Premios “Oscar” 2016

Premios “Oscar” 2016

Redacción

La Jornada

Los Ángeles.

Los mexicanos Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki marcaron nuevos registros en la historia de los premios Óscar, que anoche, en su edición 88, se entregaron en el teatro Dolby de Los Ángeles, donde la academia estadunidense de cine premió como mejor película a En primera plana, que también ganó como mejor guión original.

González Iñárritu obtuvo el premio a mejor director –como lo hizo el año pasado con Birdman– y Lubezki a mejor cinefotógrafo por Revenant: El renacido.

El primero obtuvo su segunda estatuilla consecutiva igualando a John Ford (en 1940 y 1941, por Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!, respectivamente) y a Joseph L. Mankiewicz, quien se adjudicó los premios por Carta a tres esposas y La malvada (en 1949 y 1950).

Lubezki también hizo historia al ser el primero en la academia estadunidense en conseguir por tercera vez consecutiva el premio, logrado con Birdman, en 2015, y Gravedad, en 2014.

El Chivo dedicó el galardón a su esposa y a sus padres y exaltó a sus colegas. Creo que soy el fotógrafo con más suerte del mundo por poder trabajar con estos directores, dijo momentos después.

Mediante su cuenta de Twitter, el presidente Enrique Peña Nieto felicitó a los mexicanos González Iñárritu y Lubezki por sus respectivos Óscares.

La mejor película para la academia no fue Revenant… sino el drama de Tom McCarthy basado en unos periodistas que destaparon un caso de pederastia.

No puedo creer que esto esté pasando. Es más hermoso todavía compartirlo con el talentoso equipo. Leo (DiCaprio), eres el renacido… Soy afortunado, pero muchos no han tenido la misma suerte. Qué mejor oportunidad para nuestra generación de liberarnos del prejuicio y asegurarnos de que por siempre el color de la piel sea tan irrelevante como el largo de nuestro cabello, comentó González Iñárritu luego de recibir el premio.

Leonardo DiCaprio ganó por fin el primer Óscar de su carrera por Revenant: El renacido, poco después de que su colega Brie Larson se alzara con el galardón a mejor actriz por La habitación. Seis intentos le costó a DiCaprio poder obtener la estatuilla dorada.

“Revenant: El renacido es sobre la relación de un hombre con un mundo natural”, dijo DiCaprio al recoger la estatuilla. 2015 fue el año más caluroso (…) Tuvimos que movernos para encontrar nieve, afirmó el actor de 40 años sobre el rodaje, que se realizó en parte en la Patagonia argentina.

El cambio climático es la amenaza más real que enfrenta nuestra especie, insistió DiCaprio, famoso por su activismo en defensa del medio ambiente. Hay gente que ha visto su voz acallada por la política de la codicia (…) no demos el planeta por garantizado, completó.

Esta era la sexta nominación al Óscar para DiCaprio, quien hasta ahora siempre se había ido de la ceremonia con las manos vacías. Sin embargo, todas las quinielas indicaban que este año lo lograría por su papel de Hugh Class, un explorador y cazador estadunidense del siglo XIX.

DiCaprio arrebató la estatuilla dorada a Michael Fassbender por Steve Jobs, Matt Damon por Marte: operación rescate, Bryan Cranston por Trumbo y Eddie Redmayne por La chica danesa.

Mad Max sorprende, logra seis

La que sorprendió con seis premios fue Mad Max: furia en la carretera, que obtuvo seis estatuillas: diseño de producción, mezcla de sonido, edición de sonido, diseño de vestuario, edición y maquillaje y peinado. En cuanto a guión adaptado la ganadora fue La gran apuesta.

Brie Larson, de 26 años, recibió el galardón dorado por un drama sobre una joven madre encerrada en un pequeño cubículo junto a su hijo, poniendo así el broche de oro a una temporada de premios excepcional. Larson se impuso a Cate Blanchett por Carol, Jennifer Lawrence por Joy, Charlotte Rampling por 45 años y Saoirse Ronan por Brooklyn.

El legendario compositor italiano Ennio Morricone conquistó hoy su primer Óscar por la banda de sonido de Los ocho más odiados. El músico de 87 años agradeció el premio a Tarantino y a su esposa, María, mientras los asistentes a la gala en el Dolby Theatre lo aplaudían de pie. Desde la década de 1960, Morricone ha compuesto más de 450 bandas sonoras de películas. Previamente había sido nominado cinco veces al Óscar, sin conseguirlo. Aunque, en 2007 recibió una estatuilla honorífica por toda su carrera, que le fue entregado por Clint Eastwood.

La mejor canción original fue Writing’s On The Wall, de la cinta Spectre, cuya interpretación estuvo a cargo de San Smith.

El británico Mark Rylance ganó el Óscar como mejor actor de reparto por su interpretación de un espía soviético en Puente de espías, de Steven Spielberg. De esta forma, Rylance logró arrebatarle la estatuilla a Sylvester Stallone, considerado uno de los favoritos por Creed.

La actriz sueca Alicia Vikander logró hoy alzarse con el Óscar a la mejor actriz de reparto por La chica danesa, en la que interpreta a la esposa del artista transexual Einar Wegener, considerado el primer transexual en someterse a una operación de cambio de sexo.

La húngara El hijo de Saúl logró el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa, imponiéndose a la colombiana El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, que aspiraba a llevarse a casa la primera estatuilla para su país. László Nemes soprendió en el Festival de Cannes con este demoledor retrato del Holocausto, en el cual un judío que se encarga de conducir a las cámaras de gas a sus correligionarios, intenta ofrecer un entierro digno a un niño y evitar que sea incinerado.

Chile recibió su primer premio de la academia con la victoria del cortometraje animado Historia de un oso. La obra de 10 minutos y 24 segundos de Gabriel Osorio está basada en la historia del abuelo paterno del director, Leopoldo Osorio, un concejal socialista que fue encarcelado por dos años tras el golpe militar del general Augusto Pinochet. Lo quiero dedicar a mi abuelo, que inspiró esta historia, y a toda la gente como él que ha sufrido en el exilio, dijo Osorio al recoger la estatuilla. Esto no tiene que volver a suceder.

El Óscar para el mejor cortometraje lo ganó Stutterer, de Benjamin Cleary. El mejor corto documental fue A Girl in the River: The Price of Forgiveness, de Sharmeen Obaid-Chinoy.

 

Intensa-mente, de los estudios Pixar, triunfó en mejor película de animación. Dirigida por Pete Docter y Jonas Rivera, la historia gira en torno a la pequeña Riley y sus emociones.

Amy, película sobre la fallecida cantautora Amy Winehouse, se alzó con el Óscar al mejor documental. El trabajo derrotó en esta categoría a Tierra de cárteles, The Look of Silence, What happened, miss Simone? y Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom.

 

En los Óscares más disputados de los años recientes no faltó la polémica de la falta de diversidad. Su presentador, el humorista Chris Rock, no tardó ni un segundo en abordar la ausencia de nominados negros en las principales categorías por segundo año consecutivo. Estoy en los Óscares de la Academia, también conocidos como los premios de los blancos. ¿Se dan cuenta de que si nominaran a los anfitriones, yo no habría conseguido este trabajo?, dijo.

Nada de boicot, sólo queremos las mismas oportunidades que los blancos…. Les dan los grandes personajes, dijo. Luego destacó que ésta ha sido siempre la historia de Hollywood y que en los años 60 la gente no protestaba por ello. Sabes, cuando tu abuela colgaba de un árbol era difícil preocuparse si un corto documental había sido nominado.

Carmen Parra

Carmen Parra

La Jornada Semanal

A través de una conversación con la versátil e incansable pintora Carmen Parra, nuestra crítica de arte Germaine Gómez Haro revela algunos momentos clave, avatares y felices coincidencias en la realización de la exposición Un hombre en fuga. El Caravaggio, que la pintora montó en comunión creadora con Beppe Vesco, en un lugar emblemático para ambos artistas: el Oratorio de San Lorenzo, en Palermo, Sicilia, a invitación expresa de Bernardo Totorici di Raffadalli, presidente de la Asociación de Museos Italianos. También publicamos una reflexión siempre vigente para la inteligencia y los derechos humanos sobre la lucha por la libertad en la creación literaria y la censura ejercida desde el Estado, mediante la presentación de los casos del novelista y bloguero egipcio Ahmed Nayi y el artista visual Ayman Zarkqani por su novela El uso de la vida , así como del poeta palestino Ashraf Fayadh, inicialmente condenado a pena de muerte –luego conmutada por ochocientos azotes– por su libro Las instrucciones están adentro. Cierran el número un artículo sobre Thomas Hardy de Ricardo Guzmán W. y otro sobre la narrativa uruguaya de los años setenta, de Alejandro Michelena.

ALUMNA DESTACADA DE JUAN SORIANO, TRABAJÓ CON MANUEL FELGUÉREZ Y VICENTE ROJO

Hace unas semanas viajé con mi entrañable amiga, la pintora Carmen Parra, a Palermo, Sicilia, para asistir a la inauguración de su exposición Un hombre en fuga, El Caravaggio de Carmen Parra y Beppe Vesco , exhibida en uno de los escenarios barrocos más hermosos de Italia. Se trata del Oratorio de San Lorenzo, anexo a la Iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio antiguo de la ciudad. El pequeño recinto es una obra maestra del escultor siciliano Giacomo Serpotta, quien plasmó las escenas relacionadas con la vida del mártir que murió carbonizado en una parrilla en un regodeo delirante de figuras talladas en madera y estucadas con polvo de mármol. El conjunto escultórico en este pequeño gran espacio deja al espectador sin habla. Un torbellino de personajes, ángeles y formas orgánicas se entreveran en una danza armoniosa y sensual que desafía cualquier concepto apolíneo. Para decorar el altar de esta escenografía celestial fue comisionado en 1609 el gran Michelangelo Merisi da Caravaggio, para pintar La Natividad con San Lorenzo y San Francisco, uno de los cuatro lienzos que el artista pintó en Sicilia poco antes de su muerte, este último considerado el cuadro más hermoso por el historiador del arte Roberto Longhi, en su obra monográfica sobre el maestro del barroco italiano. En un viaje anterior, hace dos años, Carmen me llevó a conocer este sitio soberbio que es para ella “el lugar más hermoso del mundo”. La perseverancia y el inquebrantable entusiasmo que caracterizan a esta incansable pintora lograron lo que entonces parecía imposible: presentar su pintura en el lugar de sus sueños.

Sicilia es mi paraíso, mi isla del tesoro. Tengo una relación pasional con esta tierra desde hace más de treinta años gracias a mi amiga del alma y hermana siciliana, Rosemarie Tasca d’Almerita, quien me ha llevado a descubrir estos parajes por donde pasaron Ulises, Perséfone, la Gorgona, Perseo, Dánae, Atena… Me he dedicado a estudiar y pintar el barroco mexicano y aquí descubrí la veneración de los siete arcángeles en Cefalú y, a través del extraordinario libro de Donald Garstang conocí el trabajo de Giacomo Serpotta quien me llevó de la mano al Oratorio de San Lorenzo. ¡Quién me iba a decir que un día exhibiría mi trabajo aquí!

La pintura del Caravaggio fue robada en 1969 por la mafia siciliana y es actualmente una de las diez obras de arte más buscadas por el Comando de Carabineros para la Protección del Patrimonio Cultural de Italia. Muchas leyendas han corrido sobre su paradero. Un miembro de La Cosa Nostra aseguró que el lienzo está bien resguardado y se exhibe durante las reuniones de los mafiosos como “símbolo de su poder”; lo cierto es que se desconoce su paradero y no se pierde la esperanza de que un día vuelva a su nicho original en San Lorenzo, hoy tristemente vacío. Como un acto de exorcismo ante la barbarie cometida, Carmen Parra propuso la recreación libre de la pintura hoy perdida.

–Soy la primera extranjera invitada a exhibir en este recinto por el presidente de la Asociación de los Museos Italianos, Bernardo Tortorici di Raffadali. Mi propuesta consistió en la realización de este proyecto a beneficio de la asociación Progetto Itaca Palermo (www.progettoitacapalermo.org) del cual mi amiga Rosemarie es socia fundadora y vicepresidenta. Esta asociación internacional se ocupa de la atención a enfermos mentales y a sus familiares, y cuenta con un programa que ha tenido una respuesta increíble ante esta enfermedad que hoy en día todavía está muy estigmatizada. La obra donada está a la venta y los fondos serán dirigidos a la asociación.

Ha sido un privilegio para mí exhibir mi trabajo en este lugar y contribuir a la preservación de la memoria histórica. Como este evento es el producto de una serie de coincidencias mágicas, extendí la invitación a mi amigo el pintor palermitano Beppe Vesco y le propuse crear la obra a cuatro manos. Conocí a Beppe hace muchos años a raíz de una de estas coincidencias mágicas. En una peluquería en Palermo vi colgada en un muro una pintura que me recordó fuertemente a mi amigo Francisco Corzas, extraordinario pintor mexicano hoy un tanto olvidado. Pregunté quién era el autor –“un tal Beppe Vesco”, me dijeron– y me propuse buscarlo y conocerlo. Se estableció desde entonces una gran amistad. Estas pinturas realizadas a cuatro manos son también un homenaje a nuestro mutuo amigo Francisco Corzas y un llamado a su revaloración dentro del arte mexicano del siglo XX que en la actualidad ha relegado a muchos artistas importantes de esa generación.

Beppe Vesco me relata que su relación con Francisco Corzas también fue producto de una coincidencia mágica. Su hermana viajó a México en 1976 y en el Instituto Italiano de Cultura vio una pintura de Corzas que de inmediato asoció al trabajo de Beppe. Había un aire de familia entre estos dos pintores que no se conocían. Cuando la hermana le habló de este pintor, Vesco lo contactó y se conocieron, estableciéndose entre ellos una intensa relación de amistad e intercambio creativo que duró hasta su muerte. Al igual que Corzas –a quien considera su maestro– el pintor siciliano ha absorbido las enseñanzas de los viejos maestros y practica una técnica exquisita que dota a sus pinturas de una atmósfera atemporal. Una vez más, la coincidencia mágica que menciona Carmen hace que la pintora mexicana y el siciliano establezcan un vínculo a través de Francisco Corzas y se reencuentren parafraseando a Caravaggio.

–Pintamos las siete obras en el taller de Beppe durante un mes entero el verano del año pasado, con 38 grados Celsius de temperatura, pero con una piscina en su hermoso jardín que nos refrescaba el cuerpo y la mente. Fue un trabajo intenso, divertido, apasionante. Decidimos hacer una interpretación libre de La Natividad en un lienzo de formato similar al original y seis paneles independientes en los que aparecen el Ángel, la Vírgen con el Niño, Fray León, San José, San Lorenzo y San Francisco. Los colores que elegimos son el rojo, que simboliza la violencia homicida del acto criminal contra la cultura, y el azul, que evoca el mar Mediterráneo que se ha llevado la memoria. Nuestra intención es rescatar el recuerdo, porque sin memoria no hay historia.

Acabo de recibir la gran noticia que nos comunicó Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, que el presidente Sergio Mattarella regalará a la capital siciliana una versión idéntica del Caravaggio robado, realizada en España por un copista profesional, y que será colocada en el nicho original de la pieza en el Oratorio de San Lorenzo. Veo este acto como la gran reflexión histórica sobre la memoria cultural y me parece otra maravillosa coincidencia que mi obra salga del Oratorio y entre la copia del original.

–¿Qué significa para ti la apropiación de una pintura famosa del pasado?

–Yo me apropio de los cuadros que me interesan a la manera de un chamán. Los primeros que realicé fueron La adoración de los Reyes y La Asunción de la Vírgen María, de Juan Rodríguez Juárez, que forman parte del Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana. Después, el arquitecto Ortiz Lajous me pidió una versión del Apocalipsis que se había quemado en un incendio e hice dos pinturas más pequeñas. Desde entonces lo he hecho constantemente, pues es una manera de analizar la esencia de las obras. En el siglo XX los artistas modernos se abocaron a rescatar el pasado indígena, pero tenemos aún pendiente la revaloración de nuestros trescientos años de Colonia. Hay un gran vacío influido por la herencia del juarismo y nuestra educación liberal; eso lo percibí desde que era estudiante en la Escuela de Antropología e Historia, y aún hoy no hemos avanzado gran cosa. De niña iba con mi papá y con el arquitecto Von Wuthenau todos los domingos a la Lagunilla y estaba lleno de objetos coloniales valiosos que casi regalaban. Mi papá y su amigo se peleaban a ver quién compraba más cosas y es así como desde muy pequeña entré en contacto con el barroco mexicano. Tuve extraordinarios maestros, como Jaime Ortiz Lajous, Gastón García Cantú, Fernando Benítez, Catita Sierra y, sobre todo, Fernando Gamboa, quien fue el primero en proyectar en el extranjero la riqueza de México en todas sus facetas: prehispánico, colonial, moderno y las artes populares. Ahora vivo en una casa que fue el taller de Miguel Covarrubias y lo oigo que me habla en las noches y me im-pulsa a no salirme de este circuito de la historia de mi país que es mi pasión.

–¿Qué respuesta tiene el arte de tema religioso en la actualidad?

–A la gente a veces le cuesta trabajo porque no está acostumbrada y no tiene información suficiente para apreciarlo. Pero a mí no me interesa un trabajo que tenga sólo un fin comercial. Busco que mi obra tenga una repercusión, una lectura social e histórica. No hemos hecho una lectura horizontal de nuestra historia. Por eso estudio mucho mis temas e intento que a través de mis pinturas la gente se acerque al período colonial. Quiero, a través de mis obras, llamar la atención sobre las diferentes realidades que conviven en México. La mayoría de las sociedades están ya homogeneizadas y nuestro país conserva una enorme diversidad. La mayor lección que me dejó el maestro Gamboa fue el aprecio a la diversidad de nuestro México profundo.

–¿Qué reacción ha habido en el público italiano ante las pinturas en el Oratorio de San Lorenzo?

–Por los comentarios y por las notas de prensa, pienso que muy favorable. Son pinturas que han logrado conmover al espectador y eso es por la impronta que hemos dejado en las obras. La mayor parte del arte contemporáneo es más intelectual, está más ligado a la tecnología y a la ciencia y se ha perdido la parte pictórico-humanista que hemos tratado de plasmar en estas pinturas. En la impronta del artista se deja la energía en la materia y esto lo siente el espectador inmediatamente.

Las pinturas de Carmen Parra y Beppe Vesco inspiradas en La Natividad de Caravaggio son la fusión de la pasión de los dos artistas por la pintura antigua, por las soberbias obras del Barroco mexicano e italiano, y su testimonio plástico que revindica que sin memoria no hay historia.

La incansable Carmen Parra ha presentado recientemente varias exposiciones: La flor de loto y el cardo en la Galería Aldama Fine Art; Refugio Salvaje, un proyecto del Centro de Conservación para el rescate del Águila Real en el Reino Animal, a un lado de las pirámides de Teotihuacán, hasta noviembre del año pasado; y Metamorfosis, una recopilación de su trabajo sobre la mariposa Monarca en Universum Museo de las Ciencias (UNAM). Carmen Parra es una artista barroca contemporánea, una pintora que vuela con las alas de los siete arcángeles que ha pintado y alcanza parajes lejanos e insospechados que valen la pena explorar. Esta entrevista fue realizada a bordo de un auto, en un trayecto entre Palermo y Mistretta, un encantador pueblito en la montaña cerca de Palermo. Con el mar Mediterráneo de fondo, mientras charlábamos, pensé que Carmen Parra, con sus alas de ángel y de mariposa, vuela y se posa en temas que vale la pena explorar. Sus pinturas son atmósferas de ayer, de hoy y de mañana, un arte atemporal que invita al goce y a la reflexión •

Vidas Paralelas

Vidas Paralelas

León Portilla y Fray Bernardino de Sahagún

La Jornada

La obra de Plutarco: Vidas paralelas, así como la estrategia comparativa que conlleva, se volvieron desde el siglo XVI, un paradigma en la aproximación biográfica a los grandes personajes de la historia. Al poner en un paralelismo contrastivo las vidas y obras respectivas de Alejandro Magno y César; de Teseo y Rómulo; de Demóstenes y de Cicerón; de Arístides y Catón, y otros más, Plutarco hacía dialogar las particularidades, rencontrando asimismo la condición humana en su diversidad, con matices vivos, rasgos individuales que se erigían en atributos carismáticos, los cuales debían dar cuenta de destinos excepcionales.

Siguiendo el modelo del ilustre queronense, podemos establecer un paralelismo revelador entre la vida y obra del seráfico fray Bernardino de Sahagún, y la del eximio seglar Miguel León-Portilla quien, el 22 de febrero, cumplió 90 años de vida o, como él mismo suele decir: de juventud acumulada, una vida dedicada esencialmente a la investigación sobre las culturas indígenas de México, en sus periodos prehispánico, colonial y contemporáneo.

La primera similitud, a cinco siglos de equidistancia, radica en el perfil humanístico de los personajes. Ambos abrevaron al manantial de la antigüedad greco-latina, en sus respectivas universidades: la Universidad de Salamanca y la Universidad Nacional Autónoma de México. Sahagún, inmerso en la corriente intelectual renacentista que prevalecía en Europa a principios del siglo XVI, había rebasado (por no decir transgredido) los límites de una pesquisa que le había sido encomendada, de reunir información y textos con el solo fin de detectar los síntomas de una enfermedad: la idolatría, refutar el contenido de dichos textos antes de aplicar sutilmente el antídoto espiritual cristiano. Los testimonios y textos de la oralidad náhuatl, reunidos, transcritos y traducidos, si bien permitieron a los frailes conocer al otro indígena para evangelizarlo mejor, dan de él una imagen viva y expresan sintomáticamente la grandeza de su cultura.

Asimismo, Miguel León-Portilla como historiador, filólogo, lingüista, filósofo, y más generalmente humanista es, de alguna manera, renacentista; toma al pie de la letra el aforismo de Protágoras: El hombre es la medida de todas las cosas, y lo aplica al indígena cuya cultura y valores renacen en su obra, una obra paralela a la de Sahagún, que enaltece al indígena y engrandece a la humanidad.

Sahagún captó la voz indígena en su lengua, la transcribió antes de interpretarla. León-Portilla, además de analizar e interpretar, desde otra perspectiva, los textos recopilados por el franciscano y otros, dio la palabra al indígena y le abrió un horizonte de expresión con el proyecto Yancuic tlahtolli la nueva palabra, para que manifestara su visión de los hechos que le atañen.

Imbuido de letras clásicas, hablante de francés, inglés y alemán, Miguel León-Portilla tiene un profundo conocimiento de la lengua náhuatl. Como lo hizo Sahagún en su momento, estudia el pensamiento indígena en la lengua misma que lo entraña.

Convencido de que la idea tenía que colarse en un molde formal afín al pensamiento de los nativos para ser debidamente aprehendida, el franciscano había expresado el mensaje evangélico en la lengua y el frasis indígenas. En otro contexto, Miguel León-Portilla expresó sus ideas y sentimientos propios en la lengua de Nezahualcóyotl.

Ambos humanistas se enfrentaron a detractores, quienes tenían razones distintas pero una virulencia equiparable. Sahagún tuvo que defenderse de los que estimaban que su obra propiciaba el resurgimiento de la idolatría; León-Portilla se opuso a intelectuales que consideraban que el indígena, al no tener una escritura alfabética, no podía haber pensado en términos filosóficos como lo afirmaba el autor.

Paralelas a la Historia General de las Cosas de Nueva España de Sahagún, La filosofía náhuatl y Visión de los vencidos, entre otras obras, fueron textos-claves que permitieron una aproximación veraz a la cultura náhuatl prehispánica.

El tema de la conversión genera otro paralelismo: el franciscano convirtió a los indígenas y les inculcó el dogma cristiano del dios único, a la vez que convencía a sus hermanos de religión de la dignidad sus catecúmenos. Miguel León-Portilla, indigenista militante, realizó un verdadero apostolado cultural, convenció a los mexicanos de la grandeza de su pasado prehispánico, de la necesidad impostergable de reconocer a los herederos indígenas de este pasado, de legitimar jurídicamente su derecho a vivir según su tradición ancestral, estableciendo asimismo un nuevo credo cultural.

A la ferviente y piadosa espiritualidad que caracterizó la obra antropológica del religioso corresponde el misticismo filosófico de Miguel León-Portilla, quien ve acertadamente en la poesía náhuatl por él traducida y analizada, una elevación de espíritu, una resignada, sabia y florida ideología en relación con la existencia del hombre en la tierra.

Otra analogía edificante es el hecho de que Sahagún fue longevo (vivió unos noventa años) y que Miguel León-Portilla lo es. Aquí se rompe el paralelismo: el presente y el pretérito divergen con miras al futuro. El paralelismo se debe de establecer entonces con paradigmas prehispánicos de la duración: una edad, Ce huehueliztli, en náhuatl, corresponde a 104 años. Antes… ni pensarlo.

El nombre de La Ciudad de México

El nombre de La Ciudad de México

Proceso

Muchos se sorprenderán al saber que la designación Ciudad de México, oficial desde el 30 de enero pasado, fue propuesta por primera vez por el conquistador Hernán Cortés, y que así la denominó la Iglesia católica en la Bula expedida desde Roma para la edificación de la Catedral Metropolitana. Estos son algunos de los datos que aporta Felipe Echenique, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) –y coautor con Alberto Cué García de Miguel Hidalgo y Costilla. Documentos de su vida: 1750-1813 (2009)–, en un ensayo entregado a este medio, del cual se presenta un resumen realizado por Judith Amador Tello.

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 Preguntaron los nuestros por gestos y señas cuál era el nombre de la provincia entera. ‘Yucatán’ respondieron aquellos, palabra que en su lengua vale tanto como ‘no os entiendo’; mas como los españoles creyeron que tal era el nombre de la región, resultó que en virtud de este impensado suceso se le dio y dará eternamente a aquellas partes el nombre de Yucatán”. 1

La anterior sentencia la escribió el considerado como primer cronista de la conquista de América, Pedro Mártir de Anglería, entre 1521 y 1525.

Lo sancionado por él fue una regla casi absoluta. La permanencia en la designación, entre otros muchísimos casos más, de las indias occidentales para todo lo que después se llamó América, da clara cuenta de aquella terca actitud, aun y cuando la realidad obligara a abandonar la primera denominación.

El lector actual no puede esperar una literalidad absoluta, pues hubo cambios en la manera de grafiar los nombres de las ciudades, pueblos, provincias, personas, etcétera; pero aun con ello quedaron algunos aires de las primeras designaciones: Cempoal, Zempoala; Tascala, Tascaltecal, Tlaxcala; Churultecal, Cholula; Guasucingo, Guasuçingo (sic), Huejotzingo; Buacachula, Huaquechula; Tescucu, Texcoco; Huchilohuchico, Churubusco; Yztapalapa, Ixtapalapa; Yzcucan, Izucar; Caluaalcan, Culhuacán; Acuruman, Acolman; Otumpa, Otumba; y otras que permanecieron iguales, como es el caso de Chalco, Tacuba, etcétera.

Sólo conozco un caso relevante en donde no se cumplió lo fijado por Anglería. Me estoy refiriendo al nombre de la ciudad de Temixtitan, Temistitan, Tenuxtitlan o Tenoxtitlan, y que por último se terminó escribiendo y nombrando como Tenochtitlan, y luego se llamó y consagró con el nombre de Ciudad de México.

No es improbable que un buen número de lectores se sorprenda con dicha afirmación y otros con mueca socarrona señalen: en todo caso era México-Tenochtitlan, pues así está escrito en muchos libros de historia, desde los primeros tiempos.

El español más importante en la conquista fue sin lugar a dudas Fernando Cortés que, por alguna extraña razón no suficientemente explicada, todos conocemos como Hernán Cortés, cuyas llamadas Cartas de relación fueron las que dieron a conocer en Europa los nombres y circunstancias de lo que se estaba conquistando y dominando en lo que él bautizó como la Nueva España.

Él consignó y dio a conocer al llamado mundo occidental, por medio de la publicación de la Segunda, Tercera y Cuarta Cartas de relación 1522, 1523, 1524 respectivamente, que la principal ciudad de todas las que estaba poniendo bajo el dominio castellano era la llamada Temixtitan.

Ciudad que, según refirió Cortés, estaba rodeada de otras tantas ciudades, ya fuese dentro de las mismas lagunas o en sus riberas externas, y todas formaban lo que para él “débese decir de la manera de Mexico, que es donde esta ciudad (Temixtitan) y algunas de las otras que he hecho relación están fundadas, y donde está el principal señorío de este Mutezuma. La cual dicha provincia es redonda y está toda cercada de muy altas y ásperas sierras, y lo llano de ella tendrá en torno hasta sesenta leguas, y en el dicho llano hay dos lagunas que casi lo ocupan todo, porque tienen canoas en torno más de cincuenta leguas”. 2

Nótese que en el escrito de Cortés está claramente indicado el nombre de la ciudad de Temixtitan y que él está proponiendo que la provincia geográfica y humana que la circunda debe llamarse Mexico, sin acento, y así permaneció escribiéndose hasta el siglo XVIII.

Dicha propuesta de designación no anula el nombre de la ciudad Temixtitan, que queda incluida, pero no subsumida y mucho menos equiparable.

La enunciación secuencial de esos dos sustantivos no hace un compuesto, sino un binomio, con dos nombres diferenciados con significados propios. Pedro Mártir de Anglería llegó a mencionar, sin aportar más datos, que podían ser equiparables cuando escribió: “en la lagunosa y gran ciudad de Tenustitán, por otro nombre México, capital de muchos reinos”. 3 Pero esa equivalencia no se ve plasmada en otros documentos fuera del ya referido.

Lo expresado por Cortés fue efectivamente una propuesta, esto es, de llamar a la provincia que circundaba a la ciudad de Temixtitan como Mexico (sic), y en tal sentido tuvo seguidores o detractores.

Al escudo de la ciudad inmediatamente se le designa como de México sin ningún otro añadido, aunque tal sustantivo no sea el que señale la cédula que envió Carlos V, fechada el 4 de julio 1523 en Valladolid a la “gran ciudad de Temistitan-Mexico”, para otorgarle tal escudo.

(…) he podido distinguir grupos, diferencias, similitudes, ritmos y momentos de quiebre que, en un principio, sugieren que la corona de Castilla y Aragón siguió la propuesta cortesiana al utilizar entre 1522 y hasta 1548, el binomio Temixtitan-Mexico, para referir a la ciudad y provincia que la circunda.

Esa modalidad de referencia unida, no choca con el reconocimiento de la sustantividad de la propia ciudad Temixtitan, tal y cual la vemos que se usó cuando a Fernando Cortés se le reconoció y nombró en Valladolid, 15 de octubre de 1522, como “gobernador e capitán general de toda la tierra e provincias de la dicha Nueva España e de la dicha cibdad de Temistitan, e que hayáis tengáis la nuestra justicia civil e criminal.” 4

(…) a partir de 29 de noviembre de 1527 se comienza a deslizar muy ocasionalmente el sustantivo México para referir a la ciudad, aunque ello no implicó que se dejara de usar el binomio Temixtitan-México (…) Ese extraño ciclo de acompañamiento y seguimiento: binomio, enunciación en solitario del sustantivo México, llegó a su fin el 24 de julio 1548, cuando se le expidió el título de Muy Noble, Insigne y Muy Leal Ciudad de México. La solicitud de semejante título lo había llevado, como bien se advierte al principio del documento, el procurador Alonso de Villanueva, en nombre de la Ciudad de Tenoxtitlan-México de la Nueva España.

En el año de 1534, el 9 de septiembre, en la ciudad de Roma, se expide la Bula de erección de la catedral de México, dada por Clemente VII, donde se expresa:

“… a dichos Reinos esté el insigne lugar de México, y a el rededor haya un dilatado, distinto, y capacísimo territorio, que tendrá más de 20 000 vecinos o habitantes, de los cuales haya muchos fieles, así nuevamente convertidos, como otros extranjeros, que van a habitar y residir allí de distintas partes del mundo; y en dicho lugar de México haya entre otras iglesias, monasterios, y lugar píos erigidos con la devoción de los Reyes y de dicho Capitán; y que existe una Parroquial bajo de la invocación de la Bienaventurada Virgen María, de muy buena fábrica y edificio, a la que acuden todos los fieles, como a su parroquial, para oír las misas y demás divinos oficios y recibir los santos sacramentos; y deseando en grande manera el mismo Emperador Carlos, que aquella Iglesia Parroquial se erija en Catedral y el lugar de México en Ciudad: Nos habiendo tomado en este particular el discreto consejo de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la Santa Iglesia Romana,… erigimos e instituirnos el lugar de México, y su Parroquial Iglesia, en Catedral, con la misma advocación de Santa María, para que haya un Obispo Mexicano, y pase a México….”

A partir de 1534 y hasta 1548, la documentación salida de la corte española hacia la Nueva España, irá deslizando cada vez con mayor frecuencia la enunciación de Ciudad de México en detrimento del binomio Temixtitan-México; ello sólo se convirtió en algo definitivo después de siete meses de haber fallecido Fernando Cortés el 2 de diciembre de 1547.

Resulta, si no del todo paradójico, sí por lo menos curioso que el ciclo de Cortés en Nueva España se iniciara poniendo a disposición de Carlos I de Castilla y Aragón y V de Alemania como las joyas de la corona: la principal ciudad Temixtitan, y su complejo entramado geográfico y humano que, para ser apreciable, él propuso que debería de llamar México; y termine con su muerte trastocando el orden de la historia que él había impuesto, pero no sin desaparecer del todo… pues el nombre de la ciudad que propuso tras mano –después de designar primero a la provincia para luego ver la posibilidad de que así se designara a la ciudad–, sólo se llamaría así cuando el capitán general dejara de existir:

A seis meses de su deceso y doce de que él dejó de mencionar la ciudad de Temixtitan, la Ciudad de México cobró carta de naturalización en el mundo entero. l

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1 Mártir de Anglería, Pedro: Las décadas del Nuevo Mundo. Estudio y apéndices por Edmundo O´Gorman, traducción del latín de Agustín Millares Carlo. José Porrúa e Hijos; México, 1964, vol. I, p. 398.

2 Cortés, Hernán: Cartas de relación. Nota preliminar de Manuel Alcalá; México, Porrúa, 1960, p. 62/1.

3 Mártir de Anglería, Pedro: Op. cit, vol. II, p. 665.

4 Martínez, José Luis: Documentos cortesianos. FCE, México, 1990. Martínez. Doc. 25.

 

Vida y obra de Huberto Eco

Vida y obra de Huberto Eco

 

He llegado a creer que el mundo entero es un enigma,

un enigma inofensivo que se hace terrible

por nuestro enloquecido intento de interpretarlo

como si contuviera una verdad subyacente.

Umberto Eco

La Jornada Semanal

“Para sobrevivir, hay que contar historias”, reza una de las máximas legadas por Umberto Eco, el sabio italiano que no cejó un momento en su vocación de narrador –siempre aparejada con la de profuso lector–, a la que fue fiel tanto en su obra literaria como en su labor teórica, durante las seis décadas de su prolífica carrera hasta la muerte, tras una larga batalla contra el cáncer, el 19 de febrero pasado.

Delinear al erudito nacido en Alessandria, Italia, en la región de Piamonte, no resulta sencillo, ya que su constante curiosidad lo condujo por caminos aparentemente disímiles, pero que logró interconectar con maestría. Con un espíritu crítico, una vasta cultura universal y la manía de la precisión, exploró y realizó importantes aportes en literatura, periodismo, estética, lingüística, semiótica, comunicación, historia medieval, filosofía y epistemología, a la manera de los hombres

de espíritu universal del Renacimiento que se abocaban a varios campos del conocimiento a la vez.

Interesado en todo, no se preocupaba por limitar su quehacer intelectual. Se autoconcebía como “medievalista, filósofo, semiótico, lingüista, crítico literario y novelista” y negaba ser un “hombre renacentista”, idea totalmente contrapuesta con el corpus teórico, literario y ensayístico que dejó a su paso, gracias al cual más de uno lo ha descrito como un polímata de los siglos XX y XXI.

“Disfruto la idea de narrar y se puede decir que es un escape de mi trabajo teórico. Pero también satisfago mi gusto por la narración, de ser un contador de historias, cuando escribo mis libros teóricos”, confesó en una entrevista en 2002, quien fuera uno de los pocos intelectuales que logró saltar con desenfado del ensayo científico y su lenguaje altamente especializado, a la novela y su jerga literaria.

La pasión narrativa que fue su impronta vital completó el binomio del frenesí lector que lo convirtió en un bibliófilo total. Gracias a su abuela materna, una ávida lectora que devoraba sin distingo libros de Stendhal o de la baronesa de Orczy de la biblioteca pública, fue que Eco leyó Papá Goriot, de Balzac a los doce años de edad.

El renacentista proustiano

En mayo de 2015, confesó en su última entrevista al diario francés Le Figaro: “Cada mes voy a la gran feria de libros de viejo de Milán y vuelvo a comprar las lecturas de mi pasado. Soy ‘proustiano’: encuentro el sentido de la vida en mis recuerdos de la infancia.” En su departamento milanés resguardaba alrededor de 30 mil libros, la mayoría ediciones especiales y de colección, y en su cercana casa de descanso en Rimini, otros 20 mil.

Su vena narrativo-lectora se trifurcó en los ramales de la novela, la teoría y la academia, en los cuales escudriñó e interconectó, a la manera de un laberinto borgeano, la realidad y la ficción.

Umberto Eco escribió siete novelas, “más que Radiguet, pero menos que Balzac”, según su autocrítica, de las cuales, la puntera fue El nombre de la rosa (1980), la cual lo condujo a la fama a los cuarenta y ocho años y no antes, porque previamente consideraba a “la escritura novelesca un juego de niños que no tomaba en serio”. “Soy un filósofo… Escribo novelas sólo los fines de se-mana”, se cansaba de repetir, pero esa fue la única de las obras del políglota que se tradujo a cuarenta y tres lenguas, la que vendió más de 50 millones de ejemplares y se convirtió en película, bajo la dirección de Jean-Jaques Annaud, en 1986.

El novelista tuvo dos hijos con su esposa, la profesora de arte alemana Renate Ramge, a quienes contaba historias de pequeños; sin embargo, cuando crecieron, se quedó sin público, por lo que decidió escribir una novela. Fue así como surgió El nombre de la rosa, su gran éxito, pero también su gran grillete.

“A veces lo odio”, llegó a decir el filósofo en más de una ocasión. “Soy prisionero de ese libro como lo fue García Márquez de Cien años de Soledad.” Hasta sus últimos años de vida, no dejaron de interrogarlo sobre ese texto en particular, sin tomar en cuenta las demás decenas de volúmenes que publicó de otros temas tan variados como la estética medieval o la historia de la belleza y la fealdad.

Después de esa primera obra literaria, escribió otras seis que podrían clasificarle en lo que él mismo denominó “novela postmoderna”, que puede ser apreciada por cualquiera que guste de una buena historia, pero también contiene “delicias escondidas” para los conocedores, a quienes el autor se refería como “lectores modelo” en otro de sus ensayos; es decir, los más especializados, capaces de comprender por su vasta cultura los fragmentos en latín, italiano o francés sin traducción, así como otras alusiones históricas y filosóficas que introducía en sus libros y ensayos.

Umberto Eco mismo era un “lector modelo”, capaz de recitar de memoria Cyrano de Bergerac, al tiempo de ser uno de los más conocedores del críptico James Joyce o uno de los mejores exégetas de Tomás de Aquino (fue con un estudio estético del filósofo dominico y teólogo medieval con el que se doctoró en la Universidad de Turín en 1954, mismo que publicó en forma de libro dos años más tarde).

Las siete novelas de Eco en realidad son sólo una pequeña muestra de su producción como crítico y científico social. Su trabajo teórico es diez veces más copioso que el literario. Como académico, escribió sobre semiótica, estética, lingüística y filosofía. Estudió los signos y símbolos del lenguaje, así como su uso, al profundizar en la semiótica creada por Roland Barthes. Entre sus estudios más importantes en esta materia se cuentan Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968).

En su faceta crítica, también se interesó hasta el final en el análisis de los medios de comunicación masiva. Apocalípticos e integrados (1965) es un libro que hasta la fecha se lee y analiza en todas las carreras de Comunicación.

El escritor y semiólogo fue nominado más de una vez al máximo galardón de las letras: el Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que nunca se le concedió, ni cuando compitió con Dario Fo en 1997, a quien la mayor parte de los italianos consideraban con menos méritos, como consigna el biógrafo intelectual de Eco, Daniel Salvatore Schiffer, en El laberinto del mundo (1997).

El análisis de los fenómenos comunicacionales lo acompañó hasta sus últimos días, cuando no dejaba de reflexionar en torno al periodismo impreso e internet, como se desprende de su última novela Número cero (2015). “Hay un retorno al papel, el papel no desaparecerá, al menos por los años que aún me queden por vivir”, escribió en su último tuit en noviembre del año pasado.

Para el sabio italiano de las múltiples lecturas no quedó preocupación alguna, porque “quien no lee, a los setenta años habrá vivido una sola vida. Y quien lee habrá vivido cincuenta mil años”. Sus ideas permanecerán y propulsarán su eco incluso tras la extinción física, porque “para sobrevivir, hay que contar historias”, algo que conquistó con singular maestría •

BIOGRAFÍA

5 de enero de 1932. Umberto Eco nace en Alessandria, al norte de Italia, en la región del Piamonte.

1954. Se doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Turín con la tesis El problema estético en Santo Tomás de Aquino, que publicó como libro en 1956.

1956-64. Trabaja en los programas culturales de la cadena pública de televisión italiana rai. Durante el mismo período es profesor de la Universidad de Turín.

1959. Consultor en la editorial Bompiani.

1963. Se une al Grupo 63, un movimiento italiano conformado por artistas, músicos y escritores que buscaba nuevas formas de expresión literaria y estética. Ese año inicia también como colaborador del suplemento literario del Times.

1965. Comienza sus colaboraciones con el diario italiano L’Espresso.

1971. Funda la revista internacional de estudios semióticos Versus. Crea y es titular de la primera cátedra de Semiótica en la Universidad de Bolonia.

1975. Es nombrado profesor titular de Semiótica de la Universidad de Boloña.

1966-70. Profesor en la Facultad de Arquitectura de Florencia y Milán.

1992-93. Profesor en la Universidad de Harvard.

1996. Caballero Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana.

2000. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Caballero de la Legión de Honor francesa.

19 de febrero de 2016. Muere a los ochenta y cuatro años en Milán, Italia.

OBRA TEÓRICA

(entre otros)

1956. El problema estético en Tomás de Aquino.

1959. Arte y belleza en la estética medieval.

1962. Obra abierta.

1964. Apocalípticos e integrados.

1965. Las poéticas de Joyce.

1968. La estructura ausente.

1971. La forma y el contenido.

1973. El signo.

1975. Tratado de semiótica general.

1976. El super-hombre de masas.

1977. Cómo se hace una tesis, técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura.

1994. La búsqueda de la lengua perfecta.

1977. Kant y el ornitorrinco.

1998. Cinco escritos morales.

2005. La historia de la belleza.

2007. La historia de la fealdad.

2009. Cultura y semiótica.

OBRA LITERARIA

1980. El nombre de la rosa.

1988. El péndulo de Foucault.

1994. La isla del día de antes.

2000. Baudolino.

2004. La misteriosa llama de la reina Loana.

2010. El cementerio de Praga.

2015. Número cero.

 

El Manual del peor periodismo

El Manual del peor periodismo

Hace un año, en la edición 1997 de la revista Proceso, se publicó una entrevista con Umberto Eco a propósito de lo que, ahora podemos decir, fue su última novela: Número cero. Es la historia de un grupo de periodistas sin escrúpulos que prepara la edición de un nuevo cotidiano. El semiólogo y teórico de la comunicación teje una trama a partir de una prensa dedicada al chantaje y a hundir a personajes públicos a base de medias verdades y chismes. Es, en suma, un manual del peor periodismo posible. Con esa novela, Eco regresó a la ficción. La charla con Isabel Jácome se reproduce íntegra a continuación.

ROMA

Proceso

El escritor italiano Umberto Eco –erudito, semiólogo y ensayista– incursiona en su más reciente libro, Número cero, en el mundo de la información y la comunicación para contar con estilo ligero y divertido los mecanismos de manipulación de la prensa corrupta.

Eco, de 83 años, abandona sus reflexiones intelectuales para describir las tácticas y maniobras que se fraguan en una redacción de siete periodistas durante la preparación de los “números piloto” de un diario, los números cero.

“Desde hace 40 años reflexiono y discuto sobre los límites y las posibilidades del periodismo”, confesó Eco en una larga charla con el periodista antimafia italiano Roberto Saviano en la cual ambos analizaron las carencias y los abusos de los medios de comunicación y de las redes sociales en internet.

A diferencia de su novela El cementerio de Praga, en la que a través de un texto inventado, el Protocolo de los Sabios de Sión, se demoniza a todo un pueblo y una religión –una escalofriante antología de la injuria al diferente–, ahora Umberto Eco sitúa al lector en la Italia de 1992, año del escándalo por corrupción descubierto por el operativo Manos Limpias: Las investigaciones judiciales derrumbaron entonces a toda una clase política, lo que significó el fin de la llamada Primera República y el nacimiento del “berlusconismo”, la era protagonizada por el controvertido magnate de las comunicaciones Silvio Berlusconi.

Como emblema de esa fase histórica, Eco cuenta por capítulos –que corresponden a fechas específicas– las reuniones de los integrantes de una redacción, celebradas en el lapso de un año. Ellos trabajan en torno a un periódico que está por salir, Domani (Mañana), financiado por “el Comendador” Vimercate, “nuevo rico” propietario de canales privados de televisión, en una clara alusión a Berlusconi (llamado en Italia el Cavaliere), patrón de la derecha italiana durante 20 años.

Para realizar los borradores del diario se confeccionan y escogen noticias particulares, aquellas que sirven para sembrar dudas, para calumniar a enemigos y poderosos y luego chantajearlos y entrar a formar parte de su círculo, en un retrato perfecto de lo que Eco llama la “maquinaria para enlodar”.

Un ejemplo de ese sutil estilo de manejo del poder: la investigación que ordena el director del diario, Simei, sobre un juez intachable que a su vez indaga acerca de un célebre caso de millonarios sobornos en una casa de reposo para ancianas de una de las sociedades del patrocinador del diario.

“¿Usa calcetines de colores, anaranjados, verde esmeralda? ¿Tenis también? ¿Es un dandi o uno de esos hijos de las flores? Quizá fuma mariguana. Esta es la conclusión a la que deben llegar los lectores. Trabajen ese tema. Saquen un retrato lleno de sombras oscuras. Y acabemos con él como se debe. De una noticia sacamos una noticia. Y sin mentir”, explica Simei en una de las reuniones de mayo.

Autor de best sellers que han dado la vuelta al mundo –El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, La misteriosa llama de la Reina Loana–, Eco escribe por primera vez de una época reciente, aunque recurre a sus tramas preferidas: confabulaciones, falsos mitos, planes oscuros, espionaje y contraespionaje y lo que está detrás: la “dietrología”, como dicen en Italia.

El año crucial

Uno de los protagonistas de la novela, Colonna, no es, como en otras obras de Umberto Eco, un refinado pensador, sino un simple periodista fracasado que está por cumplir 50 años, un perdedor innato que ha trabajado para diarios locales y que corrige novelas de otros. Pero ahora cree haber encontrado el trabajo que le podría cambiar la vida: jefe de redacción de Domani.

Encargados de crear noticias, suscitar reacciones, cuestionar verdades, generar sospechas, los reporteros de Domani ofrecen verdaderas lecciones de mal periodismo y cumplen su cometido sin saber que el diario no saldrá jamás publicado y sin sospechar que éste es sólo un arma infalible de chantaje.

“Para mí es un manual de la comunicación de nuestros días”, resume Saviano, quien considera que las redes sociales han multiplicado esa forma de enlodar iniciada en los noventa, llegando a generar verdaderos “monstruos”.

“Quise dar una imagen grotesca del mundo. Aunque el mecanismo de la máquina para enlodar, de lanzar insinuaciones, se usaba ya durante la Inquisición”, explicó Eco, quien de alguna manera señala al magnate de las comunicaciones y exprimer ministro Berlusconi, por considerarlo emblema de esa era marcada por la combinación de chismes con información, vida pública y vicios privados, de bunga-bunga (orgías) con crisis económica.

“Escogí 1992 porque considero que ese año marca el momento de un declive en la historia de la sociedad italiana”, admitió Eco en una entrevista con el diario Corriere della Sera al referirse a un año crucial para Italia que abrió el camino a la entrada en la política del magnate de las comunicaciones.­

No es la primera vez que Eco inculpa al Cavaliere de ser la vanguardia de una “nueva forma de liderazgo populista-democrático”, como escribió en uno de sus artículos para la revista L’Espresso, aunque en esta ocasión prefirió ilustrarla a través de 200 páginas de ficción, que se inspiran en muchos hechos reales pero también en leyendas, en teorías estrafalarias, que terminan por crear y entrelazar verdades y mentiras.

En el libro, Umberto Eco se divierte cuando –con ironía– aborda el uso del lenguaje y su capacidad para desfigurar o subvertir el sentido de lo escrito o lo dicho, un tema que ha analizado en sus ensayos y que en esta ocasión ilustra con frases hechas y lugares comunes del periodismo, con sus contradicciones y malabarismos lingüísticos.

“El lector no entiende y se espera que lo informen con las frases que está acostumbrado a escuchar”, reconoce Colonna, quien dedica una reunión entera a ofrecer la lista de frases cliché del periodismo italiano, como “en el ojo del huracán”, “salir del túnel”, “un duro revés”, “con el agua al cuello”, “ingente esfuerzo”, “tomar cartas en el asunto”, “el político clama”…

Gracias a los delirios de un redactor paranoico, Romano Bragadaccio, Eco aborda hechos y personajes de los últimos 50 años de historia de Italia, como la organización paramilitar clandestina Gladio, fundada contra la hipotética invasión de la Unión Soviética; ofrece una versión del presunto asesinato del papa Juan Pablo I; revela quiénes son los cómplices de las Brigadas Rojas que trabajaban para los servicios secretos; habla de los tentáculos de la CIA y hasta de la existencia de un falso cadáver de Benito Mussolini con el cual lograron salvar al dictador para que pudiera vivir tranquilamente en Argentina.

En todas estas historias el lector no logrará determinar si se trata de hechos inventados o la descripción de la realidad, según reconoció el mismo escritor.

“Este libro revela a la perfección los mecanismos de la llamada maquinaria del fango, del mal periodismo”, explicó Elisabetta Sgarbi, directora de Bompiani, la editorial que ha publicado la mayoría de las siete novelas y 43 ensayos de Umberto Eco.

Número cero, cuyo título original era Es la prensa, querido, si bien figura entre los más vendidos en Italia desde su lanzamiento a inicios de enero, ha decepcionado a algunos de los lectores de Ibs, página web especializada en literatura, que le reprochan a Umberto Eco la superficialidad en la trama aunque reconocen que de todos modos se trata de una gigantesca metáfora sobre el mundo de la información de nuestros días.

Odiaba los lugares comunes y las frases hechas, y tal vez para evitar las inevitables —“Italia está de luto”, “Ahora somos más pobres”, “El hombre que lo sabía todo”—, el escritor, filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco dispuso que la noticia de su muerte, acaecida la noche del viernes a los 84 años en su casa de Milán, fuese acompañada por la de la publicación de un nuevo libro, como una invitación a recoger el testigo de su mirada crítica, a veces divertida y a veces voraz, de ese ensayo del mundo que es Italia. “A la hora de su muerte”, dijo el editor Mario Andreose tras dar el pésame a su familia, “los deseos de Eco eran coherentes con su vida profundamente laica”. Su despedida, por tanto, se celebrará el martes en un acto civil en el Castello Sforzesco, una joya arquitéctonica del siglo XV que el autor de El nombre de la rosa (vendió 30 millones de ejemplares) y El péndulo de Foucault podía ver desde la ventana de su casa.

A la mañana siguiente de conocerse la noticia, los alumnos de Eco se acercaron a la plaza Castello para, silenciosamente, dejar rosas blancas bajo la casa de un maestro que, como escribe Juan Cruz, “era un sabio que conocía todas las cosas simulando que las ignoraba para seguir aprendiendo”. Esa es la clave. Umberto Eco nunca atropelló a nadie con su infinita sabiduría. De ahí que, de todos los artículos laudatorios que publica la prensa italiana, tal vez el que menos chirría con el carácter de Il Professore sea el del periodista Gianni Rotta en La Stampa de Turín: “Filósofo, padre de la semiótica, escritor, profesor universitario, periodista, experto en libros antiguos: en cada una de sus almas Umberto Eco era una estrella internacional, pero con sus estudiantes, lectores, colegas, jamás Eco exhibió la pose snob que tal vez otros escritores sí habrían adoptado de haber publicado best sellers como El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault. Umberto Eco reía, se informaba de las novedades y —encendiendo un cigarro— contaba la última broma antes de presentar una nueva teoría lingüística”. Ese, y muchos otros, era el intelectual que ahora despide Italia.

Abandono de la fe

Hijo de comerciantes, Umberto Eco nació en la ciudad piamontesa de Alessandria en 1932. Formó parte activa de los movimientos juveniles de Acción Católica, estudió Filosofía en Turín y se doctoró en 1954 con una tesis sobre la estética de Santo Tomás de Aquino, quien, según publicó entonces en una nota irónica, tuvo mucho que ver con su descreimiento progresivo y su abandono final de la Iglesia católica. Aquella nota rezaba: “Se puede decir que él, Tomás de Aquino, me haya curado milagrosamente de la fe”. Tras doctorarse, Eco se estableció en Milán, participó en un concurso de la RAI —la televisión pública italiana— que venció y que lo convirtió en compañero del periodista Furio Colombo y del filósofo Gianni Vattimo en una aventura siempre enfocada a difundir el mundo de la cultura.

A sus coetáneos les asombraba, como subraya Gianni Rotta, que “un semiólogo, un crítico, todo un filósofo, se ocupase de cómics, o que un profesor predicase que, para entender la cultura de masa, antes hay que amarla, que no se puede escribir un ensayo sobre las máquinas flipper sin haber jugado con ellas”. Durante los años sesenta trabajó como profesor agregado de Estética en las universidades de Turín y Milán y participó en el Grupo 63, publicando ensayos sobre arte contemporáneo, cultura de masas y medios de comunicación. Entre estos ensayos los más conocidos son Apocalípticos e integrados y Obra abierta. El semiólogo también fue catedrático de Filosofía en Bolonia, en la que puso en marcha la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, conocida como la Superescuela, porque su objetivo es difundir la cultura entre licenciados con un alto nivel de conocimientos. También fue fundador de la Asociación Nacional de Semiótica, de la que aún era su secretario.

Crisis del periodismo

La última de las obras de su fecunda carrera, Año cero, una mirada crítica del gran experto de la comunicación sobre la crisis del periodismo. La trama de Año cero está ambientada en 1992, un año clave de la historia italiana por el caso Tangentopolis, y se desarrolla en la redacción de un periódico en ciernes donde confluyen todas las plagas que golpeaban el país: la logia masónica P2, las Brigadas Rojas, el fin de una era y la aparición de otra con Silvio Berlusconi a punto de saltar al escenario. Eco combatió a Berlusconi —su antítesis total— de forma frontal, pero a quien le preguntaba si el protagonista turbio de su novela estaba inspirado en el líder de Forza Italia, le respondía: “Si quiere ver en Vimecarte un Berlusconi, adelante, pero hay muchos Vimecarte en Italia”.

Tras su muerte, tanto políticos como intelectuales han intentado apresar su personalidad. Según el jefe del Gobierno italiano, Matteo Renzi, Umberto Ecco fue “un gran italiano y un gran europeo”. Por su parte, el presidente de Francia, François Hollande, se acercó un poco más al referirse a él como un inmenso humanista, que se interesaba por todo y que estaba “igual de cómodo con la Historia medieval que con los cómics”. Como subrayó Hollande, “nunca se cansó de aprender y de transmitir su inmensa erudición con elocuencia y humor”.

En cierta ocasión, Umberto Eco dijo: “El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás”. El viernes a las 22.30, en Milán, frente al castillo Sforzesco, Italia perdió un pedazo de inmortalidad.

SU LIBRO PÓSTUMO APARECE EL PRÓXIMO FIN DE SEMANA

A finales del pasado mes de noviembre, Umberto Eco —junto a Sandro Veronesi, Hanif Kureishi y Tahar Ben Jelloun— decidió fundar una nueva editorial, La nave di Teseo, tras oponerse sin éxito a la fusión entre Mondadori y el grupo RCS. Fue la última batalla de un escritor que desde hacía dos años luchaba contra el cáncer sin perder jamás tres de los rasgos de su carácter: la curiosidad, la ironía y un vaso de whisky . “Ha trabajado hasta el final”, contaba ayer el editor Mario Andreose, “exceptuando los tres últimos días. Escribía y escribía, era un trabajador formidable. A pesar de que desde hacía dos años tenía problemas de salud, continuaba trabajando”. En su libro póstumo Pape Satàn Aleppe —construido a partir de las columnas que publicaba en el semanario L’Espresso—, está, según su editor, “la historia de los últimos 15 años, de ahí su subtítulo: Crónicas de una sociedad líquida”. Dice su editor que hay pasajes que son de una comicidad espléndida, y otros en los que Eco “analiza la identidad del papa

Murió Humberto Eco

Murió Humberto Eco

La Jornada

Casi al filo de la medianoche de este viernes, en Europa, los diarios italianos La Repubblica e Il Corriere della Sera cimbraron al mundo de las letras y la cultura con la noticia de la muerte de Umberto Eco, escritor, filósofo, apasionado de la semiótica.

Se va uno de los grandes académicos y teóricos de la comunicación, quien apenas en 2015 presentó una “parodia feroz” (como la calificaron los críticos) acerca de la relación entre periodismo y política en su última novela Número cero.

Umberto Eco acababa de cumplir 84 años de edad. Nació en la ciudad de Alessandria, en el norte de Italia, el 5 de enero de 1932. Su padre, Giulio, fue contador antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue llamado a enrolarse en las fuerzas armadas. En ese momento, Umberto y su madre se mudaron a otro pequeño poblado de la región de Piamonte, donde Eco asistió a una escuela salesiana.

La filosofía y la literatura fueron los hilos conductores de su vida. Con la tesis titulada El problema estético en Santo Tomás de Aquino se doctoró en filosofía y letras en la Universidad de Turín en 1954, y de inmediato comenzó a ejercer como catedrático en las universidades de Turín y Florencia antes de ejercer durante dos años en la de Milán.

Durante los años sesenta, como profesor de Comunicación, publicó varios de sus estudios de semiótica más importantes, como Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968). Desde 1971 hasta ayer ocupó la cátedra de Semiótica en la Universidad de Bolonia, donde solía pasear por los corredores acompañado por sus alumnos, enfrascado en intensos debates sobre arte o periodismo, sus temas favoritos.

En 1988 fundó el Departamento de Comunicación de la Universidad de San Marino y en febrero de 2001 creó en esa ciudad la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica solo para licenciados de alto nivel destinada a difundir la cultura universal. También cofundó en 1969 la Asociación Internacional de Semiótica.

Fue hasta 1980 cuando el mundo descubrió la lucidez de la narrativa de Umberto Eco cuando se publicó El nombre de la rosa, novela histórica de múltiples lecturas (filosófica, policíaca con varios guiños semiológicos), ambientada en un monasterio benedictino en el año 1327. Fue tal el éxito editorial, que el libro fue traducido a muchos idiomas y llevado al cine en 1986 por el director francés Jean-Jacques Annaud.

Luego vinieron, también dentro del género de novela, El péndulo de Foucault (1988), fábula sobre una conspiración secreta de sabios en torno a temas esotéricos; La isla del día de antes (1994), parábola kafkiana sobre la incertidumbre y la necesidad de respuestas; Baudolino (2000), una novela picaresca, también ambientada en la Edad Media, con un exquisito uso de las lenguas romances; La Misteriosa Llama de la Reina Loana (2004), que se nutre con los recuerdos de la infancia del autor; El cementerio de Praga (2010), que de alguna forma narra ciertos antecedentes del nazismo alemán y Número Cero (2015).

Estos títulos se suman a su vasta obra ensayística, entre la que destaca Apocalípticos e integrados (1965), libro de cabecera de cualquier estudioso de los medios de comunicación; La estructura ausente (1968), La forma y el contenido (1971), El signo (1973), Tratado de semiótica general (1975), El super-hombre de masas (1976), Desde la periferia al imperio (1977), La búsqueda de la lengua perfecta (1994), Kant y el ornitorrinco (1997) y Cinco escritos morales (1998), entre otros.

Eco fue miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Unesco. Recibió doctorados Honoris Causa por treinta y ocho universidades de todo el mundo, así como el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2000) y fue nombradocaballero de la Legión de Honor en Francia.

En su país obtuvo casi todos los premios a los que aspira un intelectual: Medalla de Oro al mérito de la cultura y el arte (1997); Caballero Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana (1996), y fue propuesto en diversas ocasiones para el Premio Nobel.

Hace unos meses, luego de los atentados contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo, Eco afirmó que el mundo se encuentra en guerra y que la organización radical Estado Islámico es el nuevo nazismo.

En una entrevista con Il Corriere della Sera, reconoció que se sentía como cuando era niño y su país estaba siendo bombardeado durante la segunda guerra mundial: “Han cambiado las modalidades de la guerra; hay una guerra en curso y nosotros estamos metidos hasta el cuello, como cuando yo era niño y vivía mis días bajo los bombardeos que podían arribar de un momento a otro sin que yo lo supiera. El grupo Estado Islámico es una nueva forma de nazismo, con sus métodos de exterminio y su voluntad apocalíptica de apoderarse del mundo”.

El maestro Umberto Eco siempre se consideró un novelista amateur “y seguramente prometedor”, profesionalmente se definía como un filósofo, intelectual y humanista. Celoso de su privacidad, siempre se cuidó de mantener en secreto sobre qué escribía y fue poco afecto a ofrecer entrevistas a la prensa. Su familia solo informó ayer que el escritor murió en su habitación, no proporcionó por el momento más detalles.