Un Tango de Cardel

Hace 80 años que cada día canta mejor

Patricia Vaca Narvaja y Jorge Alberto Delgado Fernández

La Jornada

En el mismo día de su muerte, en Medellín nació un mito. Curiosa tragedia de esa estirpe de ángeles caídos, que nos ofrendan su vida eterna, su brillo solar y, en el caso del “ mudo” del Abasto, su voz de tenor alegre y feroz en un inverso pacto mefistofélico en el que ellos lo ofrendan todo, para dejarnos el alma preñada de magia.

Si poco se sabe de la vida de Cristo entre su año cero y su vía crucis, no es mucho más lo que deja saber el Gardel temprano, salvo que recaló en ese barrio porteño de tomates podridos, como lo definiera Luca Prodan. Allí, fue sobreviviendo y creciendo, al filo de la ley y de una guitarra. Hubiese sido Caruso si hubiera emergido en el lugar correcto de la geografìa. Gracias a Dios, fue geográficamente incorrecto y no fue ópera, fue tango.

¿Y fue por ese río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria?, desgranaba Borges su angustia histórica. Y ese ancho cauce fue un remolino que absorbió colores, idiomas, dioses, saberes, gozos y dolores de millones de pobres allende el Atlántico. Paradojas de esa globalización decimonónica, impiadosa a muchos efectos, pero más benévola en uno: a los pobres de entonces no se los interceptaba en el mar, ni se los excluía con muros o alambradas. Esos desarrapados se unieron a los desarraigados en su propia tierra, a los que rumiando la derrota intuían las ciudades desde las orillas y los arrabales bravos y fueron pariendo, desde viejas melodías, una nueva música.

Pero en un principio, el dos por cuatro era danza, milonga escandalosa y prostibularia que todavía no era canción y no ingresaba en el círculo del champagne y el smoking, aún acechaba en el de la ginebra y el cuchillo.

Gardel encontró en ese ambiente y en sus cuerdas vocales la herramienta ideal para gambetear la pobreza, empezando por las zambas, los valsecitos, los sonidos criollos con los que se evocaban ambientes bucólicos de tiempos perdidos. Así, frente a un pueblo nativo que, sitiado por aquella globalización, buscaba reencontrarse con sus raíces musicales y frente a un pueblo inmigrante que exploraba nuevas identidades, el Morocho del Abasto fue midiéndole el pulso a auditorios que, uno a uno, fueron rindiéndose a su voz. Del abasto y las orillas el “ mudo” se fue colando entre públicos más selectos, cabarets y burdeles de lujo en ambas bandas del Río de la Plata.

El tango rondaba a Gardel, hasta que lo tomó por asalto. Como los grandes innovadores del arte de todos los tiempos, como Beethoven, Van Gogh, Lumière o Verdi, asumió la enorme responsabilidad de ser un precursor y la suya fue una de las primeras voces que interpretaron el tango canción. Con la voz del “ mudo”, “ mi noche triste” graduó al tango de poesía.

De la mano del tango canción comenzó a recorrer el mundo: Madrid, Barcelona, Nueva York y París se fueron inclinando a su paso. Como la humedad de los cimientos de los conventillos rioplatenses, el tango fue ascendiendo socialmente, ya no era sólo ginebra y cuchillo, se vistió de gala y se bebió con champagne en los salones de las grandes capitales del mundo. Las angustias dejadas por la devastación de la Gran Guerra y la búsqueda de un bálsamo que las curara fueron un campo fértil para que el tango corriera como reguero de pólvora.

 

Llega por primera vez a México la perfección de Miguel Ángel Buonarroti

Arriba por primera vez a México la perfección de Miguel Ángel Buonarroti

Reúnen 29 obras del pintor, escultor y arquitecto, así como 45 de artistas cercanos al florentino

En la muestra montada en el Museo del Palacio de Bellas Artes destaca la sección dedicada a la escultura de Miguel Ángel Buonarroti, donde el público podrá observar el Cristo Portacroce (Cristo Giustiniani), de 1514-1516, y una réplica de La Piedad, del Vaticano, que el creador renacentista realizó entre 1498 y 1499. La exposición que será inaugura este viernes incluye dibujos, óleos y documentos.

Fabiola Palapa Quijas

La Jornada

Por primera vez en México, los admiradores del Renacimiento tendrán oportunidad de adentrarse en el mundo perfecto y lleno de emociones del pintor, escultor y arquitecto Miguel Ángel Buonarroti, en la exposición que será inaugurada este viernes en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

El visitante de la muestra Miguel Ángel Buonarroti: un artista entre dos mundos será recibido por los retratos del artista italiano que se atribuyen a Marcello Venusti; de Victoria Colonna, de Cristofano di Papa, y el de Lorenzo el Magnífico, de Giorgio Vasari. Ahí conocerá sus primeras obras, su relación con los mecenas y una carta escrita en Roma a su sobrina Leonarda en Florencia, en la cual le manifestó su sentir en torno a su última etapa creativa.

Con la curaduría de Francesco Buranelli, ex director de los Museos Vaticanos, y Luis Javier Cuesta, director del departamento de arte de la Universidad Iberoamericana, la muestra reúne 29 obras del artista florentino, así como 45 piezas de artistas cercanos a Miguel Ángel, provenientes principalmente del acervo de la Casa Bounarroti, además de contar con algunas procedentes de la Gallería degli Uffizi, Museo Nazionale del Bargello, Musei Capitolini y Museo di Roma, así como de los museos nacionales de Arte y de San Carlos, entre otros.

En palabras de los curadores, lo más importante de la museografía fue reflejar por qué Miguel Ángel era un artista universal, la importancia que ha tenido en los recientes 500 años y por qué esa importancia se fue reflejando en México a lo largo de varias épocas.

Bocetos de los frescos de la Sixtina

Al recorrer las cinco secciones de la muestra, el público experimentará lo que viven miles de turistas que visitan la Basílica de San Pedro al ver La Piedad del Vaticano, pues, aunque se trata de una réplica, se puede apreciar el exhaustivo estudio sobre el cuerpo humano del artista, ya que para Buonarroti la producción escultórica era el medio por excelencia para transmitir las emociones más puras de la vida.

En esta sala también se encuentra el Cristo Portacroce (Cristo Giustiniani), de 1514-1516, obra en mármol de 2.50 metros que se presenta por primera vez fuera de Italia.

Se cuenta que cuando Miguel Ángel realizaba la escultura encontró una mancha negra en el mármol, la cual atravesaba el rostro de Cristo, y como era tan perfecto decidió interrumpir la obra, que concluyó Bernini.

A las esculturas del artista, sigue la sala con los bocetos del proceso creativo de los reconocidos frescos ubicados en los muros de la Capilla Sixtina.

En esta sección se encuentran Juicio final, de Andrés de Concha, ubicado en el retablo mayor de la iglesia de Santo Domingo en Yanhuitlán, Oaxaca, misma que hace referencia al estudio del conjunto para el Juicio final de Miguel Ángel.

Según Buranelli, la exposición muestra la influencia del artista en América Latina, como ocurrió con Andrés de Concha.

La muestra finaliza con la escultura del David-Apolo, la cual fue encargada a Bounarroti en 1530 y se presume que puede ser David, porque en la parte inferior tiene una protuberancia que sería la cabeza de Goliat, a quien venció.

Está la otra versión que dice que es Apolo, porque tiene la actitud heroica de sacar una flecha de su espalda.

La exposición Miguel Ángel Buonarroti… concluirá el 27 de septiembre en el Museo del Palacio de Bellas Artes (avenida Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas, Centro), de martes a domingo de 10 a 18 horas.