristo Rey”, y “abajo los comunistas!”, nos asaltaron, apedrearon y quemaron biblioteca y laboratorios.

En fin, esa es arena de otro costal, como el Patelín, regresemos a nuestros borregos. Así dice en su reseña el maestro Novo: “El siguiente número del festival esa misma noche iba a ser un concierto de órgano en el templo de San Agustín que yo había visitado por la tarde. El rector se ofreció a recogerme en el hotel a las 8:45 y así fue en efecto, pero la iglesia estaba llena cuando llegamos. El órgano no empezó a infundir su magia sino hasta las 9:30.

Lo tocaba allá arriba Felipe Ramírez r., nacido en Querétaro el 26 de mayo de 1939 –¡bárbaro, tan joven así–. A los 7 años empezó a estudiar piano. El muy ilustre canónigo Lic. Cirilo Conejo Roldán lo inició en el órgano, coral, armonía y contrapunto.

En 1956 se graduó de organista en la Escuela de Música Sacra de esta ciudad y fue nombrado organista titular de la Catedral.

De ahí, becado, fue a Ratisbona por cinco años y anduvo de gira por Génova, Turín, Pisa, Venecia y Bolonia.

En 1963 se graduó en canto gregoriano; ha tocado el órgano con distinción en Holanda, Alemania, Inglaterra y Francia, estrenó el órgano de Grafenwoehr y ha actuado para la televisión italiana, Bábara y Alemana.

”Tal es, en síntesis, lo que de este distinguido director de la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Querétaro leíamos en el programa mientras escuchábamos al muy selecto encargado a los fuelles de un órgano local no tan bueno.

Lo que tenía de interesante y de novedoso era que de este Paul Hindemith del que los concurrentes conocen lo que les ha tocado Herrera de la Fuente, Felipe Ramírez tocara una sonata, después del J. Bach inicial y antes de la lucida ‘improvisación’ cuyo tema dio, a solicitud del organista, el sabio rector; y que luego tocara otras dos obras de músicos nacidos este siglo: Olivier Messiaen (1908) y Karl Holler (1907).”

Así descubrió Novo a Felipe Ramírez en 1967. Ya les hablaré en la segunda parte de esta columna sobre las muchas peripecias que acompañaron la vida de este gran músico.

Por lo pronto me callo y que hablen las notas de uno de los réquiems escritos por el padre Conejo, maestro y mentor de Maese Felipe.

Que hable la música, grave, profunda, melancólica y alegre de uno de los órganos de la Catedral Metropolitana.

Tal vez no sea necesario un intérprete, pues los órganos de la catedral se saben de memoria muchas de las obras que Felipe, organista titular durante varios años, interpretaba en las noches, apenas acababa el oficio de tinieblas.

jornadasem@jornada.com.mx

Guevara Antes del Che

Guevara Antes del Che

Fue rápido. La Dirección Federal de Seguridad sabía bien lo que hacía. Dentro del Packard verde, modelo 1950, iban cinco hombres. En el cruce de la calle de Mariano Escobedo con Kepler, tres bajaron. Uno era alto y corpulento, de paso firme. A distancia se advertía que era el líder. Cuando iba a perderse en las sombras, los agentes que le seguían se lanzaron a por él. El hombre alto, al verlos venir, echó mano a su automática. Pero antes de que pudiera sacarla, ya tenía una pistola besándole la nuca. Si en aquel instante el policía hubiese apretado el gatillo, la historia de América habría cambiado. Aquella noche del 21 de junio de 1956, en esa esquina de la Ciudad de México, Fidel Alejandro Castro Ruz acababa de ser detenido sin un disparo. Tenía 29 años y una revolución por hacer.

Guevara antes del Che

La célula cubana había caído. En pocos días fueron apresados 22 castristas. El nudo de la trama se ubicaba en el número 49 de la calle de Emparán, donde vivía la opositora peruana Hilda Gadea. Su esposo fue el más desafiante ante la policía y, a diferencia de sus compañeros, se declaró marxista-leninista. Era asmático, argentino y pobre. Se llamaba Ernesto Guevara de la Serna.

Después de tres días de interrogatorios, el cerebro de la redada, el capitán Fernando Gutiérrez Barrios, redactó su informe sobre la “conjura contra el Gobierno de la República de Cuba”. El texto, de cinco folios mecanografiados y guardado en el Archivo General de México, se ha convertido, desde que fue desclasificado, en un documento clave para comprender la génesis de la revolución castrista, pero también el ambivalente papel de México en el hervidero de la época y que el propio Gutiérrez Barrios encarnó como nadie. El capitán, que sería jefe de los servicios de inteligencia, conjugó a lo largo de su imperio la represión feroz a la izquierda mexicana con la acogida de destacados exiliados y prófugos de dictaduras. Algo que, a la postre, acabó haciendo con aquel carismático cubano que había caído en sus manos.

Castro había llegado a México en julio de 1955. Desde que descendió las escalerillas del DC-6 bimotor, su objetivo había sido preparar el regreso. Para ello había tejido una red de 40 fieles. Era el núcleo duro de una revolución. Una organización secreta que reclutaba y se entrenaba para el asalto final. “El objeto es capacitarse militarmente para integrar mandos que dirijan en su país a los descontentos”, señala el documento. Los instructores eran el mismo Castro, y el antiguo coronel de la República española Alberto Bayo Giraud. Las clases se impartían en el rancho Santa Rosa, en Chalco, e incluían “prácticas de tiro, topografía, táctica, guerrilla, explosivos, bombas incendiarias, voladura con dinamita…”.

El informe, en el que se atisba cierta admiración por el “dirigente máximo” cubano, muestra que Castro era el eje de toda la maquinaria. Él clasificaba a los reclutas por su rendimiento, disciplina y cualidades para el mando. Incluso, en un anticipo del control omnímodo que luego practicaría en Cuba, reglamentó con detalle la vida en el interior de la “casa residencia”. “[Castro les] hace ver que para estar preparados a una acción armada se necesita una disciplina estricta”.

De poco sirvió la advertencia. Gutiérrez Barrios, de un manotazo, había dejado todo al descubierto: pisos francos, armamento, correspondencia, claves, fondos, contactos, financiadores…, hasta los incómodos cuestionarios que los revolucionarios debían cumplimentar dando cuenta de sus compañeros. Con este material en su poder, el futuro de Castro y su revolución dependía del maquiavélico capitán. Y este jugó sus cartas. En sus conclusiones descartó cualquier nexo con el Partido Comunista, minimizó la importancia de las armas requisadas (“pocas y fáciles de adquirir”) y enfatizó que se trataba de un “grupo opositor independiente” que solo buscaba derribar a Fulgencio Batista: “Dicen contar con el 90% de la población de su país y señalan que el pueblo cubano […] ha recibido gran cantidad de armamento”.

Un mes después, Fidel y el Che quedaban libres. Gutiérrez Barrios sería en adelante su amigo. México también. A primera hora del 25 de noviembre de 1956, bajo una lluvia fría, el Granma zarpaba desde Tuxpan rumbo Cuba. Daba comienzo la revolución.

“La familia es la clave del reino interior del poeta”: Carlos Germán Belli.

“La familia es la clave del reino interior del poeta”.

El escritor presenta su última obra y recibe en España dos homenajes

“La fe siempre me ha acompañado y por eso brota espontánea”, asegura

“Un lector me es suficiente”

FERNANDO IWASAKI

Con la sencillez y discreción de su buen mudar, Carlos Germán Belli (Lima, 1927) es el poeta peruano más antologado después de César Vallejo, y su libro de poemas ¡Oh hada cibernética! (1961) forma con Trilce (1922) la pareja de títulos más original y memorable de la poesía peruana.

“Pero lo esencial que comparto con Vallejo”, recuerda Belli, “es la devoción a los padres y la fraternidad como otra forma sublime del amor. Mi hermano Alfonso nació inválido, y a pesar de su tragedia nos desvivimos para que fuera feliz. Cuando nuestra madre murió en 1957, me convertí en su representante legal hasta que falleció hace diez años”. El poeta visita Madrid para presentar su poemario Estos que son aquí. Antología, recibir un homenaje en la Casa de América, leer sus poemas en la Residencia de Estudiantes e inaugurar una exposición de sus obras en el Instituto Cervantes hasta despedirse con otro tributo, este vez en la Universidad de Alicante.

La poesía de Carlos Germán Belli siempre habla de sus padres, de sus hermanos abrazándose, de Carmela, su mujer, y de sus hijas: “La familia es fundamental para un poeta porque ahí recibe su educación sentimental, desarrolla la sensibilidad y aprende a corresponder el cariño. La familia es la clave del reino interior del poeta”.

Sin embargo, su vocación poética generaba desasosiegos en casa, pues los padres esperaban que su hijo optara por un oficio más solvente. Por eso, el poema ¿Alquimia o química? recrea las tensiones entre la madre farmacéutica y aquel hijo que deseaba ser poeta: “cuando Eva madre ante su primogénito / trémula se arrodilla humildemente / para implorarle que opte por la química / en lugar de la alquimia, / justo en la vida adulta en cierne ya, / pues ella quiere un racional oficio / que entre el cielo y el suelo / y en medio de los reinos naturales / lo preserve por siempre dentro y fuera / en la ardua fase de la edad humana.” Quizá por eso su primer libro, Poemas (1958), se publicó tras morir sus padres.

Trazos de una vida y de una obra

De amanuense en el Senado a escritor consagrado. Carlos Germán Belli trabajó 20 años transcribiendo documentos para el Senado peruano. Su primera poesía reflejó esa experiencia burocrática. Fue traductor y profesor, mientras afianzaba su carrera literaria, que le llevó a ser candidato en 2007 al premio Nobel.

Poemarios escogidos. Algunos de sus principales libros son: Poemas (1958), Dentro & Fuera (1960), ¡Oh hada cibernética! (1961), El buen mudar (1986), En el restante tiempo terrenal (1988), Los versos juntos 1946-2008 (poesía completa) y Los dioses domésticos y otras páginas (2012).

Antiguas formas

El epílogo de La ciudad y los perros (1963), de Mario Vargas Llosa, lleva como epígrafe unos versos suyos: “en cada linaje / el deterioro ejerce su dominio”. El Nobel peruano admiró la poesía de Belli desde que sus primeros poemas aparecieron en la revista Mercurio Peruano. Y su aprecio por el poeta quedará de manifiesto en el homenaje que le rendirá hoy la Casa de América, donde participará también José Manuel Caballero Bonald.

La poesía de Belli recrea un tono arcaico singular porque aúna un minucioso trabajo del habla popular con un rescate de antiguas formas estróficas como la sextina, la balada y la villanela, lo cual lo convierte en un poeta clásico sin desatender la modernidad: “Es una felicidad haber tenido interés por la vanguardia, porque eso me ha salvado de ser un poeta decimonónico. Cultivo el endecasílabo y me preocupa la estrofa, pero en cambio la rima me es indiferente”. Otra característica de su poesía es su estro religioso: “La fe siempre me ha acompañado y por eso brota espontánea. No responde a una actitud programática, porque la fe religiosa y la fe amorosa forman parte de mi intimidad, de mi reino interior, de donde provienen mi fe en la poesía”.

Belli fue amanuense del Senado peruano 20 años y, al mismo tiempo, traductor, periodista y profesor universitario. ¿Aquel tedioso quehacer de transcribir pobres debates parlamentarios sería la epifanía de su curiosidad por la cibernética y la robótica hace más de cincuenta años?: “Yo me sentía acosado por la necesidad de trabajar en dos sitios y me imaginaba a los robots como bienhechores que asumían las tareas más duras y mecánicas. El hallazgo de la cibernética fue casual, porque tropecé con la palabra mientras traducía un despacho cablegráfico para una agencia de noticias, y me interesó para un poema donde quería unir lo mágico y lo mecánico”. De hecho, aquel poema comenzaba así: “Oh Hada Cibernética / cuándo harás que los huesos de mis manos / se muevan alegremente / para escribir al fin lo que yo desee”. Medio siglo más tarde, el hada cibernéticade Internet le permite a cualquier lector del planeta asomarse al reino interior del poeta, al país arrasado de Carlos Germán Belli.

Fernando Iwasaki es escritor peruano.

Hemingway y Cuba, una pasión revivida

Hemingway y Cuba, una pasión revivida

Los nietos del Nobel de Literatura emprenden el mismo viaje en barco que hiciera Hemingway a bordo de su amado “Pilar”

SILVIA AYUSO

Washington

En 1934, nada más regresar de un safari por África y con los algo más de 3.000 dólares que había recibido de adelanto por unos relatos breves, Ernest Hemingway se dirigió a un astillero de Coney Island y se hizo con un elegante yate deportivo que bautizaría con el nombre de Pilar. El 19 de julio de ese año, Hemingway ponía rumbo a Cuba, isla en la que acabaría instalándose unos años más tarde, a bordo de su flamante barco, especialmente equipado para una de sus aficiones favoritas, la pesca deportiva.

Comenzaba un romance entre el escritor, una isla y un barco que se acabó convirtiendo en inspiración literaria y en su único amor y refugio constantes hasta su muerte, en 1961. Casi 81 años después de ese primer viaje en el Pilar, otros Hemingway -sus nietos John y Patrick- y en otros barcos, han tomado el mismo rumbo desde el mismo puerto de partida, Key West, y con el mismo destino, Cuba. Es este un viaje “histórico y simbólico”, dijo John Hemingway a este periódico. Y con una gran carga de recuerdos y sobre todo esperanza, subrayó, en la nueva era que comenzó entre Estados Unidos y la isla con el anuncio de la normalización de relaciones tras más de medio siglo de antagonismo, el pasado 17 de diciembre.

El periplo, que comenzó el viernes con la partida de la flotilla estadounidense, continuará el lunes con la participación de los nietos del escritor, junto con otro medio centenar de pescadores aficionados norteamericanos, en el Torneo de la Pesca de Aguja “Ernest Hemingway”, que cumple 65 años. A bordo de su amado Pilar, “Papá Hemingway” ganó tres veces seguidas, de 1953 a 1955, el torneo que acabó recibiendo su nombre y en el que estuvo presente, por última vez, en 1960, momento en el que coincidió con Fidel Castro.

En los últimos años, algunos estadounidenses participaron en el torneo cubano -uno de los más antiguos del mundo, según sus organizadores- aunque tuvieron que volar primero a la isla para ello. Han tenido que pasar décadas, y un cambio radical en la política de EE UU hacia Cuba, para que pudieran zarpar -al menos de forma legal, subraya John Hemingway- en sus propios barcos hacia la isla. Un objetivo que ha costado meses de trabajo y burocracia para obtener los permisos del Gobierno estadounidense. Dado que el embargo sigue en pie, se requiere de una licencia especial del Departamento de Comercio tan solo para que un barco parta de EE UU hacia Cuba y pueda regresar. Y otra del Departamento del Tesoro para transportar a personas.

Pero el esfuerzo ha merecido la pena, sostuvo Jeffrey Boutwell, del Latin American Working Group Education Fund, la organización que está detrás de este viaje. “No hay otra persona que simbolice la amistad entre Cuba y EE UU de la forma en que lo hace Ernest Hemingway”, recordó.

La primera visita de los nietos de Hemingway a Cuba, en septiembre del año pasado, sirvió para conmemorar el 60 aniversario del Nobel de Literatura que recibió su abuelo. Además, promovieron el acercamiento entre los pueblos y abogaron por esfuerzos conservacionistas bilaterales con los que esperaban también tender puentes entre Cuba y EE UU. Ocho meses más tarde, y con el 17 de diciembre de por medio, sus deseos empiezan a cumplirse. Falta aún sin embargo la libertad para viajar a Cuba de la que disfrutó Hemingway, recuerdan tanto su nieto como Boutwell. Por ello, este viaje también adquiere ahora un tono reivindicativo que están seguros habría aplaudido el autor de “El viejo y el mar”.

“No solo lo habría aprobado, estoy seguro de que se habría sentido muy indignado ante la idea de que los estadounidenses tuvieran prohibido viajar libremente a Cuba”, afirmó Boutwell. “No importan cuáles pudieran ser las diferencias políticas o los diferentes gobiernos, Hemingway se habría sentido totalmente horrorizado por que el Gobierno estadounidense restringiera a sus ciudadanos los viajes al extranjero”.

El Decir De Las Piedras

El Decir De Las Piedras

La Jornada

En una ceremonia en el Museo Nacional de Antropología e Historia, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, iniciador del Proyecto Templo Mayor, ingresó formalmente a la Academia Mexicana de la Lengua con el discurso “El decir de las piedras”, en el cual habló de tres monumentales esculturas de la civilización mexica: el Calendario Azteca o Piedra del Sol, la Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli.

Nacido en la Ciudad de México el 11 de diciembre de 1940, el investigador del INAH, maestro en Ciencias Antropológicas con especialidad en Arqueología por parte de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y la UNAM, fue elegido como miembro de la Academia en la sesión plenaria del jueves 26 de junio pasado.

Fue propuesto por los académicos Miguel León-Portilla, quien respondió esta noche su discurso, Concepción Company y Fernando Serrano Migallón. Es desde ahora el sexto ocupante de la silla XV ocupada anteriormente por José María Vigil, Balbino Dávalos, Agustín Aragón, Daniel Huacuja y José G. Moreno de Alba, quien falleció el 2 de agosto de 2013.

Cuando anunció la elección, por unanimidad, de Matos Moctezuma la Academia Mexicana de la Lengua (AML), se afirmó en un comunicado que esta institución “se enriquece con un miembro cuya labor se puede comparar al de la filología en cuanto al desciframiento de una cultura a través del lenguaje, en este caso, de la arqueología”.

Tras recordar que Matos Moctezuma es también miembro honorario del Archeological Institute of America, destacó la Academia:

“Ha datado los inicios de la arqueología mexicana hacia 1790, con los hallazgos de la Coatlicue y la Piedra del Sol. Una de sus aportaciones más significativas se enmarcan en la coordinación en 1978 del Proyecto Templo Mayor, cuando se emprendieron las tareas de excavación arqueológica de este recinto sagrado de la antigua Tenochtitlan, mismo que continúa vigente, además de su trabajo en Comalcalco, Tepeapulco, Bonampak, Cholula, Coacalco y Tlatelolco y coordinó los proyectos Tula y Teotihuacan.”

Si bien cabe recordar que su labor en Teotihuacan fue duramente cuestionada a mediados de los noventa del siglo pasado, pues durante ese lapso se construyó la plaza comercial Jaguares, lo que ocasionó que tanto la directora del INAH, María Teresa Franco, como Matos Moctezuma, fuerandenunciados ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados.

Respecto del tema elegido por el arqueólogo para su discurso de ingreso, se debe mencionar que éste ya fue abordado en el libro Escultura monumental mexica,escrito junto con su colega Leonardo López Luján y publicado por el Fondo de Cultura Económica, también responsable del Proyecto Templo Mayor.

Los monumentales monolitos hallados en las excavaciones del Templo Mayor son para ambos especialistas “obras del mismo pueblo, el mexica. Todos pertenecen a la producción escultórica mayor del llamado periodo imperial, es decir, son piezas de grandes dimensiones que fueron talladas en rocas volcánicas dentro de un lapso que no supera los cincuenta años entre la más temprana y la más tardía. Todos, además, fueron descubiertos en lo que fue el corazón de la antigua Tenochtitlan, ya en el interior de su recinto ceremonial, ya en la plaza del mercado principal, hoy ocupada por el Zócalo de la Ciudad de México”.

En la ceremonia estuvieron presentes el poeta Jaime Labastida, presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, y el escritor Gonzalo Celorio, integrante de la misma.

Recorrido por la Historia de la Catedral de México

Recorrido por la historia de la Catedral de México

Mónica Mateos-Vega

 La Jornada

El libro La Catedral de México, publicado por la Fundación BBVA Bancomer, es el trabajo más completo y actualizado desde 1948 sobre tan importante edificio de la capital del país.

Se trata de un recorrido por la historia de la construcción del templo, así como por las diversas intervenciones y restauraciones efectuadas desde el siglo XIX hasta nuestros días, de la mano de 25 expertos, entre ellos Xavier Cortés Rocha, Eduardo Matos Moctezuma y Martha Fernández, quien durante la presentación del ejemplar, la noche del miércoles lo calificó de excepcional.

Ese acto se realizó en el recinto religioso con la presencia del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien recordó que el libro llevaba cocinándose muchos años.

Durante ese tiempo, por desgracia fallecieron los arquitectos Agustín Salgado, Luis Ortiz Macedo, Carlos Flores Marini y el historiador Guillermo Tovar de Teresa, con quienes iniciamos esta aventura, apuntó Fernández.

Milagro de la ingeniería nacional

El presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar, compartió una anécdota de su infancia en la que, dijo, nació en su hermano Guillermo la pasión por el arte virreinal.

“De niños nos traían a visitar la Catedral. Una mañana, en un noticiario en la radio se anunció que había sufrido un incendio. Era 1967. Guillermo, quien tenía 10 años, se escandalizó, y cuando escuchó que habían sido afectados el Altar del Perdón, los órganos y varios de los sitiales del coro, se quedó muy emocionado. Ese mismo día nos trajo mi padre y pudimos ver de lejos los destrozos.

Foto

Portada del libro La Catedral de México, publicado por la Fundación BBVA Bancomer, el cual fue presentado la noche del miércoles en el histórico edificio, con cuya construcción surgió una nueva cultura de la que somos herederos, explicó la historiadora Martha Fernández

“Estoy seguro que eso definió en Guillermo su vocación como historiador del arte virreinal y gran erudito de la Catedral Metropolitana. Uno de los regalos que recibió al año siguiente fue La Catedral Metropolitana, libro de Manuel Toussaint. Cuarenta y siete años después acudo a la presentación del que, estoy seguro, será el libro para los lectores de los próximos 50 años, como fue el de Toussaint, que en los años 60 era la obra cumbre para el análisis y conocimiento de este recinto.”

La historiadora Martha Fernández explicó que Vicente Quirarte abre el libro La Catedral de México con un prólogo “en el que nos habla del templo como protagonista de pinturas, litografías y cine entre los siglos XIX y XXI; René Avilés Fabila cierra con una síntesis literaria de su contenido y narra la forma violenta con la que se sustituyen los templos de Tenochtitlán por esta magnífica catedral.

Ese texto nos lleva a leer el capítulo de Matos Moctezuma sobre la gran Tenochtitlán y los vestigios prehispánicos que se encuentran debajo de la Catedral, así como los rescates arqueológicos de las épocas prehispánica y virreinal que se han efectuado, testimonios de que no todo se perdió, pues al final surgió una nueva cultura de la que somos herederos y su historia comienza, precisamente, cuando se edificó la primitiva catedral de México.

Con fotografías de Javier Hinojosa, más de 500 páginas relatan la intervención arquitectónica más crítica: la cimentación del edificio para nivelarlo y evitar el hundimiento diferencial, considerado un milagro de la ingeniería mexicana, reconocido en el mundo.

La Emoción Se Fue… Muere el Rey del Blues B.B. King

Resumir la vida, milagros (los hubo, como sus 90 años al pie de las seis cuerdas) y sus prodigios, como prodigio era su inimitable manera de tocar la guitarra, en apenas tres o cuatro párrafos no es fácil, pero sí tan emocionante como su música, la música del genial maestro B. B. King. Para empezar, tracemos las coordenadas de su importancia en el mapa de la música popular del siglo XX y la que va de siglo XXI. Este hijo de esclavos de Mississippi no sólo fue uno de los guitarristas más importantes, genuinos y personales de la historia del blues, sino que consiguió que este género, adscrito en un principio a los artistas negros y reducido a un ámbito geográfico reducido al Sur profundo de los Estados Unidos, se convirtiera en un estilo más de la música pop, que entrara en las listas de éxitos y discos más vendidos y se convirtiera en una corriente musical admirada igual por blancos que por negros.

Digámoslo en el sentido no peyorativo de la palabra: convirtió el blues en un género comercial, protagonista de las emisoras de radio y de televisión, y los conciertos multitudinarios, y lo sacó de ese lugar glorioso pero minoritario que son los circuitos musicales de la gente de color.

King se despide con dieciséis premios Grammy en su equipaje, más de cincuenta discos en casi sesenta años de carrera y temas que marcaron época como Three O’Clock Blues, The Thrill Is Gone y When Love Comes to Town, su célebre colaboración con los irlandeses U2.

Riley B. King nació el 16 de septiembre de 1925 en una plantación de Itta Bena (Mississippi). Allí empezó a tocar, por las esquinas de aquellas deprimidas calles y en las localidades colindantes, hasta que en 1947 hizo auto-stop en dirección a Memphis para labrarse una carrera musical. Allí tuvo la ayuda de su primo Bukka White, uno de los maestros del blues en aquel periodo.

Su actuación en el programa de radio de Sonny Boy Williamsonllamó la atención de los especialistas y pronto cerró una serie de actuaciones en el local Sixteenth Avenue Grill y en la estación WDIA, donde se dio a conocer bajo el nombre Beale Street Blues Boy. Posteriormente, decidió acortarlo a Blues Boy King y, finalmente, dio con el definitivo B.B. King.

A mediados de la década de 1950 tuvo lugar un suceso que marcaría para siempre la carrera del artista. King actuaba en un local de Twist (Arkansas) cuando unos espectadores se enzarzaron en una pelea que acabó prendiendo fuego al local. El artista se apresuró a salir de la sala, pero se dio cuenta de que se olvidó dentro su querida guitarra Gibson acústica de treinta dólares y no dudó en desafiar las llamas y recuperarla.

Después supo que la discusión se había producido por una mujer llamada Lucille y decidió bautizar así a todas las guitarras que le acompañaron durante el resto de su carrera.

El éxito de Three O’Clock Blues le llevó a emprender sus primeras giras por los Estados Unidos que sentarían las bases del músico de blues más relevante de las últimas décadas y, especialmente, las de ese sonido tan característico e identificable que lograba al rasgar las cuerdas de su Gibson.

Con reminiscencias de Blind Lemon Jefferson y T-Bone Walker entre otros, el ‘vibrato, la precisión de la púa, su sutileza y el manejo de los silencios convirtieron el sonido King” en un componente fundamental del vocabulario musical del que bebieron figuras como Eric Clapton, George Harrison o Jeff Beck y que le llevaron a ser miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll en 1987.

En la cuna del Rock And Roll

B. B. King proviene del estado que probablemente más influencia ha tenido en la historia de la música popular del siglo XX, Mississippi. No olvidemos que allí nació Elvis (el blanco que cantaba como los negros) y que probablementye allí, en sus raíces hundidas en las plantaciones de esclavos y en los campos de algodón nació en gran medida el matrimonio maravillosamente avenido de músicos blancos y músicos blancos, el Rock And Roll. Por si todo esto fuera poco, B. B. Kimng fue un músico decisivamente influyente en la gran mayoría de los artistas más sobresalientes en la cultura rock.

Nos faltarán nombres, pero hemos de pasar lista: ahía están Eric Clapton y Santana, por supuesto, para encabezar esta tripulación de genios del rasgueo y el resonar de mástiles: Keith Richards, Angus Young de AC/DC, Jimi Hendrix, Duane Allman, Jimmy Page, Keith Richards, Jeff Beck, y hasta Van Morrison. Incluso en España hay dos guitarristas que son sus mejores alumnos y discípulos: Javier Vargas y Raimundo Amador. Con la muerte de B. B. King se va un músico esencial, de ésos que hoy ya parece que se hacen y estilan poco, esos que son capaces de inundar su música de personalidad, sentimiento, emoción y rabia.

Aquella música de los esclavos, el blues, hoy es amada y respetada en todo el mundo, gracias en gran medida a tipos como B. B. King. Como él decía: «Tenemos un alma, tenemos un corazón, tenemos el sentimiento de que nuestra música es vida. La vida que vivimos en el pasado, la vida que estamos viviendo hoy y la vida que viviremos mañana». En ésa vida mejor que B. B. y su Lucille nos regalaron, le lloramos hoy. Nuestro corazón y nuestra guitarra estánhoy llenos de lágrimas.