Los Porrúa

Los Porrúa

Hugo Gutierrez Vega

Desde hace varias décadas, la familia Porrúa (con todos sus patriarcas, familiares, divisiones y subdivisiones) ha venido realizando una notable y digna de encomio y celebración tarea de difusión masiva de la literatura mexicana. Presentaciones austeras y elegantes, excelentes prólogos e impecable selección de textos, son las características de estos notables editores que tienen como ejemplo ilustre de su vocación literaria la colección Sepan Cuantos. Los precios de sus libros son accesibles para casi todos los bolsillos y conozco varios casos de estudiantes preparatorianos que han formado sus pequeñas bibliotecas con libros de Porrúa.

Ahora que estoy seleccionando libros para hacer algunas donaciones, me he encontrado con ejemplares de las distintas colecciones de Porrúa que jugaron un papel importantísimo en mi conocimiento y estudio de la literatura mexicana. Los puse sobre mi mesa y día a día releo algunas de sus páginas y revivo el gozo de la primera lectura. En mis manos están los cuentos de Micrós, el inolvidable Ángel de Campo, que con El Pinto. Notas biográficas de un perro y “Chato Barrios”, demuestra que el periodismo es un género de la literatura tan hermoso e ilustre como los otros.

Pienso que Micrós debe ser leído por todos los que quieran dedicarse al periodismo. Su sensibilidad social, su espíritu justiciero y libertario y su prosa fluida y amena cumplieron un papel fundamental en el desarrollo de las primeras inquietudes que dieron paso a nuestros movimientos revolucionarios. Veo al Chato Barrios, en el estrado de la “amiga” manchado por el carbón del negocio familiar y sosteniendo en sus manos sorprendidas el humilde diploma que daba fe de su capacidad estudiantil. En las primeras sillas se sentaban las señoronas y los señorones dueños del barrio, acompañados por sus hijos relamidos y racistas. El pobre Pinto sostiene un largo y angustioso monólogo en el que nos habla de su vida, sus trabajos y sus dolores de perro callejero.

De repente apareció el libro de Jesús Goytortúa, Pensativa. Esta sorprendente novela ganó un concurso de El Universal y fue publicada por Porrúa. Muy pocos se dieron cuenta de que este magnífico trabajo narrativo, junto con Los cristeros y los bragados, de José Guadalupe de Anda, es uno de los testimonios más crudos, fieles, objetivos y bien escritos sobre las guerras cristeras y sus consecuencias. Pensativa es una novela en la que predomina la oscuridad. En ella están las osamentas, los cráneos agujereados y las memorias enfermas de las guerras fratricidas que oscurecieron los años veinte y el principio de los treinta de nuestro país.

Chucho el Ninfo y Baile y cochino de nuestro periodista y narrador Facundo nos producen un renovado regocijo. Su costumbrismo trasciende la anécdota al interpretarla y darle sentido crítico. Los personajes de la realidad adquieren una fuerza especial cuando se les retrata en vivo y se les pone a hablar como ellos hablan. De esta manera la caricatura o, si usted quiere, la parodia, cumplen una función literaria y, al mismo tiempo, una ingente tarea de crítica de las costumbres.

No recuerdo de momento cuántos títulos tiene Sepan Cuantos. El título de la colección nos autoriza a no ser demasiado precisos. Lo que sí sabemos es que todos son buenos, sencillos y baratos, y que todos han colaborado de manera notable a la promoción del libro en nuestro medio dominado por comerciantes feroces y por mercachifles capaces de torcer el camino de la crítica literaria para servir a sus intereses. Pensemos en todos los prestigios falsos que en unos cuantos años han desaparecido y en las enfáticas declaraciones sobre la genialidad de autores que escribieron un librito más o menos ingenioso y después desaparecieron de la vida literaria. Sepan Cuántos no utiliza esas tácticas de los “creativos” de la propaganda literaria y de sus servidores que en revistas y suplementos les ayudan a crear prestigios falsos para vender sus productos tristemente perecederos.

Sobre mi mesa están Facundo, Micrós y Goytortúa. Ayer me resplandeció la tarde al releer, en la edición Porrúa, el Acto preparatorio de Al filo del agua, de Agustín Yáñez.

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