El periodista, poeta, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, Enrique Maza, falleció la noche de ayer miércoles a los 86 años de edad.

El periodista, poeta, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, Enrique Maza, falleció la noche de ayer miércoles a los 86 años de edad.

(apro).-

Enrique Maza, periodista, poeta, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, falleció la noche del miércoles a los 86 años de edad.

Maza nació en El Paso en 1929, donde sus padres se habían refugiado de la guerra cristera. Cuando tenía un año de edad llegó a la Ciudad de México y cumplidos los 16 ingresó a la Compañía de Jesús. Estudió periodismo en la Universidad de Missouri y tenía maestrías en Ciencias y Humanidades, Filosofía y Teología.

Fue columnista de Excelsior desde 1964 hasta 1976 y entre 1968 y 1969 fue vicepresidente de la Prensa Católica Internacional.

A partir de 1976 escribió en Proceso, semanario del que fue directivo junto con los también ya fallecidos Julio Scherer García y Vicente Leñero.

Escribió, entre otros, los siguientes libros: Libertad de expresión en la Iglesia; Rostros del hombre; La cara oculta de la migración; Medios de comunicación: realidades y búsquedas; Lo pleno y lo vacío y El Diablo.

En una entrevista realizada por Silvia Isabel Gámez, en enero del 2009, se preguntaba “¿Cómo se relaciona que el Papa viva en uno de los palacios más ricos del mundo con la pobreza de Jesús? ¿Es el Papa más que Jesús, al que representa?”.

Puntual crítico de la Iglesia católica, decía: “no ha predicado la Biblia, sino su propia doctrina, hasta distorsionar su mensaje y el del Evangelio”.

Discrepaba de quienes esperaban todo de Dios. “Nosotros somos los responsables de nuestra vida, de nuestros deseos y ambiciones, de nuestra pequeñez o grandeza. Nosotros. Soy yo quien tengo que confrontar mi vida, mis acciones y mis palabras con lo que Jesús dice y fue”.

Usaba las palabras atribuidas a Jesús para explicar su manera de vivir:

“Jesús dijo: ‘Yo no estoy aquí como el que manda, estoy como el que sirve’. Eso es lo que nos toca: apoyar, servir, respetar. No tengo por qué imponerle a los demás rezar el rosario y decirles que es pecado mortal no ir a misa”.

La periodista le pregunto si el sexo era pecado y el respondió:

“No, pecado es forzar a alguien. Si el sexo hace daño, está mal, pero en la medida en que sea una manera bella de expresar el amor, me parece maravilloso”. ¿Y el aborto? “Se hacen unas bolas… pero yo digo, un feto no empieza a ser humano antes del sexto mes, porque no se han formado las células cerebrales. Y donde no hay cerebro, no hay ser humano”.

-¿Y la homosexualidad?

-Yo la tengo en mi familia y no hay problema. Así son y ni modo. El problema es que no respetamos al ser humano, su manera de ser, sus decisiones.

Confesó: “Mi sacerdocio no ha consistido en decir rosarios, misas y confesar, rara vez hice esas cosas. Mi apostolado era otro; como Jesús, el supremo sacerdote, que se dedicó a recorrer Palestina hablando y tratando de convertir a los demás, denunciando a quienes explotaban al pueblo”.

-¿Tuvo caídas?

-Sí, como todos, pero se trata simplemente de aceptar mi condición humana y decir, sí, yo no soy la trompa del tren, tampoco el cabuz, soy uno de los carros, igualito que los demás. No pretendo aparentar más de lo que soy.

-¿Había algo que detonara esas caídas?

-No, cae uno como todo el mundo: un egoísmo, un enojo, te hace sacudir el árbol genealógico de alguien. Dios nunca pretendió que los hombres fueran perfectos.

Enrique Maza vivía retirado en la Casa Provincial de los Jesuitas.

El Dictamen.- El periodista, poeta, sacerdote jesuita y fundador de la revista Proceso, Enrique Maza, falleció la noche de ayer miércoles a los 86 años de edad.

La Revista Proceso, donde fue directivo junto con los también fallecidos Julio Scherer García y Vicente Leñero, informó de su fallecimiento en su sitio web.

Maza nació en El Paso, Texas, en 1929, donde sus padres se habían refugiado de la guerra cristera. Cuando tenía un año de edad llegó a la Ciudad de México y cumplidos los 16 ingresó a la Compañía de Jesús. Estudió periodismo en la Universidad de Missouri y tenía maestrías en Ciencias y Humanidades, Filosofía y Teología.

Escribió, entre otros, los siguientes libros: Libertad de expresión en la Iglesia; Rostros del hombre; La cara oculta de la migración; Medios de comunicación: realidades y búsquedas; Lo pleno y lo vacío y El Diablo.

Fallece Kurt Masur, uno de los más grandes directores de orquesta

Fallece Kurt Masur, uno de los más grandes directores de orquesta

Pablo Espinosa

La Jornada

 El director de orquesta alemán Kurt Masur falleció este sábado en su casa, en Nueva York, a los 88 años de edad. Con él culmina una era, la de las grandes figuras humanísticas que desde su condición de artistas cambian el curso de la historia. Fue uno de los artífices de la reunificación alemana. Como figura moral, condujo las acciones preservando lo que él llamó “la revolución alemana” sin violencia.

Poco afecto al marketing, cuyo polo opuesto es sin duda Herbert von Karajan (1908-1989), Kurt Masur no figura en las grandes marquesinas de mero consumo. Su concentración en el trabajo lo destinan al gran panteón de los inmortales.

Visitó México en distintas ocasiones y giras. La primera vez ocurrió en mayo de 1980, al frente de la Gewandhaus de Leipzig, de la que fue titular durante 26 años, cuando todavía existía la República Democrática Alemana.

En junio de 1997 retornó al Palacio de Bellas Artes, ahora como titular de la Filarmónica de Nueva York, a la que dirigió durante once años y ante la imposibilidad de seguir como titular, debido a un estatuto que impide que un director permanezca más de diez años, fue nombrado Director Emérito, para luego asumir la titularidad de la Orquesta Nacional de Francia, donde a su vez recibió el nombramiento de Director Musical Honorario de Por Vida.

Su visita más impactante ocurrió en la Sala Nezahualcóyotl, donde dirigió con una mano solamente debido a una de sus constantes caídas en su etapa madura. Era corpulento, de risa infantil, amorosa, y cuando su cuerpo no resistía, se fracturó un omóplato en 2012, la cadera en 2013 y siempre regresó al podio. Recuerda la agencia Dpa: “me mantiene en forma saber que a las diez de la mañana tengo ensayo ¿qué voy a hacer si no, dejar de trabajar y esperar que llegue la muerte?”.

Durante sus visitas, concedió entrevistas exclusivas a La Jornada.

En la Sala Nezahualcóyotl, por ejemplo, dijo a este reportero:

— ¿En qué momento ocurre el milagro poético de la música?

— Si pensamos en Bruckner —respondió Masur — está la apariencia de lo simple. Bruckner es el autor de la máxima simplicidad. Pero si se sigue con atención, se notará que esa simpleza está llena de colores, de significados muy variados. Y todo el tiempo parece estar repitiendo lo mismo, pero todo el tiempo dice cosas diferentes. Algunas veces parecerá sonar un ave canora, otra el canto del trombón, el color del sonido de una trompeta, o bien el color que dan los cornos. Te materializa, en ese instante, el más alto linaje de los sentimientos que tienes dentro. Es el instante de la poesía en la música. Puede suceder también en un adagio de Mahler. O en Schumann, cuyo Concierto para Cuatro Cornos interpretaremos esta noche en México. Al escuchar a Schumann uno distingue la herida de inmediato, el corazón atormentado, la pasión ardiendo. Muchos directores de orquesta toman demasiado a la ligera la música romántica. Para mí el espíritu de la música romántica no vive en el lirismo, sino en las emociones. Ahí anida también ese instante en el que ocurre la poesía.

Kurt Masur instauró una poética en el arte de la dirección de orquesta. Lo recordamos dirigiendo con los dedos, los puños, los antebrazos, sin batuta, elevado muchos metros por encima de la orquesta, no solamente debido a su estatura sino su estilo tan potente que no impedía la danza. Su cuerpo entero era una masa compacta de música infinita.

Deja una discografía impresionante. Ninguno de esos discos fue grabado en estudio, sino todos en vivo, por las razones que expuso así en una de las entrevistas que concedió a La Jornada:

¿Cuál es su posición en una era en la que impera la música grabada?

Creo en las grabaciones únicamente como una forma de capturar las interpretaciones en vivo. Eso es algo muy interesante que está aún por descubrirse. Y no se ha descubierto porque la grabación discográfica es una industria sustentada en conceptos tales como el marketing, éxito y otros factores que no tienen que ver con lo artístico. Lo importante es que sea el público el que decida, convencido por sus propias necesidades estéticas y no por razones inducidas por la industria. Lo fundamental estriba en indagar por lo verdaderamente convincente, en la convicción propia de cada escucha. Es por eso que yo estoy por las grabaciones discográficas, pero en vivo, en una sala de conciertos y no en un estudio.

“Ahora, claro, quedan riesgos todavía: usted se lleva a casa una obra interpretada con errores, que yo no estoy dispuesto a esconder, como se acostumbra en las grabaciones discográficas, y usted va a escuchar en su casa una sola versión de una obra tocada con los mismos errores todos los días, lo cual puede llegar a ser un tanto molesto, pero sobre todo injusto para los compositores que quedan documentados y sus obras conocidas por el gran público que no lee música, con errores. Pero al fin y al cabo, son todavía algunos riesgos que corren quienes quieren confiar incondicionalmente en la música grabada. Es por eso que yo no grabo sino versiones en vivo. Es lo único que pueden lograr los discos: capturar una versión en vivo, una sola”.

Lo que queda del maestro Kurt Masur: el milagro de la poesía en la música, su gigantesca estatura física y musical, sus visitas a México. Su condición de gigante de la historia de la cultura de Occidente.

Ah, y una discografía impresionante. Toda en vivo. Viva. Adiós, maestro Masur.

Papa Francisco abre Puerta Santa de la caridad y pide estas dos cosas al Señor

Papa Francisco abre Puerta Santa de la caridad y pide estas dos cosas al Señor

VATICANO

ACI

El Papa Francisco abrió esta tarde (hora local) la Puerta Santa de la caridad en un albergue para los más necesitados en Roma y le hizo una doble petición al Señor en este tiempo de Adviento a pocos días de la celebración de la Navidad.

En la Misa que presidió en el albergue de Cáritas Don Luigi Di Liegro, el Santo Padre afirmó que “hoy abrimos esta puerta y pedimos dos cosas: primero, que el Señor abra la puerta de nuestro corazón que es algo que necesitamos porque somos pecadores, y necesitamos la palabra del Señor”.

“Segundo, que el Señor nos haga comprender que el camino de la suficiencia, de la riqueza, de la vanidad, del orgullo no son caminos de salvación”.

El Santo Padre hizo votos para que “el Señor nos haga entender que su caricia de padre, su misericordia está cuando nosotros nos acercamos al que sufre, al que es descartado. Allí está Jesús”.

“Esta puerta es la puerta de la caridad, la puerta donde son asistidos tantos descartados. Que nos haga entender que sería bello que cada uno de nosotros, todo romano se sintiese descartado y sintiese la necesidad de la ayuda”, prosiguió.

Buscar a Jesús en la humildad

El Papa dijo luego a los presentes que “si tú quieres encontrar a Dios búscalo en la humildad, en la pobreza, donde Él está escondido, en los necesitados, en los enfermos, en los hambrientos, en los encarcelados”.

“Jesús cuando nos predica la vida nos dice cómo será nuestro juicio. No dirá ven porque has hecho una ofrenda a la Iglesia, la entrada al cielo no se paga con dinero. No dirá si eres importante, si has estudiado, porque los honores tampoco abren la puerta del cielo. ¿Qué nos dirá? Me has dado una casa, de comer, has venido a buscarme. Jesús está en la humildad”.

El Pontífice resaltó que “el amor de Jesús es grande y por esto hoy el Espíritu Santo abre el corazón de los romanos y los hace ver el camino de la salvación: no es el lujo, el camino de la riqueza, del poder, es el camino de la humildad. Los más pobres, los enfermos, los encarcelados”.

“Jesús nos dice además: los pecadores que se arrepienten nos precederán en el cielo. Ellos tienen las llaves. Lo que hace la caridad es lo que se deja abrazar por la misericordia del Señor”.

Dios no desciende en medio de lujos

El Papa Francisco recordó también que “Dios viene a salvarnos y no encuentra mejor manera para hacerlo que caminar con nosotros”.

“En el momento de descender, no desciende a un palacio de lujo. Parece que todo ha sido hecho intencionalmente, casi a escondidas: María es una muchacha en una ciudad perdida en las periferias del Imperio Romano que nadie conocía. José es un muchacho que amaba a María, un carpintero que se ganaba el pan todos los días: todo simplicidad, en lo escondido. Y también está el rechazo porque estaban comprometidos en un pueblo pequeño. Ustedes saben cómo son los chismes”.

Ellos, continuó, “van por ahí y José se da cuenta de que ella estaba encinta pero él era justo. Todo escondido, también ante la calumnia, los chismes. El ángel le explica a José el misterio: ese Hijo es obra de Dios. José hace lo que le dice el ángel. Las grandes ciudades del mundo no sabían nada y así Dios está con nosotros”.

El Santo Padre también afirmó que “hoy rezamos por Roma y los romanos, comenzando por mí para que Dios nos dé la gracia de sentirnos descartados porque no tenemos méritos. Él nos da la misericordia y la gracia y para acercarnos debemos acercarnos nosotros a quien está necesitado”.

“Sobre este acercamiento seremos juzgados. Que el Señor le dé esta gracia a Roma y a los romanos para recibir el abrazo de la misericordia. Dios está herido de amor y por esto es capaz de salvarnos a todos”, aseguró.

Muere Luz Marina Zuluaga, la primera Miss Universo de Colombia

La primera Miss Universo colombiana, Luz Marina Zuluaga, ganadora del concurso en 1958, ha fallecido este miércoles a los 77 años de edad en la ciudad de Manizales, localidad del centro de Colombia, en su apartamento del barrio Palermo. Según informan medios locales, sufrió un desmayo cuando estaba en compañía de amigas y los servicios de emergencia que llegaron para auxiliarla no pudieron hacer nada para reanimarla.
“Es una muy mala noticia que verdaderamente nos enluta a nosotros también. No solo fue una reina extraordinaria sino una gran señora”, ha dicho a la radio colombiana Blu el director del Concurso Nacional de la Belleza de Colombia, Raimundo Angulo. Nacida el 31 de octubre de 1938 en Pereira, comenzó su periplo en concursos de bellezas en su región, en el departamento de Caldas. De ahí daría el salto al ganar el virreinato del Concurso Nacional de Belleza de 1957. La suerte se cruzó en su camino cuando la ganadora renunció y Zuluaga fue designada representante del país para Miss Universo de 1958, cita en la que consiguió la corona en una gala celebrada en Long Beach, California.

“Si Dios nos dotó de belleza, un gran corazón y nos dio más facilidades que a otros, no podemos desaprovechar esos dones. Hay que compartirlos con los demás y llenar de alegría a muchos hogares”, dijo Luz Marina Zuluaga. Consciente de su popularidad, continuó con su carrera de modelo al mismo tiempo que invertía parte de sus beneficios en obras filantrópicas. A su vuelta de Estados Unidos fundó una guardería para cuidar a hijos de empleadas domésticas, fue dama voluntaria del Hospital Infantil de Manizales y miembro del Comité Departamental de la Cruz Roja.

El título, además, le reservó un lugar en el Museo Nacional de Bogotá donde se conserva una imagen suya con la corona y el cetro de miss, y se emitió un sello postal en su honor. Hasta enero de 2015, 57 años después de que se hiciera con el título de Miss Universo, no había tenido una sucesora. Paulina Vega ha sido la encargada de recoger ese guante y convertirse en la segunda colombiana en ostenter el título universal.

El desafío social del Evangelio

El desafío social del Evangelio

Graham Greene

Este libro esclarecedor [Church and Politics in Latin America –Iglesia y política en América Latina] que trata sobre el desarrollo del catolicismo latinoamericano con la participación de la Teología de la Liberación y las comunidades cristianas de base, hizo que al menos un hombre viejo se recargara en su respaldo y recordara cómo era la Iglesia cuando se unió a ella con cierta reticencia casi sesenta años atrás, y contemplara la inmensidad de los cambios. Era típico de aquel tiempo que la Iglesia fuera conocida por la mayor parte de la gente en Inglaterra, por razones probadas, como la Iglesia Católico Romana. En cierta medida, al unirme a ella, yo me convertía en extranjero en mi propio país; algo no malo para uno que quería ser novelista, porque un extranjero ve sus alrededores con ojos frescos. Pero ser un extranjero conlleva, también, la asunción de ciertos supuestos que me interesaban mucho menos. El principal era que como católico romano yo debía, era un supuesto generalizado, pertenecer políticamente a la derecha. Pasaron diez años y aún se suponía que como católico romano la vasta mayoría que no había leído mis libros esperara que yo fuera partidario de Franco.

Plantón de la Organizacion Cristianos Solidarios con el Pueblo Salvadoreño, frente a la embajada de EU, 23 de febrero de 1990. Foto: Raúl Ortega/ La Jornada

Óscar Arnulfo Romero en Chiapas Foto: Frida Hartz/ La Jornada

Y sin embargo, los cambios habían empezado a fines de los años 1930 y en mi primera lectura del excelente ensayo de Sobrino sobre la Iglesia en América Central me pregunté si el padre [Gustavo] Gutiérrez, a quien él cita, no estaba situando el cambio un poco tarde cuando escribió “la historia de la Iglesia en América Latina se divide en antes y después de Monseñor Romero”. Después de todo, Dom Hélder Câmara, antiguo arzobispo de Olinda y Recife, había tomado la peligrosa opción por los pobres en Brasil. (No es mencionado por fray Martín en su capítulo sobre el conflicto en la Iglesia católica brasileña, tal vez porque se confinó al período posterior de 1968 a 1979.) También hubo un indicio en México, tan temprano como 1937, de lo que podían llegar a ser las futuras comunidades cristianas de base. Como resultado de la persecución religiosa, la Iglesia había tenido una buena limpia de romanismo; incluso limpiada drásticamente como lo había visto yo en Tabasco, donde habían desaparecido las iglesias y los sacerdotes, y algo menos en Chiapas, donde no se permitía a ningún sacerdote entrar a una iglesia. Las misas secretas que se celebraban en casas privadas podían haber sido descritas como de clase media pero los domingos, cuando los indígenas bajaban de las montañas y trataban de celebrar misa, tanto como la recordaban, sin un sacerdote, de seguro estaban empezando las comunidades de base.

Pero leyendo más adelante me di cuenta de que había malentendido al padre Gutiérrez, el martirio del arzobispo Romero (el primer arzobispo asesinado en el altar desde Beckett), seguido de una muy cuidadosamente moderada condena por el papa Juan Pablo II, fue ciertamente, como él lo describe, el punto decisivo entre los comienzos esporádicos de la Iglesia latinoamericana como hoy la vemos, fortalecido por el gran descaro del apoyo a los escuadrones de la muerte en El Salvador y Guatemala y a los contras en Nicaragua por parte del gobierno de Estados Unidos, que ha causado shock en muchos miembros de la jerarquía estadunidense. La Casa Blanca se ha asegurado de que nada será como antes.

La Iglesia de los pobres y las comunidades de base muestran su fuerza no sólo contra el gobierno de Estados Unidos y los escuadrones de la muerte y los contras, sino frente a las muy romanistas visiones del cardenal Ratzinger, el gran oponente de la Teología de la Liberación, y tal vez con las comprensibles sospechas del Papa Juan Pablo II.

Y escribo “comprensibles” porque no puedo evitar el sentimiento de que la experiencia polaca del Papa en los años 1950 puede haberlo llevado a la desafortunada actitud que manifestó en su reciente visita a Nicaragua. Parece haber visto un falso paralelo entre un gobierno que incluía a tres curas católicos en las posiciones clave de Educación y Salud, Relaciones Exteriores y Cultura con el movimiento Pax, que era el intento deliberado de un gobierno extranjero para dividir a la Iglesia. Yo visité Polonia en 1955 durante un mes, después que el movimiento Pax se había establecido, y disfruté, si es ésa la palabra correcta, dos sesiones bastante alcohólicas con Boleslaw Piaseki, el líder fascista que había luchado valientemente contra los alemanes y los rusos, y para asombro de los polacos, había regresado vivo de su encarcelamiento en Moscú, con el permiso de iniciar una firma editorial católica y el derecho único de manufacturar rosarios, crucifijos, etcétera, la parafernalia de la Fe. El arzobispo se encontraba bajo arresto domiciliario y algunos curas se habían unido al movimiento Pax, pero sus iglesias se encontraban casi vacías en domingo, cuando todas las otras iglesias parecían repletas hasta desbordarse. El movimiento Pax, nacido en el extranjero, se desvaneció, pero el movimiento que dio luz a la Teología de la Liberación, las comunidades cristianas de base, la opción por los pobres, tuvo luz nativa y no tiene nada en común con Pax.

Atacada por el gobierno de Estados Unidos y perseguida en El Salvador, Chile, Paraguay y Guatemala, la Iglesia católica en el continente americano, como este libro demuestra, ha cobrado una nueva y vigorosa vida, que con el tiempo podrá, uno espera, convertir incluso a la Curia y persuadir a sus miembros de volver otra vez a las enseñanzas de Juan XXIII, en vez de seguir el sendero del cardenal Ratzinger y la CELAM, tan bien analizado aquí en un capítulo por François Houtart.

Traducciones de Rubén Moheno

 

Culto a Van Gogh más fuerte que nunca a 125 años de su muerte

Culto a Van Gogh más fuerte que nunca a 125 años de su muerte

Ámsterdam. El rostro de Vincent van Gogh ilustra desde camisetas a tazas de té, mientras que en las paredes de numerosas casas cuelgan reproducciones de sus Girasoles o su Almendro en flor. Sobre su vida se han rodado películas, escrito novelas y hasta compuesto una ópera. Sus obras sirven de inspiración en las pasarelas de alta costura de París y también en varias aplicaciones de smartphones. En resumen: al cumplirse este 29 de julio 125 años de su muerte, el pintor está más presente que nunca.

“Lo curioso es que prácticamente nadie lo conocía cuando murió”, comenta el director del Museo Van Gogh de Ámsterdam, Axel Rüger. Aunque ya no le sorprende el culto al artista, pues lo ve a diario con sus propios ojos: las filas para entrar en el museo siempre son largas y muchos de los interesados son jóvenes. En 2014, el museo recibió unos 1.4 millones de visitantes.

El pintor holandés es considerado uno de los pioneros del arte moderno, pero eso no llega a explicar la fascinación que generan sus obras. Sin embargo, el director del museo no duda al comparar a Van Gogh con Mozart, Amy Winehouse y James Dean. Son genios que murieron jóvenes. Además, “la persona y la obra de Van Gogh están intrínsecamente relacionadas”, observa.

Muchas de las cosas que se conocen actualmente del célebre pintor trascendieron a través de las cartas que le escribía a su hermano Theo, que trabajaba como marchante de arte en París.

Hijo de un pastor protestante de la provincia de Brabante, en el sur de Holanda, Van Gogh luchó cotra su destino, recorriendo su propio país, Reino Unido, Bélgica y Francia. Trabajó en el comercio de arte, como maestro, vendedor de libros y predicador hasta que, finalmente, a los 27 años decidió que se dedicaría a la pintura. Su vida acabó sólo diez años después en Auvers-sur-Oise, cerca de París.

Dejó 850 cuadros y casi mil 300 dibujos, que hoy se venden por sumas astronómicas.

La biografía del famoso pintor es terreno abonado para que surja el mito: Van Gogh, el genio no reconocido, el artista pobre y solitario, el loco, etc. Pero Rüger asegura que muchas de esas asunciones no son correctas. “Van Gogh no cayó del cielo siendo genio”, comenta. El director del museo recuerda que el pintor estudió mucho arte y fue adquiriendo sus capacidades con el aprendizaje.

¿Y la locura? Los campesinos de Nuenen, donde su padre trabajaba como pastor, ya lo llamaban en vida “el loco”. Pero también hay que imaginarse la situación: un joven pelirrojo de mirada penetrante que camina con su caballete, truene o llueva. En un pueblo tradicional, eso ya de por sí es algo poco habitual.

Van Gogh trabajaba con disciplina y reflexionaba mucho, aunque también comenzó a sufrir cada vez más ataques depresivos y delirios.

Según se sabe hoy en día, la pobreza también forma parte de la romántica leyenda en torno a él: Van Gogh no sufrió necesidades, era respaldado generosamente por su hermano.

Si bien en vida no vendió ni un cuadro, tampoco fue un genio no reconocido, como aseguran muchos. Antes de su muerte, los críticos de arte ya habían comenzado a prestar atención a sus trabajos, que no encajaban con ninguna otra tendencia. En enero de 1890, el crítico de arte francés Albert Aurier incluso llegó a decir que Van Gogh era una especie de mesías, “el redentor, el sembrador de la verdad que mejorará el mal estado de nuestro arte”.

De hecho el reconocimiento de su obra se produjo muy poco después de su muerte. La fuerza de su uso del color y el simbolismo de sus composiciones comenzó a inspirar a otros pintores contemporáneos. Y sigue fascinando hasta el presente. “Van Gogh conmueve a muchas personas”, comenta el director del museo, que señala que al observar los cuadros el espectador parece sentir la calidez del sol del sur de Francia, el aroma de las lilas y los sonidos que hacen los cuervos que sobrevuelan los campos sembrados.

El arte y la vida tan dramáticamente breve del pintor atraen a muchos. Y es que para Rüger, lo que genera tanta fascinación es “la promesa no cumplida”. El nombre de Vincent van Gogh será relacionado una y otra vez con la pregunta de qué habría ocurrido si no se hubiese matado el 27 de julio de 1890 de un balazo. Murió dos días después en Auvers-sur-Oise, como consecuencia de las heridas.

El lenguaje bíblico es como la sedimentación de grandes literaturas”: Pitol.

El lenguaje bíblico es como la sedimentación de grandes literaturas”: Pitol.

Todas las artes han sido influidas por el gran libro.

Leopoldo Cervantes-Ortiz

Me gusta remojar la palabra divina, amasarla de nuevo, ablandarla con el vaho de mi aliento, humedecer con mi saliva y con mi sangre el polvo seco de los libros sagrados y volver a hacer marchar los versículos quietos y paralíticos con el ritmo de mi corazón. […] El poeta al volver a la Biblia, no hace más que regresar a su antigua palabra porque ¿qué es la Biblia más que una Gran Antología Poética hecha por el Viento y donde todo poeta legítimo se encuentra?

León Felipe, “¿Qué es la Biblia?”

Jorge Luis Borges escribió sobre la extraordinaria riqueza y diversidad de los documentos reunidos en la Biblia que hacen justicia al significado original de esa palabra:

¡Qué idea excepcional, la de reunir textos de distintos autores y distintas épocas y atribuirlos a un autor único, el Espíritu! ¿No es maravilloso? Es decir, obras tan dispares como el Libro de Job, el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de los Reyes, los Evangelios y el Génesis: atribuirlos todos a un solo autor invisible. Los judíos tuvieron una magnífica idea. Es como si alguien pretendiera conjuntar en un solo tomo las obras de Emerson, Carlyle, Melville, Henry James, Chaucer y Shakespeare, y declarar que todo proviene del mismo autor.

Borges llevaba la Biblia “en la sangre” y prueba de ello son las alusiones y los prólogos a las traducciones de Job y del Cantar de los Cantares, de Fray Luis de León. En otro momento resumió: “La Biblia, más que un libro, es una literatura.” Asomarse a su influencia permite verificar la manera en que estos textos sagrados han contribuido a modelar el pensamiento, las creencias y las mentalidades. George Steiner ha delineado el impacto de ese texto sagrado en la civilización occidental:

En Occidente, pero también en otras partes del planeta donde el “Buen Libro” ha sido introducido, la Biblia determina, en buena medida, nuestra identidad histórica y social. Proporciona a la conciencia los instrumentos, a menudo implícitos, para la remembranza y la cita. Hasta la época moderna, estos instrumentos estaban tan profundamente grabados en nuestra mentalidad, incluso –tal vez especialmente– entre gentes no alfabetizadas o pre-alfabetizadas, que la referencia bíblica hacía las veces de autoreferencia, de pasaporte en el viaje hacia el ser interior de la persona.

Y constata: “Parece evidente que la Santa Biblia […] es el acto lingüístico más publicado y difundido sobre la faz de la tierra.” Una manera superficial de abordar tal influencia sería observar cómo los textos que la conforman, especialmente el Antiguo Testamento, son la base de nuevas historias, como sucede con José y sus hermanos (1933-1943) de Thomas Mann.

Salomé,1923, ilustración para una versión

de la Biblia en los años ’20

El crítico y religioso Northrop Frye afirmó que el conocimiento de la Biblia es fundamental para moverse en medio de las producciones literarias: “Para mí la Biblia es el corpus de palabras mediante el cual puedo ver el mundo como un cosmos, como un orden, y en el que puedo ver la naturaleza humana como algo redimible, como algo con derecho a sobrevivir. Para la cultura occidental es el libro total, que lo abarca todo.” Para él, la Biblia es el conjunto paradigmático de textos que contiene en sí todos los símbolos y por ello es, en palabras del poeta William Blake, el “gran código” de la humanidad.

Harold Bloom ha señalado que los autores bíblicos no tendrían mucho que envidiar a los grandes escritores de la literatura universal y que quien se acerca a ellos entra en contacto directo con un océano interminable: “Necesitamos una aprehensión estética de la Biblia, ya sea la hebrea, el Nuevo Testamento… Es gran literatura. […] Lo que caracteriza a Occidente es esa incómoda sensación de que su saber va por un lado y su vida espiritual por otro. No podemos dejar de pensar que somos griegos y, no obstante, nuestra moralidad y religión –exterior e interior– encuentran su origen último en la Biblia hebrea.”

El libro ubicuo

Job es un magnífico ejemplo de los desdoblamientos culturales que la recorren de principio a fin y que han contribuido a moldear el gusto y la imaginación. Fray Luis, Cervantes y Quevedo experimentaron su influjo. En El rey Lear reaparecen los toques jobianos. Ya en la modernidad más cercana, Job dejó de ser el mártir sufrido y paciente del Medievo y se prestó más atención al tema de la teodicea que al personaje.

En el romanticismo, muchos autores afrontaron esa gran figura: Heine, Victor Hugo, Dostoievsky y Byron, entre muchos otros. Y en el siglo XX, Hesse, Canetti, Beckett, Brecht, Chesterton, Nelly Sachs, Martin Buber y Elie Wiesel, sin olvidar, en otros campos, a Jung, Joseph Roth y, más recientemente, René Girard y Antonio Negri. En las artes plásticas no se puede ignorar a Marc Chagall. María Zambrano también fue seducida por este libro y escribió líneas iluminadoras en El hombre y lo divino (1955) y La confesión: género literario (1995).

Desde México, el filósofo transterrado Ramón Xirau también ha abrevado en la experiencia de Job, y Octavio Paz se refirió a él en 1977 al recibir el Premio Jerusalén:

Los sufrimientos de Job pueden verse como una ilustración del poder de Dios y de la obediencia del justo. Ése es el punto de vista divino pero el de Job es otro; aunque está “vestido de llagas” –como dice, admirablemente, la versión castellana de Cipriano de Valera– persiste en sostener su inocencia. Cierto, se inclina ante la voluntad divina y admite su miseria; al mismo tiempo confiesa que encuentra incomprensible el castigo que padece. “Diré a Dios: no me condenes, hazme entender por qué pleiteas conmigo”. (X, 2). […] El verdadero misterio no está en la omnipotencia divina sino en la libertad humana.

A partir de la Reforma Protestante se abrió la caja de Pandora de la libre lectura y se impusieron nuevas prácticas de lectura. Así lo esbozó Carlos Monsiváis: “La única cultura ‘superior’ de las masas, precisa [Antonio] Alatorre, es la religión, y de allí la enorme influencia de esa producción de letrados en el desarrollo de nuestra lengua, de manera similar a la influencia de la versión de la Biblia de King James en los países anglosajones […] y a la enorme presencia de la versión de la Biblia hecha por Lutero en el desarrollo del idioma alemán.” En ese contexto, cita directamente a Alatorre: “La lectura de la Biblia quedó prohibida en el Imperio español desde el siglo XVI. Si hubiera sido ‘autorizada’ la hermosa traducción de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, protestantes españoles del siglo XVI, la historia de nuestra lengua sería sin duda distinta de lo que es.”

Para el heterodoxo Monsiváis no existió discontinuidad entre la memorización y la proyección de todo lo bíblico en el resto de la cultura, incluyendo las obras piadosas. Como se aprecia en toda su obra, su lenguaje transformó los textos bíblicos en ejercicios incesantes de intertextualidad: “La Biblia es un libro de registros variados, de énfasis comunitario e individual (Proverbios o Job), de intensidades y matices. En nuestra cultura es el clásico de clásicos, y eso beneficia a todos los que escriben.” Sergio Pitol definió así la impronta bíblica:

El lenguaje bíblico es como la sedimentación de grandes literaturas. Yo me explico la gran literatura norteamericana del siglo XIX, ese surgimiento del nivel del suelo a los niveles más altos, debido a que, para los protestantes, la Biblia era un libro de lectura diaria. […] Leo la traducción de Casiodoro de Reina […] Es un texto que la Inquisición consideró como heterodoxo […] Es la tradicional que comencé a leer y sigo leyendo: es en donde el lenguaje me parece prodigioso.

José Emilio Pacheco adaptó el Cantar de los Cantares fiel a su horizonte y contenido. Félix de Azúa también se ha referido a la Biblia como “la madre de la literatura”: “Suele decirse que la moderna literatura europea nace a finales del Renacimiento y su impulso decisivo es la Biblia en sus traducciones a lenguas vernáculas. Adaptar el gran estilo bíblico a una expresión comprensible en lengua llana fue una tarea monumental.” También lamentó que la versión citada no circulara en España lo suficiente y calificó así la obra mayor de Cervantes: “Una Biblia para un país sin Biblia.”

¿Cómo no referirse a la audaz comparación entre Homero y el Génesis que practica Erich Auerbach en Mímesis (1942)? Al cotejar el episodio de la cicatriz de Ulises en la Odisea y el intento de sacrificio de Isaac (Gn 32) se sumerge en ambas tradiciones y encuentra que la bíblica se sostiene con un valor propio. Podría establecerse una teoría de la lectura basada en postulados o metáforas bíblicos, como el que inició Ezequiel y continuó el vidente del Apocalipsis: “comer” o “devorar” el libro es la disposición que se espera de todo aquel que se acerca a las Sagradas Escrituras. La apropiación de la Biblia reproduce esta metáfora como un proceso cotidiano que funda y desarrolla una “cultura de la lectura” propia de comunidades creyentes o no creyentes. Así, como lo planteó Paul Ricoeur, “el sujeto aparece constituido a la vez como lector y como escritor de su propia vida” (Tiempo y narración. III, 1985). Al considerar una muestra de lectura piadosa clásica como El progreso del peregrino (1678), de John Bunyan, derivada también de una interpretación alegórica de los textos bíblicos, se ha descrito el proceso mediante el cual el principio protestante del libre examen de las Escrituras tuvo como consecuencia literaria la transformación de los cristianos en lectores.

El Gran Código

Algunos postulados de la Reforma alcanzaron una nueva proyección, a la hora de replantearse el contacto de los creyentes con los textos sagrados a través de la mediación cultural del libro: “La afirmación del sacerdocio universal […] resulta, incluso, más sencilla de comprender si la interpretamos […] como un imperativo más asequible que ordenaría a todos los creyentes, cuyo deber era ser sacerdotes, que aprendieran a leer.”

Olivier Millet y Philippe de Robert practicaron en Cultura bíblica (2001) otro abordaje de la influencia cultural y artística de los textos sagrados partiendo de los énfasis literarios. Para ello, hacen desfilar una larga lista de nombres y obras. Afirman que este Gran Código “ha alimentado y sigue alimentando toda manifestación artística y, por ende, literaria, de la civilización occidental”. Su revisión de las épocas los conduce a observar: “La utilización de motivos bíblicos rara vez se llevó a cabo sin la incorporación de cierta carga de sentimiento religioso, al no abandonarse del todo el simbolismo.”

La iconografía derivada de las historias y relatos bíblicos ha producido muchas obras que se han instalado en el imaginario colectivo durante siglos. Así ha sucedido, por ejemplo, con las imágenes del Buen Pastor o de la Santa Cena, de Leonardo Da Vinci que, ligadas a aspectos litúrgicos, forman parte de la tradición eclesiástica. La escultura también ha sido un arte influido por la Biblia: el caso de Miguel Ángel es el más visible. Rembrandt y Chagall, sin duda, son dos de los mayores “traductores” del mensaje bíblico a la pintura. Parte de la obra de Chagall, dedicada a ciclos enteros de las Escrituras, es testimonio dinámico de su profunda lectura: La Biblia (1956), Dibujos para la Biblia (1960) y los grabados de los Salmos de David (1979). En la música, pueden mencionarse los grandes oratorios y cantatas de Bach, Händel, Palestrina, Haydn y Mendelssohn (su Elías, de 1846, es majestuoso). Los salmos musicalizados por Leonard Bernstein (1965) y otras obras de Sergio Cárdenas, desde México, son otros buenos ejemplos.

El texto griego de i Corintios 13 (Canción por la unificación de Europa), en manos del polaco Zbigniew Preisner, es sin duda una gran aportación a la banda sonora de Azul (1993), de su coterráneo Krzysztof Kieslowski. El cine también ha recogido un sinnúmero de referencias bíblicas: Los diez mandamientos (1956), de Cecil B. DeMille, marcó toda una época. Sobre la pasión de Jesús la lista es enorme, pero los resultados son sumamente desiguales. Entre decenas de autores, destaca Pier Paolo Pasolini, gran intérprete del Evangelio de Mateo (1964).

 

La Música lationoamericana en Madrid

La Música lationoamericana en Madrid

La bandera nacional de la República Dominicana (rojo, azul y blanco), reproducida en todos los tamaños posibles y colgada a diestra y siniestra, junto con fotografías, raídas por el tiempo, de ensoñadores paisajes tropicales (playa, sol y coco), son los distintivos inequívocos de La Esquina Caribeña, uno de los tantos restaurantes que denotan la colorida y bulliciosa presencia de la colonia dominicana en el barrio de Cuatro Caminos, en pleno centro de Madrid.

Aquí, los dominicanos llegan puntualmente cualquier día a cualquier hora, pero sobre todo los domingos, cuando libran, cuando no trabajan, cuando no hay prisa, cuando no  han de cuidar a niños, perros y ancianos ajenos, cuando tienen todo el tiempo y más por delante. Llegan solos, en familia, en pandilla o en pareja, y se instalan donde pueden, donde haya un  huequecito, en alguna mesa, en la barra, junto a la puerta, contra la pared o cualquier otra esquina libre cuando se atesta el lugar, hasta reventar, poco a poco desde la apertura a mediodía hasta el cierre de las puertas, más allá de la noche avenida.

Vienen a comer el sancocho, el sabroso chicharrón estilo Villa Mella, los guandules o el mangú; a tomar una y otra y otra cerveza Presidente, a brindar con ron directamente importado de allá, de la “isla en medio del mar”. Vienen, sencillamente, a estar, a bailar, a corear, a recordar, a dirimir penas, broncas, mal de amores y, por encima de todo, a nutrir la nostalgia con notas, sorbos y cuerpos buscándose y rozándose  al compás del merengue y, aún más cerquita todavía, la bachata.

Simultáneamente, en otro barrio, más hacia el sur de la capital, pegado a lo que denominan el cinturón rojo, asociado históricamente al proletariado y a las luchas de la izquierda, migrantes procedentes de los llanos orientales de Bolivia, los así llamados cambas, se juntan en La Choza, una peña al mejor estilo de su terruño natal. Es un amplio salón de baile, anteriormente usado para bodas, bautizos y comuniones, con profuso decorado kitsch, harto ornamento dorado, lámparas de lágrimas de vidrio y espejos por doquier. En el centro, la pista de baile; a la redonda, mesas circulares o largos tablones con sus respectivas sillas para diez, veinte o más personas; a un costado, la cocina de donde salen los meseros con las suculentas viandas regionales y, al fondo, lo más importante: la orquesta de música que entona sin parar cumbia tras cumbia para todos y cada uno de los paisanos.

Por su lado, los bolivianos del altiplano, los collas, se juntaron recientemente con los andinos ecuatorianos para celebrar conjuntamente el Inti Raymi, la gran Fiesta del Sol, que llevaron a cabo, cuando el solsticio de verano, en El Retiro, el parque emblemático de Madrid. Mujeres y hombres, ataviados a la usanza indígena de acuerdo con la fraternidad de pertenencia, extendieron una exuberante ofrenda con frutas, flores e incienso, rezaron al astro en su lengua materna quechua, mascaron y convidaron generosas cantidades de hojas de coca para, finalmente, terminar la ceremonia con danzas al ritmo de quenas, zampoñas, tarkas y antaras que entonaban waynos, tinkus y yaravíes.

Todo ello constituye sólo una puntada de los tantísimos espacios que los migrantes procedentes de todos los rincones del continente latinoamericano han abierto y/o constituido en la capital española. Son espacios normalmente regentados por los mismos extranjeros, dirigidos fundamentalmente a sus connacionales que, dentro del contexto del desarraigo propio de la migración, vienen a cumplir un rol fundamental de cohesión étnica y memoria. La música, esencial, siempre presente, se convierte en punto de atracción, recreación, confluencia y conexión entre compatriotas que se reconocen entre sí por compartir no solamente un lugar de origen, sino también el lugar del destierro y, tal vez, los años dirán, del entierro.

Los sonidos de América Latina no están sin embargo solamente circunscritos a estos espacios de añoranzas, sino se desbordan más allá de los linderos étnicos y se diseminan marcando rutas musicales a lo largo y ancho del mapa socio-geográfico de la ciudad. Y ello gracias a los músicos que se asoman e incursionan fuera de los ghettos, para brindar los ritmos latinos al público español, necesitado de exotismos, ensoñaciones u otredades.

La oferta musical es amplia y variada; en los clubes nocturnos de música en vivo y en las salas formales de conciertos hay para escoger de acuerdo con la saudade y el cosquilleo del momento: desde el tango y el son montuno, pasando por boleros de toda la vida, los acordeones y vallenatos de Colombia, la samba brasileña hasta la percusión de cajón y tacón de los peruanos afrodescendientes. En estos contextos nocturnos es donde, además de la difusión de las tradiciones musicales “puras”, acontece inevitablemente el encuentro entre los músicos de diferentes procedencias culturales y estilos musicales que paulatinamente intercambian y experimentan fusiones e hibridaciones sonoras, propiciando así innovaciones.

Y claro y obviamente y cómo no, México “qué herido”, perdón, querido, también hace alarde de presencia. Los eléctricos sonideros tropicales, por ejemplo, que volaron de la Doctores a las Europas, ponen a brincar felices hasta el amanecer a treintañeros ibéricos, seguidores –la mayoría– de la pujante fuerza política de Podemos, promotores de asambleas barriales y solidarios hasta la médula con la causa de los 43.

Y los mariachis, los infaltables e imprescindibles mariachis, se plantan muy a la Garibaldi en la Puerta del Sol y tocan y cantan “Cielito lindo”, alegrando los corazones las tantas marchas de protesta que ahí se concentran, guiñando el ojo para las selfies de los turistas y esperando ser contratados para amenizar opulentas fiestas en los amplios jardines afrancesados de la clase pudiente en los barrios residenciales por allá en el noroeste urbano.

 

Pita Amor: Elena Poniatowska

Pita Amor

Elena Poniatowska

La Jornada

En la sala Manuel M. Ponce, Eduardo Sepúlveda Amor, el sobrino favorito de Guadalupe Amor, exhibió el martes 4 de agosto el documental en el que ha trabajado durante varios años: Pita Amor, señora de la tinta americana. Para ello, entrevistó a Susana Alexander, a Miguel Sabido (quien organizó un homenaje en Bellas Artes, varios años antes de su muerte) a Mariana y a Juan Pérez Amor, a J.J. Arreola y a Jaime Chávez, y recurrió a todos los intelectuales que habían elogiado a la Undécima Musa en el pasado, entre ellos a Xavier Villaurrutia, a Manuel González Montesinos, a Antonio Peláez, a Juan Soriano y, sobre todo, a Alfonso Reyes quien, coqueto, la defendió ante la acusación de que otro escribía sus Décimas a Dios y sus sonetos: ¡Y nada de comparaciones odiosas; aquí se trata de un caso mitológico!

Lo cierto es que Pita nunca trabajó. ¿Qué te pasa? Trabajar es de criadas, protestaba. Alguna vez se lo sugerí y me respondió: ¡Óyeme, escuincla, bastante hago con ser genial! Para sobrevivir, vendió la mayoría de sus retratos a Lola Olmedo. Una gánster, una bandida, asaltante de camino real. Posó desnuda para Diego Rivera, Juan Soriano, Raúl Anguiano, Cordelia Urueta, Antonio Peláez, y cuando ya no la pudieron pintar ella dibujó su autorretrato repartido en miles de pequeñas cartulinas hechas con lápices de colores con una cara garigoleada, la mayoría, francamente graciosas, y cuando la felicitaban decía: Son 20 pesos o Son 50 pesos, según el interlocutor. Su forma altanera de ser y su soberbia la volvieron temible e hicieron que le negaran la entrada a varios restaurantes de la Zona Rosa. Su tormenta de insultos, sus rayos centelleantes dentro de ojos furibundos, su voz de trueno, sus cachetadas-sonetos, sus amenazas-décimas y sus bastonazos-literales la convirtieron en el azote de meseros y parroquianos. ¡Córranle que ahí viene Pita! Los meseros la aborrecían porque los llamaba indios, narices de mango. A su sobrino Santiago Aspe, que pretendía ayudarle a cruzar la calle de Bucareli, lo agarró a bastonazos, y cuando él le aclaró: Tía, soy el hijo de Kitzia, se deshizo en cumplidos: Ay, mi amor, no te reconocí, estás muy guapo.

Con esos tratos se esfumaron enamorados y amigos, aunque Pedro Friedeberg y Wanda Sevilla le abrieron siempre la puerta de su departamento y su bar en el Paseo de la Reforma. Con una rosa en la cabeza, sus anteojos de fondo de botella y su bastón en la mano, Pita era parte de la Zona Rosa, un personaje único que todos buscaban en el primer momento para huir después. Daisy Ascher escapó de su lluvia de bastonazos y se vengó más tarde retratándola sentada vieja y arrugada en medio de su cama, también vieja y arrugada.

Pita se enojó con Jesusa Rodríguez cuando se le ocurrió imitarla en El Hábito. Asidua al bar, donde ocupaba un sofá completo y se apoderaba del baño, no regresó jamás después de un sketch que consideró una afrenta a su estatura mitológica, aunque los parroquianos celebraron la parodia. Otra gran imitadora de Pita es Myriam Moscona.

Lo cierto es que Pita Amor era capaz de agotarle la paciencia al mismísimo Job. Beatriz Sheridan y Susana Alexander montaron un espectáculo con su poesía, y Susana fue la más leal de las amigas, como consta en el documental de Eduardo Sepúlveda Amor. Jesusa y Liliana le brindaron no sólo drinks (su favorito: medias de seda), sino su amistad. Martha Chapa hizo de ella dos excelentes dibujos y la alimentó durante meses, pero optó por apartarse para tomar fuerzas y volver a enfrentarla. Por toda recompensa a sus esfuerzos, Pita le espetó con su voz de trueno: Jamás lograrás el nivel de Frida Kahlo con las estúpidas manzanas que pintas. Carlos Saaib, dueño de varios departamentos en el edificio Vizcaya, sostuvo con ella una amistad de 20 años, le brindó hospedaje y acudió a todos sus llamados: ¡Carlooos!, en ese legendario edificio de la calle Bucareli, que hospedó a Luis G. Basurto y a Ricardo Montalbán. Cuando Saaib ya no pudo más, devolvió a la Undécima Musa a sus sobrinos Mariana y Juan Pérez Amor, que se hicieron cargo de ella hasta el fin de sus días. Patricia Reyes Spíndola, fina, generosa y solidaria, dio muestras de una lealtad a toda prueba y la atendió en todo momento, a pesar de que Pita iba a verla actuar al teatro y a media obra gritaba, su bastón en el aire, de pie en el pasillo central, aterrando a los espectadores: ¡Patricia, baja del escenario de inmediato! Esta obra no te merece, es indigna de ti. ¡Bájate o yo subo ahora por ti!

A veces, Pita era capaz de verse a sí misma con extraordinaria lucidez: Entre las deficiencias de mi personalidad existe mi ocio. Desde muy niña rondé de allá para acá sin lograr disciplinarme ni en estudios ni en juegos, ni en conversaciones. De mi ocio brotaron mis primeros versos y es en mi ocio maduro donde he ido engendrando el acomodo de mis palabras escritas.

Pita es importante para las generaciones venideras, porque rompió esquemas al igual que otras mujeres de su época, catalogadas de locas y a la eternidad ya sentenciadas, como previó en su poema Letanía de mis defectos (1987). Soy perversa, malvada, vengativa./ Es prestada mi sangre y fugitiva./ Mis pensamientos son muy taciturnos./ Mi sueños de pecado son nocturnos./ Soy histérica, loca, desquiciada,/ pero a la eternidad ya sentenciada.

Los casos de Nahui Olin y de Pita Amor son emblemáticos. El rechazo y la censura las volvieron cada vez más contestatarias y las dos hicieron del reto y de la provocación su forma de vida.

Elvira García y Michael Schuessler son los autores de dos excelentes biografías de Pita. Redonda soledad, la vida de Pita Amor, publicada en 1997, de Elvira García, obtuvo grandes elogios, ya que la biógrafa tuvo la paciencia y la generosidad de saber acompañar a Pita a lo largo de desdichas y soledades.

La última de siete Amores

Este personaje singular llamado Pita llegó a los 82 años. Nació el 30 de mayo de 1918. Fue una niña privilegiada, la última de siete Amores, hijos de Emmanuel Amor y de Carolina Schmidtlein. A su papá, Pita recuerda que lo sacaban a tomar el sol en un balcón de una casa porfiriana en la calle de Abraham González con un plaid escocés sobre las rodillas. Siempre lo vi sentado, alega Pita. Después de siete hijos, ni su padre ni su madre tuvieron fuerza para controlarla. Sus caprichos y rabietas atemorizaron a sus hermanos y a todo el vecindario, primero en la calle de Abraham González y luego en la de Génova, al lado de La Votiva, la iglesia favorita de los Trescientos y algunos más, esquina con el Paseo de la Reforma.

Desde muy pequeña, Pita fue la consentida, la muñeca, la de los pataleos y rabietas, la de los terrores nocturnos. Era una criatura tan linda que Carmen Amor la fotografió desnuda. A Pita le fascinó contemplarse a sí misma y, posiblemente, ahí se encuentre el origen de su narcisismo. De su niñez habla en su novela Yo soy mi casa, título también de su primer libro de poesía.

Pita creció oyendo poesía. Después de la cena, la familia Amor acostumbraba leer poesía y seguramente esta lectura en voz alta de Góngora y de Quevedo, de Sor Juana y de Federico García Lorca influyó en ella. Dos de sus hermanas, inteligentes y creativas, Mimí y Elena, también escribían y decían poesía, pero nunca se lanzaron al ruedo.

A Pita siempre le costó adaptarse al mundo, siempre fue la voz que se aísla en la unidad del coro, en el seno familiar, entre sus seis hermanas y su hermano Chepe, en el internado de Monterrey, que no aguantó y donde no la aguantaron. Nunca pudo salirse de sí misma para amar realmente a otro; la única entrega que pudo consumar fue la entrega a su yo. Demasiado enamorada de su persona, los demás le interesaron sólo en la medida en que la reflejaban: no fueron sino una gratificación narcisista.

Desde muy joven, Pita pudo participar en la vida artística de México gracias a su hermana Carito, colaboradora de Carlos Chávez y fundadora de la Galería de Arte Mexicano. Acondicionada en el sótano de la casa de los Amor, la galería que dirigió Inés expuso a Orozco, Rivera, Siqueiros, Dr. Atl, Tamayo, Julio Castellanos, Frida Kahlo y muchos más.

Si era una niña preciosa, fue una adolescente primorosa. Tan llamaba la atención, que la pintaron Rivera, Montenegro, Soriano y Raúl Anguiano, a quienes desconcertaban sus desplantes, sus grandes ojos abiertos, su boca desdeñosa y su voz de trueno. Más tarde, Diego Rivera habría de retratarla desnuda, para horror de la familia y beneplácito de los morbosos.

En esa época, los Trescientos y algunos más se hacían cruces con Lupe Marín, Tina Modotti, María Asúnsolo, Nahui Ollin, Machila Armida. ¿Ya supiste? ¡No te has enterado! ¡Hubieras visto! ¡Qué bárbara, Pita! ¡Nadie ha hecho nada igual! A la lista de ofensas a la buena sociedad y a la Liga de la Decencia, vinieron a añadirse la insolencia de Pita a quien nunca importó el qué dirán.

En medio de fandangos, pachangas al Leda, cabaret de la época en el que todas las noches Lupe Marín y Juan Soriano bailaban sin zapatos y hacían un show celebrado por Los Contemporáneos; en medio de sus domingos en los toros y sus parrandas, Pita produjo de golpe y porrazo, ante el azoro general, su primer libro de poesía: Yo soy mi casa, publicado a iniciativa de Altolaguirre. Causó sensación. Es imposible que ella lo haya escrito. Inmediatamente, Alfonso Reyes la apadrinó: Y nada de comparaciones odiosas, aquí se trata de un caso mitológico.

Resulta contradictorio que esta mujer que no cejaba en su afán de escándalo y salía desnuda bajo su abrigo de mink a gritar a media noche en el Paseo de la Reforma: ¡Yo soy la reina de la noche!, regresara en la madrugada a su departamento de la calle Río Duero y en la soledad del lecho escribiera en la bolsa del pan y con el lápiz de las cejas décimas soberbias:

Pita Amor encontró a Dios (invención admirable, hecha de ansiedad humana) en una cita puntual que contrajo con él, el lunes 8 de mayo de 2000, cuando le dio neumonía. Dios la hizo esperar, finalmente canceló otros compromisos para recibirla en la casa vecina a la de Carlos Fuentes, en la calle de Apóstol Santiago, en San Jerónimo.

Michael Schuessler recogió uno de sus múltiples epitafios: Es tan grande la ovación/ que da el mundo a mi memoria,/ que si cantando victoria/ me alzaste en la tumba fría,/ en la tumba me hundiría/ bajo el peso de mi gloria.

Pita Amor es importante para las generaciones venideras, porque rompió esquemas como lo hicieron otras mujeres de su época catalogadas de locas. Al igual que Tina Modotti o Nahui Ollin o Lupe Marín o Concha Michel, el rechazo y la censura la volvieron cada vez más contestataria: las dos hicieron del reto y de la provocación su forma de vida, pero Pita lo dejó por escrito: “Frente al éxito a mí me preocuparon más mi belleza y mis turbulentos conflictos amorosos.

“Porque yo que he sido joven, soy joven, porque tengo la edad que quiero tener. Soy bonita cuando quiero y fea cuando debo. Soy joven cuando quiero y vieja cuando debo. Yo, que he sido la mujer más mundana y más frívola del mundo, no creo en el tiempo que marca el reloj ni el calendario. Creo en el tiempo de mis glándulas y de mis arterias. La angustia hace mucho que la abolí. La abolí por haberla consumido

Mi cuarto es de cuatro metros, mi cuerpo mide uno y medio y la caja que me espera será el final de mi tedio.

 

De las manos de ebanista de Adolphe Sax y de su ingenio nació el saxofón. En la imagen de archivo, un miembro del sexteto Saxofones Saxtlán.

De las manos de ebanista de Adolphe Sax y de su ingenio nació el saxofón. En la imagen de archivo, un miembro del sexteto Saxofones Saxtlán.

La historia de la música hubiera sido distinta sin Adolphe Sax. Sin su obsesión por inventar un instrumento de viento, no hubiera existido el revolucionario jazz, ni emblemáticas figuras como Charlie Parker, John Coltrane o tantos otros jazzistas, ya que de sus manos de ebanista y de su ingenio nació el saxofón, bautizado a partir de su apellido conjuntado con el fonema “fono” (sonido).

Nació un 6 de noviembre, pero de hace poco más dos siglos, en 1814. Su biografía dio muchos vuelcos antes del punto de quiebre en el que inventó el vital instrumento. Pudo haber muerto en inumerables ocasiones. Quizá cuando cayó de un tercer piso, un día en que tragó un alfiler o, por ejemplo, la ocasión en la que fue herido en un accidente con pólvora. También burló a la muerte cuando fue salvado de perder el último aliento ahogado en un río o de morir intoxicado con gases tóxicos. Pero no, le tocaba vivir para pasar a la historia.

Doscientos un años más tarde, las tonalidades ocre y el estilo vintage se adueñaron de la página de inicio de Google, con lo que conmemora el aniversario del nacimiento de Adolphe Sax.

El gigante de Internet indicó que para conmemorar el nacimiento del creador del saxofón, en 1814, publicará cinco versiones del doodle a lo largo de este viernes con distintos instrumentos de su creación.

Nacido en Dinant, en Bélgica, el padre del saxofón mostró una gran curiosidad y conocimiento del bronce y las maderas, lo que originó el nacimiento del instrumento cuyo sonido revolucionaría al mundo.

Sax modificó algunas de las características en la resolución y calidad de sonido del clarinete y en 1840 dio vida al saxofón.

La firma tecnológica recordó que la icónica silueta de dicho instrumento se ha popularizado alrededor del mundo debido a intérpretes como el estadounidense, John Coltrane, y el ganador del Grammy, Kenny G.