La encíclica ecologista del papa Francisco

La encíclica ecologista del papa Francisco
Bernardo Barranco
En medio de polémicas y tensiones, el papa Francisco hace pública su encíclicaAlabado seas, sobre el cuidado de la casa común, en la que advierte los gravísimos problemas del medio ambiente y hace responsable al sistema económico mundial de llevar a la humanidad al borde del colapso, por carecer de sustento ético. La voracidad del capitalismo de mercado y del dios dinero están llevando a la humanidad también a la contaminación del alma del ser humano y la corrosión de su espíritu.

Bergoglio se arropa en el pensamiento de sus predecesores y de manera audaz recupera la crítica de Ratzinger a la cultura del relativismo, aplicada por Francisco al sistema económico y al deterioro del medio ambiente. Para Bergoglio la cultura del relativismo es la misma enfermedad que impulsa a una persona a tomar ventaja de la otra y tratarla como un mero objeto.

Por otra parte, el papa Francisco en este importante texto cuestiona a aquellos que argumentan que el derecho a la propiedad privada es un principio absoluto e intocable, haciendo hincapié en la función social de cualquier forma de propiedad. Dice el Papa: La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada.

La encíclica, que lleva el títuloAlabado seas, tiene seis capítulos y dos oraciones finales. El lenguaje del Papa es sencillo, directo, sin excesivos tecnicismos teológicos ni doctrinales. Su tono es crítico sin ser catastrofista.

Tiene un primer capítulo demoledor titulado Lo que está pasando en nuestra casa. El severo análisis del Papa aborda la interconexión entre contaminación y cambio climático, la mala gestión del agua, la pérdida de la biodiversidad, la gran desigualdad entre regiones ricas y pobres; la debilidad de políticas insuficientes ante la catástrofe ecológica. Como era de esperarse, sus poderosos detractores lo critican –desde Jeb Bush hasta la extrema derecha italiana y sectores de la curia– porque no sólo diagnostica los problemas, sino que señala a los culpables.

Francisco pretende abrir un debate; se dirige no sólo a los creyentes, sino a todos los que pueden colaborar en invertir la tendencia de la degradación del planeta. Esta encíclica está dirigida a todos los que puedan recibir su mensaje y crecer en la responsabilidad hacia la casa común que Dios nos ha confiado. Hay un intento explícito del Papa de que el texto sea acogido y discutido por otras grandes corrientes religiosas que viven la amenaza ecológica.

La versión italiana de la encíclica fue filtrada y publicada en el sitio web del semanario L’Espresso tres días antes de la fecha proyectada. Podríamos decir que Francisco ya tuvo también su Vatileaks.

Según expertos vaticanistas la filtración es una estrategia de los círculos conservadores con un doble propósito: a) debilitar el mensaje e impacto de la encíclica, porque en algunos pasajes es muy crítico a los países poderosos y b) golpear y bloquear la imagen del Papa en el contexto de la resistencia a su obra de renovación de la Iglesia.

La filtración ha provocado, por ejemplo, que Jeb Bush, precandidato a la presidencia de Estados Unidos, representante de los rancios intereses de compañías petroleras, arremeta contra el Papa por denunciar en su encíclica el cambio climático: No me dejaré dictar en la política económica por mis obispos, mis cardenales o mi Papa. Incluso llega a insinuar la arrogancia de Francisco, al decir: Es una arrogancia sostener que con relación a los cambios climáticos exista una ciencia exacta. Esperando leer el texto completo, Jeb Bush afirmó en New Hampshire que la religión debería ocuparse de hacer mejores a las personas y menos de cuestiones que tienen que ver con aspectos políticos.

En la encíclica el Papa encara lo que llama los depredadores del planeta. En el capítulo Desarrollo y progreso, Francisco provoca: no es suficiente conciliar el cuidado de la naturaleza con los ingresos financieros, o la preservación del medio ambiente con el progreso. El término ambiental es sólo un pequeño retraso en el desastre. Se trata simplemente de redefinir el progreso.

En Economía cuestiona los fundamentos de la economía mundial como responsables no sólo de los daños ecológicos irreversibles, sino de la lacerante desigualdad entre los países y los criterios obsoletos que se siguen para gobernar el mundo. Francisco es enfático: la producción no siempre es racional, a menudo está vinculada a variables económicas que dan al producto un valor que no se corresponde con el real. Esto provoca a menudo la sobreproducción de ciertos bienes, con un impacto ambiental, al mismo tiempo perjudica a muchas economías.

En Deuda externa, el Papa señala que “la deuda externa de los países pobres se ha convertido en una herramienta de control, pero no es lo mismo que ocurre con la deuda ecológica… es necesario que los países desarrollados contribuyan a la solución de este límite tan importante para el consumo de energía no renovable de la deuda, y traer recursos a los países más necesitados para promover políticas y programas de desarrollo sostenible”.

La tecnología. El Papa dice que no se puede ignorar que “la energía nuclear, la biotecnología, la tecnología de la información, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos ofrecen un enorme poder… ¿En manos de quién está y qué puede lograr tanto poder? Es terriblemente arriesgado que resida en una pequeña parte de la humanidad”.

El cambio climático. Bergoglio alarmado advierte: Si la tendencia actual continúa, este siglo podría presenciar un cambio climático sin precedente y la destrucción de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos. El Papa no ocultó el hecho de que “muchos de los que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse principalmente en los problemas superficiales y en ocultar los síntomas, tratando de minimizar los efectos negativos del cambio climático. Pero muchas señales indican que estos efectos pueden ser peores si seguimos con los actuales patrones de producción y consumo.

Francisco habla de una nueva relación con la Tierra. La tierra y su cultivo como expresiones de espiritualidad. No es casualidad que la encíclica inicie con el Cántico de las criaturas, de San Francisco de Asís, considerado el primer texto ecológico de la historia, escrito antes de la muerte este defensor de la naturaleza, en 1226.

El tiempo pasado

El tiempo pasado

 

Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.

Una a una me dieron la gloria merecida

y derrotado fui con sus mejores armas.

R. Paredes: “Memoria del solo”

El tiempo pasado

Hace ochenta años se fundó en México, en la casa de Leopoldo Méndez, la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR, de la que sólo ocasionalmente el Conaculta ha hecho mención y Alberto Híjar se ha encargado, en algún escrito, de recordar), que tuvo entre sus integrantes a Juan de la Cabada, Pablo O’Higgins, Luis Arenal, Xavier Guerrero, Ermilo Abreu Gómez, Alfredo Zalce, Fernando Gamboa, Santos Balmori, Clara Porcet y Julio Bracho. Los primeros presidentes de la LEAR fueron Juan de la Cabada, Silvestre Revueltas y José Mancisidor (más tarde, entre otros, se incorporó Octavio Paz). Mas no es este el momento para abordar una historia apasionante del quehacer artístico en el México revolucionario, sino sólo tomar a la LEAR como referencia para abordar una tarea que hoy requiere ser seriamente pensada y concretada (teoría y praxis) por los artistas e intelectuales del país: ¿cómo incidir actualmente en el problema de la organización política de ellos para que sus justas palabras de reclamo –como las de Cuarón, González Iñárritu, Del Toro, Del Paso– vayan más allá de los lugares en donde fueron pronunciadas y rebasen, con mucho, el ambiente de diatriba con que son recibidas en los medios, y se concreten, mejor, en convocatorias para el pensamiento y para la acción?

Luego de la fundación de la LEAR, que muere por avatares de la política internacional, poco se ha impulsado la organización gremial de artistas e intelectuales en el país (a excepción de los artistas del cine y el espectáculo, cuyo sindicato siempre se cobija en el seno del corporativismo), a pesar de que el motivo que generó su creación se mantuvo durante un largo tiempo: las luchas sociales –promovidas fundamentalmente por el campesinado pobre y un obrerismo incipiente– que se tradujeron en la existencia de un movimiento artístico de raíces sociales que poco a poco se diluyó. La LEAR, no hay que olvidarlo, también se vincula desde su creación con las condiciones que a nivel mundial subsistían y que eran dinamizadas, en mucho, por la existencia de un polo socialista que competía arduamente con un capitalismo que nunca dejaba de avanzar y que dio origen a su perversión nazi-fascista. Aunque, por el lado socialista, el estalinismo fue la correspondiente etapa oscura.

De hecho, desde entonces (principios de los años treinta del siglo pasado) no se sabe si a causa de un subjetivismo creciente (subjetivismo entendido aquí como pérdida del sentido social de la creación artística) que se corresponde, en el caso de los pintores, con la consolidación de galerías y subastas; los escritores se afilian a los sellos editoriales; la música, el teatro, la danza, las manifestaciones artísticas en general se concentran en los espacios cerrados y ello provoca que se pierda el interés por la organización gremial, a la vez que paralelamente la vida social pierde los contenidos revolucionarios (de reivindicación social, expresados en particular en el muralismo) que le dieron origen. En el mejor de los casos, los intelectuales se afilian como entes orgánicos al gobierno o a los partidos políticos y pelean, en su faceta de creadores artísticos, por las becas, puestos o favores que el Estado ofrece, pero poco interés muestran por la organización gremial y por retornar de nuevo al arte de contenido social. Por el contrario, se contentan con individualizar cada vez más sus tareas de creación. Las inquietudes gremialistas que cobijó la lear se desvanecen, a la vez que la misma Liga deja de funcionar.

En términos de intelectualismo, de manera paralela al avance de las tendencias de pensamiento vinculado al socialismo, en México subsistió una tendencia hasta hoy dominante: aquella que, desde el siglo XIX, se identificaba con el liberalismo y que aún hoy promueve una supuesta neutralidad del pensamiento, el cual pierde su objetividad (su sentido creativo en el caso de los artistas) si se llega a identificar con cualquier tipo de pensamiento social. Los liberales mantienen hasta hoy su hegemonía y son quienes han sostenido las tesis ideológicas de los regímenes de gobierno emanados luego de la Revolución mexicana.

Alejandro González Iñárritu, Guillermo Del Toro y Alfonso Cuarón

Qué hacer ahora

¿Será cuestión de etapas de tiempo o sólo un retraso en lo que se refiere a la organización de artistas e intelectuales en México?

Si se adopta el criterio de etapas de tiempo, en efecto la Revolución mexicana influyó determinantemente (su paralelismo con la Revolución rusa fue un factor relevante) en el compromiso social que caracterizó a artistas e intelectuales de aquella época y que se expresa, por ejemplo, en el Manifiesto del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores dirigido a “la raza indígena humillada durante siglos; a los soldados convertidos en verdugos por los pretorianos; a los obreros y campesinos azotados por la avaricia de los ricos; a los intelectuales que no estén envilecidos por la burguesía”, que redactó Siqueiros y firmaron junto con él Diego Rivera, primer vocal; Xavier Guerrero, segundo vocal, y Fermín Revueltas, José Clemente Orozco, Ramón Alva Guadarrama, Germán Cueto y Carlos Mérida. Fue publicado en el número 7 del periódico El Machete (que se transformó un año después en el órgano informativo oficial del Partido Comunista Mexicano), en la segunda quincena de junio de 1924. En ese Manifiesto, entre otras cosas, se dice:

Hacemos un llamamiento general a los intelectuales revolucionarios de México para que, olvidando su sentimentalismo y zanganería proverbiales por más de un siglo, se unan a nosotros en la lucha social y estético-educativa que realizamos […] hacemos un llamamiento urgente a todos los campesinos, obreros y soldados revolucionarios de México para que, comprendiendo la importancia vital de la lucha que se avecina y olvidando diferencias de táctica, formemos un frente único para combatir al enemigo común.

También de ese Manifiesto se desprende una creencia para entonces muy extendida entre intelectuales y artistas: “No sólo todo lo que es trabajo noble, todo lo que es virtud, es don de nuestro pueblo (de nuestros indios muy particularmente), sino la manifestación más pequeña de la existencia física y espiritual de nuestra raza como fuerza étnica brota de él, y lo que es más, su facultad admirable y extraordinariamente particular de hacer belleza: el arte del pueblo de México es la manifestación espiritual más grande y más sana del mundo y su tradición indígena es la mejor de todas.” Finalmente allí se afirma: “Y es grande precisamente porque siendo popular es colectiva, y es por eso que nuestro objetivo fundamental radica en socializar las manifestaciones artísticas tendiendo hacia la desaparición absoluta del individualismo por burgués.” Tres ejes sobresalen en ese documento que son clave y son los que llaman directamente a la organización gremial. Uno, unirse a la lucha social y estético-educativa; dos, privilegiar el arte del pueblo y particularmente el de tradición indígena, y tres, “socializar las manifestaciones artísticas tendiendo hacia la desaparición absoluta del individualismo por burgués”. En la medida en que esos tres ejes se desvanecen, se desvanece el interés por la organización gremial de los artistas e intelectuales del país.

La segunda opción –pensando en términos organizacionales– surgiría entonces a la palestra: el tiempo para que los artistas e intelectuales se organicen sólo se ha retrasado, pero pareciera que ha llegado otra vez el momento de reactivar esa organización. Si tal afirmación fuese correcta, tomando en consideración que en la actualidad indistintamente la decadencia del Estado y la voracidad del modo de producción capitalista reclaman que los sectores de la sociedad que más sufren los estragos de esa situación –recordar las palabras de los cuatro artistas mencionados al inicio de la nota– sean quienes realicen acciones para frenar de tajo esos deterioros y, en particular, las causas que los originan. Aunque si bien es ahí –en cómo frenar los deterioros mencionados–, en donde aún el panorama no se vislumbra con claridad, sí adelanta una necesidad: la de organizar desde abajo y a la izquierda (esto no es una receta, es un proceso basado en la conciencia, en la reflexión y luego la acción), a los sectores de la sociedad que más sufren el deterioro social (es decir, casi setenta por ciento de la población, hoy pauperizada) y a aquellos sectores (los que han logrado ilustrarse) que con más claridad vislumbran la crítica situación social contemporánea. En el caso de estos últimos, el dilema ya no radica en el tiempo (de que ha llegado el tiempo de organizarse, ha llegado) sino en el cómo, y de ahí la necesidad de acudir a la Historia: ¿de qué nos sirve la experiencia de las organizaciones que en tiempo pasados promovieron la organización de artistas e intelectuales?

Un primer esbozo de respuesta tendría que ver con la recuperación, matizada, de los tres ejes que, a raíz de la Revolución, impulsaron el Manifiesto aquí mencionado (el del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores de 1924) y que tienen que ver básicamente, uno, con unirse organizadamente a la lucha social; dos, con recuperar el sentido social de la creación artística, y tres, con impulsar la difusión masiva de las actividades artísticas. Si esos tres principios se pudieran recuperar y llevar a la práctica, podrían servir como base para discutir una plataforma que permita avanzar hasta ver cómo pueden organizarse artistas e intelectuales (sindicato, frente, unión, liga), con el propósito de estructurar sus esfuerzos de resistencia ante un panorama como el que dibuja Del Toro: “El pedo del apocalipsis es que no queda nadie y México está a punto de vivir un apocalipsis social. Lo creo firmemente y el que los medios no lo repliquen abiertamente no quiere decir que no ocurra, y eso es lo trágico.” Lo anterior conllevaría frenar el deterioro de un país, México, acerca del cual Del Paso ha dicho esto: “…hoy también me duele hasta el alma que nuestra patria chica, nuestra patria suave, parece desmoronarse y volver a ser la patria mitotera, la patria revoltosa y salvaje de los libros de historia”. Pero, ¿qué hay más allá de los discursos?

Si algo se quiere hacer hoy en el terreno que corresponde a artistas e intelectuales en un momento de crisis mundial del capitalismo, lo cierto, y muy particularmente en el caso de México, es que el siguiente paso en la lucha es organizarse para formar un frente unido que haga suyos los intereses propios del sector. Comenzar a unirse para discutirlo y concretarlo como en su tiempo lo hicieron el Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores y la lear es una lección que hoy no hay que olvidar. Es cierto, las épocas postrevolucionarias eran distintas a las actuales, pero el paralelismo que aquí se postula surge de requerimientos similares: darle sentido a una lucha hoy necesaria pero que se lleva a cabo de una manera anárquica y amorfa.

Si se lograra el objetivo de que artistas e intelectuales se organicen para darle una concreción orgánica a sus justas inconformidades, mucho se avanzaría para que esas inconformidades tuvieran un sentido más trascendente.