Murió el pionero de las baquetas Vic Firth

Everett “Vic” Firth, músico, maestro y creador de una de las marcas de baquetas más populares del mundo, murió hoy a los 85 años.

 

La noticia fue dada por el sitio web de su compañía, donde se recibieron miles de mensajes de amigos y seguidores.

 

El multiinstrumentista nacido en Winchester, Massachusetts, fue inspirado por su padre, quien era trompetista,  y lo llevó al camino de la música desde muy pequeño, donde empezó tocando instrumentos de aire, y más tarde de percusión, uniéndose a la Orquestras Sinfónica de Boston con tan sólo 21 años de edad. A principios de los 60’s fundó su propia compañía, la cual se consolidó como una de las empresas productoras de baquetas más populares, además de crear también otros instrumentos. Entre sus clientes más leales se encuentra Charlie Watts de los Rolling Stones.

 

Entre otros logros destacados de Vic Firth se encuentra el haber sido la cabeza del departamento de percusiones del Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra y del Centro Musical Tanglewood.

Las Chinas Oxaqueñas de doña Casilda abrieron la tradicional Guelaguetza

Las Chinas Oxaqueñas de doña Casilda abrieron la tradicional Guelaguetza

Integrantes de 19 delegaciones mostraron con sus bailes las costumbres de la entidad

La danza de la pluma, que aborda la Conquista, una de las más esperadas por el público

Jorge A. Pérez Alfonso

La Jornada

Con el baile de la delegación de las Chinas Oaxaqueñas de doña Casilda dio inicio la primera edición de las fiestas de la Guelaguetza en la capital de la entidad. La jornada estuvo encabezada por la diosa Centéotl (del maíz), Índira Jarquín Vásquez, quien es parte de ese grupo.

Las chinas de doña Casilda en esta ocasión dejaron de lado sus tradicionales canastas y marmotas, para únicamente dar un par de vueltas a la rotonda de las azucenas, portando carrizos adornados con flores de papel de china, tras lo cual cedieron el escenario a los representantes de Santa María Tlahuitoltepec, que lucieron sus tradicionales huipiles, cuyos diseños fueron plagiados recientemente por Isabel Marant.

La fiesta continuó con la delegación de San Jerónimo Tecoátl, que bailó El recibimiento tecoalteco. Posteriormente aparecieron en el escenario los representantes de San Melchor Betaza, que con su interpretación de Sones y jarabes de Betaza lograron levantar un poco el ánimo de los asistentes, muchos de los cuales buscaban sus lugares, mientras otros querían ocupar la zona gratuita, ubicada en el palco D, que se llenó totalmente hasta pasadas las 12 horas (dos después de que comenzó la Guelaguetza).

Fiesta titular Martes Zaá

Luego fue el turno de los istmeños de San Blas Atempa, que presentaron Fiesta titular Martes Zaá. Las mujeres lucieron sus trajes tradicionales de fondo negro, con encaje blanco y bordados de flores de colores, que destacaban la belleza de las bailarinas, que llevaban una jícara de colores con banderas de papel picado.

Siguieron las integrantes de la delegación de Tlaxiaco, que llevaron al escenario la tradicional Canción Mixteca. Como es costumbre, los presentes levantaron su sombrero y corearon la pieza, excepto el gobernador Gabino Cué, quien disfrutaba de un café.

Llegó el momento de uno de los bailes más esperados: La danza de la pluma, presentada por la delegación de San Bartolo Coyotepec, baile que aborda la historia de la Conquista de México. La coreografía lo encabeza Moctezuma, con su penacho de más de ocho kilogramos. Siguieron Santo Domingo Tehuantepec, San Sebastián Tutla y Santiago Jamiltepec.

Posteriormente, aparecieron en el foro las representantes de San Juan Bautista Tuxtepec, con Flor de piña. Consiguieron encender a un público, cuya fascinación es el momento en que los participantes dan su guelaguetza (arrojan diversos obsequios, entre alimentos y artesanías).

Los rápidos movimientos de las bellas tuxtepecanas recibieron los cálidos aplausos del público, integrado por visitantes nacionales y extranjeros.

A Tuxtepec siguió Santos Reyes Nopala y San Miguel Villa Sola de Vega. Las Chinas Oaxaqueñas cerraron con el Jarabe del Valle.

La popular

Por otra parte, en el estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca, los profesores de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación realizaron su ya tradicional Guelaguetza popular, que se inició en 2007. Ese recinto será la casa del equipo de futbol profesional, Alebrijes de Oaxaca, en la división de ascenso.

La jornada reunió a miles de personas, que acudieron sin pagar un solo peso. Se presentarpn representantes de 19 delegaciones, las cuales mostraron las tradiciones de cada una de las ocho regiones de la entidad. Al comienzo de cada baile, tomaban el micrófono para exigir la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos en septiembre de 2014, así como la salida de la Gendarmería del estado.

La envidia es de los hombres mediocres

La envidia es de los hombres mediocres

Es el grillete que arrastran los fracasados

Juan Manuel Roca

…Y sí, los envidiosos asedian. Y no sólo en las artes que proveen a sus ejecutores de buenas sumas de dinero, como en la plástica o la arquitectura, o como en la ciencia y en la remota invidia medicorum, sino aun en el lánguido botín de la gloria que aguarda a la poesía. Son legendarias las pugnas envidiosas entre músicos, compositores, historiadores e inventores a lo largo de la historia. Y es triste. En el caso de los poetas es doloroso ver entre el magma de la medianía poética a unos Yagos de sainete extendiendo la escudilla en busca de algunas migajas de aplauso.

Unas páginas ejemplares en la psicología de la envidia a las que siempre vale la pena volver, están impresas en el agudo libro del argentino José Ingenieros, El hombre mediocre. Ingenieros es un viejo maestro de la juventud latinoamericana al que vale la pena regresar por su claridad meridiana. En su libro sienta el aserto de que “la envidia es una adoración de los hombres por las sombras, del mérito por la mediocridad… Es el grillete que arrastran los fracasados… El que envidia se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno”.

El hombre mediocre

en edición de la Editorial Tomo

Es cierto. Los envidiosos ladran al paso del que brilla. Hermano siamés de la envidia, el odio hace yunta con la bajeza de espíritu. El odio es, como dijera Ingenieros, un asunto propio de los viboreznos, de rapiñeros que rondan en manada. El pensador argentino recuerda, de otra parte, que el envidiado recibe un rango de altura inesperado por parte del envidioso, pues éste, sin darse cuenta, le erige un pedestal como si fuera su sombra canina, su esclavo irredento, la puta de su espejo. Cuando Ingenieros narra la fábula del sapo que rabia de envidia tras ver fulgurar a la luciérnaga y cómo se le echa encima con su panza blancuzca para cubrir la envidiada luminosidad, en su inocencia la volátil lámpara de los campos le preguntó al batracio por qué la cubría. “Y el sapo, congestionado de envidia sólo acertó a interrogar a su vez.: ‘¿Por qué brillas?’”

El envidioso, reitera don José Ingenieros, “siembra la intriga entre sus propios cómplices, y, llegado el caso los traiciona”. Por acá, en los recodos mefíticos de Colombia lo hemos visto pasar, a veces disfrazado de crítico o de histrión, otras veces de bedel de las aulas o de pomposo académico, pero ya todos lo reconocen a leguas por el olor a impotencia que destila. Por eso busca entre las hordas resentidas y rastacueros a sus pares.

“A pesar de sus temperamentos heterogéneos el destino suele agrupar a los envidiosos en camarillas o en círculos sirviéndoles de argamasa el común sufrimiento por la dicha ajena.” El envidioso es un “roedor de la gloria”. Es la lapa del que no pide permiso para ser. O, como diría en otro contexto Cioran, “una puta sin aceras”.

Que el talento es el tesoro más envidiado entre los hombres, resulta claro al leer El hombre mediocre, un espécimen que muchas veces es el hombre postergado, el que no termina por hacer lo que sueña por estar asediando y ensuciando los sueños ajenos. Ese Golem de sí mismo es capaz de perdonarlo todo menos “al que sale de las filas dando un paso adelante”. Por eso se le ve espiando lo que supone una gloria ajena, un pequeño reconocimiento, un festejo de alguien o de algo, unas palabras que conciten admiración y hasta una precaria consagración de barriada.

El envidioso es alguien incapaz de la admiración y cuando lo hace es sólo para poner de su parte a un poeta frustrado, a un periodista desdeñoso, a unos muchachos lelos, a la secta de los cobardes y a la cofradía de los deshabitados. Con ellos hará sus ajustes sicariales, con ellos caminará un tramo del camino hasta que los utilice y exprima y entones ya pueda arrojarlos como a un papel arrugado. Suele repartir uno que otro elogio, eso sí, entre los más segundones, entre los lugartenientes de su sombra. En mi país a estos próceres de la academia bífida de la lengua los aplauden algunos obtusos, que por fortuna son pocos, y que como sus también oportunistas voceros son corifeos de la enfermedad política de un caballista oscuro que supone que Establecimiento viene de Establo.

A todas éstas, en El hombre mediocre el autor dialoga con Temístocles, alguien que pensaba que no había realizado nada brillante o notable pues todavía nadie lo envidiaba. “No ser envidiado es una garantía inequívoca de mediocridad”, agregaba Ingenieros. También decía que Dante “consideró a los envidiosos indignos del infierno. En la sabia distribución de penas y castigos los recluyó en el purgatorio, lo que se aviene a su condición mediocre”.

Almácigos de rencores, rumiando odios y calumnias en medio de un gallinero, algunos de la secta de estos comensales del prójimo viven esperando el turno para ejercer la calumnia que compran al menudeo en el mercado de las miserias. Pueden inventarse o tergiversar citas o sucesos, acusar a alguien de plagiario, aunque no digan a quién demonios plagió su víctima en turno, pues todo está en sus testas de viejas calabazas. Y bien, aceptando que el purgatorio es el círculo dantesco en el que deben arrebañarse los envidiosos, ¿qué tal si proponemos que este país deje de llamarse Colombia y empiece a llamarse Purgatoria?

Gloria a los héroes del ciclismo.

Gloria a los héroes del ciclismo.

Vilma Fuentes

La Jornada Semanal

El Tour de France, la competencia ciclista más célebre del mundo, cumple este mes de julio de 2015 la centésima segunda representación de su espectáculo. Porque se trata, en efecto, de una representación, un desfile y una puesta en escena, es decir, un espectáculo, e incluso de un espectáculo de dimensiones excepcionales. Orson Welles, artista genial conocedor en la materia, invitado en 1950 por el director del Tour, Jacques Goddet, exclamó: “Es una superproducción, pero, el mejor de los filmes, ¿podría traducir fielmente su atmósfera y su verdad?

La fascinación de los escritores por la leyenda de estos héroes, quienes se cubren de gloria montados en una bicicleta, devorando kilómetros y escalando montañas, condujo a algunos poetas y novelistas a poner al servicio de estos paladines sus plumas, transformándolos en semidioses a través de crónicas que hicieron célebres a Tristán Bernard o Antoine Blondin. Este último siguió el recorrido del Tour durante años. Su figura se volvió parte indispensable del evento. Su inclinación por la bebida no le impedía levantarse temprano al día siguiente para redactar su crónica de la etapa.

Desde 1903, año de la creación del Tour, éste tiene lugar cada mes de julio, exceptuados los años de las dos guerras mundiales del siglo xx: 1914-1918 y 1939-1945. Poco más de un siglo de Historia –y de historias. A tal extremo que trae con él tantos relatos heroicos y legendarios que se incorporan muchas veces con el universo de los mitos.

Forçats de la route, según la expresión del célebre periodista Albert Londres, retomada por cronistas y comentadores, para aludir a los primeros ciclistas de  épocas ahora de leyenda cuando se consideraba imposible recorrer tantos kilómetros sin parar, incluso de noche, y comenzaron a trepar montañas escarpadas convirtiéndose en héroes populares. Gladiadores de nuestra época, incluso si las fieras que enfrentan sean sólo montañas o pruebas solitarias contra el tiempo, dispuestos a morir en una caída, un descenso peligroso bajo la lluvia, de un infarto provocado por el esfuerzo inhumano que deben desplegar para ganar la carrera bajo el sol de plomo o los aguacerazos que pueden conducirlos a un resbalón mortal en los descensos.

Sólo un soñador o un loco hubiese podido inventar una carrera ciclista a través de Francia. Geo Lefèvre, director de la revista deportiva L’Auto, imaginó esta competencia sin sospechar los alcances planetarios que llegaría a tener.

Espectáculo popular y gratuito, el primer Tour (giro, vuelta), en 1903, fue seguido por 200 mil espectadores en las orillas de las rutas. En los años recientes esta cifra se ha visto multiplicada por 200. Reseñado primero por la prensa escrita, accionaria del evento, como L’Auto y, luego, creado para dar cuenta de esta competencia, el todavía actual diario deportivo L’Equipe. Primer evento deportivo transmitido en directo por radio, gracias a su instalación sin cables en un auto.

Pero su difusión a escala mundial se debe a la televisión: ochenta y cinco cadenas siguen la competencia transmitida en 195 países, sesenta en directo: China, India, Estados Unidos entre tantos otros. El Tour de France es visto por casi 4 mil millones de espectadores, o sea más de la mitad de la población del planeta.

Cierto, con los años y la inmensa resonancia de este evento, se ha vuelto un gigantesco negocio comercial y publicitario. La caravana de camiones cargados de regalos y de publicidad, la cual desfila en las rutas por donde van a pasar los ciclistas, representa una formidable organización financiera. Se puede lamentarla o criticarla, pero entonces igual podrían criticarse todas las manifestaciones deportivas a nivel mundial, Copa Mundial de Futbol o Juegos Olímpicos. O las grandes fiestas populares como el Carnaval de Río. Ninguno de estos eventos, por festivos que sean, podrían tener lugar sin un presupuesto en ocasiones tan considerable que pone en escena el deporte más despiadado del mundo: el del dinero.

Una parte de los telespectadores no se interesa para nada en este deporte y, sin embargo mira los reportajes del Tour en la televisión. Y ése es su secreto y su atractivo: mientras en la Copa Mundial de Futbol o en las Olimpiadas las cámaras se limitan a filmar los estadios, el Tour pasea al espectador, día tras día, de ciudad en ciudad, de terruño en terruño, de la planicie a la montaña, con perspectivas insólitas, vistas desde un helicóptero, de un castillo, una iglesia, fortificaciones, ríos, bosques, monasterios. Pero también restaurantes, hotelitos, gastronomía regional. Viaje a lo largo y ancho de Francia, a sus raíces, a su presente. Un regalo que nadie rechazaría.

Aunque ya en los años treinta se hablaba de estimulantes entre los ciclistas, el asunto no era motivo de escándalo ni prohibiciones. Acaso los dopantes eran menos peligrosos. En los últimos años el problema de la droga ha sacudido profundamente los principios deportivos y del Tour. Los escándalos se multiplican. El más célebre, el de Lance Armstrong, destituido de sus siete títulos de campeón por haber organizado un sistema de dopaje digno de la mafia.

Sin duda, las trampas son condenables. Pero las conciencias morales, tan indignadas, ¿se preguntan cómo exigir de estos “forzados de la ruta” esfuerzos sobrehumanos, sin comprender que puedan ser tentados por dopantes? Si para satisfacer un público ávido de proezas extraterrestres se les pide lo imposible, por qué asombrarse cuando estos desdichados héroes de circo utilizan métodos imposibles.

Cada año, los ciclistas enfrentan uno de sus peores enemigos: la canícula, particularmente fuerte este mes de julio rebasando los 40 grados en Francia. A lo largo del mes, la palabra canícula ha sido, acaso, la más utilizada. ¿Cuál es su origen? Una estrella: Sirius, a la que los romanos llamaban en latín canicula: “pequeña perra”. Habían observado que la estrella aparecía al mismo tiempo que los fuertes calores. De ahí el invento de la palabra “canícula”, la cual llega cuando el Tour de France comienza.

Los dulces cristalizados de Santa Cruz Acalpixca: 100 años de tradición

Los dulces cristalizados de Santa Cruz Acalpixca: 100 años de tradición

Agustín Salgado

Ciudad de México, 17 de julio.

La jornada gastronómica se realiza del 17 al 26 de julio en el pueblo de San Cruz Acalpixca.

La elaboración de dulces en Santa Cruz Acalpixca es una tradición que ronda el centenario. Más de la mitad de los habitantes del pueblo, ubicado en la delegación Xochimilco, se dedican a dicho oficio y cada año se organiza la Feria del Dulce Cristalizado, que ahora celebra su 35 edición.

El principal problema que enfrentan los productores es la falta de espacios para comercializar sus dulces.

“Contamos con nuestros propios puntos de venta, surtimos a algunos negocios sobre todo mercados y misceláneas, pero aún nos hacen falta espacios para promover nuestro producto”, refirió Luis Cortes Ramírez, quien junto con su esposa pertenece a una familia que por tres generaciones se han dedicado a la elaboración de dulces artesanales.

Al igual que en otros negocios es indispensable reinventarse: a los higos cristalizados y la calabaza en tacha se han sumado otro tipo de frutas y tubérculos.

Hay pepinos, jícamas y kiwi. también se ofrecen los chiles rellenos de coco.

La Feria del Dulce Cristalizado se realiza en la plaza cívica Lázaro Cárdenas de Santa Cruz Acalpixca. El evento, que incluye presentaciones musicales, finalizará el próximo 26 de julio.

Luis Cortés trabajó por algunos meses con una tienda de autoservicio. Se comprometió a surtir su producto en todas las sucursales de la cadena, sin embargo, el negocio no prospero.

“Fue hace muchos años. Querían que les surtiera todas sus tiendas, con ello no tenía problema, sí podía con la carga de trabajo pero con lo que no pude fue con la forma de pago: querían hacerlo a tres meses.

“¿Cómo iba a decirle al señor del azúcar dame dos toneladas y dentro de tres meses te pago? ¿Quién iba a fiarme la fruta, el cacahuate, la pepita? De plano les dije que no”.

En la exposición gastronómica participan 46 familias del pueblo originario localizado en la salida a la carretera federal a Oaxtepec.

La movida chilena fondea en España

La movida chilena fondea en España

Los jóvenes criados en democracia rompen el aislamiento musical y convierten el país en una potencia del pop

Esta nueva generación desembarca estos días en el Festival La Mar de Músicas

Chile lidera un festival ecléctico

FERNANDO NAVARRO

Santiago de Chile

Dentro del coche —“acá se dice auto”, apunta el conductor— suena en la radio Otra era, una de las canciones del último disco de Javiera Mena. Apenas 48 horas antes, esa misma canción de electro-pop había sonado en el hilo musical de unos conocidos grandes almacenes, pero al otro lado del Atlántico: en España. Podía ser una casualidad si no fuera porque Otra era se ha oído en los últimos dos meses en Radio 3, la emisora española más importante de programación de música independiente, y a la cantante chilena se la ha visto de promoción por España. “Chile siempre ha sido como una isla. Y la música de ahora, que es algo muy propio y lindo, tiene muchas ganas de salir fuera”, afirma Javiera Mena (Santiago, 1983), sentada junto a su compañero Gepe y los miembros del grupo Astro, en el centro cultural Gabriela Mistral, en pleno corazón de Santiago de Chile.

Todos ellos forman parte del boom musical chileno, junto a otros destacados nombres que también se dejan oír con gran acogida como Francisca Valenzuela, Camila Moreno o Ana Tijoux, que opta al galardón al mejor álbum latino por Vengo en los premios Grammy y MTV y cuya música ha aparecido en la serie Breaking Bad. Son una generación de músicos que, como sucedió en España durante la movida de los ochenta, ha roto el molde en este país del extremo sur de América, arraigado a la tradición de la poderosa canción de autor de Víctor Jara o Violeta Parra y aislado entre los Andes y el Pacífico. Y lo han hecho desde un espacio independiente y sorprendentemente creativo, convirtiendo a la tierra de Pablo Neruda, Roberto Bolaño y Salvador Allende en una potencia del pop que seduce a festivales internacionales como el Primavera Sound o La Mar de Músicas, que este año ha dedicado a Chile su edición 2015, que se celebra desde ayer y hasta el 25 de julio. “Formamos parte de una generación que viene muy fresca y actualizada”, asegura Andrés Nusser (Osorno, 1983), cantante de Astro. “El miedo anula la creatividad. Y nosotros estamos libres de miedos”, añade Pascuala Ilabaca (Valparaíso, 1985), la intérprete que mejor reformuló el legado de Violeta Parra.

Al contrario que sus padres, estos jóvenes, que forjaron su identidad con la democracia, no han conocido la autoridad de la dictadura de Pinochet. De alguna forma, esa particularidad se manifiesta en su música, más desenfadada y naif, menos rígida estilísticamente. Es el caso de Gepe (San Miguel, 1981), que ha transitado de la tradición de autor a los sintetizadores. “Si bien estilísticamente cada uno tenemos nuestro nicho, nos une hacer un pop sin prejuicios”, afirma. Como hace el grupo Chico Trujillo, pionero de la nueva cumbia. Han tomado las raíces del segundo baile nacional tras la cueca para remozarlo de rock y pop. “La cumbia se tocaba underground en el tiempo de oscuridad de Pinochet, que no quería celebraciones. Tiene identidad y sabor. Prende a cualquiera”, explica Juan Gronemeyer (Santiago, 1976), de Chico Trujillo. Como una de las grandes aportaciones del continente americano al gran cancionero popular mundial, la cumbia, que tiene variantes en Colombia, Argentina, México o Perú, es un baile social que en Chile suena en todos los acontecimientos importantes: bodas, bautizos, cumpleaños… Bajo el influjo de Los Paja Brava, La Sonora Palacios o La Sonora de Tommy Rey, Chico Trujillo lo incorporaron a los garitos y las salas de conciertos, diferenciándose de su vertiente romántica por su contenido social, mucho más cerca del latir de las calles chilenas. Es un sonido andino, propio de las capas populares, más cuando la cueca fue declarada danza nacional chilena bajo el puño de hierro de Pinochet. Lo mismo sucede con Bloque Depresivo, que comparte cantante con Chico Trujillo y recuperan cantos tradicionales para vestirlos con ropajes contemporáneos.

Son músicos que igual miran afuera que adentro. Se criaron escuchando el rock anglosajón, que programaban las radios chilenas o encontraban por Internet, con el que adquirían ganas de experimentar. Pero no pasaron por alto su mejor pasado. Todos citan a Víctor Jara, Violeta Parra o Quilapayún. También a Los Prisioneros o Los Tres, que son sus antecesores inmediatos y ya anticiparon habilidad para cambiar de registros sin perder calidad, aunque su obra no traspasó las fronteras. Al contrario que esta generación curtida, que cuenta con un privilegio que no tuvieron sus antecesores. Se trata de la recién aprobada ley del 20% de transmisión de música chilena en radios, tan proclives en el pasado a programar bandas y cantantes extranjeros. Eso permite entre los oyentes cultivar la identidad en las obras autóctonas, como también sucede con la proliferación de sellos independientes o sitios como La Tienda Nacional, ubicada en la calle Merced del barrio de Bellas Artes, que centra su negocio exclusivamente en el legado y presente creativos de los artistas chilenos, especialmente músicos, pero también escritores, poetas o pintores.

Orígenes

 El grupo Bloque Depresivo en una actuación en Matucana 100.

DANIEL GUZMÁN

Esta movida tiene sus orígenes con el cambio de siglo. Alrededor del 2000, se produjo el declive de las grandes discográficas coincidiendo con el ascenso de los sellos independientes como Quemasucabeza, Cápsula Discos o Algo Records. La irrupción de la crisis económica mundial en 2008 terminó por cambiar el panorama musical chileno. Sony, Warner, EMI y Universal, que daban prioridad al catálogo extranjero, cerraron oficinas mientras la pequeña industria alternativa se hizo fuerte. “El gran cambio es la profesionalización de los intermediarios: sellos discográficos, mánagers, agencias de booking y productores lograron vender el pop a la empresa privada chilena y surgieron ferias de industria como Pulsar”, afirma Gonzalo Planet, autor del libro Se oyen los pasos. La historia de los primeros años del rock en Chile. Durante la última década, varios artistas chilenos más que interesantes han salido a la luz: Dënver, Perrosky, Fakuta, Congelador, Matorral, Guiso o The Ganjas. “Aquello fue una bendición y una condena”, explica Francisca Valenzuela (San Francisco, 1987), contratada en la misma agencia de representación artística de Alejandro Sanz y Miguel Bosé, en conversación telefónica desde su casa de Los Angeles. “Nos costó mucho pero nos permitió aprender a andar con autonomía y haciendo una actividad artesanal”. “Se murió la industria y tuvimos que aprender a hacer las cosas de nuevo”, dice Camila Moreno (Santiago, 1985), que debutó en 2009 casi como una autora folk con Almismotiempo y acaba de publicar Mala madre, con influencias de hip hop y urban.

Mientras Santiago pasa el tránsito del otoño al invierno con horario de oficina, Moreno se encuentra puliendo los últimos detalles de Mala madre -el disco ya salió al publicarse este reportaje-. El estudio donde ensaya se esconde en una casita. Ella, como otros músicos de su generación, comenzó a darse a conocer en Myspace. Luego, llegaron los pequeños sellos que colgaban sus discos en páginas web. “Uno tiene que aprender a pulsar lo que hace y aprendimos a darnos a conocer en Internet”, comenta. Con sus comienzos dentro de la tradición de cantautores, aunque nunca se ha visto dentro de este género, tal vez sea la intérprete menos pop de esta nueva generación sonora chilena. Pero se asocia al resto por su “falta de prejuicios” y sus ganas de romper antiguos techos. “Los chilenos somos como una isla. Y tenemos cierta mirada negativa de la realidad. Supongo que tiene que ver con la cultura del patronaje, de la servidumbre. También que puede que sea que la dictadura sigue siendo un tabú. Pero hay una tendencia en mi generación de salir de esa amargura”.

La actividad artesanal a la que se refiere Francisca Valenzuela tiene un lugar de gestación, el mismo lugar en el que esta generación más rápidamente salió de la amargura: el colorido barrio de Bellavista, epicentro del carrete (fiesta) nocturno santiaguino. Valenzuela recuerda cómo iba con una cinta de casete con sus primeras grabaciones por los concurridos bares, que con sus terrazas y sus conciertos en directo dejan en el olvido los años de toque de queda de la dictadura militar. Gepe y Javiera Mena comenzaron actuando juntos en Loreto, Bizarre o Cellar. Por sus calles también han pasado Astro o Marineros, la última sensación, que con sólo un EP ya han tocado en Lollapalooza, el prestigioso festival estadounidense que desde hace cinco años tiene una franquicia internacional en Chile. El siguiente en asentarse es el Sónar, que celebrará su primera edición en diciembre.

Marineros ha sido el último fichaje del productor Christian Heyne, quien se encuentra detrás de este nuevo sonido desprejuiciado que se ha abierto paso en Chile. Su mano a los mandos de la producción se ha dejado notar en este dúo formado por Constanza Espina y Soledad Puentes, pero también en Camila Moreno, Javiera Mena, Gepe o Dënver. Algo de mérito tiene en este barniz que ha tomado la canción chilena.

Es de noche y Bellavista bulle. El club Chocolate está a rebosar para ver a Ana Tijoux (Lille, 1977). El público joven vibra con su hip hop, arropado por una potente banda de vientos. Se agitan y cantan cada uno de sus versos. “Chile es un país muy diverso, como nuestra música. No lo digo como un eslogan. Cuando uno entiende su historia, puede entender su identidad y hacer un caminar propio”, asegura después de un trepidante concierto. Como un eco incansable, similar al grito de protesta que cada semana recorre las calles de Bellas Artes a través de cientos de estudiantes que se quejan por las altas tasas universitarias, herencia de la Constitución pinochetista, todavía parece escucharse la letra de Shock: “La hora sonó… No permitiremos más la doctrina del shock… El futuro es ahora”. Tal vez, el futuro es ahora para Tijoux, como para el resto de sus compañeros de movida, que han roto el aislamiento de la música chilena. Como lo es para toda esa juventud que viene empujando fuerte contra las cadenas del pasado, ejemplificadas en una “sociedad todavía clasista y desigual”, en palabras de Camila Moreno, pero también de Chico Trujillo, Javiera Mena o Marineros. Este nuevo caminar musical ya supone todo un cambio generacional para Chile y una buena noticia para el resto del mundo. Puede que sea la banda sonora de otros cambios que están por venir en la patria de Víctor Jara y Violeta Parra.

75 Mañanitas toledianas

75 Mañanitas toledianas

Elena Poniatowska

Francisco Toledo, el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, que el artista celebró en la capital de Oaxaca vendiendo ejemplares de la Editorial Calamus.

¿Quién le pone alas a 43 fotitos tamaño pasaporte y las echa a volar en la plaza pública?

¿Quién corre con 43 papalotes de la mano hasta elevarlos al cielo?

¿A quién quieren llevarse en la calle?

Quién cuida a ese gran jardín llamado Oaxaca?

¿Quién protege los bosques de los Chimalapas?

¿Quién abraza al Cerro del Fortín?

¿Quién nos pide que comamos pistaches porque necesita sus cáscaras para el cuadro que está pintando?

¿Quién rompe los pilares de oro y plata de todas las doñas Blancas que andan en busca de su jicotillo?

¿Quién nos dispara las chelas?

¿A quién peinan las iguanas del Istmo?

¿Quién tiene alas de petate?

¿Quién rescata el maíz?

¿Quién tiene risa de mazorca?

A ver ¿quién?

Los orígenes de una decisión ejemplar

¿Tesis profesional o servir al pueblo mixe?

¿Qué es una comunidad para nosotros?

Tenemos que decir de entrada que se trata de un concepto que no es indígena, pero que es el que más se acerca a lo que queremos decir.

Cualquier comunidad indígena tiene los siguientes elementos:

1) un espacio territorial, demarcado y definido por la posesión;

2) una historia común, que circula de boca en boca y de una generación a otra;

3) una variante de la lengua del pueblo, a partir de la cual identificamos nuestro idioma común;

4) una organización que define lo político, cultural, social, civil, económico y religioso,

5) un sistema comunitario de procuración y administración de justicia.

 

Los orígenes de una decisión ejemplar

Floriberto Díaz Gómez (1951-1995), originario de Santa María Tlahuitoltepec Mixe, en las montañas de Oaxaca, “en su corta vida se convirtió en uno de los dirigentes e ideólogos más importantes del movimiento indio, tanto en su natal Oaxaca como a nivel americano” (Ojarasca, número 45, 1995).

Fue precursor de los debates sobre comunalidad, derechos indígenas y autonomía, que cobrarían fuerza y urgencia en años posteriores. El 2007, la UNAM publicó Floriberto Díaz escrito, comunalidad, energía viva del pensamiento mixe, volumen que reúne sus principales textos. De ahí proceden las “Autorreflexiones” que publica Ojarasca, presentadas así por sus editores Salomón Maximino, Hugo Aguilar Ortiz, Sofía Robles y José Guadalupe Díaz Gómez:

“Floriberto nos comparte en sus ‘Autoreflexiones’ la forma en que regresa a su comunidad, y cómo adquiere el compromiso de trabajar con su comunidad y con el Pueblo Mixe, y el reto que tenía para entender su propia realidad y el desafío de transformar esa represión y discriminación que existía. Su intención de hacer su tesis (para graduarse de antropólogo) sobre la política autóctona, y que la describe como ‘Auto, de la misma, tona: tierra, es decir de la misma tierra.  Política autóctona quería decir la política de los que viven de la tierra y en la tierra, la política de los propietarios reales de sus tierras’. Tratando de diferenciarla de la política partidista y que los contenidos versaban sobre tierra, cultura, educación, salud, religión, considera que a lo largo de 15 años esta tesis se ha ido elaborando desde la práctica cotidiana en su contacto con autoridades y organizaciones mixes y con otros pueblos indígenas del mundo. La importancia de estas autoreflexiones que apenas logró iniciar y que principalmente hacía con el objetivo de que pudiesen servir a los jóvenes o a las nuevas generaciones, eran autoreflexiones encaminadas a hablar sobre todo el proceso personal, pero vinculado al proceso organizacional y de esta manera sensibilizar para que el proceso continuara”.

A veinte años de su muerte, sabemos que lo logró.

A Floriberto Díaz

Como el aire que se respira

y nos da vida

como la luz del sol

que ilumina nuestro hogar

como la luz de la luna

que hace sombra en las noches claras

como las estrellas incontables

que admiramos cada noche

así es tu presencia ahora

en nuestro corazón

tu cuerpo se ha ido

jamás volveremos a verte

pero tu alma en nuestra conciencia

siempre vivirá

porque fuiste nuestra luz

el maestro que nos enseñó el camino

de la verdad

aquel que sin enojos ni desesperación

atendió nuestras palabras angustiosas

para llenarlas de paz y serenidad.

Aquel que anduvo por el mundo

dejando caer una semilla

de conciencia hacia nuestros

pueblos indígenas

y que ahora poco a poco esa semilla

ha brotado y ya tiene frutos

aunque falta por madurarse

pero sabemos y estamos conscientes

de que no nos has abandonado

y seguirás con nosotros

donde quiera que estés

desde el lugar de los sueños

de la tierra de los abuelos

donde seguramente

seguirás guiando a tu pueblo.

Compártenos tus sueños

y danos  la luz que tememos haber

visto

apagarse en aquella sierra montañosa

tu Tlahuitoltepec.

Autorreflexiones

Floriberto Díaz

Principal mixe y consejero de Floriberto Díaz. Tlahuitoltepec Mixe, Oaxaca. 1991.

En 1979, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), presenté un proyecto de tesis bajo el título de Política Autóctona (Análisis de la Represión a la vida Comunal). Ese mismo año, el 6 de julio para ser exacto, me nombraron presidente del Comité pro-defensa de los recursos naturales de la zona alta, una organización de las comunidades mixes a través de sus Autoridades pero como dirigente no autoridad, como en este caso, aunque avalado totalmente por las autoridades locales. Por el mes de septiembre empezaba yo a realizar las primeras observaciones y entrevistas de campo de acuerdo con los criterios académicos de entonces, cuando dos nobles ancianos y principales consejeros en sus respectivas comunidades (Chichicaxtepec y Tlahuitoltepec) me cuestionaron acerca del trabajo que iniciaba. Después de explicarles qué estaba haciendo y con qué objeto, simple y sencillamente me dijeron de manera simultánea: ¿Y esos… señores saben más que nosotros sobre ese asunto? ¡Tú no tienes que presentar examen alguno ante ellos; el examen lo tienes que hacer diariamente ante la gente de las comunidades, y el examen ha comenzado al nombrarte como su representante! ¡Es este examen el más importante y no algo que lleves a otra parte!

El momento había sido oportuno, vivíamos los meses de mayor ánimo para iniciar nuestro proceso de organización en la zona alta y definitivamente iba a marcar nuevas rutas en nuestra vida como Pueblo Mixe. La llamada “de atención” la acepté para reflexionarla, y llegue a las siguientes conclusiones:

1. En el fondo, los ancianos querían decirme que yo, siendo mixe, no podía convertir a las comunidades en objeto de estudio. No querían antropólogos, ni sociólogos ni cualquier otra especie de membretados.

2. Desde mi posición  yo no deseaba, tampoco, adoptar el papel de supuesto investigador neutral sino que el trabajo lo quería realizar en primera persona, pues yo era parte de la reflexión que pretendía; no podía ni quería ocultarme.

3. ¿Para quién iba a escribir finalmente, si la mayoría de mis paisanos eran analfabetos del castellano, y el mixe no se escribía sistemáticamente, como sucede todavía? Mis lectores serían, sin duda alguna, los académicos, los de la ciudad, los que andan buscando qué se dice sobre los indios, para ellos arreglarlo y decirlo de otra manera y darse de científicos sociales.

4. En efecto, el trabajo que comenzaba con el cargo de Presidente del Comité, me abría las puertas de las comunidades para comunicarme con la gente. Allí estaba el verdadero reto de poder entender mi propia realidad y el desafío de buscar la manera de contribuir a superar esa “represión” que yo sabía que existía y que nos asfixiaba a todos.

5. En realidad mi vida tenía que estar al lado de los míos. Entender que no me pertenecen los conocimiento que tengo y la vida que los sostiene lo había entendido desde antes, cuando me salí del seminario; la opción por los míos la había decidido desde antes de entrar a la ENAH, ¿por qué darle tanta vuelta entonces? Para ello no necesitaba letras, sino ganas de trabajar y de buscar salidas en las que todos nos involucráramos. En ese momento ser letrado era ser de la élite, así lo creían los que tenían escuela y los que no la tenían, por eso los primeros abusaban de los segundos.

6. Si quería escribir lo tendría que hacer sobre mis propias acciones, o en las que yo tomara parte importante. Para eso, estaba en ese tiempo con las manos vacías, pues apenas regresaba de las tetas de la cultura occidental.

Han pasado exactamente 15 años de aquel encuentro cuestionador con mis consejeros. Aún no entraba en la crisis de identidad por la que pasé algunos años después, en 1983, !cuatro años más tarde¡ Ser cuestionado por otros no significa mucho problema, pero llegar a enfrentar una crisis interna de identidad, es otra cosa.

Creo que es tiempo de hacer el recuento de esos años. No tanto para mí sino para los paisanos que deseen continuar lo que se ha iniciado con esfuerzo y que ha marchado con muchos obstáculos, de parte de algunos mestizados sobre todo, y también con muchas deficiencias humanas de mi parte. Lo que me propongo escribir no es para ser presentado como tesis académica, no, porque estuve y sigo estando plenamente convencido de que no necesito  escribir una tesis para que la gente valide o rechace mis propuestas, es más una cuestión de compromiso directo de coherencia entre las palabras y las acciones lo que requiere la gente. Sobre esto quiero dar cuenta; aunque he escrito una infinidad de cosas, lo he hecho de otra manera y con otra intención. Ésta será una reflexión desde lo personal y si coincide con los otros escritos de carácter más apologético de los derechos indios, y de un contenido más social, qué bueno que así sea, y si no, de todas maneras puede completar los argumentos.

A lo largo de los 15 años posteriores, esa tesis se ha ido elaborando. Puedo decir con satisfacción que además de tener el apoyo de mis hermanos, esas líneas que elaboré me sirvieron para orientar mis pensamientos en el trabajo con mis hermanos.

Los elementos a analizar dentro de la política autóctona comprendían los siguientes aspectos: tierra, cultura, educación, salud, religión. Ha sido difícil entender qué es política en la práctica. Hasta 1986 tuve la creencia de que quienes nos encontrábamos en la lucha por reivindicar lo nuestro y proponernos hacernos oír por los gobernantes y funcionarios, no hacíamos política. Creo que, en primer lugar, yo mismo estaba en un error y contradecía mi propio planteamiento de “política autóctona”. Posteriormente, llegaría a la conclusión de que mi error consistía en confundir el ejercicio político colectivo con  el individual, y la política en sí con la forma de hacer la política.

Llegar a entender esto implicó el entendimiento de mi identidad, que detallaré más adelante.

La característica de la sociedad occidental, y todo lo que de ella deriva en lo social, económico, cultural, jurídico y político, es la “individualidad”. En el marco de los derechos fundamentales de los seres humanos, la sociedad occidental (europea central, del oeste y el este y la norteamericana) la concepción está en singular, en el individuo, en la persona. La concepción de los seres humanos en esta sociedad es varón-centrista, diluida en los conceptos de hombre, y es también excluyente; los europeos de la Francia revolucionaria y los norteamericano-europeos no pensaron en los varones de las llamadas colonias que aún tenían subyugadas, o en los negros del sur de Estados Unidos.

Esta concepción varoncentrista es sinónimo de homocentrista, antropocentrista, eurocentrista, gringocentrista, cristocentrista, machista. Es decir, en este trabajo, cualquiera de los términos que se encuentren en uso en algunos párrafos, significa todo lo demás.

La política de corte occidental ha llegado a desarrollarse para el individuo varón, porque se explica que él ha sido quien concibió tal objeto de uso. Si bien los griegos entendieron la política como la síntesis de los intereses de la mayoría del pueblo, para los occidentales posgriegos, sobre todo a partir de la Roma cristianizada, la política se convirtió en monista. Es decir, pensar, hablar y trabajar en función de los intereses de la mayoría es justamente lo que alguna vez se llamó política. Parece que la sociedad occidental moderna jamás la conoció, o no la quiso entender ni menos practicar en los casos en que la haya podido entender.

El entendimiento y práctica de la política original griega corresponde precisamente a la comunalidad de nuestras comunidades. Es decir, los pueblos antiguos pueden entenderse mejor. La diferencia en este caso es que los griegos sólo guardan la historia del pasado, que es parte de la sociedad occidental moderna, mientras que los pueblos indígenas estamos vivos. En ambos existen, sin embargo, diferentes actitudes y comportamientos: los griegos son la referencia del pasado de la sociedad moderna y lo que ésta quiera ser en el futuro, mientras que a los pueblos indígenas se les trata de eliminar, o si no, de imponer lo occidental, desechando lo que puedan aportar positivamente a la humanidad.

En la lógica de la sociedad eurocentrista, los “otros” no existen, no son; en todo caso forman parte de la naturaleza no antropocéntrica. El homocentrismo explica la otra característica importante de la política occidental: el ansia de poder, el ejercicio de dominación de los demás, que antropólogos y politólogos caracterizan sobre todo como un proceso de acción individual.

El poder en las comunidades mixes radica real y efectivamente en la asamblea general, delegando sólo la autoridad temporal a las personas conocidas como kutunk. En tiempo y forma las cuestiones son diferentes respecto a la sociedad occidental.

Los occidentales saben perfectamente que el ejercicio de la autoridad se confunde en la mayoría de los casos con el ejercicio del poder, lo que convierte a los políticos en seres invulnerables frente a la sociedad, y en donde el lucro es más importante, no así el servicio.

Sin duda alguna la diferencia consiste en el don de las sociedades indígenas y en la compra-venta de la sociedad occidental. El servicio gratuito de las autoridades en las comunidades mixes constituye un don; un don desinteresado. Mientras que en la sociedad occidental se invierte previamente para llegar a ocupar cargos de alto nivel, porque se sabe que a la larga les va a redituar ganancias.

La política de la que quiero hablar entonces es de la que corresponde a las comunidades indígenas, no de la política lucrativa. Considero también que toda circunstancia de invasión de una sociedad sobre otra, sobre todo de la sociedad europea sobre la indígena, conlleva la imposición de sistemas políticos sobre los autóctonos.

Cuando adopté la palabra “autóctono”, recurría a la búsqueda de una que pudiera ser más descriptiva de nuestra realidad de pueblos. Es decir, partiendo del hecho de que no somos invasores sino invadidos; no advenedizos en estas tierras sino descendientes de los primeros en ocupar estos territorios. La palabra “autóctono” se ajustaba perfectamente a dicha circunstancia. Auto: de la misma, tona: tierra; es decir, de la misma tierra. Política autóctona querría decir la política de los que viven de la tierra y en la tierra, la política de los propietarios reales de las tierras.

La palabra “autóctono” me ha ayudado también a profundizar mi reflexión en la importancia matriz que tiene la Tierra, como Madre, para explicar nuestros pensamientos respecto a la vida y a la muerte, respecto a nuestras acciones colectivas e individuales.

Texto recogido en Floriberto Díaz escrito (UNAM, 2007).

Se publica con autorización de su familia.

Muere el actor Omar Sharif

Muere el actor Omar Sharif

La estrella egipcia, descubierta para el cine occidental con ‘Lawrence de Arabia’, fallece en El Cairo a los 83 años

GREGORIO BELINCHÓN

Madrid

Había tres leyendas que rodeaban al actor egipcio Omar Sharif: su buena mano con las mujeres, sus cabreos homéricos y que sus días empezaban al mediodía. Todas eran ciertos, y todas bien visibles. También sus gustos refinados, su apostura y su pasión por el bridge: esa sabiduría en el vivir y en la interpretación se han acabado hoy en El Cairo, donde la leyenda del cine ha fallecido esta tarde a los 83 años de un infarto de corazón en un hospital del barrio de Heluán, en el sureste de la ciudad, donde llevaba ingresado casi un mes. Según cuenta la agencia EFE, el arqueólogo egipcio y exministro de Antigüedades Zahi Hawas, amigo íntimo de Sharif, explicó al diario Al Ahram que el actor sufría de pérdida de apetito. Su negativa a ingerir alimentos -que provocó un deterioro de su salud, acuciado por su alzhéimer-  llevó a su hospitalización.

Cualquier entrevista con el ídolo suponía primero esperar a que el protagonista de Doctor Zhivago, Che!, Funny girl, Orgullo de estirpe y de docenas de filmes egipcios, el hombre que surgía de la inmensidad del desierto en Lawrence de Arabia, firmara autógrafos a diestro y siniestro: hasta sus últimos días mantuvo su fama mundial. Nacido en Alejandría en 1932, con el nombre de Michel Demitri Chalhoub, el actor empezó en el cine en 1954 con Shaytan al-Sahra. Al año siguiente trabajó con su amigo el gran cineasta egipcio Youssef Chahine en Siraa Fil-Wadi (y fue al festival de Cannes en 1955). En poco más de seis años filmó 18 películas seguidas, y cuando el equipo de David Lean llegó en 1962 a Egipto a rodar parte de Lawrence de Arabia, allí estaba Sharif para encarnar al jerife Alí -personaje conseguido por su perfecto inglés, que para eso había estudiado en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres-: su figura se lanzó en el cine mundial. Por ese drama ganó un Globo de Oro y su única candidatura al Oscar. Su segundo Globo de Oro le llegó con su otra colaboración con David Lean: Doctor Zhivago.

Gracias a su físico, realizó bastantes personajes históricos (el Che Guevara, el zar Nicolás II y Genghis Khan son buenos ejemplos). Su único César, el gran galardón del cine francés, lo ganó con El señor Ibrahim y las flores del Corán en 2003, película que le recuperó para las nuevas generaciones.

Entre sus títulos más populares están La caída del imperio romano, Y llegó el día de la venganza, El Rolls-Royce amarillo, La conquista del imperio, La noche de los generales, El oro de Mackenna, Che!, Funny girl -en ese rodaje surgió su relación sentimental con Barbra Streisand-, Orgullo de estirpe, La isla misteriosa, Top Secret, El guerrero número 13 y Océanos de fuego.

Sharif hablaba un español preciso: cuando ganó algo de dinero trajo a su familia a Madrid, y hasta la muerte de su madre, en 1998, el intérprete pasaba largas temporadas en España. “No he vuelto porque me duele mucho el recuerdo. Aunque tengo sobrinos y sobrinos nietos madrileños”, recordaba en el festival de Granada en 2009. En Madrid, en el barrio de Salamanca, aún está abierta la tienda de camisas de algodón egipcio Sharif.

El actor vivió siempre en hoteles, con pocas posesiones, y hasta 2006, como buen jugador apasionado, se movía de torneo en torneo de bridge. Hasta escribía de este juego de cartas en el Chicago Tribune. “Llegué a perder un millón de dólares en una noche. Lo dejé porque me he centrado en mis nietos. Mi hijo Tarek vive en El Cairo, y allí está con sus tres hijos”. Aunque siguió trabajando hasta hace unos dos años, cuando le diagnosticaron alzhéimer (sus últimas películas, ambas de 2013, son Rock the Casbah y Un castillo en Italia, de Valeria Bruni Tedeschi), era muy crítico con su carrera. “Doctor Zhivago era mediana, la segunda parte de El señor Ibrahim y las flores del Corán sobraba… Sólo salvaría algunas de mis primeras películas con Chahine y Lawrence de Arabia”. Ya no veía cine. “Sólo me atraen en la tele los filmes mudos de Chaplin”.

Nacido cristiano -se convirtió al islam para casarse-, Sharif hablaba mucho sobre el entendimiento entre religiones y al final se definía como ateo: “Aunque soy bondadoso y cuando las cosas me iban mal Dios me ponía películas para que volviera a ganar dinero. Sospecho que en España no me entenderían, y en Egipto me matarían”. La mujer que logró su conversión religiosa fue la actriz Faten Hamama, a la que hasta su muerte consideró el gran amor de su vida, y con la que tuvo a su único hijo. Con ella se casó en 1955 y se divorció en 1974. Hamama falleció el pasado enero.

“De mi galanura”, confesaba en Granada, donde recibió un premio del Festival de Cines del Sur, “ya no queda nada. Desde 2004 no tengo novia. Bueno, ahora sí, dos de 35 años, una en El Cairo y otra en París, pero quedamos para cenar de vez en cuando. Al acabar nos damos dos besos en la mejilla y cada uno a su casa”.

El Volcán de Colima entra en una “fase de actividad permanente”

El Volcán de Colima entra en una “fase de actividad permanente”

El cráter al oeste de México arroja material incandescente en las últimas horas por lo que las autoridades elevan la señal de alerta

EFE

México

El Volcán de Fuego de Colima, en el oeste de México, entró este viernes en una “fase de actividad permanente” con un derrumbe que provocó la activación de medidas preventivas, informaron fuentes de Protección Civil. Las autoridades han evacuado de manera preventiva a unas 20 personas de la comunidad de la Yerbabuena del municipio de Comala, al este del Estado.

La actividad aumentó la noche del jueves y en las primeras horas de esta mañana, por lo que las autoridades decidieron elevar la vigilancia, dijo el coordinador nacional de Protección Civil, Felipe Puente, en un mensaje a través de Twitter y recomendó a la población no acercarse al cráter.